lunes, 14 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LA IZQUIERDA


La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unión Europea

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Redacción de Mientras tanto
Rebelión
04.09.2015

En 1975, el Partido Comunista de España afirmó en su Manifiesto-Programa: “Hemos hecho una opción favorable a la articulación de una Europa de los pueblos. Hoy conocemos la Europa de los monopolios y vemos sus límites y su impotencia para resolver los problemas cardinales tanto en el terreno económico como en el político y social. ¿Por qué la clase obrera y la izquierda habrían de dejar el monopolio de la acción para articular Europa, en manos del gran capital y de la derecha?” [11]. Si citamos este documento es sólo porque dicha posición, salvo pocas excepciones, sería asumida por el resto de partidos y movimientos políticos de izquierdas del Estado español. Y porque refleja el optimismo con el que la izquierda, en general, encaró esta cuestión.

Pero cuarenta años han pasado desde la publicación de este documento y no se ha producido ningún paso real hacia la construcción de aquella Europa social y de los pueblos a la que muchos aspiramos. Todo lo contrario: además de la desposesión de soberanía popular de la que están siendo víctimas los pueblos europeos, del aumento de la desigualdad social y del desmantelamiento progresivo de las redes de protección social construidas después de 1945, asistimos al renacer de pulsiones nacionalistas en cada uno de los países de la UE y al fortalecimiento de numerosos partidos de extrema derecha. Liso y llano: la UE, y más aún la UME, están minando tanto los niveles de democracia y paz como el bienestar alcanzados en las últimas décadas en el continente. Esta es la realidad, mal que pese. El seguir cultivando un europeísmo naïf basado en la certeza de que los trabajadores europeos, tarde o temprano, se unirán para dar vida a una Europa social, choca con una realidad en donde el demos europeo brilla por su ausencia y en cuya mayoría de Estados (pensemos en los países del Este y en los bálticos) ni siquiera existe una izquierda digna de este nombre. Probablemente tiene razón el economista Dani Rodrik cuando afirma que la UE es una ilustración perfecta del célebre trilema que presentó en su libroLa paradoja de la globalización. A saber: que no se puede tener a la vez globalización económica, democracia política y soberanía nacional (que, en el caso de la izquierda, sería mejor llamar “soberanía popular”). Debemos elegir dos de entre estos tres conceptos. Y, para Rodrik, el trilema es aplicable a escala europea en tanto que las dificultades económicas y políticas que atraviesa Europa tienen su origen en el hecho de que la integración monetaria y financiera ha ido muchísimo más allá de la integración política. Por lo tanto, para salvar la democracia en Europa se necesitaría o más integración política o menos integración económica [12].

 Tertium non datur. Y de momento nadie, empezando por los países acreedores, ha dado muestras de apostar seriamente por la primera opción.

Es por ello por lo que ha llegado el momento de pensar y discutir sobre alternativas a la moneda única y la Unión Europea. Desde luego, no partimos de cero: en los últimos años se han avanzado propuestas diferentes para superar el actual orden monetario y político europeos que partían todas de la premisa de que se trata de un paso indispensable pero insuficiente. Nadie afirma que ello será fácil ni que solucionará todos nuestros problemas; sería sólo el primer paso para restablecer un correcto y democrático funcionamiento de nuestros sistemas políticos y sentar las condiciones para implementar un modelo productivo de plena ocupación y ecológicamente sostenible. Tiempo habrá para criticar y enriquecer estas propuestas o para presentar otras. Ahora nuestro propósito es el de invitar a todos los partidos y movimientos sociales alternativos a sumarse a este debate. Y a hacerlo de forma colectiva, documentada y sincera. En fin, sin tremendismos ni tabúes. La única forma que nos permitirá dar con respuestas sólidas para encarar la situación de emergencia social que vivimos hoy en día.

Notas

[1] Yanis Varoufakis, Stuart Holland, James K. Galbraith, A Modest Proposal for Resolving the Eurozone Crisis (2013). Consultable en:https://varoufakis.files.wordpress.com/2013/07/a-modest-proposal-for-resolving-the-eurozone-crisis-version-4-0-final1.pdf.

[2] “Varoufakis admits plans for parallel payment system, denies Grexit goal”, Ekathimerini, 27/7/2015. Consultable en:http://www.ekathimerini.com/199951/article/ekathimerini/news/varoufakis-admits-plans-for-parallel-payment-system-denies-grexit-goal.

[3] “Galbraith: per Syriza missione impossibile”, Il Manifesto, 16/7/2015.
[4] James K. Galbraith, “Greece, Europe, and the United States”, Harper’s Magazine, 16/7/2015. Articulo consultable en:http://harpers.org/blog/2015/07/greece-europe-and-the-united-states/. Véase también, del mismo Gailbraith, “The Future of Europe”, The American Prospect, 14/8/2015. Consultable también en: http://prospect.org/article/future-europe.

[5] Sobre el nuevo partido griego “Unidad Popular”, consúltese el texto de Stathis Kouvelakis, “¡Nace Unidad Popular!”, vientosur.info, 21/08/2015. Consultable en: http://www.vientosur.info/spip.php?article10409; Sobre el Bloco de Esquerda, véase la resolución de la Mesa Nacional del día 26 de julio de 

2015: http://www.bloco.org/media/mn20150726.pdf; Una buena muestra de cómo la cuestión del euro haya entrado en los discusiones sobre el futuro de la izquierda radical italiana son las intervenciones en el debate “C’è vita a sinistra”, organizado por el diario Il Manifesto y consultables en la página web del diario (www.ilmanifesto.info); En cuanto al debate que empieza a producirse en Die Linke sobre el euro y la UE, véase: Nicole Gohlke y Janine Wissler, “Escaping the Euro Dream”, Jacobin, 31/7/2015, consultable en:https://www.jacobinmag.com/2015/07/germany-greece-austerity-grexit/.

[6] Nicholas Kaldor, “The Dynamic Effects Of The Common Market”, The New Statement, 12/03/1971.

[7] Véase, al respecto, el libro de David Marsh, The Euro. The Battle For The New Global Currency, New Haven, Yale University Press, 2009.


