lunes, 31 de mayo de 2010
DICHO Y ESCRITO HACE 6 AÑOS
Hace seis años publiqué el artículo que sigue, que como se puede ver, sigue teniendo actualidad.
POR DIOS, Y LA PATRIA, GRACIAS A EMPRESARIOS PARTIDOS Y SINDICATOS(*)
¡Que no falte trapo!
¡Que trapo no falte!
¡Que la tela sobre!
¡Que es mía la Patria,
y no de los vascos!
¡El trapo que sobre,
que flamee al viento!
¡Que es mía la Patria
y no de los vascos!
Así piensa el ministro Trillo, y por eso ha mandado confeccionar una gran bandera nacional tan grande como de aquí a la esquina para pasársela por los morros a los vascos y encrespar más la situación política en aquel rincón de Estado, en base al cuento de que se está rompiendo España, sabiendo que mientras peor esté la situación en el País Vasco más votos puede sacar el PP en el resto del Estado español.
Mientras así piensa y actúa Trillo, el parte oficial del año pasado de los caídos por Dios la Patría y el Rey, en el sagrado campo de batalla laboral de la Comunidad Autónoma de Aragón y gracias a los empresarios, partidos y sindicatos de grande representatividad:
• Muertos del todo: 47 trabajadores (en acto patrio de servicio)
• Heridos graves: 300 trabajadores (en acto patrio de servicio)
• Heridos leves: 22.318 trabajadores (en acto patrio de servicio)
Héroes todos ellos de la vida laboral que quedan sin medalla, sin ningún tipo de reconocimiento y sin nada de nada. Que no han entregado la vida voluntariamente, sino que se han caído del andamio porque unos desalmados por ganar más dinero no les han proporcionado los elementos necesarios para realizar sus trabajos con seguridad; otros porque les ha caído una losa de hormigón armado encima; otros porque sin los medios de seguridad adecuados bajan a los pozos ciegos a desembozarlos y se asfixian, etc.
Es imprescindible la intervención, de forma clara y contundente, de la Inspección de Trabajo y de la Fiscalía, para que se depuren y no se esfumen las responsabilidades - dice UGT- O sea que... la Inspección que inspeccione buena inspeccionadora será... ¡Vaya, vaya con la Inspección y vaya, vaya con la UGT!
Pero si se me hace, ahora que caigo que, en Puerto Llano o por ahí, murieron ocho trabajadores, achicharrados, en una refinería de petróleo que tampoco tenían los elementos necesarios para garantizar su seguridad y... colorín colorado, aquel cuento se ha acabado. Vamos a ver... ¿Sabía o no sabía la UGT lo que estaba pasando?
CCOO ha dicho: “La sociedad no puede vivir de espaldas a este impuesto de sangre, por lo que debe exigir la obligación de perseguir y condenar estos delitos” Si habéis leído bien tanta sangre, tanta sangre... ¿Es que estamos en guerra?
Ahora que me acuerdo, ¿no fueron los sindicatos los que acordaron, con los correspondientes gobiernos, el llamado contrato basura? ¡Pero cómo se me va a ocurrir a mí criticar los contratos basura con lo gran idea que son, y tan necesarios para eliminar el paro! Además de estupendos o más, para fomentar la tan imprescindible competitividad. Claro que, esto incluso como cuento chino es malísimo.
Puesto que los contratos basura son necesarios e imprescindibles para la economía, no estaría de más que se los apliquen en primer lugar a todo aquel que intervino en su parimiento. Que se lo aplique el presidente del gobierno, el subpresidente y el contrapresidente. Que se lo aplique el Rey. Que se lo apliquen los generales. Que se lo apliquen los presidentes de los consejos de administración de los bancos y, ¿por qué no?, al señor señor Trillo, que es un buen banderista patrio de armas tomar. Sería buena manera de hacer patria y de sentirse un verdadero patriota ¿A que sí?
