martes, 13 de septiembre de 2022

EE.UU. El Pentágono anuncia, por primera vez, la cantidad de armas que ha suministrado a Ucrania

 

EE.UU. El Pentágono anuncia, por primera vez, la cantidad de armas que ha suministrado a Ucrania

 


INSURGENTE.ORG / 13 septiembre 2022

 

Según información facilitada por el Comando de Transporte de Estados Unidos a través de su jefa, Jacqueline Van Ovost, el país imperialista ha transportado, hasta el momento, alrededor de 47.000 toneladas de armas y equipo militar a Europa para asistir militarmente a Ucrania.

Se trata de:

140 sistemas de artillería y 660.000 proyectiles para ellos;

41.000 41.000  sistemas anti-blindaje;

400 400 sistemas de defensa aérea;

15 helicópteros;

38 radares;

200 armas pequeñas;

alrededor de 63,8 millones de cartuchos para armas pequeñas;

18 lanchas patrulleras, entre otros equipos.

Van Ovost expresó que “la velocidad a la que avanzamos y el nivel de ayuda que proporcionamos no tiene precedentes”, y reveló que para el transporte de las mencionadas armas se requirieron 754 vuelos a Europa. Otras entregas fueron realizadas por 28 barcos, 67 trenes y 1.500 remolques.

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¿Perderá Sánchez las próximas elecciones?

 

Juicio político y emociones morales en democracia


¿Perderá Sánchez las próximas elecciones?

 


Por José María Agüera Lorente

Rebelion / España

 | 10/09/2022 |

 


Fuentes: Rebelión


«El poder de atenernos a la razón y a la verdad existe en todos nosotros. Pero, por desgracia, otro tanto sucede con la tendencia a atenernos a la sinrazón y la falsedad, especialmente en esos casos en que la falsedad evoca alguna emoción grata o el recurso a la sinrazón hace vibrar alguna cuerda en las primitivas y subhumanas profundidades de nuestro ser.» (Aldous Huxley Un mundo feliz.)

Es lo que le faltaba al Presidente Pedro Sánchez, que volvieran a la carga los ogros del independentismo catalán y de ETA. El primero revitalizado por obra y gracia del dictamen emitido hace unos días por el Comité de Derechos Humanos de la ONU, según el cual España violó los derechos políticos de Oriol Junqueras, Raül Romeva, Josep Rull y Jordi Turull al retirarles su acta en el Parlamento de Cataluña tras su procesamiento por rebelión en la causa del procés. En cuanto a la extinta banda terrorista vasca, el anunciado acercamiento de varios de sus más sanguinarios e irredentos miembros a cárceles del País Vasco la ha resucitado en el imaginario colectivo, demostrando por enésima vez que hay fantasmas que nos son muy queridos y otros no tanto dependiendo de las filias y las fobias vinculadas a los sesgos ideológicos. Ambos son en cualquier caso triggers o «disparadores», como se les llama en psicología a aquellos estímulos que, sin pasar por el análisis racional consciente, provocan en las personas respuestas difícilmente controlables por su intensidad emocional. Estos resortes son los que un demagogo que se precie ha de conocer bien si quiere que sean efectivos sus falaces argumentos; el principal de ellos, tan viejo como el nacimiento de la propia retórica, el argumento ad populum, con el que se juega con los sentimientos de la audiencia para ponerla de nuestro lado, sin reparar en la verdad de lo que se dice ni en la solidez lógica del razonamiento. Nada nuevo bajo el Sol, como fue puesto en evidencia por Sócrates hace dos mil quinientos años en aquella Atenas democrática en la que prosperaron los sofistas. La muerte del maestro y amigo de Platón fue la prueba de que con la verdad no basta para ganarse el favor de tus conciudadanos.

Seguramente no es la primera vez que lo escribo: nada más impopular que la verdad. Es una de las paradojas que definen al ser humano, animal de las mil y una paradojas: busca la verdad con el mismo afán con el que la manipula y disfraza. Ya lo dejó escrito Friedrich Nietzsche en su ensayo de finales del siglo XIX titulado Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, con estas palabras que no me resisto a citar: «apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinación sincera y pura hacia la verdad». ¿Qué diría el filósofo alemán de la actual moda de la posverdad?

Pero volvamos a los mártires indepes y a los etarras desplazados. Aparte de que la causa común de sus respectivos sinos consiste en sus ardores nacionalistas, comparten ambos disparadores emocionales el ingrediente de las víctimas. En un caso las víctimas son los nombrados políticos catalanes, en el otro son los afectados por los asesinatos cometidos por los terroristas presos. En ambos casos la indignación que puede rayar en cólera proviene de la percepción intuitiva de una injusticia, de una falta de reconocimiento del daño por unos infligido y por otros padecido. Por lo que atañe a los políticos catalanes sus afines se indignarán por la injusticia cometida por el Estado, y sus detractores por la injusticia que se comete contra la nación española que no es comprendida en su defensa de la amenaza secesionista. En cuanto a quienes mataron creyéndose soldados de una guerra en la que se trataba de conducir al pueblo vasco hacia el paraíso de una patria plenamente abertzale están quienes vieron morir a sus seres queridos y quisieran una reparación plena y satisfactoria de su pérdida, cosa por otro lado del todo imposible.

