Venezuela de rodillas: el Imperio entra por la puerta grande
Por Canarias Semanal
kaosenlared
5 de febrero de 2026
Cuando la soberanía se
negocia en salones dorados… ¿a qué precio se compran la paz y el petróleo?
La reunión entre Delcy
Rodríguez y la enviada de Estados Unidos no es solo una foto diplomática. Es el
retrato de una política entreguista que ha cambiado soberanía por
sobrevivencia, dignidad por silencio.
POR ENRIQUE URDANETA PARA
CANARIAS SEMANAL.ORG
Insólitamente, la escenificación se produjo en el Palacio de
Miraflores, en Caracas. Allí, bajo los mismos candelabros del
poder que alguna vez osaron desafiar frontalmente al Imperio del
norte, la enviada de Washington, Laura Dogu, fue
recibida con gestos cálidos, sonrisas, alfombras y palabras amables.
Delcy Rodríguez,
presidenta encargada, y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de
la Asamblea Nacional, están presentes. Se estrechan las manos, se
sientan frente a frente, se toman la foto.
No se trata de una visita
accidental: es una cita programada, acordada, con el fin de “fortalecer
la cooperación” entre Venezuela y Estados Unidos. Y todo
ello ocurre mientras el presidente del Ejecutivo del país, Nicolas Maduro,
permanece en las mazmorras de una prisión en Brooklyn, Nueva York.
Pero, ¿cooperación en
qué términos? ¿Con quécorrelación de fuerzas? ¿Con qué previsibles consecuencias?
¿Quién es el que coopera y quién es el que se somete?
El gesto diplomático,
disfrazado de una suicida realpolitik, está
encubriendo una rendición política, toscamente disfrazada de pragmatismo.
Washington no
se ha disculpado ni por los años de bloqueo económico, ni por las
sanciones unilaterales que asfixiaron la vida cotidiana del pueblo
venezolano, ni por el saqueo de CITGO, ni por los
reconocimientos diplomáticos a un ridículo autoproclamado presidente
inexistente.
“En nombre de
la paz, se está permitiendo que empresas transnacionales
petroleras regresen sin mayor control
No. Al contrario. La
enviada Dogu vino a “reafirmar el plan de tres
fases de la Casa Blanca para Venezuela”, sin que Caracas mostrara la
menor intención de interpelar ese plan o atreverse a indicar cuáles
eran sus condiciones. Traducido al roman palatino: una
rendición en toda regla.
EL CORDÓN UMBILICAL CON LA
POTENCIA QUE NOS ASESINA
La imagen de Dogu en Miraflores no
solo es un símbolo. Es también una línea política. Porque mientras
se le abre la puerta del Palacio de Miraflores a los emisarios
del imperio, se criminaliza, reprime o silencia a quienes reclaman
desde abajo, desde los barrios, desde los sindicatos, desde las comunas.
Esta macabra escena se
inscribe en una lógica más profunda: la de una política exterior que,
en nombre de la sobrevivencia del Estado, ha terminado por arrastrarse
ante el altar de los verdugos de ayer. No se trata ya de un giro
táctico, sino de una claudicación estratégica.
La política del Gobierno
venezolano, bajo el argumento de buscar «levantar
sanciones» o «estabilizar la economía» o
de «recuperar a su presidente», ha terminado
legitimando una arquitectura de relaciones internacionales en la que el poder
imperial marca la pauta.
Se cede a cambio de
oxígeno, se entrega soberanía a cambio de migajas, se
normaliza el trato con quien aún impone condiciones, diseña planes y pretende
gobernar desde lejos.
“Cuando se
borra la memoria, se le allana el camino al regreso del amo”
CUANDO LA SOBERANÍA SE VENDE COMO DIPLOMACIA
Delcy Rodríguez con
Laura Dogu, la nueva encargada de negocios de Estados Unidos en
Venezuela, en el Palacio de Miraflores
El gesto de abrirle
la puerta a Dogu sin exigir ni una
disculpa, sin siquiera una condena formal a la política de
asfixia impuesta por su país, es un acto de sumisión. Y no es,
desde luego, el primero.
En nombre de la
paz, se ha permitido que empresas transnacionales
petroleras regresen sin mayor control. Se ha postergado
indefinidamente la auditoría de lo privatizado. Se ha aceptado que
el capital financiero internacional intervenga en áreas clave de la economía
nacional. Se ha reconfigurado el orden económico bajo lógicas
neoliberales encubiertas con un lenguaje de presunta resistencia. Ytodo
esto mientras el salario mínimo sigue en niveles de miseria, mientras
las pensiones no cubren ni el transporte y mientras la
migración masiva sigue drenando al país.
Hay quienes se atreven a
llamar a esto “madurez política”. Otros prefieren hablar de
“reacomodo táctico”. Pero en la calle, en las
comunidades, en los comedores populares, en las
asambleas obreras clandestinas, la palabra que más se repite es “traición”.
UN EJEMPLO HISTÓRICO
PARA ENTENDER EL PRESENTE
En 1973, Salvador
Allende fue derrocado por un golpe apoyado por Estados Unidos. Pinochet,
su verdugo, instaló una dictadura neoliberal que convirtió
a Chile en laboratorio del capitalismo global.
Décadas después, sus
herederos en la presidencia buscaron “normalizar” las
relaciones con Estados Unidos. Pero el precio de esa normalización fue
nada menos que la entrega total de los recursos, la destrucción
de los derechos laborales y la mercantilización total de la
vida de los chilenos.
¿Está ahora Venezuela,
y en nombre del “diálogo”, recorriendo un camino
similar? ¿Está el Gobierno venezolano abriendo las puertas a un proceso de recolonización
silenciosa?
LA OBSCENIDAD DEL DOBLE
DISCURSO
Mientras se reciben delegaciones
norteamericanas en salones alfombrados, el discurso oficial sigue
hablando de independencia, de soberanía,
de antiimperialismo. Se organizan actos, se escriben
comunicados, se levantan pancartas. Pero todo eso está ocurriendo
mientras se están negociando contratos con Chevron y garantizando
legalmente la inmunidad jurídica a capitales extranjeros.
La palabra “soberanía” se
ha convertido en una concha vacía, en un eco lejano. Ya
no se define por la capacidad de tomar decisiones autónomas, sino
por la capacidad de simular que se hace mientras se está obedeciendo al
amo.
EL PELIGRO NO VIENE
SOLO DE FUERA
La amenaza no viene
solamente del norte. Viene también de dentro. Viene del olvido
de los principios que alguna vez movilizaron a millones. Viene de
la renuncia a construir una alternativa verdadera al capitalismo dependiente. Viene
del miedo a incomodar a quienes siguen creyéndose los dueños del continente.
Y es que cuando se pierde
el horizonte, el presente se convierte en una tragicomedia.
Y cuando se borra la memoria, se le allana el camino al regreso del
amo.
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