martes, 10 de mayo de 2022

Desde el Donbass, contra la guerra y contra la paz

 

Desde el Donbass, contra la guerra y contra la paz


 Oleg Yasinsky

Sociología crítica

09.05.2022

 

Un artículo de Oleg Yasinsky


Pueblo de Trejizbionka ayuda humanitaria del ejercito ruso (Imagen de Oleg Yasinsky) 


Un viajero que cruce las inmensas estepas del suroriente europeo de lo que antes era la URSS, no diferenciaría su parte rusa de la parte ucraniana, ni por el paisaje natural ni por el humano. El nombre de estas tierras, Donbass, es la abreviación de la “Cuenca del Donets”, por el río que la atraviesa, y representa un territorio minero y obrero, la zona de los enormes yacimientos de carbón y el histórico centro de la industria metalúrgica, cuando la todavía soviética Ucrania, era el principal productor de acero de Europa.

 

Si profundizamos algo en la historia, veremos en estos lugares las huellas de las caballerías de la guerra civil entre los rojos y los blancos hace poco más de un siglo, y retrocediendo un poco más, escucharemos los gritos y cantos de los cosacos que cumpliendo la voluntad de la zarina Catalina la Grande, a cambio de su promesa de libertad y autonomía, se movían desde la república rebelde de Zaporozhskaya Sech (ahora Ucrania) hacia el norte del Cáucaso para hacerse cargo de la defensa de la frontera austral del imperio ruso. Justo aquí se formó la división geográfica dentro de la cultura cosaca, un ejemplo más de la enorme cercanía entre dos pueblos vecinos, aunque los del lado ucraniano se llaman “cosacos” y los del lado ruso “casacos”, los unen las mismas palabras, las mismas canciones y los mismos recuerdos.

 

El pasado más reciente del Donbass, el de la Segunda guerra Mundial que para nosotros siempre será la Gran Guerra Patria, está asociado con la historia de la “Joven Guardia”, una organización clandestina de las juventudes comunistas que resistieron la ocupación nazi y al final de la guerra fueron delatados, detenidos y, después de brutales torturas, fusilados.

 

Es una tierra infinita, apacible, de múltiples colores y temperaturas, abierta a los vientos, que parece atraer por su riqueza y su ubicación, y es apetecible para todos.

 

Ahora la palabra Donbass se repite en los medios, tratándose esta vez del nombre del epicentro de una guerra en el corazón de Europa. La parte principal de la Cuenca del Donets ha pertenecido a Ucrania. Sin embargo, casi toda su población ha sido de familias rusas o de la zona donde los ucranianos siempre han hablado ruso y culturalmente poco tienen que ver con las regiones occidentales del país. Cuando Ucrania era un país bilingüe y pacífico, cuando era una de las repúblicas soviéticas y hasta las primeras décadas de su independencia, nadie aquí estuvo preocupado por revisar los mapas ni las fronteras históricas. En el medio de una enorme diversidad cultural, lingüística y religiosa dentro de las repúblicas de la ex URSS, todos entendíamos que las cosas que nos unían eran muchas más y que en el mundo no existían pueblos más cercanos que el ruso y el ucraniano, que varios consideraban partes inseparables del mismo pueblo. La región del Donbass era la última frontera y el punto de la confluencia entre los dos.

Todo cambió en febrero del 2014. El golpe de estado en la capital ucraniana Kiev, mundialmente publicitado como la “Revolución del Maidán”, llevó al poder las fuerzas de la ultraderecha nacionalista. El proyecto de las nuevas autoridades consistía en imponer a toda costa y a todos, su única agenda antirrusa, pro-occidental y extremadamente anticomunista, y a todos los que no estuvieran de acuerdo se les declaraba traidores, separatistas o agentes de Putin. Ante la desobediencia de la población de Donbass a las órdenes del nuevo gobierno de Kiev y el masivo desconocimiento de su legitimidad, sucedió una verdadera rebelión civil (una especie de “antimaidan”). El gobierno nacionalista de Kiev, el 14 de abril de 2014, empezó la “Operación Antiterrorista” atacando con todo su poderío militar a los territorios rebeldes. La gente del Donbass, como pudo, con y sin la ayuda militar y logística rusa, resistió. Se proclamaron dos repúblicas populares independientes: la de Donetsk y la de Lugansk, por el nombre de sus capitales municipales. Hasta el 22 de febrero de 2022, Rusia no reconocía la independencia de estas repúblicas, dando la oportunidad al gobierno ucraniano de integrarlas al país, cumpliendo los Acuerdos de Minsk, firmados por Ucrania en 2014, donde estaba previsto el esquema de solución al conflicto armado sin perder estos territorios. Se planeaba la posibilidad de una autonomía cultural, devolviéndole al ruso la categoría del idioma del estado en esta región, donde es nativo para todos: rusos, ucranianos, judíos y decenas de otras nacionalidades.

 

Durante casi 8 años de guerra en el Donbass, que tuvo sus fases calientes y frías, varios organismos de derechos humanos permanecieron sordos y ciegos ante cientos de denuncias de las repúblicas rebeldes sobre los asesinatos y torturas de miles de civiles por parte del ejército ucraniano. Y mucho más que el ejército regular, los sembradores de terror fueron los batallones paramilitares de la ultraderecha ucraniana: “Azov”, “Aydar”, “Dnepr” y otros.

 

Del paramilitarismo callejero de los tiempos revueltos del Maidan, ellos llegaron a ser parte del ministerio de defensa de Ucrania y se convirtieron en los principales grupos de choque de las fuerzas armadas ucranianas en Donbass. En los territorios bajo control ucraniano crearon verdaderos campos de concentración y centros de tortura para los rebeldes presos y civiles sospechosos de simpatizar con Rusia.

 

Cuando los combates en el Donbass terminaron con los acuerdos de Minsk, jamás cumplidos por Ucrania, las partes beligerantes llegaron a una línea de división armada en la región de Donetsk y de Lugansk. Aunque las capitales regionales y sus alrededores quedaron bajo dominio rebelde, casi 2/3 del territorio del Donbass ucraniano quedó controlado por el gobierno de Kiev y las fuerzas militares, apoyadas por los batallones de ultraderecha, que se instalaron allí como un ejército de ocupación.

 

En casi 8 años las repúblicas independientes, a pesar de todo el apoyo de Rusia, que el gobierno ucraniano siempre presentó como una invasión y una injerencia en sus asuntos internos, no fueron reconocidas políticamente por ningún país del mundo; muchos de sus habitantes optaron por salir a Ucrania y a Rusia y los que se quedaron obtuvieron pasaportes que no tenían validez en el exterior, mientras la situación económica de la región seguía deteriorándose. En los últimos años, antes del reconocimiento de las repúblicas el 22 de febrero, el gobierno ruso facilitó los trámites para entregar la nacionalidad rusa a todos los habitantes del Donbass interesados, despertando una reacción furiosa de Kiev. En Ucrania todavía quedaban las esperanzas de reintegrar estos territorios, ya que al gobierno de Kiev sólo le faltaba empezar a cumplir los acuerdos de Minsk. Mientras tanto, la OTAN aprovisionaba a Ucrania con las armas más modernas y sus instructores entrenaban al ejército y a los paramilitares para matar, y todos los medios, las 24 horas, sembraban el odio hacia Rusia.

