jueves, 7 de mayo de 2015

GRECIA: 100 DÍAS



Syriza: 100 días de gobierno bajo presión

Rebelión
Gara
07.05.2015

El gobierno de Grecia cumple hoy 100 días, esa barrera simbólica que divide el tiempo de cortesía concedido a los que se estrenan al frente de un país y el momento a partir del cual de pueden desatar las hostilidades. Sin embargo, los ataques a Syriza no dieron comienzo con su victoria electoral, el 25 de enero, ni vinieron desencadenados por sus propuestas económicas antiausteridad.

El partido griego significaba, y sigue significando, una verdadera preocupación desde tiempo atrás para las fuerzas conservadoras y neoliberales que gobiernan las instituciones políticas europeas. Pero las tensiones en el seno de la Unión Europea (UE) se han mostrado de orden político, pues por primera vez en la historia de la UE los dirigentes de un país han puesto en evidencia el déficit democrático de una alianza pensada y hecha a la medida de las grandes corporaciones alemanas.

De manera que, con toda la intensidad posible, el mal ejemplo griego ha sido combatido desde antes de su victoria en las urnas y, con posterioridad, sin un día de descanso, en un intento que aún continúa para hacerlo fracasar antes de que pueda presentar ningún logro que pueda paliar, siquiera mínimamente, el enorme desastre social que han supuesto las políticas de austeridad fundamentalmente en los países de la periferia europea.

El resultado del 25 de enero significó una llamada a rebato de la clase dominante, tanto dentro de Grecia como en el resto de países de la UE, que temieron el más que previsible inicio de la descomposición del orden neoliberal europeo. El enfrentamiento estaba servido: el Primer Ministro griego, Alexis Tsipras, inauguraba un gobierno con el apoyo claro de importantes sectores populares y para servir a sus intereses; mientras que desde la UE solo se esperaba de él que actuara, como hasta ese momento el resto de gobernantes, de correa de transmisión entre las órdenes de Bruselas y los ciudadanos griegos. Tsipras ha dejado claro en reiteradas ocasiones que Grecia «es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar».
Pero si el intento de asfixiar económicamente a Grecia ha sido una constante por parte de las instituciones europeas, especialmente desde el Banco Central Europeo (BCE), la campaña de la prensa no le ha ido a la zaga. Reuters y “El País”, “Bild” y “La Razón”, no han cejado en su empeño de presentar casi a diario todo un catálogo de calamidades que iban desde el corralito bancario, al desabastecimiento de los supermercados, culminando con la expulsión del país de la eurozona. Sin menoscabo de su credibilidad ante titulares abiertamente falsos, como la destitución de Varufakis o la suspensión de pagos, sin que ello les haya impedido seguir usándolos en decenas de ocasiones.

Incomprensiblemente una parte de la izquierda se ha embarcado también en la tarea de deslegitimar a un gobierno que cuenta con un sólido apoyo popular. Y así, el Partido Comunista de Grecia (KKE) se ha opuesto sistemáticamente a todas las iniciativas parlamentarias, incluidas las encaminadas a paliar el desastre social (con electricidad y alimentos gratuitos, así como subsidios a la vivienda, para la población por debajo del umbral de la pobreza), el fin de las inhumanas cárceles de máxima seguridad y los centros de detención de inmigrantes, o la reapertura del canal público de radio y televisión ERT, cerrado por el gobierno de Antonis Samarás y que dejó en la calle de un día para otro a más de 2.500 trabajadores.

Durante estos 100 días la evolución social ha recorrido un camino que podría ser calificado como paradójico: mientras una amplia mayoría de los ciudadanos mostraba su apoyo a las medidas emprendidas por el nuevo gobierno, y a la forma en que enfrentaba la negociación con los acreedores, la mayoría de los partidos políticos y medios de comunicación han ido acerando sus críticas en un intento por hacer descabalgar el proceso iniciado por Syriza.

Un partido que, antes de ganar las elecciones, ya dejó claro que no tomaría ninguna iniciativa para abandonar la zona euro, en sintonía con el sentir mayoritario de los ciudadanos griegos. Syriza no llegó al gobierno con ningún discurso radical, ni abanderando un proyecto anticapitalista, socialista o emancipador de las instituciones europeas a las que pertenece Grecia. «Nuestras medidas no son radicales. Simplemente, son medidas para que el pueblo griego pueda sobrevivir con dignidad», explica Errikos Finalis, miembro de la dirección de Syriza y del partido KOE (Organización Comunista de Grecia), siendo consciente de que la tarea que tiene por delante el gobierno es titánica. «Grecia era, en los últimos cinco años, una colonia en el siglo XXI, una colonia postmoderna», asegura Finalis, y «luchar contra ello es un frente importante para el Gobierno griego, pero también para el pueblo griego». Para caminar en la dirección de los grandes cambios el gobierno deberá emprender una labor didáctica y no perder de vista el sentimiento de los ciudadanos.

El gobierno griego, que se ha visto solo y aislado durante las negociaciones en el Eurogrupo o en el denominado Grupo de Bruselas, ha tratado de preservar sus «líneas rojas» sin que ello derivara ni en el colapso económico, ni en el caos político.

Es evidente que Grecia requiere de amplias y profundas transformaciones y que la actual correlación de fuerzas en el continente hacen muy difícil esta misión, si lo que se pretende es orientarlas hacia la justicia social. En todo caso es un camino a recorrer con el acuerdo de la población, y a su ritmo. Pero si los límites estructurales de la UE lo hicieran inviable, muchos dentro de Syriza ya plantean la reorientación del proyecto con una nueva perspectiva, algo que ya dejó caer hace unos días Tsipras al asegurar que antes que un mal acuerdo es preferible un referéndum para que los ciudadanos decidan.

Si conseguimos abstraernos de la poderosa influencia ejercida por los grandes medios de prensa, tarea nada sencilla, habrá que concluir que 100 días no han mostrado aún el verdadero potencial de cambio prometido por Syriza, aunque dentro del estrechísimo margen en el que se mueve sus logros son evidentes en múltiples áreas. Y, al mismo tiempo, hace falta ser muy cuidadosos para no convertir este ejemplo en la clave del éxito o el fracaso de lo que puede ocurrir en otros estados de la UE.

El proceso abierto en Grecia plantea las suficientes incertidumbres y está sometido a tantas tensiones que no es posible expresar ninguna certeza a pesar de las evidencias favorables. Lo que está en juego es el futuro de Europa en su conjunto. Saber si la voluntad popular puede conducir hacia políticas alternativas o solo hacia amenazas y chantajes, lo que mostraría el fracaso moral y político de la actual UE.

PARA INTELECTUALES DE CARTÓN VISTO



¿Qué es la unidad popular?

Rebelión
Cuarto Poder
04.05.2015


Para Salvador Allende, engarce imprescindible
entre nuestro pasado y nuestro porvenir.

Estas elecciones municipales y autonómicas están siendo muy duras para el sujeto popular: divisiones, prepotencias, sectarismos de todo tipo…, pero es solo una parte de la verdad. En otros muchos lugares, la unidad popular avanza y se consolida; centenares de candidaturas, empezando por Madrid y Barcelona, se han ido gestando con paciencia, con inteligencia, con sufrimiento. Cuando los ‘partidos-institución’ no responden a las demandas del ‘partido orgánico’ (las fuerzas que están por el cambio y la transformación), los ajustes se hacen difíciles y los muros parecen obstáculos infranqueables. Aun así, se saltan y se están saltando, y a veces se rompen y se están rompiendo.

Mujeres y hombres, activistas, cuadros sociales y políticos han hecho posible desde abajo lo que por arriba no parece posible todavía: unir a las diversas izquierdas, organizar amplios frentes democrático-populares, y hacerlo al calor de los movimientos sociales. El objetivo es claro: construir la alternativa al bipartidismo y gobernar para transformar. No es poco, es apenas el inicio y queda mucho, mucho camino por delante. La experiencia va a ser muy importante y dará fuerza, confianza y estímulo a los que han luchado, con paciencia y coraje, por la unidad popular.

