martes, 1 de abril de 2025
¡Ya salió el Topo de marzo! La Guerra civil del occidente colectivo (artículo en abierto)
Artículos de Manolo
Monereo, Armando Fernández Steinko, Carlo Formenti, Higinio Polo, Miguel Candel
y Javier Enríquez Román. Entrevista de Salvador López Arnal a Carlos Tuya.
¡Ya salió el Topo de marzo! La Guerra civil del
occidente colectivo (artículo en abierto)
El Viejo Topo
1 abril, 2025
Artículo en abierto de la Revista El Viejo Topo, nº447, de abril de 2025
Además, en la revista de este mes: primera parte de «Anatomía de la
izquierda gentrificada» por Armando Fernández Steinko. «El carnicero de
Riga es un héroe letón» por Higinio Polo; Carlos Formenti continúa su recorrido
sobre las luchas africanas contra el Imperialismo a través de la figura de
Amílcar Cabral; Entrevista de Salvador López Arnal a Carlos Tuya.; «El futuro
es siempre oscuro» de Miguel Candel. Y en CINE, David Lynch El otro lado del
espejo por Javier Enríquez Román.
La guerra civil
del Occidente Colectivo
por Manolo
Monereo
La
occidentalización del mundo, la otra cara de la globalización neoliberal, ha
fracasado. Tanto más traumático será el declive histórico de Occidente cuanto
más se nieguen sus líderes a reconocer la inevitabilidad del futuro mundo
multipolar.
“El poder es
esencialmente jerárquico y conflictivo, y su disputa implica una competencia
permanente por más poder y por la conquista y control monopolístico de las
condiciones más favorables para la expansión de ese poder”
José Luis
Fiori, 2024
Los hechos en
sí poco dicen si no se tiene un marco teórico que los interpreten y les den
sentido. Esto es así siempre; ahora mucho más. ¿Por qué? Porque la historia
real evoluciona a saltos, con quiebres, con rupturas. Hay periodos de
normalidad, es decir, de sucesión de acontecimientos en un espacio-tiempo
homogéneo, estandarizado, previsible. Hay también periodos de fracturas, de
discontinuidades radicales.
Su
característica básica: la excepción se convierte en “normalidad” y el tiempo se
acelera. Cada mañana desayunamos con algo nuevo, los acontecimientos se suceden
vertiginosamente; nos asombran, nos inquietan, no lo entendemos. Atisbamos el
peligro y nos quedamos sin referentes. Los actores estatales, los grandes
operadores financieros y empresariales, los formadores de opinión suelen
interpretar estas fases históricas como periodos de caos, de desorden, de
incertidumbre. Son épocas de crisis y se viven como tales.
La cita de
Gramsci parece obligada, por mucho que le pese a Adam Tooze: “La crisis
consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede
nacer: en este interregno se dan los más diversos fenómenos morbosos”.
Ahora bien, hay que tener cuidado. El viejo sardo la formula relacionándola con
“la crisis de autoridad”, cuando “la clase dominante ha perdido el consenso,
esto es, si ya no es “dirigente” sino solo “dominante”, detentadora de pura
fuerza de coerción, esto significa simplemente que las grandes masas se han
separado de las ideologías tradicionales, ya no creen en lo que creían antes, etc.”.
Después, solo después, viene la cita tan repetida en estos días, que, es bueno
recordarlo, se relaciona inmediatamente con la “cuestión de los jóvenes”. Yo la
voy a emplear en este sentido más general y en otro más restringido relacionado
con la crisis de hegemonía en las relaciones (de poder) internacionales.
Conviene no
dejarse confundir desde el principio. No, no es verdad que ahora se esté
poniendo fin al orden internacional instaurado después de la Segunda Guerra
Mundial. Eso terminó con la desintegración / derrota de la Unión Soviética y la
disolución del Pacto de Varsovia. Lo que ahora se pone fin es al Orden
Internacional proclamado e impuesto por los EEUU desde, al menos, 1991. Lo que
se quiere esconder es que ese orden institucionalizaba una determinada
correlación de fuerzas (de dominio y control) bajo hegemonía unipolar
norteamericana basada en unas “normas” singulares; definidas, interpretadas y
aplicadas por el “soberano” victorioso sobre el “imperio del mal”. El “momento”
unipolar implicaba subordinar el Derecho Internacional a los intereses de los
EEUU, poner a su servicio las instituciones internacionales y arrogarse el
(único) poder para hacer y declarar la guerra.
Hagamos
memoria, porque se dijo y se ha repetido muchas veces: con el Consejo de
Seguridad de las NNUU cuando es posible; sin él, cuando el Presidente de los
EEUU lo considera necesario. ¿Damos ejemplos? Somalia, Afganistán, Irak, Libia,
Siria, Yemen…. intervenciones militares sin el apoyo del Consejo. Con su
“Orden” y con sus “normas” siempre se han dado a sí mismos el derecho y la
legitimidad para sancionar, criminalizar e intervenir militarmente cuando sus
intereses se ponen en peligro. El presidente Carter dijo que su país era el más
belicoso de la historia. No se equivocaba.
