viernes, 8 de mayo de 2015

ANÁLISIS DE LA COYUNTURA POLÍTICA ACTUAL


JULIO ANGUITA: “CORTAR EL NUDO GORDIANO”

UNA BRECHA EN EL BIPARTITO NO HA TENIDO, POR AHORA, LA CONFIRMACIÓN DESEA

ECOREPUBLICANO
07.05.2015

Venezuela es el centro de la agresión imperialista que tiene, en nuestro país a uno de sus ejecutores, Felipe González, y además la asepsia timorata de quienes pretenden, por mor de cálculos electorales, pasar del tema sin “contaminarse”.

La expresión cortar el nudo gordiano deviene de una leyenda en la que Alejandro Magno (356 – 323 a. C) al arribar a Frigia (actual Anatolia en Turquía), tuvo que someterse a la prueba de deshacer un nudo de complejísima trabazón como condición indispensable para conquistar dicho territorio. Ante la imposibilidad de conseguirlo, el macedonio optó por cortarlo con un fuerte tajo de su espada. Por ello se suele utilizar lo de cortar el nudo gordiano cuando la resolución de un problema es tan sumamente difícil por medios habituales que se impone una solución creativa y fuera de lo habitual. Los nudos gordianos en política suelen presentarse en épocas de crisis profundas en las que los métodos habituales y homologados son totalmente inútiles en orden a una solución presidida por la justicia y la democracia integral.

La actual coyuntura económica, social, política y de valores es de una complejidad tal que el Poder ejerce con toda tranquilidad e impunidad. La esperanza de que se produjese una ruptura o al menos una brecha en el bipartito no ha tenido, por ahora y con los resultados andaluces a la vista, la confirmación deseada. Pero esa previsión o condición sobre la que el Frente Cívico hacía y hace pivotar su trabajo tiene como segunda condición sine qua non la configuración de una unidad programática, política, de discurso y valores plenamente instalada en la construcción de la Alternativa: al Gobierno, al modelo de Estado y al de Sociedad. Es decir, un contrapoder de creciente consolidación con independencia del nombre que quiera dársele.

Desde esta óptica debemos asumir que el panorama es más bien desalentador. La punta de lanza contra el bipartito que parecía representar Podemos (a pesar de su debilidad estructural y ambigüedad programática) no parece ahora como probable, aunque, desde luego, tendrá un gran peso institucional. El que el bipartito se viese obligado a pactar para seguir conservando la representatividad del Poder era, además del deseo de Felipe González, la evidencia que necesitaba una parte de la población todavía abducida por el engaño de la dicotomía derecha–izquierda representada por el bipartito. Y frente a ello el contrapoder (con Podemos o sin Podemos) asentaba su capacidad de Alternativa.

Lo que está ocurriendo no es otra cosa que el tsunami desatado sobre unas fuerzas políticas, sociales y conjunto de plataformas, movimientos y sindicatos. Un tsunami que no es otra cosa que la brutal realidad de la hegemonía total del discurso neoliberal que arruina a los discursos sempiternamente reiterativos y de lugares comunes de quienes, a pesar de enfrentase heroicamente a las fechorías del sistema, lo hacen en el eje de los valores del adversario. Llegan las campañas electorales y las cuestiones claves como el euro, la deuda, la UE, la banca, las eléctricas, la reforma fiscal, etc. desaparecen en una sfumatura que pretende ampliar el arco de votantes. No se dan cuenta de que esa es la mejor manera de perder credibilidad y votantes.

Al día siguiente de las elecciones la cuestión de la gobernabilidad, los pactos y los asentamientos institucionales vuelve al primer, si no único punto del orden del día. Y vuelta a empezar. Manifestaciones, luchas (a veces heroicas), plataformas, manifiestos, alianzas que duran hasta que se producen las primeras convocatorias electorales, etc. Y ahora, en estos momentos, crisis en las formaciones políticas, búsquedas de nuevas siglas (y siempre desde la vocación unitaria), maniobras palatinas en el foro para el mayor solaz y trabajo de la los medios dedicados a la rumorología, los confidenciales y las tertulias de “debate político” y demás zarandajas. 