Pero, ¿qué es la unidad popular? Intentaremos delimitarla, siempre provisionalmente, por aproximaciones sucesivas. Una primera definición podría ser la siguiente: un conjunto de políticas dirigidas, encaminadas, a la construcción de una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales, liberados de la explotación, del dominio y la discriminación; una res pública. Se trata de una definición, quizá demasiado abstracta, que expresa objetivos políticos que actúan como principios, como ideas reguladoras, que sirven para criticar el presente y prefigurar las líneas maestras del futuro a construir colectivamente.

La unidad popular es, sobre todo, una estrategia, es decir, un modo de hacer y organizar la política concebida como acción consciente, colectivamente realizada. Para entender esto, es necesario hacer un pequeño rodeo sobre el poder en nuestras sociedades. En la sociedad capitalista, el poder es capitalista; no se trata de un juego de palabras; lo que se quiere decir es que el capital, los capitalistas, individual y colectivamente, tienen un poder estructural y que este está distribuido desigualmente y asimétricamente en nuestras sociedades. Este es y será siempre el límite objetivo de toda democratización en el capitalismo.

El Estado unifica al bloque dominante, asegura la subalternidad político-ideológica de las mayorías sociales y garantiza la cohesión de la formación económico-social, desde su monopolio exclusivo de la violencia legítima. El Estado capitalista es, pues, el espacio contradictorio donde se expresan los conflictos básicos, se dirimen las contradicciones entre fuerzas políticas y sociales y, esto es lo fundamental, se organiza y reproduce la clase política dirigente. Ni es neutro desde el punto de vista de los conflictos básicos ni un simple instrumento-máquina de las clases económicamente dominantes; su autonomía es siempre relativa, y cambia según condiciones. Ahora, en la presente crisis (es señal inequívoca de ella), la autonomía es más estrecha y su carácter de clase, más evidente.

Partiendo de esta realidad del poder en nuestras sociedades, se entiende mejor lo que significa la unidad popular como estrategia política emancipatoria. Gobernar es muy importante, planteárselo como objetivo demuestra la seriedad, la consistencia y el coraje de una fuerza política, pero debemos subrayar también que gobernar con un programa transformador significa, hoy más que ayer, algo más que acceder electoralmente al poder ejecutivo; hace falta fuerza social organizada para intentar (tarea muy difícil y siempre provisional) reequilibrar el déficit estructural de poder existente en nuestras complejas sociedades. En el centro, el Estado, y más allá, el conjunto de instituciones formales y no formales de eso que se ha venido a llamar la sociedad civil.

El objetivo es combinar, en el largo y en el corto periodo, la democratización de las instituciones del Estado con la articulación y desarrollo de poderes sociales. Ambas cosas, trabajo institucional y creación de poderes de base en nuestras sociedades concretas, tiene una prioridad local-territorial. Se podría hablar de la ‘territorialidad del poder’, es decir, de asentarse sólidamente en el espacio, crear vínculos sociales solidarios y altruistas, y expandir formas alternativas de producción y comercialización que aseguren el buen vivir de las personas, nuevas relaciones sociales respetuosas y en paz con el medio ambiente, volcadas hacia el futuro, uniendo dignidad y autogobierno de las personas con la apropiación colectiva del territorio.

Para no perder el hilo: ‘democratizar la democracia’ (como nos enseña desde hace años Boaventura de Sousa Santos) implica combinar un trabajo serio y sistemático en las instituciones (gestionar de forma alternativa es crucial) con la creación paciente, tenaz, contracorriente (la normalidad es casi siempre pasividad, subalternidad y dejar hacer al mercado, a los empresarios, al capital) de diversas formas de autoorganización social, practicas sociales e institucionales alternativas. La clave: una gestión institucional que genere conflicto y no paz social, que fomente la autoorganización de sujetos sociales fuertes; poderes sociales que ayuden a democratizar las instituciones, que socialicen la política y cambien la sociedad desde abajo.

Lo nacional-popular es la otra cara de la moneda, el contenido que hace posible la transformación social. Ser parte de la gente, ser gente, implicarse y aprender enseñando. Lo que hay detrás es un viejo asunto que tiene que ver con la vida cotidiana de las personas. La sociedad emancipada, lo que hemos llamado socialismo, implicaba una democratización sustancial de la política, del poder, de la cultura, de la economía. Es la democracia de la vida cotidiana, es decir, nuevas relaciones sociales entre los hombres y las mujeres, entre las empresas y los trabajadores, entre los servicios públicos y la ciudadanía, entre los seres humanos y la naturaleza de la que somos irreversiblemente parte. En definitiva, reabsorber la historia de las grandes palabras y de los hechos trascendentales en una cotidianidad liberada.

Lo peor es el elitismo de una parte significativa de los intelectuales, unas veces trufado de culturalismo, otras de marxismo de andar por casa (perdón, por los palacios) y los más, puro llegar holgadamente a final de mes. Los intelectuales tradicionales deben ser superados por otros que sean capaces de partir de las necesidades de las gentes, defendiendo y transformando los ‘sentidos comunes’, construyendo una nueva alianza con las clases subalternas. El objetivo es preciso: una nueva cultura que dé vida a un nuevo poder, a un nuevo Estado, a una nueva república protagonizada por los de abajo, fundada en la hegemonía política de las clases trabajadoras, de las clases populares.

La unidad popular, hay que insistir una y otra vez, es hoy obligatoria. Si algo pone de manifiesto la Grecia de Syriza (siempre sola, justo es señalarlo) es que el poder de los gobiernos ha disminuido mucho y que cualquier proyecto democrático y social requerirá conquistar más autonomía, más soberanía, más poder. Sin una mayoría social organizada, sin un pueblo convencido y movilizado, sin unas fuerzas políticas y sociales unidas, no habrá transformación posible y seremos, una vez más, derrotados, todo ello para mayor gloria de la Europa alemana del euro y del capital monopolista financiero. Al final, será muy importante un equipo dirigente audaz, inteligente y radical.

Se dirá que todo es demasiado genérico y que los seres normales no lo entenderán. Creo que se equivocan. Las encuestas sirven para lo que sirven y con restricciones. Hay, al menos, dos actitudes posibles: quedarse en lo que opinan las gentes sin más o partir de ellas, para ir más allá de ellas mismas. Por lo que sabemos, digámoslo con modestia, nuestra gente tiene ideas claras y enemigos de carne y hueso: los banqueros, los grandes empresarios, la gran patronal… Saben con bastante precisión que los poderosos han capturado al Estado y que lo han puesto a su servicio, y que los responsables de esta inmensa involución social y política son los dos grandes partidos dominantes, siempre apoyados por las burguesías nacionalistas vasca y catalana. Lo que hay que hacer ahora es convertir la enemistad política en proyecto alternativo de país. La diferencia entre transformación y transformismo es, muchas veces, una delgada línea. La unidad popular servirá, también, para que esta no se traspase.



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MÁS SOBRE PODEMOS / MONEDERO



Monedero y el cascabel del gato

Rebelión
04.05.2015

Ignoro sí el Wall Street Journal ha dado portada a la dimisión de Juan Carlos Monedero, pero dado el papel que esta noticia ha ocupado en la prensa nacional no me habría extrañado en absoluto. Quizás sus editores hayan considerado que se trata de un asunto local, pero aquí, en provincias, la cosa ha sido tan clamorosa que la dimisión ha tenido una repercusión mediática inicial equivalente a la del terremoto de Katmandú.

La verdad es que después de leer las "informaciones", así como algunos de los ejercicios de Podemología por parte de diferentes expertos, es dudoso que sea para tanto. No es so pena que Podemos sea una empresa registrada por unos pocos colegas y que por detrás no haya más que algunos miles de empleados como en esas películas en las que la tropa sigue a los jefes hasta los mayores peligros sin decir tan siquiera esta boca es mía.

Pero no creo que sea eso. Sin querer minimizar el protagonismo de los primeros actores, Podemos es ante todo y sobre todo una respuesta de masas a una situación insostenible para los de abajo. Su proyección electoral revela el alcance del rechazo a esta situación, un rechazo que des estar encarnado por un partido establecido lograría una mayoría electoral absoluta. Su base social es diversa, pero primordialmente está ocupada por las nuevas generaciones que protagonizaron el movimiento del 15-M, cuyos objetivos lograron el respaldo de la mayoría de población. La solución está clara, Podemos podría poner el cascabel al gato, algo que el gato (la minoría más poderosa y sus adláteres) no puede permitir, sobre todo desde Syriza venció al miedo en Grecia.