El “Orden
Internacional basado en normas”, impulsó nuevas relaciones de poder, nuevas
alianzas entre países y reajustó con mano firme el sistema-mundo capitalista.
En su centro, el Occidente colectivo. Su proyecto: la globalización
neoliberal/la occidentalización del mundo. Hay que precisar. Este “Occidente”
no es el Occidente realmente existente en su sustancial pluralidad y en su
radical diversidad, es una construcción político-cultural hegemonizada por los
EEUU, con el Reino Unido como secundario de lujo. Las clases dirigentes
anglosajonas se han considerado a sí mismas como el verdadero Occidente; los
salvadores de una Europa decadente, hipotecada por un pasado glorioso y sin
voluntad de poder. Sus esperanzas siempre estuvieron con la “otra” Europa, la
del Este, la anticomunista y anti rusa.
Desde el primer
momento, la Administración norteamericana fue consciente de que, en el nuevo
orden que estaba construyendo, la condición previa para mantener amarrada, bien
sujeta a Europa era integrar a estos países en la OTAN y en la Unión Europea;
con ellos difícilmente habría autonomía estratégica real, tampoco sería posible
una Europa políticamente independiente y, algo fundamental, no habría un
espacio económico-social regulado capaz de oponerse a las políticas
(neo)liberales que organizaban el “nuevo siglo americano”. La Europa del euro
no fue, como se dijo hasta la saciedad en ese momento, la alternativa al poder
del dólar sino la garantía de que este no sería cuestionado, que los grandes
conglomerados financieros e industriales norteamericanos seguirían gozando de
los privilegios que habían tenido hasta el presente.
No es este el
lugar para dar cuenta de lo que fue y ha sido la globalización neoliberal.
Basta decir que fue una ideología, un proyecto político y una realidad
objetiva. Lo fundamental es que pretendió –y en gran medida consiguió– liberar
al capital de los controles políticos y sociales que, durante más de treinta
años, lo embridaron, fundamentalmente al capital financiero. Los Estados
nacionales se convirtieron en el enemigo a batir; su desmontaje fue la gran
tarea del momento. Se desconectó la “cuestión social” de la “cuestión
democrática” y las políticas liberales se convirtieron en obligatorias. La
globalización, se repitió una y mil veces, era deseable e inevitable y la
convirtieron en el único horizonte de lo posible. La izquierda y la derecha se
hicieron neoliberales y el keynesianismo pasó a ser una doctrina obsoleta y
hasta peligrosa. Todo lo demás era autarquía y nacionalismo. La Unión
Europea, hay que insistir, fue el dispositivo estratégico para imponer la
globalización en un espacio político definido por conflicto social y político,
por un movimiento obrero que había acumulado experiencia sindical y poder
contractual y por una izquierda, en su versión socialdemócrata o en su versión
comunista, comprometida con los derechos sociales, el Estado de bienestar y,
sobre todo, con el pleno empleo.
En todas partes
la globalización transformó las relaciones de poder entre las naciones y las
clases, impuso una nueva división del trabajo y formas flexibles de gestión de
la fuerza laboral, propició la descentralización productiva y debilitó
enormemente el poder contractual de los sindicatos, allí donde tenían peso e
influencia; es decir, en las economías centrales. Dicho de otra forma, la
globalización generó coaliciones de ganadores y perdedores tanto social como
territorialmente; las desigualdades sociales se incrementaron y las viejas
identidades de las clases subalternas se fueron disolviendo en un espacio
público cada vez más colonizado por un individualismo que se hizo de masas, por
el descrédito del socialismo (en cualquiera de sus acepciones) y rechazo de la
política como instrumento de transformación social.
La otra cara de
la globalización fue lo que Alexandr Zinoviev llamó la “occidentalización” del
mundo. Se trata de un concepto complejo y no exento de contradicciones. El
conocido filosofo e intelectual ruso-soviético lo definió como “la tendencia de
Occidente a hacer que los demás países se parezcan a él en estructura social,
economía, ideología, psicología y cultura”. Se trata en todas partes de
construir sociedades e instituciones que reproduzcan el tipo de capitalismo y
los marcos jurídicos-políticos que los anglosajones consideran obligatorios y
universales. Zinoviev va perfilando los rasgos del occidentalismo:
totalitarismo monetario, tipo de capitalismo que se postula, la supra economía
(el poder global de los EEUU), la democracia colonial, etc. Lo fundamental:
“El fin de la
occidentalización es situar a los otros países en su esfera de influencia,
poder y explotación, y no como socios paritarios con las mismas oportunidades,
lo cual sería imposible dada la desigualdad efectiva de fuerzas, sino con el
papel que Occidente considere para sus fines”. Sin olvidar un elemento clave:
“Occidente tiene poder suficiente para impedir que aparezcan países de tipo
occidental independientes que representen una amenaza para su dominio de la
parte del planeta conquistada y sus aspiraciones de dominio de todo el
planeta”.
