martes, 25 de mayo de 2021

La agricultura, rehén de gigantes. Pero si estos "gigantotes" no están en el gobierno, no están en el parlamento, nadie los conoce de tú a tú, ¿quién les gigantea el asunto a los gigantes para que ellos se puedan agigantar? Esto va a ser cosa de que los trabajadores: yo, tú él, nosotros, vosotros y ellos abramos los ojos y aprendamos a desijagantar a los gigantes para ser buenos desijagantadores, y quien quiera ser gigante que trabaje sin explotar a nadie y que se haga gigantote, y cuando llegue a gigante que me avise que aquí lo espero comiendo un huevo (Nota muy aclarativa, muy pertinente, muy postdática y demas: señor gigante, si yo como trabajador no quiero que usted me dé ni siquiera la hora. Si yo lo que quiero es que usted no me robe nada y que me vaya devolviendo lo que ya me ha robado. Hombre, compréndame, no se me haga el sordo)

 

La agricultura, rehén de gigantes

 

Por Sergio Ferrari

Rebelión

Fuentes: El cohete a la luna

 24/05/2021

Los gigantes tecnológicos de la comunicación se abalanzan sobre la agricultura y la alimentación. Su objetivo principal no es ofrecer asistencia a los millones de campesinos, sino integrarlos en una red numérica global controlada de forma centralizada. Para promover, cuando no obligar, la compra exclusiva de sus insumos, máquinas o servicios financieros.

Más que de una ficción futurista, se trata del anticipo de un drama alimentario mayor. Los gigantes tecnológicos de la comunicación y la distribución se abalanzan sobre la agricultura y la alimentación. Una incursión desastrosa para la pequeña producción y el mundo del trabajo rural.

Hace apenas algunos años la empresa japonesa Fujitsu, especializada en computadoras, tabletas táctiles y periféricos, inició un llamativo proyecto piloto: instaló en las afueras de Hanoi, Vietnam, una granja de alta tecnología más parecida a una fábrica que a una chacra tradicional (foto principal). Produce lechuga en estantes dispuestos verticalmente en un ambiente climatizado, completamente cerrado y manejado por computadoras centralizadas en Japón.

Las mismas están conectadas a una “nube” -infraestructura digital de almacenamiento de datos y servicios informáticos disponible a través de Internet-, que Fujitsu opera en sociedad con Aeon, uno de los más grandes comercios minoristas nipones en el rubro alimenticio. ¿Por qué destinar una cantidad tan grande de recursos y energía para la producción de unas pocas bandejas de lechuga sin mucho valor real en el mercado?

Esta granja es, al mismo tiempo, impresionante e incomprensible, señala la ONG GRAIN (“grano” o “semilla”, en francés) en un estudio al que hace referencia el cotidiano suizo Le Courrier en su edición del lunes 3 de mayo.

También a las afueras de Hanoi, Fujitsu desarrolla el proyecto piloto de otra unidad agrícola, aunque con un carácter diferente. Está ubicada en un terreno exterior, común y corriente, que no la distingue de las granjas vecinas. Sin embargo, su particularidad distintiva es que todos sus trabajadores usan teléfonos móviles inteligentes provistos por la compañía y sus movimientos son monitoreados. Las horas que trabajan, su productividad, los insumos que aplican, son cuidadosamente anotados y archivados en Japón, en la “nube” de la compañía. Fujitsu utiliza la tecnología digital más moderna para maximizar el rendimiento de la mano de obra.

En Silicon Valley, Estados Unidos, los cultivos verticales siguen siendo emprendimientos mimados. Desde 2014 han recibido 1800 millones de dólares de parte de grandes inversores en tecnología, como el fundador de Amazon, Jeff Bezos, y el SoftBank de Japón.

Paradójicamente, a pesar de los grandes caudales financieros que reciben, las granjas de alta tecnología que han construido estas empresas sólo ocupan, en todo el mundo, el equivalente de unas escasas 30 hectáreas de tierra, sostiene la ONG autora del informe. GRAIN es una pequeña organización internacional sin fines de lucro que apoya a campesinos y agricultores, así como a movimientos sociales de África, Asia y América Latina en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y gerenciados comunitariamente. 

La cosecha de datos

En el universo de la tecnología digital, el poder se basa en los datos. Es decir, en la capacidad de recolectar y procesar cantidades masivas de información, lo que se denomina “Big Data”.

Como en otros sectores de la economía, las grandes corporaciones -ya sea compañías tecnológicas, proveedores de redes de comunicación, cadenas de comercio minorista, compañías productoras de alimentos, agronegocios o bancos- compiten por recolectar tantos datos como sea posible a partir de todos los puntos del sistema alimentario. Y obtener así ganancias monstruosas a partir del uso de esos mismos datos.

Granjeros de Happy Farmers usando tabletas en el cultivo de tabaco.

Alianzas, fusiones y compras realizadas entre corporaciones favorecen lo que GRAIN describe como “una captura corporativa mucho más profunda y completa de datos provenientes del sistema alimentario”.

Los principales actores son las compañías globales de tecnología, conocidos como los Gigantes Tecnológicos, o Big Tech.

Microsoft, por ejemplo, impulsa la plataforma Azure FarmBeats de agricultura digital, con un enorme sistema tecnológico que se centraliza en la “nube” de la compañía.

La plataforma está siendo diseñada para proporcionar a los agricultores información y análisis en tiempo real sobre las condiciones de suelos y agua, el crecimiento de sus cultivos, plagas y enfermedades, así como el pronóstico del tiempo y los cambios del clima que podrían enfrentar. El valor de esta información y de la asesoría correspondiente dependen del volumen y la calidad de los datos que Microsoft puede recolectar y analizar con sus algoritmos, razón por la cual se asoció con compañías líderes en el desarrollo de drones agrícolas y dispositivos con sensores. Y también con compañías que desarrollan tecnologías que pueden recibir y trabajar con la información que recopila FarmBeats -tractores de alta tecnología, drones, aplicadores de plaguicidas y otros dispositivos y máquinas conectadas a la “nube” de Azure.

La brecha digital

¿Qué relación tiene esta nueva tendencia inversionista con las realidades y necesidades de los 500 millones de establecimientos o fincas de campesinas y campesinos que producen gran parte de los alimentos del mundo?

Las aplicaciones de esta alta tecnología, como tractores sin conductor y drones regadores de pesticidas, no se dirigen, necesariamente, a beneficiar a estos grupos de pequeños productores. No se preocupan por brindarles consejos y asistencia técnica. El objetivo principal de las multinacionales que invierten en la agricultura digital es integrar a millones de campesinos en una amplia red numérica controlada de forma centralizada. Para promover, cuando no obligar, la compra exclusiva de sus productos, sean insumos, máquinas o servicios financieros.


Negocio alimentario de Amazon.

Los Big Tech no van a ayudar a los pequeños agricultores a promover sus conocimientos, sus semillas autóctonas o su sabiduría propia con respecto a la cría de ganado. Por el contrario, promueven el conformismo y la disciplina financiera: los mini productores integrados a la red deben comprar a crédito los insumos promovidos; deben seguir los consejos del asistente virtual para tener derecho al costoso seguro de cosecha; deben vender la cosecha a la empresa a un precio no negociable; y se comprometen a aceptar como forma de pago la moneda digital que la gran transnacional les impone.

