domingo, 2 de febrero de 2025
¿Dinero cuántico?
El dinero cuántico
es una tecnología, por ahora sólo teórica, que utiliza las leyes de la mecánica
cuántica para crear dinero digital que no se puede copiar, se puede verificar
su autenticidad y es único. El futuro da miedo.
¿Dinero cuántico?
Francesco Cappello
El Viejo Topo
2 febrero, 2025
Las características de una moneda ideal, ya sea real o virtual, se pueden resumir en que no debe ser falsificable (*) ni alterable (por ejemplo incrementando su valor). No debería poder gastarse varias veces, debería garantizar el anonimato del intercambio.
Las monedas
cuánticas pretenden ser el análogo digital de las monedas físicas, todas idénticas e intercambiables sin seguimiento .
Los billetes
cuánticos son únicos y rastreables gracias a sus números de serie, mientras que
las monedas son todas idénticas y anónimas.
Esta distinción
conduce a diferentes enfoques para su verificación e implementación con monedas
de clave pública [1]. Estos últimos plantean desafíos adicionales y aún no se
han implementado concretamente. En particular, el dinero anticolisión,
del que hablaremos más adelante, es un tipo de billete que utiliza números de
serie únicos como garantía de seguridad.
La idea
original del dinero cuántico fue propuesta en 1982 por Stephen Wiesner, un físico
teórico, en un artículo
titulado Codificación Conjugada .
Imaginemos una
forma de moneda digital completamente diferente a la que estamos acostumbrados.
En lugar de estar hecha de simples bits (unidades
elementales clásicas de información) como los que usan los ordenadores, que
pueden ser 0 o 1, (encendido o apagado, verdadero o falso, etc.) esta moneda
está construida con bits cuánticos, qubits [2] que se basan en los
principios, fuera de nuestra experiencia común, de la mecánica cuántica, que
describe el comportamiento físico de la naturaleza a nivel atómico. Una de sus
particularidades es que un qubit puede estar en una especie de superposición,
un poco como una moneda lanzada al aire que no es ni cara ni cruz, sino
un poco de ambas a la vez. La moneda está en un estado suspendido
de posibilidad, aún no es cara ni cruz…
Cada moneda
cuántica contiene un conjunto de estados cuánticos generados aleatoriamente,
que no se pueden copiar ni clonar debido al teorema de no clonación de
la física cuántica. En la práctica, ningún procedimiento físico puede tomar un
estado cuántico desconocido y producir dos copias del mismo. Esto hace que la
moneda sea inalterable, evitando la duplicación y la trazabilidad.
Cada moneda es única y verificable por su emisor original.
De los bits
clásicos a los qubits cuánticos
Una
característica fundamental de los qubits es, de hecho, que no pueden
ser clonados. Es imposible falsificar o clonar una moneda cuántica debido a
las leyes fundamentales de la física. Si intentas copiar un qubit, sucede algo
extraño, un poco como intentar copiar una moneda que gira y se detiene. Al
mostrar ahora uno de los lados al azar, se destruiría el estado de
superposición en el que se encontraba antes (proceso de
medición/observación). Esta propiedad de inclonabilidad es la piedra
angular de todo el concepto de dinero cuántico.
El teorema de
no clonación es un principio fundamental de la mecánica cuántica que establece
que es imposible crear una copia idéntica de un estado cuántico (qubit). En
otras palabras, no podemos hacer una fotocopia perfecta de un qubit.
Imaginemos que
tenemos una moneda mágica que puede salir cara y cruz al mismo tiempo. Si
intentamos hacer una copia exacta de esta moneda sin saber de antemano cómo
está configurada exactamente, el resultado final será una moneda que no
representa correctamente la combinación de cara y cruz del original.
Se trata, por
tanto, de una propiedad crucial para la seguridad de la comunicación cuántica.
Esto significa que los datos cuánticos no pueden ser interceptados y
copiados sin alterar su estado, lo que hace que la comunicación cuántica
sea extremadamente segura contra escuchas clandestinas.
