domingo, 2 de febrero de 2025

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¿Dinero cuántico?

 

El dinero cuántico es una tecnología, por ahora sólo teórica, que utiliza las leyes de la mecánica cuántica para crear dinero digital que no se puede copiar, se puede verificar su autenticidad y es único. El futuro da miedo.


¿Dinero cuántico?

 

Francesco Cappello

El Viejo Topo

2 febrero, 2025



Las características de una moneda ideal, ya sea real o virtual, se pueden resumir en que no debe ser falsificable (*) ni alterable (por ejemplo incrementando su valor). No debería poder gastarse varias veces, debería garantizar el anonimato del intercambio.

Las monedas cuánticas pretenden ser el análogo digital de las monedas físicas, todas idénticas e intercambiables sin seguimiento .

Los billetes cuánticos son únicos y rastreables gracias a sus números de serie, mientras que las monedas son todas idénticas y anónimas.

Esta distinción conduce a diferentes enfoques para su verificación e implementación con monedas de clave pública [1]. Estos últimos plantean desafíos adicionales y aún no se han implementado concretamente. En particular, el dinero anticolisión, del que hablaremos más adelante, es un tipo de billete que utiliza números de serie únicos como garantía de seguridad.

La idea original del dinero cuántico fue propuesta en 1982 por Stephen Wiesner, un físico teórico, en un artículo titulado Codificación Conjugada .

Imaginemos una forma de moneda digital completamente diferente a la que estamos acostumbrados. En lugar de estar hecha de simples bits (unidades elementales clásicas de información) como los que usan los ordenadores, que pueden ser 0 o 1, (encendido o apagado, verdadero o falso, etc.) esta moneda está construida con bits cuánticos, qubits [2] que se basan en los principios, fuera de nuestra experiencia común, de la mecánica cuántica, que describe el comportamiento físico de la naturaleza a nivel atómico. Una de sus particularidades es que un qubit puede estar en una especie de superposición, un poco como una moneda lanzada al aire que no es ni cara ni cruz, sino un poco de ambas a la vez. La moneda está en un estado suspendido de posibilidad, aún no es cara ni cruz…

Cada moneda cuántica contiene un conjunto de estados cuánticos generados aleatoriamente, que no se pueden copiar ni clonar debido al teorema de no clonación de la física cuántica. En la práctica, ningún procedimiento físico puede tomar un estado cuántico desconocido y producir dos copias del mismo. Esto hace que la moneda sea inalterable, evitando la duplicación y la trazabilidad. Cada moneda es única y verificable por su emisor original.

 

De los bits clásicos a los qubits cuánticos

Una característica fundamental de los qubits es, de hecho, que no pueden ser clonados. Es imposible falsificar o clonar una moneda cuántica debido a las leyes fundamentales de la física. Si intentas copiar un qubit, sucede algo extraño, un poco como intentar copiar una moneda que gira y se detiene. Al mostrar ahora uno de los lados al azar, se destruiría el estado de superposición en el que se encontraba antes (proceso de medición/observación). Esta propiedad de inclonabilidad es la piedra angular de todo el concepto de dinero cuántico.

El teorema de no clonación es un principio fundamental de la mecánica cuántica que establece que es imposible crear una copia idéntica de un estado cuántico (qubit). En otras palabras, no podemos hacer una fotocopia perfecta de un qubit.

Imaginemos que tenemos una moneda mágica que puede salir cara y cruz al mismo tiempo. Si intentamos hacer una copia exacta de esta moneda sin saber de antemano cómo está configurada exactamente, el resultado final será una moneda que no representa correctamente la combinación de cara y cruz del original.

Se trata, por tanto, de una propiedad crucial para la seguridad de la comunicación cuántica. Esto significa que los datos cuánticos no pueden ser interceptados y copiados sin alterar su estado, lo que hace que la comunicación cuántica sea extremadamente segura contra escuchas clandestinas.

El principal problema del dinero digital clásico, el que utilizamos todos los días, es que es fácil de copiar. Si tienes un archivo que representa 10 euros, podrías considerar hacer una copia de seguridad del mismo y gastarlo varias veces, creando cantidades infinitas de dinero. La moneda cuántica eliminaría este problema explotando la imposibilidad de clonar los qubits.