Mientras tanto Grecia está prácticamente sola en su lucha contra la barbarie de la UE, el FMI y el BCE. El TTIP avanza pese a las denuncias en foros, debates y zonas de la red. El orden mundial basado en la liquidación de la democracia, la soberanía nacional y el derecho internacional se configura ya como de inminente consolidación. Venezuela es el centro de la agresión imperialista que tiene, en nuestro país a uno de sus ejecutores, Felipe González, y además la asepsia timorata de quienes pretenden, por mor de cálculos electorales, pasar del tema sin “contaminarse”.

Creo que desde el Frente Cívico debemos seguir apostando por la paciente estrategia de sumar, aunar, unir y establecer afinidades programáticas y de valores, plasmados en un discurso político de carácter profético tal y como lo expliqué en mi último artículo. Pero en mi dimensión de militante del PCE y de IU quiero hacer una última reflexión que siendo un tanto esquemática por razón de espacio desarrollaré en lo sucesivo. En estos momentos es de urgente fundación una fuerza política de carácter marxista que beba de la tradición revolucionaria del PCE y del espíritu fundacional de IU. Una fuerza que necesita de comunistas y militantes de la izquierda. Pienso con toda sinceridad, no ajena de dolor, que hoy por hoy ni el actual PCE ni la actual IU están a la altura de esa tarea. Necesitan refundarse en algo mucho más profundo que un cambio cosmético. Por cuestiones de espacio resumo sus características.

1. Ruptura total con el régimen de la Transición. En el PCE hay antecedentes de esta posición.

2. Poner en marcha un proceso de alianzas en orden a construir la triple Alternativa que más arriba cité.

3. Confrontar con el bipartito como portador de un mismo discurso económico, político y europeo. 

4. Establecer las alianzas en función de programas y de propuestas económicas, energéticas, de consumo y culturales que siendo de carácter alternativo sean viables e inmediatas a niveles locales, comarcales y de mayor ámbito.

5. Explicitar con valentía y decisión un discurso político que supedite la economía a la consecución de los DDHH. En consecuencia librar una lucha ideológica y de valores contra contra la trilogía capitalista: mercado, competitividad y crecimiento sostenido.

6. Dar por inasumible el Tratado de Maastricht y sus derivaciones. Rechazar el TTIP.

7. Participación en las instituciones con la predeterminación de cambiarla en el eje de otras formas de hacer política.

8. Iniciar un proceso constituyente que desemboque en la III República Federal.

9. Establecer fuertes relaciones diplomáticas y económicas con los países iberoamericanos.

10. Ser conscientes de que este programa no puede aspirar a ser viable en la inmediatez de los eventos electorales, y en consecuencia establecer una estrategia de largo alcance basada en la difusión de nuevos valores, la movilización permanente y bien preparada y la indispensable lucha ideológica sin concesiones a coyunturas, modas o campañas para las instituciones.

Creo que estamos en unos momentos en los que seguir mareando la perdiz, hablar de esencias en peligro por la actitud de supuestos enemigos es una manera como otra cualquiera de acabar con una tradición gloriosa so capa de defenderla.

Julio Anguita

Fuente: Mundo Obrero

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PP / PSOE ELECCIONES / CORRUPCIÓN



Elecciones en el país más corrupto

Rebelión
04.05.2015



“Y era pendiente de verás aquel repecho del camino real de Santiago a Orense, en términos de los viandantes, al pasarlo, sacudían la cabeza murmurando que tenía bastante más declive del no se cuántos por ciento marcado por la ley, y que sin duda al llevar la carretera en semejante dirección, ya sabrían los ingenieros lo que se pescaban, y alguna quinta de personaje político, alguna influencia electoral del grueso calibre debía de andar cerca”. 
(“Los pazos de Ulloa”, 1886. Pardo Bazán)

“Consideré el robo como algo legítimo entre gentes sin moral”.
 
(“El pan a secas”. Mohamed Chukri)

2000 años de catolicismo y de clases bagas en el poder han hecho que sobre nuestras espaldas se recuesten los más anti éticos y amorales de los seres humanos. Todos los días se despachan con el peor trato, de palabra y de obra, que dan al pueblo trabajador. 

Vergüenza. La vergüenza es un sentimiento revolucionario, pero la aristocracia y la burguesía española no tienen vergüenza, ni la han conocido nunca, por eso no hay posibilidad ninguna de que cambien su comportamiento. Elecciones. Las elecciones pueden cambiar algo, pero como no hay una fuerza que agrupe al pueblo con sus necesidades inmediatas y generales, el pueblo prefiere lo malo conocido. Lógico. Es algo lógico y desesperante, porque si no se cambia de manera de hacer no se va a crear ninguna esperanza de transformación. ¿Si no, por qué andan tan tranquilos los ladrones sociales en España?. En cierta ocasión un juez dijo de alguien a quien se juzgaba, que era un “hijópata”. Estos no son mezcla de una cosa y otra, son puros una cosa y otra.

