miércoles, 9 de diciembre de 2015

VENEZUELA. LA IZQUIERDA ESPAÑOLA TIENE QUE MIRAR SU OMBLIGO QUE ES LO QUE MÁS CERCA TIENE, PERO MÁS ALLÁ DEL OMBLIGO TAMBIÉN EXISTEN VENEZUELA, GRECIA, PORTUGAL...., INCLUSO, FRANCIA


"TRIUNFO DE LA CONTRAREVOLUCIÓN": ¿QUÉ DEPARARÁ A VENEZUELA LA VICTORIA DE LA MUD EN LAS ELECCIONES?


8 dic 2015

Seguidores de la coalición opositora celebran su victoria en Caracas/REUTERS/Nacho Doce

Con la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias en Venezuela, el país ha optado por cambiar el oficialismo por nuevas realidades políticas. La cuestión, que todavía sigue incierta, consiste en si este cambio radical que se produjo exactamente 17 años después de la primera victoria en los comicios nacionales de Hugo Chávez, resultaría beneficioso para el propio pueblo.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, reconoció los "resultados adversos" en los comicios que terminaron con la victoria de la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que obtuvo 99 escaños en la Asamblea Nacional, frente a 46 diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). 
¿Qué está por venir?
"Comenzó el cambio en Venezuela", proclamó Jesus Chuo Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD, tras conocerse los resultados de las elecciones. 
Según los últimos datos oficiales, la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) obtiene 107 de los 167 escaños de la Asamblea Nacional frente a los 55 diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Tres escaños serán para los representantes de los pueblos nativos y dos todavía están por determinar.
Se trata de la primera derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela desde la llegada al poder del fallecido líder bolivariano Hugo Chávez en 1999 (sin tener en cuenta la derrota de Chávez en el referéndum de diciembre del 2007, al cual los venezolanos fueron convocados para consultar la modificación de una parte de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela). Pero de momento el partido oficialista seguirá siendo una fuerza importante, ya que controla el poder en la mayoría de municipios que tienen mucho peso en el país.
Frente a la crisis económica
El nuevo Parlamento venezolano se elige en medio de la crisis económica que vive el país. En este contexto, el analista político, David Palacios Jaramillo, considera que las medidas político-económicas podrán suponer parte de la solución a este problema, pero no será fácil de resolver por su dependencia de los precios del petróleo.
Según el experto, los precios del crudo repercuten fuertemente en la economía venezolana. Aunque "hay esperanza de un cambio positivo" por los cambios políticos sustanciales, debido al fuerte impacto que tiene el precio de petróleo en los procesos económicos, este giro podría "tardar bastante tiempo" en efectuarse. 
Los analistas de Credit Suisse destacan, a su vez, que "no esperan una mejora significativa en la situación económica en el país, independientemente de los resultados de las elecciones".
"Recomposición de la derecha" es "un triunfo del imperialismo" de EE.UU.
El analista Ulises Bosia escribió en el portal argentino 'Notas' que "la tendencia política predominante" que se observa actualmente en Latinoamérica consiste en "la recomposición de la derecha".
"La victoria de la oposición venezolana es en verdad un triunfo del imperialismo norteamericano", dice Bosia. Los actuales acontecimientos políticos en la región latinoamericana se corresponden con la estrategia de EE.UU. "para terminar con la Revolución Bolivariana".
"La política exterior de EE.UU. apunta a terminar con la excepción que es América Latina desde inicios del siglo XXI: la región del mundo que tuvo la osadía de cuestionar el capitalismo y el imperialismo", escribió el analista.
Golpe político para el socialismo latinoamericano
Algunos analistas señalan que el triunfo de la oposición sobre el oficialismo en Venezuela supone cierto golpe político para el socialismo del siglo XXI, tomando en cuenta, entre muchos otros factores, la reciente victoria del opositor argentino Mauricio Macri ante el oficialista Daniel Scioli en las elecciones presidenciales.

El resultado de las elecciones argentinas puede considerarse 'histórico', ya que "por primera vez en la historia de Argentina, la derecha llega a la Casa Rosada de una manera legal y democrática a través de las urnas", según afirmó a RT la escritora y periodista Telma Luzzani.
En Brasil, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, autorizó la apertura de un juicio político con el objetivo de destituir a la presidenta Dilma Rousseff, argumentando que considera procedente una acusación por irregularidades fiscales.
Dilma Rousseff manifestó durante una reunión ministerial en octubre pasado que lo que se intenta conseguir en Brasil es "un golpe democrático a la paraguaya", refiriéndose al fin del gobierno de Fernando Lugo en el 2012. Paraguay está lejos de ser el único país de América Latina que ha experimentado lo que muchos definen como un "golpe parlamentario".


