miércoles, 27 de agosto de 2025

América Latina y el Caribe ante la desesperación de EEUU

 

América Latina y el Caribe ante la desesperación de EEUU

 

Diario octubre / agosto 25, 2025

 

El consenso general en América Latina y el Caribe es que el crimen organizado es la amenaza principal para la seguridad de la región. Lo que generalmente se omite notar es el papel central del gobierno norteamericano en la manipulación de las estructuras regionales del crimen organizado y el lavado del dinero para poder justificar su amenazante presencia militar. La propaganda norteamericana ocupa la coartada de estar luchando contra el crimen organizado y el narcotráfico para justificar su extensa presencia militar en la región. Últimamente, ha servido al gobierno del presidente Trump para amenazar a México con posibles incursiones militares y para movilizar buques de guerra con capacidad de asalto anfibio y contingentes y de marines para amedrentar a Venezuela

De hecho, desde hace décadas se ha demostrado de manera contundente que las instituciones financieras norteamericanas lavan el dinero del narcotráfico y que las autoridades norteamericanas fomentan el crimen organizado y el narcotráfico por medio de la CIA y su llamada agencia antidrogas, la DEA. Hace más de 15 años las autoridades venezolanas establecieron que la DEA es meramente otro cartel del narcotráfico regional. Es notorio que la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito reportó en 2009 que fue dinero del crimen organizado y el narcotráfico que mantenía a flote el sistema bancaria norteamericana durante el colapso financiero de 2008-2009.

Los datos del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), establecido por los países ricos del G7 en 1989 para controlar el lavado del dinero internacional, señalan que entre 2% y 5% del Producto Interno Bruto del mundo procede de actividades ilícitas. Las jurisdicciones norteamericanas y británicas se encuentran entre las cinco más involucradas en el lavado de dinero, junto con la de Suiza. El mismo FBI norteamericano calcula que en la jurisdicción norteamericana se procesan más de US$300 mil millones en fondos ilícitos al año. Un monto similar de fondos ilícitos se procesa en el sistema financiero europeo.

Este año, el pasado 2 de marzo, el Departamento de la Tesorería del gobierno norteamericano suspendió la aplicación de la Ley de Transparencia Corporativa, una legislación supuestamente diseñado para controlar el lavado de dinero. En teoría, la próxima valoración por el GAFI, programado para febrero del próximo año, tendrá que asignar la categoría “gris” al sistema financiero norteamericano por no cumplir con las normas internacionales. Sin embargo, esencialmente, GAFI es otro protagonista de la farsa perenne en que las instituciones controladas por el Occidente colectivo asesoran y valoran a sus propios dueños mientras denuncian y condenan a los gobiernos y naciones que rechazan el control occidental.

Este teatro regulador alimenta la implacable guerra psicológica que justifica las agresiones diplomáticas, económicas y terroristas desplegadas por los países occidentales para desestabilizar regiones enteras del mundo. Como secuela de la contundente derrota de la OTAN en su guerra contra Rusia en Ucrania, algunos observadores occidentales perciben el desarrollo de un nuevo orden internacional político-militar basado en el concepto de respectivas esferas de influencia. Este concepto desfasado del Siglo 19 plantea que el poder regional dominante puede asumir el derecho de imponer su voluntad sobre países vecinos más débiles.

En cambio, desde el fin de la Guerra Fría al fin del siglo pasado, los gobiernos de Rusia y China han desarrollado como guía para las relaciones internacionales el concepto de la seguridad indivisible logrado por medio del diálogo y el respeto a los intereses de cada país. En el contexto europeo este principio se estableció formalmente en la Carta de Istanbul de 1999 y la Declaración de Astana de 2010. De hecho, los gobiernos de los países de la OTAN lo han ignorado completamente. Hasta 2022, seguían su amenazante expansión hacia las fronteras de Rusia y ahora resulta que enfrentan un contundente derrota estratégica en Ucrania.

Basado en los mismos principios del diálogo y respeto para los intereses de otros países, desde 2022 China ha impulsado su Iniciativa de Seguridad Global, la cual lleva a un nivel y alcance más amplio la visión enunciada en 2014 por la Comunidad de Estados Latinoaméricanos y Caribeños al declarar nuestra región como una región de Paz. Sin embargo, el Comando Sur norteamericano protagoniza la política exterior de su país, basado siempre en la Doctrina Monroe y la diplomacia de las cañoneras. Esta semana, el jefe del Comando Sur, Almirante Alvin Holsey dio continuidad al programa intervencionista de la jefa anterior, la General Laura Richardson, con visitas a República Dominicana, Panamá, Argentina y Paraguay.

La intromisión norteamericana en la región se ha intensificado notablemente con la fusión en la figura de Marco Rubio de las funciones de Secretario de Estado y Asesor de la Seguridad Nacional en el gobierno del presidente Trump. De hecho, la carrera política del Marco Rubio ha sido como representante de las redes del crimen organizado, narcotráfico y terrorismo de la mafia cubana en Miami. En enero de este año, Rubio declaró a una comisión del Senado norteamericano que China es “el adversario casi a la par nuestro más potente y peligroso que esta nación haya enfrentado jamás”.

Con razón la Cancillería china ha criticado “la mentalidad de Guerra Fría” de Marco Rubio. De hecho, la guerra de aranceles desatada por el presidente Trump ha demostrado que la economía norteamericana está muy por detrás de la capacidad productiva y comercial de China. De igual manera, el poder militar norteamericano tampoco está a la par de las fuerzas armadas de la Federación Rusa. El creciente reconocimiento de esta realidad y del cada vez mayor cooperación entre los países del mundo mayoritario en defensa de sus intereses ha forzado a la clase gobernante norteamericano enfocar su atención mucho más en América Latina y el Caribe con el fin de asegurar su acceso a los recursos naturales de la región.

A primera vista el panorama político de la región parece bastante favorable para los intereses norteamericanas, porque predominan las fuerzas políticas de derecha o centro-derecha. Pero hay que señalar varios factores que contrarrestan el criminal impulso norteamericano para ampliar y profundizar su control neocolonial de la región. Primero, el control político interno de los gobiernos aliados norteamericanos es frágil por motivo de la precariedad socioeconómica de la mayoría de sus poblaciones y la fortaleza de los movimientos sociales para resistir las políticas neoliberales de los gobiernos.

En segundo lugar, para mantener la estabilidad comercial y financiera, estos gobiernos reaccionarios necesitan colaborar e intercambiar con la economía de la República Popular China y con las economías asiáticos en general. Saben perfectamente que su relación con la economía norteamericana es una de servir como territorios a ser saqueado a cambio de nada, aparte del desprecio y soberbia de siempre. Entrelazado con estas dos consideraciones está el aspecto fundamental político-afectivo que es inseparable del tema de la reducción de la pobreza.

Casi todos los gobiernos de la región sufren bajos niveles de crecimiento económico y casi todos, con diferentes niveles de seriedad y compromiso, pretenden querer reducir la pobreza. Pero la reducción de pobreza toma diferentes formas en dependencia de la visión económica de los respectivos gobiernos. Los gobiernos de Chile, Ecuador, Paraguay o Perú priorizan las ganancias de sus élites y una economía que deja caer hacia abajo algunas gotas de riqueza para las mayorías. Los gobiernos de Brasil, Colombia y México, se distinguen por mayor compromiso con la reducción de pobreza por medio de robustas intervenciones estatales. La variedad revolucionaria de la reducción de pobreza en Cuba, Nicaragua y Venezuela ha priorizado la democratización económica para hacer florecer el potencial humano de sus familias, de la juventud, enfocada en el desarrollo de la persona humana.

Es precisamente el imperativo fascista de sofocar esta democratización revolucionaria que motiva el genocida bloqueo contra Cuba y las agresivas medidas coercitivas unilaterales de parte del gobierno norteamericano y sus aliados europeos contra Venezuela y Nicaragua. No es casualidad que Brasil, Colombia y México hayan incurrido en el disgusto del gobierno norteamericano porque abogan por una visión del desarrollo humano más alineado con la visión china de un destino de futuro compartido de la humanidad. La cuarta Cumbre China-CELAC en mayo de este año confirmó la determinación de la República Popular China de sostener sus relaciones del desarrollo económico hacia un futuro compartido con todos los países de la región.

Al final, la desesperación de las élites gobernantes norteamericanas es que no pueden frenar el desarrollo de la región con la República Popular China de las relaciones comerciales, financieras y de inversión en infraestructura para la conectividad. Tampoco pueden sofocar la visión político-afectivo compartido con China de hacer florecer el potencial de los pueblos creando mayores espacios de todo tipo para el desarrollo de la persona humana. Las oligarquías locales de nuestra región se debaten entre la necesidad de desarrollar buenas relaciones con China y su sumisión tradicional a las élites gobernantes norteamericanas.

El terrorista quehacer de Donald Trump y Marco Rubio alrededor del mundo responde a la desesperación de las criminales élites gobernantes que los patrocinan.

En el caso de América Latina y el Caribe, nuestro Copresidente Comandante Daniel expresó esta realidad en la XIII Cumbre Extraordinaria del ALBA-TCP cuando observó:

“A eso es que le tienen terror los Imperialistas, a lo que es la fuerza de los pueblos cuando se deciden a luchar y cuando hay dirigentes como Chávez, en el caso de Venezuela, que asumió de frente el reto, el desafío, de luchar por la paz, luchar por el beneficio de los pueblos. No se planteó ninguna guerra Chávez, igual Nicolás. Pero está el ejemplo que son revoluciones y está el ejemplo de la Revolución Cubana y está el ejemplo de la Revolución Sandinista. Entonces hay que liquidarlas, para que los imperialistas puedan adueñarse de la soberanía de los pueblos de América Latina y el Caribe. Pero ¡no podrán! ¡Ni pudieron, ni podrán!”.

Fuente: radiolaprimerisima.com

 *++

Centenario Sacristán [España]

 

Hoy, 27 de agosto de 2025, se cumplen 40 años del fallecimiento de Manuel Sacristán, uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX, una de las cimas del marxismo español, iberoamericano y europeo. ¿Qué queda, qué quedará de su obra, de su praxis?


TOPOEXPRESS


Centenario Sacristán

 

Salvador López Arnal

El Viejo Topo

27 agosto, 2025 



¿QUÉ QUEDA DE LA OBRA Y PRAXIS DE MANUEL SACRISTÁN LUZÓN EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU NACIMIENTO?