Podemos ha ocupado el escenario consiguiente a Syriza en muy poco tiempo, lo que significa, primero que el potencial está ahí; segundo, que todavía no ha hecho el trabajado desde abajo, no ha acumulado el historial de luchas y conquistas (de legitimidad) parciales, de organización articulada a todos los niveles. O sea no ha tenido el tiempo ni la experiencia que ha precedido el triunfo electoral de esta coalición de la izquierda radical, antes al contrario, Podemos es una necesidad que expresa todo lo que no se ha hecho y que tendrá que hacer sí quiere dar el paso siguiente. Podemos tiene por lo tanto una asignatura pendiente, la asignatura probada por Syriza. Ese es su desafio, también e insistimos: justo lo que el gato quiere evitar.

No es otra cosa lo que expresan la utilización catastrofista de un conflicto del “petit comité”, de los “fundadores” que no eran cuatro reunidos en un bar sino unos cuantos cientos sino más. Tampoco es cuestión que Monedero haya padecido toda esa campaña para convertirlo en “el Bárcenas de Podemos”, una maniobra despreciable por supuesto que ha quedado en nada y que forma parte de un peaje a veces mucho más terrible. Mal estaríamos sí en un proyecto como el de ponerle el cascabel al gato sufra especialmente porque uno de sus portavoces estaría más a gusto hablando por sí mismo. Sí, Monedero es un poeta, un filósofo, un estupendo francotirador, pues que diga lo que tiene que decir sin miedo a la verdad.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

UCRANIA


Un tumor que amenaza a Europa

2/2

Rebelión
El viejo topo
04.05.2015


Si han cesado los combates en Ucrania gracias a Minsk II, la guerra de la propaganda sigue. La fantasía para devotos de la OTAN reza así: el sueño imperial de Putin, como muestra la anexión de Crimea, reclama esferas de influencia exclusivas en Europa y ha provocado la más grave crisis desde la desaparición de la URSS. En el paquete devocional va también el papel de Putin como agresor en la guerra, el derribo del avión malasio, la violación de las fronteras de Ucrania, el despliegue de tropas rusas en el Donbass, y la violación de la legalidad internacional. No importa que no se haya demostrado ninguna de esas acusaciones, aunque no hay duda de que las milicias del Este no habrían podido resistir sin la ayuda rusa en armas, suministros y vituallas. En la gigantesca campaña propagandística occidental tampoco faltan esfuerzos para que nadie recuerde el estímulo norteamericano y europeo para derribar a un gobierno, el de Yanukóvich, elegido por la población ucrania en comicios que ni Estados Unidos ni la Unión Europea consideraron ilegítimos; y se ha ocultado el apoyo occidental a la violencia desatada por las bandas fascistas (decenas de policías murieron por disparos de bala en el Maidán, por ejemplo) mientras se difundía la bondad de un supuesto “movimiento pacífico” que deseaba “unirse a Europa”, al igual que permanece en la sombra que, en los meses previos a la caída de Yanukóvich se organizó el entrenamiento militar de grupos de mercenarios y fascistas en Polonia para enviarlos después al Maidán de Kiev; ni que, por supuesto, apenas se hagan referencias a la paulatina expansión de la OTAN en el Este de Europa, a la guerra de provocación de Georgia, al escudo antimisiles, al intento de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN, al golpe de estado en Kiev. Son patentes los endebles argumentos de Washington, así como su hipócrita indignación posterior por la ayuda rusa a las milicias, dado que si Putin hubiera iniciado el conflicto, ni siquiera se entendería la crisis ucraniana, porque ¿para qué iba Moscú a crearla si el gobierno de Yanukóvich mantenía buena relación con Rusia? Y, tras el golpe de estado prooccidental, ¿podía Moscú abandonar a su suerte a la población rebelada contra Kiev y que hubieran sido aplastada por el gobierno golpista? Pero, para esos expertos norteamericanos en el lanzamiento de gigantescas campañas publicitarias, el golpe de estado de Kiev ha quedado convertido en la “revolución de la dignidad”, y sus clientes ucranianos lo recuerdan cada día en la prensa. Un año después de la caída del gobierno de Yanukóvich, siguen sin aclararse los asesinatos cometidos por los misteriosos francotiradores que causaron una matanza en el Maidán, y que fueron la espoleta para el derrocamiento del gobierno. Ni el gabinete golpista de Kiev ni Estados Unidos han mostrado el menor interés en que se investigue, mientras los oligarcas se reparten el botín y el territorio: Igor Kolomoisky, uno de los millonarios más corruptos de Ucrania, financiador de grupos nazis, un personaje que ha llegado a utilizar grupos de matones para imponer sus deseos, que compra jueces y consigue sentencias o, si es necesario, las falsifica, es hoy gobernador de Dnepropetrovsk. El procurador general, Viktor Shokin, que descuida la lucha contra la corrupción y el crimen, que desdeña la investigación sobre los francotiradores del Maidán en los días del golpe contra Yanukóvich, y que no tiene la menor intención de aclarar la terrorífica matanza del edificio de los sindicatos de Odessa, trabaja, en cambio, para ilegalizar al Partido Comunista, la única fuerza política que intenta limitar el poder de los corruptos empresarios-ladrones; porque el Partido Comunista es también el único partido que denuncia el fascismo en Ucrania, que reclama la disolución de las bandas paramilitares nazis y pide, en vano, protección de monumentos y símbolos de la lucha contra los nazis durante la II Guerra Mundial. 

Estados Unidos se debate entre una mayor implicación en la guerra y el envío de armas. Influyentes fundaciones privadas y sectores del Pentágono y del gobierno se inclinan por enviar armamento, aunque son conscientes de que ello no convertiría al ejército ucraniano en una fuerza capaz de ganar la guerra civil, y podría crear una difícil situación con Moscú. Sin embargo, otros sectores de la administración norteamericana, aunque aceptan los riesgos de desafiar a Rusia, un país dotado de un enorme arsenal nuclear, apuestan por armar a Kiev confiados en que una guerra de desgaste acabará por dañar la economía rusa y, eventualmente, podría hundir a Putin, o, al menos, hacer inviable el esfuerzo de recomposición en la Unión Euroasiática que proyecta Moscú. Todo ello, en Washington, en medio de absurdas discusiones sobre si deben enviarse a Ucrania armas “ofensivas” o “defensivas”, cuando lo cierto es que una escalada en la guerra tendría una difícil salida, y que la tentación de anular a Rusia y amarrar más a la Unión Europea a través de una guerra continental está muy presente en los estrategas del Pentágono y la Casa Blanca. Del estado de opinión generado en Washington pueden dar idea los comentarios de uno de los analistas del CSIS, Center for Strategic and International Studies, el más importante “laboratorio de ideas” de la capital norteamericana para asuntos de política exterior. Andrew C. Kuchins, director del programa para Rusia y Eurasia del CSIS, presentaba al asesinado Boris Nemtsov como un patriota y demonizaba a Putin, señalando que el discurso del presidente ruso en el parlamento en abril de 2014 tal vez indica el “punto de inflexión de Rusia en un estado fascista”. Es obvio que, para quienes así piensan, estaría más que justificada la intervención militar abierta en Ucrania, aunque sea por actores interpuestos, mercenarios o soldados de los países más agresivos, como Polonia o los bálticos. Después de todo, siempre pueden argüirse los peligros de un “inminente ataque ruso” o pretextos semejantes a los que llevaron a la agresión norteamericana en Iraq.

El extraño asesinato de Boris Nemtsov (quien, hoy, era un personaje irrelevante en Rusia) puede tener implicaciones ligadas a la crisis ucraniana, y no puede descartarse la larga mano de Nuland y de los círculos más rusófobos del gobierno norteamericano, sobre todo ante la evidencia de que la desaparición de Nemtsov no beneficia precisamente a Putin. Convertido el presidente ruso en un espantajo pendenciero, Washington no quiere reconocer su propia responsabilidad en el aumento de la tensión internacional: hay que recordar que Putin inició su presidencia intentando acomodarse a un mundo unipolar dirigido por Estados Unidos, reclamando respeto y reconocimiento de los intereses rusos. El patente desprecio hacia el presidente ruso, la evidencia de que Estados Unidos sigue especulando y alentando una hipotética partición de Rusia, como hizo con la Unión Soviética, levantaron todas las alarmas en Moscú, y llevaron a Putin, todavía bajo la presidencia de George W. Bush, a su discurso de febrero de 2007 en Múnich, donde denunció el expansionismo norteamericano y el incumplimiento de todos los acuerdos, suscritos o tácitos, entre Moscú y Washington tras la desaparición de la Unión Soviética. Desde entonces, y pese a gestos teatrales como el del botón de “reinicio” ofrecido por Hillary Clinton (que no se concretó en ningún cambio en la política exterior norteamericana), Estados Unidos ha continuado aproximando su dispositivo militar a las fronteras rusas.

