miércoles, 5 de febrero de 2025
El condenado plan de Trump para Ucrania
“Por las malas".
Las manipulaciones de los precios del petróleo propuestas por el enviado
especial Keith Kellogg contra Rusia devastarían la producción de petróleo y la
economía de Estados Unidos.
El condenado plan de Trump para Ucrania
El Viejo Topo
5 febrero, 2025
«No busco hacer
daño a Rusia», declaró recientemente el presidente Donald Trump en un
comunicado que publicó en su cuenta TruthSocial(1). «Amo al pueblo ruso y
siempre he tenido una muy buena relación con el presidente Putin».
Trump, sin
embargo, proviene de la escuela del «amor duro», donde se aplica el castigo
para lograr los resultados deseados. Y el castigo estaba en la mente de Trump
mientras expresaba su amor y admiración por el pueblo ruso y su líder, Vladimir
Putin.
«Voy a hacerle
a Rusia», escribió Trump, «cuya Economía está fallando, y al Presidente Putin,
un FAVOR muy grande. Pónganse de acuerdo ahora, y ¡PAREN esta ridícula Guerra!
SÓLO VA A EMPEORAR».
Dejando a un
lado el extraño uso de las mayúsculas, uno se imagina que si te dedicas a
expresar tu amor de forma pública, deberías asegurarte de que tus hechos se
ajustan a la realidad de aquello por lo que has declarado tus intenciones
amorosas. De lo contrario, se encontrará viviendo en un mundo de fantasía
construido por usted, poblado no por sus pretendientes, sino por productos de
su imaginación. Si de verdad quieres hacerle un «gran FAVOR» al pueblo ruso y a
Vladimir Putin, asegúrate de que sea un favor que ellos quieran recibir.
Llamar a la
economía rusa «fallida» teniendo en cuenta la plétora de datos que muestran que
es cualquier cosa menos eso, probablemente no sea la mejor manera de empezar
una noche de cita.
«Si no hacemos
un ‘trato’, y pronto», amenazó Trump, «no tengo otra opción que poner altos
niveles de Impuestos, Aranceles y Sanciones a todo lo que sea vendido por Rusia
a Estados Unidos, y a varios otros países participantes». «Podemos hacerlo por
las buenas», advirtió Trump, «o por las malas».
Pero, ¿qué pasa
si Rusia, como cualquier amante despechada, opta por la «vía dura»?
En resumen:
nada bueno para Estados Unidos ni para Trump.
Ante todo,
cualquier «trato» que Trump ponga sobre la mesa tiene que ser realista. En
pocas palabras, los rusos deben creer que estarán en mejor posición aceptando
el trato que rechazándolo (algo que Trump, ostensiblemente un maestro en las
negociaciones, debería saber).
El «acuerdo»
que Trump está poniendo sobre la mesa, sin embargo, no es así.
Ha habido
informes recientes en los medios (2) sobre la existencia de un «Plan de Paz de
100 días». Pero hay muchos elementos de este plan «filtrado» que simplemente
suenan falsos, como vincular la finalización del plan al 9 de mayo, Día de la
Victoria, una de las fiestas más importantes del calendario ruso.
Este año, el 9
de mayo se celebrará el 80 aniversario de la Victoria de los Aliados –la
victoria soviética– sobre la Alemania nazi. Según estos informes, el acuerdo
propuesto impide que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, en lugar de
declararse oficialmente neutral. El acuerdo abriría la puerta a que Ucrania se
convirtiera en
miembro de la
Unión Europea en 2030, y encomienda a la UE la responsabilidad de la
reconstrucción de posguerra.
No habría
«desmilitarización». Por el contrario, Ucrania mantendría su ejército en su
tamaño actual y seguiría recibiendo apoyo militar de Estados Unidos y la OTAN.
Ucrania tendría que ceder a Rusia los territorios ocupados por ésta y reconocer
la soberanía de la Federación Rusa.
Las
posibilidades de que Vladimir Putin mancille esta solemne ocasión comprando un
«acuerdo» de paz que permita a los nacionalistas banderistas –cuya ideología e
historia están estrechamente vinculadas a la Alemania nazi– sobrevivir después
de que Putin declarara la «desnazificación» como objetivo primordial de la
Operación Militar Especial son escasas.
EL «PLAN DE
PAZ» DE KELLOGG
Lo que sí
sabemos es que el enviado especial designado por Donald Trump para Ucrania –el
teniente general retirado Keith Kellogg– ha presentado al presidente un «plan
de paz» que aparentemente ha sido bien recibido. Los elementos de este plan
proceden de un documento escrito por Kellogg en la primavera de 2024 (3), un
documento tan disparatado y falto de argumentos basados en hechos como pueda
imaginarse.
Los elementos
centrales de este plan implicaban el establecimiento de relaciones «normales»
con Rusia y su presidente, básicamente poniendo fin a la demonización rusófoba
que prevaleció durante la administración Biden.
Una vez que
Estados Unidos y Rusia volvieran a hablar, se abrirían entonces negociaciones
tanto con Rusia como con Ucrania para poner fin al conflicto.