 

                                                                                                     Para los lectores y estudiosos de la obra de Manuel Sacristán.

                                                                                      Para Paco Fernández Buey (1943-2012), in memoriam et ad honorem.  

Hoy, 27 de agosto de 2025, hace 40 años del fallecimiento de Manuel Sacristán, uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX, una de las cimas del marxismo español, iberoamericano y europeo. El próximo 5 de septiembre recordaremos el primer centenario de su nacimiento. ¿Qué queda, qué quedará de su obra, de su praxis?

Si las cosas no empeoran más y seguimos amando, pensando y luchando a lo largo de este siglo, el Siglo de la Gran Prueba en el decir de uno de sus grandes discípulos, Jorge Riechmann, de la praxis del traductor de Gramsci y Quine queda y quedará su inquebrantable compromiso con los más vulnerables; su decisiva participación en la lucha antifranquista desde posiciones comunistas democráticas a lo largo de más de dos décadas; sus 23 años de militancia en el duramente perseguido partido de los comunistas españoles y catalanes (PSUC-PCE), del que fue dirigente durante unos 15 años, tras renunciar a una plaza de profesor en el Instituto de Lógica Matemática y de Fundamentos de la Ciencia de la Universidad de Münster (Westfalia) donde estudió entre 1954 y 1956.

Queda y quedará su apoyo a las luchas mineras asturianas (recordemos a Rafael González, minero asesinado en 1963, a los 36 años) y a muchas otras luchas obreras; su firme y arriesgada protesta (en compañía de muy pocos) contra el vil asesinato de Julián Grimau; su decisiva participación en la formación del SDEUB (Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona); su radical rechazo de la invasión de Checoslovaquia y del aplastamiento de la Primavera de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia (“veremos cosas peores”, señaló con trágico acierto); su equilibrado balance crítico de las luchas (no solo parisinas) de Mayo del 68; su participación en el encierro de Montserrat en protesta por las condenas a muerte del juicio de Burgos.

Quedará, debe quedar también, la indignación de los estudiantes antifranquistas y la ciudadanía democrática por sus dos expulsiones universitarias, por el maltrato que sufrió a lo largo de años y años, por la represión a la que fue sometido. Era un rojo, lo trataron como tal. Pero nunca lograron doblegarle.

Seguiremos recordando su decidida participación en la lucha de los profesores no numerarios, su apoyo a la lucha de maestros y profesores de secundaria, sus clases de alfabetización de adultos en la parroquia de Can Serra (L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona), su coraje político y su protagonismo en la (polémica) constitución de la federación de enseñanza de CC.OO., en las luchas antinucleares de los años setenta y ochenta (fue miembro del Comité Antinuclear de Cataluña, CANC), en la lucha ecologista en general, en la lucha pacifista y antimilitarista, y especialmente en la movilización antiotánica (¿Quién ha podido olvidar su “La OTAN hacia dentro”?). También su apoyo a la lucha feminista (mientras tanto fue, sigue siendo, una revista rojo-verde-violeta), sus documentadas y sentidas críticas a las posiciones defendidas por la izquierda institucional durante los años de la transición política española, sus certeras críticas al estalinismo, su concepto fuerte, no demediado, de democracia y de las libertades ciudadanas y obreras, la autenticidad y veracidad de su autocrítica: “En Lukács, como en cualquier comunista inteligente, crítica del estalinismo es autocrítica, porque no es sensato creerse insolidario de treinta años del propio pasado político, aunque uno tenga sólo veinte”.

Manuel Sacristán, como dijera Brecht y cantara Silvio Rodríguez, fue un imprescindible, y es justo y razonable que le sigamos considerando como tal. Una muy activa y arriesgada vida militante y filosófica contra la barbarie, una larga trayectoria de lucha guiada por la conquista de una Humanidad libre, justa, fraterna y ecológicamente sostenible. Paco Fernández Buey, discípulo, amigo y compañero suyo en mil combates, lo ha expresado así: “Nunca conocí otro maestro igual: tan riguroso en las cosas del conocimiento y tan desprendido en la entrega a ideales colectivos. Acababa entonces de leer el barojiano árbol de la ciencia y su figura se me antojaba como una síntesis de filósofo y biósofo”. Sacristán, añadía el autor de Marx (sin ismos), “fue un marxista que en su obra trató siempre de complementar conocimiento científico y pasión ético-política. Y lo hacía, buscaba complementar estas dos cosas, con espíritu didáctico o pedagógico, con la intención de servir a los otros, a los anónimos, a los sin nombre, a los de abajo”.

De esas arriesgadas prácticas que conllevaron vigilancia, controles, detenciones, encarcelamientos y sufrimiento surgieron textos y reflexiones esenciales para las tradiciones emancipatorias, para la lucha antifranquista, para la cultura democrático-socialista (nunca fue Sacristán un marxista teórico sin praxis; “no hay marxismo de mera erudición” escribió). Por ejemplo: “Para leer el Manifiesto comunista” (con la colaboración de Giulia Adinolfi, su esposa, y Pilar Fibla), “Tres notas sobre la alianza impía”, “Studium generale para todos los días de la semana”, “Por una universidad democrática”, “’El diálogo’: consideración del nombre, los sujetos y el contexto”, “La universidad y la división del trabajo”, “Amb tots los bons que em trob en companyia (Raimon 1959-1973)”. Muchos otros.

Es tarea nuestra que estas aristas prácticas, esenciales en su estar en el mundo, no se vayan desdibujando con el tiempo (¡nuestra memoria no suele acuñar bien sus monedas!), porque Sacristán, como su amado Gramsci (“alguien digno de amor”, escribió; también él lo era) y muchos de sus amigos y discípulos y amigos (Paco Fernández Buey, Toni Domènech, Juan-Ramón Capella, Jacobo Muñoz, Víctor Ríos, Miguel Candel, Félix Ovejero, Joaquim Sempere, Manolo Monereo, Manuel Cañada y muchos otros y otras), fue un agudo filósofo de la praxis, en el sentido por él mismo señalado en una nota al pie de página de “El filosofar de Lenin”: “… que la descripción de Althusser es formal, que se trata de saber en qué consiste la nueva práctica, y que para esa pregunta los marxistas de la “prassi” tenían precisamente una respuesta de interés: el filosofar del marxismo es el filosofar de la práctica marxista (en genetivo subjetivo, no objetivo: de la práctica, no sobre la práctica), práctica que se caracteriza por su excepción de ideología, por ser un modo de “liberarse de la filosofía sustantiva”, como decía Labriola.”

De nosotros (y de los “por venir”), depende que no habite el olvido en esta cara esencial del rico y sólido poliedro (excelente metáfora de Xavier Juncosa) que el traductor del Anti-Dühring representa. Sacristán fue capaz de alimentar ininterrumpidamente y en duras circunstancias la necesaria llama resistente de siempre.

De su obra teórica, mucha de ella no estrictamente teórica como se ha señalado, habría que decir aquello que él mismo dijera de Heinrich Scholz, uno de sus pocos maestros: “Personalidad muy rica, Scholz deja tras de si una obra verdaderamente considerable, cuya parte no escrita -los discípulos, el Instituto de Münster y la red de relaciones que supo establecer con otros centros de la lógica simbólica o matemática- sobrepasa sin duda la importancia ya muy respetable de su legado literario.” Lo mismo en su caso, con sus variantes singulares. Su aportación rebasa con mucho lo que hay (que no es poco ni menor) en sus libros, ensayos, notas y artículos publicados (o pendientes de publicar). Muchos de quienes escribieron sobre él en los días que siguieron a su muerte reconocieron haber aprendido de él tanto en lo que escribía cuando en lo que hacía y en el trato personal. Paco Fernández Buey y Félix Ovejero han remarcado este punto con toda razón.

Empero, no ha habido ni habrá, hablando propiamente, “sacristanismo”, “paradigma Sacristán”, “cosmovisión Sacristán”, “escuela Sacristán”. No existe ningún “sistema filosófico” (en la acepción clásica del concepto) a él atribuible que hayamos heredado. Nunca fue ese el objetivo de su filosofar. El traductor de El Capital no nos ha dejado una ética, una estética, una lógica, una metafísica, una ontología,…

Pero queda -y debe quedar- su impecable rigor intelectual, su estilo filosófico, su método de estudio y análisis, su pasión por la verdad y el conocimiento, su incansable labor socrática (Joaquim Sempere), su agudeza crítica, su “saber leer”, su ser y estar filosóficos (“Por muy dentro que que se encuentre de una tradición, el filósofo digno de ese nombre escribe precisamente para alterarla en mayor o menor medida, para añadir temática, o para rectificar puntos del método de ella, o para someter a examen crítico su modo de validez, su capacidad de evolucionar, etc”), sus ideas sobre modos de vida alternativos, sobre formas del buen vivir (Epicuro fue filósofo cercano), su racionalismo documentado y atemperado (“el hecho de que la lógica misma haya descubierto y demostrado los límites o la inviabilidad de una realización universal del programa algorítmico, en su forma clásica, es más un éxito que un fracaso de la actividad capaz de tal resultado.”), su lucha ininterrumpida contra las diversas formas de irracionalismo, sus nunca olvidadas aproximaciones a la vida y obra de Antonio Gramsci (con el excepcional trabajo de edición de Albert Domingo Curto), sus neologismos: letrateniente, tontiastuto, cultiprofundo, tonitruante, remurimiento, sus ricas aportaciones a los conceptos de práctica y dialéctica, y la ausencia de idealización al hablar de la relación entre la Naturaleza y el ser humano (también él Naturaleza).

También su concepción práxica, nada dogmática ni sectaria ni conservadora, de la tradición: “No se debe ser marxista (Marx); lo único que tiene interés es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradición que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan”;  su reflexión sobre el marxismo como una religión obrera: “el marxismo ha sido y es mucho más una religión que una ciencia. Esto es obvio, obvio para cualquiera que tenga dos ojos y quiere mirar. La aplastante mayoría de los militantes marxistas ha sido fiel de una religión. No han sido cultivadores fríos de unos teoremas”; su ampliación y renovación de la teoría (y de la praxis) marxista; la rectificación de erróneas ideas emancipatorias como la aspiración a un comunismo de la abundancia; su concepción del filosofar como un enfrentamiento reflexivo y comprometido con la realidad y la vida, como reflexión crítica ininterrumpida sobre la naturaleza y la sociedad entendidas como un todo.