[9] Gabriel Flores, “Se benefician los países periféricos de formar parte de la Eurozona?, Nuevatribuna.es, 20/8/2015. Consultable en:http://www.nuevatribuna.es/articulo/europa1/benefician-paises-perifericos-formar-parte-eurozona/20150820182108119316.html.

[10] Claudi Pérez, “Yanis Varoufakis: El tercer rescate de Grecia está diseñado para fracasar”, El País, 2/8/2015.

[11] Partido Comunista de España, Manifiesto-Programa del Partido Comunista de España, París, Colección Ebro, 1975, p. 28.

[12] Véase el prefacio de Rodrik, dedicado a Europa, a la edición italiana de 2015 del libro La paradoja de la globalización. Democracia y futuro en la economía mundial (publicado en España en 2012 por Antoni Bosch editor; y en Italia, por la editorial Laterza).


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ESTADO ISLÁMICO. O SEA, QUE LOS MISMOS TERRORISTAS QUE PUEDEN MATAR ESPAÑOLES EN LA BASE DE MORÓN DE LA FRONTERA, ES LA MISMA ORGANIZACIÓN QUE AL AMIGO AMERICANO LE INTERESA QUE EXISTA.



Balance de un año de bombardeos de la coalición

Así está Estado Islámico hoy

Rebelión
Vice News
09.09.2015


Cuando el presidente estadounidense Barack Obama anunció hace un año que había dado órdenes para atacar las posiciones del autoproclamado Estado Islámico (EI) para detener su avance hacia Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, alegó por una parte razones humanitarias —detener la persecución en Sinjar de las minorías cristiana y yazidí— pero sobre todo el posible ataque de Estado Islámico sobre Erbil, epicentro de los intereses comerciales y de inteligencia estadounidense en la región.

Sin darle mayor importancia, Obama citó la que es la razón última que ha creado el caos del que se ha alimentado a Estado Islámico: “la necesidad de una reconciliación entre las comunidades iraquíes” y cuyo inicio es la invasión estadounidense.

Al dar por bueno el supuesto gobierno de unidad nacional de Haidar al-Abadi, la administración Obama no hizo sino perpetuar la división de la sociedad iraquí ya que del gobierno de Abadi un año después se ha demostrado igual de sectario y sanguinario que el de Nuri al-Maliki. Cuando unos días después del anuncio de la intervención se presentó en el Congreso estadounidense la propuesta para esta operación se avisó de que la batalla sería larga, hasta tres años. Unas precauciones a priori sorprendentes si comparamos la capacidad militar de ambos contendientes: una alianza de los 60 países más poderosos del mundo contra 35.000 fanáticos.

Pero el equipo de Obama ya sabía que sin una infantería que combatiese sobre el terreno no se iba a poder lograr una victoria. En su discurso hizo hincapié en que las tropas estadounidenses no volverían a combatir en Irak.

Los community manager de la yihad: el reclutamiento de Estado Islámico en las redes. Leer más aquí.

Estado Islámico, un año después
Con un coste medio de 9,5 millones de dólares a día, la campaña de bombardeos contra EI habrá costado 3.500 millones de dólares en su primer año —hay que recordar que Naciones Unidas suspendió su asistencia temporalmente en 2014 a los refugiados sirios porque le hacía falta 64 millones de dólares—. ¿Cuál ha sido el efecto sobre el llamado Estado Islámico?

Claramente ha frenado su expansión en Irak que fue galopante en los primeros meses tras la caída de Mosul y el colapso de la Revolución Iraquí. Pero el balance del terreno perdido por EI en este primer año de campaña militar contra no es muy halagüeño para la inversión militar y financiera hecha por la coalición internacional, y sobre todo si se tiene en cuenta su expansión a otros países árabes durante este año. Se calcula que ha perdido cerca de un 30% del territorio pero muy localizado en torno a los intereses de los principales aportadores de infantería, los kurdos y las milicias chiíes proiraníes.

Si bien este mapa es de abril de 2015 y no aparece la captura por parte de Estado Islámico de las importantes ciudades de Palmira en Siria yRamadi en Irak, es ciertamente ilustrativo pues colorea a la perfección como los kurdos iraquíes y sirios han arrebatado terreno a Estado Islámico para asegurar sus fronteras; y por otra parte las milicias chiíes iraquíes que se ha creado para este fin, Al Hashad al Shaabi (Movilización Popular), con el apoyo del ineficaz ejército iraquí guiados abiertamente por destacados miembros del ejército iraní han asegurado el corredor que une la ciudad santa chií de Samarra con Bagdad y han ganado terreno en la provincia de Diyala, frontera con Irán, alejando así el peligro de los terroristas de su territorio.

Irán, piedra angular
El máximo beneficiado por la aparición de Estado Islámico, Irán, se ha convertido al mismo tiempo en la piedra angular para combatirlo. Cuando el Estado Islámico de Irak y Levante [ISIS, por sus siglas en inglés] se hizo fuerte en Siria en la segunda mitad de 2013 la situación de los principales aliados de Irán en la zona era como poco preocupante: Al-Assad acosado militar y políticamente e Irak con una revolución popular pidiendo el fin del régimen sectario proiraní.

Un año y medio después la caída de Al-Assad ha dejado de ser una prioridad para Occidente y tampoco se cuestiona el sectarismo del gobierno de Bagdad. Irán ha firmado el acuerdo nuclear con las potencias Occidentales y es un socio informal de la “Coalición de los 60” pues parece que el único mal de la zona es Estado Islámico.

El acuerdo nuclear iraní, buenas noticias para Estado Islámico. Leer más aquí.

Y es que de los 60 países nadie parece dispuesto a mandar a sus tropas a combatir contra unos descerebrados que buscan el martirio. Pero con esta dinámica se ha entrado en un círculo vicioso: mientras exista EI y solo se proponga la estrategia militar para combatirlo que finalmente depende de las milicias proiraníes a quien le interesa que siga existiendo Estado Islámico no se solucionará la situación. Y todo lo que sea mantenerse vivo es un éxito para el proyecto expansionista de Estado Islámico.

