martes, 21 de febrero de 2017

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA (1/23)

León Trotsky

Tomo I

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA

Capitulo I



marxists.org


Publicada por primera vez, en traducción de Max Eastman, como The History of the Russian Revolution vols I-III, en Londres 1932-33. Digitalizado por Julagaray en julio de 1997, para la Red Vasca Roja, con cuyo permiso aparece aquí. Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo en octubre de 1999.

El rasgo fundamental y más constante de la historia de Rusia es el carácter rezagado de su desarrollo, con el atraso económico, el primitivismo de las formas sociales y el bajo nivel de cultura que son su obligada consecuencia.


La población de aquellas estepas gigantescas, abiertas a los vientos inclementes del Oriente y a los invasores asiáticos, nació condenada por la naturaleza misma a un gran rezagamiento. La lucha con los pueblos nómadas se prolonga hasta fines del siglo XVII. La lucha con los vientos que arrastran en invierno los hielos y en verano la sequía aún se sigue librando hoy en día. La agricultura -base de todo el desarrollo del país- progresaba de un modo extensivo: en el norte eran talados y quemados los bosques, en el sur se roturaban las estepas vírgenes; Rusia fue tomando posesión de la naturaleza no en profundidad, sino en extensión.

Mientras que los pueblos bárbaros de Occidente se instalaban sobre las ruinas de la cultura romana, muchas de cuyas viejas piedras pudieron utilizar como material de construcción, los eslavos de Oriente se encontraron en aquellas inhóspitas latitudes de la estepa huérfanos de toda herencia: su antecesores vivían en un nivel todavía más bajo que el suyo. Los pueblos de la Europa occidental, encerrados en seguida dentro de sus fronteras naturales, crearon los núcleos económicos y de cultura de las sociedades industriales. La población de la llanura oriental, tan pronto vio asomar los primeros signos de penuria, penetró en los bosques o se fue a las estepas. En Occidente, los elementos más emprendedores y de mayor iniciativa de la población campesina vinieron a la ciudad, se convirtieron en artesanos, en comerciantes. Algunos de los elementos activos y audaces de Oriente se dedicaron también al comercio, pero la mayoría se convirtieron en cosacos, en colonizadores.

El proceso de diferenciación social tan intensivo en Occidente, en Oriente veíase contenido y esfumado por el proceso de expansión. «El zar de los moscovitas, aunque cristiano, reina sobre gente de inteligencia perezosa», escribía Vico, contemporáneo de Pedro I. Aquella «inteligencia perezosa» de los moscovitas reflejaba la lentitud del ritmo económico, la vaguedad informe de las relaciones de clase, la indigencia de la historia interior.

Las antiguas civilizaciones de Egipto, India y la China tenían características propias que se bastaban a sí mismas y disponían de tiempo suficiente para llevar sus relaciones sociales, a pesar del bajo nivel de sus fuerzas productivas, casi hasta esa misma minuciosa perfección que daban a sus productos los artesanos de dichos países. Rusia hallábase enclavada entre Europa y Asia, no sólo geográficamente, sino también desde un punto de vista social e histórico. Se diferenciaba en la Europa occidental, sin confundirse tampoco con el Oriente asiático, aunque se acercase a uno u otro continente en los distintos momentos de su historia, en uno u otro respecto. El Oriente aportó el yugo tártaro, elemento importantísimo en la formación y estructura del Estado ruso. El Occidente era un enemigo mucho más temible; pero al mismo tiempo un maestro. Rusia no podía asimilarse a las formas de Oriente, compelida como se hallaba a plegarse constantemente a la presión económica y militar de Occidente.

La existencia en Rusia de un régimen feudal, negada por los historiadores tradicionales, puede considerarse hoy indiscutiblemente demostrada por las modernas investigaciones. Es más: los elementos fundamentales del feudalismo ruso eran los mismos que los de Occidente. Pero el solo hecho de que la existencia en Rusia de una época feudal haya tenido que demostrarse mediante largas polémicas científicas, es ya claro indicio del carácter imperfecto del feudalismo ruso, de sus formas indefinidas, de la pobreza de sus monumentos culturales.


Los países atrasados se asimilan las conquistas materiales e ideológicas de las naciones avanzadas. Pero esto no significa que sigan a estas últimas servilmente, reproduciendo todas las etapas de su pasado. La teoría de la reiteración de los ciclos históricos -procedente de Vico y sus secuaces- se apoya en la observación de los ciclos de las viejas culturas precapitalistas y, en parte también, en las primeras experiencias del capitalismo. El carácter provincial y episódico de todo el proceso hacia que, efectivamente, se repitiesen hasta cierto punto las distintas fases de cultura en los nuevos núcleos humanos. Sin embargo, el capitalismo implica la superación de estas condiciones. El capitalismo prepara y, hasta cierto punto, realiza la universalidad y permanencia en la evolución de la humanidad. Con esto se excluye ya la posibilidad de que se repitan las formas evolutivas en las distintas naciones. Obligado a seguir a los países avanzados, el país atrasado no se ajusta en su desarrollo a la concatenación de las etapas sucesivas. El privilegio de los países históricamente rezagados -que lo es realmente- está en poder asimilarse las cosas o, mejor dicho, en obligarse a asimilárselas antes del plazo previsto, saltando por alto toda una serie de etapas intermedias. Los salvajes pasan de la flecha al fusil de golpe, sin recorrer la senda que separa en el pasado esas dos armas. Los colonizadores europeos de América no tuvieron necesidad de volver a empezar la historia por el principio. Si Alemania o los Estados Unidos pudieron dejar atrás económicamente a Inglaterra fue, precisamente, porque ambos países venían rezagados en la marcha del capitalismo. Y la anarquía conservadora que hoy reina en la industria hullera británica y en la mentalidad de MacDonald y de sus amigos es la venganza por ese pasado en que Inglaterra se demoró más tiempo del debido empuñando el cetro de la hegemonía capitalista. El desarrollo de una nación históricamente atrasada hace, forzosamente, que se confundan en ella, de una manera característica, las distintas fases del proceso histórico. Aquí el ciclo presenta, enfocado en su totalidad, un carácter confuso, embrollado, mixto.

Claro está que la posibilidad de pasar por alto las fases intermedias no es nunca absoluta; hállase siempre condicionada en última instancia por la capacidad de asimilación económica y cultural del país. Además, los países atrasados rebajan siempre el valor de las conquistas tomadas del extranjero al asimilarlas a su cultura más primitiva. De este modo, el proceso de asimilación cobra un carácter contradictorio. Así por ejemplo, la introducción de los elementos de la técnica occidental, sobre todo la militar y manufacturera, bajo Pedro I se tradujo en la agravación del régimen servil como forma fundamental de la organización del trabajo. El armamento y los empréstitos a la europea -productos, indudablemente, de una cultura más elevada- determinaron el robustecimiento del zarismo, que, a su vez, se interpuso como un obstáculo ante el desarrollo del país.


Las leyes de la historia no tienen nada de común con el esquematismo pedantesco. El desarrollo desigual, que es la ley más general del proceso histórico, no se nos revela, en parte alguna, con la evidencia y la complejidad con que la patentiza el destino de los países atrasados. Azotados por el látigo de las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo combinado, aludiendo a la aproximación de las distinta etapas del camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas. Sin acudir a esta ley, enfocada, naturalmente, en la integridad de su contenido material, sería imposible comprender la historia de Rusia ni la de ningún otro país de avance cultural rezagado, cualquiera que sea su grado.

Bajo la presión de Europa, más rica, el Estado ruso absorbía una parte proporcional mucho mayor de la riqueza nacional que los Estados occidentales, con lo cual no sólo condenaba a las masas del pueblo a una doble miseria, sino que atentaba también contra las bases de las clases pudientes. Pero, al propio tiempo, necesitado del apoyo de estas últimas, forzaba y reglamentaba su formación. Resultado de esto era que las clases privilegiadas, que se habían ido burocratizando, no pudiesen llegar a desarrollarse nunca en toda su pujanza, razón por la cual el Estado iba acercándose cada vez más al despotismo asiático.

La autocracia bizantina, adoptada oficialmente por los zares moscovitas desde principios del siglo XVI, domeñó a los boyardos feudales con ayuda de la nobleza y sometió a ésta a su voluntad, entregándole los campesinos como siervos para erigirse sobre estas bases en el absolutismo imperial petersburgués. Para comprender el retraso con que se desarrolla este proceso histórico, baste decir que la servidumbre de la gleba, que surge en el transcurso del siglo XVI, se perfecciona en el XVII y florece en el XVIII, para no abolirse jurídicamente hasta 1861.