Por otra parte, argumenta GRAIN, el desarrollo de este tipo de agricultura digital va de la mano con la presencia también activa de esos Big Tech -cuando no monopólica y dominante- en la distribución de los alimentos y la venta al por menor. Buscan “reemplazar rápidamente a los pequeños comerciantes, vendedores ambulantes y otros actores locales”. Este mecanismo tiene como horizonte convertir “a los pequeños agricultores y vendedores minoristas de hoy en la mano de obra del futuro de las empresas de alta tecnología”.

La voracidad del lobo

Los actores más grandes en el ámbito de los agronegocios tienen aplicaciones que actualmente cubren millones de hectáreas de campos de cultivo. Y logran que los agricultores les proporcionen informaciones locales sobre sus prácticas a cambio de asesorías y descuentos en el costo de los productos que estas corporaciones prácticamente les obligan a utilizar.

La transnacional alemana Bayer, la más grande del mundo en semillas y pesticidas, reconoce que su aplicación ya se está usando en fincas -unidades productivas- que cubren más de 24 millones de hectáreas en Europa, Estados Unidos, Canadá, Brasil y Argentina.

La multinacional germana -al igual que las otras dedicadas a agronegocios-, debe arrendar de una de las compañías de los Gigantes Tecnológicos la infraestructura digital que necesita. En este caso se trata de Amazon Web Services (AWS), la plataforma de servicios en la “nube” más grande del mundo, por delante de Microsoft, Google y Alibaba. Amazon, que al igual que Microsoft desarrolla su propia plataforma de agricultura digital, puede utilizar los datos recolectados por Bayer y otras numerosas compañías que utilizan sus servicios en la “nube”. Por lo tanto, tiene una enorme ventaja sobre los otros competidores, no solo en términos de cantidad de datos a la que tiene acceso, sino también en términos de su capacidad para analizarlos y obtener así ganancias significativas de los mismos.


Microsoft desarrolló el proyecto Farm Beats y la Iniciativa Microsoft 4Afrika con AGRA (Alianza para la Revolución Verde) con el fin de desarrollar la agricultura digital en Kenia, Nigeria, Ruanda, Gana, Tanzania, Uganda, Malaui y Etiopía.

Amazon adquirió Whole Food por 16000 millones de dólares e invirtió más de 500 millones de dólares en el sector alimentario en India y Australia.

Apple, junto con Argwold, desarrollaron su reloj de precisión para utilizarlo en la agricultura de punta. Facebook invirtió en Reliance Jio, el operador de red móvil más grande de India. Google promueve junto con la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el mapa de la tierra (Earth Map) el cual permite una recolección masiva de datos sobre clima, medio ambiente y agricultura.

Alibaba encabeza las fusiones de comercios minoristas de alimentos, que operan tanto a nivel presencial como por Internet, con una inversión de 12700 millones en ese rubro. E invierte otros 3600 millones para adquirir la cadena comercial minorista francesa Auchan.

En 2019, la multinacional química y agroalimentaria suiza Syngenta compró Cropio, una empresa de plataforma digital, para avanzar hacia la agricultura digital. Y en este universo de aceleradas fusiones y alianzas, se suman la multinacional alemana BASF -con la Xarvio y la Bosch-; así como las americanas CORTEVA -con Granular- y FMC Corp. que anunció el lanzamiento de Arc farm intelligence.

Alternativas posibles

Existen hoy un gran número de iniciativas que apuntan a romper la dependencia de los servicios digitales que los gigantes tecnológicos controlan y las corporaciones les imponen cada vez más a los pequeños productores rurales.

Por ejemplo, la “FarmHack”, una comunidad de agricultores a nivel mundial que desarrolla y adapta sus herramientas y comparte esta información de manera gratuita por Internet. Varias empresas creadas recientemente promueven nuevas formas, más equitativas, de intercambio de información surgidas de iniciativas colectivas y sin derechos excluyentes de propiedad intelectual. Lo hacen no sólo dentro de comunidades locales, sino también con pequeños productores/as que enfrentan condiciones similares -por ejemplo, técnicas de control de plagas en el mundo entero.

Durante la pandemia, en muchos lugares del planeta, los agricultores aprovecharon las redes sociales o herramientas de comercio electrónico a través de Internet para organizar mercados alternativos. En Karnataka, India, comenzaron a usar Twitter para publicar videos sobre su producción y establecer contactos directos con los compradores. Otros revivieron sistemas tradicionales de trueque para superar la falta de dinero en efectivo y para generar una oferta que permitiera responder a la demanda.

En el Brasil pandémico, a partir del cierre de los mercados al aire libre y la concentración de la distribución en los grandes supermercados -donde los pequeños agricultores no tienen acceso directo-, el Movimiento de Pequeños Agricultores y el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) promovieron la venta sin intermediarios de productos agrícolas o la distribución gratuita de los mismos.

El tipo de agricultura y de alimentación sigue estando en el centro de un gran debate de la sociedad mundial, el cual seguirá intensificándose de cara a la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios convocada para el último trimestre del año por las Naciones Unidas. Los gigantes tecnológicos extienden sus tentáculos y tratan de devorar todo los que sea pequeña o mediana producción agrícola. Y en una relación de fuerzas desfavorable, los pequeños responden con organización, creatividad y propuestas alternativas de gran mérito. Dos visiones del campo, dos concepciones contradictorias sobre la Tierra, la vida y el derecho a alimentarse.

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/la-agricultura-rehen-de-gigantes/

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domingo, 23 de mayo de 2021

España no que es un concepto abstracto, así que desde este punto de vista ni fu ni fa, o sea, que todo lo que ustedes quieran de esto o todo lo que ustedes quieran de lo otro, que también son conceptos abstractos. Lo concreto son los trabajadores españoles que son los únicos que crean la riqueza (igual que todos los demás trabajadores del sitio que sean), que son los que dejan de percibir los 320 millones (de su auténtica propiedad privada sin seguridad jurídica alguna para que no se los quiten. Chúpese esta quien se la tenga que chupar, que al buen chupador con una chupada basta) de euros que el gobierno, que gobernará para quien gobiernen, eso sí, y esto lo sabrán ellos bastante mejor que yo, los pone a disposición de unos morlaquetes de la política marroquí (no para los trabajadores marroquíes) para que vayan al chupe y rico chupe del dinero ajeno teta borrega pública, mismamente que los morlaquetes de la política de España, oyes), total, que Morlacón Gordo Marroquí, que querrá ahora lo que quiera, ordena y manda y va y se cumple, que unos cuantos miles de marroquíes y de otras nacionalidades salten la tapia por Ceuta y se cuelen en España. Mita tú que bonito, tío. ¿A que sí? El día que me entre la tarantela me hago rey y voy a liar un cipote del Copón. Vamos, que mando taponar el Congreso de los Diputados con ciento y pico de millones de españoles; ochocientos millones de españoles que me los cuelo en el Palacio de la Zarzuela y el pico que me queda de trescientos veintidós millones de españoles ya veré más tarde que hago con ellos. Ya lo aviso, no me vengan luego con tonterías.

 

España ha entregado a la dictadura de Marruecos 320 millones en ayudas y «créditos blandos»

 


Insurgente.org.

22 mayo 2021

Lo hace como impuesto contrarrevolucionario para evitar la emigración. No se rían.

