jueves, 20 de marzo de 2025

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El ASCENSO de HITLER al poder en la Alemania de 1933

Alemania ha vuelto

 

: Pues sí, Alemania ha vuelto. Pero ¿qué Alemania? ¿Cuál es la propuesta alternativa? Quizá reconstruirse frente al enemigo ruso, reconvirtiendo su modelo productivo en torno a un renovado y ampliado complejo científico, industrial-militar.


Alemania ha vuelto


Manolo Monereo

El Viejo Topo

20 marzo, 2025 



ALEMANIA HA VUELTO: ¿SALVARÁ EL REARME A LA UNIÓN EUROPEA?

 

“La UE se ha convertido en la correa de transmisión de la OTAN, cuando no en la rueda de repuesto, respecto a la totalidad de los asuntos esenciales, empezando por el gasto militar y el suministro de armas”

                                                                                                                                 Marco d’Eramo. 2025

 

Es tan viejo como nuestro mundo: buscar un saludable y bien plantado enemigo para unir al pueblo e identificar el enemigo interno. Ambos asuntos están conectados y forman parte de nuestra experiencia histórica. Rusia da la talla como antagonista de lujo. Nuestro imaginario está colonizado por representaciones de un oscuro mal que viene del Este: asiáticos, rusos, soviéticos y, desde hace años, Putin. Una Unión Europea en crisis desde que Alemania impuso las políticas de austeridad, agravada -sí, agravada- por el conflicto ucraniano. El enemigo interno fue identificado desde el principio: los que se opusieron a la subordinación de la UE a los intereses estratégicos de los EEUU; los que denunciaron las políticas dirigidas y organizadas por la OTAN para aislar, asediar y presionar al país euroasiático; los que defendieron la necesidad de una salida negociada al conflicto político y militar. Con una rapidez inusitada, se impuso un discurso único que devino en disciplinario, estableciéndose un concurso en los medios para ver quien insultaba más y quien identificaba con mayor precisión a los agentes de Putin.

Con la victoria de Trump todo parece haber cambiado; sin embargo, hay que tener cuidado con este Presidente -nos lo enseñó en su anterior mandato-, la distancia entre lo mucho que dice (y rectifica) y lo que realmente hace puede ser muy grande, a veces enorme. Lo fundamental, no equivocarse en el diagnóstico. De ganar Kamala Harris -dada la dramática situación del frente militar ucraniano- tendría que haber elegido entre la escalada militar o negociar la paz. No había posiciones intermedias. La diferencia sustancial entre Trump y la candidata del Partido Demócrata es que aquel no estaba por la escalada y esta sí. Dicho de otro modo, muchos sabíamos que una de las decisiones cruciales que se dilucidaban en estas elecciones era la continuidad, ampliada y multiplicada, de la guerra en Europa. Los dirigentes y los gobernantes de la UE también lo sabían y por eso apostaron por la señora Harris.

Una de las criticas favoritas contra los y las políticas populistas es aquello de “pretender resolver problemas complejos con respuestas simples, con discursos emotivos y sin rigor”. Lo paradójico es que, cuando nuestros sesudos tertulianos y escribidores pretenden analizar las decisiones políticas de sus adversarios o enemigos, sustituyen los argumentos con descalificaciones e insultos varios, difunden, sin apenas parpadear, los guiones temáticos producidos por las terminales gubernamentales o reproducen una y mil veces las insidias de los aparatos encargados de la lucha contra la desinformación en su fatigosa tarea de ocultar la verdad. Lo que viene a decir, aquí y ahora, Trump es claro: la escalada militar en Ucrania lleva directamente a la tercera guerra mundial; no queda otra que “imponer por la fuerza”, por la fuerza de los EEUU, una salida negociada al conflicto político-militar. Hay que estar atentos. La “narrativa” es ya distinta; ahora nuestros gobiernos han pasado, en apenas unos días, de oponerse a cualquier negociación con Putin, de defender la derrota sí o sí de Rusia (¿qué habrá pasado con su arsenal nuclear?) a ponerse detrás del odiado Presidente norteamericano y exigir una tregua sin condiciones.

Las cosas han cambiado mucho en estos tres años de guerra en Ucrania. El genocidio del pueblo palestino y la entera situación de Asia Occidental clarifica el sentido y la orientación de esta “gran transición” geopolítica que estamos viviendo y que se acelera por momentos. Digámoslo sin rodeos: lo que se está produciendo es una gigantesca redistribución del poder a escala planetaria; es decir, lo que se está redefiniendo es el papel de las grandes potencias y sus relaciones, la posición del Sur del mundo en el nuevo orden internacional en gestación, la reforma sustancial de las instituciones internacionales y las nuevas funciones de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Bien, digan lo que digan las instituciones de la Unión Europea y de los gobiernos que la componen, su papel en esta “gran transición”, en esta mutación histórica-mundial es secundario, aliado subalterno de un bloque de poder organizado y dirigido por los EEUU. La UE hará, a final, lo que Donald Trump decida. Más allá de las protestas, de los lamentos, de las añoranzas de la espléndida etapa de Biden. Su única posibilidad es crear un escenario que obligue al Presidente norteamericano a cambiar de opinión; en eso andan, de la mano del gobierno británico con la complicidad suicida de Zelensky.