El clero desempeña, después de la nobleza, un papel bastante importante, pero completamente mediatizado, en el proceso de formación de la autocracia zarista. La Iglesia no se remonta nunca en Rusia a las alturas del poder que llega a ocupar en el Occidente católico, y se contenta con llenar las funciones de servidora espiritual cerca de la autocracia, apuntándose esto como un mérito de su datarios del brazo secular. Los patriarcas cambiaban al cambiar los zares. En el período petersburgués, la sujeción de la Iglesia al Estado hízose todavía más servil. Los doscientos mil curas y frailes integraban en el fondo la burocracia del país, eran una especie de cuerpo policiaco de la fe: en justa reciprocidad, la policía secular amparaba el monopolio del clero ortodoxo en materia de fe y protegía sus tierras y sus rentas.

La eslavofilia, este mesianismo del atraso, razonaba su filosofía diciendo que el pueblo ruso y su Iglesia eran fundamentalmente democráticos, en tanto que la Rusia oficial no era otra cosa que la burocracia alemana implantada por Pedro el Grande. Marx observaba, a este propósito: «Exactamente lo mismo que los asnos teutónicos desplazaron el despotismo de Federico II, etc., a los franceses, como si los esclavos atrasados no necesitaran siempre de esclavos civilizados para amaestrarlos». Esta breve observación refleja perfectamente no sólo la vieja filosofía de los eslavófilos, sino también el evangelio moderno de los «racistas».
La incidencia del feudalismo ruso y de toda la historia rusa antigua cobraba su más triste expresión en la ausencia de auténticas ciudades medievales como centros de artesanía, de comercio. En Rusia el artesanado no tuvo tiempo de desglosarse por entero de la agricultura y conservó siempre el carácter del trabajo a domicilio. Las viejas ciudades rusas eran centros comerciales, administrativos, militares y de la nobleza; centros, por consiguiente, consumidores y no productores. La misma ciudad de Novgorod, tan cercana a la Hansa y que no llegó a conocer el yugo tártaro, era una ciudad comercial sin industria. Cierto es que la dispersión de los oficios campesinos, repartidos por las distintas comarcas, creaba la necesidad de una red comercial extensa. Pero los mercaderes nómadas no podían ocupar, en modo alguno, el puesto que en Occidente ocupaba la pequeña y media burguesía de los gremios de artesanos en el comercio y la industria, indisolublemente unida a su periferia campesina. Además, las principales vías de comunicación del comercio ruso conducían al extranjero, asegurando así al capital extranjero, desde los tiempos más remotos, el puesto directivo y dando un carácter semicolonial a todas las operaciones, en que el comerciante ruso quedaba reducido al papel de intermediario entre las ciudades occidentales y la aldea rusa. Este género de relaciones económicas experimentó un cierto avance en la época del capitalismo ruso y tuvo su apogeo y suprema expresión en la guerra imperialista.

La insignificancia de las ciudades rusas, que es lo que más contribuyó a formar en Rusia el tipo de Estado asiático, excluía, en particular, la posibilidad de un movimiento de Reforma encaminada a sustituir la Iglesia ortodoxa burocrático-feudal por una variante cualquiera moderna del cristianismo adaptada a las necesidades de la sociedad burguesa. La lucha contra la Iglesia del Estado no trascendía de los estrechos límites de las sectas campesinas, sin excluir la más poderosa de todas, el cisma de los «creyentes viejos».


Quince años antes de que estallase la gran Revolución francesa se desencadenó en Rusia el movimiento de los cosacos, labriegos y obreros serviles de los montes Urales, acaudillado por Pugachev. ¿Qué le faltó a aquella furiosa insurrección popular para convertirse en verdadera revolución? Le faltó el tercer estado. Sin la democracia industrial de las ciudades, era imposible que la guerra campesina se transformase en revolución, del mismo modo que las sectas aldeanas no podían llevar a cabo una Reforma. Lejos de provocar una revolución, el alzamiento de Pugachev sirvió para consolidar el absolutismo burocrático como servidor fiel de los intereses de la nobleza, y volvió a demostrar su eficacia en una hora difícil.

La europeización del país, que comenzó formalmente bajo Pedro el Grande, fue convirtiéndose cada vez más, en el transcurso del siglo siguiente, en una necesidad de la propia clase gobernante, es decir, de la nobleza. En 1825, la intelectualidad aristocrática, dando expresión política a esta necesidad, se lanzó a una conspiración militar, con el fin de poner freno a la autocracia. Presionada por el desarrollo de la burguesía europea, la nobleza avanzada intentaba, de este modo, suplir la ausencia del tercer estado. Pero no se resignaba, a pesar de todo, a renunciar a sus privilegios de casta; aspiraba a combinarlos con el régimen liberal por el que luchaba; por eso, lo que más temía era que se levantaran los campesinos. No tiene nada de extraño que aquella conspiración no pasara de ser la hazaña de unos cuantos oficiales brillantes, pero aislados, que sucumbieron casi sin lucha. Ese sentido tuvo la sublevación de los «decembristas».(1)

Los terratenientes que poseían fábricas fueron los primeros de su estamento que se iniciaron hacia la sustitución del trabajo servil por el trabajo libre. Otro de los factores que impulsaban esta medida era la exportación, cada día mayor, de cereales rusos al extranjero. En 1861, la burocracia noble, apoyándose en los terratenientes liberales, implanta la reforma campesina. El impotente liberalismo burgués, reducido a su papel de comparsa, no tuvo más remedio que contemplar el cambio pasivamente. No hace falta decir que el zarismo resolvió el problema fundamental de Rusia, esto es, la cuestión agraria, de un modo todavía más mezquino y rapaz de como la monarquía prusiana había de resolver, a la vuelta de pocos años, el problema capital de Alemania: su unidad nacional. La solución de los problemas que incumben a una clase por obra de otra es una de las combinaciones a que aludíamos, propias de los países atrasados.

Pero donde se revela de un modo más indiscutible la ley del desarrollo combinado es en la historia y el carácter de la industria rusa. Nacida tarde, no repite la evolución de los países avanzados, sino que se incorpora a éstos, adaptando a su atraso propio las conquistas más modernas. Si la evolución económica general de Rusia saltó sobre los períodos del artesanado gremial y de la manufactura, algunas ramas de su industria pasaron por alto toda una serie de etapas técnico-industriales que en Occidente llenaron varias décadas. Gracias a esto, la industria rusa pudo desarrollarse en algunos momentos con una rapidez extraordinaria. Entre la revolución de 1905 y la guerra, Rusia dobló, aproximadamente, su producción industrial. A algunos historiadores rusos esto les parece una razón bastante concluyente para deducir que «hay que abandonar la leyenda del atraso y del progreso lento». En rigor la posibilidad de un tan rápido progreso hallábase condicionada precisamente por el atraso del país, que no sólo persiste hasta el momento de la liquidación de la vieja Rusia, sino que aún perdura como herencia de ese pasado hasta el día de hoy.

El termómetro fundamental para medir el nivel económico de una nación es el rendimiento del trabajo, que, a su vez, depende del peso específico de la industria en la economía general del país. En vísperas de la guerra, cuando la Rusia zarista había alcanzado el punto culminante de su bienestar, la parte alícuota de riqueza nacional que correspondía a cada habitante era ocho o diez veces inferior a la de los Estados Unidos, lo cual no tiene nada de sorprendente si se tiene en cuenta que las cuatro quintas partes de la población obrera de Rusia se concentraban en la agricultura, mientras que en los Estados Unidos, por cada persona ocupada en las labores agrícolas había 2,5 obreros industriales. Añádase a esto que en vísperas de la guerra Rusia tenía 0,4 kilómetros de líneas férreas por cada 100 kilómetros cuadrados, mientras que en Alemania la proporción era de 1,7 y de 7 en Autria-Hungría, y por el estilo, todos los demás coeficientes comparativos que pudiéramos mencionar.

