domingo, 23 de octubre de 2022

¿Cómo terminará la guerra en Ucrania?

 

Estados Unidos no puede permitirse perder la guerra. Pero tampoco Rusia puede permitirse perder la guerra. Sin embargo, hay perdedores: los miles y miles de muertos, ucranianos y rusos, carne de cañón de un conflicto entre grandes potencias.


¿Cómo terminará la guerra en Ucrania?

 

EL VIEJO TOPO

23.10.2022

 


Al tratar de reflexionar sobre cómo podría evolucionar la guerra en Ucrania, surge una pregunta: ¿podrías ser la guerra y la destrucción en Ucrania los prolegómenos de una tercera guerra mundial? Ciertamente, aunque desde hace varios años se oye hablar de una «tercera guerra mundial a trozos», de una «guerra por delegación», etc., esta vez la utilización de una tercera guerra mundial para resolver la crisis se hace muy problemática por la magnitud de la destrucción que supondría tal acontecimiento.

Además, en la actualidad ninguna de las potencias en juego parece capaz de realizar este enorme esfuerzo: no los Estados Unidos, que siguen siendo los más fuertes militarmente pero débiles industrialmente tras décadas de deslocalizaciones, y cuya hegemonía mundial se basa ahora únicamente en el capital financiero; no la Unión Europea, débil militarmente y presa de las divisiones habituales, con una industria tecnológicamente avanzada que necesita los mercados mundiales de gama media/alta; no a Rusia, que combina el poderío militar heredado de la URSS con una economía basada casi exclusivamente en la exportación de materias primas; no a China, que aún está atrasada militarmente y tiende a expandirse comercialmente a lo largo de las diversas «rutas de la seda» y con problemas de desarrollo interno aún no resueltos.

El curso de la guerra, tras la primera apuesta de Putin en Ucrania, parece confirmar esta hipótesis, con Estados Unidos agresivo en las palabras pero cauto en los hechos, China esperando astutamente el desarrollo de los acontecimientos y la Unión Europea con ansias intervencionistas que sirven para justificar una política de rearme.

Tras el fracaso del intento de guerra relámpago de Putin, una «guerra relámpago» de infausto recuerdo, la guerra en Ucrania se ha empantanado en un territorio caracterizado por profundas diferencias étnicas, lingüísticas y económicas, y no se vislumbra ninguna solución negociada a una guerra que, además, nunca ha sido declarada.

La guerra de Ucrania parece, por tanto, destinada a seguir siendo un episodio de la guerra permanente que ya dura varias décadas, un episodio ciertamente doloroso por la destrucción y los miles de víctimas civiles, y emocionalmente (y mediáticamente) más sentido que Afganistán o Irak, Siria o Libia porque está más cerca de nosotros, en el corazón de Europa. Sin embargo, recuerdo que en 1999 hubo una guerra en Europa, concretamente en la antigua Yugoslavia, que es un precedente de la guerra actual.

Pero volviendo a nuestra pregunta original, en última instancia la cuestión de si la guerra en Ucrania puede convertirse en el comienzo de la Tercera Guerra Mundial o seguir siendo un episodio de la guerra permanente que ya está en marcha, dependerá del curso de la crisis capitalista que comenzó hace unas décadas y que aún no se ha resuelto. Si la actual crisis capitalista se define como una crisis cíclica de acumulación, de la que está llena la historia del capitalismo, su solución mediante una guerra generalizada puede ser una hipótesis sostenible. Pero si la crisis actual es una expresión del declive histórico del modo de producción capitalista, aunque con su aceleración, la hipótesis de una guerra generalizada pierde su fuerza. Como dice Paul Mattick en uno de sus artículos de 1940:

«¿Pero qué pasa si la depresión económica se vuelve permanente? También la guerra seguirá el mismo curso y, por tanto, la guerra permanente es hija de la depresión económica permanente.»

A continuación, Mattick lleva su análisis al extremo cuando afirma: «Hoy en día, solo se trata de saber si, en la medida en que la depresión ya no parece poder constituir las bases de una nueva prosperidad, la propia guerra no ha perdido su función clásica de destrucción-reconstrucción indispensable para desencadenar un proceso de acumulación capitalista rápido y de prosperidad pacífica de posguerra»[1].

Un segundo elemento de reflexión es el siguiente. La guerra actual puede marcar el fin del proceso de «globalización» que ha caracterizado las últimas décadas, o conducir a una nueva «globalización» bipolar, como algunos creena , en mi opinión, nostálgicos de un mundo que fue, en el que todo estaba más claro y en el que se podía tomar partido fácilmente. En aras de la claridad, la nueva «globalización» bipolar tendría a los países BRICS con China y Rusia a la cabeza. Sin embargo, creo que hay que distinguir entre la creación del mercado mundial, que es una característica permanente e inerradicable del modo de producción capitalista, aunque con sus diversas fases, y la llamada «globalización», entendida como la respuesta del capital a la crisis de los años 70 y a la correspondiente caída de la tasa de ganancia, con sus características específicas que ahora han entrado en fase de crisis. Una respuesta que ha llevado, a través de procesos de concentración global, megafusiones transnacionales y adquisiciones extranjeras, a la aparición de grandes multinacionales sin Estado que compiten entre sí por el control del mercado mundial.

Robert Reich, ex Secretario de trabajo del gobierno estadounidense, saludó la superación de las fronteras nacionales por el mercado mundial desde su privilegiada posición en 1992. Afirmó:

«Como casi todos los factores de producción –dinero, tecnología, empresas e instalaciones –se mueven sin esfuerzo a través de las fronteras, la idea misma de una economía nacional está perdiendo su significado». En el futuro, «no habrá más productos, tecnologías, empresas o industrias nacionales. Ya no habrá economías nacionales tal y como hemos entendido hasta ahora esta expresión»[2].

