viernes, 25 de enero de 2013

LA PUS DEL CASO GÜRTEL QUE INVENTÓ AZNAR LA SALTA A LA CARA DE RAJOY


(EFE/ARCHIVO. Aznar sin bigote, pero igual de repeletón que con bigote, a que sí?)

Con Aznar o sin Aznar el canastillo de las manzanas del mando del PP está más podrido que un saco de lombrices estercoleras haciendo estiércol a todo trapo. Y nos podemos poner panza arriba para llamar al pan lechecillas en vinagre o como mejor venga en ganas, que lo que es, es, y no lo varía ni Cristo bendito llegado en carne mortal a la sede del PP por mucho que se afane en el milagro de hacer de una cosa otra, que lo que es corrupto, corrupto queda, per sécula seculorum, y aquí paz y allá cada ladrón a su riqueza. 

Al ladrón, evasor de capitales y defraudador de Hacienda en activo, Luis Bárcenas, era tesorero y senador del PP cuando trajinaba y se llevaba sin declarar los 22 millones de euros a Suiza que se le acaban de descubrir. Ahora, una vez que el delito ya fue cometido, Luis Bárcenas es ex tesorero del PP y ex senador del PP. Le queda por ser ex expresidiario, pero para esto le falta que sea juzgado y enchiquerado y que cumplida la apena quede en libertad para poder seguir pagando a la sociedad todo lo que a la sociedad le robó a través del mando del tesoro del PP. A este respecto, Mariano Rajoy que era un superior jerárquico-político de cuando Luis Bárcenas faenaba entre las palancas del mando del PP para hacerse rico vía robo que te robo y de diez me llevo tres, no sabe nada de nada, porque Mariano Rajoy es un hombre que no sabe ni lo que sabe.

 Mariano Rajoy por no saber no sabe, porque no lo paga él, sino nosotros, lo que cuesta el kilo de jamón pata negra de a 190 kilates el kilo que se zampa. Y no sabiendo esto huelga el que le preguntemos que como eran los cojones blancos del caballo blanco de Santiago, porque han de saber ustedes que Santiago tenía un caballo blanco y cuando le daba empezaba a decir por ahí, que de mayor quería ser rico o tesorero del PP, una de dos, porque las dos cosas eran una. 

Álvarez Cascos mientras en el PP Luis Bárcenas se apretujaba los millones que robaba, también era superior jerárquico-político de este último, además de ministro de trenes y cosas de estas y, Madre de Dios, rueda por los suelos, que espuma cervecera subidón de más de un tercio le entró al presupuesto que velaba la mar de bien del AVE Madrid-Barcelona pasando por Zaragoza con parada y fonda cerca de Guadalajara (que no Guadalajara donde reza que es el AVE de Guadalajara) y recalificación terrenal en el barbecho de la finca de secano que era propiedad de la familia política de Esperanza Aguirre, cerca de Guadalajara, que no Guadalajara, para que el maquinista del AVE se pudiera tomar un café y ya de paso construir la estación del AVE, y ya que estamos, construir unas miles de viviendas en secarral finca propiedad familia política Esperanza Aguirre. 

 Ángel Acebes, también era superior de Luis Bárcenas en el convento del PP cuando este trincaba a troche y moche, y si es del todo creíble que en el PP no se haya pagado en B a nadie, como certeramente ha afirmado recientemente a raíz del escopetazo de los 22 millones de euros descubiertos en Suiza al ladrón Luis Bárcenas, la pregunta no es tanto cuánto o como se pagaba en B, porque en B no cobra nadie, sino en billetes morados de 500 euros el billete. 

El ministro Montoro preguntado en el Congreso acerca de sí él había cobrado alguna cantidad de dinero que no puede ser confesada, en vez de responder, NO, respondió saliendo por peteneras, lo que interpretado con algo de mala leche basada en todas y cada una de las mentiras de los jefes del PP, como es mi caso, traducido al cristiano quiere decir SI. 

Javier Arenas, otro que tal, que ni siquiera ganando las elecciones andaluzas pudo formar gobierno, también era superior jerarca-político-orgánico en la sede de la calle Genova de Madrid del PP, cuando Luis Bárcenas amasaba, que se sepa, los 22 millones de euros evadidos a Suiza. 

La corrupción, pues entre los jefes del PP es meridianamente clara, y no seré yo quien me rasgue la camisa por las corrupciones practicadas, no por nada, sino porque las camisas cuestan un huevo y suma y sigue con la parte del otro, y además ahora está haciendo un frío que pela, y si andas tonteando que ahora me la rasgo que ahora no me la rasgo, se corre el riesgo de quedarse sin camisa a poco que a uno se le crucen los cables y se diga, pues que a tomar polculo que me la rasgo. Pues, no, nada de eso. 

 La camisa hay que conservarla por si acaso fuera necesario írsela desbotonando poco a poco, no para clamar y exigir que salgan de la política y del gobierno el atajo de embusteros, cínicos y bandoleros que pasan por ser nuestros representantes para ser sustituidos por otros defendiendo los mismo principios, sino para ir preparando la organización política que sea capaz de hacer socialmente imposible lo que esta bandada de bandoleros, cínicos y embusteros que nos dirigen están haciendo posible (se incluye a personal vario jefaturizados del PSOE). 

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miércoles, 23 de enero de 2013

LAS PROTESTAS SOCIALES LAS TENEMOS QUE TRANSFORMAR EN FUERZA POLITICA PARA TRANSFORMAR LA RELACION DE FUERZAS A FAVOR DE LA MAYORIA SOCIAL QUE PROTESTA Y EN CONTRA DE LA EXIGUA MINORIA QUE CREA EL ORIGEN DE ESAS PROTESTAS



¿POR QUÉ LAS DESIGUALDADES ESTÁN CRECIENDO? 


