miércoles, 2 de octubre de 2019

EL ESTADO CHINO Y VATICANO SE AMIGAN



No sólo de pan vive el hombre. Un bocadillito de jamón con tomate de cuando en cuando y un platito de garbanzos, de mediano hacia arriba, siquiera sea los jueves, viene a ser tetica monja para la grandeza espiritual, porque aquello de primero comer y después filosofar no es ninguna tontada.

Si ustedes me hacen el favor y no me confunden cristianismo con catolicismo ni el Reino de Dios con el Estado Vaticano, es posible que coincidamos en que la ideología es hoy el elemento predominante en las sociedades, que yo no se por qué, se les llama avanzadas.

La ideología no es ni más ni menos que la forma de como el individuo se representa la realidad según su propia experiencia personal, y por esta razón, la ideología no puede presentar más que una visión distorsionada de la realidd, de aquí que la mayor multi o transnacional fabricante de ideolgía más importante del mundo, El Estado Vaticano tenga que discutir sobre ella y llegar a un acuerdo con la otra gran potencia productora de casi todo en el mundo, China, para establecer las condiciones materiales dentro de las cuales se manejaran las clavijas para la disputa del poder ideológico como dos buenos enemigos, porque saben ambos (aquí el último que se entera es quien lleva los cuernos puestos) que según sea quien termine imponiendo su criterio ideológico así resultará el mundo. 

Si la batalla ideológica la ganara el Estado Vaticano para qué querríamos los jubilados las pensiones, si una buena limosna ahuyentaria cualquier atisbo de justcia social, con lo que la pobreza quedaría consagrada, y si resultara vencedor a los puntos el Estado chino, la pobreza del trabajador quedaría perpetuada, porque como no lleguen nuevos datos, lo que hasta ahora se sabe es que los ricos no pueden existir más que fabricando pobreza, y el derecho a ser rico está aprobado en uno de los Congresos del Partido Comunista chino.

De modo que frente a la ideología católica, que tiene tanto de cristianismo como yo de amor bendito compostelano,  o a la ideología del Partido Comunista chino, que tiene tanto de comunista como yo de astronauta arrepentido con mando en plaza, a los trabajadores no nos queda otra que la ideología marxista, que es tan ideología como cualquier otra, o sea, que a través de ella el individuo se representa la realidad, pero siendo el marxismo una ciencia y una filosofía que no está en la cabeza de nadie para ser lanzada a borbotones sobre los demás,  sino que mana del conocimiento concreto de la realidad, sobre la cual se filosofa o interpreta, y es este modo del filosofar marxista o de interpretación marxista de la realidad, al estar basado en hechos concretos conocidos y no imaginados, el que nos puede conducir al conocimiento real. 

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¿Un complot del imperialismo contra el acuerdo entre China y el Vaticano?



