martes, 17 de mayo de 2022

Solicitud de Escandinavia genera diferencias entre aliados de OTAN

 

Solicitud de Escandinavia genera diferencias entre aliados de OTAN

Tercerainformacion / 17.05.2022

La guerra de Ucrania, que ha revertido muchas ecuaciones, especialmente en Europa, ya provoca la brecha en la OTAN por el caso del ingreso de Suecia y Finlandia.


En medio del aumento de las tensiones entre Occidente y Rusia, con Ucrania de por medio, Finlandia y Suecia anunciaron de forma oficial el domingo y el lunes, respectivamente, su decisión de ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La entrada de los dos países nórdicos requiere el visto bueno de todos los miembros de la Alianza, por lo que el secretario general adjunto de la OTAN, Mircea Geoana, ha llamado a la “unidad impecable” y al consenso para poder avanzar en el tema.

Turquía no acepta solicitud de Finlandia y Suecia

Turquía ha amenazado a bloquear el proceso denunciando que ambos países han acogido a “terroristas” (Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK)) y su territorio es “una casa de invitados para el terrorismo”, pues no pueden ingresarse.

En este sentido, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha pedido este lunes a las delegaciones de Finlandia y Suecia que planean viajar a Turquía para convencer a Ankara de que cambie de opinión, que no se molesten en esto.

“Turquía no dirá ‘sí’ a la adhesión de los países que imponen sanciones contra nuestro país. No repetiremos el mismo error”, ha declarado Erdogan refiriéndose a la incorporación de Grecia al bloque militar.

EEUU: La OTAN resolverá diferencias entre aliados

Esto mientras los Gobiernos del Reino Unido, Alemania, España, Rumania, Eslovaquia, Estonia, Dinamarca, Islandia, Noruega y el jefe de la Diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, han ratificado su apoyo a la membrecía de Finlandia y Suecia para reforzar la Alianza Atlántica ante los desafíos.

Entretanto, Estados Unidos, país que encabeza la OTAN, ha celebrado el paso de Suecia y Finlandia confiando en que la OTAN logrará el consenso necesario.

El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, recalcó el domingo que la Alianza Atlántica es un lugar para “dialogar y discutir” posibles diferencias entre aliados.

Putin: Rusia responderá al expansionismo de la OTAN

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha aseverado este lunes que la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN no supone una amenaza directa para la seguridad del país euroasiático porque “no tiene problemas con esos países”, pero agrava la situación internacional en materia de la seguridad y Rusia responderá “sin duda” la expansión de la infraestructura militar de la Alianza a las fronteras rusas.

Moscú, incluso antes del lanzamiento de su operación militar especial en Ucrania, había alertado que las potencias occidentales están utilizando a Ucrania para invadir Rusia.

Tras el inicio de la operación militar en Ucrania el 24 de febrero, Putin subrayó que ordenó la medida en respuesta preventiva a las provocaciones de la OTAN y Kiev en sus fronteras.

El Kremlin ha dejado claro que Rusia no tiene planes para ocupar Ucrania, sino, el objetivo de su misión es la “desmilitarización” y la “desnazificación” del país vecino.

msm/mkh

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¿Quién sabe?

 

Hoy hace 13 años Mario Benedetti moría en Montevideo. Amar, luchar, trabajar, morir, todo era motivo de poesía para él. Cada pequeña situación del vivir cotidiano merecía celebrar la constante sorpresa de existir. Lo recordamos con este poema.


¿Quién sabe?

 

Mario Benedetti

El Viejo Topo

17 mayo, 2022 

 



¿Quién sabe?

¿Te importa mucho que Dios exista?
¿te importa que una nebulosa te dibuje el destino?
¿que tus oraciones carezcan de interlocutor?
¿que el gran hacedor pueda ser el gran injusto?
¿que los torturadores puedan ser hijos de Dios?
¿que haya que amar a Dios sobre todas las cosas
y no sobre todos los prójimos y prójimas?
¿Has pensado que amar al Dios intangible
suele producir un tangible sufrimiento
y que amar a un palpable cuerpo de muchaha
produce en cambio un placer casi infinito?
¿acaso creer en Dios te borra del humano placer?
¿habrá Dios sentido placer al crear a Eva?
¿habrá Adán sentido placer cuando inventó a Dios?
¿acaso Dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre,
o no es ni siquiera una confiable anestesia?
¿te importa mucho que Dios exista? ¿o no?
¿su no existencia sería para tí una catástrofe
más terrible que la muerte pura y dura?
¿te importará si te enteras que Dios existe
pero está inmerso en el centro de la nada?
¿te importará que desde el centro de la nada
se ignore todo y en consecuencia nada cuente?
¿te importaría la presunción
de que si bien tú existes
Dios quién sabe?

Fuente: Poemas del Alma.

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lunes, 16 de mayo de 2022

El ingreso de Finlandia en la OTAN es una declaración de guerra contra Rusia. [¿La OTAN aparte de las grandes corporaciones fabricantes de armas para matar y de grandes grupos de capitales a quién defiende y qué tipo de intereses protege? Los miles de millones de euros que la OTAN utiliza para su funcionamiento quién los aporta, de dónde salen?]

 

El ingreso de Finlandia en la OTAN es una declaración de guerra contra Rusia

Diario octubre / mayo 16, 2022

 



Lo mismo que Ucrania, Finlandia debe lo que tiene a la Revolución de Octubre, que le permitió conquistar su independencia como Estado, bajo el paraguas de Alemania. Sin embargo, la derrota del Reich en la Primera Guerra Mundial les permitió guardar ciertas apariencias de autonomía.

