domingo, 16 de diciembre de 2018

URSS: 40.000 SOLDADOS BRITÁNICOS, Y OTROS CONTINGENTES DE TROPAS MILITARES DE EE.UU; FRANCIA; JAPÓN; ITALIA; RUMANÍA; SERBIA Y GRECIA, EN APOYO DE LA GUERRA CIVIL PARA ABORTAR LA REVOLUCIÓN RUSA DE 1917



Las intervenciones extranjeras en la Rusia revolucionaria

Rebelión
15.12.2018

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos


Ya en 1917 la Primera Guerra Mundial había provocado en toda Europa una situación potencialmente revolucionaria. En aquellos países en los que las autoridades siguieron representando a la élite tradicional, exactamente como había sucedido en 1914, procuraron impedir por medio de la represión, de concesiones o de ambas cosas que este potencial se realizara. Pero en el caso de Rusia la revolución no solo estalló sino que tuvo éxito y los bolcheviques empezaron a trabajar en la construcción de la primera sociedad socialista del mundo. Era un experimento por el que las élites de los demás países no sentían la menor simpatía; al contrario, esperaban fervientemente que este proyecto acabara pronto en un estrepitoso fracaso (también fue un experimento revolucionario que iba a decepcionar a muchas personas simpatizantes porque la Utopía socialista no surgió entera, como Atenas, de la frente del Zeus revolucionario ruso).

Los círculos elitistas de Londres, París y de otros lugares estaban convencidos de que era inevitable que el audaz experimento bolchevique fracasara pero, por si acaso, se decidió enviar tropas a Rusia para apoyar a los “blancos” contrarrevolucionarios contra los “rojos” bolcheviques en un conflicto que se iba a convertir en una gran, larga y sangrienta guerra civil. Una primera oleada de tropas aliadas llegó a Rusia en abril de 1918, cuando los soldados británicos y japoneses desembarcaron en Vladivostok. Establecieron contacto con los “blancos”, ya implicados en una verdadera guerra contra los bolcheviques. En total, solo los británicos iban a enviar a 40.000 hombres a Rusia. Aquella misma primavera de 1918 Churchill, entonces ministro de Guerra, también envió un cuerpo expedicionario a Murmansk, en el norte de Rusia, para apoyar a las tropas del general “blanco” Kolchak, con la esperanza de que eso ayudara a sustituir a los gobernantes bolcheviques por un gobierno amigo de Gran Bretaña. Otros países enviaron contingentes más pequeños de soldados, como Francia, Estados Unidos (15.000 hombres), Japón, Italia, Rumanía, Serbia y Grecia. En algunos casos la tropas aliadas participaron en la lucha contra los alemanes y los otomanos en las fronteras rusas, aunque estaba claro que no habían ido para ello sino para derrocar al régimen bolchevique y “estrangular al bebé bolchevique en la cuna”, como dijo Churchill con tanta delicadeza. Los británicos en particular también esperaban que su presencia les permitiera hacerse con algunas partes atractivas del territorio de un Estado ruso que parecía desmoronarse, como el imperio Otomano. Eso explica por qué una unidad británica fue desde Mesopotamia a las orillas del mar Caspio, en concreto a las ricas en petróleo regiones en torno a Baku, la capital del actual Azerbayán. Como la propia Gran Guerra, la intervención aliada en Rusia tenía por objetivo tanto luchar contra la revolución como lograr unos objetivos imperialistas.

En Rusia la guerra había generado no solo unas condiciones favorables para una revolución social sino también para revoluciones nacionales entre varias minorías étnicas, al menos en algunas partes de este gigantesco país. Estos movimientos nacionales ya habían surgido durante la guerra y generalmente pertenecían a la variedad del nacionalismo de derecha, conservador y antisemita. La élite política y militar alemana reconocía en estos movimientos a unos parientes ideológicos cercanos y a unos aliados potenciales en la guerra contra Rusia (por otra parte, se consideraba a Lenin y a los bolcheviques útiles en la guerra contra Rusia, pero ideológicamente estos revolucionarios estaban en las antípodas del régimen reaccionario de Alemania). Los alemanes no apoyaron a los finlandeses, bálticos, ucranianos y a otros nacionalistas por simpatía ideológica, sino porque podían utilizarlos para debilitar a Rusia y también porque esperaban crear Estados satélites de Alemania en territorios de Europa del este y del norte, preferentemente monarquías que tuvieran como “soberano” a algún vástago de una familia alemana noble. El tratado de Brest-Litovsk resultó ser una oportunidad para crear varios Estados de este tipo. Así, desde el 11 de julio al 2 de noviembre de 1918 un aristócrata alemán llamado Wilhelm (II) Karl Florestan Gero Crescentius, Duque de Urach y Conde de Württemberg, pudo disfrutar de ser rey de Lituania con el nombre de Mindaugas II.

Con el armisticio del 11 de noviembre de 1918 Alemania estaba condenada a desaparecer de la escena de la Europa del este y del norte, y aquello acabó con el sueño de la hegemonía alemana ahí. Sin embargo, el Artículo 12 del armisticio autorizaba a los soldados alemanes a permanecer en Rusia, las tierras bálticas y en cualquier lugar de Europa del este mientras los aliados lo consideraran necesario; en otras palabras, mientras siguieran siendo útiles para luchar contra los bolcheviques, que es precisamente lo que hacían los alemanes. De hecho, a partir de entonces líderes británicos y franceses como Lloyd George y Foch consideraron a la Rusia revolucionaria un enemigo más peligroso que Alemania. Los movimientos nacionales de los bálticos, finlandeses y polacos, etc, estaban ahora totalmente implicados en la guerra civil rusa y los aliados volvieron a considerar aliados a los alemanes, también en términos militares, mientras lucharan contra los “rojos” en vez de contra los “blancos”, como también hacían a menudo, ya que tanto los rusos “blancos” como los polacos, lituanos ucranianos y otros nacionalistas reclamaban simultáneamente gran parte de las propiedades del este Europa, que antes formaban parte del Imperio zarista.

En todos los países que emergieron de las nubes de polvo formadas tras el colapso del Imperio zarista había básicamente dos tipos de personas. En primer lugar, personas trabajadoras y campesinas, y otras personas pertenecientes a las clases bajas, las cuales estaban a favor de una revolución social, apoyaron a los bolcheviques y estaban dispuestas a conformarse con algún tipo de autonomía para su propia minoría étnico-lingüística dentro de el nuevo Estado multiétnico y multilingüe (dominado inevitablemente por su componente ruso) que estaba ocupando el lugar del antiguo Imperio zarista y sería conocido con el nombre de Unión Soviética. En segundo lugar, la mayoría, aunque sin duda no todos, de los miembros de la viejas élites aristocráticas y burguesas, y de la pequeña burguesía, que estaba en contra de la revolución social y, por consiguiente, detestaba a los bolcheviques y luchaba contra ellos, y quería nada menos que la independencia total del nuevo Estado que estaban creando los bolcheviques. Su nacionalismo era un nacionalismo típico del siglo XIX, de derecha y conservador, estrechamente vinculado a un grupo étnico, una lengua, una religión y un pasado supuestamente glorioso, en su mayor parte mítico, que se esperaba que resurgiera gracias a una revolución nacional. También estallaron guerras civiles entre “blancos “ y “rojos” en Finlandia, Estonia, Ucrania y otros lugares.