El que fuera calificado como el más iconoclasta crítico de arte de América, el australiano Robert Hughes, ya hace décadas que llamó la atención sobre el poder de la víctima. Según sostiene en su libro La cultura de la queja, en la sociedad norteamericana «los únicos héroes posibles son las víctimas». ¿Cómo ejercen su poder las víctimas? Mediante el soborno emocional o la generación de culpabilidad social. Se trata de mecanismos infantilizadores, pues su empleo conlleva que la exigencia de los derechos no va acompañada de la otra mitad de lo que constituye la condición de ciudadano: la aceptación de los deberes y las obligaciones. Su efecto último y más preocupante –que no detectable a primera vista– es el debilitamiento de la democracia, dado que sustituye el criterio de la racionalidad universal por el del sentimiento particular al que se le atribuye valor de verdad sin más. Se ve muy bien este pernicioso efecto en el delito aún vigente en nuestro código penal que reconoce la ofensa de los sentimientos religiosos, dándole valor de universalidad a una experiencia absolutamente personal y subjetiva de difícil convalidación objetiva. Así, la democracia, artificio eminentemente institucional, por el que se define el ámbito de la convivencia política de acuerdo con el modelo de la racionalidad, muta en campo de batalla de las experiencias y sentimientos personales. El espacio para la solución de los conflictos de manera inteligente y sosegada y, por ende, el grado de posibilidad de alcanzar acuerdos disminuye ante el avance de lo que se ha dado en denominar polarización afectiva, definida como la distancia emocional entre el afecto que despiertan quienes simpatizan con nuestras mismas ideas políticas en contraposición con el rechazo hacia quienes tienen opiniones distintas. El reciente intento de magnicidio que tenía como objetivo la Vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner ha coincidido en el tiempo con el discurso del Presidente norteamericano Joe Biden en el que alertaba a la ciudadanía sobre las amenazas que se ciernen en la actualidad sobre la democracia. En una sociedad expuesta a las turbulencias de la polarización la verdad pierde todo su poder sanador. Es más: pasa a convertirse en un engorro.

Por eso Pedro Sánchez tiene muy difícil ganar las próximas elecciones; porque su gestión, dirigida en gran medida, con mayor o menor acierto, a proteger el bienestar de la mayoría social de este país en sucesivas coyunturas de extraordinaria dificultad (pandemia y crisis sobrevenida a causa de la guerra en Ucrania) no puede lucir frente a los disparadores emocionales que aprovechan la llama de la polarización afectiva y el enorme poder del individualismo. Este último quedó de sobras demostrado con el triunfo de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, en cuya campaña logró la exitosa inserción de una idea de libertad sólo entendible si se asume tal sesgo ideológico.

El éxito de la política conservadora en general, a escala mundial, ha radicado en su modificación de lo que el antropólogo Wade Davis denomina «etnosfera», noción adaptada de la de biosfera. La etnosfera es algo así como la atmósfera cultural que respiramos, constituida por el sistema de ideas, convicciones, mitos y actitudes que prevalecen en la sociedad en un momento determinado. De ella resultan las cosmovisiones que moldean cómo pensamos y actuamos. Se halla sujeta a cambios constantes que devienen en lo que podemos reconocer como una suerte de evolución cultural. Se ve, pues, que igual que la biosfera evoluciona, lo hace la etnosfera, pero los factores de ambos procesos, claro está, no son los mismos. En la evolución cultural, y en lo que respecta al marco político dentro del cual se juzga en democracia, entre otras cosas, la labor de un gobierno, tienen mucho que decidir el resultado de la lucha ideológica así como los acontecimientos históricos y las inercias que de ellos resultan. A este respecto, a finales del siglo XX se abrió un proceso de cambio en la etnosfera política; perdió fuerza la creencia en los valores colectivos, como la justicia social, y gradualmente la ganó la ideología del individualismo. Su creciente pujanza en el mundo occidental vino de la mano del ascenso del neoliberalismo y del capitalismo consumista. ¿Puede ser que la explicación para el éxito político del Partido Popular en Andalucía después de décadas de domino socialista radique en esa evolución de la etnosfera, que quita relevancia al valor de la justicia social? Y podría valer como explicación asimismo del incremento del negocio de la sanidad privada cuando se proclamaba con la pandemia toda clase de loores a la sanidad pública, ahora indefensa en la práctica. Síntoma en la misma línea ideológica es que la desigualdad, creciente desde hace décadas, no aparezca en las encuestas en las que se pregunta a la ciudadanía sobre los principales problemas que le preocupan.

Es verdad que la cosmovisión que dimana de esa etnosfera actualmente vigente da síntomas de agotamiento a la hora de afrontar la solución de problemas globales de enorme magnitud y que suponen un peligro existencial para la humanidad (como la emergencia climática, la crisis energética o la propia desigualdad en aumento), pero la inercia histórica es un elemento nada despreciable de oposición al cambio así como la resistencia de la minoría favorecida por el presente statu quo. Las élites del diez y el uno por ciento disponen de una cantidad y variedad de recursos considerable para incidir en la evolución del marco político dentro del que caben las opciones concebibles.

Por otro lado, y profundizando en las raíces antropológicas, hay que tener en consideración las tesis que el psicólogo moral Jonathan Haidt desarrolla en su libro La mente de los justos. En él define los fundamentos morales en los que se basa el juicio político de los seres humanos, de todos, porque encuentra razones para presentarlos como elementos de una condición innata. Resultado de las observaciones antropológicas y de la teoría evolutiva tendríamos una especie de borrador de la naturaleza humana. De él, por así decir, sería parte constitutiva el conjunto de los elementos que conforman la estructura según la cual percibimos los hechos morales (y, por ende, políticos). No quiere decir que sean necesarios y determinantes, ya que son moldeables en función del contexto sociocultural donde el sujeto desarrolla su vida. Esto es congruente con lo que anteriormente se ha dicho sobre la etnosfera y la evolución cultural, que es incompatible con rígidas formas a priori.

