martes, 27 de mayo de 2025

La coordinadora reaccionaria

 

Los neofascismos contemporáneos han logrado un nivel de articulación internacional que jamás poseyeron sus predecesores. Además, si aquellos eran fuertemente estatistas y antiliberales, estos combinan una síntesis entre el reaccionarismo tradicional y las formas más radicales del neoliberalismo.


La coordinadora reaccionaria


Atilio Borón

El Viejo Topo

27 mayo, 2025 


Se habla mucho, y con razón, del fascismo y las amenazas que entraña para el futuro de las democracias y las libertades públicas el funesto resurgimiento de la extrema derecha. Aparte de las similitudes, con sus indispensables acotaciones regionales y epocales, hay una diferencia insoslayable entre los neofascismos contemporáneos –me tienta caracterizarlos como «fascismos coloniales»– y el fascismo clásico o «arqueológico». Si este era fuertemente estatista y antiliberal, aquellos combinan en una síntesis altamente volátil e inestable el reaccionarismo tradicional con las formas más radicales del neoliberalismo sintetizadas en el «anarcocapitalismo». Su programa contempla el ataque y destrucción selectiva del Estado («selectiva» porque los aparatos represivos y los ideológicos lejos de destruirse son reforzados, y los subsidios y transferencias al capital continúan con renovados bríos); la exaltación de los mercados, pero omitiendo que si no los regula el Estado lo hacen las plutocracias dominantes; reducción del gasto público social, que constituye el imprescindible «salario ciudadano» de una democracia (salud, educación, vivienda, transporte, etcétera); desregulaciones para librar las manos de las empresas; privatizaciones para rematar la riqueza social y transferirla a los amigos del régimen, aparte de ceder soberanía; contrarreformas laborales para recortar la capacidad negociadora de la fuerza de trabajo y previsionales para ahorrar sobre el sufrimiento de nuestros mayores y, en lo internacional, alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel.

Del antisemitismo del fascismo tradicional no quedan ni rastros; en su aberrante reencarnación el fascismo colonial es sionista –el caso argentino es muy elocuente–, respalda el genocidio contra los palestinos y según los países el objeto de su odio son los musulmanes; en otros pueden ser los migrantes, como en el caso de Estados Unidos y muchos países europeos y también latinoamericanos y, por supuesto, combate con ferocidad la militancia de las organizaciones populares.

Pero, además, hay otro rasgo que, por novedoso y efectivo, es imprescindible señalar. Los neofascismos contemporáneos han logrado un nivel de articulación internacional que jamás poseyeron sus predecesores. Los Gobiernos fascistas de Alemania e Italia podían coordinar algunas iniciativas e, inclusive, sellar una alianza militar. Pero nunca brotó de parte de ellos –ni de algunos de sus aliados informales, como el franquismo en España, Acción Francesa en Francia y el salazarismo en Portugal– la necesidad de crear una estructura que coordinara su estrategia de lucha política frente a las naciones dominantes en el sistema internacional, básicamente el Reino Unido, Francia y, de forma incipiente, Estados Unidos. En más de un sentido podría decirse que las decisiones de aquellos regímenes fascistas respondían casi exclusivamente a procesos y desafíos que emanaban del complicado sistema internacional dominado por viejas potencias coloniales. En la era del nacionalismo y de las disputas por el reparto del botín colonial el internacionalismo era visto con desdén, como un recurso al que apelaban el proletariado y los partidos socialistas y comunistas.

En otra escala

El neofascismo de nuestros días, en cambio, muestra una significativa diferencia en ese aspecto porque, no sin tropezar con dificultades, se ha venido organizando a escala internacional. Steve Bannon, exasesor de Donald Trump en su primer mandato (2017-2021), fundó una suerte de «Internacional de la Nueva Derecha», con sede en Bruselas (la capital de la Unión Europea y sede de la OTAN), con el objetivo de crear, coordinar y financiar partidos, medios de comunicación, activistas digitales y grupos de la derecha radical en todo el mundo. El proyecto aún no ha madurado plenamente, pero existe. Recuérdese que Bannon fue vicepresidente de Cambridge Analytica, consultora que fue contratada para asesorar la primera campaña electoral de Trump en 2016 y también para los partidarios del Brexit en el Reino Unido. En ambos casos sus clientes triunfaron en las urnas, pero poco después estalló un escándalo porque Bannon extrajo, sin solicitar la debida autorización, información personal de 87 millones de usuarios de Facebook para construir perfiles psicológicos y algoritmos que orientaran sus preferencias electorales. Esto se descubrió con posterioridad y ocasionó una investigación en el Congreso de Estados Unidos y la imposición de una multa de 5.000 millones de dólares a Mark Zuckerberg, propietario de Facebook. Cambridge Analytica se declaró en bancarrota en 2018 y Bannon, años más tarde, pasó varios meses en una cárcel federal.

