martes, 21 de diciembre de 2021

Clima, desigualdades y lucha de clases

 

EMERGENCIA CLIMÁTICA

 

Clima, desigualdades y lucha de clases

 

Daniel Tanuro

VientoSur

13.12.2021



Durante la COP26, en Glasgow, el director del Potsdam-Institut für Klimafolgenforschung (Instituto Potsdam de Investigación de los Impactos del Clima, PIK), Johan Rockström, comunicó una información chocante a las delegaciones presentes: para permanecer por debajo del umbral de 1,5 °C de calentamiento global (superándolo quizá un poco de forma temporal, según Rockström) respetando la justicia climática, es preciso que de aquí a 2030 el 1 % más rico de la población mundial reduzca sus emisiones 30 veces; el 50 % más pobre, por el contrario, podrá triplicarla. (Véase mi balance de la COP26: https://vientosur.info/la-cop26-crea-el-mercado-mundial-del-fuego-y-se-lo-ofrece-a-los-piromanos-capitalistas-a-costa-del-pueblo/)

Para medir el impacto de estas cifras, hay que tener en cuenta que fueron reveladas a las delegaciones oficiales por un científico de primer plano, quien resumió así las diez conclusiones más recientes de la ciencia del cambio climático. El servicio de prensa del PIK me indicó la fuente a la que había recurrido su director y estuve estudiando el artículo de referencia para saber más. Se trata de un estudio encargado por Oxfam y realizado por Tim Gore, ex responsable de la ONG, recientemente nombrado jefe del departamento de bajo carbono y economía circular del Instituto Europeo de Política Ambiental. Su contenido merece tanto una amplia difusión como un examen crítico.

La cuestión de la injusticia climática suele abordarse por países, en función de las respectivas responsabilidades históricas del Norte y del Sur globales: el Norte es rico y responsable, el Sur es pobre y víctima. Ahora bien, la gente pobre de EE UU y Europa no es rica y las personas chinas e indias ricas no son pobres… El estudio de Oxfam se esfuerza por integrar esta realidad de clase. Esta es su principal baza. Pero empecemos presentando la metodología empleada.

Metodología

El autor compara las emisiones de CO2 en el ámbito del consumo. Las emisiones se imputan por tanto al país en el que se consumen los bienes y servicios, no a los países en los que se producen. Se expresan en toneladas de CO2 por persona y año, cifra que se obtiene dividiendo las emisiones del país en cuestión entre el número de habitantes. El resultado incluye todas las fuentes de emisión: hogares, empresas, servicios públicos, pero se corrige en función de los resultados de las encuestas nacionales sobre las condiciones de vida de los hogares (aplicando un coeficiente carbono a los bienes y servicios consumidos). Esta corrección permite determinar la desigualdad climática no solo entre el Norte y el Sur, sino también entre pobres y ricos dentro de cada país, tanto si estos figuran entre los ricos como si no.

El texto insiste además en la importancia creciente de este enfoque: “Aunque la desigualdad de emisiones de carbono sea a menudo más fuerte a escala global (se considera que las desigualdades entre países contribuyen en un 70 % a la desigualdad climática global), las desigualdades dentro de los países también son muy significativas. Estas desigualdades condicionan cada vez más la ampliación de la desigualdad global y afectan probablemente en mayor medida a la aceptabilidad política y social de los esfuerzos nacionales por reducir las emisiones.” (Cursivas mías, DT). Más adelante retomaremos esta cuestión, que tiene a todas luces una importancia estratégica en la lucha por el clima.

La política climática ahonda las desigualdades

Tenemos una estimación de los porcentajes de emisiones actuales imputables al consumo de los diferentes grupos de la población: el 1 % más rico, el 10 % más rico, el 40 % de renta media y el 50 % más pobre (el 1 % se incluye después en el 10 %). Sobre la base de las contribuciones nacionalmente determinadas de los Estados (NDC, en otras palabras, los planes climáticos nacionales) y los nuevos compromisos que estos han comunicado justo antes de la COP26, podemos calcular el volumen probable de las emisiones en 2030, y por tanto también la desviación de este volumen con respecto a la trayectoria que deben seguir las reducciones para alcanzar las cero emisiones netas en 2050 (esta desviación se designa en inglés con la expresión emissions gap).

También podemos calcular la probable evolución de los porcentajes de emisiones de cada grupo de rentas, relacionarlos con el número de personas de cada grupo y obtener así los volúmenes de emisiones medios por persona y por grupo, tanto a escala global como nacional. Finalmente, podemos comparar estos volúmenes con el volumen de emisiones individual medio compatible globalmente con el objetivo de 1,5 °C como máximo: 2,3 toneladas de CO2/persona/año (para una población de 7.900 millones de personas en 2030)). De esta manera se consigue más que visualizar la injusticia climática actual; se ve en qué sentido la política aplicada la hará evolucionar de aquí a  2030, a escala global y por grupos.