Quedará, debe quedar un Sacristán epígono de Sócrates si se quiere, fuertemente asentado en una amplia y larga tradición filosófica. Quedará su vida de filósofo, su filosofar sobre la vida (Félix Ovejero, Joaquín Miras), su papel de profeta ejemplar (Antoni Domènech), que no de profeta guía, su concepción del socialismo: “El asunto real que anda por detrás de tanta lectura es la cuestión política de si la naturaleza del socialismo es hacer lo mismo que el capitalismo, aunque mejor, o consiste en vivir otra cosa”. Es vivir otra cosa, nos enseñó.

Podremos seguir leyendo, aprendiendo y disfrutando de sus textos de crítica literaria y teatral (Alberti, Wilder, Eugene O’Neill, Sánchez Ferlosio, Goethe, Heine, Brossa, Raimon), de sus interesantes escritos de juventud (personalismo, Simone Weil, Unamuno, Montesquieu, Kant, Husserl), de su tesis doctoral sobre la gnoseología de Heidegger (con su magnífico capítulo de conclusiones), de sus ricas y decisivas aportaciones al desarrollo y consolidación de la lógica y la filosofía de la lógica en España (¡cuánto bien hizo su Introducción a la lógica y al análisis formal!), de sus ricas (y críticas) aproximaciones a la obra de Ortega, de sus anotaciones de lectura (y aforismos) a grandes clásicos de las tradiciones filosóficas marxista y analítica (“¿Por qué ningún gran pensador se acuerda de la ocupación de barrer o eliminar lo barrido?”; “Marx es, como Kant o Freud, iniciador de un camino: está confuso a menudo, perplejo e indeciso sin saberlo.”), de sus observaciones metacientíficas (“No hay theoria que no se prolongue en techné, si es buena teoría. Pero eso es una cosa, y otra que hay que manipular menos y acariciar más la naturaleza. Lo esencial es que la técnica de acariciar no puede basarse sino en la misma teoría que posibilita la técnica del violar y destruir”), de su realismo: ni progresista ni fantasmagórico y siempre con nítida mirada autocrítica: “Me parece [carta a Félix Novales] que, a pesar de las diferencias, ninguna historia de errores, irrealismos y sectarismos es excepcional en la izquierda española. El que esté libre de todas esas cosas, que tire la primera piedra. Estoy seguro de que no habrá pedrea”.

Seguiremos aprendiendo de su reflexión sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores, que tanto agitó (y sigue agitando) las estancadas aguas de la filosofía española de los años sesenta, setenta y posteriores. Quedará (para seguir deslumbrados) su ingente obra de trabajador editorial, su impresionante trabajo de editor –pane lucrando, pero también de grandísima incidencia cultural-, de traductor (90 libros, más de 26.000 páginas, 5.000 de ellas de Lukács). Seguiremos recordando el proyecto OME (Obras de Marx y Engels) que tuvo entre manos y cerebro (12 libros editados de los casi 70 proyectados) y las revistas en las que participó, dirigió en ocasiones, y dejó huella: Qvadrante, Laye, Nuestras Ideas, Quaderns de cultura catalana, Nous Horitzons, Veritat, Materiales, mientras tanto.

Nos quedará la lectura y relectura de sus prólogos imperecederos (sí, fue también un filósofo de prólogos, ¿pasa algo?), de las entrevistas (más que entrevistas muchas de ellas), de sus notas editoriales, de sus textos de intervención política siempre de interés y con buena crítica: sobre libertad y privaticidad, sobre el diálogo entre marxistas y cristianos, sobre la polémica de la austeridad, sobre el aceite de colza, sobre el peligro de las guerras con armamento nuclear, sobre las huelgas de hambre.

Quedarán sus grandes textos sobre la universidad, incluyendo su nunca olvidado “Studium Generale para todos los días de la semana”: “Por todo eso, la única manera de ser de verdad un intelectual y un hombre de lo que Goethe llamó la armonía, de la existencia humana sin amputaciones sociales, es una manera militante; consiste en luchar siempre, prácticamente, realmente, contra la actual irracionalidad de la división del trabajo, y luego, el que aún esté vivo, contra el nuevo punto débil que presenta entonces esa vieja mutilación de los hombres. Y así sucesivamente, a lo largo de una de las muchas asíntotas que parecen ser la descripción más adecuada de la vida humana. Lo demás es utopía, cuando no es interés. Esto, en cambio, es un Studium generale y hasta un vivir general para todos los días de la semana.”

Quedarán también sus clases de Metodología de las ciencias sociales (“una obra de arte”, como dijera Karl Popper de las clases de Moritz Schlick), incluidos sus cursos impartidos en la UNAM: Ignacio Perrotini, Carolina Fortuno y Jorge Moreira fueron tres de sus alumnos. (Algunas de esas clases grabadas y transcritas se están editando en Filosofía y Metodología de las Ciencias Sociales I, II, III). Quedará el vívido recuerdo de su deslumbrante castellano oral, de sus conferencias (cinco de ellas pueden oírse en el material complementario que acompaña a los documentales de Xavier Juncosa, “Integral Sacristán”), conferencias que siguen imborrables en la memoria de muchos y que fueron durante décadas una aportación esencial a la formación ciudadana y universitaria, verdaderos “acontecimientos culturales de masas” muchas veces. Quedarán sus textos de marxista estudioso, agudo, penetrante y crítico (“El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, “Karl Marx como sociólogo de la ciencia”, ¿Qué Marx se leerá en el siglo XXI?”), sus textos sobre el filosofar de Lenin, sus aportaciones sobre Engels, al que nunca consideró un segundo violín desafinado de la orquesta marxiana (“La tarea de Engels en el Anti-Dühring” es uno de sus grandes clásicos). Nos quedarán, es justo destacarlo, sus pioneras intervenciones sobre temas ecologistas (“Hasta la astronomía y la matemática dan pie a movimientos cuando afectan a la visión del mundo y de la vida. Mucho más una ciencia con componente sociológica evidente, como es la ecología humana”), sus textos pacifistas y antimilitaristas, sus escritos de política socialista de la ciencia, los dedicados a los atisbos ecológicos en la obra de Marx, y a la tradición y los nuevos problemas, su idea de conversión del sujeto transformador. Quedarán sus trabajos sobre Gramsci, Lukács, Labriola, Heller, Harich, Markus, Labriola, Korsch y tantos otros, y esa maravilla filosófica que crece y crece con el tiempo: sus anotaciones a la biografía de Gerónimo editada por S.M. Barrett: “…los indios por los que aquí más nos interesamos son los que mejor conservan en los Estados Unidos sus lenguas, sus culturas, sus religiones incluso, bajo nombres cristianos que apenas disfrazan los viejos ritos. Y su ejemplo indica que tal vez no sea siempre verdad eso que, de viejo, afirmaba el mismo Gerónimo, a saber, que no hay que dar batallas que se sabe perdidas. Es dudoso que hoy hubiera una consciencia apache si las bandas de Victorio y de Gerónimo no hubieran arrostrado el calvario de diez años de derrotas admirables, ahora va a hacer un siglo”.

En fin, como señaló Félix Ovejero, Sacristán fue un sabio, y el sabio “no juega con las ideas. No le vale cualquier idea porque sus ideas rigen su vida y quiere llevar su vida de la mejor manera. Se piensa en serio, como le gustaba decir a Sacristán”.

Además de sabio, Sacristán es también un autor clásico, cada vez más clásico, y, como él mismo dijera de Gramsci, los clásicos merecen no estar de moda nunca y ser leídos siempre y por todos (que así sea siempre en su caso). Con una observación complementaria apuntada por uno de sus grandes discípulos, el más “metafísico” de ellos: “La fidelidad a los clásicos exige recuperar no tanto su letra como su actitud ante el mundo. Al filósofo debe importarle menos saber qué pensaba realmente el Platón histórico que saber pensar hoy la realidad con tanta lucidez como la pensaba Platón, aunque al hacerlo acabemos llevándole la contraria en determinadas cuestiones. Una actitud, pues, más cercana a la de Spinoza o Leibniz que a la de Nietzsche o Heidegger. A los primeros no les movía ningún prurito de fidelidad a los clásicos, con lo que de hecho fueron más respetuosos con ellos que los segundos, cuya reverente exégesis acaba siendo a menudo un mero “llevar el agua a su molino”.” (Miguel Candel, Más allá del ser y el no ser, Barcelona: Néctar editorial, 2024, p. 25). La misma actitud en su caso.

Y hay más: en un decir orteguiano que recordó Victor Sánchez de Zavala tras el fallecimiento de su amigo, también Víctor Méndez Baiges más recientemente en su imprescindible La tradición de la intradición, es una impiedad limitarse a leer a los grandes maestros, de lo que se trata es de imitar sus virtudes. Ortega pensaría probablemente en las virtudes dianoéticas, intelectuales; añadamos nosotros las poliéticas.

La tarea es entonces, si cabe, más difícil, mucho más difícil, porque Sacristán, con excelente sentido del humor incluso en duros momentos de derrota (“hablar y escribir como derrotados con buen humor, con autoironía” dijo en sus últimos años), fue, como recordábamos, en serio, muy en serio. Su hacer, su pensar, su ejemplo, nos hizo, nos hace mejores.

En 1979, en los compases finales de una conferencia sobre una política socialista de la ciencia en la que estaba presente su amigo José María Valverde,  recitó unos versos de Guillevic (poeta desconocido entonces para muchos de nosotros) que mucho dicen de su forma de concebir la tradición emancipatoria, su sentido de la vida, la solidez de su militancia:

 

Nous n’avons jamais dit

Que vivre c’est facile

(No hemos dicho nunca

que vivir sea fácil)

Et que c’est simple de s’aimer…

(ni que sea sencillo amarse…)

Ce sera tellement autre chose

(Pero será todo muy distinto)

Alors. Nous espérons

(Por lo tanto, tenemos esperanza)

 

P.S. Pensando sobre el Marx que leeríamos en el siglo XXI, el que fuera dirigente del PSUC-PCE, miembro de  CC.OO., del CANC y de los Comités anti-OTAN señaló que una palabra tan camp como «revolucionario» fuera tal vez la que describía más adecuadamente la personalidad del compañero de Jenny von Westphalen, del padre de Tussy Marx, y el asunto central de su obra y de su práctica. Acaso nosotros podemos pensar hoy que esa misma palabra, que sigue siendo tan camp como entonces, acaso más, es  una de las que mejor le describe también a él.