A mediados de febrero de este año la situación del Donbass cambió. La artillería ucraniana abrió fuego intenso contra el territorio rebelde causando decenas de muertos civiles. Se declaró la evacuación de los niños hacia Rusia. Putin reconoció la independencia de las repúblicas, poniendo fin a la larga espera por el cumplimiento de los acuerdos de Minsk, y el parlamento ruso aprobó el uso de las tropas en el extranjero. Los gobiernos de las repúblicas rebeldes exigieron el inmediato retiro de las tropas ucranianas de todo el territorio del Donbass. Frente a la previsible negativa ucraniana, la noche del 24 de febrero las fuerzas rusas y de Donetsk y Lugansk  atacaron las instalaciones militares en todo el territorio de Ucrania y las fuerzas terrestres entraron a lo largo de casi toda la frontera.

 

De inmediato los medios de todo el mundo armaron una campaña antirrusa sin precedentes. Ojalá todas las guerras de las últimas décadas hubieran tenido una décima parte del fervor pacifista de esta. Es la primera operación militar iniciada, no por las potencias occidentales, sino contra su más fiel súbdito en Europa. Es legítimo estar contra la guerra, pero habría que ser muy ingenuo para creer que los EE.UU., Inglaterra y sus aliados, aplicando todo tipo de sanciones contra Rusia, mostrándole al mundo su versión de la tragedia, realmente buscasen defender alguno de los valores que sistemáticamente han pisoteado durante toda su historia. Hay una campaña mediática preparada con mucho cálculo y antelación, y más que el pacifismo, su fin es deshumanizar a Rusia y todo lo ruso, preparando el terreno en el subconsciente colectivo mundial para acabar con este país, considerándolo como fuente de todos los problemas para “el mundo civilizado”.

 

La magia negra de la guerra cambia los colores y las percepciones de la realidad. Con los primeros misiles rusos caídos en Ucrania, su presidente – un estafador, delincuente, payaso y cómplice de los nazis – se convirtió en un héroe nacional. Volodymyr Zelensky por fin hace lo único que sabe hacer bien: actuar. El control de los medios, multiplicado por el miedo y la ignorancia hace olvidarlo todo. Y “el mundo civilizado”, como nunca, “solidario y pacifista”, se “solidariza” con Ucrania enviándole toneladas de armas y municiones, incentivando más muertes y satanizando a Chéjov, Chaikovski, Gagarin y a otros “votantes” de Putin.

 

Desde la guerra en Yugoslavia sabemos que los “misiles inteligentes” nunca son tan inteligentes, y sí, han muerto muchos niños y civiles y hasta los militares ucranianos engañados también son víctimas y eso es terrible y se entiende lo que se siente. Pero, quizás, la peor mentira de los medios del mundo es insistir en que la “agresión rusa no es provocada”. Esta guerra la estaban buscando, provocando y llamando cada minuto desde el triunfo del golpe de Maidan. No fue Zelensky y sus guardias paramilitares, fueron los dueños de su poder, los que en sus círculos íntimos, quitándose las máscaras de pacifistas, se felicitan por el cumplimiento con su gran sueño: los eslavos matándose, porque para satisfacer sus apetitos deben desocupar estos enormes territorios con sus inmensas riquezas para poder llegar a la frontera norte de China. Una gran fiesta fuera de las cámaras y sus lágrimas de cocodrilo.

 

Para ellos, los ucranianos  son iguales a los rusos, solo una subespecie más domesticable. Tal vez hablando de las víctimas civiles de Ucrania sería justo mejor hablar de una vez por todas de los miles de muertos en esta guerra y cientos de miles de muertos por el desastre social planificado y organizado por este gobierno que ahora tanto miente sobre la independencia y soberanía. La sistemática destrucción del sistema de salud ucraniano es solo uno de los ejemplos del genocidio económico contra los jubilados, enfermos y otros sectores “no productivos” bajo las órdenes del FMI.

 

¿Cuántas personas están muriendo por día? ¿A cuántos miles de kilómetros de Kiev se tomaron estas decisiones para imponerlas a la administración del botín de guerra llamado Ucrania? Un galardón que hoy levanta las banderas de patriotismo y clama por “la defensa de su independencia” frente a un “ataque no provocado”.

 

Desde hace tiempo la manera más simple y precisa para explicar en Latinoamérica las realidades de Ucrania es hablar de una Colombia en el corazón de Europa. Un hermoso y riquísimo país, con una ubicación estratégica inmejorable, convertido por sus élites vendidas en una república bananera de los EE.UU., con una democracia formal que se basa en el estricto control de los medios, la desarticulación de las obligaciones sociales del estado, la destrucción de la memoria, una imposición de una historia falsa, y con grupos paramilitares al servicio del poder para amedrentar y acallar las pocas voces disonantes. Rusia – el país más cercano y más inseparable cultural, humana, económica e históricamente de Ucrania – fue declarado el principal enemigo de su pueblo.

 

Es sabido que nuestras ideas y convicciones se basan más que nada en nuestras emociones. Las emociones son una reacción de nuestra conciencia a las señales que nos llegan de nuestros sentidos. Aproximadamente un 90% de la información del mundo la recibimos por nuestros ojos. La dictadura mediática de hoy es prácticamente ilimitada. En las actuales guerras informativas una mentira directa es una herramienta del pasado. Es mucho más eficiente una correcta distribución y dosificación de las verdades. Cualquiera que haya tenido la experiencia de colocar sus productos en un supermercado sabe que el precio por ponerlos en determinados estantes, donde son mejor vistos, puede ser varias veces más alto, pero económicamente siempre se compensa. En las estanterías de los medios de hoy, existe prácticamente de todo, pero para la información más valiosa siempre tenemos que ir a los polvorientos estantes de atrás o detrás de las cortinas de la publicidad ajena, mientras toda la comida chatarra siempre está a la vista de todos y con rebajas. La demanda de estas verdades importantes suele ser bastante baja, ya que supone otro nivel de atención y educación general del ciudadano-cliente, cosas que en todas partes nos enseñan a desaprender. Es nuestra civilizada cultura occidental basada en drogas, fármacos y alcohol, que construye esta percepción de la realidad como un cómic o un tema de música pop, donde el sistema cultiva y reproduce sus carnes de cañón de la más alta calidad, llenas de patriotismo, orgullos nacionales y las respectivas banderitas auspiciadas y repartidas por las corporaciones y los oligarcas.