Así, la victoria de la oposición en Venezuela le da la oportunidad de disputar la presidencia de Maduro e iniciar el proceso de su destitución. Sin embargo, el asunto del referéndum puede plantarse solo después de que se acabe la primera mitad de su actual mandato, en abril del 2016.
"No es tiempo de llorar"
El actual mandatario declaró que su "esfuerzo continuará su rumbo" reconociendo que "en Venezuela ha triunfado una contrarrevolución" y afirmó estar "tranquilo con su conciencia". Hablando directamente a la oposición, Maduro agregó: "Ojalá puedan ponerse en sintonía con la necesidad de millones de que cese la guerra económica".
"No es tiempo de llorar, es tiempo de luchar y unir fuerzas, de revisar con objetividad, de reinventarnos, de aceptar lo que esté mal y de construir respuestas y soluciones a los problemas que tiene el pueblo", aseguró Maduro.

Asimismo, el líder venezolano se mostró seguro de que el país va a salir de esta situación y abrir "nuevos caminos de victoria para una nueva mayoría revolucionaria y chavista en las batallas que están por venir". "Es tiempo de renacimiento desde las dificultades", puntualizó.

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martes, 8 de diciembre de 2015

VENEZUELA. ¿NO HAY LIBERTADES?


 LA TRAMPA

Atilio A. Boron
Rebelión
08.12.2015

Las elecciones parlamentarias en Venezuela arrojan varias enseñanzas que creo necesario subrayar. En primer lugar que, contrariamente a todas las predicciones de los lenguaraces de la derecha, el comicio se realizó, al igual que todos los anteriores, de una manera impecable. No hubo denuncias de ningún tipo, salvo el exabrupto de tres ex presidentes latinoamericanos, que a las cuatro de la tarde (dos horas antes de la conclusión del acto electoral) ya anunciaban al ganador de la contienda. Fuera de esto, la “dictadura chavista” volvió a demostrar una transparencia y honestidad del acto electoral que más quisieran tener muchos países dentro y fuera de América Latina, comenzando por Estados Unidos. El reconocimiento hecho por el presidente Nicolás Maduro ni bien se dieron a conocer los resultados oficiales contrasta favorablemente con la actitud de la oposición, que en el pasado se empecinó en desconocer el veredicto de las urnas. Lo mismo cabe decir de Washington, que al día de hoy no reconoce el triunfo de Maduro en las presidenciales del 2013. Unos son demócratas de verdad, los otros grandes simuladores.

Segundo, resaltar lo importante de que luego de casi 17 años de gobiernos chavistas y en medio de las durísimas condiciones prevalecientes en Venezuela, el oficialismo siga contando con la adhesión del cuarenta por ciento del electorado en una elección parlamentaria.

Tercero, el resultado desplaza a la oposición de su postura facilista y de su frenético denuncialismo porque ahora, al contar con una holgada mayoría parlamentaria, tendrá corresponsabilidades en la gestión de la cosa pública. Ya no será sólo el gobierno el responsable de las dificultades que agobian a la ciudadanía. Esa responsabilidad será de ahora en más compartida.

Cuarto y último, una reflexión más de fondo. ¿Hasta qué punto se pueden organizar “elecciones libres” en las condiciones existentes en Venezuela? En el Reino Unido debían celebrarse elecciones generales en 1940. Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a postergarlas hasta 1945. El argumento utilizado fue que el desquicio ocasionado por la guerra impedía que el electorado pudiera ejercer su libertad de manera consciente y responsable. Los continuos ataques de los alemanes y las enormes dificultades de la vida cotidiana, entre ellos el de la obtención de los elementos indispensables para la misma, afectaban de tal manera a la ciudadanía que impedían que esta ejerciera sus derechos en pleno goce de la libertad. ¿Fueron muy distintas las condiciones bajo las cuales se llevaron a cabo las elecciones en Venezuela? No del todo. Hubo importantes similitudes. La Casa Blanca había declarado en Marzo que Venezuela era “una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos”, lo que equivalía a una declaración de guerra contra esa nación sudamericana. Por otra parte, desde hacía muchos años Washington había destinado ingentes recursos financieros para “empoderar la sociedad civil” en Venezuela y ayudar a la formación de nuevos liderazgos políticos, eufemismos que pretendían ocultar los planes injerencistas de la potencia hegemónica y sus afanes por derrocar al gobierno del presidente Maduro.

