martes, 26 de marzo de 2024

Imperialismo y culturalismo

 

Con las teorías que entienden el proceso histórico del mundo como una evolución de civilizaciones o culturas cerradas y aisladas nos están dando gato por liebre. Un discurso que Samir Amin no compra. Texto publicado en El Viejo Topo 108, Junio de 1997


Imperialismo y culturalismo


Samir Amin

El Viejo Topo

26 marzo, 2024 


Las ideologías dominantes son por definición conservadoras: para poder reproducir todas las formas de organización social deben percibirse a sí mismas como el fin de la historia. Sin embargo, el primer paso del pensamiento científico consiste precisamente en buscar la manera de ir más allá de la visión que los sistemas sociales tienen de sí mismos. El discurso conservador dominante adquiere fuerza por medio de la vulgar práctica de meter en el mismo saco a todos los valores que a su juicio rigen el mundo moderno. A ese saco se arrojan los principios de organización política (las ideas de derecho, estado, derechos humanos, democracia), valores sociales (libertad, igualdad, individualismo), y principios de organización de la vida económica (propiedad privada y libre mercado). Esta amalgama conduce a la equívoca consideración de que estos valores constituyen un todo indivisible que procede del mismo proceso lógico. De aquí la asociación de capitalismo con democracia, como si ambos tuvieran un obvio y necesario vínculo. Sin embargo, la historia nos muestra lo contrario: los avances democráticos han sido logrados a través de la lucha y no como un producto natural y espontáneo de la expansión capitalista.

A no ser que aspiremos a que el fin de la historia sea también el fin de la humanidad y del planeta gracias a su destrucción, debemos trascender el capitalismo. A diferencia de los sistemas previos, a los que les llevó miles de años agotar su potencial histórico, el capitalismo empieza a mostrarse como un breve paréntesis en la historia. A estas alturas, la tarea primordial de la acumulación ya se ha logrado, aunque sólo haya servido para sembrar las bases de un sistema capaz de suplantar un orden social caracterizado por una racionalidad superior no alienada y basada en un auténtico humanismo planetario. En otras palabras, el capitalismo, en efecto, ha agotado su potencial histórico positivo prematuramente; ha dejado de ser el medio (por lo menos inconscientemente) por el que se alcanzaba el progreso y se ha convertido, por el contrario, en un obstáculo para éste.

Aquí, la idea de progreso no ha de ser vista como algo abstracto que deba ser vinculado a la expansión de capital, sino que se define independientemente de éste a través de un criterio humano incompatible con los resultados reales del capitalismo: alienación económica, destrucción ecológica y polarización global. Esta contradicción explica por qué la historia del capitalismo ha estado compuesta desde sus comienzos por sucesivos

movimientos antitéticos. En algunos periodos la lógica de expansión del capital se comportó como una fuerza unilateral, y en otros la intervención de las fuerzas antisistema aminoró la importancia de la destrucción inherente a su expansión. El siglo diecinueve, con el dispar desarrollo de la revolución industrial, la proletarización y la colonización, representa la primera forma de expansión capitalista.

Pero a pesar de las loas dedicadas al capital, la violencia de las contradicciones reales del sistema llevaba a la historia no precisamente hacia su fin, como habían proclamado los triunfalistas de la Belle Époque, sino que la encaminaba hacia guerras mundiales, revoluciones socialistas y la rebelión de los pueblos colonizados. Tras la primera guerra mundial, el liberalismo triunfante agravó el caos y abrió el camino a la ilusoria y criminal solución que el fascismo ofrecía.

Así pues, sólo desde 1945 en adelante, tras la caída del fascismo, se abrió una fase de expansión civilizada gracias a los tres compromisos históricos que impusieron el comunismo soviético, la socialdemocracia y los movimientos de liberación nacional. Ninguno de estos compromisos logró una ruptura total con la lógica del capitalismo, pero hicieron prevalecer sobre el capital el respeto hacia los movimientos resultantes de la explosión de las contradicciones del capitalismo. En su desarrollo, estos acuerdos atenuaron los efectos devastadores de la alienación económica y la polarización. Pero esta etapa ha finalizado.

La lógica del compromiso, degradada progresivamente debido a su propio éxito, aunque sólo –y por definición– fuera parcial, sucumbió al desplomarse los sistemas que la habían legitimado.

Solamente nos queda preguntarnos: el regreso actual del discurso triunfalista del liberalismo que cree de nuevo en el fin de la historia, ¿anuncia la trágica repetición de antiguos dramas? Este neoliberalismo ¿no ha creado ya un vacío ideológico, y está sentando las bases para profundizar la polarización?

Evidentemente, habrá una reacción por parte de las víctimas. Es más, ya se está produciendo. Pero ¿qué lógica desarrollarán para oponerse al capital. ¿Qué clase de compromiso impondrán? Como hipótesis más radical, ¿qué sistemas suplantarán al capitalismo? Las estrategias alrededor de las cuales había tenido lugar la movilización popular (socialismo y descolonización) han perdido hoy credibilidad por la ausencia de nuevas respuestas a los nuevos elementos surgidos de los cambios permanentes del capitalismo. Quedan a la vista los temas sustitutorios: democracia (siempre limitada en forma tácita a algunos grupos privilegiados) asociada con formas (por lo general étnicas) de comunitarismo, cuyo reconocimiento se legitima en el derecho a la diferencia y a veces en el ecologismo; o en la especificidad cultural y, especialmente, religiosa.

La idea de que las diferencias culturales no sólo son reales e importantes, sino fundamentales, permanentes y estables, es decir, transhistóricas, no es nueva. En efecto, esta es la base de un prejuicio que han compartido todos los pueblos a lo largo de todos los tiempos. Todas las religiones se consideran a sí mismas como el fin de la historia, la respuesta definitiva. El progreso en la reflexión crítica, social e histórica (un avance

universalista) y la construcción de las ciencias sociales han requerido una lucha continua contra este prejuicio de inmutabilidad cultural. Las culturas y las religiones están en constante cambio, y este cambio tiene su explicación. Pero lo importante no es demostrar una vez más que esta visión de mundo se contradice con la historia real. Lo más urgente es saber por qué la absurda idea de la existencia de culturas situadas fuera de la historia se presenta hoy con tanta fuerza y convicción, y tratar de comprender los resultados de su éxito político.

Las teorías de la especificidad cultural son por lo general decepcionantes porque se basan en el prejuicio de que las diferencias son siempre decisivas, mientras que las semejanzas son sólo el resultado de la casualidad. Los resultados buscados en este empeño se obtienen, a priori, sobre esta base. Las diferencias aducidas como prueba revelan la banalidad de esta reflexión. Afirmar, como hace Samuel Huntington en su famoso texto «El choque de las civilizaciones», que estas diferencias son fundamentales puesto que involucran un territorio que define las relaciones entre los seres humanos y Dios, Naturaleza y Poder, es al mismo tiempo reducir las culturas a religiones y suponer que cada una de estas culturas desarrolla conceptos fijos específicos acerca de las relaciones en cuestión bajo las categorías predeterminadas por Huntington. Pero la historia nos muestra que estos conceptos son más flexibles de lo que comúnmente se cree y que se encuentran en sistemas ideológicos inscritos en distintas formas de la evolución histórica según circunstancias independientes de los mismos.

¿Hay malos y buenos culturalismos? El confucianismo explicó ayer el atraso de China y puede explicar su acelerado desarrollo de hoy. Para muchos historiadores el mundo islámico del siglo diez no sólo es más brillante, sino que posee un potencial mayor de progreso que la Europa cristiana del mismo periodo. ¿Qué explica entonces su cambio de rumbo posterior? ¿La religión (mejor dicho, lo que la sociedad concibe como tal) o algo más? ¿Cómo reaccionaron las diferentes instancias de la realidad unas con otras? ¿Cuáles fueron las fuerzas motoras?

Son preguntas a las que el culturalismo, incluso en formulaciones más rigurosas que las de Huntington, permanece indiferente.

Yendo aun más lejos ¿De qué culturas estamos hablando? ¿De aquellas definidas según el contexto religioso, según la lengua, el país, la región económica o el sistema político? Aparentemente Huntington ha elegido la religión como base de los siete grupos que define: Occidental (católicos y protestantes), Musulmán, Confuciano (¡el confucianismo no es una religión!), Japonés (¿sintoísta o confucianista?), Hindú, Budista y Cristiano Ortodoxo. Obviamente Huntington se interesa en los espacios culturales que plasman en potencia las divisiones del mundo de hoy. No hay duda, por ejemplo, de por qué separa a los japoneses de otros confucianos y a los cristianos ortodoxos de los occidentales (¿es quizás porque para la estrategia del Departamento de Estado, a la cual Huntington está cercano, la integración de Rusia en Europa es una verdadera pesadilla?).

