martes, 17 de julio de 2018

TEORÍA MARXISTA DEL DESARROLLO DESIGUAL


Debate

Dependencia y teoría del valor
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Claudio Katz
Vientosur
13.07.2018

Monopolio y dualidad del valor

Los cuestionamientos a las transferencias internacionales de valor -postuladas por el dependentismo- se basan también en la relevancia asignada a los monopolios. Los críticos estiman que la gravitación otorgada por esa escuela, a las grandes empresas en la determinación de los precios, divorcia a esas cotizaciones de la lógica objetiva de la ley del valor (Astarita, 2014a).

Pero esa incidencia de los monopolios sólo es concebida con duraciones transitorias, a favor de las firmas que detentan un relativo dominio del mercado. Como tarde o temprano enfrentan la competencia de otras compañías del mismo peso, no pueden eternizar su control. Reconocer la capacidad de los monopolios para multiplicar beneficios en segmentos diferenciados, no entraña ningún desconocimiento de la ley del valor. Sólo se registra otra esfera de funcionamiento de ese principio.

Marini siempre estuvo más próximo a los pensadores marxistas que resaltaban esa dinámica de competencia diferenciada entre monopolios (como Mandel). Mantuvo más distancias con los teóricos que subrayaban la capacidad de las grandes firmas para manejar los precios en forma descontrolada (como Sweezy).

Quienes, por el contrario, adoptaron la acertada crítica de varios economistas a la magnificación de los monopolios (como Shaik), ahora se ubican en al extremo opuesto. Niegan la evidente existencia de gigantescas corporaciones que obtienen ganancias extraordinarias en ciertos mercados, a costa de las compañías de menor envergadura.

Los monopolios logran beneficios extraordinarios por su peso dominante. Pero a largo plazo, no pueden sustraerse de los principios que rigen la conformación de todos los precios, bajo el impacto combinado de la productividad y las necesidades sociales. El primer factor incide en esa valoración a través del tipo de empresas predominantes en la oferta de cada sector. El segundo influye mediante el perfil que asume la demanda (Rosdolsky, 1979: 101-125).

Si por ejemplo una rama está ascendiendo (calzado deportivo), habrá lugar para las firmas de menor y mayor productividad, mientras que en el caso inverso (sombreros) tenderán a subsistir sólo las más eficientes. El cruce de ambos procesos genera los premios y castigos del mercado, a las empresas que economizan o derrochan trabajo social (Katz, 2009: 31-60).
Las grandes compañías suelen obtener beneficios superiores al promedio por su primacía en la innovación (rentas tecnológicas) o por su control de la oferta de un bien escaso (renta natural). Pero sólo preservan esas plusganancias durante el lapso que limitan la competencia en el sector hegemonizado y aprovechan la vigencia de necesidades sociales amoldadas a la demanda de sus mercancías. Ambos determinantes condicionan los precios finales de todas las mercancías (Mandel, 1985: 209-216).

Esta caracterización de la dimensión dual del valor no sólo clarifica las singularidades y límites de los monopolios. También resalta la gravitación del mercado, en el reconocimiento ex post del trabajo incorporado a las mercancías. Esta última dimensión clarifica la existencia de crisis específicas de realización del valor. 

Marini estudió este tipo de problemas derivados de la doble faceta de las mercancías. Indagó la pirámide de los monopolios, los desequilibrios de la demanda y las crisis generadas por la estrechez del consumo en la periferia (Marini, 1979: 18-39).

Adscribió a una tradición de la economía marxista, que discrepa con las vertientes exclusivamente centradas en el análisis del valor en la esfera de la producción. Ese enfoque cuantifica a esa variable sólo en el ámbito inicial de generación de la plusvalía. Subraya en forma insistente la gravitación asignada por Marx a la lógica de la explotación y deduce todas las contradicciones del capitalismo de lo ocurrido en esa esfera. Con esa óptica descalifica los desequilibrios localizados en el plano de la demanda.

La crítica al dependentismo está enraizada en esta vieja interpretación “tecnológica” del valor, que algunos analistas han objetado recientemente (Solorza; Deytha, 2014). Con ese fundamento conceptual es muy difícil captar las singularidades de las economías periféricas que investigó Marini.

Incomprensión del subdesarrollo

Las transferencias de valor aportan el sustento teórico para evaluar cómo se canaliza la plusvalía entre las distintas fracciones burguesas de la periferia. Si se desconoce esta dimensión, resulta imposible entender la forma que asumen los conflictos distributivos, en países periódicamente afectados por esas pugnas. Un ejemplo de ese tipo fue la disputa con los agro-sojeros de Argentina en el 2008.