Más allá de Siria e Irak

El problema de EI no es solamente el control que ejerce sobre una extensión similar a a Gran Bretaña, porque los escasos casos de éxito contra ellos como la toma de Beiji tienen poca continuidad porque el gobierno iraquí no tienen tropas para asegurar la ciudad y la población local es hostil a unos efectivos contra los que se levantaron en la Revolución Iraquí por las barbaridades que cometían contra ellos por razones sectarias.

El verdadero problema de Estado Islámico es que es un “caso de éxito” exportable a otros lugares como estamos viendo en Libia, Egipto o podría pasar en Yemen o cualquier otro país árabe donde haya suficiente vacío de poder o caos para que Estado Islámico pueda desarrollarse. Pero mientras se siga invirtiendo millones en intentar solucionar vía militar un problema como EI que es solo la manifestación de un problema más profundo como es la falta de libertades, de horizonte de desarrollo para la inmensa mayoría de los habitantes de la región, mientras se siga apoyando a regímenes represivos en la región no se solucionará el problema.

No parece probable, pero pensemos que en los tres años propuestos se acaba militarmente con Estado Islámico en Siria e Irak, pero ¿Y en Libia? ¿Yemen? ¿Egipto? ¿Qué ocurrirá con los combatientes retornados? Pero sobre todo con las condiciones que posibilitaron la aparición de Estado Islámico y que seguirán ahí seguramente acentuadas por tres años de conflicto que esta creando muchas víctimas civiles y mas radicalización. Si no cambia este contexto se producirá la enésima mutación y volveremos a sufrir una organización terrorista que sepa aprovecharse de la desesperación de ciertos individuos perdidos en este entorno.

Sigue a Pedro Rojo en Twitter: @Al_Fanar


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domingo, 13 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LA IZQUIERDA


La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unión Europea

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Redacción de Mientras tanto
Rebelión
04.09.2015

El drama reside en que, dado el rechazo tajante de los países acreedores a hablar de transferencias fiscales entre Estados y de una hacienda pública europea, la única solución “europea” a la crisis de la moneda única, esto es, una solución dirigida a transformar el euro en una divisa sostenible para todos los países de la UME, pasaría por un cambio radical en la política económica alemana. Más en concreto, por un subida consistente de los salarios de sus trabajadores —y por lo tanto, de un aumento de la demanda agregada y de la inflación— y por la eliminación de su monstruoso superávit comercial (8% del PIB). Ello favorecería el aumento de las importaciones alemanas y la reactivación de las economías del Sur de Europa. Sería menester, pues, que Berlín tuviera una actitud cooperativa que, sin embargo, ni está ni se le espera tanto por motivos históricos (el ordoliberalismo es una cultura profundamente arraigada en la cultura política alemana) como políticos (la arquitectura de la Eurozona blinda la hegemonía alemana sobre Europa) y sociales (el marcado envejecimiento de la sociedad alemana sólo puede paliarse a través de continuas absorciones de mano de obra cualificada procedente del extranjero. Y un sur de Europa en permanente deflación y con sistemas universitarios de buen nivel es un excelente depósito de trabajadores cualificados para Alemania).

Así las cosas, el deber de las izquierdas de los países del Sur de Europa es reconocer la irreformabilidad de la UME y la necesidad de aplicar políticas que defiendan los puestos de trabajo y ofrezcan una esperanza vital a los parados de sus países. Pensar que sea posible hacer una política transformadora, o incluso otra mínimamente keynesiana, en el marco de los Tratados de la UE es caer en el puro autoengaño. Insistimos: con el tipo de cambio fijo, y mientras el establishment alemán no cambie su política económica mercantilista, cualquier tipo de política expansiva aplicada en nuestro país llevaría sólo a un aumento de las importaciones y del déficit exterior. Lo cual nos obligaría a imponer, tarde o temprano, más austeridad para reequilibrar las cuentas del país. Estamos en un callejón sin salida.

Del mismo modo, consideramos que en la izquierda se debe abrir un debate intelectualmente honesto sobre la necesidad de seguir defendiendo el proyecto de la Unión Europea. Un proyecto que en realidad no es europeo, sino euroatlántico, en tanto que intrínsecamente ligado a los Estados Unidos de América desde finales de los años cuarenta. Contrariamente a la retórica sobre el europeísmo idealista de líderes como Felipe González y Giscard D’Estaing, sobre la cual Varoufakis también está estructurando su nuevo movimiento político y al que supuestamente tendríamos que volver[10], el proceso de integración europea tiene sus orígenes y desarrollo en la dinámica de la Guerra Fría: por un lado, acercar políticamente y robustecer económicamente a los países de Europa Occidental después de su unificación militar con la OTAN (1949) de cara a una más eficaz contención de la amenaza soviética; y por el otro, insertar plenamente a la República Federal de Alemania en Occidente para evitar cualquier tipo de conato revanchista tras la derrota de 1945. Bajo esta óptica, y no otra, ha de encuadrarse el Tratado de Roma de 1957, que instituyó la llamada Comunidad Económica Europea. Desde entonces, los gobiernos de la CEE-UE nunca pusieron en discusión la existencia de la alianza atlántica militar, ni siquiera tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución del Pacto de Varsovia en 1991. Es más: a la subalternidad política y militar, Bruselas y los gobiernos europeos han acentuado su subalternidad económica a los Estados Unidos al aceptar el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (conocido por el acrónimo en inglés TTIP), que —como es sabido— tendrá consecuencias profundamente negativas para la economía europea. Pocas dudas pueden caber ya acerca de que el sueño de una Europa unida y geopolíticamente autónoma, de la que se habló profusamente hasta hace poco, fue una gran mentira para atraer al electorado. Además de recuperar todos los instrumentos macroeconómicos con vistas a realizar una política socialmente transformadora, necesitamos delinear una nueva política exterior no supeditada a los intereses imperiales de las clases dirigentes atlánticas y orientada a reconstruir puentes de diálogo con el este de Europa y todas las poblaciones del Mediterráneo.

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EL TAXIS. OTRO "BOMBÓN" QUE EL PP / PSOE, NARANJOS O ASIMILADOS LE ENTREGARÁN A LOS CAPITALISTAS EXTRANJEROS


Dos mil taxistas protestan en Córdoba contra la liberalización
Profesionales del sector de toda España se congregan para mostrar su rechazo al informe de Competencia, que tildan de "atropello"
F. J. CANTADOR CÓRDOBA
Diario de sevilla
12.09.2015

Una panorámica de la manifestación de los taxistas ayer en Córdoba.