La pertinaz guerra económica lanzada por el imperio así como su incesante campaña diplomática y mediática acabaron por erosionar la lealtad de las bases sociales del chavismo, agotada y también enfurecida por años de desabastecimiento planificado, alza incontenible de los precios y auge de la inseguridad ciudadana. Bajo estas condiciones, a las cuales sin duda hay que agregar los gruesos errores en la gestión macroeconómica del oficialismo y los estragos producidos por la corrupción, nunca combatida seriamente por el gobierno, era obvio que la elección del domingo pasado tenía que terminar como terminó. Desgraciadamente, el “orden mundial” heredado de la Segunda Guerra Mundial, que un documento reciente de Washington reconoce que “ha servido muy bien” a los intereses de Estados Unidos, no ha sido igualmente útil para proteger a los países de la periferia de la prepotencia imperial, de su descarado intervencionismo y de sus siniestros proyectos autoritarios. Venezuela ha sido la última víctima de esa escandalosa inmoralidad del “orden mundial” actual que asiste impertérrito a una agresión no convencional sobre un tercer país con el propósito de derrocar a  un gobierno satanizado como enemigo. Si esto sigue siendo aceptado por la comunidad internacional y sus órganos de gobernanza global, ¿qué país podrá garantizar para sus ciudadanos “elecciones libres”? Por algo en los años setenta del siglo pasado los países del capitalismo avanzado bloquearon una iniciativa planteada en el seno de la ONU que pretendía definir la “agresión internacional” como algo que fuese más allá de la intervención armada. Leyendo la reciente experiencia del Chile de Allende algunos países intentaron promover una definición que incluyese también la guerra económica y mediática como la que se descargó sobre la Venezuela bolivariana, y fueron derrotados. Es hora de revisar ese asunto, si queremos que la maltrecha democracia, arrasada hace unas semanas en Grecia y este domingo pasado en Venezuela, sobreviva a la contraofensiva del imperio. Si esa práctica no puede ser removida del sistema internacional, si se sigue consintiendo que un país poderoso intervenga desvergonzada e impunemente sobre otro, las elecciones serán una trampa que sólo servirán para legitimar los proyectos reaccionarios de Estados Unidos y sus lugartenientes regionales. Y pudiera ocurrir que mucha gente comience a pensar que tal vez otras vías de acceso al -y mantenimiento del- poder puedan ser más efectivas y confiables que las elecciones.
 
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VENEZUELA. ¿UNA LECCIÓN DEMOCRÁTICA QUE NO PARTE PRECISAMENTE DE LA DERECHA?


 
Venezuela, ejemplo cívico…, ¿y ahora qué?

Por Aram Aharonian
kaosenlared
Mapocho Press




Los candidatos de la oposición venezolana obtuvieron la mayoría parlamentaria en las elecciones legislativas celebradas este domingo 6 de diciembre frente al gobierno de Nicolás Maduro, que perdió así el control de la Asamblea Nacional. Ganó el espíritu cívico y democrático de los venezolanos y perdieron los que, temerosos de una derrota final, sembraron a diestra y siniestra las semillas de la duda sobre un fraude imposible, incluyendo el gran papelón de varios expresidentes derechistas latinoamericanos.