Se afirma que esa indagación oscurece la contradicción central entre el capital y el trabajo (Astarita, 2009b). Pero en los hechos ocurre lo contrario. Clarifica el escenario de ese antagonismo social, al situarlo en el marco de las tensiones que acosan a los opresores. Ninguna acción política de los asalariados es efectiva si se ignoran los conflictos por arriba.
Esa gravitación de los choques entre dominadores es desconsiderada como un desvío de la atención prioritaria en el proletariado. Se estima que esa deformación es propia del “marxismo nacional y popular”, que postula caminos de convergencia del antiimperialismo con el socialismo (Astarita, 2014a). La teoría marxista de la dependencia es visualizada como una expresión suprema de ese desacierto.

Pero esa actitud cierra todas las posibilidades de participación en las luchas populares de América Latina, promoviendo estrategias de radicalización para avanzar hacia el logro de las metas anticapitalistas.

El rechazo de esta intervención política corona las dificultades teóricas para explicar el subdesarrollo. Al objetar la existencia de transferencias de valor de la periferia al centro queda obstruida la comprensión de la estratificación global. La relativa estabilidad histórica de esa fractura se convierte en un enigma irresoluble.

La simple constatación de mayor productividad en las economías avanzadas, no explica la reproducción de esa brecha en un sistema regido por la competencia. Las tesis antidependentistas rehúyen estos dilemas.

A lo sumo evalúan el origen histórico de las asimetrías de desarrollo, señalando el lugar que ocupa cada país en la división internacional del trabajo (Astarita, 2013c). También recuerdan la herencia legada por los sistemas pre-capitalistas y el rol jugado por las distintas burguesías (Astarita, 2004: cap 8). Pero esas observaciones se limitan a describir la polarización de la acumulación a nivel mundial, sin esclarecer los mecanismos de esa fractura.

El problema no radica en lo ocurrido durante el surgimiento del capitalismo, sino en lo sucedido a posteriori. El proceso contemporáneo de subdesarrollo y su continuidad requieren alguna explicación. Frente al silencio de sus críticos, la teoría marxista de la dependencia ofrece una interpretación basada en las transferencias de plusvalía.

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lunes, 16 de julio de 2018

PARA DESBROZAR DE MENTIRAS LA INFORMACIÓN, REBELIÓN ABRIÓ UNA SECCIÓN HACE MÁS DE 15 AÑOS. NO ESTÁ DE MÁS LEERLA



¿Por qué 'Mentiras y Medios'?

07.O6.2002


"La verdad está en marcha y nada la detendrá". Émile Zola.

Se abre una nueva y necesaria sección en Rebelión sobre un asunto que mueve a indignación general y sobre el que hay que movilizarse colectivamente. Lo que así nos ocupa ahora también a nosotros, en la estela del recientemente creado Observatorio Global de Medios y de los trabajos que se vienen realizando en Le Monde Diplomatique ("El Imperio de los medios de comunicación" Manière de voir 63. Mai-Juin 2002) o en la Web de habla inglesa, MediaLens; es la denuncia de las falsedades y mentiras que continuamente están presentes en los medios de difusión de la información diaria pertenecientes a grupos multinacionales. La economía dicta las líneas de escritura a un periodismo que por un lado ha renegado de su vocación informativa y por otro, se encuentra cercado por la perversa lógica del capitalismo. Los pocos profesionales que aún resisten trabajan en condiciones inadecuadas, sometidos ellos mismos a censuras y manipulaciones, por lo que muchos de ellos vienen y vendrán a formar parte de estos grupos de defensa intelectual contra la manipulación de los mass media o comités de reivindicación del derecho a una información veraz. Ya Noam Chomsky señaló el camino en su artículo: Sobre mantenernos informados y la defensa propia intelectual, donde se ponía de manifiesto la necesidad de un trabajo de equipo para lograr filtrar la información falaz y defenderse de las manipulaciones y falsedades. Camino seguido por Ignacio Ramonet, inspirador del MGW (Media Watch Global), y que es seguido también por Carlos Fernández Liria, Pascual Serrano, Santiago Alba, Luis Alegre, Simón Royo, César Rendueles, junto a muchos otros; por personas que forman parte ya de este nuevo proyecto en que aportan y aportarán sus trabajos e investigaciones, o sus panfletos de denuncia o sus noticias reales, un proyecto contra el mundo de la desinformación, para desenmascarar, constantemente, la constante manipulación mediática.