Los resultados pueden resumirse en forma de cuadro:

 

Clases*

Número aproximado de personas

Renta media/ persona/año

Porcentaje de emisiones globales en 1990

Porcentaje de emisiones globales en 2030

Desviación en 2030 con respecto a 2,3 tCO2/persona/año

1 %

79 millones

> 172.000 $

13 %

16 %

+ 67,7 tCO2/pers/año

10 %

790 millones

> 55.000 $

37 %

32 %

+ 18,7 tCO2/pers/an

40 %

1.975 millones

> 9.800 $

42 %

43 %

+ 2,5 tCO2/pers/año

50 %

3.400 millones

< 9.800 $

8 %

9 %

‒ x**

* El 1 % más rico se incluye después en el 10 %

** El 50 % se sitúa muy por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año. Según el estudio, seguiría estándolo incluso si sus emisiones aumentaran un 200 % de aquí a 2030.

Para no malinterpretar estos números, es preciso insistir en que aquí no se evalúa la desigualdad social, sino la desigualdad de emisiones de carbono. Así, la disminución esperada en 2030 del porcentaje de emisiones globales imputables al 10 % no implica evidentemente que los ricos serán menos ricos dentro de diez años, sino que refleja el hecho de que los miembros del grupo mundial del 10 % viven principalmente en países capitalistas desarrollados, donde la intensidad de emisión de carbono disminuirá más rápidamente que en el resto del mundo y de que tienen más medios que los demás para adquirir tecnologías verdes. Más adelante volveremos sobre la manera de interpretar el hecho de que el porcentaje de emisiones del 1 % de superricos siga creciendo a pesar de todo. De momento, centrémonos en los muy ricos y en los pobres.

El estudio confirma lo que Oxfam repite desde hace años: el 1 % más rico de la población mundial emite casi dos veces más CO2 que el 50 % más pobre. Además, se constata que las políticas climáticas adoptadas por los gobiernos desde la COP21 (2015, París) ahondan esta injusticia: en efecto, el porcentaje de emisiones globales imputables al consumo del 1 % más rico ha pasado del 13 % en 1990 al 15 % en 2015 y continuará subiendo para alcanzar el 16 % en 2030. Entonces será un 25 % superior a lo que era 1990, y 16 veces más elevado que la media global. En 2030, cada persona perteneciente al grupo mundial de los superricos emitirá más de 30 veces las 2,3 toneladas de CO2/persona y año compatibles con el respeto de 1,5 °C como máximo. El 50 % más pobre, en cambio, apenas experimentará cambio alguno: su porcentaje de emisiones mundiales pasará del 8 % al 9 % anual y sus emisiones por persona se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año.

La reducción de las emisiones es inversamente proporcional a la renta

La imagen de un agravamiento de la injusticia climática global desde la COP21 gana nitidez cuando se compara la evolución de 2015 a 2030 de las emisiones por persona de cada grupo (fruto de las políticas llevadas a cabo) con la evolución que deberían experimentar estas emisiones por grupo para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática:

 

Clases

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 con las políticas actuales

Evolución de las emisiones per cápita de 2015 a 2030 compatibles con la justicia climática

1 %

‒ 5 %

‒ 97 %

10 %

‒ 11 %

‒ 90 %

40 %

‒ 9 %

‒ 57 %

50 %

+ 17 %

+ 233 %

 

Globalmente, las emisiones por persona en 2030 serán un 7 % más bajas que en 2015 (¡si los Estados cumplen sus compromisos!). Es sabido que esta reducción es muy inferior a la reducción media por persona que se requiere para mantener la cota máxima de 1,5 °C: un 52 %. El elemento nuevo que aparece aquí es que, además de agravar la desigualdad global, el esfuerzo que conllevan las políticas climáticas de los gobiernos es inversamente proporcional a la renta: el 1 % más rico hará una veintava parte (97/5), el 10 % más rico la octava parte (90/11) y el 40 % de rentas medias la seisava parte (57/9) de lo que debería dictar la justicia climática.

Por tanto, hay injusticias entre estas tres clases (el 40 % de rentas medias es el que más se acerca al objetivo) y al mismo tiempo una injusticia todavía mayor debido a que la mitad de la población mundial no utilizará en 2030 más que una treceava parte del presupuesto de carbono al que tendría derecho si se respetara el principio de las responsabilidades y capacidades diferenciadas (233/17). (El autor consolida así la conclusión a la que había llegado en una publicación anterior: un tercio del presupuesto de carbono compatible con el acuerdo de París se malgasta en ampliar el consumo del 10 % más rico de la población mundial.)