No merece la pena preguntarse por qué ignora a los africanos, quienes, ya sean cristianos, musulmanes o animistas, aún poseen un puñado de especificidades (más que nada, este descuido del autor refleja sólo ignorancia y banales prejuicios raciales) o incluso a los latinoamericanos, que aunque cristianos no son tan «occidentales» como los occidentales. Y si son occidentales ¿por que no han salido del subdesarrollo? No es difícil continuar mencionando otros disparates que aparecen en estos escritos eurocentristas de tercera clase.

Huntington elabora su detallada taxonomía para llegar a la asombrosa conclusión de que seis de sus siete grupos ignoran por completo los valores occidentales, procediendo con éstos a las tramposas artimañas de siempre: identificar capitalismo con mercado, y democracia con capitalismo, apriorísticamente y a despecho de la verdad histórica. ¿No son Mercado y Democracia fenómenos recientes incluso en Occidente? ¿El Cristianismo medieval se reconocía a sí mismo en estos valores occidentales supuestamente transhistóricos?

Las ideologías, especialmente las religiones, son sin duda importantes. Pero durante doscientos años hemos estado haciendo un análisis que sitúa la ideología en el seno de la sociedad y que es capaz de identificar analogías funcionales en diferentes sociedades expuestas a condiciones históricas similares. Tales analogías entre las funciones sociales de las ideologías religiosas existen nítidamente más allá de sus particularidades.

En este contexto los diversos espacios culturales tradicionales no han desaparecido, sino que han sido transformados desde dentro y desde fuera por el capitalismo moderno (lo que erróneamente Huntington llama cultura de Occidente). He llegado a la conclusión de que esta cultura del capitalismo (y no de Occidente) alcanzó a ser dominante globalmente y que fue esta preeminencia lo que vació de contenido a las antiguas culturas.

Allí donde el capitalismo está más desarrollado se ha implantado la cultura moderna, que ha sustituido a las antiguas, como también ha sucedido con el cristianismo medieval en Europa y Norteamérica y en forma paralela con la cultura original de Confucio en Japón. Por otra parte, en las periferias del capitalismo la dominación de la cultura capitalista no logró transformar radicalmente a las antiguas culturas locales. Esta diferencia no tiene que ver con el carácter particular de las culturas tradicionales, sino con las formas de expansión del capitalismo, tanto central como periférico. En esta expansión mundial el capitalismo reveló la contradicción que existe entre sus pretensiones universales y las polarizaciones que genera en la realidad material. Los valores, totalmente vacíos, promulgados por el capitalismo en nombre del universalismo (individualismo, democracia, libertad, igualdad, secularidad, ley, etc.) son meras mentiras para las víctimas del sistema, o valores que sólo se adecúan a la cultura de Occidente. Esta es una contradicción permanente, pero en las fases en que la globalización aumenta (como ahora mismo), deja al descubierto su violencia.

Gracias al pragmatismo que lo caracteriza, el sistema pronto descubre los medios para manejar esta contradicción. Bastaría con que se aceptara la diferencia, que el oprimido dejara de reclamar democracia, libertad individual e igualdad, valores sustituibles por otros más adecuados que por lo general son completamente opuestos. Bajo este útil modelo las víctimas internalizan su estatus subalterno permitiendo al capitalismo desarrollarse sin tropezar con los obstáculos que el fortalecimiento de la polarización necesariamente engendra.

Imperialismo y Culturalismo forman una extraña pareja. El primero posee la arrogante certeza de que Occidente ha alcanzado el fin de la historia, que las fórmulas para dirigir la economía (propiedad privada y mercado), la vida política (democracia) y la sociedad (libertad individual), están a priori interconectadas y son definitivas e insuperables. Las contradicciones reales que se observan se califican de imaginarias o producidas por la absurda resistencia al sometimiento a la racionalidad capitalista. Para los demás la alternativa es simple: aceptar esta falsa unidad de los valores occidentales o introducirlos en sus propias especificidades culturales. Si, dada la polarización que mercado e imperialismo producen, la primera de las dos opciones se hace imposible  –por lo menos para la mayor parte del mundo­– el conflicto cultural está abocado a situarse en un primer plano. Pero en este conflicto la suerte está echada: Occidente vencerá siempre, y los otros serán vencidos. Es por eso que las opciones culturalistas de los otros no sólo pueden ser toleradas, sino que suelen ser incentivadas. Sólo amenaza a sus víctimas. Dada esta situación y contrariamente al discurso mitológico del fin de la historia y el choque de las civilizaciones, el análisis critico debe definir qué es lo que está en juego y cuáles son los desafíos. Cargado de contradicciones que no pueden trascender a su propia lógica, el capitalismo es sólo una etapa en la historia y los valores que proclama se presentan privados de su contexto histórico, de los límites y contradicciones del capitalismo, lo cual los convierte en algo vacío.

El pretencioso discurso occidental no responde a estas interrogantes, sino que las ignora. Aunque por otro lado, el discurso culturalista de sus víctimas también las evade, ya que traslada el conflicto fuera del campo de juego, lo que permite al enemigo buscar refugio en los espacios imaginarios de la cultura.

¿Qué importa entonces si el Islam, por ejemplo, controla con firmeza la sociedad local, si dentro de la jerarquía de la economía mundial las reglas del sistema sitúan a las sociedades islámicas en un estatus de comprador de bazar? Como el fascismo de ayer, el culturalismo de hoy opera en base a engaños: es un recurso para controlar la crisis a pesar de pretender ofrecer una solución. Pero mirando hacia adelante y no hacia atrás, podemos ver que es necesario enfrentar algunas interrogantes reales: ¿cómo combatiremos la alienación económica, la enorme, global polarización; cómo podremos crear condiciones que permitan un auténtico avance de valores universales mas allá de cómo los formula el capitalismo históricamente?

Simultáneamente se impone una crítica a la herencia cultural. La modernización de Europa habría sido impensable sin la crítica que los europeos efectuaron a su propio pasado y a su religión. ¿Y cómo sería China sin la crítica a su pasado, y especialmente

a la ideología de Confucio, a pesar de la devoción que por ella sentía el maoísmo? Desde luego más tarde la herencia (cristiana en un caso, y confucianista en el otro) se reintegró en la nueva cultura, pero sólo después de haber sido radicalmente transformada gracias a una revolucionaria crítica del pasado. Sin embargo, en el mundo islámico, la tozuda negativa a iniciar una crítica del pasado acompaña (no por casualidad) a una degradación continua de los países que integran este espacio cultural en la jerarquía del sistema mundial.

Por lo general, después de analizar una situación, se puede reflexionar acerca de cómo puede desarrollarse en el futuro. La erosión progresiva de los compromisos sobre los que se ha llevado a cabo la expansión capitalista de posguerra ha originado una nueva etapa en la que el capital, libre de restricciones, ha intentado imponer su utopía dirigiendo el mundo según la lógica exclusiva de sus intereses financieros. La primera conclusión nos permite identificar el nuevo objetivo dual de la estrategia de los poderes dominantes: profundizar la globalización económica y destruir la capacidad política de resistencia.

Dirigir el mundo como un mercado significa fragmentar al máximo las fuerzas políticas o, en otras palabras, la destrucción de la fuerza del estado (un objetivo que la ideología anti-estado intenta legitimar) en favor de las comunidades (étnicas, religiosas u otras) y en favor de solidaridades ideológicas primitivas tales como el fundamentalismo religioso. Como único gendarme mundial, Estados Unidos pretende en su proyecto de dirección global que ningún otro estado (y especialmente ningún poder militar independiente) sobreviva. Cualquier otro poder debe ser restringido a la modesta tarea de administrar diariamente el mercado. El proyecto europeo en sí mismo sólo está concebido en términos de gestión del mercado comunitario, mientras mas allá de sus fronteras se busca sistemáticamente la fragmentación máxima (tantas Eslovenias, Macedonias o Chechenias como sea posible). El tema de la democracia y los derechos humanos son utilizados con la intención de anular la capacidad de la gente de usar esa democracia y esos derechos en cuyo nombre han sido manipulados. Los elogios a la especificidad y la diferencia y la movilización ideológica alrededor de objetivos culturalistas o étnicos son el motor de un impotente comunitarismo que lleva el conflicto hacia la limpieza étnica o el totalitarismo religioso.

En el marco de esta lógica se hace posible, e incluso deseable, el choque de civilizaciones. En mi opinión, la intervención de Huntington en este tema debe ser considerada en ese sentido. De la misma forma en que en el pasado solía apoyar a los dictadores del Tercer Mundo en nombre del desarrollo, hoy sus textos legitiman los medios desplegados para conducir la crisis mediante conflictos derivados de incompatibilidades culturales. Esto es, una estrategia que impone un terreno de juego que garantiza la victoria de Occidente, tal como ya he señalado.