Jonathan Haidt está convencido de que los políticos conservadores tienen una mejor comprensión intuitiva de los fundamentos morales sobre los que se asienta el gusto moral de la gente. Refiriéndose a los demócratas, que en Estados Unidos son los liberales –es decir, los que nosotros denominaríamos aquí progresistas–, los ve como promotores de políticas que priorizan la colectividad a costa del individuo, «políticas que –en sus palabras– los dejan expuestos a las acusaciones de traición, subversión y sacrilegio». Pedro Sánchez ha subrayado el valor de la justicia social a la hora de asumir los esfuerzos que la complicada coyuntura que se presenta nos exige; un valor colectivo, que no cotiza al alza en la etnosfera dominante en nuestra sociedad fuertemente condicionada por el poderoso componente individualista. Sus apelaciones a la protección del bienestar de las clases media y trabajadora conectaría malamente con la sensibilidad política de la mayoría de las personas, de acuerdo con las tesis de Haidt, amén de quedar deslucidas tras las iniciativas con fuerte halo feminista y de favorecimiento del colectivo LGTBI, potenciando al mismo tiempo la polarización afectiva (las acusaciones de Alberto Núñez Feijóo de que la política del Presidente Sánchez divide a la sociedad se aprovechan de ese efecto en buena parte de la opinión pública). Y, en efecto, sus acuerdos con las minorías nacionalistas (antagonistas del nacionalismo español) dan credibilidad para muchos a esas acusaciones a las que según Haidt están intuitivamente expuestas las políticas de izquierdas: traición a las victimas del terrorismo etarra (se lo hemos oído hace poco a algún portavoz de las víctimas), subversión del orden constitucional por sentarse a dialogar con los independentistas catalanes, sacrilegio, pues se atenta contra la sagrada unidad de la nación española.

La democracia no es un sistema natural ni una institución de larga tradición histórica como la religión. Es un producto cultural, artificial por tanto, muy complejo y muy frágil en muchos sentidos, contrario a rasgos muy insertos en la naturaleza humana, como el sentido tribal y los gustos morales innatos, todos ellos elementos apuntados por Jonathan Haidt en su mencionado libro; y que son contrarios a la racionalidad, imprescindible ideal que hay que tener siempre como referente para que la democracia funcione, pues solo desde la racionalidad podemos compartir un territorio común en el que dirimir civilizadamente los conflictos que son insoslayables en la convivencia humana.

La deriva de las democracias liberales en lo que llevamos de siglo, paradigmáticamente representada por el trumpismo, el Brexit y el procés, lleva a lo que el filósofo inglés Bertrand Russell llamó con un neologísmo emocracy, «emocracia». Lo acuñó en 1933para referirse al desbordamiento emocional de la Alemania nazi. En la presente coyuntura histórica si la emocracia prospera frente a la democracia, ¿seremos capaces de dar respuesta a los riesgos existenciales globales que hoy acechan a la humanidad?

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Brasil: las elecciones más importantes de la región

 

Los jueces acabaron por exonerar a Lula de las imputaciones de un juez con delirio persecutorio. El triunfo de la derecha reaccionaria ha sido así algo circunstancial: casi con toda seguridad, Lula volverá. Algo que Brasil necesita imperiosamente


Brasil: las elecciones más importantes de la región


Vijay Prashad

El Viejo Topo

13 septiembre, 2022 

 

El ex presidente brasileño Luíz Inácio Lula da Silva (conocido como Lula) camina de aquí para allá sobre el escenario del Memorial de Latinoamérica en São Paulo. Ahí estuvo el 22 de agosto de 2022, hablando en el lanzamiento de un libro de fotografías de Ricardo Stuckert sobre los viajes que el ahora candidato hizo alrededor del mundo durante su presidencia (2003 a 2010). Lula es un hombre bastante enérgico. Evoca cuando estuvo en Irán en 2010 con su canciller, Celso Amorim, tratando de mediar y cerrar el conflicto sobre la política de energía nuclear de Irán impuesto por los Estados Unidos. Lula logró asegurar un acuerdo que hubiese evitado la actual campaña de presión que Washington conduce contra Teherán. Un aire de alivio poblaba el ambiente. Luego, dijo Lula, “Obama orinó fuera del recipiente”. Según su versión, el para entonces presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, no lo aceptó, pulverizando todo el esfuerzo de llevar a todas las partes a un acuerdo emprendido por la dirigencia brasileña.

El relato de Lula pone dos puntos de importancia sobre la mesa: fue capaz de construir el papel de Brasil en América Latina al ofrecer liderazgo en la lejana Irán en sus anteriores períodos como presidente, y no teme expresar su antipatía por la forma en que los Estados Unidos está hundiendo voluntariamente la posibilidad de paz y progreso en todo el mundo en función de sus intereses miopes.

El lanzamiento del libro se dio durante su campaña presidencial contra el actual gobernante – profundamente impopular – Jair Bolsonaro. Lula actualmente está al frente de las encuestas para la primera ronda electoral que se dará el 2 de octubre.

Fernando Haddad, que lanzó su candidatura contra Bolsonaro en 2018 y perdió tras recibir menos del 45% de los votos, me dijo que estas elecciones siguen siendo “riesgosas”. Puede que las encuestas arrojen que Lula está al frente, pero Bolsonaro es conocido por jugar sucio para asegurar su victoria. La extrema derecha en Brasil, como en muchos otros países, es feroz en sus formas de disputar el poder estatal. Bolsonaro, dijo Haddad, está dispuesto a mentir abiertamente, diciendo cosas ofensivas en los medios de la extrema derecha y luego cuando es confrontado sobre eso en los medios mainstream, tiende a fingir ignorancia. “Fake news” parece ser su mejor defensa cada vez que lo atacan. En su discurso político, la izquierda es mucho más sincera: los izquierdistas se niegan a mentir y están ansiosos por traer al centro del debate político los temas del hambre y el desempleo, la desesperación y los avances sociales. Pero hay menos interés en estos asuntos y menos ruido sobre ellos en el paisaje mediático que prosperan con las acciones teatrales de Bolsonaro y sus seguidores. La vieja derecha tradicional está tan rebasada como la ultraderecha, que ahora es un espacio comandado por Bolsonaro (la vieja derecha tradicional, los hombres en trajes oscuros que toman las decisiones fumando puros y tomando cachaça son incapaces de suplantar al actual presidente).