Pero Bannon sigue en funciones asesorando a las fuerzas de la extrema derecha, sobre todo en Europa. Comentando la elección del Papa León XIV declaró que «este es un voto anti-Trump de los globalistas que dirigen la Curia. Este es el papa que Bergoglio [Francisco] y su camarilla querían (…) Es la peor opción para los católicos MAGA». Bannon no está solo en este emprendimiento. Más allá de algún entredicho con Trump, sigue incansablemente promoviendo a la derecha extrema en todo el mundo. Pero esto no nos debería hacer olvidar a la derecha más convencional, y que jamás calificaríamos como democrática porque no lo es. Esta tiene otro cuartel general en Davos; una más efectiva, hasta ahora, «Internacional del Capital», donde cada año se reúnen miles de políticos, empresarios, financistas y académicos de derecha para evaluar el contexto mundial y trazar estrategias para, sin las estridencias de Bannon y los sectores fascistas, reforzar su dominio sobre la economía y la política mundiales. Estamos luchando contra enemigos muy poderosos y para frustrar sus planes es necesaria la unidad de todas las fuerzas antifascistas, postergando debates accesorios y concentrándonos en impedir que lleguen al poder para imponer su dictadura, disimulada con un insustancial barniz pseudo democrático.

Fuente: Acción

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DIRECTO ÚLTIMA HORA.RUSIA PROVOCA INFIERNO EN KIEV.TRUMP HARTO DE ZELENS...

RETIRADA MASIVA UCRANIANA EN DONETSK! LOS PARACAIDISTAS RUSOS APLASTAN ...

sábado, 24 de mayo de 2025

ESTA TÁCTICA RUSA ESTÁ ESTRANGULANDO AL EJÉRCITO UCRANIANO EMPUJÁNDOLO H...

Supremacismo y opresión

 

Para Zhok es un enigma que los defensores del crimen genocida de Israel –o los que prefieren mirar hacia otro lado– puedan dormir por las noches. Y hay quien no solo duerme, sino que le da palmaditas en la espalda a un criminal confeso como Netanyahu.


Supremacismo y opresión

Andrea Zhok

El Viejo Topo

24 mayo, 2025 


Me había prometido permanecer en silencio dada la manifiesta esterilidad del Logos en esta fase histórica, pero me resulta difícil no decir una palabra, por desgastada y rancia que sea en comparación con lo que sucede en Palestina.

Realmente no sé cómo pueden dormir por las noches quienes apoyan y han apoyado, justifican y han justificado las operaciones del ejército israelí en la Franja de Gaza y Cisjordania durante los últimos diecisiete meses.

Es un verdadero enigma para mí.

Esconderse detrás de las psicopatías latentes de Netanyahu no absuelve a nadie. No imaginéis que cuando Netanyahu se retire, tarde o temprano todo estará bien.

Nunca nada volverá a estar bien.

Que lo que está ocurriendo es un genocidio, incluso según las definiciones técnicas más exigentes, sólo lo puede negar quien no sabe utilizar las palabras. Pero en última instancia es irrelevante obsesionarse con las definiciones. Llámese etnocidio, matanza sistemática de civiles, masacre diaria, o lo que sea.

Pero no es una guerra.

Llamarlo guerra es una mentira repugnante.

No hay guerra cuando de un lado, como se ve en cientos de vídeos, hay civiles desarmados caminando frente a un hospital, o en una calle en ruinas buscando agua o pasando la noche en una tienda de campaña, y del otro lado llueven misiles de última generación de la nada y los hacen pedazos.

No es una guerra, es una matanza de seres humanos, es un exterminio.

No es guerra cuando se corta el suministro de alimentos, agua y medicinas a una población civil sitiada.

Esto no es guerra, es tortura con fines genocidas.