Los católicos ondean la bandera roja en el Vaticano
70 años del surgimiento de la República Popular de China (y 9)
Thomas Tanase.— Por parte del Vaticano, el acercamiento a la República Popular exige más comentarios. En primer lugar, puede que no sea tan frágil sobre el terreno como piensan sus críticos. En cualquier caso, como indica claramente el título del acuerdo “provisional”, no es más que un globo sonda, que prevé evaluaciones periódicas de su aplicación. Por lo tanto, no es definitivo, y la legitimidad adicional obtenida por las autoridades de Pekín sólo durará mientras sigan encontrando un terreno común con el Vaticano.
Las negociaciones entre la República Popular China y el Vaticano siguen siendo un proceso abierto, pero requerirá mucho ensayo y error. Ninguna política común puede ser sostenible si ambos actores no se benefician de ella, y ahí es donde reside el reto, que se basa en el interés a largo plazo de la República Popular en el desarrollo de esas relaciones.
A todos los argumentos se les puede dar la vuelta. Por supuesto, no debemos hacernos la ilusión de que, como en cualquier régimen comunista, parte del clero oficial ha sido colocado por el partido, ya que es más bien una función de supervisión, si no de policía. Pero no es imposible apostar que a través de la reconciliación, en un contexto más favorable, la Iglesia puede comenzar a expandirse de nuevo, ganarse a los fieles, que sabrán orientarse hacia un sacerdote y no hacia otro (a los que las autoridades vaticanas los alientan explícitamente), respetando formalmente la autoridad del clero oficial y de los discursos patrióticos: la experiencia de la vida nos enseña a menudo a adoptar tales estrategias, aunque nos sorprendan desde fuera. En otras palabras, si bien forma parte del marco oficial de Pekín, una Iglesia en crecimiento, en gran parte animada sobre el terreno por sacerdotes y fieles, tanto más cuanto que su compromiso es arriesgado, también podría absorber a los sacerdotes impuestos por el régimen. Y como, pase lo que pase, las autoridades de Pekín tendrán que gestionar grandes masas cristianas, la apuesta es que en el futuro necesitarán interlocutores: el Vaticano se ha adelantado a este papel.
El Papado se reintroduce así en el juego: se ha convertido de nuevo en un interlocutor que cuenta y tiene voz en la organización del catolicismo chino, llamado a ocupar un lugar en una geopolítica religiosa mucho más mundial. Y es también lo que invalida los esquemas que hacen del acuerdo una “ostpolitik” china, que aplica a la política del Vaticano en China las tablas de interpretación de los tiempos de la Guerra Fría. La cuestión ya no es establecer vínculos con los países del otro lado del muro, cuyos regímenes pudieron permitirse un tiempo para ser impermeables a las influencias externas y aislarse del mundo. Por el contrario, China se encuentra hoy en día en el centro de un sistema globalizado, con el que está en profunda interacción.
El acuerdo de 2018 ha sido muy criticado. El cardenal Zen se pronunció en contra de un acuerdo aceptado por un Papa Francisco “ingenuo” y negociado por Pietro Parolin en nombre de una línea “mundialista”. En Estados Unidos, el ex asesor católico de Trump, Steve Bannon, condenó los acuerdos y pidió al Vaticano que hiciera público el texto, una petición transmitida por el embajador de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, Sam Brownback.
Esa posición también ha tenido eco en Londres. Los periodistas cercanos al Papa Francisco no dudan en hablar de campañas de prensa procedentes de Estados Unidos, Hong Kong y de círculos que durante décadas han afirmado hablar desde fuera de China en nombre de las comunidades católicas chinas, y en particular de las calificadas como ilegales. Ya no es de extrañar que los críticos del acuerdo, y más ampliamente del Papa Francisco, se refieran a la tesis de Santa Marta (donde reside el Papa Francisco) de un complot americano contra el acuerdo entre Pekín y el Vaticano.
La cuestión del acuerdo entre el Vaticano y la República Popular China forma parte de un contexto mucho más general, y también está vinculada a la cuestión de las relaciones del papado con Estados Unidos o Rusia.
El hecho es que la elección de Trump estuvo en contradicción con las posiciones tomadas por el episcopado católico estadounidense y aún más por el Vaticano. La cuestión de los migrantes de América Central, que ha permanecido en el centro de los acontecimientos actuales, sólo ha aumentado las tensiones, mientras que el Papa Francisco ha pedido repetidamente que se abran las fronteras.
Aún más preocupante desde el Vaticano, Trump fue apoyado por una gran parte del electorado popular católico, de origen italiano o irlandés, sensible a los temas de la degradación de las clases medias, el retorno de la nación y el proteccionismo, temas que implican cuestionar la relación con China y los beneficios que ha derivado de su pertenencia a la OMC [Organización Mundial de Comercio]. Puede haber sido razonable en el principio de argumentar que sería mejor que tanto Estados Unidos como el Vaticano evitaran una ruptura abierta, pero el hecho es que los asuntos de la disputa continúan extendiéndose.
En Italia, Matteo Salvini, haciéndose pasar por católico, de 2018 a 2019 siguió como ministro una política opuesta a la promovida por el Papado y las asociaciones católicas italianas. En Europa del este, los opositores más abiertos a las posiciones del Papa Francisco son el partido católico polaco PIS o el húngaro Viktor Orbán. Estas luchas tienen lugar en un contexto particularmente envenenado, donde los escándalos de pedofilia se están generalizando y ponen en tela de juicio el funcionamiento mismo de la Iglesia Católica.