Todo esto
terminó con la crisis financiera internacional de 2008. Pocos la previeron y
menos aún sacarán las consecuencias geopolíticas de un acontecimiento histórico
que ponía fin al “corto” dominio unipolar de EEUU. Lo que se anunciaba como el
nuevo siglo americano duró apenas 20 años, y hoy, lo que queda, se va
(dramáticamente) disolviendo entre las amenazas de un conflicto nuclear y las
esperanzas de un mundo multipolar que inaugure una nueva etapa que ponga fin a
la larga hegemonía de Occidente y reconozca, de una vez por todas, la
pluralidad civilizatoria, económica y de poder de un mundo que considera
llegado el momento de autogobernarse. Lo dicho, comenzó un interregno que ponía
en cuestión los fundamentos de un orden impuesto y se iniciaba una transición
que aceleradamente lo estaba cambiando todo.
La gran
potencia norteamericana en declive tenía dos grandes opciones: reconocer los
cambios que se estaban produciendo en las relaciones internacionales para
intentar gobernarlos, dirigirlos, y sacar partido de su predominio relativo, o
enfrentarse a ellos con el único poder real y efectivo donde seguía teniendo
superioridad, a saber, el político-militar. Al final, estas dos opciones han
terminado por cristalizar en dos coaliciones que han dividido duradera y
radicalmente a la clase política norteamericana y está llevando a una guerra
civil al Occidente colectivo, es decir, a las provincias del imperio: Unión
Europea, Reino Unido y su más directa Commonwealth (Canadá, Australia y Nueva
Zelanda), Japón y Corea del Sur. Lo que representan Donald Trump y Joe Biden
tiene mucho que ver con estos dilemas que estamos viviendo en vivo y en
directo.
Las clases
dirigentes norteamericanas han tenido como uno de sus referentes ideales a
Grecia y a Roma. El patriciado, los dueños del país, se sintieron y se siguen
sintiendo, en gran medida, herederos de la cultura clásica y se han imaginado a
si mismos como continuadores de un modo de organizar el mundo y la política a
la altura de ese ejemplo histórico. El imperio que han ido construyendo se ha
basado en una sofisticada combinación de poder duro, poder blando y de poder
estructural que les permitió diseñar instituciones y reglas internacionales que
siempre le benefician. La clave ha sido siempre la cooptación de las élites
económicas, políticas, culturales y militares. Ha sido un trabajo ingente,
sistemático y a largo plazo. Hegemonía político-cultural, control y dominio
político-militar y la protección de las clases económicamente dominantes de los
protectorados, se han ido dosificado según cada coyuntura histórica, posibilitado
por el consenso sólido, férreo de una clase política bipartidista unida en lo
fundamental: perpetuar unas relaciones de poder que le son ampliamente
favorables.
Brzezinski,
siempre lúcido y claro, destacaba que el sistema de poder global estadounidense
–por factores domésticos– ponía el acento en la técnica de cooptación basada
“en el ejercicio indirecto de la influencia sobre élites extranjeras
dependientes, mientras que obtiene grandes beneficios a través del atractivo
que ejercen sus principios democráticos y sus instituciones. Todo lo anterior
se refuerza con el impacto masivo pero intangible de la dominación
estadounidense sobre las comunicaciones globales, las diversiones populares y
la cultura de masas, y por la influencia potencialmente muy tangible de la
tecnología punta estadounidense y de su alcance militar global”. Más claro no
se puede decir.
La
globalización neoliberal capitalista ha estado repleta de paradojas;
rápidamente generó fuerzas que no fue capaz de controlar. Ha propiciado la integración
de China en el mercado mundial desde una posición cada vez más autónoma; ha
permitido, a pesar de las sanciones y de los intentos permanentes de
desestabilización, que Rusia reconstruyera su Estado-civilización; ha
(norte)americanizado fuertemente la vida pública europea, haciéndola más
dependiente y subalterna de los intereses de Estados Unidos y, lo más
significativo, ha puesto en crisis al Estado-Nación que la impulsó y la
convirtió en la plataforma estratégica de nuevas relaciones de dominio y
control. Donald Trump es efecto y no causa de esta crisis. Quien no parta de
aquí, difícilmente entenderá el conflicto que asola al Occidente colectivo.
Como en el
viejo imperio romano, los conflictos, las guerras civiles se trasladan del
centro a las provincias, a las colonias. Las clases dirigentes de los Estados
europeos, las élites que dirigen la UE y las estructuras de poder relacionadas
directa o indirectamente con la OTAN se sienten parte, son actores conscientes
al servicio de un proyecto (El Orden Internacional basado en normas) que
representaba, hasta ahora, los intereses estratégicos de los EEUU. Jan Krikke
(editor jefe de Asia Times) lo explica bien:
“Hace unos 30
años, la mayoría de los países europeos, influenciados por la ola neoliberal en
Estados Unidos, eligieron una serie de líderes políticos de mentalidad
atlantista que estaban de acuerdo con las políticas neoliberales
estadounidenses.
Los sucesivos
gobiernos estadounidenses, incluidos Bush, Clinton, Obama apoyaron la expansión
de la OTAN. El pretexto fue la expansión de la democracia y la libertad, lo que
ocultó las razones geopolíticas y económicas que se remontan a la era
colonial”.