715 ladrones son los protegidos del Ministro de Hacienda de España. Es la marca. Los 715 son personajes con cargos públicos. Y luego, hasta 30.000 se acogieron a la amnistía fiscal que dio su gobierno. Las cifras que han salido a la luz: entre 120.000 millones y 140.000 millones de euros han sacado del territorio a los paraísos fiscales. ¿Quienes son esos 715. Hace tiempo salio a la luz una lista que contenía los nombres de las “personalidades” más ladronas, y ninguno de ellos se querello. Entre éstos reunían robados y depositados en Suiza, según se dijo, más de 40.000 millones de euros. Este sistema es un fraude, y sus organizadores los fraudulentos: “altos cargos, jueces y políticos”, según su ministro protector.

Entre las noticias que vienen en sus periódicos aparece la que se refiere a tres personajes que han seguido el mismísimo camino de la historia, personajes con cargos en gobiernos del pp: Trillo, Martínez Pujalte y Ana Torme se han llevado 429.000 euros en pago de empresas a las que favorecieron. La presidenta de la Comunidad Valenciana se gasta, de dinero público, 23.000 euros en una cena. Y la presidenta de la Comunidad de Madrid se propone retirar a los pobres más pobres de las calles de la capital porque “dan mala imagen”. En siglos anteriores se los recluía, ¿querrá eso la marquesa presidenta?. Mientras se ha echado ya a más de 700.000 familias de sus casas, y el parque de viviendas vacías es el más grande del mundo.

“La repera patatera”, fue la expresión del empleado de Hacienda que sin cargo en el gobierno se responsabiliza de la Agencia Tributaria. “La repera patatera”, así definió lo que conocía, pero no dijo qué. Sí ha salido un nombre, y es que Rato antes o rato después van a ser conocidos, … tampoco el psoe los quiso hacer públicos cuando los tenía en su mano. ¿Pero que va a ser de esa gente?, el sistema es el suyo: pobre del pobre que se lleve un trozo de pan, que deje de pagar un recibo, que proteste en la calle, le llevan a la cárcel, le echan de su casa, le apalea la policía y le aplican la ley mordaza: multas millonarias y cárcel.

Mientras tanto otro personajillo el presidente del Banco Bilbao Vizcaya, Francisco González, se permite se permite decir al gobierno griego cosas como la que sigue: “O Grecia afronta los problemas con seriedad, o se tiene que ir del euro”. Es su sistema. Es el sistema.

Y junto a esa palabrería ladrona encontramos la realidad de la calle, la del pueblo trabajador: la clase trabajadora española, según los datos proporcionados por los creadores de este sistema, cuenta con el 24,4% de gentes sin empleo. En la Unión Europea es del 10%. Pero hay regiones en España que superan con mucho el porcentaje del país en su conjunto, como Andalucía (34,8%), Canarias (32,4%), Ceuta (31,9%), Extremadura (29,8), Castilla La Mancha (29%). Los jóvenes sufren también el mayor paro de Europa: Ceuta (67,5%), Andalucía (61,5%), Castilla La Mancha (61,3%), y Canarias (57,4%).

“Hemos trabajado mucho para saquear nuestro país”, dijo en un mitin hace un par de días María Dolores de Cospedal, presidenta del pp y presidenta de Castilla La Mancha. Como no es la primera vez que lo dice en actos públicos no se puede pensar que es un error, si quiso decir sacar o saquear. Cuando se repiten los actos de saqueo no hay duda, la realidad es contundente, y cuando se repiten las expresiones es que están nombrando lo que han hecho.

Y éstos mismos son los que se inmiscuyen en la política venezolana, hablando mal de y haciendo mal a Venezuela: “Rajoy pretende tapar los problemas internos de España hablando mal de los logros de la Revolución Bolivariana”, denunció el Presidente Maduro. La derecha española pretende algo más, Maduro ha denunciado el día 21 de este mes de Abril que los intentos de golpe de Estado en Venezuela estarían siendo financiados por el gobierno de España. Atentos: los hermanos Felipe González y José María Aznar se apoyan mutuamente, psoe-pp, o ppsoe. Si en la legislatura más del 90% de las decisiones las firmaban juntos, ahora contra el pueblo venezolano y su revolución también van juntos. A ellos se ha sumado Zapatero. Es el sistema, y es sistemático.

