viernes, 14 de febrero de 2025

ATAQUE A LA CENTRAL NUCLEAR DE CHERNOBIL.OFENSIVA EN DIRECCIÓN KONSTANTI...

España: el teatro bajo la tutela del régimen

 

Este año hará cien que nació Manuel Sacristán, probablemente el pensador de izquierda más importante e influyente nacido en España. A lo largo del año aparecerán aquí, con la ayuda de Salvador López Arnal, algunos textos suyos para celebrar tal efeméride.

TOPOEXPRESS

España: el teatro bajo la tutela del régimen


Manuel Sacristán

El Viejo Topo

14 febrero, 2025 



Artículo sobre la situación del teatro en la posguerra española publicado en la revista alemana Dokumente. Zeitschrift im Dienst übernationaler Zusammenarbeit, Agosto 1954, pp. 319-323, con el título: “Spanien:Bühne unter den Fittichen des Regimes [España: El teatro bajo la tutela del Régimen]”. Firmado como ‘Juan Manuel Mauri’, un pseudónimo que Sacristán había usado anteriormente en textos escritos al alimón con su amigo Juan Carlos García Borrón.

En carta de 14 de agosto de 1954, H. Ostertag, responsable de la editorial Herder de Barcelona, agradecía su colaboración en los siguientes términos:

“Muy señor mío: Me es muy grato enviarle dos ejemplares del número 4 de Dokumente (mes de agosto) que contiene su artículo sobre el teatro español. Al hacer la traducción he introducido muy pocos cambios y puedo decirle que su artículo ha encontrado gran interés en la Redacción de la revista y seguramente lo encontrará también entre sus lectores. En cuanto a los honorarios, quedamos tal como habíamos dicho; es decir, que he depositado en Alemania la cantidad de 50 (cincuenta) marcos -unas 500 pesetas- a disposición de Vd. para invertirla en la compra de los libros que desee. En cuanto me indique los títulos, yo me preocuparé de que lleguen a sus manos. Le reitero mi agradecimiento por su colaboración y me ofrezco de Vd. afmo. amigo y s. s.”

La traducción castellana de la edición alemana (no se ha podido localizar el texto original, que no se encuentra entre la documentación depositada en BFEEUB) es de Marisol Sacristán y Alejandro Pérez. Vera Sacristán Adinolfi fue quien encontró este artículo largamente buscado.

 


 

Quien hoy desea escribir abiertamente sobre el teatro español moderno tiene que contar con que va a exponerse al fuego cruzado de una discusión encarnizada y va a ser víctima de duros ataques. Ya poco después de la guerra civil empezaron las disputas sobre el teatro en tono sorprendentemente mordaz. Expresiones como “la crisis del teatro español” o “el triste final de nuestra tradición teatral” forman parte del vocabulario cotidiano de todos aquellos que quieren defender la herencia de Calderón o Lope. Unos consideran que desde 1939 no ha habido en España ningún autor dramático de importancia, y que con ayuda estatal habría que empezar a descubrir nuevos talentos. Otros atacan la sociedad española actual o el régimen imperante, a los que acusan de obstruir el desarrollo de los verdaderamente capaces. Todo aquel que en esta confusa situación quiere emitir un juicio medianamente objetivo va a parar -lo quiera o no- a uno u otro de los bandos enfrentados.

LOS VIEJOS AUTORES

El año 1939 transcurrió sin que en España destacara un nuevo autor teatral de categoría. Los “viejos” dominaban aún el teatro, por lo menos en tanto que la guerra civil los hubiera sorprendido en la zona gobernada por Franco y siempre y cuando se les considerara leales políticamente. Una excepción en el aspecto político fue la constituida por Jacinto Benavente, Premio Nobel fallecido hace poco [1], el cual durante la lucha vivió en la zona roja y escribió para quienes dominaban en ella piezas filocomunistas. Ello no le impidió, sin embargo, ofrecer para su representación tras la victoria de Franco la comedia Aves y pájaros, una especie de drama reconciliador que permitió al escritor recuperar, también dentro del nuevo régimen, su especial posición entre los dramaturgos vivos. El hecho de que -mirándolo bien- la pieza fuera claramente mala se atribuyó entonces a las condiciones bajo las cuales había nacido. Hoy sabe todo el mundo que Aves y pájaros representa el primer síntoma claro del declive irrefrenable de un gran talento dramático. También las siguientes obras teatrales de Benavente -incluso la pieza Y amargaba, que tuvo gran éxito- no son más que etapas de ese declive.

También Federico García Lorca, prematuramente arrebatado a su pueblo en 1936 por su trágica muerte, figura entre los “viejos”. Y eso no sólo por sus datos biográficos, sino también por el estilo de sus obras, tanto por el “ruralismo” de sus primeros años como, al final, por el puritanismo que aparece en la severa forma de sus piezas tardías. Su último drama, La casa de Bernarda Alba -nunca representada en España, y hasta 1952, en que se publicó como libro [2], no dada a conocer al público- es un ejemplo impresionante del más puro arte dramático, elaborado según normas formales que hoy nos parecen exageradamente severas. La influencia de García Lorca sobre los jóvenes dramaturgos españoles se ejerce en diversas maneras. Los autores de provincias y -en la medida en que permanecen fieles a las normas tradicionales- también los de la capital asumen el aliento cálido de su drama popular Yerma y sobre todo de Bodas de sangre. Pero la generación joven, que se propone ser moderna, sigue más bien la estilización severa de personas y motivos que puede encontrarse en La casa de Bernarda Alba.

