domingo, 6 de febrero de 2022

Vergüenza en el Congreso de los Diputados. [Nada nuevo bajo el cielo de la corruptela política formal española corruptis corruptos corrupta corruptón que te cagas, tío. Son cosas normales dentro de la democracia representativa de la representación representada del representante representado, así que, no hay que rasgarse las vestiduras ni empezar a darse choquetazos con la cabeza contra la pared, no por nada, sino porque al final la pared que tiene una resistencia determinada a fuerza de cabezazos acaba por derrumbarse , y luego qué. Qué se le dice al dueño de la pared: oiga mire, no se me vaya a enfadar, pero es que resulta que me he liado a cabezazos contra su pared (entre doce mil ochocientos y catorce mil trescientos cabezazos en cosa de hora y media, calculo yo, así por encima) y, vamos, hablando en plata, que se la he jodido. No hombre no. Seamos serios que estamos hablando de política. Y ya que estamos y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid (o pasaba, no sea que los rusos me hayan invadido Alicante en este ínterin metiéndole un tantarantán al Pisuerga trastabillándolo geográficamente hablando), que los trabajadores no somos cinco (cuatro rojos y el de la guitarra que si no fallan las cuentas hacen un total de cinco). Los que viven de su trabajo a cambio de un salario pero votan al PP, VOX, PNV, PAR o cualquier otro partido también son trabajadores. Pues con tales todos trabajadores juegan los Consejos de Administración de las grandes empresas a través de la muñequería del personal este que tienen por oficio oficial el de la representación representativa del representado y olé, quesque no se pue aguantá la gracia que tiene joé.]

 

Vergüenza en el Congreso de los Diputados

 

Por Ignacio Escolar

Rebelion / España

05/02/2022 


Fuentes: El Diario


El plan del PP era esconder que tenían en el bolsillo a dos diputados de otro partido para reventar la reforma laboral, una treta que fracasó por un error humano que la derecha intenta convertir en el secuestro de la democracia.

El contraste no puede ser más evidente. Frente al mayor consenso en décadas en el diálogo social, el Parlamento vivió este jueves una de sus jornadas más lamentables en mucho tiempo. Un espectáculo vergonzoso que millones de trabajadores para los que esta reforma laboral no es un jueguecito político de mezquinos intereses harían bien en no olvidar. 

Es difícil encontrar posturas más contrapuestas en una negociación que las de la patronal y los sindicatos. Aun así, ellos llegaron a un acuerdo. Un pacto que no ha ocurrido en treinta años, pero que en el Congreso salió adelante casi de milagro: por solo un voto, con dos diputados de Unión del Pueblo Navarro (UPN) mintiendo a todo el mundo para intentar torpedear al Gobierno, por la equivocación de otro diputado del PP en el voto telemático, con las mentiras de la derecha, que habla de un “error informático” tan poco creíble como ese mal alumno al que su perro le comió los deberes.

Repasemos los hechos. El PSOE pactó con UPN dos de los muchos votos que necesitaba para sacar adelante una reforma laboral que iba muy justa, por los motivos que ya expliqué ayer. El acuerdo se cerró entre las direcciones de ambos partidos el día antes de la votación, a última hora de la tarde del miércoles. Los dos diputados de UPN –Sergio Sayas y Carlos García Adanero– aseguraron a todo el mundo que “acatarían” la decisión que había tomado su partido, a pesar de no compartirla.

Este mismo jueves, a media mañana, Sayas coincidió en los pasillos del Congreso con Héctor Gómez, portavoz del PSOE, y con Edmundo Bal, portavoz de Ciudadanos. Y a ambos les transmitió lo mismo que ya había dicho a todos los periodistas ese día, en público y en privado: que votaría sí a la reforma laboral, que acataría la decisión marcada por la dirección de su partido.

Era mentira. Y una mentira envenenada. Porque todo el plan para reventar la reforma laboral y abrir un enorme boquete al gobierno de coalición pasaba por mantener ese farol: que nadie en la coalición supiera que los dos diputados de UPN realmente votarían ‘no’ a la reforma.

Ese farol era la clave en la jugada. Porque si el Gobierno hubiera sabido de esa trampa, habría podido buscar los votos necesarios con otro grupo. Con el PNV, por ejemplo, que estaba dispuesto a apoyar la reforma, aunque fuera a un precio que al Gobierno anoche le pareció demasiado caro, cuando creía que ya tenía los apoyos suficientes. La treta solo podía salir bien si ese farol no se descubría.

Y mientras los diputados de UPN mentían a su propio partido, a los periodistas y a los partidos del Gobierno, estaban negociando el precio de esta traición con la derecha. Según fuentes socialistas, los diputados rebeldes mantuvieron durante toda esa mañana conversaciones con dirigentes del PP y de Vox. «Adanero desayunó con Iván Espinosa de los Monteros en la cafetería del Congreso y Sayas estuvo después hablando con Gamarra», dice una diputada del PSOE. Unos contactos que los diputados navarros niegan.

Cabe preguntarse cuál ha sido el precio de esta traición y esta mentira artera. Quédense con sus nombres, porque probablemente en la siguiente legislatura aparezcan milagrosamente en otras listas electorales. Que no repetirán en UPN parece asegurado. El partido ya les ha pedido que entreguen el acta de diputado y se han negado, por lo que esto probablemente acabará con su expulsión.

El plan se parece mucho al que el PP aplicó en Murcia: recurrir a unos futuros tránsfugas, que en poco tiempo estarán expulsados del partido al que han traicionado. Destrozar a otro partido que durante años fue su socio –en este caso, a UPN, que vive uno de sus momentos más complicados–. Y habría sido un éxito brutal para la derecha si llega a salirles bien: habría sumido al Gobierno en una enorme crisis, pero a un precio muy alto para España. 

Si el plan para dinamitar la reforma laboral hubiera funcionado, decenas de miles de trabajadores en convenios de empresa abusivos habrían perdido importantes subidas de sueldo. Cientos de miles de trabajadores en precario no podrían optar a contratos más dignos. Y diez mil millones de euros de los fondos europeos se habrían retrasado. La doctrina Montoro, en su máxima expresión: “Que se hunda España, que ya la levantaremos nosotros”.

Pero el plan salió mal, por una carambola inesperada: un diputado del PP, Alberto Casero, se equivocó al votar de forma telemática. 

No es un diputado cualquiera, aunque hasta hoy no fuera especialmente conocido. Casero es secretario de organización del PP y uno de los dirigentes claves del equipo de Teodoro García Egea. Antes fue alcalde de Trujillo, en Extremadura. Un juzgado tiene abierta una investigación por prevaricación que le puede salpicar, de su etapa como alcalde, aunque por ahora no ha sido imputado.

