jueves, 23 de mayo de 2024

No es España, sino Israel quien rompe relaciones con España

 

No es España, sino Israel quien rompe relaciones con España


Nada que sorprenda con un gobierno de derechas (PSOE-Sumar) vestido con traje de izquierdas

 

INSURGENTE.ORG / 23.05.2024

 


 El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, anunció que el próximo martes, 28 de mayo, el Consejo de Ministros de España aprobará el reconocimiento del Estado palestino. Y la respuesta de Israel ha llegado exenta de sorpresa. El Estado sionista ha decidido llamar a consultas a su embajadora en España, Rodica Radian-Gordon. El argumento expuesto por el ministro de Exteriores israelí, Israel Katz, a ese respecto es que, con su decisión, el Ejecutivo español «premia a Hamás».

Cabe subrayar que el Estado sionista está inmerso con su genocidio contra el pueblo de Palestina desde el pasado 7 de octubre. Desde este día ha asesinado a más de 35.000 palestinos, gran parte de ellos niños y niñas. Además, el gobierno terrorista de Netanyahu ha vulnerado el derecho de manera sistemática y con la complicidad de los gobiernos occidentales (incluido el español). Sin embargo, el gobierno progre, sostenido por la socialdemocracia vasca catalana y galega, nunca vio motivos para romper relaciones con Israel. Paradójicamente, ha sido el Israel quien ha roto relaciones con España.

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Hervir al oso

 

Al parecer, los ejércitos occidentales encuadrados en la OTAN creen que cociendo al oso ruso a fuego lento la victoria estará asegurada. Pero el oso está desbordando la olla, y los cocineros europeos no saben muy bien qué hacer, salvo obedecer al chef.


Hervir al oso


Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

23 mayo, 2024 

 


Mientras que durante los dos primeros años de la guerra ucraniana, el palmarés del belicismo se lo repartieron casi a partes iguales EEUU y Reino Unido, en tiempos más recientes se lo ha adjudicado Macron. Las razones son variadas, desde la gran dificultad en la que se encuentra hoy Francia hasta la ilusión de que puede aprovechar la crisis alemana para asumir el liderazgo europeo, pasando por el enanismo político de su presidente. Pero la razón de fondo es que la dirigencia europea, casi unánimemente, se ha resignado básicamente a cumplir la tarea dejada por Estados Unidos: asumir el peso del conflicto en el este, apoyando a Kiev hasta más allá del último ucraniano si fuera necesario.

Una vez más, las razones por las que los europeos se han convencido a sí mismos de que no pueden eludir esta tarea son múltiples, y ya he escrito sobre ellas en otras ocasiones. Lo que es importante entender es cómo creen que lo harán, cuándo creen que lo harán y, por supuesto, si realmente creen que pueden hacerlo.

A juzgar por la forma en que se están intensificando las declaraciones intervencionistas, parece que el plazo no está tan lejos; probablemente, en las secretarías europeas se esté planeando iniciar una fase operativa al menos después de las elecciones norteamericanas, también para tener una idea más clara de las orientaciones de la Casa Blanca y de su calendario de retirada. Al mismo tiempo, los acontecimientos en el campo de batalla no parecen muy compatibles con estas previsiones optimistas: la llegada del buen tiempo ya ha relanzado la iniciativa rusa a lo largo de toda la línea del frente, y las deficiencias estructurales del ejército ucraniano están saliendo a relucir. Los acontecimientos, por tanto, podrían acelerarse.

En cuanto al cómo, parece bastante claro que la idea es hervir al oso ruso como a la proverbial rana. Paso a paso, contando con que Moscú, queriendo evitar una escalada, acabará dejando que las cosas sucedan sin una respuesta contundente. En definitiva, se piensa, Rusia había fijado varias líneas rojas, pero luego permitió que se cruzaran sin reaccionar. En consecuencia, subir la temperatura poco a poco puede ser una buena estrategia.
Además, el discurso público (la narrativa con la que se preparan las opiniones públicas) es una mezcla de tonterías y medias verdades, pero leyéndolas en filigrana, el diseño está claro.

Macron hincha el pecho y hace declaraciones agresivas, pero luego entre las exigencias ucranianas y la disposición europea viene la pauta: empezar por entrenar a los ucranianos en Ucrania (150.000 hombres…) para que estén más cerca (y preparados) del frente[1]. Al fin y al cabo, los países de la OTAN llevan años entrenándolos, sólo cambia la ubicación… Uno se imagina que un comienzo así sería más aceptable para los europeos, y que Moscú no reaccionaría más allá de «duras protestas». A partir de ahí ya veremos.

Por supuesto, el punto débil es la posibilidad real de realizar el diseño según ese propio esquema.

En primer lugar, se supone que Rusia se comporta exactamente como se espera en Bruselas, lo que, sin embargo, no es en absoluto seguro. Como siempre presos de su propio autismo, los dirigentes europeos no escuchan, y si lo hacen, no entienden. Aquí, de hecho, estamos más allá de las intemperancias verbales de Medvédev; cuando un diplomático como Lavrov dice alto y claro que si los europeos quieren guerra ellos están listos, no hay que tomárselo en absoluto a la ligera. Al fin y al cabo, cuando Monti dice a su vez que «para hacer Europa» hay que derramar sangre, sólo es más sincero y pragmático que Macron.

El problema, por supuesto, es que un patrón de pequeños pasos simplemente corre el riesgo de traducirse en una serie de pasos inútiles. Hay básicamente tres problemas críticos en el ejército ucraniano: escasez de munición de artillería, escasez de personal, escasez de sistemas antimisiles y antiaéreos.

Lo primero, los europeos son incapaces de remediarlo. Aunque la producción industrial relativa de Rusia no creciera (como lo está haciendo) y se mantuviera en los niveles actuales, los europeos tardarían años y años en igualarla.
En cuanto al segundo, las dificultades para solucionarlo serían al menos iguales. Enviar incluso 20-30.000 soldados no tendría un impacto decisivo. En primer lugar, estaríamos hablando de hombres sin experiencia real de combate, por no hablar de la experiencia de una guerra de desgaste como la actual. La logística de apoyo sería complicada, ya que la retaguardia tendría que situarse en Polonia y/o Rumanía, a mil kilómetros del frente. Y de todos modos, incluso esa cifra equivaldría a 5-6.000 hombres en combate. Irrelevante. Habría que enviar al menos 2.300.000 hombres, prácticamente toda la fuerza de despliegue europea de la OTAN, para que tuviera algún impacto.
Los europeos podrían transferir casi todos sus sistemas de defensa antimisiles/antiaéreos, dejando a sus respectivos países casi desprotegidos, pero incluso esto tendría un impacto limitado en el tiempo: los rusos utilizarían los grandes números de que disponen para saturar las defensas y destruir las baterías una tras otra.