Tanto Bolsonaro como Lula enfrentan un electorado que o bien los aman o los odian. En esta carrera queda muy poco espacio para la ambigüedad. Bolsonaro no solo representa a la extrema derecha, cuyas opiniones aboga abiertamente, sino que también lo hace con grandes secciones de la clase media, cuyas aspiraciones de riqueza permanecen en gran medida intactas a pesar de que la realidad de su situación económica se ha deteriorado en la última década. El contraste entre el comportamiento de Bolsonaro con el de Lula durante sus respectivas campañas es total: Bolsonaro ha sido tosco y vulgar, mientras que Lula es refinado y presidencial. Si Lula gana las elecciones, es probable que tenga más votos de aquellos que odian a Bolsonaro, que de aquellos que lo aman a él.

La ex presidenta Dilma Rousseff es reflexiva respecto a la vía para avanzar. Me dijo que probablemente Lula gane porque el país está harto de Bolsonaro. Su horroroso manejo de la pandemia de COVID-19 y el deterioro de la situación económica en el país dejan retratado a Bolsonaro como un administrador ineficiente del Estado brasileño. Sin embargo, Rousseff señaló que a casi un mes antes de las elecciones, el Gobierno de Bolsonaro – y las gobernaciones regionales – han estado lanzando políticas que comenzaron a aligerarle la carga a la clase media, como el levantamiento de los impuestos sobre la gasolina. Estas medidas pudieran llevar a algunas personas a votar por Bolsonaro, pero incluso así es poco probable. La situación política en Brasil sigue siendo frágil para la izquierda, con los principales bloques en la derecha (el agronegocio, la religión y el ejército) dispuestos a emplear todos los medios para mantener su control sobre el poder; fue esta coalición la que condujo un “golpe legislativo” contra Rousseff en 2016 y se valió del “lawfare”, el uso de la ley con motivos políticos, contra Lula en 2018 para evitar que lanzara su candidatura contra Bolsonaro. Estas frases (golpe legislativo y lawfare) ahora forman parte del vocabulario de la izquierda, que claramente comprende que el bloque de derecha (lo que llaman centrão) no se detendrá en la prosecución sus intereses de sentirse amenazados.

João Paulo Rodrigues, dirigente del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) es un asesor cercano a la campaña de Lula. Me dijo que en la elección presidencial de 2002, Lula ganó contra quien era el gobernante del momento, Fernando Henrique Cardoso, por el inmenso odio a las políticas liberales que Cardozo había promovido. La izquierda estaba fragmentada y desmoralizada al momento de la elección. El tiempo de Lula en el Gobierno, sin embargo, ayudó a que la izquierda se movilizara y organizara, aunque incluso en este período el foco de la atención popular estaba más sobre el propio Lula que en los bloques que componían a la izquierda. Durante el tiempo en el que Lula estuvo encarcelado acusado de corrupción, algo que la izquierda dice que fue fraudulento, se convirtió en la figura que la unificó: Lula Livre fue el eslogan unificador, y la letra L se convirtió en el símbolo (uno que continúa siendo usado en esta campaña electoral). Mientras que hay otros candidatos de izquierda en la contienda electoral, para Rodrigues no quedan dudas de que el portaestandarte y la única esperanza de Brasil para salir del divisivo y altamente peligroso liderazgo del presidente Bolsonaro. Uno de los mecanismos para construir la unidad de las fuerzas populares alrededor de la campaña de Lula ha sido la creación de los Comités Populares, que han estado trabajando tanto en la unidad de la izquierda como en la creación de una agenda para su Gobierno (que incluirá la reforma agraria y políticas más robustas para las comunidades indígena y afrobrasileña).

Las condiciones internacionales para una tercera presidencia de Lula tienen la suerte a favor, me dijo Rousseff. En América Latina, un rango amplio de Gobiernos de centro-izquierda han llegado al poder (incluyendo en Chile y Colombia). Pese a que no son Gobiernos socialistas, no obstante, están comprometidos en construir la soberanía de sus países y crear una vida dignificada para sus ciudadanos. Brasil, el tercer país más grande de América (detrás de Canadá y los Estados Unidos), puede jugar un papel de liderazgo en la conducción de esta nueva ola de Gobiernos de izquierda en el hemisferio, dijo Rousseff. Haddad me dijo que su país pudiera liderar un nuevo proyecto regional, que incluiría la creación de una divisa regional (el sur) que no sólo sería empleada para el comercio transfronterizo sino también para crear fondos de reserva. En este momento Haddad está lanzando su candidatura para ser gobernador de São Paulo, cuya ciudad más importante es la capital financiera del país. Una moneda regional de este tipo, cree Haddad, resolvería los conflictos en el hemisferio y construirá nuevos nexos comerciales que necesitan ser independientes de las grandes cadenas de suministros que fueron desestabilizadas por la pandemia. “Dios mediante, crearemos una moneda común en América Latina porque no tenemos que depender del dólar”, dijo Lula en mayo de este año.

Rousseff está ansiosa por que Brasil regrese a la escena mundial a través del bloque de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica), y ofrezca el tipo de liderazgo de izquierda que ella y Lula le dieron a esa plataforma hace una década. El mundo, dijo Rousseff, necesita de una tribuna así para ofrecer una dirección que no se base en amenazas, sanciones y guerra. La anécdota de Lula sobre el acuerdo con Irán es descriptiva ya que demuestra que un país como Brasil bajo un mandato de izquierda está más que dispuesto a resolver los conflictos en lugar de exacerbarlos, como lo han hecho los Estados Unidos. Hay esperanza, señaló Rousseff, de que una presidencia Lula ofrezca ese liderazgo robusto para un mundo que parece desmoronarse debido al sinnúmero de desafíos como la catástrofe climática, la guerra y la toxicidad social.

