sábado, 1 de abril de 2023

El marco de la memoria [Andalucía, España]

 

El marco de la memoria

 

 Tribuna Abierta

PORTALDEANDALUCIA.ORG

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22 marzo, 2023

 


 Hay decepción y hay frustración. Decepciones de mucha gente de una Andalucía que no era la que queríamos y por una justicia que no era la que queríamos y por un reparto de la riqueza que no era el que queríamos y por otras muchas circunstancias que hoy están presentes en la calle y que han estado mucho tiempo escondidas. Esa es la memoria, la decepción en la rebelión por la conquista pertenecen al marco de la memoria. Si perdemos la memoria, perdemos la conquista y lo perdemos todo. Si conservamos la memoria, conservaremos un motivo, un punto de partida siempre para el debate y la lucha por la justicia social.

Salvador Távora

 

 

Esta es una de las últimas reflexiones de Salvador Távora que, como hombre comprometido con su tierra y su gente, convierte la decepción y frustración que provoca la realidad andaluza, en elemento de lucha, reivindicando la memoria como impulso para continuar en el debate y la consecución de la justicia social.

Porque es la justicia social lo que buscamos, lo que buscaron y consiguieron aquellos trabajadores de la Editorial Bruguera que resistieron años y años en la lucha sin dejarse vencer y creando con parte de sus indemnizaciones ese fondo, germen de Coop57, que ahora y desde 1995 posibilita no sólo el desarrollo de proyectos cooperativos, sino que nos hace creer que otra realidad es posible, que nos impulsa para seguir luchando por la justicia social.

Este es el marco de la memoria. Y hay que reivindicarla para que no nos arrollen la vacuidad de los discursos políticos, para seguir teniendo la certeza de que la otra realidad posible surge desde abajo, del trabajo personal y colectivo, de la solidaridad en la creación de iniciativas sostenibles que propician un justo reparto de la riqueza.

Y nos seguimos situando en el marco de la memoria para relatar nuestra experiencia y nuestro proyecto.

En la firme creencia que la cultura es una poderosa arma de transformación social, en 2007, La Cuadra de Sevilla adquiere una nave en el Polígono Hytasa, y dotándola de todas las instalaciones necesarias, construimos un teatro.

Nuestro principal objetivo era descentralizar la cultura, que el Teatro Salvador Távora, único teatro en una amplia y poblada zona de Sevilla en la que existen numerosos centros educativos colegios, Institutos, Facultades universitarias y una gran diversidad de público potencial, no tuviera la necesidad de desplazarse hasta el centro de la ciudad para poder satisfacer sus necesidades e inquietudes culturales y ofrecer también la posibilidad de exponer en nuestro teatro sus propias producciones ya fueran aficionados o semi-profesionales.

Crear un lugar de encuentro, un punto de debate social y artístico sabíamos que era una labor utópica porque, si las artes escénicas son de por sí siempre deficitarias, la ubicación del teatro dificultaba aún más el proyecto.

Nuestro teatro está situado en el Polígono Industrial Hytasa, para algunos la periferia, pero nuestro trabajo-experiencia profesional que llevó a La Cuadra de Sevilla a recorrer el mundo con sus producciones desde 1972, nos hizo reflexionar sobre el sentido de periferia en una gran ciudad. Cuanto más grande es una ciudad, menos «lejos» queda la periferia, aunque pueda parecer una paradoja. En las grandes orbes los ciudadanos se desplazan a cualquier sitio de la ciudad en el que puedan encontrar actividades culturales sin importar cuál sea la distancia medida desde el centro de la capital. Ejemplos los encontramos en Paris donde, entre otros están Courbevoie: Théâtre Bulle, Elancourt: Centre des sept Mares; Sceaux: CAC Centre les Gémaux; Sartrouville: Salle Gérard Philippe; Pontoise: Centre d’Action Culturelle; Villepreux : Théâtre du Val de Gally o el teatro ecuestre Zíngaro cuya sede está en Aubervillers y que acoge unos 60.000 espectadores al año, o en Florencia-Prato: Teatro Fabbricone o en Lisboa el Teatro A Comuna.

En los inicios del proyecto, se contó con la ayuda de la administración municipal ya que entraba dentro de un plan director de descentralización cultural y adecuación de una zona industrial decaída apta para la cultura y el ocio. El Teatro Salvador Távora de La Cuadra de Sevilla funcionó y programó espectáculos hasta el año 2013. A partir de esta fecha, por incumplimiento de las promesas verbales del área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla de dotarlo de una ayuda anual económica para asegurar su mantenimiento, La Cuadra de Sevilla se vio en la obligación de entrar en concurso de acreedores por no poder cumplir con las deudas ocasionadas por el funcionamiento del teatro.

Se inicia entonces un largo periodo de lucha en la buscamos fundamentalmente, poder seguir con el propósito de presentar espectáculos en el teatro y realizar una labor cultural y social.

Entramos en lucha con los bancos con los que habíamos hipotecado todo lo conseguido hasta entonces y desde hacía cuarenta y cinco años de producción y distribución de más de 25 espectáculos creados por Salvador y con los que recorrimos el mundo de manera autogestionada. Entramos en lucha con las instituciones autonómicas y municipales a las que llegamos a ofrecer la donación del teatro para que en él se siguiera desarrollando la labor para la que había sido creado…

Hicimos unas jornadas solidarias – Salvar el Teatro Távora- en las que participaron diversas asociaciones vecinales y artistas de diferentes disciplinas reivindicando la continuidad de la actividad, pero nada cristalizó, nos vimos abandonados, pero no nos vencimos y seguimos en la lucha de manera anárquica, sin ninguna figura organizativa con el objetivo de no perder el espacio y continuar con nuestro trabajo artístico y social.

En esos días de desesperaciones y reuniones, asistió a una de ellas David Pino. Él nos introdujo en el mundo cooperativista, nos constituimos en Cooperativa Mixta: Távora Teatro Abierto S. Coop. Andaluza. Él se implicó en nuestra defensa con la administración concursal, y logramos presentar un plan de viabilidad, en el que era necesario conservar nuestro espacio, consiguiendo el alquiler del teatro con opción a compra y por una duración de cuatro años. En ese tiempo teníamos planteado el reto de remontar.

Fue también David el que nos puso en contacto con Autonomía Sur, comenzando entonces una relación que ha sido y es fundamental en nuestro trabajo. A través de ellos y con su maravillosa pedagogía cooperativista, ingresamos en Coop57 formando parte así de un proyecto participativo, solidario, en el que ayudamos y nos ayudan a poder continuar en la lucha, en la resistencia.