Si en muchos casos los “blancos” salieron victoriosos y pudieron establecer unos Estados claramente antibolcheviques y antirrusos no fue solo porque los bolcheviques lucharon durante mucho tiempo con la espalda pegada al muro en el interior de la propia patria rusa y, por lo tanto, pocas veces pudieron proporcionar ayuda a sus camaradas “rojos” del Báltico y otros lugares en la periferia del antiguo Imperio zarista, sino también porque primero los alemanes y después los aliados (particularmente los británicos) intervinieron manu militari para ayudar a los “blancos”. A finales de noviembre de 1918, por ejemplo, un escuadrón de la Armada Real al mando del almirante Edwyn Alexander-Sinclair (y después por el almirante Walter Cowan) apareció en el mar Báltico para suministrar armas a los “blancos” estonios y lituanos, y ayudarles a luchar tanto contra sus compatriotas “rojos” como contra las tropas bolcheviques rusas. Los británicos hundieron varios barcos de la flota rusa y bloquearon al resto en su base, Kronstadt. Por lo que se refiere a Finlandia, ya en la primavera de 1918 las tropas alemanas habían ayudado a los “blancos” locales a lograr la victoria y les habían permitido proclamar la independencia de su país.

La intención de los responsables patricios de Londres, París, Washington, etc., era claramente asegurar también la victoria de los “blancos” a expensas de los “rojos” en la propia guerra civil rusa y abortar así la empresa bolchevique, un experimento a gran escala por el que demasiados británicos, franceses, estadounidenses y otros plebeyos demostraron entusiasmo e interés, lo que disgustó a sus “superiores”. En una nota dirigida a Clemenceau en la primavera de 1919 Lloyd George expresaba su preocupación por el hecho de que “toda Europa está llena del espíritu de revolución” y seguía afirmando que “existe un profundo sentimiento no solo de descontento, sino de ira y revuelta entre los trabajadores contra las condiciones de la guerra; […] las masas de la población de un extremo a otro de Europa cuestionan todo el orden existente en sus aspectos político, social y económico”.

No obstante, la intervención de los aliados en Rusia fue contraproducente ya que el apoyo extranjero desacreditó a los “blancos”, las fuerzas contrarrevolucionarias, a ojos de gran cantidad de rusos que cada vez consideraban más a los bolcheviques los verdaderos patriotas rusos y, por lo tanto, los apoyaban. En muchos sentidos la revolución social de los bolcheviques fue simultáneamente una revolución nacional rusa, una lucha por la supervivencia, la independencia y la dignidad de la Madre Rusia primero contra los alemanes y después contra las tropas aliadas que invadieron el país desde todas partes y se comportaron “como si estuvieran en África Central” (visto desde esta perspectiva, los bolcheviques se parecían mucho a los jacobinos de la Revolución francesa, que habían luchado simultáneamente por la revolución y por Francia). Debido a ello los bolcheviques se pudieron beneficiar del apoyo de gran cantidad de nacionalistas burgueses e incluso aristocráticos, un apoyo que probablemente fue un factor determinante de su victoria en la guerra civil contra la combinación de los “blancos” y los aliados. Hasta el famoso general Brussilov, un noble, apoyó a los “rojos”. “La conciencia de mi deber hacia la nación [rusa]”, explicó, “hizo que me negara a obedecer mis instintos sociales naturales”. En cualquier caso, los “blancos” no eran más que “un microcosmo de las clases dirigentes y gobernantes del antiguo régimen [ruso] (oficiales militares, terratenientes, clérigos) con un apoyo social mínimo”, según Arno Mayer. Además eran corruptos y gran parte del dinero que les había enviado los aliados desapareció en sus bolsillos.

Si la intervención aliada en Rusia, que a veces se había promovido como una “cruzada contra el bolchevismo”, estaba condenada al fracaso también fue debido a que se oponían a ella gran cantidad de soldados y civiles en Gran Bretaña, Francia y otros lugares de “Occidente” cuya consigna era “¡No a la interferencia en Rusia!”. Los soldados británicos que no habían sido desmovilizados después del armisticio de noviembre de 1918 y que se suponía iban a ser enviados a Rusia protestaron y organizaron motines, por ejemplo, en enero de 1919 en Dover, Calais, y otros puertos del Canal de la Mancha. Ese mismo mes Glasgow se vio sacudida por una serie de huelgas entre cuyos objetivos se incluía el obligar al gobierno a abandonar su política intervencionista respecto a Rusia. En marzo de 1919 las tropas canadienses se amotinaron en un campo en Ryl, Gales, lo que provocó la muerte de cinco hombre y veintitrés heridos; más adelante en 1919 se produjeron motines similares en otros campos militares. Sin duda estos disturbios reflejaban la impaciencia de los soldados por ser licenciados y volver a casa, pero también revelaban que no se podía contar con la mayoría de los soldados para un periodo de servicio de duración ilimitada en la lejana Rusia. En Francia, mientras tanto, los huelguistas en París exigían a gritos acabar con la intervención armada en Rusia y los soldados que ya estaban en Rusia dejaron claro que no querían luchar contra los bolcheviques sino que querían volver a casa. En febrero, marzo y abril de 1919 los motines y las deserciones devastaron a las tropas francesas estacionadas en el puerto de Ordesa, y fuerzas británicas en el distrito de Murmansk al norte y algunos de los británicos incluso cambiaron de bando y se unieron a las filas de los bolcheviques. “Los soldados que habían sobrevivido en Verdun y en la batalla del Marne no querían luchar en las llanuras de Rusia”, fue el amargo comentario de un oficial francés. En el contingente estadounidense muchos hombres recurrieron a la automutilación para ser repatriados. Los soldados aliados simpatizaban cada vez más con los revolucionarios rusos, cada vez se “contaminaban” más del bolchevismo contra el que se suponía que estaban luchando. Y así ocurrió que en la primavera de 1919 se tuvo que retirar ignominiosamente de Rusia a las tropas francesas, británicas, canadienses, estadounidenses, italianas y a otras tropas extranjeras.

Las élites occidentales fueron incapaces de vencer a los bolcheviques por medio de una intervención armada, de modo que cambiaron de táctica y proporcionaron un generoso apoyo político y militar a los nuevos Estados que habían emergido en los territorios occidentales del antiguo Imperio zarista, como Polonia y los países del Báltico. Estos nuevos Estados eran sin excepción producto de revoluciones nacionales, inspiradas por variedades reaccionarias del nacionalismo, todas ellas teñidas a menudo de antisemitismo, y estuvieron dominados por los supervivientes de las viejas élites, incluidos grandes terratenientes y generales de origen aristocrático, las iglesias “nacionales” cristianas y los industriales. Con raras excepciones, como Checoslovaquia, no eran democracias en absoluto sino que estuvieron dirigidos por regímenes autoritarios, generalmente encabezados por un militar de alto rango y origen noble, por ejemplo, Horthy en Hungría, Mannerheim en Finlandia y Pilsudski en Polonia. Solo su sentimiento antirruso igualaba al abierto antibolchevismo de estos nuevos Estados. Con todo, los bolcheviques lograron recuperar algunos territorios de la periferia del antiguo Imperio zarista, como Ucrania.