La evolución de los porcentajes de emisiones imputables al 10 % más rico (entre 55.000 et 172.000 $/año) y al 40 % cuya renta se califica de media (entre 9.800 y 55.000 $/año) merece un examen más detenido. Estas dos categorías engloban, en efecto, a sectores sustanciales, incluso mayoritarios, de la clase trabajadora asalariada de los países capitalistas desarrollados y en los llamados países capitalismos emergentes, respectivamente. (Expresado en equivalentes a jornada completa, la renta bruta anual media de la clase trabajadora es de unos 44.000 $/año en Europa Occidental y de 63.000 $/año en EE UU. Según las fuentes, varía entre 9.200 $/año y 14.000 $/año en China, Brasil y África del Sur.) El estudio incluye un gráfico muy ilustrativo, en el que se comparan tres trayectorias de evolución de las emisiones por persona en función de la renta: de la gente más pobre entre los pobres a la gente más rica entre los ricos: la trayectoria de 1990 a 2015, la de 2015 a 2030 y la de 2015 a 2030 compatible con el máximo de 1,5 °C en condiciones de justicia climática. La doble conclusión del estudio es impactante:

1.      “Las clases medias mundiales (el 40 %) que vio crecer con mayor rapidez su tasa de emisiones durante los años 1990-2015 experimentarán la inversión de la tendencia más pronunciada durante los años 2015-2030”;

2.      “Las reducciones (de las emisiones, DT) más profundas se centrarán en las personas que perciben las rentas más bajas en los países ricos”.

Las promesas de transición justa: cortinas de humo

Examinar la injusticia climática en función de los grupos de renta permite captar las realidades que no aparecen en el análisis cuando la cuestión se plantea simplemente en términos de países pobres y ricos. Concretamente, esto saca a relucir la creciente responsabilidad de la gente rica, y sobre todo de la superrica, no solo en el Norte, sino también en el Sur global. Como dice el estudio, “es notable que en todos los países con mayores emisiones, las proyecciones en 2030 del 10 % más rico y del 1 % más rico nacionalmente muestran huellas de consumo individual sustancialmente superiores al nivel de 1,5 °C global per cápita” (cursivas mías, DT). Veamos esto más de cerca:

·         India es el único gran país emisor en el que las emisiones medias en 2030 se mantendrán por debajo de las 2,3 toneladas de CO2/persona/año compatibles con la cota máxima de 1,5 °C. También es el único en que las emisiones del 50 % más pobre se situará claramente por debajo de este nivel. Sin embargo, las emisiones del 10 % de personas indias más ricas quintuplicarán este nivel, y las del 1 % más rico lo multiplicarán por 20.

·         El 50 % de personas estadounidenses más pobres superarán un poco el umbral de 2,3 tCO2/persona/año, pero el 1 % más rico emitirá en promedio 55 veces más (127 toneladas) y el 10 % más rico 15 veces más (unas 35 toneladas).

·         En China, las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán en 2030 por debajo del fatídico listón, pero las del 10 % más rico lo superarán más de 10 veces y las del 1 % más rico más de 30 veces (82 toneladas).

·         Las proyecciones para la Unión Europea y el Reino Unido también son muy instructivas: en 2030, las emisiones del 50 % más pobre se acercarán al volumen medio global compatible con 1,5 °C…, pero las del 10 % más rico lo multiplicarán por cinco o seis, y las del 1 % más rico, por quince.

Más claro el agua: estos datos demuestran que los compromisos de transición justa incluidos en las resoluciones oficiales de las COP no son más que cortinas de humo. Bla-bla-bla. En realidad, se observa un doble movimiento: 1) se acentúa la injusticia climática y 2) la clase de los superricos y supercontaminadores se recompone debido al ascenso fulgurante del Capital en Asia. Dentro de este grupo no es exagerado hablar de un cambio profundo. En efecto, en 2015 el 1 % más rico del planeta emitía el 15 % del CO2 global. La gente rica china aportaba un 14 %, la estadounidense un 37 %, la europea un 11 % y la india un 5 %. Según las proyecciones del estudio, en 2030 el 1 % más rico habrá incrementado aún más su contribución a la emisión mundial de CO2: el 16 %. Pero entonces la gente rica china aportará un 23 %, la estadounidense un 19 %, la europea un 4 % y la india un 11 %. (Vista la importancia del carbón en China y en India, este “cambio de la geografía de la desigualdad de emisiones de carbono”, como dice el estudio, podría ayudar a explicar el hecho de que el porcentaje de las emisiones globales del 1 % superrico siga aumentando, a diferencia del del 10 %). Véase el resumen en el siguiente cuadro:

 

 

Porcentaje del CO2 global emitido por el 1 % más rico en 2015

Porcentaje del CO2 global emitido par el 1 % más rico en 2030

Mundo

15 %

16 %

China

14 %

23 %

Estados Unidos

37 %

19 %

Unión Europea

11 %

4 %

India

5 %

11 %

 

El autor del estudio no lo señala, pero resulta chocante constatar también que en el otro extremo de la pirámide de las rentas se observa una convergencia bastante clara de las huellas de carbono: el 50 % más pobre de EE UU, de la UE, del Reino Unido y de China emitirá en 2020, por persona, una cantidad de CO2 relativamente análoga, un poco superior o un poco inferior a las 2,3 t/persona/año. (India es el único gran país emisor en el que las emisiones del 50 % más pobre se mantendrán muy por debajo de las 2,3 toneladas, el mismo nivel que en los llamados países en desarrollo.)

