viernes, 12 de julio de 2019

PARTE DEL PIENSO IDEOLÓGICO QUE FORMA PARTE DE LA DIETA ALIMENTICIA DEL INDIVIDUO ALIENADO PERSONAL, SOCIAL Y POLITICAMENTE (QUE NO TIENE CONCIENCIA NI DE SÍ MISMO NI DE LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVE) Y POR ESTA RAZÓN EL CIRCULO, EL GRUPO DE ESTUDIO, ES TAN IMPORTANTE


Diseccionando a El País

EL PAÍS y a otros medios / 12.07.2019

TVE y el CIS repiten la trampa para hacer creer que el "Gobierno en solitario" es la opción mayoritaria de los españoles


TVE y La Sexta lo han vuelto a hacer: abren los telediarios colocando el porcentaje del 20,2% de encuestados que prefieren "un Gobierno del PSOE en solitario con apoyos puntuales de otros partidos" y a continuación la opción del 16,1% que quiere "un Gobierno del PSOE y Ciudadanos". Como tercera opción sitúan el 15,8% de "PSOE + Unidas Podemos + nacionalistas no independentistas, con las abstenciones necesarias" y en cuarta posición el 10,6% que prefiere "un Gobierno del "PSOE + Unidas Podemos + Independentistas".

Es evidente que la primera opción elegida es un Gobierno en coalición, opción que suma en todas sus variantes el 52,6% de los encuestados frente al 22,4% que quiere un gobierno del PSOE en solitario -bien con apoyos puntuales, o bien con el apoyo de CC, PRC, Compromís y la abstencón de Ciudadanos (2,2%). Y que, entre los Gobiernos de coalición, la opción que debiera haber aparecido en primer lugar es la de PSOE + Unidas Podemos + nacionalistas / independentistas, que alcanza un 26,4% de los encuestados (15,8 + 10,6), pero es dividida en dos con la intención de que el espectador tome la del "gobierno en solitario del PSOE" como la preferida.

El titular no es, por tanto, "la mayoría de españoles prefiere un Gobierno en solitario del PSOE, según el CIS", sino "mayoría de españoles prefiere un Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos, según el CIS".

Hay que decir que la información de RTVE en su web sí es correcta, pero claro, la web no la ven un millón y medio de espectadores...


Y no es la primera manipulación -ni será la última- del CIS respecto al veto del PSOE a que Unidas Podemos entre en el próximo Gobierno. En el anterior sondeo de opinión, la encuestadora de Tezanos daba una intención de voto al PSOE del 39,5%, es decir, 11,5 puntos más que el 28A. Dato sin sentido, pues entra en una enorme contradicción con otra de las respuestas recogidas en la misma encuesta: el 92,4% de los encuestados "votaría por el mismo partido", y solo un 3,3% por uno "distinto".

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PODEMOS. ARTÍCULO QUE DEBERÍA SER DEBATIDO Y ANALIZADO EN TODOS LOS CIRCULOS DE PODEMOS Y EN TODOS LOS GRUPOS DE IZQUIERDA UNIDA. SIN FORMACIÓN Y SIN CONCIENCIACIÓN (CONOCIMIENTO CLARO Y OBJETIVO) DE MILITANTES Y SIMPATIZANTES NO PUEDE HABER PARTIDO (TODO ESTO ES ADEMÁS DE VOTAR) Y LA IDEA DEL CÍRCULO, DEL GRUPO DE TRABAJO, DE ANÁLISIS, DE DISCUSIÓN, DE LA TOMA DE DECISIONES REALES YA ESTÁ INVENTADA


De los errores de Podemos a la propuesta federal

Rebelión
El Viejo Topo
12.07.2019


Las elecciones generales y autonómicas de 2019 han puesto fin al ciclo de regeneración política impulsado por las Mesas de Convergencia (2010) y por el Movimiento 15-M (2011), y que capitalizó electoralmente Podemos un año después. Como sucedió en el período de decadencia de Izquierda Unida, la organización no está siendo capaz de abordar una discusión en profundidad sobre las causas de su rápido declive. Pero la capacidad que desplegó en sus mejores años de sumar más del 20% del electorado en toda España, y de convertirse en la primera fuerza en Cataluña y el País Vasco, dos territorios plurales que contienen la clave para la solución del problema identitario en el conjunto del país, ha sido demasiado importante como para banalizar este experimento político o conformarse con explicaciones personalistas y anecdóticas ¿Qué ha sucedido con Podemos? 
 
Comunicación y realidad 
 
Podemos ha sido un experimento exitoso de comunicación política basado en el uso de un lenguaje nuevo y de una nueva simbología. Ambas cosas son decisivas en política, pero no sustituyen la necesidad de reconocer o identificar la realidad social, sea la que fuere, como el material primario de todo proyecto de transformación. Por mucho que los argumentos comunicativos sea fundamentales para transformarla, se trata de un medio y nunca un objetivo en si mismo. Confundir medios y objetivos genera contradicciones entre lo que se dice y propone, y lo que realmente sucede en la sociedad, contradicciones que acaban erosionando el apoyo social con el resultado de un debilitamiento de la efectividad de las propias estrategias comunicativas y una vuelta al punto de partida. Este intercambio entre mensaje y realidad es valorado positivamente por el pensamiento postmoderno y se ha exacerbado con la aparición de las fake news y las nuevas formas de comunicación digital, aunque ya estaba muy presente en el período de entreguerras. El término “populismo” utilizado por los dirigentes de Podemos refleja el intento de jugar con el desdoblamiento entre realidad y comunicación. Sin embargo, sólo admite una lectura progresista en el contexto de la realidad latinoamericana y cuando se utiliza en Europa, como lo ha hecho Podemos, se convierte en presa fácil de los enemigos del cambio. 