A través de la multiplicación de conflictos étnicos y religiosos, los acontecimientos parecen confirmar la efectividad de esta estrategia. Pero ¿prueba eso la tesis de que existe naturalmente un conflicto cultural? He expresado ya mis profundas reservas sobre ello. Las drásticas afirmaciones de especificidad son en raras ocasiones fruto de la manifestación espontánea de un pueblo. Por lo general las formulan las minorías que están en el poder o que aspiran a poseerlo. Es también evidente que las clases dominantes que han sido debilitadas por la evolución global del sistema son las que han recurrido con mayor frecuencia a estas estrategias culturalistas o étnicas. Es el caso de los países de Europa del Este, que han sido azotados por un cataclismo de proporciones poco comunes. Pero también ha sucedido así en el mundo islámico y en el África subsahariana, tachada de la lista de los países competitivos y por lo tanto marginada en el sistema mundial. Este dañino nacionalismo es completamente funcional desde la perspectiva del manejo de la crisis capitalista. Ni la política exterior ni los servicios de inteligencia de Estados Unidos, de los cuales Huntington es un funcionario, fracasaron al usar el hecho diferencial y la incompatibilidad cultural en contra de los movimientos populares que ejercían resistencia (dentro del marco de los acuerdos de posguerra) a la expansión del capital. La ayuda proporcionada a figuras tales como Savimbi en Angola, Hekmaryar en Afganistán, y Tudjman en Yugoslavia demuestra que los ejemplos más escalofriantes de conflicto cultural hoy en día deben verse como algo antinatural. Las culturas locales, en su especificidad y en sus relaciones con el sistema mundial y la cultura capitalista dominante, se estiman a sí mismas como insuficientes de acuerdo a la teoría general que propone el culturalismo. Las verdaderas claves capaces de explicar las diferencias entre las regiones del mundo están fuera del campo de la cultura. No existe una confrontación sistemática de culturas: existen conflictos que son fundamentalmente de otra naturaleza, aunque algunos sí incluyen un aspecto cultural. Por ende, al definir una estrategia para la lucha popular es necesario comenzar por un análisis de las contradicciones del capitalismo y las formas que éstas adoptan en el periodo particular de la historia que estamos viviendo.

(Traducción de Montserrat Plá)

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lunes, 25 de marzo de 2024

Arrestan a los 4 sospechosos del ataque terrorista en Moscú y 2 se declaran culpables ante tribunal

 

Arrestan a los 4 sospechosos del ataque terrorista en Moscú y 2 se declaran culpables ante tribunal

 


DIARIO OCTUBRE / marzo 25, 2024

 

Dalerdzhón Mirzóev y Rachabalizoda Saidakrami, sospechosos del atentado del 22 de marzo en la sala de conciertos Crocus City Hall, fueron arrestados por orden de la Justicia rusa y admitieron su culpabilidad.

© Sputnik / Kirill Zykov


El primero en ser acusado formalmente fue Mirzóev, quien más tarde fue arrestado y posteriormente admitió su culpabilidad ante el Tribunal del distrito moscovita de Basmani.

Más tarde, Rachabalizoda Saidakrami también resultó arrestado y también admitió su culpabilidad.

 

En tanto, el tribunal resolvió arrestar hasta el 22 de mayo al tercer y al cuarto sospechoso, identificados como Shamsidín Fariduni y Muhammadsobir Fayzov, respectivamente.

Los sujetos fueron acusados de haber cometido, como parte de un grupo organizado, un acto terrorista que causó la muerte de varias personas, el crimen tipificado en el artículo 205 del Código Penal de la Federación de Rusia.

El pasado 22 de marzo, un grupo de hombres armados, que iban vestidos de camuflaje, desató un tiroteo en la sala de conciertos Crocus City Hall, ubicada en la ciudad de Krasnogorsk, en la periferia noroeste de Moscú, apenas unos minutos antes de comenzar un concierto de la banda rusa de rock Picnik.

El tiroteo fue seguido por un incendio, que, según el Ministerio de Emergencias, afectó un área de casi 13.000 metros cuadrados.

Según los últimos datos oficiales, el ataque terrorista se saldó con 137 muertos y 180 heridos.

FUENTE: sputniknews.lat

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Entrevista a Julio Anguita

 

Publicada en el número 110 de El Viejo Topo, en septiembre de 1997, en esta entrevista Julio Anguita no tiene pelos en la lengua. La traición del partido de la Nueva Izquierda y la manipulación mediática conocida entonces como La Pinza son abordadas sin tapujos. Publicada en el número 110 de El Viejo Topo, en septiembre de 1997, en esta entrevista Julio Anguita no tiene pelos en la lengua. La traición del partido de la Nueva Izquierda y la manipulación mediática conocida entonces como La Pinza son abordadas sin tapujos.


Entrevista a Julio Anguita


Miguel Riera

El Viejo Topo

25 marzo, 2024 

 

—Usted ha declarado que IU ha entrado en un proceso de clarificación ¿Podría señalar qué es lo que está en el origen de la crisis que desencadena ese proceso?

—Es verdad que en IU se han producido enfrentamientos, pero nunca han obedecido a personalismos. Su causa es mucho más profunda, y de naturaleza política. Nuestras coincidencias y diferencias con los sindicatos, con Nueva Izquierda o con Iniciativa per Catalunya, incluso con el PSOE, no se han producido en función de que exista más o menos química entre dirigentes. Pensar eso es una frivolidad. Lo que se está discutiendo en IU, yo diría que casi desde su nacimiento, poniendo sobre el tapete un debate que ya estaba larvado en el PCE, es, ni más ni menos, si es posible construir un proyecto alternativo desde la izquierda no socialdemócrata. En el documento fundacional de IU, ese que firman Cristina Almeida, Jaime Sartorius, Nicolás Sartorius, Enrique Curiel, Gerardo Iglesias, Alonso Puerta, etc, se parte de que el proyecto del PSOE, como proyecto de izquierda, ha fracasado. Desde esa constatación, que se hace en el 86 ­–cuando todavía no ha pasado nada; ni ha aparecido la corrupción, ni el GAL, ni los Fondos Reservados; sólo chirría el tema de la OTAN–, surge la idea de que hay que construir un proyecto alternativo que recoja las tradiciones clásicas de la izquierda, renovadas, pero también los nuevos proyectos de liberación: el feminismo, el ecologismo… Pues bien, en el momento en que ese documento se firma comienza ya a pergeñarse el discurso que lo niega.

—¿Quiere decir que ya en ese momento hay sectores de IU que no apuestan por un proyecto alternativo a la socialdemocracia?

—Sobre el papel todo el mundo está de acuerdo. Pero una cosa es redactar un documento y otra ser consecuente con su contenido. Muchos de los que lo firmaron venían de la tradición del PCE, el cual le dio a IU lo mejor que tenía, pero también le ha pasado algunas de sus lacras. Ya en la última época de Carrillo se habla de que hay que soldar la fractura de 1920, lo que viene a ser la antesala de la «casa común». Eso se visualiza en términos electorales con el eslogan Juntos Podemos. Recuerdo lo que Enrique Curiel dijo en el Comité Central del PCE, cuando yo ya era secretario general: «Hay que reequilibrar la izquierda». Es decir: IU es buena para ganar votos, pero a continuación se los damos al PSOE para reequilibrar a la izquierda. Ese es el origen de un discurso que se concreta en una frase de Juan Berga: “IU nació para corregir la desviación derechista del PSOE”. Después del Juntos Podemos y del reequilibrio de la izquierda aparece el discurso de la «casa común», que ahora se ha transformado en la «causa común».

—¿Significa eso que a su juicio IU debe mantener una política de permanente confrontación con el PSOE?

—IU es un tajo que corta el cordón umbilical con el PSOE. Y al cortarlo reclama un discurso independiente, autónomo, un espacio diferente en el que construir la alternativa. Pero eso no niega el diálogo con el PSOE. Lo que sucede es que ese diálogo no se acepta desde la subalternidad, sino desde la igualdad. Este es el auténtico debate en IU, y la verdadera causa de los problemas y las crisis que padece. Claro, mantener esta posición de independencia cuesta trabajo, porque entre otras cosas incide en el campo organizativo, en el que se perpetúan prácticas viejas que a veces se manifiestan desde la inercia, o se dan movimientos pendulares hacia lo nuevo pero sin llegar a alcanzarse una síntesis… Pero la política de defender la autonomía del proyecto cuaja en un número de votos que para el PSOE son fundamentales de cara a conquistar el gobierno. Esta es la esencia de la cuestión.