Una imagen incompleta

A pesar de su gran interés, el estudio de Oxfam no refleja una imagen completa de las responsabilidades climáticas de las diferentes clases de renta. Es más que probable que subestime las emisiones imputables a la gente más rica, pero también que sobrestime las emisiones imputables al 40 % de rentas medias e incluso a una franja del 10 % de gente rica. Hay, en efecto, dos dificultades.

En primer lugar, las emisiones imputables al 1 % más rico son tan difíciles de delimitar como sus bienes, y ello por el mismo motivo: el secreto bancario, el fraude fiscal y la ausencia de un catastro patrimonial. El autor lo señala: “Mientras que existen métodos sólidos para estimar las huellas individuales mediante la aplicación de coeficientes de carbono a los bienes y servicios identificados en los censos de población, es bien sabido que dichos métodos subestiman el consumo de la gente más rica". Para obviar este problema, el estudio se basa en los trabajos de investigadoras que han sacado a relucir diversas realidades. Por ejemplo:

·         los datos disponibles con respecto a los automóviles, las casas, los aviones y los yates indican que las emisiones debidas al consumo de los multimillonarios alcanzan fácilmente varios miles de toneladas de CO2/persona/año. Los grandes yates, cuyas ventas se han disparado durante la pandemia, son las principales fuentes de estas emisiones (un yate grande emite unas 7.000 toneladas de CO2/año);

·         el transporte es la principal fuente de emisiones de la gente superrica. En particular, el transporte aéreo: según ciertos estudios, el 50 % de los vuelos de pasajeros corresponden al 1 % de la población mundial. Sobre la base de los viajes de la gente famosa, podemos considerar que la huella avión de los más ricos alcanza los varios miles de toneladas de CO2/año. Evidentemente, el desarrollo insensato del turismo espacial no hará más que reforzar esta tendencia. (Vista la dependencia del transporte aéreo de los combustibles fósiles, el uso intensivo del avión por el 1 % puede valer de segunda explicación del hecho de que el porcentaje de emisiones mundiales de este grupo continúe aumentando, contrariamente al del 10 %.)

Sin embargo, este hiperconsumo de gran lujo no es más que la punta del iceberg: no tiene en cuenta las emisiones imputables a las inversiones capitalistas del 1 % más rico. El autor cita trabajos que cifran en un 70 % la parte de la huella de carbono de los más ricos derivada de sus inversiones capitalistas, pero no se trata más que de una estimación, dificultada por la opacidad del sector financiero.

En segundo lugar, incluso aplicando a las emisiones de los hogares el coeficiente de carbono mencionado más arriba, repartir las emisiones de las empresas y del sector público entre toda la población constituye un enfoque discutible, ya que no tiene en cuenta el hecho ‒mencionado en el estudio‒ de que los mayores emisores de CO2 (el 1 % más rico) ejercen sobre las decisiones “una influencia desproporcionada en virtud de su condición, de su poder político y de su acceso a los decisores políticos”. Por citar un ejemplo: el proyecto de aeropuerto de Notre-Dame-des-Landes [en Francia] respondía a las necesidades de la empresa Vinci y de sus accionistas, no a las de las clases populares. El mismo razonamiento vale para los gastos militares y numerosos proyectos, por no hablar de las subvenciones públicas a las empresas.

Límites del análisis a través del consumo

Con esto llegamos a tocar los límites de un enfoque de la catástrofe climática basado en el consumo de las diferentes categorías de renta. En realidad, puesto que todo consumo presupone una producción, los niveles de consumo de los grupos de renta han de analizarse a la luz de las posiciones que ocupan estos grupos en la producción. “La influencia desproporcionada” del 1 % más rico se da en todas partes, pues los miembros de este grupo son propietarios de los medios de producción. Son la clase dominante y el Estado es el instrumento de su dominación. Las clases populares se hallan en una situación muy distinta: están sometidas a las decisiones de las empresas y las instituciones que no controlan y producen por encima de sus necesidades en beneficio de los capitalistas. Por consiguiente, soportan un volumen de emisiones que se deriva de la dinámica productivista del Capital, no se su libre albedrío.

Frente a la mistificación del discurso dominante que nos exhorta indistintamente a cambiar nuestros hábitos, el estudio de Oxfam tiene el gran mérito de dirigir el foco sobre las enormes desigualdades de consumo y de expresarlas en términos de responsabilidades por las emisiones de CO2. Además, demuestra claramente que la política de los gobiernos, a pesar del bla-bla-bla sobre la transición justa, agrava la injusticia climática.

