martes, 12 de noviembre de 2019

10-N EN EL PAÍS VASCO

10N- Euskalherria: resultados contrapuestos al Estado español
 
 
11/11/2019 | Petxo Idoiaga
Tribuna viento sur

Los resultados en el conjunto de Euskal Herria y, particularmente, en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) no sólo son distintos sino absolutamente contrapuestos a los que se han dado en el resto del Estado español.

P0RCENTAJES Y REPRESENTANTES
10-N 2019
28-A 2019
26-J 2016
COMUNIDAD AUTÓNOMA VASCA
PNV
32,25 / 7
31,21 / 6
25,03 / 5
PSOE
19,30 / 4
20,02 / 4
14,32 / 3
EHBildu
18,81 / 4
16,78 / 4
13,37 / 3
E. PODEMOS
15´49 / 3
17,70 / 4
29,28 / 6
PP
8,87 / 0
7,49 / 0
12,96 / 2
VOX
2,45 / 0
2,23 / 0
Cs
1,12 / 0
3,18 / 0
3,53 / 0
Más País
0,72 / 0
COMUNIDAD FORAL NAVARRA
NAVARRA +
(UPN+PP+Cs)
29´62 / 2
29,32 / 2
UPN-PP
31,88 / 2
PSOE
25,04 / 1
25,76 / 1
17,36 / 1
EN Bildu
16,96 / 1
17,44 / 1
9,38 / 0
U. PODEMOS
16,60 / 1
16, 03 / 1
28,33 / 2
VOX
5,61 / 0
5,59 / 0
GBAI (incluye a PNV)
3,80 / 0
3,81 / 0
4,28 / 0
Cs
6,09 / 0

Datos inapelables

Exceptuando los dos diputados que la derechona española, con candidatura conjunta, obtiene en Navarra no hay representación ni del PP ni de Cs. Además el ultra-lobo Vox no tiene cordero a quien comerse ni en la CAV ni en Navarra; pura marginalidad la suya.

Junto con ello, lo que más choca con los resultados y con las tendencias políticas mayoritarias en España, es que quienes mejoran su representación son PNV y EH Bildu: vade retro a las dinámicas recentralizadoras.

Vade retro que políticamente va también contra el PSOE aunque su paso atrás no haya sido más grave (es un decir) que la pérdida de unos 40.000 votos y de un diputado, precisamente en Navarra y precisamente a favor de EH Bildu.

Podemos se mantiene en Navarra, aunque sufrió una brutal caída en las elecciones del 28A, si bien ahora la caída muy fuerte la ha tenido en la CAV. Con los resultados electorales en la mano, la principal conclusión publicitada por Elkarrekin-Podemos en la CAV es que tiene un “sólido suelo electoral”. ¡Ojalá! Malo, muy malo sería para cualquier perspectiva democrática que ese suelo se desplomara. Pero de ser la primera fuerza electoral en junio de 2016 -29’28% y 6 diputados- a los 15´49% y 3 diputados actuales, es difícil saber si el repique de campanas corresponde más al sacramento de la confirmación o al de la extremaunción.

Tendencias no irreversibles

Estos resultados reflejan tendencialmente un rechazo sociológico al régimen surgido de la Transición del 78. Más allá de ello, cuestionan políticamente incluso el modelo autonómico del Estado español y apuntan a una creciente ruptura con el mismo, salvo que se pueda decidir en pie de igualdad y sin la Constitución como límite, sobre las relaciones administrativas y políticas mutuas. Eso incluye, también, el derecho a decidir de ambas comunidades de Euskal Herria (Comunidad autónoma vas y Comunidad Foral Navarra) sobre sus relaciones comunes.

Aunque volveré sobre ello más adelante, es conveniente subrayar previamente que las tendencias que puedan desarrollarse en Euskal Herria dependen de las que se den en el Estado español (e incluso internacionalmente), como lo ha demostrado el largo camino recorrido por el Procés, camino que aún no ha terminado. Pero, en principio, veamos algunos de los factores que hacen que las tendencias propias no sean irreversibles.

El primero y, a mi entender, el principal, es que en Euskal Herria no existe una dinámica social independentista (ni siquiera soberanista o autodeterminacionista) como la que existió en Catalunya desde, al menos, 2012. El soberanismo que aglutina “Gure Esku Dago” es tan justo como, por ahora al menos, débil. En ese escenario no parece que las citadas tendencias puedan convertirse en dinámicas sociales activas (ningún placer mayor que el de equivocarme en esto).

Pero tampoco se ve que –como, en parte, ocurrió en Catalunya- ni las instituciones públicas (desde Ayuntamientos hasta Parlamento y Gobierno), ni algunos partidos políticos vayan a tener un papel determinante en sostener una dinámica de movilización popular soberanista.
El PNV, feliz con los resultados actuales y con la tendencia de los mismos (del 25,03% y 5 diputados en 2016 a 32,25% y 7 diputados ahora), combina con habilidad el discurso del soberanismo con el de la adaptación a los límites que el Estado impone. Además, sociológicamente hay un factor real, aunque cueste reconocerse desde las posiciones más solidarias con Catalunya, que lo tiene férreamente enraizado. En gran parte del electorado del PNV se suma una posición caritativa contra la represión que sufre el Procés, con una posición de no lo hagamos así, cuidado con enfrentarnos con el Estado o incluso, más ampliamente, evitemos los conflictos. Reflejo de ello es la posición del partido en la ponencia sobre el Nuevo Estatuto. El preámbulo de esa ponencia, en el que se recoge el derecho a decidir y se aboga por una relación bilateral y confederal con el Estado, fue aprobado con los votos conjuntos de PNV y EH Bildu. Pero a partir de ello, en lugar de desarrollarlo, el PNV ha ido mareando la perdiz, hasta que finalmente se someterá a informes de expertos de todos los partidos para llegar a un acuerdo común de redacción… ¡vaya usted a saber cuándo y cómo!

