domingo, 19 de septiembre de 2021

Debatir entre nosotras

 

Debatir entre nosotras


Fuentes: El Plural


Por Victoria Sendón de León

Rebelion

 18/09/2021 


“No existe otro mundo más simbólico que las palabras de los hombres y el silencio de las mujeres” (Anna Santoro)

Quisiera con este artículo formular una respuesta -siempre parcial, claro-a la pregunta de Andrés Montero sobre si ha llegado el tiempo del “feminismo de la diferencia”, y, sobre todo, al brillante artículo de María José Binetti sobre la Agenda de ONU-Mujeres en el Foro “Generación Igualdad”, ambos publicados en este medio.

No va a ser fácil poner en cuestión nuestras creencias, eslóganes e identificaciones como feministas, aunque, a mata caballo, nos están obligando a hacerlo por la utilización interesada y perversa que de ellos se está haciendo. Desde 1995 no se celebraba ningún foro internacional en el seno de ONU-Mujeres hasta junio de 2021 a fin de acelerar la Plataforma de acción de Beijing y conseguir “un cambio positivo e histórico de poder y perspectiva” respecto a aquella IV Conferencia Mundial sobre la Mujer. Para empezar, en este Foro se ha eliminado la palabra Mujer, de acuerdo con la nueva Agenda, y lo han titulado “Foro Generación Igualdad”. Ya sólo esto, nos plantea una serie de interrogantes que tendríamos que poner sobre la mesa y tener el valor de debatir “a calzón quitado”. Apuntaré algunos de los puntos inquietantes que demuestran la deriva de ONU-Mujeres, que tendrá que ser reformulada como ONU-Diversidad, o bien, ONU-Cajón de sastre visto lo visto. No olvidemos que lo que no se nombra, no existe.

  1. La palabra “igualdad” ha sustituido, tanto al sustantivo “mujer”, como al adjetivo “feminista” como el que no quiere la cosa, basado en que la meta de la igualdad ha constituido el objetivo final de la Agenda feminista oficial. Por lo tanto, mujer, feminismo e igualdad han venido a significar la misma cosa. De ahí los ministerios de igualdad, los planes de igualdad, las leyes sobre igualdad y todo lo relativo a mujeres. Yo nunca entendí por qué se denominaban de ese modo, ya que la igualdad puede ser referida a cantidad de asuntos y sujetos. Con la palabra “igualdad”, la denominación del Foro deja de ser sospechosa.
  2. Lo del “género” también ha constituido un concepto clave en toda la terminología feminista. Debido a que dicho concepto ha venido a sustituir al “sexo” en la teoría queer – al igual que la cultura a la naturaleza -, la teoría feminista ha respondido airadamente cuando la identidad de mujer ha querido ser sustituida por la identidad de género en diversos proyectos de ley. Otro término con el que juegan, derivado también de la nomenclatura feminista: perspectiva de género, violencia de género, igualdad de género y otras fruslerías semejantes con el género por bandera. Nuestra respuesta, claramente fundamentada, les ha hecho recular y han querido entonces apropiarse del “sexo” como si éste pudiera ser elegido a la carta en una supuesta autodeterminación subjetiva. Sin embargo, fue el feminismo el primero que sustituyó sexo y mujer por género, sobre todo en la Academia y en la Administración por no sé qué extraños pudores intelectuales.
  3. Mucho me malicio que la palabra “género” pretenden ahora sustituirla por “generación” como queriendo borrar todo el bagaje feminista acumulado hasta el presente, una teoría obsoleta que la “nueva generación” ya no admite como propia, propiciando así un corte generacional y epistemológico con el pasado. Si con todo lo anterior se borraba el concepto mujer, con la nueva terminología se borra también la teoría feminista, o sea, el feminismo. Se mantiene, sin embargo, el concepto de “igualdad”, término aplicable a cualquier distopía dependiendo de los términos a igualar en qué y a qué. Tal vez sea a esto a lo que se refieren con el intento de propiciar “un cambio positivo e histórico de poder y perspectiva”.
  4. Otro elemento que se viene utilizando “ad libitum” es el de Sujeto Universal, que interpretado desde el “feminismo de la igualdad” puede ser entendido como que ese sujeto lo han de encarnar de igual modo varones y mujeres, pero referido en definitiva a “el Hombre” como término omniabarcante de la especie humana. De ello se deriva que cuando decimos “el hombre del Paleolítico ya creaba arte”, entendamos que eran los hombres los que lo hacían y no las mujeres. De hecho, en las representaciones de los libros de texto se nos muestran varones pintando en las cuevas y no mujeres, al igual que cazando o protagonizando cualquier otra función relevante. Y no digamos cuando se representa la evolución, que parte de simios machos hasta llegar al “hombre” erecto actual, al “homo sapiens” varón.
  5. Las palabras, o sea, los conceptos, no son inocentes, aunque parezca que sí. El “giro lingüístico” permite que las diversas realidades se adapten a las palabras que las definen y no al revés. Se puede reformular que el “género” es lo que nos identifica como varones o mujeres antes que el sexo, que no existe; que la “igualdad” se refiere a la igualdad de derechos basados en el género autodeterminado y no en el sexo; que la persona nace con la imposición del nombre y no cuando es alumbrada por la madre, que pasa a ser un “útero gestante”; que las “mujeres trans” son verdaderas mujeres, mientras las “cis” somos “cuerpos menstruantes”; que el “feminismo” abarca los diversos movimientos por la liberación de cualquier grupo oprimido y que por tanto su “sujeto político” corresponde a la diversidad de colectivos (incluido el “colectivo mujeres”) que están en esa lucha; que las “diferencias” entre los sexos son meros aprendizajes culturales o que la prostitución no es otra cosa que digno “trabajo sexual” que empodera a las mujeres. Sólo basta con que respecto a la definición de esas palabras exista un consenso dado por la autoridad pertinente y que, por lo tanto, no admita disensos. ¿Y qué mayor autoridad que la propia ONU para que dichos conceptos sean aceptados e instituidos como verdaderos? ¿Y qué mayor verdad que una mentira repetida cientos o miles de veces?

Realmente, enfrentarse a la ONU y al “cambio histórico de poder y perspectiva” es una misión titánica, pero, tal vez, el cambio histórico discurra por caminos que no puedan ser dirigidos desde los organismos de la “gobernanza global”, sino desde “el espíritu de los tiempos”, que sólo avanzaría en el sentido de la evolución humana. En la naturaleza, según la ciencia, funciona así. Pero con eso no cuentan. Con todo, lo importante sería el debate entre nosotras.

Al igual que hemos superado el concepto de género porque nos abocaba al generismo, pero hemos mantenido el término sólo como un elemento de análisis, tendríamos que ir más allá del concepto de igualdad como definitorio de la Agenda feminista, profundizando en el concepto de diferencia como pensamiento enriquecedor en los siguientes aspectos.