Nuestros gobernantes siguen haciendo enormes esfuerzos para separar el conflicto ucraniano del genocidio del pueblo palestino. Nada más alejado de la realidad: ambas son manifestaciones de una política que tiene en su centro la defensa de un “Orden Internacional” basado en unas normas que han permitido a Israel intervenir militarmente más allá de sus fronteras cuando lo ha considerado oportuno, violar las normas fundamentales del derecho internacional e incumplir sistemáticamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Un “Orden” y unas “normas” que han permitido operaciones militares ilegales en Somalia, Afganistán, Yugoslavia, Irak, Libia, Siria, Yemen… Se entiende el comportamiento de nuestros dirigentes, relacionar Gaza, Cisjordania con Ucrania pone de manifiesto dramáticamente el doble rasero y la hipocresía que han sustentado sus prédicas moralizantes, sus discursos altisonantes sobre valores y libertades, su defensa postiza de la democracia y de los derechos sociales.

Hay un dato que da mucha información sobre la radicalidad y la hondura de los cambios que se están operando en el mundo. El Sur Global, la mayoría de nuestro planeta, no tiene la misma percepción, la misma mirada, sobre los conflictos y sobre el comportamiento de nuestros gobernantes. Para ellos (en su centro los BRICS) son políticas de poder, manifestaciones de un Occidente colectivo que se aferra económica y militarmente a sus viejos privilegios, a su control imperial del mundo. Luego votan lo que votan en la asamblea de la ONU o en los organismos internacionales, sabiendo que la transición hacia un mundo multipolar es una gran oportunidad para conquistar más autonomía económica, más capacidad para hacer políticas sociales y mayores opciones para un desarrollo más justo e inclusivo. Es algo más que el declive norteamericano, se trata del principio del fin de una larga hegemonía político-militar, económica y cultural de Occidente.

El Consejo, la Comisión de la Unión Europea, los gobiernos de la OTAN tampoco son capaces de asumir que todo el conjunto de sanciones contra Rusia no solo no la han quebrado financiera y comercialmente, sino que, al contrario, han tenido como consecuencia fortalecer su complejo militar, científico e industrial, implementar un eficaz proceso de sustitución de importaciones y, lo fundamental, cambiar a fondo su modelo productivo y sus formas de gestión. Las sanciones hacen daño siempre, pero obligan a cambiar a los países que las sufren; el gobierno ruso parece haber descubierto potencialidades en su economía, en su infraestructura técnico-científica y en su dominio de las condiciones financieras y comerciales internacionales desconocidas para los estrategas euroamericanos. De nuevo un viejo problema: subestimar al pueblo ruso y a sus cuadros sociales. Lo más significativo es que la imposición de sanciones a quién más ha perjudicado ha sido precisamente a Europa en su conjunto y, específicamente, a Alemania.

La cuestión más dramática sigue siendo la del frente militar en Ucrania. Visto con cierta perspectiva, sorprende el triunfalismo de los gobiernos europeos y de la Administración norteamericana ante el potencial técnico-militar ruso. Es como si se creyesen su propia propaganda. Una “guerra limitada” es un modo de organizar la contienda militar caracterizada por un fuerte (auto)control político, con normas no escritas pero existentes y con relación permanente con el “otro “lado. Los límites y las reglas se ajustan permanentemente y su lógica gobierna el proceso. Guerra de desgaste, sin duda, que ha ido cumpliendo sus objetivos, superando retos extremadamente complejos, donde poco a poco se fue imponiendo el arte operacional ruso y su modo específico de relacionar recursos y logística. Lo político-militar y lo técnico-militar se ha ido engarzando en el espacio y en el tiempo. En el propio conflicto bélico se aprecia que se trata de una guerra por delegación entre la OTAN y Rusia, donde los ucranianos ponen la totalidad sus recursos humanos, materiales y organizativos. De hecho, Ucrania depende económica, financiera, tecnológica y militarmente de una dirección político-estratégica dirigida por políticos, asesores, técnicos y cuadros de la estructura de la Alianza Atlántica. A pesar de lo que dicen hoy los dirigentes europeos, Biden y su equipo siempre supieron que Ucrania nunca ganaría la guerra; el objetivo era propiciar un conflicto largo e intenso que debilitara seriamente a la economía rusa, provocara una fuerte crisis social y, con un poco de suerte, la caída de Putin. Las cosas no han salido, una vez más, como se esperaba y Rusia esta ganando y el frente militar ucraniano debilitado y con grave riesgo de desplome.

