jueves, 21 de abril de 2016

EL TERRORISMO Y SUS PROMOTORES

Atentados terroristas en Bruselas y París
Los legionarios islamistas europeos regresan a casa para luchar
 
20.04.2016

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Introducción
 
Los atentados terroristas de París y Bruselas han levantado una cacofonía de voces de primeros ministros y presidentes, eruditos, periodistas y analistas de prensa. Se han dedicado toneladas de tinta y papel a analizar la psicología, las redes y las operaciones de los presuntos autores de los mismos: jóvenes musulmanes radicalizados y ciudadanos de la Unión Europea.
 
Pero han sido pocos los que han estudiado las políticas a largo plazo y de gran alcance de EE. UU., la UE y la OTAN, en relación con el desarrollo y crecimiento de las redes terroristas globales. Este artículo analizará los vínculos históricos entre los terroristas islamistas y la intervención de EE. UU., Arabia Saudí y Pakistán en Afganistán, así como las consecuencias de la invasión y ocupación estadounidense de Irak. En dicho país, EE. UU. llevó a cabo una política deliberada de destrucción de todas las estructuras laicas del Estado y promovió la balcanización del país mediante guerras étnico-religiosas y tribales, política que ha continuado implementando en posteriores zonas de intervención.
 
El último apartado se centrará en las invasiones por delegación de EE. UU., la UE y las petro-monarquías del Golfo y los bombardeos para lograr el “cambio de régimen” en Libia y Siria, con el subsiguiente aumento del terrorismo islamista internacional.
 
Orígenes históricos del terrorismo islamista internacional: Afganistán
 
En 1979, el presidente James Carter y su jefe nacional de seguridad, Zbigniew Brzezinski, lanzaron la llamada Operación Ciclón, una gran revuelta islamista contra el régimen laico afgano aliado de la URSS. Estados Unidos coordinó esa campaña con la furiosamente anti-soviética monarquía de Arabia Saudí, que proporcionó los fondos y los mercenarios necesarios para la “yihad internacional” contra el gobierno seglar. Esta campaña brutal duró “oficialmente” 10 años, hasta la retirada soviética en 1989. Produjo millones de víctimas y décadas de represalias cuando los mercenarios árabes entrenados por la CIA, Pakistán y Arabia Saudí (los “árabes afganos”) regresaron a sus países de origen y a otros lugares. Las agencias de inteligencia estadounidenses, los comandos de fuerzas especiales y las instituciones militares (especialmente el servicio de inteligencia pakistaní, el ISI) entrenaron y armaron a terroristas con dinero procedente de Arabia Saudí. La contribución financiera encubierta de Estados Unidos se multiplicó a lo largo de los años hasta alcanzar los 670 millones de dólares en 1987. Sirvió para reclutar a decenas de miles de mercenarios y aventureros islamistas procedentes de Oriente Próximo, norte de África, los estados del Golfo, la Unión Soviética (chechenos), Yugoslavia (bosnios y kosovares), China (uigures) y Europa Oriental.
 
Tras la derrota del régimen laico del presidente Najibullah en 1992, los islamistas y las facciones tribales comenzaron a pelear entre ellos, convirtiendo Afganistán en el campo de entrenamiento para terroristas mejor equipado del mundo. Finalmente la facción talibán relacionada con los pastunes (con la ayuda y las armas de Pakistán) se impuso y fundó en el país un régimen talibán extremista. A pesar de su retórica, los talibán se establecieron y consolidaron su marca de “islamismo en un país” (1995-2001), un proyecto nacionalista en gran medida. En su búsqueda de respetabilidad, consiguieron acabar con el cultivo de opio, lo que les ganó las alabanzas del presidente George W. Bush en la primavera de 2001. También dieron cobijo a una serie de príncipes y señores de la guerra saudíes, entre los que se encontraba el yihadista internacional Osama bin Laden, que había sido expulsado del norte de África.
 
Tras el ataque terrorista del 11-S, Estados Unidos y la OTAN invadieron Afganistán en octubre de 2001 y derrocaron el régimen nacionalista talibán. El caos y la lucha de guerrillas subsiguiente dio lugar a un enorme flujo de miles de extremistas internacionales que llegaban a Afganistán, recibían entrenamiento, luchaban y se iban, bien preparados para prácticar las técnicas terroristas en sus países de origen en Europa, norte de África y Oriente Próximo.
 
Las intervenciones e invasión de Estados Unidos en Afganistán explican parcialmente el contexto de los atentados posteriores en Europa y Estados Unidos. Los islamistas “retornados” a Europa habían recibido fondos de Arabia Saudí y entrenamiento de la CIA y la inteligencia pakistaní. Allí comenzaron sus tareas de reclutamiento entre la abundante juventud musulmana marginada de las prisiones y los guetos europeos.
 
El periodo intermedio: Estados Unidos y el sionismo invaden y destruyen Irak 
 
El punto sin retorno del aumento y la internacionalización del terrorismo islamista tiene lugar con la invasión y ocupación de Irak y el posterior reino de terror sistemático impuesto por Estados Unidos. Bajo la dirección de legisladores sionista-estadounidenses clave (y asesores israelíes) del Pentágono, el departamento de Estado y la Casa Blanca, EE. UU. desmanteló el ejército y la policía laica iraquí. Asimismo, purgaron las instituciones administrativas, civiles, educativas, médicas y científicas de profesionales nacionalistas laicos, preparando el terreno para la guerra entre facciones tribales islamistas. Cientos de miles de civiles iraquíes perdieron la vida y millones huyeron de un régimen de limpieza étnica, que Washington vendía como un modelo para el resto de Oriente Próximo. Al mismo tiempo, miles de oficiales del ejército iraquí, con experiencia pero sin empleo, que habían sobrevivido a las purgas orquestadas por EE. UU., se reagruparon y con el tiempo se un unieron a decenas de miles de extremistas islámicos nacionalistas e internacionalistas para formar el Estado Islámico (EI). Les movían a ello no tanto motivaciones étnico-religiosas como deseos de venganza por el desplazamiento al que habían sido sometidos y la destrucción de su propia sociedad.
 
La estrategia deliberada de Estados Unidos (sionismo), la Unión Europea y Arabia Saudí era dividir y conquistar Irak, lo suponía en un principio trabajar mano a mano con los líderes feudales tribales saudíes y otros extremistas, con el fin de contrarrestar el creciente poder de los chiíes pro-iraníes. Conjuntamente, promovieron una política de fragmentación del país en la que los kurdos dominarían el norte, los suníes el centro y los chiíes el sur (el llamado Plan Joseph Biden-Leslie Gelb de desmembración y limpieza étnica). Se basaba en la creación de una autoridad central debilitada y completamente tutelada por EE. UU. y la UE y un grupo poco definido de feudos fragmentados de subsistencia en lo que había sido la república árabe laica más avanzada.
 
A pesar de que Estados Unidos dedicó miles de millones de dólares a armamento para crear un “ejército nacional” iraquí títere y colonial, los saudíes y los israelíes continuaron con sus propios programas de financiación de sectores kurdos y de la oposición violenta suní (esta última fue el germen del EI).
 