Alejandro Casona, que emigró en 1939 a Sudamérica, no puede ser considerado bajo ningún concepto como de la generación de los “viejos”. Aún se espera de él alguna novedad creativa, a pesar de que su última pieza dada a conocer en España, Los árboles mueren de pie [3], queda muy por debajo de las obras escritas antes de la guerra civil. Es cierto que este drama muestra de nuevo a Casona como un técnico extraordinariamente hábil, pero ni por la forma ni por el contenido cabe esperar de él una influencia duradera sobre la generación joven de autores.

Hace tres años murió Eduardo Marquina, junto a Benavente el único dramaturgo entre los “viejos” al que la guerra civil no obligó a emigrar (como a Casona) ni tampoco, como a García Lorca o a Pedro Muñoz Seca, le llevó a la muerte. Marquina permaneció fiel a su cuidado teatro histórico-poético modernista, y aún después de 1939 estrenó dos piezas: La Santa Hermandad y El estudiante endiablado. No tuvieron más que un escaso éxito de crítica.

Los restantes “supervivientes” de esta generación de los “viejos” están hoy prácticamente olvidados. Junto a las insípidas comedias recientes del antes furiosamente aplaudido Carlos Arniches o del en su tiempo muy popular Antonio Paso -las peores comedias que se han representado en España, triste degradación de la rica tradición del país- están el necio teatro de un Torrado o el pseudoarte monumental de un Pemán.

El presidente de la Academia de la Lengua, José María Pemán, es hoy el principal protagonista de la vida literaria oficial de España. Poeta sin demasiada sensibilidad poética y hábil escritor sin talento creativo, ocupa esta importante posición gracias sobre todo a su probada postura católico-conservadora en las controversias político-culturales. En el terreno dramático, se ha presentado últimamente con unas adaptaciones de las grandes tragedias griegas, cuidadosamente trabajadas lingüísticamente, pero pobres desde el punto de vista teatral. La crítica oficial ha acogido con entusiasmo este tipo de “sucedáneo de teatro” para la alta burguesía, como muestra meritoria de “cristianización” de las obras paganas de la Antigüedad.

Aún en este contexto merece mención especial el novelista y dramaturgo humorístico- satírico Enrique Jardiel Poncela, muerto en 1952. Sus piezas no siempre son un modelo de perfección formal, pero por su filosofía de la vida están llenas de ingeniosa ironía, son originales, están concebidas de forma muy personal y señalan nuevas vías. Entre los “viejos” Jardiel Poncela podría ser uno de los pocos que por lo menos desde el punto de vista literario pudiera decir algo a la generación más joven de dramaturgos españoles.

LA DECEPCIONADA GENERACIÓN INTERMEDIA

Todavía en 1943 uno de los más conocidos críticos del país, Rodríguez de Castellanis, contaba a autores como Calvo Sotelo, Ruiz de la Fuente o Buero Vallejo entre los modernos autores de teatro. Hoy tal clasificación apenas se justifica, ya que por todas partes empiezan a moverse fuerzas más jóvenes. En todo caso, podría designarse a los citados dramaturgos -entre los cuales habría que contar también a López Rubio, Juan Ignacio Luca de Tena y sobre todo Miguel Mihura- como de la “generación intermedia”, como grupo de elementos mediadores entre “viejos” y “jóvenes”. Todos tienen entre cuarenta y cincuenta años, han vivido la guerra civil a menudo en las primeras filas, a su regreso se han sentido con frecuencia injustamente ignorados y marginados, y hoy se aferran a la resignación de los desilusionados. Sólo pocas obras de esos autores llegaron a representarse, casi todas sin éxito notable y sin causar impresión en el público. Podrían mencionarse Celos del aire, de López Rubio, hábil y vivaz en la forma, pero sin fondo temático; El cóndor sin alas, de Ignacio Luca de Tena, una pieza tendenciosa que minimiza los trágicos sucesos de la guerra civil y que ha sido muy alabada por la crítica oficial; Cuando llegue la noche, de Joaquín Calvo Sotelo, y El gran minué, de Víctor Ruiz Iriarte, ambas de fina sensibilidad lingüística y hechas con un buen olfato dramático.

Sólo dos representantes de esta generación intermedia, Miguel Mihura y Antonio Buero Vallejo, produjeron obras que servirían más tarde de estímulo y modelo a los “jóvenes”. Miguel Mihura, el escritor humorista más importante de España después de la guerra civil, demostró ser con su obra Tres sombreros de copa un maestro de la comedia satírica. La pieza se encara despiadadamente con el sentimentalismo romántico y la moral farisaica de la pequeña burguesía de las ciudades españolas; conocida durante muchos años únicamente por un pequeño círculo en torno al autor, no ha podido representarse en público hasta hace poco y ha obtenido un gran éxito.