El principal
problema del dinero digital clásico, el que utilizamos todos los días, es que
es fácil de copiar. Si tienes un archivo que representa 10 euros, podrías
considerar hacer una copia de seguridad del mismo y gastarlo varias veces,
creando cantidades infinitas de dinero. La moneda cuántica eliminaría
este problema explotando la imposibilidad de clonar los qubits.
Así es como
funcionaría con los billetes: una “casa de la moneda” especial, con un profundo
conocimiento de las leyes de la mecánica cuántica, crea billetes
digitales. Cada billete no es más que una serie de qubits con una
combinación particular de superposiciones. Es un poco como si cada billete
estuviera compuesto de muchas pequeñas monedas especiales que circulan con un
patrón secreto, diferente al de los demás billetes.
Cada billete
cuántico sería así único e irrepetible (la unicidad de los estados cuánticos
lo hace único y fácilmente verificable), y los qubits que lo componen
están grabados con un “número de serie” cuántico y un algoritmo que
puede verificarlos. Una vez creado el billete, se puede transferir
digitalmente, un poco como un archivo, sin que nadie pueda copiarlo. Esto
es gracias a la propiedad de inclonabilidad que hemos visto. De hecho, el
teorema de no clonación permite protocolos criptográficos que superan las
capacidades de las computadoras clásicas. Utilizando un canal cuántico y un canal
clásico autenticado (público), dos partes pueden comunicarse de forma privada.
Cuando quieres
gastar tu dinero cuántico, entra en juego un “verificador”. Esta herramienta
utiliza procesos que utilizan la mecánica cuántica para comprobar si el billete
tiene las características adecuadas y el número de serie correcto. Si
alguien intentara falsificar un billete copiando los qubits, el intento
fracasaría porque la copia destruiría la información cuántica original y el
billete falso no pasaría la verificación. En resumen: cada billete contiene
n qubits, preparados secretamente en uno de cuatro estados posibles. En una
base de datos gigante, el banco recuerda cómo preparó cada qubit en cada
billete. Cuando alguien quiere consultar un billete, “lo lleva al banco”. El
banco utiliza su conocimiento para medir cada qubit en la base correcta para
verificar su autenticidad.
Dos tipos de
dinero cuántico
En la primera,
que llamamos clave privada (2), el verificador es la
misma Casa de la Moneda que creó el billete. Cuando un comerciante lo recibe,
lo envía a la Casa de la Moneda para su verificación. En este tipo de esquema,
nadie excepto la Casa de la Moneda sabe cómo verificar el dinero. Llamamos a
esto dinero cuántico de clave privada porque la clave, es decir, la información
necesaria para verificar su autenticidad, está confiada a la Casa de la Moneda.
Es un poco como las tarjetas de crédito, donde siempre se requiere
autorización del banco.
En el esquema
de Wiesner (Private Key Quantum Money) la Casa de la Moneda genera un billete
cuántico compuesto por n qubits, cada uno preparado en un estado aleatorio
elegido entre {|Sz = +1⟩, |Sz = -1⟩, |Sx = +1 ⟩, |Sx = -1⟩}. A esta secuencia de estados cuánticos
se le asigna un número de serie clásico. La verificación es
responsabilidad de la Casa de la Moneda, que mantiene un registro que asocia
cada número de serie con el estado cuántico correspondiente. Para verificar
la autenticidad de un billete, el comerciante debe enviarlo a la Casa de la
Moneda, que compara el estado recibido con el estado registrado. Su seguridad
se basa en el teorema de no clonación: un falsificador no puede copiar el
estado cuántico sin conocer la base en la que se prepararon los qubits.
Por otro lado,
el dinero cuántico de clave pública (2) es diferente
porque cualquiera puede verificar su autenticidad sin necesidad de una
casa de moneda. Es como dinero en efectivo, que podemos
utilizar en cualquier lugar sin intervención de terceros. Este tipo
es más difícil de crear, pero, en cierto modo, más deseable.