Periodistas, intelectuales, profesores de Universidad, estudiantes de ciencias de la información, historiadores, científicos, politólogos, activistas sociales y demás ciudadanos, cada cual desde su campo y especialidad, cada cual con lo que pueda y como pueda, están llamados a colaborar con estas autodefensas de la información que se están gestando en diferentes lugares del planeta.

La pregunta y reflexiones que llevaron a la idea de separación de poderes en política es y son las mismas que nos hacemos hoy respecto a los medios de comunicación de masas: "¿Quién vigila a los vigilantes?". El cuarto poder de la prensa fue concebido como un observatorio de vigilancia y denuncia de los extravíos de los demás poderes, hasta que en nuestros días, todos ellos se han ido convirtiendo, cada vez más, en meras funciones de un único poder que amenaza con invadirlo y conquistarlo todo. El poder económico del capitalismo triunfante no es ya vigilado por los medios de información, sino que, por el contrario, utiliza a éstos como sus caballos de Troya, avanzadillas con las que invadir territorios y conciencias. De ahí que sea necesaria la creación de nuevas trincheras periodísticas, barricadas más a la izquierda de un espacio que ha sido prácticamente conquistado, aunque la lucha continúa y está lejos de ser decisiva ninguna batalla concreta.

En Italia, Berlusconi, se ha erigido en gobernante plenipotenciario de una suerte de "neofascismo" o régimen despótico que se caracterizaría por el dominio de todos o la mayoría de los mass media y por la automática adquisición del poder político por parte de quien detenta el poder mediático. Sin embargo, en Venezuela, el presidente Hugo Chávez consiguió el poder político sin poseer el poder mediático y desde entonces se ha visto también que los dos poderes pueden estar enfrentados y que, en ocasiones, no basta el poder mediático para conquistar el poder político, aunque pueda ser utilizada la desinformación para fomentar golpes de Estado y derribar o intentar desestabilizar a gobiernos legítimamente constituidos.

El capítulo Venezuela forma parte ya del comienzo de una nueva fase de la Historia, pues en él hemos visto en plena acción, contra el imperialismo y contra el Imperio de los medios al servicio del Capital, al movimiento de resistencia de la contrainformación alternativa, un movimiento de dimensión internacional, que ha demostrado su fuerza y su potencia, y que cada vez está adquiriendo una mayor magnitud. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) en su Artículo 58 dice. "La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afectados directamente por informaciones inexactas o agraviantes…". Y hemos visto como se ha incumplido la contemplación de los deberes y responsabilidades del uso libre y plural de la información, como se ha impedido acceder a la información veraz e imparcial, censurándose a los partidarios del gobierno.

En el intento de golpe de Estado en Venezuela la lucha no ha sido sangrienta pero ha sido encarnizada, en el interior las televisiones venezolanas daban consignas golpistas y retransmitían sin cesar llamadas a la sedición, y mientras, la maquinaria internacional de las multinacionales con intereses en la región, como Prisa y El País, se pusieron en marcha para apoyar con todas sus fuerzas el golpe de Estado. Todas las fuerzas de resistencia se sumaron rápidamente a la defensa y, lo más importante: ¡El golpe no triunfó! ¡Los golpistas fueron derrotados! (Aunque lo intentarán de nuevo, como lo intentan diariamente de manera más sutil). Lo que nos da pruebas de que aún con un enorme poder mediático la victoria no está dada ni decidida de antemano y que es posible hacer frente a esas fuerzas que están arrasando y destruyendo el planeta llevándolas a retroceder y replegarse.

La lucha es ahora continua pues continuamente siguen los mismos medios intentando minar las defensas de un gobierno democráticamente elegido, pero el caso de Venezuela es un caso paradigmático de una batalla generalizada, una guerra en la que todo ciudadano está inmerso, por su lucha particular contra la manipulación y la falsificación de la información y en la que todo país se encuentra involucrado, por la defensa de la información veraz sobre lo que ocurre en su territorio. La tergiversación se produce a veces directamente, otras por omisión, otras cuando no se dice toda la verdad y se sesga la noticia, otras, escondiendo la Historia de un problema tras la cortina del presente y el instante, así como mediante toda una serie de recursos que hay que desenmascarar; de modo que aprendamos a detectarlos y a ponerlos fuera de juego. La vigilancia tiene que ser constante y la tarea es ya interminable. Una nueva especie de vigilantes se constituye y se conjura como garantes de la verdad, pues sólo una comunidad de gentes dispuestas a aceptar el desafío de hacer frente a la desinformación y manipulación, constantes y generalizadas, de esos medios secuestrados por la economía; podremos rescatar la dignidad y el honor que pertenece a los profesionales de la información y volver a situar a la profesión periodística en el lugar que le corresponde: el de la pasión y lucha porque se sepa siempre la verdad.