“Ante estos resultados adversos hemos venido a reconocerlos y a decir que ha triunfado la democracia”, dijo Maduro, apenas conocidos los resultados.  Ha triunfado la guerra económica, ha triunfado la estrategia para vulnerar un modelo de país. Ha triunfado circunstancialmente”, dijo el gran derrotado tras 17 años de gobierno bolivariano.
Estos comicios parlamentarios no representan una elección nacional, sino que depende de cada circuito (local y regional), por lo tanto el número de votos nacionales no es directamente vinculante a la cantidad de curules conquistados. Desde ahora, los bolivarianos, que gozaban de mayoría calificada en la unicameral Asamblea Nacional, quedaron en minoría. Pero Maduro sigue siendo presidente, y para sacarlo deberán juntar las firmas necesarias que les permita convocar un referendo revocatorio.
La estrategia conspirativa de la oposición se apoyó en la grave y compleja situación económica que está atravesando Venezuela y en la cual los sectores dominantes han tenido una participación decisiva. La campaña de la oposición se centró en la necesidad de un “cambio”, que mejorara sustancialmente la situación actual. Pero realmente la Mesa de Unidad Democrática (MUD) no tiene un programa económico diferente a los fabricados por los centros de poder del capital financiero internacional.
No debe quedar duda que la MUD –conglomerado opositor de 28 partidos-  pretende utilizar unas elecciones legislativas para derrocar el gobierno, tarea para la que cuenta con inmensos recursos financieros y logísticos que vienen tanto del exterior como de capitalistas locales. La principal artillería externa, han sido los cartelizados medios masivos de manipulación que vienen preparando el terreno para que, a nivel internacional, se justifique la destitución del presidente.
La campaña antidemocrática contó con el descontento acumulado en la población acostumbrada a hacer largas colas para conseguir alimentos y medicinas, donde destacan la  inflación, el desabastecimiento, la escasez y la disparada de precios. La oposición y los oportunistas, acusaron al gobierno de la situación, como si fuera éste el único participante en esta confrontación.
Buena parte de la culpa del desastre económico, sin duda, la tiene el gobierno que, aun cuando se mostró firme en la defensa de programas sociales e inversiones estratégicas, no ha tomado decisiones para enfrentar la guerra económica, ante un escenario de grave restricción externa (caída del precio petrolero) como la actual. “Un militar con calculadora no es ministro de economía”, decía Hugo Chávez.
Pero la crisis económica es también en gran parte responsabilidad de los grupos económicos que están detrás de la oposición, especialmente el capital financiero y el bancario, que desde 2004 establecieron una estrategia para desmontar el control cambiario y retomar el control de la fijación del tipo de cambio y la privatización de las divisas, señala el economista Simón Andrés Zúñiga.
“Quienes han tenido total control, desde 2009, del tipo de cambio y de la estrategia especulativa que se fraguó con el dólar paralelo, tienen nombre y apellido y están montados en esta confabulación”, añade Zúñiga.
Hoy se puede asegurar que el poder fáctico ha sido exitoso en el manejo de la desesperanza, la frustración, el terror económico y la incertidumbre, apostando a la desorientación, el olvido y la pérdida de identidad. En Venezuela, después del fracasado golpe de abril de 2002, han recurrido a la guerra económica y al terrorismo cartelizado de los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Los grandes grupos económicos se unieron internacionalmente para preparar la cacería contra el gobierno y pueblo chavista.
Y el PSUV no ha logrado generar esperanza presentando un listado de candidatos digitados desde la cúpula, repitiendo nombres resistidos por la militancia.
Hace una década ya la revista Question alertaba sobre la ineficiencia, ineficacia y la corrupción que comenzaba a detectarse en esferas del poder. En octubre de 2012, en su último consejo de ministros, Hugo Chávez reclamaba un golpe de timón, denunciando esos mismos problemas.
Melquíades Iguarán señala que en este resultado adverso para los chavistas no se puede olvidar a quienes, en nombre de la revolución, han disfrutado las mieles del poder, y se han aprovechado de sus cargos para apropiarse de los recursos de todos, disfrutando de privilegios; favoreciendo a sus familiares, a sus amantes y a sus amigos. Y menos a los militares que han manchado el uniforme para traficar influencia, participar en la orgia del robo de recursos del Estado, agrega. Tampoco se debe olvidar a los que hicieron negocios con los alimentos, las medicinas y la esperanza del pueblo, los que destruyeron la producción nacional, los que se han convertido en banqueros y tampoco a los que detentan cargos en el Partido Socialista Unido de Venezuela para imponer a sus círculos de corruptos, para pisotear la voluntad de la base.
Estas elecciones parlamentarias mostraron un pueblo cansado del doble discurso, de la utilización de la imagen de Chávez, de aquellos que hablan de revolución e igualdad y permiten que sus hijos viajen en los jets de la estatal PDVSA, que se enriquezcan con contratos, que se acumulen muchos dólares fungiendo de intermediarios o los que negociaron la economía con los grandes banqueros venezolanos que han aumentado astronómicamente sus riquezas a costa de la revolución.
¿Seguirán gritando “fraude”? Hoy se inicia una nueva etapa en Venezuela, con una oposición encaramada en el legislativo, que aún debe demostrar que es una fuerza homogénea, con planes y proyectos, con capacidad para gobernar.  Enfrente hay un pueblo chavista que ha castigado la ineficiencia, la ineficacia y la corrupción de este gobierno y que, expectante, les ha dado su oportunidad.
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lunes, 7 de diciembre de 2015

VENEZUELA: UN ANÁLISIS POLÍTICO


Claves de una derrota anunciada
 
¿CANTO DEL CISNE DEL CHAVISMO?
 