No sólo eso, la aparición de las grandes empresas multinacionales ha dado lugar a una nueva y, quizás, inédita división internacional del trabajo basada en el control de las nuevas tecnologías y en las diferencias mundiales de los costes laborales. Sin embargo, parece difícil reorientar la división internacional del trabajo (y el comercio mundial resultante), que se ha establecido en las últimas décadas, para forzarla dentro de los confines de los bloques geopolíticos, como pretenden los defensores del «fin de la globalización».

Recientemente, el Presidente Biden promulgó la «Ley de Chips y Ciencia 2022», cuyo objetivo es devolver la producción de chips (semiconductores) a Estados Unidos. Es bien sabido que, incluso antes de la guerra, ya se habían producido graves interrupciones en importantes cadenas de producción debido a la falta o escasez de chips (microprocesadores informáticos) y otros productos semiacabados que viajaban a lo largo de las cadenas de producción deslocalizadas. La guerra actual ha exacerbado estos procesos hasta un grado extremo. En 2014, los compañeros de Clash City Workers, en su libro «¿Dónde está nuestra gente?», hablaban del fenómeno de la «deslocalización», es decir, de la tendencia de ciertos sectores productivos a regresar a los países capitalistas avanzados, en particular a los Estados Unidos. «Este es el caso del programa de atracción de inversiones extranjeras ‘Select USA’, lanzado en 2011 por la administración Obama, que ‘pretende presentar al país como un destino manufacturero sin igual y apoyar la campaña para el resurgimiento de la manufactura como pilar de la recuperación económica’…

“Emblemático de este ‘nuevo’ escenario es el rumoreado traslado de Foxconn –la tristemente célebre multinacional taiwanesa que trabaja principalmente para Apple y tiene fábricas con cientos de miles de trabajadores en China– nada menos que a Estados Unidos: la ‘solución americana’ podría recordar el modelo adoptado por Marchionne con Chrysler. Bajando el coste de la mano de obra, para apoyar el ajuste y la expansión de los órganos de producción»… «Para decirlo sin rodeos: los trabajadores de Chrysler pasaron de 30 dólares netos por hora antes de la crisis a 15 dólares en 2013».[3] La agenda de la «deslocalización» estaba, por supuesto, en primera línea en el momento de la presidencia de Trump. Trump convocó a los consejeros delegados de Ford, Fiat Chrysler (Sergio Marchionne) y General Motors a la Casa Blanca, prometiendo una amplia «desregulación» a cambio del regreso de la producción a Estados Unidos, y amenazando con fuertes aranceles si no se produce. La respuesta de los directores generales fue tibia y ambigua, lo que pone de manifiesto la dificultad de las multinacionales para volver a tener una visión «nacional» de sus intereses. Pero del dicho al hecho hay un largo trecho. A menos que las sanciones de guerra de Biden logren hacer lo que los aranceles de Trump no han logrado. Hablamos aquí del gas licuado estadounidense, casi impuesto por Biden a los dudosos aliados europeos, a pesar de que cuesta más, tiene un proceso de extracción más contaminante, debe transportarse por mar y requiere la construcción de regasificadores. Las posiciones fluctuantes de varios gobiernos europeos sobre la cuestión de las sanciones del gas contra Rusia están ahí para indicar las dificultades económicas resultantes de las sanciones. A este respecto, Mattick dice

«… De hecho, este mismo proceso no hace sino ilustrar una vez más la total incapacidad del capitalismo para llevar a cabo una reorganización verdaderamente racional de la economía mundial… El capitalismo, habiendo creado el mercado mundial, es incapaz de garantizar para sí mismo una división pacífica de la explotación mundial y de controlar las necesidades reales de la producción mundial, representando así una limitación para el desarrollo ulterior de las fuerzas productivas humanas… a menos que se cree un organismo socioeconómico para la regulación consciente de la economía mundial.»

Pero esto parece estar fuera del alcance del modo de producción capitalista. El gasto militar se ha elevado al 2% del PIB, como ya exigió Trump en el contexto de la financiación de la OTAN. Por supuesto, esto conllevará recortes en el gasto público de bienestar (pensiones, sanidad, educación, etc.), que de todos modos son salarios indirectos de los trabajadores. La producción de armas, más o menos de alta tecnología, seguirá creciendo a pasos agigantados. El complejo militar-industrial no renunciará fácilmente a su particular «reproducción ampliada», entre otras cosas porque el grueso de la investigación científica y tecnológica tiene lugar en su seno, con sus crecientes ramificaciones en las universidades privadas y públicas. En este sentido, resultan sorprendentes las declaraciones de Draghi sobre la llamada «Brújula estratégica para la defensa europea», cuando habla de una recuperación económica impulsada por la producción de armas. Evidentemente, se refiere a los pedidos que pueden llegar a la mediana y pequeña industria italiana o, aún más, desde el previsto rearme alemán. En este sentido, se habla de la aparición del «polo imperialista europeo», mientras que en el horizonte se vislumbra un nuevo PNR europeo creado específicamente para apoyar esta política de rearme.

Además, hay que recordar que desde hace más de dos años estamos en un estado de excepción que prácticamente da vía libre al gobierno para legislar mediante decretos ley, un estado de excepción justificado hasta ahora por motivos sanitarios muy cuestionables, y que ahora se amplía por la guerra. A estas alturas, cada vez es más difícil distinguir entre un régimen calificado de democrático y otro tildado de autocrático. Ya al principio de la pandemia, predijimos que se impondrían formas de gobierno autoritarias y decisorias y que aumentaría la militarización del territorio y de la sociedad. A este respecto, nos gustaría recordar que en abril de 2003 la OTAN publicó un informe de 140 páginas titulado «Operaciones urbanas en el año 2020» (UO 2020). El informe preveía, para el año 2020, un aumento de las tensiones económico-sociales, a las que –según el informe– sólo se puede hacer frente con una presencia militar masiva, a menudo durante largos periodos de tiempo. En el UO 2020 se recomienda empezar a utilizar gradualmente el ejército en funciones de orden público a medida que se acerque la crisis global prevista para 2020. Pues bien, estamos en 2022 y los escenarios hipotéticos del informe de la OTAN resultan ser muy actuales, por lo que la recomendación contenida en la última parte «sobre el ejército en función del orden público», que ya está en funcionamiento en Italia desde hace varios años, se ha acelerado precisamente con motivo de la emergencia del coronavirus, marcando una nueva militarización del territorio.