Lo ocurrido estos días em Ceuta ha coincidido en el tiempo con un pago por parte del Gobierno español de30 millones de euros para que Marruecos combatiera la inmigración irregular. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, explicó en rueda de prensa que era una cantidad ya presupuestada y que no tenía que ver con el contexto de tensión. En todo caso, este no es el único pago ni mucho menos de los últimos años.

Muchas de las ayudas se han entregado en concepto de cooperación para materias tan diversas como las infraestructuras, la promoción empresarial, la lucha contra el tráfico de personas o la inmigración irregular.

En octubre de 2017, el Gobierno que entonces lideraba Mariano Rajoy concedió un crédito de 12,13 millones de euros a Marruecos para construir una planta desalinizadora en la localidad de Nador, muy cerca de Ceuta. Lo hizo a través del llamado Fondo de Internacionalización Empresarial, cuyo objetivo es «promover las operaciones de exportación de las empresas españolas, así como las de inversión española directa en el exterior, mediante la financiación de operaciones y proyectos de interés».

En diciembre de ese mismo año, España realizóuna inversión voluntaria de 200.000 euros en el fondo de la Organización Internacional de las Migraciones, que se reparte entre todo el norte de África, por lo que una parte también fue a parar a Marruecos. Y ya en agosto de 2018, con Sánchez en el Gobierno, el Ejecutivo español dio otro préstamo, esta vez de 10.000 euros, a la Fundación Albaraka, gestionada por el Banco Central de Marruecos, que busca promover la presencia de pequeñas y medianas empresas en territorio marroquí.

La siguiente ayuda publicada de España a Marruecos tuvo lugar ya en abril de 2019, con la concesión de un crédito de 190 millones de euros para la construcción de infraestructuras de tranvía en la ciudad marroquí de Casablanca. Se hizo también a través del Fondo de Internacionalización Empresarial. Solo tres meses después, en julio de 2019, España aportó 150.000 euros al Fondo de Seguridad Física Nuclear de Marruecos.

A estas cifras hay que añadir los 90 millones que ha destinado España precisamente a la lucha contra la inmigración irregular en los tres añosque lleva Pedro Sánchez al frente del Gobierno. ¿Cómo se desglosan? El 19 de julio de 2019 se aprobó una ayuda de 30 millones de euros para «contribuir a la financiación del despliegue de las autoridades marroquíes en sus actividades de lucha contra la inmigración irregular, el tráfico de migrantes y la trata de seres humanos»; otros 31 millones en mayo de 2020, en plena crisis por la pandemia de coronavirus, y 30 millones más, que fueron aprobados coincidiendo en el tiempo con la crisis actual.

20minutos/insurgente

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Nord Stream 2: una anciana sin calefacción, una guerra en Ucrania y una tubería bajo el mar [Ya verán, ya… ¿A que esto de la política va a ser a ser algo chispitilla más complejo que una cosa entre buenos, malos, ciegos y gatos pardos, que además tiene que ver con la economía, y en las que el trabajador por no entender ni la una ni la otra es el que acaba siempre por pagar los platos rotos que él no rompe? Ya verán, ya… ]

 

Nord Stream 2: una anciana sin calefacción, una guerra en Ucrania y una tubería bajo el mar

 


 diario octubre / 17.05.2021

El imperialismo es bien capaz de dejar a una anciana sin calefacción o incluso provocar guerras en lejanos rincones de Europa, si lo que está en juego es un negocio energético de miles de millones de dólares.

¿Qué tienen que ver el recrudecimiento de la guerra del Donbass en Ucrania, la construcción de una tubería submarina en el Báltico y la anciana que se queda sin calefacción en pleno invierno? Algunos lo llamarán geopolítica y los marxistas lo traducimos como la confrontación interimperialista en torno a la energía.

Si bien el conflicto en el Este de Ucrania nunca se ha apaciguado, las últimas semanas han visto un incremento de las acciones militares ucranianas contra los civiles de Donestsk y Lugansk, el despliegue de la armada estadounidense en el Mar Negro y la acumulación de tropas rusas al otro lado de la frontera.

Pero las razones del conflicto están cientos de kilómetros al Norte de Kiev. Allí, en las aguas internacionales del mar Báltico, Rusia y Alemania construyen el Nord Stream 2, un gasoducto con capacidad para trasladar 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año. Con 1.230 kilómetros de longitud y 11.000 millones de dólares de presupuesto, este segundo gasoducto une al mayor exportador de gas natural del mundo -Rusia- con el mayor importador -Alemania. El acuerdo, firmado bilateralmente entre los gobiernos de ambos países, no está enmarcado dentro de los acuerdos comerciales de la Unión Europea, como tampoco lo está el del gasoducto por el que España importa gas de Argelia.

Los mayores opositores al proyecto son Polonia, Ucrania, Eslovaquia y Estados Unidos, por razones variadas. En el caso de las tres naciones europeas, cuentan con gasoductos operativos desde tiempos soviéticos por los que pasa el gas que Rusia exporta a Europa Occidental. Esto les genera cuantiosos ingresos por derechos de tránsito, que en el caso de Ucrania suponen el 3% de su PIB.

Este es uno de los motivos por los que Rusia quiere construir este segundo gasoducto por la ruta báltica: eliminar intermediarios para no pagar derechos de tránsito. Especialmente, debido a las malas relaciones entre Rusia y algunos de los países de la zona, en particular Ucrania, que mantiene litigios con la estatal rusa GazProm. De un lado, están las crecientes reclamaciones de Kiev sobre el precio del tránsito, pero de otro está la costumbre ucraniana de compensar lo que dejan de percibir robando de los gasoductos que pasan por su territorio. Estas disputas han provocado en más de una ocasión que media Europa se quede sin calefacción en pleno invierno.

Como inciso, Ucrania, décima economía mundial en tiempos soviéticos y la número 55 hoy, viviendo del tránsito y el robo de hidrocarburos ajenos. Rusia, en su día segunda economía mundial y líder tecnológico en sectores que iban desde la exploración espacial hasta la máquina herramienta, hoy exporta cereales e hidrocarburos.

Pero no sólo aquellos que cobran derechos de tránsito están en contra del Nord Stream 2. Estados Unidos, tradicionalmente importador neto de hidrocarburos, hizo numerosas inversiones durante la última década en la tecnología conocida como fracking o fractura hidraúlica, que permite extraer gas natural inyectando agua a presión en zonas profundas. A pesar del impacto ecológico de esta técnica, Estados Unidos consiguió posicionarse como exportador de gas. Esta amenaza para la hegemonía rusa y de ciertos países de Oriente Medio en el sector, llevó a una guerra de precios a la baja. Dado que el fracking es un 50% más caro que extraer hidrocarburos de los pozos tradicionales, la guerra de precios hundió la naciente industria norteamericana que, de hecho, en plena pandemia, tuvo que pagar a quienes se llevaran la mercancía.

No sólo el producto estadounidense es más caro, sino que la exportación mediante gasoducto evita la necesidad de licuar el gas, por lo que abarata el monto económico.

Incapaces de competir con motivos económicos, Estados Unidos y los tres países europeos han recurrido a toda una serie de argumentos extraeconómicos. Desde la preocupación por los derechos humanos en Rusia (pero no en Arabia Saudí, por lo visto) hasta la provocación militar. De momento, el Parlamento Europeo ya ha votado una resolución que llama a detener el proyecto amparándose en la “amenaza rusa” y las provocaciones en el Donbass y el Mar Negro parecen destinadas a reforzar esta idea.