"El taxi quiere vivir", rezaba ayer una camiseta portada por Fernando Luengo, un taxista balear, en la glorieta de la Ciudad de Nuremberg, en Córdoba, punto de inicio de la manifestación que la Asociación Provincial de Trabajadores Autónomos del Taxi (Auttacor) había organizado contra el informe de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) que pretende la liberalización del sector. Eran poco menos de las 10:00. Desde esa hora y hasta aproximadamente las 14:30 -tiempo de duración de la manifestación, que recorrió avenidas del centro de la ciudad- el taxi demostró que está muy vivo. Tanto que la marcha, que concluyó a las puertas de la Subdelegación del Gobierno en Córdoba, estaba compuesta por una hilera de unos 2.000 vehículos repartidos en tres kilómetros y medio y llegados de prácticamente todos los puntos de España. Según el Área de Seguridad del Ayuntamiento, "más de 1.500 coches y unas 250 personas a pie". Según la organización, "más de 2.000 coches y unas 3.000 personas, entre las que van en los coches y a pie". 

Pese a este baile de cifras -normal cuando se trata de una protesta en la calle-, lo que está claro es que el presidente de Auttacor, Miguel Ruano, vio ayer cumplida su profecía del pasado viernes, cuando apuntó a los medios de comunicación que "va a ser una manifestación nunca vista en Córdoba". La pancarta que encabezaba la marcha -No al control del taxi por las multinacionales- era la respuesta clara de los miles de taxistas allí congregados en contra de las intenciones de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia -órgano adscrito al Ministerio de Economía- de derogar las ordenanzas municipales -de momento, las ciudades de Córdoba y Málaga- "para conseguir la desregulación del sector", según insistió Ruano. 

Antes de partir la protesta, se concentraron taxis llegados, entre otros puntos: Andalucía, Cataluña, Madrid, Valencia, León, La Mancha, Baleares y Murcia. El prólogo a la marcha, en la que era palpable la indignación de los profesionales del taxi contra el miedo a perder sus empleos, lo puso el presidente de Auttacor al denunciar que "la desregularización del sector que pretende competencia, apoyada seguramente por algún lobby español o europeo", acabaría con el trabajo de 100.000 personas en España". 

Ruano puntualizó que "el taxi dejaría de trabajarse por los taxistas españoles, para trabajarse por multinacionales; los taxistas autónomos desapareceriamos; finalizaría la garantía al usuario en materia de precios quedando al libre mercado, y en función de las circunstancias, y cuando un usuario utilice el taxi habrá momentos en los que le beneficie, porque haya muchos vehículos y esos precios sean bajos, y que le perjudique, porque se encuentre que hay un sólo taxi en la calle y el taxista, por su libre competencia, le pida un precio desorbitado". 

La preocupación por el futuro del sector la expresó también el presidente de la Federación Nacional del Taxi y de la Asociación Gremial de Madrid, Julio Moreno. "Todo esto es para favorecer a los grandes grupos de poder. Hay que tener en cuenta que el sector del taxi factura anualmente en España 4.000 millones de euros, lo que supone una tarta muy golosa para esos operadores", resaltó. "Por un lado vemos que todos los partidos políticos, ayuntamientos y comunidades autónomas dicen que están con el taxi; si están con el taxi, ¿quién narices manda aquí?, no lo acabamos de entender", lamentó el presidente de la Federación Nacional del Taxi, que consideró como un "atropello al sector" el dictamen.



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sábado, 12 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LA IZQUIERDA

La izquierda y la necesidad de abrir un serio debate sobre el euro y la Unión Europea

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Redacción de Mientras tanto
Rebelión
04.09.2015

Más vale decirlo claramente: la izquierda española tiene que asumir que el euro, tal y como lo conocemos, es una moneda insostenible. Y ello tanto por motivos macroeconómicos como políticos. Los motivos macroeconómicos son fáciles de describir y, en el fondo, ya fueron explicados en 1971 por el economista Nicholas Kaldor: que una zona monetaria no óptima —es decir, cuando un grupo de Estados que deciden compartir moneda no presentan unas perfectas flexibilidad de precios y salarios y movilidad de los factores de producción—, no era viable sin una unión político-fiscal europea que garantizara fuertes transferencias de dinero de los países más ricos hacia los más débiles y sin un Banco Central Europeo que, además de ocuparse de la estabilidad de los precios, actuara de prestamista de última instancia para cada uno de los Estados miembros [6].

 Es más, Kaldor fue profético cuando afirmó que pivotar un proceso de unificación europea en torno a la moneda causaría graves tensiones socioeconómicas entre los Estados del continente. A partir de entonces, decenas de economistas han venido denunciando la disfuncionalidad técnica de la unión monetaria europea (UME) y las características ordoliberales que ésta iba adquiriendo tras la aprobación del Tratado de Maastricht (1992) y del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (1997): independencia del Banco Central Europeo de los poderes públicos; parámetros insostenibles y ultraliberales sobre inflación, déficit y deuda pública; imposibilidad para los Estados de intervenir seriamente en la economía, etc. En resumen, ya desde los años noventa resultó evidente que la única política económica posible dentro de la UME era la neoliberal. Con el añadido de que, en los últimos quince años, se ha reforzado en la UE un sistema de gobernanza en manos de políticos y banqueros centrales no elegidos por nadie, y con un Parlamento Europeo sin poderes sustanciales para representar dignamente a los pueblos europeos y ejercer las funciones de un parlamento auténtico.