Hay dos modelos
de dinero cuántico de clave pública: el dinero libre de
colisiones y el dinero basado en la teoría de nudos.
En el caso
del dinero libre de colisiones, cada unidad de dinero
es distinguible y no duplicable, lo que garantiza que no haya colisiones de
números de serie y, por tanto, que cada billete sea único. Esta propiedad es
fundamental para la seguridad y credibilidad del dinero cuántico, y es por eso
que el término “libre de colisiones” se refiere a la unicidad de los
números de serie de los billetes. La propiedad “libre de colisiones” no es
sólo una cuestión de identificación. Si cada billete es único e
irrepetible, se evita que cualquier persona, incluida la Casa de la Moneda,
cree copias no autorizadas o billetes adicionales, lo que provocaría
inflación/devaluación y una pérdida de confianza en el sistema. La lista
pública, de hecho, permite verificar que la Casa de la Moneda no ha producido
más billetes que los declarados, evitando así la manipulación de la
oferta monetaria con el fin de controlar la oferta monetaria .
El dinero
cuántico basado en nodos es una implementación
específica del concepto de dinero libre de colisiones [3]. Este esquema se
considera seguro porque la teoría de nudos presenta problemas que no tienen
soluciones prácticas conocidas. Es el único esquema publicado para
moneda cuántica de clave pública que no ha demostrado ser inseguro.
Monedas y
billetes cuánticos
Como hemos
visto, la principal distinción entre las monedas cuánticas y los billetes
radica en su identidad y trazabilidad. Los billetes cuánticos son
únicos y rastreables, mientras que las monedas cuánticas son idénticas
y anónimas. La singularidad de los billetes cuánticos radica en el hecho de
que cada uno de ellos se distingue de los demás. Esta unicidad está garantizada
mediante la asignación de un número de serie único a cada billete. Su
trazabilidad se consigue gracias al número de serie, los billetes
cuánticos pueden ser, al menos en teoría, rastreados e identificados. Esta
trazabilidad puede ser útil para verificar que un billete fue realmente emitido
por la Casa de la Moneda. La verificación de un billete cuántico puede requerir
comunicación con la Casa de la Moneda (como en el esquema de Wiesner) o puede
ocurrir de manera autónoma sin involucrar a la Casa de la Moneda (como en los
esquemas de clave pública, como los libres de colisiones).
Muchos billetes
cuánticos están diseñados según el modelo “libre de colisiones”, lo que
significa que no pueden existir dos billetes con el mismo número de serie, ni
siquiera por parte de la Casa de la Moneda. Este mecanismo evita la
falsificación y garantiza la integridad del sistema monetario.
Las monedas
cuánticas son todas idénticas entre sí, sin distinciones individuales ni
números de serie. Esta característica las hace anónimas, ya que no es posible
distinguir una moneda de otra. La falta de un número de serie y de identidad
entre todas las monedas cuánticas garantiza el anonimato de las
transacciones, similar a las monedas físicas. Debido a la falta
de números de serie, la verificación de una moneda cuántica se produce mediante
procesos diferentes a los de los billetes. Estos procesos pueden incluir la
comunicación con el banco o cálculos cuánticos ofuscados (un protocolo de computación
cuántica en el que un usuario (el “cliente”) realiza un cálculo cuántico con la
ayuda de un servidor, sin revelar al servidor la naturaleza del cálculo en sí).
En otras palabras, el servidor realiza cálculos para el cliente, pero no es
capaz de entender qué cálculos está realizando. Por tanto, se trata de una
técnica que permite realizar cálculos cuánticos de forma segura, garantizando
que el servidor que realiza los cálculos no No se da cuenta de los detalles
específicos del cálculo en sí. En el contexto de las monedas cuánticas, esta
técnica se utilizaría para implementar sistemas de verificación de clave
privada en los que el vendedor no obtiene información sobre la moneda más allá
del resultado de la verificación en sí.