Nota:Las colaboraciones a la Sección de Mentiras y Medios (denuncias de manipulación en la prensa, traducciones de artículos relacionados con la sección, trabajos de investigación, etc.) dirigirlas a: Miguel Arróniz-mail: larreca@telefonica.net

ABC, PERIODICO SERIO, SOLVENTE, PATRIOMONARCA DONDE LOS HAYA, PROSISTEMA, PROEUROPEO, PRO Y PRO Y PRO, SE LÍA A CUCHILLADAS POR UNAS LENTEJAS CON SU COMPI (NO MENOS EN TODO QUE NO SEA BUENO CON ABC) DEL GRUPO JOLY



GRUPO JOLY
Mentiras, insinuaciones y falsedades: ABC, como siempre
·         El periódico lanza una campaña contra el Grupo Joly en un cínico intento de desprestigiarlo.


14 Julio, 2018 - 05:00h

En los últimos días Grupo Joly, editor de este periódico, ha sido objeto de una serie de ataques cargados de falsedades, insidias y tergiversaciones por parte de un competidor, el diario ABC, con el objetivo de dañar nuestra reputación y desprestigiarnos ante nuestros lectores, anunciantes y la sociedad en general.

Para ello, no ha dudado en manipular y sacar de contexto documentación de hace muchos años y, sobre todo, la declaración que prestó el martes como testigo en eljuicio de los ERE un antiguo funcionario de la Consejería de Empleo, que recibió en su momento el mandato de revisar la documentación relativa a las ayudas públicas que recibieron ex trabajadores de González Byass, de la Faja Pirítica de Huelva, de Fertiberia y del Grupo Joly, los cuales finalizaron su relación con sus respectivas empresas mediante expedientes de regulación de empleo.

Este antiguo funcionario, dedicado hoy a tareas políticas en el Ayuntamiento de Sevilla, ni tan siquiera insinuó las afirmaciones que ABC le atribuyó en sus titulares, en una muestra de falta de rigor profesional que debería alarmar a sus lectores y, como mínimo, sonrojar a sus instigadores, promotores y firmantes.

De hecho, el testigo habla de forma genérica de los cuatro expedientes que revisó en calidad de secretario y ni siquiera nombra a Grupo Joly. La única pregunta que se le formula en relación con los ex trabajadores de Grupo Joly y la respuesta que ofrece son las siguientes:

"-Respecto a la Asociación de la Prensa de Cádiz, hacen constar que no pudieron comprobar el requisito de mayor de 52 años. ¿No constaban datos de estos señores?

-No, no teníamos acceso a la vida laboral, teníamos pantallazos virtuales que no certifican oficialmente".Grupo Joly podrá acreditar cuando sea necesario que todos los trabajadores afectados por la medida extintiva cumplían el requisito de la edad, como no podía ser de otra manera.

Asimismo, el citado periódico ha manipulado y tergiversado un informe de la Intervención General del Estado que encargó la juez que comenzó a instruir el denominado caso de los ERE. En su obsesión por desacreditar a esta empresa, ABCda categoría de hechos probados las opiniones que en dicho informe vierten los interventores que lo realizaron y que han sido contrarrestadas por otros informes de las defensas implicadas.

La realidad es que Grupo Joly no ha recibido ni un solo euro de las ayudas públicas que son objeto del juicio por las presuntas irregularidades que podrían haber cometido órganos políticos y administrativos de la Junta de Andalucía.

Las ayudas fueron a parar directamente a los trabajadores que habían salido de Grupo Joly sin que en ningún momento pasaran por la contabilidad de esta empresa.

Los 36 trabajadores agrupados en la Asociación de Trabajadores de la Prensa de Cádiz realizaron en el año 2004 la tramitación que se les exigió desde la Consejería de Empleo. En este contexto, en un momento del proceso, Grupo Joly recibió una carta de la dirección general de empleo que ABC reproduce maliciosamente con el objetivo de hacer creer a sus lectores que Grupo Joly fue el destinatario de las ayudas, lo que resulta totalmente falso como se ha expuesto. Los motivos por los que fue enviada esa carta a esta empresa y no al colectivo de los ex trabajadores afectados es una cuestión que compete a quien la envió y no a quien no le correspondía recibirla.