Con sus dos obras, Historia de una escalera y En la ardiente oscuridad, es Buero Vallejo el verdadero y único innovador del teatro español de estos últimos años. La primera, una obra de teatro social con fuertes efectos dramáticos, brillante escenificación y argumento acentuadamente sencillo, se concentra en la construcción psicológica de los personajes, que consigue ejemplarmente. Más profundidad de ideas ofrece la segunda obra de Buero, aunque desde el punto de vista teatral se halle muy por debajo de Historia de una escalera. En la ardiente oscuridad es la historia de unos jóvenes ciegos que crecen en un asilo. Los directores de la institución consideran que su principal deber es despertar en sus pupilos el optimismo y la alegría de vivir.

Procuran desembarazarse de todo lo que pudiera ser desagradable. Prohíben así a sus jóvenes toda conversación sobre los aspectos desagradables de la vida, sobre el crimen, la enfermedad y la muerte, y prohíben también bajo castigo pronunciar determinadas palabras, como por ejemplo “ceguera”. Uno de los jóvenes que viven en el asilo, Ignacio, es demasiado sutil y firme de carácter para tomar parte en ese autoengaño decretado con la mejor intención. Llama a la resistencia contra las órdenes de la dirección y lucha por el reconocimiento de la desgracia en el mundo, desgracia que él considera que es la verdad de la vida. Su lucha infructuosa desemboca en un final trágico. Más tarde se hablará de la reacción en parte bastante significativa del público y de la prensa ante esta obra, llena de analogías con la situación política de España.

LOS JÓVENES LO TIENEN DIFÍCIL

Los jurados de los principales premios de teatro españoles –Premio Calderón de la Barca y Premio Ciudad de Barcelona– tuvieron que examinar obras de más de noventa autores jóvenes. Apenas la mitad de estos jóvenes dramaturgos es mayor de treinta años; los menos llegarán a saber cómo se juzgó su pieza, y desde luego no podrán contar con que se represente o se publique. Para conocer esas obras habría que asistir a las lecturas que aquí y allá tienen lugar en los círculos de amigos de los jóvenes escritores, o bien habría que lograr ser admitido como asesor en uno de los citados jurados. Ambos caminos son fatigosos y además difícilmente pueden conducir a la finalidad perseguida, que es la de formarse una opinión objetiva.

Por lo demás, muchos de esos autores figuran entre los “jóvenes” sólo por su edad, no por el estilo de sus obras. En todo caso es notable que numerosos dramaturgos jóvenes de provincias se presentaran a los premios convocados aún completamente a la sombra de García Lorca o incluso de los hermanos Álvarez Quintero. Pero mucho más numeroso es un grupo de autores de vanguardia que con sus obras quieren renovar a fondo el teatro de su país. Se han desligado definitivamente de García Lorca y su ruralismo y rechazan vigorosamente tanto la anticuada comedia social al estilo de Benavente cuanto las piezas insípidas, rutineras y tendenciosas de la mayoría de los representantes de la “generación inmediata”. Buscan sus modelos entre los dramaturgos contemporáneos europeos y americanos.

En este último grupo se encuentra hoy la gran esperanza del nuevo teatro español: Alfonso Sastre, de menos de treinta años de edad, cuya obra más reciente, Escuadra hacia la muerte, fue estrenada en 1950 por el Teatro Popular Universitario de Madrid. Aún antes de que este brillante grupo pudiera comenzar su gira por provincias ya programada, la censura estatal prohibió todas las demás representaciones de la pieza. Como además se ha prohibido no sólo el estreno de sus obras anteriores, sino también su publicación, el nombre del autor apenas es conocido más allá de los reducidos círculos universitarios madrileños. Este joven escritor de gran talento, que ha fundado en Madrid el club de teatro “La vaca flaca”, sigue siendo uno de los autores más prometedores de su generación.

Escuadra hacia la muerte, una pieza de aguda crítica contemporánea, alcanzó en sus pocas representaciones ante un público en su mayor parte de estudiantes y críticos jóvenes un éxito resonante.

EL PÚBLICO

Una mirada a las salas de los teatros españoles, a la composición sociológica del público teatral, puede contribuir a redondear el panorama que aquí se esboza. Hay que constatar en primer lugar un hecho importante: el obrero español ha dejado de ir al teatro. Los toros, el fútbol o el cine han suplantado en su horizonte el teatro, a pesar de que los precios de las entradas son comparativamente mucho más altos. El movimiento de un teatro popular, creado por García Lorca a finales de los años veinte para hacer llegar el teatro a la población de provincias por medio de teatros ambulantes, fue poco duradero y hoy está prácticamente olvidado. Así es que hoy en día en las ciudades queda como masa que va el teatro -junto a unos pocos representantes snobs de “la sociedad”- únicamente la pequeña burguesía, la cual, sin capacidad crítica propia, en general hace suya por completo la opinión de los críticos de la prensa. Quizá una excepción la constituyen aquí y allá quienes frecuentan los “Teatros de cámara” [4], pequeños teatros privados que tienen que luchar con grandes dificultades económicas y también a menudo se ven limitados en su libre programación. Los más activos de estos teatros, el teatro del sindicato universitario de Madrid y el teatro de cámara de Barcelona, han estrenado junto a numerosas obras de autores extranjeros -O’Neill, Sartre, Thornton Wilder, Tennessee Williams, Arthur Miller- también, aunque más raramente, piezas poco representadas de autores clásicos y de escritores jóvenes españoles. Su público, insignificante en número y proporción respecto del restante público de teatro, tiene casi siempre un alto nivel intelectual, tiene capacidad de entusiasmo sin ser con ello snob, y también ayuda económicamente en forma discreta.