Y finalmente, más que nunca Hong Kong es otro lugar de confrontación. La crisis de 2019 llega cuando el obispo Yeung murió en enero de 2019. En septiembre de 2019 no fue posible encontrar un sucesor para él: mientras tanto su predecesor, Tong, está a cargo del obispado. El nombramiento es complicado, especialmente porque los términos del acuerdo entre Pekín y el Vaticano no son públicos. Pero dado el contexto, es difícil para el Vaticano suscribir un nombramiento que apoye el descontento o que vaya demasiado lejos en la dirección de Pekín.
En este contexto estalló la ola de manifestaciones de 2019 que socavó las instituciones del territorio, con el objetivo de cambiar el equilibrio de poder con Pekín y combatir lo que se percibe como una normalización gradual de Hong Kong. Sin embargo, el movimiento está encabezado en gran medida por grupos religiosos, en particular protestantes, mientras que las autoridades chinas denuncian el apoyo estadounidense. Pero muchos católicos también están movilizados, lo que contrasta con la actitud conciliadora del Papado hacia el gobierno de Pekin, o el Arzobispo Tong, quien, después de tratar de disuadir a Carrie Lam de firmar el controvertido proyecto de ley de extradición que desencadenó la revuelta, está tratando de encontrar una manera de satisfacer las demandas de los manifestantes sin desestabilizar al gobierno.
Sin embargo, el tema es mucho más amplio que la lucha entre el Papa Francisco y Estados Unidos, incluso en el campo chino. La verdadera pregunta es cómo el Papado se está reposicionando en un orden internacional cambiante. El Papado es tradicionalmente universalista, a veces desconfiado de los Estados, especialmente cuando están definidos por la soberanía absoluta y vinculados por su historia con Europa y Occidente.
Todo esto conduce hoy a una política que, de hecho, es muy ambivalente, en un mundo en el que los puntos de referencia son cada vez menos estables. En un primer nivel, el Papado sigue comprometido con la promoción de un orden mundial, teorizado especialmente durante los años del Vaticano II. En este sentido, su visión se solapa en cierta medida con la de las democracias liberales occidentales. En este sentido, el acercamiento entre China y el Vaticano podría interpretarse también como un avance extremo en esta lógica: la mundialización ha llevado al acuerdo de dos potencias que representan polos opuestos. Sin embargo, el Papado también ha formado parte de una política que desafía un orden mundial centrado en Occidente, y lo ha sido desde los tiempos del Vaticano II, cuando Pablo VI pidió un reequilibrio a favor de los países del sur.
A pesar de la fuerte alianza entre Juan Pablo II y Estados Unidos en los años ochenta contra el mundo soviético, los discursos pontificios contra la mundialización en un modelo liberal anglosajón han ido en aumento desde los años noventa, criticando en particular las guerras “humanitarias” (primera Guerra del Golfo de 1990-1991, guerra en la antigua Yugoslavia en 1999, invasión de Irak en 2003).
Si el Papa Francisco, con sus compromisos en materia de clima, migración e injusticia económica, forma parte de un horizonte más progresista que su predecesor Benedicto XVI, que compartía estos temas pero pensaba más en una mundialización conservadora en torno a núcleos cristianos principalmente occidentales, el marco fundamental sigue siendo el mismo: el Papado está a favor de una mundialización diferente, orientada hacia los países del sur, y cada vez es más partidario de un mundo postoccidental, que corresponde a la geografía de sus fieles, que ahora se encuentran principalmente en América Latina y África.
Pero precisamente, la mundialización total del planeta a través del libre comercio y de la OMC está llegando a sus límites: por un lado, está siendo desafiada en su corazón, desde Estados Unidos hasta Londres o incluso la Unión Europea, a pesar de la resistencia institucional de Bruselas, Berlín o París, y por otro lado, parece estar multiplicando las crisis en los cuatro puntos cardinales del planeta.
En respuesta a este sistema mundial, nuevos nacionalismos basados en la reafirmación del Estado parecen estar reapareciendo, con el inicio de un replanteamiento del actual sistema internacional no sólo en la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladimir Putin o la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, sino también en los Estados Unidos de Donald Trump.
Sin embargo, este resurgimiento de las naciones está lejos de crear una nueva forma de estabilidad, y por lo tanto el Papado se replantea sus políticas en un mundo cada vez más cambiante. Para empezar, el juego está lejos de terminar. El proyecto de mundialización liberal sigue siendo impulsado por potencias institucionales y económicas poderosas basadas en una realidad profunda, la de la interacción económica de todas las partes del mundo.