Pero no sólo hay que identificar o reconocer la realidad social e institucional, sea la que sea, como base de todo proyecto político, sino que, además, hay que aspirar a conocer dicha realidad lo mejor posible para poder transformarla realmente. Conocerla significa tener una idea mínimamente realista de los grupos y de las clases sociales que conforman una sociedad como la española, de sus dinámicas de cambio, de las dimensiones y las limitaciones de la estructura económica del país en el entorno internacional real -que no en el deseado-, de la extracción social y la evolución normativa del electorado, como mínimo del electorado propio con el fin de no perder el contacto con él. Los que toman las decisiones en Podemos acertaron en la comunicación política, pero no se han preocupado lo suficientemente ni de reconocer, ni tampoco de conocer la realidad española que aspiraban a transformar.

Extrapolación de realidades diferentes 
 
El segundo de los errores de Podemos tiene que ver con el primero. Fue pensar que la sociedad española y su sistema político, que se encontraban en una situación de grave crisis de legitimidad hacia el año 2010, así como el propio Estado español contemporáneo, son comparables a los de América Latina. España es un país de la periferia sur de Europa, no forma parte del núcleo fundacional de la Unión Europea y su margen de maniobra para dar respuesta a la crisis financiera de 2008 era más bien pequeño como también lo fue y lo sigue siendo para Portugal o para Grecia. La crisis de 2008 produjo un desplome de su clase media, y la proliferación de la corrupción y el turnismo político colocó a sus sistema político e institucional en una crisis sin precedentes. Sin embargo, pensar que este último, su clase media, su sistema de partidos y su propia realidad estatal son comprables en su precariedad a los de los países latinoamericanos, está fuera de lugar. La sustitución del izquierda-derecha por la idea del “arriba-abajo”, de “la gente”, del “99%” o del “populismo de izquierdas” puede que sea una buena estrategia comunicativa, pero no permite describir de forma lo suficientemente precisa la sociedad real como para poder captar sus matices, sus cambios y las contradicciones que hay que identificar para consolidar las posiciones políticas conquistadas electoralmente y ampliarlas. Pensar que el cambio en una sociedad moderna como la española va a venir por medio de una suerte de desbordamiento del sistema político por parte de la ciudadanía o de la “gente” en un movimiento más bien espontáneo e “imparable” dirigido por los hijos sobrecualificados de unas clases medias urbanas desclasadas conectadas con los sectores populares, como sucedió en algunos países latinoamericanos, no se corresponde con la realidad, aún cuando existieran aspectos comunes entre ambas sociedades. Si tenemos en cuenta que dichos experimentos ni siquiera han podido consolidarse en aquellos países una vez que cambio la dinámica económica internacional, resulta aún más dudoso el realismo de esta clase de estrategias importadas. Para una sociedad compleja y relativamente estructurada como la nuestra, la guerra de posiciones de Gramsci es una hoja de ruta mucho más realista aún cuando, quizás, sea más aburrida, es decir la acumulación de hegemonías en un proceso más bien largo y complejo basado en el conocimiento particularizado del cambiante tejido social, económico e institucional que se pretende transformar. Para ilustrarlo no se me ocurre ningún ejemplo mejor que el proyecto desplegado por Jordi Puyol para construir, a la vista de todos, una nación moderna en Cataluña con el objetivo final de crear un estado independiente pilotados por las fuerzas conservadoras catalanas. El contenido aritmético-electoral de la idea del “sorpasso”, una técnica comunicativa que no le ha reportado ventajas a nadie que la ha utilizado, simplemente no encaja en el tipo de estrategia que requiere la transformación de una sociedad como la española.

Crítica fallida de la Constitución del 78

El tercer error, si se quiere estratégico de Podemos, se deriva de su posicionamiento en relación con la Constitución de 1978. Dicha Constitución es el resultado de una situación de correlación de fuerzas, tanto dentro como también fuera de España, mucho más favorable para la izquierda que la presente. Esto significa que un nuevo proceso constitucional generaría hoy una carta magna considerablemente más regresiva que la actual que, desde luego, es infinitamente más avanzada que el bodrio elaborado para fundar la llamada “República Catalana”. La lista del articulado progresista es mucho más larga de lo que Podemos ha venido sugiriendo a lo largo de estos últimos años, un error del que sólo se dio cuenta cuando hace relativamente poco y cuando ya era demasiado tarde. La Constitución del 78 establece, por ejemplo, el derecho a la educación destinado al desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia (§27); el derecho al trabajo (§35); la obligación de sostener los gastos públicos mediante un sistema tributario justo (§31); que los derechos a la propiedad privada y a la herencia estén delimitados por su función social (§33); que los poderes públicos promuevan políticas orientadas al pleno empleo (§40); que los gobiernos mantengan un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos (§41); establece el derecho al disfrute de un medioambiente adecuado y el uso racional de los recursos naturales (§38); la protección del patrimonio, histórico, cultural y artístico de los pueblos de España (§46); el derecho de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada (§47) o el disfrute de una pensión de jubilación económicamente suficiente (§50). Además, estipula que toda la riqueza del país está subordinada al interés general y permite intervenir empresas cuando así lo exige este último (§128) y obliga a los poderes públicos a promover eficazmente las diversas formas de participación en la empresa (§ 129). También le confiere al Estado la posibilidad de planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas (§131), obliga a regular el régimen jurídico de los bienes de dominio público y los bienes comunales que incluyen las costas y los recursos naturales (§132) y obliga también a la realización efectiva del principio de solidaridad entre las diferentes partes del territorio prohibiendo que en las Comunidades Autónomas se creen privilegios sociales y económicos (§138). Por fin, decreta que las haciendas locales tienen que disponer de medios suficientes para el desempeño de sus funciones (§142), y que la autonomía financiera de las Comunidades Autónomas tiene que ser con arreglo al principio de solidaridad entre todos los españoles (§156). La crítica que se le puede y se le debe hacer al orden constitucional del 78 es similar a la que hacen los franceses, los alemanes o los italianos a sus respectivas constituciones, es decir, el incumplimiento de muchos de sus postulados, debido a las políticas económicas aplicadas: la reforma express del §135 apunta en esa dirección.. A esto se suma la justificada crítica al desarrollo del Título VIII, que sin duda debe ser reformado pues ha creado un orden institucional que dificulta el cumplimiento de algunos artículos como el 138 o el 156. A parte de este, el verdadero “problema” de la Constitución de 1978 radica en la tensión, presente en todas las constituciones de los países capitalistas desarrollados y no sólo la española, entre el código civil, que regula la propiedad privada, y los derechos constitucionales de los que disfrutan todos los ciudadanos sea cual sea la propiedad de la que dispongan. 