Al mismo tiempo, es bastante fácil constatar que la solución no puede venir de medidas adoptadas exclusivamente en el ámbito del consumo. Veamos la hipótesis absurda de que de aquí a 2030, el 1 % más rico o el 10 % más rico hayan reducido sus emisiones a 2,3 tCO2/persona/año. En este caso, todavía haría falta, para no rebasar los 1,5 °C de calentamiento global, que el 40 % de la llamada clase media reduzca sus emisiones a menos de la mitad en la UE y el Reino Unido, a un tercio en China y a un cuarto en EE UU (India es el único país gran emisor en el que las emisiones del 40 % se mantendrán por debajo de las 2,3 tCO2/persona/año en 2030, según el estudio). ¿Cómo? Aunque indispensable, la redistribución radical de las riquezas (como la que propone Thomas Piketty) no permitiría resolver el problema, solamente lo desplazaría. El desafío no puede abordarse más que redefiniendo las necesidades reales de la mayoría social, organizando la producción en función de las mismas y suprimiendo la producción de bienes inútiles y nocivos.

La aceptabilidad social revela la dificultad de los esfuerzos requeridos. Para la mayoría, son motivo de rechazo. Claro que son necesarios unos cambios profundos, y no basta con decir que paguen los ricos. Por eso hay que razonar en términos de deseabilidad. Producir menos para cubrir las necesidades; transportar menos, trabajar menos, compartir más; cuidar a las personas y los ecosistemas; gestionar los recursos de manera sobria, colectiva y democrática, para que todas y todos gocen de una vida placentera y confortable: esta es la perspectiva ecosocialista que puede inspirar un plan de reformas estructurales anticapitalistas adaptado al siglo XXI. Porque una cosa es cierta: no hay salida sin poner en tela de juicio la competencia en pos del beneficio, motor del productivismo basado en el derecho de propiedad capitalista.

08/12/2021

https://www.gaucheanticapitaliste.org/climat-inegalites-et-lutte-des-classes/

Traducción: viento sur

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Víctor Jara - Preguntitas sobre Dios

lunes, 20 de diciembre de 2021

Histórica victoria de Boric en Chile: El pueblo unido jamás será vencido

Chile ante un cambio de ciclo. [Gana la izquierda en Chile. Señor Conde, que cuando usted pierde poder político la derecha de aquí, allá y en Maracullá tambien pierde, que no es por nada, no me lo tome como cosa personal que esto es solo cosa entre trabajo y capital, y no se me vaya a embolicar ahora con eso del fraude electoral en Chile, que nos conocemos, pájaro] [ESTA PUBLICACION NO CUMPLE CON LAS NORMAS PARTICULAES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DE MI AMIGO EL SEÑOR DE FACEBBOK, Y POR ESA RAZÓN DESDE ESTE BLOG NO SE PUEDE COMPARTIR NADA A NINGÚN SITIO NO SEA QUÉ. PERO YO PIDO COMPRENSIÓN CON MI AMIGO DE FACEBOOK, PORQUE COMO YO VIVO EN COREA DE NORTE DONDE NO EXISTE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, MI AMGO, EL DE FACEBOOK, QUE ES EL INVENTOR DE LA COREANEIDAD DEL NORTE, SUR, ESTE Y EL OTRO, PUES QUE NO ME DEJA QUE EJERZA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN COMO BUEN DEMOCRATA QUE ES]

 

Gabriel Boric ganó de manera rotunda las elecciones de este domingo con 55,86 por ciento de los votos


Chile ante un cambio de ciclo

 

Rebelion / CHILE

 20/12/2021 


Fuentes: Prensa Latina

A sus 35 años, Gabriel Boric es hoy el presidente electo más joven de Chile y también el más votado en toda la historia del país, en unos comicios cuyos resultados marcan un cambio de ciclo.

Pese los pronósticos que auguraban una jornada reñida, el abanderado de la coalición de izquierda Apruebo Dignidad ganó de manera rotunda las elecciones de este domingo con 55,86 por ciento de los votos, 11,6 puntos por encima de su rival, el ultraderechista José Antonio Kast, del Frente Social Cristiano.

Boric alcanzó 4,6 millones de sufragios y con ello superó al expresidente Eduardo Frei, quien en 1993 obtuvo cuatro millones.

Los comicios también fueron históricos por romper todos los récord de participación desde que se implantó el voto voluntario en 2012.

Según datos del Servicio Electoral (Servel), 8,3 millones de chilenos acudieron a las urnas en la segunda vuelta, para una asistencia del 55 por ciento.

“Estamos ante un cambio de ciclo histórico y no lo podemos desaprovechar”, dijo en su primer discurso a la nación el joven diputado, quien no representa a los partidos tradicionales que gobernaron el país desde el retorno a la democracia, en 1990.

Boric nació el 11 de febrero de 1986 en la ciudad austral de Punta Arenas, de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.

Como dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, encabezó junto a Camila Vallejo, Giorgio Jackson y Karol Cariola, las grandes manifestaciones que estremecieron al país en 2011 para exigir una educación gratuita, libre y de calidad.

Durante el estallido social de 2019 contra el modelo neoliberal formó parte del Acuerdo por la Paz que abrió el camino para redactar una nueva constitución en sustitución de la vigente desde la época de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

Al hablar ante una multitud reunida en el centro de Santiago, el presidente electo reconoció que las causas que dieron origen a esas grandes protestas aún se mantienen vigentes.


