viernes, 13 de diciembre de 2024

Con el cierre de filas en torno al líder no se para a la derecha

 

El del PSOE ha sido un congreso apacible en medio de un mar embravecido. Una contradicción que solo lo es en apariencia: para Sánchez, se trata de aguantar. Nada más.


Con el cierre de filas en torno al líder no se para a la derecha


Jaime Pastor

El Viejo Topo

12 diciembre, 2024 

 

La celebración del reciente Congreso del PSOE se ha producido en un contexto internacional y geopolítico crecientemente inestable, por un lado, y de centralidad mediática y judicial de la nueva sombra de corrupción que afecta al denominado sanchismo, especialmente la que afecta a quien fue número 2 de ese partido, José Luis Ábalos, por otro.

A la vista de estos condicionantes, el desarrollo de este mitin congresual en Sevilla era previsible: máxima demostración de cierre de filas en torno al líder carismático y a su Manual de resistencia, así como reafirmación de la apuesta por seguir jugando a fondo la baza del chantaje (“que vienen la derecha y la extrema derecha”) para poder disciplinar a sus socios en el gobierno y en el parlamento. Por esas vías, Sánchez busca alcanzar su propósito de aguantar en Moncloa hasta 2027 y, pese a los malos augurios de las encuestas, ganar las próximas elecciones. Como era de esperar, tampoco ha habido ningún conato de autocrítica en relación a muchas de las políticas desarrolladas en estos años, ni siquiera por su corresponsabilidad en la inacción inicial ante la trágica catástrofe de la dana, pese a que los reproches han venido de muy distintos sectores, incluso de algunos de sus socios, como Compromís y Podemos.

 

Retórica social-liberal, asistencialismo en precario y euroatlantismo
Si prestamos atención a la Ponencia-Marco del Congreso, titulada “España 2030. Un socialismo que avanza, una España que lidera”, es justo reconocer algunos signos de una retórica más radical contra los “megarricos” en defensa de “la clase media y trabajadora”, pero pocas novedades programáticas. En efecto, el documento empieza anunciando cuatro grandes retos en el horizonte de 2030, lo que suena muy lejano en estos tiempos de aceleración reaccionaria: desarrollar un patrón de crecimiento distinto y hacer frente a la emergencia climática (tendrían que explicar cómo pueden ser compatibles lo primero y lo segundo…); enfrentarse a la transformación del orden global y, finalmente, responder al “auge de los valores autoritarios y de la internacional ultra”.

Sigue a continuación el intento de magnificar los “imposibles que logramos” en la última etapa (con la reforma laboral, pese a sus limitaciones, en primer lugar) y el anuncio de los “imposibles que lograremos” (con el proyecto –difícilmente viable con sus aliados PNV y Junts- de blindaje constitucional de las conquistas sociales), para luego pasar a definir un proyecto de país con diez metas: la primera de ellas (“Una economía más competitiva, justa y sostenible”) sitúa ya el marco de las que van exponiéndose luego: reducción de la jornada laboral, educación de calidad, viviendas para todos, combatir la desigualdad en todas sus formas, Estado autonómico reforzado, democracia plena que plante cara a la desinformación, vocación de liderazgo del proyecto europeo,  apoyo a la (falsa) “solución de los dos Estados en Israel y Palestina” y refuerzo de la “autonomía estratégica” de la UE en materia de defensa con la coartada de la guerra de Ucrania.

Junto a la medida más difundida de una reducción de jornada, cuyo contenido concreto está por ver, entre las novedades concretas que pueden llamar la atención cabría destacar la creación de un “escaño ciudadano” en el Congreso y en el Senado para que puedan intervenir representantes de la sociedad civil; el derecho a voto a partir de los 16 años y la convocatoria de Convenciones ciudadanas deliberativas; la prohibición de la conversión de viviendas residenciales en turísticas y de temporada, la creación de una empresa estatal para creación de vivienda pública y la exigencia de que las hipotecas y los alquileres no superen el 30% de los salarios; la reforma del sistema de financiación autonómica (con una formulación lo suficientemente ambigua para contentar a todas la baronías…); o, en fin, la derogación del Acuerdo de 1979 con la Iglesia católica en asuntos culturales y educativos…

Algunas de esas promesas suenan ya a mera repetición de las incluidas en anteriores Congresos, mientras que destaca la escasa atención que se presta a la (necro)política migratoria (solo se menciona la necesidad de “un modelo de inmigración que garantice un flujo constante”) o la ausencia de una política fiscal que vaya más allá de una genérica referencia a que se obligará (¿cómo?) a las grandes empresas a repartir una parte de los escandalosos beneficios alcanzados en estos últimos años1. Por no hablar de la siempre aplazada derogación de la ley mordaza y de la ley de secretos oficiales; o de la reforma democrática y urgente del poder judicial (¿dónde queda aquel anuncio de regeneración democrática?); o de la falta de concreción de lo que puede significar “ahondar en el proceso de federalización del Estado”; o, last but not least, el silencio total sobre el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, confirmando una vez más su complicidad con el régimen represor marroquí .