Pero las consecuencias más dramáticas de la guerra en Ucrania y de las consiguientes sanciones antirrusas se están manifestando económica y socialmente. Estamos hablando de lo que se llama una «economía de guerra», sin que haya una guerra declarada abiertamente. Ya al principio de la pandemia de Covid 19 se plantearon ciertos fenómenos que podían hacer pensar en situaciones propias de una economía de guerra. Citamos, por ejemplo, «la reconversión industrial en algunas fábricas para la producción de bienes que ya no están disponibles en el mercado nacional, como las mascarillas o los respiradores… la limitación, ciertamente considerable aunque limitada en el tiempo, del consumo interno, con la excepción del sector alimentario y farmacéutico… el aumento del ahorro privado, que se convirtió así en el objetivo privilegiado tanto de los fondos de inversión como de las emisiones de bonos del Estado».[4] A todo esto se añadió, poco después, la especulación con los precios de los productos de primera necesidad, el toque de queda de facto, adornado con el exótico término de encierro, y la introducción de un pase para acceder a casi todas las actividades, incluido el trabajo, de nuevo disfrazado con un término falsamente ecológico, a saber, el pase verde.

Al fin y al cabo, el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania casi arrastró al olvido todas las bellas promesas de gran desarrollo económico contenidas en el PNR, lo que provocó una aceleración dramática de la crisis. Mientras tanto, otro elemento fundamental de la economía de guerra ya se había puesto en marcha, a saber, el llamativo aumento del precio de las materias primas con el consiguiente resurgimiento de la inflación.

El aumento de los precios afectó, naturalmente, al petróleo, el gas natural o el carbón, de los que hoy existe una gran sobreproducción en el mundo, pero aún más a ciertas materias primas necesarias para la llamada transición verde y digital. Hablamos de cobre, litio (baterías), silicio (microchips), cobalto (tecnologías digitales), metales raros, etc.

«Esta combinación de estancamiento e inflación podría recordar a la gran crisis de los años 70, tras la famosa «crisis del petróleo» del 73, cuando se acuñó el término, que luego se hizo actual, de «estanflación» para describir la nueva situación económica.[5]

Por supuesto, el estallido de la guerra ha llevado estos fenómenos al extremo, incluyendo una inflación galopante que ahora también afecta a los productos de primera necesidad, lo que se traduce en recortes salariales de facto para los trabajadores, así como en aumentos estratosféricos de las facturas de energía. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos fenómenos sólo se deben en parte a la guerra de Ucrania y a las sanciones, mientras que la mayor parte de las subidas de las materias primas se debe a la especulación financiera que tiene lugar en la bolsa de Ámsterdam y a los consiguientes sobrebeneficios de las grandes multinacionales de la energía.

El aumento de la factura de la luz ya está provocando algunas reacciones en Europa. En Gran Bretaña, unas 130.000 personas, por el momento, reunidas en el grupo Don’t Pay UK, se han comprometido a dejar de pagar sus facturas de electricidad a partir del 1 de octubre.[6] En Nápoles, hace unos días, un centenar de parados, adheridos al movimiento «7 de noviembre», quemaron facturas que duplicaban o triplicaban las de hace unos meses, durante un presidio frente al edificio del ayuntamiento.[7] En Toulouse, Francia, un colectivo ecologista reivindicó una acción de sabotaje de dos campos de golf de regadío. La acción se hace eco del debate sobre la gestión del agua que anima a la opinión pública francesa, tras la decisión del gobierno de mantener el riego de los campos de golf, mientras prohíbe el de los huertos. Poco antes, en la comuna de Gérardmer, en los Vosgos, se sabotearon las piscinas de cinco casas de vacaciones, tras días de graves trastornos provocados por la fuerte crisis del agua en la región. Mientras tanto, en París, un grupo ecologista, Les dégonfleurs de Suv, reivindicó una serie de acciones para desinflar los neumáticos de los SUV aparcados en la calle, denunciando la responsabilidad de estos vehículos en la producción de emisiones de gases que alteran el clima. Estas acciones están evidentemente dirigidas contra el consumo de los ricos, aludiendo a una justa interpretación clasista de la reducción del consumo de energía.

En cualquier caso, si la situación, como parece muy probable, se precipitara en otoño con el precio del gas disparado a 350 €/MWh, frente a los 25 €/MWh de antes de la guerra, la Unión Europea se vería obligada a tomar medidas en contradicción parcial con el neoliberalismo atlantista. Se habla de «suspender temporalmente el libre funcionamiento del mercado Ttf en Ámsterdam y crear un fondo antiespeculativo financiado por el Banco Central Europeo… Pero, para lograrlo, se necesita la determinación y la cohesión europea, que no existe, con efectos devastadores para la economía real»[8].

