sábado, 25 de septiembre de 2021

La globalización neoliberal en crisis. (Las cosas tienen nombre, de modo que para poder entendernos a cada cosa hay que llamarla por su nombre, porque de no hacerlo así –que es lo que habitualmente se viene haciendo- al final se acaba por no saber ni siquiera de qué se estaba hablando. El neoliberalismo es una forma concreta bajo la que se presenta el modo de producción capitalista. Si se mantiene que el neoliberalismo está en crisis en realidad lo que se está manteniendo es un absurdo –que es lo que habitualmente se viene haciendo-. Estará –que lo está- en crisis el modo de producción capitalista que ya ni siquiera puede funcionar bajo su forma de “liberalismo”. A quienes más interesa entender esto es a los trabajadores, que constituimos nada más y nada menos que la inmensa mayoria de la población y que nos jugamos ni más ni menos que la propia existencia. Si aceptamos –que lo estamos aceptando- que está en crisis el neoliberalismo tenemos que aceptar igualmente que a la forma capitalista de neoliberalismo en crisis le tenemos que buscar una nueva forma al capitalismo para que siga funcionando y ello implica que al capitalismo no se le cuestiona que es lo que hay que cuestionar. Por tanto quien acepte que el neoliberalismo está en crisis implícitamente está aceptando que al capitalismo no se le puede tocar y con ello está taponando e impidiendo la búsqueda de un nuevo sistema económico, politico e ideológico para sustituir a lo que a partir de 2008 demuestra manifiestamente su imposibilidad material de permanencia en el tiempo: el modo de producción capitalista. El modo de producción capitalista no es lo que a mi se me pueda ocurrir, sino un modo de producción histórico originado y producto del desarrollo de todas las fuerzas productivas a lo largo de la historia que tiene unas leyes objetivas específicamente propias que son las que explican su dinámicade funcionamiento y no lo que a mi buenamente con mayor o menor fortuna se me pueda ir ocurriendo y según mi estado de humor o intereses particulares, de donde cabe deducir que antes de podernos plantear seriamente la crisis capitalista hay que empezar por comprender los mecanismos y leyes que hacen funcionar el modo de producción capitalista. Los trabajadores sabemos bien cuales son los efectos que produce el modo de producción capitalista. Se trata de comprender las causas que originan esos efectos para erradicarlas (no de pintarraquearlas con palabras vacías de contenido) al objeto de que las causas no se produzcan. Que nos jugamos la existencia, que las bombas inteligentísimas de guerra, los aviones de guerra, las carretillas de guerra, las mentiras de guerra o los chupa chups de guerra no son para las super chupis misiones humanitarias de paz pacífica con ventanas a la calle sino para la guerra, como su nombre indica. Querido mío, que no estamos de cháchara. Podemos estar esperando a ver que se le cae hoy del piquito de oro que tiene Salvadorín, pero que ya te digo, querido, nos jugamos la existencia.)

 

La hegemonía neoliberal ha perdido el optimismo histórico. Ya no se presenta ante el mundo como portador de certidumbres imaginadas, horizontes plausibles, conquistables y realizables a mediano plazo. ¿Cuáles son los retos hoy para la izquierda?



La globalización neoliberal en crisis


Álvaro García Linera

El Viejo Topo

25 septiembre, 2021 

 

Vivimos la articulación imprevista de cuatro crisis que se retroalimentan mutuamente: una crisis médica, una crisis económica, una crisis ambiental, y una crisis política. Una coyuntura de enorme perplejidad y angustia. Pareciera que la sociedad y el mundo hubieran perdido el rumbo, una dirección hacia dónde ir, su destino. Nadie sabe lo que va a pasar en el corto y mediano plazo, ni puede garantizar si habrá un nuevo rebrote o si surgirá un nuevo virus, si la crisis económica se intensificará, si saldremos de ella, si tendremos trabajo o ahorros. Esto da lugar a una parálisis del horizonte predictivo, no solamente en los filósofos, que es algo normal, sino en la gente común, en los ciudadanos y ciudadanas, en las personas que van al mercado, en los trabajadores, obreros, campesinos, en los pequeños comerciantes. El horizonte predictivo es la capacidad imaginada de proponernos cosas a mediano plazo, cosas que muchas veces no suceden, pero guían nuestra acción y nuestro comportamiento. El horizonte predictivo se ha roto, se ha desintegrado. Nadie sabe lo que va a suceder.

La suspensión del tiempo

Es en este sentido que propongo la categoría de un “tiempo suspendido”. A pesar de que suceden cosas, a pesar de que brotan conflictos, problemas, novedades, cada día estamos viviendo una suspensión del tiempo. Hay un movimiento del tiempo cuando hay un horizonte, cuando podemos al menos imaginar hacia dónde vamos, hacia dónde nos dirigimos. Se trata de una experiencia muy desgarradora, una experiencia nueva que estamos viviendo, en el sentido de que no existe una dirección hacia dónde ir, lo cual es angustiante.

La suspensión del tiempo arrastra un conjunto de síntomas y consecuencias. La primera de ellas es lo que podríamos denominar “un ocaso de época”. El mundo está asistiendo al prolongado, conflictivo y agónico cierre de la globalización neoliberal. Estamos en un proceso emergente de desglobalización económica que se ha ido acentuando, pero que comenzó hace cinco o diez años atrás con idas y vueltas. La primera oleada de globalización se dio en el siglo XIX, hasta principios del XX, y la segunda a finales del siglo XX, entre 1980 y el 2010. Esta segunda oleada de globalización ha entrado en un proceso de una deshilachamiento parcial, en un proceso de desglobalización económica parcial. Hay cuatro datos que permiten afirmar esta hipótesis:

Primero, el comercio mundial tenía una tasa de crecimiento, entre 1990 y 2012, de dos a tres veces por encima de la tasa del crecimiento del PIB global. Desde el 2013 hasta el 2020 es menor o, en el mejor de los casos, igual a la tasa del crecimiento del PIB. El comercio, que es la bandera de los mercados globalizados, se ha reducido, según informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

El segundo dato es que los flujos transfronterizos de capital, que entre 1989 y 2007 habían crecido del 5% al 20% respecto al PIB mundial, pasaron a tener una tasa menor al 5% entre 2009 y la actualidad.

El tercer dato es la salida de Inglaterra de la Unión Europea, el Brexit, que ha establecido un límite a la expansión, al menos por el lado de Occidente, de esta articulación de mercado, economía y política europea. Por su parte, Estados Unidos inicia con el gobierno de Trump un proceso gradual de repatriación de capitales bajo el lema “América Primero”. En su gobierno, Trump desplegó una guerra comercial contra China, pero también contra Canadá y luego contra Europa. Destapó viejos fantasmas de seguridad nacional para intentar impedir que China tome el liderazgo mundial y controle la red 5G. Además, el COVID-19 ha acelerado los procesos de reagrupación de las cadenas de valor esenciales, para que no se repitan procesos que se dieron en Europa cuando, entre países supuestamente pertenecientes a la misma unión comercial, se peleaban en la frontera por los respiradores e insumos médicos. Este control les permite no depender de insumos de China, Singapur, México o Argentina, o del país que fuera. Entonces, tenemos un escenario paradójico con China y Alemania aliadas por el libre comercio y Estados Unidos e Inglaterra aliados en una mirada proteccionista de la economía y del mundo. En los años 80, estos dos últimos países encabezaron la oleada globalizadora con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y ahora son sus líderes los que encabezan una mirada proteccionista y los comunistas, a la cabeza de China, los que convocan a todo el mundo a abrir fronteras y a no impedir que la globalización se detenga.