Su discípulo Víctor Ríos así lo señaló en la conferencia inaugural (Aula Magna de la UB) de las Jornadas dedicadas a su amigo y maestro en el vigésimo año de su fallecimiento. Y, en mi opinión, dio en la diana, en el centro de la diana, en el corazón del proyecto político-filosófico-vital del que fuera luchador comunista antifranquista, gran filósofo, estudioso marxista adicto a la lógica, director de mientras tanto, ecomunista (Ariel Petruccelli) internacionalista, traductor de El Capital y esposo-compañero de la hispanista italiana Giulia Adinolfi.

 *++

El insulto y la mentira como estrategia política [España]

 

El insulto y la mentira como estrategia política

 

Quim González Muntadas

Kaosenlared 

27/08/2025

 

Fuentes: Nueva Tribuna


La derecha española ha hecho del insulto una seña de identidad y un instrumento de agitación, una bandera emocional que les resulta rentable en votos.

A la directora de Protección Civil, Virginia Barcones, le están lloviendo insultos desde la derecha, especialmente después de que el vicesecretario de Política Autonómica y Municipal y Análisis Electoral del PP, Elías Bendodo, la llamara “pirómana”. No son exabruptos espontáneos ni un calentón de tertuliano, son parte de una estrategia política bien calculada. En vez de responder con datos, se recurre a la descalificación. El insulto sirve para desviar la atención, movilizar a los propios, ocupar titulares y sustituir el debate racional por el sobresalto emocional.

El insulto no es “solo expresarse”, es un acto agresivo, un ataque que añade a la palabra un componente de violencia. En ese sentido tiene una doble dimensión. Por un lado, refleja la carencia de argumentos y la incapacidad de sostener un diálogo deliberativo. Por otro, activa emociones colectivas —ira, miedo, resentimiento— que se difunden mucho más rápido que cualquier propuesta seria. El Partido Popular lo sabe bien, cuanto más estridente sea un insulto, más eco tendrá en prensa, televisión y redes.

La derecha española ha hecho del insulto una seña de identidad y un instrumento de agitación, una bandera emocional que les resulta rentable en votos. Actúa como mecanismo de movilización negativa, degradando y empobreciendo el debate democrático. Vemos cada día cómo el insulto puede incluso deshumanizar poblaciones enteras, como ocurre con los inmigrantes o con los menores extranjeros no acompañados. O cómo se convierte en un apodo infame, “Perro Sánchez”, para ridiculizar al presidente del Gobierno y convertirlo en chivo expiatorio de todos los males.

El insulto revela, en definitiva, la incompetencia para el argumento racional y solvente. Se utiliza porque es fácil, porque genera visibilidad y porque evita hablar de lo que importa. Pero al hacerlo, destruye la posibilidad de un debate serio, introduce una negatividad tóxica en la esfera pública y desplaza el interés ciudadano hacia lo anecdótico.

No se trata de pedir buenos modales ni discursos edulcorados. La política puede y debe ser dura, incisiva, combativa. La crítica fuerte y la denuncia son necesarias. Pero una cosa es confrontar con datos y razones, otra muy distinta es reducir al adversario a un insulto. Lo primero fortalece la democracia, lo segundo la corroe.

Y sin embargo, incluso peor que el insulto es la mentira calculada y la manipulación de la verdad. Porque si el insulto degrada, la mentira envenena. Eso es exactamente lo que está haciendo Dolors Montserrat, secretaria general del PP europeo, al presentar el reciente Informe Especial 16/2025 del Tribunal de Cuentas Europeo, “Financiación de la UE para luchar contra los incendios forestales”, como si fuera una condena exclusiva al Gobierno central y a Pedro Sánchez. El informe señala que España destinó 221 millones de euros frente a los 837 de Grecia o los 615 de Portugal. Pero omitir que allí la competencia es estatal y aquí está transferida a las Comunidades Autónomas es falsear la realidad.

Dolors Montserrat sabe que el Tribunal de Cuentas critica a algunas comunidades autónomas, por ejecutar mal o de forma insuficiente las medidas de prevención. Lo sabe, porque lo dice el propio informe con ejemplos concretos, como el de Galicia y los cortafuegos. Pero prefiere esconderlo para atacar al Gobierno central, aunque eso signifique engañar a la opinión pública y tapar la responsabilidad de sus barones autonómicos. Esa manipulación es, si cabe, más grave que el insulto de Bendodo.

Porque insultar a una directora de Protección Civil es miserable, pero manipular informes europeos para fabricar culpables y proteger a los propios es aún peor: es hacer política a base de engaños, es dinamitar la confianza ciudadana en las instituciones, es demostrar que la mentira también se ha convertido en estrategia.

Decía alguien que “cuando uno insulta, deja de pensar”. En política es todavía peor: cuando se insulta o se miente, se pretende que los demás no pensemos.Y eso, en democracia, es despreciable.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/insulto-mentira-como-estrategia-politica/20250826142908241702.html

 *++

martes, 26 de agosto de 2025

UCRANIA VS RUSIA. EL VERDADERO PODER EN LA SOMBRA. EL DESTINO DE TRUMP Y...

LOS RUSOS A PUNTO DE TOMAR EL ESTRATÉGICO BOSQUE DE SEREBRIANKA.SE PREPA...

Romper la cadena

 

La servidumbre voluntaria de que nos hablaba La Boétie la vemos hoy muy bien representada por nuestros “líderes” europeos, al parecer contumaces en su propósito de llevarnos a una guerra que inevitablemente vamos a perder (incluso si acabara en victoria).


Romper la cadena

 

Miguel Candel

El Viejo Topo

26 agosto, 2025 

 

Romper cadenas ha sido siempre una metáfora idónea para referirse a los procesos de liberación en el terreno social y político. Por eso los reaccionarios españoles (esa «especie» que no parece correr ningún riesgo de extinción) que, con el infame rey felón Fernando VII a la cabeza, ahogaron en sangre los primeros intentos constitucionalistas de este país gritaban «¡Vivan las ca(d)enas!» Pero no, no hacemos aquí referencia a las cadenas del poder absolutista tradicional, sino a otra inmensa cadena que tiene atado a medio mundo: la cadena imperialista formada por los miembros de lo que Samir Amin llamaba la «Tríada»: los Estados Unidos, la Unión Europea y el Japón, así como los países que ejercen de vasallos directos de alguno de los anteriores, verbigracia el Canadá, Australia o Corea del Sur. El propio Samir Amin describe así los objetivos que persigue la Tríada imperialista en general y su líder indiscutible, los Estados Unidos, en particular:

El objetivo confesado de la nueva estrategia hegemónica de los Estados Unidos es el de no tolerar la existencia de ninguna potencia capaz de resistirse a las órdenes de Washington y, en consecuencia, el de tratar de desmantelar a todos los países considerados «demasiado grandes», así como el de crear el máximo de Estados títeres o residuales, presas fáciles para el establecimiento de bases norteamericanas que aseguren su «protección». Sólo un Estado tiene derecho a ser «grande»: los Estados Unidos. La estrategia global norteamericana tiene los siguientes objetivos: 1) neutralizar y doblegar a los otros socios de la tríada (Europa y el Japón) y minimizar la capacidad de dichos Estados para actuar fuera del regazo norteamericano; 2) establecer el control militar de la OTAN y «latinoamericanizar» a los antiguos pedazos del mundo soviético; 3) controlar en exclusiva Oriente Medio y Asia Central y sus recursos petrolíferos; 4) desmantelar China, asegurarse la subordinación de los otros grandes Estados (India, Brasil) e impedir la constitución de bloques regionales que podrían negociar los términos de la globalización; 5) marginar a las regiones del Sur que no tienen ningún interés estratégico. (Samir Amin, La Revolución de Octubre cien años después, Barcelona, El Viejo Topo, 2017, p. 57)

Teniendo esto presente se entiende perfectamente la consideración de Rusia y China como enemigos estratégicos, «sistémicos» o adjetivados de cualquier otra forma rimbombante que los ponga en el punto de mira. Cualquiera que no tenga el hábito de buscar información sobre política internacional más allá del domesticado círculo de los medios de (des)información hegemónicos se habrá tragado sin rechistar la leyenda negra tejida durante años sobre Rusia como ogro «imperialista» ávido de devorar tiernos infantes territoriales como Ucrania, Georgia, Polonia, los países bálticos y cualquier otro pedazo de tierra que hubiera formado antaño parte, no ya de la extinta Unión Soviética, sino del imperio zarista (no es raro oír por ahí calificar al presidente ruso Putin de «nuevo zar» u otras lindezas por el estilo).

Pero en realidad lo malo que tienen Rusia y China para la Tríada no es lo que esos países hayan hecho o hagan. Porque ¿qué han hecho? Rusia, reaccionar a partir del golpe de estado de Maidán en 2014 para evitar el riesgo cierto y seguro de perder la base naval de Sebastopol y tener a cambio bases militares de la OTAN a pocos centenares de kilómetros de Moscú y otros centros neurálgicos del país, así como impedir la represión contra la población rusófona de Ucrania. China, patrullar las aguas del Mar de China (que es de suponer que por algo se llama así…) y recordarle a los Estados Unidos que la soberanía sobre la antigua isla de Formosa, hoy Taiwan, le pertenece inequívocamente, derecho reconocido unánimemente (Estados Unidos incluidos) por las Naciones Unidas.

En definitiva, tal como se desprende del texto de Samir Amin arriba citado, el problema que tiene la Tríada con Rusia y China no es lo que éstas potencias hacen, sino lo que son: Estados «demasiado grandes», cuyo poderío militar en un caso y económico-militar en otro impide a la Tríada tenerlos bajo su completo dominio, como hace con tantos otros países. Para lograr, pues, los objetivos 1, 2 y 3 señalados por Amin los EE.UU. tienen que hacer lo que vienen haciendo desde que en 1991 se libraron del obstáculo que representaba para su total hegemonía el bloque soviético. Pero en España y otros muchos países «occidentales» la derecha paranoica (adjetivo que para algunas de las facciones de esa familia sociopolítica es un simple pleonasmo) no se ha enterado de qué va la película: no de ideología, sino de geopolítica. Que la Unión Soviética y su bloque tuvieran un sistema económico no homologable con el capitalismo en sentido estricto era lo de menos para los amos del sistema capitalista mundial (aunque agitaran continuamente el fantasma ideológico para asustar y tener bien recogidos bajo su faldón a los típicos reaccionarios viscerales e infantiloides de siempre): lo importante era que el bloque con mayor o menor propiedad llamado socialista les privaba de una parte enorme del pastel de la riqueza mundial. Por eso ahora una Rusia capitalista con pocos matices y una China controlada por un partido comunista pero que alberga y se mueve al ritmo de una de las economías capitalistas más grandes, florecientes y expansivas de la historia despiertan hasta el paroxismo la agresividad de los miembros de la Tríada. Y por eso los BRICS, simple plataforma de cooperación basada en acuerdos comerciales equitativos provocan la inquina de la Tríada, al no someterse al control ejercido sobre el comercio internacional por los miembros de la misma.