De no ser así, cada Estado seguirá su propio camino, como ya ocurre en parte. España y Portugal ya han fijado un tope al precio del gas, apoyándose en la reducida interconexión energética con el resto del continente. Por supuesto, los Países Bajos están en contra de la limitación, ya que se benefician de la venta de su gas a precios elevados, mientras que Noruega, que forma parte de la OTAN pero no de la UE, también hace un buen negocio con la venta de su gas. Francia, como productor de energía con sus centrales nucleares, se ve parcialmente menos afectada por la subida de precios[9], mientras que la economía alemana corre un grave peligro tras el cierre del gasoducto North Stream. Italia es quizás el país que corre más riesgo, ya que importa unos 71.000-74.000 millones de metros cúbicos cada año y su deuda pública se convertiría en un blanco fácil para la especulación financiera. Naturalmente, se acentuarían todas las formas de soberanismo de la derecha y de la izquierda; después de la Hungría de Orban, que sigue comprando gas a Rusia, también ha surgido en la República Checa un movimiento nacionalista contra las sanciones antirrusas.

La evolución hacia una economía de guerra aparece inmediatamente entrelazada con el desarrollo de la cuestión energética. Las relaciones internacionales y la energía son factores que se condicionan mutuamente: la energía de un componente económico se convierte inevitablemente en geopolítico, alterando los equilibrios globales, y en los «vientos de guerra» de estas semanas, el papel central lo tiene el gas. Parece que uno de los principales objetivos de la guerra de Putin en Ucrania era crear divisiones dentro de la UE y, posiblemente, provocar una ruptura con la alianza atlántica. Este segundo objetivo parece difícil de realizar, mientras que las divisiones en el seno de la UE son, en cualquier caso, significativas y difíciles de resolver, incluso si se puede descartar de forma decisiva una vuelta a formas anticuadas de autarquía. Es necesario añadir, sin embargo, que las divisiones en el seno de la UE también pueden ser del agrado de los Estados Unidos, como muestra un breve extracto en vídeo de una conferencia de G. Friedman, un influyente politólogo estadounidense, fechada en 2015.[10] Además, es necesario destacar la importancia de las redes logísticas internacionales dentro de una redefinición de los espacios geopolíticos y de las posibles guerras futuras..

Sin embargo, para completar el escenario, hay que añadir otro elemento relativo a Rusia. La actual guerra económica entre los países de la OTAN y Rusia, con sanciones y contrasanciones, podría tener efectos catastróficos en la economía rusa si la guerra, como parece probable, se prolonga en el tiempo. Las sanciones son financieras, como la exclusión del sistema de transacciones internacionales SWIFT, pero también afectan al acceso de Rusia a tecnologías clave, como el suministro mundial de chips y semiconductores de alta gama, cruciales para su desarrollo militar.

“En definitiva, la invasión de Ucrania por parte de Putin es una gran apuesta que, si no consigue «neutralizar» a Ucrania y forzar a la OTAN a un acuerdo internacional, debilitará gravemente la economía rusa y Rusia no es una superpotencia, ni económica ni políticamente… La economía rusa es un «goteo único», que depende principalmente de las exportaciones de energía y recursos naturales, y tras un breve auge debido al aumento de los precios de la energía entre 1998 y 2010, la economía se estancó básicamente…»[11]

Además, «después de la guerra, Rusia está tratando de redirigir el metano a China. Pero carece de infraestructuras y las sanciones occidentales retrasarán sus planes. Moscú no podrá aumentar el suministro de gas al Este desde los niveles europeos en 2021 hasta dentro de diez años».[12]

Una última consideración: también en esta guerra, como en todas las recientes desde la primera guerra del Golfo en 1990/91, el concepto de «guerra justa» ha sido planteado por ambas partes. La guerra justa se ha convertido en un acto de autojustificación. En particular, hay dos elementos que se entrelazan en este concepto de guerra justa: en primer lugar, la legitimación del aparato militar en la medida en que está éticamente fundamentado; luego, la eficacia de la acción militar para lograr el orden y la paz deseados».[13] A partir precisamente de la primera Guerra del Golfo, la guerra ya no es declarada por un Estado contra otro, sino que se reduce a una intervención policial internacional destinada a crear y mantener el orden. Este fue el caso de la «operación militar especial» rusa en Ucrania, dirigida, según los motivos oficiales, contra formaciones definidas como «nazis», mientras que la respuesta a la agresión del lado ucraniano recibió inmediatamente en Occidente la calificación de «guerra justa».

Notas:

[1] Paul Mattick – «La guerra es permanente«. Véase también mi artículo con el mismo título en Umanità Nova nº 29 de 28/10/2018.

[2] Robert Reich – El trabajo de las naciones – Random House – Nueva York 1992 (tr. it. L’economia delle nazioni: come prepararsi al capitalismo del Duemila – Il Sole 24 Ore Libri – Milano 1995).

[3] Trabajadores de Clash City – ¿Dónde está nuestra gente? Trabajo, clase y movimientos en la Italia de la crisis – La Casa Usher 2014.

[4] La difusión del beneficio. Capitalismo, guerras y epidemias – editado por Calusca City Lights – Ediciones Colibrí, 2020 – La economía de guerra en la época del coronavirus.

[5] Vizconde Grisi – ¿Se acerca la Gran Depresión? – en Umanità Nova – nº 27 de 19/09/2021.

[6] https://m.facebook.com/groups/112407946146/permalink/10159904013601147/?sfnsn=scwspwa.

[7] Letizia Molinari – «Tome medidas concretas, o lo haremos por usted» – JacobinItalia – 31 de agosto de 2022.

[8] Giovanni Cagnoli – Ganar la guerra/Tres propuestas para detener la especulación del precio del gas ahora – Linkiesta.it – 3 de septiembre de 2022.

[9] Sin embargo, las últimas noticias de Francia informan de que 32 de los 56 reactores nucleares están actualmente parados, debido a problemas de mantenimiento y a la sequía que ha secado los ríos que refrigeran las centrales, y nada indica que puedan reanudarse antes del invierno. El anunciado aumento de alrededor del 15% en la factura de la luz, modesto comparado con las subidas en Italia, no se debería a la productividad nuclear. Sin embargo, Francia ha firmado un acuerdo comercial con Alemania para importar electricidad a cambio de gas.