El error de Casero es algo que ocurre habitualmente en el Congreso; le ha pasado, en alguna ocasión, a buena parte de los diputados. Es normal que así suceda porque en un mismo pleno se votan muchas cosas. Y en este caso, el diputado del PP se lió con las preguntas: votó “sí” a la reforma laboral y “no” a tramitarla como proyecto de ley. Cambió el orden de los factores: era justo al revés lo que el PP pretendía. No fue su único error. De la veintena de asuntos que se votaban este jueves, Casero se equivocó respecto a la estrategia de su partido en otra ocasión más. Se equivocó en tres de los 21 votos de este jueves.

El PP fue consciente de ese fallo poco antes de empezar la votación. Teodoro García Egea, Cuca Gamarra y Guillermo Mariscal abordaron a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, poco antes de empezar la votación. Pidieron que se permitiera votar en persona al diputado porque había “un error informático”. “Qué más os da, si vamos sobrados de votos”, le respondió a García Egea el vicepresidente del Congreso, el socialista Alfonso Gómez de Celis. En aquel momento nadie en el PSOE sospechaba lo que es obvio que el PP sí sabía: la traición de los diputados navarros.

El secretario general del Congreso y jefe de los letrados, Carlos Gutiérrez Vicén, se negó a que el diputado Casero pudiera votar en persona. Siempre han aplicado el mismo criterio: los votos telemáticos no se pueden cambiar una vez emitidos. Es lo que decidió también Batet, que arrancó la votación. Y esta siguió con más sustos: en un primer momento el secretario general del Congreso se equivocó en la suma. Dio por perdedor al Gobierno y eso lleva a Batet a anunciar inicialmente la derogación del decreto de la reforma laboral.

El error del secretario general del Congreso lo corrigen el resto de los letrados, que le advierten de que había sumado mal. Y 40 segundos después Batet anunció la corrección: por solo un voto, el Congreso aprobaba la reforma laboral. Un voto del Partido Popular.

Esos 40 segundos que pasaron entre la derrota y la victoria del Gobierno son claves para entender toda la jugada de la derecha, y también la irresponsabilidad de algunos grupos parlamentarios de la izquierda. Se ve a Espinosa de los Monteros y otros diputados del Vox y el PP girarse al momento para dar las gracias a los dos parlamentarios de UPN –otro indicio más de que sabían perfectamente cuál iba a ser su voto–. Se ve que solo aplauden lo que entonces parecía la derogación de la reforma laboral los diputados de derecha y la extrema derecha, pero no así el resto de los grupos que se oponían a la reforma. Se ve a Pablo Casado sorprendido, y en un primer momento se queda sentado en la silla mientras el resto de sus diputados ovacionan el supuesto resultado. Se ven las caras de pánico del Gobierno, pero también las de los diputados de Bildu, del PNV, del BNG, de ERC… Todos ellos habían votado en contra y en teoría habían ganado la votación. Pero casi ninguno de ellos quería realmente que la reforma no saliera adelante. Si se hubiera hundido, habría sido para ellos muy difícil de explicar a sus votantes, que mayoritariamente están a favor de este pacto entre patronal y sindicatos.

¿Un error informático?

El sistema de voto telemático es tan sencillo como votar desde el escaño, con la diferencia de que se emite por anticipado. En este artículo explicamos al detalle cómo funciona. Es posible el error humano, ha pasado muchas otras veces, pero no un error informático tan extravagante como el que el PP denuncia. Porque Casero pudo votar con normalidad en todos los demás asuntos que se debatieron en el pleno. 

Hay precedentes de un error humano así con el voto telemático. Exactamente así. Le pasó igual a Macarena Olona, de Vox, a la que tampoco se le permitió corregir su voto. Y también al exministro socialista José Luis Ábalos, que después de votar telemáticamente los nombramientos de los candidatos al Tribunal Constitucional se dio cuenta de que se había equivocado. Tres horas antes de la votación en el pleno –y no unos pocos minutos antes– el PSOE avisó de ese error, y pidió cambiar ese voto telemático. La mesa no aceptó esa reclamación. Como no se ha aceptado ninguna otra similar. La historia del Parlamento está llena de errores humanos en el voto, que siempre se dan por válidos. 

Es verdad que la intención de Casero era otra. Como era otra la intención de todos los diputados que se han equivocado antes que él. Mariano Rajoy llegó a votar en contra de sus propios Presupuestos y Pedro Sánchez, en otra ocasión, votó a favor de derogar la ley del aborto. Pero permitir que estos errores se corrijan a posteriori dejaría sin sentido la dinámica parlamentaria: abriría la puerta a cambios tácticos, una vez conocido el resultado. O permitiría a los partidos que intimidaran a los diputados que rompen la disciplina de voto, para que a posteriori los corrigieran. Por eso todos los parlamentos funcionan igual: se vota en un único acto, sin saber con certeza el resultado. Y si te has equivocado, es culpa tuya y no se puede cambiar. Como los goles en propia meta.

Desde el PP, enarbolan una interpretación sesgada del reglamento del Congreso de 2012, que habla de que “la mesa comprobará telefónicamente con el diputado la emisión del sentido del voto y el sentido de este”. Pero omiten dos detalles importantes. 

El primero: que el 9 de marzo de 2020 el Congreso acordó simplificar el procedimiento del voto telemático cuando llegó el COVID, y entre otras cosas eliminó esas llamadas. Dejaron de ser operativas cuando se empezó a votar telemáticamente de forma masiva por la pandemia. Llevan funcionando con este sistema desde hace casi dos años, en todas las votaciones. Desde entonces, nunca se ha llamado por teléfono para comprobar el voto.

El segundo: que una cosa es verificar el voto telefónicamente y otra cambiarlo una vez votado. Cosa que no se ha hecho nunca en la historia del Congreso, ni con errores desde el escaño ni a distancia. 

El asunto acabará en el Tribunal Constitucional, donde puede ocurrir cualquier cosa porque el PP aún mantiene allí la mayoría y dudo que ecuánimes magistrados como Enrique Arnaldo vayan a desmarcarse de su partido, por débiles que sean sus argumentos. Ya hay una sentencia del Constitucional al respecto y es muy interesante: obligó a repetir una votación porque una diputada del parlamento vasco no pudo participar debido a que el sistema técnico del voto telemático estaba caído. Pero esta jurisprudencia no ampara los errores humanos, como es este caso.

El PP ha intentado “otro tamayazo”, dicen desde el Gobierno. Y les ha salido mal, de eso no hay duda. Lo esperable tras un fiasco así sería pedir disculpas, tragarte el error de tu propio diputado y acatar el resultado de la votación. En lugar de eso, la derecha se ha lanzado a propagar más mentiras y bulos. A cuestionar otra vez la legitimidad del Gobierno, puro estilo Donald Trump.

Desde las cuentas en redes sociales de la derecha se ha llegado a acusar a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, de “secuestrar la democracia”, de «pucherazo», de «tongo»… Están incendiando la convivencia a pasos acelerados. Después lamentaremos nuevos desastres, como el ocurrido en Lorca.