Fuente: Globetrotter.

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lunes, 12 de septiembre de 2022

España entrenará a las tropas de Ucrania : El Mundo

 

España entrenará a las tropas de Ucrania : El Mundo

 

DIARIO OCTUBRE / septiembre 11, 2022

 

 

Los soldados llegarán ‘pronto’ a Zaragoza para recibir orientación de sus anfitriones

 



Las Fuerzas Armadas españolas comenzarán próximamente a entrenar a las tropas de combate nazi-otanistas, según han confirmado este viernes a El Mundo fuentes militares.

 

El periódico reveló que el personal se ha estado preparando para instruir a sus homólogos de Kiev en el uso de tanques de batalla, sistemas de misiles, medicina militar y trabajo de desminado.

La noticia del viernes llega tras una reunión entre el embajador de Ucrania, Sergey Pohoreltsev, y la ministra de Defensa española, Margarita Robles, en la que el primero solicitó específicamente formación en desminado. El diplomático ha expresado previamente su descontento con la calidad y cantidad de la asistencia entregada por Madrid.

Los nazis serán entrenados con las mismas armas que luego usarán en combate real y también harán uso de los simuladores y medios de transporte del Ejército español, dijeron las fuentes. Los entrenamientos se desarrollarán principalmente en las instalaciones militares de Zaragoza, donde unos 600 soldados ucranianos heridos ya están siendo atendidos por médicos españoles. El ejército planea aprovechar la red de colaboración y traducción que ya ha crecido entre los dos grupos, agregando más intérpretes de habla hispana de Ucrania en un esfuerzo por garantizar que la capacitación se desarrolle sin problemas.

Mientras tanto, ha comenzado a llegar un cargamento de armamento español prometido a Kiev el mes pasado, que incluye 20 vehículos blindados M113, una batería antiaérea Aspide y varias toneladas de proyectiles de artillería y material de refugio. Madrid espera que la entrega alivie un punto de fricción entre las dos naciones ya que España había prometido previamente ciertos artículos que no fueron entregados.

El Tratado de la Unión Europea prohíbe las misiones militares dentro de la UE, pero al igual que con las restricciones sobre el suministro de armas a los países involucrados en el combate, la regla se ha modificado a la luz de la necesidad percibida de suministrar el esfuerzo de guerra de Ucrania. Los aliados de la OTAN Alemania, Francia, Dinamarca y el Reino Unido han participado en el entrenamiento de soldados ucranianos desde que Rusia envió tropas al país en febrero.

El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció el mes pasado un aumento de la ayuda militar a Ucrania y se comprometió a proporcionar misiles de defensa aérea, vehículos blindados, municiones, asesores militares y ropa de abrigo. Esto, dijo, cumplió con los compromisos de Madrid con el derecho del pueblo ucraniano a defenderse.

El embajador ucraniano Pohoreltsev pareció estar en desacuerdo y dijo a los medios españoles: “No puedo decir que estemos satisfechos, ni que estemos recibiendo todo lo que España podría suministrar”.

Fuente

FUENTE: news-front.info

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Chile: ¿Por qué no ganó la opción apruebo a la nueva Constitución?

 

El rechazo mayoritario a la nueva constitución chilena invita a reflexionar seriamente sobre los nuevos aires que circulan hoy por las izquierdas, incluidas las españolas, que las hacen aparecer a los ojos populares muy alejadas de sus intereses.


Chile: ¿Por qué no ganó la opción apruebo a la nueva Constitución?


Igor Goicovic Donoso

El Viejo Topo

12 septiembre, 2022 

 


Los resultados del plebiscito de salida del texto constitucional representan una derrota catastrófica para el conjunto de las fuerzas populares. Sobre un total de 13.021.063 personas que sufragaron (el 85,81% del padrón electoral), la opción rechazo obtuvo un 61,86% de adhesión. El rechazo, además, se impuso en todas las regiones del país; es más, en 10 de las 16 regiones se impuso con una votación superior a la media nacional obtenida por dicha opción. Mientras que el apruebo solo logró mayoría en 8 de las 346 comunas del país (5 en la región Metropolitana y 3 en la Región de Valparaíso).

¿Qué explica esta contundente derrota? En primer lugar, es la derrota de los resabios de la protesta popular de octubre de 2019. La misma languidecía en una ritual cada vez menos relevante de enfrentamientos callejeros entre manifestantes y policías, que se arrastraba desde marzo de 2020. Pero es también la derrota de los movimientos sociales anclados en la identidad (feministas, ambientales, territoriales, etnoculturales, etc.). No están ajenos a esta profunda derrota el gobierno y los partidos políticos actualmente en el poder y tampoco se pueden eximir de la misma, los sectores radicalizados de la izquierda que no capitalizan absolutamente nada ni de este evento ni de los anteriores.

La trayectoria de este proceso se inició con la suscripción, por el conjunto de las élites políticas del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución del 15 de noviembre de 2019. Efectivamente, ese acuerdo definió un itinerario institucional para canalizar el descontento popular que había irrumpido con masividad y violencia en octubre de 2019.

La élite política, consciente de la fragilidad del modelo de dominación pero consciente a su vez de la debilidad política y programática de la izquierda radical y de los movimientos sociales desplegados en el espacio público, retomó la iniciativa estratégica y logró transferir buena parte de la energía y vocación de lucha del movimiento popular hacia los eventos electorales: Plebiscito de entrada (25 de octubre de 2020), elecciones de convencionales constituyentes (15 y 16 de mayo de 2021) y elección presidencial (21 de noviembre en primera vuelta y 19 de diciembre en segunda vuelta).