Francia y Alemania se han implicado en la búsqueda de una solución política para Ucrania, pero su margen de maniobra es escaso, porque predominan en sus gobiernos las obligaciones como miembros de la OTAN, y Washington y el cuartel general aliado de Bruselas han elaborado un discurso que, en lo esencial, ha sido impuesto a todos los miembros y ha sido adoptado también por París y Berlín, que, aunque sigan a regañadientes el discurso belicista, se ven obligados a imponer sanciones económicas a Moscú y a discutir sobre hipótesis más peligrosas, donde no se descarta el envío de armamento e, incluso, de fuerzas militares, aunque por el momento, esa posibilidad se discuta en secreto. Atrapados en su propia propaganda, los países de la OTAN son incapaces de asumir que la crisis ucraniana no estalló por unas “protestas ciudadanas” (por lo demás, instigadas y financiadas en buena parte por países occidentales), sino por el apoyo a un golpe de Estado y un cambio de régimen que pretende incorporar a Ucrania a una alianza militar abiertamente hostil con Moscú. Si te muestras agresivo con los demás, no puedes esperar que te reciban con los brazos abiertos.

Ni la Unión Europea, ni, mucho menos, Estados Unidos, quieren reconocer que la apuesta por integrar a Ucrania en la OTAN es una verdadera provocación contra Rusia (¿imagina alguien la hipótesis de que México o Canadá se integrasen en una alianza militar agresiva contra Washington?), que, además de innecesaria, ha traído una guerra civil, ha destruido la economía ucraniana, ha abierto un peligroso frente en Europa y ha dinamitado a medio plazo la posibilidad de una convivencia amistosa y pacífica en el continente. Que la guerra ucraniana haya sido producto del cálculo o una consecuencia imprevista del golpe de Estado, no mitiga la responsabilidad estadounidense. La guerra que la aventurera política exterior norteamericana ha encendido se presenta ahora como responsabilidad exclusiva de Moscú y como la prueba del peligroso “expansionismo” ruso, pero olvida que tras la disolución del Pacto de Varsovia, el destino manifiesto de la OTAN no fue iniciar su desmantelamiento sino una acelerada expansión hacia las fronteras rusas que le ha llevado a instalarse en ocho países (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria) e intentar hacerlo con Georgia y Ucrania, sin olvidar sus instalaciones en algunas de las viejas repúblicas soviéticas de Asia central. Ese ha sido el verdadero expansionismo militar de las dos últimas décadas. Porque Washington no quiere entender que la seguridad ha de ser un principio compartido, y que llevar el dispositivo militar de la OTAN a las propias fronteras rusas no es sólo una provocación sino también la ruptura de los inestables equilibrios internacionales.

Las acusaciones y alarmas, siempre sin pruebas, lanzadas contra Rusia por el norteamericano Philip M. Breedlove, comandante de las fuerzas de la OTAN en Europa, o la visita secreta a Kiev, en enero de 2015, del general James R. Clapper, director de la Inteligencia Nacional norteamericana, entre otras, son el reflejo de la visión de los halcones de Washington. El secretario de defensa, Chuck Hagel, y el jefe del Estado Mayor conjunto, general Martin Dempsey, también apoyan el envío de armamento a Kiev, y las alarmas lanzadas por el duro Zbigniew Brzezinski sobre un hipotético ataque de Rusia a los países bálticos, van en la misma dirección: quieren enviar armas a Ucrania, emponzoñar la situación y hacer irreversible una guerra europea, tal vez global, y eso puede hacerse a través de diferentes vías, porque los halcones de Washington no tienen demasiados escrúpulos: no hace mucho, el general Wesley Clark, declaraba a la CNN sobre los nuevos islamistas que degüellan ante las cámaras: "Creamos el Estado Islámico con financiación de nuestros aliados".

La reciente declaración del Partido Comunista ucraniano, principal fuerza de la oposición, ahora perseguida y reducida, se cerraba con una preocupante proclama dirigida a ucranianos y europeos: decid no a la guerra y al fascismo. Porque ese es el riesgo, el tumor que amenaza a Ucrania y Europa. Hay otros problemas para Europa, desde luego, añadidos a la severa crisis económica y a las grietas en la zona del euro: desde la imprevista rebelión griega, que Bruselas pretende doblegar; hasta la respuesta de los poderes reales ante la hipotética emergencia de un movimiento opositor que, aunque de manera confusa, impugne en diferentes países la construcción neoliberal de la Unión Europea; pasando por el reforzamiento de la extrema derecha, que no preocupa tanto por su modelo social como porque puede hacer retroceder a las formaciones conservadores hoy dominantes; o incluso las artimañas del poco fiable socio británico, cabeza de puente norteamericana en Europa, junto con los revanchistas gobiernos polacos y bálticos; y, en fin, los retos del terrorismo que la propia Europa y Estados Unidos han contribuido a crear, pero ninguno de esos problemas es tan grave como la guerra en Ucrania y la posibilidad de que se extienda al resto del continente si no se consolida la vía diplomática. El pragmatismo de Angela Merkel, impulsando los acuerdos de Minsk, tiene una doble interpretación: por un lado, sabe que no puede vencerse a Rusia en una guerra global y, por eso, camina por el alambre de la diplomacia; por otro, aunque quisiera poner de rodillas a Moscú, sabe que esa victoria no sería alemana, sino norteamericana, y eso empuja a Berlín a los equilibrios entre la obligada sumisión a Washington (la OTAN, ata), el interés propio por la estabilidad europea, y los siempre presentes recelos germanos hacia el gran país eslavo que se niega a aceptar la supremacía occidental. Por su parte, Estados Unidos quiere una Rusia débil, y no renuncia a su fragmentación, que haría posible el control norteamericano de los yacimientos de hidrocarburos, y, en ese escenario, no es casual que Estados Unidos no participe en la solución pacífica a la crisis ucraniana: una guerra abierta sometería a Moscú a una dura prueba, le impediría la reconstrucción de los lazos entre las antiguas repúblicas soviéticas y bloquearía su modernización económica. Al mismo tiempo, para la Unión Europea, la extensión de la guerra ucrania supondría un nuevo clavo en el ataúd de la impotencia estratégica y de la sumisión con que Washington quiere encerrar a Bruselas: un enfrentamiento entre Rusia y la Unión Europea en Ucrania, una herida abierta y sangrante en el continente, es la mejor hipótesis norteamericana para fortalecer su propio poder a través de la OTAN, arrinconar a Rusia, y para aprestarse a la gran batalla de las décadas próximas: China.  

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SINDICALISMO



Si los trabajadores de Movistar pueden, ¿por qué nosotros no?

Rebelión
eldiario.es
04.05.2015


Como es Primero de Mayo, un, dos, tres, responda otra vez: tú, trabajador, trabajadora, ¿por qué no luchas por tus derechos? “Soy precario, si protesto me despiden o no me renuevan”. “Necesito este sueldo de mierda, no puedo arriesgarme a que me echen”. "Con lo que me ha costado encontrar trabajo, y todo el paro que hay, calla, calla". “Hay muy poca solidaridad, siempre habrá alguien que haga tu trabajo si decides plantarte”. “Los sindicatos ya no sirven para nada”. “Las huelgas son cosa del pasado”. “A mí que me cuentas, yo soy autónomo, bastante tengo con lo mío”.

Así es. Muchos hemos asumido que la lucha obrera, el sindicalismo, la solidaridad, la protesta, la negociación o la huelga son cosas del pasado, un lujo que ya muy pocos trabajadores pueden permitirse.