Así es como funcionaría con los billetes: una “casa de la moneda” especial, con un profundo conocimiento de las leyes de la mecánica cuántica, crea billetes digitales. Cada billete no es más que una serie de qubits con una combinación particular de superposiciones. Es un poco como si cada billete estuviera compuesto de muchas pequeñas monedas especiales que circulan con un patrón secreto, diferente al de los demás billetes.

Cada billete cuántico sería así único e irrepetible (la unicidad de los estados cuánticos lo hace único y fácilmente verificable), y los qubits que lo componen están grabados con un “número de serie” cuántico y un algoritmo que puede verificarlos. Una vez creado el billete, se puede transferir digitalmente, un poco como un archivo, sin que nadie pueda copiarlo. Esto es gracias a la propiedad de inclonabilidad que hemos visto. De hecho, el teorema de no clonación permite protocolos criptográficos que superan las capacidades de las computadoras clásicas. Utilizando un canal cuántico y un canal clásico autenticado (público), dos partes pueden comunicarse de forma privada.

Cuando quieres gastar tu dinero cuántico, entra en juego un “verificador”. Esta herramienta utiliza procesos que utilizan la mecánica cuántica para comprobar si el billete tiene las características adecuadas y el número de serie correcto. Si alguien intentara falsificar un billete copiando los qubits, el intento fracasaría porque la copia destruiría la información cuántica original y el billete falso no pasaría la verificación. En resumen: cada billete contiene n qubits, preparados secretamente en uno de cuatro estados posibles. En una base de datos gigante, el banco recuerda cómo preparó cada qubit en cada billete. Cuando alguien quiere consultar un billete, “lo lleva al banco”. El banco utiliza su conocimiento para medir cada qubit en la base correcta para verificar su autenticidad.

 

Dos tipos de dinero cuántico

En la primera, que llamamos clave privada (2), el verificador es la misma Casa de la Moneda que creó el billete. Cuando un comerciante lo recibe, lo envía a la Casa de la Moneda para su verificación. En este tipo de esquema, nadie excepto la Casa de la Moneda sabe cómo verificar el dinero. Llamamos a esto dinero cuántico de clave privada porque la clave, es decir, la información necesaria para verificar su autenticidad, está confiada a la Casa de la Moneda. Es un poco como las tarjetas de crédito, donde siempre se requiere autorización del banco.

En el esquema de Wiesner (Private Key Quantum Money) la Casa de la Moneda genera un billete cuántico compuesto por n qubits, cada uno preparado en un estado aleatorio elegido entre {|Sz = +1⟩, |Sz = -1⟩, |Sx = +1 ⟩, |Sx = -1⟩}. A esta secuencia de estados cuánticos se le asigna un número de serie clásico. La verificación es responsabilidad de la Casa de la Moneda, que mantiene un registro que asocia cada número de serie con el estado cuántico correspondiente. Para verificar la autenticidad de un billete, el comerciante debe enviarlo a la Casa de la Moneda, que compara el estado recibido con el estado registrado. Su seguridad se basa en el teorema de no clonación: un falsificador no puede copiar el estado cuántico sin conocer la base en la que se prepararon los qubits.

Por otro lado, el dinero cuántico de clave pública (2) es diferente porque cualquiera puede verificar su autenticidad sin necesidad de una casa de moneda. Es como dinero en efectivo, que podemos utilizar en cualquier lugar sin intervención de terceros. Este tipo es más difícil de crear, pero, en cierto modo, más deseable.

Hay dos modelos de dinero cuántico de clave pública: el dinero libre de colisiones y el dinero basado en la teoría de nudos.

En el caso del dinero libre de colisiones, cada unidad de dinero es distinguible y no duplicable, lo que garantiza que no haya colisiones de números de serie y, por tanto, que cada billete sea único. Esta propiedad es fundamental para la seguridad y credibilidad del dinero cuántico, y es por eso que el término “libre de colisiones” se refiere a la unicidad de los números de serie de los billetes. La propiedad “libre de colisiones” no es sólo una cuestión de identificación. Si cada billete es único e irrepetible, se evita que cualquier persona, incluida la Casa de la Moneda, cree copias no autorizadas o billetes adicionales, lo que provocaría inflación/devaluación y una pérdida de confianza en el sistema. La lista pública, de hecho, permite verificar que la Casa de la Moneda no ha producido más billetes que los declarados, evitando así la manipulación de la oferta monetaria con el fin de controlar la oferta monetaria .