 Vicenç Navarro 
Sociología Crítica 
Publicado en 2013/01/21

 Que las desigualdades en la mayoría de países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) han ido creciendo hasta alcanzar niveles no conocidos desde principios del siglo XX es una re alidad que ya casi nadie cuestiona. Sólo algunos ultraliberales, que también niegan que haya cambio climático, continúan negando este hecho. Las explicaciones más frecuentes que se dan a este crecimiento de las desigualdades son predominantemente dos. Una es la introducción de nuevas tecnologías que eliminan muchísimos puestos de trabajo en los países más desarrollados económicamente, eliminación que se centra primordialmente en los puestos de trabajo de escasa cualificación. De ahí que, según tal argumento, haya un elevado desempleo en tales países en los sectores de trabajadores poco cualificados. Esto explica el énfasis que muchos gobiernos dan al desarrollo de un modelo educativo encaminado a corregir tal escasa cualificación. La solución propuesta por aquellas opciones políticas que atribuyen las desigualdades al escaso desarrollo de formación cualificada entre la población es mejorar la cualificación a través de la educación. 

Tal argumento, sin embargo, explica muy poco el crecimiento de las desigualdades, pues la automatización de los puestos de trabajo de baja cualificación no es un fenómeno nuevo. Antes al contrario, la automatización ha existido desde el principio del trabajo asalariado, habiendo sido una constante en el diseño del trabajo. No parecería ser, pues, que tal automatización pudiera ser una causa mayor de la destrucción de los puestos de trabajo y de la extensión del desempleo. Es más, tal automatización está afectando también a puestos de trabajo de elevada tecnología y cualificación. Hoy, un técnico especialista en lecturas de radiografías, por ejemplo, sustituye en muchos hospitales a radiólogos con doctorados. En realidad, no hay evidencia de que las nuevas tecnologías estén afectando más a los trabajadores con menos cualificaciones que los que tengan más cualificaciones. Es más, según las estadísticas de empleo del gobierno federal de EEUU, los puestos de trabajo que están creciendo más son los primeros, los de baja cualificación, mucho más que los de elevada cualificación. No parece, pues, convincente que los cambios tecnológicos sean una causa de este enorme crecimiento de las desigualdades. 

¿La globalización como causa del crecimiento de las desigualdades? La segunda explicación más común que se da para explicar tal crecimiento es la globalización económica. Constantemente se hace referencia a los puestos de trabajo que se están yendo, por ejemplo, a la China, puestos de trabajo que por regla general son de escasa cualificación. Hay un elemento de verdad en este argumento. Pero sólo un elemento de verdad pues este argumento ignora que esta exportación de puestos de trabajo se centra primordialmente en puestos de trabajo de baja cualificación y ello a pesar de que en los países donde tales puestos de trabajo se instalan, también tienen muchos profesionales de elevada cualificación que harían gustosamente (y con menor salario) los trabajos de alta cualificación que existen en los países donde se exportan primordialmente trabajos no cualificados. El hecho de que sean estos últimos y no los primeros los que se exportan se debe, como bien dice Dean Baker (del Center for Economic and Policy Research de EEUU), que los profesionales de elevada cualificación tienen mucho más poder en los países que exportan puestos de trabajo que los trabajadores no cualificados. Tales profesionales, a través de sus organizaciones profesionales, son capaces de influenciar al Estado para que desarrolle políticas proteccionistas que no permitan tal competitividad con los profesionales extranjeros. Se me dirá, con razón, que tales puestos de trabajo cualificados también se están exportando. Pero está ocurriendo con menor frecuencia que entre los no cualificados.

 Este hecho muestra como las causas mayores del crecimiento de las desigualdades tanto dentro de cada país como a nivel mundial son políticas (es decir, relacionadas con las relaciones de poder) más que económicas. En aquellos países donde el mundo del trabajo tiene mayor poder político hay menos desigualdades. Y en aquellos países donde el capital (los grandes grupos financieros y económicos) tiene mayor influencia política, las desigualdades son mayores. Los países escandinavos que, debido a su escaso tamaño han tenido economías altamente globalizadas (es decir integradas en la economía mundial), son países, sin embargo, con menos desigualdades y ello se debe al gran poder que históricamente han tenido las izquierdas en aquellos países, una situación que es opuesta a la de los países del sur de Europa, que históricamente han tenido unas derechas fuertes y unidas y unas izquierdas débiles y desunidas, responsables de que existan grandes desigualdades en estos últimos países.

Las causas mayores del crecimiento de las desigualdades se deben a la enorme influencia política del mundo del capital a costa del mundo del trabajo. 

Lo cual me lleva al último punto que quiero subrayar. El enorme crecimiento de las desigualdades es un indicador de la enorme influencia del capital financiero y empresarial sobre los aparatos del Estado a costa de la influencia del mundo del trabajo, que ha ido perdiendo su influencia sobre aquellos aparatos. La incorporación y desarrollo de la ideología neoliberal dentro de las políticas públicas de los partidos gobernantes, incluidas las izquierdas mayoritarias, es una consecuencia de este diferencial de influencias que tienen las distintas clases sociales sobre el Estado. En otras palabras, es la victoria del capital sobre el trabajo la que ha llevado a una enorme concentración de las rentas y de la propiedad, transformando la lucha de clases tradicional en otro conflicto que es mucho más amplio que el existente entre la burguesía por un lado y la clase obrera por el otro. A este último conflicto (que continúa existiendo) hay que añadirle el conflicto de una minoría de la población en contra de la gran mayoría. De ahí que la solución a este enorme crecimiento de las desigualdades sea la democratización de los aparatos del Estado convirtiéndolos en una institución al servicio de la mayoría, en lugar de al servicio a la minoría, como está ocurriendo ahora. La evidencia científica que apoya tal explicación del crecimiento de las desigualdades es abrumadora. 