Cuando Podemos y sus grupos afines empezaron a hablar de la “crisis del régimen del 78” pensando que abrían una línea de ruptura política favorable a la izquierda, desarrollaron una crítica ambigua a la Constitución tratándola, sin decirlo directamente, como el producto de una involución política, convirtiéndola en una suerte de iniciativa del gobierno de Arias Navarro para evitar la ruptura con el Régimen de Franco. Es verdad: la Transición fue un compromiso con el pasado franquista, pero esto no altera el contenido fuertemente progresista de la parte central de su articulado, sobre todo para los tiempos que corren. La ambigüedad a la hora de abordar la crítica de la Constitución no es casual: resulta de una visión poco nítida de lo que representa el estado moderno y de su casi identificación con el del siglo XIX y con el de la primera mitad del siglo XX. Esta lectura ahistórica del capitalismo y de la modernidad en general, empujó a Podemos a posiciones ultraizquierdistas, a un anticapitalismo junior de chavales de instituto que le llevó a la pérdida de confianza de muchos de los que le habían dado su voto en 2016. Pero las cosas vinieron aún peor, pues esta forma confusa y, en última instancia equivocada de responder a la reforma express del 135, reforzó los argumentos de los independentistas que, por razones distintas, también pasaron a la ofensiva en su crítica de la Constitución. Con esto pasamos al cuarto y definitivo error que podría arrojar a Podemos a la insignificancia política siguiendo los pasos de Izquierda Unida, si se muestra incapaz de dar un giro de 180 grados: el problema nacional. 

Problema nacional y síndrome de estocolmo 
 
Todos los errores enumerados culminan en la particular apuesta territorial e identitaria de Podemos, que -como era de prever- lleva el camino de convertirse en su Waterloo. Oriol Junqueras ha alcanzado su objetivo tras el surgimiento del 15-M: impedir la conformación de un movimiento simultáneo y sincronizado en toda España en favor de la regeneración del país y contra las políticas de austeridad a través de la aceleración de la agenda independentista. Podemos se lo ha puesto fácil a Oriol porque la izquierda española sufre desde hace décadas un serio síndrome de estocolmo: ha sido secuestrada por el discurso nacionalista mientras alaba a sus secuestradores e incluso piensa que puede utilizarlos para sus propios fines. Para poder jugar este astuto juego necesita congraciarse con estos últimos admitiendo la existencia de similitudes esenciales entre los procesos de descolonización de territorios pobres y subordinados a las potencias occidentales después de la segunda guerra mundial, y la situación que viven las prósperas regiones de Cataluña y el País Vasco en la actualidad. La lectura ahistórica del mundo está muy incrustada en la cultura de la izquierda española, como ya hemos visto, de forma que no le resulta tan difícil apoyar este disparate. Además, la banalización de la realidad histórico-objetiva frente al discurso comunicativo permite restarle trascedencia a esta clase de confusiones, pues siempre se puede argumentar que simplemente se trata de una técnica comunicativa más destinada a ganar votos tanto entre nacionalistas/indepes/confederalistas como entre federalistas convencidos. 

Pero esta concesión ideológica incluye el pago de un elevado tributo político pues conduce al argumento, de que el problema nacional en España es, en realidad, un “problema político de falta de democracia”. Aceptar esto último parece enlazar con la crítica ambigua del “régimen del 78” pero lo que hace en realidad es inyectarle un dosis definitiva de legitimidad a los indepes, que es lo que necesitan para internacionalizar el conflicto cubriendo de basura la Constitución del 78, a pesar de que ha sido ella la que les ha permitido llegar a las puertas de la independencias tal y como pretendía Jordi Pujol. La expresión más acabada de este secuestro es el apoyo de las izquierdas al derecho del “derecho de los pueblos a la autodeterminación” sin entrar en detalles sobre la naturaleza de dichos “pueblos”, sin pensar en la posibilidad de que dicho derecho se libre a costa del “derecho” de otros “pueblos” y de miles y miles de ciudadanos expulsados previamente del “pueblo” principal, sin tener en cuenta que son los territorios ricos los que claman el derecho a no ser solidarios de forma similar a como los evasores fiscales reclaman su “derecho” a no pagar tantos impuestos. Nadie parece haberse parado un segundo en Podemos a pensar en las consecuencias que puede acarrear la dinámica territorial-autodeterminista para cualquier discurso progresista-solidario, para las clases subalternas catalanas y vascas, para los territorios más pobres de España, para el proyecto de integración europea y para el ambiente político que inevitablemente crearía durante dos o tres generaciones el que España se convirtiera en otro estado fallido. Nadie parece querer arrostrar las incalculables consecuencias de la destrucción de una unidad estatal en la era neoliberal, a pesar de los precedentes de los Balcanes, de Irak, de Siria o de Libia ¿La avestruz que mete la cabeza en la arena?