Pero este conflicto general, que se extiende por todo el mundo, se cruza con otra dimensión, la de las relaciones entre Estados Unidos, Rusia y China y la de la competencia entre las grandes naciones que están resurgiendo. Sin embargo, Rusia y China, cuyo acercamiento puede haber parecido poco sólido hace unos diez años, se han acelerado, especialmente desde las sanciones occidentales de 2014 contra Rusia. Además del desarrollo de la Organización de Cooperación de Shanghai y la construcción de nuevas interacciones estratégicas, los dos países se están convirtiendo cada vez más en socios en el desarrollo de las carreteras euroasiáticas, en particular el importante proyecto chino “One Belt, One Road”. Esto no es nada obvio, ya que tradicionalmente China y Rusia han sido dos adversarios en Asia central, y el equilibrio de poder puede parecer cada vez más desequilibrado entre una Rusia que piensa en términos multipolares (particularmente frente al ascenso del poder chino) y la República Popular China, que simplemente quiere emerger como el nuevo polo junto a o incluso en lugar de Estados Unidos.
A pesar de su inclusión inicial en el orden atlántico y su apoyo a la mundialización, el Vaticano ve al catolicismo sacudido en todo el mundo por la mundialización liberal con sus transformaciones tecnológicas. La Iglesia Católica está sacudida más profundamente por la sociología que impulsa la mundialización, la de las poblaciones urbanas ricas, cuyo ideal es fluido, sin un punto fijo, emancipado de la historia y de las construcciones sociales o morales, todo lo que el Papado encarna en el más alto grado. Así que, mientras aboga por otra forma de mundialización, el Papado cuya influencia está colapsando en Europa ahora, está tratando de construir vínculos con la República Popular China. Esta política no es un cambio inesperado: amplía la política hacia Rusia que el 12 de febrero de 2016 condujo al encuentro en La Habana entre el Papa Francisco y el Patriarca Cirilo.
Por lo tanto, el acuerdo entre la República Popular China y el Vaticano debe entenderse también como un hito en una geopolítica postoccidental, o posatlántica, cuya profunda lógica se remonta a antes de la elección de Trump. Mientras que el modelo liberal de las potencias occidentales parece estar en dificultades, cuarenta años de apertura a un mundo globalizado no han hecho más que reforzar el poder de las autoridades chinas. En este contexto, la política de las autoridades vaticanas puede leerse como un deseo de no desempeñar un papel en el colapso de la República Popular China con consecuencias impredecibles, a pesar de que esta última se está convirtiendo también en una cuestión estratégica para el mundo católico. En este sentido, el Papado sigue situándose en una geopolítica cada vez más multilateral, situándose como intermediario entre las distintas potencias, desde la Unión Europea o Estados Unidos hasta Rusia e incluso China.
Decir hoy que el mundo será multipolar, con el surgimiento de países del Sur, América Latina, China, India y mañana África, no es muy original. Sin embargo, es posible que las consecuencias no se hayan extraído del todo, mientras que muchos todavía esperan cerrar el paréntesis populista y volver al mundo de los sueños de los años noventa: el surgimiento de un mundo multipolar se lograría sin cuestionar el orden liberal y atlántico, al que se integrarían estos diferentes polos.
Sin embargo, Estados Unidos o Reino Unido están demostrando que ellos mismos no son sólo su versión mundializada, simplificada y fácilmente consumible, y que pueden destruirla. En cuanto a China, cualquiera que sea su activo, será imposible que se convierta en un nuevo polo único, de la misma manera que lo fue Estados Unidos. Por lo tanto, el mundo está avanzando hacia un sistema multipolar, pero sin sistemas de alianza integrados, mientras que la OTAN parece menos segura que antes, mientras que China rechaza cualquier alianza estricta, por ejemplo con Rusia. Sin embargo, si los desórdenes se multiplican, los problemas son comunes, existen intercambios y convergencias permanentes, en una globalización que hace interactuar visiones muy diferentes, que no pueden desaparecer en una “cultura mundial” de consumo, pero que tampoco son inmutables, congeladas para siempre en un choque de civilizaciones.
En esta perspectiva, el Papado, siguiendo su tradición universalista, trata de estar presente en todas partes: aunque ya no es enteramente occidental, mira hacia el otro lado del mundo, y hacia China, donde el cristianismo se está desarrollando. A medida que su registro europeo continúa debilitándose, el Papado parece más y más desterritorializado. A largo plazo, en un mundo que parece incierto, mientras que todas las culturas y los Estados se verán afectados por cambios cuyas consecuencias difícilmente pueden preverse, este posicionamiento puede ser un punto fuerte.
A corto plazo, esta política acaba siendo muy paradójica y puede encontrarse con grandes dificultades sobre el terreno, como en Hong Kong. Finalmente, en su deseo de apoyar otra globalización, el Papado se está acercando a Rusia y China, aunque en occidente el Papa defiende una serie de causas liberales, a veces rechazadas por parte del pueblo católico, que votan en contra del Papa y abandonan las iglesias. Es también la debilidad de una proyección demasiado desterritorializada: el actual retorno de las naciones muestra que también debemos estar anclados en un territorio, en una historia.
Sin embargo, cualquiera que sea el despliegue global del Papado, su historia todavía la marca en Europa, o más ampliamente en Occidente. El interés de la República Popular en el Vaticano, y por lo tanto la capacidad concesional de las autoridades chinas, será proporcional no sólo a la capacidad de sostener un verdadero y arraigado catolicismo chino, sino también a la capacidad del Vaticano para influir en Europa y Estados Unidos.
https://www.diploweb.com/Chine-et-Vatican-l-amorce-d-une-nouvelle-relation-strategique.html