Pero aún más graves son los problemas políticos: la creación de la moneda única, fuertemente deseada por François Mitterrand y la clase dirigente francesa en los años 1989-1991 para sustraer el marco (y, por ende, para redimensionar) a la nueva Alemania reunificada [7], ha servido, paradójicamente, para aposentar una nueva hegemonía teutónica en el continente. Y ello gracias a la fijación del tipo de cambio, que solucionó el crónico problema de la apreciación del marco a causa de la fuerza exportadora de la economía alemana, y de una política de dumping social llevada a cabo por el gobierno de Gerhard Schröder (la famosa “Agenda 2010”), que se basaba en una presión sobre los salarios a causa de la cual —y a diferencia de lo que ocurría en los países del sur— los costes unitarios laborales se movieron a un ritmo casi idéntico al de la productividad; lo cual, sumado a una inflación que se mantenía más baja que la del resto de la UME por una demanda agregada anémica, impulsó de forma extraordinaria la competitividad alemana. En suma, el gobierno de Schröder realizó una auténtica devaluación interna, al tiempo que la llegada de capitales del norte, la mayoría de los cuales procedían de Alemania, carcomía las economías del sur, endeudándolas (para comprar los productos alemanes ahora ya más convenientes) y mermando su competitividad.

La historia de la crisis económica actual, que comenzó con la fallida de Lehman Brothers pero que en Europa se ha manifestado con mayor brutalidad por las dinámicas consustanciales a la UME, no ha sido otra que la paulatina transformación de lo que era una crisis de deuda privada y exterior en una crisis de deuda pública mediante el saneamiento de los bancos privados europeos con dinero de los contribuyentes. El caso de los primeros dos rescates de Grecia es paradigmático: a través del Fondo Europeo de Rescate, antes, y del Mecanismo Europeo de Estabilidad, después, los ciudadanos europeos han pagado rescates que, lejos de mejorar las condiciones de vida de los griegos, sólo han servido —como hoy reconoce hasta el FMI— para que el Estado griego devolviera sus deudas a los bancos franceses y alemanes. Como ha afirmado un agudo analista, la Eurozona se ha convertido en un “paraíso para los acreedores” [8].

 Y, añadimos nosotros, en un infierno para los deudores, o sea para unos países periféricos que se han visto obligados a equilibrar sus cuentas públicas y exteriores mediante medidas draconianas de austeridad y devaluación salarial; una política que, además de fracasar a la hora de reactivar el mercado laboral, tiene el grave inconveniente de profundizar la especialización en actividades y productos de menor productividad y valor añadido que requieren bajos niveles de cualificación de la fuerza de trabajo [9]

Dicho con otras palabras: el sistema del euro profundiza la actual división europea del trabajo, desplazando, en el caso de los países del sur, recursos importantes que deberían destinarse a un cambio del modelo productivo hacia sectores como el turismo y la construcción.

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SIRIA Y LA POLÍTICA DEL CRIMEN ORGANIZADO DEL CAPITALISMO


¿Quiénes deben responder por la ola migratoria?

Rebelión
11.09.2015


Siria, situada en un lugar clave del mapa medioriental y principal aliado de Irán, era hasta 2011 uno de los países más estables, cultos y prósperos del Medio Oriente, foco de resistencia al imperialismo y el sionismo y de la solidaridad con Palestina. Su ayuda material a Hezbolá había fortalecido considerablemente la capacidad militar libanesa para enfrentar las arremetidas de Israel.

Entonces estalló allí la guerra fomentada por Estados Unidos y sus aliados de Reino Unido, Francia, Arabia Saudita, Quatar y Turquía, que ha ocasionado ya un estimado de 8 millones de desplazados internos y el éxodo a países vecinos de 4 millones y medio de personas que malviven hacinadas en su mayoría.

La CIA y sus homólogos británicos y franceses entrenaron a los miembros de Al Quaeda (y demás grupos procedentes de Libia, Chechenia, Afganistán y otros países, incluso europeos), financiados y armados por las monarquías saudita y quatarí, y por Washington. Fueron los creadores de la tormenta perfecta de la que surgió el brutal Estado Islámico, que conquistó extensas zonas densamente pobladas de Siria e Irak, de donde ahora huyen ríos de gente.

Cuando comparamos la cifra de 130 mil que al fin ha decidido recibir la Unión Europa (UE) en los dos próximos años, sólo con la de millones de refugiados y desplazados sirios, nos percatamos del cinismo de la solidaridad de sus gobiernos y lo mezquino del pensamiento dominante en las llamadas democracias occidentales. Tómese en cuenta que en lo que va de año lograron llegar por mar a Grecia, Italia y Hungría 310 mil personas procedentes no sólo de Siria, sino de numerosos países de África y Medio Oriente. Por otra parte, se calcula que más de 600 mil sirios y afganos piden ser recibidos en Europa.

En cambio, el ejército mediático imperial ha informado la determinación europea de acoger aquella ridícula cantidad de refugiados como un gran acto altruista de la señora Merkel, la misma que mata lentamente a Grecia por asfixia y desangra a otras economías del sur de Europa en defensa de la democrática y bonachona banca alemana.

Ya en abril de este año François Crépeau, relator de la ONU sobre derechos humanos de los migrantes, declaró al diario inglés The Guardian, que los países ricos –no solo la UE– debían ponerse de acuerdo para acoger en cinco años al menos un millón de refugiados de Siria y África para terminar con la crisis migratoria y las tragedias en el Mediterráneo.

La propuesta de Crépeau es más generosa que la cifra de la UE. Suponiendo que esta la mantenga en años sucesivos, habrá acogido en 5 años a 325 mil migrantes; o sea, aproximadamente los mismos que ya están en su territorio en estaciones rodeadas de alambre de púas, amontonados en la isla griega de Lesbos, adonde siguen llegando oleadas, o tratando de cruzar las vallas militarizadas de Hungría, Bulgaria o Calais, calcos del infame muro levantado por Washington en la frontera con México. Por eso dudo mucho que quede resuelta la tragedia del Mediterráneo como afirma el funcionario de la ONU, aun cuando la Europa comunitaria llegara a recibir la cantidad que propone, el triple de la cuota actual.

Eso implicaría que la ola de migrantes hambrientos de África subsahariana se redujera a unos pocos cientos de miles para, sumados únicamente a los sirios, completar el millón de refugiados que propone el relator de la organización mundial. Muy insuficiente, considerando que la desertificación debida al cambio climático y la imposición de los dogmas del Consenso de Washington han arrasado con las agriculturas domésticas africanas, sostén de millones de familias ahora aglomeradas en las ciudades y casi siempre sin empleo; fenómeno con consecuencias muy graves de desintegración social e identitaria.

