sábado, 11 de abril de 2020

CORANOVIRUS. UN CAMINO PARA SALIR (CON EL MIEDO SOLAMENTE NOS HACEMOS MAS MIEDOSOS, MENOS PERSONAS, Y MÁS MANEJABLES. PENSAR PARA DEJAR DE TENER MIEDO)



Relanzamiento: la necesaria heterodoxia o cómo saltarse la Banca
  • Las ideas de Jeanneney, ministro de Asuntos Sociales e Industria de De Gaulle, están siendo recuperadas por la teoría de la “moneda helicóptero” o del “dron monetario”
  • ¿Cómo desarrollar estas medidas? Mediante el ingreso a todos y cada uno de los residentes en el país y por igual de una suma entonces equivalente a 150 o 300 euros
  • Sería el momento de aplicar esta modalidad, solo que sin pasar por los créditos de los bancos privados; y privilegiando los mercados nacionales

 Una calle vacía este Viernes Santo en Madrid./ Chema Moya (Efe)
  
cuarto poder.es
 El sábado, 11 de abril de 2020

Las dificultades, las crisis, los conflictos son motores de progreso; en algunos casos incluso de innovación, en casi todos los casos... de cambio. Las crisis son algo tan fundamental que han sido a lo largo de la historia los engranajes que han hecho avanzar a las sociedades.

En caso de crisis económica, de ralentizaciones no deseadas o de sobrevenidas tensiones sociales de origen económico, una de las soluciones empleadas ha consistido históricamente en una drástica “redistribución” de la riqueza: quitar al rico, al que tenía posibles o a una minoría pudiente, para darle al pobre teniendo en cuenta la propensión de este a, lógicamente, aumentar el consumo y por ende la actividad económica.

Un ejemplo de ello lo encontramos en un pueblo judío que, confinado a la fuerza a la actividad financiera, considerada “impura” para los cristianos (al menos hasta la llegada de los Calvinistas), va a ser periódicamente expropiado, expoliado y sus riquezas, repartidas entre otras manos. Un expolio, el de las minorías judías, perpetrado por el nacional-socialismo alemán en su máxima expresión, pero llevado también a cabo por polacos, bálticos, búlgaros, ucranianos, rumanos, españoles y franceses y más después de la crisis de 1929, aprovechando la Segunda Guerra Mundial.

Pero han existido métodos menos brutales, como crear más moneda para repartirla. Originariamente, la finalidad estribaba en pagar las deudas del Estado: se rebaja el tenor en oro o plata de la moneda y se emite otro tanto. También este fin puede residir en pagar “el pan y circo”, práctica no solo atribuible a los romanos, acuñadores de la expresión, también Europa lo hizo, amén de la euforia constructora de monumentos eclesiásticos y militares (castillos, catedrales, conventos y monasterios), cuyo único fin era el de resaltar el poder y reforzar el Estado de turno.

Pero más allá surge otra visión: la de emitir moneda legal sin recurrir a la depreciación monetaria. Y encontramos varios antecedentes interesantes: en los Estados Unidos tenemos las teorías del crédito o la libre e ilimitada acuñación de monedas de plata, lo que se dio en llamar “bi-metalismo” o en Alemania, durante los años 30 del siglo XX, los célebres “fondos Mepho” o pagarés inter-empresas metalúrgicas no detectables por los aliados después de los años 20 y que sirvió para pagar el rearme alemán de manera discreta. Todo siempre dentro de un contexto favorable (en grado mayor o menor) a lo que Jacques Rueff calificó de “inflación dirigida”, que llega a su punto teórico máximo en el concepto (que se aplicó) del PNBPE (Producto Nacional Bruto potencial de Pleno Empleo) del profesor Walter Heller. Resumiendo: que la cuestión es inyectar dinero, para, finalmente, hacer de ello un “contra ciclo” (se inyecta en la Masa Monetaria “gasolina” para el crecimiento). El problema pronto surgió, sin embargo, con el monopolio bancario, concedido por el poder y que transforma los circuitos bancarios en un circuito único (por cierto hoy con pingües beneficios por la diferencia practicada entre los intereses pagados al BCE y los exigidos por la Banca privada a empresas y particulares). De ahí la actual necesidad de cambiar los canales utilizables para vehicular el flujo monetario. Y prácticamente nadie se atrevió (ni se atreve aún hoy) a discutir el monopolio bancario, salvo Francia...