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martes, 1 de octubre de 2019

ECO-LABORAL-MUNDOECOLOGIA O EL CUENTO DE LA ECOLOGÍA VERDERONA A SECAS



La Universidad al servicio de los mayores contaminadores: las empresas en la UAM

El ex directivo de uno de los bancos que más contribuye al cambio climático dirigirá la ciencia, las universidades y la innovación en Madrid mientras las grandes empresas contaminadoras imparten cátedra en plena situación de crisis climática ¿Surrealista? Pues sigue leyendo.

ContraCorrent Barcelona
Izquierda Diario
Jueves 26 de septiembre 


El gobierno de coalición PP-C’s en la Comunidad de Madrid, apoyado por Vox y presidido por Isabel Díaz Ayuso, anunció a finales de agosto a Eduardo Sicilia Cavanillas como el nuevo consejero de Ciencia, Universidad e Innovación, cartera que está en manos de la formación naranja.

Tras el cartel de independiente con el que se le ha querido presentar, se esconde nada más ni nada menos que un ex - Subdirector General Adjunto de BBVA; ex - Director General de Finanzia Automóvil (la financiera de automóvil y consumo del BBVA), ex – vicepresidente de ASNEF (Asociación Nacional de Entidades Financieras) y ex - miembro de Consejos de Administración de numerosas compañías como Iberdrola, situada entre las diez empresas españolas más contaminantes; así que de independiente nada, se trata de alguien al servicio del capital.

Poco hay que decir al respecto de la fortuna del BBVA, el segundo banco español más importante por detrás del Banco Santander y unos activos que ascendían a 676.689 millones de euros a finales de 2018. Sin embargo, lo que muchas veces se oculta es su papel como uno de los grandes responsables del cambio climático. A mediados de marzo, la ONG Ecologistas en Acción afirma que dicha empresa es una de las que más “han contribuido a la expansión de nuevos combustibles fósiles desde la firma del Acuerdo de París”. Se trata de una entidad financiera que desde 2016 ha aumentado su inversión en petróleo, el gas fracking o Gas Natural Licuado, algunos de los combustibles fósiles más sucios.

Ante la crisis climática que afrontamos en la actualidad, hoy más que nunca la investigación científica debe estar al servicio de las necesidades de la sociedad para poder llevar a cabo la reconversión ecológica que exige la situación. Sin embargo, la persona al mando de las universidades, la ciencia y la innovación procede de una de las empresas que más contribuyen al cambio climático. Así es como funciona el modelo universidad-empresa, poniendo los centros de conocimiento e investigación al servicio de los intereses de una minoría capitalista.