 

La actual Guerra de Ucrania también tiene muchos paralelismos con la “guerra de invierno” que enfrentó a Finlandia con la URSS entre 1939 y 1940.

El 30 de noviembre de 1939 el Ejército Rojo atacó a Finlandia, iniciando así la “guerra de invierno” entre ambos países. En 1963 el presidente finlandés Urho Kekkonen reconoció que los soviéticos tenían razones “comprensibles” para iniciar aquella guerra.

La “guerra de invierno” terminó con la firma del Tratado de Moscú el 13 de marzo de 1940, que Finlandia no respetó al unirse a la agresión alemana contra la URSS en junio de 1941. En Finlandia los historiadores la llaman “guerra de continuación”.

En ella Finlandia desempeñó un papel importante -pero ignorado- en el asedio nazi a Leningrado que acabó con el exterminio de un millón de personas, la tercera parte de la población.

La guerra con Finlandia acabó el 19 de septiembre de 1944, un poco antes que con Alemania. Ambos países firmaron el Armisticio de Moscú, en el que la URSS realizó importante concesiones al país nórdico, porque el combate fundamental era con el III Reich. El Ejército Rojo necesitaba concentrarse en la derrota de Alemania.

El tratado de paz definitivo se firmó en París el 17 de febrero de 1947 bajo los auspicios de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.

El elemento fundamental del tratado era la neutralidad de Finlandia porque la URSS necesitaba, como ahora Rusia, un cordón para proteger sus fronteras, es decir, que sus vecinos no se convirtieran en un foco de conflictos.

Los tratados de paz han estado vigentes durante más de 70 años si que jamás se haya producido ningún conflicto entre embas partes.

La adhesión de Finlandia a la OTAN supone, pues, una violación de los términos del Tratado de París o, en otras palabras, anularía el armisticio de 1944. Eso significa que ambas partes, Finlandia y Rusia, volverían a la situación anterior, es decir, a la guerra.

En ella, una vez más, Finlandia jugaría exactamente el mismo papel subordinado respecto a la OTAN que ahora juega Ucrania.

Gracias a Finlandia, la OTAN pondría sus misiles a 50 kilómetros de San Petersburgo. Uno de los motivos de la “guerra de invierno” fue precisamente la nacesidad de la URSS de desmilitarizar la frontera con Finlandia para salvaguardar Leningrado.

FUENTE: mpr21.info

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Rusia refuta con pruebas falsa noticia de Ucrania sobre su buque

 

Rusia refuta con pruebas falsa noticia de Ucrania sobre su buque

 

DIARIO OCTUBRE / mayo 15, 2022

 

 

Moscú niega que Ucrania haya destruido el buque de guerra ruso, Vsevolod Bobrov, en el mar negro, incluso publica imágenes que echan por tierra esta falacia.

Las autoridades militares ucranianas anunciaron el jueves que las fuerzas navales del país habían destruido el buque de guerra ruso, Vsevolod Bobrov, en aguas del mar Negro.

 

En este marco, el Ministerio ruso de Defensa rechazó los infundios publicando imágenes tomadas el sábado del barco que se ve anclado en el puerto de Sebastopol.

“Ahora está claro a partir de las fotografías que el barco no está dañado en lo absoluto”, aclaró la Cartera rusa.

Buque de guerra ruso, Vsevolod Bobrov, en el puerto de Sebastopol, en el mar Negro, 14 de mayo de 2022.


El 13 de abril, el Ministerio ruso de Defensa reveló que el crucero misilístico ‘Moskva’ se había hundido en el mar Negro, tras sufrir graves daños por una explosión en medio de la guerra ruso-ucraniana, un incidente que dejó al menos un militar muerto y otros 27 desaparecidos.

Estados Unidos y Ucrania indicaron que el barco se hundió debido al ataque con dos misiles de crucero ucranianos del tipo Neptune.

FUENTE: hispantv.com

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UCRANIA. Un médico francés denuncia atrocidades de militares ucranianos (+ vídeo)

 

UCRANIA. Un médico francés denuncia atrocidades de militares ucranianos (+ vídeo)


“He visto crímenes abominables cometidos por Azov”, relató Bocquet, en referencia al polémico batallón de corte neonazi que integra las fuerzas ucranianas.

INSURGENTE.ORG / 15 mayo 2022

 


 

Antiguo fusilero del Ejército francés, Adrien Bocquet regresó hace poco de su viaje a Ucrania, adonde había decidido ir voluntariamente para ayudar como médico. En una entrevista con Sud Radio, Bocquet denunció haber visto “pruebas de muchos crímenes de guerra allí sobre el terreno” cometidos por los ucranianos.

“Los únicos crímenes de guerra que vi durante los días que estuve allí fueron perpetrados por los militares ucranianos, no por los militares rusos”, afirmó el voluntario francés, quien agregó que no pretende decir que los rusos no hicieran nada y únicamente se limita a describir lo que presenció en carne propia.

“He visto crímenes abominables cometidos por Azov”, relató Bocquet, en referencia al polémico batallón de corte neonazi que integra las fuerzas ucranianas. Vio a soldados rusos tomados como prisioneros, “atados y muy golpeados”, que estaban en una especie de cobertizo como un hangar. “Los rusos fueron traídos por tres o cuatro personas en minibuses”, recuerda.

Los militares de Azov preguntaron a los rehenes quiénes de ellos eran oficiales y, según descubrió Bocquet, fue con el único objetivo de matarlos arbitrariamente en el lugar. “Todos los militares que salieron de la furgoneta recibieron un disparo en la rodilla con un Kaláshnikov. Después de eso, quedaron indefensos”, contó. “Las personas que tuvieron la mala suerte de decir que eran oficiales recibieron un tiro en la cabeza”, agregó.