El resultado de esta confusa mezcla de conflictos fue una especie de empate: los bolcheviques triunfaron en Rusia y hacia el oeste hasta Ucrania, pero los antibolcheviques y los nacionalistas antirrusos con grandes ambiciones territoriales conflictivas entre ellos prevalecieron en zonas más al oeste y al norte, concretamente en Polonia, los Estados del Báltico y Finlandia. Fue un arreglo que no satisfizo a nadie, pero que finalmente fue aceptado por todos, aunque a todas luces solamente “mientras durara esa situación”. Se erigió entonces en torno a la Rusia revolucionaria un cordón sanitario formado por una serie de Estados hostiles con la ayuda de las potencias occidentales con la esperanza de que “aislara al bolchevismo dentro de Rusia”, como escribió Margaret MacMillan. Por el momento eso era todo lo que podía hacer Occidente, pero la ambición de acabar antes o temprano con el experimento revolucionario en Rusia siguió muy viva en Londres, París y Washington. Durante mucho tiempo los líderes occidentales siguieron esperando que la revolución rusa se colapsara por sí misma, pero eso no ocurrió. Más tarde, en la década de 1930, iban a esperar que la Alemania nazi asumiera la tarea de destruir la revolución en su guarida, la Unión Soviética. Esa es a razón por la que iban a permitir a Hitler volver a militarizar Alemania y a través de la tristemente célebre “política de apaciguamiento” le iban a animar a hacerlo.

Jacques R. Pauwels es un historiador y escritor de origen belga que reside en Canadá. Su último libro es The Great Class War: 1914-1918. De este autor está traducido al castellano, por José Sastre, su obra El mito de la guerra buena: EE.UU en la Segunda Guerra Mundial, Hondarribia, Hiru, 2002.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2018/12/10/foreign-interventions-in-revolutionary-russia/

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martes, 11 de diciembre de 2018

ANDALUCÍA POR SÍ. ANDALUCÍA VISTA POR OTROS ANDALUCES




 'La última trinchera' 



Artículo de Joaquín Bellido, coordinador nacional de Andalucía Por Sí (04.12.2018)

“Andalucía ha hablado. Nos puede gustar más o menos, pero ha hablado con claridad.
Reconozco el valor especial que estas elecciones tenían para los andalucistas. Andalucía Por Sí (AxSí) inició su andadura como partido político hace dos años y preparó la planificación de su futuro tanto a medio como a largo plazo. Por eso estas elecciones, aunque llegaron antes de lo esperado para nosotros son muy importantes por muchos motivos. Son nuestras primeras elecciones autonómicas a las que nos hemos enfrentado prácticamente sin recursos y, a pesar de ello, hemos sido capaces como partido político de estricta obediencia andaluza de tener presencia en las ocho provincias de Andalucía. Hemos obtenido un resultado muy digno donde 22.017 andaluces nos han dado su apoyo y confianza.
En AxSÍ recogemos el sentir andaluz y como buenos hijos de nuestra tierra nos hemos enfrentado sin recursos y a pecho descubierto a la realidad mediática y económica, al colonialismo político donde los poderes fácticos han jugado con el miedo de los andaluces y al acaparamiento y al barnizado del sentimiento andaluz donde todas las fuerzas políticas estatales han jugado con los símbolos andaluces surgidos tras el 4D para arrojarlos al cajón del olvido tras el 2D. Por ello nuestra primera acción tras las elecciones es rechazar enérgicamente este intento de usurpación de nuestros símbolos de los símbolos andaluces.
El 2D ha servido para confrontar lo nuevo y lo viejo. Ha servido para darnos a conocer como formación política netamente andaluza y enarbolar aquella bandera blanca y verde desteñida del 4D. Ha servido para exigir la soberanía plena del pueblo andaluz dentro de los derechos que nos otorga la Constitución en igualdad de condiciones que el resto de los pueblos peninsulares. Ha servido para mirar a los ojos a los militantes andaluces de toda la vida y recoger su testigo y su testimonio interpretando su historia - nuestra historia - y construir juntos a partir de aquí un proyecto sólido de país.
AxSÍ ha presentado un programa electoral por y para Andalucía. A pesar de no haber alcanzado representatividad en el Parlamento andaluz lucharemos para que se desarrolle e implante el máximo de puntos posibles (no nos importa que se apoderen de nuestras ideas) ya que el objetivo último es mejorar la vida de los andaluces y si de esta forma contribuimos a ello, ese sería nuestro triunfo.
Como candidato de Andalucía Por Sí he descubierto entre mis compañeros jienenses luchadores; almerienses orgullosos sabiendo que estaban en territorio hostil; cordobeses solidarios; sevillanos enérgicos; onubenses incansables; granadinos invencibles cuando hay que echar una mano y alcanzar un objetivo; malagueños recios con las ideas claras y qué decir de mis gaditanos, desprendidos, siempre predispuestos e imaginativos para cubrir todas las carencias habidas y por haber. Este es el reflejo de mi partido y este es el reflejo de mi Andalucía. Este es el partido que estamos construyendo entre muchos andaluces. Somos inconformistas y pensamos que se podrían haber realizado muchas otras acciones en la campaña, seguro, pero nosotros estamos orgullosos de lo realizado y de nuestro compromiso con Andalucía.
Pensamos que hemos acertado en nuestra estrategia política de ir en solitario a las urnas. Este partido de reciente creación y sus militantes tras el 2D se han convertido en los maquis del andalucismo y nos hemos asentado en la última trinchera. Nuestro futuro próximo, esta vez sí, tal y como teníamos establecido a corto plazo son las municipales del próximo año, donde veremos si hemos acertado y comenzamos un lento pero paulatino ascenso o si, por el contrario, en el panorama andaluz los andaluces consideran que no tiene cabida un partido como el nuestro.
Por lo pronto, ahora es el momento de sentarse y ver los cadáveres pasar por la callejilla de los muertos, como dicen en mi pueblo, y analizar los pactos entre los diferentes partidos estatales y asentir viendo como desde Madrid se decide el destino de Andalucía en clave nacional siendo consciente, como lo somos, sobre la manipulación realizada por los partidos estatales que solo usan la “A” de Andalucía, bien sea delante o detrás de sus siglas, cuando llegan las elecciones autonómicas. Los andaluces de corazón que depositaron su ilusión en esos partidos o coalición donde había mucho de imagen virtual y poco de realidad andaluza que no se desanimen, ni se resignen. AxSÍ, llegado el momento, los recibirá con los brazos abiertos y entre todos construiremos un futuro mejor para Andalucía y para todos los andaluces.
 ¡¡Viva Andalucía Libre!!”
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lunes, 10 de diciembre de 2018

FASCISMO = SIM-PLIS-MO MEN-TAL + U-NI-LA-TE-RA-LI-DAD, mi querida María Peral. EL ANTÍDOTO CONTRA VOX NO ES SU CRIMINALIZACIÓN NI SU DESCALIFICACIÓN, SINO EL ANÁLISIS DE SUS HECHOS, Y ESTO OCURRIRÁ CUANDO LA IZQUIERDA BAJE DEL GUINDO, mi querida Maria Peral y no haciendo de inquisidora chiquitilla del Grupo Podemos, por el derecho a decidir. Más CÍRCULOS EN FUNCIONAMIENTO, MÁS CÍRCULOS ANALIZANDO PROBLEMAS CONCRETOS (de esos que no están en los libros, ni en las cabezas, sino en la práctica) Y MENOS LÍDERES, MENOS CONSIGNAS A BOTE PRONTO Y MÁS Y MEJOR ORGANIZACIÓN SOCIAL, querida. ASÏ COMO ME ACUSABAS DE BLANQUEAR EL FASCISMO, AHORA QUE YA SABES QUE ES EL FASCISMO (SIMPLICIDAD MENTAL Y UNILATERALIDAD), AYÚDAME TÚ A MI A DENUNCIAR EL FASCISMO