Como ya hemos dicho, es precisamente en el campo de la economía donde se manifiesta con su máximo relieve la ley del desarrollo combinado. Y así, mientras que hasta el momento mismo de estallar la revolución, la agricultura se mantenía, con pequeñas excepciones, casi en el mismo nivel del siglo XVII, l la industria, en lo que a su técnica y a su estructura capitalista se refería, estaba al nivel de los países más avanzados, y, en algunos respectos, los sobrepasaba. En el año 1914 las pequeñas industrias con menos de cien obreros representaban en los Estados Unidos un 35 por 100 del censo total de obreros industriales, mientras que en Rusia este porcentaje era tan sólo de 17,8. La mediana y la gran industria, con una nómina de 100 a 1.000 obreros, representaban un peso específico aproximadamente igual; los centros fabriles gigantescos que daban empleo a más de mil obreros cada uno y que en los Estados Unidos sumaban el 17,8 por 100 del censo total de la población obrera, en Rusia representaban el 41,4 por 100. En las regiones industriales más importantes este porcentaje era todavía más elevado: en la zona de Petrogrado era de 44,4 por 100; en la de Moscú, de 57,3 por 100. A idénticos resultados llegamos comparando la industria rusa con la inglesa o alemana. Este hecho, que nosotros fuimos los primeros en registrar en el año 1908, se aviene mal con la idea que vulgarmente se tiene del atraso económico de Rusia. Y, sin embargo, no excluye este atraso, sino que lo complementa dialécticamente.

También la fusión del capital industrial con el bancario se efectuó en Rusia en proporciones que tal vez no haya conocido ningún otro país. Pero la mediatización de la industria por los Bancos equivalía a su mediatización por el mercado financiero de la Europa occidental. La industria pesada (metal, carbón, petróleo) se hallaba sometida casi por entero al control del capital financiero internacional , que se había creado una red auxiliar y mediadora de Bancos en Rusia. La industria ligera siguió las mismas huellas. En términos generales, cerca del 40 por 100 del capital acciones invertido en Rusia pertenecía a extranjeros, y la proporción era considerablemente mayor en las ramas principales de la industria. Sin exageración, puede decirse que los paquetes de acciones que controlaban los principales bancos, empresas y fábricas de Rusia estaban en manos de extranjeros, debiendo advertirse que la participación de los capitales de Inglaterra, Francia y Bélgica representaba casi el doble de la de Alemania.

Las condiciones originarias de la industria rusa y de su estructura informan el carácter social de la burguesía de Rusia y su fisonomía política. La intensa concentración industrial suponía, ya de suyo, que entre las altas esferas capitalistas y las masas del pueblo no hubiese sito para una jerarquía de capas intermedias. Añádase a esto que los propietarios de las más importantes empresas industriales, bancarias y de transportes eran extranjeros que cotizaban los beneficios obtenidos en Rusia y su influencia política en los parlamentos extranjeros, razón por la cual no sólo no les interesaba fomentar la lucha por el parlamentarismo ruso, sino que muchas veces le hacían frente: bate recordar el vergonzoso papel que desempeñaba en Rusia la Francia oficial. Tales eran las causas elementales e insuperables del aislamiento político y del odio al pueblo de la burguesía rusa. Y si ésta, en los albores de su historia, no había alcanzado el grado necesario de madurez para acometer la reforma del Estado, cuando las circunstancias le depararon la ocasión de ponerse al frente de la revolución demostró que llegaba ya tarde.

En consonancia con el desarrollo general del país, la base sobre la que se formó la clase obrera rusa no fue el artesanado gremial, sino la agricultura; no fue la ciudad, sino el campo. Además, el proletariado de Rusia no fue formándose paulatinamente a lo largo de los siglos, arrastrando tras sí el peso del pasado, como en Inglaterra, sino a saltos, por una transformación súbita de las condiciones de vida, de las relaciones sociales, rompiendo bruscamente con el ayer. Esto fue, precisamente, lo que, unido al yugo concentrado el zarismo, hizo que los obreros rusos se asimilaran las conclusiones más avanzadas del pensamiento revolucionario, del mismo modo que la industria rusa, llegada al mundo con retraso, se asimiló las últimas conquistas de la organización capitalista.

El proletariado ruso tornaba a producir, una y otra vez, la breve historia de sus orígenes. Al tiempo que en la industria metalúrgica, sobre todo en Petersburgo, cristalizaba y surgía una categoría de proletarios depurados que habían roto completamente con la aldea, en los Urales seguía predominando el tipo obrero de semiproletario, semicampesino. La afluencia de nuevas hornadas de mano de obra del campo a las regiones industriales renovaba todos los años los lazos que unían al proletariado con su cantera social.


La incapacidad de acción política de la burguesía se hallaba directamente informado por el carácter de sus relaciones con el proletariado y la clase campesina. La burguesía no podía arrastrar consigo a los obreros a quienes la vida de todos los días enfrentaba con ella y que, además, aprendieron en seguida a generalizar sus problemas. Y la misma incapacidad demostraba para atraerse a los campesinos, atada como estaba a los terratenientes por una red de intereses comunes y temerosa de que el régimen de propiedad, en cualquiera de sus formas, se viniese a tierra. El retraso de la revolución rusa no era tan sólo, como se ve, un problema de cronología, sino que afectaba también a la estructura social del país.

Inglaterra hizo su revolución puritana en una época en que su población total no pasaba de los cinco millones y medio de habitantes, de los cuales medio millón correspondía a Londres. En la época de la Revolución francesa París no contaba tampoco con más de medio millón de almas de los veinticinco que formaban el censo total del país. A principios del siglo XX Rusia tenía cerca de ciento cincuenta millones de habitantes, más de tres millones de los cuales se concentraban en Petrogrado y Moscú. Detrás de estas cifras comparativas laten grandes diferencias sociales. La Inglaterra del siglo XVII, como la Francia del siglo XVIII, no conocían aún el proletariado moderno. En cambio, en Rusia la clase obrera contaba, en 1905, incluyendo la ciudad y el campo, no menos de diez millones de almas, que, con sus familias, venían a representar más de veinticinco millones de almas, cifra que superaba la de la población total de Francia en la época de la Gran Revolución. Desde los artesanos acomodados y los campesinos independientes que formaban en el ejército de Cromwell hasta los proletarios industriales de Petersburgo, pasando por los sansculottes de París, la revolución hubo de modificar profundamente su mecánica social, sus métodos, y con éstos también, naturalmente, sus fines.

Los acontecimientos de 1905 fueron el prologo de las dos revoluciones de 1917: la de Febrero y la de Octubre. El prólogo contenía ya todos los elementos del drama, aunque éstos no se desarrollasen hasta el fin. La guerra ruso-japonesa hizo tambalearse al zarismo. La burguesía liberal se valió del movimiento de las masas para infundir un poco de miedo desde la oposición a la monarquía. Pero los obreros se emanciparon de la burguesía, organizándose aparte de ella y frente a ella en los soviets, creados entonces por vez primera. Los campesinos s levantaron, al grito de «¡tierra!», en toda la gigantesca extensión del país. Los elementos revolucionarios del ejército sentíanse atraídos, tanto como los campesinos, por los soviets, que, en el momento álgido de la revolución, disputaron abiertamente el poder a la monarquía. Fue entonces cuando actuaron pro primera vez en la historia de Rusia todas las fuerzas revolucionarias: carecían de experiencia y les faltaba la confianza en sí mismas. Los liberales retrocedieron ostentosamente ante la revolución en el preciso momento en que se demostraba que no bastaba con hostilizar al zarismo, sino que era preciso derribarlo. La brusca ruptura de la burguesía con el pueblo, que hizo que ya entonces se desprendiese de aquélla una parte considerable de la intelectualidad democrática, facilitó a la monarquía la obra de selección dentro del ejército, le permitió seleccionar las fuerzas fieles al régimen y organizar una sangrienta represión contra los obreros y campesinos. Y, aunque con algunas costillas rotas, el zarismo salió vivo y relativamente fuerte de la prueba de 1905.

¿Qué alteraciones introdujo en el panorama de las fuerzas sociales el desarrollo histórico que llena los once años que median entre el prólogo y el drama? Durante este período se acentúa todavía más la contradicción entre el zarismo y las exigencias de la historia. La burguesía se fortificó económicamente, pero ya hemos visto que su fuerza se basaba en la intensa concentración de la industria y en la importancia creciente del capital extranjero. Adoctrinada por las enseñanzas de 1905, la burguesía se hizo aún más conservadora y suspicaz. El peso específico dentro del país de la pequeña burguesía y de la clase media, que ya antes era insignificante, disminuyó más aún. La intelectualidad democrática no disponía del menor punto consistente de apoyo social. Podía gozar de una influencia política transitoria, pero nunca desempeñar un papel propio: hallábase cada vez más mediatizada por el liberalismo burgués. En estas condiciones no había más que un partido que pudiera brindar un programa, una bandera y una dirección a los campesinos: el proletariado. La misión grandiosa que le estaba reservada engendró la necesidad inaplazable de crear una organización revolucionaria propia, capaz de reclutar a las masas del pueblo y ponerlas al servicio de la revolución, bajo la iniciativa de los obreros. Así fue como los soviets de 1905 tomaron en 1917 un gigantesco desarrollo. Que los soviets -dicho sea de paso- no son, sencillamente, producto del atraso histórico de Rusia, sino fruto de la ley del desarrollo social combinado, lo demuestra por sí solo el hecho de que el proletariado del país más industrial del mundo, Alemania, no hallase durante la marejada revolucionaria de 1918-1919 más forma de organización que los soviets.