El capitalismo no siempre ni necesariamente conduce a la guerra. Pero en su versión imperialista es inevitable que lo haga. De ahí que lo que queda de izquierda organizada en el mundo deba proponerse como objetivo prioritario romper la cadena imperialista representada por la Tríada. Y como parece claro que esa izquierda residual no puede lograrlo con sus propios medios, que no serían otros que una serie de revoluciones anticapitalistas en un número significativo de países con suficiente potencial material y humano como para construir sociedades viables y fuertes no regidas por la lógica del capital, el único medio, hoy por hoy, al alcance de la izquierda es contribuir a ahondar al máximo los antagonismos que, dentro de un sistema-mundo capitalista como el actual, impiden que la cadena imperialista incorpore como firmes eslabones suyos todos los Estados que hoy quedan fuera de su control total.

Eso implica empezar por despertar del iluso sueño de una UE autónoma respecto de los EE.UU. ¿Hacen falta más pruebas de que eso es imposible que todo lo que viene ocurriendo en Europa desde la disolución del Pacto de Varsovia, ocasión pintiparada para que, mediante la paralela disolución de la OTAN, se hiciera realidad la visión que en algún momento tuvo el presidente francés De Gaulle de una Europa de las patrias (no de los mercaderes) del Atlántico a los Urales basada en la cooperación en condiciones de igualdad (algo mucho más próximo, digamos, al abierto sistema BRICS que a la actual autocracia bruselense)?

Claro que uno puede preguntarse perplejo por qué la UE, llegando al esperpéntico extremo de mostrarse (en apariencia, al menos) más papista que el papa Trump, insiste y persiste en la suicida idea de avanzar como sonámbula hacia la confrontación militar con Rusia. ¿Acaso coinciden los intereses de los países miembros de la UE con los de los EE.UU. hasta el extremo de renunciar a las ventajas del comercio con Rusia y someterse alegremente a unos draconianos aranceles impuestos por Washington a sus exportaciones con destino a los EE.UU.? Bien, no hablemos de países, hablemos de clases y todo cobrará sentido. Las clases dirigentes europeas tienen, directa o indirectamente, los mismos intereses que las élites norteamericanas. Están prácticamente machihembradas (en casos como el de la Bruja Von der Leyen, literalmente). Así que…

Y donde no llegan los intereses reales llega la ideología, que en sentido marxista (que no es el original, pues empezó siendo un simple «estudio de las ideas», pero es el sentido que acabó predominando) no es más que una visión siempre simplificada –y a menudo deformada– de la realidad. De modo que, cegados por la ideología que podríamos llamar «occidentalista», muchos seguidores de a pie de las élites dirigentes de la Tríada acaban comprando todo el «paquete» (perdón, el «pack») y, además de votar entusiastas a partidos con programas contrarios a sus intereses reales, hacen suyas (y las exhiben en Whatsapp) todas las banderas enarboladas por los dirigentes de la Tríada, desde la bicolor azul desteñido y gualda de Ucrania hasta la de la estrella de seis puntas flanqueada por los ríos Nilo y Éufrates (sendas franjas azules que hoy sería más justo pintar de rojo sangre). Son como los niños enfundados en las camisetas de sus ídolos futbolísticos. Pero unos niños grandes y nada inocentes a quienes día llegará que se les pidan cuentas por su servil contribución a tensar la cadena en absoluto metafórica que mantiene aherrojada a más de media humanidad. Porque, análogamente a como se dice en derecho, la ignorancia de la ley moral no excusa de su cumplimiento.

Fuente: Crónica Política

 

Venezuela despliega todo el sistema defensivo nacional ante amenazas de EE.UU.

 

Venezuela despliega todo el sistema defensivo nacional ante amenazas de EE.UU.

 

Diario octubre / agosto 26, 2025

 

“Fue sometido a un proceso intenso de aceleración y reorganización dinámica todo el sistema defensivo nacional, porque está desplegado las 24 horas de los 365 días”, aclaró el jefe de Estado venezolano.

“El primer poder que tenemos es nuestra ética, nuestra espiritualidad, nuestra historia, nuestra moral y ese poder está activado a nivel que el imperio ni se imagina”, afirmó Maduro Moros. Foto: Prensa Presidencial.

Final del formulario

Como parte de su intervención al inicio del programa Con Maduro +, en su edición 89, el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, calificó de impresionante la recién concluida semana de activación del poder de la nación venezolana: la unión y fusión perfecta del pueblo, su Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y sus fuerzas policiales en un solo plan para garantizar la paz y la soberanía conquistadas en el país sudamericano.

 

“Algunos creerán que la amenaza es contra Venezuela. La amenaza es contra todos. Si amenazan a uno, amenazan a todos. Si tocan a uno, tocan a todos. Y Venezuela ha venido construyendo su poder para la libertad, la democracia y la paz. El primero de todos es el poder moral, tenemos la razón, somos gente de bien, con un ideal: Bolívar, por encima de todo, transversal en nosotros”, explicó el jefe de Estado.

Asimismo, recordó una sentencia del Libertador Simón Bolívar: “Pueblos libres vencen imperios poderosos”, en alusión a la reciente escalada de amenazas de EE.UU. contra la nación venezolana y su Gobierno, con un despliegue militar en el Caribe, que pone en peligro la Zona de Paz declarada en América Latina y el Caribe desde el año 2014. Intenta vincular a las autoridades bolivarianas con el narcotráfico, incluido al presidente Maduro Moros, para justificar un capítulo de agresión armada a partir de herramientas de guerra híbrida.

De acuerdo con el mandatario, el primer poder del pueblo venezolano es su ética, su espiritualidad, su historia, su moral. “Y ese poder está activado a un nivel que el imperio no se imagina”, advirtió el presidente para referirse a lo que denominó “el poder espiritual de este templo suramericano de la libertad que es Venezuela”.

Maduro Moros informó sobre la activación, de manera progresiva, del poder popular movilizado en las calles; el poder de todas las fuerzas políticas del país, desde la izquierda radical hasta la derecha, desde el Gran Polo Patriótico hasta una treintena de partidos y movimientos políticos y personalidades de la oposición, conocidos líderes de la oposición venezolana. “Activamos con mucha fuerza el poder público nacional”, insistió.

A propósito, explicó que en Venezuela existen cinco poderes constitucionales desde 1999. Recordó que el Poder Legislativo de la nación (el Parlamento) emitió un pronunciamiento por unanimidad defendiendo los sagrados derechos de Venezuela al ejercicio de su soberanía, a la autodeterminación y a la paz.

De igual modo, el dignatario reconoció la activación intensa del Poder Judicial de Venezuela, con el Tribunal Supremo de Justicia, así como del Poder Ciudadano. La Fiscalía General de la República, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General que funciona como gran Poder Moral del país, también dio un paso al frente muy poderoso.

“El Poder Electoral, proyecto de Bolívar en el año 1826, también recogido y en fase de aceleración en el desarrollo de los circuitos comunales, las consultas trimestrales, el voto permanente, la soberanía intransferible del pueblo. Y el Poder Ejecutivo encabezando la batalla de todo un país por su derecho a la paz, a la soberanía y su derecho al futuro”, añadió Maduro Moros.

El comandante en jefe de la FANB significó que lo sucedido estos días con el sistema defensivo nacional responde a un proceso intenso de aceleración y reorganización dinámica, porque dicho sistema está desplegado las 24 horas de los 365 días.

“Para el sistema defensivo nacional, con su capacidad de combate y lucha armada, no hay descanso. Estamos desplegados en 164 URRAs (Unidades de Reacción Rápida de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana) a nivel nacional, combatiendo con las armas. Es parte de la lucha armada del pueblo venezolano contra las bandas criminales, las narcobandas y la conspiración fascista que preparan desde el exterior con mercenarios“, argumentó el mandatario.

El 90% de los venezolanos rechaza las amenazas de EE.UU.

El jefe de Estado hizo énfasis en la precisión de los sistemas de mediciones del Gobierno venezolano, que le permiten interpretar la unidad de la población a favor de la paz y en defensa de la soberanía.

“Hay un rechazo, un repudio gigantesco (…) contra la gente que llama a que invadan, bombardeen, maten, llenen de violencia el país. Y te digo que el rechazo supera el 90% a los anuncios y amenazas del Gobierno estadounidense contra nuestro país”, precisó Nicolás Maduro durante su diálogo con el periodista de Venezolana de Televisión (VTV), Boris Castellanos.

Castellanos mencionó que, en una encuesta realizada por la medidora de opinión pública nacional, Hinterenlaces, se comprobó que el 83% de los venezolanos y venezolanas, de diferentes posturas políticas, rechaza la idea de que “cada vez está más cerca la caída del Gobierno”, mientras apenas el 9% la comparte. De este modo, no perciben la inestabilidad política de Venezuela que proyectan análisis externos.

Fuente: telesurtv.net

 *++

AHORA! LAS TROPAS RUSAS HAN CERCADO LA CIUDAD DE KUPIANSK EN JARKOV.CAEN...

lunes, 25 de agosto de 2025

DIRECTO.RUSIA: UCRANIA QUIERE GUERRA. EUROPA HUNDIDA. ZELENSKI FRACASA. ...

Sobre Sacristán

 

Hoy se cumplen 13 años del fallecimiento de Francisco Fernández Buey. Añoramos, hoy más que nunca, en estos tiempos de masacres e impostura, su lucidez, su compromiso, su honestidad, su calidez humana. Lo echamos mucho en falta.