Una muestra diaria: Si cuenta el número de páginas que ocupa la corrupción del ppsoe en sus propios periódicos de tirada general, hoy día 24 de Abril han dispuesto de 10 páginas seguidas: Los ERES en Andalucía, 8.000 millones, se reparten más los del psoe que la lotería.

Los diputados del pp que venden información a las empresas, millones y miles de euros al mes, 5000, o 9000 euros por tomar café con los patronos dos veces.

Contratos y permisos ilegales de parques eólicos en Castilla y León por dirigentes del pp.
Gasto de fondos públicos en comilonas, la presidenta del pp de Valencia se gasta 24.000 euros en una comida.

Un alto cargo de la Diputación de Valencia entrega en los juzgados grabaciones que ha venido realizando de manera oculta durante años en reuniones, charlas informales y visitas familiares, en las grabaciones se escuchan los acuerdos que toman para saquear, como ha aclarado Cospedal, los bienes públicos.

La Guardia Civil busca en Suiza más cuentas de la trama “Púnica”,empresarios y parlamentarios de la Comunidad de Madrid, empezando por el vicepresidente del pp.
El juez archiva la causa de 13 ladrones de tarjetas “black” de Caja Madrid. 82 directivos están implicados, entre los que se encuentran personajes de la casa real, parlamentarios, sindicalistas y empresarios, pero empiezan a prescribir sus causas. El saqueo que estos personajes hicieron en la Caja de Ahorros lo cubrió el ppsoe con 24.000 millones de euros del erario público.

La siguiente en su periódico, otra de los mismos: el “caso Barcenas” se encuentra cerca de ser archivado, el entramado del pp trabaja en ello.

Y por último, en un rincón, en una columna, el único juez que se ha atrevido a mandar a la cárcel a Blesa, presidente de Caja Madrid, la de los 24.000 millones, y salió de la cárcel de inmediato, ha sido condenado por el Tribunal Supremo, ¡el juez!, a 17 años y medio de inhabilitación.

Fin de las 10 páginas del periódico.

¿Quién va a votar al ppsoe?
Se habla continuamente de acabar con el bipartidismo del régimen monárquico. Serán palabras vacías si antes no terminamos con el bipartidismo, tripartidismo, cuatripartidismo, … de la izquierda, puesto que las división es la mejor herramienta del ppsoe. La unidad de la izquierda contra el ppsoe debería ser llevada por la unidad de las clases trabajadoras, no sólo para exponerse en un sistema electoral tan falso como el creado por ppsoe, sino, sobre todo, para crear el poder popular que desde la calle conquiste el trabajo o la renta básica, la vivienda, la sanidad, la enseñanza, y recupere para la dignidad a quienes han sido empujados al abismo del hambre y la desesperación por esos que han saqueado el país.

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DEUDA PÚBLICA. ¿POR QUÉ NOS MIENTEN LOS GOBIERNOS TAMBIÉN EN ESTO?



Los países en desarrollo destinan más dinero a sus acreedores que lo que reciben en préstamos

Las cifras de la deuda 2015

Rebelión
elsalmoncontracorriente.es
07.05.2015



La nueva publicación del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Las cifras de la deuda 2015, ahora disponible en español, francés e inglés, constituye un documento de especial relevancia para cualquier persona que quiere investigar o simplemente tener a su alcance herramientas para combatir las desigualdades, consecuencias de un sistema capitalista devastador basado en el endeudamiento.

Tal y como establece el manifiesto político de la red internacional del CADTM, «tanto en el Norte como en el Sur del planeta, la deuda constituye un mecanismo de transferencia de riquezas creadas por los trabajadores y trabajadoras y los pequeños productores y productoras a favor de los capitalistas. El endeudamiento es utilizado por los prestamistas como un instrumento de dominación política y económica». [1] Ahí se pueden observar desigualdades enormes recordando el famoso lema “somos el 99%” del movimiento Occupy Wall Street, de la ’clase pueblo’ en contra de la clase capitalista, el poderoso 1% restante. Así, la publicación recopila muchísimos datos como el que nos dice que “En 2013, el 0,7 % de la población mundial acaparaba el 41 % de la riqueza mundial mientras que el 68,7 % de la población tenía une riqueza conjunta de apenas el 3 % del total mundial.” [2]