Mucha gente todavía se estremece cuando alguien establece un paralelismo entre las acciones genocidas del NASDAP en el poder en Alemania y las acciones del ejército israelí hoy.

Ahora bien, es cierto que la historia nunca se repite de forma idéntica, de modo que hoy técnicamente no existe ni nazismo, ni fascismo, ni existen los hunos de Atila.

Pero hay aspectos comunes obvios.

Dos aspectos en particular.

La primera es la veneración unilateral de la victoria y de la violencia como expresión de una fuerza que luego, al imponerse, se convertirá en ley y adquirirá legitimidad a posteriori. Cuando Netanyahu le dice al Congreso de Estados Unidos con perentoria satisfacción –en medio de estruendosos aplausos– que «cuando Estados Unidos e Israel están juntos sólo ocurre una cosa: nosotros ganamos, ellos pierden», encarna la esencia de esta concepción en la que la justicia no es nada y la fuerza lo es todo.

Y es muy triste decirlo, pero esta idea, aunque está literalmente en las antípodas de la tradición cultural judía, que tiene la subordinación a la Ley como su elemento central, está perfectamente en línea con la concepción del paganismo nihilista y «nietzscheano» encarnado por las camisas pardas.

El segundo aspecto es lo que permite que estas formas de opresión sangrienta, de exterminio de inocentes, se ejerzan sin pestañear. Y lo único que permite esto es una concepción que se sitúa, antropológicamente, en una posición superior e inconmensurable con la de las víctimas.

Y este concepto sólo tiene un nombre: racismo.

Se puede discutir, y se ha discutido extensamente, si lo que sufrió el pueblo judío en Alemania en la década de 1930 y hasta 1945 proporcionó una legitimidad moral específica para la fundación de un Estado independiente en la tierra de Palestina, y en qué medida.

Pero cualquiera que haya sido esa legitimidad moral, Israel la ha perdido ahora y para siempre.

Fuente: Fermare la guerra

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RUSIA DESTRUYE AVIONES UCRANIANOS EN PISTA! LOS RUSOS TOMAN VARIAS LOCAL...

viernes, 23 de mayo de 2025

Turbocapitalismo

 

El turbocapitalismo de hoy acumula a través de la desposesión. ¿De quién? El precariado y las empobrecidas clases medias son su objetivo, con la complicidad del Estado liberal. Se trata de una especie de colonialismo extractivo ejercido sobre los de abajo.


Turbocapitalismo

 

Diego Fusaro

El Viejo Topo

23 mayo, 2025 



TURBOCAPITALISMO FINANCIERO: CÓMO NOS LO ESTÁN QUITANDO TODO

El turbocapital financiero se podría calificar como una industria extractiva, aunque sui generis. Se trata, de hecho, de un poderoso aparato de abstracción, de centralización y de captura de los bienes comunes y del valor social, con arreglo a la figura de la “acumulación por desposesión” (accumulation by dispossession) evocada por David Harvey en Breve historia del neoliberalismo, en referencia al paradigma neoliberal y al tránsito desde el capitalismo productor burgués-manufacturero al capitalismo depredador posburgués-financiero.

Tal acumulación viene a menudo ejecutada con la mediación del gobierno en su versión liberal, a través de maniobras tales como el reemplazo de los organismos encargados de las pensiones por aseguradoras privadas o, incluso, mediante la desfinanciación de lo público. El crédito se presenta así como el principal sistema mediante el cual el turbocapital financiarizado puede extraer riqueza de la población. Son múltiples las estratagemas que utiliza para implementar su proyecto de extracción de la riqueza y de expropiación del dinero en beneficio de la ya hiperposeedora clase dominante. Todas ellas orbitan en torno a astutas prácticas predatorias que formalmente se apoyan en la ley, redactándola ex novo o simplemente plegándola a sus interpretaciones, de tal manera que garantice establemente –para decirlo con Trasímaco (La República, 339 a)– “el interés del más fuerte”. Así se explican los tipos de interés usurarios sobre las tarjetas de crédito, los embargos de empresas a las que se les niega liquidez en los momentos de dificultad, la promoción de los títulos accionariales, los fraudes corporativos, la manipulación del mercado y el uso de estafas piramidales como el infame “esquema Ponzi”.