Sin embargo, del interés que haya podido tener esta ponencia-marco en el Congreso sólo ha trascendido el triunfo de las mal llamadas feministas clásicas con su enmienda destinada a impedir la inclusión de la Q+ junto a LGTBI. Algo que se consiguió gracias al lobby encabezado por la ex vicepresidenta Carmen Calvo, y que finalmente fue aprobado en el pleno con un muy bajo porcentaje de participación2. Una decisión que supone un grave paso atrás en el reconocimiento de la diversidad, contribuye a fomentar la transfobia, envalentona a las derechas en su guerra cultural y aleja al PSOE de una posición que cuenta con un amplio consenso en el grueso del movimiento feminista; sobre todo, entre sus nuevas generaciones.

En resumen, Sánchez ha aprovechado el Congreso para exigir fidelidad a la militancia frente al acoso judicial, político y mediático que está sufriendo, sobre todo, desde la aprobación de la ley de amnistía (queriendo dejar en el olvido que no protestó e incluso fue cómplice del que en el pasado afectó al soberanismo catalán y a Podemos). Al mismo tiempo, ofrece un proyecto de gobierno lo suficientemente ambiguo en las cuestiones fundamentales que le confrontan con el PP para intentar atraer a una parte de su electorado e incluso restablecer con ese partido un bipartidismo por sentido de Estado. Tarea esta difícilmente viable, incluso como estamos viendo ante la emergencia migratoria en Canarias, ya que el PP sigue bajo la presión no sólo de Vox (dispuesto a reivindicar sin complejo alguno el legado de la dictadura franquista cuando se acerca el 50 aniversario de la muerte de su fundador), sino también de la procedente de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ambos reforzados por la victoria electoral de Trump. Además, teniendo en cuenta la heterogeneidad de sus aliados en el parlamento, tampoco es previsible que algunas de las leyes y medidas progresistas prometidas, empezando por su inclusión en los presupuestos, lleguen a buen puerto.

Así pues, nos vamos a encontrar con un PSOE que va a seguir por la senda de un reformismo sin reformas estructurales que cuestionen los intereses del gran capital y las bases del régimen monárquico del que este mismo partido ha sido y es un pilar fundamental. No será por ese camino como va a poder frenar la amenaza real del bloque reaccionario ni tampoco, pese a los buenos datos macroeconómicos, atenuar la agravación de las desigualdades. Sólo cabe, en la mejor de las hipótesis, que trate de neutralizar la conflictividad social atendiendo a determinadas demandas, como en el caso de la lucha por una vivienda digna; pero difícilmente lo logrará si ni siquiera pudo salir adelante en el parlamento el impuesto sobre los alquileres de temporada.

Este impasse estratégico en el que ha entrado el PSOE no es ajeno a la evolución que caracteriza desde hace tiempo a un social-liberalismo atlantista que tiende a perder centralidad en muchos países, como estamos viendo ahora en Francia y muy probablemente en Alemania tras las elecciones generales de febrero. En ese contexto, en el caso español, la resiliencia en el gobierno aparece cada vez más como una anomalía gracias a que ha conseguido anular el potencial rupturista de los partidos que emergieron a su izquierda –Podemos y luego Sumar–, y, a la vez, mantener una política de pactos con fuerzas de ámbito no estatal, en Euskal Herria y Catalunya principalmente, a cambio de modestas concesiones prácticas.

Con todo, esta política del miedo frente al mal mayor no va a durar siempre en unos tiempos en los que el malestar social y la desafección política, acrecentados ahora por las consecuencias de la catástrofe de la dana, van a seguir aumentando. No serán las políticas de este gobierno las que vayan a evitar que el bloque reaccionario logre capitalizar la extensión de la antipolítica entre nuevos sectores del electorado.

 

Miedo a la democracia interna
En el plano organizativo, también ha quedado evidente la consolidación de un modelo de partido basado en un cesarismo cada vez más reforzado en torno al líder máximo, como ya ha criticado uno de los pocos delegados de Izquierda Socialista que asistieron al Congreso, Manuel de la Rocha Rubí3: según él mismo ha comprobado, ha habido una demostración clara de “miedo a la democracia”, manifestada incluso en la “negativa a debatir la gestión en el Congreso, vulnerando un principio democrático básico y un artículo clave de nuestros Estatutos”, y se ha instalado una total subordinación del partido al propio gobierno; algo que ha quedado más visible si cabe con el número de ministros y ministras que forman parte de la nueva Comisión Ejecutiva Federal; definitivamente, concluye, “la posición del Partido la fija el Gobierno y no al contrario, ni siquiera con posibilidad de que haya una influencia mutua”.

El caso de Madrid, con la dimisión forzada de Juan Lobato como secretario general del PSM, independientemente de la opinión que se tenga sobre su comportamiento ante el caso de la pareja de Díaz Ayuso, es otra muestra clara de esas prácticas, como justamente ha criticado Izquierda Socialista de Madrid (“¡Las formas importan!”) ante la prohibición de reuniones para poner en pie alguna candidatura frente a la oficialista, encabezada por el actual ministro Oscar López.