Y esta democratización no ocurrirá a no ser que se rompa el lazo que une los equipos dirigentes de los partidos gobernantes con los equipos gestores de las grandes corporaciones e instituciones financieras. Es más que preocupante ver este lazo reproducirse incluso en los partidos de centroizquierda gobernantes, donde vemos exdirigentes de la socialdemocracia en puestos de servicio a algunas de las empresas que se han beneficiado y continúan beneficiándose más de la intervención del Estado. Este hecho debería denunciarse, pues es esta ligazón la que está en la raíz del problema del crecimiento de las desigualdades. Hoy, la pérdida de legitimidad de la democracia se basa precisamente en el excesivo poder que el mundo del capital (y más en especial el capital financiero) tiene sobre el Estado. No podrá desarrollarse la ya escasamente desarrollada democracia en España a no ser que se rompa este lazo del mundo financiero y empresarial con el Estado. Cuando Endesa, por ejemplo, invita a una ex Ministra de Economía del PSOE a integrarse en su equipo de dirección, no lo hace por su conocimiento del sector energético, sino porque es una fuente de conocimiento y contactos en las estructuras del Estado que beneficia a tal empresa, una empresa cuyo servicio a la sociedad es muy cuestionable y poco ético, comportamiento facilitado por una excesiva influencia sobre el Estado. El número de dirigentes del PSOE que hoy ocupan puestos en las grandes empresas del país es enorme. Esta relación entre mundo financiero y mundo empresarial con los partidos conservadores y liberales ha sido la característica que ha definido a tales partidos de derechas. Lo que es preocupante es que esta relación se está produciendo también en los partidos mayoritarios de izquierda. Ahí está el origen del crecimiento de las desigualdades. Éstas son consecuencias de este maridaje de poder económico y político. 

Últimas observaciones sobre las desigualdades en España.

Existe entre amplios sectores de las izquierdas en España una percepción errónea de que lo que ocurre en España está predominantemente determinado por fuerzas exteriores a España. Esta percepción aparece en la frase constantemente reproducida en forums políticos y mediáticos del país “que los estados están desapareciendo” y/o “es poco lo que pueden hacer hoy en día”. 

Tal postura es profundamente errónea y sirve para justificar políticas públicas reaccionarias e impopulares. La congelación de las pensiones (presentada como resultado de las presiones de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo) es un ejemplo de ello. El estado podría haber conseguido incluso más dinero revirtiendo la bajada del impuesto de sucesiones que había aprobado en un periodo anterior. Estas políticas de clase se están llevando a cabo por las elites gobernantes en España, en alianza con las elites gobernantes de la Unión Europea con las cuales comparten intereses de clase.

Las enormes desigualdades en España (España es el país que, después de Letonia, tiene mayores desigualdades en la UE) están basadas en la excesiva influencia de la banca y la gran patronal sobre el estado, realidad que es percibida por la ciudadanía correctamente. Según la Encuesta de Tendencias Sociales, los bancos y la CEOE son percibidos como los sectores que tienen más poder en España por la mayoría de la población española. La expresión de su abusivo poder sobre el Estado es la mayor causa de la pérdida de legitimidad de la democracia. Y es esta influenza que ha ya alcanzado unos niveles sin precedentes en el periodo democrático y que explica que, a pesar de que el porcentaje de la población activa ha ido aumentando, las rentas del trabajo como porcentaje de la Rentas Nacional haya disminuido siendo hoy, un porcentaje menor que las rentas del capital, es decir, que los beneficios empresariales, situación que se ha acentuado todavía más en estos años de crisis (desde 2007), en el que el porcentaje de la población con empleo ha disminuido. La crisis ha dañado el nivel de vida de la población trabajadora. Hoy el 20% de la población de mayor renta (burguesía, pequeña burguesía y clases medias profesionales) poseen más renta que la gran mayoría de la población (el 60%). Y puesto que este 20% domina la vida política y mediática del país, España continúa y continuará siendo el país con mayores desigualdades de la UE. Así de claro. 

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domingo, 20 de enero de 2013

EL ESPAÑOLISMO UNA TRAMPA MORTAL PARA LA IZQUIERDA





 por Pedro Antonio Honrubia Hurtado 
kaosenlared.net
Sábado, 19 de Enero de 2013 

El españolismo una trampa mortal para la izquierda Harto y cansado acaba uno de los discursos seudoizquierdistas que pretenden revestir de crítica al nacionalismo lo que en esencia no es más que una defensa a ultranza de la única nación que reconocen como válida y con derecho a decidir: España. 

Son dogmáticos, antimarxistas, antidialécticos. Se quedaron en el siglo XIX y de ahí no pasan. Abordan sus análisis de la cuestión nacional con una sobradez y unas ganas de dar lecciones que desafía toda lógica discursiva. Abusan de su concepción preconcebida del nacionalismo y la convierten en una verdad de validez universal. Pero no nos engañan.

De entrada, cometen exactamente el mismo error que dicen criticar. Asumen una visión única de la realidad y canalizan a través de ella todo su discurso. No admiten luchas entre contrarios ni análisis de lo concreto. Simplemente equiparan en un mismo marco de actuación, de pensamiento y de acción a todo aquello cuanto huela a nacionalismo. En su delirio, equiparan el patriotismo del obrero con consciencia nacional y de clase con el patriotismo de la burguesía. A Chávez con Capriles, a Fidel con Gloria Estefan. Al nacionalismo del PNV con el de la Izquierda abertzale, al de CiU con el de las CUP, al del Partido Andalucista con el del SAT. Para ellos, todos son lo mismo.

Dicen no entender que se quieran construir nuevos estados, pero acaban remitiendo al estado español como marco de acción para la lucha revolucionaria, como único ámbito posible para poder entender la lucha del obrero, organizado, como lucha de clases dentro del estado español. Federalistas, se dicen. 

Las luchas de liberación nacional son para ellos válidas en Argelia, Palestina o el Congo, pero se convierten en nacionalismo burgués si se mueven dentro de los ámbitos del estado español. Si Cuba o Venezuela abrazan su bandera nacional para defenderse del imperialismo, para combatir al capitalismo internacional, son ejemplo para la izquierda, pero si se hace desde Catalunya, Euskal Herria, Galiza, Canarias o Andalucía pasa automáticamente a ser todo lo contrario: ejemplo de lo que no debe ser la izquierda. Porque ellos lo valen. 

