Lo de Mazón no tiene nombre. Lo sabe él, lo sabe Feijóo, lo saben tirios y troyanos, lo sabe el sumsun corda, lo sabe la dama de su almuerzo semisecreto, lo sabe su inútil vicecómplice, lo sabe hasta Abascal. Pero ¿qué les importa?
¿Abascal presidente?
El Viejo Topo
22 marzo, 2025 Alfons
Cervera
Mazón nombra a
Abascal nuevo presidente del Gobierno valenciano
Ya está. Todo
se ha consumado, como se decía en alguna parte de la Biblia. Desde el 28 de
mayo de 2023, cuando el PP pactó con Vox el gobierno valenciano de coalición,
no teníamos ninguna duda. Incluso cuando no mucho más tarde la ultraderecha
rompió el acuerdo, sabíamos que esa ruptura no era más que un paripé. Sabíamos
que el PP de Carlos Mazón y Vox seguían siendo esos amiguitos del alma que
acuñó Francisco Camps en sus tiempos de amor apasionado con el Bigotes y
la Gürtel. Sólo se trataba de esperar el momento en que aquella
relación que, a ojos enrabietados de Feijóo, le jorobó la presidencia del
Gobierno, regresara a sus cauces naturales de cordial entendimiento. Y ya está.
Todo se ha consumado. El lunes 17 de marzo, en plena euforia fallera, regresó
Mazón de su escondite secreto donde andaba desaparecido y con todo el aplomo
del mundo nombró a Santiago Abascal presidente de la Generalitat
Valenciana.
El tiempo de
Mazón se ha acabado. Ninguna duda en ninguna parte. Y aún menos entre los
suyos. Se trataba de esperar el momento oportuno para ponerlo de patitas en la
calle. Pero eso no era fácil. Para nada lo era. No hay repuesto en las
filas del PP valenciano. Menudos lumbreras se sientan en su bancada de las
Corts. Y defenestrar al presidente “noqueado” era reconocer que el partido, no
sólo Mazón, era el responsable de la tragedia que vivimos aquel fatídico 29 de
octubre del año pasado. La estrategia era esperar que el tiempo lo borrara
todo. La huella de las víctimas mortales, el dolor de quienes las
sobrevivieron, el terrorífico paisaje que las aguas dejaron tras la barrancada.
Como tantas otras veces, la seguridad en las filas del PP de que el tiempo lo
cura todo y de que cuando llegara el olvido las cosas volverían a la
normalidad, esa normalidad que para ellos no es otra que bailar a la chita
callando sobre la tierra calma de la desmemoria.
Ya va para la
sexta anunciada manifestación en València exigiendo la dimisión del presidente
del Consell. Será el sábado 29 de marzo, justamente cuando se cumplen cinco
meses de la maldita Dana. Mientras tanto, el PP se ha inflado a contar
mentiras, a cambiar las versiones de por qué no estaba Mazón donde debió
estar el día del horror. La última versión ha salido del Palau de la
Generalitat coincidiendo con la fiesta de las Fallas. No ha aparecido en ningún
momento en el balcón del Ayuntamiento de València, que es el sitio donde se
hacen visibles personalidades de la política, de la cultura, de la economía… Y
aquí la última versión de las ausencias clamorosas de Mazón en todos los
eventos públicos: el presidente no estaba para fiestas y andaba entregado en
cuerpo y alma a la “reconstrucción”. La palabra mágica desde que compareció en
las Corts y dijo que se quedaría de presidente hasta que culminara su
entrega a la recuperación de los desastres de la Dana. Desde entonces
anda desaparecido. No puede salir a la calle porque la gente le recuerda a
gritos que por qué no estaba, y dónde, dando la cara mientras cientos de
muertos y desaparecidos ocupaban el cauce loco de la torrentera.