Si se admiten estos argumentos de los secuestradores, también hay admitir que la lucha social y la lucha nacional van de la mano en España de la misma forma que lo fueron en Cuba y otros territorios similares. Consecuencia: hay que apoyar a los independes en su noble lucha de emancipación nacional pues se trata también de una lucha de emancipación social, entre otras razones porque -y aquí el truco pretendidamente astuto de los secuestrados enamorados de sus secuestradores- dicha lucha mejorará las posiciones estratégicas de la izquierda en el conjunto de España. Todavía en junio de 2019 algunos dirigentes de Unidas-Podemos declaraban “hay que incorporar a Esquerra Republicana a una política progresista de Estado” sin ver (¿aún?) lo más evidente para todos menos para ellos: que el objetivo de Esquerra es romper dicho Estado por todos los medios a su alcance, y utilizando para ello a la izquierda secuestrada, aunque dándole caramelos republicanos para que se quede quieta. Unidas-Podemos piensa que puede utilizar a sus secuestradores sin darse cuenta de que son ellos los que tienen el control de la situación, los que están utilizándoles a ellos. La ambigüedad del concepto “pueblo”, que sirve tanto para fundamental un demos democrático -”todos somos iguales”- como para fundamental un ethnos excluyente -”el pueblo somos nosotros frente a ellos”- facilita laa inversión de los roles impidiendo a los secuestrados se percaten de la movida. Pero para cientos de miles de catalanes que le dieron su voto a En Comú-Podem y que no cuentan en el proyecto de demos-ethnos de los indepes, no hay sitio para la ambigüedad. Se percatan muy bien de la movida hasta el punto de que muchos prefirieron dar su apoyo a Ciudadanos a cambio de una pizca de claridad en este punto, una claridad que ni siquiera les daba el PSC de Iceta pero que, para ellos, resulta existencial. 

Seamos justos: la alianza sentimental con los nacionalistas que engrasa el secuestro de la izquierda viene de lejos y afecta, incluso, a no pocos votantes socialistas que intentan demostrar su progresismo apoyándola con más o menos entusiasmo. Errores y equívocos como este no tienen consecuencias políticas cuando sus protagonistas reúnen menos del 10% de los votos, pero se convierten en sistémicos cuando los apoyos superan el 20% o cuando se pone en marcha una dinámica tan seria como la del procés, y que obligó a muchos miles a despertar de su ingenuidad. Con un 20% de votos un error así deja de ser un desliz discursivo para convertirse en un elefante en una cacharrería, un elefante con capacidad de contaminar completamente otros análisis como el de la aparición organizada de la ultraderecha en España. Algunos dirigentes de Unidas-Podemos aún decían hace bien poco que “el problema de la ultraderecha en Europa es mucho más grave que el del independentismo en España” sin caer en la cuenta de que el auge de Vox es, en gran parte, el resultado lógico y previsible de la exacerbación del problema nacional que Podemos no ha sabido ni querido frenar. Dicha aparición es una prueba más, de que la dinámica nacional no lleva al avance en temas de justicia social, sino a una dinámica bipolar que empuja en un sentido justamente contrario. Mientas los dirigentes de Podemos desplegaba esta clase de discursos irreales, sus antiguos votantes lo abandonaron en masa en 2019 como ya lo habían hecho algunos años antes en los bastiones populares del País Vasco y Cataluña. 

Hacia la construcción de un nuevo demos 
 
¿Qué hacer? La agenda nacional, cuando se impone en los territorios ricos no arrastrará nunca una agenda de solidaridad y emancipación social tras de sí, y menos aún en un momento hipercompetitivo y neoliberal como el actual. El problema del estado se presenta hoy en un contexto completamente distinto al de antes de la segunda guerra mundial pues hoy se trata del único espacio institucional con capacidad de hacer frente a los grandes retos sociales, ambientales y políticos a los que se ven abocados sus ciudadanos, incluidas las generaciones venideras. La integración europea permite, ya hoy, abordar -al menos teóricamente- problemas conjuntos como es la presión de los mercados financieros o las políticas medioambientales, pero hay muchos otros en los que sólo va a poder complementar a los estados antes que sustituirlos: el auge del nacionalismo también sintomatiza, paradójicamente, esta realidad. El que la agenda nacional le haya sido impuesta a las fuerzas progresistas, no justifica que estas escondan la cabeza bajo tierra negándose a afrontar el reto que les impone las circunstancias. En el mundo de la política, los actores no eligen los problemas y las situaciones a los que tienen que hacer frente, y si los nacionalistas han conseguido imponer su agenda tras cuatro décadas de andadura democrática, no sirve de nada decir que “las identidades no importan” o que “las naciones ya no cuentan” sino que hay que recoger el guante, tomar nota del escenario fáctico y tratar de responder con una contra-agenda con capacidad de hacerse hegemónica. Aunque el procés también ha tenido efectos positivos. En primer lugar ha obligado a desbanalizar, por fin, el problema nacional y el llamado “derecho a la autodeterminación” pues los hechos han desvelado un precipicio al que muchos, desconocedores de Cataluña, le atribuían una naturaleza metafísica. En segundo lugar ha puesto en la agenda política la necesidad de abordar la tarea, pospuesta en 1978 por razones que ahora no vienen al caso, de crear y afinar los pilares identitarios comunes del demos constitucional. En tercer lugar ha obligado a todos a posicionarse frente a la pregunta de si merece la pena o no apostar por mantener un país unido y solidario, y a explicar las razones de su decisión. 