P.D. Ayer sí faltó un voto en el Congreso, solo uno. El del diputado de Unidas Podemos por Tenerife, Alberto Rodríguez.

Fuente: https://www.eldiario.es/escolar/verguenza-congreso-diputados_132_8716688.html

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Bloomberg informa (por error) una invasión rusa a Ucrania

sábado, 5 de febrero de 2022

Estados Unidos: Un año de presidencia de Joe Biden

 

La política de la administración Biden, más allá de las declaraciones propagandísticas y de las promesas incumplidas, está en gran medida en línea con la ofensiva del capital contra las clases populares


Estados Unidos: Un año de presidencia de Joe Biden

 

Éric Toussaint

El Viejo Topo

5 febrero, 2022

 



Algunos comentaristas pensaron que la presidencia de Joe Biden sería una oportunidad para un punto de inflexión keynesiano en los Estados Unidos. Las mismas ilusiones y esperanzas habían aparecido al comienzo de la presidencia de Barack Obama en 2009.

En ambos casos, las elecciones tuvieron lugar mientras los Estados Unidos estaban pasando por una grave crisis que podría llevar al gobierno a tomar medidas enérgicas que condujeran a un giro respecto a décadas de políticas neoliberales.

La administración de Barack Obama podría haber aplicado medidas de coerción contra el gran capital y, en particular, contra los grandes bancos y fondos de inversión, en gran medida responsables de la enorme crisis que explotó entre 2007 y 2008. Además, Barack Obama prometió una profunda reforma del sistema de salud, de la seguridad social, de las pensiones y la implementación de una reforma fiscal destinada a hacer que los más ricos paguen un poco más de impuestos, comenzando con el 1% más rico. No fue así.

En el caso de Joe Biden, éste anunció que pediría a las empresas más grandes y ricas que pagaran más impuestos, prometió medidas progresistas en materia del acceso a la salud, a la protección social y un salario mínimo legal de 15 dólares por hora…

Estas promesas le permitieron movilizar a su favor a sectores importantes de la juventud y a una parte del electorado que ya no acudía a las urnas. Al comienzo de su mandato, nombró a Bernie Sanders como presidente del Comité del Presupuestos del Senado, lo que pareció, a algunos y algunas, ser la garantía de la voluntad de implementar realmente medidas progresistas. Otros, incluyéndome a mí, lo vieron como una forma de atrapar a Bernie Sanders

Resumen  

  • Promesas incumplidas
  • Desregulación financiera y abandono de programas de justicia social y defensa del medio (…)
  • ¿Cómo explicar que no haya giro keynesiano?
  • La cuestión de las deudas
  • Conclusiones

Promesas incumplidas

Se puede afirmar muy claramente, después de casi un año en el cargo, que las promesas de un giro progresista hacia una mayor justicia social no se han cumplido.

Muy rápidamente se abandonó el salario mínimo de 15 dólares, y el salario mínimo sigue fijado en 7,25 dólares.

No se ha tomado ninguna medida para recaudar nuevos impuestos a las grandes empresas y a los más ricos. Peor aún, la Administración Biden propone una medida adicional favorable a los hogares ricos y el colmo es que permite a una serie de parlamentarios republicanos denunciar la injusticia y el engaño de la medida como favor de los ricos[1]. Se trata de aumentar de 10.000 a 80.000 dólares la cantidad que un contribuyente puede deducir de sus impuestos federales para el pago de impuestos locales (ya sean municipales o impuestos pagados al Estado). Según un análisis del Tax Policy Center, una organización no partidista, y el Center for a Responsible Federal Budget, el 94 % de las ganancias del aumento del techo del impuesto sobre la renta a 80 000 dólares irían al quintil superior de los contribuyentes del país, que ganan al menos 175.000 dólares al año, y el 70% al cinco por ciento superior[2]. La pérdida de ingresos para el Tesoro ascendería a 275.000 millones de dólares al año.

El presupuesto militar se ha aumentado hasta 768.000 millones de dólares con el apoyo de los republicanos. Este es el presupuesto más alto desde la Segunda Guerra Mundial (a pesar de la salida de Afganistán).

En términos de obras públicas, la administración Biden ha aprobado, con el apoyo de las y los republicanos, un presupuesto favorable para las grandes empresas de construcción.

Recordemos que ha sido en los Estados Unidos donde la pandemia de coronavirus ha provocado el mayor número de muertes en números absolutos del mundo: más de 835.000 muertes a fecha de 25 de diciembre de 2021.

A pesar de la extrema gravedad de la situación, Joe Biden no ha tomado ninguna medida que pudiera haber entrado en contradicción con los intereses de las grandes compañías farmacéuticas. Si bien el gobierno posee la patente principal para la producción de vacunas de ARN mensajero, se niega a usarla y hacer que el sector público produzca vacunas en los Estados Unidos o en otros lugares (ver recuadro «Biden protege los intereses de las grandes farmacéuticas a expensas de la población tanto del norte y como del sur») Toda la producción se deja en manos de las grandes farmacéuticas y las patentes que las empresas privadas han presentado no son suspendidas. La administración Biden tampoco ha ofrecido la patente que posee a los países que podrían haberse beneficiado de ella y que pueden producir vacunas por sí mismos si se les da la oportunidad. Si bien dijo en mayo de 2021 que su administración quería que la OMC levantara las patentes según lo solicitado por más de 100 países del Sur, Joe Biden realmente no ha actuado para que sea tomada esa medida.

Recuadro: Biden protege los intereses de las grandes farmacéuticas a expensas de la población tanto del Norte como del Sur[3]

Las vacunas de ARNm de Pfizer (EE. UU.) – BioNTech (All.) y de Moderna (EE. UU.), que se han puesto en el mercado en menos de un año, se basan en parte en patentes anteriores. En particular, una tecnología diseñada por la Universidad de Pensilvania para fabricar un ARN mensajero inofensivo para el organismo, cuya patente se presentó en 2005.

La técnica innovadora de estabilización de la proteína espícula (también llamada proteína spike) también es el resultado de la investigación pública. En efecto, la patente específica presentada por el gobierno de los Estados Unidos -número de patente 10.960.070, más conocida como patente ’070’- se refiere a cómo se estabiliza la proteína spike en la vacuna, una técnica que fue desarrollada por el Centro de Investigación de Vacunas del National Institutes of Health (NIH)/Instituto Nacional de Salud, que es una agencia del gobierno de los Estados Unidos. Según la asociación radical de consumidores estadounidenses con sede en Washington Public Citizen, gracias a la patente ’070 mencionada anteriormente, el gobierno de los Estados Unidos habría podido y podría producir vacunas de ARNm por sí mismo. También podría transmitir la patente de forma gratuita a los Estados que deseen producir la vacuna para su población y, en un gesto de solidaridad, para otros pueblos.