Mientras el régimen clientelar chií de Bagdad se concentraba en robar miles de millones a la vez que asesinaba o exiliaba de la capital a cientos de miles de suníes, cristianos y otros seglares iraquíes bien formados, la moral de sus tropas títeres de EE. UU. se hundía. La totalidad de los altos mandos experimentados y nacionalistas del ejército iraquí había sido purgada (ejecutada u obligada a ocultarse) y los nuevos mandos títeres eran cobardes, corruptos e incompetentes (como reconocían abiertamente sus “asesores” estadounidenses). Mientras tanto, el Estado Islámico había comprado cientos de miles de armas estadounidenses financiado por la aborrecida familia real saudí y otras monarquías del Golfo. Los suníes armados pronto lanzaron grandes ofensivas relámpago bajo la dirección de antiguos oficiales del ejército baazista, con el apoyo de miles de terroristas (algunos suicidas) y de mercenarios extranjeros. “Expertos militares” europeos y estadounidenses expresaron “asombro” ante su eficacia.
 
El Estado Islámico derrotó al ejército controlado por Bagdad, a sus asesores estadounidenses y a sus aliados kurdos en el norte, tomando ciudades importantes, incluida Mosul, miles de pozos petrolíferos productivos y llevando su ejército hasta escasos kilómetros de la capital. La conquista del territorio y los triunfos militares atrajeron nuevas oleadas de voluntarios islamistas de Oriente Próximo, Europa, Afganistán e incluso América del Norte. El EI les proporcionaba entrenamiento militar, Arabia Saudí pagaba sus salarios, Turquía compraba el petróleo y las antigüedades capturadas y abría sus fronteras al movimiento de tropas y armas yihadistas. Por su parte, Israel compraba con descuento a comerciantes turcos corruptos el petróleo distribuido por el EI. ¡Todos los actores regionales metieron su hocico en el abrevadero sangriento que en tiempos había sido Irak!
 
Los éxitos del EI en Irak le llevaron a ampliar sus operaciones y ambiciones traspasando las fronteras hacia Siria. Esto ocurría justo cuando Estados Unidos y la UE estaban bombardeando y destruyendo el gobierno laico del coronel Gadafi en Libia, en otra campaña de “cambio de régimen” “extremadamente exitosa” (en palabras de la secretaria de Estado Hillary Clinton, mientras se regodeaba viendo la muerte de Gadafi con atroces torturas, tras ser capturado: “Llegamos y murió”)
 
El caos que se produjo a partir de entonces en Libia produjo un crecimiento exponencial de los grupos terroristas islamistas, ¡con toneladas de armamento procedentes de la Libia “liberada”! Los terroristas de Libia consiguieron un territorio, tomaron pozos de petróleo y atrajeron a “voluntarios” entre la juventud marginada de países vecinos como Túnez, Egipto o Mali, e incluso tan alejados como Somalia, Afganistán, Irak y Siria. Bien pertrechados con más armas, dinero y entrenamiento. Muchos continuaron hacia Siria e Irak una vez “graduados”.
 
El periodo contemporáneo: La guerra en Siria patrocinada por la UE, EE. UU., Arabia Saudí e Israel
 
En 2011, mientras el Estado Islámico penetraba en Siria a través de la frontera con Irak y las bandas terroristas tomaban ciudades en Libia, los gobiernos de EE. UU., la UE, Arabia Saudí e Israel financiaban y armaban a las fuerzas islamistas (y a los míticos “moderados”) para derrocar al gobierno nacionalista laico de Bashar el Assad en Siria.
 
Miles de extremistas voluntarios islamistas hicieron caso de la llamada (y los sustanciosos cheques) del régimen saudí y su propaganda salafista y formaron la propia “legión extranjera” de la familia real saudí, entrenada, armada y transportada hasta Siria por la inteligencia turca. Los Estados Unidos entrenaron y armaron a cientos de sus denominados “rebeldes moderados”, cuyos combatientes rápidamente se pasaron al EI y otros grupos terroristas a los que entregaron toneladas de armas estadounidenses, mientras los “rebeldes sirios moderados” daban conferencias de prensa desde Londres y Washington. El EI ocupó franjas de territorio sirio, avanzando en dirección al oeste hacia las bases aéreas y la base naval de Rusia en la costa y hacia el norte, rodeando Damasco. Millones de personas fueron desplazadas y las poblaciones minoritarias esclavizadas o masacradas. Las noticias de las conquistas territoriales del EI con el botín obtenido mediante la venta del saqueo petrolero a Turquía y el flujo de armas procedente de Arabia Saudí, EE. UU. y la UE atrajeron a más de 30.000 “voluntarios” mercenarios procedentes de América del Norte, Europa, norte de África, Oriente Próximo y Asia meridional.
 
Estos nuevos terroristas recibieron entrenamiento militar, incluyendo la elaboración de bombas y planificación logística, en Siria. Muchos eran ciudadanos de la UE, extremistas islámicos, en número superior a los 5.000. Estos jóvenes terroristas fueron entrenados y lucharon en Siria y luego retornaron a Francia, Bélgica, Alemania y el resto de la UE. Habían acudido a Siria con el apoyo tácito o la tolerancia de sus propios gobiernos europeos, que los habían utilizado en su campaña de “cambio de régimen” contra Damasco, en lugar de emplear a las tropas de la OTAN.
 
Los gobiernos europeos estaban convencidos de que tenían a “sus” reclutas musulmanes bajo control cuando se unieron a EE. UU. en su política temeraria para derrocar a los gobiernos independientes y seglares de Oriente Próximo y norte de África. Animaron alegremente a sus jóvenes marginados musulmanes a que acudieran en manada a Siria a combatir. Tenían la esperanza de que se quedarían allí, luchando sobre el terreno o enterrados bajo el suelo. Oficialmente, los dirigentes de la UE afirmaban apoyar a los “rebeldes moderados” (el término blando que los medios de comunicación occidentales usaban para suavizar a los terroristas islámicos) que luchaban contra la “dictadura” de Assad. Los regímenes europeos no estaban preparados para detener a los “retornados” endurecidos por el combate que habían recibido entrenamiento en Irak y en Siria. Estos jóvenes musulmanes europeos (hijos de inmigrantes o convertidos al islam) habían sido fuertemente adoctrinados y se habían unido a las redes terroristas internacionales. A su regreso, consiguieron confundirse fácilmente en los guetos urbanos marginales de los que procedían, fuera del control de los abotargados servicios de inteligencia europeos.
 
En la práctica, los gobiernos de la UE consideraban a esos miles de jóvenes musulmanes europeos que acudían a Siria como su propia “legión extranjera”, un glorioso cubo de la basura para jóvenes marginales desempleados y expresidiarios que conseguirían imponer las metas imperiales de la OTAN a la vez que resolvían los problemas sociales internos de los hijos marginados de los emigrantes del norte de África. Los estrategas de la OTAN y los gobiernos de Francia, Bélgica y Reino Unido les consideraban una adecuada carne de cañón. De cara a la opinión pública, era más conveniente que fueran estos jóvenes los que murieran para derrocar el gobierno laico de Siria que enviar soldados (cristianos blancos) cuya muerte podría traer repercusiones políticas internas.
 
La Unión Europea subestimó la animadversión que estos “voluntarios” sentían por la intervención de EE.UU./UE en Oriente Próximo y norte de África, así como su indignación ante el apoyo continuado a las ocupaciones de tierra de Israel en Palestina. En su arrogancia racista, los líderes de la UE subestimaron la capacidad del EI para adoctrinar, formar y organizar a estos jóvenes marginados de los suburbios de Europa y convertirlos en células internacionales eficaces, capaces de llevar la guerra a Europa.
 