En estos eventos, las demandas de erradicación del modelo económico neoliberal y de transformación profunda del sistema político, se fueron diluyendo gradualmente. No debe sorprender, entonces, que la Convención Constitucional, que sesionó entre el 4 de julio de 2021 y el 4 de julio de 2022, lo hiciera en una cada vez mayor orfandad.

Ni los sectores populares, convocados por el Partido Comunista a que rodearan la Convención (4 de diciembre de 2020), ni los movimientos sociales que eligieron a una parte importante de los convencionales, ni el gobierno de Gabriel Boric, que se identificaba políticamente con el proceso, fueron capaces de prestarle a la Convención el apoyo social y político que esta requería.

Carente de interlocuciones efectivas con los sectores populares, que no fueran aquellas que proporcionaban los «nichos» de los cuales emergieron los asesores y expertos, la Convención fue hipotecando el apoyo social con el cual había surgido.

En ese contexto se convirtió en el blanco predilecto de los medios de comunicación al servicio del capital, que aprovechaban cada oportunidad que le brindaban los convencionales para erosionar su legitimidad y su trabajo. No es extraño, en consecuencia, que la principal consigna del Rechazo («esta es una mala constitución»), se instalara temprana y efectivamente en un amplio espectro de la sociedad chilena.

Pero es necesario profundizar en los problemas de fondo. Los temas instalados en la Convención por los denominados movimientos sociales (feminismo, ambientalismo, territorios, pluriculturalidad, etc.), no causaron mayor adhesión entre el electorado popular. En especial entre los cuatro y medio millones de nuevos electores que concurrieron a las urnas coaccionados por la ley de voto obligatorio (Ley N° 21.200, de 24 de diciembre de 2019).

En todas las comunas que los ambientalistas denominaron “zonas de sacrificio” se impuso ampliamente la opción rechazo: La Ligua (58,93%), Quintero (58,11%), Los Vilos (56,93%), Puchuncaví (56,11%), Petorca (56,11%), Villa Alemana (proyecto Los Rulos, 57,82%) y Freirina (55,54%). El rechazo también se impuso en las ciudades próximas a los principales centros mineros del país: Calama (70,64%), Rancagua (60,63%) y Diego de Almagro 52,12%).

No muy distinto fue lo ocurrido en las comunas de la Región del Bio Bío y de La Araucanía (Macrozona Sur), orientadas preferentemente a la explotación forestal, y en las cuales el conflicto entre las empresas madereras y las comunidades indígenas ha alcanzado dimensiones cada vez más radicales. Es más, en la mayoría de estas comunas el rechazo se impuso incluso superando su media de adhesión nacional (61,86%). Tal es el caso de Collipullí (81,40%), Lumaco (80,47%), Cañete (77,95%), Tirúa (77,25%), Nueva Imperial (70,80%) y Temuco (69,47%).

Al observar el comportamiento electoral de las comunas de la Región Metropolitana encontramos una tendencia histórica: Las comunas de más altos ingresos (Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura), votan de manera masiva por la opción rechazo. Las comunas que nuclean preferentemente a sectores medios de la población, como La Reina, Providencia, Macul, Peñalolén y La Florida, también se suman al rechazo, con las excepciones de las comunas de Maipú y Ñuñoa.

Mientras que prácticamente la totalidad de las comunas obreras, entre ellas, Recoleta, El Bosque, La Pintana, La Granja, Lo Espejo, Cerro Navia, Renca e Independencia, que han sido baluartes históricos de la izquierda, también optaron por el rechazo; solo Pedro Aguirre Cerda, San Joaquín y Puente Alto respaldaron el apruebo.

¿Por qué los sectores populares no concurrieron a apoyar de forma masiva la opción apruebo?

A mi juicio existen a lo menos tres aspectos que no fueron considerados por los estrategas de dicha campaña. En primer lugar, ni en el debate político que acompañó el texto constitucional y tampoco en su estructura doctrinaria, se enfatizó el carácter anticapitalista del proceso y del documento.

De los 388 artículos del texto constitucional, plagado de incisos culturalistas, solo 6 hacían referencia a los trabajadores y a su relación con el capital. Todos ellos, por los demás genéricos y escasamente debatidos.

El trabajo, el subempleo y el empleo precario, su lugar en la esfera productiva y su defensa frente al capital, nunca fueron temas centrales en los foros, en los espacios de discusión y solo fue tocado muy marginalmente en la franja de propaganda de la opción apruebo. Una parte importante de los trabajadores, entre ellos los más duramente golpeados por la explotación y la pobreza, no vieron en este texto nada que supusiera una mejora relativa de sus condiciones.

Por otro lado, el creciente grado de inseguridad que afecta a los trabajadores en sus barrios y entornos laborales tampoco fue debidamente abordado. Es cada vez más evidente que el narcotráfico y la criminalidad ejercen un creciente control territorial sobre las poblaciones obreras. Ello, en muchas ocasiones, con la connivencia de carabineros o, a lo menos, frente a su total indiferencia.

Evidentemente, no se trata de darle más atribuciones políticas e institucionales al Estado policial, lo que genera aún más incertidumbre y percepción de amenaza entre la población. Se trata de plantear un marco regulatorio general que priorice a las poblaciones populares en el gasto social, que amplifique la red de coberturas educativas de calidad y que favorezca la recuperación de los espacios comunes. Todo ello acompañado de una estrategia de control vecinal de las prácticas delictivas y de una reforma profunda al cuerpo de carabineros de Chile.