La clave: la
fuerte conexión entre globalismo, políticas neoliberales y la UE. Las clases
dirigentes europeas se han formado en esta cultura política, han sido
seleccionadas, organizadas, apoyadas para defender este proyecto global, para
representarlo ante sus poblaciones y, sobre todo, para impedir, cueste lo que
cueste, que puedan surgir proyectos alternativos que lo cuestionen. Son élites
desnacionalizadas, sin vínculos de pertenencia con sus comunidades,
intercambiables entre sí y cada vez más homogéneas políticamente. Las
consecuencias de estas políticas son cada vez más evidentes: desigualdad, involución
social, inseguridad cultural, degradación de la democracia y el giro a la
derecha de todo el mapa político. Y más allá, la puesta en cuestión de la Unión
Europea del euro.
El retorno de
Trump debería haber hecho pensar a los que mandan en esta provincia del
imperio. No lo parece. El nuevo presidente no la ha tenido fácil: procesos,
campañas, intentos de asesinatos a la americana. Las élites europeas han jugado
a fondo la partida y se han posicionado claramente en favor de la coalición
política, empresarial y mediática que ha defendido Kamala Harris. Los
republicanos son el mal absoluto, la dictadura, la mentira y la degradación de
la vida democrática. Los demócratas, los defensores de las libertades, el
feminismo, los derechos de los inmigrantes y, sobre todo, de la continuidad de
la guerra contra Rusia. Ganó Trump y nuestros gobernantes se encuentran ante
una coyuntura dramática: su país-guía, su referente político, la gran “Nación
imprescindible” del mundo, cambia de posición y pone en cuestión todo lo
defendido y realizado por ellos durante más de 30 años. No es poco. La crisis
siempre desvela lo que la normalidad oculta; al menos, sitúa a cada uno en su
sitio y nos dicen quién manda verdaderamente y quien está obligado a obedecer.
Lo que más
asombra es que nuestros gobernantes no fueran conscientes de lo que estaba
pasando en la sociedad norteamericana. El primer mandato de Trump debería de
haber servido de advertencia. No fue así. Era tal su fe, su creencia,
largamente interiorizada, en la superioridad indiscutida e indiscutible de los
EEUU que no fueron capaces de entender que este país entraba en un periodo de
crisis, de conflictos sociales y culturales, de guerras civiles más o menos
larvadas. Biden no es la democracia; Trump no es el fascismo. El asunto es más
complejo. Si observamos con perspectiva el genocidio palestino y el
comportamiento de las instituciones euroamericanas, nos daremos cuenta que el
Estado de Israel es su vanguardia armada; Netanyahu tiene “licencia” para
masacrar poblaciones e intervenir militarmente cuando sienta sus intereses
amenazados (actualmente: Líbano, Siria, Irak, Irán, Yemen). A Von der Leyen, a
la señora Kaja Kallas, a Napoleón 3º Macron, a Scholz, a nuestro cariacontecido
Pedro Sánchez, no se lo ocurren imponerle sanciones económicas, comerciales,
militares; ni mucho menos exigir una condena clara y efectiva en el Consejo de
Seguridad por sus continuas violaciones del derecho internacional, o propiciar
una coalición internacional para mandar tropas para proteger a los palestinos.
¿Cuánto duraría
Netanyahu sin el apoyo de los EEUU, de las UE, de la OTAN? Días, semanas; no
mucho más. Estas políticas nada tuvieron que ver con motivaciones éticas,
defensa de supuestos valores europeos; con la promoción de los derechos
humanos, de la democracia o del respeto a la soberanía de Estados y pueblos.
Esto va de políticas de poder, con la defensa de intereses económicos de los
grandes monopolios financieros-empresariales, con prioridades geopolíticas en
un momento, nunca se debe olvidar, en que el mundo está cambiando de base.
Nuestras élites gobernantes lo saben y nos manipulan conscientemente.
Biden / Trump
expresaban dos coaliciones sociales, dos “lecturas” y dos estrategias de
respuesta a la crisis de los EEUU. Una tiene un nombre consolidado:
imperialistas liberales o liberal-imperialistas; la otra está por definir, yo
los denominaría nacional-conservadores imperialistas o conservadores-imperialistas.
El marco analítico, el programa y la estrategia del nuevo Presidente van
desgranándose entre amenazas, rectificaciones y marchas atrás. Es su peculiar
estilo de hacer política. La percepción del nuevo equipo es que heredan un país
en crisis, desindustrializado, socialmente roto, fiscalmente en bancarrota y
sin proyecto. La globalización, las políticas impulsadas por la clase política
bipartidista, han puesto de manifiesto una contradicción cada vez más aguda
entre el Estado Nacional norteamericano y su política imperial; dicho de otra
forma, las políticas internacionales de las diversas administraciones, han
terminado por arruinar económica, política y moralmente a la sociedad
americana. Y algo más importante, defender el orden unipolar y sus normas es
inútil: el mundo multipolar es irreversible, ahora se trata de gobernarlo,
mejor dicho, de guiar el interregno desde la posición de predominio que aún
siguen teniendo y que saben que no durará.