Lo único que podría introducir un elemento de discontinuidad sería la intervención de las fuerzas aéreas. Cazabombarderos europeos que despegaran de aeródromos fuera de Ucrania y atacaran la retaguardia rusa. Pero esto, inevitablemente, llevaría la guerra a suelo europeo, ya que en ese momento está claro que los rusos atacarían las bases aéreas de partida con sus misiles balísticos e hipersónicos. Lo mismo ocurriría si se desplegaran baterías antimisiles desde los países vecinos. Además, si de todos modos este nivel de intervención consiguiera crear problemas a las fuerzas armadas rusas, es prácticamente seguro que Moscú recurriría entonces a las armas nucleares tácticas. Para Rusia, el riesgo de una derrota en esta guerra equivaldría a una amenaza existencial. Y aquí es donde vuelve a entrar en juego Macron, que promete audazmente la cobertura del paraguas nuclear francés, la force de frappe. Por desgracia, la comparación con la Federación Rusa es despiadada, y la cantidad de armas nucleares francesas (así como los vectores para llevarlas al objetivo) es ridículamente pequeña: Francia puede ofrecer, como mucho, la cobertura de un paraguas de cóctel, y Moscú haría de París una frappe.

Por lo tanto, la estrategia europea de hervir al oso ruso poco a poco –incluso suponiendo que sea tan estúpido como una rana– no puede funcionar. El gradualismo simplemente corre el riesgo de cobrar un precio muy alto (en términos de bajas, heridos, sistemas de armamento destruidos, etc.), sin lograr ningún resultado digno de mención. La aceleración, por el contrario, al poner rápidamente en combate una gran fuerza, equivale en la práctica a sumir a Europa en un conflicto prolongado, y sin conseguir tampoco cambiar los términos de la ecuación.

Sin una intervención directa de Estados Unidos, los países europeos por sí solos no están en condiciones de enfrentarse a Rusia de forma significativa[2]. Pero el compromiso directo es exactamente lo que evitan en Washington, y son muy conscientes de que una vez que pones las botas sobre el terreno, ya no puedes volver atrás, y la lógica de la guerra te arrastra cada vez más lejos. Algo que aprendieron bien en Vietnam, y que no han olvidado desde entonces.

El juego, por tanto, sigue siendo una apuesta. Es como tener muchas menos fichas que tu oponente, y aun así jugarte el resto sin tener ni siquiera un par de doses en la mano.

En todo esto, por supuesto, hemos pasado completamente por alto el hecho de que no existe identidad de puntos de vista –más allá de la fachada– entre las distintas capitales europeas. Con toda probabilidad, hay países –no sólo Hungría o Eslovaquia, sino también Alemania e Italia…– que esperan secretamente un colapso repentino del ejército ucraniano para hacer inútil cualquier hipótesis de despliegue de sus propias tropas.

Sin embargo, a pesar de que lo que se describe sumariamente es un escenario muy realista, es evidente que hay quienes creen que los europeos tendrían en cambio muy buenas posibilidades en un enfrentamiento con Rusia. Que esto se crea posible entre los dirigentes políticos, por muy peligrosamente desalentador que sea, también es plausible; mucho peor es cuando lo apoyan los altos mandos militares de la OTAN, cuya opinión no puede sino influir en las decisiones políticas. Y no pocos generales, franceses, alemanes y otros, parecen convencidos de que pueden ganar la partida (o quizás simplemente sueñan con un momento de gloria tras toda una vida detrás de un escritorio o jugando a juegos de guerra)[3].

Ciertamente, lo que ocurra en el tablero europeo depende también de lo que ocurra en otros lugares, porque se trata de un juego global, en el que todo está interconectado. El problema es que los dirigentes europeos no sólo no tienen poder de decisión, ni siquiera marginal, respecto a esta dimensión, sino que carecen por completo de visión de conjunto. De la real, es decir, no de la que cuentan las noticias.

Los próximos meses, por tanto, estarán llenos de consecuencias para los europeos, pero también –en gran medida– jugados como peones, cuyos movimientos son en gran medida heterodoxos, pero cuyos efectos soportaremos en gran medida sólo nosotros. Y está claro que el interés de Estados Unidos es empujar a los europeos, pero no a la OTAN, a asumir los riesgos y las cargas del conflicto, que Washington querría prolongar indefinidamente[4].

Un liderazgo inadecuado es otro factor de riesgo, además de los objetivos. En este marco, por lo que se ve, estos dirigentes tienden a callarse; conscientes de su propia debilidad, tanto frente al enemigo contra el que se lanzan, como frente a sus propios ciudadanos que no tienen ningún deseo de morir por Kiev (y mucho menos por Washington), proceden cada vez más a la militarización del espacio público, a la restricción de los espacios democráticos, a la torsión autoritaria. Hacen la guerra a la disidencia de sus propios ciudadanos para hacer mañana la guerra a Rusia.

Y si los pueblos de Europa pierden esta guerra, acabarán arrastrados a la siguiente, en la que la derrota podría coincidir con la extinción de la civilización europea tal y como la hemos conocido.

Notas

[1] Según el New York Times, debido a la escasez de tropas, el gobierno de Kiev ha pedido a Estados Unidos y a la OTAN que «ayuden a entrenar a 150.000 nuevos reclutas» dentro de Ucrania, para que puedan ser enviados al frente más rápidamente. Obviamente, esto es un gigantesco disparate. En cualquier caso, estos campos de entrenamiento tendrían que estar situados lo más lejos posible de la línea del frente, para minimizar el riesgo de que fueran atacados (las grandes concentraciones de tropas son obviamente un objetivo tentador), y requerirían una protección adecuada para los ataques desde el aire; los riesgos y los esfuerzos logísticos se verían enormemente superados por la ligera ventaja de tener a los reclutas en formación un poco más cerca de la línea de batalla. Se trata descaradamente de una estratagema para conseguir personal militar de la OTAN sobre el terreno.

[2] Una investigación del diario británico The Daily Mail ha establecido que en caso de conflicto abierto entre la OTAN y Rusia, las fuerzas de la OTAN no serán suficientes. Aunque en términos numéricos la fuerza de la Alianza Atlántica parece superior, esta superioridad se debe esencialmente a las fuerzas armadas de Estados Unidos, sin las cuales se degrada significativamente. Además, el estudio no tiene en cuenta, salvo marginalmente, factores como la producción industrial, la experiencia y capacidad de combate, etc.