[10] https://www.youtube.com/watch?v=emCEfEYom4A

[11] Michael Roberts – Rusia: ¿de las sanciones al colapso? – Blog de Michael Roberts – 2 de marzo de 2022.

[12] Luciano Capone – Por qué Putin no puede colocar en Asia todo el gas que vendía a Europa -Il Foglio, 13 de septiembre de 2022.

[13] Michael Hardt/Antonio Negri – Impero/Il nuovo ordine della globalizzazione – Rizzoli 2002.

 

sábado, 22 de octubre de 2022

Concluye XX Congreso del Partido Comunista Chino: Ratifican rumbo pro desarrollo, equidad y coexistencia pacífica internacional

 

Concluye XX Congreso del Partido Comunista Chino: Ratifican rumbo pro desarrollo, equidad y coexistencia pacífica internacional

 

Diario octubre / octubre 22, 2022

 

István Ojeda Bello*.— Al concluir la sesión plenaria del XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) se ratificó la línea de la organización política gobernante pro desarrollo económico con mayor equidad y la coexistencia pacífica en el plano internacional.

 

“Debemos tener claras las aspiraciones fundacionales y misiones del PCCh; que el país es el pueblo y el pueblo es el país; y tener bien presente lo que es primordial para el Estado”, expresó su secretario general Xi Jinping, tras la ceremonia en la cual se presentaron los integrantes plenos y suplentes del Comité Central y de la Comisión Central de Control Disciplinario.

En total son 376 los miembros del XX Comité Central (205 plenos y 171 suplentes) quienes resultaron electos luego de una sesión plenaria iniciada el pasado 16 de octubre. Mientras que 133, son los militantes que conforman la XX Comisión Central de Inspección Disciplinaria. Los primeros, luego de reunirse este sábado nombrarán a su Buró Político y dentro de este a su Comité Permanente, nombres que se darán a conocer este domingo.

Tras una semana de sesiones, los casi 2 300 delegados ratificaron que en el plano programático la guía del Partido continuará siendo el pensamiento de Mao Zedong, la teoría de Deng Xiaoping sobre la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo; unido a la implementación íntegra del pensamiento de Xi Jinping.

Tras encomiar los éxitos alcanzado por el país en la última década, especialmente en el combate a la pobreza y en el fortalecimiento del liderazgo de la organización política a lo interno y de China en los foros internacionales; el cónclave planteó en sus conclusiones que “desde ahora, la tarea central del PCCh es unir y conducir al pueblo de las diversas etnias del país en la materialización del propósito de construir un país poderoso socialista y moderno”. Dicha aspiración, dijo, deberá concretarse en dos fases: hasta 2035, con la modernización socialista; y desde 2035 hasta mediados del siglo, transformando a China en un “país socialista moderno, próspero, democrático, civilizado, armonioso y bello”. El próximo lustro, afirmaron, será crucial en ese empeño.

Foto: Cortesía del autor.

 

En el plano económico, el XX Congreso reiteró que Beijing persevera en “la economía de mercado socialista como rumbo de la reforma y en la apertura al exterior de alto nivel”; destacando que lo hará con una configuración de desarrollo protagonizada por la circulación nacional en promoción mutua con el exterior; aseguró que el gigante asiático continuará vigorizando sus áreas rurales. En el plano del ejercicio de gobierno, enfatizó el apego al estado de derecho, “perfeccionando el sistema jurídico socialista con peculiaridades chinas”.

“El mejor ordenamiento institucional para mantener en Hong Kong y Macao una prosperidad y una estabilidad duraderas tras su retorno, se debe fortalecer con firmeza a largo plazo”, expuso con respecto a ambas zonas administrativas especiales. En lo tendiente a la provincia de Taiwán recalcó que bajo similares principios de “Un país, dos sistemas”, y de “Una sola China”; el Partido continuará trabajando por la reunificación, luchando resueltamente contra la independencia de la isla y llevando “con firmeza el poder rector y la iniciativa en las relaciones entre las dos orillas del estrecho de Taiwán”.  Advirtió que, si el PCCh quiere contar con el apoyo del pueblo y consolidar su rol gobernante deberá perseverar en su “disciplinamiento integral y riguroso”.

En la arena internacional, los participantes en la cita más importante de los comunistas chinos, manifestaron su conformidad que con su país sea firme en la “aplicación de una política exterior independiente y de paz”, edificada sobre la base de la coexistencia pacífica y los beneficios mutuos.

Tras la revisión de los estatutos del PCCh, el XX Congreso acordó, entre otros, incluir en los mismos los aportes del pensamiento de Xi Jinping al socialismo con peculiaridades chinas y el propósito de materializar gradualmente la prosperidad de todo el pueblo chino, mediante un concepto de desarrollo innovador y ecológicamente sustentable. También quedaron asentadas como tales sus ideas sobre la construcción política del Ejército Popular de Liberación, su fortalecimiento y constante modernización. “Los cuadros dirigentes del Partido en sus diferentes niveles deberán luchar contra la mentalidad de los privilegios”, concluyó.

Foto: Cortesía del autor.

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István Ojeda Bello

Graduado de Periodismo. Labora en el Periódico 26 de Las Tunas. Ganador del Premio Nacional Juan Gualberto Gómez de Periodismo Digital en 2018 y 2019.

FUENTE: cubadebate.cu

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Más allá del jardín

 

Más allá del jardín

 

Andrea Zhok

El Viejo Topo

22 octubre, 2022 

 

El jefe de la política exterior de la UE, Josep Borrell, explicó en una entrevista cómo en Europa se da «la mejor combinación de libertad política, prosperidad económica y cohesión social que la humanidad ha sido capaz de construir: las tres cosas juntas», y pasó a comparar a Europa con «un jardín» y al resto del mundo con una «selva que podría invadir el jardín». Por ello, los europeos deben «adentrarse en la jungla», deben «implicarse mucho más en el resto del mundo». Si no, el resto del mundo nos invadirá».