Éste es un extracto de una declaración de Public Citizendemediados de noviembre de 2020 comentando el anuncio de Moderna de la producción de la vacuna mRNA-1273: «Es la vacuna del pueblo. (…) No es solo la vacuna de Moderna. Científicos federales han ayudado a inventarla y los contribuyentes están financiando su desarrollo. Todos jugamos un papel. Debería pertenecer a la humanidad. La administración actual [es decir, la de Trump nota de Eric T.] y el presidente electo Biden tienen la oportunidad de hacer de esta vacuna un bien público gratuito y accesible para todas y todos y contribuir a aumentar la producción mundial, con el fin de evitar el racionamiento médico que podría convertirse en una forma de apartheid mundial en materia de vacunas”[4]. En este caso, no se trata de levantar o abolir la patente, basta con ponerla a disposición de terceros. Al negarse a hacer esto, mientras organizaciones como Public Citizen lo demandan, el gobierno de Joe Biden muestra claramente que quiere proteger los privilegios de las grandes farmacéuticas.

Según un estudio muy convincente, publicado en mayo de 2021 por Public Citizen, las autoridades públicas, comenzando por las de los países más ricos, podrían producir fácilmente miles de millones de dosis de vacunas a un costo mucho menor que las sumas pagadas hasta ahora a las grandes empresas farmacéuticas privadas. Public Citizen lo demuestra basándose en un estudio realizado por investigadores del Imperial College de Londres. El estudio demuestra convincentemente «que la comunidad mundial podría establecer centros regionales capaces de producir ocho mil millones de dosis de vacuna de ARNm para mayo de 2022. Esto sería suficiente para cubrir al 80 % de la población». ¿El coste? 9.400 millones de dólares para una vacuna tipo Pfizer – BioNtech, para 5 instalaciones, 17 líneas de producción y 1.386 empleados. Una cifra a comparar con las decenas y decenas de miles de millones que los Estados han distribuido a la industria farmacéutica, para vacunar solo a los pueblos de los países ricos… y entregar dividendos a los accionistas[5].

Al igual que los países de Europa Occidental, los Estados Unidos están organizando la inyección masiva de una tercera dosis de la vacuna (incluso nos estamos preparando para una cuarta dosis como ya lo hace el Estado de Israel) y la vacunación de niños, mientras que la OMS pide que se dé prioridad a la vacunación de las poblaciones de los países del sur que solo tienen acceso a ella en cuenta gotas.

Desregulación financiera y abandono de programas de justicia social y defensa del medio ambiente

En términos de regulación financiera destinada a imponer cierta disciplina a los grandes bancos y otras grandes empresas financieras, no se ha hecho nada. Por el contrario, la laxitud se amplifica. Para indicar claramente su orientación favorable a los mercados financieros y al gran capital, Biden ha prorrogado el mandato del presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, que había sido nombrado por Donald Trump. También nombró a Janet Yellen, la expresidenta de la Reserva Federal, para el cargo de Secretaria de Estado del Tesoro (el equivalente del Ministerio de Hacienda). Esta fue otra señal a favor del gran capital. A principios de diciembre de 2021, Saule Omarova, la mujer que se suponía que se haría cargo de la regulación bancaria al frente de la Office of the Comptroller of the Currency (la oficina de control de la Moneda), tuvo que renunciar a su cargo después de una campaña de desestabilización lanzada por Wall Street y los republicanos. El Financial Times escribió al respecto: «Tuvo que hacer frente a una reacción brutal de los republicanos y el sector bancario, con críticas centradas en su formación y carrera académica con propuestas que incluían un sistema de cuentas bancarias gestionado por el Estado”[6]. En realidad, no solo tuvo que enfrentarse a los ataques de los republicanos, sino que fue hundida por una serie de parlamentarios demócratas tan vinculados al gran capital como sus colegas.

Biden había prometido aprobar un importante programa de gasto para más justicia social y defensa del medio ambiente. Este programa «Build Back Better» (Reconstruir mejor), conocido por sus iniciales BBB, debería haber sido adoptado al mismo tiempo que el principal plan de gasto en obras públicas que gusta al Gran Capital. Biden y la presidenta del Congreso Nancy Pelosi finalmente dejaron que las dos votaciones se separaran, mientras que la izquierda del Partido Demócrata rechazó esta separación. El plan de obras públicas fue adoptado con el apoyo de los republicanos y a pesar de la oposición de 6 parlamentarios de la izquierda demócrata, incluida Alexandria Ocasio-Cortez. Por el contrario, el programa «Build Back Better» está siendo saboteado por la derecha del Partido Demócrata y lo más probable es que sea abandonado.

Este abandono del programa «Build Back Better» muestra la verdadera naturaleza de la política de la administración Biden que en gran medida, económica y socialmente, está en continuidad con la de los presidentes republicanos, ya sea G. W. Bush o D. Trump. En 1891, Friedrich Engels, en su introducción a los textos de Karl Marx sobre la Comuna de París, había descrito muy bien el sistema político de los Estados Unidos dominado por los partidos Demócrata y Republicano que se alternan en el poder y defienden el orden capitalista (ver recuadro a continuación).

Recuadro: Friedrich Engels sobre el sistema político de los Estados Unidos

No hay ningún país en que los «políticos» formen un sector más poderoso y más separado de la nación que en Norteamérica. Allí cada uno de los dos grandes partidos que alternan en el Gobierno está a su vez gobernado por gentes que hacen de la política un negocio, que especulan con las actas de diputado de las asambleas legislativas de la Unión y de los distintos Estados federados, o que viven de la agitación en favor de su partido y son retribuidos con cargos cuando éste triunfa. Es sabido que los norteamericanos llevan treinta años esforzándose por sacudir este yugo, que ha llegado a ser insoportable, y que, a pesar de todo, se hunden cada vez más en este pantano de corrupción. Y es precisamente en Norteamérica donde podemos ver mejor cómo progresa esta independización del Estado frente a la sociedad, de la que originariamente debía ser un simple instrumento. Allí no hay dinastía, ni nobleza, ni ejército permanente -fuera del puñado de hombres que montan la guardia contra los indios-, ni burocracia con cargos permanentes o derechos pasivos. Y, sin embargo, en Norteamérica nos encontramos con dos grandes cuadrillas de especuladores políticos que alternativamente se posesionan del poder estatal y lo explotan por los medios y para los fines más corrompidos; y la nación es impotente frente a estos dos grandes cárteles de políticos, pretendidos servidores suyos, pero que, en realidad, la dominan y la saquean.

Fuente: Friedrich Engels, Introducción a los textos de Karl Marx sobre la Comuna de París, 1891 disponible en línea: (F. Engels, introducción de 1891 a La guerra civil en Francia, disponible en https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/1.htm).