Los restantes teatros españoles apenas se atreven a intentar presentar a sus espectadores el teatro moderno de otros países. Los teatros estatales y municipales consideran en general cumplida su misión educadora con representaciones de los clásicos, sin duda loables, pero muy poco frecuentes.

BAJO NIVEL DE CRÍTICA

Con razón una y otra vez se hace responsables a los críticos de teatro de los diarios españoles de la pereza mental y la falta de capacidad crítica de los espectadores, que cada vez está más extendida. Pero no es justo buscar la causa de ello sólo en la tutela estatal de la prensa. El bajo nivel de la crítica periodística hay que atribuirlo en su mayor parte a la persona misma de los críticos, periodistas de segunda o tercera clase que, sobrecargados de trabajo, tienen que despachar “de paso”, entre la información sobre cine, toros y fútbol, también el teatro, y que a menudo por falta de cualificación especial o por miedo de traicionar la línea política cometen errores grotescos de juicio. Así pudo leerse hace poco en un periódico de provincias sobre O’Neill que era un “masón degenerado” y sobre Thornton Wilder que era un “bolchevique cultural y neurótico”. En otro diario un crítico calificaba la ingeniosa composición de Sartre Sociedad privada de “porquería a carretadas”. Como estos “observadores del arte” a menudo ni siquiera conocen la rica tradición teatral española, son incapaces de juzgar correctamente el valor o la falta de valor de todos los intentos de innovación dramática que de tiempo en tiempo llegan a estrenarse con mucho ruido -y que en general no representan más que una explotación estéril de temas y motivos clásicos acreditados. Nadie discutirá que una crítica que trabaja de forma tan irresponsable es la principal culpable de que hoy el espectador de teatro rechace de antemano cualquier otra que no le prometa de entrada un entretenimiento ligero, atontamiento o distracción, teniendo siempre preparada para sí la excusa fácil de que “demasiado se ha sufrido” y de que se va al teatro a distraerse. La burguesía española va viviendo hoy en, por decirlo así, una voluntaria ignorancia de los principales problemas contemporáneos, incluso una y otra vez se tropieza uno con defensores enérgicos de esta forma de vida quietista, por ejemplo, cuando un autor de teatro se atreve a atacarla. Así ocurrió durante el estreno barcelonés de la ya citada obra de Buero Vallejo En la ardiente oscuridad, lo que llevó a un escándalo teatral muy notable. Durante la representación los ciegos acogidos en un asilo municipal empezaron a protestar estrepitosamente con gritos como “ateos”, “estafadores”, “bolcheviques”, e impidieron que el personaje de Ignacio siguiera hablando.

En la prensa española se lee mucho sobre la crisis económica e intelectual del teatro español. Las opiniones sobre las causas de esta crisis son a menudo muy dispares, sin atreverse los autores de tales artículos a hacer responsable de gran parte de las dificultades a la censura estatal, con su silenciamiento sistemático de los autores jóvenes. El autor del presente artículo no puede detenerse aquí en las causas económicas o sociológicas de que el teatro sea hoy un mal negocio. Pero cabe saber por qué existen sólo pocos autores españoles de categoría y por qué apenas se estrenan nuevas obras. Tres factores principalmente son responsables de ello: la censura, el gusto deteriorado del público teatral a causa de la crítica de baja calidad y, por último, el comportamiento de los empresarios teatrales, que sacan sus consecuencias de todo ello y ya sólo estrenan lo que promete de antemano cajas llenas. Sólo un genio capaz de combinar armoniosamente el impulso creador con el cálculo sensato de todas las posibilidades económicas podría conseguir volver a elevar a su grandeza de antaño el teatro, hundido en el polvo, de los Lope, Calderón o García Lorca.

 

Notas de edición.

 

1) 14 de julio de 1954, Premio Nobel de Literatura en 1922.

2) Editorial Losada. La segunda representación de la obra en 1964 fue dirigida por Juan Antonio Bardem. Julieta Serrano fue una de las actrices.

3) En “Un mes de Barcelona”, Laye 12, marzo de 1951, pp. 58-59, comentaba Sacristán: “Pero recorramos el sumario de esta nonnata causa por injurias o calumnias: Con motivo de la lectura en la Universidad de la última obra de Alejandro Casona –Los árboles mueren de pie– se produce, primero, una reacción insultante contra este señor, autor (a juzgar por el tenor de los ataques) de crímenes nefandos y sin cuento. En esto no entra el cronista. Sale. Pero de inmediato casi, la ofensiva, se enriquece con hermosos epítetos aplicados ya, sin distinción alguna, a los llamados Teatros de Cámara… El Barcelonés Ingenuo quedó aterrorizado. “¿Qué clase de monstruos serán esos hombres de los teatros de cámara?”. Y el Barcelonés Ingenuo pensó que no tenía más remedio que cerciorarse por sí mismo de aquellas aberraciones, para que, conociendo el mal, pudiera preservarse de la tentación. Y empezó por el principio. Vamos a ver, se dijo, las herejías nefandas que contienen la asquerosa podredumbre putrefacta en tres actos Los árboles mueren de pie, del conocido salteador de caminos Alejandro Casona. Leyó la obra. Y anotó en un cuadernillo que se compró exclusivamente para el asunto: “Los árboles mueren de pie”: obra en la que se sostiene la tesis de que nadie en la vida puede eludir el trago de las tristezas que desuellan la garganta. Es muestra de buen corazón engañar a alguien piadosamente, ocultándole su desgracia. Pero ese engaño no llega nunca a surtir efecto y los hombres, como los árboles, tienen que morir de pie, cara a cara con la inestabilidad del bien en la vida. La obra es teatralmente muy buena y muy fina literariamente”.