  1. Identidad sexual femenina: Es lo que permite su diferencia con el varón, lo que posibilita, tanto el dimorfismo sexual reproductivo, como su alteridad radical, por más que dicha identidad no suponga un destino biológico, sino una potencialidad plena. No se refiere a la identidad lógica (A=A) sino a la ontológica, o sea, basada en el cuerpo. Es decir, que entre ser mujer y ser hombre existe una diferencia insalvable, que no puede ser superada ni trasgredida por el generismo.
  2. Sujeto universal. «Lo universal es dos: es mujer, es varón», escribe Luce Irigaray, de modo que su diferencia inmanente comprende toda la realidad humana. Las mujeres no somos el «todo», lo cual significa que poseemos una identidad propia, pero tampoco somos «lo mismo», sino que, desde la diferencia, se posibilita la reproducción, pero no la identificación. El Sujeto universal no es “el Hombre”. Y no tendría sentido la frase de Beauvoir: “Él es lo Absoluto, Ella es lo Otro”, por tanto, la aspiración a la igualdad con Él es un despropósito. Existe un camino propio.
  3. Responde al concepto de «tratar de modo diferente a los diferentes», o bien, «de cada quién según sus capacidades, a cada quién según sus necesidades». Sería una igualdad con justicia diferencial y distributiva. En muchas ocasiones, este término debería sustituir al de “igualdad”. Está en la misma línea de la “ética del cuidado y la responsabilidad” de Carol Gilligan frente a la “ética de la justicia” de Kohlberg, imparcial frente a cualquier tipo de sujeto y sus circunstancias.
  4. Distribución. El feminismo de la igualdad se ha aplicado fundamentalmente a conseguir leyes de acuerdo con las necesidades de las mujeres, pero tendríamos que comenzar a conquistar una verdadera distribución de riquezas y bienes de acuerdo con el 52% de la población que somos. No se trata de pedir, sino de exigir y apropiarnos de lo nuestro. Lo demás son brindis al sol.
  5. Si bien la Igualdad supone la no discriminación de trato y atención, cualesquiera que sean las circunstancias relativas al sujeto, así como la inclusión proporcionada de mujeres en todos los órganos de decisión y responsabilidad en los ámbitos políticos, sociales y empresariales, y también la promulgación de leyes que respalden su cumplimiento, la Diferencia trata de superar una estructura desigual, pero no tiene como meta la igualdad, ya que es una corriente feminista, materialista, cultural y política, que parte de la diferencia ontológica de los sexos y que considera a las mujeres con una identidad propia desde la que construir un sujeto emancipado y libre, capaz de crear un modelo simbólico y de mundo más allá del orden patriarcal. Y aquí me remito a la cita de Anna Santoro, que encabeza este artículo.

Estos serían algunos de los puntos a debatir entre nosotras.


Fuente: https://tribunafeminista.elplural.com/2021/09/debatir-entre-nosotras/

Victoria Sendón de León es doctora en Filosofía y escritora feminista.

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Del derecho a criticar. Del deber de no mentir al criticar

 

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Paulo Freire. Pedagogo de los oprimidos, transmisor de la pedagogía de la esperanza, definió la educación como un proceso para la liberación del individuo desarrollando su conciencia crítica.


Del derecho a criticar. Del deber de no mentir al criticar


Paulo Freire

El Viejo Topo

19 septiembre, 2021 


El derecho a criticar y el deber, al criticar, de no faltar a la verdad para apoyar nuestra crítica, es un imperativo ético de la más alta importancia en el proceso de aprendizaje de nuestra democracia.

Es preciso aceptar la crítica seria, fundada, que recibimos, de un lado, como esencial en el avance de la práctica y de la reflexión teórica, de otro, en el crecimiento necesario del sujeto criticado. De ahí que, al ser criticados, por más que no nos agrade, si la crítica es correcta, fundamentada, hecha éticamente, no tenemos forma de dejar de aceptarla, rectificando así nuestra posición anterior. Asumir la crítica implica, por tanto, reconocer que ella nos convence, parcial o totalmente, de que estábamos incurriendo en equívoco o error que merecía ser corregido o superado.

Esto significa que tenemos que aceptar algo obvio: que nuestros análisis de los hechos, de las cosas, que nuestras reflexiones, que nuestras propuestas, que nuestra comprensión del mundo, que nuestra manera de pensar, de hacer política, de sentir la belleza o la fealdad, las injusticias, que nada de eso es unánimemente aceptado o rechazado. Esto significa, fundamentalmente, reconocer que es imposible estar en el mundo, haciendo cosas, influyendo, interviniendo, sin ser criticado.

Pero, a pesar de la obviedad de lo que acabo de decir, esto es, de que es imposible agradar a griegos y a troyanos, quien hace algo tiene que ejercitar la humildad antes de comenzar a aparecer en función de lo que empezó a hacer. Vivida auténticamente, la humildad calma, pacifica los posibles ímpetus de intolerancia de nuestra vanidad frente a la crítica, incluso justa, que recibimos.

No es posible, por otro lado, ejercer el derecho a criticar, en términos constructivos, pretendiendo tener en el criticar un testimonio educativo, sin encarnar una posición rigurosamente ética. Así, el derecho a la práctica de criticar exige de quien lo asume el cumplimiento minucioso de ciertos deberes que, si no son observados, retirar la validez y la eficacia de la crítica. Deberes con relación al autor que criticamos y deberes con relación a los lectores de nuestros textos críticos. Deberes, en el fondo, también con relación a nosotros mismos.

El primero de ellos es no mentir. No mentir sobre lo criticado, no mentir a los lectores ni a nosotros. Nos podemos equivocar, podemos errar. Mentir, nunca.

Otro deber es procurar, con rigor, conocer el objeto de nuestra crítica. No es ético ni riguroso criticar lo que no conocemos. No puedo basar mi crítica en el pensamiento de A o de B, en lo que oí decir de A y de B, ni siquiera en lo que apenas leí sobre A y B, sino en lo que yo mismo leí, en lo que yo mismo indagué acerca de su pensamiento. Está claro que, para criticar positiva o negativamente el pensamiento de A o de B, me es importante también saber lo que de ellos dicen otros autores. Esto, sin embargo, no basta.

La exigencia de conocer el pensamiento que se ha de criticar no depende de que nos gusto o no la persona cuyo pensamiento analizamos.