Pero esto tan solo es la puerta de entrada legal para que las empresas penetren en las universidades. Una de las formas que toma este vínculo son las cátedras UAM-Entidad que se desarrollan en la Universidad Autónoma de Madrid, las cuales consisten en acuerdos entre la universidad y las empresas para llevar a cabo determinadas actividades docentes e investigadoras utilizando el personal aportado por la universidad.

Entre estas cátedras, podemos encontrar la cátedra Ercros sobre Química Farmacéutica. Dicha firma, además de ser miembro del IBEX 35 y obtener beneficios millonarios, es responsable del desastre medioambiental de Flix, un pantano en el que se acumularon más de 700.000 toneladas de residuos tóxicos procedentes de su actividad industrial. Los informes de caracterización encargados por la propia compañía desde 2005 detectan zonas por las que una persona no podría caminar más de 25 minutos sin riesgo de efectos cancerígenos o sistémicos.

La cosa no acaba aquí. La farmacéutica Roche cuenta con hasta tres cátedras en la UAM: sobre Medicina de Innovación, Enfermedades Intersticiales Difusas y Medicina Personalizada de Precisión.
Y… ¿nadie se acuerda del Tamiflu? El informe elaborado por la Fundación Cochrane con el apoyo del British Medical Journal publicado en 2014 anunciaba que la eficacia del fármaco conocido como Tamiflu, medicamento producido por Roche con el que se trató la gripe A en 2009, no estaba demostrada. Lo único en lo que resultó ser efectivo fue en su capacidad para generar beneficios millonarios a Roche.

Aún hay más. En 1976 tuvo lugar en la localidad italiana de Seveso el accidente que liberó 2 kilogramos de 2,3,7,8-tetracloro-p-dibenzodioxina, un gas de extremada toxicidad y persistencia en el medio ambiente a causa de la rotura de una válvula de la fábrica de cosméticos de la multinacional Hoffmann-La Roche.

Por otro lado, la UAM también colabora con otras grandes empresas como el gigante de la comida rápida McDonalds, el grupo PRISA, la multimillonaria farmacéutica Grífols o Acciona. Precisamente esta última compañía, posee una amplia línea de negocios en construcción, agua, concesiones, industrias y servicios y representa la esencia del capitalismo verde.

Sin embargo, como suele ocurrir con el green-washing, no es verde todo lo que reluce. En su página web, a propósito del complejo eólico de Oaxaca (México), Acciona anuncia que dicho proyecto produce “electricidad equivalente al consumo de unos 700.000 hogares mexicanos”. Curiosamente, no se menciona el hecho de que 21 de los 27 parques que conforman el Corredor Eólico operan bajo la figura de autoabastecimiento, lo que significa que producen energía para abastecer directamente a grandes corporaciones, tal y como se recoge en el informe emitido por Ecologistas en Acción.

Por último, debemos hablar del Banco Santander, sin duda la entidad financiera que más penetra en las universidades del Estado Español. Se trata del banco más grande de España, uno de los más grandes del mundo y uno de los más contaminantes. 

Tal y como muestran sus propios datos, la compañía afirmaba que entre 2016 y 2018 destinaría 69,8 millones de euros a paliar su impacto climático, poco comparado con los 13.400 millones de euros dedicados en ese período de tres años a financiar los combustibles fósiles, según el informe “Fossil Fuel Finance Report Card 2019”.

Finalmente, el modelo de la universidad-empresa al servicio de las grandes fortunas culmina en lo que se conoce como Consejo Social, el órgano encargado de garantizar la participación de la sociedad en la universidad, aunque más bien entiende “sociedad” como empresas y “participación” como control.

Para muestra de ello, el propio presidente del Consejo Social de la UAM, D. José Folgado Blanco, ex – director del departamento de economía de la CEOE y afiliado al PP; el vicepresidente D. Arsenio Huergo Fernández, vicepresidente de la Fundación Universidad-Empresa o D. Rafael Pardo Avellaneda, director general de la Fundación BBVA.

Mientras las universidades estén al servicio de los grandes capitalistas que se benefician de la explotación de la mayor parte de la población y que engordan su fortuna destruyendo nuestro planeta, no habrá forma posible de enfrentar la crisis climática.

Debemos pelear por poner las universidades al servicio de las necesidades de la sociedad bajo control de estudiantes, trabajadores y trabajadoras. Desde la decisión de las líneas de investigación hasta la gestión de servicios como las cafeterías o reprografías. La lucha contra el cambio climático también pasa por arrancar los grandes centros de conocimiento de las manos de una minoría capitalista y la casta universitaria que la sirve.