Pero además ABC ignora, obvia, manipula o desconoce que las ayudas concedidas a la Asociación de Trabajadores de la Prensa de Cádiz, en ningún caso a esta empresa editora, siempre han sido legales. Así se reconoce en el decreto-ley 4/2012 de 16 de octubre, de "medidas extraordinarias y urgentes en materia de protección socio laboral a ex trabajadores y ex trabajadoras andaluces afectados por procesos de reestructuración de empresas y sectores en crisis" que avala la legalidad de esas ayudas, que a día de hoy siguen percibiendo los ex trabajadores.

El citado decreto-ley recoge expresamente en su exposición de motivos que el Parlamento de Andalucía adoptó en la comisión de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo por unanimidad el 4 de octubre de ese año, 2012, tres proposiciones no de ley relativas a la finalización, una vez cumplidos, de los compromisos de la Junta en materia de ayudas socio laborales.

El propio informe de la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) cita hasta en tres ocasiones el decreto-ley 4/2012 en el caso de las ayudas concedidas a los ex trabajadores de Grupo Joly y es falso, como afirma ABC, que los peritos insten a la Junta a devolver el dinero de las ayudas, que a día de hoy siguen percibiendo estos ex trabajadores al igual que los otros 6.000 beneficiarios de las ayudas, pertenecientes a centenares de empresas en toda Andalucía.

Es por tanto absoluta y rigurosamente falso que Grupo Joly financiara su expansión regional con esas ayudas, como irresponsablemente y en una actitud indigna de profesionales de la información afirma ABC.

Este grupo editor ha financiado su desarrollo en Andalucía exclusivamente con sus recursos propios, el esfuerzo de sus accionistas y acudiendo al mercado crediticio.

Esta empresa periodística, que es la más antigua de España, se fundó hace 151 años y desde entonces ha mantenido un compromiso con el respeto a la verdad, el rigor y la legalidad. Y es precisamente esa forma de entender la profesión la que lleva a este medio a omitir la opinión que le merece la actuación de ABC y a explicar a sus lectores la realidad de los hechos.

No obstante, ABC ha superado cualquier límite tolerable y ha quebrantado las más elementales reglas de convivencia entre empresas competidoras.

Nos produce tristeza haber tenido que leer las cosas que ha llegado a publicar y, en consecuencia, vernos obligados a escribir este texto. No es costumbre del Grupo Joly entrar en polémicas estériles ni responder a ataques de ninguna clase.

Por todo lo anterior Grupo Joly entablará las acciones legales que correspondan frente a los autores de todas estas falsedades.
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Dependencia y teoría del valor
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Claudio Katz
Vientosur
13.07.2018

Globalización productiva

El avance cualitativo registrado en la mundialización modifica los términos del debate desarrollado hace varias décadas. Salta a la vista el carácter globalizado de muchas actividades que no tenían ese perfil en los años 70. Esa modificación consolida la tendencia de un gran segmento de la economía a desenvolverse con precios y tasas medias de ganancia internacionalizados.

La nueva división global del trabajo que despuntó en el debut del neoliberalismo se ha consolidado con la actual relocalización fabril. Se ha generalizado el desplazamiento de las empresas transnacionales, que emigran a la periferia para lucrar con la baratura, disciplina o sometimiento de los trabajadores. Ese cambio fue incluso percibido por los autores que en los años 70, objetaban la vigencia de un status avanzado de mundialización. En la década posterior reconocieron la nueva presencia de campos de valorización regidos por barómetros internacionales (Mandel, 1996).

La preeminencia actual de ese segmento global es notoria. No sólo los tradicionales límites a la movilidad del capital y las mercancías fueron quebrantados por la mundialización financiera y los tratados de libre comercio. También se debilitó la obstrucción interpuesta por la multiplicidad de tipos de cambio a los patrones internacionales de precios y ganancias. Algunas economías confluyeron en monedas comunes (Europa) y otras dolarizaron sus movimientos o instauraron formas regionales de coordinación cambiaria.
La ausencia de un sistema estatal planetario continúa imposibilitando la vigencia de variables plenamente mundializadas. Pero las empresas transnacionales operan a esa escala y los organismos que apuntalan su actividad (BM, FMI, OMC), administran modalidades tendenciales de esa gestión.