¿Cómo criticar un texto que ni siquiera leí, basado apenas en la manía que tengo al autor o a la autora o porque José y María me dijeran que el autor del texto es espontaneísta? Que tenemos derecho a sentir manía de la gente no hay duda. Es obvio también. El derecho que tengo de tener manía a María o a José no se puede extender, sin embargo, al mentir sobre él o sobre ella. No puedo decir, por ejemplo, sin probarlo, que José y María dijeron que puede haber práctica educativa sin contenidos. En primer lugar, esta afirmación es una falsedad histórica. Nunca hubo ni hay educación sin contenidos. Segundo, si digo esto de José y de María, subrayando por tanto su error, sin probar que ellos, de verdad, hicieron tal afirmación, miento en relación a José y María, miento en relación a mí mismo y continúo trabajando contra la democracia, que no se construye falseando la verdad.

Si mi disposición por A o por B provoca en mí un malestar que va más allá de los límites, o que invalida o, como mínimo, dificulta que los lea, tengo el deber de optar por una posición de silencio frente a los que escriben. Y debo también criticarme por no ser capaz de superar mis malestares personales. Lo que no puedo es engrosar la lista de los que hablan por hablar, por lo que oyen decir, y a veces hasta sin ninguna resistencia afectiva a quien critica. Por el contrario, están los que inclusive se dicen amigos del intelectual criticado pero que grabarán, como cliché inmutable, frases hechas que se repiten con aires de enorme sabiduría. Insisto en que la falta de estos no está en el hecho de criticar a un amigo. No hay pecado ninguno en criticar a un amigo si lo hacemos éticamente.

Una vez leí, en un texto crítico de mi trabajo, que soy poco riguroso en el tratamiento de los temas. En cierto momento, por una razón que ya no recuerdo, el crítico citó un extracto de Pedagogía del Oprimido con un error lamentable que se venía repitiendo en diferentes reimpresiones. “La invasión de la praxis” en lugar de “La inversión de la praxis”. Me impresionó que un intelectual, que sorprende la falta de rigor en otro, no perciba cuán poco riguroso es al citar semejante sinsentido: “la invasión de la praxis”. Y no como prueba de mi falta de rigor.

Falta de rigor, ese intelectual subraya el poco rigor de otro.

El derecho a la crítica exige también del crítico un saber que debe ir más allá del saber acerca del objeto directo de la crítica. Saber indispensablemente para la rigurosidad del crítico.

Otro deber ético de quien critica es dejar claro a sus lectores que su crítica abarca un texto apenas del autor criticado o toda su obra, todo su pensamiento.

Si el autor criticado escribe varios trabajos, al criticar uno de ellos, no podemos decir que la crítica es a su pensamiento como totalidad, a no ser que, conociendo la totalidad, estemos convencidos de esto. Reitero: lo que no es posible es leer uno entre diez textos y extender a los nueve restantes la crítica hecha a uno, antes de analizar rigurosamente los demás.

La eticidad del trabajo intelectual no me permite la irresponsabilidad de ser imprudente en la apreciación de la producción de los otros. Como dije antes, puedo errar, me puedo equivocar o confundirme en mi análisis pero no puedo distorsionar el pensamiento que estudio y critico. No puedo decir que el autor que critico dijo Y si él dijo M y yo estoy seguro de que él dijo M.

No puedo criticar por pura envidia o por pura rabia simplemente para figurar.

Es inadmisible que, entre intelectuales de buen nivel, escuchemos afirmaciones como ésta:
-¿Ha leído usted hay un trabajo reciente de ese autor que usted critica tan duramente?
-No. Y me produce irritación de quien lo ha leído.

Este discurso niega totalmente al intelectual que lo hace. Peor todavía: este discurso en nada contribuye a la formación ético-científica de los alumnos o alumnas de tal intelectual.

Recientemente escuché de una alumna en tono sufrido, cuánto la decepcionara haber oído del profesor en quien confiaba referencias críticas sobre cierto intelectual fundadas casi en el “me dijeron” o en el “es esto lo que se dice”.

Los profesores no enseñamos meros contenidos. A través de la enseñanza de estos, enseñamos también a pensar críticamente, si somos progresistas y enseñamos para nosotros; por eso mismo, no es de depositar paquetes en la conciencia vacía de los educandos.

Nuestro testimonio de seriedad en las citas o en las referencias que hacemos de autores de quienes estamos en desacuerdo o con quienes coincidimos o, por el contrario, nuestra irresponsabilidad en el tratamiento de los temas y de los autores, todo esto puede interferir de manera negativa o positiva en la formación permanente de los educandos.

De un estudiante brasileño que estaba haciendo su doctorado en París oí, años atrás, lo siguiente: “Aprendí recientemente la significación profunda de las citas. Estaba discutiendo un pequeño texto con mi orientador en el que se hacía una cita de Merleau-Ponty. El profesor hizo un gesto de pausa y me hizo dos preguntas:

-¿Usted ha leído, por lo menos, el capítulo entero del que extrajo la cita?
-¿Usted está seguro de que necesita hacer esta cita?

“En verdad”, dije a mi amigo, “no había leído a Ponty y, desafiado por las preguntas del orientador, fui al texto de Merleau, revisé el mío y percibí que la cita era innecesaria”.

Citar, realmente, no puede ser una pura exhibición intelectual o remedio para la inseguridad. Leer un libro, por ejemplo, en la traducción brasileña, por no dominar suficientemente la lengua materna del autor, para hacer la cita en lengua materna es procedimiento poco ético y nada respetable. Citar no puede ser, tampoco, artificio, a través del cual alargamos nuestro texto con retales de textos de otros.

Creo que es urgente, entre nosotros, superar este mal hábito que es, en el fondo, un testimonio deformante, de criticar, de minimizar a un autor, de imputarle afirmaciones que jamás hizo o distorsionar las que realmente hizo. Y de hacerlo con seriedad y certeza tales que pudieran dejar en duda hasta al autor injustamente criticado. En cierto momento del proceso los críticos se apoyan apenas en lo que oyen y no en lo que leen o investigan.

La crítica fácil, ligera, se arrastra irresponsable y, no raramente, se pierde en el tiempo. De repente, se oye todavía de algunos de estos críticos perdidos en el tiempo, como presencias negativas, que Freire es idealista. Que la concienciación en su obra es la mejor prueba de su ilusión subjetivista. No leyeron un texto de 1970 en que discuto detenidamente este problema, otro de 1974, ambos publicados por la Editorial Paz e Tierra en 1975, en Ação cultural para a liberdade e outros escritos. No leyeron una serie de ensayos, de entrevistas, de libros dialógicos aparecidos en los años 80 y, más recientemente, Pedagogia da esperança, um reencontró com a Pedagogia do oprimido, que Paz e Terra acaba de publicar. No leyeron igualmente A educação na cidade, publicación de Cortez, de diciembre de 1991.

No es que piense que deba ser leído por todos. ¡No! Pero sí por aquel que, criticándome, no puede sustraerse a la lectura de lo que critica.

El derecho incontestable a criticar exige de quien lo ejerce el deber de no mentir.