Lo dicho: escalada o negociación. Pero el problema es que la Unión Europea, sus dirigentes, se ha comprometido tanto y con tal ímpetu que no le queda otra que seguir en la partida y jugársela ampliando los límites del conflicto, rebasando las líneas rojas y haciendo intervenir a otros actores. ¿Dónde está el dilema? Que sin la presencia activa y la dirección de los EEUU no es viable. Se lo dijo Trump a Zelensky delante de medio mundo: si soy tu ventaja y tu única posibilidad de ganar, yo impongo las condiciones. Hay otra cuestión no menor: que Putin tiene su propia estrategia negociadora que puede o no coincidir con la del Presidente norteamericano.

En un contexto tan dinámico y tan pleno de dificultades, el que será nuevo canciller, Friedrich Merz nos dice que Alemania ha vuelto, lema bien pensado y, sin duda, inquietante, no solo para rusos o bielorrusos, sino para muchos europeos, incluidos no pocos alemanes. La pregunta es obligada: ¿qué Alemania regresa? Por lo pronto, vuelve un país con una grave crisis económica, obligado a cambiar de modelo productivo-energético, en proceso de desindustrialización, social y territorialmente fracturado; con un sistema político en mutación y con sustanciales problemas de identidad como nación y pueblo. Como dice, quizás exagerando, Wolfgang Münchauun país Kaput. ¿Cuál es la propuesta alternativa? Reconstruirse frente al enemigo ruso, reconvirtiendo su modelo productivo en torno a un renovado y ampliado complejo científico, industrial-militar.  En su núcleo, el “partido de la guerra” compuesto por democratacristianos, socialdemócratas y verdes. Tampoco hay que engañarse demasiado. Más allá de las grandilocuentes declaraciones sobre cordones sanitarios y demás muros de contención, los que terminarán convirtiéndose en aliados naturales del nuevo militarismo alemán serán las fuerzas de la extrema derecha. Nacionalismo y militarismo van de la mano siempre.

Habría que hablar, por mucho que le pese a nuestros posmodernos, de la “venganza de la historia”. Alemania está donde le interesa a británicos y norteamericanos, y, aparentemente, solo aparentemente, donde quiere Francia. Es tan viejo como la Europa del siglo XX: encelar al toro alemán frente a la roja muleta rusa. No voy a citar aquello de que la historia se repite; esta vez ni rima. Quien realmente vuelve es una Eurasia en pleno proceso de reorganización espacio-temporal fundado en un acuerdo entre tres Estados-civilización: RusiaChina e Irán. Macron cometerá el mismo error –y con las mismas consecuencias– que Mitterrand con el euro: intentar controlar a Alemania militarizando la Unión Europea. El presidente francés cree que esta vez puede obtener ganancias gracias a su arsenal nuclear y a las dimensiones de su complejo militar-industrial. Se equivoca de estrategia y de mundo.

No puede extrañar que sea una alemana, la señora Von der Leyen (antigua ministra de defensa, por lo demás) quien, como presidenta de la Comisión Europea –este es su segundo mandato– dedique sus mejores energías a pensar, como diría el señor Borrell, en términos geopolíticos, es decir, en términos de poder, que es cómo funciona la “jungla” mundial. La clave, una decidida y audaz política de seguridad y defensa, complementaria de la OTAN, encaminada a frenar a Rusia. Su eje vertebrador, un plan de rearme de 800.000 mil millones, disponiendo de inmediato 150.000 millones a cargo del presupuesto comunitario. No es este el momento de hacer un análisis pormenorizado de la propuesta, solo tomar nota de un dato fundamental: la UE intenta, de nuevo, superar su crisis y la desafección que genera, impulsando la carrera armamentista y la militarización de la política y la sociedad.

No se trata de un nuevo inicio, tampoco de un renacimiento, es una fuga hacia adelante. Una huida de la realidad de unas elites políticas y culturales que son incapaces de entender que el mundo, su mundo ya no es el que era. El europeísmo soberano parece ser que es su última trinchera. Pasa lo de siempre, los que niegan el concepto mismo de soberanía, los mismos que consideran obsoleto y peligroso reivindicar el Estado Nacional, ahora pretenden recrear un patriotismo armado europeo. Es curioso: años y años, criticando el dispositivo político-estratégico populista para terminar copiándolo sin grandeza, identificando un enemigo externo que permita sumar y unificar las demandas sociales de seguridad, orden y justicia. El operativo no llega a los de abajo, no llega a las mayorías sociales, es una batalla entre élites que se da con tanta crudeza porque no existe una izquierda social y cultural digna de las tradiciones del movimiento obrero organizado europeo, al menos, por ahora.

Mientras un actor ha desaparecido del escenario mediático- político: ¿quién? Los que mandan y no se presentan a las elecciones, los grandes poderes económico, financieros-empresariales y comunicacionales. Ellos siempre ganan, saben que serán los grandes beneficiados del rearme y de la carrera armamentista, que seguirán sin pagar impuestos y que continuarán imponiendo políticas y agenda a una clase dirigente cada vez más aislada socialmente, decadente y mediocre.