El dinero cuántico basado en nodos es una implementación específica del concepto de dinero libre de colisiones [3]. Este esquema se considera seguro porque la teoría de nudos presenta problemas que no tienen soluciones prácticas conocidas. Es el único esquema publicado para moneda cuántica de clave pública que no ha demostrado ser inseguro.

 

Monedas y billetes cuánticos

Como hemos visto, la principal distinción entre las monedas cuánticas y los billetes radica en su identidad y trazabilidad. Los billetes cuánticos son únicos y rastreables, mientras que las monedas cuánticas son idénticas y anónimas. La singularidad de los billetes cuánticos radica en el hecho de que cada uno de ellos se distingue de los demás. Esta unicidad está garantizada mediante la asignación de un número de serie único a cada billete. Su trazabilidad se consigue gracias al número de serie, los billetes cuánticos pueden ser, al menos en teoría, rastreados e identificados. Esta trazabilidad puede ser útil para verificar que un billete fue realmente emitido por la Casa de la Moneda. La verificación de un billete cuántico puede requerir comunicación con la Casa de la Moneda (como en el esquema de Wiesner) o puede ocurrir de manera autónoma sin involucrar a la Casa de la Moneda (como en los esquemas de clave pública, como los libres de colisiones).

Muchos billetes cuánticos están diseñados según el modelo “libre de colisiones”, lo que significa que no pueden existir dos billetes con el mismo número de serie, ni siquiera por parte de la Casa de la Moneda. Este mecanismo evita la falsificación y garantiza la integridad del sistema monetario.

Las monedas cuánticas son todas idénticas entre sí, sin distinciones individuales ni números de serie. Esta característica las hace anónimas, ya que no es posible distinguir una moneda de otra. La falta de un número de serie y de identidad entre todas las monedas cuánticas garantiza el anonimato de las transacciones, similar a las monedas físicas. Debido a la falta de números de serie, la verificación de una moneda cuántica se produce mediante procesos diferentes a los de los billetes. Estos procesos pueden incluir la comunicación con el banco o cálculos cuánticos ofuscados (un protocolo de computación cuántica en el que un usuario (el “cliente”) realiza un cálculo cuántico con la ayuda de un servidor, sin revelar al servidor la naturaleza del cálculo en sí). En otras palabras, el servidor realiza cálculos para el cliente, pero no es capaz de entender qué cálculos está realizando. Por tanto, se trata de una técnica que permite realizar cálculos cuánticos de forma segura, garantizando que el servidor que realiza los cálculos no No se da cuenta de los detalles específicos del cálculo en sí. En el contexto de las monedas cuánticas, esta técnica se utilizaría para implementar sistemas de verificación de clave privada en los que el vendedor no obtiene información sobre la moneda más allá del resultado de la verificación en sí.

Es importante tener en cuenta que ésta es todavía una tecnología teórica. Para que esto sea una realidad necesitamos ordenadores cuánticos muy avanzados y por lo tanto su implementación práctica aún está muy lejos en el futuro..

Es importante destacar que la seguridad del dinero cuántico se basa en las leyes fundamentales de la mecánica cuántica y no en algoritmos matemáticos .

Imaginemos un sello especial hecho de luz. La Casa de la Moneda crea este sello con un patrón de luz complejo y único, una especie de firma cuántica. Este sello puede transferirse a otra persona, pero si intentas copiarlo, se destruirá. Quien recibe el sello puede utilizar una máquina especial que, al observar el patrón de luz, verifica que el sello es auténtico.

Para verificar su autenticidad, se necesita un dispositivo o algoritmo que conozca los detalles específicos de su estado cuántico inicial. Sólo la entidad que creó la moneda (por ejemplo, un banco central) puede realizar esta verificación. Si alguien intenta medir estados cuánticos sin conocer los detalles precisos, estos estados se destruyen, haciendo evidente el intento de fraude.

 

Límites

La creación, manipulación y verificación de estados cuánticos requieren infraestructuras avanzadas y costosas, actualmente no disponibles para su uso a gran escala. Los estados cuánticos son extremadamente delicados y pueden destruirse fácilmente por la interferencia ambiental. Por ahora, la verificación de las monedas cuánticas requiere un sistema centralizado, lo que podría limitar su aplicabilidad en un contexto descentralizado como el de las criptomonedas.