—La situación que usted describe revela la existencia, en el seno de IU, de dos proyectos…

—Más bien de un proyecto y una inercia, porque «lo otro» no es un proyecto…

—Me pregunto hasta qué punto esos dos proyectos, desde su punto de vista, se corresponden con la dicotomía alternativa-alternancia a la que usted se ha referido en otras ocasiones. Si su proyecto representa la alternativa y lo que califica de «inercia» representaría la alternancia, ¿qué sería de IU si se impusiera el proyecto de la alternancia?

—A medio plazo desaparecería IU, absorbida por el PSOE, Nada menos que eso. En una primera fase se establecería alguna clase de acuerdo, luego listas comunes, y el siguiente paso consistiría en la inclusión orgánica en el PSOE. La consecuencia del Pensamiento Único es un proyecto político que se asienta en la idea de que la economía está fuera de la voluntad de los hombres, y que los mercados son deidades menores que manifiestan esa voluntad. El proyecto político único se basa en la aceptación de todo eso. ¿Y dónde se ubica? En el centro: centro-derecha, centro-izquierda. Entonces, todas las formaciones políticas concurren a ese agujero negro que es el centro y que devora toda la creatividad, todo lo que sea alternativo. Naturalmente, eso conduce al bipartidismo. Pero para alcanzarlo plenamente necesitan que no existan zonas políticas molestas. Hacen leyes que favorecen el bipartidismo, hacen de la política una simple técnica electoral, impiden que se discutan los criterios económicos, que se dan  como absolutos… El Pensamiento Único se dirige al proyecto político único. Estamos ante el mundo orwelliano. Vamos caminando hacia él a través de estos dos mecanismos. Por eso sobramos… IU sobra. Somos una especie de hijo no querido, un accidente. Pero un accidente que de pronto tiene el 10 y pico por ciento de los votos, 2 millones y medio, y no parece que vayamos a bajar de ahí. Incluso, a poco que arreglemos ciertas cosas, podemos subir algo… Por tanto, estamos incordiando. En cierta medida representamos la opción «es posible»; somos un poco la antorcha encendida para cuando vengan tiempos mejores –no la antorcha «faro único», no quiero que se me malinterprete–, la posibilidad de mantener un grupo de votantes importante que puede crecer conforme el Pacto de Estabilidad muestre su cara auténtica y comiencen a aparecer los problemas. Y llegará un momento en que los dos grandes partidos, PSOE y PP, vendrán a por nosotros. Si PSOE y PP pudiesen llegar a establecer una gran coalición –cosa por ahora difícil, porque los sindicatos facilitan que el PSOE pueda aparentar que hace una cierta oposición–, si se reanudase la lucha social, o por cualquier otra razón, los dos partidos enarbolarían la bandera de la defensa de los intereses patrios –léase Pacto de Estabilidad– y vendrían ambos por nosotros.

—Un proyecto alternativo, en las condiciones actuales, es algo más a largo plazo que a medio.

—En cualquier caso, a corto plazo lo más importante es proceder a una consolidación que nos permita seguir avanzando. Y avanzaremos si corregimos algunos hábitos, si nos organizamos mejor, si asumimos plenamente la idea de que somos un movimiento político-social –y aquí debo entonar un mea culpa–, si enmendamos algunos errores. Y también hay factores que no dependen de nosotros.

—¿A qué tipo de factores se refiere?

—Por ejemplo a los efectos que va a tener el Plan de Estabilidad. Serán tremendos y empezarán a notarse ya en los próximos Presupuestos. Tarde o temprano los sindicatos «caerán en la cuenta» de lo que han firmado, y se producirá de una parte el rechazo, y de otra una reconsideración de la situación. Incluso puede que en el PSOE se produzca una reconsideración de la política que está defendiendo… En esa situación es posible que IU experimente un avance importante. Hoy por hoy, manteniéndonos donde estamos ya somos un problema, de manera que si crecemos seremos aún más incómodos. Aunque, pasar del 10,5 % al 15 o al 16%, si no hay una base articulada, organizada, francamente, no me seduce mucho.

—El desarrollo de un proyecto alternativo requiere la coincidencia de muchos factores. Entre ellos, estos tres: la superación de la dinámica interna de IU, pues es evidente que una crisis prolongada conduce inevitablemente a la esterilidad; una conexión más directa con la sociedad, sobre todo con actores sociales no integrados en organizaciones políticas; y neutralizar la hostilidad militante de determinados medios de comunicación, empeñados en una especie de guerra santa. ¿Cómo alcanzar esos objetivos?

—En cuanto al problema interno, en diciembre celebraremos nuestra V Asamblea. Y en ella queremos debatir sobre política. Y tengo que decir –y subrayo que esta es una opinión muy personal– que esto ya no tiene vuelta atrás. En el caso del PDNI yo constato que estamos ante otro proyecto político; no ante matices del mismo proyecto político, sino ante otro proyecto que, francamente, no tiene lugar en IU. El proyecto del PDNI no tiene nada que ver con el proyecto de IU, ni en sus fuentes originales, ni en sus prácticas ni en sus discursos… Y esa diferencia, que se ha ido consolidando, ha sido dirigida desde el PSOE (Almunia  dtxit), aunque muchos de los compañeros del PDNI –al menos yo quiero creerlo así– no han sido conscientes de eso. Por lógica todo ello desembocará en una Asamblea que colocará a cada uno en su sitio, si antes ha habido, como espero, un proceso de clarificación.

—¿Significa eso que la ruptura con el PDNI es inevitable?

—Significa que no hay solución posible, que no hay entendimiento posible. No lo ha habido en estos años, pese a la buena voluntad –incluida la mía– mostrada en temas como, por ejemplo, la confección de listas. Pero no hay solución; somos proyectos incompatibles. Incluso opuestos. En la V Asamblea habrá un debate político intenso, y tras él ha de levantarse una fuerza política con proyectos, con propuestas, con pluralidad.

—¿En cuanto al problema mediático?

—Pues lo que no tiene solución, no es problema. Con PRISA no hay nada que hacer. Así que mi postura va a ser, allí donde esté, la de denunciar a este grupo y al que sea. Frente a la política de intentar sojuzgar, mi respuesta siempre será la denuncia. Sé que decir esto es una declaración de guerra, pero ya sufrimos una guerra total y yo la asumo. Y no hay pactos ni componendas. No lo hago por voluntad propia, sino porqueno me dejan más remedio. Pactar con El País significaría hacer dejación de lo que estamos defendiendo. Acepto el reto hasta el final, y ya veremos… Claro que lo acepto –estoy hablando a niveles muy personales– en la medida en que creo que se puede combatir. Los medios de comunicación tienen los pies de barro.  El País se ha pasado con sus artículos, la bilis ha desbordado sus páginas y, con ella, la irracionalidad. Y eso a la gente le empieza a molestar; de hecho ya está ocasionando un rechazo. El País es dominante en el mundo de los políticos, de los periodistas y de determinadas capas ilustradas, pero a partir de ahí hay otro mundo que ya no domina. Yo acepto esa lucha porque ya he dicho que no tengo otro remedio, pero no la acepto con resignación, sino con todas las consecuencias, dispuesto a pelear. Y creo que con ello le estoy haciendo un favor a todas las fuerzas políticas, porque es la manera de conseguir que los políticos no nos tengamos que inclinar ante los medios de comunicación. No podemos explicarnos desde El País, pero hay otros medios menos sectarios. Ahora bien, sea como sea, IU tiene que estar más en la calle, explicarse más y mejor.

—¿Esa hostilidad que denuncia la atribuye a razones políticas o inciden ahí cuestiones de tipo personal?

—En un noventa y pico por ciento es una cuestión vinculada a los intereses económicos.  El País es un ferviente partidario del bipartidismo. Es un periódico «moderno», en el sentido de que participa del Pensamiento Único. Admite la discusión, pero siempre dentro de ese modelo. Por tanto, El País pertenece al Sistema. Y cuando digo Sistema no digo sistema democrático, porque esto no es en puridad un sistema democrático. Desde luego es mejor que la dictadura, pero yo lo llamaría un sistema de hibernación de la democracia. Y El País es el periódico de esa hibernación, un periódico para defender el orden existente. Después de eso, quizá haya algún componente personal con respecto a algún redactor o a algún columnista. Al margen de que es verdad que a veces cometo errores, al parecer hay algunos a los que no les gusta cómo digo las cosas. También puede que les disguste que yo no haya asumido el ir de tiralevitas de los grandes rotativos, de los grandes directores, que no he aceptado hacer la carrera –y digo la carrera en el sentido de prostitución política– en cenas y saraos.

—Dada esa guerra a la que ha hecho referencia, ¿en qué medida esa situación puede haber condicionado las votaciones de IU en relación a la ley del fútbol y a la cuestión de la TV digital?