Varias flotas de la OTAN han realizado maniobras en la zona donde se construye el gasoducto y Rusia ha denunciado intentos de sabotaje. Las habituales sanciones estadounidenses ya están aprobadas y han llevado a 18 empresas europeas a abandonar el proyecto.

Sin embargo, con solo 120 km por construir (un 6%) y un trabajo conjunto de décadas entre las oligarquías de Rusia y Alemania en el sector de la energía, difícilmente el proceso es ya reversible. Rusia se ha asegurado contactos en las altas esferas alemanas de la mano de Gerhard Schröder, antiguo canciller alemán y actual presidente del Consejo de Administración de Rosneft, monopolio estatal petrolero de Rusia, y del consorcio que construye Nord Stream. Y las preocupaciones polacas y ucranianas por el envenenamiento de Alexei Navalny o el belicismo de Moscú, difícilmente resultan creíbles cuando su propuesta es que el gas siga pasando por su territorio.

Por lo tanto, tenemos por delante meses de intensa confrontación en Europa Oriental. El imperialismo es bien capaz de dejar a una anciana sin calefacción o incluso provocar guerras en lejanos rincones de Europa, si lo que está en juego es un negocio energético de miles de millones de dólares.

Juan Nogueira
nuevo-rumbo.es

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sábado, 22 de mayo de 2021

Habló el Banco de España, la institución que más dinero nos cuesta a los españoles. [Cuando un Conde me roba, algún Banco de España me roba, señor Conde. O un emigrante pobre sin papeles que salta la tapia y echa el tío a robarme como un descosido, pero el caso es que el Banco de España me roba, señor Conde]

 

Habló el Banco de España, la institución que más dinero nos cuesta a los españoles

Por Juan Torres López

KAOSENLARED

 22 May, 2021

El Banco de España es posiblemente la institución pública que más dinero ha costado a los españoles en el último medio siglo. No por los privilegios y altos sueldos de sus directivos, que serían pocos si hicieran bien su trabajo. Lo que nos cuesta un riñón es que no desarrolla con eficacia su función principal de promover el buen funcionamiento y la estabilidad del sistema financiero. En lugar de garantizarlos, ha cometido fallos calamitosos de supervisión y control que han producido o no han evitado insolvencias y crisis de un coste financiero elevadísimo.

Desde la de 1977 a 1985, que acabó con 56 de los 110 bancos existentes al inicio del periodo, y que se calcula costó entre 1,3 y 2 billones de las antiguas pesetas (cuando los ingresos del Estado eran de unos 4,5 billones), el Banco de España no ha sabido o no ha querido evitar la creciente concentración bancaria, el crecimiento excesivo del crédito en unos casos y la escasez en otros, las comisiones y tipos de interés abusivos, los beneficios extraordinarios de la banca, el exceso de riesgo asociado a la burbuja inmobiliaria, las insolvencias y la morosidad, las quiebras, el desastroso control político de las cajas de ahorro y el antidemocrático que los banqueros ejercen sobre la política y la sociedad, los fraudes y engaños a millones de clientes…, por citar tan solo algunos hitos más costosos de esos últimos 45 años de historia financiera española.

El fracaso regulador del Banco de España en la última crisis fue apoteósico y a los españoles debería avergonzarnos que nadie haya pagado penalmente por él. Sus propios inspectores tuvieron que denunciar al gobernador Caruana por su actitud pasiva y complaciente ante el riesgo que se estaba acumulando (la carta de denuncia al ministro de Economía aquí). Y cuando sus errores comenzaron a surtir efectos lo que hizo fue aprobar cambios de normas para ocultar el daño y promover fusiones de entidades para entregar el sector a la banca privada que nos costaron todavía más dinero. Si al coste de la última crisis reconocido por el Tribunal de Cuentas (122.122 millones de euros) se le suman avales, créditos fiscales, ventas de activos, efectos de cambios normativos… la factura de la incompetencia y del apoyo del Banco de España a la banca privada debe superar los 300.000 millones de euros. Además de todo lo que eso lleva consigo, la desaparición de miles de empresas y la ruina o el desempleo de millones de personas.

Hasta el presidente saliente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, lo reconoció abiertamente al afirmar que el Banco de España había tenido «errores muy importantes de supervisión» antes de y durante la crisis.

Aunque es muy ingenuo creer que esos errores lo hayan sido solo como consecuencia del azar o del desconocimiento. Son el resultado del fundamentalismo ideológico que se cultiva en su seno pero, sobre todo, de que el Banco de España es una institución puesta al servicio exclusivo del capital bancario privado. Caruana, a quienes sus inspectores denunciaron, como he dicho, por dejar hacer y permitir que crecieran la burbuja y los desmanes del sector, no hizo mal su trabajo. Al revés, hizo eso porque estaba ahí para hacer lo que hizo, permitir que se multiplicara el negocio bancario aunque fuese a costa de hundir a la economía española.

La prueba es que, después de esas denuncias y de que se hiciera patente el efecto de su gestión, pasó a ocupar un cargo directivo en el Fondo Monetario Internacional, a ser luego Director Gerente del Banco Internacional de Pagos y, por fin, a formar parte del Consejo de Administración del BBVA. El mismo destino final que han tenido otros gobernadores o altos directivos del Banco de España, como prueba definitiva de que no han sido servidores públicos sino empleados del capital privado. Lean, si no lo creen, El libro negro: La crisis de Bankia y Las Cajas. Cómo falló el Banco de España a los ciudadanos, de Ernesto Ekaizer.

El Banco de España tampoco acierta cuando hace pronósticos sobre el horizonte de los problemas económicos. En 2007, cuando ya se había iniciado la crisis, escribió en su Informe Anual sobre 2007 que lo que estaba ocurriendo era un simple «episodio de inestabilidad financiera», si acaso, con solo «algunas incertidumbres sobre la continuidad del crecimiento de la economía en horizontes más alejados». Y el año pasado, a pesar de haber hecho dos previsiones sobre la evolución del PIB, no acertó ni en la más optimista ni en la pesimista y su margen de error fue mayor que el de instituciones con muchos menos medios e información (una comparación con las de otros organismos aquí).

Sin embargo, a pesar de que su historia reciente está plagada de desaciertos, de incompetencia, de responsabilidad y de daño a la economía española, los dirigentes del Banco de España no dejan de pontificar como si fueran los únicos que saben lo que realmente conviene hacer.

¿Se imaginan a un médico al que se le murieran todos sus pacientes alardeando por el hospital de ser él quien únicamente sabe la terapia a seguir con los enfermos y queriendo imponerla a cualquier precio? Pues algo así es el Banco de España en nuestra economía. Nunca acierta, no sabe cumplir con su función y nos impone una carga multimillonaria a los españoles, pero se empeña en decirnos qué es lo que se debe hacer para resolver los problemas que sus propias medidas anteriores han provocado.

Ahora vuelve a la carga, metiéndose una vez más en camisa de once varas, pues esa no es la función que corresponde a un banco central. En su reciente Informe Anual insiste de nuevo en el mismo tipo de reformas que a su juicio hay que acometer para hacer frente a la crisis provocada por la Covid. Olvidando que si esta ha tenido un efecto tan grande ha sido, como acabo de señalar, justamente a consecuencia de las políticas de recortes de servicios públicos esenciales, de las laborales que han producido precariedad y desigualdad y de las financieras que han multiplicado la deuda que los dirigentes del Banco de España han impulsado en los últimos años.