Sobre Sacristán


Francisco Fernández Buey

El Viejo Topo

25 agosto, 2025 



FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY SOBRE MANUEL SACRISTÁN LUZÓN

 

Salvador López Arnal (edición)

Hoy, 25 de agosto de 2025,  hace 13 años del fallecimiento de Francisco Fernández Buey (FFB, 1943-2012), una de las cimas de la filosofía española e iberoamericana, un lúcido ecosocialista  decrecentista, un polímata sólido, un firme partidario (ejemplo a un tiempo) de la “tercera cultura” (ciencias + humanidades). No me cabe ninguna duda de que, de estar entre nosotros en este año del primer centenario del nacimiento de Manuel Sacristán, el autor de La gran perturbación y Marx (sin ismos) hubiera escrito uno de sus textos imprescindibles sobre el que fuera su maestro, camarada y amigo, acaso el ensayo largo que tuvo en mente en ocasiones.

Unos textos suyos pueden ayudarnos a paliar su ausencia.

Una buena parte de lo que FFB escribió sobre el traductor de El Banquete y El Capital está recogido en Sobre Manuel Sacristán, Barcelona: El Viejo Topo, 2015 (edición de Jordi Mir Garcia y SLA). Doy aquí tres escritos suyos no incluidos en el libro. El primero, de 2005, tiene su origen en el homenaje a Sacristán que organizó, en paralelo al organizado por otras universidades catalanas, la Facultad de Humanidades de la Pompeu Fabra en el vigésimo aniversario de su muerte. El segundo no está fechado, probablemente es de 1996 (no tengo más información). El tercero, de 1995, es el texto que FFB escribió con ocasión de la mesa redonda que organizaron las CCOO de Cataluña en el décimo aniversario del fallecimiento del que ahora nombra su Escuela de Adultos “Manuel Sacristán”.

Los dos primeros pueden consultarse entre la documentación depositada en el Arxiu FFB (Universitat Pompeu Fabra. Biblioteca/CRAI de la Ciutadella). El tercero fue publicado en: Homenaje a Manuel Sacristán. Escritos sindicales y de política educativa, Barcelona: EUB, 1997, pp. 37-43.

En recuerdo, pues, del que fuera profesor, maestro y compañero de muchos de nosotros y, al mismo tiempo, un sentido homenaje a otro gran maestro, Manuel Sacristán Luzón.

MANUEL SACRISTÁN: FILOSOFÍA Y COMPROMISO

Con la presente exposición la Biblioteca de la UPF se suma al homenaje que las universidades catalanas están dedicado al filósofo Manuel Sacristán con motivo del vigésimo aniversario de su muerte. Se ha reunido aquí una amplia selección de sus escritos, traducciones y ediciones, aparecidas entre 1950 y 1985, además de diferentes documentos valiosos para el conocimiento de la vida y de la obra del filósofo, algunos de ellos inéditos.

Manuel Sacristán (1925-1985) fue una personalidad intelectual irrepetible. Ejerció una gran influencia en la vida cultural, social y política barcelonesa durante tres décadas: desde la época de la revista Laye (1951-1954), en la que colaboraron varios de los más conocidos exponentes de la llamada generación de los 50, hasta los años en que escribió en las revistas Materiales y mientras tanto (1977-1985). Su manera de entender el filosofar fue siempre inseparable de su compromiso cívico.

Entre 1956 y 1969, como dirigente del PSUC, colaboró en la revista Nous Horitzons y fue uno de los impulsores del Primer Congreso de Cultura Catalana. Fue el redactor principal del Manifiesto por una Universidad Democrática, que se leyó en la asamblea constituyente del SDEUB (1966). Intervino en la Asamblea de Intelectuales de Montserrat contra los consejos de guerra de Burgos (1970). Contribuyó a impulsar el movimiento de profesores no-numerarios y las Comisiones Obreras de la Enseñanza (1972-1977). Formó parte del grupo de educadores en las tareas de alfabetización de trabajadores en Can Serra. Fue miembro fundador del Comité Antinuclear de Cataluña, una de las primeras organizaciones ecologistas del país, a mediados de los setenta; y, finalmente, destacó como teórico y activista del primer eco-socialismo y del pacifismo que empezó a cuajar en la década de los ochenta.

En el ámbito de la historia de las ideas, Manuel Sacristán contribuyó a la difusión en España de las principales corrientes del pensamiento europeo al término de la segunda guerra mundial, desde el existencialismo al marxismo y desde la filosofía analítica a las últimas orientaciones de la filosofía y de la historia de la ciencia. Como filósofo, representó la negación de la división del saber en compartimentos estancos y propició el cultivo de un saber transversal, atento al filosofar sobre las prácticas científicas y humanísticas.

Manuel Sacristán fue uno de los pioneros en nuestro país en un campo muy poco cultivado entonces: el de la lógica formal. Después escribió ensayos críticos e innovadores sobre filosofía y metodología de las ciencias sociales. Está considerado como el principal pensador marxista de la España del siglo XX. Tradujo los primeros textos de Marx que se publicaron legalmente en España después de la guerra civil. Y en la década de los setenta proyectó y dirigió la primera edición rigurosa que se hizo en Cataluña de los escritos de Marx y de Engels (OME). Además, tradujo y dio a conocer aquí obras de pensadores como Theodor Adorno, Antonio Labriola, Antonio Gramsci, Georg Lukács, Karl Korsch, Galvano della Volpe, Robert Havemann, Herbert Marcuse, Ágnes Heller y E.P. Thompson.

Como escritor y ensayista, Manuel Sacristán cultivó diferentes géneros. De joven se interesó por la dramaturgia norteamericana de la posguerra y escribió páginas interesantísimas para al desvelamiento de la crisis cultural de entonces. En la década de los sesenta publicó ensayos de germanista sobre la veracidad de Goethe como poeta y como científico así como acerca de la conciencia vencida en Heine. También  iluminó aspectos sugestivos de las obras de Brossa y de Raimon.

Sacristán enseñó a varias generaciones a leer sin anteojeras ni prejuicios a algunos de los grandes de la filosofía contemporánea: a Martin Heidegger (al que dedicó una importante monografía, que fue su tesis doctoral) y a Antonio Gramsci (sobre cuya obra escribió ensayos muy renovadores). Pero también a Simone Weil, a Bertrand Russell, a Karl Popper, a Quine o a Lukács. Como editor y colaborador de varias editoriales barcelonesas de la época, dirigió las traducciones de la Historia de la ciencia de René Taton, de la historia de las matemáticas y su conexión con otras ciencias que lleva el nombre de Sigma, o de la monumental Historia del análisis económico de Schumpeter.

Sacristán fue un profesor universitario innovador y riguroso, al que muchos de sus alumnos han recordado siempre, con razón, como un maestro. Entre 1956 y 1965 impartió clases de Lógica y Filosofía en la Universidad de Barcelona. Durante los siete años siguientes las autoridades franquistas le excluyeron de la docencia universitaria por sus ideas comunistas. Volvió a impartir regularmente clases en la Universidad de Barcelona a partir de 1976 y enseñó entonces metodología de las ciencias sociales en la Facultad de Económicas hasta 1985 y, durante el curso 1982-1983 en México, en la UNAM.

 MANUEL SACRISTÁN Y LA POLÍTICA

Manuel Sacristán no era un político al uso ni tampoco un ético licenciado. Era un hombre que tenía una pasión política indiscutible; una pasión política que le acompañó siempre, desde muy joven. Era un hombre que entendía la política como ética de lo colectivo.

Quisiera recordar aquí algunos momentos de su actuación política.

Uno. En 1966 Manuel Sacristán redactó el principal documento de la Asamblea Constituyente del Sindicato Democrático de los Estudiantes de la Universidad de Barcelona (SDEUB). Se titulaba Manifiesto por una Universidad Democrática. Treinta años después este documento puede seguir siendo fuente de inspiración para todos aquellos que piensan que la democracia es y será un proceso en construcción. Pues desde entonces pocas veces se habrá expresado con tanta claridad y veracidad como ahí la idea de que una universidad libre, sin barreras clasistas, en una sociedad democrática, exige el reconocimiento del carácter plurinacional y multilingüístico de lo que llamamos España.

Dos. En sus escritos de 1968-1969 Sacristán advirtió de la decisiva importancia de la «autocrítica del leninismo». Analizó críticamente a la vez la actuación del partido comunista francés durante los hechos de mayo del 68 y la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia. Consideró que aquel «doble aldabonazo» se saldaba con una doble derrota para el movimiento socialista justo cuando era evidente la recuperación del marxismo y del comunismo por abajo. Después de los acontecimientos de Praga, Sacristán sugirió: «Veremos cosas aún peores». Eso nos impresionó mucho entonces a los más jóvenes. Pero acertó. Sacristán estaba completamente convencido de que lo que hacían los «rusianos» (como él llamaba a los que se llamaban a sí mismos soviéticos) no tenía nada que ver con el socialismo y lo que hacían los jóvenes extremistas del 69 tampoco. Pensaba que había que volver a empezar de nuevo todo. Quería llevar la primera autocrítica seria del socialismo, la de Dubček, hasta sus últimas consecuencias. Esas últimas consecuencias eran para él entonces el consejismo democrático, la ampliación radical de la democracia: en Praga y en París. Nos dejó Sacristán esta lección: sin la autocrítica radical del socialismo «realmente existente» no habrá recuperación posible de la idea de socialismo en este fin de siglo.

Tres. En 1969 Sacristán presentó la dimisión de todos sus cargos en la dirección de PSUC. Se ha querido ver en esta discrepancia un momento más del manido conflicto entre el intelectual «teórico» y el «político» práctico. No fue así. Si se leen comparativamente los materiales de la dirección del PSUC sobre la «putrefacción del Régimen de Franco» en 1969-1970 y la carta de dimisión de Sacristán (por nombre de guerra «Ricardo»), que se ha conservado en el Archivo Histórico del PCE, se verá que la diferencia era otra, que había dos interpretaciones radicalmente diferentes de la realidad española de entonces: eufórica y voluntarista la una, realista (en el mejor de los sentidos de la palabra) la otra. Esta vez la lección fue: la rectificación de la política comunista no puede ser ideológica ni basarse sólo en la voluntad de los dirigentes; tiene que partir del análisis, crítico, de lo que hay y evitar la pérdida del sentido de la realidad que conduce siempre a la manipulación de los de abajo por los dirigentes autoproclamados.