[3] Según el comandante de las fuerzas combinadas de la Alianza en Europa, el general Christopher Cavoli (EEUU), las fuerzas armadas rusas «carecen de la experiencia y las capacidades para operar a la escala necesaria para explotar cualquier avance para obtener una ventaja estratégica».

[4] Una autorizada revista estadounidense como Foreign Affairs ha apuntado explícitamente en esta dirección, y desde luego no de manera casual. Según FA, obviamente muy cercana a la Secretaría de Estado, «los países europeos deben hacer más […] Deben considerar seriamente el despliegue de tropas en Ucrania para proporcionar apoyo logístico y entrenamiento, para proteger las fronteras e infraestructuras críticas de Ucrania, o incluso para defender las ciudades ucranianas. Tienen que dejar claro a Rusia que Europa está dispuesta a proteger la soberanía territorial de Ucrania» Tras descartar la posibilidad de que esto desemboque en la Tercera Guerra Mundial, los autores sugieren con picardía que «una misión estrictamente no de combate sería más fácil de vender en la mayoría de las capitales europeas», pero subrayan inmediatamente después que «Europa debe considerar una misión directa de combate para ayudar a proteger el territorio ucraniano».
Tanto es así que, «puesto que las fuerzas europeas actuarían fuera del marco y del territorio de la OTAN, cualquier pérdida no desencadenaría una respuesta en virtud del Artículo 5 y no pondría en entredicho a EE.UU» Y para apaciguar a los líderes europeos –a los que claramente va dirigido el mensaje– añaden: «En algún momento, los líderes europeos tienen que ignorar las amenazas de Putin, ya que no son más que propaganda».

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miércoles, 22 de mayo de 2024

Intento de golpe de estado en El Congo: ¿Qué hace tan atractivo a ese país para las grandes potencias?

 


Intento de golpe de estado en El Congo: ¿Qué hace tan atractivo a ese país para las grandes potencias?


Publicado el 22 de mayo de 2024 / Por Canarias Semanal

KAOSENLARED

 

Durante la madrugada de este lunes 20 de mayo, la República Democrática del Congo (RDC) fue objeto de un intento de golpe de estado que ha puesto al país y al mundo en alerta. La presencia de agentes de los Estados Unidos ha sido constatada con la detención de algunos de ellos ¿Qué es lo que tiene el Congo que lo hace tan atractivo a las apetencias insaciables de las grandes potencias mundiales. Sobre la marcha de los acontecimientos, la Redacción de Canarias semanal ha elaborado un informe urgente sobre los factores que han terminado convirtiendo la historia de ese país en un drama para propio pueblo…: Recursos naturales, inversiones extranjeras, presencia de las grandes potencias en la economía del país


Alrededor de las 4:30 de la madrugada, del lunes 20 de mayo, hombres uniformados llevaron a cabo un asalto simultáneo al Palacio de la Nación y a la residencia del viceprimer ministro y ministro de Economía de la República Democrática del Congo, Vital Kamerhe.

    Los atacantes, que estaban liderados por Christian Malanga, un conocido opositor pro-occidental, intentaron tomar el control de estos puntos estratégicos, provocando escenas de caos y enfrentamientos en la capital, Kinshasa.

Las autoridades congoleñas, alertadas por la situación, reaccionaron rápidamente desplegando tropas en varios puntos clave de la ciudad para contener la amenaza y restablecer el orden. La respuesta inmediata de las fuerzas de seguridad evitó que los insurgentes consolidaran su posición.

    Christian Malanga, una figura prominente en la oposición con fuertes vínculos pro-occidentales, encabezó el fallido golpe. Según informes, Malanga murió durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. La noticia de su muerte marca un punto crítico en la narrativa de este intento golpista, pues Malanga era visto como un líder clave en la oposición al gobierno actual.

Algunos de los compañeros de Malanga, en un desesperado intento de escapar, trataron de cruzar a nado el río Congo hacia Brazzaville, en la vecina República del Congo. Sin embargo, fueron capturados por las autoridades mientras intentaban huir.


PRUEBAS INCRIMINATORIAS

En posesión de los detenidos se encontraron pasaportes estadounidenses y canadienses, lo que ha levantado serias sospechas sobre la posible implicación de ciudadanos extranjeros en el golpe. Este hallazgo ha generado una ola de especulaciones y preocupaciones sobre el papel de actores internacionales en la desestabilización de la RDC.

 

En respuesta a estos eventos, la Embajada de Estados Unidos en la RDC emitió un comunicado expresando su “preocupación por las informaciones sobre ciudadanos americanos presuntamente implicados en los hechos ocurridos esta mañana en el municipio de Gombe”. El comunicado subraya la disposición de Estados Unidos para cooperar con las autoridades congoleñas en la investigación de estos actos criminales.

IMPLICACIONES INTERNACIONALES

La posible participación de ciudadanos estadounidenses en el 


intento de golpe puede tener serias repercusiones diplomáticas. De confirmarse, las relaciones entre Estados Unidos y la República Democrática del Congo podrían sufrir un grave deterioro. Además, este incidente podría influir en la percepción internacional de la política exterior estadounidense en África y en otras regiones en desarrollo.

Tras el asalto, la capital Kinshasa se encuentra bajo estrictas medidas de seguridad. Las autoridades han establecido puntos de control y patrullas adicionales para prevenir cualquier intento de desestabilización adicional. La situación es tensa, y la población espera con incertidumbre más detalles sobre las investigaciones en curso.

Las autoridades congoleñas están llevando a cabo una investigación exhaustiva para esclarecer los hechos y determinar el alcance de la implicación extranjera. Se espera que en los próximos días se revelen más detalles que puedan arrojar luz sobre los responsables y las motivaciones detrás del intento de golpe.

El intento golpista en la República Democrática del Congo es un recordatorio de la volatilidad política en la región y de las complejas dinámicas de poder que involucran tanto actores internos como externos. La muerte de Christian Malanga y la posible implicación de ciudadanos estadounidenses añaden una dimensión internacional a la crisis, que la comunidad global seguirá de cerca. Las próximas semanas serán cruciales para determinar el futuro de la estabilidad en la RDC y las relaciones diplomáticas en la región.

Canarias Semanal

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Resiliencia, una palabra del Poder

 

Para Fusaro, promover la resiliencia (como hacen las élites políticas contemporáneas) es una invitación a la resignación y al sometimiento. Combatir la resiliencia, en cambio, presupone un combate contra el enemigo de clase que pretende someternos.


