El frágil horizonte de América
Latina en 2026
Rebelión
06/01/2026
Entre tumbos económicos casi generalizados a nivel mundial, el continente
latinoamericano mira al 2026 sin mucho optimismo. La tendencia parece prever
“más de lo mismo”: una incómoda zona de “confort” de bajo crecimiento.
“El motor se
atasca”, afirma la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
en su Balance Preliminar 2025 al calcular un crecimiento regional del 2,4%
en 2025 y apenas un 2,3% en 2026. Según CEPAL, se trata de “un ritmo
insuficiente para reducir la pobreza y la desigualdad de manera significativa”,
en otras palabras, “una senda de bajo crecimiento”.
La principal
alerta, según CEPAL, es el hecho de que los dos pilares que han sostenido
la actividad en los últimos años comienzan a flaquear. Por un lado, el consumo
privado, responsable de más de la mitad del crecimiento regional, que
pierde energía por un mercado laboral menos dinámico; por el
otro, la demanda externa, que también muestra signos de
debilidad.
El informe 2025
revela realidades subregionales divergentes: América del Sur bajando
del 2,9% en 2025 al 2,4%; Centroamérica, aumentando de un 2,6% en
2025 a un 3,0%, aunque sintiendo el impacto de una menor demanda
desde Estados Unidos y amenazada por serios riesgos, como la
volatilidad en las remesas y los efectos del cambio
climático; el Caribe, que si bien exhibe las cifras más
altas (5,5% en 2025 y 8,2% en 2026), sigue siendo frágil si se tiene en cuenta
que tanto el boom petrolero de Guyana como la normalización
del turismo postpandemia esconden la alta fragilidad
de esa región ante desastres naturales recurrentes (https://repositorio.cepal.org/server/api/core/bitstreams/d36b03d7-df19-41e7-a01f-514792ae8818/content).
Para escapar al
bajo crecimiento, CEPAL insiste en la necesidad de políticas de desarrollo
productivo de mayor ambición –especialmente hoy debido a las nuevas condiciones
de rivalidad geoeconómica– combinadas con decisiones macroeconómicas que muevan
más recursos para el crecimiento, la innovación, la diversificación económica,
la transformación productiva y la creación de empleos de calidad. La receta que
CEPAL recomienda sostiene que, en un mundo transformado por la fragmentación
geoeconómica y la revolución tecnológica, América Latina y el Caribe no
puede conformarse con un crecimiento raquítico. En otras palabras, lo que hace
falta es “una combinación audaz de políticas que fomenten la transformación
productiva para construir una región más resiliente, inclusiva y, finalmente,
más próspera”.
Lucha contra la pobreza
Si bien los
porcentuales de crecimiento son relativos y a menudo fuertemente cuestionados
por no incluir ciertos coeficientes esenciales del desarrollo humano, de todos
modos pueden servir como pista para descifrar tendencias futuras. Un análisis
más completo y objetivo hace imprescindible la inclusión adicional de la situación
de pobreza y de extrema pobreza, así como de pobreza monetaria. Esta última
considera la situación crítica de las personas o las familias cuyos ingresos no
alcanzan para cubrir sus necesidades básicas, fundamentalmente vivienda, salud,
educación y transporte.
Cuando se
incluyen estos aspectos, las estadísticas de CEPAL son contundentes y revelan
las contradicciones esenciales. En América Latina y el Caribe,
la concentración del ingreso sigue siendo extrema: el 10% más rico capta
el 34,2% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre solo accede al 1,7%.
Esta disparidad se traduce en el índice de pobreza monetaria más bajo
desde que comenzó esta medición: en 2024, el 25,5% de la población
latinoamericana (162 millones de personas) carecía de los ingresos suficientes
para enfrentar sus necesidades más básicas. Se trata de una disminución de 2,2
puntos porcentuales respecto de 2023, y de más de 7 puntos porcentuales
respecto de 2020, en plena pandemia de COVID-19. En cuanto a la pobreza
extrema, en 2024 la misma afectó al 9,8% de la población (62 millones de
personas), lo cual representa 0,8 puntos porcentuales menos que el año
anterior, aunque 2,1 puntos porcentuales por encima de la tasa registrada en
2014, cuando alcanzó el nivel más bajo de las últimas tres décadas.