Fuente: Cuadernos y Caminos.

 

sábado, 18 de septiembre de 2021

La fantasía de hacerse rico produciendo nada

 

La fantasía de hacerse rico produciendo nada




Por Pablo Heraklio 

KAOSENLARED

 18 Sep, 2021

Artículo sobre el espectacular colapso que le espera a EEUU. En la Era del Espectáculo no existen las crisis ni la decadencia. Todo apunta a que cuando Estados Unidos  se hunda lo hará a lo grande, por medio de un colapso de proporciones épicas, como lo demostró en 1929 o 2008. Solo permanezcan atentos a los televisores.

Traducción tarcoteca – oftwominds-Charles Hugh Smith: The Illusion of Getting Rich While Producing Nothing 15.9.2021 por Charles Hugh Smith

«Al incentivar la especulación y la corrupción, reducir las recompensas por el trabajo productivo y chupar los salarios con la inflación, Estados Unidos ha engrasado los engranajes hacia el colapso.»

De todos los creencias fantasiosas que abundan en la cultura de masas, ninguna es más espectacularmente delirante que la convicción de que todos podemos enriquecernos fabulosamente gracias a la especulación sin producir nada [mercado de valores, bienes raíces, oro, bonos, criptos…].

La característica clave de la especulación es que no produce nada: no genera ningún bien o servicio nuevo, no aumenta la productividad ni aumenta la funcionalidad de los elementos esenciales del mundo real.

Como todas las fantasías populares, cuanto mayor es la desconexión con la realidad, mayor atractivo. Los fantasías de las masas obtienen su velocidad de escape al dejar atrás cualquier vínculo con las limitaciones del mundo real y encender el propulsor más poderoso de la eufórica confianza humana que se conoce, la codicia.

Abandonados a la locura de la riqueza fácil del comercio especulativo está la ausencia de cualquier creación de valor mediante la rotación de apuestas cambiantes en la mesa del último juego de moda: en las casas de cambio, fuera de la vista, no se agrega ninguna funcionalidad a la casa. Al transferir apuestas de una criptomoneda a otra, o de una acción de memes a otra, no se crea ningún valor para la economía o la sociedad.

En el delirio masivo de que se puede generar riqueza casi infinita sin producir nada, la creación de valor no tiene valor: la fantasía es que ‘puedo hacerme rico produciendo nada más que a base de ganancias especulativas, y luego comprar todas las cosas que alguien más está haciendo’.

La fantasía que impulsa el frenesí especulativo es que una vez que me haga rico, dejaré de trabajar y viviré de mi riqueza. Es interesante, ¿no ?, cómo todos pueden enriquecerse a través de la especulación improductiva, renunciar a sus trabajos y luego vivir del trabajo productivo de otras personas que no lograron enriquecerse con la especulación.

Tal vez por eso todos los buques portacontenedores están alineados en Long Beach, esperando descargar las golosinas hechas en China para que las compren los especuladores estadounidenses. Esto es lo que sucede cuando la estructura de incentivos de la economía decae, de modo que ser productivo tiene poco de ventaja (es decir, trabajar es para perdedores) mientras que especular tiene una gran ventaja (hacerse rico rápida y fácilmente).

Todo el mundo sabe que los grandes imperios se hicieron grandes al transferir sus cadenas de suministro críticas a naciones competidoras, vivir con dinero prestado/ impreso, explotar al mejor postor haciéndose con el sistema regulatorio/de gobierno de turno e incentivar la especulación mientras empujaban a los asalariados a la servidumbre de la deuda y los impuestos. Mejora tu conocimiento de la historia, Bro; todas las grandes naciones que llegaron a serlo lo fueron apartándose del aburrido y tedioso trabajo productivo para especular sobre fantasías de valor con dinero prestado.

Este es el resultado de que los monopolios y los cárteles se hayan convertido en los centros de poder financiero y político de la nación. Maximizar las ganancias privadas es todo lo que importa en esta estructura de incentivos y, por lo tanto, tratar a los empleados como bienes muebles para reducir costos, deslocalizar cadenas de suministro críticas para exprimir unos pocos dólares más de ganancias, diseñar productos frágiles (obsolescencia programada), pagar por saltarse barreras regulatorias, «pases gratuitos» y exenciones fiscales en abundancia gracias a todos los miles de millones que la Reserva Federal ha otorgado a los financieros y otros estafadores: en una palabra, un sistema que optimiza la corrupción.

Así es como se vacía una nación y se garantiza el colapso. Las «capacitaciones» mejor gratificadas son una obsesión sociopatológica por maximizar las ganancias por cualquier medio disponible y por especular con dinero gratis de la Fed para los financieros.

Los millones de especuladores «minoristas» simplemente están captando las señales dadas por los multimillonarios que ganaron su riqueza emitiendo deuda para financiar la recompra de acciones y otras manipulaciones financieras.

Trabajar para monopolios y cárteles es de perdedores porque los monopolios y cárteles no tienen ningún incentivo para compartir ganancias con meros empleados [recursos humanos]. Sus ganancias no se obtienen cuidando a su fuerza laboral, sino mediante la captura regulatoria, la escasez artificial y la destrucción financiarizada de la competencia: primero, pedir prestado miles de millones gracias a la Fed y Wall Street, destruir la competencia (por ejemplo, la industria del taxi), luego una vez la competencia ha sido eliminada, suben los precios cuando a los consumidores no tienen otra opción que otro miembro del cartel.

La «riqueza» especulativa es una riqueza fantasma, una ilusión parpadeante de prosperidad. Todas las burbujas especulativas explotan, y todas las burbujas especulativas infladas por el dinero prestado y la manipulación del bancos centrales explotan aún más ferozmente que las burbujas financiadas a partir de ahorros reales.

Al incentivar la especulación y la corrupción, reducir los incentivos al trabajo productivo y desecar los salarios con la inflación, Estados Unidos ha engrasado los engranajes para colapsar. Como ocurre con todos los delirios masivos, los incentivos para seguir creyendo son inmensos y los incentivos para reconectarse con la realidad escasos.

Entonces, en conclusión: las ganancias especulativas que se obtendrán del colapso del engaño masivo serán espectaculares. No hay nada como el colapso de una economía completamente corrupta y vaciada para generar ganancias descomunales para los especuladores ágiles. Simplemente mantenga sus apuestas especulativas en el número 22 de la ruleta. (Una referencia de la película de Casablanca…).