Es importante
tener en cuenta que ésta es todavía una tecnología teórica. Para
que esto sea una realidad necesitamos ordenadores cuánticos muy avanzados y por
lo tanto su implementación práctica aún está muy lejos en el futuro..
Es importante
destacar que la seguridad del dinero cuántico se basa
en las leyes fundamentales de la mecánica cuántica y no en algoritmos
matemáticos .
Imaginemos un
sello especial hecho de luz. La Casa de la Moneda crea este sello con un
patrón de luz complejo y único, una especie de firma cuántica. Este
sello puede transferirse a otra persona, pero si intentas copiarlo, se
destruirá. Quien recibe el sello puede utilizar una máquina
especial que, al observar el patrón de luz, verifica que el sello es auténtico.
Para verificar
su autenticidad, se necesita un dispositivo o algoritmo que conozca los
detalles específicos de su estado cuántico inicial. Sólo la entidad que
creó la moneda (por ejemplo, un banco central) puede realizar esta
verificación. Si alguien intenta medir estados cuánticos sin conocer
los detalles precisos, estos estados se destruyen, haciendo evidente el intento
de fraude.
Límites
La creación,
manipulación y verificación de estados cuánticos requieren infraestructuras
avanzadas y costosas, actualmente no disponibles para su uso a gran
escala. Los estados cuánticos son extremadamente delicados y pueden
destruirse fácilmente por la interferencia ambiental. Por ahora, la
verificación de las monedas cuánticas requiere un sistema centralizado, lo que
podría limitar su aplicabilidad en un contexto descentralizado como el de las
criptomonedas.
Diferencias con
las criptomonedas
Las
criptomonedas como Bitcoin se basan en la criptografía clásica y
la cadena de bloques para garantizar la seguridad y la
descentralización. El dinero cuántico, por otro lado, utiliza directamente las
leyes de la física cuántica. A diferencia de las criptomonedas, el
dinero cuántico no requiere una cadena de bloques y ofrece un nivel de
seguridad teóricamente insuperable contra las computadoras cuánticas.
El ataque a
Bitcoin por parte de las computadoras cuánticas
El algoritmo de
Shor es un algoritmo cuántico que puede factorizar números enteros de manera
extremadamente eficiente, mucho más rápido que cualquier algoritmo clásico
conocido. Esto representa una amenaza importante para la criptografía de clave
pública, como RSA, que se basa en la dificultad de factorizar números primos
grandes y, por lo tanto, ataca la cadena de bloques. Blockchain utiliza
algoritmos de criptografía de clave pública para garantizar la seguridad de las
transacciones. Bitcoin, de hecho, utiliza el algoritmo ECDSA (Elliptic Curve
Digital Signature Algorithm) para firmar digitalmente las transacciones. El
algoritmo de Shor puede factorizar rápidamente los grandes números utilizados
en las claves públicas, lo que permite a un atacante derivar la clave privada
correspondiente con la que descifrar transacciones, firmar transacciones
falsas, robar fondos y comprometer la seguridad de la cadena de bloques.
Para proteger
la cadena de bloques de los ataques cuánticos, es necesario desarrollar
oportunamente algoritmos de criptografía post-cuántica que no sean vulnerables
a los ataques de las computadoras cuánticas. A medida que las computadoras
cuánticas se vuelven más potentes y generalizadas, es probable que veamos un
aumento en la adopción de criptografía poscuántica en los sistemas de pago para
garantizar una mayor seguridad. La criptografía postcuántica es, de hecho, un
conjunto de algoritmos diseñados para garantizar la seguridad de los datos
incluso contra ataques de ordenadores cuánticos, que podrían comprometer muchos
sistemas criptográficos actualmente en uso. Se puede implementar en
infraestructuras clásicas y utilizarse en combinación con algoritmos
tradicionales para garantizar la seguridad híbrida, aunque requieren más tiempo
de cálculo, espacio de memoria y tamaño de clave que los métodos clásicos.
