domingo, 28 de noviembre de 2021

Hoy hace diez años moría Lucio Magri, exponente preclaro de la izquierda comunista italiana. Sus reflexiones sobre el Partido Comunista Italiano, el comunismo del s. XX y la identidad comunista constituyen un testimonio lúcido y esclarecedor.


Hoy hace diez años moría Lucio Magri, exponente preclaro de la izquierda comunista italiana. Sus reflexiones sobre el Partido Comunista Italiano, el comunismo del s. XX y la identidad comunista constituyen un testimonio lúcido y esclarecedor.


El genoma Gramsci

 


Lucio Magri

El Viejo Topo

28 noviembre, 2021 

En el momento de su despegue efectivo, el PCI recibía como herencia también una voz todavía en gran parte desconocida y ocultada por su adversario fascista, un recurso autónomo, los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci, un cerebro que había seguido pensando, una mina de ideas.

Sobre el pensamiento de Gramsci volveré una y otra vez para destacar elementos que quedaron siempre a la sombra en la elaboración y en la política del PCI y en cambio todavía, o mejor, sobre todo ahora, ofrecen ideas preciosas para una discusión sobre el presente, con una original lectura de la historia italiana, en su particularidad y al mismo tiempo en su valor general. Ahora me urge considerar la «fortuna» de Gramsci, es decir cómo, cuánto, y cuándo, él haya intervenido e incidido en la definición gradual de una identidad y de una estrategia específica del comunismo italiano, en un primer momento bajo persecución, luego a plena luz, y por último en declive, hasta su reducción a santón del antifascismo, ejemplo de moralidad, intelectual poliédrico. Hablar, más que de Gramsci, del gramscismo como genoma operante en una gran fuerza colectiva y en la cultura de un país.

Sus Cuadernos pedían una mediación que los hiciera comprensibles y dejaran huella más allá de un estrecho círculo de intelectuales. Las condiciones constrictivas de la cárcel y la censura que había que sortear, las enfermedades recurrentes, la parcialidad de las informaciones y de los textos a los cuales tenía acceso obligaban a Gramsci a emplear un lenguaje a menudo alusivo, a escribir en forma de notas, a iniciar reflexiones suspendidas y retomadas más tarde, formas que no habrían permitido a esos escritos alcanzar el objetivo que él mismo se proponía manteniendo el esfuerzo heroico de un cerebro que siguió pensando en soledad. No bastaba pues con un escrupuloso trabajo filológico que reprodujese fielmente cada uno de los fragmentos e interpretara su sentido. Se necesitaba, desde el principio, un arriesgado y progresivo intento de dilucidar los elementos esenciales y reconstruir un hilo conductor capaz de penetrar en vastas masas y también de obligar a los adversarios a tenerlo en cuenta. En suma, para devolverle a Gramsci el papel que había tenido, el jefe y promotor de una gran empresa política; y también reconocer a sus investigaciones teóricas el carácter, subrayado por él mismo, de una filosofía de la praxis.

Esta mediación existió, con efectos poderosos: Gramsci se ha convertido muy pronto, y lo ha seguido siendo, en un punto de referencia de la búsqueda político-cultural, en Italia y en el mundo, y no sólo entre los comunistas. Tal mediación ha sido efectuada no por un gran intelectual, o por una escuela, sino mediante una operación intencional promovida por Palmiro Togliatti y con la participación de un partido de masas. Peligrosa conservación de los Cuadernos, la progresiva publicación de una clasificación provisional de las notas en grandes temas, un estudio colectivo enérgicamente solicitado. La fábula reciente de que Togliatti habría entregado el cuidado de los Cuadernos a los archivos soviéticos para sacarlos de circulación, es un vuelco ridículo de la verdad, de la misma manera que es artificialmente exagerada la tesis de que su primera edición haya estado fuertemente censurada y manipulada, siendo por lo tanto desleal. Ciertamente el objetivo de Togliatti no fue sólo el de tributar un homenaje a un gran amigo, ni tan sólo el de brindar una contribución a la cultura italiana. Era un objetivo político en sentido fuerte; el de usar un gran pensamiento y una autoridad indiscutida para fundar una identidad nueva para el comunismo italiano. Algo parecido había ya ocurrido en el proceso de formación de la socialdemocracia alemana y la Segunda Internacional: Marx leído y difundido a través de Kautsky y en parte con el aval del viejo Engels. E implicaba el precio de una lectura restrictiva. El mismo Togliatti, poco antes de morir, lo reconoció cuando, en una reseña a la que no se le dio gran importancia, dijo en sustancia lo siguiente: nosotros, comunistas italianos, tenemos una deuda con Antonio Gramsci, hemos construido copiosamente sobre él nuestra identidad y nuestra estrategia, pero, para hacerlo así, lo hemos reducido a nuestra medida, a las necesidades de nuestra política, sacrificando lo que él pensaba «mucho más allá».

Cuando hablo de lectura restrictiva no me refiero tanto a manipulaciones o a censuras del texto, que muchos buscaron con tesón más tarde y que el ejemplar trabajo posterior de Valentino Gerratana demostró como un hecho de escasa trascendencia, cuanto a una sabia dirección, necesaria para la aparición inicial de las notas, en la larga cadencia de su publicación y en los comentarios que las acompañaban y las estimulaban. En todo esto no es difícil descubrir el límite impuesto y aceptado por el contexto de la época. En primer lugar, el esfuerzo, durante largo tiempo, de no hacer demasiado explícito todo cuanto Gramsci innovaba y modificaba con respecto al leninismo o entraba en conflicto con su versión estaliniana; en segundo lugar el esfuerzo de subrayar todo cuanto en Gramsci servía para la valorización de la continuidad lineal entre «revolución antifascista» y «democracia progresiva»; por último el aplazamiento de algunas temáticas pioneras, más o menos conscientemente, a tiempos más maduros.

De esta manera la atención se habría concentrado en torno a dos grandes temas. El primero, el Resurgimiento italiano como «revolución incompleta», por la eliminación de la cuestión agraria, y como «revolución pasiva» por la escasa participación de las masas y la marginación de las corrientes políticas y culturales más avanzadas democráticamente, y cuya salida era el compromiso entre renta parasitaria y burguesía. El segundo, o sea la relativa autonomía y el valor de la «superestructura», en discusión con el mecanicismo vulgar, introducido por medio de Bujarin también en la Tercera Internacional, y por lo tanto la mayor atención que tenía que dedicarse al papel de la intelectualidad, de los partidos políticos y de los aparatos estatales.

