La alianza entre Arabia
Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que en su día fue un frente unificado, se
está desmoronando. Lo que comenzó como una discreta divergencia se ha
convertido en un conflicto abierto en las fronteras más críticas de la región.
Riad contra Abu Dhabi
Fouad Ibrahim
El Viejo Topo
11 enero, 2026
RIAD CONTRA ABU
DHABI: LA RIVALIDAD MÁS ENCARNIZADA DEL GOLFO SALE A LA LUZ
Desde hace
tiempo existen diferencias entre
Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, pero no hasta el punto de llegar a
una crisis en toda regla. La cuestión ahora es si esta disputa se puede
resolver o si se intensificará, y hasta dónde están dispuestos a llegar Arabia
Saudí o los Emiratos Árabes Unidos en esta rivalidad.
La ruptura se
hizo evidente en diciembre de
2025, cuando Arabia Saudí exigió formalmente la retirada de las
fuerzas respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos de las provincias yemeníes
de Hadhramaut y
Al-Mahra. La exigencia, respaldada por ataques
aéreos saudíes contra milicias aliadas, marcó un mínimo sin
precedentes en las relaciones entre los dos Estados, que durante mucho tiempo
se consideraron la columna vertebral del Consejo de Cooperación del Golfo
(CCG).
Desde Yemen
hasta Sudán, Siria, Somalia y la cuenca del Mar Rojo, Riad y Abu Dhabi están
cada vez más enfrentados, respaldando a fuerzas rivales y buscando el dominio,
a menudo a expensas de la estabilidad regional.
Caminos
divergentes: cómo se rompió la alianza
Durante
décadas, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos trabajaron en estrecha
colaboración. Desde la formación del CCG en 1981, su enfoque común de la
seguridad regional y la integración económica ocultó diferencias más
importantes. Su alianza se intensificó tras las revueltas árabes de 2011, cuando
ambos Estados trataron de aplastar los movimientos de protesta y contrarrestar
a los Hermanos Musulmanes.
La guerra
liderada por Arabia Saudí contra Yemen en 2015 pareció sellar esta alianza. Los
EAU desempeñaron un papel militar importante en la campaña contra el Gobierno
con sede en Saná. Pero, bajo la superficie, los dos socios perseguían objetivos
muy diferentes.
Riad pretendía
derrotar a las fuerzas armadas alineadas con Ansarallah y reinstalar un
gobierno central dócil en Saná. Abu Dhabi se centró en apoderarse de
puertos, islas y
rutas marítimas, y en aumentar su influencia a través de representantes
locales.
Esta
divergencia salió a la luz cuando los EAU apoyaron al Consejo de Transición del
Sur (CTS), que busca dividir Yemen
mediante el restablecimiento de un Estado sureño, desafiando directamente la
insistencia saudí en la unidad yemení.
Los imperativos
estratégicos de Arabia Saudí
La postura
regional de Riad sigue basándose en la preservación del régimen y la contención
geopolítica. La preservación de la unidad territorial en Yemen es una
preocupación clave, ya que los gobernantes saudíes temen que el secesionismo
del sur pueda sentar un peligroso precedente para las regiones conflictivas
dentro del reino.
Esta inquietud
se ve agravada por el hecho de que partes de la frontera sur de Arabia Saudí,
como las provincias de Jizan, Asir y Najran, son históricamente
tierras yemeníes anexionadas en virtud del Tratado de Taif de
1934, un legado que sigue siendo delicado en los círculos nacionalistas de
Saná.
Contener a Irán
sigue siendo fundamental, ya que Riad considera a Ansarallah y al Gobierno de
Saná como representantes de Irán y está decidido a impedir que Teherán se
afiance en el flanco sur de Arabia Saudí. Por último, el reino sigue
proyectándose como una autoridad líder en el mundo musulmán suní, un estatus
que requiere resistir el auge de esferas de influencia rivales.
Las ambiciones
expansionistas de los EAU
Bajo el mandato
del presidente emiratí Mohammed bin Zayed (MbZ), los EAU se han vuelto mucho
más asertivos en su postura regional. La hegemonía marítima es el núcleo de su
estrategia. Con una profundidad territorial limitada, Abu Dhabi ha invertido
en puertos y
rutas marítimas desde el mar Rojo hasta el océano Índico, con
el objetivo de controlar los puntos críticos para el comercio mundial.
La lucha contra
el islam político es igualmente fundamental, ya que los dirigentes emiratíes
consideran a los Hermanos Musulmanes una amenaza existencial y han respaldado
sistemáticamente a los hombres fuertes y las milicias seculares para reprimir
los movimientos islámicos.
Paralelamente,
los EAU han emprendido una agresiva expansión económica, con entidades
vinculadas al Estado que adquieren infraestructuras y recursos estratégicos en
Asia occidental y África, lo que a menudo choca con los intereses saudíes.
Guerra por
poder desde Siria hasta el Cuerno de África
Esta rivalidad
se desarrolla ahora en varias zonas de conflicto. Durante el apogeo de la
guerra en Siria, Riad respaldó a los grupos extremistas suníes salafistas como
contrapeso a la influencia iraní. Los EAU tomaron un camino diferente. Fueron
de los primeros en reabrir su embajada en Damasco en 2018, con el objetivo de
rehabilitar el Gobierno del expresidente sirio Bashar
al-Assad.