Resiliencia, una palabra del Poder


Diego Fusaro

El Viejo Topo

22 mayo, 2024 

 


Un fantasma recorre las ruinas de la civilización tecnomorfa y pantoclástica: es el nuevo espécimen del homo resiliens. Liberado de los remordimientos de la conciencia infeliz y satisfecho por la miseria del presente cosificado, el «último hombre» dedicado a la resiliencia no conoce nada grande por lo que luchar y en lo que creer, por lo que esforzarse y en lo que esperar. Hijo del desencanto posmoderno y del fin de la creencia en los grands récits orientados hacia un futuro redimido, el homo resiliens se contenta con lo que hay pues piensa que es todo lo que puede haber. La suya es una ontología tan primitiva como depresiva, que resuelve la posibilidad en la realidad dada, el futuro en la eterna repetición del presente. Conformándose con los placeres vulgares que le ofrece la civilización del consumo («un deseo para el día y otro para la noche», se sugiere en Así habló Zaratrusta), el último hombre de la resiliencia no tiene ningún recurso de valor que oponer a la vorágine nihilista, que ha agotado todo sentido y ha abandonado el mundo sin Dios a la nada de la producción y el intercambio como fines en sí mismos.

Expresión desesperada de un nihilismo puramente pasivo, miembro seriado de un rebaño amorfo y sin pastor, el homo resiliens mira con el gélido pathos de la distancia todo anhelo de verdadera libertad, todo proyecto de renovación del mundo: está convencido de que ya no es el momento y de que, en la era crepuscular del ocaso de los ídolos, no queda otro camino que la conciliación y la adaptación respecto de un orden de cosas que, por mucho que se cuestione, no admite alternativas ni vías de escape. El imperativo de ne varietur se acompaña, casi de forma compensatoria, de un trabajo hipertrófico sobre el propio yo, destinado a volverlo más maduro y más fuerte para que finalmente esté dispuesto a aceptar sin pestañear todo lo que sea.

En la fisonomía del último hombre se impone como factor dominante la más vulgar mediocridad, se percibe la contracción integral de la potencia creadora de la esencia humana, ahora desprovista de entusiasmo y de pasión: los homines resilientes, «miserables, que nunca vivieron» (Infierno III, v. 64), se resignan con lo que hay, adaptándose una vez tras otra y esforzándose por acallar cualquier voz interior de disidencia que aún pudiera subsistir. La fuerza subversiva de la transformación de la realidad es expulsada por el repliegue sobre sí mismos de los últimos hombres, que viven el fundamentalismo económico y sus escenarios de ordinaria miseria como un destino irreversible al que prestan acatamiento sumiso. El imperativo estoico del amor fati, entendido a modo de adaptabilidad a la lógica de lo real, constituye la receta esencial de su felicidad mediocre, en la que la voluntad de impotencia individual convive con el furor de la voluntad de omnipotencia del sistema de producción tecnocapitalista.

La figura en la que parece condensarse mejor el nuevo espíritu gregario de los últimos hombres coincide con la de la servitude volontaire planteada por La Boétie, que actualizada podría traducirse como el oscuro deseo de servir para ser dejados en paz, de ser dominados para no ver interrumpido el goce ilimitado derivado del flujo de circulación de los servicios y de las mercancías. A diferencia del resistente, esto es, del sujeto naturaliter inconformista con el espíritu gregario y quizás incluso dispuesto a asociarse en formas revolucionarias con los de su especie, el resiliente encaja con el prototipo del esclavo ideal, que no sabe que lo es y que ignora la existencia de las cadenas que lleva o, alternativamente, las confunde con irrechazables oportunidades para la maduración interior.

El hodierno «malestar de la civilización» hunde sus raíces en la eliminación tanto del Ideal como del lazo social; y congruentemente produce el paisaje desértico de los ermitaños en masa, de los resilientes que, socialmente distanciados, tratan de sobrevivir adaptándose, superando biográficamente las contradicciones sistémicas casi como si fueran únicamente molestias del yo no conciliado. El hombre revolucionario vivía en el hiato perpetuo entre la realidad y sus sueños; el hombre resiliente vive en la inextinguible ausencia de sueños que le permitan pensar la realidad como algo enmendable.

Concepto smart e inaprensible, evasivo y capaz de adaptarse de manera resiliente a cualquier contexto, la resiliencia es, por derecho, parte integrante de la constelación de nuevas virtudes incorporadas a la civilización gerencial del business –desde el enpowerment hasta las prácticas motivacionales, desde el problem solving al mindfulness–  y de esa governance neoliberal que actualmente ha saturado el mundo de la vida, mercantilizándolo y cosificándolo sin restricciones ni zonas francas. Es, en primer lugar, la actitud existencial, pero después también política y social, hoy sistemáticamente exigida a los súbditos de la civilización mercadoforme, es decir, a los consumidores sin patria y sin raíces, sin sustancia crítica y –diría Gramsci– sin residuo del «spirito di scissione”: el mandato, bajo la forma de un imperativo omnipresente, llega principalmente a través del repique falsamente polifónico del sistema de mass-media, que es el megáfono de la voz de su amo. Este último exhorta diariamente a la triste tribu de los últimos hombres, el «pueblo perdido» de los descamisados ​​de la globalización infeliz, a volverse dóciles y sumisos, a abandonar todo antagonismo inoportuno y toda veleidad redentora: en una palabra, a hacerse resilientes, a trabajar sobre sí mismos para ponerse a la altura del mundo en el que viven, o sea, para soportarlo cotidianamente sin retornos de la llama roja y sin despertares extemporáneos del «espíritu de la utopía».

Por eso, el imperativo dominante, reafirmado urbi et orbi por la industria cultural y por los funcionarios de las superestructuras, es el que predica la desencantada adaptación a lo existente como única realidad posible[1]. Desde cualquier perspectiva que se observe, el sujeto resiliente parece ser el ideal producto in vitro del sistema de producción y de la civilización totalmente administrada. Siguiendo el retrato robot esbozado por Antonio Trabucchi en su texto Resisto dunque sono –Resisto luego existo– (2007)[2], el resiliente es optimista por principio, tiende a leer los acontecimientos negativos como circunscritos y en todo caso como una oportunidad de mejora, sigue pensando que es capaz de controlar y gobernar su propia vida, y no ve ninguna derrota, por más estruendosa que sea, que le suscite la voluntad de luchar para cambiar el orden de cosas.

Su predisposición fundamental, congénita o conquistada a base de un arduo trabajo sobre sí mismo, es la «agilidad emocional» (emotional agility)[3], vale decir, una suerte de precariado de las emociones y los sentimientos, llamado a expresarse en la capacidad de adaptarse camaleónicamente a los contextos más diversos y a las situaciones más adversas, encontrando cada vez in se los recursos adecuados y el espíritu preciso. Du mußt dein Leben ändern (Has de cambiar tu vida), el título de un exitoso libro de Peter Sloterdijk[4], cristaliza en su forma más eficaz la posmoderna rehabilitación del aguante estoico del orden de cosas y la glorificación de la razón cínica de quienes, al fin y al cabo, no aspiran más que a su propia salvación individual en medio de la tragedia colectiva.