Hasta que aparecen los técnicos de Telefónica-Movistar, y nos rompen los esquemas. Trabajadores que están mal, muy mal, peor que la mayoría de nosotros. Trabajadores que tienen todo en contra: sin vínculo con la empresa, trabajando no ya para contratas, sino para subcontratas de las propias contratas, forzados además a ser autónomos. Ve y háblales de precariedad a ellos, contratados por horas, trabajando muchas más de las que cobran, sin descanso. Ve y háblales de salarios de miseria a ellos, que encima de cobrar poco están sometidos a penalizaciones, y obligados a pagarse vehículo, gasolina, uniforme y hasta herramientas. Ve y háblales de solidaridad y sindicalismo a un colectivo de miles pero atomizados en innumerables subcontratas. Por si fuera poco, tienen enfrente a una de las multinacionales más poderosas de España.

Y sin embargo, se han plantado. Están luchando por sus derechos. Se han organizado en sindicatos. Sí, sindicatos. Han recurrido a la huelga, esa que creíamos que ya no valía. Nada menos que una huelga indefinida. Han creado cajas de resistencia. Y han encontrado solidaridad, en otros trabajadores de Movistar, pero también en el resto de la sociedad.

¿Por qué los trabajadores de Movistar pueden y nosotros no? ¿No quedamos en que la lucha, la huelga, el sindicalismo, la solidaridad, eran un lujo al alcance de una menguante aristocracia trabajadora? ¿Por qué las luchas más radicales de los últimos años las están protagonizando precisamente aquellos trabajadores que en peores condiciones están para defender sus derechos? ¿Es porque ya no tienen nada que perder, porque han caído tanto que solo les quedaba alzarse? ¿O quizás deberíamos revisar nuestras convicciones?

Hoy son los de Movistar, ayer los de Coca-Cola (que mantienen el pulso mientras la empresa no cumpla la sentencia), dentro de unas semanas los trabajadores de recogida de basura en Madrid. Son ráfagas, esporádicas, pero suficientes para iluminar y hacernos ver que sigue siendo cierto el viejo lema: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y tal vez hemos abandonado antes de tiempo.

Mucha fuerza, ánimo y suerte a los trabajadores de Movistar en huelga. Y nosotros, a presionar como clientes a Movistar, difundir su lucha y llenarles la caja de resistencia.


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martes, 5 de mayo de 2015

POPULISMO



Una aclaración con respecto al populismo

Rebelión
Público
28.04.2015



Una entrevista que concedí hace poco, publicada primero en México y luego otra vez en la prensa latinoamericana y española, habría dado lugar a una idea por completo equivocada acerca de mi posición con respecto a la reciente tendencia populista de la política radical de izquierdas.

Si bien es cierto que la revolución Bolivariana en Venezuela puede ser objeto de muchas críticas, algunas de ellas merecidas, no deberíamos olvidar que también ha sido víctima de una campaña contra-revolucionaria muy bien orquestada; en especial de una larga guerra económica.

No se trata de una táctica novedosa. Unos años atrás, durante los tempranos setenta, el entonces asesor de seguridad estadounidense Henry Kissinger aconsejó a la CIA sobre la mejor manera de desestabilizar el gobierno democrático del presidente Salvador Allende en Chile. Tras una reunión con Kissinger y el presidente Nixon el 15 de septiembre de 1970, el entonces director de la CIA Richard Helms escribió en sus notas la instrucción sucinta recibida de éstos: “¡Hagan que la economía chilena grite de dolor!”. Altos representantes del gobierno estadounidense han reconocido que el mismo procedimiento está siendo aplicado en Venezuela.

Hace apenas un par de años, el antiguo Secretario de Estado de los Estados Unidos, Lawrence Eagleburger, declaró ante el canal de noticias Fox que la relación entre el presidente Hugo Chávez y el pueblo venezolano “funcionará solamente si la población de Venezuela continúa percibiendo en su gobierno alguna capacidad para mejorar sus estándares de vida. Si en algún momento la economía comienza a ir mal, la popularidad de Chávez comenzaría a decrecer. Estas son las armas que tenemos contra él, y que deberíamos estar usando. Es decir, las herramientas económicas para hacer que la economía venezolana empeore, de manera que la influencia del chavismo en el país y la región se vaya a pique… Todo lo que podamos hacer para que la economía venezolana se encuentre en una situación difícil está bien hecho; pero hay que hacerlo de manera tal que no entremos en una confrontación directa contra Venezuela, si podemos evitarlo”.

Lo menos que se podría decir acerca de afirmaciones como esta es que dan credibilidad al argumento según el cual las dificultades económicas que enfrenta el gobierno bolivariano no son simplemente el resultado de su ineptitud en materia de política económica.

Este es el punto clave, políticamente hablando, que los liberales no pueden digerir: con toda claridad, no estamos tratando aquí con fuerzas de mercado ciegas o con reacciones naturales. Digamos por ejemplo, con los dueños de las tiendas y supermercados intentando obtener ganancias mayores mediante el acaparamiento, u ofreciendo sus productos en mercados más favorables. Antes bien, se trata de estrategias bien planificadas y muy sofisticadas. Si ello es así, ¿no se justifica entonces que el gobierno use la fuerza legítima –una suerte de terror, diríase– como medida defensiva? Por ejemplo, que la policía haga redadas en bodegas secretas, o detenga a los acaparadores y coordinadores de la guerra económica que causa escasez. Y cuando el 9 de marzo de este año el presidente Obama expidió una orden ejecutiva declarando a Venezuela una “amenaza contra la seguridad nacional” de los Estados Unidos, ¿no dio luz verde a quienes buscan “abreviar” el período del presidente Maduro, o llevar a cabo un golpe de estado? En un tono algo más moderado, más “civilizado”, es lo mismo que está ocurriendo con Grecia.

Nos enfrentamos hoy a la enorme presión de lo que deberíamos llamar sin vergüenza alguna “propaganda enemiga”. Según Alain Badiou, “el objetivo de la propaganda enemiga no es aniquilar a la fuerza adversaria existente (función que de manera usual le compete a la policía) sino, antes bien, aniquilar una posibilidad aún no realizada, ni siquiera percibida, en la situación actual”. Dicho de otra manera, están intentando asesinar la esperanza. El mensaje que este tipo de propaganda intenta propagar es la convicción resignada de acuerdo con la cual si éste no es el mejor de los mundos posibles por lo menos es el menos malo, así que cualquier intento de cambio radical tan sólo haría que las cosas fuesen mucho peores.

Es por ello que todas las formas de resistencia, desde Syriza en Grecia a Podemos en España, pasando por los “populismos” latinoamericanos, deben contar con nuestro más firme apoyo. Ello no quiere decir abstenernos de la más férrea crítica interna cuando ello sea del caso, pero debe tratarse estrictamente de una crítica interna, una crítica entre aliados. Como diría Mao Tse Tung, este tipo de crítica es propia de las “contradicciones al interior del pueblo” y no contradicciones entre el pueblo y sus enemigos.

La reacción del establecimiento europeo a la victoria de Syriza en Grecia está dando lugar, de manera gradual, a un ideal muy bien resumido en el título de una columna escrita por Gideon Rachman en el Financial Times en diciembre del 2014: “El eslabón más débil de Europa son los votantes”. Así que en un mundo ideal, Europa debería deshacerse de su “eslabón más débil” y dejar que los expertos asuman el poder para imponer de manera directa la política económica. Si acaso deban persistir las elecciones, su función sería tan sólo la de confirmar el consenso de los expertos.

La perspectiva de un resultado electoral “equivocado” provoca el pánico entre los miembros del establecimiento: tan pronto como esa posibilidad se asoma en el horizonte, nos pintan una imagen apocalíptica de caos social, pobreza y violencia. Y como resulta usual en tales casos, la prosopopeya ideológica hace su agosto: los mercados comienzan a hablar como si fuesen personas, expresando su “preocupación” acerca de lo que podría suceder si las elecciones no tienen como resultado un gobierno con mandato suficiente para continuar con los programas de austeridad fiscal y reforma estructural.