Tejen complejos discursos sobre la naturaleza humana y remiten al internacionalismo proletario como justificador de todos sus planteamientos. Como si el internacionalismo, aquello de la unidad de todos los proletarios del mundo, anulara el hecho de poder tomar un determinado territorio nacional, aunque no estuviese reconocido como estado, como marco de lucha. Como si por sentirse miembro de una determinada nación le impidiese a uno luchar, dentro de ella, contra las imposiciones de la burguesía, nacional e internacional, en dicho territorio. Como si no se pudiese a una misma vez levantar la bandera nacional y atacar con ella a la burguesía patria.

Sus análisis son genéricos, todo lo contrario de lo que debe ser un correcto análisis marxista, que debe ir, antes que nada, a lo concreto, sin asumir prejuicios previos que puedan condicionar la forma de acercar el materialismo dialéctico a la realidad concreta de una determinado pueblo y su lucha por la liberación nacional, con la consecuente lucha de clases que, también a nivel interno, ello implica. Otorgan, porque sí, el liderazgo de tales procesos a la burguesía y arrebatan a la clases trabajadoras toda capacidad de liderar y hacer suyo el movimiento, sin más justificación que sus propios prejuicios antinacionalistas, su propio españolismo. 

Dicen reconocer el derecho a decidir de los pueblos, pero se oponen a que tales pueblos puedan ejercer, de facto, tal derecho, no solo mediante las urnas, sino en el día a día de la lucha de clases, en las movilizaciones populares y los conflictos sociales y políticos del momento. Abordan la cuestión nacional, en definitiva, sobre sus propios marcos mentales y no sobre la realidad social.

Los obreros del mundo deben caminar todos juntos de la mano, defender un mismo proyecto de sociedad y un mismo modelo de mundo. Pero eso no será posible hasta que cada pueblo, cada nación, tenga capacidad para decidir libremente su futuro. Nunca será posible unir donde lo que se pretende es otorgar a unos pueblos más derechos que a otros. Donde lo que se quiere es anular los movimientos populares que alzan banderas nacionalistas mediante la imposición de una bandera estatal en nombre de una supuesta lucha de clases colectiva que ni es igual ni se da de la misma manera en cada territorio. No por casualidad hoy en día las filas de la izquierda nacionalista en Catalunya o Euskal Herria está repleta de hijos de emigrantes de otras partes del estado, ni la burguesía andaluza es principalmente de ascendencia no andaluza. Pero ellos no lo entienden. 

Si la unidad proletaria es eso: que yo tenga que renunciar a luchar por defender los derechos nacionales de Andalucía, bajo un proyecto socialista y revolucionario, en nombre de una supuesta unidad de la clase trabajadora en el marco global del estado español, conmigo que no cuenten. En lo concreto, España es el rostro que para Andalucía asume el imperialismo y el capitalismo. Nunca renunciaré a levantar mi bandera blanca y verde en contra de esa España. Porque sin salir de ella, Andalucía no tiene futuro y aquí solo gana la burguesía. Si quieren unidad, que respeten nuestros derechos a sentirnos parte de la tierra que nos vio nacer y a defenderla desde lo concreto de la realidad de nuestra tierra. Si no lo aceptan, no son nuestros aliados de clase, son nuestros enemigos. 

Aliados de clase son quienes no miran qué bandera levantas, sino el proyecto de sociedad que defiendes, la ideología que te acompaña y, sobre todo, los enemigos a los que, con tu nacionalismo, combates. Y con la nuestra estamos hartos de darle en la cabeza a la Duquesa de Alba, esa española. Como a la burguesía andaluza y a todo lo que huela a capitalismo en Andalucía, empezando, claro, por las diversas formas de España, monárquicas o republicanas, que nos ha tocado sufrir durante estos últimos cinco siglos de historia. A la de la conquista de Granada y a la de Casas Viejas. A la de los Reyes Católicos y a la de Azaña. Nunca ninguna quiso liberar a Andalucía del capitalismo. Todo lo contrario. Todas ellas nos condenaron, en sus proyectos estatales, a ser colonia del imperialismo.

Nuestros aliados de clase están en la ocupación de Somonte, como lo estaban en las ocupaciones de tierras en la República, se hicieran o no se hicieran con una bandera andaluza. Nuestros aliados de clases marchan por las carreteras reivindicando soberanía y acabar con la explotación del hombre por el hombre, incluso cuando, aceptando que alcemos nuestras banderas, llevan su bandera republicana o su roja y negra anarquista. Esos son nuestros aliados de clase. Los que pretenden decirnos cómo debemos sentirnos, qué banderas debemos o no debemos alzar, los que se atreven a darnos lecciones y nos tratan como si solo ellos conocieran la verdad, esos, por supuesto, no son nuestros aliados de clase, son cómplices del españolismo, son, por ende, nuestros enemigos. 

Dejen ya de revestir su españolismo de marxismo, que ya los tenemos muy calados. 

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sábado, 5 de enero de 2013

MIENTRAS EL REY TONTEA Y SE HACE MAS RICO Y EL PP DE RAJOY LE PREPARA LA CAMA A LOS GRANDES CAPITALES



 ESPAÑA, CIENAGA MORAL DE EUROPA. ¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUI?

Julián Jimenez 

[Del Blog de Julián Jimenez] 
Sociología crítica 
2013/01/04
El pasado dos de enero, un hombre desesperado se pegaba fuego ante una situación de miseria económica, sin empleo y sin futuro. No es algo nuevo, en los últimos meses, hemos podido ver como muchas personas se quitaban la vida (y los medios de comunicación se hacían eco). Pero quizá es peculiar porque de esa forma se iniciaron revueltas en Túnez y Marruecos en 2011, con hombres desesperados que llegaron a pegarse fuego vivos ante régimenes que aplastaban a la población humilde y trabajadora.

España tiene la peor tasa de paro de la UE, la peor situación de miseria de toda la Unión Europea y hasta el 1 de enero, un salario mínimo más bajo que el de Grecia, una tasa de miseria en el país de un 26%, niños desnutridos que se cuentan por cientos de miles. Y, ante esto, una política férrea de austeridad, que nos lleva a más paro, más miseria, más desigualdad y una situación insostenible. A lo cual hay que sumar un nivel de corrupción política y empresarial junto a un nivel de fraude fiscal, laboral y empresarial insostenible. 