 

La gente en el Donbass es diferente. El mejor logro de la gran civilización soviética fue la humanidad de los seres que la vivieron. Es gente sencilla, verdadera, cercana, que no aparenta, que sabe mirar a los ojos, que no habla mucho y no pretende ser lo que no es. Solo en dos lugares sentí estar entre las personas así: en Siberia y en el Donbass. En el discurso nacionalista ucraniano a los habitantes del Donbass se les llama despectivamente “los vatnik”. “Vata” es algodón en ruso y en ucraniano, y “vatnik” es un abrigo de algodón, típica ropa sencilla y tosca de los obreros soviéticos. Desde el clasismo y el arribismo de la “clase media” de Kiev que apoyó al nacionalismo, “la ordinariez soviética” del Donbass era un equivalente del atraso e impedía al país avanzar hacia “la civilización europea”. También les llaman “los separatistas” o “los separ”. Es curioso que los que realmente dividieron y destrozaron a Ucrania, haciéndola invivible para la gran diversidad cultural que siempre representaba la región, acusan de separatistas a los que se rebelaron contra ello.

Fue extraño ver a mi país como sacado de las crónicas de la Segunda Guerra Mundial, pero a color. Los infinitos campos sin sembrar, manchados con cráteres de las minas y proyectiles de tanques. Decenas de kilómetros de franjas de árboles a lo largo de los caminos, con las ramas, la corteza y los troncos destrozados por metralla y choques de las máquinas pesadas. Los tanques, camiones y buses quemados entre los retenes militares y los viejos letreros indicando las distancias a diferentes puntos de los tiempos de paz, todavía en ucraniano.

 

El 14 de marzo de este año, a las 11:31, el centro de Donetsk se estremeció de una explosión. Fue un misil ucraniano “Punto U”, derribado por las defensas antiaéreas de la República. Estos misiles son para destruir maquinaria pesada, que no existe en el centro de Donetsk. Según su trayectoria calculada, el “Punto U” se dirigía hacia un centro comercial, a esa hora lleno de  gente. Los restos del misil cayeron al lado del edificio del gobierno, cerca de un banco, donde una cola de personas esperaba su turno para el cajero. Murieron 21 y más de 30 quedaron heridos, entre ellos varios niños. Por suerte una plazoleta de juegos infantiles al lado estaba en ese momento vacía. Es el misil número 15 que se derriba sobre Donetsk. “Punto U” es un arma de racimo. Cada misil contiene 50 dispositivos, y dentro de cada uno hay unos 316 fragmentos de metralla que se dispersan en un radio de hasta 400 metros. En este caso, felizmente (si esa es la palabra) se abrió solo un dispositivo de estos 50. Las autoridades de Kiev aseguraron que el misil fue disparado desde Rusia a modo de provocación contra Ucrania. Para los grandes noticieros del mundo, la noticia pasó prácticamente desapercibida.

 

En la escuela número 50 de Gorlovka, una pequeña ciudad en las cercanías de Donetsk, uno de los tristes símbolos de esta guerra que aquí empezó en el 2014,  hace un poco más de un mes cayó un proyectil en pleno día laboral, dejando muertas a dos profesoras que estaban en planificación de clases. Al lado de las víctimas, un texto de una crónica en ucraniano, recordando la importancia de la luz de la sabiduría de los libros.

 

Entre Donetsk y Mariupol, la importante urbe en la costa del mar de Azov, donde ahora siguen los combates más duros de esta guerra, se encuentra -o, más bien, se encontraba- Volnovaja. En el 2014 su población era de 23.164 habitantes.

 

La versión oficial ucraniana, que se puede encontrar en Wikipedia en español, cuenta que los combates por Volnovaja se iniciaron el 25 de febrero y terminaron el 12 de marzo de 2022 y que se dieron entre las Fuerzas Armadas de Ucrania, las Fuerzas Armadas de Rusia y las “Separatistas de Donbass” (¡cuyo nombre oficial es Ejército de la República Popular de Donbass!). Wikipedia nos cuenta: “Durante los primeros días de la invasión rusa de Ucrania de 2022, las fuerzas rusas participaron en bombardeos indiscriminados de Volnovaja y Shchastia, bombardeando áreas civiles. El bombardeo terrorista de las ciudades violó el derecho internacional y se hizo eco de las tácticas que Rusia había utilizado previamente contra objetivos civiles en Siria. Se informó que Volnovaja estaba al borde de la crisis humanitaria el 28 de febrero, y casi destruida el 1 de marzo, con alrededor del 90% de sus edificios dañados o destruidos. A los residentes sobrevivientes se les cortó la comida, el agua y la electricidad. Después del asalto, los cuerpos yacían sin recoger en las calles.”

 

Wikipedia miente. Estuvimos en Volnovaja pocos días después de la tragedia. No sé si fueron destruidos 90%, o unos o 85%, como aseguran otras fuentes, pero la ciudad ya no existe. Estuvimos con decenas de los sobrevivientes y lo que nos cuentan TODOS, es que fue el ejército ucraniano quien destruyó Volnovaja. Retirándose de la ciudad bajo presión de los rusos, ponían tanques frente a cada edificio y disparaban. Destruyeron la clínica y la escuela, saquearon las casas y las tiendas. La población no podía salir porque los militares ucranianos no dejaban salir a nadie, usando a los civiles como escudo humano. Es la misma táctica que ahora están repitiendo en Mariupol. Por eso TODA la población de Volnovaja, antes dividida sin mayores fanatismos entre prorrusos y pro-ucranianos, ahora recibió al ejercito ruso como sus liberadores. Los militares rusos y de Donetsk reparten agua y comida, mientras la gente de esta ciudad fantasma les pide que no los abandonen.

De Volnovaja a Mariupol son 66 kilómetros. Por razones de tiempo y seguridad no pudimos llegar a Mariupol, pero todo el mundo – los civiles y los militares – no dejaban de hablar de esto, seguramente hasta el día de hoy el mayor drama de esta guerra. Muchos tienen en Mariupol amigos y familiares. Mariupol es una de las principales ciudades del Donbass, con casi medio millón de habitantes, y es un puerto con acceso al Mar de Azov, así que el control sobre esta ciudad es clave. También es el lugar de concentración más grande en el país del grupo paramilitar Azov, que aquí prácticamente controla al ejército ucraniano.