 

Diferencias con las criptomonedas

Las criptomonedas como Bitcoin se basan en la criptografía clásica y la cadena de bloques para garantizar la seguridad y la descentralización. El dinero cuántico, por otro lado, utiliza directamente las leyes de la física cuántica. A diferencia de las criptomonedas, el dinero cuántico no requiere una cadena de bloques y ofrece un nivel de seguridad teóricamente insuperable contra las computadoras cuánticas.

 

El ataque a Bitcoin por parte de las computadoras cuánticas

El algoritmo de Shor es un algoritmo cuántico que puede factorizar números enteros de manera extremadamente eficiente, mucho más rápido que cualquier algoritmo clásico conocido. Esto representa una amenaza importante para la criptografía de clave pública, como RSA, que se basa en la dificultad de factorizar números primos grandes y, por lo tanto, ataca la cadena de bloques. Blockchain utiliza algoritmos de criptografía de clave pública para garantizar la seguridad de las transacciones. Bitcoin, de hecho, utiliza el algoritmo ECDSA (Elliptic Curve Digital Signature Algorithm) para firmar digitalmente las transacciones. El algoritmo de Shor puede factorizar rápidamente los grandes números utilizados en las claves públicas, lo que permite a un atacante derivar la clave privada correspondiente con la que descifrar transacciones, firmar transacciones falsas, robar fondos y comprometer la seguridad de la cadena de bloques.

Para proteger la cadena de bloques de los ataques cuánticos, es necesario desarrollar oportunamente algoritmos de criptografía post-cuántica que no sean vulnerables a los ataques de las computadoras cuánticas. A medida que las computadoras cuánticas se vuelven más potentes y generalizadas, es probable que veamos un aumento en la adopción de criptografía poscuántica en los sistemas de pago para garantizar una mayor seguridad. La criptografía postcuántica es, de hecho, un conjunto de algoritmos diseñados para garantizar la seguridad de los datos incluso contra ataques de ordenadores cuánticos, que podrían comprometer muchos sistemas criptográficos actualmente en uso. Se puede implementar en infraestructuras clásicas y utilizarse en combinación con algoritmos tradicionales para garantizar la seguridad híbrida, aunque requieren más tiempo de cálculo, espacio de memoria y tamaño de clave que los métodos clásicos.

 

Quimeras cuánticas. El QFS (Sistema Financiero Cuántico)

El dinero cuántico por sí solo no puede ser la moneda de una nueva economía ni constituir un nuevo sistema de pagos internacionales que supere las patologías inherentes al actual sistema centrado en el dólar. El mundo está buscando un sistema de pagos internacionales adaptado a la nueva realidad multipolar.

El Sistema Financiero Cuántico QFS, se describe [4] más como un modelo teórico que tiene como objetivo integrar la computación cuántica, la inteligencia artificial y la tecnología blockchain para crear una nueva infraestructura financiera. Se trata de algo aún no bien definido que promete mayor seguridad, transacciones en tiempo real y descentralización. A diferencia de los sistemas financieros tradicionales, que dependen de la computación convencional, el QFS funcionaría a través de computadoras cuánticas, aprovechando la mecánica cuántica para procesar cantidades masivas de datos a velocidades sin precedentes.

Algunos autores lo describen como un sistema financiero completamente futurista, independiente del sistema bancario actual. Supuestamente fue creado para liberar al mundo del control de las élites financieras. Muchos están esperando un “evento de transición”, un acontecimiento repentino en el que se activará el QFS y el viejo sistema financiero colapsará.

Pero nadie explica exactamente qué es. Nada definitivo. Se dice que el QFS se basa en oro u otros activos reales, a diferencia del sistema monetario actual que se basa en «dinero fiduciario» (moneda de curso legal no convertible en oro u otros productos básicos), y también se afirma que el QFS eliminará los bancos centrales y el sistema bancario tradicional, dando el control del dinero directamente a la gente.

 

Una auténtica revolución en el sistema de pagos internacionales

Quién sabe por qué sólo muy pocas personas parecen conocer lo que sería una verdadera revolución en el sistema de pagos internacionales, a saber, la propuesta de una moneda internacional como unidad de cuenta no emitida por ningún banco central (el Bancor) gestionada por un organismo internacional, cámara de compensación, la Cámara de Compensación Internacional propuesta en 1944 en Bretton Woods por JLM Keynes. Se trataría de un sistema que implicaría abandonar el paradigma de la liquidez con todas sus patologías hoy insostenibles y adoptar un paradigma basado en el clearing (compensación) que impediría estructuralmente el señoreaje, la usura, la inflación y la deflación, la generación sistemática de enormes deudas y enormes concentraciones de la riqueza financiera en manos de unos pocos, evitaría desequilibrios insostenibles en las balanzas comerciales que conducen a conflictos entre países y permitiría la existencia de riqueza generada únicamente por el trabajo, eliminando al actual mercado abusador del dinero que permite especular con el dinero.