Bocquet, que estuvo en Kiev y Bucha durante su viaje, afirmó tener un video de soldados rusos recibiendo un disparo en la rodilla. Los militares de Azov no respondieron a las preguntas y el voluntario francés no sabe por qué lo hicieron, pero aseguró que “esto es lo que ocurre en Bucha” y “en toda Ucrania”, mientras los integrantes de ese batallón se sienten libres de hacer lo que quieran.

“¿Y por qué no se habla de ello? Todos los bombardeos, todos los proyectiles que caen en Bucha se achacan a los rusos”, declaró, advirtiendo de que los combatientes del batallón Azov “están por todas partes, incluso en Occidente”, y “tienen galones con símbolos neonazis”.

“Me choca que Europa siga suministrando armas a los que para mí son militares neonazis, con siglas neonazis”, confesó, señalando que en todas partes de Ucrania se puede topar con algún militar luciendo “las siglas de las SS”.

A Bocquet le tocó trabajar con esas personas también y darles medicinas. Entendiendo un poco de ucraniano y ruso, y aprovechando el hecho de que muchos hablaban inglés, en una ocasión escuchó la conversación en la que “se rieron diciendo que, si se encontraban con judíos o negros, reducirían su número”. “Y esa conversación les hizo reír mucho”, subrayó.

“Hay un gran abismo entre lo que he visto y lo que dicen en la tele, y creo que es repugnante”, concluyó.

PUEDE VER AQUÍ LA ENTREVISTA COMPLETA

(RT)

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Explicaciones

 




KAOSENLARED

Explicaciones

Publicado el 16 de mayo de 2022 / Por Iñaki y Frenchy

¿No os ha pasado nunca de ver a un político explicar algo al que se le nota que no tiene ni puta idea? pues eso me pasa con todos los políticos actuales

#MediocridadPolítica #PuertasGiratorias #CorrupciónPolítica #PolíticosCorruptos #IndecenciaPolítica

 

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Anguita, Lafontaine, Mélenchon: Lecciones de futuro

 

Hoy se cumplen dos años del fallecimiento de Julio Anguita. Honrar su memoria, mantener vivo su ejemplo y asumir y difundir su legado es el compromiso de quienes compartimos con él luchas, proyectos, sueños y esperanzas.


Anguita, Lafontaine, Mélenchon: Lecciones de futuro

 

Manolo Monereo

El Viejo Topo

16 mayo, 2022 

 


Las personas cuentan y los dirigentes también. Anguita, Lafontaine y Mélenchon vivieron en el mismo tiempo y en el espacio común de una Europa en crisis y bifurcación. Venían de tradiciones diferentes, de culturas en conflicto y de fuerzas políticas muchas veces enfrentadas. Las transformaciones del capitalismo, las derrotas y la ferocidad del neoliberalismo los unieron. Fueron grandes por eso, porque no se rindieron, porque siguieron luchando contracorriente, pero siempre con voluntad de mayoría y de gobierno. Estuvieron en el filo de las contradicciones, hicieron política, se equivocaron y supieron rectificar. Fueron derrotados en ocasiones, pero nunca bajaron las banderas. No estuvieron solos. Combinaron lealtades profundas con traiciones de alto calibre. Nunca hicieron de la política venganza. Dejan ejemplaridad, coherencia y coraje moral. Mélenchon es el único que queda en la política activa, Oscar ya lo dejó y Julio se nos fue, pero sigue vivo entre nosotros.

Estos políticos, a los que se podrían añadir algunos más, aportaron principios ético-jurídicos que es necesario recuperar en un momento en el que la izquierda casi nada es y el mundo vive una transformación radical en sus fundamentos que, dicho sea de paso, ellos entrevieron y se prepararon activamente para estar a la altura de unos desafíos de época. Quiero señalar algunos elementos que nos podrían ayudar mucho en esta etapa:

  1. Pensar a lo grande; es decir, situarse en el momento histórico, definir la fase y hacerla productiva para los movimientos emancipatorios. Conocer el mundo para transformarlo fue un estilo que relacionaba de modo específico teoría y práctica, viejos y nuevos problemas. Analizaron con mucha información lo que significaba la globalización capitalista y se opusieron rotundamente a ella. Defendieron el Estado nacional sabiendo que era el lugar del conflicto de clases, de la democracia de los de abajo, de la soberanía entendida como programa. Lo hicieron compatible y necesario con el internacionalismo, con la solidaridad con las clases trabajadoras en busca de un proyecto común basado en un nuevo orden internacional más justo, democrático e igualitario.
  2. Punto de vista de clase. Nunca tuvieron dudas de que el capitalismo era un mal que había que superar conscientemente. Sabían que actuaban a favor del mundo del trabajo, que era su mundo. Querían convertir a los que nada eran, en protagonistas activos y en clase dirigente para un nuevo proyecto de país. Lo hicieron buscando alianzas con otros sectores sociales y con otros movimientos que reivindicaban el feminismo socialista y un ecologismo político vinculado a las clases trabajadoras. Sabían que en estas sociedades la vía democrática y la lucha por las reformas eran fundamentales. Asumieron la contradicción y la llamaron de muchas formas: “reformismo no reformista”, “reformismo revolucionario” o “reformismo anticapitalista”.
  3. Otra Europa posible. Sabían positivamente que había una dimensión europea en las luchas y en la propuesta. Se dieron cuenta que Maastricht era una señal clara de iniciativa política de las clases dirigentes y un modo específico de construir una Europa neoliberal, subalterna a EEUU y estructuralmente ligada a la OTAN. Se opusieron a esta Unión Europea porque llevaba a la organización de un centro y una periferia, que incrementaría las desigualdades, limitaría la democracia y haría imposible políticas de izquierdas.
  4. Programa, programa, programa. Se ha pretendido (y a veces conseguido) caricaturizarlo, pero el programa era muy importante para esta forma de hacer política. El programa era entendido como la concreción, en un tiempo y en un espacio dado, de valores, propuesta política y estrategia. Se buscaba cabalgar sobre el tigre sin que este te derribara; es decir, formular alternativas que fuesen a la vez posibles y   transformadoras, que generasen dinámicas de conflicto, de acción/reacción que impulsaran hacia adelante el movimiento. Gobernar no era solo una forma de concretar alianzas y de gestionar un programa sino un instrumento para promover la movilización contra los grandes poderes económicos. Gobernar, en este sentido, era construcción de sujetos, fortalecimiento de la unidad popular y organización de un contrapoder social.
  5. La unidad popular como estrategia. Hay siempre una vieja pregunta que ha hecho del debate sobre la organización un elemento esencial del programa de las grandes formaciones de la izquierda europea. La pregunta era ¿cómo adquieren poder los que no lo tienen y viven en condiciones de desigualdad estructural? La respuesta fue unánime: organizándose, generando dispositivos políticos que promovieran comunidad, solidaridad, consciencia y acción común. Sin ese sujeto organizado, sólidamente insertado en los espacios sociales y actuando unitariamente no se podía convertir el conflicto de clase en fuerza social, en fuerza material y en alternativa política. Sabían que la vieja forma-partido estaba en crisis y que las experiencias del pasado tendrían contenidos y concreciones nuevas en sociedades que están mutando sustancialmente y que hacen de la comunicación un instrumento clave de poder y de control social.

Se podrá decir que todo esto es el pasado, que hacer política hoy es jugárselo en el límite de unas posibilidades muy limitadas por la UE y por la OTAN. Es el discurso oficial de la izquierda de gobierno. A mi juicio, este realismo de andar por casa lleva inevitablemente a la derrota y que lo que queda de la izquierda europea desaparezca en poco tiempo. Esto está ya muy avanzado y no da mucho más de sí. En momentos en los que el mundo cambia de base, retorna el conflicto geopolítico y la guerra, los valores, propuestas y proyectos de la izquierda deben de ser revaluados y definidos de forma nueva, no abandonados. La tarea de una izquierda que no asume su derrota es hoy la de siempre: hacer posible lo que parece imposible, no renunciar a los valores y a la cultura socialista, defender la soberanía popular y una democracia que sitúa en su centro la emancipación social, la igualdad sustancial y unas relaciones armoniosas con un medio del que somos parte.

La tarea la expresó muy bien en otro contexto Max Weber: “La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces resistencias, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es completamente cierto y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero para ser capaz de esto no solo hay que ser un caudillo, sino también un héroe en el sentido más sencillo de la palabra”.

Las personas cuentan y los dirigentes también.

Fuente: Nortes.

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domingo, 15 de mayo de 2022

Marx, conspirando en Manhattan

 

Los Marx, Groucho por un lado, Karl por otro siguen hablándonos de los viejos tiempos, conspirando en Manhattan, haciéndole, por ejemplo, un corte de mangas a Harry Truman por Hiroshima y Nagasaki o burlándose del incapaz Bush.


Marx, conspirando en Manhattan

 

Higinio Polo

El Viejo Topo

15 mayo, 2022 



Los Marx, Groucho por un lado, Karl por otro siguen hablándonos de los viejos tiempos, conspirando en Manhattan, haciéndole, por ejemplo, un corte de mangas a Harry Truman por Hi roshima y Nagasaki, o burlándose del incapaz Bush de nuestros días; y siguen siendo capaces de soltarles a los plutócratas norteamericanos, con Groucho, que “partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de miseria”.

Pese a la celebridad de los hermanos Marx, no hay demasiados libros sobre sus vidas. Uno de ellos fue publicado por Stefan Kanfer, quien estudió “la vida y la época de Julius H. Marx”, en un volumen que apareció entre nosotros con el título de Groucho, una biografía. Tenemos, además, el estudio de Simon Louvish, publicado hace poco más de un lustro. En él, el autor nos cuenta que los cinco hermanos Marx (que se quedaron en cuatro, y, al final, en tres) venían del vodevil, antes de convertirse en cómicos famosos y en protagonistas de películas que dieron la vuelta al mundo. Los cinco eran Julius ( Groucho), Adolph (Harpo), Leonard (Chico), Milton (Gummo) y Herbert (Zeppo). Groucho había nacido en 1890, como Julius Henry Marx –cuando el otro Marx, el alemán, hacía nueve años que había muerto– y sucumbió en 1977. Groucho, el más célebre de los hermanos Marx, empezó a actuar en tugurios hacia 1905 y, después, asociado con la familia, siguió elaborando números musicales, escenas de music-hall y cualquier ocurrencia que les permitiera comer caliente. Eran tiempos difíciles, no lo olviden. Chico nació en 1887 y murió en 1961, y Harpo nació en 1888 y murió en 1964. Aunque tampoco esas fechas están claras, al decir de algún biógrafo; detalle que no importaba demasiado a Groucho, quien recuerda su infancia de niños judíos pobres con humor, bromeando con sus propios trucos para hacerse con un centavo, sisando a su madre en el precio del pan, o ironizando con la realidad de su familia alojándose en domicilios sucesivos en el duro Nueva York del cambio de siglo, cuando los niños de Manhattan trabajaban y no era raro que algunos muriesen de hambre. No fue su caso, claro, e incluso los hermanos tuvieron largas vidas para la época que les tocó vivir. Cuando Groucho recordaba esos años, en los libros que publicó, la infancia de pobres quedaba muy lejos, pero seguía teniéndola presente.