Nadie sabe cuántos son exactamente, pero las cifras oficiales dicen que son unos 700. Nadie lo cree, y se habla que solo en Mariupol pueden ser cerca de 5 000. También se sabe que son claramente fascistas y entre ellos hay varios mercenarios extranjeros, de EE.UU., Europa Occidental, Georgia, Rusia y otras partes. Han tomado como rehenes a toda la población civil, no dejan salir a nadie y disparan a cualquiera que trate de abandonar la ciudad. Decenas de civiles ya durante semanas están en los sótanos, muchos desde hace tiempo sin agua ni comida y debajo de los edificios derrumbados. Las víctimas pueden ser decenas de miles, nadie lo sabe. La ciudad está completamente rodeada por las tropas rusas y las de Donetsk, y siguen los combates callejeros. El ejército ucraniano prácticamente cada día trata de organizar el rescate de sus mandos con helicópteros que son derribados con el fuego ruso. Se rumorea que tratan de evacuar a los instructores militares norteamericanos e ingleses. La prensa mundial sigue mintiendo sobre la barbarie rusa.

 

En la plaza de la capital de la otra república rebelde, la de Lugansk, para el visitante hay varios puntos de interés: uno de ellos es el edificio del gobierno, que el 2 de junio de 2014 fue atacado por dos aviones ucranianos. Por los misiles murieron 8 personas, entre ellos la ministra de cultura, y 28 más resultaron heridos. El representante del gobierno de Kiev dijo entonces que fue una “explosión del aire acondicionado del edificio”. También hay un memorial a los periodistas rusos muertos cerca de Lugansk en 2014, una galería de fotos de los combatientes caídos, defensores de la república, y el monumento al poeta nacional ucraniano Tarás Shevchenko, que parece mirar esta locura desde otros tiempos, casi el único recuerdo de nuestro gran pasado soviético internacionalista en medio del medioevo de hoy.

 

Y también hay una pequeña muestra fotográfica improvisada sobre las atrocidades de los nazis ucranianos en el Donbass. Con el avance de las tropas rusas y las de las repúblicas hacia el territorio que hace poco permanecía bajo el control ucraniano, se van descubriendo nuevos crímenes nazis. Hay expuesto un detallado registro de terribles hallazgos, como restos humanos con huellas de torturas, simbólica fascista y otras cosas que tanta indiferencia y desconfianza generan entre los medios de información del “mundo democrático”. No se trata de justificar o juzgar esta guerra, sino de entender varios de sus porqués, que la prensa occidental simplemente oculta. Es también para entender por qué los habitantes del Donbass piden a los soldados rusos que por favor no se detengan.

Hay que pisar la tierra de Donbass para sentir cosas que no se sienten desde Moscú o desde Kiev. Para ver que lo del fascismo no es ninguna exageración. Y siendo absolutamente contrario a la guerra, una y otra vez hacerse estas jodidas preguntas: ¿La paz realmente sería paz?,¿Es posible la paz con un gobierno que hizo posible todo esto? ¿Realmente hubiera habido otro modo? …

 

Y luego despedir con la mirada a los tanques que siguen avanzando hacia el oeste y tomar un poco de aire del Donbass antes de volver a este otro mundo paralelo dominado por el Goebbels colectivos de los medios.

 

Todas las fotos son de Oleg Yasinsky

 

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“Eficracia”, la nueva marca política de la China de Xi Jinping

 

En la China de Xi Jinping, el PCCh alienta otra vuelta de tuerca a la concepción de la democracia. Para Xi, hoy, la “eficracia” es la expresión de un modelo alternativo de democracia china unido a la eficiencia.


“Eficracia”, la nueva marca política de la China de Xi Jinping

 

Xulio Ríos

El Viejo Topo

10 mayo, 2022 

 


La “cumbre de la democracia” que convocó el presidente de EEUU Joe Biden en diciembre del año pasado, levantó ampollas en China por partida doble. Primero, por su indudable carga ideológica de signo confrontativo, es decir, fue formulada esencialmente para escenificar una partición de aguas en el sistema internacional instituyendo una divisoria entre democracias y no democracias que debería beneficiar su estrategia de prevalencia hegemónica; pero también, en lo filosófico-político, por el creciente rechazo de ese mesianismo que invoca un cierto modelo de democracia como “único” para todos los países del mundo, una contradicción con la propia esencia de la democracia, dicen en Beijing.

Siguiendo esta línea de razonamiento, el modelo liberal de democracia pecaría del mismo dogmatismo que el atribuido al modelo de inspiración marxista. Por el contrario, lo que sugieren los ideólogos del Partido Comunista de China (PCCh) es que cada país debe encontrar su propio camino a partir de una premisa básica: cualquiera que sea el modelo, debe servir “para resolver los problemas de la gente”. Lo que solo es una de las formas posibles de democracia no puede generalizarse hasta el punto de negar la sustancia democrática a otros sistemas en transición que no siguen al dedillo la ruta marcada por los países desarrollados de Occidente. Un asunto siempre polémico.

Así, en la China de Xi Jinping, el PCCh alienta una vuelta de tuerca más a la concepción de la democracia. Su antecesor en el cargo, Hu Jintao (2002-2012), en línea con los pronunciamientos habituales en el denguismo (1978-2012), auscultó el enriquecimiento del concepto a partir de ciertas adjetivaciones (deliberativa, consultiva, incremental…) que presentaban el denominador común de la preocupación por el alargamiento de la base democrática del sistema político. Había un “complejo”: su modelo político necesitaba mejorar y para ello debía explorar un acercamiento a los modelos occidentales. Xi, por el contrario, cambió de carril, postulando –y teorizando- el orgullo por haber logrado vertebrar una alternativa sistémica “superior a la liberal”. Si el afán de Hu era limar asperezas con las concepciones liberales occidentales, Xi ensaya otro rumbo que le retrotrae a la convicción marxista de origen, dice, mejorada.

La base del enfoque de Xi Jinping es la vinculación de la democracia con la eficacia, es decir, la idoneidad del sistema político “para resolver los problemas de la gente” cuya demanda reivindica como el eje central de la política del PCCh. La democracia liberal, con el acento en la representatividad formal, no es eficaz, como tampoco lo fue aquella democracia popular que culminó con el colapso del sistema y fue incapaz de resolver las necesidades básicas y materiales de la población.

La calidad de la democracia, según el criterio auspiciado por el PCCh, debe medirse en función de la capacidad ameritada para responder a los intereses sociales mayoritarios. Y esto se acreditaría, sobre todo, a través de la expresión del nivel de confianza cívica en un gobierno. Y ahí el PCCh saca pecho: en enero último, Edelman Trust publicó su barómetro, señalando que el gobierno chino alcanzó el 91 por ciento en 2021, el más alto del mundo y el más alto de los últimos diez años. La Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, en EEUU, realiza encuestas similares y con resultados idénticos.

La fiabilidad de las encuestas a propósito de China, en cualquier tema, siempre es puesta en entredicho. Al ser de terceros los datos facilitados, esto sugiere una mayor relevancia aunque siempre puedan objetarse dudas. En cualquier caso, la tendencia parece indiscutible.