La «zanahoria»
para Rusia incluía posponer el ingreso de Ucrania en la OTAN durante 10 años,
permitir que Rusia conservara los territorios ucranianos que ocupa actualmente
y levantar gradualmente las sanciones para abrir el camino a la normalización
de las relaciones con Estados Unidos, todo ello sujeto a la conclusión de
acuerdos de paz aceptables para Ucrania.
Para Ucrania,
el «acuerdo» ofrecía tanto la asistencia militar continuada de Estados Unidos y
la OTAN como garantías bilaterales de seguridad. Aunque Ucrania no está
obligada a reconocer oficialmente el control de Rusia sobre los territorios
conquistados, tendría que abstenerse de cambiar el statu quo por la fuerza.
Si Rusia se
negara a cooperar, Estados Unidos impondría sanciones paralizantes. Y si Ucrania
rechazaba el «trato», Estados Unidos cortaría toda la ayuda militar.
Este «acuerdo»,
aunque nunca se expresó formalmente, se había insinuado antes y después de la
victoria electoral de Trump en noviembre de 2024. Y a nadie que conozca las
metas y los objetivos de Rusia en relación con la Operación Militar
Especial le
pilló por sorpresa que el presidente ruso Vladimir Putin rechazara sumariamente
este «trato» en una respuesta a una pregunta de los medios de comunicación el
26 de diciembre de 2024.
Tres días
después, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, también echó
agua fría al «plan de paz» de Kellogg, declarando (4) que Rusia «no estaba
satisfecha con las propuestas de miembros del equipo de Trump de posponer 20
años la admisión de Ucrania en la OTAN y de estacionar fuerzas de mantenimiento
de la paz británicas y europeas en Ucrania.»
EL CAMINO
DIFÍCIL
Pero, ¿qué
significa exactamente «por las malas»? Según Scott Bessent (5), el nuevo
secretario del Tesoro de Donald Trump, la respuesta está en endurecer las
sanciones contra la industria petrolera rusa. Bessent declaró durante su
audiencia de confirmación en el Senado que «estaré totalmente a favor de
endurecer las sanciones» contra las principales compañías petroleras rusas.
Pero Bessent se
basará en una historia en que Estados Unidos y sus aliados europeos exageran
las sanciones como herramienta para derribar la economía rusa (pero de hecho,
ha ocurrido lo contrario). Además, dado el estatus de Rusia como principal
productor de petróleo, cualquier aplicación exitosa de sanciones podría tener
un impacto económico negativo en Estados Unidos.
Esto es algo
que parece haber escapado a la atención de Keith Kellogg, el gurú del «acuerdo
de paz» de Trump. Tras señalar que, bajo la administración Biden, Estados
Unidos y sus aliados impusieron un tope de 60 dólares/barril al petróleo ruso
(el precio de mercado del petróleo ronda los 78 dólares/barril), Kellogg
observó (6) que, a pesar de ello, «Rusia gana miles de millones de dólares con
la venta de petróleo».
«¿Y si»,
reflexionó Kellogg durante una entrevista en Fox News (7), «se baja el precio a
45 dólares el barril, que es esencialmente el punto de equilibrio?». La
pregunta es: ¿“punto de equilibrio” para quién (8)?
El concepto de
“equilibrio”, cuando se trata de Rusia, tiene dos realidades fiscales
separadas. La primera es cuál debe ser el precio del petróleo para que Rusia,
que depende en gran medida de la venta de petróleo para su economía, pueda
equilibrar su presupuesto. Se calcula que esta cifra rondará los 77 dólares por
barril para 2025.
No cabe duda:
si el precio del petróleo cayera a 45 dólares por barril, Rusia se enfrentaría
a una crisis presupuestaria. Pero no una crisis de producción de petróleo.
Veamos, el segundo “punto de equilibrio” para Rusia es el costo de producción
del barril de petróleo, que actualmente se fija en 41 dólares por barril.
Rusia podría
producir petróleo sin interrupciones si Kellogg pudiera lograr su objetivo de
reducir el precio del petróleo a 45 dólares por barril.
Y para lograr
el objetivo, Trump tendría que conseguir que los sauditas se subieran al tren
de la manipulación del precio del petróleo.
El problema es
que los sauditas tienen sus propias realidades de “punto de equilibrio”. Para
equilibrar su presupuesto, Arabia Saudita necesita que el petróleo se venda a
alrededor de 85 dólares el barril. Pero el costo de producción de petróleo en
Arabia Saudita es muy bajo (9): ronda los 10 dólares por barril.
Arabia Saudita
podría simplemente inundar el mercado con petróleo barato si quisiera.
Rusia también
podría hacerlo. ¿Qué tal Estados Unidos?
La Cuenca
Pérmica, en el oeste de Texas, produce todo el crecimiento de la producción
depetróleo de Estados Unidos desde 2020 (10). En 2024, para que los nuevos
pozos fueran rentables en la Cuenca Pérmica (11), el punto de equilibrio estaba
en alrededor de 62 dólares por barril. Para los pozos existentes, esta cifra
rondaba los 38 dólares por barril.