Así que, definitivamente, bajo la máxima hacer de la necesidad virtud, se ha consumado el triunfo de un modelo de liderazgo plebiscitario que sólo aspira a mantenerse en el gobierno haciendo algunas concesiones a sus aliados de investidura en áreas que no afecten al núcleo duro de la economía política que se dicta desde la UE, principalmente desde la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.

Vacío a la izquierda
A estas perspectivas sombrías se añade la trágica ausencia de fuerzas políticas a la izquierda del PSOE capaces de construir una alternativa frente a las políticas divisoras de las clases populares que practican las derechas, pero también al social-liberalismo menguante de Sánchez. Ni Sumar –adaptado cada vez más a los límites que marcan la Moncloa y la UE–, ni Podemos –pese a sus esfuerzos por aparecer ahora hipercrítico de un PSOE con el que, sin embargo, sigue aspirando a gobernar– tienen ya credibilidad para ser referentes en la ardua tarea de recomponer una izquierda dispuesta a extraer las lecciones del ciclo abierto por el 15M y el procés catalán con el fin de ofrecer un camino de refundación que no esté subordinado a la política institucional.

Tampoco en el plano más social las direcciones de los grandes sindicatos, CCOO y UGT, subordinadas a su vez a lo que marque el gobierno, aparecen hoy como el marco de referencia para una recomposición de un movimiento obrero dispuesto a hacer frente a una patronal y a un gran capital cada vez más propensos a favorecer la llegada al gobierno del bloque reaccionario.

Con todo, las movilizaciones por una vivienda digna en prácticamente todo el territorio del Estado español –expresiones reales de una lucha de clases que atenta directamente contra el capitalismo rentista–, al igual que la admirable respuesta solidaria del pueblo valenciano y de otros lugares del Estado frente a la catástrofe ecosocial de la dana, así como las distintas formas de resistencia que se están dando en distintos sectores –como en la sanidad y la educación– o en la solidaridad con Palestina muestran síntomas esperanzadores de que se pueda ir reabriendo un nuevo ciclo de movilizaciones desde abajo y a la izquierda en el próximo periodo. Será de esas experiencias de las que habrá que ir aprendiendo para buscar nuevas formas de confluencia en las luchas y en los debates de actores colectivos renovados; y, con ellos, generar nuevas iniciativas que permitan construir un frente común político y social, capaz de hacer frente a la amenaza reaccionaria y de acumular un potencial contrahegemónico desde los barrios y los centros de trabajo. Sólo así podremos volver a poner en el centro la necesidad de una estrategia de transición ecosocial y de ruptura democrática con este régimen y con el bloque de poder que lo sustenta.

 

Notas

  • 1. Como critica Andreu Missé: “La reforma fiscal llevada a cabo por el Gobierno (PSOE y Sumar) y sus socios es de mínimos. Más bien, parece una sucesión de parches. El acuerdo alcanzado en el Congreso ha aprobado el impuesto a la banca, el aumento de las rentas de capital, a los hidrocarburos y al tabaco. Pero ha tenido que dejar para una nueva ley el impuesto a las energéticas. Y han sido descartados los impuestos a las inmobiliarias (Socimis), los seguros privados, bienes de lujo y diesel y el IVA a los pisos turísticos”, “Insolidaridad de bancos y energéticas”, Alternativas económicas, diciembre 2024, 130, p. 3).
  • 2. “La historia tras las enmiendas del PSOE sobre las siglas LGTBIQ+”, Ana Requena y José Enrique Monrosi, 3/12, 24
  • 3. “Congreso socialista y crítica a la gestión”, eldiario.es, 6/12/24

 

Fuente: viento sur

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jueves, 12 de diciembre de 2024

POKROVSK.COLAPSAN LAS ÚLTIMAS DEFENSAS ANTES DE LA CIUDAD.RUSIA AVANZA E...

Si fracasa un golpe, se intenta otro

 

Mientras la democracia se mantiene en el camino que los poderosos le marcan, todo va bien. Pero si se encienden algunas luces y se desvía un poco, se da un golpe, y se la reconduce el tiempo que haga falta.


Si fracasa un golpe, se intenta otro


Andrea Zhok

El Viejo Topo

11 diciembre, 2024 



Una vez que fracasa un golpe, se intenta otro. 


Después de la retirada de la ley marcial en Corea del Sur –el Presidente Yoon Suk-yeol no pudo superar el obstáculo de la dimisión del Ministro de Defensa, que le quitó el apoyo del ejército–,nos encontramos ante el golpe «legal» preparado por el Tribunal Constitucional rumano, que anuló los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales y las aplazó para una fecha posterior.

Como se sabe, en la primera vuelta el candidato Georgescu salió primero y las encuestas lo dieron por vencedor en la segunda vuelta (63% contra 37% de la otra candidata Elena Lasconi). Georgescu no está alineado con las posiciones de la OTAN y esto representa un problema.