Juan Agulló y Rafel Rico Ríos
Rebelión
07.12.2015
 Hace 17 años, el 6 de diciembre de 1998, Hugo Chávez, ganó las elecciones presidenciales en Venezuela por abrumadora mayoría (56.20%). El país sudamericano enterró el bipartidismo y clausuró un ciclo de pesadilla en el que la sucesión de crisis y ajustes estructurales pareció no tener fin.
Ayer, justo 17 años después, Nicolás Maduro, sucesor de Chávez en la Presidencia, perdió el control del poder legislativo que pasará a manos de la oposición. Tras 18 victorias en diversas contiendas, ésta ha sido la primera derrota de cargos electos. A partir de ahora, pase lo que pase, es posible que estemos ante otro cierre de ciclo. Pero, ¿estará el chavismo ante su canto del cisne?
En primer lugar, recordemos que se trata de unas elecciones legislativas, no presidenciales y, por tanto, el ejecutivo continúa gobernando hasta 2019.
Sin embargo, la abultada victoria de la oposición, con más de 100 diputados, le da lo que se llama “mayoría calificada” que le permitirá, entre otras cosas, aprobar o rechazar cualquier ley, dar voto de censura al vice-presidente y ministros, hacer reformas constitucionales, entre otras atribuciones legislativas.
Por otra parte, con la fuerza que ha exhibido la oposición se plantea la posibilidad de convocar un referéndum revocatorio al Presidente de la República, pero estarían obligados a recoger las firmas del veinte por ciento de los electores inscritos y superar en el referéndum los resultados que alcanzó Nicolás Maduro en 2013.
La oposición aún no tiene el gobierno pero esta victoria deja al actual gobierno debilitado ante un escenario de fuerte crisis económica, política y social.
La gran pregunta es por qué después de tantas victorias, esta vez sí ha perdido el chavismo. Para responder a esta cuestión es necesario plantearse qué ha sido y qué es el chavismo.
En sus orígenes, el chavismo pivotó sobre dos grandes columnas:
1. Una reacción al recetario neoliberal y a la crisis de legitimidad bipartidista que no solucionaba los problemas de las grandes desigualdades dentro de una sociedad venezolana profundamente fracturada.
2. Un proyecto político que, desde que Chávez entró en la escena política en 1992, estuvo orientado a superar la dependencia petrolera y el pésimo reparto de su renta.
¿Y qué ha ocurrido en estos 17 años? veamos algunas claves de un primer análisis del día después de una derrota.
Primera clave, enfrentamiento con EEUU
El plantear el reparto y control de la renta petrolera fue para Venezuela firmar una declaración de guerra contra EEUU que considera casi cualquier reserva energética del mundo (y más aún, las del Hemisferio Occidental) como una cuestión de Seguridad Nacional. Este enfrentamiento se tradujo en un rosario de intervenciones, mediáticas, económicas, políticas, directas e indirectas, del gigante del Norte contra Venezuela, incluyendo el Golpe de Estado de abril de 2002. 17 años después, aunque Venezuela ha diversificado compradores, ha seguido dependiendo de Washington.
Segunda clave, dependencia petrolera
El chavismo ha sido incapaz de reducir su dependencia rentista del petróleo durante estos 17 años. No ha logrado generar tejido industrial, ni recuperar la producción agrícola, ni establecer una economía de servicios medianamente competitiva. Aunque logró retener un porcentaje mucho mayor de la renta petrolera en el país, suficiente para enfurecer a diversos lobbies multinacionales, no consiguió superar la dependencia petrolera y mantuvo las consecuencias de una economía rentista.
Mientras los precios del petróleo fueron altos, el chavismo mantuvo el reparto de la renta con una fuerte apuesta social basada en programas sociales que mejoraron ostensiblemente las condiciones de los sectores más desfavorecidos, redujeron espectacularmente niveles alarmantes de pobreza y proporcionó salud y educación gratuitas a todos los sectores sociales.
Sin embargo, en los últimos años, Estados Unidos, que sigue siendo adicto a las energías fósiles, apostó por el fracking y los países productores de crudo no quisieron disminuir su producción, lo que provocó la fuerte caída de los precios petroleros que impactaron dramáticamente en la economía venezolana y en la sostenibilidad de su modelo social. Fue ahí cuando la escasez de productos de primera necesidad, la ineficiencia, el clientelismo, la corrupción y una política social desestructurada y desorganizada, comenzaron a desgastar los logros del chavismo.
Tercera clave, fracaso con los problemas endémicos
Si preguntan en la calle por qué ha perdido el chavismo estas elecciones, la respuesta es muy clara: escasez de productos, subida de precios, desabastecimiento e inseguridad. Sin embargo, estos problemas, que han generado un creciente malestar en la población, se vienen incubando desde hace años, son producto de unas inercias estructurales que el chavismo creyó poder conjurar con solo evocarlas pero que ha sido incapaz de superar. El gobierno se ha defendido argumentando que son inducidos por factores con intereses contrarios al proceso pero este argumento, en esta ocasión, no ha sido suficiente para convencer a las mayorías.
Cuarta clave, falta de institucionalidad
El chavismo fue incapaz de generar una institucionalización que asentara conquistas sociales y el diseño de un nuevo modelo de Estado que mantuviera de forma sostenible y eficiente un sistema político y económico orientado a la igualdad y a la justicia social.
Quinta clave, radicalización de la oposición
La oposición no solo es heterogénea sino que está profundamente dividida. La violencia callejera promovida a principios de 2014 por Leopoldo López y María Corina Machado, minaron el liderazgo de Henrique Capriles Radonski que pretendía un acercamiento al chavismo y trataba de alcanzar unos acuerdos de mínimos en temas claves como la inseguridad. Esta división de la oposición ha permitido que durante estos 17 años los sectores radicales de extrema derecha tomaran la iniciativa política impidiendo cualquier acuerdo de Estado entre gobierno y oposición y generando un clima de ingobernabilidad constante que ha obstaculizado el desarrollo de las políticas del gobierno.
Sexta clave, heterogeneidad del chavismo
El chavismo tampoco es homogéneo. El malestar social endémico que dio origen al chavismo aglutinó en un mismo proceso distintas sensibilidades políticas, distintos sectores sociales, visiones de país, civiles y militares. Esta heterogeneidad ideológica, que ha sido fortaleza en la unidad y como bloque contra las embestidas de la derecha, sin embargo, ha impedido el diseño de políticas claras y coherentes. El chavismo se ha convertido más en un sentimiento político de unidad de sectores políticos y sociales heterogéneos frente a una clase dominante que en una doctrina política claramente definida.
Esta derrota es un toque de atención no solo al chavismo sino a la izquierda en general cuando tiene que pasar de las intenciones, del discurso por la igualdad y la denuncia de las injusticias sociales, a gobernar con políticas viables que den solución a las necesidades concretas de los ciudadanos.
Conclusión