Si se
detuvieran las perforaciones en la Cuenca Pérmica, la producción de petróleo de
Estados Unidos disminuiría un 30 por ciento en el transcurso de dos años.
En resumen, si
Keith Kellogg implementara con éxito su “plan” para reducir el precio del
petróleo a 45 dólares por barril, destruiría la economía petrolera
estadounidense.
Y si destruyes
la economía petrolera estadounidense, destruyes la economía estadounidense.
Rusia puede
aguantar 45 dólares por barril de petróleo durante mucho más tiempo que Estados
Unidos.
Donald Trump
haría bien en pagar a los productores salvajes de petróleo de la Cuenca
Pérmica, aquellos que han invertido todo lo que poseen en una actividad
empresarial que depende de la promesa de 78 dólares por barril en el futuro
previsible, y preguntarles cómo se sienten con respecto a los 45 dólares/barril.
La conclusión
es que si Keith Kellogg y Donald Trump emprendieran ese viaje, rápidamente
comprenderían los errores de su camino. Porque si Donald Trump opta por seguir
la vía del “camino difícil” con Rusia, las consecuencias para él y el pueblo
estadounidense estarán entre las más duras imaginables.
Notas
(1)https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/113872782548137314
(2)https://www.newsweek.com/donald-trumps-100-day-ukraine-peace-plan-leaked-report-2021215
(3)https://americafirstpolicy.com/issues/america-first-russia-ukraine
(4)https://www.foxnews.com/world/russian-foreign-minister-blasts-ukraine-peace-deal-reportedly-floated-trumps-team-not-happy
(5)https://www.msn.com/en-us/news/politics/trump-team-readies-oil-sanctions-plan-for-russia-deal-iran-squeeze/ar-AA1xj9rn
(6)https://www.msn.com/en-us/money/markets/45-oil-price-cap-would-bring-russia-to-negotiating-table-kellogg/ar-AA1xOPHU
(7)https://www.msn.com/en-us/money/markets/45-oil-price-cap-would-bring-russia-to-negotiating-table-kellogg/ar-AA1xOPHU
(8)https://www.intellinews.com/russia-s-budget-oil-breakeven-price-world-s-second-lowest-as-oil-revenues-recover-343171/
(9)https://oilprice.com/Energy/Energy-General/Saudi-vs-Shale-The-Breakeven-Myth.html
(10)https://www.goldmansachs.com/insights/articles/biggest-oil-basin-headed-for-slower-robust-growth
(11)https://www.statista.com/statistics/748207/breakeven-prices-for-us-oil-producers-by-oilfield/
Fuente: Consortium
News
Que no te engañen : ¿»Guerra de aranceles» O Batalla intercapitalista?
Que
no te engañen : ¿»Guerra de aranceles» O Batalla intercapitalista?
Por Canarias Semanal
KAOSENLARED
5 de febrero de 2025 /
Nos venden la «guerra de
los aranceles» como un «acto de patriotismo», pero ¿es realmente una batalla
por la soberanía económica o una lucha entre gigantes del capital global?
Detrás de la retórica de «América Primero», la
realidad es que la actual guerra comercial no busca mejorar las condiciones de
vida de la gente común, Mientras algunas industrias manufactureras y
energéticas se benefician, otras como la tecnológica y agrícola sufrirán las
consecuencias de la confrontación. Pero los verdaderos perdedores de esta
batalla no son las grandes corporaciones, sino los trabajadores, que tanto en
los EEUU como en el resto de las economías capitalistas tendrán que afrontar
despidos, aumento de precios y precarización laboral.
Por M. Relti
Desde hace décadas, las
disputas comerciales han sido parte de la competencia global en la lucha
sostenida por las diferentes potencias capitalistas por la hegemonía
económica.
Sin embargo, la
actual guerra de los aranceles que está impulsando el
presidente estadounidense Donald Trump no consiste en un
simple intento de proteger la economía de Estados Unidos, sino
que es una lucha entre distintas fracciones del capital global por
el control de los mercados. Más que una batalla entre países, se trata
de un conflicto intercapitalista, en el que los grandes
conglomerados económicos tratan de ampliar su poder a costa de
otros sectores y, en última instancia, a expensas de la clase
trabajadora.
En el discurso
oficial, los gobiernos tratan de presentar las guerras
comerciales como una forma de proteger el empleo y la
producción nacional. Sin embargo, en la práctica, estas
disputas no benefician al conjunto de la población, sino a ciertos
sectores específicos del capital.
Las guerras
comerciales son, en esencia, disputas entre diferentes
grupos económicos dentro del capitalismo global. Grandes industrias,
bancos y empresas transnacionales buscan asegurar su dominio y aumentar
su rentabilidad, utilizando a los gobiernos como instrumentos
idóneos de presión contra sus rivales.
Los aranceles se
convierten en una herramienta dentro de esta lucha, no como un
medio para fortalecer la soberanía económica de un país, sino como un
mecanismo para favorecer a unas fracciones del capital sobre otras.