Las motivaciones del Tribunal Constitucional rumano son dignas del mejor cabaret: el candidato Georgescu se habría beneficiado de una campaña de Tik-Tok que «se parecía» (sic) a las tácticas rusas.
En esencia, la sospecha de una posible influencia extranjera marginal sería suficiente para anular las elecciones.
(Para un país como Italia, que ha votado desde 1948 hasta hoy siempre bajo una colosal presión internacional, desde Washington hasta el BCE, con este criterio todas las elecciones podrían ser invalidadas, sin excepción.)

¿Qué tienen en común estas regurgitaciones autoritarias? 

Es muy sencillo. Se trata de un autoritarismo oficialmente puesto al servicio de los liberales. 

Naturalmente, el cortocircuito es sólo aparente. 

Desde que el liberalismo se convirtió en la columna vertebral de la política europea en el siglo XIX, siempre ha jugado la carta de la apelación a la libertad democrática cuando tenía que defenderse de la perspectiva del estatismo, y la carta de la represión paternalista cuando el demos no votaba. Una manera de agradar a los jefes del navío. 

Lo que estos temblores autoritarios indican es la condición de peligrosa fragilidad en la que se encuentra la narrativa democrática liberal, que a pesar de sus enormes esfuerzos por manipular la opinión pública ya no es capaz de persuadir –no siempre– a la mayoría de la población de que las generosas palizas propinadas son para su bien. El juego de gobernar la opinión pública en una democracia formal siempre es arriesgado. 

En el siglo XIX, durante mucho tiempo se creyó que sólo el sufragio universal sería capaz de establecer regímenes que funcionaran en interés del pueblo. Por lo tanto, desde la consecución del sufragio universal, todo el esfuerzo de las clases dominantes liberales siempre ha estado dirigido a convencer a la mayoría de que los constantes sacrificios de la mayoría, para mantener el privilegio de unos pocos, eran lo único correcto.

Qué estrategia narrativa se puede utilizar para lograr este resultado, lo único imprescindible, puede variar. Pero en general el resultado se logra persuadiendo a la mayoría de que acecha una amenaza mucho peor que el privilegio oligárquico, y que los únicos capaces de defender al país de esa amenaza son precisamente los miembros de la élite liberal. 

Cuanto menos se afianza esta narrativa, más clara se vuelve la naturaleza de las democracias liberales: el verdadero poder reside en la esfera «liberal», es decir, en la propiedad a gran escala, donde la «democracia» es sólo la variable dependiente, utilizable como cobertura ideológica hasta que pueda ser manipulada, pero libremente subordinada tan pronto como resulte refractaria a los deseos de las elites.

Fuente: L’AntiDiplomatico

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miércoles, 11 de diciembre de 2024

LA OTAN BUSCA LA ESCALADA.RUSIA PREPARA RESPUESTA. FRANCIA: TROPAS A UCR...

AHORA!IMPORTANTE ÉXITO RUSO EN EL CORAZÓN DE CHASIV YAR. NUEVOS AVANCES ...

PÁNICO EN UCRANIA. RUSIA: LE LLEGÓ LA HORA A KURSK. ASSANGE Y SCOTT RITT...

Mercenarios del Ejército Nacional Sirio (SNA) ejecutan a heridos ingresados en un hospital de Manbi

 

Mercenarios del Ejército Nacional Sirio (SNA) ejecutan a heridos ingresados en un hospital de Manbi

TERCERAINFORMACION / 10.12.2024

El Estado turco ocupante masacra brutalmente a dos heridos que recibían tratamiento en un hospital de Manbij por medio de las fuerzas mercenarias yihadistas del SNA.



La fuerza mercenaria yihadista autodenominada Ejército Nacional Sirio (SNA, por sus siglas en inglés), controlada y armada por Turquía, ha avanzado en la ciudad de Manbij, en el norte de Siria, tras días de combates con las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF, por sus siglas en inglés) y está cometiendo los crímenes de guerra más graves a la vista de la opinión pública mundial.

En un vídeo de fuentes del SNA que circuló ayer por las redes sociales, mercenarios del SNA se jactan de cómo están disparando a heridos en sus camas de un hospital de Manbij. El vídeo muestra a miembros del SNA entrando al hospital cercano al cruce de Ashxane, en Manbij, donde se atiende a decenas de civiles heridos en los ataques. Los mercenarios primero acosan a los heridos en sus camas y luego disparando al menos a dos de ellos. Según ANHA, citando fuentes locales, decenas de heridos en el hospital fueron masacrados de la misma manera.

Mako Qocgiri, del Centro Kurdo de Relaciones Públicas (Civaka Azad) de Berlín, ha subrayado que los paralelismos con la milicia terrorista “Estado Islámico” (ISIS) son evidentes en este caso: “Los grupos mercenarios controlados por el Estado turco están cometiendo crímenes de guerra al estilo del ISIS. Los vídeos de heridos ejecutados por mercenarios yihadistas son intolerables. La comunidad internacional debe actuar de inmediato”. El SNA lleva 14 días intentando tomar Manbij y se han producido graves enfrentamientos. Goza del apoyo de la fuerza aérea turca para ello. Al mismo tiempo, hay fuertes enfrentamientos en Tişrîn. Las SDF están luchando para impedir un avance del SNA hacia el noreste de Siria.