Continuará.
El Borbón quiere rearme. [Las grandes corporaciones del armamento, que son cuatro y el de la guitarra, mandan que el Rey de España quiera rearme, al igual que mandan que las jefaturas del PSOE, Sumar, Restar, Multiplicar y Dividir, PP, VOX y Mariquita La Yeyé quieran rearme. Pero, ay chiquet, los trabajadores, que somos la inmensa mayoría de la sociedad, aquí y en toda tierra de garbanzos (y en la tierra donde no hay garbanzos también) y que se da la circunstancia, miren ustedes por donde, que somos los auténticos creadores de cuanta riqueza existe, de cuya riqueza no disfrutamos, quitadas las cuatro migajas que nos caen, no queremos rearme, que no que no, por la sencilla razón de que ese rearme se paga con las pensiones que nos quitan (no con la fortuna del Rey Nicanor); la sanidad pública que nos quitan; la enseñanza pública elemental y superior que nos quitan; las prestaciones sociales públicas que nos quitan y etcétera publica que nos quitan; etcétera pública que nos quitan y etcétera pública que nos quitan, de modo que ya digo, las grandes corporaciones del armamento, que son cuatro y el de la guitarra, mandan que el Rey de España quiera rearme, al igual que mandan que las jefaturas del PSOE, Sumar, Restar, Multiplicar y Dividir, PP, VOX y Mariquita La Yeyé quieran rearme. La cosa parece clara: que ellos con sus dineros ganados (los dineros robados no los incluyo, porque estos dineros lo tienen que devolver a sus auténticos dueños: los trabajadores) se compren sus buenas escopetas de caña, cascos de cartón, la trompeta para dar aviso al enemigo que se le van a lanzar en tromba y con los pies por delante y se pongan a guerrear y a matarse entre sí y quedamos tan amigos.]
El Borbón quiere rearme
INSURGENTE.ORG
/ 01.04.2025
El Borbón Felipe VI ha hablado hace unas horas sobre la urgencia de reforzar las capacidades de seguridad y defensa en Europa en un momento de incertidumbre internacional, marcado por el resurgimiento de políticas basadas en el poder y las zonas de influencia, dijo. Durante la inauguración del foro Wake Up Spain, organizado por el diario de derechas de Pedro J. Ramírez, El Español, el Borbón ha advertido que el multilateralismo está en riesgo y ha apelado a la unidad de las fuerzas políticas para afrontar los desafíos actuales.
Felipe VI ha alertado sobre el peligro de dar
marcha atrás a lo que él llama «avances logrados», señalando que no sería razonable
volver a un escenario donde primen las relaciones de poder sin reglas claras,
dijo.
China en el radar de Pedro Sánchez
China en el radar de Pedro Sánchez
Rebelion / España
29/03/2025
Fuentes: Rebelión
El presidente
del Gobierno español, Pedro Sánchez, viaja a China de nuevo para reunirse con
el presidente Xi Jinping. Se trata de la tercera visita en los últimos tres
años, algo ciertamente inusual y fiel reflejo de la importancia que la Moncloa
concede a la relación con China como expresión de un importante reequilibrio de
la política exterior española basado en el interés estratégico de reforzar las
relaciones económicas y diplomáticas con Beijing.
Relación bilateral
Al cumplirse en
2025 el vigésimo aniversario de la Asociación Estratégica Integral, el
diagnóstico central bien podría definir la relación bilateral como optimista y
constructiva. Sabido es que China es un socio comercial cuya significación no
ha hecho sino crecer tanto en el volumen global como en la trascendencia para
la vitalidad de sectores clave de nuestra economía (desde el aceite de oliva a
la carne de cerdo pasando por muchos otros). Hoy día, la automoción y la
movilidad sostenible, el sector turístico y cultural, la digitalización y la
tecnología en general, constituyen ámbitos en los que la colaboración puede ser
incentivada aun más. En los últimos años, España, con una de las economías más
boyantes de la zona euro, ha captado importantes inversiones de China (Murcia,
Zaragoza, Cáceres, Barcelona) a las que ahora podrían sumarse otros nuevos
acuerdos.
Las transiciones
ecológica y digital, prioridades para la industria española y europea, se
alinean con la orientación general de la economía de China. España puede
aprovechar sus características económicas para explorar la cooperación
comercial e industrial en ese sentido, alentando la cooperación en los sectores
más prometedores.
Esta nueva
visita del presidente español pone de manifiesto que Madrid está preparado y
dispuesto a colaborar con China para profundizar la confianza mutua
estratégica, impulsar los intercambios y una cooperación de alta calidad y
promover el desarrollo sólido y estable de las relaciones bilaterales. Para
viabilizar estas pretensiones, es indispensable ampliar e intensificar la
comunicación y la coordinación, y la implementación de los importantes y
crecientes consensos alcanzados entre ambos líderes.