Quimeras
cuánticas. El QFS (Sistema Financiero Cuántico)
El dinero
cuántico por sí solo no puede ser la moneda de una nueva economía ni constituir
un nuevo sistema de pagos internacionales que supere las patologías inherentes
al actual sistema centrado en el dólar. El mundo está buscando un sistema de
pagos internacionales adaptado a la nueva realidad multipolar.
El Sistema
Financiero Cuántico QFS, se
describe [4] más como un modelo teórico que tiene como objetivo
integrar la computación cuántica, la inteligencia artificial y la tecnología
blockchain para crear una nueva infraestructura financiera. Se trata de algo
aún no bien definido que promete mayor seguridad, transacciones en tiempo real
y descentralización. A diferencia de los sistemas financieros tradicionales,
que dependen de la computación convencional, el QFS funcionaría a través de
computadoras cuánticas, aprovechando la mecánica cuántica para procesar
cantidades masivas de datos a velocidades sin precedentes.
Algunos autores
lo describen como un sistema financiero completamente futurista, independiente
del sistema bancario actual. Supuestamente fue creado para liberar al mundo del
control de las élites financieras. Muchos están esperando un “evento de
transición”, un acontecimiento repentino en el que se activará el QFS y el
viejo sistema financiero colapsará.
Pero nadie
explica exactamente qué es. Nada definitivo. Se dice que el QFS se basa en oro
u otros activos reales, a diferencia del sistema monetario actual que se basa
en «dinero fiduciario» (moneda de curso legal no convertible en oro u otros
productos básicos), y también se afirma que el QFS eliminará los bancos
centrales y el sistema bancario tradicional, dando el control del dinero
directamente a la gente.
Una auténtica
revolución en el sistema de pagos internacionales
Quién sabe por
qué sólo muy pocas personas parecen conocer lo que sería una verdadera
revolución en el sistema de pagos internacionales, a saber, la propuesta de una
moneda internacional como unidad de cuenta no emitida por ningún banco central
(el Bancor) gestionada por un organismo internacional, cámara de
compensación, la Cámara de Compensación Internacional propuesta
en 1944 en Bretton Woods por JLM Keynes. Se trataría de un sistema que
implicaría abandonar el paradigma de la liquidez con todas sus
patologías hoy insostenibles y adoptar un paradigma basado en el
clearing (compensación) que impediría estructuralmente el señoreaje,
la usura, la inflación y la deflación, la generación sistemática de enormes
deudas y enormes concentraciones de la riqueza financiera en manos de unos
pocos, evitaría desequilibrios insostenibles en las balanzas comerciales que
conducen a conflictos entre países y permitiría la existencia de riqueza
generada únicamente por el trabajo, eliminando al actual mercado abusador del
dinero que permite especular con el dinero.
(*) Se puede
argumentar que en condiciones de deflación monetaria y de restricción crediticia
(poco dinero en circulación en comparación con la capacidad económica de la
comunidad) el papel de los falsificadores es ciertamente positivo para toda la
Comunidad en la que circula el dinero falso…
Notas
[1] Las
claves privadas y públicas son esenciales en la criptografía asimétrica
para la seguridad de las comunicaciones digitales. Clave pública: de libre
distribución para cifrar datos. Ejemplo: una dirección de apartado postal,
utilizable por cualquier persona, pero legible sólo con la clave privada. Clave
privada: debe permanecer en secreto. Se utiliza para descifrar datos cifrados
con la clave pública y para firmar documentos. Ejemplo: Llave para abrir el
buzón. Ejemplo práctico: Alice cifra un mensaje con la clave pública de Bob.
Sólo Bob puede descifrarlo con su clave privada, garantizando así la seguridad
de la información.
[2] Un qubit es
la unidad fundamental de la información cuántica, similar al bit en la
computación clásica. Sin embargo, a diferencia de un bit clásico, que sólo
puede estar en uno de dos estados (0 o 1), un qubit puede existir en una
superposición de estados. Esto significa que puede ser simultáneamente 0, 1 o
cualquier combinación lineal de ambos gracias a las propiedades de la mecánica
cuántica.