En la misma línea, aprendemos que “en el continente africano, el 0,01% de la población se reserva el 60% del PIB africano”. ¡Una desigualdad tan explosiva solo puede provenir de una explotación brutal! Como mencionan los autores, los planes de ajuste estructural y otros planes de austeridad ligados a préstamos, “constituyen una máquina de guerra que tiene por objetivo destruir todos los mecanismos de solidaridad colectiva y someter todas las esferas de la vida humana a la lógica mercantil.” Estos mecanismos de endeudamiento obedecen a intereses imperialistas y son utilizados para someter y vigilar a los gobiernos y sus pueblos.

Como en las ediciones anteriores [3], el CADTM persigue el doble objetivo de proponer, por una parte, un análisis crítico y riguroso y, por otra, una denuncia de los fines y resultados nefastos del “sistema deuda” en todos los países. La lectura del documento, enriquecido con numerosas tablas y gráficos, nos lleva a entender cómo los ricos acreedores acaparan las riquezas producidas en detrimento de la mayoría de la población, nos permite desmontar el discurso dominante y luchar para acabar con el lastre de la deuda. Pues, contrariamente al discurso mediático y las afirmaciones de los dirigentes europeos, el actual incremento de la deuda pública en Europa fue posterior al sobreendeudamiento privado: Ha sido primero una crisis de la deuda privada que luego se transformó en crisis de deuda pública vía la socialización de pérdidas.

Las cifras de la deuda 2015 describe una breve historia de la crisis de la deuda (aumento de la deuda pública desde finales de los años 1960 hasta la crisis de la deuda y cesación de pagos en 1982) y los dos factores principales que llevaron a los pueblos de los PED a la trampa de la deuda: aumento de intereses y bajada de precios de materias primas. Dos tendencias que todo indica que podrían volver a repetirse. Se subraya también el rol y nefasto impacto que tienen los organismos financieros multilaterales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial o el Club de París) y los grandes grupos financieros internacionales sobre el desarrollo de los países, comprometiendo la soberanía y la democracia. La regla ’un dólar, un voto’, que persiste tanto en el FMI como en el Banco mundial desde su creación, pone en evidencia la supremacía de la potencia de los EEUU en aquellas instituciones, otorgándole el mayor derecho de voto al país norteamericano, lo que impide cualquier cambio que contravenga a sus intereses. También, en otra sección, se apunta al fracaso de la iniciativa de PPME (Países Pobres Muy Endeudados) lanzada en 1996 por el Banco Mundial y el FMI que concierne a tan sólo un 11% de la población total de los Países en Desarrollo (PED) y que no consiguió aliviar los desembolsos de estos países hacia sus acreedores.

El informe también aborda diversos aspectos estructurales o coyunturales. Temas cruciales como la salida al escenario mundial de China como país acreedor, las crisis alimentaria y climática, los fondos buitre, el carácter regresivo de la fiscalidad y, como consecuencia, la falta de recaudación tributaria de los ingresos y rentas altas, las desigualdades salariales de género y otros factores que no hacen más que desembocar en una mala repartición de la riqueza, profundizando las desigualdades generadoras de endeudamiento, la extrema pobreza y el hambre para millones de personas.

Si nos centramos en los recursos destinados al reembolso de la deuda, observamos una hemorragia sangrante de capitales hacia los acreedores. A menudo, una parte importante de este reembolso cabe bajo la definición de deuda odiosa y, según el derecho internacional, no debería ser reembolsada por haber sido contraída en ausencia de consentimiento de la población, en ausencia de beneficio para ella y en conocimiento por parte de los acreedores. A pesar de que muchos países siguen reembolsando esas deudas odiosas (y piden nuevos préstamos para eso, o sea se endeudan para reembolsar antiguas deudas), la foto a nivel global nos enseña una barbaridad poco difundida en manuales escolares o en medios que se autoproclaman “de información”: Los denominados países en desarrollo (PED) destinan más dinero a sus acreedores ubicados en “países desarrollados” - o mejor dicho industrializados - que lo que reciben en préstamos o donaciones, y no la inversa como en principio cabría esperar. En concreto, entre 1985 y 2012, las Administraciones Públicas de los PED transfirieron a los países industrializados del norte, el equivalente a 2,5 veces el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial. Se trata de una transferencia neta de recursos negativa, ya que el deudor ha transferido una cantidad de dinero mayor a sus acreedores que la recibida como nuevos créditos. Este concepto es clave a la hora de contestar ¿Quién debe a quién?