EL PAPEL DE
LOS ARANCELES EN LA ACTUAL DISPUTA
Los aranceles de Trump no
representan, ni mucho menos, una verdadera ruptura con la
globalización, sino que son una estrategia para reconfigurar
el comercio global en favor de sectores específicos del capital estadounidense.
Echemos un vistazo al
listado de quiénes se verán beneficiados y quiénes perjudicados en esta guerra
comercial recientemente desatada:
Los
principales conflictos arancelarios en la historia reciente:
– Industria del acero y la
manufactura → Los aranceles protegen a empresas estadounidenses que producen
acero, aluminio y automóviles, evitando la competencia con productos
más baratos de China y la Unión Europea.
– Sector energético → Las restricciones al
comercio con Canadá y México favorecen a las empresas
petroleras y gasíferas estadounidenses, asegurando el control
sobre la producción y exportación de energía.
– Empresas con producción
nacional → Algunas corporaciones pueden beneficiarse si los
consumidores y empresas comienzan a comprar más productos fabricados dentro de EE.UU.
en lugar de importaciones gravadas.
–
Perdedores de la guerra de los aranceles
–
Corporaciones tecnológicas y agrícolas → Empresas como Apple, Tesla
o Microsoft, que dependen de la producción en
China, ven los aranceles como una amenaza, ya que aumentan sus costos de
fabricación. Los agricultores estadounidenses también se ven perjudicados
cuando países como China imponen aranceles de represalia, reduciendo sus
exportaciones.
– Consumidores
y pequeñas empresas → Los aranceles encarecen los productos importados, lo
que significa que la población paga más por
bienes de consumo y las empresas enfrentan costos más altos
para operar.
– Los trabajadores → Cuando una guerra
comercial afecta a una empresa, esta traslada
las pérdidas a sus empleados mediante despidos,
recortes salariales o precarización laboral. Los grandes perdedores, pues, este
tipo de batallas es, en la mayoría de los casos, la clase trabajadora.
Los aranceles, lejos de ser
una herramienta de protección económica, son una forma de intervención
estatal para favorecer a una fracción del capital a expensas de otras.
LOS
PRINCIPALES CONFLICTOS ARANCELARIOS EN LA HISTORIA RECIENTE
Las guerras
comerciales no son nuevas en la historia. A lo largo del primer cuarto
del siglo en el que vivimos, hemos contemplado varias disputas arancelarias que
han marcado a fuego la economía global. Un detallado análisis de las
mismas nos permitirá no sólo diagnosticar sobre cuál es el sentido que estas
han tenido, sino también quiénes han sido sus principales víctimas.
1. Guerra comercial entre EE.UU. y China (2018-2020)
Bajo el mandato de Trump,
Estados Unidos impuso aranceles a productos chinos por valor de 50.000
millones de dólares, alegando robo de propiedad intelectual y
competencia desleal. China, por su parte, respondió con
aranceles a productos agrícolas estadounidenses, afectando a los
agricultores.
La guerra comercial solo se
redujo tras la firma del acuerdo de «Fase Uno» en 2020,
aunque muchas tarifas quedaron en vigor.
2. Disputa comercial EE.UU.-Unión Europea (2018)
Estados Unidos impuso
aranceles al acero y aluminio europeo, argumentando razones
de seguridad nacional. La UE respondió con aranceles
a productos emblemáticos de EE.UU., como motocicletas Harley-Davidson
y whisky bourbon. Aunque hubo negociaciones, algunas tarifas
permanecieron durante años.
3. Conflicto arancelario EE.UU.-México (2025)
Trump impuso
un arancel del 25% a productos mexicanos, acusando al país de facilitar
la entrada de migrantes y drogas. México respondió con represalias
y fortaleció su seguridad fronteriza para negociar una reducción de
los aranceles.
4.
Disputa comercial EE.UU.-Canadá (2025)
Simultáneamente, Trump aplicó un
arancel del 25% a productos canadienses, excluyendo un
10% para las importaciones energéticas. Canadá intentó
contrarrestar esta medida negociando con EE.UU. y buscando contramedidas
económicas.
5.
Nueva tensión comercial EE.UU.-Unión Europea (2025)
Ante la amenaza de nuevos
aranceles por parte de EE.UU., la UE comenzó a
prepararse para posibles represalias y a fortalecer su política comercial para
evitar pérdidas económicas.
Estas nos muestran
que los aranceles no son una herramienta de desarrollo
económico, sino un arma en la lucha entre distintas fracciones del
capital global.
ENTONCES…
¿QUIENES SON LOS AUTÉNTICOS PERDEDORES DE ESTAS BATALLAS?
Aunque los discursos
oficiales sugierenque los aranceles benefician a los trabajadoresy a
la economía nacional, en realidad la clase trabajadora es la
principal víctima de estas disputas. ¿Por qué?
– Subida de precios → Los
consumidores pagan más por bienes importados.
– Pérdida de empleos → Empresas
afectadas por la guerra comercial despiden
trabajadores o reducen salarios.
– Inestabilidad económica → Las
empresas que dependen del comercio internacional sufren
incertidumbre, lo que afecta la inversión y la creación de empleo.