4) También en “Un mes de Barcelona (marzo de 1951)”, Laye 12, p. 61, comentaba críticamente Sacristán: “Querido Barcelonés Ingenuo: Usted no lo entiende, ¿verdad?. Usted no entiende que se insulte a unos hombres, por hacernos ver maravillas como La piel de nuestros dientes (Teatro de Cámara), piezas tan exquisitas como Mi corazón está en las montañas (Teatro Yorick), tan fundamentales para nosotros como La dama boba (T.E.U.), tan sabia y finalmente teatrales como El fuego mal avivado (Teatro Club). No entiende que se odie -no se puede insultar tan acremente sin odiar, porque Cristo ha supuesto que el que llama raca a su prójimo le odia- a quienes nos muestran lo que el teatro de verdad es hoy por el mundo, mientras cualquier revista en que lo inmoral se suma a lo antiestético y a lo oligofrénico permanece en cartel sin que nadie se meta con ella, realizando concienzudamente su doble trabajo de demolición del sentido estético y del sentido moral. Usted no entiende que se prohíba la representación de la Ardèle de Anouilh y que se permita a los efebos de los cabarets engañar a los extranjeros sobre lo que es el espíritu del pueblo español. ¿Verdad que no lo entiende usted? Pues yo tampoco, querido… Aunque, ahora que pienso…. ¿Ha oído usted hablar de los fariseos?”

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UCRANIA EN GUERRA: EUROPA ENTRA EN PÁNICO. ZELENSKY RECIBE SU SENTENCIA....

USAID, más que una agencia humanitaria

 

 

USAID, más que una agencia humanitaria

 

Por Alejandro Marcó del Pont

Rebelion

14/02/2025 



Fuentes: El tábano economista

Cuando leas sobre una revolución de colores, pregúntate a quien beneficia

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) siempre ha sido presentada como una entidad de ayuda humanitaria y desarrollo. Sin embargo, en la práctica, ha sido utilizada como una herramienta de influencia política y geoestratégica de EE.UU. Este hecho no es nuevo, pero recientemente ha cobrado mayor visibilidad gracias a figuras como Elon Musk y Donald Trump, quienes han acusado abiertamente a la agencia de ser una organización «criminal» «dirigida por un grupo de lunáticos radicales«.

Más allá de estas declaraciones, lo cierto es que USAID ha jugado un papel clave en la política exterior estadounidense, financiando movimientos opositores, desestabilizando gobiernos y facilitando golpes de Estado bajo la justificación de la «promoción de la democracia».Desde su creación en 1961, USAID ha operado en estrecha colaboración con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Han trabajado juntas durante décadas para infiltrar gobiernos, canalizar fondos a grupos opositores y manipular la opinión pública a favor de los intereses de EE.UU. Al final del articulo hay una tabla resumen de los casos documentados de intervención de USAID y la CIA.

Entre las estrategias más utilizadas por USAID se encuentran el financiamiento encubierto canaliza dinero a través de ONG para influir en la política interna de distintos países. Apoyo a la propaganda y desinformación subsidiando medios de comunicación alineados con los intereses de EE.UU. Capacitando y financiando grupos opositores, apoya sindicatos, movimientos estudiantiles y partidos políticos afines.

El caso de Georgia es un ejemplo reciente de esta dinámica. La intervención de USAID en la financiación de movilizaciones y medios de comunicación llevó al gobierno georgiano a aprobar una ley que clasifica como “agentes extranjeros a las ONG y los medios de comunicación» que reciben más del 20 % de su financiación del exterior.

Como era de esperar la redición de cuentas es uno de los puntos débiles de la agencia, por razones obvias. El año fiscal 2023, que es el más reciente para el que se dispone de datos prácticamente completos, el gobierno estadounidense desembolsó 71.900 millones de dólares en ayuda exterior, según ForeignAssistance.gov. Eso se compara con los casi 74.000 millones de dólares gastados en el año fiscal 2022. Estas cifras (y otras de ForeignAssistance.gov) no incluyen la mayoría de las ventas de armas ni las transferencias de equipo militar a países extranjeros.

Ucrania fue el mayor receptor de ayuda estadounidense en el año fiscal 2023, al recibir 16.600 millones de dólares para ayudarla en defensa y para mantener en funcionamiento su gobierno y su sociedad. Israel, que suele ser uno de los principales receptores de ayuda, recibió la segunda mayor ayuda con 3.300 millones de dólares en ayuda militar en el año fiscal 2023, un nivel similar al de los años anteriores y en ambos casos fue ayuda militar.

