miércoles, 28 de mayo de 2025

Destrozan y arrancan una pancarta que llamaba a la huelga del 29 de mayo en Valencia con el eslogan «Mazón Dimisión», en Parke Alcosa [España]

 

 

Destrozan y arrancan una pancarta que llamaba a la huelga del 29 de mayo en Valencia con el eslogan «Mazón Dimisión», en Parke Alcosa

TERCERAINFORMACION / 27.05.2025

Denuncian esta agresión a la libertad de expresión en la convocatoria de huelga general del 29 de mayo.


La pancarta destrozada, en la Plaza Poeta Miguel Hernández de la localidad del Parke Alcosa

Ha pasado en el contexto de la convocatoria de la huelga general convocada para el día 29 de Mayo, por los sindicatos CNT, CGT, COS e Intersindical Valenciana y apoyada por el Acord Social Valencià del que forman parte Asociaciones de Víctimas, Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, movimientos sociales del País Valencià y los propios sindicatos convocantes. Una huelga convocada en exigencia de responsabilidades políticas y penales por las 228 muertes, producidas como consecuencia de la DANA. Por el derecho a la vivienda y de los derechos sociales.

Dentro de las múltiples acciones informativas que se están realizando en estos días, se llevó a cabo la colocación de una pancarta de unos 25 metros, convocando a la Huelga General y exigiendo la dimisión de Carlos Mazón, en el antiguo edificio comercial situado en la Plaza Poeta Miguel Hernández de la localidad del Parke Alcosa.

Esta noche pasada, con nocturnidad y alevosía, esta pancarta fue arrancada y destrozada. Nos preguntamos por quién? A quién le puede interesar, maltratar la libertad de expresión? Quizá lo expresado no gusta o cuestiona sus intereses, aunque que Mazón debe dimitir es un acuerdo de la inmensa mayoría de la sociedad valenciana y esta huelga general, es un paso más en las movilizaciones sociales y ciudadanas. Es un hecho que desde que ocurrió la catástrofe se vienen sucediendo manifestaciones masivas, en la búsqueda de la normalidad democrática y una reconstrucción participativa y sin corrupción.

El Ayuntamiento de Alfafar, afirma que no ha sido, entonces quién? Y por qué? Quien quiere acallar a la sociedad valenciana y qué intereses defiende? Quién tiene la crueldad de querer silenciar el grito de las poblaciones anegadas por la DANA, cuando los responsables políticos no asumen sus responsabilidades, jurídicas e institucionales? La reconstrucción no comienza, el fango todavía está presente en todas las plantas bajas de nuestra población, los ascensores no funcionan dejando aisladas a cientos de personas con dificultad de movilidad, se condena a nuestros escolares a estar en barracones como mínimo hasta el año 2029, los problemas de

salud mental no están siendo tratados por parte de las instituciones con el mínimo rigor humano que merecen y un larguísimo etcétera de consecuencias de las negligencias políticas.

No conseguirán callarnos. Salimos del fango como pudimos. Lloramos las muertes de nuestros seres queridos. Nos levantamos y nos organizamos para exigir responsabilidades y una reconstrucción inmediata. Por esto iremos a la huelga general el jueves 29, le pese a quien le pese, tenga la bandera que tenga.

KOORDINADORA DE KOLECTIVOS DEL PARKE – ACORD SOCIAL VALENCIÀ.

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Continúan las movilizaciones en defensa de la sanidad pública

 

Continúan las movilizaciones en defensa de la sanidad pública

 

Insurgente.org / 28.05.2025


Miles de personas, 30.000, según la Delegación del Gobierno; 200.000, según los convocantes, se han manifestado en Madrid para defender la sanidad pública y denunciar las políticas llevadas a cabo por el Gobierno regional, presidido por Isabel Díaz Ayuso. La manifestación, convocada por la plataforma Vecinas y vecinos de los barrios y pueblos de la Comunidad de Madrid ha discurrido bajo el lema «Defendamos nuestra sanidad pública», los manifestantes ha teñido las calles de Madrid de pañuelos blancos en honor a los profesionales sanitarios. Los convocantes lamentan las condiciones laborales de los profesionales sanitarios, pues la reducción de las plantillas «imposibilita» suplir bajas, vacaciones y permisos profesionales, y exigen erradicar las listas de espera, una mayor financiación para Atención Primaria, más medios para salud mental y una menor privatización del sistema.

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martes, 27 de mayo de 2025

La coordinadora reaccionaria

 

Los neofascismos contemporáneos han logrado un nivel de articulación internacional que jamás poseyeron sus predecesores. Además, si aquellos eran fuertemente estatistas y antiliberales, estos combinan una síntesis entre el reaccionarismo tradicional y las formas más radicales del neoliberalismo.