Las principales
propiedades del qubit son la superposición , el entrelazamiento y la
interferencia. La superposición permite que varios estados coexistan al mismo
tiempo. (En los ordenadores cuánticos esta propiedad aumenta exponencialmente
la potencia de cálculo). Los qubits entrelazados comparten un estado
cuántico común, lo que permite correlaciones instantáneas a lo largo de la
distancia. Los qubits entrelazados están interconectados de tal manera que
cambiar el estado de uno afecta inmediatamente al estado del otro, independientemente
de la distancia. Esto permite la creación de conexiones seguras entre nodos
cuánticos. La interferencia . Los estados cuánticos pueden interferir
entre sí, lo que dificulta que observadores no autorizados predigan los estados
de los qubits y decodifiquen la información.
[3] Explicación
técnica: [En este esquema, cada billete está asociado a un diagrama de nodos, y
su número de serie corresponde al polinomio de Alexander del diagrama. La Casa
de la Moneda crea billetes preparando una superposición de todos los diagramas
de nudos y midiendo los coeficientes del polinomio de Alexander. La
verificación consiste en medir los coeficientes y comprobar que la
superposición es invariante con respecto a los movimientos de Reidemeister.
[4] ¿Cuándo se
lanzará el sistema financiero cuántico?
Fuente: Seminare Domande
jueves, 30 de enero de 2025
Poner
al mismo nivel la simbología nazi y la comunista es un aviso, una advertencia:
los rojos podéis iros preparando, que vamos a por vosotros. Los sátrapas de la
UE están sembrando represión… ¿para cuándo la cosecha?
Una equiparación canalla
El Viejo Topo
30 enero, 2025
La equiparación
propuesta por esa realidad criminógena que es la UE (consolidada como una
reorganización de arriba a abajo de la relación de fuerzas establecida tras la
caída del Muro de Berlín) entre símbolos nazis y símbolos comunistas es una
auténtica locura: los símbolos comunistas son también, y no poco, aquellos con
los que millones de mujeres y hombres en Europa se han identificado en su
sacrosanta reivindicación de derechos y dignidad, trabajo y emancipación.
Prohibirlos no significa tanto distanciarse de Pol Pot (indefendible y, en todo
caso, no puesto como modelo por nadie en Europa), sino que equivale, si acaso,
a un imperativo categórico que suena así: pueblos dominados de toda Europa, ¡no
volváis a intentarlo! ¡No os atreváis nunca más a desafiar la explotación
capitalista! ¡Nunca más oséis imaginar una sociedad que no sea la del
totalitarismo del libre mercado! Resistid con espíritu de resistencia y adaptaos
a la civilización de mercado, ¡el único mundo decente, si no el único posible!
El mensaje ideológico de los heraldos de la globalización neoliberal recita que
cualquier intento de éxodo del capitalismo está destinado a reproducir las
tragedias de Pol Pot: y que, por tanto, es necesario reconciliarse, con euforia
exultante o resignación desencantada, con la jaula de acero del
tecno-capitalismo sin fronteras. Ideología en estado puro, la cual hay que
etiquetar bajo el epígrafe de «no hay teorema alternativo»: lo que Fisher
calificó acertadamente de «realismo capitalista». Por no hablar de que, en lo
que a violencia asesina y genocida se refiere, el liberalismo no tiene nada que
envidiar a los totalitarismos rojo y negro, como bien demostró Domenico Losurdo
en «Contrahistoria del liberalismo»: deportación de esclavos de África y
colonialismo, exterminio de los nativos de América y bombas atómicas, “casas de
trabajo” y racismo.