Boric prometió defender el proceso constituyente, motivo de orgullo porque por primera vez, dijo, se está escribiendo una carta magna de manera democrática y paritaria, y con la participación de los pueblos indígenas.

Entre las prioridades de su gobierno mencionó reformar el actual sistema de pensiones para otorgar retiros dignos a los jubilados, lograr un servicio universal de salud que no discrimine a ricos y pobres y una mejor distribución de la riqueza.

Atender el problema de la vivienda, fortalecer la educación pública, aumentar los salarios de los trabajadores, combatir el narcotráfico y defender los derechos humanos, figuran también dentro de sus prioridades.

“Seré el presidente de todos los chilenos y chilenas, de quienes votaron por este proyecto y también de quienes eligieron otras alternativas o no concurrieron a votar”, declaró el triunfador en medio de los aplausos de una multitud que coreaba consignas como “Se siente, se sabe, Boric presidente” y “el pueblo unido jamás será vencido”.

Para los analistas políticos Marta Lagos y Tomás Duval, Boric destronó a la centroderecha asentada en el Palacio de La Moneda y con su triunfo se redibuja una nueva línea política lejos de la que se mantuvo en los últimos 30 años.

Las elecciones fueron una manifestación ciudadana de mucho apoyo a una generación nueva. Se acabó la vieja generación, afirmó Duval en entrevista con el diario digital El Mostrador.

En opinión de los expertos, “esta es la mejor manifestación de que cambió el ciclo político”.

El flamante presidente electo tendrá ante sí enormes desafíos y el primero de ellos es enfrentar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia de la Covid-19.

Según datos del Banco Central el Producto Interno Bruto crecerá este año hasta el 12 por ciento, pero registrará una fuerte caída en 2022 y 2023, mientras que la inflación se mantendrá en torno al siete por ciento durante varios meses.

“Los tiempos que vienen no van a ser fáciles”, admitió Boric, quien prometió avanzar con responsabilidad en los cambios estructurales sin dejar a nadie atrás, pero reconoció que los avances sustantivos requieren acuerdos amplios.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/2021/12/20/chile-ante-un-cambio-de-ciclo-foto

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Cómo los algoritmos de Facebook promueven el odio y los contenidos tóxicos

 

La demanda de Frances Haugen demuestra que Facebook sabía que sus algoritmos promueven contenidos peligrosos pero decidió, en función de maximizar sus ingresos publicitarios, no hacer nada al respecto.


Cómo los algoritmos de Facebook promueven el odio y los contenidos tóxicos


Prabir Purkayastha

El Viejo Topo

20 diciembre, 2021 



Últimamente, Facebook ha estado en la palestra pública por dos razones. Aunque ambas resultan “perjudiciales” desde el punto de vista de la empresa, en términos de interés público cada una tiene su propio nivel de pertinencia. La noticia con menos trascendencia a largo plazo – pero con mayor atractivo mediático – fue que lo que debía ser un pequeño cambio de configuración hizo que Facebook, Instagram y WhatsApp se cayeran durante algunas horas el 4 de octubre. Esto afectó a miles de millones de usuarios y usuarias, exponiendo la importancia que Facebook y otros gigantes tecnológicos han adquirido en la vida cotidiana de muchas personas e incluso, en el funcionamiento de pequeñas empresas. La otra noticia – por supuesto mucho más significativa que esta primera – es la denuncia de Frances Haugen, ex empleada de la empresa, que hizo públicas decenas de miles de páginas de documentos internos de Facebook. Estos documentos evidencian que la dirección de Facebook prioriza repetidamente los beneficios económicos por sobre el bien social. Los algoritmos de Facebook polarizaron a la sociedad y promovieron el odio y las noticias falsas porque impulsaron el “compromiso” en sus plataformas. El hecho de que la plataforma esté destrozando comunidades, e incluso poniendo en peligro a los adolescentes, especialmente a las niñas, por no tener cuerpos “perfectos”, aparentemente no le importó ni un ápice a Facebook.

El Wall Street Journal ha publicado informes detallados citando documentos internos de Facebook y a Frances Haugen, que también ha aparecido en el programa “60 Minutes” de la CBS y en audiencias del Congreso. “Lo que vi en Facebook una y otra vez fue que había conflictos de intereses entre lo que era bueno para el público y lo que era bueno para Facebook”, le dijo Haugen al corresponsal de CBS Scott Pelley en “60 Minutes”. “Y Facebook, una y otra vez, eligió optimizar para sus propios intereses, como ganar más dinero”.

El científico de datos, de 37 años, ha presentado ocho denuncias contra Facebook ante la Comisión de Valores y Bolsa (SEC) con la ayuda de una organización sin ánimo de lucro, Whistleblower Aid. Estas denuncias están respaldadas por pruebas fehacientes: decenas de miles de documentos internos de Facebook que Haugen había copiado en secreto antes de abandonar la compañía.