La Revolución de 1917 perseguía como fin inmediato el derrumbamiento de la monarquía burocrática. Pero, a diferencia de las revoluciones burguesas tradicionales, daba entrada en la acción, en calidad de fuerza decisiva, a una nueva clase, hija de los grandes centros industriales y equipada con una nueva organización y nuevos métodos de lucha. La ley del desarrollo social combinado se nos presenta aquí en su expresión última: la revolución, que comienza derrumbando toda la podredumbre medieval, a la vuelta de pocos meses lleva al poder al proletariado acaudillado por el partido comunista.

El punto de partida de la revolución rusa fue la revolución democrática. Pero planteó en términos nuevos el problema de la democracia política. Mientras los obreros llenaban el país de soviets, dando entrada en ellos a los soldados y, en algunos sitios, a los campesinos, la burguesía seguía entreteniéndose en discutir si debía o no convocarse la Asamblea constituyente. Conforme vayamos exponiendo los acontecimientos, veremos dibujarse esta cuestión de un modo perfectamente concreto. Por ahora queremos limitarnos a señalar el puesto que corresponde a los soviets en la concatenación histórica de las ideas y las formas revolucionarias.

La revolución burguesa de Inglaterra, planteada a mediados del siglo XVIII, se desarrolló bajo el manto de la Reforma religiosa. El súbdito inglés, luchando por su derecho a rezar con el devocionario que mejor le pareciese, luchaba contra el rey, contra la aristocracia, contra los príncipes de la Iglesia y contra Roma. Los presbiterianos y los puritanos de Inglaterra estaban profundamente convencidos de que colocaban sus intereses terrenales bajo la suprema protección de la providencia divina. Las aspiraciones por que luchaban las nuevas clases confundíanse inseparablemente en sus conciencias con los textos de la Biblia y los ritos del culto religioso. Los emigrantes del Mayflower llevaron consigo al otro lado del océano esta tradición mezclada con su sangre. A esto se debe la fuerza excepcional de resistencia de la interpretación anglosajona del cristianismo. Y todavía es hoy el día en que los ministros «socialistas» de la Gran Bretaña encubren su cobardía con aquellos mismos textos mágicos en que los hombres del siglo XVII buscaban una justificación para su bravura.

En Francia, donde no prendió la Reforma, la Iglesia católica perduró como Iglesia del Estado hasta la revolución, que había de ir a buscar no a los textos de la Biblia, sino a las abstracciones de la democracia, la expresión y justificación para los fines de la sociedad burguesa. Y por grande que sea el odio que los actuales directores de Francia sientan hacia el jacobinismo, el hecho es que, gracias a la mano dura de Robespierre, pueden permitirse ellos hoy el lujo de seguir disfrazando su régimen conservador bajo fórmulas por medio de las cuales se hizo saltar en otro tiempo a la vieja sociedad.

Todas las grandes revoluciones han marcado a la sociedad burguesa una nueva etapa y nuevas formas de conciencia de sus clases. Del mismo modo que en Francia no prendió la Reforma, en Rusia no prendió tampoco la democracia formal. El partido revolucionario ruso a quien incumbió la misión de dejar estampado su sello en toda una época, no acudió a buscar la expresión de los problemas de la revolución a la Biblia, ni a esa democracia «pura» que no es más que el cristianismo secularizado, sino a las condiciones materiales de las clases que integran la sociedad. El sistema soviético dio a estas condiciones su expresión más sencilla, más diáfana y más franca. El régimen de e los trabajadores se realiza por vez primera en la historia bajo los soviets que, cualesquiera que sean las vicisitudes históricas que les estén reservadas, ha echado raíces tan profundas e indestructibles en la conciencia de las masas como, en su tiempo, la Reforma o la democracia pura.



(1)«Decembristas» o «dekabristas» por el mes de diciembre, en que tuvo lugar la sublevación. [NDT.]


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lunes, 20 de febrero de 2017

¿MEDIOS DE COMUNICACIÓN O MAQUINARIA PARA FABRICAR MENTIRAS Y FOMENTAR LA VIOLENCIA SOCIAL?



La Unión Europea contra Rusia
Desinformación como arma de destrucción masiva

Rebelión
03.02.2017



01- Introducción
El ser humano en general no se caracteriza por su tendencia a asumir los errores. Aun es más, intentamos ocultar siempre que podemos todos aquellos acontecimientos de cuyas consecuencias podríamos no salir muy bien parados. Nuestra propia fragilidad nos delata y procuramos enmascarar dichos sucesos solventando así la ardua tarea de enfrentarnos a cada pequeña “tragedia”.

Es extraño, por tanto, que nos observemos asumiendo con total naturalidad el último disparate cometido, o criticando nuestra propia conducta en la inolvidable cena de navidad. Y así también, se convierte en inusual que podamos llegar a anunciar que estamos completamente desinformados, no vaya a ser que quedemos fuera de juego en el próximo debate sobre el Islam.

Pero no debemos tener miedo a expresarlo. Porque no solo estamos desinformados, sino que además nos sentimos francamente desorientados.

La razón de dicha desconexión de la realidad no es muy difícil de entender. El esfuerzo que cualquiera de nosotros ha de acometer para saber qué sucede en el mundo ha de ser mayúsculo. Y no lo dudéis en ningún momento, agotador.

Si pretendemos indagar sobre lo que acontece leyendo los periódicos de mayor difusión y viendo los diferentes canales de televisión, no tenemos solución. Estar informado cansa. Pretender saber requiere un sacrificio, y lo más importante, tiempo. Mucho tiempo dedicado al maltrecho arte de aprender.

La ecuación es sencilla. Calcula el tiempo que dedicas a investigar y reflexionar, y estarás más cerca de averiguar cuan informado estás.

Pero sucede en exceso que una vez indagado y con años ya de experiencia, son legión quienes piensan que a estas alturas nadie les va a convencer de que puede haber otra razón. Y se termina leyendo la misma noticia y entonando la misma canción, aunque el mundo haya cambiado, y nosotros mismos con él.

Por tanto, urge salir de vez en cuando, y escudriñar, hasta en los márgenes de nuestra propia catadura moral, hasta descubrir más fuentes de donde beber, y algún que otro agujero en nuestra piel.

No vamos a estar informados del todo, ni succionaremos principio alguno sobre la verdad. Se trata de ser capaz, entre todos, de poner sobre la mesa un nuevo enfoque, o alguna buena nueva sobre los principios que han de regir desde la diversidad y multiplicidad de reflexiones. Y agrietar, un poco, aunque sea, el pensamiento único que está minando nuestra sociedad.

02- Medios de comunicación, desinformación y consentimiento
Parece haber una opinión generalizada muy negativa sobre los medios de comunicación (nos engañan y manipulan), pero paradójicamente, se sigue creyendo en lo que cuentan los periodistas. No hay más que ver los efectos perversos que han suscitado muchas de las noticias en la percepción que una buena parte de la ciudadanía tiene sobre Rusia o sobre Putin.

Tal y como dice Ángeles Díez, estamos ante una contradicción muy extraña, puesto que “incluso sin creerles, nos comportamos como si les creyéramos”. 
Pero hay varios puntos que nos pueden hacer entender el papel que realmente juega el mal llamado cuarto poder.

01- La prensa sostiene la creación de la mentira y es el respaldo de quien controla los designios de la sociedad. Su objetivo no es informar, sino convencer a sus lectores de su propia fatalidad (de la desigualdad y del consentimiento y la resignación ante su propia explotación). Y no importa que no salgan las cuentas, y que todas las empresas mediáticas estén en crisis, porque hay quien se hace cargo de su supervivencia, a cambio de falsear la realidad.