Uno de los ejemplos recientes del doble juego de USAID es su rol y su exposición mediática fue en la guerra de Ucrania y el mercado global de granos. Desde el inicio del conflicto en 2022, USAID ha promovido la exportación de granos ucranianos como una solución a la crisis alimentaria mundial, especialmente en África y Medio Oriente.

A través de programas como la Iniciativa del Corredor de Granos del Mar Negro, la agencia ha trabajado con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la ONU para adquirir y distribuir cereales. En 2023, USAID anunció la compra de 150.000 toneladas de trigo ucraniano para países como Sudán, Somalia y Etiopía. Sin embargo, gran parte de estos granos nunca llegó en las cantidades esperadas a estos países, lo que generó dudas sobre su verdadero destino.

Los datos muestran que la mayoría de las exportaciones ucranianas terminaron en Europa, no en África. Según informes de la ONU y la UE, los principales compradores del grano ucraniano en 2022-2023 fueron España, Italia, los Países Bajos y Alemania, donde se utilizaron principalmente para la producción de alimento animal.

¿Cómo funciona el negocio? El mecanismo detrás de estas operaciones es relativamente simple. USAID financia al Programa Mundial de Alimentos (PMA) con dinero etiquetado para la compra de granos. El PMA compra los granos a traders internacionales, que los obtienen de productores ucranianos.

Los beneficiados reales son los supuestos productores ucranianos que reciben apoyo financiero y logístico para exportar en tiempos de guerra. Los Traders internacionales (Cargill, Louis Dreyfus, ADM, Bunge) que manejan las exportaciones y actúan como intermediarios y Europa que aprovechó precios más bajos y acceso rápido a los cereales.

En otras palabras, lo que se presentó como un esfuerzo humanitario de USAID para paliar el hambre en África resultó ser un movimiento geopolítico y comercial diseñado para sostener la economía ucraniana, beneficiar a grandes corporaciones y consolidar la influencia de EE.UU. en el comercio global de alimentos. Mientras tanto, la crisis alimentaria en África persistió, demostrando que el verdadero objetivo no era alimentar a los hambrientos, sino controlar mercados y recursos estratégicos.

El caso de USAID demuestra que la «ayuda humanitaria» puede ser una fachada para intereses políticos y económicos. A lo largo de su historia, la agencia ha operado como una extensión de la política exterior estadounidense, utilizando fondos públicos para moldear gobiernos y economías según los intereses de Washington.

Lo interesante del desenlace de esta agencia, es que, algunos se enteraron que una entidad presentada como de ayuda humanitaria y desarrollo servía para derrocar gobiernos. Lo mas cómico, es que los actuales sociópatas en ejercicio acusan a los anteriores psicópatas de ejecutar, las actividades para lo que la agencia fue creada. Esto cambiará, seguramente de nombre, no de objetivos. 

Casos documentados de intervención de USAID y la CIA


Fuente: El Tábano Economista en base a datos oficiales

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/02/13/usaid-mas-que-una-agencia-humanitaria/

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jueves, 13 de febrero de 2025

PÁNICO EN UCRANIA. CATÁSTROFE EN KIEV. INTELIGENCIA RUSA ADVIERTE. EEUU ...

El mundo ya quiere la paz: Trump, Putin y Zelensky empiezan un día histó...

EEUU: el perverso arte de saber cómo subordinar a la Unión Europea

 

EEUU: el perverso arte de saber cómo subordinar a la Unión Europea

 

 

DIARIO OCTUBRE febrero 13, 2025

 

Final del formulario

Artículo incluido en el nº 3 de la revista Dualéctica de próxima aparición e impulsada por militantes de Red Roja.

 


Frecuentemente se suele decir que Alemania y la UE se están “pegando un tiro en el pie” de modo suicida con su actitud en Ucrania. Detrás de esta afirmación hay mucho de no entender lo que está sucediendo realmente. Previamente, para empezar, es necesario explicar la -como diría Brecht- “resistible ascensión” de Trump. Y es que, efectivamente, solo un payaso, solo una caricatura podía ascender y acumular tal poder en el presente contexto, pues la potencia de EE. UU. es ya en gran medida caricaturesca para la Historia y no responde a una realidad material. Trump es un hombre de mentira que se corresponde con una potencia hegemónica que también lo es.

EE. UU. no se sostiene, pues es tal el endeudamiento y la pérdida de base material de sus “fundamentos” (como les gusta decir a los economistas), que la vieja potencia está perdiendo preponderancia en África, Latinoamérica, Irán… y se está viendo superada por China. En este contexto, para ganarse a una clase obrera, en buena parte, blanca y “aristocrática”, que ve degradarse sus condiciones, necesitaba difundir el bulo de que expulsaría a los inmigrantes. ¿Quién puede creerse esto, cuando el sistema no necesita expulsarlos, sino mantenerlos en la marginalidad y sin derechos? Con todo, para cumplir con sus votantes, Trump ha ejecutado una parte mínima de su promesa (aun así, no expulsa muchos más inmigrantes que Biden u Obama). Por supuesto, de llevarse a la práctica, los resultados de esa política serían contraproducentes: los campos se quedarían sin trabajar. ¿Cuánto tiempo duraría Trump en la presidencia si realmente expulsara a los inmigrantes?