Metabolizando el imperativo sistémico de la adaequatio al orden de cosas, elevada a la condición de «evidencia» a determinar científicamente y aceptada estoicamente, el homo resiliens contemporáneo no se esfuerza por comprender y, menos aún, por rectificar el orden de cosas: parte del presupuesto de que en caso de conflicto entre Sujeto y Objeto, es en cualquier circunstancia el primero – para él sólo en esto reside el secreto de una vida feliz – el que tiene que adaptarse al segundo, superando los traumas y malestares que intempestivamente le han llevado a tal divergencia. La pasión transformadora abierta al futuro, que pertenecía a los revolucionarios, es aniquilada por esta forma contemporánea de adhesión desencantada; forma cuya ductilidad, en todo caso, tiende fácilmente a desvelar la farsa y el lastre ideológico.

El heroico mot d´ordre del coraje y de su indocilidad razonada (frangar, non flectar) es derribado por el vil adagio de la resiliencia y su ilimitada disposición a sufrir en silencio (flectar, non frangar), fingiendo que los traumas y las injusticias han de acogerse como momentos de superación y como pruebas de fortaleza. Obsérvese, en passant, que el adjetivo «frágil» tiene como raíz el verbo latino frango, que significa «quebrar», «romper», «destrozar»: el resiliente es, pues, el «frágil» que, con tal de no romperse, se adapta a todo, haciéndose líquido en la sociedad líquida y, por tanto, asumiendo en todos los ámbitos la «fluidez» como su propia cualidad esencial.

El célebre aforismo de Nietzsche, según el cual was mich nicht umbringt, macht mich stärker, «lo que no me mata, me hace más fuerte»[5], no parece que pueda ser tomado como una definición del espíritu de resiliencia: de hecho el resiliente es un sujeto intrínsecamente débil, cuyo actuar o, por mejor decir, cuya inactividad práctica surge del reconocimiento preventivo de la fuerza superior del objeto que está frente a él. Variando sobre el tema hegeliano, es más un siervo que un señor ya que, prefiriendo doblegarse para no quebrarse, no está dispuesto a correr el riesgo extremo de su vida para revertir el orden de cosas y ganar la libertad.

Como la hierba pisoteada, que siempre está lista para volver a su posición, así el resiliente absorbe cada vez el golpe, probablemente agradeciendo la preciosa oportunidad de maduración que ha obtenido de él. Se le exige apertis verbis cultivar esa «flexibilidad mental»[6] que consiste, en el fondo, en la capacidad de adaptarse a todo y a todos, lo que, no accidentalmente, representa una variante nada desdeñable de la flexibilidad universal de la era del precariado y de la evaporación de toda figura de solidez: desde los lazos familiares a las relaciones laborales, desde los vínculos con las comunidades y con los territorios de pertenencia a las visiones del mundo fundamentadas y estructuradas.

En efecto, del lema resiliencia se puede hacer lo que se quiera ya que, de un modo u otro, se adapta a todo: tal es, paradójicamente, su grado de resiliencia. Perfil paroxístico del yo líquido posmoderno, el homo resiliens puede serlo en el ámbito psicológico, si supera los traumas modificándose a sí mismo[7]; puede serlo en política, si se adecúa cadavéricamente al imperativo de ne varietur tallado en letras mayúsculas en el teologúmeno neoliberal there is not alternative; todavía puede serlo también en economía, si logra hacer de la necesidad virtud, viviendo como oportunidades los escenarios de la ordinaria explotación y de la cotidiana desigualdad propios del fanatismo del mercado.

El Diccionario de la Lengua italiana de De Mauro explica que “resiliente” es aquel que manifiesta la “capacidad de resurgir de experiencias difíciles, adversidades, traumas, tragedias, amenazas o fuentes significativas de estrés, manteniendo una actitud suficientemente positiva al afrontar la existencia”; en suma, el que sufre la desgracia y se levanta como si nada, el que frente a la injusticia, en lugar de rebelarse, encuentra la fuerza para seguir su propio camino aunque esto suponga una dosis diaria de abuso mortificante.

Variante del actual fanatismo de la tolerancia, la resiliencia es naturalmente un perfil psicológico. Pero también es, inseparablemente, un comportamiento político acorde con la era del absolutismo del tecnocapital y de la austeridad desiderata por los grupos patronales, jubilosos ante la perspectiva de poder gobernar masas oprimidas y resilientes; o lo que es igual, masas capaces de absorber sin pestañear y sin retornar a los fuegos rojos, la violencia cotidiana sobre la que estructuralmente se asienta un sistema que tiene como premisa básica la explotación y la miseria de los más en beneficio de unos pocos. No olvidemos entonces que, como mostró Federico Rampini (“La Repubblica” 23 de enero de 2013), “dinamismo resiliente” fue la consigna lanzada en 2013 por el Foro Económico Mundial y por Obama, por lo tanto en lugares y por personas que se inscriben plenamente en el orden del bloque hegemónico neoliberal de tracción atlantista.

El homo resiliens se cae y se levanta potencialmente hasta el infinito, pero sin cuestionar nunca el mundo objetivo que siempre le hace caer de nuevo. Sucesor del ignavo confinado por Dante en el infierno, el resiliente no entorpece la marcha del mundo y, de hecho, la secunda en todas sus dinámicas, incluso aunque se trate de la más endemoniadamente injusta. Ni siquiera la condena con las armas de la crítica ni la somete a una mordaz interpelación, atrapado como está por la petulante satisfacción de haber logrado trabajar sobre sí mismo hasta el punto de aceptar finalmente lo inaceptable.

El resiliente es el yo indefenso que ve penurias personales pero nunca contradicciones reales y que, en caso de desacuerdo con la realidad, prefiere el diván del psicólogo a la plaza de la revolución coral, la variación del yo a la del no- yo, que diría Fichte. Su esfera privilegiada de acción y de vida es la individualidad a la sombra del poder, el desarme de todo espíritu crítico y la mutilación preventiva de todo proyecto de futuro. Es el sujeto ideal de las masas pasivas y homologadas, en las que todos piensan y desean lo mismo (pues ya nadie piensa ni desea realmente), pero simultáneamente también es el individuo aislado de la nueva era de las soledades telemáticas conectadas a través de internet y desconectadas de la realidad y sus palpitantes contradicciones que piden ser resueltas en la praxis.