Es evidente que EH Bildu ha obtenido buenos resultados electorales. Pese a la subida de la abstención ha pasado de los 259.647 que obtuvo el 28A a 276.519, mantiene el disputado escaño en Álava y reconquista el de Navarra. De los tiempos de pura confrontación a los actuales de reorientación y acumulación, la izquierda abertzale camina, no sin tropiezos pero tampoco sin una tendencia que, a veces al menos, parece excesiva, de política institucionalista, de confrontación casi cero no ya con el Estado sino con las instituciones vascas y con el capitalismo, aunque a su favor y en tal tendencia anticapitalista, opere socialmente, de manera importante, su influencia en movimientos sindicales, feministas, contra la represión, antirracistas, etc. Pese a todo ello, de aquellos polvos estos lodos, a EH Bildu le falta solucionar, de manera definitiva, su presencia en dos espacios. Uno el de ocupar el espacio como movimiento anticapitalista puro y duro, lo que incluye al juego político (alianzas que se buscan: PODEMOS) en Euskal Herria y a la confrontación con el PNV (lo que no evita, sino requiere, acuerdos básicos sobre institucionalización nacional como el Nuevo Estatuto). El otro, el relativo a la constatación de violaciones de los derechos humanos producidos por la actividad de ETA, lo que requiere un análisis propio de todo aquello que, aún desarrollado en parte, no está concluido.

E-Podemos se ha empeñado en defender un campo unitario de la izquierda condicionado a la inclusión del PSOE vasco, en lugar de presionar seriamente a EH Bildu para construir un espacio de izquierda soberanista en oposición al nacionalismo del PNV y al propio PSOE vasco (tampoco es que, más allá de algunos discursos e iniciativas pequeñas, EH Bildu lo haya convertido en estrategia). Y en el campo propio de la más amplia democracia soberanista, en lo que ahora mismo conforma el proceso por un nuevo estatus, se ha desmarcado e incluso opuesto sin mayor coherencia que la lealtad a los criterios de Madrid como se muestra en su ponencia Guztion Ituna.

Todas estas son tendencias que, desde luego, no hacen irreversible las soberanistas a las que apuntan los resultados electorales.

Dinámicas necesarias e imprescindibles más allá de Euskal Herria

Es conveniente añadir al exclusivo enfoque sobre Euskal Herria, una panorámica más amplia que incluya a la Declaración de la Llotja de Mar del pasado 25 de octubre y a los resultados electorales de las organizaciones nacionalistas/soberanistas que la suscribieron. Han obtenido más de 2 millones de votos y 29 diputados/as, sin contar los resultados del PNV que, en su juego a varias bandas, no suscribió tal declaración. La presencia y el peso del soberanismo periférico en el centralista Parlamento español será fuerte. Y si Podemos y Mas País mantuvieran una posición de unionismo democrático, es decir, de defensa del derecho a decidir de esas comunidades, aunque su posición sea la de la unidad (federal/confederal) de lo que hoy administra el Estado español, si eso ocurriera, el peso democrático desconstituyente del Régimen del 78 y el freno al trifachito sería, ese sí, irreversible.

11/11/2019

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BOLIVIA. SALES DE BILBAO, TE ECHAS UNA MIJITILLA DE NÁ A LA IZQUIERDA, Y AHI ESTA BOLIVIA Y CHILE Y EL PACTO DE TOLEDO Y UN POCO MÁS DEL PIB PARA LA OTAN Y TODO ESO

Golpe de Estado en Bolivia para profundizar el saqueo capitalista.



Por Cecilia Zamudio
Se consumó el Golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales en Bolivia. Ahora se viene lo más terrorífico contra el pueblo boliviano, particularmente contra la clase trabajadora, contra las organizaciones campesinas e indígenas de base, contra el pensamiento crítico, contra toda persona que se oponga al saqueo capitalista, a la depredación de la naturaleza, a la explotación. Se viene el fundamentalismo católico declarado y el racismo abyecto, la misoginia más brutal y la nostalgia del tiempo de las cruzadas (lo vienen anunciando las acciones y proclamas de los golpistas); se viene la intensificación del saqueo del Litio, del gas, de la plata, del oro, del estaño, del hierro, de los manantiales y demás riquezas naturales, se viene mayor explotación contra las y los trabajadores, hambre y exterminio contra el pueblo, montañas y ríos capitalizados por un puñado de multinacionales y latifundistas.