Así, durante el periodo 1985 – 2000, las administraciones públicas de los países de África del norte, de África subsahariana y de Oriente Medio reembolsaron 61.000 millones de dólares más de lo que habían recibido durante ese mismo periodo. Los montos totales de la deuda externa de estos países en su conjunto se multiplicaron por 73 entre 1970 y 2012 mientras pagaron 145 veces la cantidad inicial que se debía en 1970. Se trata de una hemorragia sangrante. El CADTM nos advierte que esas transferencias deberían resultar aún más negativas si tomamos en cuenta en el análisis lo que podríamos añadir como la fuga de capitales, el coste de la fuga de cerebros, un cálculo del saqueo de los recursos naturales, etc.

Por otra parte, aberraciones reveladas en este precioso documento, como el hecho de que, para el año 2012, los PED reembolsaron a los acreedores 182.000 millones de dólares, mucho más que los 133.000 millones de dólares que “recibieron” como Ayuda oficial al desarrollo (AOD), permite relativizar el discurso paternalista occidental. Así, por ejemplo, la ayuda para el desarrollo para Oriente Medio en 2012 fue a parar casi en su totalidad al pago del servicio de la deuda externa. En 2012, la repatriación de los beneficios de las empresas en África, el continente más empobrecido del planeta, representó el 5% de su PIB contra el 1% de la Ayuda pública al desarrollo. Además, cabe distinguir entre ayuda real y ayuda fantasma, sabiendo que una gran parte de dicha “ayuda” esta compuesta de alivio de deuda y, como simple ejercicio contable, nunca llega a los países empobrecidos, supuestos destinatarios.

Al respecto de los países de Europa, se menciona a los bancos rescatados con ayudas públicas, sus beneficios privados y el enorme aumento de sus activos que pone en riesgo la estabilidad de las economías europeas. En España vemos cómo la parte del gasto público dedicado al pago de los intereses de la deuda casi se duplicó, pasando de 3,9% en 2008 al 6,4% en 2012, mientras el presupuesto afectado a educación y sanidad disminuyó (entre 2009 y 2011) un 13% y un 11% respectivamente. En Grecia, para “honrar” el pago de la deuda, la masa salarial del sector público pasó de 24.500 millones de euros a 15.800 millones entre 2009 y 2013 con cerca de 277.000 empleos menos. La prohibición a los bancos centrales de actuar como prestamistas ante los Estados (artículo 21.1 del estatuto del BCE) no hace más que encarecer la financiación por parte de dichos Estados. Así lo menciona el estudio citando a Olivier Bonfond: “...si Bélgica hubiera podido tener prestamos al 1% del Banco Central, la deuda pública habría pasado del 135% del PIB en 1992 al 34% del PIB en 2012 (…) Bélgica habría ahorrado 248.000 millones de euros entre 1992 y 2012.”

En fin, la moratoria, la auditoría ciudadana de la deuda y la anulación de la parte definida como ilegítima son expuestas como respuestas posibles y necesarias a la crisis que padecemos. La auditoría ciudadana debe poner en evidencia las sumas dedicadas al pago de una deuda en muchos casos odiosa, ilegal, insostenible o ilegítima, en detrimento de los derechos y necesidades fundamentales de la población. Se pone el ejemplo del informe del Colectivo para una auditoría ciudadana de la deuda pública francesa (CAC) que llegó a la conclusión de que el 59% de la deuda francesa resulta ilegítima por provenir principalmente de regalos fiscales y de unos tipos de interés excesivos.

Estos procesos de auditorías pueden ayudar a los países endeudados a tomar una decisión unilateral y soberana, dado que tienen poco control sobre su deuda, ya que a menudo, ésta se expresa en otras monedas o está sujeta a la legislación de otros países (cuyas jurisdicciones son, con frecuencia, más favorables a los acreedores). El CADTM lo reivindica como una respuesta necesaria a la hora de retomar la soberanía perdida, permitiría a los pueblos decidir sobre la utilización de sus recursos provenientes de su trabajo y reconquistar un poder popular en el sentido verdaderamente democrático.