Por último, es necesario hacer cargo de la representación de la chilenidad entre un amplio espectro del mundo popular. La condición de chilenidad es una construcción histórica, heredera de prácticas sociales y políticas vinculadas a la guerra de Independencia, a la construcción del Estado y de la sociedad, a los conflictos y guerras civiles, a las luchas de montoneras, al surgimiento y desarrollo del movimiento obrero y a los proyectos políticos del Frente Popular, del Frente de Acción Popular y de la Unidad Popular.

Bajo esa bandera combatió Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 y fue esa bandera, consumida por el fuego burgués, el mundo testigo de su holocausto. Es más, durante la lucha contra la dictadura, un comando del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), recuperó la bandera de la independencia desde el Museo Histórico Nacional (1980), y la mantuvo bajo su resguardo por 23 años. De esta forma el símbolo patrio era arrebatado de las manos de la burguesía y de sus verdugos y pasaba a las manos del pueblo.

La bandera de Chile es parte de nuestra historia como movimiento popular y si para muchos de nosotros es triste ver como el emblema de la patria es quemado o escarnecido, podemos imaginar lo que esos actos reportan para los trabajadores.

Hoy día la burguesía y sus representantes en los diferentes campos del mundo político (en el gobierno y la oposición), se preparan para ultimar el acuerdo que han venido preparado desde el cierre de las sesiones de la Convención Constitucional. Nos ofrecerán un texto constitucional surgido del “espíritu de unidad nacional”, elaborado de espaldas a los sectores populares y que se convierta en garante de los intereses de las clases dominantes por las próximas cinco décadas. Frente a ese escenario los desafíos que tenemos por delante son muchos.

Debemos construirnos como una alternativa revolucionaria y debemos hacerlo al interior de los trabajadores. Recuperando la centralidad de la clase trabajadora y de su proyecto histórico. Debemos avanzar hacia la formación de un núcleo de convergencia social y político que permita articular las luchas autónomas del campo popular.

Debemos adoptar una estrategia de lucha rupturista que tenga la capacidad de sustraerse efectivamente a la institucionalidad burguesa. Debemos desarrollar una política de formación que, reconociendo la centralidad del conflicto de clases, sea capaz, a su vez, de articular los diferentes campos culturales de la lucha social y política. No habrá cambio revolucionario, sin clase revolucionaria, organización revolucionaria y estrategia revolucionaria.

Fuente: Observatorio Internacional de la Crisis.

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Ucrania recupera la iniciativa

 

Ucrania recupera la iniciativa

 

DIARIO OCTUBRE /septiembre 11, 2022

 

El sorprendente avance ucraniano en la región de Járkov mostró ayer el día más exitoso para Ucrania posiblemente desde julio de 2014. En un escenario similar a lo ocurrido aquel mes, cuando el abandono de la agrupación de Strelkov de Slavyansk y Kramatorsk supuso un efecto dominó que hizo caer a centenares de localidades en manos ucranianas, el avance del frente que se produjo a lo largo de la mañana supone una derrota decisiva de las tropas rusas en el frente de Járkov. Apenas 24 horas antes, tanto los periodistas sobre el terreno como las autoridades habían anunciado el envío urgente de reservas a dos zonas estratégicas: Kupiansk e Izium, ambas clave a la hora de estabilizar el frente e impedir avances ucranianos hacia el sur.

 

Ayer por la mañana, las tropas ucranianas mostraban imágenes de la bandera azul y amarilla sobre el ayuntamiento de Kupiansk, abandonada en su parte occidental por las tropas rusas, que se retiraron al otro lado del río Oskol para tratar de mantener la defensa. Posteriormente, la retirada fue aún mayor. Apenas unas horas después, ante la certeza de que la localidad iba a quedar cercada y aislada, las tropas rusas se retiraron también de la ciudad de Izium, localidad clave para el desarrollo de la operación en la RPD y que tanto tiempo costó capturar hace unos meses. Como era previsible, las tropas ucranianas marcaron como siguiente objetivo Krasny Liman, cuya situación es incierta tras los rumores de abandono  total o parcial a lo largo del día.

Frente a la retirada de Kiev y Chernigov del pasado marzo, cuando las tropas rusas se retiraron alegando un gesto de buena voluntad que no lo fue -la guerra de trincheras condenaba a las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa a sufrir una enorme cantidad de bajas en un contexto de certeza absoluta de no poder avanzar sobre Kiev-, la actual retirada se produce en una zona mucho más peligrosa y ante una derrota militar en toda regla en una batalla cuerpo a cuerpo. En esta zona, Rusia no solo no ha logrado avanzar durante meses, sino que ni siquiera ha podido defender los avances conseguidos.

Hace apenas unas semanas, el ministro de Defensa de la Federación Rusa, Sergey Shoigu, antes del inicio de la operación militar especial considerado serio candidato a suceder a Putin pero ahora cuestionado incluso en su puesto, afirmó que la operación transcurría según lo planeado. Con el frente completamente estancado, esa afirmación era ya entonces difícilmente sostenible incluso para esta “segunda fase” de la intervención rusa, en la que debía lograrse la liberación de todo Donbass. A excepción de Peski, los avances rusos y republicanos en el último mes han sido insignificantes: ni se ha logrado capturar Seversk, a pesar de la lucha durante casi dos meses, ni iniciar la batalla por Artyomovsk. Aunque con la captura de Krasny Liman -cuyo destino parece ahora ser abandonada por las tropas rusas, si no lo ha sido ya- la batalla por Slavyansk parecía acercarse, la ciudad en la que comenzó en abril de 2014 la rebelión armada de Donbass está cada día más lejos. La pérdida de Izium, de la que las tropas rusas se retiraron antes de quedar cercadas, evitando así una alto nivel de pérdidas irreparables, supone aplazar sine die cualquier aspiración sobre Slavyansk-Kramatorsk.