En definitiva, el resiliente es el súbdito ideal de la prosa cosificante del nuevo capitalismo post-1989 y, con mayor razón, de los propios desarrollos que está experimentando en las primeras décadas del nuevo milenio: el homo resiliens ha atesorado los llamamientos que se le dirigen desde todos los puntos de las redes unificadas por parte de los monopolistas del discurso y por tanto, vía mediata, por el bloque oligárquico neoliberal. Ha aceptado ser sumiso en lugar de revolucionario, adaptable en lugar de contestatario, e incluso ha interiorizado la necesidad de cambiarse a sí mismo para adecuarse a un status quo de cuya inmodificabilidad está íntimamente convencido. En definitiva, ha optado por hablar el idioma de su enemigo de clase, creyendo en el progreso -y por consiguiente en la ininterrumpida secuencia de las conquistas de los grupos dominantes- y sobre todo asumiendo mansamente el comportamiento que los amos siempre han soñado de los esclavos. ¿No es acaso el sueño inconfesable de todo amo gobernar esclavos dóciles y sumisos, en una palabra resilientes? ¿No es verdad que todo pastor ha tenido siempre el deseo de poder conducir un rebaño manso y obediente, dispuesto a hacer cuanto se le ordene porque está convencido de que no existe ninguna otra posibilidad?

 

También por eso la resiliencia es, entre todas, la cualidad más propedéutica para el éxito del bloque oligárquico neoliberal, la virtud que es propicia y se espera de la massa damnata de los derrotados. Es parte integrante del nuevo orden mental, políticamente correcto y éticamente corrupto, que sirve de complemento superestructural a la estructura del diagrama asimétrico del equilibrio de poder en la época inaugurada con el entierro, aunque provisorio, del marxiano «sueño de una cosa» bajo los pesados escombros del Muro (9.11.1989).

Notas

[1] “¡Adecuados! Es el mandamiento psicológico-político del momento”: PETER SLOTERDIJK, “Kritik der zynischen Vernunft”, 2 Bände, 1983; (Ed. Esp. “Crítica de la razón cínica”, Siruela 2003).

[2] PIETRO TRABUCCHI, “Resisto dunque sono”, Corbaccio, Milano 2007.

[3] SUSAN DAVID, “Emotional Agility”, 2016; (Ed. Esp. “Agilidad Emocional”, Editorial Sirio, Málaga 2018).

[4] Ver PETER SLOTERDIJK, “Du muBt dein Leben ändern. Über Anthropotechnik”, Suhrkamp Verlag 2009; (Ed. Esp. “Has de cambiar tu vida”, Pretextos 2012).

[5] FRIEDRICH NIETZSCHE, “Götzen-Dammerung: oder Wie man mit dem Hammer philosophiert”, 1888; (Ed. Esp. “El crepúsculo de los ídolos”, EDAF 2002).

[6] ANNA OLIVERIO FERRARIS y ALBERTO OLIVERIO, “Più forti delle avversità. Individui e organizzazioni resilienti”, Bollati Boringhieri, Torino 2014.

[7] JOHN W. REICH, ALEX J. ZAUTRA y JOHN STUART HALL, “Handbook of Adult Resilience”, Guilford, New York 2010.

Fuente: Posmodernia.

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martes, 21 de mayo de 2024

DOCUMENTAL sobre ANARQUÍA: de ERRICO MALATESTA al SIGLO XXI

RUSIA PREPARA LA PÓLVORA CONTRA LA OTAN EN UCRANIA: ARMAS NUCLEARES TÁCT...

Justicia británica frena la extradición de Julian Assange

 


Justicia británica frena la extradición de Julian Assange


Publicado el 21 de mayo de 2024 / Por Prensa

KAOSENLARED 

El periodista australiano, fundador de WikiLeaks, podrá interponer un nuevo recurso contra su extradición a Estados Unidos.


Dos jueces del Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales han dictaminado este lunes que Julian Assange tiene derecho de apelar su extradición a Estados Unidos.

El Gobierno de Estados Unidos quiere llevar a juicio al hombre nacido en Australia por cargos de espionaje. Según sus partidarios, se enfrenta a una pena de hasta 175 años de prisión.

Los abogados de Assange habían convencido previamente a los jueces en una audiencia que duró casi dos horas de que se permitiría al australiano presentar sus argumentos en un proceso de apelación completo.

La cuestión principal era si Assange, como ciudadano extranjero, podía invocar el derecho a la libertad de expresión en Estados Unidos.

Los jueces inicialmente pospusieron la decisión a finales de marzo y exigieron garantías a Estados Unidos. Sin embargo, inicialmente estos no convencieron al tribunal.

Se está celebrando una manifestación de apoyo a Julian Assange frente al Tribunal Superior de Londres, luego de conocerse que podría apelar su posible extradición a EE.UU.

TelesurTV

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La Unión Europea, entre el mito y la realidad

 

Comprender la UE significa comprender el proceso histórico y las bases materiales de su constitución, su configuración política y su proyección internacional: una tarea de la que las gentes de izquierda en Europa no pueden escapar.


La Unión Europea, entre el mito y la realidad

 


Gianmarco Pisa

El Viejo Topo

21 mayo, 2024 

 


Definir la naturaleza de la Unión Europea hoy, su configuración política y su proyección internacional, y, dentro de ella, centrarse en el papel que desempeña en el mundo contemporáneo, en el que se mueve como organización regional de Estados y en el que desempeña un papel. como actor político, es, sin duda, un compromiso del que las izquierdas en Europa no pueden escapar.

Por tanto, en la introducción hay que fijar la definición del perímetro, partiendo de la distinción esencial entre Europa y la Unión Europea: es decir, entre Europa, como un espacio geográfico y cultural significativamente articulado, plural y complejo (46 Estados, más de 700 millones de personas, se hablan más de 200 lenguas, una composición política y cultural peculiar y heterogénea), y la UE, como organización institucional supranacional, de carácter político y económico, constituida a partir de las Comunidades Europeas que se formaron en los años cincuenta (que hoy cuenta con 27 estados miembros, una población de menos de 450 millones de personas, 24 lenguas oficiales). Comprender la Unión Europea significa comprender el proceso histórico y las bases materiales de su constitución y configuración.

 

Las bases materiales de la UE

Estos últimos, a su vez, se basan en tres pilares: 1) la coordinación de la producción industrial fundamental (carbón y acero) a partir de la creación de la República Checa (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), entre Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo (1951); 2) coordinación científica, tecnológica y productiva en el ámbito nuclear, a partir del establecimiento del Ceea o Euratom (Comunidad Europea de la Energía Atómica), entre los mismos seis países (1957); 3) la coordinación del mercado europeo y el establecimiento del mercado común europeo, con la Comunidad Económica Europea (CEE) todavía entre los seis países fundadores (1957).