Termino como empecé, con una cita de Marco d’Eramo; por cierto, su libro “Dominio”, traducido al español en el 2022, es imprescindible para conocer los mecanismos del poder en este mundo cada vez más ancho y ajeno.

“El servilismo de Europa a los Estados Unidos nunca ha sido tan claro como en la transición entre los gobiernos de Biden y Trump: precisamente porque los miembros de la Unión Europea se habían sumado con diligencia y entusiasmo a la guerra y le habían prodigado armas, miles de millones y credibilidad política a la misma, se han visto desplazados por el giro de 180º que el presidente electo Donald Trump había declarado que le daría a la guerra, encontrándose así en la incómoda posición beligerante de quien es más papista que el Papa” .

Fuente: Nortes

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miércoles, 19 de marzo de 2025

DIRECTO ÚLTIMA HORA | PÁNICO TOTAL EN EUROPA Y LA OTAN: TRUMP Y PUTIN AT...

Imperialismo y guerra

 

Desde una perspectiva socialista-comunista, Piqueras hace aquí un resumen lúcido de lo que ha sucedido en el mundo en el último siglo y medio. Y sí, esto pinta mal. Vayámonos preparando para lo que viene.


Imperialismo y guerra


Andrés Piqueras

El Viejo Topo

19 marzo, 2025 



LA EVOLUCIÓN CONJUNTA DEL IMPERIALISMO Y LA GUERRA

 

1.- La dinámica actual de las luchas de clase en todo el planeta está dominada por el paso del capitalismo a su fase globoimperialista, proceso que Lenin describió para su primera etapa en 1916. Es decir, nada de «tecnofeudalismo» ni otras simplezas de ese tipo, que crean más confusión que claridad. El capitalismo, probablemente en su última fase de desarrollo o comienzo de su muy difícilmente reversible fase degenerativa, sigue siendo el modo de producción hegemónico a escala mundial, aunque sus actividades rentistas adquieran cada vez más peso en él.

2.- El imperialismo es el resultado coherente e inevitable de las leyes de acumulación del capital, tal como las definió Karl Marx hace más de 150 años. Es decir, se trata a la postre del desarrollo lógico de la ley del valor.

Lenin, en su artículo «El Imperialismo y la escisión del Socialismo», escrito en octubre de 1916, sostenía que el imperialismo es una fase histórica especial del capitalismo. Su carácter específico tiene tres peculiaridades: es 1) monopolista; 2) parasitario o en descomposición; 3) agonizante.

La sustitución de la “libre competencia” por el monopolio es el rasgo económico fundamental del imperialismo. Con él, la situación monopolista de los grandes Bancos (“de tres a cinco Bancos gigantescos manejan toda la vida económica de los EE.UU., de Francia y de Alemania”, decía Lenin ya entonces). También la apropiación de las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera (proveniente de la fusión del capital industrial monopolista con el capital bancario monopolista).

“Se ha iniciado el reparto (económico) del mundo entre los cárteles internacionales. ¡Son ya más de cien los cárteles internacionales que dominan todo el mercado mundial y se lo reparten ‘amigablemente’, hasta que la guerra lo redistribuya! La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo”.

Sobre todo, cuando ese reparto territorial del mundo (colonias y protectorados) ha llegado a su fin.

3.- El imperialismo como pugna económica y política-territorial a escala mundial, siempre fue parte consustancial del capitalismo, desde sus orígenes, por la propia dinámica expansiva de la acumulación de capital; sin embargo, la fase que se ha señalado como estrictamente imperialista es la que ha desarrollado todo ello hasta un punto de completitud global, con las características anejas que describieron los clásicos.

Este paso del capitalismo a su fase estrictamente imperialista desencadenó un ciclo de guerras mundiales cuyo primer capítulo estalló en los años 1914-1918. Pero éste fue preparado por otras guerras anteriores: «el imperialismo, como fase superior del capitalismo en Norteamérica y en Europa, y después en Asia, se formó plenamente en el período 1898-1914. Las guerras hispano-norteamericanas (1898), anglo-bóer (1899-1902) y ruso-japonesa (1904-1905), y la crisis económica de Europa en 1900, son los principales jalones históricos de esta nueva época de la historia mundial» (Lenin, 1916).

4.- Como resultado de esa Primera Guerra Mundial, se produjo en octubre de 1917 en el imperio ruso la primera Revolución Socialista victoriosa de la Historia, que inició la transición del Modo de Producción Capitalista al Modo de Producción Socialista. Enorme avance, pues, del Movimiento Comunista de la Humanidad en post de la procuración de un mundo libre de explotación y de opresión estructurales, basado en la propiedad colectiva de los medios de producción, en la asociación, colaboración y apoyo mutuo de los/as productores/as y en la gestión comunal y cooperativa de los asuntos públicos. Sin clases sociales, ni Estado, ni patriarcado. Un mundo que exige un enorme desarrollo social e individual en todos los aspectos, con seres humanos socializados en la solidaridad y el bien común, capaces de priorizar el corto-medio y largo plazo (lo colectivo) frente a la inmediatez de lo estrictamente individual (superando en cierto punto su componente genético de pulsión egoísta).