A causa de su prepotencia, la Unión Europea ignoró el papel activo de Turquía y Arabia Saudí, con sus respectivas ambiciones regionales e independientes. Ankara y Riad entrenaron y financiaron a los “voluntarios” y facilitaron su traslado a Siria desde los campamentos de Turquía y Jordania. Los heridos recibieron tratamiento en Turquía y, a veces, incluso en Israel. Miles de ellos, muchos ciudadanos de la UE, volverían después a sus países de origen en Oriente Próximo y norte de África, así como a Rusia.
 
La Unión Europea ha seguido servil y ciegamente a Washington en todas sus guerras en Oriente Próximo. Ahora está pagando un gran precio por ello: miles de avezados terroristas han regresado y han cometido atentados contra civiles y estructuras civiles mientras los líderes de los gobiernos europeos se abalanzan en un intento apresurado por desmantelar los derechos ciudadanos constitucionales e imponer una amplia gama de medidas propias del Estado policial (estados de emergencia).
 
Estos nuevos terroristas financiados por la monarquía saudí (los legionarios de Riad) están activos en todos los países donde EE. UU. y la UE han librado guerras por delegación: Irak, Siria, Libia, Yemen, Afganistán… Turquía financia a los terroristas islámicos en Siria, Irak y los territorios kurdos para imponer sus propias ambiciones expansionistas (pasando por alto los cacareos de descontento de los líderes europeos). Ahora Turquía ha recibido 6.000 millones de euros de la UE por medio de un chantaje: a cambio “contendrá” el flujo de refugiados de la región fuera de la vista de los europeos en campos de concentración apenas disimulados.
 
Conclusión 
 
Desde que los gobernantes de EE.UU. y la UE decidieron llevar adelante la guerra contra el nacionalismo laico árabe y de Asia Occidental en Oriente Próximo, Afganistán, Irán y norte de África mediante campañas de “cambio de régimen” han utilizado a mercenarios y voluntarios salafistas para causar la mayoría de las muertes sobre el terreno, mientras Occidente actuaba desde el aire. Washington y sus aliados de la OTAN actuaban con la convicción de que dichos reclutas (en su mayoría jóvenes marginados urbanos y delincuentes) eran descartables tras su uso, una vez que habían servido a los propósitos militares imperialistas. Algunos de los que poseían el talento y la crueldad necesarios podían convertirse en “líderes” marioneta contra los rusos y otros “obstáculos” si se les necesitaba en el futuro.
 
Tanto Estados Unidos como la Unión Europa subestimaron el alto nivel de independencia de los voluntarios, su autonomía organizativa y su propia comprensión de la naturaleza táctica de su alianza con el imperialismo occidental. Los líderes extremistas islámicos, como sus socios occidentales, no creen en existen alianzas permanentes, solo en intereses permanentes.
 
La unión Europea y los Estados Unidos han practicado una política destinada a derrocar a las naciones musulmanes independientes y laicas y devolverlas al estatus semicolonial que tenían antes de la independencia. La política de cheques contra el nacionalismo secular (con sus profundas raíces en la Guerra Fría) se ha extendido desde el norte de África hasta el sudeste asiático pasando por Oriente Próximo. Por su parte, el Estado Islámico y sus aliados conciben un regreso al califato islámico precolonial en los mismos territorios y sobre los mismos pueblos para contrarrestar al imperialismo occidental. Y millones de personas están atrapadas entre ambos.
 
El EI considera a las élites laicas occidentalizadas de los países musulmanes como una quinta columna para la extensión del imperio y, a su vez, ha resocializado y entrenado a jóvenes islamistas de la UE para que sirvan como una red terrorista “tras las líneas enemigas” que siembre el caos en Occidente.
 
Las repercusiones políticas de esta guerra internacionalizada son muy profundas. Millones de civiles han perdido la vida y la seguirán perdiendo en las zonas de conflicto, han sido desplazados y convertidos en refugiados desesperados que fluyen hacia la UE. Leyes de emergencia propias de estados policiales, registros arbitrarios, arrestos e interrogatorios se han hecho habituales en los aeropuertos europeos, los trenes y las redes de metro altamente militarizados, al igual que en los mercados y centros culturales. La UE está padeciendo una creciente “israelización” de su sociedad, con una población polarizada que recuerda a la israelí-palestina… con su comunidad musulmán marginada y confinada en la diminuta Gaza.
 
En el contexto de esta atmósfera cargada, prosperan las compañías y los asesores de seguridad high-tech israelí mientras se multiplican las fusiones y la adquisición de tecnología policial. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu da la bienvenida al primer ministro francés en el club de autoritarios democráticos.
 
Mientras tanto, los refugiados y sus hijos fluyen de acá para allá, las bombas van y vienen. Nosotros hacemos cola para depositar flores sobre el monumento de nuestras últimas víctimas y luego pagamos los impuestos que posibilitan nuevas guerras en Oriente Próximo. Más jóvenes “voluntarios” se convertirán en carne de cañón barata para luchar en nuestras guerras. Algunos regresarán y colocarán más bombas, para que podamos lamentar la muerte en vigilias patrióticas, protegidos por batallones armados… Y así sucesivamente.
 
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miércoles, 20 de abril de 2016

IRAK: MENTIRAS MASIVAS, CRIMENES, DESTRUCCIÓN, MISERIA Y SUFRIMIENTO COMO BASE PARA EL ENRIQUECIMIENTO DE UNOS POCOS Y SUS FAMILIARES, ENTRE OTROS, JOSÉ MARÍA AZNAR


El ISIS y las fuerzas del gobierno apoyadas por Estados Unidos matan de hambre, asesinan y asedian a los habitantes de Faluya
 
Crímenes de guerra de Estados Unidos en Iraq

Rebelión
Global Research
20.04.2016

 

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos.
 

 

Resulta difícil imaginar que pudiera ocurrir algo peor a Faluya después de los crímenes de guerra y de los criminales ataques del ejército estadounidense en 2004. En aquel momento un corresponsal escribió: “Desde la invasión y ocupación nazi de gran parte del continente europeo (el bombardeo del Varsovia en septiembre de 1939, el terrible bombardeo de Rotterdam en mayo de 1940) no ha habido nada como el ataque a Faluya.” (1) 
 
Según se informó, el 70 % de las casas y comercios habían sido destruidos y los que quedaba en pie estaban dañados. El médico iraquí Ali Fadhil describió la ciudad de la siguiente manera: 
 
“[…] está totalmente devastada, destruida por todas partes. Parecía una ciudad de fantasmas. Faluya era una ciudad moderna, ahora no queda nada. Estuvimos todo el día caminando entre los escombros que habían sido el centro de la ciudad. No vi un solo edificio que sirviera.” (City of Ghosts, The Guardian, 11 de enero de 2005.)
 
Nicholas J. Davies, autor de Blood on our Hands – the American Invasion and Destruction of Iraq, escribió:
 
“[…] El Comité de Compensación de Faluya informó en marzo de 2005 que el ataque había destruido 36.000 viviendas, 9.000 comercios, 65 mezquitas, 60 colegios, las dos estaciones de tren, uno de los dos puentes, dos centrales eléctricas, tres plantas de tratamiento de aguas y los sistema de saneamiento y de teléfonos de toda la ciudad.”
 
Ahora Human Rights Watch (HRW) ha elaborado un Informe (2) en el que señala que, aunque resulte increíble, al cabo de doce años, todo vuelve a estar deteriorado hasta el extremo de que “los habitantes de la asediada ciudad de Faluya se mueren de hambre. Las fuerzas gubernamentales iraquíes deberían permitir urgentemente la entrada de la ayuda en la ciudad y el grupo extremista Estado Islámico, también conocido como ISIS, que tomó la ciudad a principio de 2014, debería permitir a los civiles salir.”
 