Como se aprecia, no son las guerras en Siria, Libia, Yemen y antes en Afganistán-Pakistán e Irak, pese a su alto costo en destrucción de condiciones para la reproducción de la vida, las únicas causantes de holocaustos como este, que ya ha matado en 2015 a más de 2 mil 650 humanos en el Mediterráneo. Ni únicamente involucra a la UE. Data de la colonización, del negocio esclavista, del neocolonialismo y de la extensión del neoliberalismo en el mundo. Por ese colosal saqueo los países ricos les deben una indemnización tan cuantiosa a sus víctimas que aseguraría su desarrollo económico y la solución definitiva del problema migratorio.
A Aylan Kurdi, símbolo del saqueo y la guerra imperialista

Twitter: @aguerraguerra


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viernes, 11 de septiembre de 2015

EUROPA, LA UNIÓN EUROPEA Y LAIZQUIERDA


LA IZQUIERDA Y LA NECESIDAD DE ABRIR UN SERIO DEBATE SOBRE EL EURO Y LA UNIÓN EUROPEA

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 Redacción de Mientras tanto
 Rebelión 04.09.2015

 Lector, lectora: A la hora de analizar la crisis griega de este verano —finalizada con la victoria del “No” en el referéndum del 5 de julio y la posterior, y sorprendente, aceptación por parte del gobierno de Alexis Tsipras del durísimo Memorándum que le presentó la Troika—, pocos han prestado atención al abandono de Yanis Varoufakis y James K. Galbraith de la propuesta que en su momento llamaron “Modesta proposición” y que estaba pensada para ofrecer una solución a la crisis del euro [1]. 

Hablamos de una propuesta técnicamente brillante y probablemente viable, pero que en ningún momento fue tomada en consideración por la Comisión Europea y los demás gobiernos de la zona euro. En una entrevista que concedió poco después del giro político de Tsipras, Varoufakis admitió que su dimisión como ministro de Finanzas (oficializada el día 6 de julio) se debió a la negativa de Tsipras de iniciar, como respuesta a la actitud hostil de la Troika, la creación de un sistema bancario paralelo a la moneda única en el que los pagos se pudiesen efectuar en dracmas [2]. 

Por su parte, Galbraith afirmó en una entrevista al diario italiano Il Manifesto que, en esos días de julio tan dramáticos, el gobierno, para hacer frente a la Troika, no tenía ninguna otra opción que el Grexit [3]. 

Y en otro artículo volvió sobre el asunto pidiendo al gobierno de su país que apoyase la salida de Grecia del euro como forma de supervivencia ante una UE que calificaba de “reaccionaria, mezquina y perversa” [4]. 

Ambos autores, pues, se habían dado cuenta de que era inútil presentar planes intelectualmente sofisticados a “socios” que no querían dialogar y cuyo único objetivo era tumbar a un gobierno helénico que se había atrevido a cuestionar la feroz (e inútil) austeridad; su sincero europeísmo se estrellaba ante un sistema de gobernanza ademocrático y hegemonizado por un gobierno alemán obsesionado con mantener su dominio político sobre el resto de la Eurozona. 

Y al tratarse de grandes intelectuales, los dos economistas no pudieron menos que aceptar la realidad y admitir, velis nolis, que para la izquierda se abría una nueva etapa basada en: A) el cuestionamiento de la moneda única y de la misma Unión Europea (Galbraith); B) cuando menos la necesidad de no descartar a priori planes alternativos, como la introducción de una moneda paralela al euro en caso de no contar con la colaboración de la Troika (Varoufakis). Desde luego, no fueron los únicos en llegar a esta conclusión. A partir de mediados de julio, muchos intelectuales radicales y progresistas —pensemos, entre otros, en Paul Krugman, Wolfgang Münchau y Oskar Lafontaine, pero también en Francisco Louçã, Ignacio Ramonet, Owen Jones y Perry Anderson— han pedido a la izquierda continental un replanteamiento general sobre su aceptación de la moneda única y su fe en el proyecto europeísta. 

Y, lo que es más importante, dentro de los mismos partidos de la izquierda se ha activado una discusión en torno a esta cuestión: Syriza se ha fracturado internamente y su ala izquierda, partidaria de la ruptura con la UE, ha fundado “Unidad Popular”, un partido que concurrirá por su cuenta a las elecciones generales griegas de septiembre; en Portugal, el Bloco de Esquerda se ha sumado al Partido Comunista en rechazar más sacrificios en nombre de la moneda única; en Italia, el problema del euro está bien presente en los debates sobre cómo volver a activar a la alicaída izquierda transalpina; y hasta en Alemania empiezan a surgir voces dentro de Die Linke que piden a sus dirigentes poner en tela de juicio el europeísmo históricamente profesado por la organización [5]. 

En definitiva, la crisis griega ha abierto en la izquierda europea un debate que será tan intenso como irreversible. 

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SALVADOR ALLENDE, UN HOMBRE EJEMPLAR

jueves, 10 de septiembre de 2015

ESPAÑOLIZAR CATALUÑA O CATALUÑIZAR A ESPAÑA


Camino a las elecciones catalanas del 27-S

La sociedad civil o el “régimen catalán”

Rebelión
09.09.2015

Hay algo que hace a Catalunya completamente distinta al resto de España: Catalunya es una sociedad de clases. Entiéndase, todas las sociedades modernas son sociedades de clases, pero Catalunya lo es en el sentido tradicional e industrial de la palabra, una sociedad amoldada al patrón de su burguesía local, al tiempo que rígidamente segmentada. A diferencia de Madrid en el que por debajo de la oligarquía se extiende el puré indiferenciado de las clases medias y de una amplia mayoría proletaroide más o menos excluida; o incluso del País Vasco donde la burguesía de Neguri siempre quiso ser parte de la gran oligarquía española, Catalunya se distingue por algo que apenas existe en otros lugares: una sociedad civil establecida, rica, omnipresente y aparentemente plural.