– Distracción política → La guerra
de los aranceles sirve para desviar la atención de problemas
estructurales como la desigualdad, la precarización laboral y la concentración
de la riqueza.
Mientras las grandes
corporaciones buscan maximizar sus beneficios, los trabajadores
terminan pagando los costos de una guerra comercial que no está diseñada para
protegerlos.
¿QUÉ ES LO QUE
HAY DETRÁS DE LA ACTUAL «GUERRA ARANCELARIA «?
La batalla arancelaria de Trump no
es una lucha por la independencia económica ni por la defensa del trabajador
estadounidense. Es, en realidad, una expresión de la crisis del
capitalismo global, donde distintas fracciones del capital buscan
asegurarse el control del mercado.
Los gobiernos, lejos de ser actores
neutrales, utilizan políticas arancelarias para favorecer a
determinados sectoresempresariales, sacrificando a otros en el proceso.
Mientras tanto, los trabajadores ven cómo sus empleos y su poder adquisitivo se
deterioran en nombre de una guerra que no los representa.
En este contexto, es
fundamental comprender que la guerra comercial no es una batalla entre
naciones, sino una pugna entre las élites económicas por el control de
los recursos y el comercio global.
Por todas las razones que
hemos aducido, no debemos dejarnos engañar por discursos
nacionalistas tras los que se esconde la verdadera
naturaleza de estas disputas: la guerra intercapitalista en la
que los trabajadores terminan siendo invariablemente sus principales
víctimas.
Fuentes consultadas:
– «Trump tariffs push Wall
Street down, dollar up»
Un analisis sobre cómo los
aranceles de Trump han afectado a Wall Street, Reuters, 3 de
febrero de 2025
– «Trump says Americans
could feel ‘pain’ in trade war with Mexico, Canada, China» Reuters,
– «Analysis: Is China
prepared to turn Trump’s tariffs into a trade war?» CNN, 2025
– «What are tariffs and
will prices rise?» BBC, 3 de febrero de 2025
– «La guerra comercial de
Donald Trump es imposible de ganar
– Un análisis
de Dominik A. Leusde
Jacobin América
Latina, 2 de febrero de 2025
Lo que sabemos de Gladio en España
Lo que sabemos de Gladio en
España
DIARIOCTUBRE / febrero 1, 2025
El caso Gladio
estallaba en Europa en 1990 (con la URSS descomponiéndose) a raíz de unas
polémicas declaraciones del entonces presidente italiano Giulio Andreotti donde
aseguraba que, tras la Segunda Guerra Mundial, se habían entrenado a comandos
fascistas para atacar al Ejército Rojo en caso de una invasión de Europa. El
Ejército Rojo no invadió Europa (algo que ni siquiera estaba entre sus planes).
En cambio, lo que sí es cierto es que Gladio no se enfrentó en ningún momento
al Ejército Rojo, sino a los partidos comunistas europeos, líderes
sindicalistas, estudiantiles, etc.
España, caso
aparte
La
investigación más seria la ha realizado el suizo Daniele Ganser en su
libro Los ejércitos secretos de la OTAN. La exhaustividad con la
que investiga los casos de Italia, Francia, Alemania, Bélgica y el resto de la
órbita europea choca con la realidad española, donde el autor no ha podido
dedicar el mismo énfasis que en el resto de países. ¿España no tuvo su Gladio?
¿Fuimos un caso aparte?
En noviembre de
1990, se publicaba en el diario del P. Comunista belga una entrevista al
ex-agente belga de Gladio André Moyen donde muestra su sorpresa por la falta de
investigación en España, porque sabía que los servicios secretos españoles
habían jugado “un rol central en el reclutamiento de agentes de Gladio”.
Se remontaba a 1948 cuando fue enviado a Las Palmas de Gran Canaria para
investigar un fraude sobre combustible entre Bélgica y el Congo (entonces,
colonia belga). Esta red “había enriquecido a ciertas autoridades
españolas muy bien colocadas, y descubrimos además un gran tráfico de
drogas.”. Franco, al enterarse de esta red de tráfico de drogas y
fraude, envía a dos agentes del Segundo Bis (la sección de contrainformación
del Alto Estado Mayor): “Ellos eran hombres muy informados que me
ayudaron enormemente. […] Hablamos de muchas cosas, y me mostraron que estaban
muy al tanto de Gladio”. El cuartel de Gladio en Maspalomas (Las
Palmas de Gran Canaria) fue también confirmado por el coronel italiano Alberto
Volo que relató sus visitas en los años sesenta y setenta. En la misma
localidad se encontraba una estación de SIGINT.
En la misma
entrevista a Calvo Sotelo, el ex-presidente afirma que “el mismo
gobierno era Gladio”. Cuando le preguntaron al que era su ministro de
Defensa- Alberto Oliart- respondió «la pregunta era pueril, pues en
España, Gladio era el gobierno mismo”. Afirmaciones que ahondan en la
idea de que la democracia española eliminó al Gladio. Nada más
lejos de la realidad.