Bajo el gobierno de Evo se garantizó la educación gratuita, se universalizó el acceso al agua potable, los niños, las mujeres embarazadas y los ancianos tuvieron garantías esenciales, se creó el Seguro Universal de Salud, etc. Ahora lo que se viene con los golpistas fanáticos religiosos y ávidos de intensificar el saqueo capitalista, es la privatización de la educación, el desmantelamiento del Seguro Universal de Salud para que así un puñado de capitalistas pueda lucrarse mediante sus aseguradoras médicas privadas. La privatización de la salud asesinará por inasistencia médica a los millones de personas que no puedan pagar los seguros privados. Posiblemente también introduzcan las cajas privadas de pensiones, para especular con gigantescos capitales, mientras que las pensiones de los ancianos las reducirán a una macabra miseria, como lo que hicieron en Chile.

Bajo el gobierno de Evo Morales, se invirtió el capital generado por la minería y los impuestos en servicios sociales, para implementar una mejora de la calidad de vida de las personas más empobrecidas de la clase explotada (pero no se cuestionó de raíz al capitalismo y siguió existiendo una clase explotada y una clase explotadora); las medidas sociales obviamente representaron un alivio para miles de familias bolivianas, pero como toda medida que no modifica la estructura misma del sistema socioeconómico, su durabilidad tenía fecha de caducidad. Tenía fecha de caducidad porque la clase explotadora no cesa nunca en su afán por profundizar los niveles de explotación y saqueo, dado que en base a esos mecanismos se enriquece.

La burguesía local y transnacional quería quitarse a Evo de en medio para profundizar los niveles de saqueo capitalista: no toleraba ya a un gobierno que no estuviera dispuesto a serle funcional al 100%. Evo no colectivizó los medios de producción, es decir la economía boliviana no fue socialista, sino que siguió siendo capitalista. De haber hecho cambios estructurales, de haber colectivizado los medios de producción, se hubiera fortalecido Bolivia frente a las pretensiones imperialistas; y la burguesía boliviana, profundamente explotadora y hostil a todo lo que no sea gobernar Bolivia como si las y los trabajadores fueran su servidumbre semi esclavizada, no se hubiera quedado enroscada en el poder económico, mediático e incluso institucional. Es el debate de fondo que este tipo de tragedias ponen de manifiesto: los límites del Reformismo y la necesidad de cambios estructurales, revolucionarios. Es el debate que Rosa Luxemburgo ya planteaba en «Reforma o Revolución» y que la Historia, una y otra vez, se encarga de poner de manifiesto. El Reformismo es tolerado por la burguesía un tiempo, incluso le puede llegar a ser funcional en ciertas circunstancias, en tanto que le «quita presión a a olla» de las tensiones sociales inherentes a las injustas relaciones de producción del Capitalismo. En el caso de Bolivia, es innegable que el gobierno de Evo aportó grandes avances, pero también era totalmente vulnerable a la voluntad de la burguesía al no haberse producido la profundización revolucionaria.



El Golpe de Estado llevaba tiempo fraguándose desde Washington. El pueblo boliviano llevaba semanas enfrentando el ataque del fascismo: la burguesía boliviana y transnacional, en su pretensión de tumbar al presidente Morales y su gobierno, con la finalidad de poder incrementar los niveles de saqueo capitalista contra el pueblo y la naturaleza, desató hordas mercenarias e incentivó el mayor odio racista. Linchamientos contra personas indígenas y contra las personas electas perpetrados por todo el país por los paramilitares fascistas (mujeres vejadas, desnudadas, la alcaldesa Patricia Arce secuestrada, embadurnada de pintura roja, trasquilada y golpeada, dirigentes sindicales torturados y obligados a «pedir perdón» de rodillas por apoyar a Evo, comunicadores alternativos a la falsimedia amarrados a árboles, ancianas indígenas agredidas por vestir sus trajes tradicionales). La herramienta fascista de la burguesía perpetró numerosos atentados, incendios de sedes de las organizaciones campesinas e indígenas, incendios de casas de miembros del gobierno. La herramienta mediática de la burguesía participó de la desestabilización, mediante manipulación y falsimedia a nivel nacional e internacional. Uno de los pilares de la manipulación que infundió la burguesía a través de sus medios, fue el fomento intensificado del odio racista, avivando un incendio que lleva siglos: el racismo ha sido fomentado como mecanismo de control social, en un país en el que el colonialismo europeo dejó su huella marcada en sangre e injusticia social, un país cuya población es sin embargo de mayoría indígena.

La injerencia estadounidense estuvo financiando y entrenando mercenarios, la policía se puso del lado de los fascistas y no detuvo ni las golpizas contra las familias indígenas, ni la toma de edificios institucionales, sino que participó; el ejército no hizo nada para detener las agresiones contra las bases indígenas y campesinas, y al final terminaría posicionándose con los golpistas.

El pueblo dio la lucha de manera contundente contra los destacamentos fascistas para impedir que sea tumbado el primer presidente indígena de toda la Historia de Bolivia (desde la llegada de los colonizadores los indígenas fueron explotados y excluidos). Evo Morales no había seguido a rajatabla los dictados del gran capital (y por eso los magnates se lo quisieron quitar de en medio, y no quisieron reconocer su victoria electoral).