Terroristas del ISis y yihadistas del SNA camino de Manbij | Foto: Captura de pantalla/Habertürk TV

 

El Estado turco ocupante mató a otros 10 civiles en un ataque con aviones no tripulados contra la aldea xerefana de Manbij. El 8 de diciembre, los invasores mataron a 12 civiles, entre ellos niños y mujeres, en un ataque con vehículos aéreos de combate no tripulados (UCAV) contra la aldea Mestareha de Ayn Isa. También en Kobanê un UCAV acabó con la vida de dos niños.

Bombardeo del puente de Qereqozaq por UCAV turcos

El Estado turco está llevando a cabo numerosos ataques aéreos en medio de la escalada de ataques en la región de Manbij.

El puente de Qereqozaq fue bombardeado al menos 15 veces por UCAV del ejército turco de ocupación. El puente, que conecta las dos orillas del río Éufrates, proporciona transporte entre el Cantón del Éufrates y Manbij.

Los enfrentamientos encarnizados entre los combatientes de las SDF y los invasores continúan.

Rojava había salvado al mundo del ISIS

El SNA es un conglomerado de mercenarios yihadistas y extremistas de derecha pro-turcos que se mantienen unidos por la hostilidad hacia los kurdos. Una emisión en directo de la cadena de televisión turca Habertürk mostró ayer a mercenarios del SNA avanzando hacia Manbij con terroristas del ISIS. Sobre esto, el portavoz de Civaka Azad en Berlín ha comentado: “El régimen del AKP/MHP en Ankara está tratando de crear hechos incluso antes de que se haya asentado el polvo de la agitación en Siria, para destruir los logros del gobierno autónomo y expulsar a la población kurda. Ankara persigue este objetivo desde la revolución en Rojava en 2012 y ha establecido un estrecho pacto con el ISIS con este fin. El pueblo de Rojava salvó al mundo del ISIS e hizo fracasar estos planes. Ahora Turquía está obviamente tratando de lograr con sus mercenarios lo que el ISIS no pudo hacer. Es un deber humanitario de toda la humanidad defender los territorios autónomos del norte y el este de Siria y obligar a las potencias internacionales a poner fin a su silencio sobre estos crímenes, como hicieron en Kobanê”.

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¿Siria al filo del trueque? Las claves de un posible intercambio geopolítico entre Estados Unidos y Rusia

 


¿Siria al filo del trueque? Las claves de un posible intercambio geopolítico entre Estados Unidos y Rusia

“El país árabe queda en una situación crítica y podría acabar convertido en un Estado fallido como Libia”

Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS SEMANAL.ORG.-

La repentina y sorprendente caída del gobierno de Bashar al-Assad en Siria ha dejado a analistas, observadores y medios alternativos intentando descifrar un posible reajuste en el tablero geopolítico. Mientras la nueva administración de Estados Unidos, liderada por Donald Trump, se apresta para asumir el mando, surgen indicios de que el destino sirio podría estar siendo utilizado como una pieza de negociación con la Federación Rusa. ¿Se trata de un “toma y daca” en el que Washington cedería en Ucrania a cambio de una retirada táctica rusa en Oriente Medio?

       La situación en Siria, con la repentina caída del Gobierno de Bashar al-Assad, ha provocado un escenario de incertidumbres, con movimientos y respuestas desconcertantes y difíciles de interpretar.

Mientras la información oficial brilla por su ausencia, el terreno se encuentra plagado de conjeturas y especulaciones. Estos indicios sugieren una posible reconfiguración de las esferas de influencia en Oriente Medio, potencialmente ligada al relevo presidencial en Estados Unidos y a las posiciones estratégicas que mantiene la Federación Rusa en otros escenarios, particularmente en Ucrania.

Una hipótesis que gana terreno y que, no obstante, debe manejarse con absoluta prudencia, apunta a un posible “intercambio” entre  estas  dos grandes  potencias capitalistas. Bajo esta lógica, Washington podría estar dispuesto a tolerar algunas de las realidades impuestas por Moscú en el conflicto ucraniano, a cambio de que Rusia modere su proyección militar o retroceda parcialmente en Siria. Esto implicaría una suerte de trueque geopolítico, en el que Oriente Medio y Europa del Este se convertirían en tableros conectados, intercambiando concesiones tácticas y reconocimiento mutuo de esferas de influencia.

Es importante subrayar que hasta el momento no existen pruebas concluyentes ni declaraciones oficiales que puedan respaldar esta hipótesis. La situación exige cautela y una lectura crítica, ya que el hermetismo informativo obliga a trabajar con conjeturas no confirmadas. Sin embargo, la sola posibilidad de que la situación siria esté siendo utilizada como moneda de cambio en negociaciones más amplias refuerza la necesidad de entender el papel de las potencias capitalistas y sus maniobras estratégicas en el actual orden mundial.

