martes, 3 de febrero de 2026

El bloque de poder dominante en España y su composición: ¿reconfiguración o revolución?

 

El bloque de poder dominante en España y su composición: ¿reconfiguración o revolución?

 

DIARIO OCTUBRE / febrero 3, 2026

Alejandro Moreno Gironés (Unidad y Lucha).— La burguesía en España estableció su dominio hegemónico a finales del siglo XIX, en un amplio proceso de revolución burguesa. La posición de esta clase social en el orden imperialista mundial ha provocado sustanciales reconfiguraciones de poder en su propio seno, afectando directamente a las condiciones de la clase obrera y sus luchas.

 

El Estado español es hoy una economía desarrollada y subordinada a los intereses de los monopolios financieros internacionales. El proceso para su conformación actual se inicia en la llamada “Transición” de 1978. Los sectores estratégicos están actualmente en manos de los grandes monopolios internacionales, siendo el Estado español un simple gestor de la crisis estructural del capitalismo—represión contra la clase obrera, privatizaciones, desvalorización de la fuerza de trabajo, precariedad, etc. —.

El Estado español ocupa una posición semiperiférica en el orden imperialista. La lógica imperialista española se basa en la explotación de recursos y mano de obra mediante determinados monopolios, que fueron nacionales y que hoy todavía tienen ciertos intereses en el Estado español, en América Latina y Magreb. Al mismo tiempo, auspicia en estos lugares las posiciones más reaccionarias y, dentro España, trata de segregar la mano de obra que viene de esas zonas del resto de la clase obrera mediante la propaganda más reaccionaria.

Si la conformación del bloque de poder actual se inicia en 1978, su esencia proviene de 1939. El triunfo de las fuerzas fascistas, reaccionarias, financiadas por los grandes monopolios yanquis e ingleses, creó en los años de la dictadura franquista un bloque burgués compuesto por terratenientes, capital financiero y parte del capital industrial. En 1959 los intereses del capital financiero se imponen en este bloque burgués mediante los tecnócratas del Opus Dei, creando, además, una base social compuesta de pequeña burguesía orientada a los servicios. En 1960 se produce la pugna entre capital financiero e industrial, desarrollado este segundo por el primero. Los intereses del capital industrial se concretaban en dos puntos: integración europea y reformas; los del capital financiero en el mantenimiento del statu quo.

La “Transición” de 1978 fue la resolución de esta contradicción en el bloque burgués nacido en 1939. El capital industrial y la pequeña burguesía, desarrollada por el capital financiero, impulsaron la integración en la CEE. Posteriormente, la entrada en la UE sería su propio sacrificio y el triunfo de los intereses del capital financiero. La banca, más en España, siempre gana.

En los 80 la burguesía se transforma definitivamente de “nacional” a una “compradora y gestora” al servicio de los monopolios internacionales. Este proceso fue políticamente posible por la “modernización” del PSOE, sus reformas liberales y la complicidad del PCE. Este proceso se puso en jaque, llegando a cuestionar el sistema, en el ciclo de huelgas generalizado entre 1984 a 1988, teniendo un peso específico el PCPE.

El Estado español es un elemento débil, pero imprescindible para el imperialismo en su proyecto europeo, subsumido a los intereses yankis y de la OTAN, debido a la posición que España tiene en el Mediterráneo y el Atlántico. Esta posición genera enormes contradicciones que solo pueden resolverse mediante la recomposición del bloque burgués ante un mundo multipolar o la revolución socialista. El PCPE, mediante el Frente Obrero y Popular por el Socialismo y su proyecto histórico de República Socialista Confederal, llama a una doble ofensiva: por un lado, frenar los intereses del capital y la promoción del fascismo contra las conquistas de la clase obrera, y, por otro, la implementación de la organización y la construcción del Partido para luchar sin ambages por el socialismo. La organización sin fines revolucionarios es la pata popular necesaria para las sucesivas reconfiguraciones de poder en el bloque dominante burgués. Que nuestra lucha no caiga en banderas ajenas: paz, techo y trabajo.

Fuente: unidadylucha.es

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