—Tengo que decir que el doctor Goebbels –el nazi Goebbels– ha tenido en este país un buen número de alumnos aventajados. Han puesto en marcha con éxito una operación que ha tenido éxito: la de atribuirnos formar parte de la famosa pinza. ¿Cómo puede desmentirse eso? Desde la racionalidad, haciendo ejercicio de la razón, comprobando la documentación, observando las evidencias. Pero claro, Goebbels se instalaba en la irracionalidad del impulso, utilizaba la técnica que Pavlov había experimentado con perros: impulso-reacción. En 26 votaciones de temas importantísimos, IU y el PP han votado conjuntamente sólo en dos, y esos dos son la TV digital y la ley del fútbol. El PSOE y el PP han votado juntos doce veces, y PSOE e IU han votado lo mismo en diez ocasiones. Además, bastó ver el debate de investidura para saber dónde está la oposición de izquierda. Pero bueno, han lanzado la consigna de la pinza y les ha funcionado. Unos siguen con ese estribillo porque están a sueldo y tienen que comer. Otros porque se lo creen. Pero para pinza, la que hicieron González y Pujol, o la que hacen el PSOE y el PP en política económica y laboral, y pinza mediática la que practican los grandes medios de comunicación. Pero me resulta difícil desmontar esa idea porque, por ejemplo, para poder dar los pocos datos que he dado aquí necesito al menos un par de minutos, y en los medios sólo se me da normalmente tiempo para soltar una o dos frases, es decir, tiempo para pronunciar otra consigna. A una consigna raras veces se la puede desmontar con otra consigna; para explicarse, hace falta espacio y tiempo.

—Para usted, entonces, su postura en aquellas dos votaciones en que coincidieron con el PP respondía a criterios objetivos.

—Totalmente. En la primera votación apoyamos el tema de los descodificadores porque, ¿para qué va a comprar la gente más de un aparato? Además incluimos también los eventos culturales; somos los únicos que lo hicimos. Y bajamos el máximo de participación accionarial de un 85 a un 25%. Es decir, lo que hicimos fue actuar en defensa de la mayoría. Y en la segunda ley, simplemente estábamos luchando contra un monopolio; en este caso el monopolio del grupo PRISA, y apoyamos otra plataforma para que ese monopolio que se pretendía no pudiera llevarse a término. Eso ha sido recurrido por la Comisión Europea, y vamos a ver en qué acaba. Pero nosotros siempre hemos votado en función de los contenidos de lo que se votaba. Es más, IU votará de nuevo con el PP o con el PSOE en función de esos contenidos, y lo normal sería que, como hasta ahora ha sucedido, hubiera más coincidencias con el PSOE que con el PP. Pero consignas del tipo de «la causa de la izquierda» o «todos contra la derecha» me dejan indiferente si se limitan a eso, a manifestar una intencionalidad que luego no se corresponde con los contenidos. El propio Almunia, cuando plantea el combate, lo hace desde el «quítate tú, que me pongo yo». Yo creo que al gobierno hay que quitarlo, esa es una condición sine qua non, pero no para quedarse ahí, sino para poner en marcha un proyecto, para ir más allá, no cambiar sólo por cambiar. Esa es la gran diferencia que parece que existe entre el PSOE y nosotros.

—La idea de la pinza no sólo se ha lanzado desde medios próximos al PSOE, también ha habido una contestación interna.

—Sí, así es. Y por eso afirmo que los compañeros y compañeras de Nueva Izquierda están en otro proyecto. Pero además, al defender la tesis de la pinza están cometiendo una deslealtad. Más aún, he de calificar esa defensa de auténtica felonía política, porque ellos, siendo como eran dirigentes de IU, conocían perfectamente la estadística de las votaciones y estaban al tanto de nuestras posiciones… Adherirse a una operación publicitaria de otros es, simplemente, traicionar a IU. Cuando se dice, dentro de IU, que hemos votado contra los sindicatos, se está cometiendo una deslealtad, porque se podrá decir: «no estamos de acuerdo con la decisión que ha tomado IU», «no la compartimos», «la votamos en contra»… Pero decir que votamos contra los sindicatos… eso es una auténtica traición política. Para empezar es mentira, pero es que además no se puede actuar en el seno de una fuerza política empleando un discurso que sólo se justifica cuando el que lo dice es un adversario. Si hemos tomado medidas políticas contra estos compañeros del PDNI no es por su disidencia, ni mucho menos. Son pequeños pícaros, que no tienen siquiera la grandeza del Lazarillo de Tormes… tunantillos, diríamos en mi tierra, tunantillos del navajeo político, pero que son incapaces de hacer una oposición. O sea, que de luchadores por la libertad nada de nada. Y si digo esto aquí es porque se lo he dicho primero a ellos, no acostumbro a contestar a nadie a través de los medios si antes no lo he hecho en persona.

—Cuando habla de que no son luchadores por la libertad… ¿No olvida el papel que jugaron algunos –por poner un ejemplo, Cristina Almeida– contra el franquismo, durante la transición, hasta hoy mismo?

—No lo digo por Cristina, pero la alusión a la historia no me sirve. Estamos en el presente, y lo que ahora me preocupa es el presente. La heroicidad no imprime carácter para siempre.

—Sus criticas hacia el PDNI supongo que pueden hacerse extensivas al sector mayoritario de Iniciativa per Catalunya. Ribó también le ha imputado haber votado contra los sindicatos.

—Ese es un caso diferente, porque hay un problema IC y un problema Ribó. Del problema Ribó no he hablado nunca. Lo hago, por primera vez, en las páginas de El Viejo Topo…  Ribó es una persona que tiene la rara virtud de no acertar nunca. Es como el quinielista que no acierta ninguno de los quince resultados. Hay que reconocer que eso tiene mérito. Ribó no ha acerrado en ninguna de las operaciones en que se ha embarcado sin contar con IU o, peor aún, en contra de IU. Hagamos memoria: la Izquierda de los Pueblos, plantarse en el País Vasco sin permiso de nadie, él que tanto critica las injerencias, y defender la candidatura de Euskadiko Ezkerra contra Ezker Batua. Eso es intolerable; pues bien, lo aguantamos. Y más: en Canarias defendió la candidatura contraria a nuestro proyecto político, ha estado manteniendo desde hace mucho tiempo reuniones separadas con lo que entonces era Nueva Izquierda,

mucho antes de que ésta se constituyera en partido político, y podría añadir un largo etcétera… No hay más que ver su postura en Galicia. Y luego están las continuas críticas en los periódicos, mientras yo, hasta ahora, he mantenido una gran discreción. En fin, el caso Ribó es un caso patético. ¿Y por qué lo cuento ahora? Pues porque ha llegado el momento de proceder a una gran clarificación. En este momento es evidente que hay una divergencia de proyectos, eso se ve tanto en el discurso como en las prácticas. Tenemos concepciones distintas en cuanto a la política de alianzas, a la construcción europea, a los contenidos de una política alternativa… En fin… No podemos aceptar que se diga que IU vota «contra los sindicatos», o que «mejor estar con el PSOE que con la derecha», porque quien escucha eso cree que realmente estamos votando sistemáticamente con la derecha, cuando quien lo ha hecho con frecuencia es el PSOE. Nosotros sólo lo hemos hecho en dos ocasiones, y por las razones ya apuntadas. Ribó nos está acusando de estar con la derecha, y eso es también una deslealtad… El tema de IC no sé cómo va a acabar. La técnica instrumental para resolverlo es la clarificación, y a partir de ahí saldrá lo que salga. Lo que tenga que salir. IU no puede perder el tiempo en estar constantemente discutiendo con su socio catalán. De modo que estamos en un proceso de divorcio. ¿Lo podremos arreglar? Lo ignoro.

—Me dirijo ahora al secretario general del Partido Comunista de España. Ese divorcio IC-lU ¿no puede llegar a desembocar en la absorción práctica del PSUC por el PC? De hecho, ya hay quien ha formulado la acusación de que tras la crisis está la voluntad del PCE de canibalizar a una organización nacional catalana.