Los principios de esta coordinación material –de mercados nacionales, no de políticas económicas– habían sido establecidos en el Plan Schuman (Declaración Schuman, 1950): «la aplicación de un plan de producción y de inversiones, el establecimiento de mecanismos de igualación de precios y la creación de de un fondo de reconversión para facilitar la racionalización de la producción. El movimiento de carbón y acero entre los países participantes estará exento de derechos de aduana y no podrá verse afectado por tarifas de transporte diferenciales. Gradualmente surgirán las condiciones que asegurarán… la distribución más racional de la producción al más alto nivel de productividad.»

Por un lado, pues, la narrativa, basada en el tema recurrente de la unificación europea como garantía de paz en el continente (una UE sin la cual, como afirma la web institucional, «no podríamos vivir en el espacio de la paz») y estabilidad que hoy damos por sentado»), a pesar de la larga teoría de las guerras realmente libradas, después de la Segunda Guerra Mundial, en el continente europeo, desde Grecia (1946-1949) hasta Chipre (1974), desde las guerras en los Balcanes (1991-1995) hasta la agresión contra Yugoslavia (1999), desde Macedonia, hoy Macedonia del Norte (2001) hasta, aún en curso, Ucrania (2014).

Por otro lado, sin embargo, la realidad material de la construcción de un mercado común y las condiciones más favorables para aumentar la producción y maximizar los beneficios de las industrias nacionales, en apoyo de los grandes capitales europeos. El ordoliberalismo, el papel del Banco Central Europeo, la mayor libertad de movimiento de bienes, capitales y servicios, las políticas de contención del gasto público y de reducción de las protecciones sociales, la ausencia de planificación económica y armonización fiscal, la imposición de parámetros monetaristas (tasa de inflación inferior al 2%, déficit presupuestario inferior al 3% del PIB y deuda pública inferior al 60% del PIB) representan el marco político-económico para garantizar los intereses de los grandes capitales nacionales y en detrimento de los intereses de los trabajadores y, en general, de los sectores sociales. necesidades. Sin pelos en la lengua, es una vez más el sitio web institucional el que confirma que toda «la política fiscal de la UE está orientada al correcto funcionamiento del mercado único».

Es interesante observar que, en la historia de la UE registrada en el sitio y en los documentos institucionales, el 4 de abril de 1949, fecha de la fundación de la OTAN, figura como fecha clave. Así como es interesante que en el sitio web y en los documentos institucionales se informe sobre la firma del Acta Única Europea (1987) y la transición de los años 80, en la que se sentaron otras bases materiales para la fundación de la UE. bajo el lema “Europa cambiante: el colapso del comunismo”. La Unión Europea se estableció con el Tratado de Maastricht el 7 de febrero de 1992, aproximadamente cuarenta días después de la disolución de la Unión Soviética el 31 de diciembre de 1991. El Tratado codifica y cristaliza el modo de producción capitalista como fundamento de la estructura de la Unión. Título II-VI, “Política económica y monetaria”, art. 102a: “Los Estados miembros y la Comunidad actúan respetando los principios de una economía de mercado abierta y de libre competencia, favoreciendo una asignación efectiva de los recursos”. El capitalismo, en la configuración de una «economía de mercado abierta y libre competencia», constituye, por tanto, el rasgo esencial, el carácter estructural, de toda la arquitectura de la Unión Europea.

 

Integración UE-OTAN

En términos de proyección internacional, los dos elementos más significativos están sin duda representados por el papel de la UE como marco institucional, legal y regulatorio para apoyar el capital nacional y su penetración internacional, y por la relación estratégica cada vez más estrecha entre la UE y la OTAN. En cuanto al primer ámbito, el objetivo del marco regulatorio comunitario es que «la libre circulación de capitales apoye el mercado único; también contribuye al crecimiento económico, gracias a la posibilidad de invertir capital de manera eficiente; y promueve el uso del euro como moneda internacional, apoyando el papel de la UE en el escenario global».

En cuanto al segundo ámbito, sigue siendo el Tratado de Maastricht el que codifica la relación UE-OTAN: en la Declaración sobre la UEO (Unión Europea Occidental), parte integrante del Tratado, está escrito (art. 2) que «el La UEO se desarrollará como un componente de defensa de la Unión Europea y como una herramienta para fortalecer el pilar europeo de la Alianza Atlántica. Para ello, formulará una política de defensa común europea y garantizará su aplicación concreta mediante un mayor desarrollo de su papel operativo». La aceleración marcada por las guerras en los Balcanes y, en particular, por la guerra contra Yugoslavia (1999), la formulación del Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN (24 de abril de 1999) y el Tratado de Lisboa (1 de diciembre de 2009) marcan una nueva etapa. aceleración y consolidación de este proceso de compactación militar. En particular, el Tratado de Lisboa cristaliza la interacción con la OTAN, Capítulo sobre “Política común de seguridad y defensa”, art. 49.7, “Los compromisos y la cooperación en este sector siguen siendo compatibles con los compromisos asumidos en el seno de la OTAN, que sigue siendo, para los Estados miembros, la base de su defensa colectiva y la instancia para su implementación”.

El contexto de la guerra por poderes entre Estados Unidos y la OTAN, con la participación activa de la UE contra Rusia en Ucrania, marca una nueva aceleración, como se muestra en la Declaración conjunta sobre la cooperación UE-OTAN (10 de enero de 2023), en particular (art. 7): “Como se subraya tanto en el concepto estratégico de la OTAN como en la brújula estratégica de la UE, este es un momento clave para la seguridad y la estabilidad euroatlántica, que demuestra más que nunca la importancia del vínculo transatlántico y requiere una cooperación más estrecha entre la UE y la OTAN”; así como (art. 8): “La OTAN sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus aliados y es esencial para la seguridad euroatlántica. Reconocemos el valor de una defensa europea más fuerte y más capaz, que contribuya positivamente a la seguridad global y transatlántica y sea complementaria e interoperable con la OTAN». La UE se convierte, en esta dimensión, en una articulación política, particularmente en el escenario estratégico europeo y mediterráneo, del imperialismo occidental y del «orden unipolar» que encuentra su pilar precisamente en la OTAN.