Con todos estos datos, cualquier persona que no conociera este país, apostaría al 99,9%, que el país está paralizado por huelgas, protestas y por un ambiente de grandísima conflictividad social. Que el país se encuentra, poco más, a las puertas de una rebelión, revolución importante o al borde del estallido social. Sin embargo, esa persona fallaría de todas, todas. El país parece, más bien, una bella granja de cerdos (somos uno de los países pigs) que, pese al lodazal de inmundicia y miseria, retozan felices en él, con la simpática mirada de los amos. 

Nadie entiende como puede ser que un país donde nos están machacando y condenando al hambre, estemos felizmente cómodos, instalados en la paz social más vergonzosa, en un clima de mansedumbre sumiso. Mismamente yo mismo, como vividor de la actual y triste realidad, trata de encajar el puzle mental que supone ver miseria, hambre, paro, desahucios, corrupción, injusticia con una infumable paz social. A veces cuesta, a uno mismo, comprenderlo. 

La conclusión a la que he llegado, tras mucho exprimir mi mente, para hacer un análisis de este circo, es que la degradación moral, en muchos aspectos, nos ha llevado hasta aquí. Y aquí expongo las causas, a mi entender, de esa degradación moral. (Miedo popular:) Por mucho que pueda ser sorprendente, es la razón principal. En este país, por mucho tiempo que haya pasado, se sigue teniendo mucho miedo al poder y a quien ostenta el poder. Cuarenta años de dictadura no iban a olvidarse de la noche a la mañana. Muchas personas recuerdan con horror lo acaecido durante aquel periodo y, a muchos no se les olvida, que la transición no dejo de ser una estafa y un engaño: el poder económico, militar, policial, judicial… en definitiva, el poder real y tácito, continuó en manos de los mismos que antes, por mucho que podamos votar cada cuatro años. 

Cada cierto tiempo, en cualquier manifestación, vemos como se apalean a manifestantes pacíficos. Apaleamiento que no tienen empacho en justificar los que detentan el poder. No hay año en la que no haya casos de violencia policial, que luego nunca se investigan ni depuran responsabilidades. ¿Ha cambiado esto respecto al régimen anterior? Obviamente no. Gobierne quien gobierne, siempre sucede igual. Ya sea con el PSOE del 82 (Sagunto, Reinosa, GAL, con muertos incluidos), con el PP (manifestaciones antiglobalización o contra la Guerra de Irak), con el PSOE de 2004 (Manifestaciones contra el Plan Bolonia o manifestaciones del 15M o La Marcha Laica), o con el PP en la actualidad, donde el nivel de represión ha subido exponencialmente. Siempre son los mismos los apaleados, multados, encarcelados, asesinados. Y siempre los mismos los que apalean, multan, encarcelan y asesinan. ¿Alguno ha sido juzgado?¿Cuántos han tenido apoyo gubernamental? ¿Cuántas veces en democracia algún gobierno se ha molestado en investigar y tener en cuenta, siquiera, la opinión de los afectados (fuese o no “de izquierda” ese gobierno)? 

Fuera del plano político, en el empresarial, el poder del patrón sigue siendo omnímodo. ¿Cuántas veces la denuncia es escuchada?¿Cuántas veces son pisoteados los derechos del trabajador?¿Cuántas veces los sindicatos mayoritarios han acabado pactando con la empresa y vendiendo a sus representados? 

¿Cómo no va a tener miedo la gente si la impunidad de los que mandan, los perros de los que mandan o de los que tienen el dinero y el poder, es total en España? (Desmovilización social duradera.) Frente a una sociedad enormemente movilizada durante los años del tardofranquismo, que perfectamente podía haberse hecho con las riendas de un nuevo Estado, quienes representaban mayoritariamente a la izquierda en aquel momento, optaron y pactaron, a cambio de quedarse sin la mayor fuerza que tenían. No la perderían de forma instantánea, claro está, pero a la larga pagarían con una pesada factura su firma y su genuflexión. 

El PSOE, sabiéndose, cerca de 1982, al filo del poder, no tenía ganas de tener un fuerte movimiento de contestación. Y desmovilizó, colaborando en ello el PCE y los sindicatos mayoritarios y la legislación sindical y social del PSOE, al pueblo trabajador español, que no había tirado la toalla en el tardofranquismo. Pero si la tiró, porque le convencieron, cuando las cosas eran más fáciles: en la “democracia del 78”. La izquierda, falsaria o falsa, fundamentalmente el PSOE, ya liberal, se encargó de gestionar y se olvido de donde le venía su verdadera fuerza. Se convirtió en una opción más de un todo monocolor. Y así, fue desdibujándose. No es de extrañar que territorios con un fuerte movimiento sindical y político como el País Valenciano, acabaran transformándose en feudos de la derecha y extrema derecha. Es una ley natural: el espacio que uno deja otro lo ocupa. Y cuando el segundo lo ocupa con una buena campaña, llora y patalea para volver a ocupar el lugar anterior, que pasarán años y años. (Confusión generalizada y generada desde la “izquierda” por traición.) Son ya dos las ocasiones en que el partido principal que se autoproclamaba de izquierdas (el PSOE), sin serlo ni haberlo demostrado con los hechos, ha generado la ilusión y la desilusión. Dos generaciones de españoles han visto como un partido, que se decía de izquierda, se dedicaba a realizar una política más parecida a la derecha e incluso más dura (UCD no se atrevió a realizar la reconversión ni a liberalizar sectores, el PSOE si). Dos generaciones han visto como, aquellos que se decían de izquierdas, hacían lo contrario a lo que en principio propugnaban: Entrada en la OTAN, seis reformas laborales (1984, 1988, 1992, 1994, 2006, 2010) que beneficiaban a las empresas, creación de las E.T.T. en 1995, recorte en las prestaciones por desempleo, tres reformas de las pensiones en 1985, 1995 y 2010, políticas neoliberales desde mayo de 2010 por parte de Zapatero (reforma laboral, recorte social, contratos basura para jóvenes, reforma constitucional para asegurar el pago de las deudas).