Faluya se encuentra ahora asediada por el gobierno títere iraquí que ha impuesto Estados Unidos y por el ISIS, mientras miles de personas se manifiestan para protestar por otro gobierno respaldado por Estados Unidos que lo único que ha traído a la población es miseria. Aunque parezca increíble, el vicepresidente estadounidense Joe Biden y el general de división iraní Qassem Soleimani se han reunido “para dejar claro […] que no se debe hacer un intento de derrocar” al actual primer ministro [iraquí] Haider al-Abadi. (“US, Iran Keep Iraqi PM in Place”, Reuters, 6 de abril de 2016.)
 
“La población de Faluya está asediada por el gobierno, atrapada por el ISIS y se está muriendo de hambre”, afirma el vicedirector para Oriente Medio de HRW Joe Stork.
 
“Desde que las fuerzas gubernamentales recuperaron Ramadi, la capital del gobernorado de Anbar, a finales de diciembre de 2015, y la zona desértica de al-Jazira al norte de Faluya en marzo de 2016 han cortado las rutas de abastecimiento de la ciudad, afirmaron tres funcionarios iraquíes. Decenas de miles de civiles de una población original de más de 300.000 personas permanece en la ciudad.”
 
HRW consiguió una lista de ciento cuarenta personas, incluidos niños pequeños, que se dice que han muerto en los últimos meses “por falta de comida y medicinas”. Se han ocultado los nombres de estas personas por miedo al ISIS, que prohíbe a la población establecer contacto con personas de fuera de la población y “castigaría a los familiares de las personas muertas”.
Se ha informado de que los habitantes de Faluya están comiendo pan hecho de harina de los dátiles caídos al suelo y sopa de hierbas. La comida que todavía está disponible se vende a precios desorbitados. “Un saco de harina de 50 kilos llega a costar 750 dólares y uno de azúcar, 500”. En Bagdad, solo a setenta kilómetros, “la misma cantidad de harina cuesta 15 dólares y de azúcar 40 dólares […] cada día llegan al hospital local niños que se están muriendo de hambre; […] ya no se pueden conseguir la mayoría de los alimentos a ningún precio, […] el hospital se ha quedado sin alimentos infantiles”.
 
El Programa Mundial de Alimentos ha hecho una tibia declaración afirmando estar “preocupado” por la situación alimenticia. En los anales de respuestas de la ONU que son igual de vergonzosamente patéticas ante tragedias de enormes dimensiones esta puede ser la ganadora de 2016.
 
Diversas fuentes declararon a HRW que tanto las tropas del gobierno iraquí como la Fuerza de Movilización Popular, una de las aproximadamente cuarenta milicias que dependen del ministerio del Interior, impiden que la entrada en la ciudad de comida y productos básicos.
Aquellas personas que tratan de abandonar la ciudad corren peligro de ser asesinadas por el ISIS. El 22 de marzo un hombre que había acudido a uno de los checkpoints afirmando que tenía que salir porque ya no podía soportar la situación fue devuelto a la ciudad y ejecutado.
A finales de febrero también fue asesinada una familia que trataba de salir. El 30 de marzo se informó de que también se había ejecutado a treinta y cinco personas que trataban de salir.
 
Además,“aviones y artillería del gobierno han llevado a cabo muchos ataques, que según los habitantes de Faluya han matado a muchos civiles”.
 
Unos aviones y una artillería suministrados por Estados Unidos.
 
“Los vecinos informaron a un ex residente que el 27 de noviembre de 2015 los bombardeos mataron a 12 personas en su barrio, incluidos nueve niños. El 13 de agosto (2015) varios ataques aéreos bombardearon el hospital infantil de Faluya y mataron a varias personas. […] Una fuente médica de la ciudad, cuya información no puede confirmar Human Rights Watch, afirmó que desde enero de 2014 han resultado heridos 5.769 combatientes y civiles, y han muerto 3.455 personas, aproximadamente una cuarta parte de los cuales eran mujeres y niños”.
 
Parece que el sino de Iraq es morir de hambre y ser bombardeado a consecuencia de las políticas de Estados Unidos y Gran Bretaña: trece años del embargo más draconiano nunca impuesto por la ONU y dirigido por Estados Unidos y Gran Bretaña, que presidía el Comité de Sanciones; los bombardeos de 1991 y después doce años de bombardeos estadounidenses y británicos también ilegales. Bajo Sadam había un sistema de racionamiento que, irónicamente, fue elogiado por la ONU debido a su eficacia, a pesar de estar muy restringido por la ONU a causa de la falta de importaciones. Desde la “liberación” Faluya es otro símbolo de la maldad e iniquidad en estado puro occidentales que se han abatido sobre Iraq desde 2003.
 
Puede que sea el momento de que Tony Blair (cuyos altos cargos elaboraron los dudosos dossieres que dieron la excusa para invasión ilegal) haga honor al absurdo premio Global Legacy Award concedido por Save the Children (3) en noviembre de 2014 y se presente en Faluya con la ayuda que necesitan desesperadamente de su caridad multimillonaria y de su propio bolsillo de millonario. Sería una reparación mínima del daño, pero sería un comienzo.
 
Puede que haciendo lo mismo Save the Children también pudiera expiar el haber premiado a un hombre que muchos juristas eminentes consideran que debería comparecer ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya.
Creo que está al caer una petición.



Notas
 
 
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LOS PAPELES DE PANAMÁ Y "PANAMENO". CUANDO LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN NOS ENGAÑAN SERÁ POR ALGO


 

LO QUE NO SE DICE NI SE DIRÁ EN LOS PAPELES DE PANAMÁ
Rebelión
Público.es
19.04.2016


La publicación por parte de los mayores medios de comunicación del mundo occidental de las empresas ficticias establecidas con la ayuda de la firma de abogados panameña Mossack Fonseca ha creado un gran revuelo, pues documenta lo que todo el mundo ya conoce, a saber, que el 1% de la población mundial (y el 1% de la gente más rica en cada país) deposita su dinero en paraísos fiscales a fin de esconderlo y/o evitar pagar impuestos en su propio país. Tal descubrimiento, por lo tanto, no es una novedad. La gran mayoría de la población sabe que los “super-ricos” tienen su dinero en paraísos fiscales. Lo que no saben, sin embargo, es que esta situación sería fácilmente corregible si hubiera voluntad para resolverla. Que no se resuelva se debe a que las personas que podrían hacerlo están ellas mismas implicadas en la transferencia de fondos a estos paraísos fiscales, o pertenecen a instituciones (representativas o no representativas) sumamente dependientes e influenciadas por los grupos financieros o empresariales, que son los que se benefician de tales paraísos. Es también ampliamente conocido que los mayores bancos en cada país, incluido en España, están metidos hasta la médula en este proceso de falsificación de empresas en dichos paraísos. Hasta aquí todo esto es conocido.
 
Ahora bien, lo que despierta gran interés y también curiosidad es ver los nombres concretos de los personajes relacionados con estos paraísos fiscales. Que ahora se vaya conociendo quién depositó allí sus fondos es una buena noticia. Y, sin embargo, tiene un gran problema que no se cita. Y este problema es que la enorme cantidad de información que se está descubriendo está siendo canalizada por los mismos medios de comunicación que han sido cómplices con el silencio ensordecedor que ha existido sobre este tema. Veamos, pues, los datos.
 