Tal grado de desarrollo (Comunismo) requiere de un largo periodo de transición. Transición que, como las sucedidas entre anteriores modos de producción, presenta forzosamente momentos o fases más rápidas y otras de retroceso o estancamiento, y también de combinación de modos de producción en su seno.

El Socialismo es el modo de producción que comienza y desarrolla el proceso y al que tradicionalmente se le ha situado entre el modo de producción capitalista y ese Comunismo que hace de meta o desiderátum, aunque bien puede ser algo más que mera “transición”. En él, en cualquier caso, se deberán ir creando y forjando las condiciones objetivas y subjetivas que hagan posible ese salto evolutivo de la Humanidad. Metafóricamente, el fin de su Prehistoria.

5.- La victoria de la Revolución Socialista Soviética de 1917 y la posterior construcción de la URSS y del Bloque Socialista son los fenómenos que dominaron la dinámica de la lucha de clases (cuando las luchas de clase se hacen masivas y conscientes) al nivel mundial desde 1917 a 1987. Tras la II Guerra Mundial, la transición al Socialismo se extendió a Europa Oriental y Central (Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania, Yugoslavia), Asia (China, Corea, Vietnam, Laos, Camboya) y América (Cuba). Y se combatió por ella en varios lugares de África.

 

6.- A partir de 1917, el objetivo principal de la oligarquía imperialista mundial fue la destrucción del Socialismo por todos los medios posibles. Llevamos más de 100 años inmersos en esta guerra absoluta que reviste todas las formas imaginables. Entender esto y saber combatirlo es imprescindible para cualquier estrategia que persiga la superación del capitalismo.

7.- Hay que precisar que esta oligarquía imperialista mundial, compleja, plural y llena de contradicciones internas, que tiene intereses nacionales contrapuestos, tiene un componente central minoritario que se ha ido haciendo progresivamente dominante en su seno: el Poder Sionista Mundial, expresión de la gran burguesía financiera de origen judío Esta élite cosmopolita mundial ha ido escalando posiciones paso a paso en los últimos cinco siglos, controlando progresivamente los resortes financieros del capitalismo, y extendiendo su dominio en el área política, cultural y mediática. En el siglo XIX sedimentaría su ideología sionista (de corte nazi-fascista), si bien tampoco es homogénea, pues presenta dos tendencias en su seno, la globalista laica y la mesiánica religiosa. Las dos comparten, sin embargo, un proyecto de dominio mundial sirviéndose de la potencia hegemónica del capitalismo en cada momento. Por ello mantienen una alianza estratégica con otros sectores de la oligarquía imperialista, como es obvio fundamentalmente anglosajones, de filiación protestante en varias de sus ramas.

8.- El fracaso de la intervención imperialista liderada por el Imperio Británico que desencadenó la guerra civil rusa de los años 1917-1923, demostró que para derrotar y destruir a la URSS y a la Internacional Comunista era necesario algo completamente nuevo: sociedades militarizadas y fanatizadas al extremo, capaces de sacrificar millones de seres humanos en una Guerra Total para aplastar la Revolución Mundial y al Movimiento Comunista Internacional.

Esta novedosa fórmula de dictadura terrorista de la burguesía apareció en 1922 en Italia: era el fascismo. Recibió el apoyo entusiasta de toda la oligarquía imperialista mundial, especialmente del Imperio Británico, y se fue extendiendo progresivamente por todo el mundo, revistiendo las más diversas formas, desde el nacionalcatolicismo de Franco al nacionalsocialismo de Hitler o el nacional-autoritarismo de Hirohito. A mediados de los años treinta del siglo XX ya era una excrecencia del capitalismo lista para derrotar al Movimiento Comunista de la Humanidad cuando éste estaba adquiriendo fuerza.

9.- La Primera Guerra Mundial supuso un reordenamiento profundo del sistema capitalista. Produjo la derrota y el hundimiento de cuatro imperios: el Imperio Ruso, el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano. También dio paso a la victoria pírrica de los imperios británico y francés que se vieron extraordinariamente debilitados por la guerra y el esfuerzo bélico. Finalmente desencadenó el ascenso de dos formaciones imperiales hasta entonces semiperiféricas: la japonesa y la estadounidense. También el de una potencia radicalmente nueva, la URSS: por primera vez en la historia una formación socioestatal se ponía al servicio del Movimiento Comunista de la Humanidad (y de su Revolución Socialista Mundial).