Los resultados de la elección de ayer pueden ser engañosos. En 1972, en un librito titulado “Venezuela contemporánea, ¿un país colonial?”, el historiador Federico Brito Figueroa sostenía que su país, en buena medida como consecuencia de la producción/dependencia petrolera, era un excelente ejemplo del colonialismo posterior a la descolonización. Es verdad que hasta cierto punto Chávez acabó con la tutela extranjera pero no con la dependencia petrolera y sus nefastas consecuencias sociopolíticas. ¿Lo hará la oposición?
Aunque suene a tópico, lo cierto es que ante la fuerte polarización que vive y padece la sociedad venezolana, la oposición debe asumir su victoria con responsabilidad ante el reto que le han concedido los ciudadanos, algo de lo que hasta ahora no ha hecho gala. Su victoria se debe más al fracaso del gobierno en afrontar los problemas que azotan el país que a sus méritos propios como opción política que ilusione a las mayorías.
El voto a la oposición, como su nombre indica, es un voto de oposición más que un voto de construcción y no se debe olvidar que las políticas de la llamada Cuarta República, con su viejos dirigentes que siguen activos, tampoco pudieron solucionar los problemas endémicos irresueltos, dependencia petrolera, el reparto de la riqueza, las desigualdades, la marginalidad, o la inseguridad.
Mientras tanto, el chavismo, que no es solo este gobierno, ha dejado una profunda conciencia política en el pueblo venezolano que ha marcado un antes y un después en la historia de este país y con capacidad y fuerza suficiente como para renovarse y generar nuevos actores y movimientos políticos que entren en la escena política venezolana y latinoamericana. Que nadie lo dé por vencido.
* Juan Agulló es sociólogo (geotlati@gmail.com); Rafel Rico Ríos es Ingeniero de Telecomunicación (@rafaelricorios)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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domingo, 6 de diciembre de 2015

ESTADO ISLÁMICO: ¿QUÉ TERRORISTAS ANÓNIMOS CADA VEZ MENOS ANÓNIMOS FABRICAN A LOS ASESINOS TERRORISTAS MATERIALES QUE COMETEN LOS CRIMINALES ATENTADOS?


TERROR POR TODAS PARTES, HUMANIDAD EN NINGUNA

 

Rebelión
Jadaliyya.com
05-12-2015

 

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

 Seguramente sería más razonable esperar unas cuantas semanas y dejar que las emociones se asienten. Eso es lo que la decencia y la razón exigen. Como parisino de corazón, debería quedarme callado. Por desgracia, los halcones y los fascistas, los lobos y los belicistas, los chacales y los ministros no se sienten comprometidos con esos escrúpulos. No esperaron ni a que se enterraran los cuerpos o se secaran las lágrimas para empezar a gritar su furia. Claman por una dura venganza, por el cierre de fronteras, por una nueva ronda de medidas de seguridad de mano dura. Nos tienen rodeados.

Es imposible resumir en un artículo las múltiples dinámicas en funcionamiento en la escalada del terrorismo masivo que la pasada semana ha herido sucesivamente al Líbano y a Francia. Sin embargo, es necesario repetir los mismos hechos obvios una y otra vez, confiando en que un día los cínicos y los payasos que nos gobiernan encuentren el coraje necesario para poner fin al círculo vicioso.

Terror para todo el mundo

A diferencia de algunos delirantes expertos, debemos recordarnos a nosotros mismos que estos ataques no golpean a Occidente o Francia “por lo que son”, como Daniel Pipes sugirió una vez. Sin embargo, editorialistas del tres al cuarto, junto a respetados académicos como Jean-Pierre Filiu, propagaron esta idea tras los ataques del viernes 13. Algo que permite que los aduladores de la “democracia liberal”, del capitalismo competitivo y del farisaísmo occidental encuentren refugio en la comodidad de un esencialismo ingenuo. Por tanto, no hay razón para más debates: somos tan felices, libres y poderosos que no les queda más remedio que envidiarnos y odiarnos al mismo tiempo, lo que hace que esos supuestos expertos reproduzcan el desfasado esquema del “choque de civilizaciones”. El hecho de que algunos gobiernos hayan llevado muerte y destrucción por todo el mundo perpetrando bombardeos policiales e imprecisos ataques con aviones no tripulados no tiene nada que ver con este resentimiento.