¿Quién obtuvo estos datos?
 
La investigación conocida ahora como “Panamá Papers” la ha realizado el International Consortium of Investigative Journalists (el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación), que ha sido financiado por varias instituciones estadounidenses tales como la Ford Foundation, el Carnegie Endowment, el Rockefeller Family Fund, la WK Kellog Foundation y la Open Society Foundation (financiada por el filántropo George Soros). Y tal información ha sido canalizada a través de los mayores rotativos a los dos lados del Atlántico Norte, y muy en particular los medios de la Unión Europea y de EEUU, que tienen su propia agenda en la distribución de tal información. En realidad, el periódico alemán Süddeutsche Zeitung (SZ) fue el primer receptor de parte de aquella información que también fue recogida por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, distribuyéndose a partir de entonces a través de The Guardian y otros medios. Son estos medios los que controlan esta información, habiendo mostrado solo una parte de los 11,5 millones de documentos recogidos. Esta situación es particularmente preocupante en España, donde los mayores medios de información tienen una relación muy estrecha, de dependencia financiera, con los grandes bancos del país (como el BBVA, el Santander y otros), bancos que han jugado un papel fundamental en canalizar dinero hacia otros paraísos fiscales, incluyendo Panamá. Es bien conocido que la gran prensa de España carece de diversidad ideológica, consecuencia, en parte, de la dependencia de tales medios de la gran banca que los financia.
 
La promoción del neoliberalismo por parte de la Gran Prensa y su silencio sobre la Banca
 
En este país, los grandes bancos, a través de su enorme influencia en los medios de información y persuasión, así como en los centros de investigación y propaganda como las fundaciones y revistas económicas, son los grandes promotores de las políticas neoliberales, incluyendo los recortes de gasto público social con el fin de reducir el déficit público y la deuda pública. A la vez, estos bancos han estado facilitando la utilización de paraísos fiscales para que las grandes empresas, las grandes familias y los super-ricos no paguen impuestos, generando así el déficit público. En realidad, si no hubiera habido este fraude fiscal, no habría habido ninguna necesidad de recortar en servicios públicos como sanidad, educación, servicios domiciliarios y un largo etcétera. El poder de la banca en España es enorme. Y de ahí que les aseguro a los lectores de este artículo que no verán en los medios españoles (incluyendo, naturalmente, los catalanes), tanto públicos como privados, sean escritos, orales o televisivos, un análisis de cómo los grandes bancos juegan un papel clave en el establecimiento de los paraísos fiscales. Esperen y lo verán. Y me sabe muy mal llevar razón en este punto, pero les garantizo que va a haber un silencio ensordecedor sobre cómo el BBVA o el Santander, entre otros (que promueven los recortes), están facilitando que se vaya el dinero a Panamá.
 
Otras observaciones
 
Esta canalización de las noticias explica también la gran atención que se ha dado a la figura de Putin, el actual presidente de Rusia, el supuesto enemigo nº 1 de Occidente, que ha sido objeto de un gran ataque mediático, presentándolo como el responsable de la inestabilidad en la Europa oriental y en Siria. He escrito críticamente sobre tal personaje (incluso antes de que colapsara la Unión Soviética) y la clase corrupta que representa, continuadora de aquella que controló el Estado Soviético (ver mi libro Social Security and Medicine in the USSR, escrito en 1977). Como consecuencia de tal crítica, mi libro fue prohibido y yo declarado persona non grata en aquel país. Cualquiera que haya leído mis trabajos sobre la Unión Soviética y su colapso entenderá que Putin no sea santo de mi devoción. Ahora bien, este dirigente ruso no es el único responsable de tales tensiones que estamos viendo en Ucrania o en Siria. En realidad, la mayor parte de las tensiones se derivan del comportamiento de la OTAN. Y entre los aliados de tal organización están algunas de las dictaduras más horribles hoy en el mundo, mucho peores que la rusa, como la de Arabia Saudí, profundamente corruptas, con amplias inversiones no solo en Panamá sino en España, sin que los mayores medios de información y persuasión españoles hayan analizado nunca estas inversiones y estas amistades con el establishment financiero-político-mediático español. Verán ustedes cómo aparecen muchos artículos sobre Putin (cuyo nombre, por cierto, no aparece en ninguno de los papeles) y muy pocos sobre los dirigentes de Arabia Saudí y su relación con los bancos españoles.
 
Una última observación. Es más que probable que en la lista de nombres que depositaban su dinero en Panamá no aparezcan ciudadanos o residentes estadounidenses, lo cual tiene que ver primordialmente con el hecho de que los paraísos fiscales que utilizan los super-ricos de EEUU están en el propio país (Wyoming, Delaware o Nevada). Los super-ricos estadounidenses no necesitan Panamá, Suiza u otros paraísos conocidos. Los tienen en su propio país. Sería interesante que se analizaran estos paraísos. También se sorprenderían de lo que verían. Pero es probable que tampoco lo vean. La libertad de prensa es la libertad de los que la poseen y controlan. Así de claro.
 
Vincenç Navarro. Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y ex Catedrático de Economía. Universidad de Barcelona.
 
 
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martes, 19 de abril de 2016

PARAISOS FISCALES O EL CENTURIÓN ALIBABOTE Y SUS MAS DE CIEN LADRONES

PANAMA PAPERS Y LOS SECRETOS DE LA GANANCIA
 
18.04.2016
 
El affaire Panama Papers, del que ya mucho se dijo, constituye sólo el emergente de un asunto de bastante mayor envergadura. Una trama que al estilo de las famosas muñecas rusas mamushkas, contiene un episodio adentro del otro. Si se observa desde el suceso más pequeño podría decirse que la mamushka Panamá papers está adentro de la mamushka más grande llamada “paraísos fiscales” que a su vez está dentro de la muñeca mayor que es la cuestión impositiva y cuya gravitación en la economía mundial adoptó especial relevancia desde los años del fin del boom de la segunda posguerra hasta nuestros días. Hacia fines de los años ‘60 y principios de los ‘70, la tributación –cuya historia de fraude acompaña al capitalismo desde los orígenes- empieza a cambiar su fisonomía adquiriendo particular relevancia. La cuestión impositiva –como se verá- resultó uno de los instrumentos del giro neoliberal destinado a incrementar una tasa de ganancia del capital, en descenso por aquel entonces.

¿Qué son los paraísos fiscales?

Se dice que la denominación “paraíso fiscal” proviene de una confusión lingüística. En realidad el término en inglés es “tax haven” que significa literalmente “puerto fiscal” que fue confundido con “tax heaven” que efectivamente significa “paraíso fiscal”. De todas maneras, el término –tal como se generalizó- les sienta bastante bien. Aunque no todos los puertos fiscales son lugares físicamente paradisíacos, gran parte de ellos sí lo son, convirtiéndose en suertes de “dos por uno”. Lugares verdaderamente celestiales para el pequeño puñado de dueños del capital que vive pensando distintas estratagemas para retener y acrecentar la más amplia porción del tiempo de trabajo sustraído al común de los mortales que habita este planeta. El Fondo Monetario Internacional –pretendiendo no emitir juicio de valor- denomina a los paraísos fiscales, Centros Financieros Offshore (CDO) lo que literalmente se puede traducir como centros financieros en el exterior. Pero ¿qué son?