Acepciones diferentes de la democracia

A diferencia de Occidente, en China, cuando se invoca la valoración de la democracia, que prácticamente no han conocido desde luego ni en las dinastías imperiales ni en lo que vino inmediatamente después, se nos remite al impacto de la gestión política en materia de desarrollo económico o bienestar social y no tanto a la naturaleza del proceso político en sí. En Occidente, por el contrario, al referirnos a la democracia pensamos en el fomento de la participación política activa de los ciudadanos, en elecciones plurales y regulares, en la tolerancia política, en las libertades y la transparencia, en fin, en los tópicos comunes de lo que reconocemos como gobernanza democrática, aunque el desencanto, sobre todo hoy día, prime en cuanto al nivel de satisfacción con dicho proceso. Para una buena parte de la sociedad china, por el contrario, siempre pragmática, la valoración depende no tanto de las formas como de los resultados, es decir, del reconocimiento o no de los avances en la gestión pública y social.

La confianza pública en las autoridades y su correlación con la democracia es un dato que para los dirigentes chinos representa un espaldarazo inequívoco a esa idea de que el proceso en sí no es lo más importante sino la capacidad de proveer resultados en función de la demanda social. Lo que hace que un sistema sea democrático o no, no es solo el proceso formal que conduce a la creación de un determinado gobierno sino su profesionalidad y capacidad en la respuesta a los desafíos y su compromiso con la mayoría social que lo revalida con su confianza. Por tanto, según el PCCh, el criterio preferente es el rendimiento y no los baremos electorales o meramente institucionales, por otra parte, aquejados de reconocidas taras.

Esa búsqueda de la eficacia es el elemento central del Libro Blanco sobre la democracia interpartidaria en China, dado a conocer también en diciembre del pasado año. En él se señala que dicho factor, sumado a la búsqueda institucionalizada del consenso, le confiere una superior calidad al sistema político chino frente a los liberales occidentales. Junto a ello, la meritocracia y la estabilidad compensarían con su buen desarrollo la inexistencia de espacios para plasmar una alternancia sistémica que en la práctica, en los sistemas liberales, tampoco sería tan trascendente atendiendo a las políticas auspiciadas por las principales fuerzas con opciones de gobierno, comprometidas con la defensa de un mismo modelo.

Por tanto, Xi quiere llevar el debate acerca de la idoneidad del sistema no al terreno de lo democrático-formal ni tampoco de vuelta a las contraposiciones del pasado siglo con la “democracia real” de inspiración soviética, sino centrar la hipotética competencia en el arbitrio de una legitimidad posrevolucionaria basada en la eficacia.

¿Juego de palabras o algo más?

Podemos descartar categóricamente estas elucubraciones señalando que se trata solo de subterfugios para edulcorar y hacer más aceptable un PCCh que aspira a ejercer una hegemonía política absoluta. Cabe tener presente el hecho de que el PCCh no tolera ninguna oposición, la intrascendencia de muchos de sus procesos políticos que se antojan meros simulacros o la nula independencia del poder judicial, por citar parámetros reclamables en nuestras latitudes. Estos elementos le aproximan a la visión tradicional del marxismo ortodoxo, en línea con el origen socialista del impulso revolucionario del que se reivindica continuador. Sin embargo, sin perder de vista todo ello y sin que de aquí puedan derivarse necesariamente experiencias trasladables, cabe prestar atención a los matices.

A lo largo de sus más de 70 años en el poder, el PCCh, obrando en gran medida por su propia cuenta y riesgo, ha logrado dar forma a un sistema híbrido que ha procurado equilibrios dinámicos entre algunos de sus principales vectores, ya nos refiramos a las tensiones entre lo público o lo privado, o entre la planificación y el mercado, por citar algunas variables relevantes. Esa capacidad para integrar lo uno y su contrario, primando las complementariedades sobre las contradicciones, es lo que le ha permitido gestionar el salto económico que conocemos y la transformación de la realidad social del país.

¿Y en lo político? ¿Cabría un esfuerzo híbrido similar? Mao decía que “la historia de la humanidad es un movimiento constante desde el reino de la necesidad hacia el reino de la libertad”. Para Xi, hoy, la “eficracia” no es una transición hacia una democracia más completa sino expresión de un “modelo alternativo de democracia china” que en buena medida considera prescindibles aquellos activos que en las democracias liberales consideramos irrenunciables hasta el punto de ser la “mínima compensación” por los desaguisados de una gestión a cada paso menos satisfactoria.

De igual modo que la gobernanza a través de la ley que predica el PCCh no es lo mismo que un Estado de derecho en la acepción liberal, la “eficracia”, prescindiendo del reconocimiento de los derechos y libertades públicas, presenta una rémora significativa que desatiende ese equilibrio indispensable entre justicia y libertad. Aun así, en China, las posibilidades de experimentación alternativa debieran ser objeto de atento estudio -y crítica- y también de diálogo intersistémico.

Más que crear líneas divisorias infranqueables en aras de exaltar una confrontación que no nos importó lo más mínimo cuando nuestras multinacionales pensaban en los beneficios o nuestros líderes presagiaban lo inevitable de su sumisión política, lo que necesitamos es tender puentes que favorezcan el mutuo conocimiento y acerquen posiciones.

Publicado en el Observatorio de la Política China.

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La hecatombe

 

La hecatombe


DIARIO OCTUBRE / mayo 10, 2022


Nadie puede abrir el pico si no es para asentir y rendir pleitesía al “amigo americano” y a sus miserables lacayos europeos (entre ellos los del Gobierno PSOE-UP). Quien discrepe de la versión oficial de la guerra en Ucrania difundida hasta la indigestión por los repulsivos medios de comunicación burgueses, está condenado al más irrevocable ostracismo y a llevar en el pecho el estigma de pro-ruso. Sólo la lectura unívoca impuesta por el imperialismo estadounidense, en la que los únicos responsables de la tragedia ucraniana serían Rusia y su “autócrata presidente” Vladímir Putin, es la lección que cuenta. Lo demás, es decir las posibles divergencias políticas al respecto, no existe puesto que ello no aparece en los monocordes medios capitalistas. Así de simple y terrible al mismo tiempo. Simple, porque con ello evitan la confrontación y el debate, y terrible, porque gracias al talante democrático del que hacen gala estos paladines de la libertad de expresión impiden reflexionar, analizar y poder aproximarnos a la verdad de lo ocurrido y de lo que ocurre en ese doloroso conflicto bélico. Así pues, con ese plúmbeo guión asistimos a una infumable película de “buenos” (USA, OTAN, UE) y “malos” (Rusia y todos los demás) desde el 24 de febrero como si nada ocurriera en ningún otro lugar del planeta. Una peli de serie Z que tomando a los pueblos del mundo capitalista por imbéciles y amnésicos, quiere hacerles engullir descomunales ruedas de molino. En consecuencia oligarquías y gobiernos de pavoroso calado criminal a lo largo y ancho de la historia de la humanidad como Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, Bélgica o España, con espeluznantes currículos homicidas sobre sus espaldas, hoy se exhiben como defensores impertérritos de la libertad, los derechos humanos y el derecho internacional. ¡Qué farsantes! ¿A quién pretende embaucar esta gentuza?