Y digo que nos ayudan porque sin Coop57 quizás nuestro proyecto se hubiera acabado al cumplir el contrato de alquiler que teníamos con la administración concursal. Llegada la fecha estipulada para la compra -o la perdida- del teatro, solicitamos a Coop57 un préstamo con el que sufragar la compra.

Gracias al trabajo, al compromiso  social de Coop57 Andalucía podemos decir que nuestro proyecto y el Teatro Salvador Távora están vivos. Podemos decir que nos han devuelto la vida. Nos han acompañado en el proceso de inmersión en una economía social y sostenible, una economía en la que podemos ser dueños de nuestro sistema de producción sabiendo, además, que no estamos solos en la lucha, que estamos junto a muchas otras cooperativas reunidas en Coop57, compartiendo un proyecto de vida, sabiendo que desde el marco de la memoria nos podemos seguir proyectando al futuro con la misma y clarísima convicción que Salvador Távora expresa en esta letra por fandango en su espectáculo ‘Los palos’ de 1975.

Yo no lo voy a negar

Aunque me quiten la vida

Yo no lo voy a negar

Que todavía no me habéis vencío

En la lucha porque el pan

Esté mejó repartio.

 

Autoría: Concha Távora. Távora Teatro Abierto S. Coop. Andaluza

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Gerda Lerner: conocimiento histórico y conciencia feminista

 

La conciencia feminista


Gerda Lerner: conocimiento histórico y conciencia feminista

 

Por M. Engracia Martín Valdunciel

Rebelion

 | 01/04/2023 | 

Fuentes: https://tribunafeminista.org/

Nuestra autora, Gerda Lerner (Viena, 1920 – Madison, EEUU, 2013), fue una investigadora, docente y feminista de origen austríaco que se vio forzada a emigrar a los EEUU en 1939 huyendo de la persecución nazi.


En Norte América desarrolló una brillante carrera siendo una de las pioneras en introducir la Historia de las Mujeres en la universidad (Lerner, 1979; Lerner, 2002). La Creación de la conciencia feminista, de la Edad Media a 1870, se publicó en 1993 y constituye la segunda parte de una obra más amplia que Gerda Lerner tituló Women and History. Veamos a continuación el contexto de producción de la obra.

En el marco amplio de cuestionamiento de las relaciones sociales, políticas o culturales propiciadas por el capitalismo y de la razón instrumental de la modernidad a lo largo de los años 60 del siglo pasado, una de las corrientes críticas más importantes fue el llamado “feminismo radical” que desarrolló una gran actividad tanto intelectual como política. En 1966 surgió en los EEUU el famoso movimiento de mujeres, National Organization for Women, NOW, o en 1967 el New York Radical Women, cuyas performances llegarían a tener una gran repercusión. Por otro lado, la conquista de la ciudadanía, derechos políticos y acceso a la educación en el siglo XX por parte de los movimientos feministas en occidente hicieron posible la construcción de un corpus teórico imprescindible que tendrá una gran repercusión social. En ese contexto de efervescencia, Lerner formó parte de los debates relativos a las perspectivas que habría que conjugar para abordar el conocimiento de la experiencia histórica femenina como referente inexcusable para el proceso de emancipación de las mujeres en el capitalismo del siglo XX. Una vez más, tomar conciencia de la situación impulsó tanto la recuperación sistemática de la memoria de las mujeres como la conveniencia de asumir independencia intelectual y política para orientar unas reivindicaciones consideradas propias. Así, desde el marxismo, el psicoanálisis, el anticolonialismo, la teoría crítica o el feminismo, nuevos colectivos reclamaron espacio y  capacidad para  producir significaciones, interpretar la realidad e intentar modificarla.


El surgimiento de la historia de las mujeres habría que insertarlo en ese escenario en paralelo con el desarrollo de movimientos feministas y los presupuestos teórico-prácticos que venían analizando y experimentando, esto es, que la subordinación de la mujer iba más allá de desigualdades políticas o institucionales: era sistémica y se basaba en estructuras profundas que hundían sus raíces en dinámicas sociales y culturales capaces de permear la cotidianidad; de tal forma que las relaciones de poder se evidenciaban no sólo en la esfera pública sino también en los (supuestos) espacios privados y personales, es decir, “lo personal era político”. La creación de la conciencia feminista… es, a nuestro entender, deudora de este marco, aun cuando viera la luz con posterioridad  —con el “nuevo espíritu del capitalismo” ya en marcha y con el abandono de una parte del feminismo de sus lazos con la economía política y la teoría crítica social—  al aunar compromiso intelectual y transformación social en un momento en el que las mujeres se reclaman sujeto histórico y objeto de investigación.



Conocimiento histórico: el lugar de las mujeres

Lerner entiende la historia como proyecto transformador de forma que el diálogo con el pasado lo concibe como condición necesaria para explicarnos como sujetos y colectivos desde las preguntas que nos interpelan en el presente. En este sentido, la memoria y su recuperación se convierte en factor clave de emancipación. El hecho de que el relato histórico convencional no se haya hecho eco de los saberes y las vidas de las mujeres es no sólo una deficiencia cognitiva: significa además, apunta la autora, que las mujeres hayamos permanecidos enajenadas de nuestra experiencia colectiva, base necesaria de reflexión y acción, hasta hace apenas unas décadas. Una situación, que dista de estar resuelta actualmente y que no deja de tener implicaciones políticas, sociales y educativas:

La Historia que mayoritariamente se escribe, enseña e investiga, sigue siendo una Historia en la que las mujeres aparecen accidentalmente y sólo en los casos precisos. Es decir, que todavía las mujeres no han sido reconocidas como sujeto social y, por tanto, como sujeto histórico de forma mayoritaria (Segura Graíño, 2015, p. 270).

Porque, si bien es verdad que algunas mujeres figuran en los anales, a menudo, como “excepciones”, las perspectivas de pensadores famosos sobre las mujeres, los sexos, la sexualidad, la familia, etc., no deja de ser considerada desde ópticas feministas, una historia de hombres. Así, la historia de las mujeres que comienza a emerger en los años 70 del siglo XX va a implicar cambios profundos que afectan al propio concepto de Historia que se manejaba hasta ese momento ¿Cuáles eran los presupuestos teóricos y metodológicos en el campo disciplinar y qué cambios se afrontaron? Las historiadoras fueron conscientes de que se necesitaban incluir, en primer lugar, marcos interpretativos y conceptuales adecuados a sus objetivos e intereses. El relato histórico, eminentemente androcéntrico, no disponía de herramientas epistemológicas o metodológicas para tal fin pues se había basado en una única mirada, pretendidamente universal, sobre la realidad.