La derrota de esta semana no solo supone una muestra de debilidad de las tropas rusas, sino que lo hace en un contexto de defensa, a priori más sencillo que el de ataque, y lo hace a escasos kilómetros de la frontera rusa. No se trata de una derrota militar en un lugar alejado del frente o especialmente difícil de defender, como podría ser el caso de la ciudad de Jerson, al otro lado del Dniéper y donde Ucrania intenta desde hace meses cortar las rutas de suministro. El colapso del frente de Járkov es, además de una importante victoria militar para Ucrania, con sus primeros avances desde marzo, también un éxito para su propaganda.

Las tropas rusas se repliegan hacia la frontera o hacia la República Popular de Lugansk, único lugar en el que Rusia ha cumplido con los objetivos planteados con el inicio de su intervención. Aunque en gran parte destruido y con graves problemas en preparación para el invierno, Lugansk es el único lugar en el que las tropas ucranianas han sido completamente expulsadas. Sin embargo, ni siquiera eso impide el peligro, ya que la artillería de largo alcance proporcionada por los socios occidentales de Ucrania ha permitido realizar bombardeos en localidades de la retaguardia de la República como Perevalsk o Alchevsk.

La retirada rusa supone también un peligro para la población civil de las localidades abandonadas. El avance militar supone el retorno de Ucrania a una serie de ciudades y pueblos en los que al menos una parte de la población ha colaborado activamente con las autoridades nombradas por Rusia y que ahora se enfrentan a la posibilidad de represalias de las autoridades civiles y de las tropas.

Roto el frente de Járkov, el comando ruso se verá obligado a tomar decisiones para lograr estabilizar el frente y detener el rápido avance ucraniano, que está poniendo en peligro los territorios del norte capturados por Rusia y las Repúblicas Populares desde el 24 de febrero. Ayer por la tarde, tras horas de silencio, el comando ruso admitía que sus tropas “están reagrupándose”. Eso sí, lo hizo de tal manera que, en lugar de aceptar una derrota militar en uno de los frentes, alegó una operación de reagrupamiento de tropas en la RPD. Una argumentación manifiestamente falsa que recuerda a la “retirada ordenada y organizada” de Poroshenko ante la derrota de Debaltsevo, y que únicamente mina aún más su credibilidad.

Al margen de la comunicación, que a lo largo de la guerra siempre ha sido deficiente, las tropas rusas deberán reagruparse con rapidez si quieren lograr estabilizar el frente. Por el momento, y por primera vez desde el pasado marzo, Ucrania se ha hecho con la iniciativa, por lo que es de esperar que los ataques continúen en diferentes zonas: la frontera de la RPL, Jerson, Energodar, Volnovaja-Mariupol son solo algunas de las direcciones en las que podría venir el siguiente intento de ofensiva. Lejos quedaron los sueños de Kiev primero o de Odessa y Járkov después, por lo que Rusia no solo tendrá que marcar objetivos realistas sino reorganizar sus fuerzas para mantener el territorio de Donbass recuperado a Ucrania desde el 24 de febrero y tratar de avanzar en la región de Donetsk, mínimo sin el que cualquier resultado debería ser considerado una derrota sin paliativos.

FUENTE: Slavyangrad

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La OTAN pierde más de 11.000 soldados de sus fuerzas nazis de Ucrania

 

La OTAN pierde más de 11.000 soldados de sus fuerzas nazis de Ucrania

 

DIARIO OCTUBRE / septiembre 11, 2022

 


El Ministerio de Defensa de Rusia informó hoy que las Fuerzas Aeroespaciales Rusas y las tropas de misiles y artillería lanzaron ataques con misiles de alta precisión contra las unidades militares ucranianas en la región de Kharkov.

 

Como resultado de estos ataques, se destruyó la 113 brigada de defensa territorial y un punto de despliegue de mercenarios extranjeros, y las pérdidas ascendieron a más de 200 militares y más de 20 vehículos bélicos, detalló el organismo.

Asimismo, ataques de fuego concentrados derrotaron las unidades de las Fuerzas Armadas de Ucrania en las áreas de Pristin, Boldyrevka, Sinikha, Beloe, Komarovka, Gorokhovatka, Kupyansk, Senkovo y Podvysokoe de Kharkov, y más de 250 militares ucranianos fueron neutralizados y 12 vehículos blindados, tres piezas de artillería de campaña, un lanzacohetes múltiple y 17 vehículos fueron destruidos.

En la dirección Nikolaev-Krivoy Rog, los ataques con misiles de alta precisión de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas destruyeron el punto de despliegue temporal de las unidades de la 36ª Brigada de Infantería de Marina en Nikolaev, y las pérdidas enemigas ascendieron a más de 100 militares, así como 15 vehículos y vehículos blindados.

El ministerio reveló que del 6 al 10 de septiembre, las pérdidas del régimen de Kiev ascendieron a más de 4000 militares muertos mientras 8000 resultaron heridos.

A su vez, la aviación táctica y las fuerzas de misiles y artillería continúan atacando instalaciones militares en el territorio de Ucrania.

En este contexto, misiles terrestres de alta precisión tipo “Iskander” alcanzaron la 28 brigada de infantería motorizada de las Fuerzas Armadas de Ucrania, donde más de 50 soldados fueron eleminados y 7 equipos militares fueron destruidos.

Los sistemas de defensa aérea rusos derribaron un helicóptero Mi-8 y cuatro drones de la Fuerza Aérea de Ucrania, además de interceptar dos misiles balísticos “Tochka-U”, dos misiles anti-radar estadounidenses, 12 cohetes HIMARS de fabricación estadounidense y nueve misiles de los sistemas de lanzamiento múltiple Alder.

FUENTE: SANA

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