Variando el título de la obra maestra de Weber, se podría hablar con razón de acumulación por expropiación y de nuevo espíritu del orden capitalista. Esta desposesión no se limita, por demás, a las palancas de extracción financiera, sino que se determina –explica Harvey– también en otras muchas figuras conexas (“privatización”, “gentrificación”, “reclusión masiva”); entre ellas ocupa un lugar prominente –especialmente después de 1989 y del colapso del Welt dualismus (dualismo mundial)– el retorno del imperialismo atlantista en sus formas más brutales. El propio Harvey lo reconoce en La guerra perpetua (2003) y, además de él, Giovanni Arrighi en El largo siglo XX (1994) y en Adam Smith en Pekín (2007): fuera de las fronteras de Occidente, el capital vuelve a utilizar la violencia de la expropiación directa, llamándola púdicamente “privatización”, según formas no tan diferentes de las estudiadas por Marx, a propósito de la “acumulación originaria”, en el capítulo 24 del primer libro de El Capital. El propio Marx, por otro lado, nos enseña que «la profunda hipocresía y la intrínseca barbarie de la civilización burguesa se presentan ante nosotros sin velos cuando desde la metrópoli, donde asumen formas respetables, volvemos los ojos a las colonias, donde van desnudas».

A modo de exemplum, baste recordar la labor de la civilización del dólar en el Irak imperialistamente ocupado en 2003. El político Paul Bremer promulgó cuatro ordenanzas que preveían la total privatización de las empresas públicas, el pleno derecho a la propiedad privada de las actividades económicas iraquíes por parte de las empresas extranjeras, la repatriación total de los beneficios obtenidos por estas, la apertura de los bancos de Irak al control extranjero, la equiparación del tratamiento a las sociedades extranjeras con el de las empresas nacionales y la eliminación de casi todas las barreras a los intercambios comerciales. El primer laboratorio de estas estrategias, patrocinadas por Washington, fue el Chile de Pinochet.

En síntesis, la oligarquía plutocrática neoliberal se presenta como una aristocracia extractiva, ya que se enriquece extrayendo riqueza del cuerpo social sin contribuir de ninguna manera a su producción. Y así aparece a todos los efectos como la Parasitenklasse (clase parasitaria) evocada por Marx. La acumulación por desposesión –o, si se prefiere, la “acumulación dominada por las finanzas” (finanzdominierte Akkumulation)–, propia de la fase absoluta, se basa sobre el presupuesto de acuerdo con el cual la forma más rápida e inmediata de enriquecimiento consiste en la sustracción de la riqueza o, más precisamente, en su extracción coactiva: esta es obtenida, en términos concretos, defraudando a los ahorradores e inversores, vaciando los bancos (después de haber impedido el uso del efectivo y, por tanto, la fuga de los ahorros), saqueando los «activos», (assets los llama la neolengua) de las empresas y de los Estados mediante el recurso de los préstamos asesinos.

In specie, el sistema crediticio teje una red de obligaciones del deudor tal que, en última instancia, el endeudado no tiene otra opción que ceder sus derechos de propiedad al prestamista. Esta estrategia, por otra parte, era ya conocida por Marx, que la menciona frecuentemente en el tercer libro de El Capital. Por ejemplo, cuando los hedge funds –fondos de cobertura, también llamados “fondos especulativos”– adquieren el control de compañías farmacéuticas, compran inmensas cantidades de viviendas embargadas y, a continuación, las ponen a disposición de los consumidores que las necesitan a precios exorbitantes, organizando científicamente la acumulación por expropiación. Ocurre a menudo, en efecto, que las crisis dejan a su paso una masa de activos devaluados, que después pueden ser obtenidos a precios de saldo por quienes tienen la liquidez necesaria para comprarlos: es lo que sucedió en 1997-1998 en Asia oriental y en el Sudeste Asiático, cuando empresas perfectamente sanas quebraron por falta de liquidez y fueron adquiridas por bancos extranjeros, para luego ser revendidas con beneficios impresionantes.