Conciencia feminista e historia de las mujeres

Conceptos como identidad feminista (Amorós, de Miguel, 2018) o conciencia feminista (Lerner 2019) han sido necesarios a la hora de recuperar la historia y los movimientos de emancipación de las mujeres desde la idea que defiende la equiparación de derechos entre varones y mujeres y que cuestiona, por tanto, las estructuras que sostienen las diversas formas en que la desigualdad se despliega. Así, el desarrollo de la conciencia feminista exigiría una praxis cognitiva en la que conocimiento y acción se retroalimentan mutuamente. De modo que, en ese proceso de toma de conciencia, se hace imprescindible la decodificación de los paradigmas dominantes que configuran y materializan las relaciones sociales de injusticia para poder resignificarlas y, paralelamente, la acción colectiva que impulse cambios sociales. En este sentido, podría pensarse en un feminismo avant la lettreen épocas históricas en las que se articularon críticas al discurso de la inferioridad femenina desde diferentes perspectivas. Desde este posicionamiento, Lerner entiende que ha habido una conciencia de subordinación a lo largo de la historia que ha generado reflexiones, análisis y resistencias y cuya datación histórica sería anterior a la lucha por el logro de derechos sociales y políticos (Lerner, 2017). En esta línea se inscribe el trabajo de nuestra autora a la hora de rescatar la historia de las mujeres como agente histórico (tanto en las tareas de reproducción como en el ámbito productivo), y cuando se trata de cartografiar el surgimiento de la conciencia de subalternidad y las formas de cuestionarla, presentes a lo largo de los siglos de forma discontinua – una tarea de Penélope- pero recurrente, constante (hecho que permite comprender históricamente que figuras célebres, como M. Wollstonecraft, forman parte de una cadena).

A tal efecto, Lerner acometió un ambicioso estudio interdisciplinar sobre la genealogía de las estructuras de dominio sexual (La creación del patriarcado,1986). Los análisis sobre esta cuestión fueron esclarecedores pues ponían de manifiesto las raíces antropológicas e históricas del sistema patriarcal y permitían deslegitimar las relaciones jerárquicas entre varones y mujeres, supuestamente naturales. El patriarcado (o sistema de “género-sexo”), otro concepto esencial del feminismo radical (Hartmann, 1976), se evidenciaba así como una estructura de dominio basada en el sexo que se había adaptado a diferentes contextos históricos y que implicaba toda una trama institucional, normativa o discursiva que derivaba en una desigual distribución y acceso a recursos materiales y simbólicos entre hombres y mujeres. Para Lerner este estudio previo fue crucial pues le permitió cartografiar la construcción de un mundo a la medida del hombre e interpretar que la subordinación de la mujer dentro del mismo grupo tuvo una gran trascendencia pues precedió históricamente y funcionó como modelo para establecer y legitimar otras jerarquizaciones, como la relación amo-esclavo (Lerner, 2017, p. 133). Una disimetría que sigue siendo nuclear para construir relaciones significantes de poder en la sociedad.

Concluida la primera parte de Women and History, la investigadora pudo dedicarse en La creación de la conciencia feminista... a rastrear los patrones históricos de surgimiento de la conciencia feminista así como las circunstancias históricas bajo las cuales tuvieron lugar, centrando su estudio en Europa Occidental (principalmente, Alemania, Francia, Inglaterra e Italia) y los EEUU. Su objetivo era documentar e incluir la actividad crítica de mujeres que reflexionaron sobre su situación como colectivo y que por tanto contribuyeron a fomentar esa auto-conciencia; pero también incorporar otras voces que, aun careciendo de esa finalidad, incidieron en el proceso de agrietamiento del sistema de dominación del patriarcado.


* El artículo completo se publicó en Con-Ciencia Social (segunda época), 4, 125-138.

https://ojs.uv.es/index.php/con-cienciasocial/article/view/19107

Fuente: https://tribunafeminista.org/2023/03/gerda-lerner-conocimiento-historico-y-conciencia-feminista/

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¿Realmente estamos en el inicio de la Tercera Guerra Mundial?

 

Cuando la potencia hegemónica se encuentra en declive, podría aferrarse al poder mediante su todavía superioridad militar. Monereo nos da las claves de la situación en que se encuentra el mundo y la manera de evitar fatídicos desenlaces.


¿Realmente estamos en el inicio de la Tercera Guerra Mundial?


Manolo Monereo

El Viejo Topo

1 abril, 2023 

 


Cuando la potencia hegemónica se encuentra en declive, podría aferrarse al poder mediante su todavía superioridad militar. Monereo nos da las claves de la situación en que se encuentra el mundo y la manera de evitar fatídicos desenlaces.


"No declararé la guerra, pero la conduciré"

Frnakiln D. Roosevelt


Querida Ana: 

De nuevo hay muchas preguntas y enormes demandas de información. Cada uno da lo que puede. No me gusta nada escribir en función de aniversarios, de fechas señaladas que imponen los grandes medios de desinformación y control cognitivo. Sé que es inevitable, pero, insisto, no me gusta. Mi sugerencia es la de siempre, saber leer bien los periódicos, interpretar las redes y no ver televisión. Sé también que buscar medios alternativos es difícil y que la manipulación tiene unas dimensiones desconocidas hasta el presente, como si estuviéramos ya en guerra o preparándonos para ella.

Empecemos por el presente. Se ha escrito mucho sobre el primer aniversario de la intervención rusa en Ucrania. En lo escrito no hay intentos serios de análisis, de comprensión racional de lo que ocurre y de sus derivas. La información ha sido sustituida por la propaganda, por el insulto y la descalificación. El enemigo es Putin, quien bombardea es Putin y quien agrede es Putin. Cuando se intenta ampliar la visión, aparece un régimen fuertemente autoritario que no fue “pacificado” en su trágica transición al capitalismo y, más allá, una cultura y un tipo de ser humano propenso al servilismo, a un comunitarismo despersonalizado. O sea, que no son “como nosotros”, que no valoran la individualidad, la racionalidad y la búsqueda del propio interés tan determinante en nuestra cultura. Como decía la primera ministra de Estonia, los rusos deben ser reeducados, hay que poner fin a su tipo de Estado y restablecer nuevas fronteras y relaciones con un Occidente –hay que subrayarlo– cuna de la civilización verdadera. 