La administración Biden tampoco ha tomado medidas, a pesar de los discursos bien intencionados, parareducir el acceso a las armas de fuego, cuando la cantidad de homicidios está aumentando bruscamente (aumento del 30% en 2021). 400 millones de armas de fuego están en circulación en los Estados Unidos.

En relación con Estados como Texas que han adoptado legislación hiperrepresiva contra el aborto, la Administración Biden no está tomando medidas para defender la legislación federal que despenaliza el aborto y se contenta con expresar su desacuerdo.

Mientras que Estados, incluido Texas una vez más, deciden enmendar las leyes electorales para limitar el ejercicio del derecho al voto por parte de las clases populares y, en particular, sus partidos racializados, la Administración Biden no hace nada.

En materia de derechos de las y los migrantes y acogida de personas refugiadas, la política de la Administración Biden no es realmente diferente de la de D. Trump. En septiembre de 2021, el enviado estadounidense a Haití, Daniel Foote, dimitió para protestar contra las expulsiones «inhumanas» por parte de los Estados Unidos de miles de personas migrantes haitianas. Su dimisión fue un duro golpe para Joe Biden: su política de deportación masiva de migrantes haitianos a su país es denunciada públicamente por su propio emisario.[7]

En materia de política internacional, la administración extiende y confirma lo adoptado por Trump sobre temas centrales: pleno apoyo al régimen sionista; agresividad hacia Cuba y Venezuela. Recientemente, una investigación del New York Times reveló que el uso de drones en Siria, Irak y Afganistán había causado oficialmente la muerte de más de 1.400 civiles. La cifra real es ciertamente mucho mayor. Desde este punto de vista la administración Biden ha proseguido la política de D. Trump. A finales de agosto de 2021 en Kabul murieron 10 civiles por un dron y se supo en diciembre de 2021 que los responsables no serían sancionados. «No había un elemento lo suficientemente sólido como para mantener responsabilidades personales», dijo el portavoz del Pentágono, John Kirby, en Washington para justificar la ausencia de sanciones[8]. La Administración Biden también apoya al régimen militar del mariscal Al-Sisi en Egipto proporcionando anualmente a su ejército 1.300 millones de dólares en ayuda. Del mismo modo, Biden mantiene estrechas relaciones con el régimen ultrarreaccionario saudí.

El retorno al Acuerdo Climático de París y a las negociaciones nucleares con Irán no conduce a medidas enérgicas. Por el contrario, Biden acaba de aumentar la ayuda para la extracción de petróleo y gas en los Estados Unidos con el fin de aumentar el volumen de extracción. En relación con Irán, los Estados Unidos no están haciendo concesiones reales, lo que contribuye al deterioro de la situación.

¿Cómo explicar que no haya giro keynesiano?

El factor principal es la situación de la lucha de clases. Las clases trabajadoras y, en particular, las y los asalariados no ven aumentar su grado de organización y capacidad para actuar. Esto es diferente de la década de 1930, cuando el movimiento obrero estaba en auge en los Estados Unidos con una ola de huelgas y ocupaciones de fábricas, especialmente en el sector automotriz. Los sindicatos radicales tenían el viento de popa. Las ideas socialistas también. La URSS era un polo de atracción, la planificación y el control público de los medios de producción parecían ser una mejor solución que el laissez-faire capitalista.

Para completar el panorama, hay que añadir que en 2020-2021 el gobierno (tanto el de Trump o como el de Biden) engrasó de forma masiva los engranajes pagando ayudas significativas a las clases populares y aplazando el pago de una parte significativa de las deudas (deudas hipotecarias, deudas estudiantiles, deudas de alquiler…). En 2020 y 2021, la pobreza disminuyó gracias a las ayudas sociales de diferentes tipos. Esto ha jugado un papel real como amortiguador social. Las clases populares no se han visto compelidas a pasar a la acción. Es cierto que algunos sectores se han movilizado y en algunos casos han logrado victorias, pero esto está lejos de representar una ola de fondo.

Las medidas «sociales» tomadas por Trump y luego por Biden no son estructurales, no constituyen nuevos derechos, no son perennes. Si el programa «Build Back Better-Reconstruir mejor», fuera adoptado, se podría considerar que se ha logrado algún progreso social, pero obviamente, en el mejor de los casos, esto será muy limitado. Lo anterior demuestra que no estamos en un nuevo ciclo de tipo keynesiano en el que el gobierno y la clase capitalista serían obligadas hacer concesiones importantes a las clases populares que verían progresar sus derechos sociales y en el que los salarios reales aumentarían sustancialmente.

La clase capitalista continúa enriqueciéndose incluso si la tasa de ganancia no está en su mejor momento y si una parte importante del capital acumulado es ficticia y puede hundirse como un castillo de naipes en caso de una nueva crisis financiera.

Las desigualdades continúan aumentando con una mayor concentración de la riqueza a favor del 1% más rico.

La cuestión de las deudas

En el tercer trimestre de 2021, la deuda pública de los Estados Unidos superó los 28.000 millones de dólares, es decir, el 125 % del PIB del país. Tanto después de 2008 para hacer frente a la crisis financiera como a partir de 2020 frente a la crisis exacerbada por la pandemia de coronavirus, los gobiernos de los Estados Unidos han aumentado fuertemente la deuda pública. No ha habido impuestos de crisis al gran capital. Hasta ahora, el aumento de la deuda pública ha sido indoloro porque las tasas de interés están cerca de cero. Actualmente, la tasa de interés real de la deuda pública es incluso negativa, ya que la inflación supera el 5%. La Reserva Federal aumentará gradualmente las tasas de interés, pero no habrá problemas graves a corto o medio plazo. En los Estados Unidos, el volumen de la deuda pública seguirá aumentando sin causar grandes conmociones.

Las deudas de los hogares de las clases populares han aumentado en los últimos 10 años, pero las ayudas sociales en forma de cheques enviados en 2020-2021 por las autoridades públicas ha reducido temporalmente el peso de su pago. Además, tanto la administración Trump como la administración Biden han suspendido temporalmente el pago de una serie de deudas: deudas estudiantiles, deudas hipotecarias en algunos casos, algunas deudas de alquiler también, por no mencionar algunas deudas de pequeñas empresas. Pero estas medidas terminarán y gradualmente la situación se tensará. Se conocen algunos vencimientos: mayo de 2022 para deudas estudiantiles con un montante total superior a 1.600.000 millones de dólares. Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez están pidiendo la cancelación totalMovimientos en favor decondonar estas deudas están en marcha y en preparación.

La cuestión de las deudas reclamadas abusivamente a las clases trabajadoras será más importante en los próximos años.

En cuanto a las deudas estudiantiles, Barack Obama había hecho algunas cancelaciones parciales (cuyo costo fue asumido por las autoridades públicas y no por los prestamistas), Biden puede hacer lo mismo. Esto dependerá en particular de las movilizaciones. Un asunto que hay que seguir.