La tarea que ahora toca abordar crea un problema para la izquierda que, en parte, explica su intento de esquivarlo durante tantas décadas: en sociedades capitalistas desarrolladas la construcción de un demos exige de un consenso político amplio que va desde la izquierda hasta sectores relevantes de los espacios liberales y conservadores, un consenso que podría erosionar, aparentemente, la agenda progresista. Es verdad que podría ser así, pues la agenda nacional tiende a secuestrar la agenda social como hemos visto. Con una excepción: cuando la construcción de un nuevo demos a partir de otros ya existentes incluye la creación de un espacio de solidaridad en sustitución de otro de competitividad como es el caso que nos ocupa. El problema territorial contemporáneo no surge en España en los territorios pobres que se ven desahuciados en sus recursos y su lengua por los territorios ricos, sino justamente al revés: se trata de territorios, y más concretamente de las clases medias de dichos territorios, que sufren una sensación de inseguridad y depauperación tras la crisis de 2008, y que pretenden abordar la situación reduciendo la fraternidad/solidaridad a los “suyos” siguiendo un patrón muy similar al de los partidos de la ultraderecha europea que defienden el estado del bienestar, pero sólo para los que ellos consideran los “nuestros” en función de criterios étnico-lingüísticos. La razón, por la que el Partido Popular prácticamente ha desaparecido electoralmente de Cataluña y del País Vasco, tiene una explicación identitaria pues el objetivo del demos construido en estos territorios bajo el paraguas del Estado de las autonomías era justamente sustituir una identidad por otra. Pero también tiene mucho que ver con su ultraliberalismo económico del PP -exacerbado aún más en el partido Vox-, un ultraliberalismo que resulta, de facto, incompatible con la construcción de cualquier comunidad política que aspire a no quedar anclada en ideas metafísicas como las que proliferaron tras la pérdida de Cuba en toda España, Cataluña y el País Vasco incluidos. Dicho ultraliberalismo se ajusta a los esquemas identitarios excluyente que hoy proliferan tanto al norte como también al sur del Ebro y que alimentan un orden competitivo como el que una parte de las élites occidentales quieren imponerle al todo el mundo. Si los sectores foralistas del Partido Popular pretenden recuperar terreno electoral para hacer frente a su caída, es porque el foralismo trabaja con una cierta noción de solidaridad aún cuando esta guarde fuertes conexiones con el ethnos y se asemeje a la de los nacionalistas. Algo parecido sucede con los liberales, que si bien apoyan sin fisuras las patas “libertad” e “igualdad” del demos republicano, se abstienen de incluir la tercera de ellas de forma consecuente -la de la “fraternidad”- con lo cual incurren en un republicanismo arcaico más propio de las seudodemocracias liberales del siglo XIX, que de las democracias sociales creadas tras la segunda guerra mundial, en España, treinta años después. Si los partidos liberales quieren influir en el debate territorial -y en España resultan tanto ellos como los conservadores esenciales para generar los amplios consensos que requiere la construcción de un nuevo demos- tienen que socialdemocratizarse, abrazar la causa de aquellos sectores dentro de al extinta UPYD y de los primeros años de Ciudadanos, que fueron desplazados por los sectores radicalmente liberales. Parece difícil que puedan hacerlo si no apuestan por sustituir a los radicales Hayek y a Friedman, por liberales humanistas tales como John Rawls o Keynes. Hoy por hoy la deriva de Ciudadanos en su acercamiento a Vox y al PP de Casado, no permite ser optimistas en este sentido, aunque los resultados electorales han dejado entrever, que dichos acercamiento puede llegar a costarles mucho más caro de lo previsto.