Sobre la sociedad civil se han escrito muchas y loables chorradas. La máxima, amén de la más corriente, es la que confunde la forma con el contenido; y asimila el concepto a las organizaciones culturales y sociales, sindicales y patronales que NO dependen del Estado. La teoría liberal más tontuna defiende que una sociedad civil desarrollada es la principal garantía de una democracia desarrollada. Digo “tontuna”, porque la sociedad civil se debería entender al revés, al modo de Gramsci, como lo que complementa y otorga capacidad de consenso a la sociedad política. De forma muy resumida: el mejor Estado es aquel que no existe, que se confunde con la sociedad civil. Se puede así invertir el orden del democratismo más ingenuo: las sociedades con una sociedad civil desarrollada son más estables, menos conflictivas, más pacificadas. Justamente es este “Estado más allá del Estado” lo que añade efectividad a la dominación política, donde se esconde y a la vez se ratifica el hecho de que haya dominantes y dominados.

Pero ¿vale esto para Catalunya, ejemplo arquetípico de “nación sin Estado”? ¿No sería la sociedad civil catalana un imposible “sin el Estado catalán”? He aquí la paradoja: gracias a la construcción de una extensa sociedad civil, la burguesía catalana ha sabido suplir la ausencia de un Estado con una sociedad-Estado. O en otras palabras, las élites catalanas han conseguido gobernar de facto ese país (la Catalunya-nación con aspiraciones de Estado o de cuasi Estado) por medio de una amplia y extensa “sociedad civil”, y esto aun cuando no poseían todas las instituciones de un Estado completo. Así ha sido al menos desde mediados del siglo XIX, desde que la sociedad catalana se partiera en dos (o en tres o en cuatro) dando lugar a alguno de los episodios europeos más abroncados de la lucha de clases.

Traducido a términos más actuales: lo que hoy presenta Mas con su lista Junts pel Sí se podría interpretar como una inversión (muy 15M) de la sociedad civil sobre la sociedad política. Agotada esta última por la escalada de casos de corrupción, el desgaste de llevar a cabo un política de expolio neoliberal (y a favor de las élites catalanas) y una oleada de protestas que se les ha ido demasiadas veces de las manos, la estrategia de Mas ha consistido en poner a la sociedad civil delante de la clase política, una estrategia que no está a disposición de, por ejemplo, la oligarquía española. Paradójicamente también, la exigencia del Estado propio (por timorata y teatral que sea) se ha convertido en solución a la crisis de la sociedad política catalana, esto es, de su clase política.

Se trata de una estrategia brillante y nada fácil de derrotar para aquellos que apuestan por una ruptura en Catalunya (sean o no independentistas). Al igual que la cultura, que sirve para recubrir (y con ello justificar) lo políticamente injustificable, la sociedad civil es per se sinónimo de democracia y de “progresividad”. Nadie osa desafiar a la sociedad civil catalana. Y si no, fíjense hacia donde apunta la política de cambio radical en Catalunya. Sus objetivos suelen ser la monarquía, el PP, la banca, España, pero en ningún caso la sociedad civil catalana. Por ese efecto, lo que esta sociedad civil toca (los Mas y Convergència) tienen una suerte bula “radical” que en otros lugares jamás tendrían.

Frente al “efecto hegemonía” de la sociedad civil catalana, no cabe un camino sencillo. Hasta ahora se han vislumbrado (más que probado) dos vías. La primera, la más conocida, es la de las CUP. Llevando un poco más lejos la interpretación, se podría decir que las CUP juegan a “estirar el Estado catalán”. De un lado, estiran el soberanismo hasta tratar de reventar los límites de las élites catalanas. De otro, estiran la sociedad civil catalana para recrear por abajo una suerte de contraespejo de la misma. Se trata de un trabajo meritorio y a largo plazo. Las CUP, del mismo modo que los llamados movimientos sociales, reivindican la construcción de ateneus, cooperativas y sociedad de base. Se trata de un tejido social que aunque más plural y complejo que las CUP, tiene en estas y en algunos movimientos su expresión política más acabada. La apuesta parece pasar por una inversión del proyecto de fer país de Pujol, un país hecho desde abajo, por abajo, que trataría de invertir el reflejo de la sociedad civil catalana en una contra-sociedad.

La operación de “estiramiento” no está, sin embargo, exenta de límites y también de riesgos. El más evidente es que este tejido es una alternativa a la hegemonía de las élites catalanas sólo en el caso de que no sea absorbido o no se deje asimilar por la sociedad-Estado, esto es, sólo en el caso de que se constituya como contrapoder. El nacionalismo (aún más que el soberanismo) tiende, sin embargo, a ser disfuncional a la constitución de contrapoderes, y esto precisamente por su estatismo. El nacionalismo (e igual da español, catalán o vasco, dominante o dominado) exige siempre una vinculación con el Estado, con la voluntad de Estado, lo que genera inevitables operaciones de identificación y exclusión interna; y lo que es peor, la asunción de la máquina estatal como algo neutro (algo hasta cierto punto paradójico con su constitución como monopolio efectivo del poder). Esto es lo que la hace incompatible al Estado con la idea de democracia (y contrapoder) en tanto reparto-disolución del poder entre los dominados. Sería largo de explicar, pero podríamos reducir la cuestión al debate reiterado de si el procés es la tumba de las élites catalanas o la vía de su recomposición. Caso de que este último fuera el resultado, y todo apunta a que así será, las CUP serían sólo el ala izquierda de una dinámica en la que definitivamente son un sujeto subordinado.

La otra vía no tiene definición política clara, apenas existe como intuición. Para tratar de entenderla hay que partir de otra distinción. La sociedad civil no es la nación, ese abstracto en que se trata de incluir a todos los que “viven y trabajan en Catalunya”, sino algo mucho más reducido. Se podría decir que la sociedad civil catalana es la nación catalana tal cual es, y no tal y como pretende ser. Y esto implica exclusiones y sobre todo grados de pertenencia. Tómese los indicadores que más gusten (abstención electoral, relación con medios de comunicación o la simple observación cotidiana) y se verá que en la sociedad catalana, como en todas las sociedades europeas, existe una inmensa minoría desafecta a casi todos los “rituales de Estado”. Esto no tiene nada que ver con el españolismo (por mucho que se quiera vincular con el mismo): existe un amplio sector social que no ha sido alcanzado por ninguna estrategia de integración política, incluida la propia sociedad civil catalana, y que sistemáticamente se expresa con porcentajes de abstención cercanos al 50 %. Sobre su composición se puede decir que es mayoritariamente metropolitana, pobre, de perfil migrante o de hijos de migrantes (aunque ni mucho menos de forma absoluta), heredera de las derrotas históricas de todas las izquierdas, y de una clase obrera hecha trizas y convertida en un deshecho laboral y urbano. ¿A nadie la sorprende que la emergencia política (parcial y delegada pero real) de este sector social en los últimos 30 años haya venido de la mano de un xulo madrileny, de un nuevo Lerroux? Conviene recordar que sin el voto de una parte de ese segmento social no hubiera habido gobierno de Barcelona en Comú.