La deuda de las grandes empresas privadas ha aumentado muy bruscamente en los últimos años. En caso de aumento de las tasas, es posible que se produzcan quiebras y se desencadene una nueva crisis financiera.

Conclusiones

La política de la administración Biden, más allá de las declaraciones propagandísticas y de las promesas incumplidas, está en gran medida en línea con la ofensiva del capital contra las clases populares. No hay un punto de inflexión social que esté realmente en marcha y que rompa con 40 años de políticas neoliberales.

Nadie en la izquierda va a echar en falta a Trump, pero de ahí a hacerse ilusiones sobre Biden, hay límites que no se deben cruzar.

Biden y el Partido Demócrata decepcionan a sectores de las clases populares que les apoyaron contra Trump y las candidaturas republicanas en el otoño de 2020. Durante 2021, en varias elecciones parciales, esta decepción se expresó en las urnas y los republicanos fortalecieron su posición. Las elecciones de octubre de 2022 corren el riesgo de conducir a la pérdida de la mayoría de los demócratas en el Parlamento y el Senado, lo que aumentará la tendencia hacia la continuidad. Es posible una victoria republicana en las elecciones presidenciales de 2024.

¿Encontrará la izquierda dentro y fuera del Partido Demócrata la manera de fortalecerse y romper el sistema bipartidista tan bien descrito por Friedrich Engels hace 130 años? Esta es la gran cuestión histórica. ¿Podrá consolidarse el movimiento popular que en los Estados Unidos ha experimentado momentos muy destacados, como con Black Lives Matter o durante las movilizaciones feministas? ¿Las y los asalariados ganarán puntos contra la patronal? ¿Entrará la juventud en una sucesión de luchas que prolonguen Black Lives Matter, que se centren en el medio ambiente, las deudas…? Las respuestas a estas preguntas están abiertas y son de gran importancia para todos los pueblos del planeta.

Notas

[1] https://www.capito.senate.gov/news/in-the-news/editorial-to-keep-cost-of-bbb-down-take-out-the-salt-cap-increase ; https://www.cnbc.com/2021/11/17/high-income-households-could-get-a-tax-cut-under-build-back-better.html

[2] Financial Times, 27-28 novembre 2021, “Democrats’ tax relief plan leaves bitter taste for party leftwingers” https://time.com/6128775/salt-cap-democrats-divided/ ; https://www.ft.com/content/712d0a22-8aa1-4204-b93a-3653c1f5bb5e “According to analysis by both the non-partisan Tax Policy Center and the fiscally hawkish Center for a Responsible Federal Budget think-tanks, 94 per cent of the benefits of increasing the Salt cap to $80,000 would go to the top quintile of earners nationwide — who make at least $175,000 a year — with 70 per cent going to the top five per cent.”

[3] El contenido de este recuadro es un extracto de Éric Toussaint, Coronavirus: Bienes comunes mundiales contra el Big Pharma publicdo en http://www.cadtm.org/Coronavirus-Bienes-comunes-mundiales-contra-el-Big-Pharma

[4] Public Citizen, «Statement: Moderna Vaccine Belongs to the People», publicado el 16 de noviembre de 2020, https://www.citizen.org/news/statement-moderna-vaccine-belongs-to-the-people/

[5] Public Citizen, How to Make Enough Vaccine for the World in One Year», publicado el 26 de mayo de 2021, https://www.citizen.org/article/how-to-make-enough-vaccine-for-the-world-in-one-year/

[6] Financial Times, 9 décembre 2021. Extracto del artículo de FT “Lo que inquieta a los bancos de Wall Street es que voy a ser un regulador independiente, de espíritu fuerte, que no soy uno de los suyos, que no les debo nada”, declaró Saule Omarova al FT. (…). Jon Tester, senador demócrata de Montana y Mark Warner, de Virginia, han expresado inquietudes en el curso de la audición sobre las críticas anteriores de Omarova sobre ciertos aspectos de un proyecto de ley de 2018 que ambos habían defendido y que había flexibilizado las reglamentaciones para los bancos comunitarios. Tester ha puesto en cuestión igualmente su proposición de una autoridad nacional de inversión sostenida por el Estado que, en su opinión podría decidir a qué sectores de la economía prestar dinero”.

[7] https://www.france24.com/fr/amériques/20210923-l-émissaire-américain-en-haïti-démissionne-et-dénonce-des-expulsions-inhumaines-de-migrants

[8] Nouvel Observateur, « Bavure américaine de fin août à Kaboul : pas de sanctions, colère de la famille des victimes » https://www.nouvelobs.com/monde/20211213.AFP5613/bavure-americaine-de-fin-aout-a-kaboul-pas-de-sanctions-colere-de-la-famille-des-victimes.html

Traducción de Alberto Nadal publicada originalmente en Cadtm.org

 

(España). CUO: Por la derogación de las contra-reformas laborales

 

CUO: Por la derogación de las contra-reformas laborales

 

 Dairio  Octubre / Febrero  4, 2022

 En contestación por la recién aprobada contra-reforma laboral, los Comités para la Unidad Obrera se sumaron a la concentración del jueves 3 de febrero que tuvo lugar frente a la Delegación del Gobierno en Alacant.

Los CUO recordamos que las contra-reformas laborales de los diferentes gobiernos de turno han supuesto desde hace décadas un deterioro de las condiciones laborales de la clase obrera. En esta ocasión, en vez de derogar el retroceso para la clase obrera que supusieron las contra-reformas de 2010 y 2012, promovidas por PSOE y PP, respectivamente, y que supusieron sendas huelgas generales, el gobierno de coalición “PSOE-Unidas Podemos” ha defendido los intereses de la patronal consolidando la pérdida de derechos laborales, es decir abaratamiento del despido, desaparición de los salarios de tramitación, facilidad en la modificación de las condiciones laborales, descuelgues salariales, etc.

Por ello, hacemos un llamamiento para que la clase obrera se organice con el objeto de defender sus propios intereses, entre los que se incluyen una verdadera reforma laboral.


¡Por la derogación de las contra-reformas laborales!

¡Unidad, Solidaridad y Lucha!

FUENTE: comites-unidad-obrera.es

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viernes, 4 de febrero de 2022

El conflicto OTAN/Rusia: una perspectiva europea

 

¿Coinciden los intereses de Europa con los de EEUU? En el conflicto de Ucrania, si todos los actores saben que Rusia no la va a invadir, ¿por qué se ha creado este clima de guerra inminente? La paz no tiene alternativa en Europa.

 

El conflicto OTAN/Rusia: una perspectiva europea


Manolo Monereo

El Viejo Topo

4 febrero, 2022 


Para Jean-Luc Mélenchon en su combate más difícil.