Obviamente la reivindicación de la fraternidad/solidaridad, que es el eslabón perdido del demos español construido en el siglo XIX, coloca a las fuerzas políticas progresistas en la delantera. Pero no se trata de hacer partidismo: el espacio político -o la suma de espacios políticos- que consiga(n) colocar encima de la mesa una propuesta de demos en la que libertad, igualdad y fraternidad queden asegurados en una suerte de unidad indivisible, conseguirá(n) hacerse hegemónicos en prácticamente todos los territorios pues habrá encontrado la fórmula para darle una salida al problema nacional a largo plazo. Los espectaculares resultados electorales de Podemos en Cataluña y el País Vasco, luego dilapidados con su acercamiento al independentismo, tienen mucho que ver con la esperanza que despertó entre amplios sectores de la población con una identidad mixta de la que no quieren prescindir en ningún caso. Fueron los votantes de las clases populares los que catapultaron a Podemos al primer lugar en Cataluña pues eran y son los principales beneficiados potenciales de un demos en el que la fraternidad -en definitiva la redistribución de la riqueza- no tenga un papel sólo testimonial. Crear un demos compartido no implica arremeter frontalmente contra los demos autonómicos particulares creados al amparo del Título VIII, y que han alimentado una forma de pensar y de actuar “cuasiconfederal” (Nicolás Sartorius), un sistema en el que todos los territorios, y no sólo los gobernados por partidos nacionalistas, aspiran a establecer una relación bilateral con el Estado siguiendo el principio del “qué hay de lo mío”. De lo que se trata más bien es de sustituir esta forma fragmentada e individualizante de concebir el demos estatal, y que guarda una relación estrecha con el modo neoliberal de concebir la economía, la sociedad y la política, por una visión concebida como “proyecto de toda la casa” parafraseando a Keynes, como la articulación de un nuevo todo solidario a partir de la diversidad de los fragmentos identitarios que se han ido configurando a lo largo del último siglo y medio. En una sociedad altamente desarrollada e interdependiente, estos fragmentos pueden encontrar un acomodo no competitivo y no excluyente cuando la visión es esta que comentamos y no, por ejemplo, la confederal que a la dirección de Podemos le sigue pareciendo la única posible. En los tiempos de Pi i Margall la abstracción federal fracasó porque se tenía que imponer frente a una sociedad real caracterizada por un tradicionalismo particularista abrumadoramente dominante en una sociedad española, sin apenas comunicaciones, sin un mercado integrado y con una presencia del ethnos en casi todos sus poros y estamentos. Pero la sociedad tradicional y el aislamiento ya han sido definitivamente liquidados por la modernidad, el país se ha convertido en una realidad social y cultural unificada, a pesar de que el estado de las autonomías ha creado una superestructura política que contradice dicha unificación, un espacio único en el que sexos, etnias, religiones y lenguas podrían convivir sin problemas. La burguesía catalana ya no representa los valores civilizatorios del capitalismo frente al inmovilismo de los terratenientes castellanos y muchas ciudades españolas se han convertidos en polos de irradiación cultural y modernidad más comunicativos que Barcelona. No hay nada que legitime la perpetuación de la situación identitaria que hemos heredado del siglo XIX, nada real que impida dar un gran paso cultural y político hacia la construcción de un nuevo demos a la altura de la sociedad que tenemos delante, pues las identidades, como los estados y las naciones, no son naturales sino que se construyen. La idea “de la casa nacional común”, que enlaza con la idea del “planeta común” y de las “aspiraciones e ideales comunes de liberad, igualdad de fraternidad”, generaría una dinámica conducente a la supresión de espacios territoriales redundantes y competitivos que alimentan la actual mentalidad del chiringuito, de lo mío frente a lo de todos, en definitiva, las formas de pensar que hoy bloquean la aproximación global y solidaria a los grandes problemas de la humanidad. Porque, de la misma forma que el sufragio universal ni borra ni tiene necesidad de borrar las particularidades de género, lingüísticas, raciales, religiosas, étnicas o culturales, sino que, simplemente se eleva por encima de todas ellas para definir un nuevo espacio abstracto que llamamos ciudadanía en el que caben todas ellas haciéndolas “iguales”, tampoco es necesario que la diversidad lingüística, cultural, jurídica o “idiosincrática” que se da en España por razones históricas, tenga que desaparecer con la construcción de un demos basado, eso sí, en la indivisibilidad de los tres valores republicanos. A parte de un consenso básico, que ha de ser construido política y culturalmente en procesos deliberativos en el seno de la opinión pública y en las instituciones y los partidos, resulta fundamental que el gobierno del Estado se convierta en el representante de un todo con capacidad de preservar la pluralidad, y sea cual sea la posición que adopten los propios gobiernos autonómicos. El paso que no ha dado ningún gobierno central todavía es la construcción de capacidades destinadas a hilvanar ese demos único a partir de las particularidades, y no sólo sin destruirlas sino, incluso,, implicándose activamente en su preservación. Crear un nuevo demos es, por ejemplo, redactar conjuntamente un nuevo relato histórico, cultural, normativo y también lingüístico que es el que les vamos a enseñar a todos los niños de España sea cual sea el lugar en el que crezcan y vivan. Significa crear una cultura plurilingüe en todo el territorio, construir un discurso compartido por el conjunto de la nación -o de las diferentes “naciones o nacionalidades dentro de la nación”- en el que nadie niegue la naturaleza antidemocrática del golpe de estado de 1936 ni tampoco el supremacismo y el racismo que anida en determinadas identidades centrales y periféricas hoy todavía vigentes. Un demos en el que nadie se sienta intimidado por el hecho de que Luis Vives, Santa Teresa, Cervantes o Franciso de Rojas fueran de origen converso, de que el Al Andalus musulmán del siglo XII fuera el momento de máximo esplendor filosófico, científico y cultural de Hispania. Un demos en el que todos estemos de acuerdo en afirmar que es ridículo decir que España ya fuera católica antes del nacimiento de Cristo, que Fray Hernando de Talavera y Bartolomé de las Casas quizás sean referencias normativas más ajustadas al tipo de país que queremos que el Cardenal Cisneros, que la tradición cosmopolita de la Institución Libre de Enseñanza enriquece a todo el espectro ideológico del país o que la modernización del siglo XIX, y sus consecuencias ideológico-identitarias, no son en ningún caso el punto final de su historia. No será posible hacer nada de todo esto sin re-conocer y sin conocer la realidad española o confundiéndola con otras experiencias históricas. Esto no es un pragmatismo trasnochado sino una condición sine qua non para poner en marcha cualquier proyecto de transformación social, ahora y siempre. La utopía es un referente que sirve para definir la ruta en una dirección determinada, pero nunca puede ser un instrumento analítico para organizar de forma efectiva los pasos que hay que dar para acercarse a ella. Concebir el estado español contemporáneo como algo parecido al estado zarista de 1917 o al estado nacido de un golpe de estado de 1936, o confundir la próspera Cataluña del siglo XXI con un país colonizado y ocupado del siglo XIX es alimentar la frustración, alejarse de la realidad práctica que experimentan los ciudadanos todos los días, y anticipar fracasos políticos innecesarios. Construir un demos federal significa, por tanto hoy también un acto de realismo, descolgarse de la ontología y de la metafísica nacional que alimenta el ethnos a costa del demos. Si las fuerzas progresistas tomaran la delantera podrán conectar con zonas muy amplias del país real desplazando su centro de gravitación política más hacia la izquierda. La solución española podría convertirse, además, en una contribución innovadora a la creación de un demos democrático en una Europa con capacidad de gestionar y defender su diversidad. En el mundo competitivo de ahora dominado por visiones particularizadas y unilaterales quizás todo esto recuerde un poco a la guerra de España contra el fascismo que consiguió aglutinar las esperanzas de humanización para millones de demócratas de todo el mundo. 

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jueves, 11 de julio de 2019

FRENTE POPULAR DE LA IGNORANCIA O UN PUEBLO ABEEEEERREGADO, USTED, YO Y AQUEL, QUE NO TIENE NI MIJITA DE DIGNIDAD PERSONAL POR NI INMUTARNOS VIÉNDOLAS VENIR COMO CAEN DEL CIELO



El acuerdo de desarme nuclear más crucial para Europa y los europeos se va al garete entre la abúlica indiferencia de nuestras sociedades
El discreto entierro del INF

 (Esta es una foto transversal, ni de izquierdas ni de derechas, patriota, claro que sí, vicepresidencial a dabute y si no elecciones, de como arrasó la tonibombi que de atómica tenía una mijitilla de na (que es que no le quiero herir la sensiblona al la lector si  es hombre o a la el lectora si es  mujer y por eso no puedo nombrar la palabra bomba atómica, que después me riñen si lo hago) la ciudad de Hiroshima en Agosto de 1945, lanzada por por orden de los garrafones del capital americano (que tengo prohibido utilizar la palabra capitalista que eso es de rojos siendo yo transversaloide, no me malinterpreten, maricón no soy, soy como la palabra indica, todo un trasnversal, o sea, ni esto ni lo otro, o sea, que no soy de aquí ni allí, no tengo edad y menos porvenir que Santiago Abascal de secretario general del partido comunista) para demostrarle a los garrafitos adyacentes que el manubrio del libre comercio después de la matanza de la II Guerra Mundial lo tenían ellos. No hace falta decirlo, pero yo por si aca lo digo, que luego no quiero problemas: vamos a ver, vamos a ver, cómo va a estar la III Guerra Mundial antes que la II Guerra Mundial? Esto en qué cabeza cabe. Primero será la II Guerra Mundial, cómo el capital manda y por ello ha de ser cumplido, y después ya viene la III Guerra Mundial, no? Y si tenemos la III Guerra Mundial, para que queremos una IV? Para hacer una guerra por hacerla? Hombre seamos serios, proque lo que yo me digo, ahora que me viene a la cabeza, pero es que no había personal cobrando y reresentándos en el Parlamento Europeo velando para que nadie nos echara una bomba tonibombi para achicharrarnos los higadillos? ¿Y ahora van estos representantes nuestros (que esto de los represetantes nuestros es broma, y yo si quiero puedo bromear y usted no es nadie para decirme a mi que no bromee. Se prosigue) y firman tan alegremente que se abre la veda y que ya nos pueden empezar a reventar a bombazo limpio? ¿Pero no habíamos quedado que los militares garantizaban no se qué de la seguridad y de la democracia y no sé que más que ahora no recuerdo y si no que me lo demande? No entiendo nada, la verdad, y por eso a mi no me gustan los radicalismos ni meterme en política, oiga)