La OEA, que calla totalmente sobre la represión en Chile (calla acerca de las violaciones y mutilaciones perpetradas por los carabineros porque el gobierno chileno es totalmente funcional al saqueo capitalista), en cambio sí se lanzó contra Bolivia para aducir un supuesto fraude en las elecciones del 20 de octubre (ejerciendo su papel pro-imperialista). Ante las acusaciones de la OEA (que replicaban la versión de la burguesía golpista), Evo Morales invitó, con suma ingenuidad, a «verificadores de la OEA». Mientras tanto los mercenarios fascistas seguían infundiendo terror en las calles. Finalmente la OEA emitió su amañada decisión política, siendo el pistoletazo para los últimos pasos del Golpe de Estado en Bolivia, algo que era fuertemente previsible. Aday Quesada expresa: «El gobierno de Evo Morales ha cometido «errores» difícilmente explicables. Resulta absolutamente insólito que el Ejecutivo boliviano solicitara la «supervisión» de la OEA (Organización de Estados Americanos), para que procediera al peritaje y contabilización de los votos resultantes de las pasadas elecciones presidenciales. (…) esa solicitud de «arbitraje» a la Organización que más genuinamente representa los intereses estadounidenses en América Latina era una petición suicida, semejante a la de encomendar a un zorro la custodia de un gallinero. (…)el dictamen final de la OEA estaba rubricado antes de que se realizara la «inspección». La OEA dictaminó velozmente lo que correspondía al papel que los Estados Unidos le han encomendado»[1].

Los acontecimientos se encadenaron luego a una velocidad vertiginosa. La Policía se amotinó en varias ciudades. A la capital de Bolivia arribaron numerosas hordas fascistas provenientes de Santa Cruz. Los medios de comunicación del Estado y varios medios comunitarios fueron atacados. Varias casas de gobernadores fueron incendiadas por los mercenarios. El gobierno de Evo tenía en ese momento dos opciones: o ceder al chantaje del fascismo y caer en la trampa de llamar a nuevas elecciones, en medio del clima de terror que imponen los mercenarios de la burguesía, o bien radicalizar el proceso popular, tomando su fuerza de las masivas movilizaciones en su apoyo que seguían en las calles. Se decantaría a primeras horas del 10 de noviembre por llamar a nuevas elecciones, siendo que ya ganó en las elecciones del 20 de octubre, y que claramente la burguesía no se calmaría hasta tener en sus manos todo el poder (es decir, en eventuales nuevas elecciones el clima de terror impuesto por la herramienta fascista de la burguesía impediría a muchos votantes por Evo el acercarse siquiera a votar, y en el caso de que ganara Evo nuevamente, claramente la burguesía seguiría con la desestabilización). Pero ni siquiera el anuncio de Morales de llamar a nuevas elecciones fue suficiente para la burguesía: ese mismo 10 de noviembre la cúpula militar emitió un comunicado en el que se posicionó del lado de los golpistas, llamando a Evo Morales a renunciar. El pueblo boliviano sin embargo siguió masivamente en las calles dando la batalla contra las hordas fascistas y su pretensión de Golpe de Estado.

Tras el comunicado de alineamiento de la cúpula militar con el Golpe de Estado en curso, se llegó a presagiar lo peor: que Evo renunciara, quedando el fascismo con todos los poderes en Bolivia. La burguesía quería todo y al instante, no pretendía dejar siquiera que se realizaran unas nuevas elecciones. El mensaje fue claro: o gobierna el candidato elegido por Washington o nada. Tristemente no hubo que esperar mucho tras el comunicado golpista de los militares, para que Evo anunciara su renuncia, tal como lo exigieron los golpistas, tal como lo vino preparando el imperialismo estadounidense y la burguesía a través de su herramienta fascista. Tras esa renuncia, ante el Golpe de Estado consumado, las organizaciones sociales, campesinas e indígenas, quedaron a la merced del peor fascismo.

Es evidente que la inmensa mayoría del pueblo boliviano votó por Evo Morales, pues la mayoría de la población indígena y campesina, la clase trabajadora, lo apoyaba; pero la burguesía y el gran capital transnacional pretendían ya quitárselo de en medio para poder depredar con mayor voracidad los inmensos recursos de Bolivia. ¿Pero por qué renunció Evo tan rápidamente cuando tenía una fuerte base de apoyo popular en las calles? Los medios de la burguesía titularon que el presidente renunció, cuando está claro que fue un Golpe de Estado. La renuncia de Evo fue anunciada bajo un clima de terror y amenaza, tras varias renuncias de miembros de su gobierno, igualmente aterrorizados: «Renunciaron por salvar a su familia amenazada»[2], relató Evo en rueda de prensa. Las «renuncias» se produjeron bajo coacción: mediante el secuestro de familiares por parte de la herramienta fascista, que chantajeó a los representantes con asesinar a sus familiares si no dimitían y no pedían públicamente a Evo Morales que renunciara.



El Golpe de Estado en Bolivia se dio mediante la brutalidad fascista y el amedrentamiento; la mayor parte de la policía no estaba protegiendo al pueblo de los ataques de los mercenarios, los militares anunciaron que se alineaban con el Golpe de Estado. Como siempre, cuando la clase explotadora no consigue lo que quiere mediante unas elecciones, recurre al golpe militar y paramilitar, a la amenaza, al terror: prácticas mafiosas de un sistema putrefacto. La clase explotadora casi siempre consigue lo que quiere mediante las elecciones pues tiene el capital para imponer sus candidatos mediante millonarias campañas alienantes, pero cuando excepcionalmente gana algún candidato más afín a los intereses de la clase trabajadora, tiene los días contados.