    “La historia nos enseña que una vez que un Estado se rige por las reglas del capital, la expansión, la búsqueda de áreas de influencia y la defensa de intereses empresariales internos se convierten en la norma”

 LA HIPÓTESIS DEL “INTERCAMBIO GEOPOLÍTICO”
A pesar de que las fuentes primarias permanecen difusas, algunas páginas especializadas en análisis político internacional, – por ejemplo, los digitales alternativos de noticias y blogs de seguimiento diario a la situación siria y ucraniana, así como foros de discusión entre analistas independientes-, han comenzado a sugerir la existencia de un posible “intercambio” entre las potencias implicadas.

Según comentan, se baraja la posibilidad de que Washington esté dispuesto a “cerrar los ojos” ante determinadas realidades territoriales impuestas por Moscú en Ucrania, aceptando o al menos normalizando de facto la situación resultante tras la intervención rusa, a cambio de que Rusia ceda parte de sus intereses o al menos su proyección militar más visible en Siria.

Estas afirmaciones, que no dejan de ser especulativas, encuentran eco en fuentes diversas. Por ejemplo, en algunos hilos de discusión del portal Moon of Alabama, crítico de la narrativa del establishment occidental,  se ha debatido —con posiciones dispares— la posibilidad de que ante la incertidumbre del relevo presidencial en Estados Unidos, Rusia también pueda mover sus piezas de un modo calculado.

Asimismo, analistas que se expresan en medios como The Saker o SouthFront, conocidos también por brindar cobertura a conflictos bélicos desde una perspectiva no alineada con el discurso occidental mayoritario, han considerado el escenario de un toma y daca: dejar cierto margen a las aspiraciones de Trump de reacomodar la política exterior estadounidense y, a cambio, consolidar determinadas ventajas logradas en Europa del Este.

Cuentas de Twitter (X) como ECSSaharaui parecían apuntar en la misma dirección, con comentarios como: “Tras 13 años de resistencia al imperialismo, Siria ha sido traicionada y vendida al enemigo sionista, ha caído en manos del yihadismo financiado por EE.UU., Reino Unido, Europa, Turquía, “Israel”, Qatar y Arabia Saudí, entre otros”.

 

En ColonelCassad, un blog ruso de análisis militar, se han mostrado recientemente mapas y comentarios que, sin afirmar nada de manera directa, insinúan también un reordenamiento táctico en el terreno sirio. Aunque no constituyan pruebas definitivas, estos indicios y testimonios contribuyen a dar cierta plausibilidad a las hipótesis planteadas.

Fotografía difundida como, supuestamente, la primera instantánea de al-Assad y su esposa tras su llegada a Moscú, donde se le ha concedido asilo a él y a su familia. Fuente: colonelcassad.livejournal.com  (Según otras fuentes la fotografía corresponde a Alepo 2023)


La rendición sin apenas resistencia del Ejército sirio y el Gobierno de al-Assad (*), así como las declaraciones conformistas de la cancillería rusa, instando “a todas las partes  a pactar”, justo después de la toma de poder por parte de los grupos yihadistas, parecen apuntar, igualmente, a un posible acuerdo, del que podría formar parte el propio exilio de al-Ásad y su familia en Moscú, mientras el país árabe queda en una situación crítica que podría desembocar en un Estado fallido como Libia.  

 “Sería una imperdonable imprudencia olvidar que Vladimir Putin,  formó parte del engranaje que presenció y facilitó el tránsito del socialismo hacia  el actual capitalismo oligárquico”

 EL FACTOR TEMPORAL Y EL NUEVO GOBIERNO EN WASHINGTON

En este escenario, se debe prestar especial atención al factor temporal: la asunción de una nueva administración en Washington puede servir de catalizador para replantear alianzas, presiones y repartos informales de “zonas de interés”. Dentro de las hipótesis en circulación, la idea del “trueque” geopolítico colocaría a Siria como una suerte de moneda de cambio en una transacción de gran calado.

Según esta versión, una vez que Trump se haga con las riendas del poder podría  conceder algo en el tablero ucraniano —acaso una aceptación tácita del nuevo status quo— a cambio de reducir la participación rusa en Oriente Medio, en particular en Siria, donde Moscú mantiene una presencia militar significativa.

Esta situación, de consolidarse, permitiría a la nueva administración norteamericana canalizar su agenda externa hacia otros objetivos, tal vez más vinculados a las disputas comerciales con China o a las tensiones con Irán. Por su parte, el Kremlin podría salir “ganando” en el frente ucraniano —un escenario estratégico fundamental para sus intereses inmediatos— sacrificando posiciones más lejanas o costosas en términos logísticos y políticos.

 LECTURAS POSIBLES DE LA MANIOBRA

Una maniobra de este tipo podría tener varias lecturas: una, que podríamos denominar diplomática, buscaría aliviar la presión sobre el Gobierno ruso en relación con su apoyo al Gobierno sirio, reduciendo la necesidad de  Rusia de mantener una presencia activa y costosa en esta zona para centrarse en la consolidación de sus logros en Ucrania.