Groucho, cuya familia paterna (judíos pobres de solemnidad) procedía de la Alsacia francesa, nos cuenta que su abuelo materno (que era originario de Alemania, se llamaba Lafe Schoenberg, como si fuese una señal del interés por la música que tendrían varios de sus nietos) vivió 101 años, seguramente porque decidió dejar de trabajar a la edad de 52 años; y recuerda que la abuela tocaba el arpa: como Harpo. Y Chico, a quien le gustaba frecuentar las salas de billares de Harlem, empezó ganándose la vida tocando el piano en los cinematógrafos y en hoteles apestosos, tras abandonar los lugares donde, de niño, se dedicada ya al juego de apuestas en la calle 94. Todos con la música. En Nueva York, la familia seguía siendo pobre. El padre –el señor Marx– era un alsaciano jovial al que le gustaba la vida, y acariciaba la idea de prosperar: había soñado con apoderarse del comercio de todo el East Side neoyorquino, aunque todos sus negocios resultaron ruinosos. El señor Marx lanzaba maldiciones en francés, y podía hacer vino –clandestinamente, durante los años de la prohibición y de la ley seca– sin uva: era un verdadero genio. Fabricaba el vino con pasas y malta, aunque, a veces, sus desvelos producían alguna explosión en los sótanos del edificio donde vivían. Al fin y al cabo, como decían en la familia Marx, aquél era mejor sistema que mezclar zumo de naranja con granadina y añadir unas gotas de gasolina etílica. No lo juzguen con severidad: tenía que conseguir algunos ingresos para tanta familia, máxime si las cosas se ponían difíciles. Según Groucho, su padre, que oficiaba como sastre, no acertaba nunca con las medidas, por lo que sus clientes nunca repetían y los ingresos escaseaban. Así que todo eran líos. La madre de los Marx odiaba cocinar, de forma que tenía que hacerlo el sastre, situación que Chico aprovechaba para birlarle todo lo que podía, además de dedicarse a dejar en prenda los objetos familiares en una tienda de empeños de la Tercera Avenida para conseguir algún dinero para sus gastos. A veces, en esa tienda, Chico empeñaba incluso los trajes que le habían encargado a su padre. Pe ro, poco a poco, fueron prosperando, hasta el punto de que, años después, los hermanos Marx consiguieron una mala reputación como cantantes y como actores. No hay que extrañarse mucho: era así con todos los cómicos, a quienes, en ocasiones, insultaban o eran agredidos por cometer pequeñas faltas, como robar objetos en los hoteles, o por hacer como aquel actor, que fue sorprendido mientras trataba de huir con un enano que formaba parte de otro número de la compañía.

Esos eran los Marx que crecieron en el Upper East Side de Nueva York. A mí, que siempre me han llamado la atención las coincidencias extrañas (ya saben: manías), me resulta difícil evitar relacionar a los hermanos Marx con la industria textil y con la contestación al capitalismo. Me explicaré. Marx, el viejo Marx de El Manifiesto comunista, colabora ahora mismo, si me permiten, con Groucho Marx, jugando, enredando en Manhattan: después de todo, Groucho cuenta en sus memorias que su padre, después de emigrar desde Nueva York a Chicago, puso un negocio para planchar pantalones –negocio que resultó, también, ruinoso– con un amigo faquín que se llamaba Alexander Jefferson. De esa forma, el cartel que colgaba en la calle anunciando el negocio de plancha-pantalones automático llevaba el nombre de “Marx y Jefferson”. Parece contradictorio, ¿verdad? No lo es: es una ironía, puesto que toda la familia estaba al cabo de la calle de que Marx prevalecería sobre Jefferson. Más coincidencias textiles: Sidney Bechet, a quien Eric Hobsbawm bautizó como “el Caruso del jazz”, puso una tienda de arreglo de prendas de vestir en el Harlem de 1933, negocio que también fracasó. (Reparen ustedes, de paso, en las relaciones de los artistas de jazz con los comunistas). Y el padre de Arthur Miller, un judío polaco que había emigrado a los Estados Unidos, y que con siete años había llegado, él solo, desde Polonia hasta Nueva York, también puso un negocio textil. Por no hablar de Marx y Engels, o de la cadena de almacenes de Marks y Spencer, un intento de escapar a la maldición. Marx y Jefferson. En fin. Ya ven que todo son tiendas de ropas. Hasta para Marx y Engels, envueltos en la revolución industrial del textil: ya se sabe que el bueno de Engels tuvo que preocuparse por sus negocios familiares en Manchester, y que todos los sindicatos obreros nacieron en las fábricas textiles. Y tampoco puedo dejar de pensar en los chinos que ponían lavanderías en esos años y en un secreto hilo que los une a todos. Pero no divaguemos: ya les tengo dicho a ustedes que hay que analizar siempre las cosas con detalle.