A ello, se suma la política de concertación promovida desde los sindicatos mayoritarios: desde 1978 el pacto y el acuerdo ha ido siempre por delante de la movilización. E incluso en épocas en las que ese pacto era una auténtica traición a los trabajadores (1997 con el PP, 2010 con el PSOE). 

E incluso partidos a la izquierda del PSOE, con un bagaje de lucha y principios, como Izquierda Unida, ha practicado un pactismo, desdiciéndose de lo anteriormente prometido, como ha pasado en Andalucía, en Asturias o en muchas localidades. De hablar de PPSOE, se pasaba a pactar con el PSOE (o con el PPSOE, según definición de la misma IU) a cambio de una cuota de poder.

Todo ello, combinado, sumado y multiplicado, ha hecho por si solo la campaña a los adversarios de la izquierda y de los mismos trabajadores que, esa izquierda, debía haber mimado y representado. El mensaje “todos son iguales” acaba calando en el imaginario colectivo, lanzado continuamente desde los medios de quienes siempre han tenido el poder real, impidiendo que quienes realmente no lo son, acaben siéndolo por defecto y por una experiencia más que demostrada durante más de 30 años (debido a la actuación de algunos) 

Hemos de hacer entender a la gente que el PSOE no ha hecho políticas de izquierda, que la izquierda es otra cosa, que ser de izquierda es algo diferente a los Rubalcaba, Chacon, Lara, Valderas, Griñan y su cohorte acaba convirtiéndose en un debate estéril.

(Falta de cultura política en la izquierda.) Mientras la derecha de siempre, vestida de moderna o rancia y falangista como siempre, ha formado y no ha descuidado jamás la formación y la difusión (prueba de ello es la obra del Think Thank neoliberal Instituto Juan de Mariana o las FAES) e incluso la socialdemocracia liberal lo ha hecho, la izquierda ha preferido no formar ni a sus miembros ni a sus bases.

Para entrar en cualquier partido de izquierda no necesitas la más mínima cultura política, que decir de cualquier sindicato, si se trata de uno mayoritario, donde te puedes encontrar a votantes del PP como miembros de listas de UGT o CCOO (podría dar casos con nombres y apellidos, que ni siquiera secundan las huelgas del sindicato al que representan). De esa forma, la batalla de las ideas está más que perdida. Y perdida la batalla de las ideas, está perdido todo. ¿Cómo vas a convencer a una persona trabajadora con un nivel cultural básico de la necesidad de luchar, de la necesidad de participar, con un bombardeo a la contra desde los mass media y la misma sociedad, si ni siquiera los mismos militantes izquierdistas de partidos o sindicatos de izquierdas (salvo contadas excepciones) poseen la base teórica y práctica para hacerlo?

 Y ello sin contar con la losa de la Iglesia Católica. La batalla se pierde, por goleada, porque mientras unos llevan tomando el sol en el frente, otros llevan años aprovisionándose de granadas, rifles, ametralladoras de ideas, etc. El resultado no puede ser otro que una aplastante y apabullante derrota que si no es total, es porque al pensamiento dominante conservador/neoliberal/neofascista le interesa tener siempre una izquierda domesticada aunque agonizante, no sea que su desaparición de lugar a una nueva izquierda que ataque a “cara de perro”.

(El peso de la Iglesia y los mass media.) La presencia de la izquierda, sea falsa o impostada, no ha permitido en 33 años anular el poder de la Iglesia. Cada domingo, en cada villa, en cada pueblo, se realiza un mitin político bajo la forma de misa. Cada domingo, una parte del pueblo, y desgraciadamente, el más humilde en muchos casos, es adoctrinado contra sí mismo. 

El apego y la cobardía han hecho que la izquierda no haya sido capaz en 33 años de cambiar un ápice esto, salvo casos puntuales. Un 30% del alumnado español estudia en colegios concertados religiosos, gracias a Felipe González, colegios donde sindicatos que se dicen “de izquierdas” no tienen vergüenza alguna en participar en ellos internamente o en representar a profesores de religión que son escogidos por la Curia. Nueva batalla de las ideas y de los principios ganada por los de siempre, y perdida por los mismos de siempre. 

(Individualismo y egoísmo.) Con el fomento de la sociedad de consumo, de la ausencia de valores de grupo, de la falta de conciencia de clase social por parte de los trabajadores; y dado, en ocasiones, el carácter cainita en España, tenemos una gran masa de gente en un enorme porcentaje, incluso quien, en ocasiones, dice mirar por “el bien común”, que ha abrazado de una forma radical el individualismo más inhumano. “Ande yo caliente, riase la gente”.

 Lo que al final acaba importando, ante la ausencia de ideas y valores, es cuanto tienes, cuanto consumes, cuantos placeres te puedes dar, cuan feliz puedes ser tu, tu y de nuevo tu. Solo cuando la cosa se pone negra es cuando esa persona adoctrinada en un feroz y selvático individualismo se plantea la solidaridad con otros. En ocasiones ni eso, y prefiere suicidarse o marchar antes que pedir ayuda o auto ayudarse y ayudar. 

 (El mantra pacifista y el “acomplejamiento” de la izquierda.) Nos han educado en él. Día a día, año tras año. Atrás quedan los tiempos en los que solo pelear era la forma de conseguir las cosas. Incluso la “Gloriosa Transición” (que de gloriosa no tuvo nada, más de 200 muertos) lo ha fomentado y cosas como el 15M, salvo honrosas excepciones, lo han apuntalado, junto con la izquierda falsa e impostora (PSOE). En el subconsciente nacional de la izquierda y de los que plantean cambiar esto no se plantea ninguna opción que no pase por el pacifismo. Y en subconsciente de la gente también existe mil veces repetido, mil veces practicado (la solución es votar, la solución es negociar), ese rígido esquema. Ningún cambio vendrá por la violencia. “No podemos ser como ellos”.