Más allá de Vox: serenidad activa

Rebelión
Infolibre
10.12.2018


Toda mi vida he pertenecido a la izquierda. Como tal, me siento interpelado no solo por los resultados de las elecciones andaluzas sino también por algunas reacciones que se dan en la izquierda.
La participación ha experimentado un retroceso importante: un 58,6% frente al 62,6% de 2015.
Los resultados de la izquierda son inmisericordes. El PSOE ha perdido 402.035 votos y 14 escaños. Adelante Andalucía ha obtenido 282.519 votos y 3 escaños menos que la suma de Podemos e Izquierda Unida en 2015.
La derecha, por su parte, ha sumado 369.303 votos más y 59 escaños frente a los 42 de las anteriores autonómicas, lo que le da bastantes posibilidades de gobernar Andalucía.
El abanico político de la derecha se refuerza con un partido más extremista, Vox, que aparece asociado a las peores ideas y tradiciones de una derecha, la española, con frágiles raíces democráticas. Su éxito y su acceso al Parlamento andaluz, nada menos que con casi 400.000 votos y doce escaños, le brindan una rampa de lanzamiento para aumentar su influencia sobre el PP y Ciudadanos, y le van a colocar en mejor posición para afrontar las citas electorales de 2019 y las elecciones generales.
El desembarco de Vox parece haber activado las alarmas en la izquierda, pero algunas de las reacciones que observo no me parecen muy apropiadas.
La toma de conciencia sobre la gravedad del mapa político dibujado por las recientes elecciones no debería llevar, a mi juicio, a confundir a Vox, y al PP y a Ciudadanos con la masa de sus votantes. No cabe duda de que Vox es una formación de extrema derecha. Una parte de las personas que le han votado también lo son. Pero no se puede decir que todas ellas se puedan caracterizar así. Conceptuar de esa forma al conjunto de ese electorado contribuye a crear nuevos lazos internos, identitarios y solidarios, donde inicialmente no los había.
Está corriendo por las redes un texto a favor de la ilegalización de Vox. Preconizar las ilegalizaciones de los partidos políticos, por sus ideas y no por sus hechos, como ocurre en este caso, supondría restringir las libertades, estableciendo un precedente que podría perjudicar a otras fuerzas en el futuro. Además, ¿la ilegalización no serviría para otorgar a Vox el papel de víctima?
Tampoco considero atinada la emergencia de una nueva e intempestiva teatralidad antifascista poco precisa políticamente y que corre el riesgo de regalar a Vox el puesto de titular de la extrema insatisfacción.
Por no hablar de esas invitaciones a reactivar el espíritu del 15-M, que nadie sabe en qué puede consistir en el momento actual.
Pienso que necesitamos tomar distancia con los ritos autorreferenciales; dejar atrás el estéril y ruidoso verbalismo radical, a la medida de las demandas autoafirmativas de la propia parroquia, y que ignoran a las mayorías sociales; no insistir en los mensajes fundamentalmente defensivos; renunciar al melodramatismo que tan pesadamente ha gravitado sobre la historia de España, y al que las últimas generaciones, afortunadamente, han venido dando la espalda. Hace falta menos retórica vacía y más sentido autocrítico; menos gesticulación, menos juegos de rol y más propuestas políticas concreta. A la radicalización de derecha no se le resta fuerza señalando con el dedo a su electorado sino restando razones a los manipuladores.
Es hora de ahondar en el por qué de las cosas; preguntarse honestamente por las causas del retroceso de la izquierda y del avance de la derecha.
Cuando esta progresa nos interesa saber qué hay detrás de ese crecimiento, de qué insatisfacciones es deudor, y qué cambios serían necesarios para tratar de invertir esa tendencia.
El poder político del PSOE en Andalucía está asociado a logros sociales que la derecha nunca hubiera hecho posibles, pero 36 años son muchos años: ha acabado teñido por el enchufismo, por un clientelismo extendido a todo el territorio andaluz, por una arrogancia elitista y distante.
Pero no es solo el poder político de Andalucía; es la cuestión del modo de ser y de actuar del universo político institucional en toda España. Que no se puede reducir al problema de la corrupción, sino que abarca, muy especialmente, el modo de concebir la función representativa. Es un mundo gravemente desprestigiado, cortoplacista, sectario, exageradamente burocratizado y opaco, que se mantiene alejado de la gente común, a la que debería rendir cuentas de forma continuada, nítida y veraz. Necesitamos un personal político más modesto, que hable menos y escuche más, que ponga el oído a las inquietudes populares, que se mire en el espejo de la sociedad.
La izquierda necesita reflexionar sobre su escasa capacidad para hacer frente al viraje social de la última década, con la feroz devaluación salarial como buque insignia y de la que depende hoy la economía española.
Es notable la ausencia de un proyecto operativo sobre la articulación de España, un proyecto que pueda ganar nuevos apoyos, sobre todo entre la gente joven. La dirección del PSOE insiste en que el federalismo no es suficientemente popular en España. Y seguramente tiene razón. Pero eso no justifica que no se defiendan transformaciones federales, que ni siquiera tienen por qué llevar este nombre, pero que podrían alterar el deficiente marco actual, y que brindarían nuevas posibilidades para abordar la acuciante situación de Cataluña. Rajoy instauró la política de ganar tiempo a base de perderlo. Y vaya que si lo perdió.
Son notables las carencias de una política de inmigración hoy vacilante y oscura. En este campo se echa en falta acusadamente un liderazgo audaz y resolutivo, que plantee a la sociedad la necesidad de las aportaciones demográficas que trae la inmigración, que proponga vías adecuadas para afrontar la tarea con criterios de solidaridad y con respeto a los Derechos Humanos, y que disponga de recursos proporcionales a la magnitud del empeño.
El shock andaluz es una llamada de atención, una advertencia seria, un tirón de orejas. Es también una oportunidad para plantearse los problemas que con frecuencia quedan pospuestos o silenciados en el mundo político oficial. Es una ocasión para impulsar la deliberación pública con claridad, con propuestas nuevas, mirando al futuro. Pero eso supone renunciar a echar balones fuera y no circunscribirse a las cuestiones inmediatas, por importantes que sean, como la formación del Gobierno andaluz o la aprobación de los Presupuestos Generales.
No es la hora de los simples apaños coyunturales. Hace falta amplitud de miras, visión de futuro, debate civil sobre el proyecto de país. Está por ver en qué medida los actuales responsables políticos están por la labor de levantar la vista y atreverse a cambiar de chip.

ANDALUCÍA Y EL SALPICÓN DE LOS CABALLISTAS DE VOX



Andalucía ha sufrido más que el resto la crisis: renta per cápita aún menor, más parados, mayor riesgo de exclusión, más pobreza energética...

Paisaje después del austericidio

Rebelión
Ctxt
08.12.2018



La política de austeridad y ajustes aplicada en la Unión Europea ha ocasionado un incremento de las desigualdades entre las personas, claro, en favor de los que tienen más. También ha producido ese incremento entre los países. Y dentro de estos entre sus diferentes territorios, siempre en la misma dirección. Italia es el ejemplo máximo de esto, donde el norte rico se ha enriquecido aún más y el sur pobre se ha empobrecido.

España es otro ejemplo de esto último, aunque menos acentuado. Hablemos de Andalucía. Es sobradamente conocido que se trata de la comunidad más extensa de España, la que cuenta con más población y figura entre las que tienen un nivel de riqueza más bajo. Lo que posiblemente no se ha hecho notar es que las maldades que ha traído el austericidio le han afectado de igual forma que a otros países, esto es, que han aumentado las desigualdades entre sus ciudadanos con menos recursos y los que más tienen, pero al mismo tiempo, su desigualdad económica y social con el conjunto de España también se ha acentuado. Sería ingenuo pensar que lo que ocurre fuera no va a suceder aquí, aplicando las mismas recetas de ajuste y austeridad.