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(*) Publicado en Elpollourbano.net en Marzo de 2004.
domingo, 30 de mayo de 2010
PARA ENTENDER ALGO SOBRE LA CRISIS QUE NO VAN A RESOLVERLA NI QUIENES LA HAN CREADO
Recordando un texto de Marx
SOBRE PROFECIAS ECONOMICAS Y ORACULOS NEOLIBERALES
Por John Brown
iohannesmaurus.blogspot, 11/02/10
Enviado por Correspondencia de Prensa, mayo 2010
"En cuanto a los que hacen falsas predicciones, por mucho que las hayan hecho en nombre de Dios, o los que hayan predicado falsos dioses, auque hayan hecho auténticos milagros, Moisés declara que son falsos profetas y merecen la muerte." (Spinoza, Tratado teológico–político, XV)
Creo que, después de la actual tragicomedia, a la socialdemocracia de Papandreu o de Zapatero sólo les queda el descrédito o la impotencia. Tal vez los dos. El margen de maniobra que permitía a la socialdemocracia arbitrar en el reparto de la renta y valorizar pasivamente la fuerza de trabajo se ha acabado. Con él también se ha acabado la posibilidad de una democracia con algún contenido, pues las democracias europea y norteamericana jugaban precisamente con ese margen (mediante políticas sociales o burbujas de deuda neoliberales).
Ese margen hoy no existe: los mercados lo han invadido. Cuando un poder extralegal dice al supuesto soberano lo que debe hacer, éste poder es el auténtico soberano. En nuestra tragicomedia este poder habla por boca de los mercados y de sus oráculos (los economistas). No importa que los oráculos mientan con descaro: su mentira es la verdad que expresa el inconsciente del régimen, lo que el propio régimen "no sabe que sabe".
De hecho, como en el 1984 de Orwell siempre pueden cambiar retrospectivamente las previsiones del plan. Así, durante más de un año han estado anunciando el surgimiento de "brotes verdes" anunciadores del fin de la crisis, para afirmar ahora que la única salida de la crisis –ahora agravada– consiste en la adopción de un paquete de medidas antisociales que, por añadidura, sólo pueden originar una recesión aún mayor, si no una auténtica depresión de la economía.
Hubo primero que salvar los bancos provocando un endeudamiento gigantesco de las haciendas públicas. Ahora que los bancos están a salvo, ellos mismos, junto con los demás agentes financieros, apuestan a la bancarrota fiscal de los Estados que se endeudaron para salvarlos, provocando un brutal aumento de los tipos de interés de la deuda pública de los países ya más endeudados. Los representantes políticos países del euro o de la UE hoy amenazados por esta nueva ofensiva han decidido, para salir del atolladero liquidar sus políticas sociales y, ya que no pueden devaluar su moneda, devaluar la fuerza de trabajo. De este modo, tienen la seguridad de reducir sus gastos públicos a corto plazo y de poder arrojar carnaza a los tiburones de la finanza. Pero esta solución no es ni siquiera viable. Las declaraciones "patrióticas" de necios como José Bono, que afirma que ""Es un momento de sangre, sudor y lágrimas para el pueblo español" o que "Es la hora de que gane España, aunque perdamos las elecciones" no engañan más que a quien quiera engañarse.
En la actualidad, el capital financiero como expresión directamente política de la relación capital en un régimen de acumulación donde el propio capital ha dejado de ser productivo, es el medio por excelencia de la expropiación de los comunes. La liquidación de las políticas sociales y la privatización programada de los servicios públicos constituyen una aplicación de métodos coloniales de expropiación en las propias metrópolis capitalistas. Como ya no existen nuevas colonias por conquistar y las que se intentan dominar por la fuerza –Iraq, Afganistán– parecen resistirse a la esclavitud, el capital tiene que buscar nuevas fuentes de beneficio en sus propias metrópolis: se trata de los bienes comunes representados por el Estado social y los servicios públicos, el recurso productivo común que es la inteligencia colectiva, que se pretende someter a las patentes, la propia vida y los estilos de vida de los individuos y grupos que son hoy objeto de una brutal apropiación mercantil.
Hasta hace unos meses se hablaba de una refundación del capitalismo. Se trataba de poner a este régimen límites éticos y sociales para evitar su autodestrucción. Esa refundación tenía que ver con la que se conoció en los años 30 y que teorizó Polanyi en “La gran transformación”. En aquel momento, se trataba de evitar la implosión de un sistema de capitalismo desregulado que ya había provocado una guerra mundial, seguida de la Revolución rusa y de la crisis del 29. Las políticas keynesianas y fordistas –y sus variantes fascista y nacionalsocialista– evitaron el hundimiento y permitieron contener la ola revolucionaria que amenazaba expandirse desde Rusia.