Tal vez, la
mejor definición de lo que fue el Gladio en España la da el jefe de los
Guerrilleros de Cristo Rey Mariano Sánchez Covisa a una periodista de RTVE: “A
la muerte de Franco, la Policía y el Ejército no tenían fuerzas para hacerse con
el control de la situación. Así que nosotros nos dedicábamos a hacer aquello
que la Policía no podía hacer. Si nos enterábamos de que iba a haber una
reunión en una iglesia, llamábamos diciendo que habíamos puesto una bomba y la
reunión no se hacía. Si nos enterábamos de que iba a haber una manifestación y
la Policía no se podía encargar, aparecíamos nosotros para ayudar…” Es
decir, Gladio es consustancial a la democracia española y,
junto con Italia, tal vez sea el caso más flagrante y a la vez, el menos
investigado.
La inteligencia
española y los nazis exiliados en España
Tras la derrota
de los nazis por los soviéticos en Berlín, el único país de Europa en el que
sobrevivió el fascismo fue España. El “asunto España” por el que los soviéticos
pidieron llevar a los tribunales de Nüremberg a los criminales de guerra
españoles fue echado por tierra por británicos y estadounidenses. El miedo de
los nazis a caer frente a un tribunal era tal que llegaban a situaciones
desesperadas como el del nazi belga León Degrelle: aterrizando de emergencia en
un avión Heinkel en la playa de la Concha (Donosti) tras atravesar la frontera
francesa. España se convertía en un santuario espiritual para todos los nazis
que huían.
El caso más
famoso fue el del piloto de Hitler Otto Skorzeny que se refugió en España y
pudo hacer no sólo una vida cómoda, sino que se convirtió en un personaje de
la farándula además de acumular un patrimonio económico
increíble con la construcción en la Costa del Sol. Skorzeny fue asesor
de seguridad del espionaje español. Gracias a su posición gozó de todo
tipo de prebendas.
Tras el golpe
de Valerio Borghese (que también se exilió en España) de 1970 en Italia, el
diario español Pueblo entrevista a Skorzeny en su lujosa casa
del distrito Aravaca-Moncloa en la que afirma que “cada vez que el
gobierno italiano tiene problemas, se acuerdan de mí”. Según el
investigador Daniel Ganser, el mercenario italiano Stefano Delle Chiaie llega a
España de la mano de Skorzeny. Delle Chiaie fue protegido del SECED (el primer
servicio de inteligencia español) creado por Carrero Blanco.
Todas las
investigaciones al respecto parecen coincidir en un punto: las primeras
acciones de “inteligencia” en España se dan a finales de los años 60 y
comienzos de los 70. ¿Los objetivos? El movimiento armado vasco (ETA) y el
naciente movimiento estudiantil en Madrid y Barcelona. De acuerdo con el
investigador italiano de Gladio Pietro Cedomi, el SECED estableció contactos
con el Gladio español para aplastar estas protestas estudiantes. Es decir, los
pistoleros salían de las organizaciones fascistas que la inteligencia española
protegía y alimentaba.
Aparecen los
primeros aparatos “antisubversivos” como la Organización “CONDE” (llamada así
por el apelativo que se le ponía al comandante José San Martín, quien organizó
la infiltración en las organizaciones estudiantiles y de izquierdas y quien
además fue uno de los organizadores del golpe del 23-F), después la
Organización Contrasubersiva Nacional que derivó en el SECED, luego el CESID y,
por último, el actual CNI.
De la mano de
estas organizaciones nacerían los Guerrilleros de Cristo Rey del mercenario
Sánchez-Covisa (con profundas relaciones con los mercenarios italianos
afincados en Madrid), Fuerza Nueva de Blas Piñar (de donde salió otra gran
camada de mercenarios), Defensa Universitaria, etc.
Los servicios
de inteligencia españoles nacen de la represión a los antifascistas.
Fuente
Daniel Ganser.
Los ejércitos secretos de la OTAN.
Alfredo
Grimaldos. La CIA en España.
Mariano
Sánchez-Soler. Los hijos del 20-N.
Juan María de
Peñaranda. Los servicios secretos de Carrero.
Fuente: mpr21.info
martes, 4 de febrero de 2025
Salió el Topo de Febrero. Sobre la adicción y el amor no correspondido (artículo en abierto)
Salió el Topo de Febrero. Sobre la adicción y el amor
no correspondido (artículo en abierto)
El Viejo Topo
1 febrero, 2025
Artículo en abierto de la Revista El Viejo Topo, nº445, de febrero de 2025
Además, en la revista de este mes: el colapso del país del sol naciente por
Higinio Polo; Carlos Formenti inicia su recorrido sobre las luchas africanas
contra el Imperialismo; repensamos la izquierda con la entrevista de Miguel
Riera a Héctor Illueca; analizamos la táctica y estrategia en Marx con Eduard
Ibáñez Jofre; y Miguel Candel nos habla del contraataque del imperio
estadounidense.
CINE/ Sobre la
adicción y el amor no correspondido: Queer de Luca Guadagnino (2024)
Por Javier
Enríquez Román
– Sinopsis –
1950. William Lee, un estadounidense expatriado en Ciudad
de México, pasa sus días casi completamente solo, excepto por unos pocos
contactos con otros miembros de la comunidad gay de la ciudad. Su encuentro con
Eugene Allerton, un exsoldado, le muestra que finalmente podría llegar a
establecer una conexión íntima.