Este discurso, en su contundencia ideológica, revela mucho más sobre las circunstancias en las que nos encontramos que cualquier sutil análisis geopolítico. Por supuesto, habrá estrategas que operen entre bastidores y examinen la realidad con frío realismo en términos de mero poder, económico y militar, pero toda época, toda civilización, siempre se apoya en alguna visión fundamental, a la que se adhiere la mayoría, que opera fuera de la «sala de control».

Las palabras de Borrell nos recuerdan los extremos de esta visión dirigente, que está en el fondo del actual conflicto mundial híbrido (ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, pero de forma híbrida por ahora, en la que los componentes económico y de manipulación cognitiva son al menos tan importantes como el militar).

Borrell nos recuerda, sin quererlo, cómo Occidente ha construido su autoconciencia durante los dos últimos siglos de una forma «progresista» (compartida, por supuesto, incluso por los que se autodenominan «conservadores» en política), una forma en la que el mundo «avanza», y los individuos y los pueblos se distinguen en «avanzados» y «atrasados».

Nosotros, los occidentales, como avanzados y progresistas, podemos a nuestros ojos legitimar fundamentalmente cualquier abuso y cualquier prevaricación contra los atrasados, ya que el progreso funciona como dispositivo de justificación moral. El progresismo occidental es, de hecho, una forma de racismo cultural, extraordinariamente arrogante y agresivo, que recubre la primitiva «ley del más fuerte» con adornos ideológicos del más alto barniz moral (derechos humanos, derechos civiles, etc.).

Todo el aparato intelectual y propagandístico orgánico a esta visión produce justificaciones ad hoc para todas las violencias y abusos, adoptando sistemáticamente un doble rasero admirable y sofismas hiperbólicos (del Congo Belga a Wounded Knee, de la Shoah a Hiroshima, de Vietnam a Irak, etc., es un libro de horrores salpicado de apelaciones al progreso). En el fondo de todo esto hay un supuesto sólido como una roca, lo único verdaderamente estable e inflexible: nuestro sentido de superioridad. Cada una de las interminables pruebas del carácter agresivo, depredador y deshumanizador de la civilización occidental contemporánea son leídas automáticamente por el aparato como errores del camino, accidentes inescindibles, daños colaterales en el proceso hacia más, mejor, progreso.

Nosotros, los Eloi, vivimos en el jardín, los otros, los Morlocks, en la selva

Es interesante recordar cómo todo el fundamento histórico de este sentimiento de superioridad se basa exclusivamente en la superioridad tecnológica, militar y luego industrial, que ha madurado plenamente en los dos últimos siglos. Es con la revolución industrial y la capacidad de producir en masa grandes cantidades de armas mortíferas cuando la sensación de superioridad y avance se hace plenamente convincente.

Ciertamente, no es en el plano espiritual, ni en el de la armonía de las formas de vida, ni en el de la felicidad, ni en el del refinamiento artístico, ni en ningún otro en el que Occidente ha madurado su autoconciencia de superioridad, nada más que la fuerza apoyada tecnológicamente. Es decir, que no desarrollamos nada comparable a las técnicas de cuerpo y mente que podemos encontrar en la cultura india, china, japonesa, etc., pero nosotros teníamos ametralladoras, ellos no.

De hecho, lo único que nutre y permite un estándar de «progreso» es la acumulación de poder tecnológico. Si la poesía japonesa o la alemana es mejor, «más avanzada», es una cuestión que ninguna persona en su sano juicio debatiría seriamente, pero que la tecnología alemana era superior a finales del siglo XIX era demostrable sobre el terreno, y esto, por ejemplo, impulsó a Japón (a pesar de una gran resistencia) a adaptarse a los estándares europeos.

Occidente es, por tanto, la fuerza histórica que empujó al mundo en la dirección de una competencia interminable e ilimitada, ya que creó un campo de juego en el que no había piedad para los que quedaban «atrás». Occidente indujo al planeta a una «carrera armamentística» sistemática, en el sentido bélico o económico, sobre la base de su visión progresista del avance subyugante.

Al mismo tiempo, desde el principio y con creciente intensidad, Occidente (que no coincide con la cultura europea, o más bien con las culturas) se mostró entrando en crisis recurrentes de autofagia, desestabilización y autodestrucción. Los años que preceden a la Primera Guerra Mundial son culturalmente fascinantes para el estudioso, porque constituyen una extraordinaria e insistente elaboración del tema de la desesperación, la decadencia y el nihilismo (exactamente en paralelo con el simultáneo auge de la alabanza positivista del progreso, la iluminación eléctrica, las nuevas «comodidades»). Las dos guerras mundiales -los acontecimientos más destructivos registrados en la historia de la humanidad hasta la fecha- no hicieron más que retrasar las manecillas del reloj de la historia medio dial: y en la década de los ochenta empezó a surgir la misma dinámica que un siglo antes.

Hoy y desde hace tiempo en el «jardín» occidental, la percepción de precariedad y falta de futuro es generalizada; estamos en la segunda generación que nace y crece en una condición de crisis perenne, de total desorientación, desarraigo, licuación de relaciones, afectos, identidades, e incapacidad de identificarse con cualquier proceso supraindividual, sea histórico o trascendente.