 Sin embargo, ellos, los que siempre han mandado, jamás se han planteado ese dilema moral. Si hay que matar, se mata. Si hay que apalear, se hace. Si hay que restringir libertades, se restringen.D e esta forma, aceptando sin rechistar el mantra pacifista, se impide cualquier cambio (puesto que todo cambio a lo largo de la historia, se ha dado (Revolución francesa o rusa) o se ha impedido (Guerra Civil española) con el uso de una violencia para construir o para mantener. Aceptado y asimilado ese mantra, no debería sorprendernos el proceder de la gente. ¿Asaltar el Ayuntamiento porque no puedo comer?¿Quemar el banco porque me han dejado en la calle? Si uno es pacifista, no se plantea eso. Mejor me pego un tiro, que yo no quiero hacer daño a nadie (aunque haya algunos que hayan hecho daño a miles).

¿Y qué decir de la izquierda, pidiendo perdón por existir? Rápidamente condenando lo que ha hecho o hizo en el pasado, tratando de agradar o explicarse ante sus enemigos. Mientras la derecha no se arrepiente de nada, ni de haber mandado a las cunetas a cientos de miles de seres humanos en España o de haber apoyado un régimen fascista.

 (Derecha y ultraderecha crecidas.) Basta con mirar la llegada de Carromero y ver como la “lideresa” no tuvo reparo en ir a apoyar a un criminal al volante. No tienen complejos en decir lo que son y lo que defienden. Ni tampoco en defender lo indefendible. Se sienten fuertes y se sienten impunes. Parte de la culpa la tiene quien hasta ahora jamás ha tenido el mismo cuajo para defender a los suyos. Basta con comparar el caso Carromero con Alfon. Siendo el primero culpable de forma demostrada y el segundo inocente, no ha tenido reparo la derecha en defenderlo e incluso acompañarle en su celda. ¿Por qué aun ningun dirigente de izquierda ha tenido la gallardía de hacerlo en el caso de Alfon?¿Por qué hay presos politicos de izquierda, ya sean comunistas o anarquistas, o de la izquierda abertzale, de los cuales, la izquierda institucionalizada siempre ha renegado, fueran o no inocentes? 

(Pérdida de la conciencia de clase social.) De esa clase trabajadora u obrera de los años 80, hemos pasado a los ciudadanos del siglo XXI. Ciudadanos, repite el PSOE en sus discursos, ciudadanos IU, el 15-M, los mismos sindicatos mayoritarios llamaron a la última huelga “Huelga Ciudadana” (igual esperaban que Botín se sumase a ella). Ciudadanos, que rechazan esos “términos antiguos” y “desfasados” de proletarios, trabajadores.

Ciudadanos, españoles, ciudadanos… Como si todos fuéramos iguales, cuando nunca lo hemos sido. Como si los grandes empresarios, los banqueros, los oligarcas o la nobleza que aun existe (también ellos son “ciudadanos”, también las Koplovitz lo son) tuvieran los mismos intereses que quienes se levantan cada día a trabajar, si es que aún cuentan con un trabajo.

 Al haberse desdibujado las clases sociales tras campañas más que machaconas (ahora todos somos clase media) hemos perdido el rumbo y acabamos no sabiendo quienes somos, acabando no sabiendo cuales son nuestros verdaderos intereses. Por eso 5.000.000 de parados son clase media, los 17 millones de mileuristas son clase media también o en la prensa lees que Caritas empieza a dar de comer a gente de clase media (sin llegar a razonar ni el lector ni el estúpido periodista lava cerebros que si va a Caritas no es clase media, y que si fuera de clase media jamás acudiría a Caritas).

 No es por tanto de extrañar que esa clase “media” acabe votando lo que quieren sus amos y vote contra la clase trabajadora a la que pertenece sin saberlo. No es de extrañar, entonces, que esa persona de “clase media” sea de derechas porque la izquierda es igual (aunque realmente la izquierda que ella conoce nunca actuó como tal). Ni será de extrañar que en el futuro, si no lo remediamos, acabe en los brazos de la derecha populista o neofascista, porque cree que la culpa de todo es de los inmigrantes (aunque esos inmigrantes sean de su misma clase y tengan más en común con ella que el español Botín o F. Pérez) 

Para paliar eso hace falta atacar todos esos problemas de décadas. Pero de ello conviene reflexionar en otro escrito. Lo primero era reflexionar sobre la dolencia, para después seleccionar el tratamiento, que es lo más lógico. 

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martes, 1 de enero de 2013

2013: BUEN AÑO PARA EXIGIR LA DIMISIÓN DEL GOBIERNO; LA DISOLUCIÓN DE LAS CORTES; LA ELECCION A CORTES CONSTITUYENTES PARA LA ELABORACIÓN DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN Y UNA NUEVA ORGANIZACION SOCIAL EN LA QUE EL LADRON ESTE DEVOLVIENDO A LA SOCIEDAD LO ROBADO MEDIANTE EL TRABAJO, Y EL TRABAJADOR DISFRUTANDO DEL PRODUCTO DE SU TRABAJO



 ESPAÑA: LOS GOBIERNOS DEL DOLOR

Marcos Roitman Rosenmann 
La Jornada
Rebelión.org 
24-12-2012

La capacidad para adjetivar las políticas de recortes antisociales y antidemocráticos no tiene límite. Tampoco el cinismo y la hipocresía con que actúa la clase política gobernante. Mariano Rajoy, presidente del gobierno; María Cospedal, pluriempleada, secretaria general del Partido Popular y presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha, y Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, se emplean a fondo. Hablan de dolor a la hora de aplicar las políticas de ajuste presupuestario. Para ejemplarizar cuál es su estado de ánimo, Gallardón ha puesto de moda una frase que está en boca de muchos ministros y de Rajoy: Gobernar consiste en repartir dolor. Pero en la repartición hay quienes lo infringen y administran y otros que lo reciben y padecen. En esta crisis las decisiones no afectan por igual a unos y otros. Torturador y torturado no son lo mismo. Pensar en el sufrimiento y el dolor ajeno para quienes se benefician del mismo no deja de ser un comportamiento rayano en la enfermedad patológica. Ellos sienten el dolor ajeno, aunque no hacen nada para remediarlo. Gracias a sus lumbreras, la vida cotidiana en España se llena de dolor. Veamos. 