Recientemente, los medios alemanes caracterizaron al ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis como un sicótico que vive en un mundo diferente al resto de nosotros. ¿Pero es él en verdad tan radical? Lo que les produce pánico no es tanto el radicalismo de Varoufakis sino su modestia pragmática y razonable. Por ello no es sorpresa que algunos sectores radicales de Syriza ya lo estén acusando de haber capitulado ante la Unión Europea. Pero si se observan con cuidado las propuestas de Varoufakis, resulta imposible pasar por alto que se trata de medidas que cuarenta años atrás habrían hecho parte de cualquier agenda social-demócrata. De hecho, el programa del gobierno sueco o el chileno en los sesenta y setenta era mucho más radical. Es un signo de la pobreza de nuestro tiempo el que hoy en día haya que pertenecer a la izquierda radical para abogar por medidas similares. Es un síntoma de la época oscurantista en que vivimos, pero también una oportunidad para que la izquierda pueda ocupar el lugar que en décadas anteriores ha venido ocupando la izquierda pacata y timorata de centro.

¿Qué sucedería si un gobierno como el de Syriza o la inspiración de Podemos fracasan? En ese caso sí sería cierto afirmar que las consecuencias serán catastróficas no solo para Grecia o España, sino para toda Europa: pues esa eventual derrota daría aún más peso a la opinión pesimista según la cual el trabajo paciente de las reformas está condenado a fracasar, y que el reformismo, antes que la revolución, constituye hoy la más inalcanzable de todas las utopías. En últimas, ello confirmaría que nos aproximamos a una era de lucha mucho más radical y violenta.

Traducido por Óscar Guardiola Rivera.

Fuente original: http://www.caffereggio.net/2015/04/27/una-aclaracion-con-respecto-al-populismo-de-slavoj-zizek-en-publico/

PODEMOS / MONEDERO



La causa de Monedero

Rebelión
04.05.2015

Desde que irrumpió en el escenario de la política Podemos y em­pecé a ver y a escuchar a Monedero, como si tuviese delante una bola de cristal y fuese yo uno de esos augures a los que los emperado­res romanos consultaban, vi todo lo que iba a ocu­rrir... 

No digo nada nuevo: la edad añade a la inteligencia un estima­ble valor suplementario que, en política, no sirve para nada. Pero lo vi. Yo no me he integrado jamás en ningún afán común que me comprome­tiese a lo acordado entre varios. Me ha hecho sentir autén­tico pánico la sola idea de tener que respon­der de mis pala­bras, de mis ideas y de mis actos ante nada ni nadie que no fuese yo mismo o un juez. Seguro que por las mismas razones que lleva­ron a Groucho Marx a decir que yo no pertenecería a ningún club que me admitiese como socio. Sentirse diferente, más allá de la gratificación que su­pone el propio sentimiento, tiene el precio de verse uno obligado a huir de lo gregario... Por esto, y por otras cosas, comprendí ense­guida perfectamente a Monedero cuando empecé a escucharle. No era, no es, hombre de ataduras que se preste a ser aprobado o repro­bado por necios. Y en política, y más aún en la española donde la democracia, si no es un simulacro, es aún balbuceante o está en la fase anal, los partidos políticos, a los efectos que quiero destacar aquí, son como una ratonera. Y la prensa y los periodistas no están mucho más lejos en materia de libertad, pues no hay pruebas en contra­rio de que los dueños de los me­dios con su ideología a cuestas no sean determinantes, no impon­gan en las veladas a sus amigos y correligionarios o no cor­ten por lo sano cuando lo consideren opor­tuno. Y ello, por más que los periodistas hagan frecuente protesta de independen­cia profesional. 

Por otra parte, si los periodistas oficialistas no son independien­tes, si la justicia no es indepen­diente y si los miembros de los parti­dos organi­zados en listas cerradas se deben al "aparato", ¿qué pinta un librepensador en cualquiera de las tres esferas? Y Mone­dero no sólo es un librepen­sador. Monedero es revolucionario, sin que el término deba ser asociado necesariamente a violencia. Preci­samente, uno de los mayores revolucionarios de la historia, Mao Ze Dong, decía que la principal virtud del revolucionario es la paciencia. Pero cuando un país como España, sumido en la mayor de las podredumbres imagina­bles del sistema capitalista, quiere y debe tomar otro rumbo, los sinapismos y los placebos no sirven. Los cambios, para muchos, incluido yo y por su­puesto Monedero, han de ser profundos. Y quie­nes los abande­ren no pueden hacer concesiones a la nomenclatura, el estilo y formas de lo "tradicional". La tradición, en la España política, tiene las patas muy cortas, y lo políticamente correcto no es más que otro freno potente que contribuye a impedir que se abran las compuer­tas que den entrada a la verdadera democra­cia capitalista. 

Y aún hay más razones para que Monedero deje el aparato del par­tido. Los principales enemigos de un proyecto común, de un pro­grama político, de una religión o de un sistema completo están de­ntro de las estructuras que configuran el proyecto, el partido, la reli­gión o el sistema. Lo son los renegados de una religión, los tránsfu­gas del partido, como los capitalistas son los principales enemigos del capitalismo. Y Monedero por fin lo ha comprendido así, independientemente de que conserve la mejor amistad con el líder de Pode­mos. 

Monedero será infinitamente más útil a la causa de Podemos y de todos los que les seguimos conservando intacta su independen­cia personal e ideológica que viéndose obligado a pelear a todas horas con políticos filisteos y con periodistas bellacos situados estratégica­mente en toda clase de tribunas...

Jaime Richart es Antropólogo y jurista

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE MASAS



Ängeles Díez (UCM): "la función de los medios de comunicación de masas es fabricar el consentimiento de la explotación"
Rebelión /24.04.2015
“¿Qué es el periodismo?”. “¿Puede existir una prensa libre?”. Con estos interrogantes como hilo conductor de su exposición, la socióloga y politóloga Ángeles Díez desentrañaba el pasado 25 de marzo, en una conferencia ofrecida en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, cuál es la función que desempeñan en la sociedad contemporánea los grandes medios de comunicación.
“El capitalismo no puede subsistir sin apropiarse también de los medios de producción de conciencia. La labor del periodismo en este sistema es, fundamentalmente, elaborar relatos coherentes que destruyen a su vez la posibilidad de otros relatos que vengan de otras fuentes que no sean el poder político y el poder económico” – exponía Díez, sin ambages, en una ponencia enmarcada en las Jornadas sobre Prensa y Medios de Comunicación Alternativos organizadas por la revista “Espineta amb Caragolings”.
“El capitalismo, un sistema basado en la explotación, no puede subsistir sin apropiarse también de los medios de producción de conciencia”
“No podemos entender lo que son y la función que cumplen los medios de comunicación de masas separados del tipo de sociedad en la que actúan y las relaciones de poder que en ella se dan. La función que cumplen – aclaraba la profesora de la Universidad Complutense de Madrid- es la de fabricar el consentimiento y la aceptación. Y si nos preguntamos qué es lo que hay que consentir, la respuesta es sencilla. Hay que consentir la desigualdad y la explotación”.
Durante su intervención, la socióloga explicó, igualmente, por qué, pese al creciente descrédito de los grandes medios de comunicación, y la conciencia cada vez más extendida de que “nos mienten y nos manipulan”, continuamos actuando y pensando en base a las matrices de opinión construidas por estas empresas.
“Nos creemos los que nos dicen, o actuamos como si lo hiciéramos, porque necesitamos entender el mundo para vivir en él y, siendo cada más débiles los lazos sociales, los medios masivos han acabado por monopolizar el relato acerca del mismo”.
“En la actualidad – recordó Díez- hay seis grupos mediáticos que controlan casi el 99% de la información que circula por el mundo”.
“Estas empresas mediáticas se mantienen a pesar de que puedan tener pérdidas, porque su objetivo es, por un lado, sostener y reproducir los intereses del grupo de empresas del que forman parte y, por otro lado, la reproducción del propio sistema, que no puede ser cuestionado en lo sustancial”.
“Nos creemos los que nos dicen los periodistas, o actuamos como si lo hiciéramos, porque necesitamos entender el mundo para vivir en él y, siendo cada más débiles los lazos sociales, los medios masivos han acabado por monopolizar el relato acerca del mismo”
De esta forma – aclaró la profesora de la UCM – “es preciso matizar que los medios no están al servicio del poder, sino que son una de las formas mediante las cuáles éste se expresa y logra reproducirse, reduciendo las resistencias”.
Pese a todo -puntualizó la socióloga – “los medios no son omnipotentes. De la misma manera en la que nos podemos apropiar de los medios de producción, podemos hacerlo de los medios de comunicación. Aunque, siempre, teniendo en cuenta que esto sería parte de un proceso revolucionario general, no asilado”.
“El objetivo – concluyó Díez – debe ser recuperar la comunicación como un derecho humano. Como aquello que nos puede llevar a liberar de esta maquinaria infernal, que es una maquinaria de guerra, de apropiación de nuestras conciencias, de disciplinamiento y de sometimiento”. 
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FOGONAZOS ANALÍTICOS