El marco europeo
España es un
actor destacado en la UE. El presidente Sánchez es un referente de las
políticas socialdemócratas en un contexto de auge de las fuerzas conservadoras
y de extrema derecha. En los últimos tiempos, ha sostenido un perfil singular
en los grandes debates de la UE, incluido el actual a propósito de la inversión
en defensa, afianzándose como un interlocutor referencial que China sabe
apreciar a la hora de calibrar apoyos para una estrategia compartida de
definición de nuevos equilibrios en las áreas clave.
Por tanto, la
visita del líder español podría contribuir a la recuperación y el avance de los
lazos entre China y la Unión Europea, especialmente en un contexto de cambio en
la dinámica transatlántica y los actuales desafíos económicos de Europa. El
pasado febrero, el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares,
declaraba a Financial Times que “la UE debería desarrollar su propia política
hacia China y no imitar la postura confrontativa de EEUU”. Europa debe
conservar la capacidad de decisión para determinar por sí misma cuando China
puede ser socio y cuando competidor, añadía, sin dejarse llevar por inercias o,
peor aún, exigencias, que desbaratan el compromiso de larga data con la defensa
de un orden comercial justo y equitativo.
La posición
china de apoyo a la presencia de Europa en las negociaciones sobre el futuro de
Ucrania es apreciada en Madrid. Si el desencuentro de los países de la UE con
Washington, en esta y otras materias, se profundiza, Bruselas debe auspiciar
una nueva perspectiva sobre China que tenga más en cuenta los específicos
intereses europeos. El viaje de Sánchez debe interpretarse en el contexto de
esa recalibración estratégica paulatina y silenciosa pero notable hacia China,
elevando el ritmo a medida que dichas tendencias se afianzan.
En los últimos
años, tras la inflexión que ya supuso la primera Administración Trump, las
relaciones de la UE con China se han visto afectadas por un endurecimiento sustancial
a pesar de no registrarse ningún conflicto de intereses fundamentales ni
contradicciones geopolíticas insalvables. De hecho, en el momento presente,
China es un socio natural clave de la UE en dos temas clave, el comercio y el
medio ambiente. Por el contrario, Washington es hoy, objetivamente, la
principal amenaza para las políticas de la UE en ambos temas decisivos.
Contexto geopolítico internacional
Sánchez no ha
ahorrado críticas a las políticas arancelarias y otras medidas de la nueva
administración de Donald Trump. Este contexto es muy importante para apreciar
el recorrido de esta tercera visita porque contribuirá a afianzar la vitalidad
del elenco de principios (rechazo del proteccionismo y defensa del libre
comercio, del multilateralismo, del derecho internacional, de la estabilidad de
la cadenas industriales y de suministros, compromiso con la lucha contra el
cambio climático y por la sostenibilidad….) que nutren el desencanto de Europa
con EEUU y, por añadidura, fortalecen el interés conjunto en afianzar la
estabilidad en un entorno en extremo volátil, con cambios en las políticas
internas y estrategias externas bajo presión.
Una relación paradigmática
Sánchez no
trata de dirigir a España hacia China para desentenderse de Trump. No quiere poner
en riesgo la relación económica con EEUU. Ahora bien, es evidente que el
mercado chino, en el reposicionamiento geopolítico en curso, desempeñará un
papel cada vez más destacado. Y no es un acercamiento que prescinde de
principios; es la coincidencia en principios elementales lo que avala el
interés mutuo en fortalecer la relación.
Así, la
relación sino-española se erige como un ejemplo paradigmático y para terceros
de cómo a pesar de las diferencias sistémicas, de valores y los compromisos
regionales e internacionales respectivos, existe un fecundo terreno para la
cooperación en beneficio del desarrollo.
Juan José Tamayo presenta este jueves en Murcia su libro «Cristianismo Radical»
Juan José
Tamayo presenta este jueves en Murcia su libro «Cristianismo Radical»
TERCERAINFORMACION
/ 31.03.2025
- El acto, organizado
por Europa Laica, tendrá lugar en el edificio Rector
Sabater de la Universidad de Murcia a las 19:00 horas.
El teólogo Juan José Tamayo presentará
en Murcia su último libro que lleva por título Cristianismo radical. El
acto, organizado por la Asociación Europa Laica de la Región de Murcia se
celebrará a este jueves 3 de abril a las 19:00 horas en el salón de actos del
edificio Rector Sabater de la Universidad de Murcia, en Ronda de Levante 10
(frente a la consejería de Sanidad) y será presentado por Esther Herguedas.
Juan José Tamayo es profesor titular de la
Universidad Carlos III de Madrid en la que dirige la Cátedra Ignacio
Ellacuría de Teología y Ciencias de las Religiones. Desde sus inicios, está
vinculado a la Teología de la Liberación y es cofundador y actual secretario
general de la progresista Asociación de Teólogos Juan XXIII.
Profesor invitado en diferentes masters en
varias universidades, colabora en numerosas revistas españolas e
internacionales de filosofía, teología, ciencias sociales y ciencias de las
religiones y en distintos medios de comunicación. También tiene una amplia
trayectoria como conferenciante tanto en Estados Unidos como en España e
Hispanoamérica.