—Hay una fórmula para ocultar todo tipo de lacras, pústulas y úlceras: en vez de usar gasas se utiliza la bandera. Es una solución muy socorrida, porque tapa todas las miserias y encima da realce, parece que así se defiende la independencia y la patria catalana… De este modo se evita que la gente piense. Es ridículo. Ojo, que no se me malinterprete: lo ridículo no es Cataluña, ni su bandera, sino esta manipulación que se dirige al impulso irracional en vez de a la inteligencia. El PCE ha mantenido desde siempre unas relaciones extraordinarias con los comunistas de Cataluña encuadrados en el PSUC. Veamos lo que pasa ahora: el PCE tiene la obligación, al igual que cualquier otra organización, de difundir su ideario, de estimular que haya comunistas en todo el territorio del Estado español. Esa obligación el PCE siempre la ha dejado en suspenso en Cataluña porque constataba que ya había comunistas, que se hallaban encuadrados en una organización hermana. El PCE no ha desaparecido, sino que ha apostado por IU, ha cambiado en su estructura y métodos, pero sigue funcionando. No pasa lo mismo con el PSUC. En Cataluña lo que hay es una impostura. El PSUC, nuestra organización hermana, llevaba seis o siete años sin actividad. ¿Cómo se puede venir a los congresos del PCE a votar, y subrayo lo de votar, la política que hace el PC e irse y no organizarse? Es verdad que es una organización soberana, pero también lo es el PCE. ¿Y qué hemos dicho? Pues que si el PSUC se disolvía el PCE, con todo el derecho del mundo, se instalaría en Cataluña, porque en ella hay cabida para las ideas comunistas que defiende el PCE. Entonces el PSUC se reúne, hace un congreso que, digámoslo así, es sui generis,  tanto en la elección de sus delegados como en los sistemas de listas… y no desaparece, pero queda hibernado; se reúne sólo una vez al año, y una vez al año se admiten las inscripciones en el partido. Una cosa curiosísima. Pero hay grupos de camaradas que quieren seguir funcionando, y yo he recibido centenares de cartas en ese sentido. Cartas de gente que dice que ya están hartos. El PCE es respetuoso con la tradición que representa el PSUC, no sólo respetuoso sino extraordinariamente paciente. Job, a nuestro lado, parecería un histérico. Pero estamos contemplando cómo se pretende acabar con un proyecto que aún tiene sentido: el proyecto comunista que encarnaba el PSUC.

—Pero, ¿qué quiere exactamente el PCE? Es imposible resucitar un partido cuando las dos terceras partes de su aparato no quieren hacerlo.

—El PCE lo que quiere es que en Cataluña los comunistas estén organizados y activos. Necesitamos una referencia organizada. Queremos que las ideas comunistas vayan desarrollándose, que estén presentes… Y ese es un derecho de los comunistas catalanes. La situación es chocante: los que no son comunistas mantienen secuestradas las siglas de un partido comunista. No he visto una cosa más antidemocrática en mi vida… Ribó y compañía, que no son comunistas, impiden que se organicen los comunistas.

—Lo que se perfila en Cataluña es lo que, también sui generis, podría calificarse como una refundación del espacio comunista. Quizá incluso con la construcción de un único partido. ¿Cómo ve esta perspectiva? Y si se produce esa refundación, ¿puede ir más allá del ámbito geográfico de Cataluña?

—La palabra refundación se suele utilizar con un criterio muy peyorativo. Yo soy comunista, y quiero que, también en Cataluña, haya comunistas organizados como comunistas, que tengan sus órganos de expresión, que funcionen como comunistas y, si puede ser, que trabajen como una única organización comunista. Y esa organización comunista ha de ponerse al servicio de un proyecto superior, llamado hoy por hoy Iniciativa per Catalunya. ¿Eso se llama refundar? No importa cómo se llame, lo que quiero es que los comunistas se organicen y funcionen.

—¿Es previsible la instalación de IU como fuerza política electoral en Cataluña? La reciente implantación de Izquierda Republicana y la mayor actividad del PASOC parecen señalar esa intención…

—No. Sería deseable que existiese en Cataluña una fuerza política, genuinamente catalana, cuya visión estratégica coincidiera con la de IU, pero en ningún caso debería ser una sucursal de IU. Esa fuerza debe ser generada en Cataluña. Izquierda Republicana, el PASOC y otros colectivos quieren llegar a una situación en la que podamos hablar de un proyecto compartido, siempre desde la especificidad de Cataluña. Existe esta atmósfera, y yo la veo con alegría. Vamos a ver si por fin podemos ponernos de acuerdo en temas como la construcción europea, si Pacto de Estabilidad sí o Pacto de Estabilidad no,

sobre qué entendemos por la relación con los sindicatos. Por cierto, con respecto a estos últimos algunos han pasado de decir que los sindicatos no han de ser una correa de transmisión de los partidos, cosa que yo asumo, a decir que debemos someternos a lo que digan los sindicatos, cosa que no acepto; con los sindicatos hablaremos siempre de tú a tú, son nuestros hermanos, pero depender de ellos ni hablar. Y ese discurso de «han votado contra los sindicatos» es un discurso dependiente. La independencia es de doble dirección, y la fraternidad también se demuestra en los disensos. Ha habido compañeros en Cataluña que han llegado a decir: «con los sindicatos, hagan lo que hagan». Pues no. En absoluto. No debe haber cheques en blanco para nadie.

—¿Cuál es el estado actual de las relaciones con los sindicatos?

—Según lo que se entienda por relación. Si se entiende verse con ellos, discutir asuntos, llevar propuestas al parlamento… la relación es buena. Si se entiende como una coincidencia de contenidos, entonces digamos que hay divergencias. No hemos coincidido en el desarrollo del pacto de Toledo, ni en la reforma del mercado laboral, y constatamos que hay apreciaciones de los sindicatos que no compartimos desde que apostaron por Maastricht. A nivel personal puede haber habido momentos críticos, como cuando Antonio Gutiérrez tuvo una polémica conmigo –que yo no la tuve con él–, con aquellas declaraciones… Pero el problema que hay con los sindicatos no es de relaciones personales, sino que hace referencia al proyecto de cada uno. Los sindicatos deben tener un proyecto alternativo para la sociedad. Quizá no tan ultimado como pueda tenerlo un partido político… pero un sindicato de clase debe tener una referencia alternativa de sociedad. Y aquí estamos ante un problema que no es sólo español, sino de toda Europa. Por cierto, en España los sindicatos han pactado con el gobierno –y no critico que pacten, sólo constato que lo hacen–, y nadie les ha dicho que se han vendido a la derecha. Es curioso… Desde Rosa Luxemburgo hasta Gramsci, muchos pensadores, secretarios generales y dirigentes de izquierda han tenido polémicas con los sindicatos. Pero como ahora se impone el Pensamiento Único…

—¿Cree que los sindicatos se hallan sumergidos en el Pensamiento Único?

—Los sindicatos están en el Pensamiento Único, probablemente sin saberlo, como el personaje de Molière. En la medida en que se dice «Sí crítico a Maastricht», que se asume la competitividad con todas sus secuelas, que el mercado no se discute y que se dice que tenemos que asumir el Pacto de Estabilidad, no es que se esté en el Pensamiento Único, es que se declara aceptado el modelo. Claro que los sindicatos podrán argumentar que no tienen capacidad para actuar de otra forma; depende de cómo ellos lo vean, yo respeto sus decisiones. Pero como dirigente político debo analizar lo que hacen con sentido crítico, y sabiendo que están en la izquierda. Desde mi punto de vista los sindicatos, como otras formaciones políticas de izquierda, reproducen el Pensamiento Único. Y diciendo esto no pretendo abrir heridas ni crear polémicas. Mi intención es simplemente la de promover un debate limpio, sereno y fraterno, subrayo lo de fraterno.

—¿Qué posibilidades reales existen de que avance lo que Almunia ha denominado «la causa común»?

—Haré un poco de historia. El 4 de abril de 1990, en el debate en el Congreso de los Diputados, nosotros presentamos un proyecto de colaboración sobre 25 puntos. Respuesta de aquel presidente del gobierno: «Hombre, cuando usted pasó del punto 21 respiré tranquilo». Hacía referencia a los 21 puntos de la Internacional Comunista. Una broma de mal gusto, propia del anticomunismo barato que adornaba al presidente anterior. Después, les apoyamos constantemente en el Congreso. En el 93 les faltaban votos para la mayoría absoluta; se los ofrecimos. Ribó, Rosa Aguilar y Paco Frutos se entrevistaron con González y éste les anunció que prefería aliarse con Pujol. Aún así quedaron en que discutiríamos, que habría un diálogo… le escribí recordándoselo, pero nunca recibí respuesta. Cuando los escándalos estaban en su apogeo les dijimos a los socialistas que si González dimitía y su nuevo candidato aparecía con un programa razonable, nosotros lo apoyaríamos. Hace un año tomamos de nuevo la iniciativa, y de ella surgieron varias mesas de discusión que duraron tres meses. Hasta aquí el pasado. Ahora, por primera vez, el PSOE nos llama. Nosotros tenemos con el PSOE tres diferencias fundamentales: Maastricht, OTAN, y el GAL y sus secuelas. Pero hay campos en los que podemos entendernos: empleo, precariedad, salud, educación, y todo lo que eso conlleva: reforma fiscal, el tema de la estructura del estado, etc. Podemos y queremos hablar, pero de cosas concretas: paro, reparto de empleo, reducción de jornada, horas extraordinarias, reforma fiscal. No aceptaremos recortes de gastos sociales, y por eso ponemos énfasis en la reforma fiscal, pues hay que allegar recursos. Una reforma que tiene dos pilares: lucha contra el fraude y fiscalidad progresiva.