Hoy no se intenta ni siquiera aplicar seriamente estas medidas, no porque el capitalismo no desee salvarse, sino porque ya no puede hacerlo así. Cuando la producción material está dejando de ser la fuente principal de beneficio para el capital, cuando esta misma producción, incluso bajo formas jurídicas capitalistas, tiene que recurrir a la cooperación directa de los trabajadores y a formas difusas de trabajo social remunerado o no remunerado, el beneficio capitalista ha dejado de proceder de la producción. Inicialmente el capitalismo se distinguía del feudalismo y de los regímenes sociales de producción anteriores por el hecho de que la extracción de plusvalía, que se realizaba en los anteriores regímenes desde el exterior del proceso productivo (tributos, diezmos etc.), tenía lugar ahora dentro del propio proceso de producción, como extracción de plusvalía.
Hoy, a pesar del mantenimiento – a veces mediante formas brutales: guerra, leyes de excepción etc.– de las formas jurídicas correspondientes a las fases iniciales del capitalismo, la realidad de la producción ha cambiado. Hoy, al igual que en otras fases de acumulación originaria, los mecanismos de la deuda pública y de la renta financiera son dominantes. El capitalismo, en cierto modo, se ha feudalizado: ya no extrae fundamentalmente plusvalía a través de la producción, sino mediante los circuitos financieros. Aquí, ya sólo se puede dejar la palabra a Marx, quien pudo con su enorme lucidez describir lo que estamos viviendo hoy refiriéndose no a la fase –ojalá terminal– del capital que hoy vivimos, sino a sus oscuros comienzos en los que deuda pública, la explotación colonial, la expropiación y proleterización consiguiente de los trabajadores de las metrópolis y el desarrollo de los circuitos e instrumentos financieros consiguieron que el dinero generase más dinero sin pasar por un proceso de producción controlado por el capital. En el capítulo sobre la acumulación originaria del libro primero del Capital, afirma, pues, Marx lo siguiente:
"Los diversos factores de la acumulación originaria se distribuyen ahora, en una secuencia más o menos cronológica, principalmente entre España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. En Inglaterra, a fines del siglo XVII, se combinan sistemáticamente en el sistema colonial, en el de la deuda pública, en el moderno sistema impositivo y el sistema proteccionista. Estos métodos, como por ejemplo el sistema colonial, se fundan en parte sobre la violencia más brutal. Pero todos ellos recurren al poder del estado, a la violencia organizada y concentrada de la sociedad, para fomentar como en un invernadero el proceso de transformación del modo de producción feudal en modo de producción capitalista y para abreviar las transiciones. La violencia es la partera de toda sociedad vieja preñada de una nueva. Ella misma es una potencia económica."
Y prosigue Marx:
"El sistema del crédito público, esto es, de la deuda del estado, cuyos orígenes los descubrimos en Génova y Venecia ya en la Edad Media, tomó posesión de toda Europa durante el período manufacturero. El sistema colonial, con su comercio marítimo y sus guerras comerciales, le sirvió de invernadero. Así, echó raíces por primera vez en Holanda. La deuda pública o, en otros términos, la enajenación del estado sea éste despótico, constitucional o republicano deja su impronta en la era capitalista. La única parte de la llamada riqueza nacional que realmente entra en la posesión colectiva de los pueblos modernos es... su deuda pública . De ahí que sea cabalmente coherente la doctrina moderna según la cual un pueblo es tanto más rico cuanto más se endeuda. El crédito público se convierte en el credo del capital. Y al surgir el endeudamiento del estado, el pecado contra el Espíritu Santo, para el que no hay perdón alguno, deja su lugar a la falta de confianza en la deuda pública.
"La deuda pública se convierte en una de las palancas más efectivas de la acumulación originaria. Como con un toque de varita mágica, infunde virtud generadora al dinero improductivo y lo transforma en capital, sin que para ello el mismo tenga que exponerse necesariamente a las molestias y riesgos inseparables de la inversión industrial e incluso de la usuraria. En realidad, los acreedores del estado no dan nada, pues la suma prestada se convierte en títulos de deuda, fácilmente transferibles, que en sus manos continúan funcionando como si fueran la misma suma de dinero en efectivo. Pero aun prescindiendo de la clase de rentistas ociosos así creada y de la riqueza improvisada de los financistas que desempeñan el papel de intermediarios entre el gobierno y la nación como también de la súbita fortuna de arrendadores de contribuciones, comerciantes y fabricantes privados para los cuales una buena tajada de todo empréstito estatal les sirve como un capital llovido del cielo , la deuda pública ha dado impulso a las sociedades por acciones, al comercio de toda suerte de papeles negociables, al agio, en una palabra, al juego de la bolsa y a la moderna bancocracia.