¿Por qué esto es una gran noticia cuando estos temas relacionados con Facebook se han planteado una y otra vez, destacando especialmente después de que se hicieran públicas las revelaciones relativas a la empresa de datos Cambridge Analytica y a Facebook en 2018? ¿ Acaso no sabíamos ya cómo Facebook, WhatsApp y otras plataformas de medios sociales se han convertido hoy en día en poderosos instrumentos que ayudan a promover el odio y la política divisoria? ¿No han responsabilizado los investigadores de la ONU a Facebook de la violencia genocida contra los rohingyas en Myanmar? ¿No se vieron acaso patrones similares durante los disturbios comunales en Muzaffarnagar, en el estado indio de Uttar Pradesh en 2013 y 2017?

La gran noticia es que ahora tenemos pruebas de que esta plataforma era plenamente consciente de lo que hacía: documentos internos de Facebook que Haugen ha hecho públicos. Se trata de fuentes directas de información.

Al dar prioridad a las publicaciones que promueven el “compromiso” – es decir, que la gente lea, le guste o responda a las publicaciones en Facebook, WhatsApp e Instagram – Facebook se aseguró de que la gente permaneciera en su plataforma durante mucho más tiempo. Los usuarios de Facebook podían entonces “venderse” a los anunciantes con mayor eficiencia, mostrándoles más anuncios. El modelo de negocio de Facebook no es promover las noticias, las charlas amistosas entre los usuarios o entretener a la gente. Está vendiendo sus usuarios a quienes pueden venderles mercancía. Y, al igual que Google, conoce mucho mejor quiénes son sus usuarios y qué pueden comprar. Esto es lo que proporcionó a Facebook el 98% de sus ingresos en 2020 y la ha convertido en una de las seis empresas de un billón de dólares (en septiembre de 2021) en términos de capitalización bursátil.

Al testificar ante el Congreso el 5 de octubre, Haugen dijo que “Facebook utiliza la inteligencia artificial para encontrar contenido peligroso”, informó Ars Technica. “El problema es que la ‘propia investigación de Facebook dice que no pueden identificar adecuadamente el contenido peligroso. Y como resultado, esos algoritmos peligrosos que admiten están recogiendo los sentimientos extremos, la división[s]’”.

Que esto estaba ocurriendo es ampliamente conocido y ha sido discutido, incluso en mis propias columnas. La respuesta de Facebook a estas críticas fue la creación de un consejo de supervisión independiente y el empleo de un gran número de verificadores de hechos. Este y otros procesos ayudarían a filtrar los mensajes de odio y las noticias falsas. Lo que ocultaron fue que todas estas acciones eran simplemente cosméticas. El conductor del tráfico, o lo que una persona ve en su feed – o, en términos de Facebook, con lo que participa – está determinado por algoritmos. Y estos algoritmos estaban orientados a promover las publicaciones más tóxicas y divisivas, ya que esto es lo que atrae la participación. El aumento de la participación es el motor principal de los algoritmos de Facebook y anula cualquier medida para desintoxicar su contenido.

El testimonio de Haugen en el Congreso también relativiza cuáles son los verdaderos problemas de Facebook y lo que los Gobiernos de todo el mundo deben hacer para proteger a sus ciudadanos: lograr que la plataforma sea responsable, no censurando la incitación al odio y comprobando la información errónea publicada por usuarios individuales, sino más bien atacando la tendencia de sus algoritmos a permitir el peligroso contenido de alto compromiso. “No se trata simplemente de que ciertos usuarios de las redes sociales estén enfadados o sean inestables, o de que un bando esté radicalizado contra el otro”, dijo. “Estos problemas tienen solución… Facebook puede cambiar, pero está claro que no lo va a hacer por sí solo”. Mientras se dirigía al Congreso de Estados Unidos sobre lo que se puede hacer para regular Facebook a nivel nacional, Haugen también reconoció los problemas que los algoritmos de Facebook han causado en todo el mundo. La solución, por tanto, debe ser también global. En su testimonio, dijo que las escasas autorreformas propuestas por Facebook serían insuficientes para hacer que la empresa rinda cuentas de sus acciones hasta que sean totalmente transparentes. Facebook se escuda en las leyes de “puerto seguro” que protegen a las empresas tecnológicas como Facebook, que no generan contenidos por sí mismas, sino que proporcionan su plataforma para lo que se denomina contenido generado por el usuario. En Estados Unidos, es la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones la que permite a estas empresas tecnológicas “moderar el contenido de sus servicios”; en India, es la Sección 79 de la Ley de Tecnología de la Información. Ambos países están estudiando reformas.

En Estados Unidos, “una revisión de la Sección 230… haría responsable al gigante de las redes sociales de sus algoritmos”, informa Ars Technica. En palabras de Haugen, “si tuviéramos una supervisión adecuada, o si reformáramos la [Sección] 230 para hacer a Facebook responsable de las consecuencias de sus decisiones de clasificación intencionadas, creo que se desharían de la clasificación basada en el compromiso.… Porque está provocando que los adolescentes estén expuestos a más contenidos de anorexia, está separando a las familias y, en lugares como Etiopía, está literalmente avivando la violencia étnica”. El problema principal no es el contenido odioso que los usuarios generan en Facebook; son los algoritmos de Facebook los que llevan este contenido venenoso al feed de Facebook de una persona continuamente para maximizar los ingresos publicitarios de la empresa.