A fin de acercar una definición, nos basamos en algunos aspectos desarrollados en Paraísos fiscales en la globalización financiera y Los paraísos fiscales a discusión. De acuerdo con estos textos existen al menos 18 definiciones distintas de paraíso fiscal y según cuál de ellas se tome por válida, la cantidad de este tipo de entes se incrementa o disminuye. Según Task Justice Network –que utiliza la definición más amplia- existen 73 paraísos fiscales en el mundo. Entre ellos los conocidos Luxemburgo, Andorra, Bahamas, Mónaco o Panamá. Esencialmente se trata de territorios que gozan de un “autogobierno” que les permite determinar su propia regulación en materia fiscal y económica. Esto significa que no tienen que tener necesariamente condición de países por lo que pueden existir territorios al interior de los Estados que posean características de paraíso fiscal. Sólo por acercar algunos ejemplos, Estados Unidos ocupaba en 2015 el tercer puesto por detrás de Suiza y Hong Kong en el ranking de secretismo financiero de Task Justice Network. Delaware, definido por la organización contra la corrupción, Transparencia Internacional, como “refugio para delitos transnacionales”, encabeza la lista de “paraísos fiscales” norteamericanos, seguido de bastante lejos por Nevada, Wyoming y Dakota del Sur. El Reino Unido –otro “país normal” si los hay-, posee cuatro de los principales paraísos fiscales del ranking elaborado por Tax Justice network: Islas Caimán, Jersey, Islas Vírgenes Británicas y Bermuda.

Se trata de enclaves, es decir, territorios con un sistema regulatorio dual, diferente para residentes y extranjeros. A las entidades que se establecen en paraísos fiscales no se les aplica prácticamente ninguna regulación. Los territorios considerados paraísos fiscales reducen la presión impositiva para extranjeros hasta incluso hacerla desaparecer y gozan de una muy laxa normativa financiera. Estos territorios buscan de este modo atraer capitales y suelen producirse desproporciones aberrantes entre cantidad de habitantes, nivel de actividad financiera y actividad económica. Por ejemplo, según El País, Delaware contaba en 2015 con una población de 935.600 habitantes y 1.181.000 sociedades. Dentro de los “inquilinos fiscales” de Delaware se encuentran American Airlines, Apple, Amazon, Coca-Cola, Facebook, General Electric, Google, JP Morgan, Twitter, Visa y Walmart.

Sobre usos y usuarios

Bancos, empresas transnacionales, grupos de empresas e individuos propietarios de voluminosos patrimonios son quienes usufructúan, mediante variados mecanismos, los paraísos fiscales. Siguiendo la descripción de los textos mencionados, estos territorios se utilizan corrientemente para tres tipos de práctica: la elusión, la evasión impositiva y el lavado de dinero. La elusión es una práctica considerada legal mediante la cual las empresas diversifican los territorios donde pagan impuestos buscando minimizar la carga con respecto a lo que pagarían en un único territorio. Por el contrario, la evasión es una práctica ilegal que consiste en no registrar ganancias que formalmente deberían ser gravadas con algún tipo de impuesto. El lavado de dinero es una operación destinada a lograr que los fondos y activos provenientes de actividades ilícitas aparezcan como resultado de actividades lícitas.

En la actualidad, una de las principales actividades de los bancos consiste en la constitución de fondos de inversión colectiva. Dentro de esos fondos los llamados hedge funds –o fondos de cobertura- son instrumentos de inversión financiera con escasa regulación, elevados apalancamiento, exposición al riesgo y rentabilidad. Estos fondos de los cuales el Long Term Capital Management (LTCM) y el mecanismo mediante el cual el financista Soros apostó contra la libra esterlina en 1992 –y la hundió- , son ejemplos resonantes, se constituyen en su mayoría en paraísos fiscales. Su territorio de establecimiento suele ser distinto del de gestión. Para dar una idea, según datos de 2010, el 60% del total de hedge funds se encontraba establecido en paraísos fiscales –el 27% en Delaware- mientras que el 80% operaba en territorio norteamericano y el 20% restante lo hacía mayormente en territorio londinense. Los bancos gestores de estas operaciones pueden crear sucursales y filiales en los “paraísos” en un instante y casi sin requerimientos, a fin de evitar regulaciones estatales. Pero las quiebras o pérdidas recaen sobre la casa matriz y por lo tanto repercuten sobre el país de origen. Esto es lo que sucedió con las hipotecas subprime en 2008, lo que muestra que los “paraísos” jugaron un rol muy importante en el desarrollo de la crisis. Posteriormente gran parte de las pérdidas bancarias fueron asumidas por los Estados con lo cual la banca… siempre gana.

Por su parte, las empresas transnacionales fragmentan sus actividades para maximizar el beneficio. Suelen así tener sus fábricas en un país, sus oficinas en otro, su servicio de tele asistencia en otro y su sede en un paraíso fiscal (como es bien conocido en Argentina el caso del grupo Techint cuya sede está radicada en Luxemburgo). Esta diversificación les permite combinar la mano de obra más barata con los impuestos y costos medioambientales más bajos o los requisitos legales menores. En los “paraísos” también se pueden constituir empresas enteras o Holdings -entidades creadas para ser propietarias de un grupo de empresas- en instantes y casi sin exigencias, manteniendo el secreto bancario que permite la no revelación del verdadero propietario así como la exención de dividendos e intereses cobrados. Además también se puede obtener financiación mucho más barata, se realizan auto préstamos, compras y ventas entre distintas sociedades de una misma firma, entre otras múltiples transacciones que desvirtúan completamente los balances. La empresa Enron, por ejemplo, conocida por sus escándalos contables, utilizó una red de casi 900 sociedades en paraísos fiscales. Las empresas suelen también manipular los precios exportando figuradamente, por ejemplo, a muy bajo precio –y por tanto con baja ganancia y baja tributación- desde una filial a su sede en un “paraíso”. Exportando luego realmente al precio efectivo desde el “paraíso” al lugar de destino pagando muy baja tributación precisamente porque la operación se realiza desde el “paraíso”. También las empresas transnacionales suelen echar mano al mecanismo de las “banderas de conveniencia” que implica registrar distintos barcos en diferentes paraísos fiscales cada uno como una empresa en sí misma, con el objeto de reducir riesgos.

Por último, los patrimonios de las personas con activos líquidos superiores al millón de dólares suelen colocarse en manos de los bancos que cuentan con secciones especializadas para gestionar -o sea revalorizar- grandes fortunas y utilizan los paraísos fiscales como forma preferente. A través de fideicomisos (personas que detentan la propiedad de algo sólo virtualmente) esquivan regulaciones fiscales de sus propios países e incluso las leyes sobre herencia y sucesiones. La banca privada asesora a esas grandes fortunas creando unos complejos entramados de empresas y entidades que ocultan la propiedad, evitando así las posibles inspecciones fiscales (resulta casi una ironía la pretensión del presidente argentino Mauricio Macri de evadir responsabilidades arguyendo que sólo integraba el directorio de una empresa en Bahamas…). A la vez, el dinero sucio proveniente de la corrupción o de cualquier otro tipo de delito en los “paraísos” se fragmenta y se va introduciendo en muchas cuentas corrientes bancarias. En una segunda fase el dinero se dispersa en los mercados financieros para que en una tercera fase de reciclado, se utilice después en la compra de viviendas, creación de empresas o inversiones productivas.

Vale la pena retener sólo un dato resultante de todas estas encantadoras operatorias. Como señala Vigueras en Los paraísos fiscales, para el año 2005, Tax Justice Network calculaba en alrededor de 11.5 billones de dólares el valor de los activos depositados en estos enclaves. El equivalente a un tercio del PBI mundial en aquel año.