Funesto capitalismo

Nosotros/as no hemos olvidado ni un tantico así. Ni el genocidio indio en los EE.UU. ni las bombas atómicas lanzadas por el sicópata Tío Sam en Hiroshima y Nagasaki ni los interminables saqueos y crímenes cometidos en África, Oriente medio, Latinoamérica o en el Sudeste asiático ni las dos guerras mundiales ni el millón o más de comunistas (“el genocidio indonesio”) asesinados sádicamente en Indonesia en 1965 con el beneplácito yanqui ni la masacre del pueblo palestino y el criminal bloqueo a Cuba ante la indiferencia de las instituciones internacionales ni los magnicidios y aniquilamientos masivos perpetrados en Chile, Irak, Libia, Siria, Afganistán, Ruanda, Yemen, etc., etc., etc. No carroñeros imperialistas y demás bufones de la corte capitalista, nosotros/as no olvidamos ninguno de vuestros crímenes. Por eso afirmamos rotundamente que ustedes son unos auténticos canallas, y que tras haber tirado la piedra (instalación de bases militares OTAN a lo largo de toda la frontera occidental rusa, acoso permanente de Rusia, deseos expansionistas hacia Eurasia y control de sus riquezas naturales, etc.; causas reales del conflicto ucraniano) ahora esconden la mano y se presentan, nada más y nada menos, como benefactores de la Humanidad. ¡Manda huevos! No es la primera vez que lo hacen ni tampoco será la última mientras exista el insaciable capitalismo. Otra vez las mentiras más infames ocultan los intereses capitalistas más voraces. ¿Y todo esos deseos por dominar el mundo, a qué precio? Al que pagan ya los pueblos de Europa con sus miles de muertos, una crisis económica galopante que sólo beneficia a las multinacionales y el fascismo como alternativa del capitalismo más abyecto llamando insistentemente a la puerta. Motivos más que suficientes para forjar – hoy más que nunca – un partido comunista capaz de acabar con el funesto capitalismo y detener la hecatombe.

FUENTE: unidadylucha.es

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VATICANO. El Papa Francisco responsabiliza a la OTAN del conflicto en Ucrania

 

VATICANO. El Papa Francisco responsabiliza a la OTAN del conflicto en Ucrania

 

INSURGENTE.ORG / 8 mayo 2022



El papa Francisco cree que quizás los “ladridos de la OTAN a la puerta de Rusia” provocaron que Vladimir Putin reaccionara mal y lanzara la invasión a Ucrania: “Un enfado que no sé si fue provocado -se pregunta- pero quizás facilitado, sí” .

Así lo expresó en una entrevista que le concedió a Corriere della Sera y que ha generado reacciones en todo el mundo. Al margen de revelar algunos detalles de sus frustrados intentos por conseguir un alto el fuego, un diálogo de paz duradero y una reunión con Putin, la máxima autoridad de la Iglesia Católica apuntó al origen del conflicto.

Por el momento subrayó que no irá a Ucrania: ”Siento que no tengo que ir. Primero tengo que ir a Moscú, primero tengo que reunirme con Putin”, señaló.

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lunes, 9 de mayo de 2022

Frente al abismo climático. [Las guerras guerritas guerras, ya saben, estas de andar por casa que tan magistral, sabia y científicamente preparan, organizan y dirigen los grandes capitales para disputarse entre ellos quien o quienes llevarán la voz cantante como primeros espadas para el enriquecimiento propio a costa del empobrecimiento generalizado de los trabajadores que tiene una musiquilla de democracia y libertad requeté despampánate chuli guay que te cagas tío camarada colegui compañero del metal y la Biblia en verso, que desde que terminó oficialmente la Segunda Guerra Mundial, al día de hoy, nueve de mayo de dos mil veintidós, no ha dejado de funcionar (preparándonos incluso la posibilidad cierta de una III Guerra Mundial), pero que sin embargo y a pesar de esta musicalidad que es gloria bendita tiene una letra algo más jodidilla escrita con la sangre de cientos, miles y millones de muertos, desaparecidos, heridos y desplazados, incluso con algún que otro niño huérfano e incalculables destrucciones de todo tipo. Y con esto ya está centrada la cuestión que es la siguiente: ¿Tienen que ver algo las guerras con la destrucción del medio ambiente y con el empeoramiento generalizado de las condiciones de vida de la humanidad?]

 

El panel de expertos sobre cambio climático de la ONU acaba de publicar su tercer informe en un año. En sus conclusiones y escenarios de acción abre la puerta a tecnologías de geoingeniería. ¿Pero cuáles son los riesgos de estas tecnologías?


Frente al abismo climático

 


Silvia Ribeiro

El Viejo Topo

8 mayo, 2022 

 

En medio de una nueva ola de aumento de la explotación de gas y petróleo, favorecido por el aumento de precios y el argumento de blindarse ante la guerra en Ucrania, el panel de expertos sobre cambio climático de la ONU acaba de publicar su tercer informe en un año, cuyo mensaje principal es la urgencia de reducir rápida y drásticamente el uso de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en todos los rubros. De 2010 a 2019 las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) aumentaron hasta llegar al nivel más alto de emisiones en la historia de la humanidad. De esos gases, el principal es el dióxido de carbono (CO₂), responsable de 64 por ciento de GEI, seguido de de metano con 18 por ciento. Las principales fuentes de GEI son la generación de energía y la emisión de gases relacionados al cambio de uso de suelo y deforestación, seguidos de industria, construcción y transporte (https://tinyurl.com/6cnbzpfs).

Además del cambio de fuentes de energía, plantea la urgencia de otras medidas, como cambiar patrones de producción y consumo agroalimentario (sobre todo reducción de producción y consumo industrial de carnes), la restauración de ecosistemas naturales forestales y costeros, cambiar las formas de urbanización y construcción, bajar significativamente el transporte áereo, disminuir los transportes motorizados en general, al tiempo que aumentar los transportes públicos, caminar y usar bicicletas, entre otros. El reporte plantea que el cambio de la demanda de bienes y servicios podría bajar las emisiones globales entre 40 y 70 por ciento en 2050. Reconocen que estos cambios de estilo de vida no son aplicables a toda la humanidad, ya que gran parte de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades básicas.