Un último dato de esta desglobalización parcial que estamos viviendo es el documento que acaba de publicar el Fondo Monetario Internacional. Hay un monitor fiscal y un reporte de la economía mundial que presenta un conjunto de recomendaciones sorprendentes, paradójicas, e incluso chistosas viniendo del FMI: “hay que prorrogar los vencimientos de la deuda pública”. Es decir, están proponiendo que los países no paguen su deuda pública, que prorroguen y que establezcan mecanismos de repagos para los siguientes años. No se olviden que el FMI junto con Merkel y el Deutsche Bank fueron los que se impusieron sobre Italia, luego sobre Irlanda y finalmente sobre Grecia, para obligar a que asuman sus compromisos de endeudamiento. El informe sugiere “incrementar los impuestos progresivos a los más acaudalados”, no es el programa de un partido de izquierda radical, es la recomendación del Fondo Monetario. También, propone impuestos “a las propiedades más costosas, a las ganancias de capital, y a los patrimonios”, siendo incluso más radical que algunas propuestas que se habían manejado en los grupos de izquierda del continente. Sigue con “modificar la tributación de las empresas para asegurarse de que paguen impuestos”. Es decir, pide ser más audaces y modificar el sistema tributario porque hay muchos ricos que han evadido los impuestos. Cierra con una sugerencia para la tributación internacional a la economía digital, apoyo prolongado a los ingresos de los trabajadores desplazados e incremento de la inversión pública. Se trata de un programa de reformas que hace un año era impensable, era una herejía que viniera de estos organismos internacionales que funcionan como el cerebro del capitalismo mundial.

Esto está marcando una modificación del espíritu de la época. Algo está cambiando. Se acabó el recetario de austeridad fiscal, la amenaza de que espantar a los ricos imponiéndoles impuestos nos hará perder riqueza y empleos. Hay una modificación de los parámetros epistemológicos con los que este sector del capital mundial estaba mirando lo que se viene en términos de esta articulación de la crisis ambiental, médica, económica y social. Evidentemente, hay un miedo a las clases peligrosas y a los estallidos sociales que está llevando a un cambio de 180º de las posiciones de políticas económicas que impulsan estos ideólogos del capitalismo mundial, y que habían comandado todo el neoliberalismo desde los años 80 hasta el 2020, en términos de reducción del Estado, de la inversión pública, de los impuestos a la gente rica y de apoyos sociales a los trabajadores. No sabemos si será temporal, pero se trata de un giro sustancial.

El desgaste de la hegemonía neoliberal conservadora

Un segundo efecto de este tiempo suspendido es lo que podemos calificar como un estupor y cansancio de la hegemonía neoliberal conservadora implementada en los últimos 40 años. No es que se acabó, puede durar un buen tiempo más, pero ha perdido su capacidad de regeneración, de impulso irradiador y de articulación de esperanzas. El neoliberalismo se mantiene por la inercia, por la fuerza de la herencia pasada. Esto lo visualizamos en la crisis de los instrumentos que habían sido fetichizados para organizar el futuro.

El neoliberalismo utilizó tres instrumentos para crear un relato, un imaginario, falso en los hechos, pero creído por mucha gente sobre quiénes organizaban el futuro: el mercado, la globalización y la ciencia. El mercado globalizado ha mostrado que no es un sujeto cohesionador. Frente a la crisis del virus y a la expansión de los contagios, ningún mercado hizo nada. Al contrario, los mercados escondieron la cabeza como avestruces y lo que salió a relucir como la única y última instancia de protección social fueron los Estados. La globalización, como un ideario de modernización, mejora de la vida y de expansión ilimitada de las oportunidades, ya no tiene la capacidad para contener a los descontentos, para organizar a la gente que tiene miedo ni para calmar las preocupaciones de los angustiados. La ciencia, en la que se depositó de manera imaginada y tergiversada una potencia ilimitada y una capacidad infinita para transformar y resolver los problemas de la humanidad, ahora muestra sus límites. Hay cosas que los humanos no podemos resolver, enfrentar o remontar, fruto de nuestras propias acciones. La ciencia también tiene un horizonte de época, puede resolver muchas cosas y otras no. Se requiere mucho tiempo, esfuerzo, recursos y una modificación de los comportamientos para que la ciencia pueda abarcar y resolver los problemas que estamos ocasionando, especialmente por nuestra manera de haber roto metabólica, orgánica y racionalmente nuestra relación con la naturaleza.

Todo esto significa que la hegemonía neoliberal ha perdido el optimismo histórico. Ya no se presenta ante el mundo como portador de certidumbres imaginadas, horizontes plausibles, conquistables y realizables a mediano plazo. Las certezas imaginadas del futuro se han quebrado y este es ahora el nuevo sentido común. Ahora nadie puede decir cuál es el destino de la humanidad. La humanidad nunca tiene un destino, siempre es una incertidumbre, pero las grandes hegemonías lo que hacen es crear un imaginario del destino de la humanidad. Las ideologías y las hegemonías tienen una facultad performativa: la capacidad de crear lo que enuncian. Esta capacidad es la que perdió la hegemonía neoliberal planetaria porque ya no tiene la fuerza de despertar entusiasmo, crear adherencias duraderas, ni proponer un horizonte factible en el tiempo. Es un momento de cansancio y de estupor hegemónico, un momento que habilita una nueva materialidad de la hegemonía, que se vuelve porosa. Ya no se presenta como un caudal imbatible que va hacia un lado, sino como aguas estancadas, donde se filtran otro tipo de sustancias, otro tipo de elementos. Por lo tanto, estas aguas estancadas de la hegemonía conservadora hablan de la parálisis del horizonte predictivo. Repito: no es el fin ni del neoliberalismo económico ni de la hegemonía neoliberal. Es un momento de cansancio, de agotamiento y debilitamiento que puede arrastrarse incluso todavía años, cada vez con más dificultades, con menos irradiación, con menos entusiasmo, con menos capacidad de generar adherencias duraderas y legitimidades activas.

Ruptura del consenso neoliberal político y económico

La tercera característica de este ocaso es la ruptura del consenso neoliberal político y económico. Desde los años 80, la hegemonía neoliberal pudo desarrollarse en los ámbitos económicos y discursivos porque fusionó dos cosas: la economía de libre mercado y la democracia representativa. Esto le dio mucha fuerza. Había una retroalimentación entre el horizonte económico que buscaba reducir el Estado, entregar los bienes públicos a los actores privados, regular y fragmentar la fuerza laboral, reducir salarios y derechos, con un sistema de democracia representativa. Luego de la caída del muro de Berlín y del comunismo como una alternativa a la sociedad capitalista, todas las élites, sean de izquierda o derecha, habían apostado por el neoliberalismo, con un sentido un poco más social o más empresarial, porque compartían el mismo horizonte sobre el destino de la humanidad.

Luego de 40 años, ese núcleo de economía de libre mercado y democracia representativa comienza a dislocarse y disociarse, mientras surge un neoliberalismo cada vez más enfurecido. Esta es una de las características de la época. Cada año vamos a tener un replanteamiento de la propuesta neoliberal, cada vez más enfurecida, autoritaria, racista, xenofóbica, antiliberal, antifeminista, cada vez más vengativa, cada vez más fascista. Es lo que ha pasado en América Latina y en otras regiones del mundo. El caso del golpe en Bolivia, la situación de Brasil, Estados Unidos, Polonia y muchos otros países. Hay un neoliberalismo cada vez más autoritario, como una manera de atrincherarse, cuando sus fuerzas y su capacidad de atracción van menguando.

Además, por primera vez, la democracia comienza a presentarse como un estorbo para las perspectivas neoliberales. Se perdió el optimismo de los años 80 y ahora se miran con sospecha las banderas democráticas porque hay una divergencia entre las élites. Es decir, por un lado, hay élites que propugnan por continuar con el neoliberalismo: hay que enriquecer a los ricos, voltear de arriba abajo a los pobres, seguir privatizando y manteniendo la austeridad fiscal; y, por otra parte, hay élites y bloques sociales dispuestos a implementar otro tipo de políticas más híbridas: preocuparse de los pobres, replantearse los temas de la propiedad, los impuestos, el potenciamiento de lo común, entre otras cuestiones. Esta divergencia y la falta de un mismo horizonte de expectativas compartido preocupan a las élites neoliberales que comienzan a mirar con sospecha, recelo y distancia a la propia democracia y a los procesos electorales.