Más acá del paraíso (o una gran contratendencia)

Aunque el origen histórico de los “paraísos” resulte bastante lejano en el tiempo –hay quienes ubican sus primeros antecedentes en Mónaco en 1868 y luego en Estados Unidos a fines del siglo XIX-, son muchos los autores que consideran que tal como los conocemos hoy, se remontan en realidad a los años ‘60 y ‘70. Vigueras, por ejemplo, los vincula al mercado de eurodólares primero y petrodólares después, en el contexto del salto de la globalización financiera. Eurodólares y petrodólares se combinaron hacia principios de los años ‘70 forjando una gran masa de capital líquido en los bancos europeos. Esa masa de capital colisionó con las dificultades para la acumulación derivadas de las condiciones del fin del boom de posguerra.

En este marco, la proliferación de los paraísos fiscales se fue desarrollando como un capítulo de las políticas destinadas a mejorar las condiciones generales de la valorización del capital en un contexto de progresivo descenso de la tasa de ganancia. El desarrollo de los “paraísos” acompañó las políticas de liberalización de los mercados financieros, favorecidas además por el derrumbe del sistema de Bretton Woods. Unos años más tarde estas políticas se complementaron con cambios en las prácticas bancarias vigentes en Estados Unidos, reducciones impositivas, entre otras, implementadas por Reagan a partir de los años ’80, muy pronto seguido por otros países centrales como el Reino Unido y Francia.

Este conjunto de políticas tenía un doble propósito. Por un lado facilitaba la circulación internacional del capital para dar rienda suelta a la especulación financiera. Pero por el otro, buscaba mejorar las condiciones para la apropiación del valor creado, en un contexto de caída de la tasa de ganancia. Dos factores que como señalamos en diversas oportunidades, no resultan independientes.

Los petrodólares y eurodólares cuya circulación los “paraísos” facilitaron, fueron a engrosar las deudas externas de los países dependientes y hasta hoy actúan como formas indirectas de extracción de plusvalor a través del reembolso sistemático de las impagables deudas que originaron. A la vez los paraísos contribuyeron y contribuyen a reducir en niveles sorprendentes las cargas fiscales ya extremadamente reducidas más acá de los “paraísos”. Basta tener en cuenta, por ejemplo, que en Estados Unidos y en Reino Unido, según datos de Piketty, las tasas impositivas máximas sobre los ingresos más altos declinaron desde el 70% en la década del ‘70 hasta aproximadamente el 30% una década después.

De modo que no se trata sólo de los paraísos fiscales sino de una maraña de políticas de reducciones impositivas destinadas a incrementar la apropiación de ganancias. De hecho las reducciones impositivas operan “devolviendo” a los poseedores del capital masas de ganancia sustraídas en décadas anteriores y redistribuidas a través del Estado. Cuestión que evidentemente permitió incrementar una tasa de ganancia reducida. En este sentido y en nuestra impresión estas medidas, conjuntamente con el incremento de la explotación del trabajo y la conquista de nuevas áreas para la expansión del capital, actuaron durante las últimas décadas, como tres significativas tendencias contrarrestantes a la caída de la tasa de ganancia. Por eso, parece interesante repensar el affaire Panama Papers a la luz de una situación en la cual una vez más grandes masas de capital enfrentan serios obstáculos para su acumulación ampliada.

HITLER Y EMPRESARIOS ALEMANES, AUSTRIACOS, FRANCESES Y ESTADOUNIDENSES



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14.04.2016

Los empresarios de Hitler y el negocio de los campos de concentración
 

Carlos Hernández | eldiario.es

 Si hubo un grupo de cómplices del nazismo que se fue “de rositas” tras el final de la II Guerra Mundial, ese fue el de los empresarios. Hombres de negocios alemanes, austriacos, franceses y también estadounidenses que se enriquecieron bajo el capitalismo fascista que impuso el III Reich. Nombres tan conocidos como Bayer, Ford, Standard Oil o Siemens colaboraron activamente con Hitler y no dudaron en utilizar como trabajadores esclavos a los prisioneros judíos, soviéticos o españoles de los campos de concentración.

El adjetivo “fanático” es el que más se ha empleado en la historia para definir a Hitler y al amplio grupo de lugartenientes que dirigieron el destino de la Alemania nazi. Sin embargo, hay otro calificativo mucho menos utilizado que resulta igual de imprescindible para explicar su estrategia política y militar. Hitler y el resto de su camarilla eran grandes “hombres de negocios”. En sus mentes pesaban más el dinero y las cuestiones económicas que su deseo de exterminar a los judíos. Su modelo de capitalismo fascista, pese a estar basado en una fuerte intervención estatal, resultó muy atractivo para los empresarios alemanes y también para importantes magnates extranjeros, principalmente estadounidenses.

Las SS crearon sus propias empresas para beneficiarse del trabajo esclavo de los millones de prisioneros capturados por el ejército alemán. La DEST y la DAW fueron las dos más destacadas. El objetivo de Himmler era que, gracias a estas compañías, las SS pudieran jugar un papel predominante en la economía alemana, incluso en el escenario de paz que se abriría tras la guerra.

Hacer negocio a cualquier precio

Las empresas de armamento, automoción, productos farmacéuticos y tecnología no podían contar con los jóvenes alemanes para trabajar en sus fábricas porque estos se encontraban en los frentes de batalla. Los prisioneros de los campos y los trabajadores forzosos se convirtieron en la mejor opción y también en la más barata. El negocio de los campos era redondo. La DEST suministraba los trabajadores, las SS ofrecían la seguridad y las empresas aportaban el resto. En el reparto de papeles todos ganaban. Todos menos los deportados, que morirían a millares en las canteras y las fábricas controladas por el emporio de las SS y por las empresas privadas alemanas y norteamericanas.

La lista de firmas alemanas que colaboraron y se beneficiaron de las políticas bélicas y genocidas del régimen nazi es interminable. Desde gigantes de la automoción hasta pequeñas empresas familiares e incluso particulares que utilizaron prisioneros de los campos de concentración para cultivar sus tierras o trabajar en sus granjas. Estas son algunas de las más destacadas:

IG Farben Este consorcio fue el que mejor exprimió todas las opciones de negocio que facilitaba el régimen nazi. Fabricó combustible y un tipo de caucho sintético llamado “Buna” para el ejército alemán, suministró los productos químicos para la exterminación masiva de “enemigos” del Reich y se aprovechó del trabajo esclavo de miles de prisioneros de los campos. Tres empresas químicas y farmacéuticas constituían el corazón de IG Farben: Bayer, Basf y Hoechst.

Audi empleó en su cadena de producción a 20.000 trabajadores forzados.

Daimler utilizó a gran escala trabajadores forzados para la fabricación de automóviles.

Bosch empleó a unos 20.0000 trabajadores forzados.

Volkswagen colocó en gran parte de su producción a trabajadores forzados.

Krupp (actualmente Thyssenkrupp). Krupp tuvo la consideración de empresa modelo del nacionalsocialismo y empleó a más de 75.000 trabajadores forzados.

Deutsche Bank. El historiador Harold James analizó el periodo nazi en 1995. James tildó la actitud del banco en aquella época como “complaciente”.

Lufthansa autorizó al historiador Lutz Budraß la realización de un estudio sobre su participación en la creación de la Luftwaffe. Los datos oficiales del estudio no se han publicado todavía. La pregunta permanece en el aire.