Comparemos. En 2008 la renta por habitante era ya claramente más baja en Andalucía que la media en España: 18.600 euros frente a 24.300 en el conjunto del país. Esa diferencia se ha acentuado. En Andalucía, 10 años después, la renta per cápita ha disminuido ligeramente, mientras que en España ha aumentado, muy poco, el 3 por ciento, teniendo en cuenta que el dinero vale ahora un 11 por ciento menos, pero se ha distanciado de su comunidad más grande. La consecuencia es que la renta andaluza por persona equivale ahora al 74 por ciento de la española; antes de la crisis alcanzaba el 77 por ciento.

El paro está lejos de solucionarse. En España hay ahora un 52 por ciento más desempleados que al comienzo de 2008. Son 1.350.000 personas más que entonces. En Andalucía el paro es un 60 por ciento mayor que hace 10 años, 340.000 personas más, lo que sitúa a esta comunidad con un 23 por ciento de la población desempleada, frente al 15 por ciento de 2008 y frente al 15 por ciento de paro en España en la actualidad. Ni que decir tiene que son las mujeres las que padecen un mayor porcentaje de paro: en Andalucía suponen el 27 por ciento. Y aquí de nuevo, las diferencias con el conjunto del Estado se han acentuado. Son datos del INE, el Instituto Nacional de Estadística. Eurostat, la oficina de estadísticas europeas ofrece también un dato muy revelador: sólo el 55 por ciento de los jóvenes, hasta 34 años, que ya no estudian tienen empleo en Andalucía. Eso quiere decir que la tasa de los que ni estudian ni trabajan entre la población joven supone el 45 por ciento. Son más, claro está, que en 2008. En España ese porcentaje de “juventud sin futuro” ha aumentado incluso más, pero era más bajo al comenzar la crisis y lo sigue siendo. Ahora supone el 36 por ciento de los jóvenes.

Pero no es este el único desastre que ha aumentado más en Andalucía que en toda España. Los sueldos ya eran más bajos que en la media del Estado, pero ahora esa diferencia se ha agrandado. Los salarios reales, descontando la inflación y dando al euro la misma capacidad de compra ahora que antes, son en España un 4,6 por ciento más bajos que en 2011, cuando la reforma laboral del PP entró en juego. En Andalucía, ya con salarios claramente menores que la media española, han disminuido aún más, el 7,4 por ciento. Claro está, esto no le ha ocurrido a los beneficios empresariales que en ese periodo aumentaron en Andalucía un 6 por ciento. Para algo tenía que servir la reforma laboral.

Ambas cosas, paro y bajadas salariales, explican que el riesgo de pobreza y exclusión social también haya aumentado más en Andalucía desde 2008, cuando la diferencia ya era notable. En España el 26,6 por ciento de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social, según los criterios de la Unión Europea, con un incremento de casi el 3 por ciento en esos 10 años. En Andalucía afecta al 37 por ciento de la población, con un aumento de casi el 6 por ciento.

Esto último ayuda a explicar a su vez cómo en una comunidad mayoritariamente cálida y luminosa, la pobreza energética sea mayor que en el conjunto de España. El 12 por ciento de los hogares andaluces tiene dificultades para mantener la casa a la temperatura adecuada, lo que alcanza a casi un millón de personas, frente al 10 por ciento de la población española. Además un 10 por ciento de los hogares de Andalucía paga con retrasos sus recibos de electricidad o gas, frente al 7 por ciento en todo el país. Más duro es que 220.000 personas carezcan de suministro energético directamente. Los datos son de un estudio de la Asociación de Ciencias Ambientales en colaboración con La Caixa.

Tampoco es ajeno a este empeoramiento generalizado de las condiciones de vida el elevado número de desahucios. De acuerdo con el INE, entre el final de 2016 y lo que llevamos de 2018, el número de viviendas sobre las que ha recaído una ejecución hipotecaria, por no pagar el préstamo, representa el 25 por ciento de todas las realizadas en España. Un porcentaje muy alto sobre el conjunto, ya que la población andaluza supone el 18 por ciento de la española.

La sanidad no se ha librado de los ajustes aplicados por Rajoy, pero en Andalucía han golpeado más. Se ha reducido el número de médicos del sector público: de 322 por cada 100.000 habitantes en 2008, se bajó a 305 en 2016. En España en cambio aumentaron algo y llegan a 382. El número de camas hospitalarias también descendió, pero más en Andalucía y llega a ser la que tiene menos plazas hospitalarias por habitante.

Andalucía ha sufrido, y viene sufriendo todavía, los recortes y ajustes que impuso el austericidio de la Unión Europea y que aplicó en nuestro país el PP con Mariano Rajoy a la cabeza. Y los ha sufrido más aún que otras zonas de España porque es una comunidad más vulnerable, por su baja renta y su menor desarrollo productivo. De hecho, teniendo el 18 por ciento de la población española, su actividad económica, su PIB, representa únicamente el 13 por ciento del país.

Todo esto no explica obviamente lo ocurrido en las elecciones autonómicas, pero ayuda a comprender qué suelo pisamos y reconocer los socavones producidos estos años. Es posible que gran parte del voto recibido por el partido de extrema derecha, Vox, o por Ciudadanos venga del rechazo al independentismo catalán o en algunos sitios a la xenofobia. Pero también es muy posible que la elevadísima abstención pueda deberse al desapego de un sector de la población que piensa que contra el austericidio no hay nada que hacer.

Recientemente he escuchado decir a Susana Díaz en una entrevista en la Cadena SER, tras las elecciones: “Ahora viene la parte de la política”. Ella se refería a la capacidad o habilidad de cada partido para negociar cómo se forma el Gobierno en Andalucía. Es algo muy distinto de lo que yo entiendo por política y de lo que principalmente puede vincular a los ciudadanos con ella. Se trata de tomar decisiones que afecten a la vida de la gente y cubran sus necesidades. Política es hacerlo además con decisión y pensando en los ciudadanos más que en el qué dirán: mercados, medios de comunicación y opinadores múltiples. Por ejemplo, el acuerdo entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Podemos. Está ya detallado, suma medidas para reparar los destrozos causados por la crisis, los ajustes y la pérdida de derechos sociales, como las descritas ahora sobre Andalucía. Era una cura de urgencia. Y por definición la urgencia no se puede demorar. O se actúa o habrá que lamentarlo, como ya dije cuando se presentaron esas medidas. Hay otras comunidades, las de menor renta, con situación parecida a la andaluza. Cuando se gobierna, el argumento de “no me dejan” es la forma más directa de invalidarse para ejercer el poder y facilitar que llegue gente como los ultraderechistas de Vox.


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domingo, 9 de diciembre de 2018

SOBRE VENEZUELA ("EJERCICIO PRÁCTICO DE DEMOCRACIA" CAPITALISTA)



Bloomberg confirma plan apoyado por EE.UU. y Colombia
Se busca alto militar para un golpe en Venezuela

CLAE / Rebelión
08.12.2018


 El coronel fugitivo, Oswaldo García Palomo, buscado por las autoridades venezolanas por su implicación en el magnicidio frustrado del pasado 4 de agosto, es uno de los que, tentados por Washington, la secretaría general de la OEA y Bogotá, intenta “atraer gobiernos para una opción militar” contra Venezuela.

Según la agencia noticiosa y financiera trasnacional Bloomberg, en las últimas semanas García Palomo ha estado haciendo llamamientos a los militares venezolanos para que se levanten, atribuyéndose la responsabilidad del golpe fallido llamado “Operación Constitución” que buscaba secuestrar al presidente Nicolás Maduro el 20 de mayo.