Si la burguesía emprendedora generaba riqueza mediante el trabajo y su explotación, las élites globalistas sans frontières se enriquecen por la desposesión a expensas de los trabajadores y de las clases medias ilotizadas. Extraen riqueza del cuerpo social productivo y no contribuyen a la producción de esa riqueza: en otras palabras, no participan en el trabajo que la produce, resultando en esto similares –mutatis mutandis– a la vieja aristocracia del Antiguo Régimen. Los amos de la finanza tecnofeudal, que gestionan la creación monetaria privada y con fines privados (oculta y exenta de cualquier responsabilidad), dirigen la dominación parasitaria y extractiva del producto y del trabajo ajenos. En vista de este objetivo coherente con su dominio de clase, los globócratas –acostumbrados a vivir “con el dinero de los demás”, según la locución de Luciano Gallino– operan el desvío predeterminado del crédito desde la economía productiva a la finanza especulativa, proceso del que se siguen la desindustrialización, la desinversión, la desalarización y los despidos.

La clase media y la clase trabajadora, por su parte, se ven obligadas a trabajar y a pagar impuestos elevadísimos, para enriquecer a una global class financiera que detenta el monopolio de la creación de los símbolos monetarios y a cambio de sus préstamos retiene, bajo la fórmula de los intereses usurarios, gran parte del producto del trabajo. La finanza misma, en su dinámica esencial, opera favoreciendo el tránsito desde la manufactura burguesa a la hegemonía de las corporations multinacionales posburguesas y sus monopolios. Esto conduce a esa letal inversión entre finanza e industria ya esbozada, en sus rasgos más peculiares, por Lenin y, aunque de manera diferente, por Rudolf Hilferding en su Finanzkapital (1923) –Ed. esp. El capitalismo financiero.

Ambos, aunque desde perspectivas distintas, habían descifrado plenamente el quid proprium del capital financiero y la sustitución que éste provoca del primado de los industriales por el de los banqueros. El industrial burgués está implicado y cercano a los procesos productivos, y dirige la cooperación (en el capítulo XXIII de El Capital Marx utiliza el ejemplo del director de orquesta); en cambio, el banquero está alejado de la producción y no está ligado a sus eventuales tragedias (es más, a menudo tiene todo el interés en asegurarse de que ocurran).

Como toda actividad de renta, las finanzas también funcionan según la figura de la actio in distans: se abstrae de la producción y gobierna a distancia, sin mostrarse, actuando de manera parasitaria respecto a la producción real y a la sociedad en su conjunto. La finanza no está, por lo demás, interesada en construir establemente y, de hecho, vive de la inestabilidad y la precarización, según el fundamento de la nueva forma de la acumulación flexible que hemos analizado en nuestro libro Historia y conciencia del precariado (Ed. esp. 2021).

A diferencia de cuanto usualmente detecta la mirada ideológicamente contaminada, el capital financiero no opera en una indeterminada terra nullius, ni genera riqueza de la nada: en realidad, extrae valor del bien común de la sociedad y, en general, de la “clase-que-vive-del-trabajo”, o sea del Siervo precarizado. De este modo, el capital líquido-financiero se presenta como un poderoso y falsamente anónimo aparato de expropiación. Opera haciendo transitar en manos privadas, liberadas de cualquier localización nacional, los bienes públicos como los ferrocarriles y el agua, las líneas telefónicas y el patrimonio cultural. También de ello se deduce la analogía con los procesos de “acumulación originaria” descritos por Marx en El Capital.

Sólo bajo esta luz se pueden explicar tanto la llamada crisis americana de 2007, como –para permanecer en Europa– la pérdida de alrededor del cuarenta por ciento del poder adquisitivo del pueblo italiano con el paso de la lira a la moneda única del euro (grosso modo lo mismo puede decirse del pueblo español). El capitalista bancario-monetario aparece como money-maker -fabricante de dinero- y, al mismo tiempo, como money-giver -proveedor de dinero-: crea el dinero ex nihilo y lo presta con el claro objetivo de endeudar a los «beneficiarios». Extrae no sólo los frutos del trabajo, sino también los ahorros de toda la clase dominada.

Por su esencia, el mundo de las finanzas genera “riqueza” creando dinero a coste cero. Pero la verdad es que crea papel y no riqueza: con la consecuencia obvia de que la riqueza que obtiene debe sustraérsela, con impuestos y artimañas usurocráticas, a quienes realmente la producen, es decir, al precariado como clase que vive del trabajo. En su aspiración a gobernar el planeta entero en nombre del beneficio y del crecimiento infinito, la global class de los Señores de las finanzas ha impuesto modificaciones en la fiscalidad para su propio exclusivo beneficio. En Occidente, la progresividad de la exacción fiscal va disminuyendo poco a poco, desde 1989, a medida que se asciende en la jerarquía de las cuentas bancarias. La clase media burguesa en fase de ilotización ve cómo se le extrae de media el 45% de sus modestos ingresos. En suma, con una síntesis plausible, mientras que el trabajo está cada vez más gravado, la especulación financiera y el big business de la aristocracia financiera permanecen libres de impuestos y de controles, usualmente bajo la forma de una verdadera legalización de la evasión fiscal.