Bertelsmann encargó al historiador Saul Friedländer un estudio que fue presentado en 2002. El gigante de los medios de comunicación se aprovechó del régimen nazi de forma masiva.

Quandt (propietaria de BMW). Según la investigación llevada a cabo por el historiador Joachim Scholtyseck, Günther Quandt se enriqueció en el periodo comprendido entre 1933 y 1945. La empresa del magnate utilizó a 50.000 trabajadores esclavos.

Oetker abrió sus archivos en 2007 tras la muerte del patriarca, Rudolf August Oetker. El historiador Deren Erkenntnisse reveló que Rudolf A. había pertenecido a las Waffen-SS y colaborado activamente con el régimen nazi.

Adidas y Siemens han permitido que se investiguen sus archivos. Se sabe que, ambas empresas, emplearon a miles de trabajadores esclavos.

Cómplices en Detroit y Nueva York

Historiadores y economistas coinciden en que a Hitler le habría resultado imposible lanzarse a la conquista de Europa sin el apoyo de cuatro grandes multinacionales estadounidenses: Standard Oil, General Motors, Ford e IBM.

General Motors. Fabricó miles de camiones militares en sus factorías de Alemania. Su modelo bautizado con el nombre de Blitz, Relámpago, sirvió a Hitler para entrar con sus tropas en Austria. La admiración del Führer por la tecnología de Opel y su agradecimiento por contar con su colaboración le llevó a conceder la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana a su director ejecutivo, James Mooney. GM utilizó a prisioneros de los campos como trabajadores esclavos.

Ford. El fundador de la compañía, Henry Ford, era ya conocido a finales de los años 20 por su profundo antisemitismo. Hitler admiraba profundamente a Ford, del que llegó a decir que era su inspiración. Ese amor era mutuo y permitió que la empresa automovilística estadounidense se convirtiera en el segundo productor de camiones para el ejército alemán, superado únicamente por Opel-General Motors. Henry Ford también fue distinguido por Hitler con la Gran Cruz de la Orden del Águila Alemana en 1938. Tras la invasión de Francia, la empresa estadounidense continuó trabajando para el Reich y se negó a fabricar motores para los aviones de la Royal Air Force británica. Al igual que GM se aprovechó del trabajo esclavo de miles de deportados.

Standard Oil Le proporcionó a Hitler el combustible y el caucho necesario para emprender la invasión de Europa. El Gobierno nazi, consciente de que las importaciones de petróleo se reducirían con el estallido de la guerra, decidió fabricar combustible sintético. El complejo proceso de elaboración no habría sido posible sin la alianza entre el consorcio alemán IG Farben y la Standard Oil norteamericana. Los buques cisterna de la Standard suministraron combustible a barcos alemanes en Tenerife y otros puertos de la España franquista.

IBM. Su “mérito” fue dotar al régimen nazi de sus aún primitivos pero eficaces sistemas informáticos. Sus máquinas, que funcionaban con tarjetas perforadas, precursoras de los ordenadores, resultaron de enorme utilidad para el Gobierno alemán. Himmler fue consciente de las posibilidades que le ofrecía la tecnología de IBM para organizar, distribuir, explotar y eliminar a los millones de judíos y prisioneros de guerra que cayeron en sus manos durante la guerra. Se realizaron censos de la comunidad judía que servirían para identificar y eliminar con mayor facilidad a sus miembros. En la mayoría de los campos de concentración se abrió un “departamento Hollerith” (nombre de la filial alemana de IBM) en el que se realizaban fichas de cada deportado, incluyendo su profesión y su raza o religión.

Esclavos españoles

El grueso de los republicanos que pasaron por los campos de concentración trabajó y murió a las órdenes de la DEST, la empresa propiedad de las SS. Las canteras de Mauthausen y Gusen, así como el molino de piedra ubicado junto a esta última, se cobraron el mayor número de vidas entre los españoles. El emporio dirigido por los hombres de Himmler también controlaba la mayor parte de los trabajos que los republicanos realizaron en subcampos como Schlier-Redl-Zipf, Bretstein o Vöcklabruck. No obstante, hubo algunas empresas privadas alemanas y austriacas que, especialmente después de 1942, explotaron a los republicanos que quedaban con vida.

La mayor de ellas fue la Steyr-Daimler-Puch que empleó internos de Mauthausen, desde 1941, para trabajos de construcción en su factoría de Steyr. En 1942 negoció con los altos mandatarios del régimen la utilización de prisioneros en el proceso de fabricación de armamento y vehículos para el ejército. Fruto de esas conversaciones, Himmler aprobó la construcción de un subcampo, dependiente de Mauthausen, que dotase de operarios a la factoría. Medio millar de españoles se vieron obligados a trabajar en condiciones infrahumanas. Un diez por ciento de ellos murió en el propio subcampo, asesinados violentamente o por una mortal combinación de hambre, agotamiento y frío. La empresa también gestionó factorías en los túneles de Ebensee y de Gusen, por las que pasaron un menor número de republicanos.

La otra gran compañía armamentística que se aprovechó de los trabajadores de Mauthausen fue Messerschmit, que instaló una de sus mayores plantas en los túneles de Bergkristall, cerca de Gusen. Fueron pocos los españoles que trabajaron en ella fabricando fuselajes y otras piezas para diversos modelos de aviones de combate. Sin embargo, como ocurrió con la factoría de la Steyr-Daimler-Puch de Ebensee, decenas de republicanos perecieron junto a miles de soviéticos, polacos, judíos y checos en la perforación de las galerías subterráneas en que se albergaron sus fábricas.

Las prisioneras españolas deportadas a Ravensbrück trabajaron en diversas empresas que fabricaban armamento y piezas para vehículos y aviones del Ejército alemán. La más conocida de ellas fue Siemens & Halske, que en 1942 construyó una fábrica junto al campo para la producción de componentes electrónicos destinados a los misiles V1 y V2. En un principio las mujeres seguían durmiendo en Ravensbrück y se desplazaban cada día hasta la fábrica. A finales de 1944, para ahorrar tiempo, Siemens construyó unos barracones en la propia factoría en los que alojó a sus trabajadoras forzosas. Las condiciones de vida eran igual de duras que en el campo central y los capataces se encargaban de que las mujeres débiles y enfermas fueran devueltas a Ravensbrück donde, generalmente, acababan siendo ejecutadas.

Junto a estas grandes compañías, hubo también pequeñas empresas que se aprovecharon del trabajo esclavo de los prisioneros. En Mauthausen destacó, por encima del resto, la empresa local de materiales de construcción Poschacher. Su dueño, Anton Poschacher, pagó a la DEST para tener a su disposición un grupo de reclusos. En total, en su pequeña cantera trabajaron 42 españoles menores de 18 años. La empresa sacó un gran beneficio del empleo de estos jóvenes, por los que pagaba a la DEST menos del 50% del salario que habría cobrado un trabajador austriaco. Tras la guerra, sus responsables no fueron perseguidos. La empresa no solo consiguió mantener sus posesiones, sino que las amplió y hoy en día es la propietaria de la mayor parte de los terrenos en los que murieron 120.000 prisioneros de Mauthausen, entre ellos, 5.000 españoles.

Carlos Hernández | eldiario.es

Fuente: www.eldiario.es


(Este artículo recoge extractos del libro de Carlos Hernández Los últimos españoles de Mauthausen de Ediciones B. En él se citan debidamente las diversas fuentes consultadas)
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