Ahora, de cara a la asunción del nuevo mandato de Maduro el 10 de enero, destaca la evidente cartelización que existe entre estos grupos y las distintas fracciones antichavistas en confluir en una mal llamada “Junta de Transición” que luego de un golpe convoque a nuevas elecciones. De allí, la elevación del perfil público de García Palomo en un medio financiero como Bloomberg busca proyectar la percepción de que se acerca un inminente desenlace devenido de un nuevo intento golpista.

En sus declaraciones, el exmilitar no niega las coordinaciones hechas en EEUU y Colombia y que da mayor peso a las denuncias del Gobierno venezolano sobre la vinculación del eje Bogotá-Miami en el intento de magnicidio y otras conspiraciones. El golpe fue frustrado por Venezuela: consistía en asfixiar la capital, ocupar las carreteras, aeropuertos, centros de comunicaciones y capturar a docenas de altos funcionarios gubernamentales y militares.

Según relata, para coordinar el plan, Palomo cruzó la frontera colombiana a pie y llegó a Caracas para reunirse en una urbanización de clase alta, donde él cree que el plan fue infiltrado. Aseguró que mantiene contactos con la oposición venezolana para consultarle sobre sus próximos planes y agradeció personalmente al Gobierno de Juan Manuel Santos por permitirle que algunos de sus compañeros detenidos fueran llevados a la frontera con Venezuela, para coordinar los planes de golpe.

El senador estadounidenses Marco Rubio, preparó el ambiente cuando el 9 febrero escribió que “El mundo apoyaría a las Fuerzas Armadas si deciden proteger a la gente y restaurar la democracia eliminando a un dictador”.

Una semana antes, el ex secretario de Estado Rex Tillerson, había sugerido en la Universidad de Austin, Texas, que los militares venezolanos podrían hacerse cargo de la situación en el país. “Cuando las cosas están muy mal y los líderes militares se dan cuenta de que ya no pueden servir al pueblo, ellos se encargan de una transición pacífica”, afirmó Tillerson un día antes de comenzar su gira por América Latina.

Como era de esperar, Estados Unidos desmintió conocer la existencia de un plan militar para derrocar a Maduro justamente en el contexto de la desarticulación de la cédula armada de Óscar Pérez, inspirada en motivos políticos y religiosos evangélicos, y respaldadas por voceros antichavistas desde Miami y Florida.

En la entrevista ofrecida a Bloomberg (firmado por Andy Rosati y Ezra Fieser), el ex coronel de la Guardia Nacional afirma buscar el apoyo de “gobiernos amigos” para un nuevo plan golpista tras el fallidfo intento de asesinar al presidente con drones con explosivos en agosto de este año.

“Nuestros colegas en Venezuela deben saber que estamos trabajando todos los días para unir fuerzas internacionales y nacionales, y eliminar al gobierno mediante el uso de armas para que el país no siga sangrando y muriendo”, dijo García Palomo, que plantea instalar una junta de transición con cabeza civil para eventualmente convocar a elecciones.

Además, en un video reciente trasmitido por redes sociales, García Palomo insta a los miembros de la Fuerza Armada a “asumir su responsabilidad su familia, dios, la ley, su país y el resto del mundo”, repitiendo la misma diatriba política religiosa que el ex piloto Óscar Pérez utilizara para llamar al derrocamiento de Maduro. Afirmó, incluso, que trabaja para que “gobiernos amigos” ayuden a los golpistas a concretar sus planes.

García Palomo organizó gran parte de sus planes golpistas desde Colombia, a donde huyó tras su participación en el ataque armado al Fuerte Paramacay, Valencia, realizado por un grupo de ex militares relacionados con el ex capitán Juan Carlos Caguaripano y Óscar Pérez, ex inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas.

Tras fracasar el terror callejero (las llamadas guarimbas) en 2014 y 2017, células armadas paramilitares e irregulares pretenden asumir el papel de vanguardia en el conflicto contra el Estado venezolano, grupos integrados por militares, policías, delincuentes comunes y miembros de la denominada “Resistencia”, entre los que se pregona un discurso fundamentalista en lo político y lo religioso.

Lo del título: Washington busca un militar de alto grado para encabezar un golpe cívico-militar en Venezuela. La solicitudes se reciben en Miami, Washington y Bogotá.

Victoria Korn: Periodista venezolana asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la ) 

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viernes, 7 de diciembre de 2018

SOBRE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA


La buena mala conciencia de la Constitución 




Bartolomé Clavero
Catedrático de Historia del Derecho de la Universidad de Sevilla