Fuente – https://tarcoteca.blogspot.com/2021/09/la-fantasia-de-hacerse-rico-produciendo.html 17.9.201

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Los nutrientes agrícolas podrían ser la causa de la muerte del Mar Menor. [Que no paisano, que no. Que no es el hombre así en general, en abstracto. Que hombre soy yo, tú y aquél. Pero ni yo ni tú ni aquel vamos por ahí tirando bombas atómicas como si tal cosa ni aventando bombas inteligentes que matan personas como si fueran caramelos en un bautizo (de los de antes). Las bombas inteligentes matan incluso a niños, niñas, embriones en el vientre de sus madres (ah, y contaminan) eso que escandaliza tanto a los contra aborto (que yo tampoco quiero que mueran embriones de seres humanos por deporte), pero que no dicen ni mus en lo tocante al bombazo y tente tieso. Son algunos hombres (y mujeres/mujeras), concretos, concretitos, con nombre y apellidos, los que pasa es que a estos alicates no lo conocemos porque se esconden muy bien debajo de sus sillones de los consejos/consejas de administración/adminsitraciona. Papel colorao contendedor colorao; papel azul marino contendor azul marino; papel marimorena contenedor marimorena. Si esto ni se discute ni se cuestiona. Esto se apoya, pero se apoya en tanto en cuanto se considere efecto de algo que hay que paliar, o sea, solucionar de inmediato, sabiendo que la causa permanece intacta y que por tanto el problema se volverá a reproducir. Hay que ir a la raíz del problema, que en eso consiste el ser radical (la violencia es otra cosa que puede ser fomentada incluso desde el púlpito con voz dulzona y acaramelada o con una buena voz varonil o femenina desde detrás de un micrófono financiado con dineros públicos) El modo de producción capitalista, neoliberalismo para los amigos tiene como único fin el acrecentamiento de los capitales, y a partir de aquí nos podemos poner panza arriba tumbados en mitad de la calle diciendo lo que queramos decir del modo de producción capitalista, que su fin sigue siendo acrecentar los capitales y para ello matará, si le hace falta, cuantos mares menores le echemos. Así que este es el asunto, querido. O sustituimos el modo de producción capitalista pro el modo de producción socialista, la filosofía del crecimiento económico por la filosofía del desarrollo económico, que consiste en aprovechar los recursos propios de cada lugar y no en destruirlos (esto no hace falta que lo invente la ecología. Esto ya estaba inventado. Pongo por testigo para mantener la anterior aseveración a Pierre Vilar: “Crecimiento y desarrollo”, editorial Ariel, 1974, siendo su primera edición en 1964. Y si ello un fuera suficiente para convencer incrédulos podríamos acudir a Marx de medados del siglo XIX que fue el que puso patas arriba y los puntitos a las íes a las ciencias sociales) Bueno, que también podemos hablar de lo que ecolo qué se quiera, pero que el problema sigue siendo el modo de producción capitalista. ¿Pero que no sabemos qué es y como funciona el modo de producción capitalista (sus efectos no, que esos son evidentes, su dinámica de funcionamiento interno, las leyes internas que lo rige? Entonces, amigo mío, yo borro todo lo dicho anteriormente, porque hay que empezar por saber qué es el modo de producción capitalista. Lo que me parezca a mí que es no, lo que es, su funcionamiento. Y, que lo siento mucho, pero otra cosa no puedo decir.]

 

Los nutrientes agrícolas podrían ser la causa de la muerte del Mar Menor

 

Por Paco Molina Pardo 

17/09/2021

Rebelion | España


Fuentes: Nova Ciencia [Imagen: Peces muertos en el Mar Menor. Foto: SOS Mar Menor]


La entrada de nitrógeno y fósforo de la agricultura intensiva y otras actividades humanas en el entorno de la albufera provocaron un afloramiento masivo de fitoplancton iniciado en torno a la rambla del Albujón.

El informe del Instituto Español de Oceanografía (IEO, CSIC) ‒organismo dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación‒, elaborado a solicitud del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) a raíz del último episodio de mortandad masiva de especies acuáticas en el Mar Menor, señala a la incesante entrada de fertilizantes a la laguna procedentes de la agricultura intensiva y otras actividades humanas en el entorno ribereño como causa principal del mismo.

El estudio, que actualiza el exhaustivo informe previo realizado por el IEO en julio de 2020, corrobora el papel determinante del aporte de nutrientes y materia orgánica como motor de eutrofización de la albufera. El exceso de fitoplancton ocasionado por esta dinámica ha limitado la entrada de luz y afectado tanto a la fotosíntesis como a la disponibilidad de oxígeno disuelto hasta niveles próximos a la hipoxia.

Los autores señalan que el evento extremo de este verano -uno más desde la ‘sopa verde’ de 2016- muestra que el ecosistema lagunar ha perdido su capacidad de autorregulación. No obstante, ven factible su recuperación siempre que se ataje el problema de los vertidos y se preserven características esenciales como la salinidad, que se vería afectada por la apertura de golas o canales de comunicación con el Mediterráneo.

Eutrofización del agua del Mar Menor

El informe ‘Nuevo evento de mortalidad masiva de organismos marinos en el Mar Menor: contexto y factores’ lo firman seis autores del IEO y se basa en los datos obtenidos en el programa de monitorización de la laguna que mantiene el instituto y en resultados de diversos proyectos de investigación. El análisis aporta evidencias de que este evento de mortalidad está ligado estrechamente con el proceso de eutrofización responsable de la degradación de la laguna salada.

La proliferación de fitoplancton registrada en la albufera tuvo lugar a principios del verano en las inmediaciones de la rambla del Albujón -señala el estudio-, importante punto de entrada de aguas altamente contaminadas por fertilizantes y otros compuestos. El bloom -afloramiento- continuó creciendo durante los meses de julio y agosto, y se extendió por la zona centro y sur de la laguna, donde la renovación del agua es menor, provocando turbidez extrema y reducción severa de la luz disponible para la fotosíntesis “hasta niveles totalmente críticos para la supervivencia de la vegetación del fondo”. Si la situación persiste, advierten los científicos, la vegetación bentónica podría morir y agravar la crisis ambiental. Ponen como ejemplo la zona sur de la laguna, donde la pradera de alga Caulerpa prolifera ha desaparecido casi por completo por falta de luz.

Algas en el Mar Menor. Foto: SOS Mar Menor.

Pérdida de oxígeno el agua del Mar Menor

Del mismo modo, el exceso de fitoplancton ha introducido en el sistema grandes cantidades de materia orgánica cuya descomposición explica la merma de oxígeno disuelto en el agua a lo largo del mes de agosto hasta niveles próximos a la hipoxia. Los valores alcanzados, aunque no tan bajos como en el episodio de anoxia de 2019, son inferiores a los registrados históricamente en el Mar Menor y a lo considerado estresante o incluso letal para muchas especies marinas.

Aunque las observaciones efectuadas a principios de septiembre sugieren una mejora en la oxigenación de la laguna, puede tratarse de algo transitorio debido al cambio de régimen local de vientos, señalan los autores. La saturación de materia orgánica y la turbidez persisten, incluso extendidas a la zona norte, por lo que el riesgo de nuevos cuadros de hipoxia y anoxia subsiste también.