La coordinadora reaccionaria


Atilio Borón

El Viejo Topo

27 mayo, 2025 


Se habla mucho, y con razón, del fascismo y las amenazas que entraña para el futuro de las democracias y las libertades públicas el funesto resurgimiento de la extrema derecha. Aparte de las similitudes, con sus indispensables acotaciones regionales y epocales, hay una diferencia insoslayable entre los neofascismos contemporáneos –me tienta caracterizarlos como «fascismos coloniales»– y el fascismo clásico o «arqueológico». Si este era fuertemente estatista y antiliberal, aquellos combinan en una síntesis altamente volátil e inestable el reaccionarismo tradicional con las formas más radicales del neoliberalismo sintetizadas en el «anarcocapitalismo». Su programa contempla el ataque y destrucción selectiva del Estado («selectiva» porque los aparatos represivos y los ideológicos lejos de destruirse son reforzados, y los subsidios y transferencias al capital continúan con renovados bríos); la exaltación de los mercados, pero omitiendo que si no los regula el Estado lo hacen las plutocracias dominantes; reducción del gasto público social, que constituye el imprescindible «salario ciudadano» de una democracia (salud, educación, vivienda, transporte, etcétera); desregulaciones para librar las manos de las empresas; privatizaciones para rematar la riqueza social y transferirla a los amigos del régimen, aparte de ceder soberanía; contrarreformas laborales para recortar la capacidad negociadora de la fuerza de trabajo y previsionales para ahorrar sobre el sufrimiento de nuestros mayores y, en lo internacional, alineamiento incondicional con Estados Unidos e Israel.

Del antisemitismo del fascismo tradicional no quedan ni rastros; en su aberrante reencarnación el fascismo colonial es sionista –el caso argentino es muy elocuente–, respalda el genocidio contra los palestinos y según los países el objeto de su odio son los musulmanes; en otros pueden ser los migrantes, como en el caso de Estados Unidos y muchos países europeos y también latinoamericanos y, por supuesto, combate con ferocidad la militancia de las organizaciones populares.

Pero, además, hay otro rasgo que, por novedoso y efectivo, es imprescindible señalar. Los neofascismos contemporáneos han logrado un nivel de articulación internacional que jamás poseyeron sus predecesores. Los Gobiernos fascistas de Alemania e Italia podían coordinar algunas iniciativas e, inclusive, sellar una alianza militar. Pero nunca brotó de parte de ellos –ni de algunos de sus aliados informales, como el franquismo en España, Acción Francesa en Francia y el salazarismo en Portugal– la necesidad de crear una estructura que coordinara su estrategia de lucha política frente a las naciones dominantes en el sistema internacional, básicamente el Reino Unido, Francia y, de forma incipiente, Estados Unidos. En más de un sentido podría decirse que las decisiones de aquellos regímenes fascistas respondían casi exclusivamente a procesos y desafíos que emanaban del complicado sistema internacional dominado por viejas potencias coloniales. En la era del nacionalismo y de las disputas por el reparto del botín colonial el internacionalismo era visto con desdén, como un recurso al que apelaban el proletariado y los partidos socialistas y comunistas.

En otra escala

El neofascismo de nuestros días, en cambio, muestra una significativa diferencia en ese aspecto porque, no sin tropezar con dificultades, se ha venido organizando a escala internacional. Steve Bannon, exasesor de Donald Trump en su primer mandato (2017-2021), fundó una suerte de «Internacional de la Nueva Derecha», con sede en Bruselas (la capital de la Unión Europea y sede de la OTAN), con el objetivo de crear, coordinar y financiar partidos, medios de comunicación, activistas digitales y grupos de la derecha radical en todo el mundo. El proyecto aún no ha madurado plenamente, pero existe. Recuérdese que Bannon fue vicepresidente de Cambridge Analytica, consultora que fue contratada para asesorar la primera campaña electoral de Trump en 2016 y también para los partidarios del Brexit en el Reino Unido. En ambos casos sus clientes triunfaron en las urnas, pero poco después estalló un escándalo porque Bannon extrajo, sin solicitar la debida autorización, información personal de 87 millones de usuarios de Facebook para construir perfiles psicológicos y algoritmos que orientaran sus preferencias electorales. Esto se descubrió con posterioridad y ocasionó una investigación en el Congreso de Estados Unidos y la imposición de una multa de 5.000 millones de dólares a Mark Zuckerberg, propietario de Facebook. Cambridge Analytica se declaró en bancarrota en 2018 y Bannon, años más tarde, pasó varios meses en una cárcel federal.