La pregunta hay que hacerla: ¿coinciden los intereses de Europa con los de EEUU? Esta es la cuestión decisiva que la Unión Europea no es capaz de hacerse, ni siquiera de plantearse. Para los norteamericanos la protección de su Estado y de su población le exige controlar estratégicamente el mundo. De ahí deviene esta específica habilidad de construir guerras y desarrollar conflictos lejos de sus fronteras. La península que es Europa ha sufrido dos guerras mundiales, conflictos militares recurrentes y siempre pendiente de una Rusia convertida, de una u otra forma, en el imperio del mal.

El observador avezado se dará cuenta que distingo entre Europa y la Unión Europea. Esto es algo que tampoco se puede hacer. La única forma de construir Europa es la UE y quien la critique o la cuestione es calificado de euroescéptico, nacionalista o simplemente, de extrema derecha. Hay muchas formas de decir Europa y de construirla. La UE es un modo concreto, específico que tiene, al menos, tres características. La primera, el llamado vínculo atlántico; es decir, esta integración supranacional se hace bajo el paraguas estratégico de los EEUU, organizado militarmente en torno a la OTAN. EEUU siempre ha sido un actor interno en la construcción europea y ha influido decisivamente en su modo de organizarla y definir su futuro. Después de la implosión de la URSS y de la desintegración del Pacto de Varsovia intervinieron activamente para ampliar la Unión hacia el este lo más rápidamente posible y, es la clave, hacerlo bajo el patrocinio de la OTAN. Conseguían dos objetivos fundamentales: bloquear la integración política y hacer girar hacia la derecha a los gobiernos de los países que habían estado bajo el control de la Unión Soviética. UE y OTAN desde el principio fueron un mismo proyecto geopolítico.

Una segunda característica tenía que ver con un método específico de integración basado en la “limitación” de la soberanía de los Estados en todo lo referente a la política económica y a su política internacional. Dicho de otro modo, la construcción de la Unión se hacía contra los Estados en un largo proceso cada vez más distante del control de las poblaciones y, en muchas ocasiones, en contra de ellas. Desde el primer momento las instituciones comunitarias convirtieron su ordenamiento jurídico en una “constitución material” que se superponía y prevalecía sobre las constituciones de los Estados singularmente considerados. Como ha destacado con mucha fuerza Wolfgang Streeck, las constituciones sociales derivadas de la II Guerra Mundial están siendo deconstruidas en favor de un ordenamiento claramente neoliberal sin el concurso del poder constituyente del pueblo soberano.

La característica tercera la tenemos delante de nuestros ojos, la nombramos pero no la definimos: las democracias realmente existentes ya no deciden lo fundamental, no tienen el poder de elegir entre grandes opciones públicas; gobierne quien gobierne, están obligadas a moverse, no solo en los límites de su propia constitución sino, y principalmente, de un ordenamiento jurídico -el de la UE- que actúa en la práctica como una constitución que prevalece sobre la legítimamente instituida en los Estados. Resumiendo, nuestras democracias son cada vez menos sociales, están estructuralmente limitadas y en proceso de creciente oligarquización.

Hay que atreverse a explicar las cosas. Estamos ante un cambio de época, ante una ruptura histórica que pone en cuestión una determinada forma de organizar el poder mundial, un modo de ordenar las relaciones internacionales y, sobre todo, una forma de comprender el mundo. Hoy la Unión Europea está obligada a definirse ante un mundo multipolar que emerge y que cuestiona un viejo orden construido por las grandes potencias capitalistas. En el fondo es decidir si se es parte de lo viejo o si se forma parte de lo nuevo y se está dispuesto a gobernar esa transición. La OTAN lo tiene claro: defender el orden unipolar hegemonizado por Estados Unidos; todo lo demás es secundario y, además, se conjura para crear una amplia coalición de Estados contra China, la gran potencia que emerge, y contra Rusia, que se ha convertido en su principal aliado.

El debate sobre la famosa autonomía estratégica de la UE hay que situarlo en este contexto. Pero en esto tampoco deberíamos dejarnos engañar por las apariencias. La preocupación de Borrell no es tanto la actuación unilateral de los EEUU, sino que Biden no lo tenga lo suficientemente en cuenta e incumplan las cláusulas de solidaridad colectiva garantizada por la OTAN. Autonomía estratégica, no para definir con precisión y veracidad los objetivos de una política exterior solvente de la UE, sino para renegociar su condición de aliado subalterno de EEUU y su participación en la toma de decisiones sobre Europa, pero también sobre el Indo-Pacífico. Dicho más claro, el riesgo que temen es quedarse sin el paraguas de la OTAN. El temor de las clases dirigentes europeas es que los EEUU se desentiendan de Europa y que ya no ejerzan su control sobre ella. La UE sigue queriendo ser un protectorado económico militar de los Estados Unidos. No está dispuesta a prescindir de las decenas de bases norteamericanas en su territorio ni de su armamento nuclear desplegado en Europa; por cierto, en proceso de renovación sustancial.

Hay dos áreas de decisión geopolítica en construcción. Una está en el Indo-Pacífico; la otra en Europa. En la primera, que es la principal, los norteamericanos quieren actuar solos con sus aliados tradicionales; es decir, Reino Unido y Australia. A estos se unirán pronto sus dos países que son a su vez protectorados militares, Japón y Corea del Sur. El objetivo, ya se ha dicho, es crear una coalición muy amplia para contener a China, siempre con las incógnitas de India (que tiene fuertes vínculos con Rusia) y de Pakistán (que tiene complejas relaciones con EEUU y con China). El papel de Indonesia será muy importante. EEUU lo ha dejado meridianamente claro: los países europeos, empezando por Francia, estarán fuera de la toma de decisiones de este “gran juego” que acaba de comenzar.

La otra área de decisión es Europa. Aquí el papel decisivo lo va a tener la OTAN. El objetivo: enfrentarse a Rusia y sumarse a la estrategia global contra China que definen los EEUU. El conflicto de Ucrania hay que verlo como el retorno de Europa como territorio de conflicto y guerra entre las grandes potencias. La gravedad del problema es justamente esta, que el conflicto entre EEUU y China se dirime en territorio europeo enfrentando a la OTAN contra Rusia. Por eso las soluciones diplomáticas son extremadamente difíciles y la atmósfera de guerra se hace insoportable. Quien mejor conoce esto es la dirección política del actual gobierno ucraniano que lo aprovecha para rearmarse, formar uno de los mayores ejércitos del mundo y ser, en la práctica, parte de la OTAN.

El dato más sobresaliente en este conflicto es que todos los actores saben que Rusia no invadirá militarmente Ucrania. Las razones son muchas. Ucrania se ha convertido en una Estado fallido con una crisis económico productiva pavorosa y con conflictos étnicos, religiosos y sociales difíciles de gobernar. La pregunta es: si todo el mundo sabe que Rusia no va a invadir, ¿por qué se ha creado este clima de guerra inminente? Por varias razones. La primera, es la “batalla por el relato”; se trata de atemorizar a las poblaciones ante un enemigo cruel e implacable para legitimar el incremento sustancial de los gastos militares, la instalación y renovación de nuevos misiles nucleares y la necesidad de un protector externo que nos defienda; es decir, la OTAN. La segunda razón, justificar la urgencia de ampliar la OTAN incorporando, no solo a Ucrania sino también a Georgia y, más allá, al resto de las repúblicas exsoviéticas. La tercera, poner fin a cualquier pretensión presente y, sobre todo futura, de Europa como actor autónomo en las relaciones internacionales, colaborador necesario en la construcción de un nuevo orden multipolar más democrático y plural.