Temas leídos, no al azar, con una particular óptica interpretativa, inconscientemente selectiva. Por una parte al enfatizar lo que precisamente relacionaba a Gramsci con los Salvemini, los Dorso y los Gobetti (el atraso fatal del capitalismo harapiento y de la cultura nacional mojigata), pero dejando en la sombra la crítica del compromiso cavouriano y la rápida corrupción del Parlamento con el camaleonismo político, las ambigüedades del giolittismo[1], la polémica con el croccianismo, los venenos emergentes del nacionalismo, la «cuestión romana» como rémora aún no superada en la Iglesia, en suma, aquellos procesos parciales parciales y distorsionados de modernización que habrían llevado a la crisis del Estado liberal y al nacimiento del fascismo. Por otra parte, la justa reafirmación de la autonomía de la «superestructura» tendía a convertirse en una separación de la dinámica político-institucional de su base de clase y llevaba al historicismo marxista a convertirse en historicismo tout court.

Otros temas gramscianos permanecieron como marginales durante mucho tiempo en la reflexión teórica e ignorados en la política. Pienso en el escrito sobre Americanismo y fordismo, que anticipó aquello que mucho más tarde llegaría también a Italia, y que era visible, como veleidad, en la política fascista. O en la pasión juvenil de Gramsci por la experiencia consejista, completamente diferente de la rusa, que él mismo había dejado aparte, al descubrir sus límites, pero que, revisitada, habría ayudado no poco a interpretar la fase inminente de la Resistencia y, mucho más tarde, la aparición del movimiento de mayo del sesenta y ocho. Las consecuencias de este descubrimiento restringido del pensamiento de Gramsci no habrían sido solamente de carácter cultural, ni en el corto ni en el largo plazo. Son dos, en particular: la obstinación en no reconocer y analizar el alcance y la rapidez del proceso de modernización de la economía en Italia y en Europa; y la concepción del partido nuevo (partido de masas, ciertamente, capaz de «hacer política» y no solamente propaganda, educador de un pueblo, pero aún alejado del intelectual colectivo, interlocutor de los movimientos e instituciones desde abajo, promotor de una reforma cultural y moral que Gramsci consideraba importante en un país que había quedado indemne de la reforma religiosa).

En suma, por lo menos al inicio, la herencia gramsciana se ofrecía y era aceptada como fundamento de una alternativa intermedia entre la ortodoxia leninista y la socialdemocracia clásica, más que como una síntesis que superaba los límites de ambas posturas: el economicismo y el estalinismo. Un «genoma» que podía desarrollarse o simplemente actuar sobreviviendo, imponerse plenamente o deteriorarse. Lo veremos en acción. No obstante me parece que la interpretación que al comienzo emprendía Togliatti de Gramsci, no era ni abusiva ni inmotivada. No era abusiva porque el motor que mueve y caracteriza los Cuadernos es efectivamente la reflexión crítica y autocrítica sobre el fracaso de la revolución en los países occidentales (en la que, tanto él como Lenin, habían creído), sobre sus causas y consecuencias. Él fue el único que, entre los marxistas de su época, no se limitó a explicarla como la traición de los socialdemócratas, o por la debilidad y los errores de los comunistas: y al mismo tiempo, no sacó de ello la conclusión de que la Revolución rusa era inmadura y su consolidación en Estado un error. Buscó, en cambio, las causas más profundas por las que el modelo de la Revolución rusa no podía reproducirse en las sociedades avanzadas, pero era un bagaje necesario (y el leninismo era una contribución teórica admirable) para una revolución en Occidente con recorrido diferente y resultado más rico. De hecho todo su esfuerzo de pensamiento se apoyaba en dos fundamentos, que pueden resumirse en pocas frases. Primero, un análisis: «En Oriente el Estado lo era todo, la sociedad civil era primaria y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil había un relación equilibrada y en los parpadeos del Estado se vislumbraba de inmediato una sólida estructura de la sociedad civil. El Estado era solamente una trinchera avanzada, tras la cual había una robusta cadena de fortalezas y baluartes». En segundo lugar un principio teórico, mencionado continuamente mediante una cita de Marx tomada del prefacio de Contribución a la crítica de la economía política: «Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno mismo de la sociedad».

La revolución es para Gramsci, por lo tanto, un largo proceso mundial, por etapas, en el que la conquista del poder estatal, aun siendo necesaria, interviene hasta cierto punto según las condiciones históricas, y en Occidente presupone, de todos modos, un largo trabajo de conquista de baluartes, la construcción de un bloque histórico entre clases diferentes, cada una portadora no sólo de intereses diferentes sino con raíces culturales y políticas propias. Entretanto, tal proceso social no es el resultado gradual y unívoco de una tendencia ya inscrita en el desarrollo capitalista y en la democracia, sino el producto de una voluntad organizada y consciente que interviene, de una nueva hegemonía política y cultural, de un nuevo tipo humano en formación progresiva.

No era abusivo, por lo tanto, el intento togliattiano de utilizar a Gramsci como anticipador y fundamento teórico del «partido nuevo» y del «camino italiano hacia el socialismo», en continuidad con el leninismo y con la socialdemocracia de los orígenes, pero diferenciado de ambos. Parte de un proceso histórico mundial avanzado y sostenido por la Revolución de octubre pero no es una imitación tardía de su modelo. No era abusivo, ni mucho menos inmotivado, porque nacía de grandes novedades que habían aparecido tras la redacción de los Cuadernos. La victoria sobre el fascismo se había alcanzado, el papel decisivo que Unión Soviética había desempeñado era reconocido, y habían participado movimientos de resistencia armada en muchos países de Europa oriental, occidental y meridional, estaban en marcha poderosos movimientos de liberación anticolonial y una revolución en China; todo esto obligaba al capitalismo a un compromiso y se abrían también en Occidente espacios para conquistas sociales y políticas de relieve. Sin embargo, la victoria se había conseguido a través de una alianza con Estados y fuerzas muy distintas, en Europa con gobiernos y liderazgos abiertamente conservadores; la resistencia armada, a diferencia de la primera posguerra, no mostraba indicios de prolongarse en una insurgencia popular y radical; emergía en el mundo, en los hechos aunque aún no en las directrices, la supremacía económica y militar de una nueva potencia a la que la guerra, en vez de desgastarla, había dejado intacta, y con la que se había concluido en Yalta un pacto para la posguerra que era no sólo un vínculo sino también una garantía.

Quien, como Gramsci, había ido más adelante en la búsqueda de un nuevo camino, no podía prever ninguna de estas dos novedades: ni en el impetuoso avance del comunismo en el mundo, ni la consolidación del capitalismo en Occidente. Incluso Trotsky, con su reconocida lucidez, poco antes de ser asesinado, previendo la inminencia de la guerra y aun habiendo dicho que había que ayudar a la Unión Soviética a resistir, había anotado: «Si de una nueva guerra mundial no se derivan una revolución en Europa y una subversión del poder en la URSS, tendremos que volver a pensarlo todo». Y precisamente esto habría hecho el mismo Gramsci, no sé decir de qué manera, si hubiese sobrevivido: reconocer el nuevo marco surgido históricamente, reconocer los límites impuestos por las relaciones de fuerza en el mundo y en Italia, movilizar todos los nuevos recursos para conservar y reforzar la propia identidad autónoma y comunista en una nueva «guerra de posiciones», para transformar, una posible nueva «revolución pasiva» en una nueva hegemonía, aquello en lo que —decía— los mazzinianos habían errado, o mejor dicho, no habían ni siquiera tratado de hacer en el Resurgimiento.