En una ocasión fui hasta la calle 93 de Nueva York. Buscaba el 179 East. Allí vivieron los hermanos Marx, cuando eran niños. Mientras recorría el tramo de calle, imaginaba a la madre, desesperada con sus cinco hijos, con todos aquellos pequeños diablos recorriendo las calles del Upper East Side, aterrorizando a los vecinos y a los comerciantes.  En principio, lo hicieron hasta los trece  años, porque, a esa edad, los niños de familias judías celebraban su Bar Mitzvah y se convertían en hombres. Es un decir, porque los Marx seguían con sus travesuras. Esa parte de Nueva York, que en la época de los hermanos Marx agrupaba a un vecindario modesto, está habitada ahora por muchos ricos, como el alcalde Michael Bloomberg, un multimillonario populista que se desplaza en metro para impresionar a la plebe, aunque toda la ciudad sabe que Bloomberg vive en ese exclusivo Upper East Side, convertido hoy en un barrio de millonarios. Aquí está ahora el Museo Guggenheim, y el Jewish Museum (sus conservadores asegura n que cuenta con la mayor colección de arte judío del mundo), a unas cuadras de la casa donde vivieron los Marx.

Ahora, en ese número de la calle 93, hay un apartamento en alquiler. Es una casa marrón, con la escalera metálica de incendios que baja desde el tercer piso. Tiene tres plantas, no más. Y una entrada de cuatro escalones que ocupa parte de la acera. Cuatro ventanas dan a la calle. Es un edificio modesto, pese al barrio, y no se ve especial actividad en el vecindario. En la acera hay unos arbolitos, y los alcorques están rodeados de unas pequeñas rejas, para impedir que los perros entren en ellos: ya saben ustedes que esos animales defecan en cualquier parte, y que no es lo mismo una mierda de perro en medio de la calle que en el alcorque. En nuestros días, en ese barrio de ricos del Upper East Side, muchas viejas adineradas salen a pasear con su mierda de perro, después de llevarlo a la peluquería para que le rasuren las patas y parte del cuerpo. En fin. Al otro lado de la casa de los Marx hay otro edificio semejante, en el número 177. También, de pobres: son los restos de otra época. Unos obreros latinoamericanos trabajan en la calle, haciendo hormigón. El sol, que hace sombras en las fachadas, proyecta en ellas las escaleras metálicas de incendios. La calle, muy tranquila, dibuja una pendiente desde la Tercera Avenida, y sube hasta Lexington. Toda la 93 tiene esas escaleras, más o menos grandes, que arrancan desde la acera, según los edificios. A veces, debajo de la escalera hay una reja, con un espacio cerrado.

Miré los buzones de la casa de los Marx, a riesgo de que algún vecino llamase a los gendarmes: ya saben ustedes que la policía neoyorquina no destaca precisamente por su amabilidad. Vi el nombre de un chino, un alemán, un judío (Boschenstein, ya empezamos), un ruso (Belanoff), otro alemán (Wittenberg, la iglesia del castillo, por favor), un francés, y dos o tres apellidos más, todos anglosajones. Justo delante de la entrada, a dos metros, hay una enorme boca de riego, que sobresale casi ochenta centímetros. Reparé en que, sin duda, aquí jugarían los hermanos Marx. No quiero ni pensar en las trastadas que harían. Groucho, Chico, Harpo, Gummo, Zeppo; la madre, Minnie Schoenberg, una alemana cuya familia también se dedicaba a la farándula, y Samuel Marx, el alsaciano, todos hablando en una lengua extraña, gritando, riéndose, o saltando por las escaleras de atrás, mientras los padres intentaban no tirarse por la ventana. Groucho solía decir (al menos, lo recuerdan sus biógrafos) que en su casa hablaban alemán, hasta que apareció Hitler. Vaya broma: el padre de los Marx murió en 1933, el año de la llegada del pintor de brocha gorda al poder.

Desde luego, su infancia no fue muy agradable. Groucho no acabó ni los estudios primarios. Esos años finales del siglo XIX y principios del XX, escenario de la niñez de los Marx, son los de la más feroz explotación obrera, acompañada, entre otras cosas, de la prohibición de contratar trabajadores chinos, por ejemplo, para limitar la inmigración, y los de la constitución del partido socialista americano, que, con Eugene Victor Debs, consiguió una relativa influencia, aunque los mecanismos del sistema capitalista limitaron con rapidez el crecimiento de las organizaciones obreras, a través, entre otras muchas canalladas, del sistema de los open shop, o talleres abiertos, que prohibía las organizaciones sindicales en las empresas y también que los trabajadores estuviesen afiliados a un sindicato. Los burgueses norteamericanos llegaron tan lejos que hablaban, con desparpajo, de “la tiranía de los sindicatos sobre los trabajadores inocentes” y los periódicos se escandalizaban de los “abusos sindicales”. Era un sarcasmo, pero lo decían en serio, de manera que ese humor negro que mostrarían los Marx estaba plenamente justificado. Los Estados Unidos en los que crecieron los Marx eran un país donde, si los sindicatos organizaban huelgas o preparaban piquetes, eran acusados de ¡“violación de los derechos individuales de los empresarios”! ¿Qué les parece? Después, las cosas no mejoraron mucho: al asesinato de Sacco y Vanzetti, a la represión política, a las listas negras, se añadieron las campañas antisemitas de Henry Ford o la guerra declarada a los sindicatos por los grandes industriales, con el propio Ford como abanderado.

En los años de la Depresión, cuando la gente huía del hambre y de la realidad, refugiándose en un cine, como esos fantasmagóricos espectadores de Hooper, Groucho era ya un cuarentón, que observaba cómo repartían algunos alimentos los voluntarios del Ejército de Salvación, mientras la gente recorría América en busca de pan, yéndose a cualquier parte en un carro, tirado a veces por los propios emigrantes. Era un tiempo extraño, que Groucho explicó en un capítulo de sus memorias: “De cómo fui protagonista de las locuras de 1929”. En él, da cuenta de la locura del capitalismo especulativo, que también conocía a la perfección. Les he hecho a ustedes un resumen un poco largo, porque merece la pena:

“Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asunto llamado mercado de valores. […] No tenía asesor financiero.

¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediata mente a subir. Nunca obtuve beneficios. […] El mercado siguió subiendo y subiendo. […] Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar.”

 Un día, Groucho, habló con un agente de bolsa:

“– No sé gran cosa sobre

Wall Street, […] pero ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan subiendo? ¿No debiera haber una relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de las acciones?”

El amable especulador le soltó:

“–Señor Marx, tiene mucho que aprender acerca del mercado de valores, […] éste ha dejado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane. […]

”–¿Cree que es una buena compra?

”–No hay otra mejor –me contestó–. Si hay algo que todos hemos de usar, son las tuberías. […]

”–Eso es ridículo –dije–. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan tuberías. […]

”De vez en cuando, algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores  y recordando que todo lo que sube debe luego bajar. Pe ro casi nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela. Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia: […] ‘Cuando el mercado de valores se con vierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse’. […]

”Un día concreto, el mercado empezó a vacilar, […] así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. […] Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa […que] empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. […] Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y se desplomó. Eso de la toalla es una frase adecuada, porque para entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares. (O ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). […]

”Entre toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una forma tan sucinta como mi amigo el señor Gordon: ‘Marx, la broma ha terminado’. En aquellas cinco palabras lo dijo todo. Desde luego, la

broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue por el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía.”

Eso era capitalismo, y Groucho lo sabía bien: las crisis cíclicas se convertían en gigantescas operaciones de incautación de los recursos populares, que acababan en los bolsillos de los capitalistas. Los mismos capitalistas que alarmaban al país con los supuestos horrores que producirían las colectivizaciones comunistas, no tenían el menor rubor en incautar los recursos de los pobres. De una forma limpia, eso sí. Así que, pese a las promesas capitalistas, la vida en América siguió siendo dura, aunque la vida personal de los Marx fue mejorando gracias a su ingenio y a su éxito en el cinematógrafo. Groucho no olvidó nunca la dureza de sus primeros años como actor, cuando era obligado a realizar ¡cinco representaciones diarias! en teatros de mala muerte; ni las sórdidas pensiones donde vivían como actores: “llevaba diez años en el mundo teatral, cuando tuve la primera habitación con baño”, escribió. Muchas de sus ocurrencias, de sus chistes, no eran bien vistas por los celadores del orden social. De hecho, los hermanos Marx tuvieron muchos contratiempos con la censura, y fueron investigados por la policía (por el duro FBI, que se infiltraba sistemáticamente en las organizaciones de izquierda, sobre todo en el Partido Comunista, y que tantas vidas arruinó en los años del mccarthysmo). El biógrafo Louvish rescata para nosotros un viaje artístico que realizó Harpo a la Unión Soviética, pecado imperdonable para los buenos patriotas americanos. ¡Harpo en el país de los soviets!

Los Marx eran inimitables. Chico se complicaba la vida: era un jugador; y Harpo se convirtió en mudo después de lanzar una maldición a  un empresario  teatral que los había engañado: le deseó que ardiera su teatro y, a la mañana siguiente, ¡el edificio era una ruina humeante! Groucho solía decir que, desde ese día, no dejaron hablar nunca más a Harpo. Desde luego, la historia puede ser una broma más, urdida por él o por cualquiera de los escritores y guionistas que colaboraron con ellos, que también tenían que sobrevivir en un mundo de lobos y de mangantes. Groucho, que conocía esos ambientes a la perfección, escribió: “La mayor parte de la cháchara que emana de banqueros, políticos, actores, industriales y otros que cazan dinero, está escrita por pobres diablos desnutridos que mantienen juntos cuerpo y alma emborronando cuartillas con baratijas para mayor gloria de tipejos pretenciosos. Nos guste o no, ésta es la época en que vivimos.” El biógrafo Kanfer nos habla también de los problemas matrimoniales de Groucho, de su difícil vida personal, de la decadencia que se inicia poco antes de la Segunda Guerra Mundial, y de su nuevo éxito, a mediados del siglo XX, gracias a la naciente televisión con el programa You Bet Your Life (Apueste su vida), que hizo que Groucho fuera uno de los rostros más conocidos del país.

Su celebridad fue creciendo y la gente de la calle les adjudicó muchos diálogos que nunca se produjeron, pero eso no tenía ninguna importancia. “Perdonen que no me levante”, la frase que, supuestamente, aparece en la lápida de la tumba de Groucho, es falsa: de hecho, su última morada ni siquiera es una tumba convencional: es un nicho minúsculo, donde, en realidad, sólo aparece su nombre, Groucho Marx, los días de nacimiento y muerte y, entre las dos fechas, una estrella de David. Está en el Eden Memorial Park, de Los Ángeles, un sitio poco recomendable para reír. Pero los hermanos Marx se reían de todo, hasta de lo más sagrado, y reírse de lo más sagrado en los Estados Unidos equivale a ser considerado alguien sospechoso. Los hermanos Marx eran sospechosos. El humor disparatado y absurdo de los Marx reflejaba la sord i d ez del capitalismo norteamericano, ese sistema tan peculiar donde, como nos cuenta Groucho, un productor de cine podía acusar a alguien de ser comunista ¡por votar a un candidato demócrata! La familia, los modales de la buena sociedad, el matrimonio, los empresarios, todo sucumbía ante la mordacidad de los Marx. No resisto recordarles un diálogo de Groucho con Margaret Dumont, la dama a quien cortejaba en sus películas y que hizo siete films con ellos:

“Margaret Dumont: –Dime Wolfie, cariño, ¿tendremos una casa maravillosa?