02- Los medios nos hacen entender el mundo, y de ese modo nosotros nos situamos en él. Los necesitamos para comprender, y ahí radica su fuerza. Y sabedores de esa fuerza, han monopolizado el relato del mundo, dejándonos huérfanos de otras noticias y otros modos de ver.

03- Construyen relatos coherentes y herméticos que no permiten que existan otras narraciones que vayan más allá de los que acuerdan el poder político y el poder económico.
04- Sostienen que forman parte de la democracia y de los sistemas representativos, por lo que argumentan que están al servicio de la población y que actúan como vigilantes del poder político. Pero esa función primigenia quedó ya muerta, cuando la banca mercantilizó cada rincón de nuestra sociedad.

05- Así, un sistema capitalista basado en la explotación, no puede subsistir sin la apropiación de los medios de producción de conciencia. Y con una delicadeza absoluta, convierten toda noticia en propaganda o entretenimiento, los dos pilares fundamentales para orientar el mundo de la percepción allá donde les interesa.

06- El periodismo se extinguió, y solo queda la propaganda que va a legitimar toda injerencia e intervención. Ya desde la guerra de Yugoslavia se viene produciendo el magnicidio de la comunicación, una especie de acuerdo multipolar donde difícilmente quedaba acceso para escuchar noticias que no fueran de la versión oficial.

07- Por muchos intentos que el gremio de periodistas haga por defender su profesión, la realidad les estalla en sus propias manos, cuando vemos que no cumplen ninguno de los requisitos necesarios para poder hablar de libertad de información. La existencia de muchos medios privados no significa en ningún caso que podamos hablar de pluralidad, porque todos beben de la misma fuente y pertenecen a los mismos grupos de poder (en la actualidad hay seis grupos mediáticos que controlan casi el 99% de la información que circula por el mundo). Todos trabajan con información pre-elaborada y ni tan siquiera procuran reconocerse más allá de su círculo de influencia. Es tan descarado cómo distribuyen las noticias (sobre todo aquéllas que podemos considerar “delicadas”), que la jornada de la liberación de Alepo tuvimos un día sin noticias, a la espera todos los medios de que les dictaran las oportunas instrucciones.

Todo parece indicar que esta realidad consigue desplazarnos de cualquier posibilidad de confrontar todo proceso histórico con garantías y con solvencia, porque terminamos atomizados y perpetrando así un verdadero castigo al conjunto de la sociedad.

Estamos perdidos si no somos capaces de recuperar el control de la comunicación, puesto que en manos de quienes está solo se reactiva la maquinaria de guerra y de disciplinamiento de la sociedad en general.

Y antes de que nos demos cuenta, ya convierten en ley la posibilidad de monopolizar el control de la información.

03- Guerra Contra La Información Alternativa

El gobierno de Estados Unidos ha aprobado una nueva ley, aportando para ello la nada despreciable cifra de 160 millones de dólares, con el fin de poner trabas u ocultar la información que no se ajuste a sus narrativas de propaganda.

La nueva ley obliga al Secretario de Estado a colaborar con el Secretario de Defensa, el Director de Inteligencia Nacional y otras agencias federales para crear un “Centro de Compromiso Global”, que tendrá como objetivo dirigir, sincronizar y coordinar los esfuerzos del Gobierno Federal para reconocer, comprender, exponer y contrarrestar todos los intentos de propaganda y desinformación de otros estados o agentes que persigan socavar los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos. Este centro se coordinará con las naciones aliadas.

Tal y como señaló Hilary Clinton: “Es imperativo que los líderes del sector privado y público intensifiquen la protección de nuestra democracia”. Y nada mejor para ello que atizar al presidente ruso acusándole de un continuo hacking para justificar la existencia y operatividad de este Centro planeado perfectamente con anterioridad.

El modus operandi ha quedado bastante en evidencia estos últimos meses, con una alocada y endemoniada maniobra de todos los medios occidentales. La estrategia era (y sigue siéndolo) bien clara, mostrar en portada cada jornada alguna noticia denunciando a Rusia de saboteadora o de ser capaz, incluso, de legislar permitiendo que se pueda pegar a las mujeres sin que ello conlleve castigo alguno. Una difusión de la propaganda más esperpéntica y entusiasta ejercida por miles de periodistas sin escrúpulos.

Pero hay más, dicha ley introduce la necesidad de derrotar todas las narraciones no deseadas, autorizando a los diferentes departamentos a utilizar todo tipo de tecnologías con diferentes prácticas, entre ellas, la de proponer que Google, Facebook y otras compañías tecnológicas encuentren maneras de bloquear o señalar ciertos sitios de internet como proveedores de noticias falsas o de propaganda rusa.

Los promotores de la ley mantienen que la amenaza informativa que están sufriendo es tan descomunal que requieren para ello del esfuerzo conjunto y continuado de todos los agentes y de todas las diplomacias. Precisamente ellos, quienes extienden la propaganda y la desinformación son quienes dicen sentirse indefensos, mostrando una y otra vez como ejemplo la filtración de los correos electrónicos de los demócratas, que para más inri, fueron la razón de la debacle de Hilary Clinton en su deseo de llegar a la presidencia. (Y recordémoslo, a pesar de que Julian Assange y el exembajador británico Craig Murray hayan admitido que los rusos no eran la fuente).

Estados Unidos es experta en hacer ley las más macabras ideas para asestar el golpe definitivo a su particular crisis de poder. Así, puede defender que se entrene y pague a activistas, a periodistas y diferentes grupos de la sociedad civil con tal de crear y difundir historias falsas que sirvan para su causa. Y los medios sociales son una vía estupenda para con la ayuda de los medios de comunicación hacer creer, por ejemplo, que Putin en realidad es vasco y militó en ETA en sus años mozos.

El trampolín de salida está siempre en un objetivo previamente diseñado, al que le sigue una posterior demonización del enemigo y la consiguiente “necesidad” de crear unas leyes que respalden cualquier tipo de intervención.

Entendemos mejor de este modo los movimientos que se están haciendo paralelamente en nuestra maltrecha Europa, como la propuesta de resolución “sobre la comunicación estratégica de la unión para contrarrestar la propaganda de terceros en su contra", aprobada en el Parlamento en base a un documento presentado por la exministra polaca Anna Elzbieta Fotyga, y que no representa sino la implantación de la censura contra los medios rusos. 

Si nos detenemos y prestamos atención a los discursos occidentales, podemos observar cómo se van sucediendo las tramas e historias falsas en relación a aquellos personajes que desde la órbita del poder tienen a bien aniquilar. Es igual que hablemos de Bashar Al-Assad, Putin o el mismo Trump. La propaganda mediática es una apisonadora constante, y ahora Rusia está sometida a su continua intimidación. 

Es igual que sea hablar de descuartizamiento de niños, de ataques con armas químicas, de bombardeos sobre hospitales, o de operaciones que tenían por objeto asesinar a los civiles de Alepo. Todo vale en esta farsa contemporánea donde es difícil poder contrarrestar la información desatada desde todos los ángulos y todos los frentes contra el más mínimo principio de neutralidad.

Y siendo precisamente algunos medios rusos los que ofrecen una alternativa a esta denodada política absolutista, se quiere a toda costa, acabar con ellos.

No se trata de que estemos en la obligación de denunciar estos modos contra todo aquello que afecte a Rusia, si no que estamos en la necesidad imperiosa de exigir una total libertad para que toda la ciudadanía tenga libre acceso a todos los diferentes cauces de información, actualmente monopolizados por las garras del pensamiento único y globalizador. Y todo porque resulta bochornoso observar cómo todos los canales de televisión y toda la prensa española están, por ejemplo, aliados en una única dirección, que imposibilita reconocer tan siquiera una pequeña parte de lo que realmente está aconteciendo. 

Es inadmisible poder conformarnos con la supuesta mala suerte que tenemos cada mañana, amaneciendo con titulares que casi en su totalidad coinciden estrepitosamente en las mismas cosas y hasta con los mismos pareceres. Y así es, nuestros eminentes periodistas independientes hacen gala de su profesionalidad apuntando todos en la misma dirección: Rusia.

El cuento es tan repetitivo, tan absurdo y tan viciado, que llegan a proponer las más hilarantes noticias. Es decir, profesionalizados ya en el arte de menoscabar la figura de Putin se les va la mano de tanto insistir en dicho objetivo. Solo falta ya que nos digan que los 20.000 rusos que viven en la comunidad valenciana son, en su mayoría, asesores de Compromís y de Podemos.