BREVES
 Sociología Crítica  
01.05.2015
 IU nació como consecuencia lógica de dos cuestiones: el desprestigio político de Santiago Carrillo que no logró los resultados que esperaba en 1982, y la linea perestroika que consideraba que los PC ya no tendrían lugar en el futuro. Ha de añadirse que la campaña anti OTAN amenazó con un gran éxito y era preciso evitar que se descompensara la política de bloques, por lo que IU nació para pastorear cualquier posible radicalización. IU fue reformista desde el inicio, continuadora del carrillismo y llamada a enterrar al PCE. Tras 1989, los intentos de liquidar al PCE fracasaron por la reacción de la base militante comunista y de buena parte de la base de IU que era sinceramente de izquierda y se consolidó una IU PCE en simbiosis, con escisiones periódicas hacia el PSOE y en renuncia perpetua a jugar un papel de ruptura con el régimen de la transición, limitandose a administrar la fracción de voto de resistencia de la población. En la lucha por defender la existencia del PCE y de una IU en posiciones de izquierda y republicana participamos muchos en aquellos años 90, es por ello que también para muchos toda esta evolución de IU PCE hacia la rendición ante el ciudadanismo y la nada es vista como un drama, una rendición que es la dolorosa consecuencia lógica de tanta renuncia de tantos años.
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Necesitamos un encuentro a nivel nacional para valorar la situación republicana y trazar un plan de acción coordinado. La JER no sirve para ese cometido, el IV Encuentro lo ha demostrado una vez más.
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Ayer estuve presente en el Encuentro de la JER, aunque solamente en los momentos finales, es decir cuando se leyeron los acuerdos y compromisos que se querían obtener de la reunión. Estaba invitada la Federación de Foros por la Memoria de la que formo parte y acudieron algunos compañeros. No participé activamente pero asistí a la conclusión y tuve ocasión de hablar con más compañeros de otras asociaciones participantes como invitados u observadores. La conclusión es clara y sencilla. La JER es un cortafuegos. Su finalidad es que la política republicana no condicione la línea estratégica y electoral de IU PCE y supeditar cualquier actividad a los límites de ésta. Lo que se afirmó en el encuentro es una notoria serie de vaguedades de dos tipos: las que tienen que ver con que la República es una cosa positiva —cierto, es una cosa positiva—, y las que tienen que ver con que hay que apoyar las manifestaciones republicanas —léase hay figurar como si la gente acudiese al llamado de la JER—. El elemento activo, además de estos dos más genéricos, es que hay que apoyar el llamado «proceso constituyente», un término muy extendido estos días, lo apoya incluso Ciudadanos. ¿Valoración de la situación tras la abdicación del Rey? Ninguna ¿Valoración del papel de la JER en la lucha por la Unidad y las Alianzas electorales? Ninguna ¿Papel de la República en la política de Alianzas? Ninguno. ¿Exigencias a los partidos de la JER con representación parlamentaria de coordinar su acción política con la JER? Ninguna. Nada de nada. La JER es un puro engaño, un cortafuegos, una mordaza. Se mantiene exclusivamente por la complicidad de los que sabiendo estas cosas callan y no la denuncian. Y por la ilusión de los que la apoyan creyendo que no hay otra posibilidad de acción. Se hace imprescindible una reunión amplia, de alcance nacional, entre las organizaciones, partidos y personas que deseen sinceramente construir la República aquí y ahora y que consideren que otra política republicana es posible.
Hay planes propuestos de acción republicana, pero como no es posible llevarlos a cabo sin cuestionar la línea IU PCE, estas organizaciones través de la JER y con la complicidad de aquellos a los que han satelizado en la práctica, los han procurado frenar y hacer olvidar. Lo curioso del asunto es que si se pudiera hablar claro en público, ante todos, si se obligase a afrontar sus contradicciones en público a los que están frenando la lucha republicana y dando como única posible la acción de IU PCE, las cosas quedarían mucho más claras. Es muy sencillo, que cada cual se engañe como quiera, si se quiere debatir seriamente cómo construir la República aquí y ahora, necesitamos un espacio pata hablar con libertad. La JER ya no lo es, pues un sencillo debate público libre en ella destruiría por completo su línea de acción hasta ahora.
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Podemos cambia a Vicenc Navarro y Juan Torres por Patricia Botín en su marcha triunfal hacia la nada.
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Vicenç Navarro y Juan Torres López ya son demasiado izquierdistas para Podemos. ¡Quién lo diría! Esto es ya todo un logro de Podemos, convertir a Navarro y López en peligrosos radicales. ¿A quienes quieren tranquilizar? Al capital, sin duda, pues en realidad, nadie mejor que estos dos buenos socialdemócratas ortodoxos para combatir en un debate público a killers neoliberales como Garicano, el economista de Ciudadanos. La deriva de Podemos es hacia la nada. Han despreciado a la izquierda y proclamado su paso a la historia, han despreciado a todos los que se han mantenido firmes en sus valores y que habían resistido hasta aquí, y se han metido en un debate por el supuesto centro político que no existe y que en realidad es una franja tan llena de malestar social como desideologizada y por ello muy susceptible de ser manipulada a través de los medios, buena prueba de ello es el apoyo mediatico y consiguiente ascenso de los killers de FAES, la extrema derecha capitalista, con la marca blanca Ciudadanos. Frente a esta estrategia de la derecha sólo se puede combatir con los argumentos y los valores que Podemos ha despreciado.
En debates trucados, con izquierdistas de pega y fachas de verdad, los podemitas pueden parecer algo, pero son incapaces de tener un debate abierto y libre. Sus mítines de 15 minutos a base de fabulas de ratones y gatos lo que provocan es vergüenza ajena. Lo que ocurre es que como los dirigentes políticos y cargos públicos en este régimen son tan incapaces, que alguien sepa hablar, leer y escribir le hace parecer algo. Aunque sea para vender humo y traficar con esperanzas.
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Monedero resultó tener un nivel de incompetencia sorprendentemente bajo, no ha aguantado más que un par de asaltos, no ha sabido dosificarse, ni mantener la guardia, ni siquiera ha sabido valorar a sus adversarios. Creyó que bastaría con su renuncia a la República, a los valores de la izquierda, a combatir la impunidad franquist y a convocar un frente popular para que les dejasen avanzar hacia el centro político? ¿Que la derecha y el capital les permitirían algo distinto a destrozar a IU y a desorganizar a la izquierda social? En modo alguno. El tiro largo de las europeas demostró que Podemos podía desestabilizar al PSOE y con ello indirectamente al régimen, justo cuando la derecha y el capital estaban tratando de sacar una marca blanca con Ciudadanos, la criatura de FAES. Cubierta la etapa de cortar el paso a IU PCE, Podemos debía ser «reconducida» en los medios de comunicación y combatidos sus dirigentes. Monedero apareció como un sugerente sparring. Sus errores han sido importantes. Y han ido por él. Y claro, en un partido movimiento, basado en el cálculo cínico de probabilidades y sin principios, basado en el liderazgo carismático del líder, dejar caer al cofundador era algo hasta previsible si se hacía necesario. No servirá de nada. Monedero se va fruto de la criatura que creó. incapaz de ver la causa. No olvidemos que estamos hablando de un asesor político de Llamazares y de la dirección de IU. Y ya vemos ya.
Su apuesta por un discurso ciudadanista de tipo revolución naranja no le han valido de nada: La derecha se le ha tirado a su cuello y sus compañeros le han sacrificado. Monedero es una metáfora de la suerte futura de Podemos.
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A Monedero le han hecho un Kronstat los post-troskos estos de Podemos. Su nivel máximo de incompetencia resulto ser muy bajo.
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Torres no es ningún radical precisamente, pero es alguien heterodoxo dentro del sistema, no quieren verle ni en pintura los economistas del régimen. Que incluso Torres les resulte demasiado «radical» es ya para morirse.
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UCRANIA



Un tumor que amenaza a Europa
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Rebelión
El viejo topo
04.05.2015


Un año después de la caída del presidente Yanukóvich, y del triunfo del golpe de estado en Kiev, Ucrania continúa inmersa en una guerra civil, que Poroshenko prometió que ganaría en un mes. Es difícil encontrar un escenario donde la irresponsabilidad occidental sea tan grande como en Ucrania. En un año, los responsables de la diplomacia europea y norteamericana han pasado de estimular las protestas y financiar grupos de matones y de provocadores, mientras repartían galletas en el Maidán, como hizo Victoria Nuland, secretaria adjunta del Departamento de Estado norteamericano, a contemplar impávidos una guerra civil que ya ha causado miles de muertos en el este del país, y que puede derivar en una guerra europea de mayor envergadura si no se consolida la vía diplomática establecida en los acuerdos de Minsk.

Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos de las negociaciones y su persistente tentación de atizar los enfrentamientos por el procedimiento de armar al gobierno de Kiev y asesorar a sus tropas para la propagación de una guerra que podría implicar a la OTAN, han abierto una peligrosa herida en Europa. Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado, debaten sobre el grado de su implicación en la guerra, porque, en la práctica, ya participan por actores interpuestos, y han enviado asesores, espías y mercenarios. Victoria Nuland, por lo demás, no ha tenido el menor reparo en reunirse con Andriy Parubiy, el dirigente neonazi que organizó el Maidán de Kiev con la complicidad de la CIA norteamericana y la AW polaca, y que después pasó a dirigir el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno surgido del golpe de Estado. Habituados a la manipulación y la propaganda, Washington y el cuartel general de la OTAN en Bruselas, ayudados por un ejército de periodistas sin escrúpulos, han levantado un gigantesco edificio de mentiras que recuerda otras guerras, como las de Yugoslavia e Iraq, sabiendo que la memoria de la opinión pública es débil y que unas mentiras tapan a otras. Porque el incendio de Ucrania tiene una lógica que adquiere sentido cuando se repara en las guerras iniciadas por Estados Unidos en los últimos años en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Yemen.

Bajo Yanukóvich, la rampante corrupción era moneda corriente, y ahogaba al país, pero todos los pasos dados hasta hoy, de la mano del complaciente, con Washington, gobierno de Poroshenko y Yatseniuk, han ido en la dirección del desastre. La Ucrania dirigida por Poroshenko es hoy un grotesco país donde mandan los capitalistas de la nueva oligarquía creada a partir del robo, como ayer, pero también los matones y asesinos, los comandantes de grupos armados de extrema derecha, que no dudan en deshacerse de cualquiera, los ladrones de los recursos del país y gente que parece no estar en sus cabales. No es una exageración: sólo hay que ver los personajes que se pasean por el parlamento y los ministerios, armados, acompañados de matones fascistas que no dudan en sacar granadas de mano de sus bolsillos. Aunque divididos en facciones, comparten la solidaridad de ser los beneficiarios del golpe de Estado y los protegidos por Estados Unidos. Yakseniuk (cómplice y socio de uno de los principales capitalistas ucranios, Igor Kolomoisky, organizador de batallones fascistas) es uno de los hombres de Washington en Kiev; Poroshenko duda entre el acercamiento a Berlín y la sumisión a Estados Unidos, y, como Turchínov y el resto de gobernantes, ambos chapotean en la corrupción y en la incompetencia, que ha hundido la economía del país, mientras lanzan gritos de ayuda a Washington y Berlín y procuran convencer al mundo de que Rusia es un peligro. Es revelador que todos ellos se acojan a una retórica patriótica que se remonta a Stepan Bandera, y oculta Babi Yar y Volin, y que se desentiende de los símbolos y la lucha contra el nazismo durante la II Guerra Mundial. Tampoco dudan en utilizar las más groseras mentiras, entregando, por ejemplo, a Washington fotografías tomadas en la guerra de Georgia en 2008… como pruebas de la invasión rusa en Ucrania, dejando en un desairado papel al senador norteamericano Jim Inhofe.

Durante el año transcurrido desde el golpe, la corrupción no sólo no se ha atajado, sino que ha aumentado, ayudada por el desorden de la guerra, y de ella participan todos los dirigentes de Kiev: incluso la prensa ucrania habla de que Poroshenko ha conseguido enormes beneficios con sus empresas, y de que no ha dudado en mentir y en aprovecharse de las estructuras del Estado para enriquecerse aún más. Así, la economía ucraniana, que ya atravesaba una dura crisis, ha sido prácticamente destruida: muchas fábricas han dejado de funcionar, es habitual que no se paguen salarios en muchas empresas, las pensiones son miserables y las condiciones de vida son cada vez más duras, pero el gobierno golpista sabe que tal vez no tendrá otra oportunidad como la actual y sus miembros roban a manos llenas. Y la guerra y el miedo callan muchas bocas.

Poroshenko reconoció que sus fuerzas habían roto la primera tregua de Minsk, sin duda aconsejado por los servicios secretos norteamericanos, confiando en una rápida derrota de los rebeldes del Donbass, pero la ayuda rusa en armamento y suministros a las milicias hicieron fracasar la ofensiva y forzaron a Poroshenko a firmar los acuerdos de Minsk II. Si durante la guerra fría los límites entre derecha e izquierda, entre partidarios y detractores de Estados Unidos eran claros, hoy la situación es más confusa. Al Donbass han acudido voluntarios de muchos países, aunque en número reducido, para ayudar a las milicias: desde comunistas e izquierdistas hasta nacionalistas y miembros de la extrema derecha, pasando por cosacos tradicionalistas y partidarios de la solidaridad paneslavista que ven en Rusia la hermana mayor, aunque es evidente que la referencia antifascista y antiimperialista es dominante entre las fuerzas rebeldes, así como la simbología fascista y nazi está muy presente en la Guardia Nacional ucraniana y en los efectivos militares que luchan con Kiev, plagados también de mercenarios y aventureros fascistas. Así, el grupo neonazi ruso Restrukt (Restructura) apoya al partido fascista ucranio Pravii Serktor, circunstancia que ha llevado a miembros de los servicios de seguridad ucranianos a acusar al FSB (Servicio Federal de Seguridad) ruso de infiltrar miembros de esa organización (que no despertarían sospechas, y a quienes han comprado) en el batallón Azov (creado por el gobierno golpista de Kiev y financiado por el oligarca Igor Kolomoisky) con el objeto de conseguir información. Es uno entre muchos ejemplos, similar a lo que están haciendo los servicios secretos occidentales.

Una parte del nacionalismo ruso apoya, por consideraciones panrrusas, a los rebeldes del Donbass, y, en esa constelación, se encuentran agrupaciones neonazis, al igual que grupos de extrema derecha también simpatizan con los grupos fascistas del Maidán de Kiev, y algunos grupos de chechenos, con motivaciones opuestas, combaten con los dos bandos. De igual forma, grupos de serbios han acudido a apoyar a los rebeldes del Este de Ucrania amparados en la identidad eslava, que consideran amenazada por Occidente, tal y como constataron ellos mismos en las guerras yugoslavas, e incluso han acudido grupos derechistas húngaros que sueñan con “recuperar” territorios rumanos y ucranios para crear una Gran Hungría… que necesita el imprescindible requisito de la partición de la actual Ucrania. Pese a todo, esos grupos conservadores son muy minoritarios entre los milicianos del Donbass. También algunos grupos rusos hablan de “enfrentamiento imperialista” entre Washington y Moscú, para postular una estricta neutralidad. Para acabar de hacer más confusa la situación, la larga mano de los servicios secretos, de la CIA, el Mossad, el BND alemán, la AW (Agencja Wywiadu) polaca, y otros, han hecho posible el tránsito de mercenarios desde Oriente Medio a Ucrania, y de grupos islamistas de la periferia rusa, mientras el FSB ruso intenta que los combatientes yihadistas teledirigidos por la CIA no lleguen a Ucrania y a la propia Rusia.

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