Así está la guerra que la clase explotadora le hace a la clase explotada: ahora saca a su herramienta fascista, por todo el planeta, para intentar barrer a todos los gobiernos que no le sean totalmente funcionales, y para profundizar la tasa de explotación y saqueo que incrementa su acumulación capitalista. Los pueblos tienen sus manos desnudas para defenderse, y su consciencia de que si no vencen en la batalla contra la herramienta fascista de la burguesía, se vienen tiempos de mayor terror, represión, explotación, saqueo, empobrecimiento y barbarie. Mientras el capitalismo siga vivo, sigue en su seno viva su herramienta fascista, y sigue imperando la brutal injusticia social que hambrea pueblos y devasta la naturaleza.
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Blog de la autora: www.cecilia-zamudio.blogspot.com
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NOTAS:
[1] http://canarias-semanal.org/art/26252/como-y-por-que-lograron-derrocar-a-evo-morales-video [2]«Renunciaron por salvar a su familia amenazada», Evo en rueda de prensa: https://youtu.be/WaDLE2oqwTg

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¿POR QUÉ ESTUDIAR LA REVOLUCIÓN RUSA? (4/4)



¿Por qué estudiar la Revolución Rusa?
4/4
por David North
20 marzo 2017
World Socialist Wed Site
Wsws.org

Publicada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI)


Trotsky regresa a Rusia

Una vez que Lenin superó la resistencia dentro de su partido, los bolcheviques fueron capaces de luchar contra la influencia política de los mencheviques y socialrevolucionarios. Estos esfuerzos fueron ampliamente reforzados por el regreso de Trotsky en mayo. Su llegada a Petrogrado se había retrasado debido a que las autoridades británicas en Halifax, Canadá habían sacado a Trotsky del barco en que viajaba de Nueva York a Rusia, internándolo en un campo de prisioneros durante un mes. Las protestas en Rusia contra la detención ilegal de Trotsky obligaron al Gobierno Provisional a exigir que los británicos lo liberaran.

Pero ni el Gobierno Provisional ni los dirigentes de los sóviets se complacieron al enterarse que Trotsky había llegado. Pocos albergaron esperanzas de que él fuese a contener la creciente radicalización de la clase obrera. Sujánov recordó: “Un sinnúmero de rumores circulaban sobre él, mientras aún no pertenecía al Partido Bolchevique, en el sentido de que era él era “peor que Lenin”.[20]

Ahora que se habían resuelto las diferencias que tenía con Lenin, Trotsky ingresó al Partido Bolchevique, donde inmediatamente asumió un papel de liderazgo, sólo detrás de Lenin. Muchos de los aliados políticos más cercanos de Trotsky, activos en el Comité Interdistrito de Petrogrado (mezhrayontsi) siguieron su ejemplo, se unieron a los bolcheviques y desempeñaron papeles importantes en la Revolución de Octubre, la Guerra Civil y el gobierno soviético. Por supuesto, Stalin eventualmente asesinó a la mayoría de los representantes destacados de los mezhrayontsi que habían sobrevivido hasta los años treinta.

El Gobierno Provisional no pudo cumplir ninguna de las esperanzas suscitadas por la Revolución de Febrero. Al no estar dispuesto a sacrificar sus propias ambiciones imperialistas y al ser dependiente del apoyo del imperialismo británico, el francés y el estadounidense, el Gobierno Provisional se negó a poner fin a la guerra. En desafío a los sentimientos de las masas, el gobierno de Kérenski comenzó ciertas operaciones ofensivas en junio que terminaron en desastre. La agitación del Partido Bolchevique, exigiendo que los líderes de los sóviets rompieran con el Gobierno Provisional y tomaran el poder en sus propias manos, recibieron cada vez más respaldo. Conforme aumentaba el prestigio del Partido Bolchevique, las medidas del Gobierno Provisional, la prensa capitalista y las cúpulas mencheviques y socialrevolucionarias para engañar y desacreditar a Lenin se tornaron más y más frenéticas.

Después de suprimir las manifestaciones antigubernamentales de masas— los “Días de julio” — libraron una serie de ataques despiadados contra el Partido Bolchevique y, especialmente, contra Lenin. El hecho de que Lenin viajó por Alemania para regresar a Rusia fue utilizado para difamarlo y preparar las condiciones políticas necesarias para su asesinato.

El Estado y la revolución

El Gobierno Provisional ordenó el 7 de julio el arresto de Lenin. Comprendiendo muy bien que sus captores lo asesinarían antes de llegar a la prisión, Lenin se escondió. Durante los dos meses siguientes, en una ausencia forzada, escribió El Estado y la revolución. Introdujo su libro con una explicación:

La cuestión del Estado adquiere ahora una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el político y práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado… Los inauditos horrores y calamidades de esta guerra interminable hacen insoportable la situación de las masas, aumentando su indignación. Va fermentando a todas luces la revolución proletaria internacional. La cuestión de la actitud de ésta hacia el Estado adquiere una importancia práctica.[21]

En esta valiosa obra, Lenin llevó a cabo lo que llamó un ejercicio de “excavación histórica”, restituyendo las enseñanzas de Marx y Engels sobre la naturaleza del Estado como un instrumento de dominio de clase, un medio para conservar el poder y subordinar a la otra clase. La existencia misma del Estado surge de la existencia e irreconciliabilidad de los antagonismos de clase. Lenin atacó a los ideólogos burgueses y pequeñoburgueses que buscaban “corregir” a Marx en que el Estado es en vez un órgano “para la reconciliación de las clases”. [22]

Lenin consideró que su obra El Estado y la revolución era de gran importancia, y dio instrucciones para que, en caso de morir de forma prematura, se diera especial atención a dicha publicación.