Tendencias de la suspensión del tiempo en el futuro inmediato

En este tiempo suspendido y de quiebre del horizonte predictivo podemos identificar cuatro tendencias para el futuro inmediato.

La primera está sucediendo en el debate de los grandes centros pensantes del capitalismo mundial: la revitalización de los Estados como sujeto protagónico. Esto ocurre bajo dos modalidades. La primera es la revitalización de la utilización de recursos públicos para atenuar las pérdidas o ampliar las ganancias empresariales. Esta es la vieja modalidad neoliberal que busca achicar el Estado, pero para agrandar sus riquezas con los bienes comunes que están bajo control o bajo propiedad del Estado. Actualmente, se está utilizando dinero público para la compra de acciones de las grandes empresas que han visto afectada su producción o comercialización por el confinamiento de los últimos meses.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional, en octubre de 2020 las economías avanzadas habían utilizado capital propio de los Estados equivalente a un 11% de sus PIB en préstamos y garantías, y un 9% en gasto adicional. Es decir, las economías avanzadas, como Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia, Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Japón o Canadá han utilizado entre el 15% y el 20% de sus PIB para comprar acciones de empresas, nacionalizar las pérdidas corporativas, entregar crédito a los bancos o amortiguar la reducción de ganancias de las empresas. Se trata de una revitalización del Estado, pero en términos de monopolios privados.

Otra modalidad de revitalización que pugna también por sobresalir es la del Estado en su dimensión de comunidad, que busca la protección social, mejorar salarios, ampliar derechos, aumentar la inversión pública, proteger a los más débiles, invertir en salud y en educación, crear empleos o nacionalizar empresas privadas para generar recursos públicos en favor de la gente.

Todo Estado tiene estas dos dimensiones. Como señala Marx, “el Estado es una comunidad ilusoria”, que tiene la dimensión de los bienes comunes (la riqueza es un bien común, los impuestos son un bien común, las identidades son bienes comunes), pero son bienes comunes de administración monopólica. Lo que están haciendo las fuerzas conservadoras es utilizar los bienes comunes para beneficio privado, a través del potenciamiento de lo monopólico del Estado; en tanto que las fuerzas sociales progresistas se esfuerzan por la ampliación del Estado como comunidad con bienes para ser distribuidos y utilizados por la mayoría de la población. Hacia dónde se incline el Estado dependerá de las luchas sociales, de la capacidad de movilización, de gobernabilidad vía parlamento y en las calles, de la acción colectiva, etcétera.

Una segunda tendencia del momento actual es el uso del excedente económico de cada sociedad. En los siguientes meses y años se van a incrementar las luchas sociales, políticas e ideológicas entre los distintos partidos, conglomerados, grupos de presión, clases y movimientos sociales, para determinar quién se va a beneficiar con los recursos públicos que son escasos. Con necesidades muy grandes y bienes escasos, ¿se beneficiará al sector empresarial, trabajador, campesino, obrero, medio? ¿A la burocracia, a los terratenientes, a los hacendados o a los banqueros? Los Estados se están endeudando una o dos generaciones por delante y están emitiendo más dinero para que haya circulante y movimiento económico. Ahí aparecen dos querellas: por el uso de ese dinero y por quién va a pagar ese dinero.

La tercera tendencia es lo que podemos definir como apertura cognitiva de la sociedad. En la medida en que las viejas certidumbres se vuelven más rudimentarias y ásperas, y que el horizonte predictivo de la sociedad neoliberal se achica, la gente comienza a abrir su capacidad y disposición para recibir nuevas ideas, creencias y certidumbres. Los seres humanos no pueden permanecer indefinidamente sin horizontes de predicción más o menos estables y de mediano plazo. Es una necesidad humana porque necesitamos “terrenalizar”, necesitamos anclar la proyección de nuestras vidas, acciones, trabajo, esfuerzos, ahorros, apuestas académicas y amorosas en un tiempo más o menos previsible. Cuando eso no se da, se busca por donde sea. Esta es la base para el surgimiento de propuestas muy conservadoras, cuasi fascistas, que es lo que está sucediendo en algunos países del mundo. En Bolivia, los perdedores de las elecciones han ido a rezar ahí, han ido a hincarse ante los cuarteles para pedir que los militares tomen el gobierno. La salida ultraconservadora, fascistoide reunió a toda la gente que se metió en el golpe de Estado: Añez, Carlos Meza, Tuto Quiroga, la Organización de Estados Americanos, OEA. Esto es algo nunca había sucedido en el continente, ni en los años 70, en el continente. Ahora vemos esas imágenes patéticas del abandono de la racionalidad política para pedir este tipo de salidas.

La cuarta tendencia son los gigantescos retos para las fuerzas progresistas y de izquierda del planeta para enfrentar la gravedad de este horizonte predictivo quebrado y diluido. Simplemente voy a mencionar los seis temas que cualquier propuesta debería abordar al momento de asumir la batalla por el sentido común y por el horizonte predictivo de la sociedad en los siguientes meses y años:

1. La democratización política y económica, y sus distintas variantes. Esto es lo que algunos denominan la posibilidad de un socialismo democrático.

2. La lucha contra la explotación, incluyendo no solamente la distribución de la riqueza sino también la democratización de las formas de concentración de la gran propiedad.

3. La desracialización y la descolonización de las relaciones sociales y de los vínculos entre los pueblos y entre las personas incluidas al interior de las organizaciones.

4. Los procesos de despatriarcalización y la reivindicación de la soberanía de las mujeres sobre la gestión de sus cuerpos y de sus vínculos.

5. Un ecologismo social que no mire a la naturaleza como un parque, sino que vea la naturaleza en su relación con la sociedad. Se requiere un enfoque que restablezca el metabolismo racional entre el ser humano y la naturaleza, tomando en cuenta la satisfacción de las necesidades básicas imprescindibles de la gente más humilde, de los pobres y de los trabajadores.

6. Un internacionalismo renovado. Los retos de la izquierda y de las fuerzas progresistas en los siguientes años van a radicar en la capacidad de impulsar propuestas de democratización política y económica cada vez más radicales.

Creo que estamos ciertamente ante tiempos sociales muy estremecedores. Paradójicamente, a pesar de que hablamos de un tiempo paralizado, se están desarrollando local y tácticamente un conjunto de luchas, convulsiones e inestabilidades permanentes que nos indican que las victorias del lado conservador y las victorias del lado progresista o de la izquierda, tampoco han de ser duraderas. Es un tiempo en que nada ha de ser duradero durante un periodo prolongado. Cada victoria de las fuerzas conservadoras tendrá pies cortos y podrá derrumbarse, y cada victoria de las fuerzas de izquierda podrá tener pies cortos si es que no sabe corregir errores e impulsar un conjunto de vínculos con la sociedad.

Este es el conjunto de ideas que quería compartir con ustedes sobre nuestro tiempo presente.

Fuente: Página 12.

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¿Cuáles son las consecuencias y los peligros de la erupción en La Palma?

 

¿Cuáles son las consecuencias y los peligros de la erupción en La Palma?

Las redes de comunicaciones, las líneas eléctricas, las tuberías de riego y las carreteras están sucumbiendo ante el avance de la colada que ya afecta a más de 150 hectáreas. Se calcula que los daños materiales ascienden a más de 400 millones de euros.

Por ID | Agencias 

KAOS EN LA RED

 23 Sep, 2021

Más de 150 hectáreas de terreno afectado hasta la fecha y un avance de 200 metros por hora, ya es toda una catástrofe para la isla. La velocidad del avance hacia el mar se ha reducido, producto de que la lengua de lava se está ensanchando en su avance. El terreno afectado crece un 50% en 12 horas según el Instituto Volcanológico de Canarias.