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ERREJÓN ESTA NUBIENRREJONADO (SUBIDO A LAS NUBES QUIERE DECIRSE) PORQUE PODEMOS LO NUBIENRREJONÓ, POR ESO TE QUIERO TANTO Y UNA MIERDA TE VOY A VOTAR


Ustedes a lo que yo diga y no me rechisten, porque si no monto tenderete, y a mi eso no me gusta. Yo soy un hombre de arriba y de abajo, transversal y no transversal, ni de un lado ni de otro, incluso, ni monto ni desmonto. Vamos, que soy un prenda.
De modo que a lo que iba. Ustedes me van a votar a mi (no hace falta saber mi nombre. Ustedes pongan en el sobre del voto "para el que tenemos que votar", que la Junta Electoral ya me conoce). Programa? No me vengan mareando con esa pregunta. El programa es cosa mía, y  lo haré, o no haré, que eso es asunto mío y de nadie más. ¿Usted quién se ha creido que es para preguntarme por el programa? Usted vóteme, que esa es su obligación. Y, dicho esto, para qué les quiro contar más. El candidato soy yo, no tengo por qué dar ni media explicación más. Yo me debo a la felicidad del pueblo, con su ecología verde que te quiero verde y nada más. Recuerde, en el sobre del voto: "para el que tenemos que votar"

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Más País nos recuerda la necesidad de más Izquierda Unida
  • "Es la primera vez que un partido anuncia que se va a presentar en provincias donde no tiene militantes ni dirección política"
  • "Como nadie sabe cuál es su programa electoral no podemos conocer cuál es su diferencia con Unidas Podemos o con el PSOE"
  • IU está poniendo mucho más patrimonio en esta comunidad de vecinos, Unidas Podemos, y es de justicia que se le tenga más en consideración"
cuarto poder
sábado, 28 de septiembre de 2019
 

 El portavoz de Más Madrid en la Asamblea de Madrid, Íñigo Errejón, durante la asamblea de Más País que le proclamó candidato a las elecciones generales del 10-N . / Ballesteros (Efe)