Esta reconstrucción de los «antecedentes», de los que no he sido partícipe ni testigo, que sólo he intentado, teniendo a la mano los libros y empleando el juicio de lo ya sucedido, no tiene nada de original o poco conocido; sin embargo, sirve para restaurar la verdad, para contrarrestar censuras y juicios corrientes hoy en día como idola fori[2]: desde este punto debe comenzar la reflexión acerca de la historia del comunismo italiano.

Notas

[1] Política llevada a cabo por Giovanni Giolitti que se basaba en una táctica parlamentaria de carácter clientelista, apropiada para asegurar la estabilidad del gobierno, y en tanteos para institucionalizar las formaciones políticas extremas (N. de T.).

[2] Para Bacon, según Vicente Gaos, los idola fori (ídolos del foro) son las supersticiones políticas que siguen imperando incluso después de que una crítica racional ha demostrado su falsedad (N. de T.).

Fuente: Segundo apartado del capítulo primero del libro de Lucio Magri El sastre de Ulm. El comunismo del siglo XX. Hechos y reflexiones.

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Nueva York, en “emergencia por desastre” tras repunte de COVID-19

 

Nueva York, en “emergencia por desastre” tras repunte de COVID-19

Tercerainformacion / 27.11.2021

  • Gobernadora de Nueva York, en Estados Unidos, declara un estado de “emergencia por desastre” tras el aumento de las tasas de infección por COVID-19.

Filas de viajeros para hacer una prueba de COVID-19, distrito de Manhattan, en Nueva York, Estados Unidos / Reuters

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, emitió el viernes una declaración de “emergencia por desastre” de COVID-19, citando tasas crecientes de infecciones y hospitalizaciones, según ha informado la agencia británica de noticias Reuters.

El estado de emergencia en Nueva York tiene lugar mientras que Estados Unidos, Canadá, y los países de la Unión Europea (UE) decidieron cerrar sus fronteras a los países del sur de África en respuesta a la aparición de la nueva variante de COVID-19, ómicron.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el viernes que la cepa B.1.1.529 del coronavirus, notificada por primera vez por Sudáfrica el 24 de noviembre, es una “variante de preocupación”.

En medio de este contexto, las acciones cerraron el jueves con caídas en las bolsas de Nueva York. Esto se sumó a la incertidumbre de los inversionistas sobre la posibilidad de revertir meses de progreso para controlar la pandemia.

Así mismo, el precio del petróleo cayó más del 13% ante las preocupaciones de otra desaceleración de la economía mundial.

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sábado, 27 de noviembre de 2021

La transición energética contra el Sur de Europa y los límites renovables. [Un momento, por favor. Permítame un momento, hombre, bueno, y mujer. Esto…, mire que le digo: la intelectualitis izquierditis y los partiditis izquierditis (Los de centritis y reformistis por sus derechitis quedan aquí descartaditis) cuando se van a enterar que la crisis de 2008 representa el inicio histórico del fin del capitalismo y que por muchas manitas de pintura de color verde que le demos no tiene solución. Pero que si se pinta de color café con leche tampoco tiene solución, y que mientras más se alargue en el tiempo eso de mantenerlo en pie a base de dicharachos más y más se profundizarán y extenderá el sufrimiento humano. Que el capitalismo no tiene solución. Que el capitalismo ya ha cumplido la función histórica que tenía encomendada cual fue la de desarrollar todas las fuerzas productivas. Que llegados a este punto tiene que ser sustituido por un modo de producción más perfecto y desarrollado, tal que el socialismo. No, que no me he confundido, el socialismo y, que nada hombre, que esto es lo que le quería decir, perdóneme por este chupinazo que le acabo de endosar sin eco y sin leches. Chupinazo, a palo seco. Muchas gracias]

 

COMISIÓN EUROPEA


 La transición energética contra el Sur de Europa y los límites renovables

 

ALIENTE

VIENTOSUR

26 NOVIEMBRE 2021



 
Detalle del cable subterráneo de interconexión eléctrica entre Francia y España. https://elperiodicodelaenergia.com/

El pasado viernes la Comisión Europea (CE) presentaba la 5ª lista de Proyectos de Interés Común (PIC), el hardware para la futura Unión de la Energía Europea, siendo el Plan Juncker el software financiero para su construcción. Mediante este ambicioso plan de interconexión energética entre los Estados miembros, se planea ir integrando, gradualmente, los sistemas energéticos estatales bajo el supuesto de que esto permitirá aumentar la potencia renovable, asegurar el suministro y reducir los costes del sistema. Así, bajo el supuesto bien común, se abre una serie de ventajas para las promotoras de estos proyectos, que van desde una agilización de trámites y plazos, hasta la financiación parcial de la ejecución de los mismos.

El nuevo listado confirma todos nuestros miedos, pues consolida 3 proyectos de interconexión eléctrica entre España y Francia: tres grandes autopistas eléctricas o líneas de Muy Alta Tensión (400 kV) para la evacuación de la ingente cantidad de energía renovable que se espera generar en el territorio peninsular en su nuevo rol de principal productora renovable para Europa. En concreto, dicha lista incluye el proyecto de interconexión eléctrica submarina a través del Golfo de Bizkaia junto a otros dos que atravesarían los Pirineos, uno por Aragón y otro por Navarra. Y confirma nuestros miedos porque, si bien los argumentos que esgrime la Comisión Europea podrían parecer incontestables en un escenario de crisis climática y energética, veremos, a poco que rasquemos, que tras ellos hay mucho más discurso que realidad contrastable.

Del mismo modo que el diámetro de una tubería nos habla de la cantidad de líquido que esta puede desplazar, la capacidad de las redes eléctricas establece la cantidad de energía que puede transportar. Así, las interconexiones incrementarían la capacidad de la red para absorber la nueva producción renovable generada en la península y, al conectar los sistemas eléctricos de distintos estados, darían acceso a los productores a los mercados europeos. Sin embargo, la CE, en vez de establecer un determinado objetivo de capacidad de interconexión entre estados acorde con las necesidades y capacidades de cada uno, ha impuesto arbitrariamente que esta capacidad debe alcanzar en todos los casos el 15 % de la potencia instalada en cada uno de ellos. De esta perversa manera, lejos de limitarse la producción energética al consumo de un determinado territorio, todo aumento de la potencia exigirá el correspondiente aumento de la capacidad de interconexión, un auténtico círculo vicioso que amenaza con no parar nunca y que resulta contrario a los principios de anteponer la eficiencia energética y reducir el consumo y el despilfarro de energía que hipócritamente pregona la UE.