No debemos olvidar que todas las narraciones que disientan o pongan en cuestión la verdad oficial son descartadas por principio, sin que importe quién las elabore y ni tan siquiera cómo. Y de esta manera quedamos a merced de un luto perpetuo, por la muerte sobrevenida de un periodismo que se ha vendido.

Periodistas como Rania Khalek, Max Blumenthal o Eva Bartlett sufren duras críticas y ataques, por la sencilla razón de que huyen de ese control establecido por la narrativa occidental sobre Siria, y aportan otros focos de atención para reflexionar sobre los acontecimientos.

Estamos dentro de un túnel, y la promulgación de la ley HR 5181, para combatir lo que el gabinete estadounidense llama “propaganda y desinformación extranjeras”, viene con hambre atrasada.

Es el último regalo de Barack Obama. La noche del viernes 23 de diciembre, el saliente presidente aprobó la “Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés)” del 2017, la cual pone sobre la mesa 611,000 millones de dólares para el Ejército durante este año. Esta ley deja las puertas abiertas a los programas de seguridad nacional y facilita las operaciones militares en curso en todo el mundo.

Pero lo que esconde dicha ley no es sino el proyecto que se presentó a principios de junio, “Ley de Propaganda y Desinformación Extranjera del 2016”, defendida por los congresistas Adam Kinzinger y Ted Lieu. Si, la misma que hace mención la HR 5181, que busca que “todo el gobierno, sin restricciones burocráticas, contrarreste la desinformación y manipulación extranjeras, que amenazan la seguridad y estabilidad del mundo”.

Nuevamente, los Estados Unidos, velando por nuestra seguridad.

04- Así funciona el imperio pre-bélico
Es indudable que entre la seguridad y la libertad, han optado desde hace ya mucho tiempo por la primera. Sobre todo, cuando se trata de preparar una nueva injerencia o una nueva acción delictiva contra el mundo.

Y dicha seguridad tiene la particularidad de que no se instaura como un principio de defensa, sino como una verdadera maquinaria que no cesa en su empeño de llevar la iniciativa.

Y como de lo que se trata hoy es de hablar de censura y desinformación, voy a terminar de perfilar cómo se las gastan la Unión Europea y Estados Unidos a la hora de diseñar sus particulares guerras.

Estados Unidos y la Unión Europea, con la inestimable ayuda y respaldo de la OTAN, se han vuelto expertos en desencadenar nuevos tipos de contiendas; instigan y provocan lo que se vienen llamando revoluciones populares, claro está, en países perfectamente escogidos para sus propios intereses, y con dicha justificación, se lanzan a la conquista del universo, como patrocinadores (encima) de los derechos humanos.

Para ello, en perfecta sincronización con diferentes grupos sociales u organizaciones propias, exportadoras de la democracia y no gubernamentales que dicen trabajar por los derechos humanos, activan movimientos para encender la mecha. La mecha acaba convirtiéndose en grupos terroristas dirigidos a derrocar a los presidentes que Estados Unidos tiene en su particular agenda. No se trata de eliminar a los dictadores porque éstos reprimen a su pueblo, tan solo se trata de esbozar una imagen siniestra del jefe de estado hostil para los intereses norteamericanos, y se va preparando el terreno para la invasión.

Esta forma de actuar es letal porque es sencilla y está perfectamente ejecutada. Primero se dinamita el gobierno. Sin gobierno no hay ejército. Y sin ejército se crea el caos, que es el mejor terreno para sus intereses, que no son sino pescar en rio revuelto.

Paralelamente, entran en juego dos operaciones sin las cuales no habría probabilidad de éxito. Por un lado están los personajes utilizados para ejercer de mandatarios, de líderes, de empresarios o de políticos que tienen asignadas las tareas a realizar. Estos sujetos, normalmente están en conexión directa o guardan relación con entidades o asociaciones que tienen un control exhaustivo de lo que está sucediendo en nuestro particular mundo.

Por otro, están los denodados periodistas en nómina y tertulianos, que guían con sus artículos y sus “opiniones” las ideas de miles de personas, influyendo poderosamente en una falsa percepción de lo que está sucediendo. Pero dentro de esta estrategia es importante recordar la capacidad que tienen para llevarnos al engaño a través, precisamente, de estos analistas que tienen un perfil próximo al buen-rollismo y, por tanto, con una buena acogida social. Este grupo es uno de los resortes principales de la propaganda mediática, colaborador necesario para que las injerencias parezcan enfrentamientos religiosos, y para que la liquidación de presidentes se identifique con el furor de las masas enardecidas por las masacres de sus gobiernos.

Las cosas así, tenemos completado el mecanismo de destrucción masivo más sofisticado de este nuevo siglo. Pero para que no quede mucha duda al respecto y para contribuir a la pedagogía política, vamos a enumerar con precisión cómo se establece el calendario de lo que podríamos llamar “invasiones de guante blanco”.

01- Nada como identificar al supuesto enemigo, del que se quieren obtener pingues beneficios, y acusarlo reiteradamente, en todos los medios, a todas horas, y de todas las formas, de dictador, asesino y, si algo falla, de contrabandista o ladrón.

02- Difundir las noticias que mejor puedan cristalizar la imagen deseada, mentir hasta la saciedad, inventar cuantas más atrocidades mejor, y hacer de la prensa y la televisión el lugar perfecto para ello.

03- Crear situaciones insostenibles en los territorios que se desea conquistar. Esto pasa por introducir agentes secretos, militares, grupos terroristas, violadores y, a ser posible, rebeldes con causa. Éstos últimos como los verdaderos buscadores de la resolución del conflicto que ellos mismos generan.

04- Ante coyuntura tan sobrecogedora y dramática, responder desde altas instancias para acabar cuanto antes con semejante panorama, dando paso a organizaciones no gubernamentales para narrar los acontecimientos en su primera persona y, después, abrir las puertas de los cielos para que la OTAN haga justicia con sus bombas amigas.

05- Nuevamente valerse de la propaganda mediática para informarnos debidamente de que todo lo que está aconteciendo, es decir, una invasión, se realiza para defender a la población civil, castigada indiscriminadamente por sus propios mandatarios.

06- Recordar que no se quiere la guerra, pero que la situación requiere de una urgente determinación, y tal es así que incluso un buen número de intelectuales y artistas reclaman que no se puede esperar más y que es hora de entrar en acción. (La sociedad no puede permanecer callada y convocamos una manifestación).

07- Después de tan ardua defensa, instalar un nuevo poder amigo de los liquidadores, que vaciará las arcas de los bancos y dejará al país en una merma de difícil solución.

08- Saquear hasta el agua, privatizar los bienes básicos, adjudicar los contratos de reconstrucción a las empresas del país invasor, vender medio país a las grandes multinacionales, y hacernos creer que ya queda inaugurada una nueva democracia.

09- Dejar en la cuneta todos los cadáveres sin distinción, y comenzar la rehabilitación de la mano del olvido y la compasión.

10- Los grandes periodistas, con más de un premio todos ellos, hacen las maletas y nos trasladan con sus grandes reportajes a un nuevo foco de atención.

Y del mismo modo que pueden trasladarnos, no viene mal recordar que este decálogo, lo que viene a hacer no es sino ratificar las cuatro coordenadas que guían a la mayoría de los medios de in-comunicación; mentir, ocultar, censurar e inventar.

José Luis Vázquez Domènech, sociólogo, miembro del colectivo internacional Ojos para la Paz

Fuente original: www.undominiopropio.com

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MARIANO RAJOY Y COMPADRES: REFORMADORES QUE REFORMAN BUENOS REFORMADORES SON HASTA QUE LES IMPIDAMOS REFORMAR. PRINCIPIO DE LA CITA: QUE TE DIGO QUE AGUANTES LUISILLO, LO QUE YO TE DIGA


  

[Ante la posibilidad de derogación de la reforma laboral] Aumentan los despidos por ERE en las grandes empresas

Por Kaos. Laboral y Economía
20.02.2017
Sin el menor escrúpulo, como corresponde a los negocios del gran capital, están aumentando escandalosamente los despidos en las grandes empresas aprovechando las contrarreformas labolares, muy especialmente la aplicada por el PP, que permiten a las patronales despedir prácticamente sin necesidad de justificar causa alguna y a bajo coste, sustituyendo así empleo con mayores salarios y derechos por otros mal pagados y precarios.









Sin el menor escrúpulo, como corresponde a los negocios del gran capital, están aumentando escandalosamente los despidos en las grandes empresas aprovechando las contrarreformas labolares, muy especialmente la aplicada por el PP, que permiten a las patronales despedir prácticamente sin necesidad de justificar causa alguna y a bajo coste, sustituyendo así empleo con mayores salarios y derechos por otros mal pagados y precarios.