Pero Lenin sobrevivió. En septiembre, la situación política comenzó a trasladarse radicalmente hacia la izquierda. Ante la amenaza de un golpe de Estado contrarrevolucionario del general Kornílov, los dirigentes de los sóviets se vieron obligados a movilizar y armar a las masas. Trotsky, quien había estado en prisión desde julio, fue puesto en libertad. Frente a la resistencia de las masas obreras, donde los bolcheviques tomaron un rol crítico, los soldados de Kornílov abandonaron al general y colapsó su plan para un golpe de Estado.

“¡Todo el poder a los sóviets!”

Kérenski, quien conspiró con Kornílov antes del golpe, se encontraba desacreditado políticamente. Al mismo tiempo, a pesar de que Lenin permanecía oculto, el Partido Bolchevique, con su consigna “¡Todo el poder a los sóviets!”, experimentó una oleada masiva de apoyo popular. Amplias secciones de la clase trabajadora abandonaron a los mencheviques, quienes aún se negaban a romper con el Gobierno Provisional y aprobar la transferencia del poder estatal a los sóviets.

En septiembre, con la intensificación de la crisis económica y política, y con un levantamiento general del campesinado que recorrió Rusia, Lenin le pidió al comité central del Partido Bolchevique elaborar preparativos concretos para la toma del poder. El 10 de octubre, Lenin llegó a Petrogrado para asistir a una reunión del comité central en la que se aprobó una resolución a favor de la insurrección. Sin embargo, seguía existiendo una oposición sustancial dentro del partido en cuanto a intentar derrocar al Gobierno Provisional, así como desacuerdo sobre la formulación de un plan estratégico para la insurrección.

Una revisión detallada de dicho proceso que dirigieron los bolcheviques no es posible dentro del alcance de esta conferencia. Exigiría examinar cuidadosamente las diferencias significativas que surgieron dentro de la dirección bolchevique en los días previos a la toma de poder. Lecciones de Octubre y, por supuesto, La historia de la Revolución Rusa, ambos de Trotsky, describen estos conflictos dentro del Partido Bolchevique y su significado político e histórico. Ambas obras aún no han sido superadas en su comprensión de la interacción de los elementos objetivos y los subjetivos en el proceso revolucionario.

Sin embargo, una cuestión crítica en particular relacionada con la Revolución de Octubre cabe ser resaltada. La afirmación de que el derrocamiento del Gobierno Provisional en octubre fue un golpe de Estado conspiratorio y emprendido sin ningún apoyo popular significativo ha sido repetida y reciclada en incontables relatos escritos por opositores políticos de los bolcheviques e historiadores reaccionarios durante el último siglo. Kérenski, quien vivió hasta 1970 y, por lo tanto, vivió medio siglo a pesar de sí mismo, continuó insistiendo, hasta su muerte a los 89 años, en que su gobierno fue víctima de una nefasta y criminal conspiración.

Así triunfaron los bolcheviques

La denigración de la Revolución de Octubre, describiéndola como un golpe carente de apoyo popular, ha sido refutada por numerosos estudios académicos. Las obras del historiador estadounidense, Alexander Rabinowitch, son las más completas e impresionantes de todas. En su prefacio a The Bolsheviks in Power (Los bolcheviques en el poder), el tercer volumen de un estudio de la Revolución Rusa al que le dedicó toda su vida, el profesor Rabinowitch escribió:

The Bolsheviks in Power, junto con Prelude to Revolution (El preludio a la revolución), desafiaron las nociones occidentales predominantes que ven la revolución de octubre como un simple golpe de Estado militar llevado a cabo por una pequeña banda de fanáticos revolucionarios dirigidos de forma brillante por Lenin. Descubrí que, en 1917, el Partido Bolchevique en Petrogrado se transformó en un partido político de masas y que, lejos de ser un movimiento monolítico que marchaba rígidamente detrás de Lenin, su dirección se dividió en izquierdistas, centristas y derechistas moderados. Cada elemento contribuyó a darle forma a la estrategia y tácticas revolucionarias. También, encontré que el éxito del partido en su lucha por el poder después del destronamiento del zar en febrero de 1917 se debió a factores tan críticos como su flexibilidad organizativa, apertura y sensibilidad hacia las aspiraciones populares, así como a sus conexiones extensas y cuidadosamente nutridas con los trabajadores de planta, los soldados de la guarnición de Petrogrado y los marineros de la Flota del Báltico. La revolución de octubre en Petrogrado, concluí, fue menos una operación militar que un proceso gradual arraigado en la cultura política popular, el desencanto generalizado con los resultados de la revolución de febrero y, en ese contexto, la atracción magnética de las promesas inmediatas de los bolcheviques de paz, pan, tierra para el campesinado y democracia de base ejercida a través de sóviets multipartidistas.[23]

El profesor Rabinowitch creció en una familia que tenía estrechas relaciones personales con los líderes mencheviques. Conocía personalmente a Irakli Tsereteli, el líder de la facción menchevique en el Sóviet de Petrogrado. Escuchó el lado menchevique de la historia muchas veces; sin embargo, su propia investigación científica lo llevó a conclusiones contrarias a las explicaciones dadas por los mencheviques sobre su derrota en 1917.