La creación de esta gran red continental facilita que los severos impactos asociados a estos mega proyectos tengan que ser asumidos por territorios muy alejados de aquellos que motivan su construcción y que se beneficiarán de la energía transportada. Toda una actualización verde de las clásicas prácticas extractivistas que, en un doble tirabuzón hacia delante, implementan un nuevo ciclo extractivista sin precedentes. Y no solo por la cantidad de minerales que requiere la futura infraestructura renovable, sino por el proceso de especialización territorial que da alas a una falsa transición energética que no contempla límite alguno a los deseos de consumo que impone a la ciudadanía. Vemos así como el providencial sol y el impetuoso viento de algunas zonas se convierte en una condena para sus habitantes, recordándonos a esa niña iraquí que rezaba aquello de que «ojalá no tuviéramos petróleo». Pero no olvidemos que las interconexiones lo mismo llevan que traen electricidad, que la interconexión proyectada a través del Golfo de Bizkaia tiene como destino la central nuclear de Blayais y que Francia acaba de anunciar la construcción de nuevas centrales nucleares: más que de una condena, deberíamos hablar sin ambages de una auténtica estafa.

Por si fuera poco, este modelo de transición energética, basado en la ominosa figura del megaproyecto, desata un ataque a la biodiversidad sin precedentes justo en un momento en el que esta se erige como garante de adaptación al cambio climático. Y así, mientras las ciudades, verdaderos sumideros de consumo energético, desoyen su responsabilidad en esta transición, mega centrales eólicas y solares aterrizan como una tormenta perfecta sobre el mundo rural. Tal planteamiento levanta un verdadero muro entre el consumidor y el entorno, invisibilizando las profundas implicaciones geopolíticas de unos niveles de consumo imposibles de satisfacer mediante fuentes renovables, tal como apuntan cada vez más voces expertas. Es decir, que, bajo la lógica del ojos que no ven, corazón que no siente, se genera la base material para que la ciudadanía consuma todo lo que le plazca para mayor gloria del capital privado, que hace tiempo que convirtió la energía en una mercancía y que se empeña, frente a todas las señales de naufragio, en que la orquesta siga tocando bien fuerte.

Resulta paradójico, además, que, para asegurar el suministro, la apuesta de la CE sea la construcción de unos pocos cables de gran potencia, cuando la experiencia nos dice que las redes basadas en grandes líneas de transporte eléctrico son poco resilientes —especialmente en un contexto de crisis climática y energética— y pueden generar apagones de dimensiones internacionales. La propia ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico descartaba, en unas recientes declaraciones, la posibilidad de un gran apagón eléctrico en el Estado español precisamente por la naturaleza del sistema eléctrico ibérico, menos interconectado con Europa que el de otros estados, aunque, paradójicamente y al mismo tiempo lamentase que la interconexión fuese inferior a la deseada por el Gobierno. Pero si el objetivo que se busca es aumentar la resiliencia de los sistemas eléctricos, la consecuencia obvia que debería extraerse es que tiene mucho más sentido apostar por un mallado de la red distribuido que acerque la nueva generación renovable a los verdaderos sumideros de consumo del mundo urbano. Este modelo, contrario al centralizado que pretenden imponernos, resultaría más eficiente y aprovecharía las virtudes inherentes a las energías renovables, entre ellas, la posibilidad de devolver la energía a las personas como un bien común y un derecho humano, y no como una mercancía sometida a la lógica del mercado.

Cabría preguntarse si esta integración de sistemas eléctricos permitiría verdaderamente reducir los costes de la electricidad, y en caso afirmativo, cómo se repartiría esta potencial reducción. Tal como indicábamos anteriormente, las interconexiones permiten una mayor integración de renovables a nivel europeo. De este modo, podrían reducir el coste de la electricidad si logran sustituir la operación de fuentes más caras, como lo son actualmente las plantas de gas natural, causantes del elevado precio de la electricidad. Esta potencial reducción de costes en el continente arroja, sin embargo, efectos bien distintos cuando analizamos la realidad local de estas zonas de producción renovable.

Con el mismo criterio, si el aumento de la producción renovable en el Estado español buscase satisfacer su propia demanda eléctrica, podría teóricamente abaratarse el precio de la electricidad. Y decimos teóricamente porque las habituales prácticas del oligopolio nunca han permitido que ningún aumento de la potencia renovable resulte en una bajada del precio de la luz, sino más bien en un sostenido incremento de sus beneficios anuales. Pero incluso quedándonos en la teoría, si el desarrollo renovable en el Estado español va acompañado de la construcción de un gran mercado energético europeo, el aumento de producción renovable vendrá acompañado de un aumento mucho mayor del número de consumidores conectados a esa nueva producción. Y aquí la ley de la oferta y la demanda es implacable: los costes de la electricidad se verían reducidos para las zonas importadoras, mientras que se aumentaría la factura de la luz de las zonas exportadoras. Y todo esto sin hablar de la otra cara de la moneda, de la capacidad de las interconexiones para repartir por toda Europa electricidad sucia proveniente del carbón. De hecho, ya hay estudios que avisan de que un aumento de las interconexiones solo serviría para aumentar las emisiones de la Unión.

Por añadidura, la inversión necesaria para la construcción de estas autopistas eléctricas ha de ser afrontada por los estados que las alojan, en nuestro caso y como bien sabemos, vía factura de la luz. Así que olvidémonos definitivamente del abaratamiento de los costes del sistema, que incluso José Folgado, entonces Presidente de REE, reconocía en abril de 2015, al ser preguntado sobre si las interconexiones eléctricas abaratarían la factura de la luz, que estas facilitarían «precios competitivos», pero advirtiendo que esto no supondría obligatoriamente que los precios de la luz bajasen, sino «que sus costes en España no se diferencien tanto de cómo evolucionan los del resto de los países europeos» —un buen ejemplo de cómo los vendedores no usan las mismas palabras cuando se dirigen a sus clientes que cuando explican el negocio a sus accionistas.

La actual agenda europea pone en serio peligro la oportunidad de una transición energética justa que dé respuesta a los retos ecosociales que tenemos delante. Haciendo oídos sordos a los límites que entraña necesariamente una transición a fuentes renovables, se ha decidido sacrificar el Sur del continente para intentar saciar, doblemente, el hambre ilimitado de energía barata por parte del mundo urbano y de beneficios por parte del capital. Es de urgencia instar al Parlamento Europeo a rechazar este 5º listado de PIC y a iniciar, cuanto antes, un plan de transición energética que, tal como prometía la UE a través del Paquete de Invierno, priorice la reducción del consumo, el uso eficiente de la energía, el autoconsumo energético y que —añadimos nosotras— destine el dinero público a que la energía vuelva a ser un bien común.

25/11/2021

Grupo de Trabajo de Modelo Energético del colectivo ALIENTE (Alianza Energía y Territorio)

 

Cádiz: el futuro del pasado. [Todos con los trabajadores de Cádiz que se juegan el pescuezo en defensa de sus derechos, que es tanto como decir que se lo juegan por los trabajadores de Bilbao que es un barrio de cada trabajador de Cádiz o de cada trabajador de Quemeseyotunstanigran, que junto a todos los demás es un barrio de mi pueblo, Isla Mayor, cerca de Cádiz. He dicho y digo: todos los trabajadores con los trabajadores de Cádiz y no con la mogollonera cantidubidubidá de tertulianos tertulativos y representantes de la representatividad que viven a costa del trabajo de los trabajadores. He dicho, y digo, por si las moscas, no sea que me deje por decir lo que digo.]