Sociologia Crítica
07.12.2018
El proceso constituyente español de 1976-1978 transcurrió condicionado por el peso de una dictadura institucionalizada que dejó alguna impronta en la Constitución resultante. Se tenía conciencia, aunque intentara disimularse, particularmente entre el sector no cómplice de la dictadura y partícipe en el proceso constituyente. Esto también dejó su huella en la Constitución, una huella no necesariamente negativa. La mala conciencia a veces produce alguna que otra buena consecuencia.
La herencia más evidente de la dictadura en la Constitución fue la monarquía, tanto por sí misma, por su naturaleza antidemocrática, como por lo que representaba. Una monarquía instaurada por el dictador servía de paraguas para una masiva impunidad no solo penal y política, sino también económica, de las empresas y otras corporaciones que habían hecho su agosto con la proscripción de libertades durante cuatro largas décadas. Para quienes habían luchado contra la dictadura o, al menos, no habían sido colaboracionistas y ahora, en 1978, aceptaban esa herencia, la mala conciencia estaba servida. Y motivos había más.
Late la mala conciencia en la Constitución misma. Contiene lapsus, descuidos, incongruencias, lastres, momentos fallidos o toda una serie de quiero-y-no-puedo que como mejor se explican es por el juego no del todo controlado de la mala conciencia. El capítulo más ilustrativo es el de la estructura compuesta del Estado. Comienza por una mención de la existencia de “nacionalidades” que se agota en sí misma, sin siquiera identificárseles ni extraerse efectos. Sigue con una definición completamente fallida, sin plasmación consecuente, de una instancia parlamentaria, el Senado, como “cámara de representación territorial”. Prosigue con un título sobre “organización territorial del Estado” que contempla un mapa virtual de Comunidades Autónomas, virtual porque lo deja prácticamente en blanco, apenas perfilado. Concluye con un reconocimiento de “derechos históricos” de “territorios forales” que no se relaciona con las nacionalidades ni se concreta tampoco a efecto alguno. Remite casi todo a Estatutos de Autonomía sin participarles su propio valor constitucional.
La incógnita es la regla. La dialéctica entre las malas artes de quienes procedían de la dictadura y la mala conciencia de quienes aceptaban el trágala es la explicación. ¿Cómo oso decir que de tamaño embrollo pudiera resultar alguna buena consecuencia? Así es. Con todo ello, la Constitución quedaba abierta. Como faltaron condiciones para sustituir un Estado dictatorial por un Estado democrático que comenzase por componer democráticamente la pluralidad constitutiva de España, ahí que quedaban posibilidades insinuadas y disponibles, fallidas de momento, pero activables para un futuro. A estas alturas, tal y como ha transcurrido el desarrollo de las autonomías territoriales, puede decirse que un horizonte inicial de esperanzas fundadas ha derivado hacia un panorama patente de posibilidades malogradas.
La palabra de orden entonces, no solo por esa causa desde luego, es la de reforma de la Constitución. Este imperativo también podía ilustrarse con otras frustraciones no menos patentes, como en las materias de promoción y garantía de derechos sociales frente a penurias presupuestarias inducidas, de libertad de enseñanza ante privilegios eclesiásticos; de derechos a la religión y al honor coartando otros derechos, de organización y funcionamiento de la justicia con su extrema centralización, control remoto político e ínfima participación ciudadana,… por no referirme de nuevo a la monarquía como índice de impunidad de dictadura e insuficiencia de democracia.
En materia de reforma constitucional también acecha la mala conciencia. Y con alguna buena consecuencia. La Constitución no solo contempla su propia reforma, como es lo habitual, sino también su “revisión total”, su sustitución completa, algo insólito que solo se explica por la mala conciencia constituyente. La Constitución se sentía tan insegura que no excluye su propia sustitución. Esta es su previsión: “Cuando se propusiere la revisión total de la Constitución (…), se procederá a la aprobación del principio por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. Las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación”. Conviene reparar en detalles.
Sobre el más importante la Constitución pasa de puntillas. Entre dos legislaturas necesarias para revisar completamente la Constitución, la intervención más importante de la ciudadanía no es la final del referéndum sobre un texto ya cerrado, sino la que se sitúa en medio, la de elección de las Cortes que han de resultar constituyentes. Ahí es donde puede producirse el debate constitucional por parte de la ciudadanía, un debate que se le hurtó en 1978. Tratándose de la “revisión total” de la Constitución, no habría de consistir en un primer plebiscito sobre un nuevo texto, sino en una convocatoria ante diversos proyectos constituyentes formulados tras la decisión parlamentaria de abrir tal proceso para sustituir la Constitución en su totalidad. El referéndum final para lo que sirve entonces es para la verificación del cumplimiento por las Cortes del mandato constituyente de la ciudadanía, lo decisivo.
Otro detalle es que las mayorías requeridas para las decisiones parlamentarias en este proceso de revisión total de la Constitución son ciertamente elevadas, de dos tercios de cada cámara. En principio no está mal. Unas decisiones de esta transcendencia conviene que sean tomadas por mayorías cualificadas. El problema, sin embargo, no reside en la conveniencia, sino en la exigencia, pues esto facilita operaciones de bloqueo por parte de minorías mayoritarias. El requerimiento de mayorías cualificadas menos altas, como la simplemente absoluta o de la mitad de la cámara, favorece en cambio la negociación y acuerdo con minorías mayoritarias que ya no podrían bloquear. Hay además otro problema, no menos importante a mi entender. Me refiero a la dudosa legitimidad de la Constitución en la exigencia de mayorías tan alzadas para su revisión.
ley reforma politica
Gutiérrez Mellado felicita a Adolfo Suárez después de aprobarse la Reforma Política. (Cadena Ser)
La Ley de Reforma Política de principios de 1977 que permitió la convocatoria de Cortes finalmente constituyentes sólo requería para “la reforma constitucional” la mayoría absoluta de cada cámara. ¿Está legitimado un parlamento que funcionó conforme a esta regla para exigir mayorías superiores respecto a la revisión de su obra constitucional? No lo parece. Y el problema tiene remedio.Hay capítulos de la Constitución, como el de la monarquía, intocables salvo por ese mismo procedimiento tan exigente de la revisión, pero el de la reforma no está en este caso. Puede reformarse mediante un procedimiento más simple (mayoría absoluta del Senado y de dos tercios del Congreso sin necesidad siquiera de referéndum si no lo solicita un décimo de cualquiera de las cámaras).
Parece feo que se haga reforma de la reforma para rebajar sus exigencias, pero se cuenta con el fundamento de la dudosa legitimidad de los requerimientos. Reducir las mayorías a la absoluta puede ser suficiente cuando la intervención de la ciudadanía se mantiene como lo decisivo. Sería otra buena consecuencia constitucional de la mala conciencia constituyente. Constitución tan insegura no lo deja todo atado.
No argumento todo ello porque abogue por una revisión total de la Constitución de una vez y por todas. No parece viable ni aconsejable. Y no es naturalmente decisión mía. Ni quito ni pongo rey. Solo apunto posibilidades. Son los partidos quienes pueden proponer la reforma de la reforma para procederse a la revisión y es, por supuesto, la ciudadanía quien decide tanto en primer como en último término, en las elecciones a Cortes constituyentes y en el referéndum. Y digo lo de los partidos no porque su exclusiva me parezca procedente, sino porque la Constitución excluye la iniciativa popular en materia de reforma o revisión constitucional, otro detalle que podría modificarse con la reforma de la reforma. De este modo la ciudadanía podría hacerse viva en directo desde un primerísimo momento.
Algunos partidos acuden a la próxima convocatoria de elecciones generales [Diciembre de 2015]  con propuestas de reforma constitucional. Estamos ante unos comicios que pueden tener una dosis de sondeo constituyente. Al efecto, bueno sería que se pusieran sobre el tapete no solo las cuestiones sustantivas que se entiendan requeridas de reforma, sino también las procedimentales por lo que afectan a la legitimidad de las exigencias constitucionales.
También resultaría bueno que no se presentasen las reformas como un paquete de retoques y asunto arreglado, esto es, y legitimidad redonda por fin lograda. Una Constitución tan trabada está clamando por una progresión de reformas camino de la revisión a fondo. El reto reconstituyente no va a consumarse con los próximos comicios. Continuará.
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MORANTE DE LA PUEBLA, GARROCHAS ,GARROCHITOS.Y BANDEROLINES DE BALCÓN: EN AQUEL TIEMPO DE COMER PERDICES, VOLTERETAS EN EL AIRE DE CONTENTURA Y FELICIDAD EN QUE SE FABRICABA LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA, HABÍA HIJOS DE LA GRAN PUTA MUY AMOROSOS Y CERCANOS AL PODER QUE ASESINABAN A LOS QUE DEFENDÍAN A LOS TRABAJADORES, Y CLARO, LOS QUE ESTÁBAMOS EN EL EJÉRCITO Y ADEMÁS EN UN DESPACHO LABORALISTA, PUES QUE PASÁBAMOS MIEDO, OYES. ME ENTIENDES JUANMA MORENO, BUSCADOR DE VOTOS DEBAJO DEL RABO DE LA VACA?



García Juliá se escondió durante 24 
años con una falsa identidad
El asesino de la Matanza de Atocha fue detenido en Brasil este miércoles
AGENCIAS Viernes, 7 de diciembre de 2018
(de el plural)



Carlos García Juliá en una imagen del Ministerio del Interior.

Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de Atocha en 1977, fue detenido en Sao Paulo el pasado 5 de diciembre gracias a una investigación de la Policía Nacional y de la Policía Federal de Brasil, que había detectado su identidad falsa con la que se mantuvo oculto 24 años en países como Chile, Argentina, Venezuela y, finalmente, Brasil, donde fue arrestado y ahora aguarda a su posible extradición a España.
Sobre la detención, confirmada este jueves por fuentes policiales, darán detalles la Policía brasileña y la española -representada por un comisario y un inspector jefe-- en una rueda de prensa conjunta que se celebrará este viernes. García Juliá era reclamado desde 1994 por la Audiencia Nacional por participar, junto a otras tres personas, en el atentado ultraderechista contra los abogados laboralistas de la madrileña calle de Atocha. Entonces tenía 22 años.
La Policía Nacional ha informado de que tras el crimen, García Juliá pasó más de un mes escondido hasta que fue detenido el 11 de marzo de 1977. Ingresó en prisión hasta la celebración del juicio y fue condenado por la Audiencia Nacional a 193 años de prisión. En 1991 se le concedió la libertad condicional y en 1994 solicitó autorización judicial para salir de España, según ha detallado la Policía.
Desde entonces, consiguió mantenerse oculto sin atender al requerimiento judicial formal producido en diciembre de ese año, 1994. Cuando fue arrestado este miércoles, García Juliá, de 63 años, utilizaba una identidad falsa de un ciudadano venezolano.
Su detención se produjo el pasado 5 de diciembre en la ciudad de Sao Paulo gracias a las investigaciones realizadas por la Policía Nacional junto con agentes brasileños y el apoyo de la Consejería de Interior de España en Brasil y la Oficina Central Nacional de Interpol en Madrid. El arrestado tenía una reclamación judicial en vigor para su búsqueda, detención e ingreso en prisión.
La Audiencia Nacional ha mantenido abierto la petición de arresto para García Juliá al objeto de que cumpla en España los más de 3.800 días (poco más de diez años) que tiene pendiente de prisión después de que se le revocara la concesión de libertad provisional.
Tráfico de drogas
A mediados de los años 90 fue localizado en una prisión de La Paz (Bolivia) por un asunto de tráfico de droga. Las investigaciones apuntaban a que los beneficios de la compra-venta de droga iban destinados a financiar grupos parafascistas.
Desde su desaparición en territorio boliviano, se siguió diferentes vías de investigación. Todas ellas situaban al fugitivo en territorio sudamericano, aunque resultó imposible determinar la identidad que estaba utilizando "debido a las extremas medidas de seguridad que empleaba", según ha informado este viernes la Policía Nacional, que ha confirmado que se detectó su presencia en Chile, Argentina, Venezuela y Brasil.
En este último país García Juliá se movía al disponer de documentación a nombre de terceras personas. No dudaba, incluso, en tomar vuelos para desplazarse por estos territorios. En el año 2017, se emitió una orden internacional de detención y fue entonces cuando se iniciaron gestiones más intensas para dar con su paradero. Esas investigaciones determinaron que podría encontrarse en territorio brasileño, concretamente en la ciudad de Sao Paulo, donde residiría fugado de la Justicia española bajo la identidad de un ciudadano venezolano.
En julio de 2018, la cooperación internacional y el constante intercambio de información entre los cuerpos policiales permitieron a la Policía Federal de Brasil detectar a García Juliá. Tras comunicarlo a la Policía Nacional española, se iniciaron las gestiones de solicitud para su extradición. Al realizar las comprobaciones oportunas y cotejar las huellas dactilares, se determinó que se trataba de la persona buscada, por lo que se iniciaron las gestiones documentales para ejecutar su detención y extradición a España.
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UN ANÁLISIS PARA ENTENDER LA REALIDAD SIN MERDAMEN IDEOLÓGICO



Vox y el prolapso rectal del 78

Rebelion
Ctxt
07.12.2018
Sólo la conservación de los ayuntamientos de Barcelona y Madrid podría frenar realmente el ascenso ultraderechista. A Podemos habría que pedirle que, si no se le ocurre cómo ayudar, al menos deje de poner obstáculos.


Me ha parecido inquietante que El Mundo, reflejando anoche en portada los resultados de las elecciones, añadiera a la distribución por partidos el reparto por “coaliciones electorales”, dando por supuesto que son dos las que naturalmente se enfrentaban en estos comicios y las que naturalmente deben luchar por el gobierno: por un lado la compuesta por PSOE y Adelante Andalucía, con 50 escaños, y por otro la formada por el PP, C's y Vox, con una mayoría de escaños a su favor (59). ¿Es una apuesta del periódico? ¿Una tentativa de señalar el camino? ¿O una declaración ideológica que recupera una visión de España “muy de derechas”, casi guerracivilista, que en realidad no se corresponde –o no se corresponde todavía– con la realidad? Sea como fuere, asusta pensar que un sector de la derecha y del electorado tiene ya en la cabeza esta distribución “ideológica” de las fuerzas políticas.

La verdad, de momento, es otra. La irrupción de Vox es lo que se llama en medicina un “prolapso”; es decir, la salida parcial de un órgano fuera del cuerpo que lo contenía. Se habla así de prolapso uterino o de prolapso rectal. La ultraderecha “se le ha salido” de dentro al PP y, en general, al régimen del 78, que en Andalucía se va a recomponer –en el exterior y hacia la derecha– contra Podemos. Pese a la “visión” de El Mundo, pese a las circunstancias excepcionales que llevaron a Sánchez al Gobierno, la coalición “natural” de la situación presente es la que sigue vinculando al PP, el PSOE y C's. Podemos y Vox son “los extremos”. Susana Díaz, en su primera declaración tras la debacle, invocaba esa “naturaleza” al anunciar que se reuniría con “las fuerzas constitucionales” para frenar el paso a la ultraderecha. Cualesquiera que sean los resultados de esas conversaciones, en Andalucía se gobernará con Vox o contra Vox, pero sin Podemos. Las elecciones andaluzas “liberan” Andalucía de Adelante Andalucía y restan suelo también al “radicalismo” de Sánchez a nivel nacional.

España ya no es una excepción; se ha europeizado, como nos temíamos, a toda prisa. De momento la ultraderecha servirá, como en otros sitios, para derechizar el neoliberalismo gobernante –so pretexto de contener el extremismo– y suprimir cualquier sombra de alternativa por la izquierda. Luego, por la inercia misma de las fricciones y las componendas, la ultraderecha se robustecerá y se conformará como la única oposición política real al régimen del 78. Esa oposición, que hasta ahora estaba más o menos dentro y que ahora “se le está saliendo” al PP en forma de prolapso rectal, en España se llama franquismo. El franquismo –menuda paradoja– será muy pronto la única alternativa al régimen del 78 surgido del franquismo. No habrá ruptura sino “prolapso”. Se le saldrán los órganos ocultos a la transición por todos los orificios y tomarán desde fuera el cuerpo entero.

Podemos está muerto. Andalucía era el “muro de carga” del régimen del 78, que se viene abajo por fin, pero no del modo en que soñamos en 2014. Habrá que echar la culpa al neoliberalismo, que sin duda la tiene; y a la socialdemocracia, que también la tiene; y a los partidos y medios de comunicación que prefieren volver al siglo XIX antes que buscar una salida democrática a la descomposición. Pero a nadie se le escapa que Podemos ha facilitado mucho las cosas –como las ha facilitado el fraudulento independentismo oficialista en Catalunya– dejando en el camino jirones de ilusión. No es que Podemos haya empujado a sus propios votantes a Vox, es verdad, pero no sólo no ha sabido protegerlos –a sus votantes– sino que no ha sabido tampoco recoger ningún voto de la abstención, donde siguen enquistados los más despolitizados y socialmente castigados y a donde han vuelto los más politizados y culturalmente preparados. No creo que se pueda reprochar nada a la campaña de Teresa Rodríguez, como lo demostrarán los próximos comicios en los que no estará ella. Pero ni su carisma personal ni sus forcejeos descentralizadores han bastado para que Adelante Andalucía se librara de la sombra de Podemos, una marca que hoy sólo llama –y a gritos– a la abstención. En otros sitios, mucho me temo, será bastante peor.

Lo más difícil es medir ahora el impacto que estos resultados pueden tener en las próximas elecciones municipales. Sólo la conservación de los ayuntamientos de Barcelona y Madrid podría frenar realmente el prolapso ultraderechista. A Podemos habría que pedirle que, si no se le ocurre cómo ayudar, al menos deje de poner obstáculos.


Santiago Alba Rico es filósofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos décadas en Túnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El último de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo).



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