Pero el CADTM no quiere pararse aquí y plantea la lucha contra el “sistema deuda” en el marco de una resistencia por un mundo liberado de todas formas de opresión y explotación. “Atacar a los fundamentos del poder de las finanzas significa el desmantelamiento de esos mecanismos y, por lo tanto, la anulación de la deuda pública”, interpela François Chesnais (Tobin or not Tobin, L’Esprit Frappeur, Paris, 1998) en una cita, pues aquí, la lectura de este documento constituye un avance de comprensión y conciencia del problema que padecen los pueblos, siendo un primer paso hacia la acción.

Se puede descargar o leer el documento integro aquí: http://cadtm.org/Las-Cifras-de-la-Deuda-2015 


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jueves, 7 de mayo de 2015

GRECIA: 100 DÍAS



Syriza: 100 días de gobierno bajo presión

Rebelión
Gara
07.05.2015

El gobierno de Grecia cumple hoy 100 días, esa barrera simbólica que divide el tiempo de cortesía concedido a los que se estrenan al frente de un país y el momento a partir del cual de pueden desatar las hostilidades. Sin embargo, los ataques a Syriza no dieron comienzo con su victoria electoral, el 25 de enero, ni vinieron desencadenados por sus propuestas económicas antiausteridad.

El partido griego significaba, y sigue significando, una verdadera preocupación desde tiempo atrás para las fuerzas conservadoras y neoliberales que gobiernan las instituciones políticas europeas. Pero las tensiones en el seno de la Unión Europea (UE) se han mostrado de orden político, pues por primera vez en la historia de la UE los dirigentes de un país han puesto en evidencia el déficit democrático de una alianza pensada y hecha a la medida de las grandes corporaciones alemanas.

De manera que, con toda la intensidad posible, el mal ejemplo griego ha sido combatido desde antes de su victoria en las urnas y, con posterioridad, sin un día de descanso, en un intento que aún continúa para hacerlo fracasar antes de que pueda presentar ningún logro que pueda paliar, siquiera mínimamente, el enorme desastre social que han supuesto las políticas de austeridad fundamentalmente en los países de la periferia europea.

El resultado del 25 de enero significó una llamada a rebato de la clase dominante, tanto dentro de Grecia como en el resto de países de la UE, que temieron el más que previsible inicio de la descomposición del orden neoliberal europeo. El enfrentamiento estaba servido: el Primer Ministro griego, Alexis Tsipras, inauguraba un gobierno con el apoyo claro de importantes sectores populares y para servir a sus intereses; mientras que desde la UE solo se esperaba de él que actuara, como hasta ese momento el resto de gobernantes, de correa de transmisión entre las órdenes de Bruselas y los ciudadanos griegos. Tsipras ha dejado claro en reiteradas ocasiones que Grecia «es un país soberano, tenemos una democracia, tenemos un contrato con nuestro pueblo y lo vamos a respetar».
Pero si el intento de asfixiar económicamente a Grecia ha sido una constante por parte de las instituciones europeas, especialmente desde el Banco Central Europeo (BCE), la campaña de la prensa no le ha ido a la zaga. Reuters y “El País”, “Bild” y “La Razón”, no han cejado en su empeño de presentar casi a diario todo un catálogo de calamidades que iban desde el corralito bancario, al desabastecimiento de los supermercados, culminando con la expulsión del país de la eurozona. Sin menoscabo de su credibilidad ante titulares abiertamente falsos, como la destitución de Varufakis o la suspensión de pagos, sin que ello les haya impedido seguir usándolos en decenas de ocasiones.

Incomprensiblemente una parte de la izquierda se ha embarcado también en la tarea de deslegitimar a un gobierno que cuenta con un sólido apoyo popular. Y así, el Partido Comunista de Grecia (KKE) se ha opuesto sistemáticamente a todas las iniciativas parlamentarias, incluidas las encaminadas a paliar el desastre social (con electricidad y alimentos gratuitos, así como subsidios a la vivienda, para la población por debajo del umbral de la pobreza), el fin de las inhumanas cárceles de máxima seguridad y los centros de detención de inmigrantes, o la reapertura del canal público de radio y televisión ERT, cerrado por el gobierno de Antonis Samarás y que dejó en la calle de un día para otro a más de 2.500 trabajadores.