EEUU siempre se ha reconocido como el único y verdadero Occidente, con el derecho y el deber de construir un mundo a su imagen y semejanza. Considera que la vieja Europa vive en el pasado y en crisis permanente, incapaz de autogobernarse y necesitada de ser guiada o tutelada. Descubrieron la vitalidad y el anticomunismo de los antiguos países socialistas europeos, se dieron cuenta de que ahí había un material precioso que había que organizar y fortalecer. Muchos dirigentes norteamericanos tienen su origen en ese mundo (Brzezinski, Margaret Albright, Antony Blinken, Victoria Nuland, Robert Kagan…). Son –así se les denominó– la vieja/nueva Europa, el frente de batalla contra una Rusia a la que había que debilitar económica y militarmente, desmantelarla como Estado y desintegrarla como civilización. Porque la “tercera Roma” no tiene cabida en el nuevo orden: se debe impedir, cueste lo que cueste, una alianza entre Europa y Rusia. La “venganza de la geografía” debe ser vencida.

El 24 de febrero A. Rizzi y M. Zafra publicaron en el diario El País un largo análisis sobre lo que llaman “la guerra más global desde 1945”. Merece la pena leerlo con detenimiento. La tesis que defienden es que la intervención rusa en Ucrania significa, desde el punto de vista político, una impugnación en toda regla del orden mundial. Esto es importante, querida Ana, muy importante: ¿qué orden?, ¿cuáles son sus fundamentos? Sobre estas preguntas volveré más adelante. Putin y Xi Jinping, según los autores, defienden proyectos “revisionistas” que, de una u otra forma, cuestionan las estructuras de un poder que ha configurado nuestro mundo.

En el citado artículo se organizan una serie de datos que intentan fundamentar un argumentario sobre las dimensiones y la hondura de un conflicto en permanente escalada. Ofrece cifras, muchas de ellas conocidas, que ayudan a entender el conflicto. La primera, es que la economía de Rusia tiene un PIB de 1,8 billones de dólares; menor que Italia, menor que Francia y menos de la mitad que Alemania.; es decir, que los países que se enfrentan directa o indirectamente al gran país euroasiático determinan en torno al 50% del PIB mundial. En segundo lugar, y desde el punto de vista político-militar, los datos que aporta son significativos. La ayuda militar de Occidente equivale al 94% del presupuesto de Defensa ruso; si se suma todo, significa que Ucrania está empleando casi la mitad de su PIB en su enfrentamiento contra Rusia. El gasto militar global de la coalición contra Rusia (la OTAN Plus) equivale al 60 % del presupuesto militar mundial. El tercer dato, muy unido al anterior, es que la OTAN (30 países) está suministrando armamento, ayuda económica, financiera, logística, inteligencia y formación a Ucrania. No son en realidad 30 países, son más de 40. Rusia, según nos cuentan los medios, estaría sola, con ayuda indirecta de Irán y, más nebulosamente, de China. En cuarto lugar, Occidente, dirigido y organizado por EEUU, ha impuesto un conjunto de sanciones tan completas, tan sistemáticas y tan dañinas que convertirán a Rusia en un paria económico internacional con el objetivo –Biden lo ha repetido muchas veces– de debilitarla y desangrarla. Tengo otras cifras, pero prefiero partir de estos datos.

Analizándolos con cierta minuciosidad, no nos queda otra que llegar a la conclusión de que, como en los años 30, Rusia está perdida y condenada a la derrota. Este es uno de los misterios de la guerra en Ucrania. La correlación real de fuerzas política, económica y militar es claramente desfavorable para Rusia; siempre –tiene una relevante importancia– que no se llegue a un conflicto nuclear. Es más, como dijo no hace mucho Andrew Korybko, EEUU siempre ha ido por delante y tiene la guerra en el lugar y en el tiempo más adecuado para sus intereses. Este es un dato crucial sobre el cual se ha reflexionado poco y que no se ha tenido suficientemente en cuenta.

Desde el primer momento, Biden lo dijo con claridad: Norteamérica ha vuelto; es decir, pasa a una ofensiva global para defender su orden mundial y sus reglas. El debate en el núcleo dirigente, entre Trump y Biden, se resolvió en favor de una estrategia imperialista liberal-intervencionista que parte de la convicción de que este es el momento –su momento– para frenar y derrotar a las llamadas potencias revisionistas que cuestionan objetivamente la hegemonía de EEUU. Dicho de otro modo, el mundo tiende –lo es ya en muchos sentidos– a la multipolaridad, que supondrá, directa o indirectamente, una radical redistribución del poder mundial que cuestionará el presente orden internacional. 

Querida Ana, crisis de hegemonía y ofensiva norteamericana están íntimamente relacionadas. El factor tiempo es la clave. Repito algo dicho ya en las otras cartas. El problema de la paz, eso que los académicos llaman la trampa de Tucídides, está relacionado con una cuestión central que no se puede eludir en este momento histórico: ¿aceptarán los EEUU un mundo multipolar donde ya no sean la potencia hegemónica o se opondrán a ello con todo su potencial económico y político-militar? La administración Biden lo tiene claro: pasar a la ofensiva, militarizar las relaciones internacionales, romper el mercado mundial, aislar y contener a Rusia y, sobre todo, a China. Si esto no se entiende no es posible comprender lo que está pasando y tomar una posición políticamente fundada.

Las ideas que defiende este sector (liderado por Hillary Clinton) las ha sintetizado con precisión y claridad Robert Kagan. Se podrían sintetizar así: 1) EEUU ganó la tercera guerra mundial (eso que se llamó la Guerra Fría), derrotó al “Imperio del mal”, a la URSS, la potencia mundial que le hizo sombra durante casi 50 años. 2) EEUU, vencedor de un largo conflicto, impuso un nuevo orden mundial bajo su indiscutida e indiscutible supremacía. Rusia, lo que quedaba de la URSS, estaba obligada a aceptar su derrota. Su economía, su tipo de Estado y su papel internacional tenía que someterse a esta nueva ordenación del mundo definida y dirigida por los EEUU. 3) La administración norteamericana tiene la obligación de defender este orden mundial con un objetivo preciso, a saber, impedir que emerja una potencia o un conjunto de potencias que lo cuestione. 4) EEUU debe estar siempre preparado y disponible para el uso sistemático de la fuerza y la diplomacia coercitiva. Así lo ha hecho desde su nacimiento como Estado. El orden liberal mundial necesita ser protegido, defendido, impulsado. Es una guerra permanente entre el bien y el mal, entre su democracia y los diversos autoritarismos. 5) EEUU es el “soberano” del orden mundial; es decir, tiene la potestad suprema para usar la fuerza cuando lo considere necesario; el poder para invadir cualquier país y para imponer sus intereses estratégicos sobre las reglas del derecho internacional. El comportamiento de EEUU ha sido el mismo dese 1945: interviene militarmente cuando lo considera oportuno, ya sea con acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU o sin él.