—Es de suponer que, si el proceso de clarificación del que antes hablaba finaliza positivamente, IU estará en condiciones de iniciar una etapa de mayor dinamismo. ¿Habrá, en esa nueva etapa, un mayor contacto con la gente, por ejemplo con las organizaciones y grupos que están trabajando en un sentido transformador y que en general desconfían de todo lo que huela a formación política?

—Es verdad que hay una desconfianza, y a veces con sobrada razón. También es verdad que algunas organizaciones han hecho de la desconfianza su esencia. Pero mayormente hay que imputar la responsabilidad de la desconfianza a las formaciones políticas. El problema de la proximidad a las iniciativas que surgen en la sociedad IU lo ha resuelto teóricamente a través de las áreas de elaboración. Pero digo teóricamente, porque en la práctica las áreas de elaboración han funcionado como meros apéndices de la dirección. La causa de ello se encuentra en los propios mecanismos de funcionamiento, en las luchas políticas… porque el tema del PDNI ha ido arrastrando hacia adentro, se han consagrado a la lucha interna fuerzas que debían haberse empleado para extenderse hacia afuera. A partir de la V Asamblea vamos a intentar corregir eso.

—¿Esas áreas de elaboración cómo funcionan?

—Esas áreas deberían funcionar de la siguiente manera: son lugares de encuentro entre nuestra gente y otras gentes para, primero, discutir sobre los problemas que les afectan: vivienda, salud, educación, industria… Gentes de todo tipo, no sólo especialistas. Estas áreas son, o deberían ser, lugares de debate en

los que se perfilarían los trazos gruesos de las políticas alternativas. Ha habido ya experiencias muy positivas, aunque escasas. Recuerdo haber salido impresionado de una reunión de dos días con pescadores del Puerto de Santa María.

—Pacto de Estabilidad: para IU, una auténtica bestia negra…

­—Sí. En Maastricht y Amsterdam se renuncia primero a construir Europa, y después se acepta el ajuste permanente que significa el Pacto de Estabilidad. Se trata de un fiasco, cosa que ya dije hace seis años en un Congreso del PCE, y fui contestado muy duramente precisamente por Ribó. Pues bien, ahora se ve. Es fiasco y medio. Y ese va a ser el objeto central de nuestra acción política, sin que signifique que vayamos a descuidar otros. Vamos a enfrentarnos al Pacto de Estabilidad porque sabemos que obliga a tomar una serie de decisiones presupuestarias que tendrán efectos tremendos.

—Sin embargo, el propio Tratado incluye una visión de la Europa Social, aunque hasta ahora no se ha desarrollado…

—Pero eso está ahí como Poncio Pilatos en el Credo. De pasada. Música celestial. La Europa Social les trae sin cuidado.

—¿Cree usted que a corto plazo podrá quebrarse la identificación del proyecto de construcción de Europa con lo que es la unión monetaria?

—Es difícil. Los poderes mediáticos contribuyen a mantener esa identificación con denuedo. Además, en estos momentos la intelectualidad europea no se sabe dónde está. Yo sé que la lucha contra eso va a ser encarnizada, y además la haremos prácticamente en soledad, sólo con el apoyo de los movimientos alternativos. De todos modos vamos a ver qué pasa, porque pueden producirse contradicciones antes de los que creemos.

—¿Coincide con esa idea de que si no se frenan las consecuencias del Pacto de Estabilidad, Europa puede verse abocada a! fascismo?

—Sí. O a una guerra de unos contra otros, de unos países contra otros. Cuando los resultados del Pacto caigan sobre las gentes, estas le echarán la culpa a Europa, no a Maastricht, y rebrotarán odios y xenofobias. Como no existe una concepción de proyecto unitario federal, con una cultura alternativa, con solidaridad, sino que sólo se persiguen intereses monetarios, es fácil que la idea de clan nacional resurja, y como además la gente tiene banderas, himno, una historia, la conclusión es inevitable. A partir de ahí, todo favorece el ascenso del fascismo. Para hablar de patria, de defensa de los intereses nacionales, de orgullo patrio, el fascismo se pinta solo, y es el camino que seguirá mucha gente. A mí me da miedo.

—¿Puede señalar, en términos concretos, cuáles serán las consecuencias más inmediatas del Plan de Estabilidad?

—Inmediatamente la moderación salarial; a medio plazo una mayor desregulación del mercado laboral. Y desde luego no va a pasar más de un año, o año y medio, sin que se toquen de manera tremenda las pensiones y las jubilaciones.

—Cuando eso suceda, ¿que clase de reacción prevé que se producirá en España?

—Si eso sucede todavía durante el mandato del gobierno actual, el Sistema intentará vacunarse facilitando un cambio de gobierno. Una alternancia. Pero para eso hay que favorecer el bipartidismo. Desde luego no podemos esperar que vayan a haber modificaciones en la política económica, eso está más planificado que la famosa planificación soviética. Otra salida sería atemperar la aplicación del Pacto de Estabilidad, pero eso es prácticamente imposible porque se juega la suerte del marco, y todo el mundo está atado a esa moneda. Una situación demoníaca, de difícil remedio.

—¿Qué puede hacer la Nueva Izquierda Europea en ese proceso?

—Seamos realistas. Las distintas familias de la Nueva Izquierda Europea tienen diferentes puntos de vista. Hay quien es totalmente antieuropeísta, como los suecos o los daneses. Otros sitúan de manera preferente la lucha nacional. Algunos son fervorosamente europeístas… Yo pienso que ya está bien de mirarse el ombligo de cada país. Pero no lo hago pensando en la construcción de un Estado federal, sino desde un sentido de internacionalismo proletario, y aplicado hoy a la solidaridad.

—El espacio se nos acaba, y me temo que hemos dejado decenas de temas en el tintero. ¿Quiere añadir algo que le parezca especialmente significativo?

—No, nada en especial. Sólo precisar que mis declaraciones están hechas con la intención de abrir el debate. Que nadie se sienta ofendido; en la historia de la izquierda ha habido, y seguirán habiendo, debates polémicos, acres. Ya está bien de paños calientes y de discursos edulcorados; y quien no esté de acuerdo que me conteste. Yo estoy dispuesto a profundizar en el debate.

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domingo, 24 de marzo de 2024

Es la guerra: la verdadera comienza ahora. [Mi muy querida tronqui/tronca avestruz. Si es lo que yo digo, y no hay más. Si ese cacho pescuezo de tragaderas sin fin que usted tiene, al que le pone remate la mijitilla cabeza que usted igualmente porta, no la arremolinara entre el plumaje del ala con tanto arte, salero, gracia, rumbo, tronío, esto, lo otro, Potito, el de la moto y con más fuerza que una teta (Supongo que ya sabrá usted que tira con más fuerza teta que dos carretas) y con más miedo que siete viejas juntas, pues yo le llamaría trabajador, porque no me venga con tontadas ahora, quien crea cuanto riqueza hay con su trabajo es el trabajador; quien financia la guerra con sus impuestos es un trabajador, quien hace la guerra de la matancia real es un trabajador contra otra trabajador (ya ve, cosas de trabajadores); quien sufre la guerra antes de la guerra, postguerra y un poquito después de las post guerra hasta la siguiente guerra es un trabajador; quien reta villa, amontona, requeteamontona y un montoncito más los beneficios anteriores a la guerra, durante la guerra, en la postguerra y después hasta la siguiente guerra no es un trabajador, para que vea lo que son las cosas. Pues, coño/a, cáspita, caramba, carambita carambé, si esto es así, por los clavos de Cristo; María Santísima; las sandalias del Pescador y Pablo (Pablo Iglesias el de las trenzas no, el otro); Muy Padre y Señor mío y un sombrero de palma que acabo de perder (Dónde habré podido meter mi sombrero de palma, ¡joder!, con el cariño que le tenía) la guerra la pueden evitar los trabajadores. Pero que no se me entienda mal, yo digo los trabajadores, no los avestruces. Si hubiera querido decir avestruces habría dicho avestruces, pero mire usted por donde yo no he querido decir avestruces, sino trabajadores. O sea que…Pues, eso.]

 

Es la guerra: la verdadera comienza ahora

 

DIARIO OCTUBRE / marzo 24, 2024

 

Los soldados franceses, alemanes y polacos, como parte de la OTAN, ya se encuentran en el sur de Kiev. El escenario más posible es que se mantengan muy, muy lejos de la línea del frente, aunque sean rastreables por el Sr. Khinzal.



No más juegos de sombras. Ahora no hay restricciones. 

 

Anexo 1: Viernes 22 de marzo de 2024. Es la guerra. El Kremlin, a través de Peskov, finalmente lo admite oficialmente.