Los mecanismos de mayor internacionalización han sido particularmente introducidos en las cadenas globales de valor. Ese tipo de estructuras incluye formas muy avanzadas de localización diversificada de los procesos de fabricación. Las empresas aprovechan las diferencias de rentabilidad que genera esa variedad de formas de explotación.

Las cadenas aseguran la captura de beneficios extraordinarios por parte de las empresas ubicadas en la cúspide de la red. En la industria del vestido, por ejemplo, las plusganancias quedan en manos de los grandes compradores (marcas), en desmedro de los fabricantes textiles (plantas automatizadas) y las firmas intensivas en mano de obra (Starosta; Caligaris, 2017: 237-276). El mismo principio de redistribución de la plusvalía opera en el funcionamiento territorial de las empresas satélites. La subcontratación es el principal dispositivo de transferencia de valor. La compañía rectora obtiene ganancias superiores, fijando las condiciones de adquisición de los insumos provistos por sus abastecedores.

En las cadenas ya opera un circuito unificado de precios y ganancias medias internacionalizadas. Marini sólo observó en las maquilas los anticipos de un mecanismo que remodela toda la dinámica del intercambio desigual.

En la etapa actual la generación de plusvalía diverge significativamente de su distribución geográfica. El proceso de transformación de los valores en precios se consuma a escala internacional, acompañando el divorcio entre mercancías producidas en un país y consumidas en otro. La plusvalía gestada con bajos costos en las fábricas de Asia es plasmada en los mercados de Estados Unidos y Europa, bajo la gestión de las empresas transnacionales (Smith, 2010; 246-249). En esta nueva secuencia las transferencias internacionales de valor asumen una escala sin precedentes.

El sentido del trabajo potenciado

Los desplazamientos mundiales de plusvalía que fundamentan la dinámica del intercambio desigual han suscitado fuertes controversias. Algunos autores impugnan su vigencia, señalando que las diferencias entre economías desarrolladas y retrasadas derivan de la existencia de productividades disímiles. Afirman que las horas de trabajo en ambos lugares no son simplemente comprables. El contraste requiere considerar el nivel de complejidad laboral en el centro y el consiguiente gasto superior en formación de la fuerza de trabajo (Astarita, 2010: 140-145).

Esa desigualdad se resume en la noción de trabajo potenciado, que Marx utilizó para caracterizar las modalidades laborales avanzadas. Como la periferia carece de esas calificaciones comercia desde un status diferente, sin generar transferencias en el intercambio de mercancías (Astarita, 2011). Los capitales del centro no sustraen valor de las economías relegadas. Sólo producen mercancías más valorizadas con mejores técnicas y menor cantidad de horas de trabajo (Astarita, 2013b).

En los años 70 los debates sobre este mismo problema se plantearon en otros términos. Bettelheim señaló que era incorrecto comparar los salarios de las distintas economías omitiendo las diferencias de productividad. Pero introdujo esa observación sólo para revisar el alcance del intercambio desigual. Buscó enmendar esa tesis sin invalidarla. Conectó la gravitación de los salarios a sus diferentes productividades, pero en ningún momento cuestionó las transferencias internacionales de valor, en que se asienta el funcionamiento del capitalismo mundial.

Su señalamiento permite entender que el trabajo potenciado no desmiente los desplazamientos internacionales de plusvalía. Simplemente incorpora distintas complejidades del trabajo a una estructura de funcionamiento global, modificando las magnitudes en juego.

El trabajo potenciado es un concepto relevante, en relación al tiempo de trabajo socialmente necesario que rige en cada rama de la producción. El análisis de esa categoría se ubica en ese plano determinante del valor de las mercancías.

Pero los bienes no se intercambian por esas magnitudes, sino en función de los precios de producción que adopta cada producto, al cabo de un proceso de conformación de la ganancia media. Esa dinámica involucra transferencias de valor entre distintas ramas en una circulación intermediada por el dinero. A través de ese eslabón, las mercancías elaboradas con calificaciones diferentes y productividades diversas quedan convertidas en unidades intercambiables.

En este segundo terreno de transferencias de plusvalía se sitúa el estudio del intercambio desigual. A esa escala del mercado mundial y de la totalidad de las mercancías, no existe ninguna incompatibilidad con los parámetros del trabajo potenciado, que definen previamente el valor de las mercancías en cada sector.