En los últimos 30 años –cito a José Luis Fiori– EEUU invadió sucesivamente y sin el consentimiento del Consejo de Seguridad el territorio de Somalia en 1993 (300.000 muertos), Afganistán en 2001 (180.000 muertos). Irak en 2003 (300.000 muertos), Libia en 2011 (40.000 muertos), Siria en 2015 (600.000) y, finalmente, interviene en Yemen, donde ya han muerto unas 240.000 personas. Kagan señala, con orgullo, que entre 1989 y 2001 (años de la desaparición de la URSS y de la crisis de Rusia) la Administración norteamericana intervino militarmente en Panamá (1989), Somalia (1992), Haití (1994), Bosnia (1995-1996), Kósovo (1999) e Irak (1991 y 1998). La sustancia del mundo unipolar era esencialmente esta: un soberano (EEUU) que decide quién es el enemigo y quién es el amigo, qué es democracia y qué no; tiene el poder de definición y el poder punitivo desde un control omnímodo de los grandes medios de construcción de la subjetividad y del imaginario social. 

Si de algo no se puede dudar es de que Putin y el equipo dirigente ruso tienen un conocimiento geopolítico de alto nivel. Sabían perfectamente que la correlación de fuerzas le era claramente desfavorable. No tenían más alternativa que, o aceptar esta situación o plantarle cara, adelantándose. Como recientemente ha dicho el Secretario General de la OTAN, la guerra en Ucrania comenzó en el 2014, con el golpe de Estado de Maidán. Es más, como han reconocido el expresidente Poroshenko, Angela Merkel o François Hollande, los acuerdos de Minsk (I y II) sirvieron solo para ganar tiempo, consolidar un régimen nacionalista ferozmente antirruso y rearmar a un ejército que en febrero de 2022 era de los más fuertes de Europa. 

¿Qué significaba aceptar la situación? Dejar que el potente ejercito ucraniano diseñado, organizado y armado por la OTAN diera el golpe final a las fuerzas prorrusas de las repúblicas del Donbass, poner en serio peligro a Crimea y aceptar la ampliación de la Alianza Atlántica no solo a Ucrania, también a Georgia. No había límites; nunca los hubo. Cercar, asediar, situar contra la espada y la pared a Rusia para obligarla a responder en el momento y en el lugar más adecuado para la estrategia global definida por la Administración Biden. Quien define el campo de batalla es que tiene el poder y la superioridad en la relación de fuerzas. EEUU ha estado siempre a la ofensiva, por delante; llevando con mano férrea la iniciativa y situando desde el principio a Rusia a la defensiva, haciendo lo que está obligada a hacer. 

La guerra en Ucrania ha sido la más anunciada desde, al menos, el conflicto de Irak. Desde el viejo Kenan, al conocido especialista de las relaciones internacionales John J. Mearsheimer, pasando por Stephen F. Cohen, Gilbert Doctorow, Kissinger…, ya lo anticiparon. La lista se podría ampliar. William Burns, actual jefe de la CIA, en su época de embajador en Rusia advirtió que la dirección moscovita no aceptaría la ampliación de la OTAN a Ucrania y Georgia; que sería una línea roja inaceptable bajo cualquier punto de vista. Benjamin Abelow en un reciente libro –que lleva el significativo título de “Cómo Occidente ha provocado la guerra en Ucrania”– argumenta que la estrategia norteamericana consistió en algo más que ampliar las fronteras de la OTAN 1.600 kilómetros hacia el este. Elementos clave fueron: a) la retirada unilateral del tratado IBM y la instalación de misiles en los países del Este europeo capaces de golpear centros estratégicos de Rusia; b) el rearme de las fuerzas armadas ucranianas, la entrega de armas letales, el apoyo sistemático en formación e inteligencia, la presencia nada disimulada de personal y voluntarios de los países de la OTAN con el objetivo explícito de aumentar la interoperatividad con las fuerzas de la alianza; c) el retiro unilateral del tratado de fuerzas nucleares intermedias (INT) incrementando la vulnerabilidad de Rusia a un primer ataque estadounidense; d) la insistencia por parte de la OTAN de que seguía vigente el Memorandum de Bucarest de 2008 en el que se afirmaba que Ucrania formaría parte de la Alianza, a lo que habría que añadir la firma de un conjunto de acuerdos bilaterales USA/Ucrania para profundizar en sus relaciones político-militares que culminarán en la realización de maniobras conjuntas en el Mar Negro.

La resultante de esta estrategia bien pensada y calculada ha sido la guerra en Ucrania, una guerra de la OTAN contra Rusia por delegación. EEUU siempre ha buscado un hecho desencadenante que los medios de comunicación puedan publicitar masivamente y que le permita justificar y legitimar su intervención armada; ha necesitado un “Maine”, un “Lusitania”, un “Pearl Harbour”, “armas de destrucción masiva”. Jordis von Lohausen distinguió con finura entre el agresor estratégico y el agresor operativo. Para el conocido geopolítico austriaco “la agresión significa cualquier forma de amenaza, de intimidación y de chantaje al adversario; cualquier intento de su debilitamiento económico, de su ablandamiento moral, de su socavamiento ideológico. La ofensiva militar es solo una forma posible de agresión entre muchas”. Biden ha tenido la capacidad de situar entre la espada y la pared, de acorralar al gobierno ruso de tal forma que no le quedaba otra alternativa que la respuesta militar o la derrota estratégica. La condición previa de todo esto es la desigualdad de fuerzas. EEUU lo puede hacer porque tiene poder para ello, poder económico, militar, comunicacional y una red de alianzas en todo el globo. Las piezas clave –como siempre– sus dos protectorados político-militares: Europa y Japón. 

Nada lo explica mejor que el caso de Taiwán. Como se ve, se está forjando en esta isla un caso muy similar al de Ucrania. De nuevo se crea un conflicto, se criminaliza a China y se genera un cordón sanitario contra su supuesta agresividad. Taiwán es reconocida internacionalmente –y especialmente por EEUU– como parte de China. A la vez, esta isla juega un papel estratégico fundamental para acosarla y contenerla. Los EEUU definen una estrategia de tensión impulsando el separatismo, rearmando a su ejército y consolidando su presencia militar en el marco de una estrategia global que tiene en su centro a China. Como en el caso de Ucrania, se crea un contexto mediático, político y estratégico apropiado y se busca un hecho desencadenante que justifique y legitime el conflicto bélico. Por eso los escenarios de Europa y del Mar de China Meridional están relacionados en el marco de una ofensiva global de EEUU cuyas líneas de fractura están en Ucrania y en Taiwán y que engarza, cada vez más, con el África subsahariana.