En concreto, ahora aprovecha su publicación para reforzar la propuesta con la que el capital bancario, de la mano de sus representantes políticos, trata de capturar el ahorro de las clases trabajadoras, la llamada «mochila austriaca».

Esta consiste básicamente en un fondo constituido desde la empresa pero lógicamente a cargo de los salarios que se asigna a cada trabajador y que puede ser utilizado en caso de despido, de traslado, para actividades formativos o, si llegara el caso, para completar la pensión.

La propuesta se justifica desde hace tiempo diciendo que así se combate la dualidad entre trabajadores fijos y temporales, algo que no tiene mucho sentido porque este problema de nuestro sistema laboral más bien tiene su origen en la contratación fraudulenta. La realidad es que esta medida perjudicaría a las empresas que realizaran menos despidos, incitaría a llevarlos a cabo, desincentivaría la adopción de medidas de flexibilidad interna y no sería fácil que pudiera servir como fondo de pensión cuando los despidos, como cabe esperar que ocurra al desaparecer la indemnización, se reiteran a lo largo de la vida laboral.

Es cierto que teóricamente podría facilitar la movilidad (algo que ni siquiera se ha demostrado que ocurra en Austria) pero ese no es el problema principal de nuestro mercado laboral. En definitiva, prácticamente ninguna ventaja y una sola virtud: permitir que los bancos manejen el ahorro de los trabajadores, un botín suculento para hacer negocio especulativo en los mercados especulativos aunque, eso sí, a costa de un gran riesgo y volatilidad que antes o después pondría en peligro el patrimonio de las clases trabajadoras, e imponiendo más costes todavía a las empresas productivas que crean más empleo fijo.

También aprovecha el Banco de España para defender el mantenimiento de la última reforma laboral que básicamente supuso concentrar aún más poder de decisión en manos del empresariado, desequilibrando en mayor medida el ya de por sí desigual balance de fuerzas en nuestro sistema de relaciones laborales. Eso es lo único que parece interesarle.

Como he dicho, al Banco de España no corresponde hacer este tipo de propuestas de política económica y que, como todas, tienen un efecto muy desigual sobre el bolsillo y las condiciones de vida de la gente, pero no lo hace gratuitamente ni como fruto de la casualidad.

En su libro Guardians of Finance. Making Regulators Work for Us, James R. Barth, Gerard Caprio y Ross Levine demuestran que la crisis que comenzó en 2007 fue un «homicidio por negligencia» porque «los reguladores de todo el mundo sabían o deberían haber sabido que sus políticas estaban desestabilizando el sistema financiero mundial y, sin embargo, optaron por no actuar hasta que la crisis hubiera emergido por completo… mantuvieron políticas que alentaron el riesgo excesivo incluso sabiendo que sus decisiones incrementaban la fragilidad del sistema. Ha sido un desastre regulatoriamente inducido. Los reguladores pusieron en peligro a sabiendas sus economías en los diez o quince años antes de la reciente crisis».

Entre esos reguladores homicidas se encuentra el Banco de España que sigue empeñado en hacernos creer que darle todavía más privilegios y poder de decisión a la banca y a las grandes empresas, provocando así nuevas crisis, es la solución de nuestros problemas. Y no se pone freno a semejante desvergüenza e indignidad.

blogs.publico.es/juantorres/2021/05/14/hablo-el-banco-de-espana-la-institucion-que-mas-dinero-nos-cuesta-a-los-espanoles/

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Madrid: anatomía de un fracaso. Por si a algún trabajador le diera por leer

 

Madrid: anatomía de un fracaso

 

Por Miguel Suárez del Cerro

Rebelión

13/05/2021   

El fracaso de la izquierda en Madrid ha resumido, en una campaña electoral, el desolador espacio en el que nos encontramos. Es triste, sí, pero también ofrece una representación certera del modelo que se ha construido, donde triunfa la frivolidad. En un escenario así siempre va a vencer el neoliberalismo, su esencia se basa en evitar la conciencia de clase, el pensamiento crítico y la cultura como arma de transformación.

En esta campaña, a la banalización de las ideologías se ha unido, como no puede ser de otra forma, el poder reaccionario de la televisión, que no se halla solo en las tertulias políticas de canales conservadores, sino también en los programas de entretenimiento que llevan años aniquilando las mentes de la ciudadanía española. Algunos de sus responsables han llegado a aparecer en mítines de la izquierda. Es decir, los causantes de que nuestro país se halle atrapado en un desierto cultural, cada vez más agresivo con el pensamiento crítico y sus defensores, suben ahora a una tarima con el objetivo de lavar su imagen y, de paso, ganar algún que otro seguidor.

Aceptar las reglas del juego de la frivolidad nunca da buen resultado a la izquierda. Esto no quiere decir que todo partido de izquierdas necesite complejos discursos de tres horas, mesas redondas y libros de miles de páginas para ganar unas elecciones, sino que en la banalidad está perdido, la derecha siempre va a ofrecer propuestas más simples y consumistas, alimento para los instintos. Esto nos lleva a confundir lo esencial con lo accesorio, entrando en una industria que genera constantes caprichos insolidarios por encima, incluso, de los ya provocados por nuestra propia naturaleza.

Sin embargo, todo lo dicho hasta ahora es una mera descripción de hechos, hay que buscar las razones en la raíz de una cuestión llamada existencia. Un importante filósofo, que a lo largo de su vida se equivocó en muchas cosas, pero que acertó en lo esencial, nos dijo que rara vez encontramos recompensa a la fatiga, ya que la vida se revela ante nosotros como “una tarea a cumplir”, en vez de como “un goce a disfrutar”. Todo se convierte en “un mal negocio”, donde “los beneficios ni siquiera cubren los gastos”.

En los últimos años, muchos ciudadanos no han levantado cabeza. Hemos visto trabajadores despedidos que han tenido que ponerse una mochila amarilla al hombro y vender sus derechos subidos a una bici. La izquierda, como no puede ser de otra forma, se ha indignado ante esta situación y ha denunciado las agresiones del neoliberalismo. Sus medidas son las correctas, pero aceptarlas requiere esfuerzo y compromiso: implica renunciar a los servicios nacidos de la explotación y a la publicidad que acribilla sin piedad a la ciudadanía desde múltiples pantallas. Necesita fomentar previamente una comunidad comprometida con el bien común.

Con la pandemia, todos los factores mencionados se han agravado, se han sumado confinamientos, cierres perimetrales y otras limitaciones, con el objetivo de proteger a la mayoría. De nuevo, ha sido necesario un sacrificio, y se ha extendido más de lo previsto.

Por otra parte, en este tiempo, el modelo productivo y el consumo también se han revelado como un peligro real para el planeta. Esto ha generado un número cada vez mayor de normas y medidas para paliar lo que parece una catástrofe inminente. A pesar de la exigencia de sostenibilidad al ciudadano en estos ámbitos, el sistema económico ha ido por otro lado, generando trabajos cada vez más precarios y sueldos más bajos. Es muy difícil ser sostenible en un sistema que no lo es, que sigue exigiendo lo mismo a sus ciudadanos con menos sueldo, que provoca un estrés cada vez mayor y que impone el coche como única alternativa para poder realizar las labores exigidas por el patrón de turno.