La lava deja inaccesibles 400 hectáreas dedicadas a la producción de plátanos, unos 20 millones de kilos anuales. A las cosechas que desaparecerán bajo la lava según las proyecciones de se avance se suma la que se perderá por la falta de riego y la imposibilidad de su recogida. Además de lo que supondrá este golpe a una de las actividades más importantes de la Isla, el turismo también se verá duramente afectado. Muchas de las viviendas del terreno agrícola engullido por la lava, son casas rurales dedicadas a esta actividad.

Esto supondrá la pérdida de empleos en las plataneras y la actividad vinculada a este sector, así como de los ligados al turismo. Dos de los pilares económicos de la isla.

Ésta, además ha sido dividida en dos por la erupción, lo que ha afectado fuertemente a la movilidad, obligando a rodear la lengua de fuego durante dos horas para acceder de un lado a otro de la isla. Algo que antes se hacía en apenas media hora.

Ya son cinco las fuentes de emisión activas mientras que otras dos ya se han detenido, sin embargo según los especialistas no se descartar que puedan abrirse nuevas bocas en los próximos días.

A los costes materiales y económicos hay que sumarle los peligros medioambientales que la actividad volcánica iniciada el pasado domingo acarrea, como son los incendios, la contaminación de las aguas subterráneas así como la emisión de gases tóxicos como el dióxido de azufre y nubes de cenizas volcánicas. El volumen que se calcula que se expulsa de dióxido de azufre y otros gases es de entre 6.000 y 9.000 toneladas diarias.

Fuente: Izquierda Diario

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viernes, 24 de septiembre de 2021

Hay distintas clases sociales entre las mujeres y, por lo tanto, diferentes feminismos. (No es cosa del palique semántico del las, les, lis, los, lus ni de la pijotada, también semántica, en el parlamento, sino de clases sociales, que no es sinónimo de los de arriba, los de abajo, los de un lado y los de otro. Y la lo siento ya, pero como no acuda a Marx para ver qué es una clase social y en base a qué sepuede definir, pues eso, que no se enterará de qué es una clase social y en consecuencia no podrá comprender la realidad. Y cuidado cuidadín, mi querido lector camarada en Cristo bendito, que yo no me estoy refiriendo a la concepción sociológica de clase social, puesto que desde este punto de vista pueden ser el ciento y la madre y cinco más las clases sociales existentes o, tres, cinco, nueve o catorce, según le haya dado al señor sociólogo al diseñar la encuesta correspondiente, sino en base a qué se pueden definir las clases sociales de forma objetiva. Eso he dicho: de forma objetiva. Oigan, que si lo desean yo esto lo puedo repetir en verso)

 

¿Qué implica en el desarrollo de políticas públicas?

Hay distintas clases sociales entre las mujeres y, por lo tanto, diferentes feminismos

 

Por Vicenç Navarro

Rebelión

24/09/2021 


Fuentes: Nueva tribuna

Este artículo se refiere a las diferencias por clase social que existen entre las mujeres y sus implicaciones en el desarrollo de políticas públicas relevantes para las mujeres (y para los hombres).

Entre los hombres, la manera de expresar su machismo (la manera de oprimir a la mujer) depende, en gran parte, de la clase social del que lo manifiesta. Naturalmente que hay puntos y comportamientos comunes, pero siempre, o casi siempre, la clase social del hombre define muy marcadamente cómo se expresa tal machismo. No es, pues, de extrañar que lo mismo ocurra entre las mujeres (en un comportamiento precisamente opuesto al machismo). La bienvenida concienciación de las mujeres, como colectivo social, de la necesidad de conseguir los mismos derechos que los hombres, también viene marcada de una manera muy palpable por la clase social a la que la mujer pertenece o representa. De ahí la pluralidad de movimientos feministas.

Quedó ello claro hace varios días en un hecho que adquiría gran visibilidad mediática en EEUU, y que ocurrió en la Harvard University, el centro académico con más recursos, más rico y más poderoso de EEUU. Tal universidad tiene 37.000 millones en endowment (es decir, en propiedad sobre la cual generar ingresos). Las matrículas de los estudiantes son una parte muy minúscula de sus ingresos y, con tal propiedad, se ha convertido en uno de los centros de fondos de inversión más importantes del país. El hecho que sea un centro educativo es una actividad más que le da nombre, pero la mayoría de sus fondos se obtienen a través de las inversiones de su endowment. La riqueza de recursos es, pues, su característica principal. Dicha universidad es también donde parte de la élite de EE.UU. se educa, se socializa y configura su manera de pensar mediante los valores que tal universidad promueve. En EE.UU., es conocido que la cultura de tal centro es predominantemente conservadora y liberal (“liberal” en el sentido europeo de la palabra, pues la palabra “liberal” en EE.UU. quiere decir socialdemócrata o socialista, de los cuales hay muy pocos en Harvard. Por cierto, el hecho que los corresponsables de los medios de información españoles parezcan no darse cuenta de esta diferencia en la utilización del término “liberal”, crea una confusión enorme en la audiencia de tales rotativos).

El conservadurismo de Harvard aparece en todas sus dimensiones, incluyendo en su escasa sensibilidad hacia las poblaciones vulnerables y discriminadas, como afroamericanos, latinos y mujeres. Ahora bien, en 1977 tomaron la decisión de intentar parecer más modernos y se abrieron lentamente a afroamericanos (procedentes, sin embargo, de escuelas privadas de élite, como fue el caso del estudiante Obama, que llegó a ser presidente del país), más tarde a latinos y, últimamente, a mujeres. Harvard quiere parecer moderna y feminista.

Ahora bien, su conservadurismo y liberalismo estructural permanece y es marcado, apareciendo cuando uno menos se lo espera, como ocurrió recientemente cuando el que había sido ministro de Hacienda de la Administración Clinton, el señor Larry Summers fue nombrado, por el Executive Board de tal universidad, presidente de la Universidad. En una entrevista, dicho señor Summers dijo que el hecho de que no hubiera más mujeres que fueran catedráticas en disciplinas científicas como física o química, se debía –según él- a razones biológicas, es decir, que las mujeres no eran hábiles para tales ciencias.

El feminismo de la clase de renta alta y mediana-alta

El escándalo que tales declaraciones crearon fue mayúsculo, de manera que el Executive Board de la Universidad rápidamente indicó que nombraría a una mujer como Presidenta, lo cual, por fin ocurrió. Se nombró como Presidenta a la Dra. Drew Faust, que era, además de ser mujer, una conocida feminista entre la comunidad científica que había animado a las mujeres (de su clase social, de renta alta y mediana-alta) a aspirar a lugares de alto poder institucional, rompiendo así con el monopolio del hombre en las estructuras de poder. Tal nombramiento fue celebrado prácticamente por la mayoría de las asociaciones feministas de EE.UU.

El feminismo popular

Ahora bien, hubo algunas mujeres de Harvard que no lo han celebrado. No eran ni profesoras, ni estudiantes, sino trabajadoras. Eran las mujeres de limpieza de la Universidad de Harvard (concretamente del hotel que tiene Harvard en su terreno, de siete pisos y cuarenta habitaciones, gestionado por la compañía Hilton Hotels & Resorts). Este hotel es uno de los más exitosos de Boston (los cuales, todos ellos, dependen primordialmente de la clientela provista por sus vinculados al mundo académico de tal ciudad). Tal hotel el año pasado consiguió uno de los mayores beneficios en el sector hotelero de la ciudad. Pero, a pesar de tal riqueza, las mujeres de la limpieza del hotel (la gran mayoría de ellas latinas) se encontraban entre las peor pagadas del sector, con mayor número de habitaciones a limpiar por día y mayor número de accidentes.