La verdad es
que el liberalismo no debería permitirse erigirse en juez universal de la
historia, como hace habitualmente: debería sentarse en el banquillo de los
acusados por los crímenes que ha cometido y sigue cometiendo en todo el mundo
gracias a su concepción de la libertad como «libertad de mercado» (en cuyo
altar no puede sacrificarse ninguna vida). Además, hoy en Europa sólo hay un
totalitarismo, el del fanatismo del libre mercado desregulado, del que derivan
todas nuestras tragedias actuales, que con Hegel podríamos calificar con razón
de «tragedias en lo ético». La convención fabuladora que repite que debemos
resignarnos a vivir eternamente en el sistema capitalista desde que el
comunismo del siglo XX fracasó y cayó sin gloria (Berlín, 1989) se parece
bastante a la conducta de aquel médico que diría a su paciente que se resigne a
vivir con la enfermedad porque la cura no ha producido los resultados deseados.
Incluso Norberto Bobbio, un pensador liberal que ciertamente no podría
adscribirse a la galaxia comunista, lo admitió: el comunismo ha caído sin
gloria, pero permanecen todas las contradicciones contra las que había surgido
legítimamente como un intento de los grupos dominados de reclamar su
emancipación del sistema de explotación modestamente llamado libertad de
mercado. Por tanto, no lamentamos en absoluto el pasado, pero menos aún estamos
dispuestos a aceptar el presente plenamente alienado como un eterno horizonte
ideal.
Traducción de
Carlos Blanco
lunes, 27 de enero de 2025
Enero de 1977: ¿nos acordamos?
: Han pasado cuarenta y
ocho años desde aquel día. Desde aquella noche. Desde aquellos días en que nos
parecía que las cosas empezaban a ser distintas a como habían sido hasta
entonces.
Enero de 1977: ¿nos acordamos?
El Viejo Topo
27 enero, 2025
Han pasado cuarenta y
ocho años desde aquel día. Desde aquella noche. Desde aquellos días en que nos
parecía que las cosas empezaban a ser distintas a como habían sido hasta
entonces. Veníamos de los tiempos oscuros. Esa dictadura que ahora dicen
algunos que era una maravilla. Enero de 1977. Ya hacía más
de un año que se había muerto el dictador. La Transición. Bueno, hay
quien dice que la Transición empezó más tarde, cuando se aprobó la Constitución
en 1978. Me da igual la fecha. Lo que no me da igual es que se cuenten cosas
que no son como en realidad sucedieron. Que se diga que fueron unos años
tranquilos. Que era el sosiego ejemplar que estábamos deseando después de la
violencia del franquismo. Fue el argumento para ensalzar ese tiempo: que nadie
quería otra guerra. Claro que nadie quería otra guerra. Pero lo que tampoco
quería mucha gente era que se olvidara tan rápido aquella violencia, las
cárceles, las torturas, tanta muerte en las tapias de los cementerios, en las
comisarías… En 1939 no llegó la paz sino la victoria fascista. En 1975
lo que llegó fue el silencio, también una especie de miedo al pasado, el
tanteo con una tranquilidad en la que poco a poco se iban abriendo demasiados
agujeros. Ese paseo por una “tierra que el silencio alfombra”, como
escribía Miguel Hernández muchos años antes de los nuevos
tiempos que no eran tan nuevos como habíamos pensado.
No digo que todo lo
que se hizo fue para mal. Claro que no. Hablo de lo que no se hizo y algo de
eso que no se hizo sí que se podía haber intentado hacerlo. Al menos
intentarlo, ¿no? De eso hablo. Cómo se te queda el cuerpo cuando el mismo Adolfo
Suárez confesó muchos años más tarde que no convocó un referéndum para
elegir entre Monarquía y República porque esa consulta la hubiera ganado la
República. El franquismo salió bien vivo de la muerte de su máximo caudillo.
Intacto. Y así ha seguido salvo en muy contadas ocasiones, siempre a su favor
el viento de la historia. La democracia avanzó mirando de reojo al
pasado, como esperando un asalto de sus fantasmas al llegar la noche,
como si las sombras siguieran siendo las mismas sombras de los años franquistas
del plomo. Entre la ruptura con la dictadura y su reforma se eligió la reforma.