Algo más palpable será su política de amenazas con aranceles: la última salida de un país que ya no se sostiene más a través de su deuda y que, paradójicamente, tiene que atacar a su propia población atacando, aparentemente, al extranjero. ¿Y cómo? Haciendo que los productos importados sean caros y el pueblo no los pueda comprar y, si los compra, que financie a una Administración estatal que hace aguas. Efectivamente, ¿y si por la vía de los aranceles se buscara también en realidad una enorme imposición fiscal? ¿Y si los EE. UU. estuvieran tan afectados por la pérdida de preponderancia de su parasitismo neocolonial que necesitaran ahora un parasitismo por vía arancelaria? Aun así, se trata de un plan que está lejos de salirles bien.

Por otro lado, estaría la UE, protestando porque los EE. UU. imponen aranceles incluso a sus teóricos “aliados”, situación que Bruselas no acepta, maquillando su pugna comercial incluso bajo la excusa de “combatir a la extrema derecha” de Trump. Una parte del movimiento comunista nunca supo ver las contradicciones entre la UE y los EE. UU. Por eso, ahora no entienden lo que sucede en Ucrania y se quedan en lo de que Alemania “se está pegando un tiro en el pie”. En realidad, Alemania y la UE llegan (una vez más) tarde. Si Estados Unidos es una potencia en decadencia, el imperialismo de la UE ha entrado en decadencia antes de nacer, pues se ha encontrado con China y Rusia (sus enemigos reales) ya demasiado fuertes. Como hemos advertido desde hace casi dos décadas, EE. UU. es una potencia que ya no se sostiene por carecer de base material; un anciano que no acaba de morir. Pero la UE nunca ha dejado de ser un feto que podía ser abortado. Y eso es precisamente lo que pretende EE. UU. de modo perverso: evitar que el niño imperialista de la UE (su posible rival dentro del mismo “Occidente colectivo”) llegue siquiera a nacer y pueda caminar sin su viejo protector de la Guerra Fría.

Digan lo que digan quienes van de socialdemócratas, bajo ningún concepto las tendencias imperialistas europeas son menores que las yanquis. Todos son explotadores de los pueblos, parasitarios y enemigos del socialismo. Pero (y ahí reside la clave de la perversidad estadounidense) la estrategia para destruir a China no es la misma para ambos polos imperialistas. Si, como hemos dicho, uno es una potencia hegemónica intentando no ser un cadáver y, el otro, un niño que todavía está por nacer, la línea de la UE era socavar a China y a Rusia imponiendo su tecnología, promoviendo “revoluciones de colores” como el Maidan o crisis como la de Yugoslavia… pero inicialmente no por la vía militar, para la cual los europeos no están aún preparados.

Ya en 2006 un artículo incluía la clave: si EE. UU. “no tienen base económica (ni ya suficiente liderazgo político ni diplomático) para prolongar aún más su hegemonía, sí que mantienen todavía suficiente distancia en el terreno militar”. Dicho artículo precisaba también que lo más perverso de esta situación histórica es que, de ese modo, pueden provocar que “el campo occidental los siga necesitando para apagar los incendios que ellos mismos, los EEUU, no dudan en atizar”[1]. En otro artículo, también de 2006, se afirmaba textualmente que Estados Unidos buscaba ahora provocar una “inestabilidad global del mundo en el sentido de crear fuegos cuyas brasas alcancen, como mínimo, a todo el Occidente, de forma que todo él requiera con premura un equipo de bomberos bien pertrechados –o sea, los mismos pirómanos estadounidenses– para apagar esos incendios”[2].

Los europeos no querían amistad con Rusia, querían relaciones comerciales y gas para desarrollar su propia economía de manera independiente a la norteamericana, creando su propio patio trasero en las ex repúblicas soviéticas. Pero su plan falló. La subordinación de la UE a los EE. UU. responde a la trampa de Biden: poner a Europa a la fuerza en contra de Rusia, y no a la manera europea (comercial), sino adelantando un enfrentamiento militar que Europa no quería todavía. Lo que pasa es que Europa quiere menos todavía una victoria de Rusia (o una victoria comercial de China), que sería la antesala de la derrota del capitalismo occidental en el mundo.

Si la UE se ha subordinado a los norteamericanos en la guerra de Ucrania y, además, ha aguantado que EE. UU. boicotee sus relaciones con Rusia e incluso el propio intercambio comercial (véase la voladura del Nord Stream 2), es sencillamente porque Estados Unidos se ha aprovechado de algo que comparte con la UE: los enemigos principales son Rusia y China. Esto es lo que explica la caída de Alemania: la celada norteamericana no le dejó más remedio que enfrentarse a Putin, pese a la necesidad objetiva de relaciones comerciales inmediatas con Rusia.

EE. UU. ha logrado, pues, romper el timing y la agenda de la UE; y es que, como hemos visto, a la UE y a Alemania no les interesaba un conflicto militar con Rusia. Pero hay algo que les interesaba aún menos: que el conflicto militar, una vez iniciado, lo ganaran Rusia y China. Esto explica que Alemania no se está “suicidando” generosamente a favor de los EEUU ni “pegando un tiro en el pie”. Simplemente, EE. UU. ha forzado la guerra y no le ha dejado a la UE más remedio que seguirle el juego. Un juego al que Europa ha llegado tarde y en el que, para colmo, está volviendo a perder.