Por primera vez informan sobre la enorme desigualdad en quien genera emisiones de carbono de acuerdo al consumo: el 10 por ciento de la población global con mayor consumo y más emisiones de carbono es responsable de hasta 45 por ciento de las emisiones de GEI, mientras que el 50 por ciento de la población de menor consumo emite hasta 13 por ciento.

La desigualdad global es mucho mayor si se considera en riqueza y se compara con el uno por ciento más acaudalado a nivel global, que según Oxfam es responsable de más del doble de las emisiones del 50 por ciento más pobre del planeta (https://tinyurl.com/info-oxfam).

El grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC, por sus siglas en inglés) elabora un informe global de evaluación cada 5-6 años. Se compone de tres grupos de trabajo, el primero sobre la ciencia del clima, el segundo sobre vulnerabilidad, impactos y adaptación al cambio climático y el tercer grupo –que emitió su informe este 4 de abril– es sobre mitigación, es decir, qué medidas tomar frente al cambio climático. Los informes anteriores se publicaron en 2021 e inicios de 2022. Los tres informes y otros temáticos elaborados anteriormente, confluirán en el Sexto Informe Global de Evaluación, previsto para publicarse en septiembre de 2022.

El informe del grupo tres del IPCC afirma, como los anteriores, que sin acciones inmediatas para reducir las emisiones de GEI, se sobrepasará el límite de aumento promedio de la temperatura en más de 1.5 grados en pocos años, lo cual se podría evitar con una reducción de emisiones de 43 por ciento en 2030. El Acuerdo de París sobre cambio climático acordó mantener el aumento de temperatura promedio por debajo de 2 grados en 2100. No obstante, con el ritmo actual de emisiones el aumento sería de 3.2 grados, lo que el IPCC considera catastrófico.

El informe del grupo tres identifica muchas de las causas y plantea que existen vías posibles para enfrentar el desastre climático, como las mencionadas. Informa que el costo de generar electricidad con energía fotovoltaicas y eólica ha bajado notablemente, al tiempo que su adopción aumenta, aunque actualmente solo provee cerca de 10 por ciento de la electricidad.

Lo malo del informe es que pese a que pone en la mesa muchas causas y problemas y plantea alternativas importantes, en sus conclusiones y escenarios de acción abre la puerta a tecnologías de geoingeniería, a grandes plantaciones y monocultivos, así como al uso de suelos agrícolas y ecosistemas marinos para captación de carbono, todo ello son objetivos buscados por los especuladores de los mercados de carbono.

En geoingeniería, se refieren principalmente a formas de capturar CO₂ después de emitido, lo cual da una excusa para que sigan las emisiones desde sus fuentes. No es la primera vez que el IPCC considera esto, pero es muy preocupante que pese a la gravedad de la situación, siga especulando con tecnologías que ni siquiera está probado que servirían para captar y almacenar carbono y que implican una amplia serie de riesgos ambientales y sociales. El peor riesgo inmediato de esas tecnologías, en su mayoría inexistentes, es que son promovidas por empresas petroleras y otras con altas emisiones de GEI, para justificar seguir aumentando la contaminación, alegando que usarán tecnologías para compensarla. Por este y otros muchos riesgos son tecnologías que se deberían prohibir. Urge en lugar de ello, apoyar el desarrollo de las muchas alternativas social y ambientalmente justas (www.geoengineeringmonitor.org).

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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32 argumentos contra el Banco Mundial y el FMI

 

El Banco Mundial es un instrumento de subordinación de los países endeudados en relación con las potencias más industrializadas, con graves consecuencias a nivel humano y medioambiental. Los argumentos en contra suya y del FMI son abundantes.


32 argumentos contra el Banco Mundial y el FMI

 



Éric Toussaint

El Viejo Topo

09-05-2022

 

1) Desde su creación en 1944, el Banco Mundial y el FMI apoyaron activamente todas las dictaduras y a todos los regímenes corruptos aliados de Estados Unidos.

2) Pisotean la soberanía de los Estados en violación flagrante del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, principalmente por las condicionalidades que esas instituciones imponen. Esas condicionalidades empobrecen a la población, incrementan las desigualdades, libran a los países a las transnacionales y modifican la legislación de los Estados –reformas en profundidad del Código de trabajo, de los Códigos mineros, forestales, abrogación de los convenios colectivos, etc.– a favor de los acreedores y de los «inversores» extranjeros.

3) A pesar de haber detectado desvíos masivos, el Banco Mundial y el FMI mantuvieron e incluso aumentaron los importes prestados a regímenes corruptos y dictatoriales, aliados de las potencias occidentales (véase el emblemático caso del Congo-Zaire de Mobutu, luego del informe Blumenthal, en 1982).

4) Ayudaron, con su apoyo financiero, a la dictadura de Habyarimana en Ruanda hasta 1992, lo que permitió al dictador quintuplicar los efectivos de su ejército. Las reformas económicas que impuso en 1990 desestabilizaron al país y exacerbó conflictos latentes. El genocidio, preparado desde fines de los años 1980 por el régimen de Habyarimana, fue perpetrado a partir de 1994, produciendo cerca de un millón de muertos entre los tutsis y los hutus moderados. A continuación, el Banco Mundial exigió la devolución de la deuda, contraída por el régimen genocida, a las nuevas autoridades ruandesas.

5) Apoyaron a algunos regímenes dictatoriales del otro campo (Rumanía de 1973 a 1982, China, a partir de 1980) para debilitar a la URSS, antes de su implosión en 1991.

6) Sostuvieron las peores dictaduras hasta el momento de su derrocamiento. Ejemplos: el apoyo emblemático a Suharto en Indonesia entre 1965 y 1998, a Marcos en Filipinas entre 1972 y 1986, a Ben Ali en Túnez y a Mubarak en Egipto hasta el derrocamiento de ambos, en 2011.

7) Sabotearon activamente las experiencias democráticas y progresistas, como la de Jacobo Arbenz, en Guatemala, y la de Mohammad Mossadegh, en Irán, en la primera mitad de los años 1950, la de João Goulart al comienzo de los años 1960, en Brasil, hasta la de los sandinistas en Nicaragua en los años 1980, pasando por la de Salvador Allende en Chile entre 1970 y 1973. Por supuesto, la lista completa es mucho más larga.

8) El Banco Mundial y el FMI exigen a los pueblos, víctimas de los tiranos que financian, el reembolso de deudas odiosas que los regímenes autoritarios y corruptos contrajeron.

9) Asimismo, el Banco Mundial exigió a los países que accedían a la independencia, a finales de los años 1950 y comienzo de los años 1960, que reembolsaran las deudas odiosas contraídas por las ex potencias coloniales para colonizarlos. En particular, fue el caso de la deuda colonial contraída por Bélgica ante el Banco Mundial para completar la colonización del Congo en los años 1950. Recordemos que ese tipo de transferencia de deudas coloniales está prohibido por el derecho internacional.