Abu Dhabi
también cooperó con las fuerzas kurdas y trabajó para marginar a las facciones
islamistas, incluida Hayat Tahrir al-Sham (HTS), liderada por el actual
presidente sirio Ahmad al-Sharaa, que anteriormente se hacía llamar Abu
Mohammad al-Julani cuando era comandante de Al Qaeda.
En Sudán,
Riad apoya al general Abdel Fattah al-Burhan y a las Fuerzas Armadas sudanesas,
a quienes considera una fuerza estabilizadora y un socio para garantizar la
seguridad del corredor del Mar Rojo. Por el contrario, los Emiratos Árabes
Unidos han respaldado a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), a pesar de sus
atrocidades documentadas, impulsados por su hostilidad hacia las corrientes
islamistas y su deseo de controlar recursos clave.
En Somalia,
ambos Estados han creado esferas de influencia rivales. Abu Dhabi se ha
atrincherado en Somalilandia y Puntlandia, mientras que Riad ha reforzado sus
lazos con el Gobierno federal de Mogadiscio. Esta competencia se extiende a lo
largo del mar Rojo, donde los puertos y las islas se han convertido en activos
estratégicos de gran importancia.
Yemen: punto
álgido de la disputa del Golfo
Los ataques
aéreos saudíes del mes pasado contra las fuerzas respaldadas por los EAU en
Hadramaut y Al-Mahra supusieron una escalada dramática. Riad exigió la retirada
total del STC de las provincias. Al ser ignorada, los aviones saudíes atacaron
posiciones ocupadas por fuerzas que antes se consideraban aliadas.
Esta respuesta
revela la creciente alarma de Riad. El afianzamiento de los Emiratos y Israel en
el sur de Yemen y el Cuerno de
África supone ahora una amenaza directa para la seguridad
nacional y el acceso marítimo de Arabia Saudí. El reino también considera el
proyecto separatista del STC como un peligroso precedente que podría repercutir
dentro de sus propias fronteras.
Los ataques
indicaron que Arabia Saudí ya no toleraría la expansión descontrolada de los
Emiratos, incluso a costa de fracturar la unidad del CCG. Abu Dhabi, sin
embargo, ha apoyado a sus aliados, ofreciendo solo concesiones simbólicas, como
propuestas para el control conjunto de infraestructuras clave.
Una rivalidad
que se ha ido gestando durante años
Las medidas de
Abu Dhabi no pillaron por sorpresa a los funcionarios saudíes. El apoyo de los
Emiratos a los separatistas del sur era evidente en 2017 y se intensificó en
los años siguientes, especialmente después de que los EAU redujeran su
presencia militar y aumentaran su respaldo al STC.
Incluso en los
primeros años de la guerra de Yemen, las diferencias eran evidentes: Riad
defendía la unidad de Yemen y apoyaba al Gobierno en el exilio, mientras que
Abu Dhabi empoderaba a las milicias con agendas antiislamistas y separatistas.
La ruptura
pública refleja ahora la formalización de un conflicto que se gestaba desde
hacía tiempo. La retórica escalada en plataformas como X, incluida la de
figuras como Saud al-Qahtani, indica que los esfuerzos entre bastidores han
fracasado y que la brecha ya no es contenible.
Escalada saudí:
líneas rojas sin ruptura
A pesar del
aumento de las tensiones, sigue siendo poco probable que se produzca un
enfrentamiento militar directo entre las dos monarquías del Golfo Pérsico.
Arabia Saudí
está preparada para intensificar la escalada, pero lo hará mediante métodos
indirectos y negables. Se espera que Riad redoble su guerra política en Yemen,
apoye a las facciones del sur opuestas al STC, lleve a cabo ataques aéreos
limitados destinados a debilitar a las fuerzas alineadas con los EAU y aplique
presión económica y diplomática sobre los intereses emiratíes.
Los ataques con
misiles o la guerra abierta correrían el riesgo de colapsar la arquitectura de
seguridad colectiva del Golfo e invitarían a la intervención extranjera. Ambos
Estados están profundamente arraigados en las estructuras de seguridad
occidentales, lo que hace improbable que se produzcan tales resultados. En su
lugar, Arabia Saudí tratará de afirmar su dominio mediante medidas calibradas e
indirectas.
Remodelación de
la región
Las
consecuencias de esta ruptura ya se están dejando sentir en toda la región. Los
conflictos se prolongan, las crisis humanitarias empeoran y las instituciones
regionales se tambalean. El CCG, que en su día se promocionó como pilar de la
unidad del Golfo, está perdiendo cada vez más relevancia. Mientras tanto, Tel
Aviv ha aprovechado la oportunidad para ampliar su
presencia en los puntos estratégicos marítimos y las zonas
inestables.
Hay tres
posibles trayectorias. Los dos Estados pueden llegar a un acuerdo informal que
gestione la competencia sin resolverla. Podría surgir una reconciliación
limitada, impulsada por los intereses mutuos en materia de seguridad marítima y
estabilidad regional.
O bien, la
rivalidad podría escalar hasta convertirse en enfrentamientos directos en Yemen
o Sudán, con consecuencias potencialmente catastróficas para la región y más
allá.
Lo que está
claro es que ya no se trata de una disputa personal o ideológica. La rivalidad
entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos es ahora estructural y cada vez
más económica. A medida que Riad y Abu Dhabi compiten por el dominio de las
rutas comerciales, los flujos de inversión y la influencia política, su
competencia determinará la trayectoria de una Asia occidental multipolar.
Artículo
seleccionado por Carlos Valmaseda para la página Miscelánea de
Salvador López Arnal
Fuente: The Cradle
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