(*) Se puede argumentar que en condiciones de deflación monetaria y de restricción crediticia (poco dinero en circulación en comparación con la capacidad económica de la comunidad) el papel de los falsificadores es ciertamente positivo para toda la Comunidad en la que circula el dinero falso…

Notas

[1] Las claves privadas y públicas son esenciales en la criptografía asimétrica para la seguridad de las comunicaciones digitales. Clave pública: de libre distribución para cifrar datos. Ejemplo: una dirección de apartado postal, utilizable por cualquier persona, pero legible sólo con la clave privada. Clave privada: debe permanecer en secreto. Se utiliza para descifrar datos cifrados con la clave pública y para firmar documentos. Ejemplo: Llave para abrir el buzón. Ejemplo práctico: Alice cifra un mensaje con la clave pública de Bob. Sólo Bob puede descifrarlo con su clave privada, garantizando así la seguridad de la información.

[2] Un qubit es la unidad fundamental de la información cuántica, similar al bit en la computación clásica. Sin embargo, a diferencia de un bit clásico, que sólo puede estar en uno de dos estados (0 o 1), un qubit puede existir en una superposición de estados. Esto significa que puede ser simultáneamente 0, 1 o cualquier combinación lineal de ambos gracias a las propiedades de la mecánica cuántica.

Las principales propiedades del qubit son la superposición , el entrelazamiento y la interferencia. La superposición permite que varios estados coexistan al mismo tiempo. (En los ordenadores cuánticos esta propiedad aumenta exponencialmente la potencia de cálculo). Los qubits entrelazados comparten un estado cuántico común, lo que permite correlaciones instantáneas a lo largo de la distancia. Los qubits entrelazados están interconectados de tal manera que cambiar el estado de uno afecta inmediatamente al estado del otro, independientemente de la distancia. Esto permite la creación de conexiones seguras entre nodos cuánticos. La interferencia . Los estados cuánticos pueden interferir entre sí, lo que dificulta que observadores no autorizados predigan los estados de los qubits y decodifiquen la información.

[3] Explicación técnica: [En este esquema, cada billete está asociado a un diagrama de nodos, y su número de serie corresponde al polinomio de Alexander del diagrama. La Casa de la Moneda crea billetes preparando una superposición de todos los diagramas de nudos y midiendo los coeficientes del polinomio de Alexander. La verificación consiste en medir los coeficientes y comprobar que la superposición es invariante con respecto a los movimientos de Reidemeister.

[4] ¿Cuándo se lanzará el sistema financiero cuántico?

Fuente: Seminare Domande

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Poner al mismo nivel la simbología nazi y la comunista es un aviso, una advertencia: los rojos podéis iros preparando, que vamos a por vosotros. Los sátrapas de la UE están sembrando represión… ¿para cuándo la cosecha?


Una equiparación canalla


Diego Fusaro

El Viejo Topo

30 enero, 2025 



La equiparación propuesta por esa realidad criminógena que es la UE (consolidada como una reorganización de arriba a abajo de la relación de fuerzas establecida tras la caída del Muro de Berlín) entre símbolos nazis y símbolos comunistas es una auténtica locura: los símbolos comunistas son también, y no poco, aquellos con los que millones de mujeres y hombres en Europa se han identificado en su sacrosanta reivindicación de derechos y dignidad, trabajo y emancipación. Prohibirlos no significa tanto distanciarse de Pol Pot (indefendible y, en todo caso, no puesto como modelo por nadie en Europa), sino que equivale, si acaso, a un imperativo categórico que suena así: pueblos dominados de toda Europa, ¡no volváis a intentarlo! ¡No os atreváis nunca más a desafiar la explotación capitalista! ¡Nunca más oséis imaginar una sociedad que no sea la del totalitarismo del libre mercado! Resistid con espíritu de resistencia y adaptaos a la civilización de mercado, ¡el único mundo decente, si no el único posible! El mensaje ideológico de los heraldos de la globalización neoliberal recita que cualquier intento de éxodo del capitalismo está destinado a reproducir las tragedias de Pol Pot: y que, por tanto, es necesario reconciliarse, con euforia exultante o resignación desencantada, con la jaula de acero del tecno-capitalismo sin fronteras. Ideología en estado puro, la cual hay que etiquetar bajo el epígrafe de «no hay teorema alternativo»: lo que Fisher calificó acertadamente de «realismo capitalista». Por no hablar de que, en lo que a violencia asesina y genocida se refiere, el liberalismo no tiene nada que envidiar a los totalitarismos rojo y negro, como bien demostró Domenico Losurdo en «Contrahistoria del liberalismo»: deportación de esclavos de África y colonialismo, exterminio de los nativos de América y bombas atómicas, “casas de trabajo” y racismo.