Pero Bannon sigue en funciones asesorando a las fuerzas de la extrema derecha, sobre todo en Europa. Comentando la elección del Papa León XIV declaró que «este es un voto anti-Trump de los globalistas que dirigen la Curia. Este es el papa que Bergoglio [Francisco] y su camarilla querían (…) Es la peor opción para los católicos MAGA». Bannon no está solo en este emprendimiento. Más allá de algún entredicho con Trump, sigue incansablemente promoviendo a la derecha extrema en todo el mundo. Pero esto no nos debería hacer olvidar a la derecha más convencional, y que jamás calificaríamos como democrática porque no lo es. Esta tiene otro cuartel general en Davos; una más efectiva, hasta ahora, «Internacional del Capital», donde cada año se reúnen miles de políticos, empresarios, financistas y académicos de derecha para evaluar el contexto mundial y trazar estrategias para, sin las estridencias de Bannon y los sectores fascistas, reforzar su dominio sobre la economía y la política mundiales. Estamos luchando contra enemigos muy poderosos y para frustrar sus planes es necesaria la unidad de todas las fuerzas antifascistas, postergando debates accesorios y concentrándonos en impedir que lleguen al poder para imponer su dictadura, disimulada con un insustancial barniz pseudo democrático.

Fuente: Acción

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sábado, 24 de mayo de 2025

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Supremacismo y opresión

 

Para Zhok es un enigma que los defensores del crimen genocida de Israel –o los que prefieren mirar hacia otro lado– puedan dormir por las noches. Y hay quien no solo duerme, sino que le da palmaditas en la espalda a un criminal confeso como Netanyahu.


Supremacismo y opresión

Andrea Zhok

El Viejo Topo

24 mayo, 2025 


Me había prometido permanecer en silencio dada la manifiesta esterilidad del Logos en esta fase histórica, pero me resulta difícil no decir una palabra, por desgastada y rancia que sea en comparación con lo que sucede en Palestina.

Realmente no sé cómo pueden dormir por las noches quienes apoyan y han apoyado, justifican y han justificado las operaciones del ejército israelí en la Franja de Gaza y Cisjordania durante los últimos diecisiete meses.

Es un verdadero enigma para mí.

Esconderse detrás de las psicopatías latentes de Netanyahu no absuelve a nadie. No imaginéis que cuando Netanyahu se retire, tarde o temprano todo estará bien.

Nunca nada volverá a estar bien.

Que lo que está ocurriendo es un genocidio, incluso según las definiciones técnicas más exigentes, sólo lo puede negar quien no sabe utilizar las palabras. Pero en última instancia es irrelevante obsesionarse con las definiciones. Llámese etnocidio, matanza sistemática de civiles, masacre diaria, o lo que sea.

Pero no es una guerra.

Llamarlo guerra es una mentira repugnante.

No hay guerra cuando de un lado, como se ve en cientos de vídeos, hay civiles desarmados caminando frente a un hospital, o en una calle en ruinas buscando agua o pasando la noche en una tienda de campaña, y del otro lado llueven misiles de última generación de la nada y los hacen pedazos.

No es una guerra, es una matanza de seres humanos, es un exterminio.

No es guerra cuando se corta el suministro de alimentos, agua y medicinas a una población civil sitiada.

Esto no es guerra, es tortura con fines genocidas.

Mucha gente todavía se estremece cuando alguien establece un paralelismo entre las acciones genocidas del NASDAP en el poder en Alemania y las acciones del ejército israelí hoy.

Ahora bien, es cierto que la historia nunca se repite de forma idéntica, de modo que hoy técnicamente no existe ni nazismo, ni fascismo, ni existen los hunos de Atila.

Pero hay aspectos comunes obvios.

Dos aspectos en particular.

La primera es la veneración unilateral de la victoria y de la violencia como expresión de una fuerza que luego, al imponerse, se convertirá en ley y adquirirá legitimidad a posteriori. Cuando Netanyahu le dice al Congreso de Estados Unidos con perentoria satisfacción –en medio de estruendosos aplausos– que «cuando Estados Unidos e Israel están juntos sólo ocurre una cosa: nosotros ganamos, ellos pierden», encarna la esencia de esta concepción en la que la justicia no es nada y la fuerza lo es todo.

Y es muy triste decirlo, pero esta idea, aunque está literalmente en las antípodas de la tradición cultural judía, que tiene la subordinación a la Ley como su elemento central, está perfectamente en línea con la concepción del paganismo nihilista y «nietzscheano» encarnado por las camisas pardas.

El segundo aspecto es lo que permite que estas formas de opresión sangrienta, de exterminio de inocentes, se ejerzan sin pestañear. Y lo único que permite esto es una concepción que se sitúa, antropológicamente, en una posición superior e inconmensurable con la de las víctimas.

Y este concepto sólo tiene un nombre: racismo.

Se puede discutir, y se ha discutido extensamente, si lo que sufrió el pueblo judío en Alemania en la década de 1930 y hasta 1945 proporcionó una legitimidad moral específica para la fundación de un Estado independiente en la tierra de Palestina, y en qué medida.

Pero cualquiera que haya sido esa legitimidad moral, Israel la ha perdido ahora y para siempre.

Fuente: Fermare la guerra

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