La dimisión
estaba cantada. Pero el PP no sabía cómo llevarla a cabo. Todo era cuestión de
tiempo, decía o pensaba Feijóo. Mientras tanto, Mazón tenía un solo objetivo:
apurar los cuatro años de mandato. Y no para trabajar codo con codo en la
reconstrucción que tanto predicaban él y su partido. El motivo era mucho más
sencillo: si llega al final de la legislatura, en 2027, su vida será un
chollo de campeonato: se embolsará 75.000 euros anuales durante los
siguientes quince años. Y dispondrá de coche oficial, chófer, personal de
asesoramiento y despacho. Esa es la famosa “reconstrucción” a la que está
dedicado Mazón en cuerpo y alma desde que se despidió de la calle hace cinco
meses. Y ahora llega la última hazaña del nada honorable presidente de la
indignidad. El pacto con Vox para aprobar los presupuestos de 2025. Los
amiguitos del alma se abrazan y cantan victoria sobre las huellas de una
tragedia que no vamos a olvidar aunque ellos quieran.
Fueron Mazón y
Abascal los primeros en pactar un gobierno de coalición. Fue la cosa tan rápida
que a Feijóo le arruinó el brindis desde el balcón de la madrileña calle Génova
la noche del 23 de julio de 2023. Ahora han vuelto aquellos abrazos yo diría
—hoy con más razón que nunca— que entre las dos ultraderechas. En una
comparecencia que avergüenza a la más mínima cultura democrática, Mazón fue
desbrozando el pasado lunes el territorio del acuerdo: nada de cambio
climático aunque los suyos en Europa digan lo contrario, nada de
dinero para las organizaciones que se ocupan de los problemas sociales de la
gente, nada para la recuperación de la Memoria Democrática, nada para la
normalización lingüística… y todo para combatir a sangre y fuego la llegada de
inmigrantes. Siempre he pensado, y más en los últimos tiempos, que las
diferencias entre el PP y Vox no eran de gran envergadura, que Abascal sale de
las costillas de Aznar y Primo de Rivera, que Feijóo no era lo que se decía
cuando desembarcó en Madrid porque Díaz Ayuso le había señalado a Pablo Casado
la puerta de salida y en ese partido lo que dice Díaz Ayuso va en la Villa y
Corte a la misa grande de todos los domingos.
El pasado lunes
se confundieron en un solo cuerpo y una mente única Mazón y Abascal. Hablaba el
de Vox por la boca entusiasta del aparecido. La aprobación de los presupuestos
era lo de menos. Lo de más era que Mazón daba un paso hacia los 75.000 euros
durante quince años (o al menos eso creen él y la boca pequeña de Feijóo y
Borja Sémper) y Abascal se coronaba públicamente como el primer presidente de
Vox de una comunidad autónoma. A partir de ahora será Vox quien dictará lo que
ha de hacer o no hacer el Gobierno valenciano. No hará falta que
vuelvan a pactar un gobierno de coalición como en 2023. Amarrado en su
despacho del Palau, echando cuentas de la pasta que le espera si aguanta estos
dos años, Mazón será ahora un presidente cautivo por partida doble. Por un
lado, las consignas diarias de Abascal para que nadie en el PP se olvide de
quién es el jefe. Y, por el otro, lo tendrá igual o peor: seguirá sin poder
salir a la calle en estos dos años. La tragedia del 29 de octubre no la vamos a
olvidar tan fácilmente como creen Feijóo y sus cantores. Por eso no van
a parar las manifestaciones para exigirle que se vaya a casa y deje
tranquila la ya de por sí intranquila memoria del horror, un horror que a él le
importó un pito entonces y le sigue importando un pito cinco meses después de
aquellos días. Voces que seguirán gritándole que las víctimas de aquella
barrancada le exigen memoria, justicia y reparación. Aunque él piense, en el
colmo de su indecencia y su cinismo patológico, que 75.000 euros anuales
durante quince años bien valen tener que aguantar los gritos de la calle y la
memoria estridente de las víctimas de la Dana.
Otra cosa será
por dónde vayan los caminos de la Justicia. De momento su condición de aforado
(otro motivo para su mantenimiento en el cargo) lo deja tranquilo. Pero entrar
en chirona —o al menos sentarse en el banquillo de los acusados— no es
un futuro descartable por su irresponsabilidad en la nefasta gestión
de la tragedia que provocó 228 víctimas mortales y la destrucción de un paisaje
que tardará años en reconstruirse. Lo que es seguro, desde el pasado lunes, es
que será Abascal quien discuta con Feijóo lo que hacer o no hacer en el
gobierno valenciano. Y también, cómo no, qué hacer o no hacer con el
“expresidente” Mazón. ¡Qué gentuza, joder, qué gentuza!
Fuente: infoLibre
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