La verdad es que el liberalismo no debería permitirse erigirse en juez universal de la historia, como hace habitualmente: debería sentarse en el banquillo de los acusados por los crímenes que ha cometido y sigue cometiendo en todo el mundo gracias a su concepción de la libertad como «libertad de mercado» (en cuyo altar no puede sacrificarse ninguna vida). Además, hoy en Europa sólo hay un totalitarismo, el del fanatismo del libre mercado desregulado, del que derivan todas nuestras tragedias actuales, que con Hegel podríamos calificar con razón de «tragedias en lo ético». La convención fabuladora que repite que debemos resignarnos a vivir eternamente en el sistema capitalista desde que el comunismo del siglo XX fracasó y cayó sin gloria (Berlín, 1989) se parece bastante a la conducta de aquel médico que diría a su paciente que se resigne a vivir con la enfermedad porque la cura no ha producido los resultados deseados. Incluso Norberto Bobbio, un pensador liberal que ciertamente no podría adscribirse a la galaxia comunista, lo admitió: el comunismo ha caído sin gloria, pero permanecen todas las contradicciones contra las que había surgido legítimamente como un intento de los grupos dominados de reclamar su emancipación del sistema de explotación modestamente llamado libertad de mercado. Por tanto, no lamentamos en absoluto el pasado, pero menos aún estamos dispuestos a aceptar el presente plenamente alienado como un eterno horizonte ideal.

Traducción de Carlos Blanco

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TRAGEDIA EN UCRANIA: RUSIA A 125 KILÓMETROS DE LA VICTORIA. EEUU EXIGIRÁ...

lunes, 27 de enero de 2025

Enero de 1977: ¿nos acordamos?

 

: Han pasado cuarenta y ocho años desde aquel día. Desde aquella noche. Desde aquellos días en que nos parecía que las cosas empezaban a ser distintas a como habían sido hasta entonces.


Enero de 1977: ¿nos acordamos?


Alfons Cervera

El Viejo Topo

27 enero, 2025 


Han pasado cuarenta y ocho años desde aquel día. Desde aquella noche. Desde aquellos días en que nos parecía que las cosas empezaban a ser distintas a como habían sido hasta entonces. Veníamos de los tiempos oscuros. Esa dictadura que ahora dicen algunos que era una maravilla. Enero de 1977. Ya hacía más de un año que se había muerto el dictador. La Transición. Bueno, hay quien dice que la Transición empezó más tarde, cuando se aprobó la Constitución en 1978. Me da igual la fecha. Lo que no me da igual es que se cuenten cosas que no son como en realidad sucedieron. Que se diga que fueron unos años tranquilos. Que era el sosiego ejemplar que estábamos deseando después de la violencia del franquismo. Fue el argumento para ensalzar ese tiempo: que nadie quería otra guerra. Claro que nadie quería otra guerra. Pero lo que tampoco quería mucha gente era que se olvidara tan rápido aquella violencia, las cárceles, las torturas, tanta muerte en las tapias de los cementerios, en las comisarías… En 1939 no llegó la paz sino la victoria fascista. En 1975 lo que llegó fue el silencio, también una especie de miedo al pasado, el tanteo con una tranquilidad en la que poco a poco se iban abriendo demasiados agujeros. Ese paseo por una “tierra que el silencio alfombra”, como escribía Miguel Hernández muchos años antes de los nuevos tiempos que no eran tan nuevos como habíamos pensado.