Otra, más cruda, pondría de manifiesto cómo las grandes potencias hacen y deshacen alianzas olvidando las retóricas humanitarias cuando resulta más conveniente y colocando a poblaciones enteras en la posición de simples fichas intercambiables. En este escenario, las aspiraciones democráticas o las luchas internas por la soberanía en Siria quedarían subordinadas a un acuerdo entre fuerzas foráneas cuyo objetivo crucial es el de salvaguardar zonas de influencia e intereses corporativos.

Abu Mohamed al Jolani, líder yihadista y ex militante de la organización terrorista Al Qaeda que se perfila como el nuevo “hombre fuerte” en Siria y que Occidente ya ha blanqueado, presentándolo como “pragmático” y “moderado”

 


RUSIA: DE LA URSS A LA OLIGARQUÍA CAPITALISTA

El decisivo papel desestabilizador de los Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales y europeos en esta confrontación es de sobras conocido. Menos claridad suele existir, sin embargo, a la hora de categorizar el rol que desempeña la Federación Rusa. Aunque una parte significativa de la opinión pública internacional le atribuye un papel de contrapeso frente al poder estadounidense, y la propia hostilidad de Washington ha empujado a Moscú a este enfrentamiento, es necesario recordar que estamos ante una potencia que —desde el fin de la Unión Soviética— opera abiertamente bajo lógicas capitalistas.

Lejos del modelo social y económico que proclamaba la propiedad común de los medios de producción, la Rusia actual es gobernada por una élite oligárquica que se enriqueció tras el derrumbe de la URSS. Esta élite se consolidó al apropiarse de la propiedad colectiva que correspondía al pueblo soviético, mediante procesos de privatización brutales, desiguales y amañados.

Sería una imperdonable imprudencia olvidar que Vladimir Putin, el actual presidente ruso, antes de convertirse en figura central en la proyección internacional de su país, formó parte del engranaje que presenció y facilitó el desmantelamiento de la URSS y el tránsito hacia  el actual capitalismo oligárquico y que posteriormente llegó a expresar al presidente Bill Clinton su deseo de que Rusia se incorporase a la OTAN justo después de que la coalición bélica occidental hubiera perpetrado la destrucción de Yugoslavia. 

Esta breve mención resulta fundamental a la hora de enmarcar las verdaderas motivaciones de los diferentes actores políticos. Tal y como reconoció abiertamente el ideólogo del imperialismo estadounidense Zbigniew Brzezinski, en su obra El gran tablero mundial, el control de un país como Siria, situado en un punto geopolítico de conexión entre Asia, Europa y África, tenía como uno de sus objetivos estratégicos debilitar a Rusia e Irán, razón por la cual el país árabe pudo beneficiarse de una ayuda de Moscú que años antes nadie prestó a Libia para evitar que fuera destruida por la OTAN y sus aliados yihadistas. Ésta es, obviamente, una coyuntura geoestratégica que cualquier país o gobierno amenazado debe tratar de capitalizar en su favor.  Sin embargo,  resulta absurdo esperar de una potencia como Rusia, cuyo gobierno representa los intereses de la nueva burguesía rusa,  un rol “liberador” en el sentido transformador que muchos, desde posiciones ideológicas supuestamente radicales, desean ver en la actuación de Moscú. No es lógico esperar hoy de Moscú el mismo  tipo de solidaridad internacionalista que en su día pudo ofrecer la Unión Soviética o un país como Cuba a los pueblos de Asia, África y América Latina que luchaban contra la opresión y la explotación colonial.

 

  EL GRAVE ERROR DE IDEALIZAR A RUSIA

A este respecto, conviene señalar que algunas corrientes políticas que se autodefinen de izquierdas, antiimperialistas e incluso “revolucionarias”,  también han depositado una confianza excesiva en la capacidad y la disposición de Rusia para actuar como baluarte frente a la hegemonía occidental.

Aunque esta visión se puede llegar  a comprender por la necesidad de buscar un contrapeso geopolítico a las potencias imperialistas tradicionales, idealizar el papel de la Federación Rusa constituye un grave error de análisis. Como los hechos se han encargado de demostrar históricamente, no existe una potencia capitalista que no atienda, ante todo, a sus propios intereses materiales.

La posibilidad de que Moscú ceda posiciones en Siria a cambio de consolidar sus adquisiciones en Ucrania, entregando al pueblo sirio a un gobierno de integristas islámicos, debería servir como seria llamada de atención: toda confianza excesiva en una oligarquía capitalista que antaño se benefició del desmantelamiento de un sistema igualitario constituye, en el mejor de los casos, una ingenuidad que más tarde o más temprano se acaba pagando.

 

 

 REACCIONES DESDE POSTURAS ANTICAPITALISTAS
No es extraño, pues, que algunos comentarios en la red, provenientes de foros de discusión con simpatizantes del anticapitalismo, muestren desconcierto ante lo que está ocurriendo.