Esta condición de degradación social y antropológica se camufla ideológicamente convirtiendo cada herida en un alarde, cada cicatriz en un adorno: la inestabilidad es «dinamismo», el desarraigo es «libertad», la ruptura de la identidad es alegre «fluidez», etc. El dolor de vivir en las generaciones más jóvenes, aquellas tradicionalmente más dispuestas a la contestación y la protesta, se mantiene bajo control con la disponibilidad de un mercado cada vez mayor de entretenimiento estandarizado, funcional para desviar la mente de cualquier forma duradera de autoconciencia o conciencia general. Lo que antes era ginebra de las destilerías clandestinas para el trabajador de la revolución industrial, ahora se ofrece en forma de entretenimiento doméstico desde diversas pantallas. Esto también es un progreso: así la mano de obra dura más tiempo.

Al situarnos en una posición superior y avanzada, esta visión nos permite deslegitimar de entrada toda queja, ya que por definición, aunque nosotros en primera clase tuviéramos problemas, imagínense todos los demás desgraciados, en otros lugares o tiempos. Así que deja de quejarte y vuelve a trabajar.

Esta concepción global, en la que nos sumergimos hasta una profundidad casi insondable, representa una burbuja más allá de la cual somos incapaces de imaginar que pueda existir ningún mundo que merezca la pena ser habitado (sólo existe la oscuridad de la «jungla»). Es por ello que cuando, por primera vez en dos siglos, aparece en el horizonte la sombra de competidores no fáciles de someter, el reto, para los imbuidos de esta visión, se convierte en algo absoluto, en algo existencial. No podemos ceder porque ceder significaría abrir el camino a una relativización de nuestra mirada, y sólo eso abriría las compuertas del descontento reprimido, del malestar que arde bajo las cenizas, de la desesperación tras mil signos iluminados.

Por eso es un momento especialmente peligroso: Occidente, sacando toda su resistencia psicológica residual de su imagen de superioridad, no está en condiciones culturales de imaginar una forma de vida diferente para sí mismo. Por ello, las oligarquías, que sólo perciben los beneficios de la forma de vida occidental, están dispuestas a sacrificar hasta el último plebeyo para no ceder terreno, para no dejar que crezca ninguna vegetación espontánea dentro del «jardín».

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Belgas piden actuar contra bancos que rechazan transferencias a Cuba

 

Belgas piden actuar contra bancos que rechazan transferencias a Cuba

 

DIARIO OCTUBRE / octubre 21, 2022

 

La Coordinadora belga por el Fin del Bloqueo contra Cuba instó hoy a presionar al Gobierno para que actúe ante la negativa de bancos a aceptar transferencias hacia la isla por temor a sanciones estadounidenses.

En un comunicado, la plataforma pidió a ciudadanos y organizaciones en Bélgica escribirle al ministro de Finanzas, Vincent Van Peteghem, para que responda a lo que calificó de una infracción de la libre circulación de capitales.

 

La campaña incluye un sitio web en el que los interesados pueden aportar sus datos y el malestar por la situación imperante.

Nuevos incidentes prueban que los bancos ING y BNP-Paribas-Fortis continúan rechazando transferencias de dinero a Cuba, denunció.

A finales del año pasado, la Coordinadora realizó protestas frente a sucursales de esas instituciones en las ciudades de Gante y Lieja, donde también repudió el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la nación antillana y su alcance extraterritorial.

De acuerdo con el movimiento integrado por más de 40 organizaciones, el ministro Van Peteghem no hace lo suficiente para frenar esta conducta y hacer cumplir las leyes nacionales y europeas.

Al respecto, recordó que la Autoridad Bancaria Europea (ABE) concluyó en enero de este año que algunas entidades del sector no aplican adecuadamente las directivas generales para prevenir el blanqueo de capitales y el apoyo al terrorismo, lo cual se traduce en un abuso de la política de “atenuación de riesgos”.

Ese es el argumento que se esgrime para negarse a efectuar transferencias dirigidas a Cuba, advirtió.

Asimismo, subrayó que este comportamiento a la hora de aplicar los lineamientos motivó al Banco Nacional Belga a enviar el 1 de febrero de 2022 una nueva circular sobre la “atenuación de riesgos”.

La Coordinadora belga por el Fin del Bloqueo contra Cuba destacó que a principios de este mes, los parlamentarios Vicky Reynaert y Marco Van Hees preguntaron sobre el tema al ministro de Finanzas, quien fue evasivo.

Van Hees le recordó que una ley belga del 2 de mayo del 2019 prevé multas de entre 10 mil euros y un 10 por ciento de las operaciones anuales a entidades como los bancos si violan la misma.

De igual manera, puso a Van Peteghem un ejemplo concreto del cierre de una cuenta por el banco BNP-Paribas-Fortis a una organización solidaria con Cuba, amplió la plataforma, que preguntó ¿Por qué el ministro no sanciona a los bancos que quebrantan la legislación”.

En su comunicado, consideró además que el titular de Finanzas “se esconde detrás del Banco Nacional Belga, que debe establecer las infracciones, pero no ataca las violaciones de los bancos».

FUENTE: prensa-latina.cu

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Política exterior de China promueve la paz y el desarrollo mutuo

 

Política exterior de China promueve la paz y el desarrollo mutuo

TERCERAINFORMACION / 21.10.2022

Desde el año 2012 China avanzó en un modelo diplomático, que según la cancillería incrementó de 172 a 181 el número de países que tienen relaciones con Beijing.


La iniciativa de La Franja y La Ruta impulsada por el presidente Xi Jinping, es otro factor que contribuye a estrechar los lazos de amistad entre China y la comunidad internacional.


Durante el XX Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh) las autoridades del gigante asiático explicaron que a través de la cooperación internacional y la defensa del multilateralismo, Beijing aspira a mantener la paz mundial, promover el desarrollo común, e impulsar la construcción de una comunidad de destino para la humanidad.

Al respecto el Viceministro de Relaciones Exteriores de China Ma Zhaoxu, indicó que apuestan por “la construcción de una comunidad de destino para la humanidad, defendemos firmemente la equidad y la justicia internacionales, defendemos y practicamos el multilateralismo genuino, nos oponemos claramente a todo hegemonismo y política de poder”.