Querida Ana: Te he insistido mucho en la importancia del factor tiempo. El equipo en torno a Biden vive como si el tiempo se le agotara. La derrota de Donald Trump fue percibida como una victoria, sobre todo en el plano externo, en la política internacional de EEUU. Era el momento de pasar al ataque antes de que fuese demasiado tarde. Demasiado tarde ¿para qué? Para impedir que la alianza estratégica entre China, Rusia e Irán se consolide, que fortalecieran sus relaciones económicas, tecnológicas y militares, y, sobre todo, que ampliaran su marco geográfico hasta convertirse en un polo alternativo capaz de disputarle el poder. En este sentido, la guerra en Ucrania es el primer acto de un conflicto global que va a cambiar necesariamente el mundo tal y como lo conocemos hoy. Lo viejo no acaba de morir, pero lo nuevo ha avanzado demasiado para los intereses estratégicos de EEUU y había que frenarlo costase lo que constase. ¿Nos llevará esto a una III Guerra Mundial? Esa es la gran cuestión.

El debate lo ha abierto Emmanuel Todd en una entrevista que anuncia la salida de un libro ya publicado en Japón. El titular de dicha entrevista era impresionante: “La tercera guerra mundial ya ha comenzado”. Desde luego el conocido científico social francés tiene un especial talento para publicitar bien sus ideas, libros y posiciones políticas siempre a contracorriente. Como sabes, lo he seguido desde hace años. Me enseñó, sobre todo, la importancia de la demografía y de una visión histórica de la antropología. Para lo que estamos discutiendo, un libro fundamental es (el título lo dice casi todo) Después del imperio. Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano. Empezaba así: “Los Estados Unidos se están convirtiendo en un problema para el mundo”. Decir esto en el 2003, primera edición del libro, tiene mérito. Cuando se lee con atención nos damos cuenta que apunta a la tendencia básica, a saber, el declive de los EEUU y sus consecuencias geopolíticas. 

Todd se equivoca porque no distingue bien entre conflicto global y conflicto armado. Lleva toda la razón cuando habla de que EEUU ha iniciado un conflicto global económico, tecnológico, financiero, comercial contra Rusia, China e Irán. Parte de ese conflicto global es la guerra en Ucrania. Que esta se generalice en un conflicto mundial armado es posible. Yo diría que muy posible, pero la III Guerra Mundial aún no se ha iniciado. El peligro existe y así lo han puesto de manifiesto analistas como David Goldman, Brandon J. Weichert, Pepe Escobar, Scott Ritter… ¿Dónde está el problema? En eso que Roberto Buffagni ha llamado la doble trampa estratégica para Rusia y para la OTAN/EEUU. La primera ya la hemos analizado. Rusia tenía que elegir entre la derrota estratégica o el enfrentamiento militar con la OTAN. La segunda tiene que ver con la doble alternativa que se le ofrece a los EEUU: o reducir daños y buscar una vía de acuerdo con Rusia o una huida hacia adelante. A esto se le llama escalada. La situación la ha expuesto con claridad el Secretario General de la OTAN: “A algunos les preocupa que nuestro apoyo a Ucrania pueda desencadenar una escalada. Quede claro: no hay opciones sin riesgo, pero el mayor riesgo de todos es que gane Putin”. Estas declaraciones hechas en la conferencia de seguridad de Múnich señalan muy bien los dilemas estratégicos del occidente colectivo dirigido por EEUU. 

¿Por qué este dilema se plantea ahora con toda claridad? Porque Rusia está ganando militarmente la guerra, está saliendo bien librada de la enorme batería de sanciones económicas y financieras impuestas por los EEUU y la Unión Europea y, sobre todo, se está consolidando la reorganización de Eurasia en torno al trípode Irán/Rusia/China. Dicho de otra forma, el miedo a la escalada es hoy mucho más grave que ayer. Biden está tomando ya nota que el mundo ha cambiado mucho, que la multipolaridad está más avanzada de lo que creía y que solo 39 países –y con trampas– están siguiendo las severísimas y sistemáticas políticas de sanciones. Una cosa es votar, y señalarse, en la Asamblea de las Naciones Unidas, y otras alinearse con EEUU y con la Unión Europea. No hay dos sin tres. Cuando aparece una bipolarización siempre emerge una tercera vía; es decir, países que no pueden definirse abiertamente contra el bloque de poder dirigido por la Administración norteamericana pero que aprovechan la situación para ganar autonomía estratégica, sacar beneficios económicos y financieros y apostar por un nuevo orden internacional que tiende a coincidir con las propuestas que defiende China. 

Emmanuel Todd dice dos cosas interesantes. Una, que Rusia, en muchos sentidos, ha salido fortalecida económicamente del conflicto; y otra, que su capacidad militar no ha sido tan potente como se esperaba. Sobre esta segunda cuestión no hablaré, tiempo habrá. Sí me parece más interesante la primera. Michael Hudson lleva mucho tiempo indicando que la fractura entre el norte y el sur global se da también en sus economías, unas basadas en la financiarización y en la captación de rentas, y las otras basadas en economías productivas, en procesos de industrialización autocentrada y en un Estado fuerte, soberano e independiente. Pensar que el PIB de Rusia es inferior a Italia y la mitad que el de Alemania, no se sostiene. Desde las sanciones del 2014 Rusia ha ido cambiando progresivamente su matriz productiva y energética, ha desarrollado una agricultura eficiente, una gran industria de fertilizantes, ha modernizado la producción de sus materias primas minerales, ha realizado eficaz política de sustitución de importaciones y, de esto no hay dudas, ha fortalecido su complejo militar-industrial. Es una vieja historia. El capitalismo a la Occidental no parece que funcione en Rusia.

Termino, querida amiga; esta carta es ya demasiado larga. La posibilidad de una tercera guerra mundial está en el horizonte. Sigue siendo necesaria una movilización de la ciudadanía contra la guerra, por un armisticio o alto el fuego en Ucrania que permita poner fin a una guerra extremadamente cruenta y que amenaza con convertirse en global. El núcleo dirigente de la OTAN está, desde el principio, en un peligroso juego que consiste en ir hasta el límite pensando que el adversario no recurrirá al uso del armamento nuclear. El conflicto en Ucrania es existencial para Rusia, no así para la UE o para los EEUU. Para evitar la guerra habría bastado solo con asegurar la neutralidad de Ucrania, garantizar su existencia como Estado y no seguir hostigando a la minoría rusa; es decir, cumplir los acuerdos de Minsk. Este marco ya no parece posible, habrá que construir otro. 

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viernes, 31 de marzo de 2023

RUSIA. Parte de guerra del ministerio de Defensa del día 30 de marzo (y que en occidente se prohibe)

 

RUSIA. Parte de guerra del ministerio de Defensa del día 30 de marzo (y que en occidente se prohibe)

 


INSURGENTE.ORG / 31 marzo 2023

 


 

El ejército ruso, durante las operaciones de combate en Ucrania eliminó a 500 soldados ucranianos y derribó un helicóptero Mi-8 y dos drones en las últimas 24 horas.