Un abaratamiento y precarización de la mano de obra que sólo se frenará cuando la movilización y organización obreras fuercen a los gobiernos y patronales de turno a derogar las sucesivas contrarreformas laborales que, desde los tiempos de la transición, han ido liquidando conquistas históricas de la clase trabajadora.


La gran empresa dispara y endurece los ERE por temor al fin de la reforma laboral

Aumentan los despidos en las plantillas de más de 250 trabajadores, mientras se reducen tanto en las pymes como en términos globales, desde que el PP perdió la mayoría absoluta
Los ERE (Expediente de Regulación de Empleo) en las grandes empresas arrecian, y se endurecen, por el temor de sus responsables y asesores a que la reforma laboral sea modificada: la cifra de despidos en empresas de más de 250 empleados superó entre enero y noviembre del tormentoso pasado año de Gobierno en funciones y ensayo de coaliciones a la cifra final de todo 2015, en el que el volumen de ceses de esas sociedades lastró, mientras las encuestas vaticinaban un cambio político que no llegó a producirse, la reducción que comenzaba a registrarse en las pymes.
“A finales de 2015 y en 2016 aumentaron los ERE en empresas de más de 250 trabajadores, y también en sectores como la banca, que hasta entonces apenas había utilizado esa figura y optaba por fórmulas como las bajas incentivadas”, señala Rita Moreno, de la Secretaría de Acción Sindical de CCOO.
Y la tendencia vuelve a despuntar en las últimas semanas, cuando el debate parlamentario constata de nuevo que
 solo el PP respalda la reforma laboral del PP: Deoleo plantea despedir a entre 45 y 90 de sus 335 empleados, C&A se propone cerrar 23 tiendas y echar a 300 trabajadores y la constructora OHL estudia rescindir hasta 200 contratos.

“Tienen potencial económico y adelantaron las decisiones”

El peso de la gran empresa –más de 250 trabajadores- entre las que impulsan ERE se ha duplicado, de manera progresiva y con creces, desde la entrada en vigor de la reforma laboral. Las 491 de más de un cuarto de millar de empleados que en 2012 presentaron expedientes supusieron el 1,7% del total mientras las 139 del año pasado representaban un 3,7%, casi el doble del 2% de 2014.
La tendencia es más acusada en aquellas cuya plantilla supera los 500 empleados: el peso del 2,25% que registraron en 2016 -83 sociedades- prácticamente duplica el 1,14% de 2014 y el 1,4% de 2015. De hecho, la tendencia descendente de los últimos cuatro años se quebró el pasado al repuntar –de 80 a 83- pese a que, en el conjunto del tejido empresarial, el número de empresas que impulsaron ERE se redujo un 35,4%.
“Se trata de empresas que disponen de potencial económico para acometer las regulaciones y que adelantaron sus decisiones por temor a que un cambio político modificara la reforma laboral y las reglas del juego”, señala la sindicalista, que mantiene la tesis contraria a la que hace unos meses defendía el presidente de CEOE, Joan Rosell

Menos acuerdos y más despidos en general

En cualquier caso, y pese a la tendencia general a la baja de los ERE y de los afetados por ellos, más de 22.000 despidos, 7.500 reducciones de jornada y 44.000 suspensiones de contratos en casi 5.000 expedientes entre enero y noviembre de 2016, después de que otros 5.675 procedimientos afectaran a 100.022 trabajadores el año anterior, ponen en tela de juicio, o al menos matizan, el discurso oficial de la recuperación económica y la creación de empleo que mantiene el Gobierno en el quinto año de vigencia de una reforma laboral que ha arrollado a más de un millón de trabajadores.
En los dos últimos años hubo otros cambios significativos entre los que destaca el aumento de los desacuerdos. En 2015, los ERE no pactados entre empresa y trabajadores bajaron un 46% -de 892 a 568-, aunque su peso sobre el total de procedimientos aumentó al elevarse al 7,7%, en una tendencia que se mantuvo el año pasado -7,4%- y que suponía casi un punto de avance sobre los dos ejercicios anteriores -6,6% en 2014 y 6,3% en 2013-.
También se intensificó la dureza de las medidas laborales: la tasa de despidos se disparó el año pasado al 29,9% -22-240 ceses de 74.283 afectados-, cinco puntos y medio por encima del año anterior -24,4%, 24.572 de 100.522-, siete y medio más que en 2014 -22,4%- y más del doble que en 2013 -14,4%-. De hecho, a falta de que el Ministerio de Empleo haga públicos los datos de diciembre, el volumen de despidos vía ERE del año pasado llevaba camino de superar el del anterior cuando la cifra de expedientes ha caído casi un 27% y la global de afectados por estos, un 6%.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, con el ministro de Economía, Luis de Guindos.

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, con el ministro de Economía, Luis de Guindos.

Llama la atención cómo la gran empresa, pese a cubrir una cuota de empleo mucho menor, se quedó el año pasado cerca de generar la mitad de los despidos del país vía ERE. Concretamente, sumó de enero a noviembre 10.830 ceses de un total de 22.240 que representan un 48,6% y que superan el acumulado de 10.689 en todo 2015. Hace dos y tres años esa tasa se mantenía en el entorno del 40% y en 2012, el ejercicio de mayor dureza de los ERE con 82.876 ceses, se quedó en el 31,%.

Un reguero de dos años

El año 2015 incluyó algunos de los principales ERE de los últimos años, entre ellos los de Indra con 1.750 despidos; CatalunyaCaixa que alcanzó a 1.557; Vodafone que redujo el volumen de afectados de 1.297 a 1.059 tras una conflictiva negociación en la que su plantilla se movilizó, o Repsol en el que, por el contrario, la cifra final creció de 600 a 871 aunque primando las salidas voluntarias.
También fue el año en el que el Supremo avaló las 1.427 bajas incentivadas de Iberia  para los dos años siguientes, nada más acabar otro de 3.114. En el sector público, Renfe y Adif añadían 1.100 ceses a una lista en la que, finalmente, no entrarían los 300 de Tragsa.
El periodo entre las convocatorias electorales de diciembre de 2015 y junio de 2016, en el que las encuestas apuntaban hasta mediada la campaña la posibilidad de que una coalición PSOE-UP desalojara al PP de La Moncloa, supuso otro reguero de despidos: 250 en la empresa navarra TRW medio millar en Orange y Jazztel un tercio de la plantilla de Altadis con prejubilaciones y recolocaciones y recortes de empleo en sectores como la construcción -317 en Sacyr y 610 en FCC la automoción -540 en Delphi o la banca -1.090 en Liberbank

Empresas populares

Ese rosario de ceses afectó a empresas populares de menor tamaño como la cadena de tiendas de electrodomésticos Miró que ejecutó 119 despidos; la de cosmética Bodybell que suprimió 315 empleos y cerró 32 tiendas; Bimbo que clausuró con 34 bajas su planta de Palma, o Mondelez Internacional fabricante de caramelos como Halls y chucherías como Dulciora, que acumula 600 ceses en cinco años.
La tendencia se mantuvo desde el 26-J hasta final de año, periodo en el que destacan ERE como los de la empresa de energía e infraestructuras Isolux -435- y el Banco Popular 2.592-, y en el que se conocieron planes como los del BBVA que prepara 2.000 despidos; Segur Ibérica que baraja ejecutar 4.000, y Abengoa que cerró con 72 bajas y 220 suspensiones un anuncio inicial de 500
En realidad, la cifra de afectados por los expedientes en este grupo es mayor al haber ejecutado otras 194 bajas en enero en dos filiales y sumar otras 72 este mes de febrero.
          

SOBRE ERREJÓN Y PABLO IGLESIAS (COMO PODEMOS SEA LO QUE PUEDAN SER PERSONAS PARTICUARES, MAL IREMOS, CHIQUET. EN ESTE CASO NOS PODRÍA QUEDAR LA CAMISETA NUEVA QUE EN MORADO ME BORDASTE AYER, PERO NADA MÁS)



Otro post más sobre Vistalegre II



20.02.2017



Power is Power. Nada que añadir. No lo dice un cualquiera, sino Iñigo Errejón que titula así su capítulo del libro “Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de Tronos” en el que varios autores miembros y cercanos a Podemos debaten sobre política aprovechando la serie “Juego de Tronos” como telón de fondo. En ese texto, entre otras referencias a la serie televisiva, Errejón elige como ejemplo del orden político una conversación entre la Araña y Meñique. Mientras el primero defiende la necesidad de ese orden el segundo piensa que la ausencia de ese orden genera un caos, que no es otra cosa que una escalera, una posibilidad de ascenso. Una oportunidad.