Es decir, por un lado, se ven frustradas las promesas que debían aparecer por el esfuerzo y, por el otro, se exige un nivel de responsabilidad que el propio sistema que nos contrata no tiene. De esta forma, se genera un ser humano profundamente pesimista que se levanta a las cinco de la mañana para poder acudir a un trabajo que odia y en el que le pagan menos que hace cuatro años (si es que sigue en el mismo trabajo). Además, este ciudadano debe comprar productos sostenibles, tener cuatro bolsas de basura en casa y, a las seis, cuando sale hacia su horrible día en la empresa, dirigir sus hábitos a aportar su granito de arena a la lucha contra el cambio climático.

No hay en mi planteamiento crítica alguna a las medidas necesarias frente a los problemas citados, simplemente señalo lo complicado que es ponerlas en marcha en un marco de competitividad y ansiedad que impide la reflexión necesaria para aceptarlas.

Al final, como esbozó de forma exagerada y surrealista La hora del cambio, al trabajador le empieza a importar poco que los polos se derritan y, en el fondo, ya no ve tan mal que en unos años el país sea devorado por una masa de agua o que nos coma el sol o que la mierda llene por completo el mar. Y no le podemos culpar por olvidar los peligros que amenazan al planeta, porque la extinción se convierte en un plan mejor que el de un día cualquiera.

Mientras el pesimismo le asfixia, la televisión le ofrece imágenes de millonarios bebiendo en piscinas y enseñando sus casas; crea realidades paralelas en una cocina, un concurso musical o una isla; muestra adolescentes (millonarios también) bailando y jugando a videojuegos; aplaude a una marquesa haciendo bromas en prime time; y, por si fuera poco, le somete a una exposición constante a las simpáticas ocurrencias que una nueva cara de la derecha expresa diariamente. Todo es mucho más divertido que esos señores enfadados impidiéndole salir de marcha y exigiéndole cuatro bolsas de basura en casa.

Además, esto no es nuevo. La televisión lleva años inoculando veneno, los superhéroes hollywoodenses salvan cada vez más el mundo, los libros superventas sobre conspiraciones internacionales ya han marginado por completo al resto de obras y los éxitos musicales ya no hablan de abrir las grandes alamedas.

Ante esto, llega alguien sin escrúpulos que es capaz de decir a los oprimidos (por un sistema que ella misma defiende) que lo importante es poder tomarse, tras el trabajo, una caña en un bar. En resumen, es mejor pasárselo bien un rato en una destrucción inconsciente al estilo Leaving Las Vegas que descubrir que eres el protagonista de una película de Ken Loach. Y gana.

El pasado martes ha empezado a escribirse “la tragedia de la banalidad”, producida por “circunstancias ordinarias y, por ello, más ineluctable”, de la que nos habló Houellebecq en su libro sobre el filósofo triste.

Esta banalidad ha cobrado especial importancia cuando la izquierda ha aceptado luchar en ella. Los mensajes básicos de la izquierda se han mantenido, pero adquiriendo una infame forma comercial. Ya no se habla del Simone de Beauvoir, se habla de Wonder Woman; ya no se habla de lucha obrera, se habla de acceso universal a la moda low cost; ya no se habla de Chomsky, se habla de Kamala Harris. Todos estos nuevos ídolos tienen el discurso muy corto, muy banal, por lo que lo aliñan con denuncias absurdas, condenando libros, películas, cuadros… Incluso ponen carteles anunciadores para advertir que Lo que el viento se llevó no representa la época actual o hacen reinterpretaciones profundamente absurdas de las creaciones de Allen, Nabókov o Bertolucci. Parte de la izquierda internacional ha admitido el mensaje estadounidense de una sublimación freudiana mal entendida y con trasfondo mercantil.

Este proyecto de estilo de vida moralista no solo no ha ayudado, sino que ha provocado actos de autocensura y mercantilización narrativa poco recomendables para el desarrollo artístico, dando a entender que la sociedad no tiene el suficiente juicio crítico para analizar las verdaderas obras de arte en toda su complejidad, sin una pegatina que les advierta, y permitiendo una producción en masa de poco valor.

Con la mitad de las obras clásicas marginadas y la otra mitad mal vistas, la telebasura (donde podemos meter también un 99% de las series y un 90% de las películas que hoy nos llegan) ha tenido el camino libre para conformar una mentalidad adecuada a su negocio, sumando a su causa a informativos, tertulias políticas y otros programas de actualidad. Toca entretenerse porque la vida es un mal negocio del que solo podemos escapar a través de la frivolidad.

Pero se equivocan, porque aquel filósofo pesimista sí citó modos de moderar este sufrimiento. Entre ellos, estaba el arte como contemplación pura. Un arte en el que hoy nos podríamos encontrarnos con los problemas existenciales, políticos y sociales de las personas, y analizarlos de forma sosegada y profunda. Ahí está la clave de los movimientos sociales exitosos que se han conformado en nuestro país y de las victorias históricas de la izquierda.

Sin la creación artística, la izquierda no puede luchar contra el entretenimiento banal de la derecha. Las cañas de las terrazas del capitalismo siempre van a ser mejores, pero ellos carecen de obras de arte; mientras que nuestra ideología rodó la huelga más vanguardista del cine, cantó a sus víctimas al alba y exigió pan, pero también rosas.

Esto podría parecer una tontería si no fuera porque es la base sobre la que nace la justicia social, la base intelectual que propicia una sociedad que lucha por los servicios públicos, que pone en valor una sanidad y una educación universal.

Paradójicamente, una parte acaba votando a aquellos que han robado derechos y que favorecen a defraudadores con sus leyes. ¿Por qué? Porque estamos en su juego. La izquierda trata de hacer encaje de bolillos para moderar las agresiones que provoca este sistema, pero a veces el equilibrio se rompe y el trabajador responsable, que recicla y compra productos sostenibles, es sepultado. En este momento, descubre en la televisión, entre reality y reality, a una chica que le dice que vive en el mejor lugar del mundo y que si echamos a los comunistas que le roban sus impuestos, su vida va a cambiar. Y en un país donde la telebasura ha ocupado tanto espacio, el escudo cultural contra las mentiras no existe, y el fraude triunfa.

Nos han vencido porque hemos aceptado sus reglas, las mismas que nos llevan a dar la razón a ese filósofo que hablaba del mal negocio de la vida, un tal Arthur Schopenhauer. En ese pesimismo que se hereda de padres a hijos, no hay lugar para la solidaridad fiscal, solo para la victoria del más fuerte.

La izquierda no puede ganar cuando el pueblo está esperando a un tipo con capa que venga a salvarle desde Gotham City y que, en el fondo, es un fascista. Podemos intentarlo varias veces, como los enamorados de La suerte está echada, de Sartre, pero al final siempre fracasaremos, como ellos. Porque aquel que no tiene tiempo, no puede dedicar unos minutos a pensar en todo lo que puede perder.

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Chile. La política, y en consecuencia la economía empezará a cambiar en Chile. Y ese cambio no se debe a que dos o tres galopines de la galopona de la política muy listos lo hayan producido, sino porque los trabajadores (que son y somos la inmensa mayoría de la sociedad) se han movilizado organizadamente y no han estado esperando a que la sopa boba cayera del cielo. Moraleja… (Piense usted, hombre, hágame el favor, a ver si entre todos los trabajadores, que somos muchos y acojonamos cuando nos ponemos en nuestro sitio, somos capaces de dar con la jodida moraleja esa que a mí me trae como puta por rastrojo)

 


En la megaelección para la Convención Constitucional, alcaldías, consejos municipales y gobernaciones regionales, después de décadas de derrotas acumuladas, el pueblo de izquierda alcanzó en Chile una rotunda y significativa victoria.