No digo que todo lo que se hizo fue para mal. Claro que no. Hablo de lo que no se hizo y algo de eso que no se hizo sí que se podía haber intentado hacerlo. Al menos intentarlo, ¿no? De eso hablo. Cómo se te queda el cuerpo cuando el mismo Adolfo Suárez confesó muchos años más tarde que no convocó un referéndum para elegir entre Monarquía y República porque esa consulta la hubiera ganado la República. El franquismo salió bien vivo de la muerte de su máximo caudillo. Intacto. Y así ha seguido salvo en muy contadas ocasiones, siempre a su favor el viento de la historia. La democracia avanzó mirando de reojo al pasado, como esperando un asalto de sus fantasmas al llegar la noche, como si las sombras siguieran siendo las mismas sombras de los años franquistas del plomo. Entre la ruptura con la dictadura y su reforma se eligió la reforma. Era una manera de que las luces y las sombras se juntaran en un mestizaje de tiempos en que seguían siendo mayoría las sombras. Porque la realidad tranquila se sabía huidiza, demasiado vulnerable ante los desmanes a que la sometían los grupos de extrema derecha y casi toda la policía. Actuaban juntos casi siempre. Y estaban bien organizados en esa complicidad sangrienta.

El franquismo salió bien vivo de la muerte de su máximo caudillo. Intacto. Y así ha seguido salvo en muy contadas ocasiones

La Ley de Amnistía de 1977 metió en el mismo saco a Martín Villa y a Marcelino Camacho. Eso fue en octubre. Unos meses antes, en enero, estalló una oleada de violencia conocida como la Semana Negra. Fue en Madrid. El domingo 23, en una manifestación por la amnistía, un grupo de pistoleros de extrema derecha asesinó al joven Arturo Ruiz. No había cumplido aún los veinte años. El martes 24 por la mañana hubo una manifestación de protesta contra ese crimen. Y Mari Luz Nájera, una estudiante de veintiún años, fue alcanzada por un bote de humo disparado por la policía. Moriría en el hospital a las pocas horas. Esa misma noche del 24 de enero, un grupo fascista irrumpió violentamente en un despacho laboralista de la madrileña calle de Atocha, asesinó a cinco personas y dejó malheridas a otras cuatro. Muchos de esos asesinos nunca fueron detenidos y los que sí lo fueron pudieron huir tranquilamente de la cárcel o cumplieron penas mínimas de encierro. El entierro de los asesinados fue una de las más grandes manifestaciones de duelo y de rabia que se recuerdan en la historia de este país, que ha hecho de la desmemoria una de sus más estrictas señas de identidad. Esa misma semana, el Grapo acababa con la vida de varios policías y las voces ultras en los funerales gritaban la vuelta de Franco para enmendarle la plana a la frágil democracia que no acababa de despegar.

No sé cuánta gente se acuerda de aquellos días de enero. O de otras fechas lo mismo de violentas que se dieron en la Transición. Sé que me dirán que la juventud seguro que no se acuerda. Claro que no: sencillamente porque nunca le hemos contado nada. Y sé también que mucha de la gente que entonces estaba cada día en las calles igual ha tirado la toalla porque no se puede estar toda la vida en el campo de batalla. Pero a pesar de todo, a pesar de que la memoria ha flojeado tanto desde aquel noviembre de 1975, no vale entregarles la historia de aquellos años y su memoria al silencio y el olvido. Tantos nombres que cayeron en aquella lucha no se merecen que se callen sus nombres y se les ponga al mismo nivel que sus asesinos. La Transición fue lo que fue. Pero han pasado cincuenta años desde entonces y no podemos seguir con la monserga de que fue modélica, ejemplar, exportable a otros países del mundo mundial. No sé si en las actividades previstas en la campaña 50 años de España en libertad habrá un sitio para esa memoria de la dignidad que el fascismo sigue queriendo negar porque su memoria es otra: la de la iniquidad franquista que siguen defendiendo abiertamente el PP, Vox y toda la brunete mediática que los empuja y aplaude con esa encendida vocación de “cazar al rojo” que nunca han abandonado.

Han pasado cuarenta y ocho años desde aquel enero trágico de 1977. Pongamos en este aniversario nombres y más nombres sobre la mesa del recuerdo. Y no sólo de las víctimas, sino también de sus verdugos. Para que no sean lo mismo quienes se cargaban la libertad a tiro limpio y quienes la defendían con su militancia antifascista jugándose la vida en esa lucha. Cada cual tenemos cerca muchos de esos nombres. Que no se nos olvide ninguno, ¿vale? Ninguno.

 Fuente: infoLibre

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