En su informe diario sobre el desarrollo de la operación especial militar rusa en Ucrania, el Ministerio de Defensa ruso detalló lo siguiente:

En la dirección de Kobyansk:

Las unidades rusas lograron atacar los puntos de concentración de personal y equipos militares ucranianos en varios frentes, donde dos vehículos fueron destruidos y 50 soldados ucranianos neutralizados.



En la dirección de Krasnolyman:

Las operaciones activas de las unidades rusas y los ataques de artillería alcanzaron unidades de las fuerzas ucranianas y lograron eliminar a 130 soldados, además de destruir dos vehículos blindados de combate, un cañón “Grad” y otro autopropulsado “Acacia”.

En la dirección de Donetsk:

Las fuerzas ucranianas perdieron hasta 340 de su personal y mercenarios que luchaban junto a ellos, mientras 19 vehículos fueron destruidos, entre los cuales cuatro de combate de infantería, y seis blindados, además de un cañón Uragan y dos obuses (20D y 30D).


En cuanto a las direcciones de sur de Donetsk y Zaporozhie:

Los aviones operativos y tácticos y el fuego de artillería del Grupo Este Ruso bombardearon áreas de concentración de las fuerzas ucranianas, donde más de 25 soldados ucranianos fueron liquidados, asimismo dos vehículos blindados y un depósito de municiones fueron destruidos, además de derribar un helicóptero Mi-8

En la dirección de Jersón:

Las fuerzas rusas eliminaron a más de 25 soldados ucranianos y destruyeron 11 vehículos y tres obuses (30D), mientras que la aviación operativa y táctica del ejército ruso, con la ayuda de las fuerzas de misiles y artillería, alcanzaron 93 unidades de artillería en posiciones de tiro y puntos de concentración de personal y equipos militares ucranianos en 107 regiones.

También se interceptaron un misil Grom 2 y tres cohetes HIMARS, y fueron derribados dos drones.

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China: la cuenta atrás comenzó

 

El centro del mundo sigue deslizándose hacia Oriente, y lo que hace Occidente para evitarlo acelera ese desplazamiento. Ucrania ha puesto sobre el tapete hasta las cartas marcadas, y la reacción china, sosegada pero firme, no ha hecho más que empezar.


China: la cuenta atrás comenzó


Manolo Monereo

El Viejo Topo

31 marzo, 2023 



“China no amenaza a Estados Unidos. Nadie puede amenazar a EEUU… China ha cometido, a ojos de EEUU, un gran pecado: desarrollar su economía hasta el mismo tamaño que la de EEUU” (Paul Keating, antiguo primer ministro de Australia. Marzo de 2023)

La verdad de Taiwán está en Ucrania; la verdad de Ucrania está en Taiwán. No se trata de un juego de palabras ni de un acertijo. Ambos temas están dialécticamente relacionados y son parte de una estrategia global, con diferencias y similitudes. ¿Qué les da sentido?: la (contra)ofensiva norteamericana. Crisis de hegemonía y ofensiva norteamericana marcarán esta fase histórica. A los EEUU hay que tomárselos siempre en serio, estudiarlos minuciosamente y tomar nota de lo que dicen, de lo que hacen y de lo mucho que callan. Cuando Biden dijo que los EEUU han vuelto, significa que la gran potencia del norte no está dispuesta a admitir el cuestionamiento de su dominio y que defenderá su “orden” y sus “reglas” con uñas y dientes.

El factor tiempo es decisivo. El equipo dirigente organizado en torno a Biden vive dramáticamente la situación actual del mundo y teme la transición hacia un mundo multipolar. Las diferencias con Donald Trump tenían que ver con su incapacidad para definir una estrategia operativa a la altura de los desafíos de la época, con sus decisiones erráticas e incoherentes, con sus desprecios a los aliados y sus devaneos con Rusia. Hablaba mucho, hacía poco y no se enfrentaba con decisión a los problemas. Echarlo del poder se convirtió en una verdadera cruzada; lo consiguieron, empleando todos los medios disponibles a su alcance, todos los medios; terminará en la cárcel o algo peor. Biden y su equipo tenían prisa, mucha prisa. Los problemas se acumulaban; la sociedad norteamericana emitía señales de crisis; las fracturas sociales y territoriales eran cada vez más evidentes, la involución política y los conflictos identitarios ponían de manifiesto una guerra civil latente. Había que tomar la iniciativa y contraatacar antes de que fuese demasiado tarde.

La crisis sistémica del 2008 fue la señal de que las capas tectónicas que organizan las relaciones internacionales se estaban moviendo en dirección contraria a los intereses geopolíticos de los EEUU. Una vez más, el epicentro de la crisis económica estaba en el “país indispensable” y fue China quien acabó rescatando a la economía internacional. Era el dato crucial que evidenciaba que el mundo estaba cambiando de base y que ya no se podía gobernar sin el imperio medio. En paralelo, Rusia reconstruía su economía, su tejido productivo, su eficiente complejo militar-industrial y, lo fundamental, recuperaba su centralidad en una Eurasia en proceso de reorganización. Irán había salido –con dificultades y problemas no menores– como la gran beneficiada de las guerras fracasadas de los EEUU en Afganistán, en Irak, en Líbano, en Libia, Siria. Otros –India, Alemania, Indonesia, Turquía– miraban a la gran potencia emergente y buscaban acuerdos económicos ventajosos. Biden llegaba para romper esa dinámica, usando a fondo su control sobre las instituciones internacionales, el peso del dólar y, es lo decisivo, su clara superioridad político-militar.

Una gran potencia como EEUU por definición tiene capacidad para operar en diversos escenarios y con agendas múltiples. No hay nada más que leer los informes periódicos que realiza su Centro Nacional de Inteligencia para tomar nota de su conocimiento preciso de las tendencias de fondo que están gobernado esta transición geopolítica, del peligro que supone la consolidación de China como potencia rival económica, política y militar. La administración norteamericana tiene desde hace años una estrategia –densa, compleja, múltiple– para frenarla, debilitarla y provocar una crisis en su núcleo dirigente. Le han dedicado mucho dinero, muchos esfuerzos organizativos, una tenaz y permanente intervención sobre élites críticas y una vigorosa y sistemática estrategia comunicacional. El imperialismo colectivo de Occidente no descansa nunca; está siempre vigilante, máxime cuando lo que está en juego es su hegemonía.