Entre sus conclusiones, el estudio del IEO no ha encontrado evidencia alguna de que la temperatura estival haya sido el factor desencadenante de este nuevo episodio de mortalidad de organismos marinos. De hecho, en lo que va de 2021 la temperatura de la albufera ha sido inferior a la media de años anteriores.

Anular vertidos en origen

El informe recuerda el profundo deterioro que ha experimentado el ecosistema del Mar Menor a partir de 2016, y las graves presiones ambientales que sufre, derivadas no solo de los vertidos de la agricultura intensiva en el área del Campo de Cartagena, sino también de la llegada de contaminantes químicos-mineros, de obras y desarrollos urbanísticos en esta zona del litoral murciano.

No obstante, los investigadores consideran que la recuperación, aunque compleja, sería factible si se cortara la entrada de nutrientes a la laguna a través de vertidos, como se ha comprobado en otros ecosistemas costeros sometidos a agresiones similares en diferentes partes del mundo. 

Igualmente, consideran crucial no seguir alterando las condiciones ambientales clave que determinan la resiliencia del ecosistema lagunar y sus propiedades ecosistémicas básicas, como la salinidad, de la que depende en gran medida su funcionamiento biológico y la singularidad de su biodiversidad.

En este sentido, recuerdan que la salinidad media de la laguna va en aumento desde el verano de 2020 y, de seguir así, podría recuperar sus valores normales en verano de 2022. Siempre -señalan los investigadores del IEO- que no sucedan lluvias torrenciales u otros fenómenos climatológicos extremos, ni intervenciones humanas como “apertura de canales de comunicación con el Mediterráneo o golas”.   

Los últimos sucesos ocurridos en el Mar Menor y la confusión sobre sus causas reflejan también las deficiencias de los actuales sistemas de monitorización de la laguna. Éstos deben ser mejorados y actualizados para detectar este tipo de eventos y su origen de forma inequívoca, fiable y transparente, concluyen.

Fuente: https://novaciencia.es/el-ieo-apunta-a-los-nutrientes-agricolas-como-la-causa-de-la-muerte-del-mar-menor/

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viernes, 17 de septiembre de 2021

“Democracia burguesa”: nota sobre la génesis del oxímoron y la necedad del regalo

 

Tal día como hoy hace cuatro años fallecía Antoni Domènech. Filósofo, editor de Sin Permiso y republicano insigne con una densa trayectoria de compromiso en defensa de la libertad y el socialismo.

“Democracia burguesa”: nota sobre la génesis del oxímoron y la necedad del regalo



Antoni Domènech

El Viejo Topo

17 septiembre, 2021 


La vulgarización del pensamiento político y de su historia en el siglo XX ha acabado por imponer en amplios círculos, incluidos los académicos, la idea de que la democracia es un fenómeno básicamente moderno. Suele discurrir esa idea con dos andaderas, a cual más irrecibible históricamente.

La primera es que habría algo así como una libertad de los antiguos (ociosos enamorados de la virtud, devotos de la vida pública y abnegados sacrificadores de sus negocios privados), más o menos rígidamente opuesta, en la versión consagrada de ese contraste que dio el termidoriano Benjamin Constant a comienzos del XIX, a una libertad de los modernos (gentes más ocupadas en resolver sus asuntos privados que preocupadas por los avatares de la vida política pública).

La segunda es que las democracias del Mediterráneo antiguo, y señaladamente la ática, no habrían sido democracias en ningún sentido modernamente recuperable de la palabra, habida cuenta de que se trataba de regímenes políticos en los que una muy pequeña minoría de ociosos más o menos ricos y libres podía permitirse, con desprecio del trabajo y de la vida práctica material, el lujo de deliberar políticamente gracias a la inmensa masa de esclavos que sostenía la vida productiva toda.[1]

Lo cierto es que la historiografía antigua y el clasicismo germánicos (desde el liberal Burckhardt hasta el reaccionario Eduard Meyer, pasando por el conservador más o menos apolítico Wilamowitz) habían destruido por completo en la segunda mitad del siglo XIX esa visión liberal vulgar de la vida política del Mediterráneo antiguo clásico.

Oigamos a Meyer, el maestro del marxista Arthur Rosenberg:

La opinión predominante ve en estas ideas [el desprecio unánime por el trabajo productivo manual que supuestamente caracterizó al Mediterráneo antiguo] actitudes características y específicas de la Antigüedad, por oposición a las concepciones modernas; las considera como el reflejo de la institución de la esclavitud, del desplazamiento del trabajo físico a los brazos de los esclavos, a quienes se despreciaba. Prejuicio totalmente falso: la mentalidad de los tiempos modernos no se diferencia en nada, en este punto, de la de los antiguos. Aunque, hoy como ayer, el régimen de la democracia borre las diferencias jurídicas, el abismo social entre los ricos y los individuos de las clases altas y las llamadas profesiones liberales, de una parte, y de otra los subalternos, los artesanos, los obreros, sigue siendo tan grande como lo era en la Antigüedad: a un sabio de nuestros días, por ejemplo, le parece, en general, tan absurdo y tan degradante que su hijo se haga artesano como podría parecerle a un sabio antiguo, y el comerciante de nuestras modernas y democráticas ciudades comerciales mira al pequeño tratante y al tendero con el mismo desprecio con que, en Atenas, el emporos [gran comerciante] miraba al kapelos [tendero], y el constante auge del antisemitismo nos revela con toda fuerza cuán profundamente arraigada se halla en la consciencia popular la idea de que el traficar en dinero es algo reprobable. Lo que ocurre es que la cultura moderna es, en esto, tan mojigata y tan hipócrita como en materia sexual, por ejemplo. Mientras que los antiguos proclamaban sus ideas abiertamente y sin reservas, nosotros no nos atrevemos a hacer lo mismo con las nuestras, lo que hace que exista en este punto la misma contradicción entre la teoría y la práctica con que nos encontramos en el campo de la moral.[2]

En el ánimo de los helenistas alemanes con más consciencia política conservadora estaba el advertir a sus coetáneos de los peligros de la democracia ilustrándoles sobre el significado de la democracia plebeya antigua, particularmente la ática. En el prefacio a la segunda edición (1912) de su clásico sobre la Historia de la cuestión social y del socialismo en el mundo antiguo, Robert von Pöhlmann no pudo ser más claro:

Aquí aparece, concluso, ante nosotros el entero proceso que en el antiguo ‘estado del igual derecho de sufragio’ (la isópsephos pólis) condujo no sólo a la superación de un aristocratismo y de un plutocratismo dañinos para al Estado, sino muy a menudo también a la explotación sistemática, al mortal silenciamiento político y aun a una progresiva violación de la minoría que llegó incluso al extremo de la expropiación de los propietarios por parte de las masas mayoritarias. Una evolución típica, que permite reconocer con claridad el nulo valor de las actuales añagazas ideológicas sobre la ‘cultura política’ del ‘democratismo puesto por obra’ y la interna capacidad de cambio del radicalismo socialdemócrata.[3]