Durante más de tres años tales mujeres han estado intentando sindicalizarse, pues, de conseguirlo, podrían defenderse colectivamente y negociar sus salarios, beneficios sociales y condiciones de trabajo. Harvard, incluyendo su presidenta feminista, se ha opuesto durante muchos años. Y a pesar de las peticiones de las trabajadoras, muchas feministas de gran renombre en EE.UU., figuras del establishment político-mediático del país, ignoraron estas peticiones. En un interesante artículo en la revista The Nation, Sarah Lemand y Rebecca Rojas han detallado la enorme y heroica lucha de estas trabajadoras para conseguir que Harvard aceptara que pudieran sindicalizarse. Y las trabajadoras de limpieza descubrieron que hay tantos feminismos como clases sociales existen en EEUU. Y que las feministas del establishment político-académico-mediático estadounidense, no representaban los intereses de la mayoría de las mujeres que no pertenecen a tales clases pudientes y adineradas. El conflicto entre estas dos clases (las clases de renta alta y mediana-alta, por un lado, y la clase trabajadora, por el otro) apareció también en la definición de sus intereses. La realidad es que la integración de las primeras en las estructuras de poder era y es irrelevante para la mujer de las clases populares.

Y ello apareció también claramente en las últimas elecciones a la Presidencia de aquel país. El hecho de que la candidata a la presidencia del Partido Demócrata intentara movilizar a las mujeres presentándose como la candidata feminista es un ejemplo de ello. La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora no le votaron; apoyaron a Trump que, junto con el candidato socialista, apeló al voto de clase, incluyendo un discurso y unos temas de clara aceptación y atractivo para las clases populares. Clase social, después de todo, continúa siendo una variable clave para entender lo que pasa a nuestro alrededor, no solo en el mundo del hombre, sino también en el mundo de la mujer.

Las consecuencias de la debilidad del feminismo popular

Y esto ocurre también en España. La evidencia científica existente muestra claramente que, en España, aquellos servicios del Estado del bienestar que están menos desarrollados son precisamente los servicios de ayuda a las familias, tales como las escuelas de infancia –mal llamadas guarderías en nuestro país- y los servicios domiciliarios a las personas con dependencia. El déficit en el desarrollo de tales servicios en este país es enorme.

Y en España cuando decimos “familia” queremos decir mujer. Es la mujer la que lleva la mayor carga de responsabilidades familiares. El contraste de los países del sur de Europa (donde las derechas han sido históricamente muy fuertes) con el norte (donde las izquierdas han sido históricamente muy fuertes) es abrumador. En Suecia, por ejemplo, el número de horas semanales dedicadas a las tareas familiares por parte de la mujer es de 26. El hombre, 22. En España, la proporción es de 42 versus 8.

Ahí radica el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias en el sur de Europa, con un coste humano enorme. La mujer española tiene tres veces más de enfermedades debidas al estrés que el hombre. Y la mujer más afectada es la de clase trabajadora que no tiene servicios privados como la de clase pudiente (la sirvienta), que puede ayudarla. De ahí que la mayoría de encuestas muestren que, además de mejor condiciones de trabajo y mejores salarios, las demandas más comunes por parte de las mujeres de las clases populares son las dirigidas a conseguir estos servicios. Es urgente que los partidos políticos que están enraizados en las clases populares y que se consideren al servicio de dichas clases protagonicen y lideren la universalización de tales servicios en España. España (incluyendo Catalunya) necesita mayor concienciación de las necesidades de las mujeres pertenecientes a las clases populares. La evidencia de ello es abrumadora. Así de claro.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/opinion/vicenc-navarro/distintas-clases-sociales-mujeres-tanto-diferentes-feminismos/20170417133003138829.html

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Etiopía en el umbral de una nueva hambruna a causa de la guerra

 

La guerra en el norte de Etiopía está desembocando en una catástrofe humanitaria. El presidente etíope, obsequiado con el Premio Nobel de la Paz en octubre de 2019, se niega a una salida negociada al conflicto.


Etiopía en el umbral de una nueva hambruna a causa de la guerra



Mark Aguirre

El Viejo Topo

24 septiembre, 2021 


Otra vez la hambruna amenaza a Etiopía. Trabajadores humanitarios han advertido que en septiembre no habrá comida suficiente en el norte del país. No es la sequía como en 1974 y 1984, cuando cientos de miles de campesinos murieron de hambre y el mundo se movilizó indignado, esta vez se trata de una guerra maquiavélica.

Grant Leaity, el Coordinador Humanitario de las Naciones Unidas en Etiopía, ha manifestado que 5,2 millones de personas, el 90% de la población en Tigray, necesita urgentemente ayuda humanitaria. Entre ellas 400.000 ya están pasando hambre. Leaity advirtió que si no se actúa será “la peor situación de hambre en el mundo en décadas”. Si está en lo cierto, conociendo lo que ocurre en Yemen y el desastre que amenaza a Afganistán, el Sahel y Madagascar, tiene que ser una catástrofe de proporciones épicas.

La catástrofe humanitaria empezó a incubarse desde el primer día de guerra. Periodistas que lograron visitar la región este verano han confirmado que soldados etíopes y sus aliados eritreos robaron grano, quemaron cosechas y destrozaron aperos agrícolas y graneros como si se tratase de una guerra genocida. Tigray es una región de campesinos pobres que viven mayoritariamente de sus cosechas. Cientos de miles de personas tuvieron que huir de sus comunidades para salvar su vida de los soldados etíopes y eritreos, las mujeres para evitar ser violadas por ellos, abandonando temporalmente sus campos de maíz. De 1,3 millones de hectáreas posibles de cultivo solo han sido sembradas 320 mil. Se estima que este mes, cuando acaba la época de lluvias y empieza la cosecha de teff y cebada, se recolectará entre el 25 y el 50% de lo habitual. Si no se compensa el grano perdido el hambre arrasará Tigray.

La guerra comenzó el pasado noviembre después de que Abiy Ahmed, el primer ministro galardonado irónicamente con el Premio Nobel de la Paz, decidiera resolver con la guerra sus diferencias políticas con el TPLF (Frente de Liberación Popular de Tigray), quien había gobernado el país durante las tres últimas décadas. Abiy Ahmed decidió invadir Tigray ayudado por el ejército eritreo –el Presidente de Eritrea Isaias Afwerki odia al TPLF– y milicias amharas. Tigray tiene litigios territoriales con Eritrea. Abiy Ahmed y los líderes del TPLF habían sido camaradas en el mismo partido, incluso algunos eran amigos. Pero Abiy Ahmed quería crear uno nuevo, el Partido Prosperidad, más centralista y neoliberal, y el TPLF se resistía. Abiy Ahmed pensó que la guerra sería breve. Daría una lección a los del TPLF por su rebeldía. Pero ha pasado casi un año y la guerra en vez de terminar ha empeorado.

En junio la guerra dio un vuelco inesperado. Las comunicaciones habían sido cortadas y poco se sabía de lo que ocurría sobre el terreno. Para sorpresa de todos, las Fuerzas de Defensa de Tigray (TDF), que aglutinan a diferentes fuerzas políticas, no solo al TPLF, lograron derrotar al ejército etíope. Siete de sus 12 divisiones fueron destruidas. Se calcula que 18 mil soldados habrían muerto. El ejército etíope se retiró de Tigray. Tras la victoria Debretsion Gebremichael, el líder de Tigray, regresó a Mekelle desde las montañas. Había dicho semanas antes que no esperaba regresar vivo. Además de los muertos, al menos siete mil soldados etíopes fueron hechos prisioneros por los tigriños y obligados a desfilar como prisioneros en Mekelle. La derrota fue una humillación para Abiy Ahmed, quien acababa de ganar unas elecciones cuestionadas por la oposición.

El TDF había podido cambiar la marea de la guerra gracias a un masivo alistamiento de la población que pedía ser movilizada, entrenada y armada. Los jóvenes, hombres y mujeres, acudieron en masa a los centros de reclutamiento. Unos porque sentían su cultura e identidad pisoteada, pero la mayoría estaban motivados por las masacres, los asesinatos y las violaciones cometidas por soldados etíopes y tigriños. Según un portavoz del TDF, “los voluntarios eran tantos que no podían admitirlos a todos”.