La respuesta capitalista-imperialista a la Revolución de Octubre

Después de la Revolución de Octubre, ni la burguesía rusa ni la burguesía internacional comprendieron la magnitud política de los acontecimientos de Petrogrado. Las élites gobernantes reaccionaron como si la victoria bolchevique fuese una pesadilla de la que pronto despertarían. El 9 de noviembre (en Washington), menos de 48 horas después del derrocamiento del Gobierno Provisional, el New York Times informó que “los funcionarios de Washington y de la embajada esperan que el gobierno bolchevique sea corto”. El despacho del Times les aseguró a sus lectores:

Se cree que la situación rusa no es tan oscura como la hacen ver las noticias enviadas desde Petrogrado. Los funcionarios del Departamento de Estado y la embajada de Rusia coinciden en que el actual control del gobierno de Petrogrado por parte del Comité Militar Revolucionario bolchevique no puede durar ... Un alto funcionario dijo hoy que era de la opinión que el resultado podría ejercer un buen efecto más que lo contrario, ya que crea la oportunidad para que surja un hombre fuerte y tome control de la situación.

Pero el hombre fuerte esperado por el gobierno del presidente Woodrow Wilson nunca apareció y, en una semana, la confianza optimista de que la revolución se ahogaría rápidamente en sangre dio lugar a la rabia. En un editorial publicado el 16 de noviembre, bajo el título “Los bolcheviques”, el Times denunció a Kérenski por “vacilar” con los revolucionarios y por haberse retractado en cuanto a apoyar el golpe de Estado que planeaba Kornílov. Furioso, el editorial continúa:

Sin embargo, aunque Kérenski haya fracasado, alguien más puede surgir que sea lo suficientemente fuerte para tomar el Gobierno de las manos destructivas de los bolcheviques. De hecho, no lo pueden retener permanentemente porque son patéticamente ignorantes, hombres superficiales, niños políticos, sin el más mínimo entendimiento de las vastas fuerzas con las que están jugando, hombres sin una sola cualificación aparte del don de la palabra; y si se les permitiera suficiente tiempo su propia incompetencia los destruiría, aunque quizás solamente para ser substituidos con otros tan perniciosos. Tal fue la historia de la Revolución Francesa, un caleidoscopio de idiotas e ignorantes con lengua de plata en el gobierno, cada uno peor que el otro, hasta que la incompetencia y la ignorancia los destruyeron por completo.

¿Qué hicieron los bolcheviques durante esas primeras horas y días tras derrocar al Gobierno Provisional para incitar la ira del New York Times y de las fuerzas imperialistas internacionales por las que hablaba? En primer lugar, los bolcheviques emitieron un decreto sobre la paz, pidiendo a todas las partes beligerantes que iniciaran negociaciones para poner fin a la guerra sin anexiones ni indemnizaciones. En segundo lugar, el nuevo gobierno soviético emitió un decreto sobre la tierra, declarando que “la propiedad privada de la tierra será abolida para siempre; la tierra no será comprada, vendida, arrendada, hipotecada ni alienada de ninguna otra manera”.[24]

El lugar de la Revolución de Octubre en la historia mundial

Así comenzó la revolución social más importante de la historia mundial. Ninguna de las otras revoluciones — la Revolución Inglesa de 1640-49, la Revolución Estadounidense de 1776-83, la Revolución Francesa de 1789-94 y la Segunda Revolución Estadounidense de 1861-65 — comprendió, ni estuvo cerca de comprender, los ideales que proclamaron. Sin embargo, esto no les resta de ninguna manera importancia como hitos en el desarrollo histórico de la humanidad. No hay nada tan intelectualmente repulsivo como los esfuerzos posmodernistas que buscan descreditar los sacrificios hechos por otras generaciones en aras de un mundo mejor. Los socialistas marxistas no le prestan simpatía alguna a tal cinismo pequeñoburgués. Al reconocer las limitaciones determinadas históricamente de los esfuerzos revolucionarios en épocas anteriores, les rendimos el tributo que les corresponde.
Como acontecimiento en la historia mundial, la Revolución Rusa representa, hasta ahora, el máximo esfuerzo de la humanidad en busca de identificar las causas de la injusticia y el sufrimiento humano y ponerles fin. La Revolución de Octubre logró alinear de forma nunca antes vista la conciencia humana con la necesidad objetiva, lo cual no se vio reflejado sólo en las decisiones y acciones de sus líderes políticos. Ver los acontecimientos de Octubre tan sólo en términos de las acciones de sus líderes es perder el significado de la Revolución. En una revolución, son las masas las que hacen historia.

Al derrocar al Gobierno Provisional, la clase obrera actuó con un alto grado de conciencia de las leyes del desarrollo socioeconómico. “Los pensamientos son científicos — escribió Trotsky — si corresponden a un proceso objetivo y hacen posible ejercer influencia en ese proceso y guiarlo”.[25] En este sentido fundamental, los pensamientos y la práctica de millones de personas alcanzaron un nivel científico. La teoría se apoderó de las masas y se transformó en una fuerza material. La clase obrera se dispuso a abolir un sistema arcaico de relaciones socioeconómicas, poner fin a la anarquía del mercado capitalista e introducir una organización de planificación consciente al centro de la vida económica. En los años veinte y treinta, cuando todavía existía una intelectualidad estadounidense comprometida con los principios democráticos y capaz de adoptar una actitud crítica hacia la sociedad capitalista, ésta reconoció ampliamente la importancia histórica de lo que entonces llamaba “el experimento soviético”.