"Desde su origen, los grandes bancos, engalanados con rótulos nacionales, no eran otra cosa que sociedades de especuladores privados que se establecían a la vera de los gobiernos y estaban en condiciones, gracias a los privilegios obtenidos, de prestarles dinero. Por eso la acumulación de la deuda pública no tiene indicador más infalible que el alza sucesiva de las acciones de estos bancos, cuyo desenvolvimiento pleno data de la fundación del Banco de Inglaterra (1694). El Banco de Inglaterra comenzó por prestar su dinero al gobierno a un 8 % de interés, al propio tiempo, el parlamento lo autorizó a acuñar dinero con el mismo capital, volviendo a prestarlo al público bajo la forma de billetes de banco. Con estos billetes podía descontar letras, hacer préstamos sobre mercancías y adquirir metales preciosos. No pasó mucho tiempo antes que este dinero de crédito, fabricado por el propio banco, se convirtiera en la moneda con que el Banco de Inglaterra efectuaba empréstitos al estado y pagaba, por cuenta de éste, los intereses de la deuda pública. No bastaba que diera con una mano para recibir más con la otra; el banco, mientras recibía, seguía siendo acreedor perpetuo de la nación hasta el último penique entregado. Paulatiamente fue convirtiéndose en el receptáculo insustituible de los tesoros metálicos del país y en el centro de gravitación de todo el crédito comercial. Por la misma época en que Inglaterra dejó de quemar brujas, comenzó a colgar a los falsificadores de billetes de banco. En las obras de esa época, por ejemplo en las de Bolingbroke, puede apreciarse claramente el efecto que produjo en los contemporáneos la aparición súbita de esa laya de bancócratas, financistas, rentistas, corredores, stock–jobbers [bolsistas] y tiburones de la bolsa [...]
“William Cobbett observa que en Inglaterra a todas las instituciones públicas se las denomina "reales", pero que, a modo de compensación, existe la deuda "nacional" (national debt).”
Marx no llegó a escribir el volumen sobre el Estado que figuraba en el plan inicial del Capital. Sin embargo, vemos en un texto como este qué tipo de relación guarda el Estado moderno con la acumulación de capital y en otros pasajes de la misma obra podemos comprobar la función de reproducción que desempeña el Estado respecto de la relaciones capitalistas. Cualquier intento de recurrir al Estado como medio para poner freno al Capital podrá, en el mejor de los casos tener efectos limitados, cuando no francamente reaccionarios. Estado y poder financiero se encuentran íntimamente unidos en su principio mismo por su carácter representativo. Como sostiene el jurista francés Marcel Hauriou (de quien afirmaba Pasukanis que era uno de los pocos teóricos burgueses del derecho que no decía tonterías):
"Existe entre el régimen de Estado y el régimen de la finanza la caraterística común de que ambos reposan sobre elementos representativos más que reales, el Estado sobre la concepción de la cosa pública, la finanza sobre el crédito.
Estas afinidades no son meras aproximaciones de ideas. Hemos visto que el Estado es un equilibrio móvil, muy delicado, en constante progreso; hace falta que haya en él una organización económica flexible y móvil como la de la roiqueza mobiliaria. Por otra parte, por mucho que sean móviles, las estabilidades que garantiza el Estado tienen un valor de creencia máxima y son las que desarrollan el crédito necesario al régimen capitalista."
Finanza y Estado se encuentran hoy de nuevo mano a mano como los dos polos principales del capitalismo, una vez que este ya no es capaz de organizar la producción. El Estado reposa en las "predicciones" de los nuevos augures de la finanza y estos mantienen al Estado como instrumento de garantía de sus rentas. Ambos viven del crédito: de la representación política, basada en la creencia en u todo nacional que hoy ilustran con pasión los tribunos de la izquierda, del centro y de la derecha del a derecha, y de la "confianza de los mercados". Ambos son falsos profetas, tramposos, pues determinan ellos mismos las condiciones de cumplimiento de sus propias profecías.
La única solución a este problema de los falsos profetas la encontraron los antiguos judíos, quienes, para acreditar la profecía condenaban sistemáticamente a muerte a los falsos profetas. Esto hacía, mediante un método espistemológicamente mucho más fiable, que la profecía fuese siempre auténtica. Unos popperianos algo sanguinarios con criterios de "falsation" eficaces y radicales. No sólo se descarta la proposición que resulta falsa, sino que se "falsa" a su propio autor. Tal vez hubiera que aprender de los antiguos hebreos.
sábado, 29 de mayo de 2010
POR EJEMPLO
QUERIDOS MIOS, ¿A QUE ESTÁIS ESPERANDO PARA CONVOCAR UNA HUELGA GENERAL?