Si admitimos esta doble vía, sobre la base de un análisis al mismo tiempo social y político (un análisis propiamente de clase) se reconocen dos sujetos. De una parte, aparece una clase media joven, con credenciales universitarias relativamente proletarizada y autoorganizada en las CUP pero también en una pléyade de movimientos sociales de los que ha salido Barcelona en Comú; y, de otra, los “restos del proletariado” que ya no es clase industrial, que apenas tiene inserción en el mercado laboral sino como residuo y que es mayoritariamente desafecto a la política institucional (catalana, española o europea). La gran incógnita de este inmenso espacio social es cuál o cuáles pueden ser sus formas de expresión política, dentro de un marco que puede bascular desde la resistencia de lo que queda del movimiento vecinal hasta el voto a Podemos, pero que para consolidarse requeriría de medios de expresión propios y de formas de organización autónoma. Caso de que se aceptara este marco, la llamada ruptura tomaría formas algo distintas que la independencia de España, con toda su teatralidad y sus efectos de restauración del orden, para anclarse sobre la base de un proyecto político a construir, y cuya base sería lo que con términos viejos llamaríamos una alianza de clases.

Catalunya tiene un mérito indudable y que todos debemos agradecer: ha sido el laboratorio de la crisis del régimen político español. La incógnita que queda por despejar, y es que sin darle una buena patada a la sociedad civil catalana, todo apunta a que será también el laboratorio de su recomposición.

Emmanuel Rodríguez, miembro de la Fundación de los Comunes.

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miércoles, 9 de septiembre de 2015

REFUGIADOS; NO DEBEMOS LEGITIMAR CON NUESTRO VOTO A NINGÚN GOBIERNO NI A JEFES DE PARTIDOS POLÍTICOS CRIMINALES


Los gobiernos europeos y la dictadura siria de Al Assad son responsables de las muertes de miles de refugiados, como el niño Aylan Kurdi

UIT-CI
Rebelión
09.09.2015

Comunicado de Unidad Internacional de Trabajadores-Cuarta Internacional


El mundo entero quedó consternado con la foto del niño sirio llamado Aylan Kurdi, de tan solo 3 años, el pequeño murió al lado de su hermano y de su madre, el único superviviente de la familia fue su padre. Ellos venían de la ciudad de Kobane y huían de las atrocidades del régimen de Bashar Al Assad de Siria, de los bombardeos de la OTAN y del reaccionario ISIS, que surgió como otra fuerza en Siria para destruir la lucha del pueblo sirio y kurdo.

La familia estaba intentando llegar a Canadá, donde tenían familiares. Habían intentado varias veces el asilo en este país, lo que le fue negado. Lo mismo ocurre con los gobiernos imperialistas de Europa. Lo ocurrido con el niño Aylan es parte del drama cotidiano de miles de inmigrantes y refugiados que mueren o arriesgan sus vidas cruzando el Mediterráneo.

Los gobiernos europeos levantan muros, vallas y "blindan" sus fronteras con policías, militares, patrulleras, expulsiones y leyes de extranjería. Mientras dejan correr, de hecho, a la dictadura de Al Assad que es una de las causas de que miles de sirios escapen de sus bombardeos masivos y ataques químicos. El cinismo de los gobiernos de la Unión Europea(UE), de Merkel u Hollande, no tiene límites. Se acuerdan de la guerra cuando las consecuencias les llega a Europa. Son los mismos gobiernos de la OTAN que hoy cierran sus fronteras los que apoyan directa o indirectamente al dictador Bashar Al Assad y sus masacres que ya suman 300.000 víctimas. Los refugiados provienen de Siria y, en menor medida, de Afganistán, Irak, Eritrea y otros países africanos. Se tratan de miles y miles de jóvenes, trabajadores, familias que huyen de la violencia, la persecución o la miseria que le imponen la crisis económica y social del sistema capitalista-imperialista.

Para la UE sólo se trata de levantar muros, de abordar la inmigración como un problema de orden público. Cada muro que se levanta en Europa abre un nuevo negocio para las mafias, que se lucran de la desesperación. Su "mercado" es inagotable. La mejor manera de luchar contra los traficantes es abrir las puertas a la entrada legal de los refugiados y acabar con el tratado de Schengen y las leyes de extranjería, es poner fin al expolio, es dejar de avalar y armar a los tiranos.

Los pueblos europeos, a diferencia de sus gobiernos, están dando una demostración de solidaridad con los refugiados. La población de Islandia ofrece asilo en sus casas a los refugiados, el pueblo serbio da solidaridad abierta en Belgrado o la movilización de 30 mil personas en Viena (Austria) expresando su solidaridad y disposición a que se abran las fronteras a los inmigrantes. Es urgente abrir todas las fronteras de Europa permitiendo y facilitando la libre circulación de los miles de refugiados, otorgando asilo, vivienda y trabajo a cada uno. Se les debe prestar asistencia para escapar de sus países de origen y que no mueran en el intento. Esta exigencia es extensiva a los gobiernos del mundo, cesando inmediatamente el apoyo a las dictaduras como la de Siria y las intervenciones imperialistas y del reaccionario ISIS. Por todo esto debemos denunciar a los gobernantes de Europa y de Estados Unidos que vienen condenando a muerte a miles y miles de refugiados y dar apoyo a los refugiados y a la lucha del pueblo sirio. Llamamos a la movilización de los pueblos, de los trabajadores y la juventud del mundo, a las organizaciones de trabajadores y solidaria con los refugiados, a enfrentar las políticas de extranjería de los gobiernos y contra el régimen de Al Assad y el ISIS, en solidaridad con el pueblo sirio.

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