 Groucho: –Por supuesto, ¿no estarás pensando en mu darte, verdad?

Margaret Dumont: –No, pero temo que cuando llevemos un tiempo casados, una hermosa joven aparezca en tu vida y te olvides de mí.

Groucho: –No seas tonta, te escribiré dos veces por semana.”

Esos eran los Marx. El finado Cabrera Infante, que hacía juegos de palabras con la muerte de Marx y del comunismo y con la persistencia de Groucho y sus hermanos, como si perteneciesen a mundos separados, se removería en su asiento si leyese que, en realidad, Groucho y Karl forman parte de la misma familia, y que el comunismo sigue organizando movimientos populares y coreografías seminales, fecundas: no olviden que, según acabo de leer, los comunistas han ganado las elecciones en Bengala, uno de los Estados más poblados de la India, y en Kerala, otro Estado: y por mayoría absoluta. Lo que hay que leer, diría Cabrera. Tal vez por eso, porque Groucho y Karl forman parte de la misma familia, hace ahora diez años el escritor norteamericano Howard Zinn estrenaba en Nueva York su monólogo Marx en el Soho, obra que sigue representándose por el mundo. El Marx de Zinn es el viejo Marx, el del Manifiesto comunista, y, aunque el autor afirma que los norteamericanos conocen más a Groucho que a Karl, lo cierto es que toda la familia sigue dando guerra. Para Zinn, Karl Marx no está muerto, y sospecho que Groucho, tampoco. Sobre Marx en el Soho, Zinn afirmaba que: “La obra es una combinación de humor y experiencias, humanas y familiares, y uno hasta puede reírse de Marx. Es lo que pasa cuando Jenny se burla de él y su hija Eleonor hace lo mismo. Creo que eso resulta más atractivo para el público. Marx no aparece en el escenario como alguien que lo sabe todo.” Ya lo ven, otra vez juntas las dos ramas de los Marx. Y no está mal que eso pase en los Estados Unidos: después de todo, Karl Marx consideraba que el primer partido formado por trabajadores se había creado en la Filadelfia de 1828.

Así que los Marx, Groucho por un lado, Karl por otro, a quien muchos querrían ver pudriéndose en sus tumbas, siguen hablándonos de los viejos tiempos, conspirando en Manhattan, haciéndole, por ejemplo, un corte de mangas a Harry Truman por Hiroshima y Nagasaki, o burlándose del incapaz Bush de nuestros días; y siguen siendo capaces de soltarles a los plutócratas norteamericanos, con Groucho, que “partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de miseria”. Groucho se burlaba del orden capitalista, y se revelaba como un perfecto conocedor de la hipocresía del sistema: “La mentira se ha convertido en una de las más importantes industrias de Norteamérica”, escribió en sus memorias. Seguro que el viejo Marx de El Manifiesto comunista vería con agrado las ocurrencias de Groucho. En fin, recuerden ustedes el diálogo de Groucho Marx en The Cocoanuts, una obra que se estrenó en los Estados Unidos de 1929 (vaya año). Es un diálogo entre un patrón (interpretado por Groucho) y sus empleados, que recuerda el discurso de los medios de comunicación de masas en nuestros días, con su capacidad para retorcer la realidad, para añadir confusión, para mantener a los ciudadanos prisioneros de un discurso falsario que utiliza la aspiración a la libertad y la esperanza en el futuro, ocultando la actuación real del capitalismo. Juzguen si el diálogo no retrata a la perfección al capitalista tramposo y embaucador (y disculpen el pleonasmo):

“Botones: –¡Queremos nuestros salarios!

” Hammer (Groucho Marx): –¿Queréis vuestro dinero? ”Botones: –Queremos que nos paguen.

”Hammer: –Oh, queréis mi dinero. ¿Es eso justo? ¿Es que quiero yo vuestro dinero? ”Imaginad que los soldados de George Washington le hubieran pedido dinero. ¿Dónde estaría hoy este país?

”Varios botones: –¡Queremos nuestro dinero!

”Hammer: –Bueno, os haré una promesa. Si os quedáis conmigo y trabajáis duro, olvidaremos lo del dinero. Convertiremos este lugar en un hotel. Pondremos ascensores y metros. Pondré tres mantas en todas vuestras habitaciones sin cargo adicional. Pensad en las oportunidades que hay aquí, en Florida. Yo llegué con un cordón de zapato y ahora tengo tres pares de zapatos abotonados.

”Botones: –Queremos nuestros salarios.

”Hammer: –¿Salarios? ¿Queréis ser esclavos asalariados? Contestadme a eso.

”Botones: –No.

”Hammer: –Bueno, pues ¿qué es lo que convierte a los esclavos en esclavos asalariados? Los sueldos. Yo quiero que seáis libres, que os sacudáis vuestras cadenas (…) Recordad que no hay nada como la libertad. No hay nada igual en este país. Sed libres. Ahora y para siempre, uno e indivisible, uno para todos y todos para mí y yo para vosotros y té para dos. Recordad que sólo me interesan mis intereses y os prometo que es sólo cuestión de años que una mujer cruce a nado el Canal de la Mancha. Muchas gracias.”

Texto publicado originalmente en el nº 222-223 de la revista El Viejo Topo, julio-agosto de 2006.

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