– Ficha Técnica
–
Dirección: Luca
Guadagnino; Producción: Luca Guadagnino y Lorenzo Mieli; Guion: Justin
Kuritzkes (Basada en Queer de William Burroughs); Fotografía: Sayombhu
Mukdeeprom; Montaje: Marco Costa; Música: Trent Reznor y Atticus Ross.
– Reparto –
Daniel Craig
(William Lee); Daan de Wit (Karl Steinberg); Jason Schwartzman (Joe Guidry);
Colin Bates (Tom Wiliams); Drew Starkey (Eugene Allerton); Drew Droege (John
Dumé); Ariel Schulman (Tom Weston); Omar Apollo (Chimu Bar Guy).
“¿Cómo puede un
hombre que ve y siente no estar triste?”, se
preguntaba el escritor William Burroughs en la última entrada de su diario
antes de morir de un ataque cardíaco a los 83 años. El autor de El
almuerzo desnudo (1959), para muchos críticos el escritor más
brillante de la generación Beat, siempre ha explorado las aristas (y contradicciones)
del deseo, en muchas ocasiones a través de crudas (y desafiantes) metáforas
sobre la adicción. Y nada puede ser tan adictivo (y devastador) como el
conocimiento que la persona amada nunca lo hará cómo quieres que lo haga, y
nada puede ayudarte a comprender sus razones.
Buena parte de
la filmografía del italiano Luca Guadagnino comparte con la obra Burroughs la
dolorosa exploración del amor no correspondido y la necesidad de nuevos estados
de consciencia que sublimen este sentimiento, muchas veces a través de las
adicciones (drogas, alcohol, canibalismo – imposible olvidar la extraña, y
hermosísima, Bones and All (2022) donde una joven pareja se
“devora” literalmente como máxima expresión de su amor). En Queer el
personaje de Daniel Craig (Lee) le hace una confesión a Allerton mientras está
borracho: «Quiero hablar contigo sin hablar», sentencia que,
sin duda, resume maravillosamente el espíritu de la película.
Como adaptación
de la breve novela de William Burroughs, Queer (escrita en
1952 aunque publicada en 1985) cuenta la historia de William Lee, un expatriado
de mediana edad que vive en Ciudad de México, en la década de los 50, cuya
existencia monótona y solitaria se ve perturbada por la presencia de un hombre
mucho más joven llamado Allerton. Si bien Guadagnino es un maestro en expresar
la angustia y sufrimiento que conlleva “estar” en una relación, Queer se
centra en la soledad del amor no correspondido de alguien homosexual, quien
anhela una intimidad que no puede expresarse abiertamente.
Lee pasa su
tiempo en bares y clubes sórdidos, sentado en rincones desiertos mientras busca
a otros hombres (cuerpos) en buscar de validación y fugaces retazos de amor que
puedan liberarlo (aunque sea temporalmente) de las ataduras de ser invisible.
Como alguien que ha construido una carrera sobre la imagen de la
hipermasculinidad, no podría haber mejor actor que Daniel Craig (protagonista
en las últimas películas de James Bond) para interpretar a William Lee;
completamente transformado en un personaje inquietante y lastimosamente
desesperado, mientras merodea por las calles en busca de algún tipo de conexión
humana y todo lo que se encuentra entre las grietas del deseo.
El protagonista
de The Girl with the Dragon Tattoo (2011) construye un
personaje desesperado que intenta, torpemente, encontrar en la mirada de los
extraños que le rodean un reconocimiento tácito de atracción, anhelando
cualquier cosa que se parezca vagamente a la atención, en busca de algo (o
alguien) que finalmente lo salve. Y todo ello en la sofocante soledad de un
lugar (y una época) donde la identidad homosexual debe ser discreta, tratando
de comunicar tu “condición” a través de toques sutiles, esperando que alguien
“comprenda” en silencio mientras la mayoría retrocede y se siente repelida por
las implicaciones de tu existencia.
Queer toma un texto que a menudo resulta deliberadamente repulsivo y lo
convierte en una fantasía trágica sobre la soledad del amor homosexual no
correspondido. Salvar este abismo es una tarea difícil, lograda en gran medida
por un brillante Daniel Craig, que interpreta a Bill Lee (el avatar
autoficcional de Burroughs), un viejo sudoroso con un traje de lino raído que
ha llegado a la Ciudad de México, donde bebe y se droga durante todo el día,
entre sórdidos encuentros sexuales. Esto cambia la primera vez que ve a
Allerton, brillante, pulcro y sexualmente ambivalente (Drew Starkey). Lee se
enamora de él, a pesar de que sus conocidos le advierten que no lo haga
(incluido un irreconocible Jason Schwartzman en una suerte de Allen Ginsberg),
y desarrolla una fijación con Allerton que durará mucho más que su primera
noche juntos.