Es muy significativo que el primer escrito publicado por Rosenberg inmediatamente después de su entrada en la KPD fuera una genial obrita de divulgación (para la escuela obrera del partido) sobre La lucha de clases en el mundo antiguo.[4]

Para lo que aquí interesa, dos cosas conviene retener de ese ensayito. La primera: su comprensión –heredada de Meyer y del helenismo germánico– de la “democracia” antigua como gobierno del démos, es decir, de los pobres libres. El démos estaba compuesto por quienes viven por sus manos. En la explicación sociológica de Aristóteles: por campesinos (giorgoi), artesanos (banausoi), pequeños comerciantes (agoroi) y trabajadores asalariados (misthotoi). De esos 4 elementos componentes del démos, la democracia plebeya ateniense (tras la revolución de Ephialtes del 461 antes de nuestra era) dio el predominio político al último (a los thetes, a los jornaleros, a los asalariados –los “esclavos a tiempo parcial” de Aristóteles–), entrando así en la categoría más peligrosa de la democracia, según el Estagirita: la democracia radicalmente plebeya.

La segunda: además de como gobierno de los pobres libres, y en paralelo a eso, la democracia se entiende como movimiento social real fundado en luchas y alianzas de clases. En el caso de la democracia plebeya ateniense, como un movimiento popular encabezado por la parte más desposeída del démos –los thetes–, capaz de arrastrar tras de sí a todo el démos, y aún a amplios estratos de las capas medias, y de aislar políticamente a la oligarquía plutocrática.

Y además de retener esas dos cosas, importa todavía percatarse de una tercera: el camino al marxismo –conviene subrayarlo especialmente en nuestros días— de un joven educado en el helenismo alemán conservador de comienzos del siglo XX venía aquí facilitado por el hecho de que el marxismo de entonces no tenía una comprensión de la democracia substancialmente distinta (aunque sí, se calla por sabido, una valoración diametralmente opuesta).

La locución “democracia burguesa”, que hoy suena tan “marxista”, no se halla ni una sola vez en Marx o en Engels; a ellos, como al grueso del socialismo del siglo XIX, y no digamos del liberalismo burgués europeo continental, expresamente antirrepublicano y antidemocrático, les habría sonado a oxímoron.

Sí puede encontrarse, por ejemplo, en Rosa Luxemburgo antes de la Gran Guerra, pero con un significado muy distinto al que acabará prevaleciendo entre los marxistas después de la Guerra. Para Rosa Luxemburgo, “democracia burguesa” (bürgerliche Demokratie) significaba lo mismo que para el viejo Engels y el viejo Marx “democracia pura” (reine Demokratie), a saber: no el nombre de un régimen político institucionalmente establecido y epocal, sino la caracterización de una corriente político-social (de un “partido”, o de un “movimiento”, si se quiere): los restos del ala pequeño-burguesa –o del sector del “cuarto estado” no proletarizado– del gran movimiento democrático derrotado en 1848 en toda Europa, movimiento del que el “comunismo” mismo y el socialismo obrero habían sido –según el Manifiesto Comunista– una de las “alas”.

Con el crecimiento de un moderno grancapitalismo de tendencias imperialistas y militaristas en el último tercio del XIX, creció también espectacularmente el movimiento obrero, mientras que el republicanismo democrático de clases medias entró en franca decadencia a fines del XIX. Y a esa decadencia se refería Rosa Luxemburgo en la celebrada réplica al “revisionista” Bernstein que fue su Sozialreform oder Revolution? (1898):

Pero si la política de alcances mundiales y el militarismo son una tendencia ascendente en la fase actual, la consecuencia necesaria de ello es que la democracia burguesa se mueva en línea descendente. En Alemania, la era del gran armamento, que comenzó en 1893, y la política de alcances mundiales que se inauguró con Kiautchou, se cobraron inmediatamente dos víctimas en la democracia burguesa: la decadencia y dispersión del Freisinn [el partido de los demócratas pequeñoburgueses] y la conversión del Centro [el gran partido católico de base obrera y campesina en la Alemania meridional] de partido de oposición a partido sostén del gobierno.[5]

Ni ese uso de “democracia burguesa” era exclusivo de Rosa Luxemburgo o de los marxistas socialdemócratas antes de la I Guerra Mundial. Max Weber se sirvió del término exactamente en el mismo sentido. Así, por ejemplo, en su famoso ensayo de 1906 “Sobre la situación de la democracia burguesa en Rusia”, un importante (y poco recordado) estudio sobre el fracaso del movimiento burgués antiautocrático en Rusia.[6] Y cuando diez años y arreo después, en su perspicaz trabajo sobre la Revolución de febrero de 1917 –que anticipa con deslumbradora lucidez la caída del gobierno Kerensky–, vuelva a ocuparse de los problemas de la “democracia” en Rusia, Max Weber dejará meridianamente claro que no puede ya creer siquiera en una “democracia burguesa”, en un movimiento político, esto es, sostenido en la reducida base social de una burguesía acobardada:

El que la ‘República’, por consecuencia de las torpezas y las mezquindades de la Dinastía [Románov], pueda acabar por establecerse formalmente de manera duradera –lo que esos círculos [burgueses] desde luego no desean— carece objetivamente de importancia. De lo que ahora se trata es de si los elementos realmente ‘democráticos’ –campesinos, artesanos, obreros industriales al margen de la industria bélica– se harán con el poder real. No es imposible, aunque por el momento no es todavía el caso.

(…) He aquí el límite más firme a esta democracia mientras exista en Rusia el presente gobierno burgués.[7]

Lo cierto es que ni para Bernstein, ni para Rosa Luxemburgo –ni para el Lenin de ¿Qué hacer? (1902), pongamos por caso[8]– nombraba todavía la “democracia burguesa”, como luego para el grueso del marxismo vulgar y desmemoriado del siglo XX, una forma de Estado o de gobierno introducida por los burgueses y característica de una entera época de dominación y triunfo político capitalista, ni menos una “sobrestructura” política que adviene necesariamente con el desarrollo de la vida económica capitalista. Para encontrar marxistas dispuestos a regalar tan de barato la “democracia” –y la larga y penosa lucha del movimiento obrero por ella— a la “burguesía” y a un “liberalismo” inveteradamente antidemocrático, había aún que esperar al final de la Gran Guerra y a la desesperada propaganda bolchevique de autodefensa ante el acoso de las potencias de la Entente, una propaganda léxicamente tan exitosa, que llegó a conquistar en ese punto incluso al grueso de la vieja socialdemocracia.[9] La discrásica normalización del “marxismo” acometida luego por el estalinismo hizo el resto.[10]

Notas

[1] Benda, J. (2005) Memorias de un intelectual, trad. X. Pericay, Madrid: Espasa Calpe, pág. 197: “Un día en que discutíamos si el arte es compatible con la democracia, algo que muchos negaban, intervino [el señor B] (…): ‘Señores, por favor, olvidan Atenas!’. Este buen hombre se imaginaba que Atenas, con sus trescientas familias dirigentes y cinco mil esclavos en la ergástula, era una democracia. Me sirvió para hacerme una idea de la erudición de la tribuna.”