 

El conflicto del metal en Cádiz puede ser la señal de un reencuentro entre el mundo del trabajo y la izquierda política. La centralidad de la clase trabajadora se construye social y políticamente. La democracia, la de verdad, se juega en estas cosas.


Cádiz: el futuro del pasado

 

Manolo Monereo

El Viejo Topo

27.11.2021


©Fotografía de Alex Zapico.

Nos vamos acostumbrando a la muerte lenta de la clase obrera gaditana. Periódicamente asistimos a huelgas especialmente duras, a escenas de violencia policial y de respuesta a la brava de trabajadores que cada vez tienen menos que perder. Se junta todo: desindustrialización, pérdida de derechos, precariedad generalizada, salarios a la baja y sobreexplotación. El contexto, una Andalucía que está cambiando de clase política y que progresivamente pierde el norte de la industrialización, de la transición energética-productiva y del nuevo paradigma tecnológico-territorial.

Se ha pasado quedamente de aspirar a ser la California de España a competir con solvencia con nuestro vecino Marruecos. El Partido Popular y su aliado Vox negociarán con los que mandan y aceptarán lo que se les dé. La única condición que ponen es que ellos gestionen el poder; mejor dicho, lo que quede de él. Eso sí, a cambio garantizarán el orden y la tranquilidad de las tanquetas; el PSOE enseñó y enseña el camino.

Cádiz siempre ha sido microcosmos. En primer lugar, del tipo de relaciones laborales que predominan en esta etapa posfordista. En su centro, las grandes empresas de construcción naval y aeronáutica (Navantia, Airbus, Dragados…) y en torno a ellas, una tupida red de pequeños y medianos establecimientos auxiliares y subcontratados. Este tipo de procesos productivos se ha construido redistribuyendo sistemáticamente los riesgos económicos y empresariales del capital hacia las clases trabajadoras. Se configuran dos tipos de relaciones laborales, la de las grandes fábricas en las que predomina el empleo estable, presencia sindical significativa y cumplimiento razonable de lo estipulado en los convenios; el otro, el de una pequeña y mediana empresa con un alto nivel de precariedad laboral, represión sindical y, lo que es más importante, sin una legislación laboral protectora; es decir, los convenios vigentes no se aplicaban y el poder empresarial devino en omnímodo.

Lo característico de esta huelga es que afecta en su mayoría a los trabajadores de pequeñas y medianas empresas que viven en condiciones de extrema debilidad contractual tanto en lo que tiene que ver con los salarios como como con el pago de horas extraordinarias, en los ritmos productivos, la jornada y, sobre todo, la inestabilidad laboral. Así se entiende muy bien las (contra)reformas laborales del PSOE -de la que no se habla hoy- y la del PP. El derecho laboral ya no protege al trabajador y lo encadena a procesos productivos y a formas de gestión de la fuerza de trabajo que lleva a un tipo específico de servidumbre, asalariados dependientes sin derechos. La dureza de la respuesta obrera expresa la rabia de una clase trabajadora que, día a día, ve perder conquistas, condiciones de trabajo y salario. Estamos hablando de poder. Las reformas laborales aprobadas por los distintos gobiernos han tenido siempre como objetivo debilitar el poder contractual de la clase trabajadora y someterla a la lógica de un modelo productivo basado en la precariedad y en los bajos salarios.

La otra gran cuestión tiene que ver con la empresa y el territorio. Más allá de las moderadas reivindicaciones salariales y laborales de los huelguistas en lucha, lo que existe es una reivindicación de un lugar de vida como espacio también de trabajo y como un futuro unido una identidad geográficamente identificada e identificable. Reivindicar la defensa de las industrias existentes y de una reindustrialización territorialmente arraigada tiene que ver con conservar modos de vida, tradiciones, relaciones laborales en un entorno habitable por seres humanos libres e iguales. La traición de las élites a Andalucía -y específicamente a Cádiz- tiene que ver con la sumisa aceptación de una división europea del trabajo que convierte al sur de España en un lugar para turistas, para especuladores inmobiliarios y refugio para capitales financieros opacos. Aquí modo de vida, trabajo y espacio se enlazan en una identidad abierta y portadora de futuro. En su centro, una clase trabajadora que se niega desaparecer sin lucha.

El “partido del trabajo”, más allá de siglas y experimentos organizativos, se construye en estas dramáticas luchas protagonizadas por hombres y mujeres de carne y hueso que producen país con sus sufrimientos de cada día. La política, la de verdad, se organiza aquí. Sin una “Constitución del trabajo” efectiva no habrá democracia; sin derechos laborales y sindicales plenos no será posible un nuevo modelo productivo sostenible y territorialmente enraizado. Así se construye patria, ciudades habitables y seguras. Así se lucha contra una España desarticulada territorialmente, vaciada de tradición, de cultura; de espaldas a la historia vivida de las clases subalternas.

La centralidad de la clase trabajadora se construye social y políticamente. La huelga de Cádiz muestra que los asalariados necesitan la “ayuda” de la política para mejorar las condiciones de vida y de trabajo. La patronal enseña mucho: cuando desde el gobierno se imponen contrarreformas sin consenso, la apoyan decididamente. Cuando se trata de revertirlas, de recuperar derechos perdidos por los trabajadores, exigen consenso; es decir, su derecho a impedirlo. Se habla de que una parte sustancial de las clases trabajadoras votan a las fuerzas populistas de derechas. Es más, las encuestas anuncian que en Andalucía volvería a ganar el PP con el apoyo de Vox.

El conflicto de Cádiz puede ser la señal de un reencuentro entre el mundo del trabajo y la izquierda política. El gobierno no puede ser neutral. La democracia, la de verdad, se juega en estas cosas.

Artículo publicado originalmente en Nortes.

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¿Realmente ha acabado la huelga del metal en Cádiz?

 

¿Realmente ha acabado la huelga del metal en Cádiz?


INSURGENTE.ORG / 26 noviembre 2021

 

No todos los trabajadores celebran el fin de la huelga del metal en Cádiz anunciado ayer por los sindicatos mayoritarios UGT y las Comisiones Obreras. Aparte de considerarlos insuficientes, hay denuncias de que la aceptación de los acuerdos de dio bajo presión.

Sindicatos autónomos como la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CMT) denuncian que muchas de las votaciones en los centros de trabajo se dieron en presencia de la directiva.  Tal es el caso del Tincasur Balber, donde los trabajadores que no estuvieron de acuerdo fueron abordados por los jefes y el dueño de la empresa para ser “convencidos”.

Han obligado a la gente a votar y currar, y se han amañado las votaciones.