Se puede suponer que no, pero ésta podría haber sido la visión que tuvo Errejón cuando le disputó, de facto, el liderazgo de la organización a Pablo Iglesias. En el periodo previo a la celebración de Vistalegre II se han sucedido acusaciones cruzadas, dimisiones, disputas internas de todo tipo; creando una imagen caótica de la organización que finalmente nada tiene que ver con la realidad de lo que querían sus militantes. El resultado final del Congreso de Podemos pone muchas cosas de manifiesto, pero la más importante es el encumbramiento indiscutible del liderazgo de Pablo Iglesias y el llamamiento a un orden político interno que tiene como base la unidad frente a la oposición y guerra continua. No se quiere el caos, que, finalmente, no era una escalera para Iñigo.

La política se basa en la elección constante entre diferentes opciones y, desde el punto de vista de un observador totalmente ajeno al partido, Errejón eligió mal. Eligió mal el momento y los tiempos. Dada la situación electoral y del sistema de partidos en España este enfrentamiento no tocaba ahora. Con un PP en minoría y un PSOE debilitado tras la defenestración de Sánchez, y la abstención socialista que dio el Gobierno a Rajoy, la unidad en Podemos reforzaba la imagen de posibilidad política alternativa a una Gran Coalición tacita que funciona como un reloj. Este ajetreo y disputas de poder lo único que consiguió fue acrecentar la idea kamikaze de la izquierda y su autodestrucción en momentos clave de la vida política de este país. Los paralelismos entre el Frente Judaico Popular de la vida de Brian y Podemos eran inevitables. Eligió mal (sobre) valorando su fuerza y sus apoyos. A pesar de representar a 1/3 de los inscritos, el errejonismo no deja de ser una versión ilustrada de Podemos compartida por parte de la cúpula del partido pero lejos de las ideas y sentimientos de la base del mismo. El Podemos de los dientes torcidos, que dijo Nega, necesita de acción política, determinación y tomar la iniciativa sin renunciar a sus orígenes ni símbolos, de los que se siente orgulloso, y no discursos teóricos sobre construcciones de relatos sobre voluntades generales o apropiaciones de significantes. La impresión que da es que se dejó seducir por un entorno político y mediático externo a la organización favorable, que cada día que pasaba lo empujaba más contra Iglesias al tiempo que lo alejaba del sentir de las bases del partido. Es fácil creerse los halagos que le pueden hacer a uno, hay que tener mucha experiencia y los pies en la tierra para no dejarse llevar por la seducción que ejercen los poderes cuando te susurran cosas al oído. Pero estos halagos eran dardos envenenados que apostaban por su figura como paso hacia un objetivo mayor a largo plazo: la división de la formación morada. Le pusieron un trapo delante e Iñigo entro a él sin pudor alguno. La ambición en política no sólo es necesario sino que se antoja imprescindible como elemento motor de las transformaciones que se pretendan. El problema es la ambición desmedida, previamente alimentada, que te lleva a cometer errores de cálculo de principiante. Tuvo demasiada prisa .

Además, no pensó que luchar contra Pablo Iglesias en estos momentos no era hacerlo sólo contra el secretario general de Podemos, lo que ya de por sí podría parecer una osadía, sino contra un símbolo que trasciende su propia figura, como el trono de hierro de la serie. Pablo es el líder político sobre el que las bases de Podemos tienen puestas todas las esperanzas de cambio y transformación social, cuestionarlo y forzarlo en diferentes votaciones sin asumir un pulso directo sobre la secretaría general, no sólo lo enfrentaban innecesariamente, sino que lo acercaban a la visión quintacolumnista que, erróneamente y con cierta maldad, le han otorgado algunas personas durante este periodo de conflictos. Errores de cálculo.

Bisoñez política y buena fe quizás. Podría haber seguido el ejemplo de Susana Díaz, toda una maestra en estas lides. La Presidenta de la Junta está dosificando sus tiempos en la carrera a la secretaría general del PSOE, eligiendo cuándo y cómo, sin asegurar nada sobre su (obvia) candidatura hasta que no tenga la convicción real (con los números cerrados bajo el brazo) no ya de que pueda ganar, sino de que no va a perder de ninguna de las maneras. Más allá de filias y fobias, Susana sabe de esto.

No es de Juego de Tronos pero hay una escena de El Padrino que igual vendría bien recordar. Aquella en la que Vito Corleone, ya retirado en su jardín, le comenta a su hijo Michael que Barzini le sugerirá una reunión para llegar un entendimiento que ponga fin a la guerra de las bandas y que en la misma lo matarán, advirtiéndole que el que le proponga dicha reunión es el traidor. Errejón obvió esta circunstancia, escuchó a mucha gente alrededor suyo que lo animaba y ahora el señalado es él. Hoy no, pero en unos días el teléfono dejará de sonar con la frecuencia con la que lo hacía antes y muchos de los que estaban a su lado se los encontrará de perfil o de frente.

Y ¿ahora qué? No se sabe, pero la manera inteligente de afrontar el reto de integrar de alguna manera a Errejón no es fácil. Iglesias no debe prescindir de Errejón, por quién es y lo que representa, y él lo sabe. Sin duda, Errejón permanecerá en Podemos en un puesto relevante, pero sin estar en el primer nivel en el que se encontraba ahora. El resultado de las elecciones de Vistalegre le ha restado poder, entendido como capacidad de influencia. Pero política es, antes que cualquier otra cosa, lealtad y costará recuperar la confianza perdida en una relación tejida sobre lazos personales. El poder es implacable sobre los que se rebelan contra él. Y, ya se sabe que, Roma no paga traidores. Power is Power.


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PARTE DE LAS TRIPAS DEL CASO NOOS, A SU VEZ, PARTE DE LA CORRUPCIÓN DEL REINO DEL REY, Y QUE DIOS SALVE AL REY, PORQUE COMO NO LO SALVE DIOS NO SE SABE QUIEN LO PODRÍA SALVAR


Así funcionaba la trama del caso Noos por el que la Infanta Cristina ha sido absuelta

Así funcionaba la trama del caso Noos por el que la Infanta Cristina ha sido absuelta

1- Iñaki Urdangarin y Diego Torres crean en 2003 una entidad sin ánimo de lucro, Instituto Noos, para facturar servicios de consultoría estratégica a la administración Pública entre otros clientes. Entre 2004 y 2006 los ingresos del Instituto provenientes del sector público ascienden a más 6 millones de euros.

2- Dado el carácter de entidad sin ánimo de lucro del Instituto Noos y la imposibilidad en consecuencia de repartir dividendos, Iñaki Urdangarin y Diego Torres crean un entramado de sociedades mercantiles para facturar contra el Instituto y vaciar así sus fondos. En el año 2004, por ejemplo, las facturas de las mercantiles de Urdangarin y Torres emitidas contra Noos supusieron el 83,3% de la cifra de ingresos de la entidad sin ánimo de lucro. Es decir, ascendieron a más de 1 millón de euros, de los 1,2 millones de euros que ese año ingresó Instituto Noos.

3- Una de las sociedades mercantiles de dicho entramado era Aizoon SL, cuyos socios eran la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarin al 50%. Esta sociedad, a pesar de reflejar en numerosos ejercicios fiscales beneficios en las cuentas anuales que depositaba en el Registro Mercantil -396.347,84 euros en 2005, por poner un ejemplo- nunca repartió dividendos. Todo el beneficio se destinaba a remanente.

4- Las cuentas de la sociedad Aizoon SL reflejaban antes del cálculo del beneficio toda una retahíla de gastos deducibles que en realidad no eran sino cuantiosísimos gastos de carácter estricta y exclusivamente personal de los propietarios de la misma, Iñaki Urdangarin y Cristina de Borbón.

5- En última instancia, esta circunstancia suponía la apropiación de los fondos por parte de los socios sin emplear el cauce oficial y la fórmula legal del reparto de dividendos, consiguiendo de esta manera un doble efecto fiscal: reducir el beneficio obtenido por la sociedad, consignando una base imponible menor a la real en el Impuesto de Sociedades, y no declarar en el IRPF la percepción de rendimientos del capital mobiliario en forma de dividendos.

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