Abiy Ahmed, quien había proclamado la victoria, reaccionó furioso ante la derrota con un lenguaje inflamatorio. Se refirió a los líderes tigriños como “cáncer”, “malas hierbas” que hay que arrancar. Diplomáticos lo vieron peligroso en unos tiempos donde la violencia étnica está a flor de piel. El recuerdo de Ruanda estaba presente. Llamaba la atención que eran los mismos diplomáticos que le ayudaron a ganar el Premio Nobel de la Paz.

Abiy Ahmed no se limitó al lenguaje inflamatorio, hizo un llamamiento a los jóvenes amharas a incorporarse a la guerra. Sintayehu Abate, un vice-alcalde de Addis Abeba, dijo que tras el llamamiento 3.000 residentes se habían alistado en la ciudad y que miles más habían firmado su incorporación a filas. En Bahir Dhar, la capital amhara, docenas de camiones con cientos de nuevos reclutas partieron para el frente como había ocurrido meses antes en Axum, una ciudad de Tigray. La guerra se extendía a civiles alineados en base a la etnia. La violencia étnica se estaba haciendo cada vez más difícil de controlar.

Días después 50 cadáveres fueron recogidos flotando en el río Tekeze, en Sudán, a escasos metros de la frontera con Etiopía. Tewodros Tefera, un cirujano que trabaja para la Media Luna Roja, dijo a al-Jazeera “que los cadáveres estaban terriblemente heridos, algunos llenos de balas”. Esos días FANO, una milicia amhara, había ido casa por casa en Humera, una ciudad disputada por amharas y tigriños. En Dabat, una woreda en las montañas Simien, el gobierno etíope ha denunciado que más de 100 campesinos amharas han sido asesinados a principios de septiembre por el TPLF, quien lo niega y ha llamado a una investigación independiente. En Oromia, al oeste de Addis Abeba, la Comisión de Derechos Humanos de Etiopía denunció la muerte de 210 personas en varios días de violencia étnica entre oromos y amharas.

Es difícil saber qué está ocurriendo sobre el terreno, pero hay alarmantes noticias de que la guerra se está extendiendo. Han sido reportados combates en Amhara, Afar y Oromia. EL TPLF y OLA (Ejército de Liberación Oromo) –los oromos son la etnia más numerosa y su territorio se extiende al oeste y sur de Addis Abeba– han formado una alianza que disputa la visión centralista de Abiy Ahmed y puede cambiar el sentido de la guerra. Las necesidades humanitarias se han extendido a Afar y Amhara. Naciones Unidas ha dicho que 1,7 millones de personas de estas provincias federales necesitan ayuda en las zonas fronterizas con Tigray. Ha habido informaciones de que los tigriños habrían tomado Lalibela.

Trabajadores humanitarios han denunciado que el gobierno de Addis Abeba está haciendo todo lo posible para impedir que la ayuda llegue al norte, en donde los graneros están vacíos y hay escasez de gasolina y medicinas. Abiy Ahmed. un cristiano pentecostal, estaría usando el hambre como arma de guerra. Todavía la electricidad, internet, los cajeros y los vuelos siguen sin funcionar con normalidad. En Mekelle el precio del aceite vegetal ha aumentado cinco veces en el último mes. La comida no llega en la cantidad que se necesita. Se requiere un mínimo de 100 camiones diarios para afrontar la crisis. A finales de agosto y desde el 12 de julio únicamente habían entrado en Tigray 335 camiones, es decir, un 9% de lo que se necesita.

En Semera, la capital de Afar, hay 172 camiones varados esperando permisos o que las batallas terminen para viajar a Tigray.

Llama la atención que mientras el gobierno está gastando su magro presupuesto en comprar armas –habría comprado drones a Turquía e Irán–, no atienda las necesidades básicas de su población. Se estima que la guerra ha costado al país ya 2,500 millones de dólares. Dos grandes empresas, Ethiopia Airlines y el Comercial Bank, controladas por el gobierno, estarían desviando recursos al esfuerzo de guerra en vez de pensar en las necesidades de la economía o impedir la hambruna. El FMI ha estimado que este año la economía crecerá un 2%, bien lejos del 10% de los últimos años.

El gobierno etíope se negó desde el principio de la guerra a establecer el diálogo, necesario para parar la catástrofe humanitaria. Una comisión de ex presidentes africanos creada por la Unión Africana que buscaba establecer puentes entre ambos bandos ni tan siquiera fue recibida por Abiy Ahmed. En junio, el parlamento clasificó al TPLF como una organización terrorista, haciendo todavía más difícil el diálogo. Abiy Ahmed ha amenazado con movilizar a medio millón de combatientes, pero cada vez es más difícil pensar que esté en condiciones de ganar la guerra, y mucho menos pronto. Si la guerra continúa la catástrofe será épica, han advertido jefes humanitarios de las Naciones Unidas. Los gobiernos europeos deberían presionar a Abiy Ahmed para buscar una salida negociada al conflicto. Al fin y al cabo fueron ellos quienes celebraron y facilitaron el Premio Nobel de la Paz que impulsó su poder.

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miércoles, 22 de septiembre de 2021

Por qué España tiene un porcentaje de mujeres con estudios superiores más alto que Alemania o Finlandia

 

Por qué España tiene un porcentaje de mujeres con estudios superiores más alto que Alemania o Finlandia

 

Por Daniel Sánchez Caballero, Cristina Armunia Berges 

Rebelion /España 

Fuentes: El Diario

18/09/2021 


España es el país de la OCDE con más titulados y las mujeres superan ampliamente a los hombres; la organización explica que ellas ven en la educación superior una forma de reducir la brecha salarial

Las jóvenes generaciones vienen pisando fuerte. España es el segundo país de la OCDE con un mayor porcentaje de mujeres menores de 30 años con estudios superiores y el primero en cuanto a varones (en términos relativos). El país supera así a naciones europeas como Alemania y Finlandia, y está un par de puntos por encima de la media de la OCDE. No obstante, la diferencia de género en la distribución de ingresos en estudios universitarios sigue siendo significativa en algunas áreas de la ciencia.

Según recoge la edición de 2021 del estudio Education at a glance (Panorama de la educación, en castellano), tanto la tasa de acceso como la de graduados están por encima de las medias de la UE y la OCDE. En concreto, un 63,7% de la población de menos de 30 años accede a estas etapas educativas (Universidad y Formación Profesional de Grado Superior), cuando en Europa es un 50% y en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico un 50,8% de media; en cuanto a los graduados, un 53,6% de este colectivo obtendrá un título en este nivel, también por encima de las medias de la OCDE (un 38,2%) y de la UE (37,2%).

Desglosado, el informe explica que «en España, el 54% de las mujeres de entre 25 y 34 años tenía estudios superiores en 2020 en comparación con los hombres, con un 41%, mientras que la media de los países de la OCDE es del 52% de media para mujeres y del 39% en hombres». Ampliando el rango de edad hasta los 34 años ese 54% de mujeres con títulos de educación terciaria español sigue lejos de los países con mejores estadísticas en este apartado, como Luxemburgo (64%) y Noruega (60%) en Europa o Canadá (73%) y Corea del Sur (76%) en el mundo.

Pero en Europa, países punteros como Alemania, por ejemplo, siempre según el mismo documento, tienen un 36% de las mujeres y un 33% de las personas de entre 25 y 34 años con estudios superiores (terciarios, pasada la Secundaria, obligatoria o postobligatoria) en 2020. La educación superior, apunta el informe, «se ha expandido en las últimas décadas y en 2020, por norma general, las mujeres jóvenes tenían más probabilidades que los hombres de tener estudios superiores».