En PINE de Puerto Real han falsificado las actas. El Comité afirma que se aprueba el preacuerdo, la realidad es que la mayoría de trabajadores ha votado en contra. Aquí el acta.#HuelgaDelMetal pic.twitter.com/s6ypVnmiK4

— Alejandro Manuel 🔻 (@AleM1917) November 25, 2021

Migajas y “papel mojado”

Los sindicatos lograron en papel una subida del 2% del salario en los tres años (2021-2023), algo que representa, en el caso de los peones del metal, un incremento de 40 euros brutos.

“Los convenios no se cumplen  aparte de que son insuficientes” señala Manuel de las CMT, quien agrega que tampoco recuperaron un plus de 160 euros por labores en sitios peligrosos que se les quitó en 2012 y se les prometió se recuperaría, de forma verbal, en 2016.

“Traen un mojón y los buscan vender como el gran acuerdo” señala, y agrega que  estos acuerdos son “papel mojado” pues uno de los grandes problemas de la industria del metal es la precariedad laboral, donde no valen los contratos.

La miseria como método de presión

Cádiz es la segunda provincia con más paro de España, un 23,16% frente al 14,57% de media del país. Esta situación es la aprovechada por la patronal para imponer sus condiciones a los trabajadores que llevan más de 30 años reclamando mejoras.

Sindicatos autónomos señalan que existen compañeros con jornadas que llegan a las 20 horas, con salarios por debajo del contrato y varias irregularidades más.

Resistencia

Varios trabajadores convocaron para las 11 am de este sábado 27 de noviembre, una Asamblea Abierta para los Trabajadores y el pueblo en la Plaza San Juan de Dios en Cádiz, donde someteran el acuerdo a valoración.

elbaluarte

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viernes, 26 de noviembre de 2021

¿Cuál fue el impacto del Plan Cóndor en América Latina?

 

¿Cuál fue el impacto del Plan Cóndor en América Latina?

Tercerainformacion / 25.11.2021

Según los Archivos del Terror, hubo 50.000 personas asesinadas, 30.000 desaparecidas y 400.000 estuvieron encarceladas.



A finales de 1992 fueron halladas en Paraguay, en archivos secretos de la policía, pruebas sobre la existencia en los años 1970 y 1980 de una campaña coordinada entre las dictaduras de América del Sur, de conjunto con los servicios de inteligencia de Estados Unidos (EE.UU.), para neutralizar a militantes de izquierda y acallar todo pensamiento emancipador.

Esos documentos se encontraron gracias a la gestión del educador Martín Almada y el juez José Agustín Fernández, y ofrecen pruebas irrefutables del exterminio y violaciones de derechos humanos contra personas que fueron identificadas como adversarios.

De acuerdo con esos registros documentales, conocidos hoy como Archivos del Terror, fueron asesinadas unas 50.000 personas, 30.000 resultaron desaparecidas y 400.000 estuvieron encarceladas, de las cuales muchas sufrieron tortura. Entre las víctimas se cuentan 3.000 niños.

Plan Cóndor y dictaduras militares

A juicio de la periodista argentina Stella Calloni, los regímenes militares derechistas de  Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil participaron en esa campaña de terror.

En Paraguay se apoyaron en el dictador Alfredo Stroessner, en el poder entre 1954 y 1989, y en Bolivia lo hicieron en la dictadura de Hugo Banzer, iniciada en 1971.

Chile se incorporó tras el ahogamiento en sangre por el general golpista Augusto Pinochet del mandato del presidente socialista Salvador Allende, en 1973, año en que el presidente Juan María Bordaberry implantó una dictadura en Uruguay.

Tres años después, tras la muerte del presidente Juan Perón, el general Jorge Rafael Videla y los militares llegaron al poder en Argentina, país que registró la mayoría de los 30.000 desaparecidos que hubo en la región. En el caso de Brasil, los militares destruyeron en 1964 el gobierno democrático y popular de João Goulart.

La campaña de exterminio recibió el nombre en clave de Operación Cóndor. Sus primeras coordinaciones fueron hechas entre Pinochet y el general Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de ese país.

Otro pilar del terror

Documentos hecho públicos revelan que esta cruzada de aniquilación fue urdida además con la guía cómplice de Estados Unidos.

Historiadores consideran tras esas acciones represivas estuvo Henry Kissinger, primero asesor de Seguridad Nacional y luego Secretario de Estado (1973-1977) de esa nación.

Martín Almada, quien sobrevivió a crueles torturas en Paraguay, denunció que las fuerzas militares y policiales de esos países (y de otros, como El Salvador) fueron formadas para asesinar en la Escuela de las Américas.

EE.UU. proclamaba que esa instalación suya, ubicada entonces en la Zona del Canal de Panamá y hoy en Fort Benning (estado de Georgia), se especializaba en contrainsurgencia, pero en verdad enseñaba la tortura como instrumento cotidiano para reprimir. No pocos graduados de este lugar devinieron años después connotados violadores de los derechos humanos.

Bomba atómica contra el Cono Sur

Además de activarse contra todo lo que se antojase ideas socialistas y comunistas, esas dictaduras y la Operación Cóndor favorecieron en esas naciones la aplicación de recetas neoliberales, lo cual acarreó significativas consecuencias en su ulterior evolución económica, política y social.

A juicio de Almada, las dictaduras utilizaron el exterminio, la tortura y el exilio de sus enemigos civiles, preferentemente intelectuales y líderes jóvenes. También se orientaron a aniquilar a religiosos que abrazaron la Teología de la Liberación.

Según estudiosos, debido al Plan Cóndor generaciones de luchadores revolucionarios perdieron a muchos de sus líderes más íntegros.

Almada considera que Kissinger lanzó una bomba atómica sobre el Cono Sur de América Latina, donde Operación Cóndor dejó más de 100.000 víctimas fatales entre 1975 y 1989.

¿Deja vu Kast?

Meses atrás, medios chilenos llamaron la atención sobre un aspecto del programa del político ultraderechista José Antonio Kast, quien se postula para la Presidencia de Chile.

En el punto 33 de su programa, el representante del Partido Republicano valora que lo ocurrido en Colombia durante el Paro Nacional de 2021 es una repetición del estallido social en Chile a finales de 2019.

Al respecto, propone crear una “Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda”. Según él, si llega al Palacio de la Moneda “nos coordinaremos con otros gobiernos latinoamericanos para identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados”, para lo cual entregará mayores herramientas a Carabineros y Fuerzas Armadas.

En fecha reciente Kast también declaró: “Yo creo que sí, que (Pinochet) votaría por mí si estuviera vivo”.