10.- En este complejo tablero de ajedrez geopolítico, la fracción dominante de la oligarquía imperialista mundial, correspondiente al Eje Anglosajón-sionista, tenía dos objetivos principales: destruir la URSS y la Internacional Comunista utilizando para ello a los Estados nazifascistas como ariete principal, e iniciar la colonización de Palestina, como punta del iceberg del proyecto de dominación mundial del sionismo, instalando un Estado racista, genocida y colonial, atalaya del Imperio Occidental en la encrucijada entre Asia, África y Europa, para ayudar al control de las mayores reservas de petróleo mundiales. El inicio de la colonización sionista de Palestina fue posible gracias a la destrucción del Imperio Otomano y a la balcanización, subordinación y fragmentación del mundo árabe. El apoyo a tendencias y organizaciones islámicas extremistas, o la creación expresa de ellas, sería el segundo paso en ese sentido, para desbaratar el panarabismo laico y el arraigo del marxismo en él.

11.- Ante el riesgo mortal de un Frente Unido del Imperialismo, una alianza entre los Estados liberales y los nazi-fascistas para destruir a la URSS y a la Revolución Socialista Mundial, la Internacional Comunista en su VII Congreso de 1935 tuvo que aceptar una retirada táctica y plantear la lucha contra el fascismo como prioritaria. El objetivo era romper a cualquier precio la alianza anticomunista del Imperio Occidental, que pensaba desencadenar una guerra para destruir y exterminar a la URSS, de la misma forma que aplastaron a la Segunda República Española y su proceso revolucionario, enviando contra ella a las fuerzas de choque nazi-fascistas, en la que sólo espuriamente se puede llamar “guerra civil”.

El Eje Anglosajón-sionista, junto a su satélite subimperial francés, contaban con utilizar a los Estados nazifascistas como línea avanzada para acabar con la primera revolución socialista, sin verse obligados a participar directamente, desgastando a sus competidores y manteniendo su hegemonía.

Para ello, y a partir de 1933, hicieron constantes concesiones al III REICH, a la Italia fascista de Mussolini y al imperio japonés, con el objetivo de que atacasen y destruyesen a la URSS.

Estos crímenes de lesa humanidad incluyeron, entre otros, el exterminio de la II República Española (1936-1939), ya dicho, la incorporación de Austria al III REICH y el desmembramiento y anexión de Checoslovaquia (1938-1939). También las invasiones genocidas de Etiopía (1935-1941), Albania (1939-1944) y China (1931-1945).

12.- Ante tamaña ofensiva del Frente Único del Imperialismo contra el Socialismo, la URSS y la III Internacional tuvieron que intentar romper el cerco capitalista por la parte nazifascista. Este es el sentido profundo estratégico del pacto Ribbentrop-Molotov o germano-soviético de agosto de 1939 (contra el que, por supuesto, toda la burguesía y pequeñaburguesía mundial puso el grito en el cielo, desde los conservadores a los liberales, desde los socialdemócratas a los trotskistas).

13.- Esta jugada maestra, pero realizada a contrarreloj y con muy poco tiempo para poder explicarla al Movimiento Comunista Internacional, desvió el golpe mortal del Imperio Occidental contra la URSS, priorizando el enfrentamiento de los Estados imperialistas entre ellos (en su versión liberal y en su versión nazifascista) a partir de septiembre de 1939. Se había ganado un tiempo precioso para preparar la inevitable guerra. Hasta que el Eje Anglosajón logró nuevamente desviar el golpe nazi hacia la URSS en 1941 (Hitler no parece haber albergado intención de invadir Inglaterra -entidad de clara filiación germánica para él-, sino de obtener un mejor reparto del mundo con ella -por eso dejó que las tropas británicas escaparan en Dunkerque).

14.-Una vez derrotada la versión nazi-fascista del capital el Eje Anglosajón-sionista corrigió su error de cálculo, iniciando la III Guerra Mundial anticomunista (o II Guerra Mundial extendida -prolongación de la ofensiva nazi contra la URSS) (1945-1990). Tontamente llamada «Guerra Fría».

Para ello recuperó e incorporó a buena parte de las élites nazi-fascistas en el nuevo instrumento de terror y acoso al que el Eje Anglosajón dio vida contra el Mundo Socialista: la OTAN. También absorbió el potencial japonés (dejando incluso impunes los crímenes de guerra de su oligarquía).

15.- El Eje Anglosajón-sionista tenía en 1945-1948 el monopolio del arma atómica, y había obligado a la disolución de la Internacional Comunista como condición sine qua non de la apertura de un segundo frente en Europa contra Hitler.

Tras ello, el Mundo Socialista atravesó un momento muy delicado que exigió numerosos y dolorosos sacrificios para evitar que se abortaran bien pronto los primeros pasos de la Revolución Socialista Mundial. Entre otros, no intervenir militarmente en apoyo de la revolución griega.

16.- Esto cambió radicalmente en 1949-1950, con la victoria de la Revolución China, el logro de la bomba atómica soviética y el intento de liberación del sur de Corea. El mundo se había claramente polarizado, en un enfrentamiento sin cuartel del Capitalismo contra el Socialismo que estaba en gran desventaja en el campo económico-tecnológico, y por tanto en el militar. Sólo el desarrollo de la economía planificada soviética permitió acortar esas distancias.