Julio Carabaña, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense, desgrana los datos y explica que el gran mérito de esta estadística entre los jóvenes se debe a la FP de Grado Superior. Cuando se hurga en el informe de la OCDE se observa que España es el tercer país de toda la organización –aunque muchos no ofrecen datos– con mayor porcentaje de personas menores de 30 tituladas en estudios superiores de 2-3 años de duración. Dado que en España apenas hay grados cortos, la mayoría son de cuatro años, solo queda una respuesta: es la Formación Profesional Superior, en la que destacamos solo por detrás de Austria y Chile (un 39% frente a 47% y 46%, respectivamente).

«Los datos universitarios propiamente dichos son normalitos», explica el catedrático. «El mérito de estos datos está en la educación terciaria no universitaria. Toda la vida queriendo que la gente estudie FP, parece que ahora se ha incrementado mucho», reflexiona.

Más empleabilidad

La OCDE apunta algunas causas que podrían explicar esta diferencia de tituladas a favor de las mujeres. «Cambios en los cursos de educación superior y el valor social de la educación universitaria para las mujeres jóvenes pueden influir en sus elecciones», explica el organismo. «Las jóvenes también ganan con la educación terciaria más que sus pares varones, tanto en términos de empleo como de salarios, con lo cual puede que el objetivo de la educación superior sea más atractivo», añaden.

Rosa San Segundo, profesora catedrática y parte del Instituto de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid, coincide con la organización y desgrana: «Las mujeres en el ámbito laboral tienen trabajos más precarios, peor contratación, peores sueldos… ¿Cómo pueden sobrepasar esas diferencias? Teniendo mejores titulaciones y mejores expedientes», y añade que el fenómeno viene de tiempo atrás y que empieza desde la Secundaria.

Estos argumentos se entienden mejor si se tiene en cuenta que, con carácter general, las mujeres ganan menos que los hombres en sus trabajos. Y la diferencia en España entre ambos sexos es más grande que la media. Así, mientras en los países de la OCDE ellas ganan entre un 76% y un 78% de lo que ingresan los varones, en España el dato baja hasta un 73% para las mujeres con al menos un título de Secundaria.

Sucede algo parecido con la empleabilidad en términos generales. A nivel OCDE, para un varón la diferencia entre tener estudios de secundaria o terciarios es mínima (un 6% de paro frente a un 5%). Para una mujer es distinto: con secundaria tienen un 9% de paro, dato que baja al 6% con estudios superiores.

Las cifras parecen dar la razón a la OCDE cuando se analizan los datos españoles. En nuestro país, los varones de menos de 25 años presentan actualmente una tasa de desempleo del 33,6%, cifra que sube hasta el 36,8% en el caso de las mujeres. Sin embargo, si se desglosa y se atiende solo al dato del paro de personas con educación superior, en la franja de edad entre 20 y 24 años ellos tienen un 26,52% de paro, ellas un 24,49%; entre 25 y 29 también salen mejor paradas, con un 16,9% y un 15,92% de desempleo a su favor, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Las mujeres le dan la vuelta a la estadística cuando tienen estudios superiores.

Y las jóvenes son especialmente conscientes de su situación de inferioridad laboral, explica San Segundo. «Esta generación lo tiene muy claro. Tiene la evidencia de la generación de sus mayores, ven sus condiciones de trabajo y saben que lo que pueden hacer es estudiar más. Lo ponen de manifiesto los datos académicos, pero es que además consumen más cultura, leen más…».

Para San Segundo la misma explicación se encuentra tras la diferencia comparativa entre España y otros países europeos avanzados. «Fuera de la administración pública (que por cierto se está feminizando muchísimo), la mujer es mucho más precaria en sus condiciones laborales que en el norte de Europa, donde hay más igualdad», argumenta. Sin la amenaza de un peor trabajo, explica la experta, no hay tanta obligación de aspirar a una mejor formación.

El Ministerio de Educación, que realiza su propio análisis de los datos, dedica un apartado exclusivo a tratar de explicar por qué acceden más mujeres que hombres a la educación terciaria. «Los factores de este giro [que ha invertido en los últimos años la proporción de mujeres y hombres que acceden a la educación terciaria] son variados, e incluyen la importancia de la segunda etapa de la educación secundaria (la postobligatoria) y las perspectivas profesionales tras la educación terciaria», sostiene el Ministerio.

Esto es, la elección del programa de estudios en la segunda etapa de la Secundaria (que en España es el Bachillerato o la FP de Grado Medio) puede determinar las opciones educativas de los estudiantes tras la obtención del título (…). El rendimiento educativo de los estudiantes influye en la elección del programa de educación superior (…), por lo que un rendimiento educativo más bajo puede disuadir a los estudiantes de continuar hacia un nivel educativo superior». Y lo concreta con un ejemplo: «Las niñas, con resultados superiores a los de los niños en lectura en todos los países (PISA), tienen más probabilidades de completar la segunda etapa de educación secundaria, tanto la general como la vocacional, que los niños».

Siete puntos más en diez años

La distribución del porcentaje de mujeres y hombres con estudios terciarios o superiores ha aumentado en los últimos diez años. De manera global, el informe muestra que en el año 2010 un 40% de hombres y mujeres tenían estudios terciarios en España, cifra que aumenta en siete puntos porcentuales para 2020. En el año 2010, un 46% de mujeres tenía estudios superiores y, en 2020, esta cifra se sitúa en un 54%. En el caso de los hombres pasa de un 35% a un 41%. En diez años, el número de mujeres con estudios universitarios ha aumentado en ocho puntos porcentuales y en seis puntos porcentuales en el caso de los hombres.

Los datos muestran el camino que ha recorrido España. Si comparamos con lo que ha sucedido en Alemania o en Finlandia encontramos las siguientes situaciones. En el primero, sin distinción de género, se ha pasado de un 26% de personas de entre 25 y 34 años con estudios superiores a un 35% de 2010 a 2020. Esta estadística en el caso de las mujeres pasa de un 27% a un 36% y en el caso de los hombres, de un 25% a un 33%.

Finlandia, uno de los países punteros en cuanto a la Educación, se parece al caso español en cuanto al porcentaje de mujeres jóvenes que ostentan estudios superiores. Están por encima de la media de la OCDE, con un 53%, pero no alcanza el porcentaje español. Para el caso de los hombres de entre 25 y 34 sí que difiere puesto que se sitúa en un 37%, por debajo de la media de la OCDE (39%) y también por debajo de la situación española (41%).

En Finlandia, el total pasa de un 39% a un 45%, que desglosado se traduce en que las mujeres pasan de un 48% a un 55% y los hombres de un 31% a un 37%. Si comparamos estos números con el caso español entre mujeres, se observa que en diez años ha aumentado seis puntos porcentuales.

Pero el informe también señala que España sigue teniendo deberes en cuanto al acceso de las mujeres a los grados relacionados con la ciencia o las tecnologías de la comunicación. De media en la OCDE, el 26% de los nuevos ingresos en estas carreras son mujeres, dato que en España baja hasta el 24%. Mayor es la diferencia en lo que el informe llama tecnologías de la comunicación, donde apenas un 13% de las nuevas matriculadas son mujeres, cuando la media está en el 20%.