Esta diferencia de niveles analíticos ha sido subrayada por los investigadores, que recuerdan por qué razón la noción de trabajo potenciado fue introducida en el primer tomo de El Capital. Allí se indaga la formación del valor de las mercancías.

En las observaciones sobre el mercado mundial añade otro concepto, para resaltar las diferencias existentes entre productos gestados con disímiles niveles de acumulación. A esa brecha alude con el concepto de remuneración internacional diferenciada del trabajo más productivo (Machado, 2011). Esta segunda categoría -situada en un plano más empírico-concreto- fue el punto de partida de los debates sobre el intercambio desigual.

En un ejemplo contemporáneo de estas distinciones, se podría señalar que el trabajo potenciado se verificó cuando Microsoft desplazó a IBM. Allí fijó un nuevo parámetro de valor en el universo informático. La dinámica de transferencias de plusvalía se observó en cambio en otro plano y a otra escala, cuando la misma empresa absorbió valor -en concepto de renta tecnológica- a múltiples firmas de distintos sectores. El despegue del índice NASDAQ en Wall Street ilustró esa captación.

En esta segunda dimensión y en la órbita internacional se ubica la problemática inicialmente estudiada por el intercambio desigual. Comenzó a conceptualizar los flujos internacionales de plusvalía provenientes de las economías retrasadas. Esos países exportan bienes elementales y participan en tareas básicas de la fabricación internacionalizada de las mercancías. El trabajo potenciado es un componente y no una refutación de ese proceso.

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domingo, 15 de julio de 2018

TEORIA MARXISTA. EL DESARROLLO DESIGUAL



Debate
Dependencia y teoría del valor
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Claudio Katz
Vientosur
13.07.2018

La teoría marxista de la dependencia postuló una explicación del subdesarrollo asentada en la dinámica del valor. Con ese fundamento explicó el intercambio desigual y los ciclos industriales de América Latina, en una época previa al actual predominio del extractivismo y las maquilas. ¿Cuáles son los conceptos vigentes de esa caracterización? ¿Cómo deben evaluarse sus omisiones o insuficiencias?

Las causas del intercambio desigual

En los años 70 Marini estudió los desequilibrios de la industria que impedían a Brasil, México o Argentina repetir el desarrollo de las economías centrales. Describió cómo la preeminencia del capital extranjero incentivaba las transferencias de valor al exterior, mientras la provisión foránea de maquinaria obsoleta aumentaba la pérdida de divisas. Destacó que las grandes empresas remuneraban a los trabajadores por debajo del promedio imperante en las metrópolis y señaló que sus pares locales compensaban sus debilidades competitivas con una mayor extracción de plusvalía (Marini, 1973: 16-66).

Ese diagnóstico presentaba numerosos parentescos con las teorías del intercambio desigual de la época. Todos los autores razonaban suponiendo escenarios de transferencias de valor de las economías retrasadas a las avanzadas. Esas asimetrías eran atribuidas a la retribución internacional diferenciada del trabajo incorporado en los bienes elaborados en ambos polos.
Estas visiones extendían al contexto mundial el esquema expuesto por Marx, para ilustrar de qué forma los precios de producción alteran los valores de las mercancías, en función de la productividad vigente en las distintas ramas de la economía. Consideraban las transacciones entre productos de distinta complejidad, generados en países con grandes desniveles de desarrollo.

El debate comenzó con las tesis de Emmanuel que explicaba la desigualdad en los intercambios por las divergencias de los salarios. Postulaba que la fuerza de trabajo no acompañaba la mundialización de los precios de producción y las tasas de ganancia. Ese divorcio determinaba la perpetuación de las brechas entre ambos tipos de economías (Emmanuel, 1972: cap 3).

Como esa caracterización resaltaba la centralidad de la explotación y anticipaba descripciones de las maquilas, algunos analistas observan coincidencias con el modelo de Marini (Rodrigues, 2017). Pero en los hechos, las afinidades del pensador brasileño eran mayores con los críticos marxistas de Emmanuel. Estos objetores atribuían el intercambio desigual a las diferencias de productividad y no de salarios. Consideraban que las distancias en el desenvolvimiento de las fuerzas productivas explicaban las brechas en las remuneraciones y no a la inversa (Bettelheim, 1972a).

Esta mirada subrayaba que el salario es un resultado y no un determinante de la acumulación. Estimaba que el nivel de los sueldos depende en cada país de la productividad, el ciclo, el acervo de capital y la intensidad de la lucha de clases (Mandel, 1978: cap XI).