Cuando Pedro Sánchez y Margarita Robles mandan alegremente buques y aviones de combate a la zona en conflicto lo hacen sabiendo que Rusia no va a invadir Ucrania. El problema que tienen estos escenarios con un clima conflictual tan alto, es el riesgo de que algún actor considere que hay que agudizar las contradicciones y provoque una respuesta de Rusia. Biden y Borrell pueden perder el control de la situación y entonces habrá una guerra de verdad; en el centro del espacio europeo y sin saber exactamente cuáles serán los límites. Quien juega con fuego puede terminar quemándose.

La respuesta de Rusia es la propuesta de un tratado de seguridad basado en el desarme y la desnuclearización, en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas y a la soberanía de los Estados. Se puede rechazar, se puede descalificar, pero hay una propuesta encima de la mesa que la hace un Estado que tiene la percepción de vivir una crisis existencial en tanto que tal y que lleva 25 años viendo como las fronteras de la OTAN están cada día más cerca de Moscú. Lo más grave es que, como antes dije, este conflicto es parte de un conflicto global de carácter preventivo impulsado por los EEUU y que tiene como verdadero objetivo bloquear, contener y cercar a China. Una vez más, Europa puede poner los muertos de un conflicto en el que nada tiene que ganar y mucho que perder.

La paz no tiene alternativa en Europa. La guerra es el mal absoluto. Lo que debería hacer realmente Europa es tomar iniciativas veraces para una salida diplomática a la crisis que reconozca los intereses comunes que tiene con Rusia; que promueva un gran acuerdo económico, político y militar en el marco del cual se debe resolver el conflicto ucraniano. La Europa de España a los Urales sigue siendo una necesidad. ¿Cuál es el problema? Que esta propuesta se opone a los intereses estratégicos de EEUU. La paz es demasiado importante para que la decidan solo los políticos y los militares.

Fuente: Blog Dominio Público.

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Teletrabajo “una contrarrevolución que convierte el hogar en tortura”, afirma historiadora

 

Teletrabajo “una contrarrevolución que convierte el hogar en tortura”, afirma historiadora

DIARIO OCTUBRE / diciembre 18, 2020



Raquel Varela (Cascais, Portugal, 1978) es historiadora, investigadora y profesora en la Universidad Nueva de Lisboa. Está especializada en historia del trabajo, condiciones laborales, movimiento obrero e historia europea del siglo XX. Es autora de 32 libros y coordina 17 proyectos a nivel mundial.

Esta semana, la Asociación Iberoamericana de la Comunicación (Asicom) la premió por su brillante trayectoria. Entrevistada por el periódico español La Nueva España, Varela reflexionó sobre las consecuencias de la pandemia en nuestras sociedades y sobre qué dice de ellas la vulnerabilidad en que las encontró.

Para la historiadora, el alto costo económico que está teniendo (y tendrá) esta pandemia, se debe fundamentalmente a dos razones.

“La primera es que los servicios de salud han sido desmontados de su excedente. Si miras una autopista, tiene dos o tres vías y una cuarta de parada (la banquina o arcén). Esta vía cuesta mucho construirla, pero casi nadie la utiliza, solo cuando hay un accidente. En los servicios de salud necesitamos también de una vía extra para situaciones de excepción. Lo que pasa es que los países del proceso neoliberal han desmontado esta vía de seguridad y han reducido los centros sanitarios al mínimo para funcionar. Los gobiernos tuvieron la idea medieval del confinamiento, que se aplicaba cuando no había ciencia, no existían servicios públicos de salud… Los gobiernos capitalistas del mundo tuvieron que admitir que no tienen medios para combatir una pandemia de baja letalidad. Imagínese si hay una pandemia de alta letalidad. La única solución es una idea completamente enloquecedora desde el punto de vista de la salud mental y física de la gente que es el confinamiento, y que tiene un impacto destructivo en la economía. Se habla ya de que hay 30 millones de personas que pueden morir de hambre, se habla ya de una pandemia mental tremenda…”

La segunda razón “tiene que ver con el capitalismo y su desigualdad social; no es una economía solidaria. Los trabajadores están pagando la factura de la crisis y no quienes tienen grandes ganancias. Y el dinero no produce dinero”.

Por ello, y para estar preparados ante una nueva pandemia quizá más grave, entiende necesario “situar a los servicios públicos fuera de la ganancia. Tenemos que considerarlos esenciales y pagar muy bien a los funcionarios públicos, porque son los garantes de la civilización. Y eso implica una inversión en trabajadores, no en tecnología y máquinas. Nosotros necesitamos gente que trabaje. No podemos seguir premiando a los empresarios del mundo que ganan millones y consentir que los servicios públicos funcionen con salarios que no permitan soñar. Hay que devolver la esperanza a los centros de trabajo, hay que devolver la autonomía, la creatividad, la reducción del horario del trabajo, la progresión en la carrera: la gente tiene que trabajar feliz; el trabajo no puede ser una tortura”.

Interrogada acerca de si esta coyuntura causa por el COVID-19 puede servir de “escarmiento” o aprendizaje, la historiadora se muestra más bien escéptica.

“Yo no creo que las sociedades funcionen por causa de la racionalidad científica, sino por la fuerza política. No he visto nada en los gobiernos europeos que muestre un cambio en las políticas. La gran política ahora es la reconversión industrial a la tecnología 4.0 de industria verde, cuando lo que necesitamos más que nunca son educadores, médicos, enfermeros, transportistas… Necesitamos cuidar a quien trabaja, no necesitamos una supuesta inversión de capitales en maquinaria”.

En cuanto a la presunta “revolución” que significó el enorme crecimiento del trabajo telemático a causa del confinamiento, Varela no lo ve como un motivo de celebración.

“Yo no lo llamaría una revolución laboral, sino una contrarrevolución, porque es dramática la gestión que se está haciendo del teletrabajo. Cuando más necesitábamos del trabajo colectivo, en equipo, creativo… Estamos devolviendo a la gente a su casa, transformando no el trabajo en una casa acogedora, sino nuestra casa acogedora en una tortura de trabajo”.

“Desaparece la frontera público y privado y se intensifica mucho la demanda de trabajo. Lo que pasa con el teletrabajo es una intensificación de la ganancia de las empresas, porque disminuyen los costes inmediatos e invaden la casa de la gente”, lamenta.

FUENTE: montevideo.com.uy

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