Más allá del hecho de que “Occidente” no exista como unidad política y del largo historial de actos violentos cometidos por muchos gobiernos, esta idea niega otro hecho obvio: el infernal ciclo de terrorismo y contraterrorismo se ha extendido mucho más allá de la supuesta confrontación “Oriente-Occidente”. Los combatientes nigerianos de Boko Haram, que secuestran, masacran y se inmolan, aunque pueden pretender luchar contra la educación al estilo occidental responden sin embargo a una amplia gama de dinámicas políticas y económicas locales. Matan a otros nigerianos cuyo supuesto “estilo de vida” tiene mucho menos que ver con el mío que el de un burgués en Doha.

Le Monde encuentra una complacencia escandalosa en describir una Francia que tiene el privilegio de ser el foco del odio yihadista. Nosotros –los galos laicos- deberíamos pensar por tanto que somos un tipo de víctimas diferentes de los libaneses que murieron en una barriada chií en Beirut, los doscientos rusos del Sinaí o los ciento y pico manifestantes de izquierdas en Ankara. Pero nuestras “democracias liberales” no son el principal objetivo de los yihadistas. Desde la insurrección en Iraq a su divorcio de Al-Qaida, la genealogía de Da’esh demuestra que el extremismo antichií es la base de la ideología de la organización. Antes de eso, el trágico resultado de la violencia takfiri en Argelia demuestra que va principalmente dirigida contra aquellos que han sido calificados de apóstatas. ¿Cuántas veces tendremos que repetir que la inmensa mayoría de esos ataques se dirigen contra los musulmanes a fin de poner fin a esta vieja sintonía del odio contra lo occidental?

Nuestros monstruos, nuestra responsabilidad

Y más problemático aún, se da por supuesto que Occidente, cuyos valores se colocan en la cima de la jerarquía de las civilizaciones, representa a toda la humanidad. Por tanto, una Francia doliente ha recuperado su papel como ejemplo de universalismo. En Washington, Barack Obama describió los ataques de la noche del viernes como un desafío a “toda la humanidad y a los valores universales que compartimos”. En París, el presidente del parlamento, Claude Bartolone, citaba a Thomas Jefferson, declarando que “toda persona tiene dos países: el suyo y Francia”. No voy a abundar en la ironía del tango de amor entre el gobierno francés y su homólogo estadounidense cuando uno es completamente consciente de la abrumadora responsabilidad del segundo provocando el caos actual en Oriente Medio y sus consecuencias para Europa. Pero, ¿qué vamos a decir a los kurdos o tunecinos que pueden al parecer morir asesinados sin ofender a la “humanidad”? ¿De qué tipo de humanidad estamos hablando cuando siempre se invoca el mismo grupo de personas?

Como sabemos, el universalismo humanista incluye necesariamente formas de exclusión. También nos protege de lo que no queremos ver en nuestros países de origen. La “humanidad” es un concepto conveniente al ayudarnos a olvidar que nuestros Estados y sus homólogos pakistaníes, árabes o africanos han sembrado activamente el odio que entristece París y Beirut hoy, Nairobi y Mumbai ayer. En cuanto a los monstruos que entraron en una sala de conciertos y dispararon contra jóvenes desarmados, estos gobiernos los fabrican. Nosotros los fabricamos. Esos monstruos –que cumplieron su sueño de volar en pedazos por una explosión que ellos desencadenaron- no tienen alas ni colmillos. Son franceses y belgas. Han nacido y crecido en nuestro preciado “mundo occidental”. Por supuesto que son individualmente culpables de un baño de sangre que revela la pérdida de cualquier tipo de empatía. Por ello, la ausencia de un más allá después de su suicidio es el castigo definitivo. Pero son los Estados francés y belga los responsables de crear las condiciones estructurales de una transformación tan espantosa.

En cuanto a nosotros, que cerramos los ojos frente a la violencia de la segregación espacial y racial, que nos rendimos al diktat de un ordoliberalismo insensible, que celebramos la venta de armas a países emergentes como un triunfo de la competitividad nacional, también compartimos la carga de la responsabilidad. La falsa oposición entre la barbarie que nos amenaza y la civilización que nos define es una mera mistificación. Es un discurso que niega las causas estructurales y oculta la ausencia de una respuesta política adecuada.

¿Ganar la guerra? ¿Cómo se hace eso?

Como pavonearse en la televisión nacional para demostrar la incompetencia y la incapacidad de uno para producir nuevas ideas resulta siempre positivo para los índices de audiencia, el primer ministro Valls no perdió la oportunidad de alardear en TF1 (el principal canal privado francés). Vamos a “devolver golpe por golpe” a este “ejército yihadista terrorista”, dijo, mientras se toqueteaba la barbilla. Frente a tanto belicismo, un humilde ciudadano como yo se queda sin habla.