Hacia una nueva
consciencia (cinematográfica)
Mientras que la
primera mitad de la proyección es una película de amor sensual y (hasta cierto
punto) convencional de Guadagnino, la segunda es la conquista cinematográfica
visualmente más audaz del autor de Call Me by Your Name (2017)
hasta el momento, un desvío que no forma parte del libro de Burroughs (aquí, el
guionista de Challengers (2024), Justin Kuritzkes, se encarga
de la adaptación, otorgando una nueva dimensión a la novela). Guadagnino no
sólo quiere expandir nuestra conciencia como espectadores, sino reflexionar
sobre los límites de la creación artística y su capacidad de conmover al
público a través de la imagen, algo que entronca con otros cineastas como
Andréi Tarkovski o Stanley Kubrick.
En la primera
parte de Queer los dos protagonistas pasan tiempo juntos y se
produce un cierto enamoramiento sincero entre ambos, incluso cuando está claro
que Allerton no tiene los mismos sentimientos por Lee (o no tan intensos). El
actor Drew Starkey resulta hipnótico en el papel, atrayendo al espectador con
su comportamiento estoico y su silencio siniestro, dejándonos tan hipnotizados
y frenéticos como a Lee, cuyo enamoramiento febril crece cuanto más tiempo pasa
sin ser correspondido. Su obsesión se convierte lentamente en una adicción,
incapaz de distinguir entre deseos saludables o destructivos, y se pierde en
una esperanza delirante que lo envuelve por completo. A través del uso de
secuencias de sueños aterradores, vemos el mundo interior de Lee a medida que
se desvanece la línea entre la fantasía y la realidad, soñando con una mano que
rozará su rodilla o tocará suavemente su pecho, deseando algo tan puro y simple
que, como espectadores, sufrimos al sentir que no es posible.
La segunda
parte del largometraje se centra en el viaje de Allerton y Lee a la selva
amazónica, en busca de una droga llamada «yagé», que Lee cree proporciona la
capacidad de comunicarse telepáticamente. Independientemente de la veracidad de
esta conjetura, el proyecto habla de la soledad en el corazón del personaje de
Lee. Aunque el sexo es una constante en su vida, lo que realmente anhela es una
conexión más profunda y definitoria, y está decidido a encontrarla con
Allerton, aunque sea gracias a una supuesta droga “mágica y telepática”.
William
Burroughs y Daniel Craig
En comparación
con Call Me By Your Name (2017), con su delicado plano
panorámico hacia la ventana, las escenas de sexo en Queer son
francas y frontales. Pero eso sólo ocurre dentro de la realidad construida de
la película: la Ciudad de México de Queer es punzantemente
artificial, un escenario sonoro pintado en tonos pastel que es más una creación
de la imaginación febril de Lee que una recreación de un lugar real. Este
enfoque permite a Guadagnino y a su director de fotografía, Sayombhu Mukdeeprom,
algunos momentos de estremecedora belleza, como las flores que “caen” detrás de
Lee y Allerton o cuando el anhelo de intimidad de Lee se traduce en una caricia
imaginada o un abrazo fantasma.
Aunque Queer es
una novela ya mítica sobre el deseo homosexual, los mayores aciertos de la
película se encuentran cuando Guadagnino se aleja del texto original y añade
detalles anacrónicos, como varios temas de Nirvana y Prince maravillosamente
bien seleccionados, filmando una desasosegante (y fascinante) versión
cinematográfica de la novela, totalmente impregnada de una suerte de anhelo
amoroso, desesperado y existencial, que ni las drogas ni el sexo parecen
satisfacer.
En los últimos
momentos, la película se deshace de cualquier pretensión de moderación o
control y se adentra deliberadamente en el absurdo, mostrando a sus
protagonistas perdiéndose el uno en el otro (y en las drogas). Finalmente,
terminan en los rincones más oscuros de la selva tropical en busca de una
experiencia con la ayahuasca como “un espejo, no un portal, y puede que
no te guste lo que veas”. Guadagnino (como en casi todas sus películas)
quiere ir “demasiado” lejos, y no se pone límites ni siquiera en cuanto al tono
o el gusto. Es divertido ver cómo Queer se esfuerza, cada vez
más, en ser ridícula y góticamente excesiva a medida que avanza, con prótesis,
marionetas y efectos especiales generados por ordenador (voluntariamente
bastante deficientes), hasta que la película comienza a resquebrajarse y a
deconstruirse, en su parte final, convirtiéndose un estrambótico homenaje
a 2001: Odisea del espacio (1968) de Kubrick, sobre todo
cuando la narración fílmica abandona “nuestro mundo” y se aferra a lo cósmico
como un adicto que intenta sacar una bolsa de heroína del retrete, como en la
estupenda Trainspotting (1996) del inglés Danny Boyle.
Película
compleja, difícil, simbólica, con momentos donde la propia realización cinematográfica
parece haber tomado la droga ayahuasca, con una danza surrealista, que desafía
constantemente nuestros límites y percepciones como espectadores. En el
fondo, Queer es otra (triste) historia de amor (y desamor) con
un maravilloso Daniel Craig (al que desde estas líneas deseamos una