Sin embargo,
constata CEPAL, esta pequeña mejoría en 2024 no significa que el continente en
su totalidad haya logrado resultados positivos en su lucha contra la pobreza.
Se debe, principalmente, a los relativos avances de México y, en menor medida,
de Brasil, los dos “gigantes” de la región. El resto del continente casi
inmutable. (https://www.cepal.org/es/comunicados/la-concentracion-ingreso-sigue-siendo-extrema-america-latina-10-mas-rico-capta-342).
Marco mundial complejo
Las
perspectivas económicas para América Latina y el Caribe en 2026 proyectan un
bajo dinamismo, con tasas de crecimiento moderadas debido a un entorno
internacional incierto y persistentes limitaciones internas, todo lo cual
afecta el impulso de la inversión, el fortalecimiento de la productividad y la
expansión del empleo formal. En consecuencia, una mayor desaceleración de la
economía mundial, con una proyección de 3,2% de crecimiento, menor que en 2024
y 2025.
Este panorama
se ha agravado, en parte, por la escalada arancelaria desatada por Estados
Unidos, así como los altos niveles de deuda pública, que restringieron el espacio
del gasto gubernamental e impusieron altas tasas de interés a largo plazo.
Mayores aranceles y endeudamiento se erigieron en obstáculos contra mayores
niveles de inversión.
Según CEPAL, a
esto se suman problemas estructurales, como la crisis de productividad en la
zona del euro y la persistente deflación en China, factores que limitan el
impulso global. En Europa, el crecimiento siguió siendo débil por la menor
demanda externa, la debilidad de la inversión y problemas persistentes de
productividad, particularmente en Alemania y Francia. Aunque la inflación
europea se acercó a la meta del 2%, lo que permitió estabilizar la política
monetaria, los altos niveles de endeudamiento continúan limitando los márgenes
de acción. La excepción, según CEPAL, ha sido España, que se consolidó como la
economía de mayor crecimiento (aunque de grandes disparidades internas) , con
una tasa de alrededor del 2,6%, apoyada fundamentalmente por el turismo, la
inversión en infraestructura y el avance de las energías renovables.
Las economías
emergentes y en desarrollo han mostrado un desempeño favorable. Tal es el caso
de India y China. Por otra parte, el comercio mundial registró en 2025 una
recuperación parcial gracias al mayor dinamismo del comercio Sur-Sur y a pesar
de verse afectado por los nuevos aranceles de importación impuestos por Estados
Unidos. Sin embargo, las condiciones macrofinancieras y los altos niveles de
endeudamiento público de las economías avanzadas reducen sus márgenes para la
aplicación de políticas fiscales locales contra cíclicas, mientras que las
tasas de interés a largo plazo permanecen elevadas, lo que restringe la
inversión. En otras palabras: el costo de financiamiento de sus respectivas
deudas nacionales sigue condicionado por la volatilidad global y la
incertidumbre con respecto a la trayectoria futura de la política monetaria
estadounidense.
Si bien a nivel
continental la desocupación se ubica en un 6%, una de las más bajas de los
últimos tres lustros, la informalidad y la desigualdad persisten y exigen respuestas
urgentes. Especialmente en el importante sector agrícola, donde el 80% del
trabajo es informal. Esto afecta en particular a las mujeres, los jóvenes y las
personas mayores en el ámbito rural. Y algo no menos importante: este mismo
sector concentra el 46% del trabajo infantil regional y más de la mitad de
la mano de obra con baja escolaridad.
Los retos
sociales y laborales en América Latina y el Caribe en 2026 son enormes.
Defendidos por sindicatos y movimientos sociales, ninguneados e ignorados por
los gobiernos latinoamericanos de derecha y extrema derecha que siguen
apostando a más ajuste y menos Estado social.

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