sábado, 20 de abril de 2019

1961, USA, COCHINOS



Girón: la victoria que Estados Unidos no perdona

John Bolton se reunió con los «cocineros» en Miami, en un espectáculo político que recuerda la deshonra eterna de estos mercenarios



Raúl Antonio Capote.— El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, durante un discurso febril, que coincidió con el aniversario 58 del desembarco en la bahía de Cochinos, prometió a los derrotados veteranos «cocineros» y «pinches de cocina» acabar con la «troika del mal».

En el hotel Biltmore, de Coral Gables, Bolton recibió tres hurras durante su discurso: la primera, al confirmar el endurecimiento de sanciones económicas contra La Habana; la segunda, al prometer la limitación de los viajes, que volverán a ser solo familiares; la tercera, al revelar que las remesas a la Isla se limitarán por persona a mil dólares por trimestre.

Se pudo apreciar en el acto, a un Bolton sonrosado y sonriente, diríamos que hasta feliz, incapaz de vencer cierta inseguridad, tratando de controlar un ligero temblor en la voz, quizá debido a su extrema emoción. Era el primus inter pares en su ambiente, desquitándose de aquella terrible vergüenza del pasado, cuando fue atrapado mintiendo descaradamente sobre supuestas armas biológicas en poder del Gobierno cubano.

Los participantes, felices también, arropados por el jefe yanqui, se ajustaban de vez en vez sus «pampers», imprescindibles desde aquellos días de Playa Girón, para poder alzar los brazos y gritar sin peligro, con un tono un poco más firme que aquella vez, cuando con un hilo de voz clamaban: ¡Nos rendimos, yo vine de cocinero!

«Déjenme ser claro: la administración de Trump nunca, nunca los abandonará», recalcó un Boltoninspirado. «Necesitaremos su ayuda en los próximos días. Todos debemos rechazar las fuerzas del comunismo y el socialismo en este hemisferio, y en este país».

Dicen que se equivocaron al cantar el Himno Nacional cubano al inicio del acto, no es de extrañar con semejante asistencia, y que alguna que otra garganta se rajó y desafinó –eran muchas emociones juntas en un día memorable–.

Cómo olvidar tamaña jornada, cómo olvidar –esos «heroicos combatientes» con los que cuenta el actual Gobierno de los EE. UU. para enfrentar al «comunismo y al socialismo»– el 17 de abril y los días que le precedieron, las arenas de Girón, los milicianos, el pánico de la huida; cómo olvidar que de la noche a la mañana los «aguerridos» soldados de la Brigada 2506 se transformaron en «cocineros», «pinches de cocina» y «sacristanes», cómo olvidar que los cambiaron por compotas, no debe ser fácil llevar a cuestas la deshonra eterna del mercenario.

Dicen que el gobierno yanqui les prometió concluir lo que comenzaron en bahía de Cochinos. Es muy posible, los que desconocen la historia están condenados a repetirla, porque cualquier aventura de los EE. UU. y sus lacayos terminará de nuevo para ellos en otra costosa derrota.

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