17.- Para la fracción hegemónica de la oligarquía capitalista mundial, el objetivo principal fue siempre la ruptura entre la URSS y la República Popular China, ya que estas dos formaciones socioestatales controlaban el llamado «Heartland», el corazón geopolítico del planeta, lo que hacía al Mundo Socialista prácticamente invencible.

Este plan se desarrolló en tres fases: la primera fue el posible asesinato de Stalin, en 1953, por medio de agentes médicos sionistas, o en su caso con la erradicación de los estalinistas. La segunda fue favorecer el ascenso del revisionista Kruschev y la ruptura con el Partido Comunista Chino, en 1962. La tercera fue la visita de Nixon a China, en 1972. La ruptura del Mundo Socialista garantizó la victoria del Imperialismo en la III Guerra Mundial (o Segunda Guerra Mundial prolongada).

18.- Con la destrucción de la URSS y de los países socialistas del Este de Europa, y el retroceso de China a posiciones de mercado (aunque con control del PCCh) ensamblado en el capitalismo global, el mundo volvió a ser unipolar, de 1991 a 2021, como lo fue durante los 100 años de hegemonía total del Imperio Británico, entre 1815 y 1915. Esta vez, el Estado imperialista dominante era USA. Pero en ambos casos, buena parte de la dirección estratégica de estas dos formaciones imperialistas anglosajonas estaba en manos del Poder Sionista Mundial, sólidamente instalado en todos los sectores claves de ellas (y también de los núcleos clave de la OTAN).

19.- Todas las sociedades humanas desigualitarias están atravesadas por las luchas de clase, formando entre sí un entramado (mundial desde el siglo XIX) extremadamente complejo y con fuertes componentes caóticos, y por lo tanto imprevisibles. El desarrollo de la Historia no es una conspiración perfecta de las élites dominantes que avanza sin problemas, sino un campo de batalla en el que va triunfando en cada momento la mejor estrategia global. El Sistema Mundial capitalista liderado por EE.UU. no tardaría mucho en perder su solidez.

En 1979 surge una Revolución Popular Antiimperialista de nuevo tipo: la República Islámica de Irán. Se trata de una ruptura situada en los escalones más elementales en términos políticos. Sin embargo, fue un aldabonazo de corte civilizacional en otros aspectos, ya que el sustrato de esta revolución es religioso (donde el capitalismo ha desarrollado poco las fuerzas productivas y no hay vía alternativa construida de antemano, las condiciones imponen posibilidades comportamentales limitadas a escala colectiva, lo que tiende a requerir un mayor control del comportamiento; la religión, más ascética cuanto menor es la capacidad relativa de consumo en relación al desarrollo del mismo en los centros del Sistema que fungen de escaparate, bien puede cumplir ese papel; bajo ciertas circunstancias, la religión suele sustituir a la conciencia de clase y servir de aglutinante popular hasta que se puede conseguir cierto desarrollo planificado socioeconómico) y claramente enfrentado a los esquemas y modelos de la Modernidad Occidental (1492-2022). Una religiosidad política cuyo liderazgo y guía traza un claro antiimperialismo y antisionismo, como también en los casos de Líbano, Yemen y Palestina.

20.- La Revolución Islámica de Irán va dando paso poco a poco al surgimiento de la Multipolaridad, un mundo que ya no está dominado totalmente por el Imperio (la Civilización) Occidental, y frustra el objetivo del Poder Sionista Mundial de colonizar por completo Palestina y el resto de Asia occidental. El sionismo se verá frontalmente enfrentado.

21.- Así, tras 30 años de Unipolaridad yanki-sionista, de poder sobre las conciencias por parte de quienes se autodenominaron “Occidente”, el proceso de resoberanización de Rusia, la industrialización y gran desarrollo de China bajo la dirección de su Partido Comunista, la lucha sin cuartel del Eje de la Resistencia Antisionista, liderado por Irán, el afianzamiento de Corea, la –aunque con retrocesos– resistencia más o menos firme de procesos que habían iniciado su transición socialista (Vietnam, Cuba, Laos) y la supervivencia de formaciones socioestatales antiimperialistas multipolares en Nuestramérica (Venezuela, Nicaragua y, en menor medida, Bolivia), han posibilitado la emergencia de un nuevo mundo o un Mundo Emergente que reclama su espacio, y que ya tiene sus manifestaciones soberanas también en el Sahel africano (con Mali, Níger y Burkina Faso a la vanguardia), además de incorporar ambiguamente en su entorno, pero al fin y al cabo en su entorno, a formaciones socioestatales de creciente relevancia, previamente tercermundizadas por el Imperio Occidental (India, Brasil, Sudáfrica…).

22.- Ante este desafío sin precedentes, el Eje Anglosajón-sionista se ha visto forzado a reaccionar. Dentro de las facciones de poder del hasta ahora hegemón mundial se encuentran los globalistas-financieros (sobre todo aglutinados en torno al Partido Demócrata) y los continentalistas imperiales-financieros (en buena parte republicanos). Hasta ahora ambas facciones han desarrollado una guerra multidimensional y multifacética (Guerra Total) contra el Mundo Emergente, con el objeto de abarcar dos objetivos: impedir el relevo histórico del Imperio Occidental y sobre todo abortar cualquier posible articulación del Socialismo o el renovado impulso del mismo a escala planetaria.