 

La proyección exterior de la UE

En el contexto de la guerra contra Rusia en Ucrania, el 21 de marzo de 2022, la Unión aprobó el nuevo documento estratégico de la UE, la Brújula Estratégica, que transforma efectivamente a la UE en un instrumento no sólo político y económico, sino también de «guerra». El objetivo de la estrategia es: “una UE más fuerte y más capaz en materia de seguridad y defensa para hacer una contribución positiva a la seguridad global y transatlántica, complementaria a la OTAN, que sigue siendo la base de la defensa colectiva de sus miembros, y aumentar apoyo al “orden global basado en reglas”. Se asume así oficial y estratégicamente la dimensión del «orden global basado en reglas», que no es más que una metáfora de la primacía geopolítica del imperialismo occidental y de la defensa, también mediante la guerra, de la unipolaridad liderada por Estados Unidos.

En términos operativos implica: a) crear una fuerza de despliegue rápido compuesta por 5.000 soldados para los más diversos tipos de crisis; b) realizar ejercicios militares periódicos en tierra y mar; c) fortalecer la movilidad militar; d) reforzar las misiones y operaciones de la política común de seguridad y defensa en los ámbitos civil y militar; e) hacer pleno uso del “Mecanismo Europeo de Paz” (el instrumento financiero para apoyar las capacidades de seguridad y defensa de la Unión) para apoyar a los socios.

Ya hoy, en este momento, la UE como tal (con el mecanismo financiero común Athena) está comprometida en seis misiones militares fuera de las fronteras de la UE: a) Eufor Althea (Bosnia-Herzegovina); b) Eunavfor Atalanta (Cuerno de África); c) Eunavfor Med Irini (Mediterráneo); d) MUE Somalia; e) MUE Mali; f) MUE República Centroafricana. Las misiones Eufor (Fuerza de la Unión Europea) son propiamente misiones militares de la UE; la Eunavfor (Fuerza Naval de la Unión Europea) son las misiones militares marítimas; Las EUTM (Misión de Entrenamiento de la Unión Europea) son misiones militares para entrenar y fortalecer a las fuerzas militares y de seguridad de terceros países. En realidad, estas son sólo algunas de las herramientas operativas de la UE, que también participa activamente en las misiones Eucap (Misión de Desarrollo de Capacidades) y Eubam (Misión de Asistencia a la Gestión Fronteriza).

Por último, la UE es un actor estratégico, aunque subordinado al mando de Estados Unidos y la OTAN, en la guerra de Ucrania, en la que participa activamente con su propio instrumento militar (Eumam, Misión de Asistencia Militar de la Unión Europea) y a través de una multiplicidad de medidas: apoyo a las Fuerzas Armadas de Ucrania; entrega y adquisición de municiones y misiles; suministro de equipos y suministros militares letales y no letales, incluidos combustible, municiones y misiles, incluso con la adopción de un instrumento jurídico ad hoc (el Reglamento sobre apoyo a la producción de municiones, de 20 de julio de 2023); formación de las Fuerzas Armadas de Ucrania (40.000 soldados ucranianos entrenados desde el inicio de la misión); y obviamente las conocidas sanciones, contra Bielorrusia, contra Irán y trece paquetes de sanciones contra Rusia. Se trata, como se ha señalado, de sanciones unilaterales, por lo tanto ilegítimas según el derecho internacional, a la luz del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, ya que (art. 39) «El Consejo de Seguridad comprueba la existencia de una amenaza a la paz, una quebrantamiento de la paz o un acto de agresión, y hace una recomendación o decide qué medidas deben tomarse de conformidad con los artículos. 41 y 42 para mantener o restaurar la paz y la seguridad internacionales.» Sin embargo, el 28 de noviembre de 2022 la UE incluso introdujo un nuevo delito comunitario, a saber, el delito de «incumplimiento de medidas restrictivas».

Por último, cabe destacar el importante compromiso financiero asumido por la Unión en el escenario ucraniano y, sobre todo, la composición de dicho compromiso: la UE ha asignado 143 mil millones de euros en apoyo a Ucrania, de los cuales 81 en concepto de ayuda financiera. apoyo, 33 en apoyo militar, 17 en apoyo a refugiados dentro de la UE, 12 en subvenciones, préstamos y garantías proporcionadas por los Estados miembros, y sólo 840 millones en asistencia humanitaria -sólo para aclarar, si todavía era necesario, el importe real en en juego, entre el compromiso diplomático, político, humanitario y, en última instancia, «pacífico», y la exposición en términos de proyección militar, agresiva y «bélica». Sin duda, una de las negaciones más poderosas y radicales de esa narrativa sobre la UE como “fuerza de paz” mencionada al principio.

Referencias:

Declaración Schuman, 1950:

https://european-union.europa.eu/principles-countries-history/history-eu/1945-59/schuman-declaration-may-1950_it

Notas temáticas sobre la Unión Europea, Política fiscal general:

https://www.europarl.europa.eu/factsheets/it/sheet/92/politica-fiscale-generale

Notas temáticas sobre la Unión Europea, Libre circulación de capitales:

https://www.europarl.europa.eu/factsheets/it/sheet/39/libera-circolazione-dei-capitali

Tratado de la Unión Europea (Tratado de Maastricht, 1992):

https://eur-lex.europa.eu/legal-content/IT/TXT/?uri=CELEX :11992M/TXT

Tratado por el que se modifica el Tratado de la Unión Europea y el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea (Tratado de Lisboa, 2007):

https://eur-lex.europa.eu/legal-content/IT/TXT/?uri=CELEX :12007L/TXT

Declaración conjunta sobre la cooperación UE-OTAN, 10 de enero de 2023:

https://www.consilium.europa.eu/it/press/press-releases/2023/01/10/eu-nato-joint-declaration-10-january-2023

Una brújula estratégica para reforzar la seguridad y la defensa de la UE en la próxima década, 21 de marzo de 2022:

https://www.consilium.europa.eu/it/press/press-releases/2022/03/21/a-strategic-compass-for-a-stronger-eu-security-and-defence-in-the- la próxima década

Ficha informativa sobre las misiones y operaciones de la PCSD:

https://eeas.europa.eu/sites/eeas/files/csdp_missions_and_operatives_factsheet.pdf

Apoyo de la UE a las fuerzas armadas ucranianas:

https://www.consilium.europa.eu/it/policies/eu-response-ukraine-invasion/eu-solidarity-ukraine/#military

Solidaridad de la UE con Ucrania:

https://www.consilium.europa.eu/it/policies/eu-response-ukraine-invasion/eu-solidarity-ukraine

Simone De La Feld, “La Unión Europea de un proyecto de paz a un proyecto de seguridad. 240 mil millones gastados en defensa en 2022”, eunews, 30 de noviembre de 2023:

https://www.eunews.it/2023/11/30/Unione-europea-difesa-sicurezza-eda

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