No se han debido enterar todavía ni Candido Méndez de UGT ni Fernández Toxo de CCOO del expolio y rapiña que sobre los trabajadores griegos está haciendo el capital financiero a través, precisamente, del gobierno griego, como instrumento que tiene a su servicio.
Les han escrito solidarizándose a sus homónimos sindicales griegos, porque las formas hay que guardarlas, pero solo las formas. Pero enterarse, lo que se dice enterarse, no lo han hecho. ¡Angelitos míos que no se enteran!
De las huelgas generales de los trabajadores franceses contra el gobierno, y por los mismos motivos que los griegos, tampoco se han debido enterar. No se han enterado tampoco de que el gobierno español que cumple de pe a pa lo que le dice el capital financiero, igual que el gobierno griego, ha bajado el sueldo a los funcionarios como excusa y pantalla para bajar las pensiones de los jubilados que cobran menos, hacer que las jubilaciones de todos los trabajadores, de todos y no sólo de los funcionarios, sean menores.
De estos aspectos no se han enterado, y ello tiene su lógica, porque no Méndez ni Toxo son tontos de capirote. La sordera que les ha entrado a lo mejor tiene algo que ver con los millones de euros que les ha soltado el gobierno (gasto insocial que pagamos todos) para mantener las estructuras burocráticas de sus respectivos negocios sindicales, o también es posible que yo sea muy mal pensado (pero que si pienso mal solo es para acertar. Lo dice el dicho pupular: piensa mal y acertaras. Pues, vale, que pienso mal, pero es que además intento razonar lo que pienso. Así que, lo siento mucho) y el dinero que han recibido para mantener la burocracia sindical UGT y CCOO, no tenga nada que ver con la sordera aparente que muestran estos dos dirigentes y esté más relacionado con la labor de zapa que hacen para desactivar los mecanismos de defensa que tenemos los trabajadores para defendernos de los atropellos en nuestros derechos y en nuestros bolsillos, que cada vez más agudos, graves y sofisticados nos hace el gran capital.
Lo concreto, lo que es de tocar con la mano; lo de ver con los ojos y el aflojamiento en los bolsillos que nos hacen no cuenta ni para Mendez ni para Toxo. Cuenta el pululeo palabrero de lo abstracto, de lo que no es, y así nos enredan en lo que no es, para que lo que es: el empeoramiento de las condiciones de vida de todo aquel que vive de su trabajo quede sin tocar.
El arma más efectiva que tenemos los trabajadores para defender nuestros que es la huelga general, la única que puede enfrentarse efectivamente y con éxito a todos los poderes del Estado, incluida la violencia monopolizada que tiene, como son sus fuerzas represivas, nuestros compañeros del metal Mendez y Toxo la están desactivando descaradamente.
Lo hacen en nombre de la responsabilidad social y de la paz social. Yo no conozco a ningún trabajador, y no creo que exista, que quiera algo más aparte de vivir digna y tranquilamente de su trabajo.
La alteración del orden público y la inseguridad ciudadana la han creado y la están fomentando los capitalistas que sin trabajar se enriquecen, y no solo se han enriquecido, sino que ahora se quieren enriquecer más.
*+
¿QUE ES UNA AGENCIA DE CALIFICACION CREDITICIA?
Son entidades independientes que se ocupan de valorar la solvencia presente y futura de una empresa que emite cualquier activo financiero, para ofrecer un cierto nivel de garantías de que esa empresa será capaz de afrontar el pago de los intereses, bonos o cupones y la amortización del capital principal en el momento pactado. Se trata, por tanto, de compañías que valoran a otras empresas y les otorgan una calificación mayor o menor en virtud de su situación financiera. Estas valoraciones sirven para atribuir un nivel de riesgo a las posibles inversiones. No olvidemos que las decisiones de inversión se basan en dos aspectos inversamente proporcionales: riesgo y rentabilidad. De manera que a igualdad de rendimiento, elegiremos la inversión de menor riesgo, y a igualdad de riesgo elegiremos la inversión con mayor rentabilidad. De ahí que sea tan importante la labor de valoración de las Agencias de Valoración Financieras.
Valoran, pues:
1. El riesgo de incumplimiento de pago por parte del prestatario.
2. Deterioro de la solvencia del prestatario.
Es decir, en función del riesgo que sufrimos al invertir en esos títulos las agencias realizan una escala que nos dice si corremos o no peligro de perder nuestro dinero.