La cita: “Rusia no puede permitir la existencia en sus fronteras de un Estado que tiene la intención documentada de utilizar cualquier método para arrebatarle Crimea, por no hablar del territorio de nuevas regiones».

Traducción: El personaje de Kiev construido por la Hegemonía está condenado, de una forma u otra. La señal del Kremlin: “Ni siquiera hemos empezado” Todo comienza ahora.

Cuadro 2: viernes por la tarde, unas horas después de hablar Peskov, una fuente seria europea (no rusa) da la primera contraseñal.

“Tropas regulares de Francia, Alemania y Polonia han llegado, por ferrocarril y aire, a Cherkassy, al sur de Kiev. Una fuerza sustancial. No se filtraron números. Están siendo alojados en escuelas. A todos los efectos prácticos, se trata de una fuerza de la OTAN”.

Esto indica: «Que comience el juego”. Desde el punto de vista ruso, las tarjetas de visita del Sr. Khinzal tendrán una gran demanda.

Anexo 3: viernes por la noche. Ataque terrorista en Crocus City, una sala de conciertos al noroeste de Moscú. Un comando muy entrenado dispara a la gente a quemarropa, a sangre fría, y luego prende fuego al edificio.

La contraseñal definitiva: con el campo de batalla derrumbándose, lo único que queda es el terrorismo en Moscú.

Y justo cuando el terror golpeaba a Moscú, Estados Unidos y el Reino Unido, en el suroeste de Asia, bombardeaban Saná, la capital yemení, con al menos cinco ataques.

Una coordinación ingeniosa. Yemen acaba de cerrar un acuerdo estratégico en Omán con Rusia y China para una navegación sin complicaciones en el Mar Rojo, y se encuentra entre los principales candidatos para la expansión de BRICS+ en la cumbre que se celebrará en Kazán el próximo mes de octubre.

Los hutíes no sólo están derrotando espectacularmente a la talasocracia, sino que también tienen de su lado la asociación estratégica Rusia-China. Asegurar a China y Rusia que sus barcos pueden navegar a través de Bab-al-Mandeb, el Mar Rojo y el Golfo de Adén sin problemas  es consistente con el  total apoyo político de Beijing y Moscú.

Los patrocinadores siguen siendo los mismos.

A altas horas de la noche en Moscú, antes del amanecer del sábado 23. Prácticamente nadie duerme. Los rumores bailan como derviches en innumerables pantallas. Por supuesto, todavía no se ha confirmado nada. Sólo el FSB tendrá respuestas. Se está llevando a cabo una investigación exhaustiva .

El momento elegido para la masacre de Crocus es intrigante: un viernes durante el Ramadán. Los verdaderos musulmanes ni siquiera pensarían en perpetrar un asesinato en masa de civiles desarmados en una ocasión tan sagrada. Más extraña e inexplicable es la supuesta autoría del ISIS que los sospechosos habituales señalan frenéticamente.

Vamos a hacer pop citando a Talking Heads: “Esto no es una fiesta/esto no es una discoteca/esto no es una tontería”. Oh, no; Es una operación psicológica totalmente estadounidense. Y el ISIS son mercenarios/matones caricaturescos. No son verdaderos musulmanes. Y todo el mundo sabe quién los financia y los convierte en armas.

Esto nos lleva al escenario más posible: matones del ISIS importados del campo de batalla de Siria (probablemente tayikos) entrenados por la CIA y el MI6, atacaron por orden del SBU ucraniano. (Varios testigos en Crocus se refirieron a «wahabíes», ya que los asesinos no parecían eslavos).

Le correspondió al serbio Aleksandar Vucic ir al grano. Relacionó directamente las “advertencias” de principios de marzo de las embajadas estadounidense y británica dirigidas a sus ciudadanos para que no visitaran lugares públicos en Moscú: “la inteligencia de la CIA/MI6 tenía información privilegiada sobre posible terrorismo y no informaron al Kremlin ”.

La trama se complica cuando se establece que Crocus es propiedad de los Agalarov: una familia multimillonaria azerí-rusa, muy amigos de…Donald Trump.

Este hecho nos habla de un objetivo elegido por el Estado Profundo.

Spin-off de ISIS o banderistas, los patrocinadores siguen siendo los mismos. El secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Oleksiy Danilov, fue lo suficientemente tonto como para confirmar indirectamente que ellos lo habían hecho. Dijo en la televisión ucraniana: “les daremos a los rusos este tipo de diversión más a menudo”.

Sergei Goncharov, un veterano de la unidad antiterrorista de élite Rusia Alpha, ha estado más cerca de develar el enigma, explicó a Sputnik: el cerebro más factible es Kyrylo Budanov, el jefe de la Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania. Un “jefe de espías” que resulta ser el principal activo de la CIA en Kiev.

Hay que llegar hasta el último ucraniano.

Las tres piezas expuestas arriba complementan lo que el jefe del comité militar de la OTAN, Rob Bauer, dijo recientemente en un foro de seguridad en Kiev: “Se necesita algo más que granadas: se necesita gente que reemplace a los muertos y heridos. Y esto significa movilización”.

Traducción: La OTAN reitera que estamos en una guerra hasta el último ucraniano.

Y Kiev todavía no acepta la realidad, el ex ministro de Infraestructura Omelyan: “Si ganamos, lo pagaremos con petróleo, gas, diamantes y pieles rusos. Si perdemos, no se hablará de dinero: Occidente pensará en cómo sobrevivir”.

Paralelamente, el “jardín y jungla” Borrell admitió que sería “difícil” para la UE encontrar 50 mil millones de euros adicionales para Kiev si Washington desconecta. El “líder”  de sudaderas sudorosas alimentado por la cocaína en realidad cree que Washington no está “ayudando” en forma de préstamos, sino en forma de obsequios. Y lo mismo se aplica a la UE.

El Teatro del Absurdo es inigualable. El Canciller alemán de la Salchicha de Hígado realmente cree que los ingresos de los activos rusos robados “no pertenecen a nadie”, por lo que pueden usarse para financiar un armamento adicional de Kiev.

Todo el que tenga cerebro sabe que utilizar los intereses de activos rusos “congelados”, en realidad robados, para convertir a Ucrania en un arma es un callejón sin salida, a menos que roben todos los activos de Rusia, unos 200.000 millones de dólares, en su mayoría estacionados en Bélgica y Suiza: eso hundiría al euro y por tanto a toda la economía de la UE.

Es mejor que los eurócratas escuchen al gran “perturbador” del Banco Central ruso (terminología estadounidense) Elvira Nabiullina: El Banco de Rusia tomará “medidas apropiadas” si la UE hace algo con los activos rusos “congelados” o robados.

No hace falta decir que las tres exhibiciones anteriores anulan por completo el circo “La Cage aux Folles” promovido por el insignificante Petit Roi, ahora conocido en sus dominios franceses como Macronapoleon.

Prácticamente todo el planeta, incluido el Norte Global de habla inglesa, ya se había estado burlando de las “hazañas” de su ejército Can Can Moulin Rouge.

Así, los soldados franceses, alemanes y polacos, como parte de la OTAN, ya se encuentran en el sur de Kiev. El escenario más posible es que se mantengan muy, muy lejos de la línea del frente, aunque sean rastreables por las actividades comerciales del Sr. Khinzal.

Incluso antes de que este nuevo lote de la OTAN llegara al sur de Kiev, Polonia –que sirve como principal corredor de tránsito– había confirmado que las tropas occidentales ya estaban sobre el terreno.

Así que ya no se trata de mercenarios. Francia, por cierto, ocupa sólo el séptimo lugar en términos de mercenarios sobre el terreno, muy por detrás de Polonia, Estados Unidos y Georgia, por ejemplo. El Ministerio de Defensa ruso dispone de todos los registros precisos.

En pocas palabras: ahora la guerra va más allá de Donetsk, Avdeyevka y Belgorod. Más adelante, es posible que no se detenga simplemente en Kiev. Puede que sólo se detenga en Lviv. El 87 por ciento de Putin ( casi unanimidad) ahora tiene el mandato de llegar hasta el final. Especialmente después de Crocus.

Hay muchas posibilidades que las tácticas terroristas de los matones de Kiev finalmente impulsen a Rusia a devolver a Ucrania a sus fronteras sin salida al mar originales del siglo XVII : privada del Mar Negro, y con Polonia, Rumania y Hungría reclamando sus antiguos territorios.

Los ucranianos que queden empezarán a plantearse serias preguntas sobre qué los llevó a luchar –literalmente hasta la muerte– en nombre del Estado profundo estadounidense, el complejo militar y el fondo buitre BlackRock.

Tal como está, la picadora de carne “Highway to Hell” seguramente alcanzará la velocidad maxima.

Pepe Escobar, analista internacional

VÍA:observatoriocrisis.com

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