Cuatro. A mediados de los años setenta, después de la muerte de Franco, Sacristán previó, frente Nicolás Sartorius y una parte de la dirección de CC.OO., que no iba a poder mantenerse el movimiento unitario de los trabajadores antifranquistas de la enseñanza y que lo mejor, en tales circunstancias, era propiciar la afiliación de los enseñantes en las sindicatos de clase. Se quedó en minoría en esto. Pero años después la dirección de CC.OO. tuvo que reconocer que Sacristán llevaba razón. Ese es el origen de las comisiones obreras de enseñanza, hoy [1996] sindicato mayoritario en el sector. He ahí otra ejemplo de que una política de izquierdas, en este caso en el ámbito sindical, empieza por la iniciativa propia, no por el entreguismo.

Cinco. A finales de los años setenta Sacristán llevó a cabo una crítica radical pero respetuosa de lo que entonces se llamaba «eurocomunismo»: valoró la realidad social de los partidos que proponían ese camino, estimó insuficiente la crítica, en el interior de estos, de los residuos estalinistas y consideró utópica y entreguista la rectificación de derechas que en aquel momento proponía Santiago Carrillo [entonces secretario general del PCE]. Lo hizo con el argumento de que el «eurocomunismo» conduciría a la pérdida de la identidad comunista sin que los partidos comunistas lograran a cambio llegar al gobierno en parte alguna: desnaturalización en lo cultural sin beneficios en lo político. Así ocurrió realmente. Frente a lo que consideraba «mera utopía», mala utopía, Sacristán propuso, en 1979, una rectificación estratégica de izquierdas que partiera del análisis de los problemas (ecológicos, económicos, sociales y culturales) nuevos en el capitalismo tardío y enlazara con los nuevos movimientos sociales: mientras tanto, rojo+verde+violeta. Volvió a quedarse en minoría frente a la euforia electoralista de entonces. Pero hoy, después de la nueva derrota de los años ochenta, se llama ecosocialista prácticamente toda la izquierda.

Seis. En 1985, el año de su muerte, en un artículo titulado «OTAN hacia dentro», Sacristán escribió el más lúcido de los análisis políticos que se han hecho en nuestro país sobre lo que acabaría llamándose «felipismo». Aludiendo a las declaraciones de Alfonso Guerra sobre la intención de cambiar la opinión anti-OTAN todavía mayoritaria en la población española y a las campañas periodísticas en el mismo sentido, Sacristán dejó dicho allí que lo peor de la campaña atlantista del PSOE iba a ser el efecto moral a largo plazo de la corrosión manipulatoria de las conciencias de la ciudadanía. También en eso se quedó Sacristán en minoría. Hoy sabemos, en cambio, que su análisis de la política del PSOE era premonitorio porque hemos visto hasta dónde puede conducir una concepción manipulatoria de la política como aquella que en 1985 se afirmaba eufórica y prepotente: a la justificación del terrorismo de Estado.

Algunas veces, atendiendo precisamente al hecho de que se quedara en minoría en varias ocasiones, se ha escrito que Manuel Sacristán era inhábil para las cosas de la política. Pues bien, vale la pena que los jóvenes comunistas de hoy se pregunten sin prejuicios, a partir del análisis concienzudo de esos seis puntos, por ejemplo, por qué se ha dicho y se sigue diciendo esto.

¿No será porque Sacristán representaba otra forma de entender la actuación política, otra forma de hacer política comunista?

Pensémoslo.

III. CULTURA OBRERA Y VALORES ALTERNATIVOS EN LA OBRA DE MANUEL SACRISTÁN

Después de las verdades como puños que acaba de decir Jordi Olivares [el primer secretario general de las CC.OO. de Enseñanza], quería empezar agradeciendo, de corazón y de verdad, esta iniciativa de la CONC al recordar a Sacristán y su obra en el décimo aniversario de su muerte.

Estoy convencido de que este es, tal como están las cosas hoy en día, el mejor de los lugares en que podemos recordar la vida y la obra de Manuel Sacristán y ni que decir tiene que me encuentro muy a gusto en este acto, en el que estamos en familia, aunque sea una familia ampliada a la brasileña, que, en fin, supongo que es lo que somos.

En mi recuerdo Manuel Sacristán no era simplemente un intelectual amigo de la clase obrera por motivos políticos y circunstanciales, como tantos otros. Manuel Sacristán se sentía intelectual productivo, quería ser un trabajador intelectual en la producción, o sea, un trabajador que aprovecha el privilegio de la formación intelectual para ser útil a los de abajo, a aquellos otros, trabajadores también, que a veces sabiéndolo, y otras veces sin saberlo, han dado su trabajo y su sudor para que sea posible un conocimiento superior, privilegiado, eso que seguimos llamando cultura superior.

Intelectual, amigo circunstancial de los trabajadores, yo creo que es aquel que hace favores de vez en cuando al movimiento obrero organizado, al sindicato. Pero un intelectual de nuevo tipo, un intelectual productivo, un intelectual en la producción, es aquel que voluntariamente hace lo posible porque los beneficios del privilegio propio reviertan de manera útil en la configuración de una cultura alternativa a la cultura dominante. Y creo yo que se puede decir que Sacristán era intelectual en este segundo sentido.

Si esto último que he dicho, lo de una cultura obrera alternativa a la cultura dominante, ha de ser o no una utopía, eso es algo que la historia lo dirá, pero en cualquier caso, también creo que se puede decir, con verdad, que ese fue el ideal de Manolo Sacristán.

Voy a decirlo lo más brevemente posible: tal como yo lo veo en el recuerdo, Manolo luchó siempre por renovar y dar nueva forma a la vieja aspiración, una aspiración libertaria, socialista, comunista, a una nueva cultura de los trabajadores. Es más, por lo que yo sé muchas de sus alegrías, en la vida que le tocó vivir, tuvieron que ver con momentos en los que parecía que la cultura obrera alternativa tomaba cuerpo, o iba a tomar cuerpo en nuestra sociedad. Y también, cómo no, varias de sus depresiones, que las hubo, son inseparables de decepciones ante el choque entre aquel ideal de una cultura obrera alternativa y la realidad cotidiana del mundo del trabajo y del mundo obrero organizado.

¿De qué cultura y de qué valores estaba hablando Manolo Sacristán?. En el díptico que ha hecho la CONC para convocar a la familia ampliada a este acto tenéis,  creo, una pequeña muestra. Es una reflexión que procede de una entrevista que no se publicó, que le hicieron para El Viejo Topo, Jordi Guiu y Antoni Munné. No se publicó entonces, en 1979, porque el propio Manolo, después de ver el resultado, no quiso que se publicara. Hemos sacado en el díptico un pequeño trozo que habla, precisamente, de la cultura obrera, y querría  para esta convocatoria decir que eso está en un contexto más amplio, que voy a leer, porque me parece que es sumamente representativo de la idea que Manuel Sacristán tenía de una cultura obrera.

El contexto es bastante particular. Jordi Guiu y Antoni Munné le hacen una entrevista en un momento en el que Manolo estaba medio saliendo de una fase depresiva. Casi no había escrito en unos años. Se encontraba bastante mal, y los entrevistadores le preguntan por qué no escribe, por qué lleva tanto tiempo callado. Manolo da una explicación de eso más bien pesimista, que me salto, y entonces dice: “A partir de ese momento [PFB: es decir, a partir del momento de la comprobación de que las cosas para nosotros, para los que teníamos o tenemos el ideal de una cultura obrera alternativa, iban mal]- me acerqué, dice él-, a la comprensión y al amor de esa gente que se ha quedado en la cuneta intentando mantener, por otra parte, la voluntad de racionalidad del movimiento obrero, que es, en mi opinión, una voluntad de modestia.”

Está haciendo la radiografía moral de la cultura del movimiento obrero. A partir de un determinado momento de su vida, en 1975 y 1976, Manolo se dedicó mucho a esto. Y dice a continuación: “El militante obrero, el representante obrero, aunque sea culto, es modesto, porque reconoce que existe la muerte como lo reconoce el pueblo. El pueblo sabe que uno muerte; el intelectual, en cambio, es una especie [PFB son frases un poco duras pero las voy a decir porque era como hablaba Manolo cuando hablaba con los amigos, con la familia ampliada] de cretino grandilocuente que se empeña en no morirse. Es un tipo que no se ha enterado y que intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar, y  todas esas gilipolleces que son el trasunto ideal de su pertenencia a la cultura dominante. En cambio, en la cultura obrera está la modestia porque está el reconocimiento de la muerte. Cada generación muere y luego sigue otra y los héroes obreros son, en general, héroes anónimos mientras que los héroes intelectuales tienen, en general, dieciocho apellidos, cuarenta antepasados, influencias de escuelas y todas esas leches de los intelectuales tradicionales”.

El paso acaba con una explicación de las razones del propio acercamiento a esa gente que se ha quedado en la cuneta. Al hablar de gente que se ha quedado en la cuenta, Manolo está pensando, fundamentalmente, en Ulrike Meinhof, aquella liberal radical demócrata alemana, que se desespera y que acaba suicidándose o, tal vez, la suicidaron en la desesperación, o en los “indios metropolitanos” seguidores del indio Gerónimo y en otras gentes que habían quedado fuera de la circulación. Para ese acercamiento había una razón emocional: “… el vivo convencimiento de que a mi me gusta intentar saber como son las cosas. A mí, el criterio de verdad de la tradición del sentido común y de la filosofía me importa y no estoy dispuesto a sustituir las palabras “verdadero” o “falso”, por las palabras “válido”, “no válido”, “coherente”, “incoherente”, “consistente”, “inconsistente”. No, para mí, las palabras buenas son “verdadero” y “falso”, como lo son en la lengua popular, como lo es en la tradición de la ciencia. Igual en Pero Grullo y en la boca del pueblo, que en Aristóteles. Los del válido, no válido, son los intelectuales que en este sentido son tíos que no van en serio”.

Esto lo vamos a publicar en un número monográfico de mientras tanto, recordando a Manolo [número 63, 1996; se publicó también en Acerca de Manuel Sacristán], entre otras cosas porque pensamos que las dos razones principales por las que él mismo se opuso a que la entrevista se publicara en su momento han caducado. Las dos razones que adujo Manolo eran muy sencillas. La primera: ¿qué van a pensar los demás cuando lean esto que digo yo? ¿No pensarán que también yo soy un intelectual como los demás y que estoy contando otro disco parecido al que cuentan otros intelectuales? Mejor que me calle. ¿A quién le interesan mis neuras? Y la segunda razón es que Manolo no quería desmoralizar a los amigos naturales. Esas dos cosas eran en Manolo razones profundas de su estar en el mundo. Pero hemos pensado que ha pasado ya tiempo suficiente como para que esta segunda razón deje de tener el peso que tenía hace veinte años. Vamos a decirlo como él se lo decía a los amigos: ¿quién se va a desmoralizar hoy al leer u oír esto?