Rebelión
Ctxt
11.07.2019


Entre diciembre de 1987 y julio de 1991, la URSS y Estados Unidos firmaron acuerdos de desarme sin precedentes que cambiaron radicalmente la situación internacional. En diciembre de 1987. Gorbachov y Reagan firmaron en Washington el acuerdo INF, sobre fuerzas nucleares intermedias, de alcance entre 500 y 5.500 kilómetros. Aquel acuerdo supuso la eliminación de los euromisiles: 826 de alcance medio y 926 de corto alcance por parte de la URSS, y 689 y 170, respectivamente, por parte de Estados Unidos.

Aunque sólo representaba el 5% de los arsenales nucleares conjuntos, el acuerdo libró a los europeos de una pesadilla y era un inicio para algo más. Atrás quedaba el impresionante “movimiento por la paz”, que, particularmente en Alemania, movilizó a la sociedades europeas con un vigor y una energía inusitados. Sobre aquella estela de sentido común, en julio de 1991 Bush y Gorbachov firmaron en Moscú el primer acuerdo START para una reducción del 40% de los respectivos arsenales estratégicos, es decir de largo alcance.

Además, en noviembre de 1990 se había firmado en París el acuerdo sobre reducción de fuerzas convencionales en Europa (CFE), y la URSS inició enseguida la retirada de tropas de Hungría, Checoslovaquia, República Democrática Alemana y Mongolia. La importancia de todo esto no precisa ser resaltada: se alteró el clima en una Europa dos veces asolada por la guerra mundial en el siglo XX y se desmilitarizaron y normalizaron las relaciones de Moscú con Estados Unidos y China.

Todo esto se va ahora al garete a iniciativa de Estados Unidos, de la mano de dementes criminales como John Bolton. El 1 de febrero Washington anunció su abandono del acuerdo INF. El pretexto es la acusación de que Rusia había vulnerado dicho tratado, argumento que nuestra prensa ha divulgado profusamente. La simple realidad es que Estados Unidos violó el INF desde el mismo momento en que, hace ya años, desplegó junto a las fronteras rusas el famoso “escudo antimisiles”. Tras reiteradas protestas de Moscú, siempre ignoradas, Rusia tomó medidas de respuesta que ahora son las mencionadas para justificar el abandono de Estados Unidos.

El procedimiento de denuncia del acuerdo tiene un calendario de seis meses que termina en tres semanas, el 1 de agosto. Para los europeos es muy mala noticia, porque volveremos a tener euromisiles nucleares. Los políticos europeos reaccionaron a este asunto enseguida.

En julio de 2018 la canciller Angela Merkel había declarado en una reunión de jefes de estado y de gobierno de la OTAN que el INF era un acuerdo “decisivo para la seguridad euroatlántica”. Siete meses después, en la Conferencia de Seguridad de Munich, la misma canciller calificaba el abandono del acuerdo como “inevitable”. El denostado Putin propuso, ya en febrero, dedicar los seis meses de plazo de salida del acuerdo para renegociar el asunto conjuntamente con Estados Unidos y China, y el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, anunció que haría todo lo posible por “salvar el INF”. En realidad nadie hizo nada.

Todo esto es dramático, pero aún lo es más si se atiende a lo que el comentarista alemán Leo Ensel, define como “un desastroso frente popular de la ignorancia, la indolencia y la conveniencia”. La pasividad social ante este peligroso desastre, al que probablemente seguirá la denuncia del acuerdo START cuando expire su vigencia en 2021, es inaudita. En los primeros años ochenta toda Alemania estaba revolucionada por los euromisiles. Hasta en Alemania del Este había un “movimiento por la paz” que protestaba contra el despliegue de los SS-20 soviéticos y no solo contra los Pershing americanos. La Iglesia Evangélica se volcaba, en las dos Alemanias, en la campaña por el desarme. Los verdes, que entonces eran un partido de izquierdas que acababa de llegar a las instituciones, sin nada que ver con el actual partido belicista actual de burgueses neoliberales, tenían una posición principal. En Inglaterra estaba en marcha la Campaña por el Desarme Nuclear (CDN), el movimiento entonces liderado por el historiador E.P. Thompson que había fundado en los cincuenta el magnífico Bertrand Russell… ¿Dónde están los equivalentes de hoy, esos intelectuales, esas iniciativas civiles? Quizá viendo series tontorronas en la televisión a la carta. ¿Y los jóvenes?, enfrascados en su teléfono móvil. Ni siquiera la estupenda iniciativa Fridays for Future ha sido capaz de relacionar este peligro nuclear concreto con la protesta contra el cambio climático. En tres semanas se da una tremenda involución y aquí nadie se entera.