[2] Meyer, E. (1910) Kleine Schriften zur Geschichtslehre und zur wirtschaftlichen und politischen Geschichte des Altertums. Halle: Max Niemeyer. Traducción castellana de Carlos Silva: (1955) El historiador y la Historia antigua, México: FCE, pág., 100. Meyer fue también uno de los primeros en tratar de calcular el número de esclavos existentes en la Atenas clásica, a fin de corregir “la exagerada y extendida creencia de que en la Antigüedad existían grandes masas de esclavos que atendían a todos los trabajos y que los ciudadanos vivían en la ociosidad y en la abundancia”. Sus cifras (luego revisadas por investigaciones posteriores, pero no substancialmente modificadas) eran éstas: “Podemos calcular con bastante exactitud la cifra de la población del Ática al estallar la guerra del Peloponeso: ascendía a unos 170.000 individuos libres (de ellos, 55.000 ciudadanos varones adultos y 14.000 metecos) y a 100.000 esclavos” (pág. 103.).

[3] von Pöhlmann, R. (1925) Geschichte der sozialen Frage und des Sozialismus in der antiken Welt, Munich: C.H.Beck’sche Verlagbuchhandlung, pág. VII. La idea de que la democracia y el derecho de sufragio concedido a los trabajadores llevaba derechamente al socialismo era muy corriente entre los académicos que vivían bajo monarquías constitucionales en la Europa del cambio de siglo (Alemania, Austria, España, Italia; no el Reino Unido, que era ya una monarquía parlamentarizada). El politólogo liberal Gaetano Mosca, por ejemplo, escribía por esas mismas fechas: “La creencia en la posibilidad de que el gobierno emane de la mayoría, la fe en la incorruptibilidad de esa mayoría… ha producido la democracia parlamentaria…, que lleva inexorablemente al socialismo, y en último término, a la anarquía.” (Elementi di scienza politica, 2ª edición, Roma, 1925, Vol. I, pág. 470.)

[4] Hay traducción castellana de Joaquín Miras (revisada por María Julia Bertomeu) en la editorial El Viejo Topo.

[5] Sin entender este uso –o malentendiéndolo anacrónicamente– que del término “democracia burguesa” hacía Rosa Luxemburgo, no se puede entender tampoco su sensacional –y en cierto sentido, premonitorio– jaque mate a la argumentación de Bernstein: “Del hecho de que el alma de un liberalismo burgués aterrorizado por el ascenso del movimiento obrero y por los objetivos finales del mismo haya exhalado el último suspiro, sólo se sigue que el movimiento obrero socialista, precisamente hoy, es y sólo puede ser el único sostén de la democracia, y que los destinos del movimiento socialista no están ligados a los de la democracia burguesa, sino que, al revés, los destinos del desarrollo democrático están ligados a los movimientos socialistas. No es que la democracia sólo resulte viable si la clase obrera abandona su lucha emancipatoria, sino que, al revés, sólo resultará viable si el movimiento socialista es lo bastante fuerte como para combatir la consecuencias reaccionarias de las políticas [imperialistas] de alcance mundial y de la deserción burguesa.”

[6] “Zur Lage der bürgerlichen Demokratie in Russlan”, reproducido en Weber, M (1988) Gesammelte politische Schriften. Tubinga: Siebek/Mohr, pp. 33-68.

[7] Weber, M. “Russlands übergang zur Scheindemokratie”, en Gesammelte politische Schriften, op.cit., pp. 210 y 213. El texto de Weber fue redactado en abril de 1917, es decir, apenas siete meses antes de que se produjera efectivamente lo que Weber reputaba “no imposible”: la toma del “poder real” por parte de “los elementos realmente democráticos”. Se puede observar que los “elementos democráticos” weberianos están en la mejor tradición de la sociología política de Aristóteles, que descompone analíticamente el demos en cuatro clases sociales: georgioi (campesinos), banausoi (artesanos), agoroi (tenderos y pequeños comerciantes) y misthotoi (trabajadores asalariados).

[8] Lenin usa en ¿Qué hacer? la locución “democracia burguesa” en el mismo sentido que Rosa Luxemburgo. Así cuando acusaba al Grupo de Autoemancipación Rabóchei Dielo de ser “instrumento de la democracia burguesa”, estaba criticando la política de alianzas de ese grupo con la expresión política de un segmento social determinado; no estaba hablando, obviamente, de sumisión a, o de mitificación de un régimen político institucional.

[9] En su angustiado, y por lo demás, interesante texto de 1936 sobre la Crisis de la democracia, escribía ya por ejemplo el gran teórico de la socialdemocracia austríaca Otto Bauer: “La historia de medio siglo prueba con qué pericia ha logrado la clase capitalista en todos los países democráticos poner la democracia al servicio de sus intereses. Por doquier [¡sic!, ¡en 1936!] se ha convertido la democracia en una forma de poder clasista de la clase de los capitalistas. Mas, aun si la democracia burguesa es una forma de dominación de clase de los capitalistas, no es sin embargo una dictadura, una dominación ilimitada de la clase capitalista.”

[10] Stalin mismo no se engañaba al respecto, como puede verse en los Diarios de Dimitrov, uno de los documentos más importantes publicados en los últimos años sobre la historia del comunismo. Por ejemplo: Dimitrov anota una conversación con Stalin del 6 de diciembre de 1948, en dónde éste dice redondamente que, para Marx y Engels, “la mejor forma de dictadura del proletariado” era “la república democrática”, lo que “para ellos significaba una república democrática en la que el proletariado tenía un papel dominante, a diferencia de las repúblicas suiza o americana”; y esa república con preponderancia obrera tenía “forma parlamentaria”. Ivo Banac (ed.), The Diary of Georgi Dimitrov, New Haven, Londres, Yale University Press, págs. 450-1. Otro ejemplo: el 7 de abril de 1934, anota Dimitrov esta observación de Stalin: “Los obreros europeos están históricamente vinculados con la democracia parlamentaria” (…) y “no entienden que nosotros no tengamos parlamentarismo” (págs. 12-13).

Texto publicado originalmente en Viento Sur.

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