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CGT llama a los trabajadores del metal de Cádiz a rechazar el ‘vergonzoso’ preacuerdo de CCOO y UGT y seguir movilizándose por sus derechos

 

CGT llama a los trabajadores del metal de Cádiz a rechazar el ‘vergonzoso’ preacuerdo de CCOO y UGT y seguir movilizándose por sus derechos


KAOSENLARED / Por Admin

 

CGT se posiciona en contra del preacuerdo alcanzado en Sevilla, entre la patronal y los sindicatos institucionales, para desconvocar la huelga del Metal en Cádiz por haberse firmado a espaldas de los trabajadores

Los anarcosindicalistas entienden que se ha llegado muy lejos, demostrándose unidad y solidaridad en una lucha ejemplar por la dignidad de la clase trabajadora de una de las zonas más empobrecidas del Estado español


La Federación de Sindicatos del Metal de la Confederación General del Trabajo (FESIM-CGT) ha emitido un comunicado en el que expone su punto de vista tras el preacuerdo que se alcanzó a última hora de ayer en Sevilla para poner fin a la huelga del metal que se está llevando a cabo en Cádiz desde hace diez días. Para los anarcosindicalistas, con este “acuerdo” es la clase trabajadora la que sale perdiendo nuevamente, ya que se va a ver afectado su poder adquisitivo durante los próximos años, siendo precisamente esta una de las demandas que han movilizado a los trabajadores en la última semana de protestas.

FESIM-CGT valora muy negativamente el preacuerdo alcanzado anoche, en el más absoluto de los secretos, entre la patronal y los sindicatos del régimen UGT y CC.OO. Mediante esta acción, a espaldas de los trabajadores, se pretende desconvocar la huelga indefinida que se mantiene en el sector metarlúrgico de Cádiz desde el pasado 19 de noviembre. CGT, en este sentido, aboga por mantener la huelga los días 25 y 26 de noviembre, puesto que es muchísimo lo que está en juego en estos momentos en Cádiz.

Los anarcosindicalistas inciden en que la lucha ejemplar que está teniendo lugar en Cádiz estos días, apoyada y respaldada por toda la clase trabajadora en el Estado español como se ha podido comprobar con la gran cantidad de muestras solidarias desde todos los sectores, no puede ni debe tener un final en el que sus protagonistas –quienes más han arriesgado durante días de dura represión policial- salgan perdiendo con un acuerdo alcanzado con quienes ya tienen bastante experiencia traicionando a la clase obrera. CGT recuerda que la subida salarial está muy por debajo del IPC actual y muy alejada todavía de las pretensiones iniciales. Además, han indicado que esto es una agresión a las trabajadoras y los trabajadores eventuales, que son quienes más sufren las consecuencias de la inestabilidad laboral en este sector.

Desde la CGT lanzan un mensaje directo a las plantillas del sector para que rechacen este preacuerdo vergonzoso y sigan movilizándose de la misma manera que lo estaban haciendo hasta ahora. Para CGT este es el único camino que revertirá esta situación y logrará conseguir unas condiciones laborales dignas a la altura de la lucha que están manteniendo miles de trabajadores en Cádiz.

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La OMC y la identidad oculta de los cuellos de botella: el capitalismo

 

La OMC y la identidad oculta de los cuellos de botella: el capitalismo

 

Por Eduardo Camín 

Rebelion 

25/11/2021 


Fuentes: Rebelión / CLAE


El 10 de noviembre delegados de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y representantes del mundo académico y el sector privado mantuvieron un intenso debate sobre las dificultades con que se enfrentan las economías debido al fuerte aumento registrado recientemente en los costos del transporte marítimo.

Las interrupciones operativas, incluidos los importantes cierres de puertos causados por la pandemia de la Covid-19, han ejercido presión sobre los sistemas logísticos, han creado incertidumbre y han aumentado los costos comerciales. Las presiones sobre las cadenas de suministro fueron causadas por el fuerte repunte reciente del comercio mundial y la creciente demanda de bienes de consumo duraderos, incluida la creciente demanda de contenedores de envío de Asia oriental combinada con las restricciones de la pandemia.

El transporte marítimo, que hoy supone el tránsito del 90% de las mercancías que se mueven en el mundo, está en el foco de la actualidad mundial en esta recta final de 2021 y trata de poner nombre a su propia situación de caos. Una onda expansiva que generó un tablero donde las piezas, los barcos y los contenedores, no están donde se necesitan y la actividad en los puertos -principalmente en los de Estados Unidos y China- ha llegado al colapso.

En la oportunidad, la Directora General Ngozi Okonjo-Iweala pidió a los gobiernos y las empresas que «continúen identificando los cuellos de botella de la cadena de suministro e implementando medidas para mitigar su impacto en el comercio» y trabajen para «hacer que las cadenas de suministro mundiales sean más resistentes».

«La pandemia de COVID-19 ha puesto de relieve tanto la vulnerabilidad como la resiliencia de las cadenas de suministro interconectadas. La evidencia durante el último año y medio es que las cadenas de valor globales generalmente se han mantenido bien. Gracias a que los gobiernos han estado en su mayoría limitados en el uso del proteccionismo comercial, las cadenas de suministro pudieron reanudar sus operaciones cuando las economías reabrieron el verano pasado”, señaló.

Destacó, asimismo, que los cuellos de botella de la cadena de suministro «han surgido como un riesgo significativo para la recuperación más amplia de la producción económica y el comercio después de la pandemia».

Los participantes intercambiaron información sobre las limitaciones impuestas por los miembros a la importación y exportación de mercancías debido a las perturbaciones actuales del transporte marítimo y debatieron el papel fundamental que puede desempeñar la OMC para ayudar a fortalecer las cadenas mundiales de suministro.

La aplicación de medidas de facilitación del comercio, la aceleración de la automatización y la digitalización y la apertura del mercado de los servicios de transporte y logística fueron algunos de los elementos citados como útiles.

El ministro de Relaciones Exteriores, Integración Regional y Comercio Internacional de Mauricio, Alan Ganoo, pidió «racionalizar, modernizar y digitalizar los procedimientos comerciales, reducir el contacto físico entre los trabajadores de la industria naviera, enfoques creativos, como la cooperación transnacional entre países y proveedores de servicios de transporte.

«Debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para reducir los impactos empresariales, especialmente en las pequeñas empresas de todo el mundo», dijo la Directora General Adjunta, Anabel González.

«Es de vital importancia garantizar que todos los países, especialmente los más pobres, puedan reactivar la recuperación económica posterior a la pandemia. Igual de importante es aprender de la Covid para evitar interrupciones similares en el envío en el futuro. Esto significa que debemos pensar en cómo fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro y las políticas necesarias para hacerlo», añadió la funcionaria.

Los oradores señalaron los efectos particularmente agudos del aumento de los costos del transporte marítimo en las perspectivas comerciales y la competitividad de los países en desarrollo, en particular para los pequeños estados insulares, las naciones en desarrollo importadoras netas de alimentos.

«A medida que los cuellos de botella en la cadena de suministro marítimo dificultan que los países en desarrollo aprovechen la demanda del mercado externo, frenarán el crecimiento y la recuperación económica de la pandemia», dijo Okonjo-Iweala.

Una tormenta perfecta

Además, China ha tenido que cerrar instalaciones por nuevos brotes de Covid. Sin dudar que la pandemia haya sido el punto de inflexión, para muchos el origen de esta crisis del comercio marítimo, en vísperas de las fechas de mayor consumo del año (Black Friday, Cyber monday, Día del soltero en China, Navidades…) está, en gran medida, relacionada con lo ocurrido durante la pandemia.