Algunos participantes en espacios virtuales de debate (por ejemplo, en ciertos canales de Telegram especializados en análisis internacional desde posturas autodenominadas “progresistas” o en páginas de Facebook cuyos editores se definen como herederos de tradiciones combativas) han expresado perplejidad y preocupación.

Estos comentaristas manifiestan que, de confirmarse la hipótesis del intercambio geoestratégico, quedarían en entredicho las ilusiones depositadas en el papel que supuestamente Rusia podría haber jugado a favor de proyectos soberanos en el Medio Oriente.

Estos testimonios, aunque dispersos y no centralizados, muestran un sentir creciente: el de quienes se ven obligados a reconsiderar un análisis demasiado simplista de las dinámicas internacionales, recordando que el capitalismo, en cualquiera de sus variantes nacionales, no actúa por razones altruistas ni defiende intereses populares a no ser que ello coincida con su conveniencia.

 

 EL VALOR DE UN ANÁLISIS DESMITIFICADOR

En este sentido, el caso sirio recuerda el valor de analizar las dinámicas globales sin caer en visiones románticas de la política internacional. La implicación rusa en Siria respondió en gran medida a la búsqueda de asegurar su presencia en el Mediterráneo Oriental, a través de instalaciones militares estratégicas, así como a la necesidad de proyectar su poder más allá de sus fronteras inmediatas y de evitar la toma de posiciones en la región de un nuevo régimen que respondiera a los interes de Estados Unidos e Israel.

Asimismo, su presencia apuntaló al Gobierno sirio, enemistado con las fuerzas opositoras respaldadas por otros actores internacionales, incluidos aquellos apoyados, directa o indirectamente, por potencias occidentales o regionales.

Sin embargo, si las circunstancias exigen un replanteo y es posible obtener un “premio mayor” en otro tablero —como el ucraniano—, no debería sorprender que Rusia opte por recalibrar sus prioridades, aun a costa de dejar atrás su retórica previa, pretendidamente “antiimperialista”. 

 

 UN “TIRÓN DE OREJAS” A QUIENES CONFÍAN INGENUAMENTE

En este punto es donde cobra relevancia un necesario “tirón de orejas” a quienes, considerándose herederos de corrientes emancipatorias radicales, han visto en esta potencia una esperanza liberadora, sucumbiendo a la tentación de sustituir el clásico -pero plenamente vigente- análisis marxista de clase por las consideraciones meramente geopolíticas actualmente en boga.

La historia nos enseña que una vez que un Estado se rige por las reglas del capital, la expansión, la búsqueda de áreas de influencia y la defensa de intereses empresariales internos se convierten en la norma. Pretender que un régimen así actúe en función de los intereses populares de otro país sin una ganancia tangible es una ilusión peligrosíma.

Esto no significa, ni por asomo, alinearse con las interesadas tesis occidentales que retratan a Rusia como el origen de todos los males, sino comprender que su política exterior – como la de las propias potencias occidentales con EE.UU. a la cabeza – responde también a la lógica del beneficio, la acumulación y el control geopolítico, y no a la búsqueda de la liberación de ningún pueblo ajeno.

 

 UNA DURA LECCIÓN PARA QUIENES BUSCAN LA EMANCIPACIÓN DE LOS PUEBLOS

Aunque resulte incómodo, y nos obligue a ir contra la corriente del pensamiento dominante, es necesario destacar este punto ante quienes se reclaman defensores de proyectos emancipadores. La historia no se escribe con sueños ni con consignas, sino con relaciones materiales y correlaciones de fuerza. Un Estado capitalista, por muy adverso que resulte al poder hegemónico occidental, no deja de moverse por esta lógica del beneficio y la consolidación de su élite interna.

Esa pulsión no depende de la maldad o la bondad  de los personajes que rigen los destinos de un país, sino que la genera la propia dinámica del sistema económico que lo rige. Las poblaciones que han padecido las consecuencias de las intervenciones militares, en Siria, en Ucrania o en tantos otros rincones del mundo, requieren análisis serios y no idealizaciones infundadas.

De momento, solo queda reiterar la cautela: nos encontramos en este momento concreto ante hipótesis y conjeturas. No hay certezas absolutas, pero sí indicios, testimonios y análisis que apuntan hacia la posibilidad de un acuerdo tácito entre las nuevas autoridades norteamericanas y el Kremlin.

Es hora ya, en cualquier caso, de abandonar las ingenuidades y de comprender que mientras no existan  fuerzas políticas realmente comprometidas con la emancipación de los pueblos éstos seguirán siendo meros peones, siempre sacrificables, en el juego del ajedrez geopolítico de las potencias capitalistas.

Nota:

(*) Obviamente, la propia rendición de Al-Assad y su ejército sin presentar ningún tipo de batalla ante este último ataque de las fuerzas yihadistas, tras más de una década de guerra, también deben ser objeto de un análisis global que tenga en cuenta, en su interrelación, tanto los factores internos como los relacionados con los actores externos involucrados en  el conflicto.

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