En el lado contrario, carreras tradicionalmente femeninas como Magisterio tienen más representación masculina que la habitual en otros países. En un sector en el que a nivel global un 77% de las docentes son mujeres, España tiene un 35% de varones.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/espana-porcentaje-mujeres-estudios-superiores-alto-alemania-finlandia_1_8306271.html

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La FP y el techo de cristal de los chicos de la clase obrera. (Son estos mismos chicos de la clase trabajadora los que cuando pasen 20, 30 años –que pasarán, guay mogollón que te cagas tío colegui- los que habrán dejado atrás el pasto quemado de la vida no vivida –porque no me jodas, tío, colegui guay, pasar de esto lo otro y lo demás allá aderezádolo con dos de borracheras, fumaca si llega el caso de porro arriba porro abajo no es vivir. Vivir es pasar por la vida y no que la vida pase por ti, lo que no es incimpatible con dos de cervezas, nueve castañaxos cuando sea de menester, cuanto se polvos se puedan -que es mandato de Dios cuando dijo aquello de vosotros veréis lo que hacéis, pero la tierra hay que repoblarla que si no me quedaré sin santos- serán los que lo pasarán de a metro y medio tirando por lo bajo, pero sin haber comido previamente decentemente, de seguir las cosas por el camino que llevan que no es otro tal que melón sin frenos y cuesta abajo, porque el asunto no es de furrufalla verbalina de izquierdas floreadas, sino de cambiar el tipo de sociedad en la que vivimos -el que viva, porque hay millones de personas que no viven-, o sea,de politicas de izquierdas. De acuerdo colegui: izquierda, clases sociales y tal, pasado de moda. De acuerdo. Pues vale, colega tío. Esas supuestas cosas pasadas supuestamente de moda son las que hay que revivir y hacer presentes, porque en caso contrario lo que no espera a los trabajadores es un porvenir más negro que el de un carbonero. Qué cosas, ¿verdad?

 

La FP y el techo de cristal de los chicos de la clase obrera

 

Por Agustín Moreno

Rebelion / España

Fuentes: eldiario.es

 22/09/2021 

 

Una comunidad como Madrid, que tiene un 35% de tasa de paro juvenil y una alta precariedad laboral, no puede cometer el disparate de dejar sin atender a una buena parte de la demanda de formación de los jóvenes.

Alba acabó bachillerato en un instituto público del sur de Madrid y quería matricularse en un ciclo de grado superior de Laboratorio Clínico. Pertenece a una familia trabajadora y cree que tiene capacidad para cursar una carrera, pero no puede permitirse la Universidad por las tasas universitarias y, sobre todo, porque necesita trabajar lo antes posible. Pero cuando miró las listas de admitidos en julio comprobó que no tenía plaza y que estaba en una lista de espera de 1.684 personas, ya que el 90% habían sido excluidos. Estos primeros días de septiembre va a tener que hacer guardia de noche en la puerta de un centro público, a ver si tiene mucha suerte y puede acceder a una posibilidad para seguir formándose. Alba es una más de las casi 25.000 personas que se han quedado sin una plaza pública para poder estudiar Formación Profesional (FP) en Madrid.

Los datos de la campaña de matriculación en Formación Profesional en Madrid para el curso 2021-2022 son escandalosos. En julio se quedaron 6.938 personas sin poder matricularse en Ciclos Formativos de Grado Medio. A ellos hay que sumar otros 17.976 (el 54%) que se quedaron sin una plaza pública para cursar un ciclo de Grado Superior. Son un total de 24.914 solicitudes rechazadas de personas, obligados ahora a ir centros privados y concertados o a quedarse en su casa por no poder pagar tasas de 7.000 a 10.000 euros. Este desastre de la FP en Madrid pone de manifiesto que no estudia quien quiere sino quien puede.

El déficit estructural de plazas públicas en la FP es un grave problema educativo por la falta de inversión y de planificación. Está afectando a sectores del alumnado con menos recursos que eligen la FP como itinerario formativo y destroza la equidad del sistema. Porque si lo unimos a la segregación escolar que produce la apuesta de la derecha por la red de centros privados y concertados, al distrito único y al bilingüismo, en la práctica supone un irrompible techo de cristal para los jóvenes de familias modestas. Algo que ya documentó Paul Willis en su “Aprendiendo a trabajar”  (NOTA 1), desmontando el mito neoliberal de que cualquiera puede alcanzar los sueños que se proponga si se esfuerza independientemente de su origen social: los chicos de la clase obrera consiguen trabajos de clase obrera. No hay que olvidar que la naturaleza de toda segregación consiste en dejar a gente por el camino, convirtiéndose en un poderoso mecanismo que convierte la igualdad de oportunidades en un espejismo. 

Lo sucedido no es imprevisión ni simple incompetencia. Es recurrente, ya que algo parecido sucede todos los años (NOTA 2). Las causas hay que buscarlas en la descarada estrategia de privatización de la FP. Privatización que no consiste en vender centros públicos, pero sí en cerrar aulas o ir vaciándolas de su alumnado. Es una decisión política que apuesta por un modelo educativo neoliberal que reproduce fielmente un modelo social injusto por desigual. 

Su política contra lo público les hace mantener un déficit crónico de plazas en la FP pública para achicar el espacio de la educación pública. Al negar plazas públicas a muchos miles de alumnos, se les deja en la calle o se les arroja en brazos del sector privado, que ha proliferado bajo la forma de academias que difícilmente reúnen condiciones mínimas de calidad. Miles de alumnos reciben el “cheque escolar” exclusivo para el alumnado de la FP privada. Así, una orden de la Consejería de Educación de mayo de 2021 destina 18,5 millones de euros para becas de una media de 2.000 euros, lo que supone más de 9.000 alumnos derivados a la FP de Grado Superior privada. Las becas se gestionan directamente desde las secretarias de los centros privados. El resultado del proceso de privatización de la FP en la Comunidad de Madrid es demoledor: en solo diez años el alumnado que estudia FP en centros concertados y privados ha pasado del 27% al 44%, gracias a esta política deliberada. 

Una comunidad como Madrid, que tiene un 35% de tasa de paro juvenil y una alta precariedad laboral, no puede cometer el disparate de dejar sin atender a una buena parte de la demanda de formación de los jóvenes. No es aceptable una política que escatima esfuerzos de financiación, de profesorado y recursos para potenciar y modernizar un sector educativo fundamental para mejorar la cualificación y la calidad del empleo. Este desprecio hacia la FP se evidencia en que Madrid es la comunidad autónoma con menos alumnos matriculados en FP sobre el total de alumnos matriculados en todo el sistema educativo, la que menos plazas oferta en la FP pública, y la única que cobra unas tasas académicas en la FP de grado superior de 400 euros. Para corregir y mejorar la situación, desde Unidas Podemos exigimos la máxima transparencia al Gobierno de la Comunidad y una Comisión de Seguimiento para la gestión de fondos provenientes de Europa para la FP. Hay que asegurar su carácter finalista y que no sean desviados a la privatización y a otros capítulos. 

Es urgente negociar un Plan de Choque de Formación Profesional para hacer frente a la situación de emergencia existente y atender la demanda insatisfecha con mayor inversión, contratación de profesorado y apertura de las aulas taller en turno de tarde. A medio plazo, se deberá negociar con la comunidad educativa y los agentes sociales un Plan Estratégico de Formación Profesional que incremente la oferta de plazas públicas de FP en función de la demanda del alumnado y del mercado de trabajo, y no del negocio de los centros de FP privados. Hay que reforzar la FP reglada pública, más aún, cuando conocemos que se produce una disminución de la FP continua (dirigida a trabajadores en activo), porque las empresas han recortado a la mitad en una década el dinero en formación a sus trabajadores (NOTA 3). 

Los efectos sociales y laborales del debilitamiento de la FP que hacen comunidades como Madrid, convierten el mercado de trabajo en el reino de la desregulación y la precariedad. Negar una mayor cualificación profesional a decenas de miles de jóvenes es abocarles al paro,  a la precariedad y a los bajos salarios. Es la hora de apostar por empleos de calidad. Ello pasa, además, por la derogación de la reforma laboral a la máxima urgencia y por otro modelo productivo que nos saque del círculo vicioso de la dependencia cuasi absoluta de la hostelería y del turismo. Desde Biden a Macron han abierto el melón de algo obvio: es absolutamente necesario pagar bien a trabajadores debidamente formados. El modelo de precariedad, bajos salarios, trabajo sin derechos que conduce a la generación de trabajadores pobres no debe tener cabida en una economía avanzada y en una sociedad civilizada. Hay que poner una FP pública de calidad al servicio de la formación de los buenos profesionales que el país necesita.

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fp-techo-cristal-chicos-clase-obrera_129_8300359.html

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