En 1931, el filósofo liberal estadounidense John Dewey escribió una reseña de varios libros sobre la Unión Soviética para la revista New Republic, donde señaló que “Rusia es un reto para Estados Unidos, no por una u otra característica, sino porque carecemos de una maquinaria social que controle la maquinaria tecnológica a la que le hemos entregado todas nuestras fortunas”. Luego, expresó simpatía por la proposición marxista que, “los fenómenos sociales pueden ser controlados para que el desarrollo de la sociedad humana sea sometido a la voluntad humana”. Dewey procedió a repasar favorablemente la siguiente crítica del capitalismo de otro destacado liberal de la época, George S. Counts, quien escribe en su libro The Soviet Challenge to America (El reto soviético para EE.UU.):

La sociedad industrial en su forma actual es un monstruo que no posee ni alma ni significado interior. Ha logrado destruir las culturas más simples del pasado, pero no ha logrado producir una cultura propia digna del nombre... Si el actual estado de caos moral es un desajuste temporal de una época de transición o el producto inevitable de una sociedad organizada a partir del lucro personal es una de las preguntas más cruciales de nuestro tiempo.[26]

El curso que tomó la Revolución Rusa, desde la Revolución de Octubre de 1917 hasta la disolución de la Unión Soviética, es la experiencia histórica más significativa y compleja del siglo XX. Las cuestiones con las que tuvo que lidiar no sólo persisten, sino que son aun más agudas. Cien años después, el capitalismo se encuentra en un espiral descendente hacia el desastre y no es simplemente “el desajuste temporal de una época de transición”, como lo pone el profesor Counts. La existencia de dicha forma de organización económica, históricamente obsoleta — basada en la propiedad privada de las fuerzas productivas y los recursos naturales de la humanidad y la explotación de la gran masa de la humanidad para la creación de ganancias corporativas y riqueza personal — no es sólo la principal barrera para el progreso humano. Rápidamente, su existencia se está tornando cada vez menos compatible con el mantenimiento de la vida humana. No hay un solo problema social significativo que pueda ser resuelto dentro del marco del capitalismo. De hecho, la lógica del capitalismo y del sistema de Estado-nación, la cual constituye la base geopolítica del imperialismo, conduce inexorablemente a otra guerra global, esta vez combatida con armas nucleares. Lo único que puede detener este descenso es una renovación de la lucha consciente por el socialismo mundial. Ante todas, esta es la razón principal por la cual es necesario estudiar la Revolución Rusa.

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Notas:
1. Marx-Engels Collected Works, Volume 39 (New York: 1983), pp. 62-65 (nuestra traducción al español)
2. La revolución permanente (MIA: 2000)
3. Lenin Collected Works Volume 5 (Moscow: 1961), p. 369 (nuestra traducción al español)
4. Lenin Collected Works Volume 14 (Moscow: 1977), p. 325 (nuestra traducción al español)
5. “The Class, the Party, and the Leadership,” in The Spanish Revolution 1931-39 (New York: 1973), p. 360 (nuestra traducción al español)
6. The Lessons of October in The Challenge of the Left Opposition (New York: 1975), p. 227 (nuestra traducción al español)
7. Lenin, Obras de V.I. Lenin, Editorial Progreso (Moscú: 1974) (nuestra traducción al español)
8. The Russian Revolution 1917 by N.N. Sukhanov, edited, abridged and translated by Joel Carmichael (New York: 1962), Volume 1, p. 5 (nuestra traducción al español)
9. The Russian Revolution, 1917 by Rex A. Wade (Cambridge: 2000), p. 31 (nuestra traducción al español)
10. Ibid, p. 39
11. Lenin, Obras de V.I. Lenin , Editorial Progreso (Moscú: 19173)
12. History of the Russian Revolution (Ann Arbor: MI, 1957), p. 152 (nuestra traducción al español)
13. Ibid
14. The History of the Russian Revolution (Ann Arbor: 1961), p. 208
15. War Against War by R. Craig Nation (Durham and London: 1989), p. 175 (nuestra traducción al español)
16. Sukhanov, Volume 1, p. 273
17. Ibid, pp. 273-74
18. Ibid p. 274
19. Ibid, p. 281
20. Sukhanov, Volume II, p. 360
21. Lenin Collected Works, Volume 25 (Moscow: 1977), p. 388 (nuestra traducción al español)
22. Ibid, p. 392
23. The Bolsheviks in Power: The First Year of Sóviet Rule in Petrograd, by Alexander Rabinowitch (Bloomington and Indianapolis: 2007), pp. ix-x (nuestra traducción al español)
24. Quoted in The Russian Revolution in 1917, p. 243
25. History of the Russian Revolution, p. 151
26. Cited in John Dewey, Volume 6: 1931-1932, Essays, Reviews and Miscellany (Carbondale and Edwardsville, 1989), p. 266 (nuestra traducción al español)

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