Era una manera de que las luces y las sombras se juntaran en un mestizaje de
tiempos en que seguían siendo mayoría las sombras. Porque la realidad tranquila
se sabía huidiza, demasiado vulnerable ante los desmanes a que la sometían los
grupos de extrema derecha y casi toda la policía. Actuaban juntos casi siempre.
Y estaban bien organizados en esa complicidad sangrienta.
El franquismo salió
bien vivo de la muerte de su máximo caudillo. Intacto. Y así ha seguido salvo
en muy contadas ocasiones
La Ley de Amnistía de
1977 metió en el mismo saco a Martín Villa y a Marcelino
Camacho. Eso fue en octubre. Unos meses antes, en enero, estalló una oleada
de violencia conocida como la Semana Negra. Fue en Madrid. El domingo 23, en
una manifestación por la amnistía, un grupo de pistoleros de extrema derecha
asesinó al joven Arturo Ruiz. No había cumplido aún los veinte
años. El martes 24 por la mañana hubo una manifestación de protesta contra ese
crimen. Y Mari Luz Nájera, una estudiante de veintiún años, fue
alcanzada por un bote de humo disparado por la policía. Moriría en el hospital
a las pocas horas. Esa misma noche del 24 de enero, un grupo fascista irrumpió
violentamente en un despacho laboralista de la madrileña calle de Atocha,
asesinó a cinco personas y dejó malheridas a otras cuatro. Muchos de esos
asesinos nunca fueron detenidos y los que sí lo fueron pudieron huir tranquilamente
de la cárcel o cumplieron penas mínimas de encierro. El entierro de los
asesinados fue una de las más grandes manifestaciones de duelo y de rabia que
se recuerdan en la historia de este país, que ha hecho de la desmemoria una de
sus más estrictas señas de identidad. Esa misma semana, el Grapo acababa con la
vida de varios policías y las voces ultras en los funerales gritaban la
vuelta de Franco para enmendarle la plana a la frágil democracia que
no acababa de despegar.
No sé cuánta gente se
acuerda de aquellos días de enero. O de otras fechas lo mismo de violentas que
se dieron en la Transición. Sé que me dirán que la juventud seguro que no se
acuerda. Claro que no: sencillamente porque nunca le hemos contado nada. Y sé
también que mucha de la gente que entonces estaba cada día en las calles igual
ha tirado la toalla porque no se puede estar toda la vida en el campo de
batalla. Pero a pesar de todo, a pesar de que la memoria ha flojeado tanto
desde aquel noviembre de 1975, no vale entregarles la historia de
aquellos años y su memoria al silencio y el olvido. Tantos nombres que
cayeron en aquella lucha no se merecen que se callen sus nombres y se les ponga
al mismo nivel que sus asesinos. La Transición fue lo que fue. Pero han pasado
cincuenta años desde entonces y no podemos seguir con la monserga de que fue
modélica, ejemplar, exportable a otros países del mundo mundial. No sé si en
las actividades previstas en la campaña 50 años de España en libertad habrá
un sitio para esa memoria de la dignidad que el fascismo sigue queriendo negar
porque su memoria es otra: la de la iniquidad franquista que siguen defendiendo
abiertamente el PP, Vox y toda la brunete mediática que los
empuja y aplaude con esa encendida vocación de “cazar al rojo” que
nunca han abandonado.
Han pasado cuarenta y
ocho años desde aquel enero trágico de 1977. Pongamos en este aniversario
nombres y más nombres sobre la mesa del recuerdo. Y no sólo de las víctimas, sino
también de sus verdugos. Para que no sean lo mismo quienes se cargaban la libertad
a tiro limpio y quienes la defendían con su militancia antifascista jugándose
la vida en esa lucha. Cada cual tenemos cerca muchos de esos nombres. Que no se
nos olvide ninguno, ¿vale? Ninguno.
Fuente: infoLibre