10) En la década de 1960, El Banco Mundial y el FMI sostuvieron financieramente a algunos países como Sudáfrica, en la época del apartheid, y Portugal, que mantenía su yugo colonial en África y en el Pacífico, mientras que pesaba sobre esos países un boicot financiero internacional decretado por la ONU. El Banco Mundial apoyó a un país que había anexado por la fuerza a otro (anexión de Timor Oriental por Indonesia en 1975).

11) En materia ambiental, el Banco Mundial prosigue el desarrollo de una política productivista y extractivista infausta para los pueblos y nefasta para la naturaleza. El Banco subvenciona masivamente la construcción de centrales térmicas de carbón, que tienen un efecto catastrófico en la contaminación y el cambio climático, y además, consiguió que se le atribuyera la gestión de los permisos para contaminar. También financia la construcción de grandes represas que originan enormes daños en el medio ambiente. El Banco Mundial favorece el desarrollo del agrobusiness contra la agricultura campesina, sostiene la utilización de pesticidas, herbicidas, abonos químicos, todos ellos responsables de una pérdida dramática de biodiversidad y de un empobrecimiento de los suelos. El Banco Mundial también favorece la privatización y comercialización de tierras en beneficio de los grandes propietarios.

12) El Banco Mundial financia proyectos que violan de manera flagrante los derechos humanos. Entre los proyectos menos respetuosos con los derechos humanos directamente apoyados por el Banco, destaca el proyecto de «transmigración» en Indonesia (años 1970-1980), en el que varios de sus componentes se pueden considerar crímenes contra la humanidad (destrucción del medio natural de las poblaciones indígenas, desplazamiento forzoso de poblaciones). En los años 2000, el Banco Mundial financió íntegramente la mal llamada operación de «salidas voluntarias» en la RDC, un plan de despidos que violaba los derechos de 10.655 trabajadores de la empresa minera pública, Gencaminas situada en Katanga. Esos trabajadores todavía están esperando los pagos de los atrasos de salarios e indemnizaciones previstas por el derecho congoleño.

13) El Banco Mundial y el FMI favorecieron el surgimiento de factores que provocaron la crisis de la deuda que estalló en 1982. Resumiendo: a) el Banco Mundial y el FMI empujaron a los países a endeudarse en condiciones que llevaban al sobreendeudamiento; b) incitaron, e incluso forzaron, a los países a eliminar los controles sobre el movimiento de capitales y el cambio, acentuando así la volatilizad de los capitales y facilitando su fuga; c) empujaron a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones en beneficio de un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

14) Disimularon los peligros que, sin embargo, habían ya detectado (sobreendeudamiento, crisis de pagos, transferencias negativas…).

15) Desde que estalló la crisis en 1982, el Banco Mundial y el FMI favorecieron, de manera sistemática, a los acreedores y debilitaron a los deudores.

16) El Banco Mundial y el FMI, recomendaron, incluso impusieron políticas que transfirieron el pago de la factura de la crisis de la deuda a los pueblos, mientras favorecían a los más poderosos.

17) El Banco Mundial y el FMI continuaron la «generalización» de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países y también dentro de cada uno de ellos.

18) En los años 1990, el Banco Mundial y el FMI, con la complicidad de los gobiernos, extendieron las políticas de ajuste estructural a la mayoría de países de América Latina, África, Asia, Europa central y oriental (incluida Rusia).

19) En los países del ex bloque soviético, las privatizaciones masivas fueron realizadas en detrimento del bien común y enriquecieron, de forma colosal, a un puñado de oligarcas

20) Esas dos instituciones reforzaron a las grandes empresas privadas y, al mismo tiempo, debilitaron a los poderes públicos y a los pequeños productores. Además, agravaron la explotación de asalariados y precarizaron aún más sus trabajos. Actuaron igual con los pequeños productores.

21) Su retórica de lucha por la reducción de la pobreza esconde mal una política concreta que reproduce y refuerza las causas mismas de la pobreza.

22) El discurso del Banco Mundial sobre la «igualdad de género» coincide en la práctica con políticas que refuerzan algunos aspectos de la dominación patriarcal. Las políticas financiadas por el Banco y por el FMI tienen consecuencias nefastas sobre las condiciones de vida de las mujeres.

23) La liberalización del flujo de capitales, que el Banco y el FMI favorecieron sistemáticamente, reforzó la evasión fiscal, la fuga de capitales, la corrupción.

24) La liberalización de los intercambios comerciales reforzó las economías dominantes y fragilizó las economías dominadas. La mayor parte de los y las pequeños/as y medianos/as productores/as de los países en desarrollo no tienen capacidad para resistir la competencia de las grandes empresas, ya sean del Norte o del Sur.

25) El Banco Mundial y el FMI trabajan en estrecha colaboración con la OMC, y con los gobiernos cómplices, para imponer una agenda radicalmente opuesta a la satisfacción de los derechos humanos fundamentales.

26) Desde que la crisis afectó a la Unión Europea, el FMI, a partir de 2010, estuvo en primera línea para imponer al pueblo griego, portugués, irlandés, chipriota… las políticas que habían sido impuestas antes a los pueblos de los países en desarrollo, a los de Europa central y oriental, en los años 1990.

27) El Banco Mundial y el FMI, que predican la buena gobernanza, con relaciones estables, mantienen ocultas actuaciones dudosas.

28) El Banco Mundial y el FMI contribuyeron sistemáticamente a socavar el servicio de salud pública. Ese proceso debilitó fuertemente la capacidad de los gobiernos y de los pueblos a afrontar enfermedades tradicionales como la malaria (paludismo) o la tuberculosis, así como epidemias nuevas como la Covid-19.

29) Esas dos instituciones mantienen a la mayoría de países en desarrollo en la marginalidad, aunque estos constituyan la mayoría de sus miembros, mientras privilegia a un puñado de gobiernos de países ricos.

30) En resumen, el Banco Mundial y el FMI constituyen instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (un pequeño grupo de grandes potencias y sus sociedades transnacionales) que fortalece al sistema capitalista internacional, destructor de la humanidad y del medio ambiente.

31) Es necesario enunciar las acciones nefastas del Banco Mundial y del FMI, con el fin de acabar con ellas. Esas instituciones reclaman el pago de unas deudas que deben ser anuladas. El Banco Mundial y el FMI, y sus dirigentes, deben ser demandados ante la justicia.

32) Es urgente construir una nueva arquitectura democrática internacional que favorezca una redistribución de las riquezas y sostenga los esfuerzos de los pueblos para la realización de un desarrollo socialmente justo y respetuoso de la naturaleza.

Fuente: Capítulo 30 del libro de Éric Toussaint Banco Mundial. Una historia crítica.

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