P.S. Más sobre Assange: ¿Se acuerdan de la jueza Emma Arbuthnot? Fue la que declaró a Julian Assange extraditable a Estados Unidos tras una vista de 15 minutos en la que caracterizó al disidente occidental encarcelado número 1 como “un narcisista incapaz de ver nada más allá de su propio interés”. Pues bien, la prensa británica ha destapado un pequeño asunto que ilustra el ambiente que rodea a esta magistrada. Su marido, Lord Arbuthnot, es un reputado reaccionario que fue ministro de defensa, acérrimo atlantista, con excelentes conexiones en el Pentágono, que es quien manda en la persecución y calvario de Assange, y, por supuesto, antiguo presidente del “grupo de amistad Reino Unido-Israel” en el parlamento de su país. Lord Arbuthnot fue entusiasta corífero de Tony Blair en la venta de las mentiras de la guerra de Irak y se le conocen sonadas tomas de posición contra Edward Snowden, el disidente occidental exiliado número 1 y el hombre que demostró la existencia de Big Brother y su encarnación en la NSA. Pues bien, este señor resulta ser socio de una empresa de “inteligencia económica” que tuvo como cliente a la empresa neoexplotadora americanoide Uber. Resulta que el alcalde de Londres, Sadiq Khan, logró echar a Uber de su ciudad, pero la empresa recurrió y ganó el pleito, por lo que su actividad vuelve a ser legal en Londres, gracias a un fallo… de la jueza Emma Arbuthnot. La independencia de esta jueza experta en diagnosticar “narcisistas” en quince minutos, ha quedado, así pues, en entredicho por la actividad de su marido a favor de Uber, pero ¿y sobre Assange? ¿Tienen algo que ver los contactos y servidumbres de su marido con su luz verde a la extradición? Después de todo, los ministros de defensa de Gran Bretaña son, por definición, aventajados vasallos del Pentágono. La pregunta es retórica y la realidad, como suele ocurrir, seguramente supera con creces todas nuestras ingenuas sospechas, aunque de eso nos enteremos treinta años después

(Publicado en Ctxt)
Fuente: https://rafaelpoch.com/2019/07/10/el-discreto-entierro-del-inf/#more-311

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AUNQUE NO SEA NOTICIA PARA LA PRENSA CHUPI, PASA EN ESPAÑA: CONVOCADO EN MADRID EL XI CONGRESO DEL PCPE



Convocado el XI Congreso del PCPE

Diario octubre / julio 9, 2019

El XV Pleno del Comité Central del PCPE, celebrado en Madrid los días 5 y 6 de Julio de 2019, ha decidido convocar el XI Congreso del Partido para el mes de julio del año 2020. Con este acuerdo se abre un intenso proceso congresual, de un año de duración, que concluirá con las sesiones plenarias que celebrará el conjunto de camaradas que se elijan en las células, como expresión máxima de la soberanía del Partido hasta la elección del nuevo Comité Central al final del mismo.

Un largo y dinámico proceso de debates, con importantes retos orientados a convertir el proceso de preparación de nuestro XI Congreso en un hecho de especial relevancia para el desarrollo de la lucha de clases en nuestro país. Un ejercicio práctico de materialismo histórico que trasciende nuestras filas al constituirse en referencia programática y organizativa fundamental para los sectores más avanzados de nuestra clase y nuestro pueblo.

Con esta convocatoria, y el proceso orgánico que abrimos desde este momento, la fuerza del Partido y de la JCPE se orienta decididamente hacia la corrección de las insuficiencias y carencias que constatamos en nuestra realidad actual, y asume el compromiso de seguir avanzando en la construcción de un Partido absolutamente inasumible por la burguesía y su Estado.

Sin masas organizadas que respondan al empuje revolucionario de un proletariado dirigido por su vanguardia política, no hay política de alianzas ni habrá Revolución posible.

En su proceso de emancipación la clase obrera tiene necesidad del Partido para la Revolución Socialista, como organización que -consciente de su papel de Vanguardia-, se fusiona con las masas conocedor de la necesidad de elevar su organización y conciencia, asumiendo este proceso como un largo y complejo camino de construcción de la hegemonía clasista y revolucionaria entre ellas.

Ese es el PCPE que -dando continuidad a más de 35 años de lucha comunista que nos constituyen en España en el núcleo fundamental del proceso de construcción de la Vanguardia-, queremos perfeccionar y actualizar para conformar la dirección revolucionaria de la legión, de explotados/as, oprimidos/as a quienes, cada día, el capitalismo les niega el presente y el futuro. El capitalismo, inserto en una crisis estructural de carácter general por su imposibilidad para mantener la tasa de beneficios, extiende su existencia final en una larga agonía profundamente violenta y alienante, en la que sus instrumentos de dominación más avanzados –UE y OTAN- muestran sin ningún pudor su carácter oligárquico, antidemocrático y dictatorial. Guerra, sobreexplotación, saqueo, represión, y una progresiva negación de derechos y libertades, es la realidad que enfrentamos en nuestra lucha con la seguridad del triunfo de la clase obrera constituida en clase revolucionaria en el Poder.

La totalidad del escenario de la lucha de clases se nos abre como una oportunidad para analizarlo científicamente desde las categorías del Marxismo-Leninismo, e intervenir sobre él con un claro compromiso orientado a la destrucción del poder burgués y la articulación del poder obrero y popular.

El objetivo es la Revolución Socialista en una España distinta, que sea una unión voluntaria de pueblos libres y soberanos en la que, desde el poder obrero, los derechos de las mujeres sean una realidad en una sociedad de personas iguales, y donde se combatan la totalidad de las desigualdades que a los largo de siglos ha generado la sociedad dividida en clases, y que hoy expresan su máxima contradicción en la crisis medioambiental y humanitaria que provoca el capitalismo con sus políticas desarrollistas de saqueo y de cierre de fronteras.

Ese es el complejo reto que asumimos con profunda convicción de Victoria, y al que todas las células y comités del Partido y la JCPE, se orientan desde este momento, en un proceso abierto donde contamos con los compañeros y compañeras que luchan junto a nuestras filas.

¡VIVA EL XI CONGRESO DEL PCPE!

Comité Central del Partido Comunista de los Pueblos de España

Madrid, 7 de julio de 2019

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