Esas objeciones alertaron también contra la magnificación de la brecha salarial internacional. Recordaron que el análisis de esa fractura, debe registrar la mayor productividad de las actividades calificadas imperantes en las economías centrales (Bettelheim, 1972b).

Ninguna de esas caracterizaciones puso en tela de juicio la existencia del intercambio desigual. Pero señalaron que esa asimetría en el comercio constituía tan sólo una causa del subdesarrollo, con efectos disímiles en cada estadio del capitalismo mundial (Arrighi, 1990).
El debate también desembocó en otros planteos que postularon la presencia del intercambio desigual, cuando las divergencias entre los salarios son mayores que sus equivalentes en las productividades (Amin, 1976: 159-161). Esta mirada señaló que el divorcio se asienta en la creciente movilidad internacional de los capitales y las mercancías, frente a la inalterada inmovilidad de la fuerza de trabajo (Amin, 2003: cap 4).

La visión de Marini sintonizaba con estos enfoques correctivos. En su presentación del ciclo dependiente, destacó que las transferencias de plusvalía hacia las economías avanzadas eran consecuencia de las grandes brechas existentes en los niveles de desarrollo. Reconoció las fuertes divergencias en los salarios, sin observarlas como determinantes de la fractura entre el centro y la periferia.

Esa óptica no sólo coincidió con la síntesis madurada por los participantes del debate. Confirmó que a diferencia de varios economistas heterodoxos, el teórico de la dependencia atribuía el subdesarrollo a la dinámica polarizadora del capitalismo mundial y no al retraso de los salarios latinoamericanos.

El alcance de la mundialización

En las controversias sobre el intercambio desigual se intentó esclarecer también cuál era nivel de internacionalización alcanzado por el capitalismo. Todos recordaron que Marx expuso su modelo concibiendo escenarios nacionales. Esa referencia estaba presente en los distintos niveles de abstracción de su esquema. Regía en la formación de los valores individuales y sociales de las mercancías, en las técnicas modales definitorias de la productividad sectorial, en la formación de la ganancia media y en los precios de producción, mercado o monopolio.

Estos pilares analíticos fueron radicalmente modificados por el diagrama de variables internacionalizadas que postuló Emmanuel. La referencia británica de Marx fue sustituida por un equivalente global. Esa reconsideración era lógica un siglo después de publicado El Capital. ¿Pero correspondía evaluar el intercambio desigual en un marco de economías totalmente globalizadas?

Un destacado teórico objetó ese supuesto remarcando la continuada relevancia de las variables nacionales. Observó que los precios de producción y las ganancias medias continuaban establecidos a esa escala, determinando una variedad de situaciones yuxtapuestas en el plano mundial. Destacó que la ausencia de instituciones estatales mundiales determinaba la continuidad de monedas, aranceles, tipos de cambio y precios nacionalmente diferenciados (Mandel, 1978: cap XI).

Esa visión deducía el intercambio desigual de las transacciones entre mercancías, con cantidades diferentes de horas trabajadas para su producción. Entendía que las transferencias de plusvalía se consumaban por la mayor remuneración internacional del trabajo más industrializado.

Era una tesis afín al marco keynesiano de posguerra y a los modelos de sustitución de importaciones en las semiperiferias. En ambos polos prevalecía la fabricación nacional integrada. El sello aclaratorio del lugar de producción expresaba una elaboración completa al interior de cada país.

Pero este enfoque fue objetado por otra interpretación, que subrayó la vigencia de un nuevo marco de variables internacionalizadas. Explicó la centralidad del intercambio desigual por la novedosa fractura, entre capitales circulantes por todo el planeta y fuerzas de trabajo atadas a la localización nacional.

Esta visión cuestionó la presentación de la economía mundial como un conglomerado de unidades yuxtapuestas y subrayó la preeminencia de un funcionamiento internacionalizado. Señaló que el “valor mundial” constituía un nuevo principio ordenador de todas las categorías del capitalismo (Amin, 1973: 12-87).

Otros autores profundizaron esa conceptualización, contrastando explícitamente el escenario de Marx con la nueva era de firmas multinacionales. Señalaron que las empresas, ramas y procesos de producción ya operaban en forma internacionalizada a escala intra e intersectorial (Carchedi, 1991, cap 3 y 7).

Marini no definió su preferencia por uno u otro enfoque en su obra de los años 60-70. Pero posteriormente subrayó la contundente primacía del curso globalizador (Marini, 2007: 231-252). Ese rumbo se ha profundizado y requiere otra conceptualización.

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