Algunos expertos destacan que 2016 a 2018 había sobrecapacidad, y los precios estaban en una espiral a la baja y se llegó a pagar 1.000 dólares o menos por trasladar un contenedor de Asia, mientras tanto hoy, por ese mismo trayecto se pagan 15.000.

Tampoco se debe olvidar algunos movimientos que se generaron entre las navieras, donde las grandes compañías japonesas se fusionaron y la danesa Maersk compró la alemana Hamburg Süd, generando movimientos de una política oligopólica sostenida por el sistema.

Pero llegó la pandemia y el consumo se hundió. Un parón que pasó por eliminar rotaciones, quitar barcos, no renovar contenedores. Tras el parón, llegó el acelerón de la demanda, sobre todo en Estados Unidos, pero sin que los mimbres de la logística marítima estuviesen preparados para una recuperación tan rápida, aunque desigual.

Nueva extensión, nuevas vulnerabilidades …  viejas contradicciones

Los transportes se han convertido así en uno de los principales factores del modo de producción capitalista, dentro de un proceso dialéctico en el que las posibilidades técnicas permiten una intensa deslocalización, y donde la dimensión de ésta aumenta la rentabilidad. La consecuencia es una permanente huida hacia adelante, hacia el gigantismo y la restructuración del sector, pero también hacia el desarrollo de distintas vulnerabilidades.

Hasta la actual crisis capitalista, en el sector del transporte siempre se tendía a bosquejar un cuadro algo idílico de la puesta en marcha de todo este conjunto de nuevas técnicas asociadas para que el sistema funcionara supuestamente sin fricciones. Y se ignoraban estas vulnerabilidades o se pensaba que si se consideraban a escala mundial, las estrategias del capital podrían paliar lo que consideraban como meros contratiempos  en el camino, confiando precisamente en las ventajas de esta nueva dimensión.

Pero el capitalismo es una eterna guerra interna (a veces también externa), y esta guerra se desarrolla en primer lugar entre diferentes elementos económicos. En esta guerra, las líneas de comunicación, es decir, los transportes considerados en su sentido más amplio, juegan un rol vital.

La presente organización del sistema capitalista ha alargado considerablemente las líneas de comunicación en casi todas las actividades del proceso productivo. Y lo que es más importante, ningún medio de comunicación es fiable en sí mismo, sea cual sea la perfección del instrumento empleado.

Toda herramienta utilizada en los transportes obligatoriamente emplea energía y hombres, lo cual explica en parte su vulnerabilidad; a esto hay que añadir una debilidad que proviene de la irracionalidad del propio capital, que en la concurrencia entre diferentes unidades para la conquista de un determinado mercado multiplica los sistemas de explotación de los medios de transporte y comunicación.

Estos, por tanto, no se estandarizan y a veces son incluso incompatibles, lo cual causa disfunciones. En lo que respecta a los factores humanos, por mínimos que sean en el conjunto del proceso de transporte, por muy desarrollada que esté la automatización, debe intervenir en un momento u otro, y pueden ser causa de la ruptura de una cadena cada vez más extensa, debido a la mundialización.

Nada es estático: si en las últimas décadas esta dinámica se ha acelerado, hoy se ve de nuevo perturbada, sobre todo en lo que respecta a los transportes, a causa de la crisis que afecta tanto al coste de los medios empleados y de la energía necesaria para su funcionamiento, como a las corrientes comerciales debido a las restricciones y las transformaciones en el consumo.

Sin una clara solución a la vista

No hay consenso en cuanto a cuándo terminará esta situación disfuncional en el comercio global. Como sucede con la inflación o con la evolución de las materias primas, algunos expertos consideran que es un tema puntual, que se solucionará con el tiempo; y quienes ven en esta crisis un punto de inflexión que puede, incluso, cambiar el modelo logístico.

Algunos observadores predicen que los márgenes podrían verse presionados si la congestión persiste hasta bien entrado el 2022. Para otros puede que sea una cuestión de esperar a que escampe, pero muchas multinacionales han optado por el camino del medio y cambiar la línea logística tradicional, lanzándose a fletar sus propios barcos.

Amazon, por ejemplo, ya lo hace de forma recurrente y, ahora, otras empresas como Walmart, Ikea o Home Depot, han dado el mismo paso. Coca-Cola trata de esquivar el temporal contratando barcos que hasta ahora se han dedicado al transporte de grano.

Un cambio de modelo, de márgenes y de aumento de costes que tiene y tendrá consecuencias en todos los sectores.

Eterno ausente de los debates, el capitalismo 

Desde que surgió el modo de producción capitalista, el transporte siempre ha jugado este papel, y se puede decir que en la producción mercantil la circulación no es menos importante que la producción misma. Estos agentes de la circulación juegan un papel tanto en el proceso de producción, en el aprovisionamiento regular -a lo largo del proceso- de materias primas, energía y mano de obra (capital variable), como en el transporte de la mercancía hasta los lugares de consumo donde se convierte en dinero.

Por lo tanto, para el capitalista es esencial que esta transformación se haga lo más rápidamente posible, primero para poder financiar la continuidad de la producción y luego también para que el capital reciba la remuneración de la plusvalía. La velocidad del medio de transporte y su fiabilidad son algo esencial, tanto para el retorno del valor que la mercancía porta como para la competencia con otros productores de la misma mercancía.

El producto de la actividad capitalista, la mercancía, tiene que venderse. Esta es una trasformación absolutamente necesaria para que el capitalista recupere no sólo todo el capital que ha invertido, sino también la plusvalía. Venderla significa consumirla mediante su entrada en el proceso de producción – como materia prima o medio técnico de producción-, o bien como producto de consumo que contribuye principalmente a la reproducción de la fuerza de trabajo.

Sea cual sea su destino (compra de materias primas, medios de producción o consumo individual), las mercancías hay que transportarlas, salvo casos concretos en los que se consumen in situ. Esto es condición necesaria para que se transformen en dinero, el cual, por su parte, para volver al bolsillo del capitalista, también hay que transportarlo.

Creemos que los cuellos de botella de la OMC son indicios minimizados, cuando no ridiculizados o explicados de una u otra manera. En realidad la connivencia se sostiene desviando la atención del hecho concreto (la crisis) o reformulando dialécticamente su significado a fin de que resulte aceptable.

A través de estos ejemplos, podemos observar la fuerza que tiene una atención desviada para ocultar una realidad histórica, que no es más que la profunda crisis a todos los niveles del capitalismo. De las vacunas, al comercio mundial pasando por el transporte marítimo los cuellos de botellas se acumulan.

Eduardo Camín. Periodista uruguayo acreditado en la ONU- Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

Fuente: https://estrategia.la/2021/11/17/la-omc-y-la-identidad-oculta-de-los-cuellos-de-botella-el-capitalismo/

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