Esa Guerra Total desatada durante las últimas tres décadas de Unipolaridad USA ha tenido el efecto paradójico de dar nueva vida a la peor pesadilla geopolítica del Eje Anglosajón-sionista: la vinculación de China y Rusia, una alianza que domina el «Heartland» euroasiático. Lo cual resulta aún más grave cuando a ella se suma Irán, enemigo básico del sionismo.

23.- Nuevamente, como en 1949-1989, la prioridad absoluta del Imperio Occidental ahora ya en decadencia (liderado por el Eje Anglosajón-sionista y seguido por sus otros anglosajones subalternos, así como por Europa y Japón) es fracturar el Frente Multipolar, a cualquier precio. Esta es la razón profunda de todos los movimientos geopolíticos de los USA bajo dirección de Trump.

La facción continentalista-productivista asociada a Trump, hoy al frente, ha decidido que es imposible ganar la IV Guerra Mundial contra el Frente Multipolar y el Eje de la Resistencia Antisionista simultáneamente. Por ello debe romper la alianza entre la Federación Rusa y la República Popular China como sea, para destruir Irán y el Eje de la Resistencia en un primer momento, luego derrotar a China desde varios frentes, comenzando por el de Taiwan y los mares adyacentes, para más tarde lanzar una nueva operación Barbarroja 2.0 contra Rusia. Puede cambiar el orden de los dos pasos finales, pero el primero pasa por la eliminación de Irán como sujeto antagónico, dejando al Frente Multipolar seriamente afectado (el Imperio busca siempre el presumible punto más débil donde atacar de inicio). La destrucción de Siria (última formación socioestatal árabe seglar de la región, heredera del panarabismo) y su ‘yihadización’, así como la directa invasión militar de lo que queda de Palestina no ocupada, más la nueva gran agresión al Líbano, son, a su vez, pasos necesarios en ese camino y un duro golpe al Eje de la Resistencia (Irán acaba de rechazar las tramposas negociaciones que le propone EE.UU., que ha amenazado a la República Islámica con la guerra; Hezbollah está en una muy delicada posición en un Líbano al borde de otra guerra civil, y Palestina enfrenta el pleno genocidio con un ultimátum de Trump para Gaza y el proyecto de un nuevo canal desde el Mar Rojo, bajo control sionista, con deportación del pueblo palestino incluida). No obstante, el Eje de la Resistencia ha demostrado su capacidad de resistir y rehacerse desde abajo en numerosas ocasiones (los ideólogos del Sistema hablarían de “resiliencia”, ese término que tanto utilizan hoy para que aguantemos al máximo lo que nos echen).

24.- Esta es la razón del cambio de postura estadounidense con respecto a Ucrania. Busca ganar tiempo para su rearme e infiltración de tropas, mientras intenta atraer a Rusia para que abandone su alianza con China e Irán. De paso lanza a Europa de ariete, obligada a comprar armamento estadounidense, abocándola a la irrelevancia mundial si no directamente al suicidio.

Por su parte, EE.UU. está preparando la fortaleza-continente en América y el Ártico, a la vez que planea “limpiar de enemigos internos” el continente, con la definitiva subyugación de Cuba y el destrozo de los procesos de Venezuela y Nicaragua, para las que contempla incluso la invasión como opción “concluyente”.

Mientras, China se prepara también para la guerra.

La Guerra Total de un Sistema en decadencia adquiere, entonces, dimensiones cada vez más planetarias, más escalofriantes (económicas, político-ideológicas, mediáticas, biológicas-bacteriológicas, cibernéticas, cognitivas, estrictamente militares y paramilitares, médicas, genómicas, satelitales, químicas, atómicas…).

Frente a ella, es más perentorio cada vez alzar la tradición de Paz con Dignidad y Justicia del Movimiento Comunista de la Humanidad. De fraternidad entre los pueblos.

25.- Los próximos meses nos indicarán la evolución de las luchas de clase al nivel mundial. La cuestión ahora ya no es sólo si el Imperio Occidental se desmorona, sino si con él puede caer también el Sistema Mundial capitalista al que engendró y mantuvo durante cinco siglos, causando esclavitud, miseria, hambre, exterminio-genocidio, padecimientos sin nombre, cientos de millones de migraciones forzadas, guerras, desposesión de buena parte de la humanidad y esquilmación de sus recursos en el conjunto de él.

De todas las luchas del mundo y de su correcta estrategia depende que esta coyuntura histórica que sólo se da cada mucho tiempo pueda abrir las puertas a que fluya impetuoso de nuevo el Movimiento Comunista de la humanidad. Su necesaria Revolución Socialista.

Fuente: Observatorio de la crisis

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