Autor de más de 60 libros, el último, que lleva
por título Cristianismo Radical, da respuesta, a los grandes
problemas de la humanidad como son la globalización capitalista y la pobreza,
el despliegue armamentístico y la guerra, la destrucción de la naturaleza, el
poder del patriarcado, la falta de solidaridad con los movimientos migratorios,
el racismo, la xenofobia, los dogmatismos y fundamentalismos religiosos o los
discursos de odio.
Y para ello acude a las raíces del cristianismo
(de ahí el concepto de radical) y en consecuencia presenta un cristianismo
social y solidario, pacifista, ecologista, feminista, intercultural e
interreligioso capaz de generar una conciencia emancipadora que permita
transformar el mundo.
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lunes, 31 de marzo de 2025
Aparecen pintadas reivindicativas en los pueblos afectados por la DANA cinco meses después de la catástrofe [Valencia, España]
Aparecen
pintadas reivindicativas en los pueblos afectados por la DANA cinco meses
después de la catástrofe
KAOSENLARED
CGT
29 de marzo de 2025
Massanassa, Sedaví,
Benetússer, Catarroja, Alfafar, Manises, Paiporta y diversos barrios de
València se despiertan con pintadas que registran la gestión tardía y criminal
de la emergencia.
Esta mañana, 29 de octubre,
justo cinco meses después de la devastadora DANA que azotó varios municipios
valencianos y causó 228 víctimas mortales, numerosos pintadas han
aparecido en espacios públicos de varias zonas afectadas, así como en la propia
ciudad de Valencia.
Con la inscripción «20:11,
ni oblit ni perdó», estos mensajes revelan la hora exacta en que
llegara la alerta a los teléfonos móviles, cuando ya era demasiado tarde para
evitar la tragedia.
Los mensajes han aparecido
en pasos peatonales, plazas, estaciones de tren, paradas de autobuses, puentes,
fachadas de centros oficiales e infraestructuras públicas afectadas por las
inundaciones. En algunos casos, también se han visto en los hogares de las
víctimas fatales de la DANA.
El impacto de la DANA sigue
vivo en la zona. Miles de familias siguen sintiéndose incapaces de
formar un hogar, varios centros educativos permanecen inhabilitados y muchas
infraestructuras esenciales, como centros de salud y espacios de jardinería y
culturales, aún no se han recuperado.
Ante esta realidad, la
ciudadanía de los pueblos afectados interpretan las pintadas como un
gesto reivindicativo para evitar que la tragedia caiga en el olvido
y exigiendo responsabilidades políticas. Las redes sociales también han
recibido reacciones de apoyo, destacando que, más allá de la denuncia,
las pintadas son un acto de memoria colectiva.
La aparición de estas
pintadas se produjo en un momento claro: el 29 de marzo a las
18 horas. En la plaza de Sant Agustí se produjo una nueva manifestación para
pedir la dimisión del presidente de la Generalitat, Carlos Mazón,
como viene ocurriendo mensualmente tras el desastre.
Estas movilizaciones
denuncian la mala gestión de la crisis, colocando a Mazón como el máximo
responsable de las muertes, que podrían haberse evitado, y la falta de
soluciones para las personas afectadas. Además, esta manifestación de la
sociedad civil demuestra que no se permitirá que se vuelva a poner en riesgo a
toda la población, incluidas las zonas afectadas por el 29-O. La cultura de la
prevención es el elemento clave al que no se puede renunciar.
El mensaje es claro: cinco
meses después, el dolor y la ira siguen presentes en las calles.
#2011NiOblitNiPerdo
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Países europeos celebran la formación del nuevo gobierno terrorista en Siria
Países europeos celebran la
formación del nuevo gobierno terrorista en Siria
Tras el golpe de Estado
de terroristas yihaidistas en Siria no se escondió el apoyo de los gobiernos
occidentales en el operativo. De un modo inmediato felicitaron a los
terroristas que se hicieron con el gobierno. El propio ejecutivo español
(PSOE/Sumar) envió al ministro de Exteriores, Albares, a hacer negocios, sin
caer en la cuenta de que ni hubo elecciones ni se las espera... Una masacre de
más de 1000 personas ejecutadas por el nuevo gobierno no hizo mella en el apoyo
occidental. Desde hace unas horas los golpistas han formado gobierno y Francia
y el Reino Unido han felicitado a las nuevas autoridades. Las Actas que pedían
en Venezuela se les olvidó reclamarlas en Siria.
INSURGENTE.ORG
/ 31.03.2025
FRANCIA
«Francia celebra la
formación de un nuevo gobierno en Siria. De conformidad con los principios
establecidos en la declaración adoptada en París el 13 de febrero tras la
conferencia internacional sobre Siria, la Unión Europea está dispuesta a apoyar
a las autoridades sirias para lograr una transición política pacífica e
inclusiva que garantice la preservación del pluralismo y los derechos de todos
los sirios, y permita a Siria recuperar su unidad y soberanía».
REINO UNIDO
El ministro de Estado
para Oriente Medio y el Norte de África de Reino Unido, Hamish Faulkner anunció
la bienvenida de su país al nombramiento de un nuevo gobierno en Siria. “El
Reino Unido está dispuesto a apoyar un futuro integral, estable y próspero para
el pueblo sirio”, escribió Faulkner en la plataforma X.