Las valoraciones de estos títulos tienen una escala dependiendo de la agencia que haga la calificación, a continuación os mostramos las escalas de Sandard & Poor’s, Fitch y Moody’s, probablemente las tres más importantes hoy en día:
TÍTULOS DE ALTA CALIDAD FLITCH MOODY´S S&P
Muy Alta Calidad AA Aa AA
Alta Calidad A A A
Calidad Moderada BBB Baa BBB
Calidad Moderada Baja BB Ba BB
Baja Calidad B B B
Muy Mala Calidad CCC Caa CCC
GRECIA NO ESTA TAN LEJOS
Los derechos que les quieren arrebatar a los trabajadores griegos no es algo abstracto, sino radicalmente concreto, como son sus condiciones de vida.
Hay que desterrar de nuestro lenguaje habitual la falacia de que para asegurar las condiciones de vida que hoy es posible para todos haya que empezar por empeorarlas.
El hecho objetivo, o sea, con independencia de que me guste a mi o no, es que quienes le prestan y le han prestado dinero al Estado griego, para que unos cuantos griegos o no se enriquezcan, quieren asegurarse el cobro de ese dinero prestado y del que le puedan prestar, y así, a los trabajadores griegos se les quiere imponer menores sueldos, más impuestos y peores condiciones laborales a fin de que el Estado pueda ahorrar en tres años el dinero necesario para poderle pagar a la UE, al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional los 110.000 millones de euros que ahora le quieren prestar al Estado griego, siempre y cuando, el gobierno griego les garantice que a costa de los trabajadores ese dinero estará disponible para hacer frente a los pagos del nuevo préstamo que necesita ahora.
A esta pretensión del gobierno griego (que es la misma que el gobierno español quiere hacer cargar sobre las costillas de los trabajadores) de someter a una sobre explotación de los trabajadores griegos, no es que haya que oponerse, sino que no puede ser admitida bajo ningún concepto, y no por floritura moral de ningún tipo, sino porque en absoluto contribuye a solucionar la crisis del sistema.
Todo lo contrario: garantiza que la próxima crisis del sistema será peor, más aguda y más larga que la presente, porque se mantienen los mismos parámetros que han originado la presente: crecimiento de los capitales sin correspondencia material concreta que justifique ese crecimiento, que en esto consiste esencialmente la especulación: que lo que ayer valía 1, hoy por el arte del birle birloque vale 2.
Puede preguntarse el lector la razón que explique el hecho de que lo que ayer valía 100 hoy valga 85 y mañana 236, si un litro de agua ayer, hoy y mañana tiene la misma utilidad social, beba yo poca o mucha agua.
Si el lector se hace esa pregunta llegará a la conclusión de que lo caduco, trasnochado, irracional e injusto, es el modo de producción capitalista, que cumplida su función histórica de desarrollar las fuerzas productivas ha creado una estructura económica (socialización de la producción) que no se corresponde ni con la estructura política (las decisiones las toman unos cuantos, ni siquiera los parlamentos) ni con la estructura ideológica (el modo de producción no es nada natural sino la consecuencia de la imposición a la sociedad de los intereses minoritarios de las clases dominantes) actuales, que es precisamente lo que hay que cambiar: la estructura política y la estructura ideológica para introducir en la estructura económica los cambios necesarios a fin de que la riqueza creada por el trabajo llegue a todos y no a una minoría.
La HUELGA GENERAL es imprescindible, sabiendo de antemano que no hay un efecto mecánico e inmediato de Huelga General y resolución de todos los problemas.
La Huelga General solo es: un alto y ni un paso más en la dirección que lleváis, señores políticos oficiales, que los que hemos producimos, los que estamos produciendo, los que vamos a producir directamente la riqueza, y los que de una u otra manera hemos intervenido, estamos interviniendo y vamos a intervenir indirectamente en la producción de esa misma riqueza, vamos a empezar a decir de una manera efectiva, como se tiene y que se tiene que producir y para qué y como se distribuye esa riqueza de manera que llegue a todos y no a una minoría como ahora.
San Pablo es bastante más claro que el agua clara a este respecto: el que no trabaje que no coma, a lo que habría que añadir: el que no trabaje pudiendo trabajar, porque el jubilado, el niño y el invalido no pueden trabajar, pero ello no quiere decir que deban quedar al margen del disfrute de la riqueza producida, sino todo lo contrario, que tienen que ser los primeros en participar de esa riqueza que se produce. San Pablo sólo se refiera al parasito social.