Chile: irrumpe la potencia constituyente de los pueblos

 

Pablo Abufom

El Viejo Topo

20 mayo, 2021 

 

Un manifestante en Chile. Fotografía: El País de Cali

Una victoria, por fin

Si hace tan solo dos años nos hubiesen dicho que hoy estaríamos analizando los resultados de un escenario político en el que irrumpen los pueblos movilizados, se desploma la vieja Concertación y cae derrotada la derecha, nos hubiese parecido inverosímil. Es que parece que demasiadas cosas han cambiado en Chile desde octubre del 2019 en adelante.

La megaelección de los días 15 y 16 de mayo, en la que se eligieron representantes para la Convención Constitucional, alcaldías, consejos municipales y gobernaciones regionales será un hito que resonará durante décadas. Pero su potencia no está dada por los resultados electorales, sino por el modo en que esos resultados expresan en el terreno de la gran política nacional la potencia destituyente de la revuelta popular que estalló el 18 de octubre del 2019, y que se venía incubando durante más de tres décadas de precarización de la vida y de democracia autoritaria. Ese régimen transicional pactado por la centroizquierda, la derecha y los militares hacia el fin de la dictadura está hoy herido de muerte. Lo que ocurra en los próximos dos años, mientras dure la Convención Constitucional, marcará los contornos de las disputas políticas del futuro.

Uno podría resumir el resultado de esta elección de la siguiente manera: la derecha conformada por el pinochetismo y sus sectores renovados fue derrotada en toda la línea, un golpe que ya acusan sus portavoces en el gobierno y el parlamento. Los partidos de la vieja Concertación languidecen en su posición cada vez más minoritaria. La izquierda organizada en partidos como el Frente Amplio y el Partido Comunista logra un avance significativo en gobiernos locales, regionales y en la Convención Constitucional. La izquierda por fuera de los partidos, arraigada en movimientos sociales feministas y medioambientales, irrumpe con una fuerza que nunca había tenido en la historia del país. Todo indica que estamos ante un cambio significativo del ciclo político, en el que una orientación diversa pero abiertamente de izquierda (que en Chile se ha articulado en torno a su oposición firme al neoliberalismo), logra un pie mayoritario en un ámbito que le había sido vedado durante décadas.

La tradicional elite política chilena ha planteado su lectura de las elecciones del pasado fin de semana: se trataría de un «mensaje» a la «clase política» sobre su falta de «sintonía» con las aspiraciones de «la gente». El gobierno y las fuerzas neoliberales de centroizquierda han entendido su derrota como un voto de castigo. Pero todo indica que los pueblos de Chile asistieron a las urnas a imprimir un voto programático: un voto por derechos sociales garantizados, un voto por la socialización de las aguas, un voto por el fin del neoliberalismo. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que después de décadas de derrotas acumuladas, el pueblo de izquierda alcanzó en Chile una victoria significativa.

Pero se trata de un éxito atravesado por la amargura de la prisión política de miles de personas encarceladas por su participación en la revuelta, la mutilación de cuerpos y comunidades por parte de las Fuerzas Armadas y de Orden y una crisis económica-sanitaria que ha golpeado a la mayoría de la población con una intensidad que no veíamos desde comienzo de los 1980, y de la cual habrá secuelas físicas y sociales de larga duración. Es evidente que esta irrupción en el proceso constitucional no conducirá a cambios inmediatos en estas circunstancias, pero a esta hora ya es evidente que representa una oportunidad gigantesca para articular la potencia social y política capaz de acabar con la impunidad y mejorar de manera contundente las condiciones de vida de los pueblos que habitan Chile.

Buenos resultados…

El 15 de noviembre del 2019, con el propósito explícito de aplacar la revuelta popular de octubre, todas las fuerzas políticas, excepto el Partido Comunista, firmaron el Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución. Con este Acuerdo, el partido del orden transicional (formado por la derecha tradicional de Chile Vamos y la centroizquierda tradicional de la exConcertación/exNueva Mayoría) retomó un importante margen de iniciativa ante la impugnación masiva que ya llevaba un mes ocupando las calles. El punto cúlmine de esa movilización de masas fue la Huelga General del 12 de noviembre que puso en aprietos al régimen. El Acuerdo vino a ser un salvavidas, pero de todos modos abrió un inédito y contradictorio proceso constitucional que hoy muestra sus primeros frutos.

La Convención Constitucional estará formada por 155 Convencionales, 81 mujeres (53%) y 74 hombres (47%), que tendrán a su cargo la redacción de una nueva Constitución para Chile. Se tratará de un órgano sin mayorías absolutas, en la que puede avizorarse tanto una disputa abierta en torno al carácter del Estado, el régimen de propiedad privada, el tipo de democracia y los derechos sociales, como una fuerte reorganización del terreno político de la mano de las posibles alianzas entre bloques. Dado que la reforma constitucional que dio respaldo legislativo a la formación de la Convención establece que los acuerdos en ella deben alcanzarse por una mayoría de 2/3 del total, ese 1/3 capaz de bloquear acuerdos había sido el consuelo de los tontos de la derecha, quienes se imaginaban alcanzando poder de veto ante la imposibilidad de imponer su proyecto. Veremos que ni siquiera para consolarse les dio. No olvidemos, entonces, que un bloque que alcance el 33% podría bloquear acuerdos en la Convención.

Quisiera concentrarme en visualizar esas posibles alianzas que permitirían darle sentido a una Convención Constitucional (CC) para este nuevo ciclo político. Si uno simplemente divide la CC entre partidos de gobierno y fuerzas de oposición (desde la Democracia Cristiana hasta sectores independientes de izquierda), nos encontramos con que las fuerzas de gobierno concentran 37 escaños (23,9%) y la oposición 114 (73,5%). Pero aparte de mínimos realmente mínimos, es poco probable que ese eje signifique mucho en lo que sigue, si se considera la reorganización que ocurrirá en los sectores más derechistas de la Concertación, que buscarán un piso firme en la derecha más que en un terreno demasiado izquierdizado para su gusto. Otro escenario, quizá más realista en cuanto a acuerdos gruesos dentro de la CC, tendría a la derecha y el centro (Chile Vamos + Democracia Cristiana + Partido Radical) con 40 convencionales (25,8%), a la centroizquierda (PS-PPD-PRO-PL + INN) con 33 (21,3%) y a la izquierda (Apruebo Dignidad + sectores de izquierda en independientes y en escaños reservados para pueblos originarios) con 78 (50,3%). No puede asumirse que esa mayoría simple se establezca firmemente, porque tanto los sectores independientes de izquierda como los escaños reservados para pueblos indígenas incluyen movimientos o sectores que han expresado una abierta desconfianza a los partidos políticos en general. Pero parece ser esa la mejor oportunidad para un bloque con verdadera capacidad de incidencia en la Convención Constitucional, así como un espacio de auténtico debate programático y estratégico para el ciclo que se abre.