En la imagen, Ahmad al-Sharaa, el títere occidental
presidente de Siria-
Una nueva teoría del Desarrollo
Los países del Sur
Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la
supervivencia a corto plazo. Descuidaron la creación de capital social. Ha
llegado el momento de cambiar.
Una nueva teoría del Desarrollo
El Viejo Topo
31 marzo, 2025
NUEVAS TEORÍAS
DE DESARROLLO PARA SALIR DE LA DEUDA
En las últimas
dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta
alcanzar los 11.4 billones de dólares (2023). Es importante comprender que este
dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99% de los ingresos por
exportaciones de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar
ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco
extranjero o a un tenedor de bonos. Por lo tanto, los países del Sur Global se
limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por
proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los
déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación originada por la
guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3.300 millones) vive en
países que destinan más
de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a pagar los servicios
de educación o salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro
países, treinta y cuatro gastan más en el pago
de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global
como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades.
¿Por qué están
endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias
razones:
- Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus
antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
- Pidieron dinero prestado a sus antiguos gobernantes coloniales a tipos
de interés elevados para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible el
reembolso, ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como
puentes, escuelas y hospitales.
- Las desiguales condiciones comerciales (exportación de materias primas
a bajo precio para importar productos acabados a alto precio) agravaron
aún más su débil situación financiera.
- Las despiadadas políticas de las organizaciones multilaterales (como
el Fondo
Monetario Internacional, FMI) obligaron a estos países a
recortar el gasto público interno tanto para consumo como para inversión
y, en su lugar, a pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de
bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.
Atrapados en la
red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los
países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo
en favor de la supervivencia a corto plazo. La agenda de la que disponían para
hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivada por la
conveniencia del reembolso y no por el desarrollo. Por lo general, se
promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:
- Alivio y
reestructuración de la deuda. Buscar una reducción de la
carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a
largo plazo.
- Un llamamiento a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de
impulsar las exportaciones. Aumentar
la capacidad de los países para obtener ingresos para pagar esta deuda,
pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
- Recortes del gasto
público, en gran medida una merma del gasto social.
Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar más de su
riqueza social para pagar a sus tenedores de bonos extranjeros y ganarse
la “confianza” en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y
el bienestar de sus ciudadanos.
- Reformas fiscales que beneficien a los ricos y reformas del mercado
laboral que perjudiquen a los trabajadores. Recortes fiscales para animar a los ricos a invertir en su sociedad,
lo que ocurre muy raramente, y un cambio en las leyes sindicales para
permitir una mayor explotación de la mano de obra para aumentar el capital
de inversión.
- Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante
un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el
proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del
FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de
decisiones fiscales.
Cada uno de
estos enfoques por separado y todos ellos juntos, no proporcionaron ninguna
evaluación clara de los problemas subyacentes que produjeron la deuda, ni
ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.
En efecto, si
este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo
necesitan una nueva teoría del desarrollo.
UNA NUEVA
TEORÍA DEL DESARROLLO
A estas
alturas, se entiende que la entrada de Inversión Extranjera Directa (IED) y la
exportación de productos básicos a bajo precio no aumentan por sí solas el
producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una
época de liberalización financiera y sin control de capitales, puede crear
enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la
economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de
transacciones de dinero especulativo.
Las
investigaciones de Global South Insights (GSI, por su siglas
en inglés) y Tricontinental: Institute for Social Research muestran que
no es la IED la que aumenta el PIB a largo plazo, sino que existe una alta
correlación entre el aumento de la inversión neta de capital fijo y el
crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto
en capital social por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país
invierte dinero para aumentar su capital social, verá un aumento secular en su
tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam,
India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el
que la mayoría de los países (por ejemplo, en el Norte Global) han tenido tasas
de crecimiento bajas o negativas (especialmente si se tiene en cuenta el
aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en
que la salida de la “trampa del ingreso medio” consiste en aumentar la
inversión, introducir tecnologías del extranjero e innovar internamente en
materia de tecnologías (lo llaman el “método 3i”). En el centro del proyecto
debe haber un aumento de la inversión neta de capital fijo.
Nuestra
investigación muestra que a medida que el PIB crece, la esperanza de vida
también aumenta. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo,
si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto
social), ¿qué efecto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la
calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a
sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia tanto de una
planificación económica sólida como de una política fiscal adecuada que no esté
motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la
construcción a largo plazo del capital fijo neto en un país.
Pero, ¿cómo se
consigue la financiación necesaria para pagar las deudas y acumular capital
social? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son
ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos.
Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las
relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del
orden mundial, ahora podría haber una oportunidad para crear nuevas estrategias
financieras para el desarrollo.
La base de una
conversación sobre la teoría de desarrollo no debería ser cómo sostener una
economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la
desindustrialización y la desesperación. En su lugar, debería tratarse de cómo
romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria,
crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una
nueva conversación, no sobre la necesidad de tal o cual política económica para
salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su
conjunto.
Fuente: Globetrotter
y No Cold War Perspectives