Por su parte, las multinacionales, sus accionistas y sus consejeros delegados pagan impuestos que se fijan en cifras irrisorias, que oscilan, asiduamente, entre el 1 y el 5% (y que evitan, cada vez que pueden, valiéndose de los “paraísos fiscales”). A cualquier trabajador del coloso Amazon se le aplica un impuesto diez veces superior al que se aplica a la misma multinacional multimillonaria para la que trabaja. En este aspecto, la propia lucha contra la evasión fiscal, siempre invocada como figura de la justicia universal, es puntualmente conducida por el Estado liberal contra las clases medias y contra las clases trabajadoras en beneficio de la global class financiera. Lejos de ser una garantía de la justicia universal, la «lucha contra la evasión fiscal», tal como es gestionada por el orden neoliberal, figura como uno de tantos instrumentos de la masacre de clases ejecutada por los encapuchados de las finanzas y por el Estado liberal a su servicio.

A sufragarlo viene el hecho de que la posibilidad de evasión fiscal por parte de las clases medias y trabajadoras, cuando no se vuelve imposible mediante una imposición que saquea los salarios incluso antes de que sean percibidos (es el caso del empleo público, que además está en proceso de desmantelamiento en nombre de la razón liberal), es perseguida, con norma de ley, allí donde la evasión de los gigantes del comercio cosmopolita, de los usureros de la finanza especulativa y de las mastodónticas multinacionales, es consentida como norma de ley. Esto confirma, por enésima vez, cómo la ley, en el orden de las relaciones capitalistas, no garantiza la justicia universal, sino los intereses de la clase dominante, de la cual “juridifica” y “legaliza” el dominio.

Fuente: Posmodernia

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Operativo mercenario en Venezuela para boicotear las elecciones del domingo

 

Operativo mercenario en Venezuela para boicotear las elecciones del domingo


El ministro de Interior, Diosdado Cabello, informó la supuesta detención de ocho hombres que regresaban a Venezuela con planes de "sabotear" las elecciones de diputados y gobernadores que se celebrarán este domingo 25 de mayo.

 

INSURGENTE.ORG / 23.05.2025


“Han pretendido (la extrema derecha) ingresar mercenarios. Ya hoy llevamos capturados más de 50 mercenarios que ingresaban a poner bombas y hacer ataques violentos en el país”, aseguró Maduro, al tiempo que agradeció a las autoridades militares y policiales por el Plan República y el Plan Perfecto para garantizar la paz.

Asimismo, dijo que todos deben estar atentos y que deben movilizarse. “Cero triunfalismos”, acotó, aunque resaltó que la victoria hay que asegurarla hasta el último minuto del próximo domingo.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en entrevista exclusiva para la periodista de la multiplataforma teleSUR, Paola Pérez durante el cierre de campaña del Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPPSB), refirió que el Gobierno junto al pueblo está ensayando un nuevo modelo de democracia directa.

“Estamos ensayando un nuevo modelo de democracia directa superando la democracia burguesa y representativa, el viejo concepto de la democracia liberal que no es liberal, que es falsa y de élite; porque en los países capitalistas es la democracia de los multimillonarios”, remarcó.

De igual manera, el mandatario señaló que en dichos países “si no eres multimillonario no puedes ser candidato, no puede ser nada, no puede ser nadie. Esos países manipulados por el poder económico, cada vez más perverso”, refirió.

Durante el cierre de campaña del Gran Polo Patriótico en Maturín, Cabello agregó que uno de los motivos por los que la derecha no se habría unido a la promoción de candidatos es la falta de simpatizantes.

«Por cierto, ¿ustedes han visto a los opositores hacer campaña? Ellos en verdad, hay que tener cuidado porque ellos deberían estar haciendo campaña hasta hoy, ¿verdad? ¿Pero por qué no hacen? Una, o no tienen gente, que eso lo sabemos, o dos, se están preparando para la guarimba y el saboteo», dijo en su estado natal.

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