Cabe destacar la clara irrupción de la izquierda y los movimientos sociales que se ubican por fuera de los partidos políticos. La Plataforma Constituyente Feminista Plurinacional, que reunió a candidatas feministas de todos los territorios bajo la consigna “si entra una, entramos todas”, sobrepasó su propia consigna con un total de cinco escaños en la Convención. La llamada “Lista del Pueblo”, que articuló la estética de la revuelta de octubre y la trayectoria de centenares de militantes sociales, logró 26 asientos en la CC, incluso superando a los partidos de la exConcertación. Finalmente, en un proceso con 17 cupos reservados para Pueblos Originarios, habrá 7 escaños para el pueblo mapuche, dos de los cuales serán ocupados por el exalcalde Adolfo Millabur y la machi Francisca Linconao, que representan trayectorias políticas mapuche muy significativas en las últimas décadas.

… y grandes desafíos

Pero el entusiasmo de hoy debe convertirse en el análisis riguroso de los próximos días. Algunos aspectos que requieren mayor análisis son la sorpresiva baja participación (en promedio, 42,5%) que contrasta con la masiva participación en el Plebiscito Constitucional del 25 de octubre del 2020. Además, uno de los principales distritos del país, en los que competían al menos cuatro candidatas feministas con una trayectoria significativa, quedaron fuera de la Convención por el sistema de arrastre por pacto que rige en esta elección. En este caso, como ha señalado Alondra Carrillo, de la Coordinadora Feminista 8M y electa para la CC por el D12, “la paridad se nos presenta como un techo y una exclusión, una reafirmación de la presencia de los varones cuando nosotras fuimos mayoría”.

Junto con lo anterior, fuerzas que por trayectoria social podrían haber tenido un lugar en la Convención quedaron fuera. La Central Unitaria de Trabajadores no consiguió entrar, y la Coordinadora Nacional NO+AFP (que lleva años luchando por un nuevo sistema de Seguridad Social) solo entró con una de sus voceras, pese a que ambas organizaciones levantaron candidaturas en muchos territorios. No parecen triunfar los movimientos sociales en general, sino aquellos que han construido su fuerza en torno a las nuevas subjetividades populares (trabajadoras en un sentido amplio, feministas y disidentes, plurinacionales, ecologistas y estudiantiles) que se afianzaron con la revuelta, dejando en segundo plano a las direcciones sindicales tradicionales.

Más allá de los números, la primera gran batalla de la Convención Constitucional girará en torno a las normas que regirán su funcionamiento. Aquí, la principal tensión se dará entre los sectores que llaman a respetar de manera literal los términos del Acuerdo del 15 de noviembre y aquellos que plantean impugnar esos términos por su origen y su carácter antidemocrático, en la medida en que establecen limitaciones formales (los 2/3 de los acuerdos, ninguna participación popular en el proceso) y de fondo (que no se puedan revisar tratados internacionales o el carácter de República). Los sectores antineoliberales, con mayoría, tendrán la oportunidad para imponer su impugnación siempre y cuando no retrocedan ante las acusaciones fariseas de la derecha y la Concertación.

En un ámbito estrechamente relacionado a esto último, debemos poner mucha atención al pacto entre el Partido Comunista y el Frente Amplio, que avanzó significativamente en alcaldías y gobernaciones. El Frente Amplio, que hoy saca cuentas muy alegres, ha representado una renovación de las fuerzas progresistas con cuadros jóvenes, al mismo tiempo que ha asumido una posición subordinada al modo transicional de la política, poniendo la gobernabilidad por sobre la ruptura del régimen en momentos cruciales de la historia reciente (como el Acuerdo del 15N o las leyes represivas que le siguieron), mientras que el Partido Comunista, cauto como buen partido centenario, ha logrado transitar con mucha mayor habilidad entre la colaboración con la centroizquierda y la adscripción firme al antineoliberalismo. Que estos sectores superen su propio  sectarismo y reconozcan que no son la única izquierda va a ser clave para conformar la mayoría antineoliberal que se requiere en la Convención Constitucional.

¿Qué sigue?

Todo lo anterior plantea un inmenso desafío para las fuerzas anticapitalistas en Chile. En primer lugar, nos pone más cerca que nunca ante la posibilidad de articular un referente de izquierda cuyos pilares políticos sean el feminismo y el anticapitalismo, y ya no tan solamente un marco reivindicativo por los derechos sociales o las mejoras inmediatas de las condiciones de vida. El tiempo político abierto por esta Convención Constitucional en la que irrumpe la potencia constituyente de la revuelta es una oportunidad para avanzar en esa tarea porque representa un espacio eminentemente programático, en el que se enfrentarán no solo las capacidades de maniobra en el pasillo, sino también capacidad de disputar el proyecto de sociedad que logrará convertirse en sentido común de la clase trabajadora.

En ese sentido, podemos decir que está consolidada la potencia destituyente de la revuelta, y que desde hoy se pone a prueba su potencia constituyente, su capacidad de convertir la impugnación del régimen político y económico del 88 en una alternativa de mayorías. El principal desafío de este momento constituyente lo tendrán los sectores independientes de izquierda y de movimientos sociales, en particular el feminismo plurinacional, ya que enfrentarán la ambición del progresismo por encabezar el proceso. El proceso de la Huelga General Feminista se ha convertido en la articulación programática más significativa de las últimas décadas, y el feminismo se ha ido convirtiendo en el verdadero socialismo del siglo XXI: como decían las feministas en los 1980, «socialismo y mucho más». En torno a ese programa se concentra tanto la lucha contra la precarización de la vida como la aspiración a una sociedad que jamás ha existido aún, una sociedad que solo puede conquistarse en contra del capitalismo y su barbarie.

Finalmente, todo lo anterior requiere una fuerte continuidad de la revuelta tanto a fuera como dentro de la Convención Constitucional. Diversos sectores de la izquierda y los movimientos sociales han señalado la necesidad de “desbordar” y “asediar” la Convención desde la movilización popular en las calles y los territorios, asegurando que el proceso sea expresivo de esa potencia constituyente y no ocurra a espaldas de los pueblos. Esta necesidad de desbordar no puede ser solo una frase radical en una práctica meramente legislativa. Debe convertir en poder popular constituyente la energía de esas millones de personas que se han volcado a construir candidaturas independientes, a debatir sobre los contornos de una nueva Constitución, a organizar la sobrevivencia en medio de la pandemia y fortalecer la resistencia ante la represión policial y judicial.

Con respecto a la Convención, esto implica necesariamente abrirla a la participación popular mediante espacios de propuesta y deliberación desde las bases, plebiscitos vinculantes para resolver las materias en las que no hayan acuerdos claros entre convencionales y recoger los esbozos programáticos que durante décadas han construido los movimientos sociales en Chile. Con respecto al proceso político que excede a la Convención, es necesario aprovechar cada momento de visibilidad constituyente para demandar el fin del terrorismo de Estado y la impunidad, especialmente en territorio mapuche, y fortalecer y articular los procesos de autoorganización que la clase trabajadora plurinacional de Chile ha levantado para hacer carne su ofensiva contra el régimen.

Esta contraofensiva tiene como punto de partida acabar con la Constitución neoliberal y antidemocrática de 1980, pero al menos hoy se vuelve imaginable que tenga su punto de llegada en una transformación estructural liderada por los pueblos y la clase trabajadora.

Fuente: Jacobín América Latina.

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