El modelo Ucrania se va a repetir, de una u otra forma, con Taiwán. Quien tiene el predominio en el sistema-mundo tiene el poder para definir las líneas de fractura y trabajar sobre ellas. De facto hay tres escenarios, interconectados entre sí, que expresan esta ofensiva norteamericana. El primero, Europa; línea de demarcación definida, al menos, desde el 2014 en Ucrania. El segundo, el Mar de China Meridional con Taiwán como línea de separación y de conflicto político-militar; y el tercero, en el África Subsahariana con el Sahel como frente móvil que define territorios en disputa y lugar de enfrentamiento entre las grandes potencias.

Oriente Próximo vive un proceso de cambios acelerados, de redefinición radical de las alianzas internas y de sus tradicionales mecanismos de inserción en la economía internacional. Síntesis y resumen de estas mutaciones es el acuerdo entre Irán y Arabia Saudita gestionado por China. No voy a insistir sobre lo que esto significa, está delante de nuestros ojos y pone fin a una historia de control y de poder. Hay que tomar nota de dos aspectos especialmente significativos: la capacidad de China para forjar consensos y ofrecer salidas a viejos conflictos y, lo fundamental, lo mucho que ha avanzado –como realidad y proyecto– la multipolaridad percibida como oportunidad para liberarse de viejas ataduras con las potencias coloniales y como autonomía para definir políticas en función de los intereses nacionales de cada uno de los países. La guerra en Ucrania, el conflicto entre la OTAN y Rusia, no se ve de la misma forma en el Occidente colectivo que en el Sur global. ¿Qué es lo que hay de fondo? Que detrás de la crisis de hegemonía de EEUU existe algo más decisivo, de más transcendencia histórica: el fin del dominio político-militar y cultural de Occidente.

¿Por qué Taiwán? Básicamente, por tres razones: 1) Para China la reunificación con esta isla es un elemento definitivo –seguramente el más importante hoy– para superar un largo siglo de humillaciones y guerras civiles que estuvieron a punto de destruirla como Estado-Civilización; 2) China nunca podrá ser una gran potencia si no es capaz de controlar su Mediterráneo, es decir el Mar de China (Meridional y Oriental); en su centro está Taiwán. 3) Esta isla es el eje de reorganización de la primera (y decisiva) línea de asedio y contención del poder naval chino y dispositivo-trampa para administrar el conflicto con el viejo imperio medio.

La estrategia, insisto, ha sido muy pensada y está en pleno desarrollo. Lo primero, fortalecer y estructurar un conjunto de alianzas político-militares que vayan progresivamente cercando a China. Lo están organizando por círculos concéntricos. El núcleo decisivo es el AUKUS, el acuerdo entre Australia, Gran Bretaña y EEUU: los anglosajones al mando y sin interferencias europeas. El círculo siguiente lo conforman los protectorados militares, Japón, Corea del Sur y, ahora más claramente, Filipinas. En un tercer nivel están un conjunto de países que, sin estar definidos, son claves para el posicionamiento final; en su centro están India, Indonesia y Malasia. EEUU está jugando fuerte militarizando la región, impulsando un rearme de grandes proporciones y nuclearizando, aún más, la zona. La entrega a Australia de B-52 y B-1 con armamento nuclear y el desarrollo conjunto de submarinos impulsados por energía nuclear evidencian un salto de calidad y la férrea determinación norteamericana.

Esta política de alianzas se concreta en lo que se ha llamado “estrategia de las cadenas de islas”. La primera involucra a Corea del Sur, Japón, Filipinas, Taiwán y Singapur. La segunda incluiría además de Japón, Islas Bonin, las Marianas (EEUU), Guam y las Carolinas y habría una tercera mucho más amplia que partiría de las Aleutianas, Hawai y Oceanía. Como se puede observar, EEUU se toma en serio que el centro de gravedad del poder mundial se traslada a Oriente y que no está dispuesto a aceptar o a negociar el fin de su hegemonía en ese hemisferio. Se prepara para la guerra y la provocará si lo considera necesario. Esto exigirá tiempo, una eficaz política de alianzas, aislar económica y tecnológicamente a China e impulsar una estrategia comunicacional-cognitiva que criminalice ante el mundo a China y a su Presidente.

Taiwán es la línea de fractura y de conflicto organizada por los EEUU. Llevan muchos años trabajando en esta dirección. Lo primero ha sido impulsar el separatismo en la isla. El Partido Progresista Democrático (PPD) traduce políticamente un proyecto de “construcción nacional” que minimiza el peso de la tradición china, crea una “comunidad imaginaria” compleja que determina y hace necesario –es el objetivo– un país independiente. En segundo lugar, los países del AUKUS están fomentando aceleradamente el rearme de la isla formando a sus militares y forjando relaciones con otros ejércitos, destacadamente el japonés y el filipino. En tercer lugar, y de forma calculada, EEUU va integrando, de una u otra forma, a Taiwán en las relaciones económicas, políticas y diplomáticas internacionales. Su “status especial” se amplía y se desarrolla como si fuese realmente un país independiente.

Taiwán es un termostato estratégico gobernado por los EEUU. Este tiene la capacidad para graduar la intensidad del conflicto; es decir, será más o menos grave según le interese. El juego de poder está definido. China (lo sabe la comunidad internacional) quiere una reunificación pacífica con la isla; ahora bien, irá a la guerra si Taiwán declara unilateralmente su independencia. La presidencia actual de la isla piensa y actúa como si Taiwán fuese ya un país independiente y, por tanto, no tienen por qué declararla. EEUU está en condiciones de gobernar el conflicto multiplicando la apuesta hasta llevarla al límite. ¿Eso qué significa? Incrementar sustancialmente la ayuda militar, desacoplar económicamente a Taiwán de China, dotarla de un armamento cada vez más sofisticado y potenciar su papel internacional como país independiente. Cuando el círculo se vaya cerrando, forzará a China a que opte entre aceptar su derrota estratégica o responder militarmente. Nunca hay que olvidarlo: por ahora, los EEUU, el imperialismo colectivo de Occidente tienen la supremacía político-militar e intentarán sacar ventaja de ello.

Esto, es bueno entenderlo, no solo depende de EEUU sino de una China que tiene fuerza, sabiduría histórica y una capacidad de trenzar alianzas en aumento. El factor tiempo, como siempre, será decisivo. EEUU no tiene tiempo que perder; China tiene un tiempo propio que le hace ganar proyección y autonomía estratégica cada día. Pronto todo un conjunto de políticos europeos, empezando por Pedro Sánchez, irán a hacerse la foto con Xi Jinping; es razonable. Sin embargo, no se debe de olvidar que el concepto estratégico de la OTAN aprobado en Madrid asume la política de EEUU contra China y convierte, de hecho, a la UE en un aliado subalterno de la Administración norteamericana.

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