La guerra contra el terrorismo empezó hace quince años, y el único resultado ha sido una persistente y precipitada avalancha de violencia. Jacques Chirac –un presidente reaccionario y deshonesto pero que no carecía de inteligencia- tuvo el sentido común de condenar la invasión anglo-estadounidense de Iraq. Más de diez años después, los tan cualificados tecnócratas que usurparon el término de socialista no tienen como respuesta más que la guerra y la represión ante el asesinato de 139 de sus conciudadanos. A lo largo de la pasada década, Sadam fue ahorcado, Al-Zarqaoui pulverizado y Bin Laden atrapado y liquidado. Durante la pasada década, el presidente Obama dio su autorización personal a miles de asesinatos extrajudiciales sin que su humanidad llegara a cuestionarse. Durante la pasada década, el terrorismo no ha disminuido sino que se ha complementado de la guerra civil siria, provocando el exilio de millones de personas.

Es definitivamente verdad que una vez que se llegue a un acuerdo en la forma de transición política en Siria, la enérgica acción de las potencias globales y regionales podrían derrotar a Da’esh como estructura territorializada de tipo estatal. Sin embargo, esto no implica el fin de las redes terroristas y los ataques oportunistas. Es muy poco probable que un mundo donde coexisten la injusticia, la tiranía y los kalashnikovs a un precio de dos mil euros, pueda pacificarse con bombardeos, invasiones militares y esfuerzos de reconstrucción que benefician principalmente a los grandes contratistas privados. Esa fórmula no es mágica, es simplemente estúpida.

En cuanto a la técnica de la ciudadela asediada que lanza continuamente ataques preventivos –propugnados por genios como Benyamin Netanyahu-, el estado de psicosis que ha caracterizado a la sociedad israelí durante los pasados diez años muestra que no solo es algo ineficaz sino también tóxico.

Vigilancia policial sin protección

El gobierno francés puede continuar ampliando los registros sin orden judicial que ha estado llevando a cabo desde el sábado por la noche. Esto no va a cambiar otro simple hecho: que los servicios de seguridad no van a poder impedir futuros ataques. Nunca tendrán tal capacidad, a menos que aceptemos una orientación totalitaria para nuestra sociedad además de una vigilancia sistemática de las comunicaciones. Los miles de millones de conversaciones que ya han estado escuchando y los correos electrónicos y direcciones de IP que han estado grabando, no les ha ayudado a localizar a un montón de pequeños delincuentes radicalizados que están organizando su ataque sobre París utilizando su Playstation 4. Pueden situar un poli en cada esquina pero esto no impedirá que terroristas oportunistas aprovechen los inevitables lagunas de seguridad.

Uno debería preguntarse por qué nuestros gobernantes están continuamente abogando por una mayor vigilancia dado que nunca podrán asegurar la seguridad en cada centímetro de su territorio. Desde luego, uno puede considerar esto en términos de la tentación autoritaria inherente a toda policía o gobierno. Sin embargo, la respuesta más probable recae en la irresponsabilidad que caracteriza a todas las burocracias, como Hannah Arendt señaló una vez. Intentando eludir las críticas, los ministerios y los servicios encargados de la seguridad se protegen a sí mismos a expensas de nuestras libertades individuales, sin solucionar la amenaza terrorista que su guerra contra el terror ha fomentado. El espíritu del terrorismo necesita de la burocracia para sobrevivir, ya que el terrorismo no ha estado nunca mejor complementado que por la banalidad del mal. Para una mente sana, sólo queda impotencia y dolor.

No había otra posibilidad: dos días después de los ataques dirigidos contra los jóvenes parisinos, François Hollande no tenía nada más que proponer que la retórica de la guerra y otro refuerzo de los poderes excepcionales. Incapaz de cumplir con su responsabilidad histórica, de enfrentarse a las crecientes presiones de los halcones que denuncian una invasión de los sarracenos, fiel a una constante y asombrosa debilidad, el presidente francés ofrece más guerra contra el terror para combatir la “guerra del terrorismo”. Ni siquiera puedo decir que me siento sorprendido.

Al concluir este artículo, me hubiera gustado sostener que estos ataques nos ayudarán a darnos cuenta de la tragedia a que se enfrenta Oriente Medio desde 2003, o que nos permitiría comprender totalmente las causas del exilio de millones de sirios, afganos, iraquíes y muchos otros. Me habría gustado afirmar que, al fin y al cabo, puede que haya espacio para alguna forma de humanidad tras los recientes sucesos. Pero todo en la conducta de nuestros gobernantes, en Francia y en otros lugares, apunta a lo contrario.
Thomas Serres es profesor de la Universidad Jean Monnet en Saint-Étienne.

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