Esta reflexión me sirve para recoger un par de cosas que enlazan con la idea que Manolo tenía de una cultura obrera alternativa. La voluntad de modestia, la voluntad de humildad  tiene su reflejo, por qué lo vamos a ocultar, en el nombre mismo de la revista que él fundó. Lo de mientras tanto  tenía que ver con eso. En 1978-79 mientras tanto evocaba la modestia, la humildad. Y un talante más bien lírico. Tengo que recordar esto aquí porque, tal como van las cosas, ese mismo nombre hoy casi evoca la épica. Recordad que en el 78 o 79 casi todo el mundo que empezaba a hacer una revista le ponía por título Adelante, A por ellos, Revolución bolchevique, Ganaremos, Venceremos, etc. Mientras tanto, en ese contexto, era una publicación más bien lírica. La voluntad de modestia, de humildad, esto del reconocimiento de que existe la muerte y su vinculación con el anonimato obrero y su contraponerlo a la búsqueda constante de la celebridad, a mí también me parece que es uno de los rasgos de la mejor tradición del movimiento obrero de todos los tiempos y que vale la pena mantener esa idea, recuperarla, renovarla.

Quisiera decir ahora un par de palabras sobre la forma que Manolo tenía de relacionarse con los trabajadores manuales. Podría dar muchos ejemplos de los que he sido testigo, pero me referiré sólo a dos. De uno de ellos creo que va a hablar Jaume Botey, de modo que sólo lo aludiré. Fue la experiencia de Can Serra [L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona)], en la que intentaba combinar la alfabetización de adultos y la formación político-cultural en condiciones muy difíciles para los trabajadores. Manolo, junto con Neus Porta [esposa-compañera de FFB], Fariñas y otras personas, hizo allí un trabajo que se recordará. El otro ejemplo al que quiero referirme es precisamente el de la presentación del primer número de la revista mientras tanto en los locales de CC.OO. Son dos cosas distintas, dos ambientes diferentes, pero que a mí me traen a la memoria un mismo recuerdo sobre la forma de relacionarse con los trabajadores.

Manolo se consideraba uno de ellos, uno de los nuestros, no sé muy bien como decirlo: era uno más, allí, en Can Serra, y aquí, en CC.OO. No tenía ningún problema en mantener el mismo método, el mismo rigor, la misma profundidad de pensamiento, que siempre tuvo en sus clases, pero traducida al lenguaje de aquellos que tenía como interlocutores. No he visto nunca a nadie con la capacidad que él tenía para hacerse entender respecto a  problemas difíciles de explicar. Y esto es, seguramente, lo más difícil siempre para un intelectual o para un profesor: cómo romper con nuestra forma normal de expresión, en nuestras clases o con nuestros colegas, para comunicar con personas que no son letradas y con las que compartimos ideas, creencias, ideales.

En esta relación con los obreros son muchos los intelectuales que tienden a la pedantería o a edulcorar las cosas pronunciando las palabras que los otros quieren oír. Manolo no; Manolo no era así. Manolo podía ser muy negro y muy duro con la gente con la que compartía los mismo ideales, en este caso con las personas de CC.OO. Muchas veces decía que hay que pintar la pizarra bien de negro para que destaque sobre ella el blanco de la tiza con que hay que escribir las propuestas alternativas. Así se comportó, por ejemplo, el día de la presentación de mientras tanto en los locales de CC.OO. [entonces en C/. Padilla/Gran Vía (Barcelona)]. En mi recuerdo aquello fue casi una batalla campal. Dialéctica, desde luego. Fue una polémica dura, con aristas, pero al mismo tiempo amistosa, fraternal, como cuando discutimos en la propia casa con un amigo o con una amiga. Manolo odiaba el lenguaje diplomático de los políticos profesionales: no tenía pelos en la lengua a la hora de expresar opiniones diferentes a las de los amigos naturales, pero al mismo tiempo pensaba -y así lo escribió en la primera carta de la redacción de mientras tanto– que había que “mantener sosegada la casa de la izquierda”. Hay que entender esto como un llamamiento a la discusión franca y racional de las diferencias. No me demoraré más en este punto. Seguro que Jaume [Botey] puede decirlo mucho mejor que yo.

El recuerdo de aquella entrevista y de este par de anécdotas me permite llamar la atención ahora acerca de otro rasgo de la personalidad de Manolo: la veracidad. El proyecto de Manolo en aquellos años era volver a juntar dos cosas que se estaban separando y que siguen en parte separadas: ciencia y proletariado. Ese ha sido, como sabéis, un proyecto perseguido aquí, en el movimiento obrero de este país, desde Jaime Vera [1859-1918]. La dificultad está precisamente en renovar el viejo proyecto de juntar ciencia y proletariado en cada momento histórico nuevo, en función de los cambios que particularizan cada situación. Así, con esa intención, nació también el proyecto de mientras tanto.

Hay una cosa poco conocida, de octubre de 72, que me permite ejemplificar bien esto. En octubre de 1972, Manolo propuso a la editorial Grijalbo para la que trabajaba entonces tres nuevas colecciones. La primera se llamaba Hipótesis. Esta salió, aunque no duró mucho, seguramente porque los tiempos ya no estaban entonces para esas cosas [Codirigida por Sacristán y por el propio Fernández Buey]. La propuesta de esta colección, respondía fundamentalmente a la intención de Manolo de dar primacía a la ciencia y al pensamiento racional. La segunda colección se llamaba “Naturaleza y sociedad” y no llegó a salir. El proyecto de esta colección incluía una de las cosas a las que más tiempo iba a dedicar Manolo en los últimos años. Toda una serie de libros con temas medioambientales, ecologistas. Él lo llamaba con un rótulo que se inventó: sociofísica; su intención era que esta fuera una colección de alta divulgación, en la que se juntaran temas sociales y temas de la naturaleza. La tercera colección no sólo no llegó a salir sino que, además, cuando la presentó se encontró en seguida con el ceño fundido de los editores; se trataba de unos cuadernos de iniciación científica que estaban dirigidos fundamentalmente al movimiento obrero organizado, a trabajadores cultos, a dirigente sindicales. En la presentación del proyecto editorial Sacristán decía que el propósito era traducir conocimiento para gentes que podían leer folletos de no más de 50 páginas, bien escritos, folletos de esos que se puedan leer en el metro o en el autobús y que permiten renovar la preocupación cultural con el estado de los conocimientos en el momento en que se estaba.

Este proyecto editorial que no salió, como tantas otras cosas, tuvo su  reflejo parcial, fragmentario, en lo que luego iban a ser los distintos números de la revista mientras tanto. Debo añadir que Manolo siempre dijo, creo que con toda la razón, que en la revista faltaban científicos de la Naturaleza [la revista contó con la colaboración de Eduard Rodríguez Farré, Carles Muntaner, Oriol Martí], gente con conocimientos de ecología, de biología, de termodinámica, y con capacidad de comunicarlos a los trabajadores. En cambio, el ideal de los colores rojo, verde, violeta y, más adelante, diríamos el blanco [del pacifismo], sí que queda más o menos bien recogido en lo que fue su trabajo entre 1979 y 1985, en la revista.

Por el sitio en que estamos, y tratándose de los que estamos, no querría terminar sin aludir al menos a un problema. En la historia del movimiento obrero, y mayormente en nuestra tradición, ha ocurrido a veces que, a diferencia del intelectual tradicional, del intelectual amigo circunstancial de los trabajadores, este otro intelectual en la producción, el intelectual comunista de nuevo tipo, resulta ser, paradójicamente, un compañero incómodo. El intelectual de nuevo tipo, el intelectual en la producción, no es un amigo circunstancial del movimiento obrero y sindical. Es alguien que tiene en la cabeza las mismas preocupaciones y los mismos problemas que los otros trabajadores, y que opina sobre ellos con conocimiento de causa y con constancia. Ese fue el caso de Manolo Sacristán. El intelectual que él quería ser no se permite las frivolidades habituales del literato tradicional, tan motivadas por los cambios de humor y por el ir y venir de las modas. Pero, precisamente por ello, por esa constancia y responsabilidad del intelectual en la producción, suele acabar resultando incómodo a quienes están acostumbrados a ver en el intelectual sin más algo así como un adorno.

Sólo que este tipo de incomodidad que algunos sectores del movimiento obrero organizado pueden experimentar ante el intelectual crítico de nuevo tipo es distinto, espero, de la incomodidad que experimenta ante su personalidad el colega que, por las que razones que sean, no ha tenido la experiencia vivida del movimiento obrero organizado. Creo que es por esa diferencia fundamental por lo que hoy seguimos recordando aquí, en CC.OO., la obra de Manolo.

En otros momentos se ha ido imponiendo con tiempo una previsión hecha al día siguiente de su muerte por Xavier Rubert de Ventós en un artículo que escribió en La Vanguardia [28/VIII/1985]. La traigo aquí a colación porque me impresionó en el momento en que fue publicada y porque, en cierto modo, creo que Rubert acertó. Decía Rubert de Ventós que “su falta”, la ausencia de Manolo, “nos deja a todos un poco más libres para seguir no haciendo lo que debemos”.

No haciendo lo que debemos. Era esa una previsión verdaderamente dura, pero que se ha cumplido. ¡Cuántos intelectuales por entonces comprometidos con la causa de los de abajo habrán dejado de hacer lo que debían desde que Manolo murió! ¡Cuántos intelectuales se habrán sentido “liberados” para convertirse en pingos almidonados desde el día de la muerte de Manolo Sacristán!. De más de uno he oído yo mismo esta reflexión: ¿Me hubiera atrevido a comportarme como me comporté en el momento del referéndum sobre la OTAN, o cuando la Guerra del Golfo, o cuando hubo que definirse acerca de las movilizaciones sindicales?

Manolo era, pues, uno de los nuestros y de los vuestros. Incómodo, sin duda, como lo son y lo serán siempre los intelectuales críticos, los intelectuales productivos que no se limitan a ser amigos circunstanciales, por política, del movimiento obrero cuando las cosas van bien sino que siguen estando ahí, con pensamiento propio y críticamente, también, y sobre todo, cuando las cosas van mal.

 *++