Sin remontarnos a teorías y experiencias calificadas, en su día, por el propio Karl Marx de ejemplos de “socialismo utópico”, se puede recurrir, cómo no, a ese intento de rebasar capitalismo y comunismo que en definitiva fue el Gaullismo. Célebre es la afirmación del General de que “en ningún caso van los parquets a dictar la política de Francia”. En otras palabras, las finanzas han de ser atadas en corto aún cuando se las proteja. Tropezamos así con la propuesta de Jean Marcel Jeanneney, ministro de Asuntos Sociales e Industria de De Gaulle. Intervencionista, proteccionista y partidario de la “reflación” (es decir, una deflación a la inversa). Sus ideas están siendo hoy recuperadas por la teoría de la “moneda helicóptero” o del “dron monetario1”.

La receta es sencilla: dar dinero a las personas directamente a su cuenta bancaria y no a través de los créditos bancarios clásicos: entregar 140€ al mes a cada adulto de más de 15 años durante 1 año, forzando una capacidad de gasto inmediato en la economía real. Con el siguiente resultado: un crecimiento extraordinario para Francia del orden de 4 puntos del PIB en un año según calculó Jeanneney. Y sin generar deuda excedentaria excepto en las cuentas del Banco Central, proveedor propuesto del crédito a fondo perdido.

En definitiva, las ideas de Jeanneney2, serían: que el buen uso de la emisión de moneda en las actuales circunstancias es indispensable si se desea sacar a la economía de la anemia y siempre que se establezcan controles, como recurrir a la emisión de moneda, ex-nihilo, por los Bancos Centrales (no se trata de que sean los Gobiernos quienes creen ese excedente de moneda, pues abusarían de ello), de manera que se dote a las familias de un poder de compra suplementario que no encarecería los costes de producción de los productos (como hacen, por ejemplo, los salarios) y que, al no tener que ser devuelto, permitiría aumentar la demanda de bienes sin tener que restringirla a continuación. Esta situación podría darse con estas condiciones:
  1. Una capacidad de producción excedentaria (la hay)
  2. Una inflación baja (es el caso)
  3. Una balanza de pagos excedentaria (se cumple, incluso en el caso español)
  4. Unos Bancos Centrales independientes (lo son, al menos en teoría)
¿Cómo desarrollar estas medidas? Mediante el ingreso en cartilla de ahorros o cuenta bancaria, a todos y cada uno de los residentes en el país y por igual de una suma entonces equivalente a 150 o 300 euros.

¿Cuáles serían sus efectos? Para un país de 60 millones de habitantes se inyectarían 3 millones de euros (en el caso Francés, un poco menos del 2% del PIB) que aumentaría el consumo, sobre todo de bienes manufacturados, lo que aumentaría la inversión y por ello, de nuevo, la demanda. Reduciría los costes unitarios de las empresas (dada la existencia de costes fijos), no dispararía los salarios (dado que hay bastante paro), e incrementaría los ingresos fiscales (vía IVA e impuestos sobre los beneficios de las sociedades).

Pero, concluía Jeannenay, “si la Unión Europea no resiste a las presiones librecambistas, es utópico esperar que los estados miembros puedan desarrollar una política inspirada socialmente. La aceptación del librecambio mundial, les conducirá inexorablemente a un descenso de los salarios, de los trabajadores sin cualificación y para aliviar las cargas soportadas por las empresas, a una fuerte reducción de las prestaciones sociales”.

Y ahora que el libre cambio y la mundialización están claramente en entredicho y se hará necesaria una recuperación “post-coronavirus” sería el momento de aplicar esta modalidad de “quantitative easing” o “expansión cuantitativa”. Solo que sin pasar por los créditos de los bancos privados; y privilegiando el mercado europeo interior -sino los mercados nacionales-.

1 Ver de Jezabel Couppey - Sovbeyran y otros, defensores todos del vuelo virtuoso, del “Dron Monetario”, en el artículo de Emanuel Levy “La monnaie hélicoptère, la solution tombée du ciel”, Marianne, París, 20/02/2020.
2 Contenidas en “Pour un nouveau protectionnisme” y “Écoute la France qui gronde” (Paris, 1970 y 1996), que pude resumir en 1996, ayudado por las manos mismas del autor (ver el Viejo Topo, “Elogios” - BRNA 1998).

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