Los bancos de alimentos se han convertido en alternativa para miles de familias en paro. Sin ingresos estables ni prestaciones sociales, ni tarjeta sanitaria, con hijos en edad escolar, sin becas ni ayudas, acuden a ellos para recibir una cuota de alimentos para sobrevivir. Pasta, leche, huevos, azúcar, arroz, galletas y alguno que otro enlatado. También se aprovisionan de artículos de limpieza y aseo personal. No pierden la dignidad y salen adelante. Asimismo, las campañas navideñas de organizaciones no gubernamentales (ONG), caracterizadas por ubicar sus objetivos solidarios en África, Asia o América Latina, hoy demandan alimentos para bancos y comedores sociales en España. Sus peticiones dejan al descubierto la desarticulación del estado de bienestar. La brecha entre ricos y pobres se profundiza. España se torna dual. Las diferencias sociales se hacen visibles. Imágenes de la posguerra civil, en los años 40, con cartillas de racionamiento, hambre y pobreza vuelven a estar presentes. Se trata de gente pidiendo en las calles, semáforos, el Metro, durmiendo entre cartones, yendo de casa en casa solicitando algún producto para alimentar a la familia o trabajo. Ya no son vagabundos o marginales. Son trabajadores desahuciados, despedidos de su trabajos que viven en coches con su prole y no reciben prestaciones. Vuelve la España dual, excluyente, caciquil y oligárquica. 

La ilusión de una sociedad moderna se difumina. La Constitución es papel mojado. Ni social ni democrática ni de derecho. Las pensiones se congelan, la educación se torna confesional. Se impone la asignatura de religión católica en los colegios públicos. La vivienda es un lujo al alcance de pocos. Pero los bancos mantienen cerradas más de medio millón de viviendas. La justicia sigue el mismo camino, los ciudadanos, por recurrir sentencias o acudir a los tribunales, deberán pagar elevadas tasas. Se elimina el concepto de justicia redistributiva y garantista. Sólo tendrán justicia quienes tengan dinero. El turno de oficio se restringe. La sanidad se entrega a empresas cuyo fin consiste en obtener ganancias. Ninguno de los beneficiarios de las privatizaciones de hospitales y centros de salud pertenecen a la esfera sanitaria. Son empresas afincadas en la construcción, coresponsables de la burbuja inmobiliaria. Ahora, en medio de la crisis, trasladan su codicia a la sanidad. La salud, si se privatiza, se convierte en un buen negocio para especuladores sin escrúpulos. Los beneficiaros son conocidos. Dragados y Contratas, Sacyr, Acciona, Hispania o FCC. Pertenecen a bancos como BBVA, BSCH y similares. Así administran dolor.

Mientras se pone a la venta el sistema sanitario, la justicia, la educación, las compañías aéreas, las universidades, los aeropuertos e infraestructuras, algo inédito comienza a extenderse por Europa. Familias noruegas, danesas y suecas inician un plan de apadrinar familias españolas en situación de exclusión. Son decenas los beneficiarios. Les pagan el alquiler de la vivienda y les mandan dinero para hacer frente a la educación de sus hijos.

 En otras esferas el problema es similar. Los fondos para investigar se han reducido 75 por ciento, con el consiguiente cierre de laboratorios y líneas de investigación. Trabajos pioneros sobre sida, cáncer, genoma humano, etcétera, se tiran a la basura. Se disuelven equipos interdisciplinarios y los profesionales desilusionados, con sueldos de miseria, abandonan por impotencia. En los años 80 muchos de ellos, con carreras prometedoras en el extranjero, regresaron bajo el compromiso de obtener contratos y una inversión amplia en I+D. Se sienten engañados. La fuga de cerebros se generaliza en todas las disciplinas. Física, química, ingeniería, medicina, ciencias ambientales, nuevas tecnologías, etcétera. Muchos de ellos hacen maletas. La juventud, sin futuro, busca fuera una opción de vida digna. No importa en qué ni cómo. Pero la ministra de Trabajo lo interpreta como resultado del espíritu de aventura y afán de conocimiento de una juventud llena de vida.

Los trabajadores han sido las víctimas propicias de esta política de repartir dolor. Los empresarios acumulan, reciben beneficios, se dan la gran vida, pero exigen austeridad y moderación salarial. El despido libre se generaliza. La reforma laboral, desde su aplicación, ha visto aumentar las cifras de paro en más de medio millón de personas. Suma y sigue. La criminalización de las protestas da un salto cualitativo. La policía tiene orden de tomar datos a manifestantes y pasarlos al Ministerio de Interior. De manera aleatoria se pide la documentación y en una o dos semanas reciben una multa de entre 300 y 500 euros por disturbios o resistencia a la autoridad. 

La avalancha de estudiantes, maestros, médicos, enfermeras, jueces, fiscales, abogados, pensionistas, minusválidos, jornaleros, obreros, funcionarios, bomberos, asociaciones de vecinos, amas de casa, consumidores y parados crece y se extiende. Políticos mediocres, agazapados en un discurso ramplón, recurren al argumento de la fuerza. Reprimen. La policía, local o nacional, toma las calles de ciudades y pueblos. Intimidan, increpan, disparan balines de goma, bombas de humo y a los detenidos los maltratan y torturan. Los grupos especiales antidisturbios no llevan identificación a la vista, aspecto obligatorio. El gobierno los protege, archiva las causas en caso de acusaciones o los indulta directamente si son condenados por la justicia. Esa es la forma de administrar dolor. En otras palabras: el que parte y reparte se lleva la mejor parte. Unos nacen para mandar y otros para obedecer. El señor sea con nosotros. Amén.

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¡HOMBRE, 2013 TÚ POR AQUI! PUES QUE SEPAS QUE NO ME GUSTAS UN PELO, QUE TU PADRE, TU ABUELO, TU BISABUELO, ETC. BIEN MALOS FUERON. ASÍ QUE LO SEPAS, SE DONDE VIVES Y QUE TE ESTOY VIGILANDO, AÑO 2013