[1] El día D y su gerundio, pág. 25. Disponible AQUÍ 

[2] Ibid, pág. 136

Fuente: redroja.net

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La radicalización hacia la ultraderecha: Un análisis de las causas detrás del fenómeno global

 


La radicalización hacia la ultraderecha: Un análisis de las causas detrás del fenómeno global


Publicado el 11 de febrero de 2025 / Por Debates /KAOSENLARED

 

En los últimos años, el mundo ha sido testigo de un preocupante aumento en la popularidad de movimientos y partidos políticos de ultraderecha. Desde Europa hasta América, pasando por Asia y Oceanía, la radicalización hacia ideologías extremistas ha ganado terreno en el discurso público, las urnas y las calles. Este fenómeno no es casual, sino el resultado de una combinación de factores económicos, sociales, culturales y políticos que han creado un caldo de cultivo propicio para el auge de estas tendencias. En este artículo, exploramos las razones detrás de esta radicalización y sus implicaciones para el futuro de la humanidad.

1. Crisis económicas y desigualdad creciente

Una de las principales causas del giro hacia la ultraderecha es la percepción de abandono y desesperanza económica entre amplios sectores de la población. La globalización, aunque ha generado riqueza, también ha exacerbado las desigualdades. Muchas comunidades, especialmente en zonas rurales o industriales, han visto cómo sus empleos desaparecen debido a la deslocalización de empresas y la automatización. Esto ha creado un sentimiento de frustración y resentimiento hacia las élites políticas y económicas, a quienes se acusa de priorizar los intereses de las grandes corporaciones y los inmigrantes sobre los de los ciudadanos locales.

La ultraderecha ha sabido capitalizar este malestar, prometiendo proteger los empleos nacionales, recuperar la soberanía económica y «devolver el país a sus ciudadanos». Sin embargo, sus soluciones suelen ser simplistas y basadas en el proteccionismo y el nacionalismo económico, lo que puede agravar los problemas a largo plazo.

2. Miedo a la globalización y pérdida de identidad cultural

La globalización no solo ha tenido impactos económicos, sino también culturales. Para muchas personas, la creciente interconexión del mundo ha significado una pérdida de identidad cultural y tradiciones locales. La inmigración, en particular, se ha convertido en un tema central en el discurso de la ultraderecha, que la presenta como una amenaza para la cohesión social y la identidad nacional.

Este miedo a lo «diferente» se ha visto exacerbado por los flujos migratorios masivos provocados por conflictos bélicos, crisis climáticas y desigualdades económicas. Los partidos de ultraderecha han explotado estos temores, promoviendo narrativas xenófobas y antiinmigrantes que culpan a los recién llegados de problemas como el desempleo, la delincuencia y la falta de recursos públicos.

3. Descontento con el sistema político tradicional

La desconfianza hacia las instituciones políticas tradicionales es otro factor clave en el auge de la ultraderecha. Muchos ciudadanos sienten que los partidos tradicionales, tanto de izquierda como de derecha, han fallado en abordar sus preocupaciones y han priorizado los intereses de las élites. Esta desconexión entre la clase política y la ciudadanía ha creado un vacío que los movimientos populistas de ultraderecha han sabido llenar.

Estos movimientos se presentan como una alternativa antiestablishment, prometiendo «limpiar» la política y devolver el poder al pueblo. Sin embargo, su retórica suele ser autoritaria y contraria a los principios democráticos, lo que representa un peligro para las instituciones y los derechos fundamentales.

4. El papel de las redes sociales y la desinformación

Las redes sociales han jugado un papel crucial en la radicalización de la sociedad. Plataformas como Facebook, Twitter y YouTube han permitido la difusión masiva de noticias falsas, teorías conspirativas y discursos de odio. Los algoritmos de estas plataformas tienden a favorecer contenidos polarizantes, ya que generan más interacción y engagement.

La ultraderecha ha aprovechado esta dinámica para difundir su mensaje y reclutar seguidores. Además, las redes sociales han permitido la creación de cámaras de eco, donde los usuarios solo están expuestos a ideas afines a las suyas, lo que refuerza sus creencias y dificulta el diálogo constructivo.

5. Crisis de valores y búsqueda de seguridad

En un mundo cada vez más complejo e incierto, muchas personas buscan respuestas simples y líderes fuertes que les brinden seguridad y certidumbre. La ultraderecha ofrece una visión maniquea del mundo, dividido entre «nosotros» y «ellos», y promete restaurar el orden y la estabilidad. Este mensaje resuena especialmente entre quienes se sienten amenazados por los cambios sociales, como el avance de los derechos LGBTQ+, el feminismo o la diversidad cultural.

Conclusión: Un desafío para la democracia

La radicalización hacia la ultraderecha es un fenómeno multifacético que responde a profundas tensiones económicas, sociales y culturales. Sin embargo, sus soluciones simplistas y excluyentes no solo no resuelven estos problemas, sino que pueden agravarlos y poner en peligro la convivencia democrática.

Para contrarrestar este fenómeno, es esencial abordar las causas subyacentes, como la desigualdad económica, la exclusión social y la desconfianza en las instituciones. Además, es crucial promover un discurso público basado en hechos, fomentar la educación crítica y fortalecer los valores democráticos. Solo así podremos evitar que la radicalización siga ganando terreno y construir un futuro más inclusivo y justo para todos.

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