Desde el año 2012 China avanzó en el diseño de un modelo diplomático de múltiples niveles y tridimensional, que según datos de la cancillería incrementó de 172 a 181 en número de países que tienen relaciones diplomáticas con Beijing, mientras las alianzas con otros Estados u organizaciones regionales del mundo pasó de 41 a 113.

El alto funcionario chino también recordó que en la última década firmaron 19 acuerdos de libre comercio con 26 países y regiones, para promover la implementación de la Asociación Económica Integral Regional. 

La iniciativa de La Franja y La Ruta puesta en marcha por el presidente Xi Jinping bajo el principio del desarrollo y el beneficio mutuo, es otro factor que contribuye a estrechar los lazos de amistad entre China y la comunidad internacional.

De acuerdo al Vicecanciller Ma “la construcción conjunta de La Franja y la Ruta ha atraído la participación activa de 149 países y 32 organizaciones internacionales, y una gran cantidad de proyectos emblemáticos como el Ferrocarril China-Laos y el ferrocarril de alta velocidad Yakarta-Bandung”.

Al mismo tiempo expresó que se consolidó y estrechó el apoyo estratégico hacia los países vecinos, así como la cooperación con las naciones en vía desarrollo en medio de la pandemia de Covid- 19. 

Relaciones de China con otros polos de poder

Los líderes políticos que participan en el XX Congreso Nacional del PCCh enfatizaron que China promueve el establecimiento de una asociación estratégica integral de coordinación con Rusia en la nueva era.

En lo referente a las potencias occidentales los dirigentes alegaron que las relaciones con la Unión Europea deben regirse bajo cuatro aspectos la paz, el crecimiento, la reforma y la civilización, además reiteraron su llamado para que el respeto mutuo impere en las relaciones con Estados Unidos.

Tras reiterar la disposición de China de establecer vínculos de amistad con todo el mundo, el Vicecanciller Ma alertó desde el XX Congreso Nacional del PCCh, que las potencias occidentales promueven la confrontación.

“Hay algunas fuerzas en el mundo que se están moviendo en contra de la tendencia de la historia, manteniendo una mentalidad de guerra fría (…) están ansiosos por pelear una nueva guerra fría, trazar líneas ideológicas e incitar a la confrontación”.

El alto funcionario advirtió que un mundo dividido no sirve a los intereses de nadie, paralelamente ratificó el apego de su país a la defensa del sistema internacional con las Naciones Unidas en su centro, el orden internacional basado en el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales basadas en los principios de la Carta de la ONU.

Soberanía sobre Taiwán y Hong Kong

Salvaguardar la soberanía nacional y la seguridad son dos tareas calificadas como sagradas por el PCCh y la diplomacia china, es en este contexto que el Vicecanciller Ma Zhaoxu aseveró que no aceptarán injerencia extranjera en los asuntos internos de la nación.

“Nos opusimos firmemente a cualquier comportamiento de independencia de Taiwán, neutralizamos la injerencia de fuerzas externas y consolidamos el consenso de la comunidad internacional a la política de un país dos sistemas”.

En cuanto a Hong Kong Ma precisó que se tomaron medidas para garantizar la seguridad de los ciudadanos frente a acciones desestabilizadoras.

“Ayudamos a la implementación de la Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong y contrarrestamos con precisión las sanciones irrazonables impuestas por los Estados Unidos y occidente”.

El alto funcionario de la misma forma criticó los intentos de las potencias occidentales de atacar a China, alentando la versión de la presunta violación de los derechos humanos de la etnia uigur en la provincia de Xinjiang.

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Sanidad pública o barbarie. [Manifestación, Madrid, España]]

 

Sanidad pública o barbarie

 

INSURGENTE.ORG / 21 octubre 2022

 


Es esencial la defensa de la sanidad publica. Aunque resulta paradójico  el por que algunas organizaciones convocantes, no exigen la derogación de las leyes que permiten la privatización, externalización, subcontratación..,  de la sanidad publica y todos sus servicios, que es su causa principal;  cuando además hay una ILP presentada en ese sentido, y las fuerzas políticas en el gobierno se comprometieron a derogarlas.

Organizaciones sindicales, profesionales, vecinales y colectivos sociales de Madrid han convocado una manifestación el sábado 22 de octubre en defensa de la Sanidad Pública. El recorrido será entre Neptuno y Sevilla y comenzará a las 18 horas. La manifestación se produce antes de las anunciadas huelgas de los profesionales sanitarios en Servicios de Urgencias de atención primaria (SUAP), Servicios de Atención Rural (SAR) que comenzará a partir del 25 de octubre. O la huelga indefinida de los trabajadores de Urgencias del Hospital Infanta Sofía de Sanse que comenzará el 28 de octubre.

Entre las principales reivindicaciones, están que la Consejería de Sanidad realice un estudio de la situación en que se encuentra el sistema de salud público, donde se informe sobre los tiempos medios de espera y se asigne una financiación adeudada.

También apostar claramente por la Atención Primaria dotándola de recursos y medios, se acabe con las privatizaciones y externalizaciones de los servicios. Y que se mejore las condiciones laborales del personal, poniendo fin a la temporalidad laboral.

También se reclamará que se mantengan en funcionamiento todos los Servicios de Urgencia de Atención Primaria (SUAP), Servicios de Atención Rural (SAR) y las Unidades de Atención Domiciliaria (UAD). También que se aumente de manera significativa el número de camas hospitalarias.

Además se pide que se elabore una nueva Ley de Ordenación Sanitaria, y que se incremente la coordinación entre las Consejerías competentes para mejorar la atención sociosanitaria en las residencias de mayores.

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