Hubo un tiempo en que creíamos que lo importante de una propuesta política era su programa. Es decir, qué planteaban que harían cuando ese partido llegara al gobierno. El sistema, lo cuento para millennials y quienes creen que la militancia política nació el 15M del 2011, era el siguiente: un órgano dirigente del partido preparaba un documento político y otro organizativo. Se debatía en las organizaciones locales, se planteaban enmiendas, propuestas, resoluciones, etc...  Se elegían delegados y éstos se reunían un largo fin de semana para votar y definir el documento definitivo con sus diagnósticos, propuestas y alternativas. Ese era la base para elaborar un programa político, si bien había otros encuentros de las bases, incluso con simpatizantes no afiliados, para elaborar el programa.
Luego llegó la nueva política, cuyo ejemplo más paradigmático es Iñigo Errejón. Antes de reunirse ni votar su militancia ya anunciaron que se iban a presentar a las elecciones generales y teníamos la seguridad de quien era el candidato. Y mientras tanto el partido no tenía nombre, ni programa electoral, ni estatutos, ni sedes, ni militantes (el partido Más Madrid es otro), ni programa. Era la primera vez que un partido anunciaba que se iba a presentar en provincias donde ni tenía ni militantes ni dirección política. Pero no importaba. En otras autonomías, los militantes de históricas organizaciones votaban y decidían ir con ellos a las elecciones (en realidad con él, porque era lo único que se sabía del partido, ni nombre ni otros candidatos). Lo hizo Compromís en la Comunidad Valenciana, Equo en todo el país, algunos sectores de Podemos (como el de Murcia) y otros de En Marea en Galicia.
Los medios anunciaban encuestas con el número probable número de diputados. ¡Sin saber dónde se presentaba! Y, antes de saber lo que ese partido votaría sobre cualquier tema, porque no tenía programa, Errejón se explayaba en las entrevistas sobre lo que votarían en un debate de investidura y le escribía al presidente en funciones ofreciéndoles pactos futuribles.
El argumento de Más País es que se presenta para movilizar a los abstencionistas decepcionados por el resultado fallido de la negociación y que no se presentarán en las provincias donde puedan restar. El razonamiento es insostenible. En primer lugar porque si garantizas que vas a llegar a un acuerdo en una negociación de investidura es que no vas a negociar nada porque la otra parte ya tiene garantizado el acuerdo contigo. El otro razonamiento es todavía más absurdo, vienen a decir que ellos saben en qué provincias los ciudadanos se van a abstener molestos con los partidos que no llegaron a un acuerdo, entonces ellos se presentan en esas provincias y consiguen el voto de esos ciudadanos. Pero solo el de esos, porque su objetivo no es restar voto progresista. Por eso mismo no se presentan en las provincias donde, afirman, pueden restar, algo que también ellos tienen la clarividencia de saber dónde es. Para eso son politólogos.
Mientras tanto, como nadie sabe cuál es su programa electoral no podemos conocer cuál es su diferencia con Unidas Podemos o con el PSOE, porque seguimos sin conocer su programa. No sabemos qué piensan sobre el conflicto catalán (si creen que hay presos políticos o políticos presos, si confían en una sentencia justa, si creen que hay que hacer un referéndum de independencia), sobre los vientres de alquiler o la prostitución (si regular o si prohibir), sus propuestas sobre emigración en la Unión Europea o sobre mecanismos de actualización de las pensiones.
La única referencia que tenemos sobre su propuesta de relaciones con la Iglesia nos la aporta Rita Maestre cuando se manifestó con el torso desnudo en la capilla de la Complutense, pero como luego se disculpó ante el arzobispo ya no me ha quedado claro lo que opina al respecto. En política internacional parece que consideran que el presidente de Venezuela es Juan Guaidó, por las declaraciones de su afín Manuela Carmena, pero no tenemos más datos. Muchos menos podemos saber quién creen que es el presidente legítimo de Siria, cuáles son las fronteras de Ucrania, y si piensan que debemos apoyar las sanciones a Irán, enviar tropas a Afganistán o vender armas a Arabia Saudí. Tampoco sabemos a qué miembros de la nueva Comisión Europea apoyan. Se presentaron en la sede del sindicato de UGT y ni si molestaron en aclarar qué pensaban sobre la reforma laboral, si proponen derogarla o solo algunos artículos.
Paradójicamente denuncian que otros se han sentado a negociar sobre cargos y no sobre programa, pero el documento acordado entre Más País y Equo que estos últimos sometieron a votación entre sus bases, recogía el pacto de que un candidato del partido ecologista ocuparía el puesto dos o tres de la lista por Madrid que encabezará Íñigo Errejón. Un documento, insisto, en el que no había programa electoral. No es que no haya acuerdo programático es que ni por separado lo tiene Más País y ya están repartiéndose escaños.
Hasta ahora habíamos descubierto que detrás de esta nueva política nunca hubo organización, ahora hemos visto que es mucho peor: no hay ni programa, ni lealtad. No hay más que ver cómo quienes hace cuatro meses eran aliados de Unidas Podemos ahora abandonan el barco solo porque pasó por delante algo que parece que se vende mejor. No hay mejor programa porque no hay ninguno, no son más democráticos porque no eran ni partido, no tienen mejores líderes porque no los han elegido, solo parece que prometen más cargos y más votos, pero desconocemos en base a qué.
Y llegamos a lo que todo esto supone para Unidas Podemos y para Izquierda Unida en especial. Lo que alguna vez suponía una capacidad, inmerecida pero real, de conseguir cinco veces más votos que IU, hacía estratégico plantear una confluencia para ser todos más fuertes y asegurarse que el proyecto global fuera más de izquierda. Sin embargo, ya no estamos en el mismo escenario. Ahora Izquierda Unida está poniendo mucho más patrimonio en esta comunidad de vecinos, y es de justicia que se le tenga más en consideración. Porque aporta más ideología y programa, más organización, más historia decente y, por qué no decirlo, más cuadros que han demostrado más lealtad y honestidad. Es hora de que su voz y su voto sea más fuerte. Si de verdad seguimos creyendo en las ideas, en el programa, en la organización, en la coherencia y en la democracia. Todo eso que nos hemos ido dejando en el camino y que va siendo hora de recuperar.

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