Haugen añadió:

“Facebook quiere engañarte haciéndote creer que las protecciones de privacidad o los cambios en la Sección 230 serán suficientes. Aunque son importantes, no llegarán al núcleo de la cuestión, que es que nadie entiende realmente las decisiones destructivas tomadas por Facebook, excepto Facebook. No podemos permitirnos nada menos que una transparencia total. Mientras Facebook siga operando en la sombra, ocultando sus investigaciones del escrutinio público, no podrá rendir cuentas. Hasta que no cambien los incentivos, Facebook no cambiará. Si se le deja solo, Facebook seguirá tomando decisiones que van en contra del bien común, nuestro bien común”.

Por supuesto, la prevalencia generalizada de contenidos tóxicos en las plataformas de Facebook se ve favorecida por su negligencia deliberada al no disponer de clasificadores lingüísticos – los algoritmos utilizados para detectar la incitación al odio – para los contenidos que no están en inglés y se crean en otros idiomas. A pesar de que el hindi es el tercer idioma más hablado del mundo y el bengalí el sexto, según Haugen, Facebook no dispone de suficientes “clasificadores de discurso de odio” en estos dos idiomas.

Ya he escrito anteriormente por qué el contenido divisivo y las noticias falsas tienen más viralidad que cualquier otro contenido. Los documentos de Haugen confirman lo que los analistas, incluido yo mismo, hemos estado diciendo todo el tiempo. Los algoritmos que Facebook y otras empresas de tecnología digital utilizan hoy en día no codifican directamente las reglas para aumentar el compromiso. En su lugar, estas empresas utilizan el aprendizaje automático, o lo que se llama vagamente inteligencia artificial, para crear estas reglas. Es el objetivo – aumentar el compromiso – el que crea las reglas que conducen a la exhibición de contenido tóxico en los feeds de los usuarios, lo que está desgarrando las sociedades y dañando la democracia. Ahora tenemos pruebas fehacientes en forma de documentos filtrados de que esto es lo que ha estado ocurriendo. Y lo que es peor, los dirigentes de Facebook y Mark Zuckerberg han sido plenamente conscientes del problema desde el principio.

Sin embargo, no todo el daño en la plataforma de Facebook fue causado por los algoritmos. A partir de los documentos de Haugen, descubrimos que Facebook había puesto en la “lista blanca” a usuarios de alto perfil cuyo contenido se promocionaría incluso si violaban las directrices de Facebook. Millones de estos usuarios especiales podían violar las normas de Facebook con impunidad. Anteriormente escribí sobre las pruebas aportadas por el Wall Street Journal acerca de cómo Facebook India protegió a los líderes del BJP a pesar de las repetidas alertas rojas relacionadas con sus publicaciones que se levantaron dentro de la propia Facebook.

Esto no es todo lo que revela el tesoro de documentos internos de Facebook de Haugen. Al igual que las empresas de cigarrillos investigan cómo enganchar a los niños a fumar, Facebook ha investigado a los “tweens”, que son niños de entre 10 y 12 años. Su investigación se centró en cómo enganchar a los “preadolescentes” a las plataformas de Facebook para que pudieran crear nuevas consumidores para sus plataformas. Todo ello a pesar de que sus investigaciones internas mostraban que las plataformas de Facebook promovían la anorexia y otros trastornos alimenticios, la depresión y las tendencias suicidas entre los adolescentes.

Todos estos hechos deberían dañar la imagen de Facebook. Pero es una empresa de un billón de dólares y una de las mayores del mundo. Su abultado saldo de caja, unido al poder que ejerce en la política y a su capacidad para “hackear” elecciones, proporciona la protección que el gran capital recibe en el capitalismo. El pecado capital que el gran capital no puede tolerar es mentir a otros capitalistas. Los documentos internos que Haugen ha presentado a la SEC podrían finalmente dar lugar a una reacción contra los gigantes de las redes sociales y conducir a su regulación – si no una regulación fuerte, al menos algunas restricciones débiles en los algoritmos que promueven el odio en estas plataformas de medios sociales –.

Una cita de hace una década es tan relevante ahora, a la luz de estos recientes acontecimientos de Facebook, como lo fue cuando el entonces genio de la tecnología de Silicon Valley de 28 años, Jeff Hammerbacher, lo dijo por primera vez: “Las mejores mentes de mi generación están pensando en cómo hacer que la gente haga clic en los anuncios”. Este ha sido durante mucho el redoble de tambores que ha impulsado la marcha de los gigantes de las redes sociales hacia sus trillones.

Este artículo ha sido producido en colaboración con Newsclick y Globetrotter. Fuente: Globetrotter

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