Durante estos 100 días la evolución social ha recorrido un camino que podría ser calificado como paradójico: mientras una amplia mayoría de los ciudadanos mostraba su apoyo a las medidas emprendidas por el nuevo gobierno, y a la forma en que enfrentaba la negociación con los acreedores, la mayoría de los partidos políticos y medios de comunicación han ido acerando sus críticas en un intento por hacer descabalgar el proceso iniciado por Syriza.

Un partido que, antes de ganar las elecciones, ya dejó claro que no tomaría ninguna iniciativa para abandonar la zona euro, en sintonía con el sentir mayoritario de los ciudadanos griegos. Syriza no llegó al gobierno con ningún discurso radical, ni abanderando un proyecto anticapitalista, socialista o emancipador de las instituciones europeas a las que pertenece Grecia. «Nuestras medidas no son radicales. Simplemente, son medidas para que el pueblo griego pueda sobrevivir con dignidad», explica Errikos Finalis, miembro de la dirección de Syriza y del partido KOE (Organización Comunista de Grecia), siendo consciente de que la tarea que tiene por delante el gobierno es titánica. «Grecia era, en los últimos cinco años, una colonia en el siglo XXI, una colonia postmoderna», asegura Finalis, y «luchar contra ello es un frente importante para el Gobierno griego, pero también para el pueblo griego». Para caminar en la dirección de los grandes cambios el gobierno deberá emprender una labor didáctica y no perder de vista el sentimiento de los ciudadanos.

El gobierno griego, que se ha visto solo y aislado durante las negociaciones en el Eurogrupo o en el denominado Grupo de Bruselas, ha tratado de preservar sus «líneas rojas» sin que ello derivara ni en el colapso económico, ni en el caos político.

Es evidente que Grecia requiere de amplias y profundas transformaciones y que la actual correlación de fuerzas en el continente hacen muy difícil esta misión, si lo que se pretende es orientarlas hacia la justicia social. En todo caso es un camino a recorrer con el acuerdo de la población, y a su ritmo. Pero si los límites estructurales de la UE lo hicieran inviable, muchos dentro de Syriza ya plantean la reorientación del proyecto con una nueva perspectiva, algo que ya dejó caer hace unos días Tsipras al asegurar que antes que un mal acuerdo es preferible un referéndum para que los ciudadanos decidan.

Si conseguimos abstraernos de la poderosa influencia ejercida por los grandes medios de prensa, tarea nada sencilla, habrá que concluir que 100 días no han mostrado aún el verdadero potencial de cambio prometido por Syriza, aunque dentro del estrechísimo margen en el que se mueve sus logros son evidentes en múltiples áreas. Y, al mismo tiempo, hace falta ser muy cuidadosos para no convertir este ejemplo en la clave del éxito o el fracaso de lo que puede ocurrir en otros estados de la UE.

El proceso abierto en Grecia plantea las suficientes incertidumbres y está sometido a tantas tensiones que no es posible expresar ninguna certeza a pesar de las evidencias favorables. Lo que está en juego es el futuro de Europa en su conjunto. Saber si la voluntad popular puede conducir hacia políticas alternativas o solo hacia amenazas y chantajes, lo que mostraría el fracaso moral y político de la actual UE.

PARA INTELECTUALES DE CARTÓN VISTO



¿Qué es la unidad popular?

Rebelión
Cuarto Poder
04.05.2015


Para Salvador Allende, engarce imprescindible
entre nuestro pasado y nuestro porvenir.

Estas elecciones municipales y autonómicas están siendo muy duras para el sujeto popular: divisiones, prepotencias, sectarismos de todo tipo…, pero es solo una parte de la verdad. En otros muchos lugares, la unidad popular avanza y se consolida; centenares de candidaturas, empezando por Madrid y Barcelona, se han ido gestando con paciencia, con inteligencia, con sufrimiento. Cuando los ‘partidos-institución’ no responden a las demandas del ‘partido orgánico’ (las fuerzas que están por el cambio y la transformación), los ajustes se hacen difíciles y los muros parecen obstáculos infranqueables. Aun así, se saltan y se están saltando, y a veces se rompen y se están rompiendo.

Mujeres y hombres, activistas, cuadros sociales y políticos han hecho posible desde abajo lo que por arriba no parece posible todavía: unir a las diversas izquierdas, organizar amplios frentes democrático-populares, y hacerlo al calor de los movimientos sociales. El objetivo es claro: construir la alternativa al bipartidismo y gobernar para transformar. No es poco, es apenas el inicio y queda mucho, mucho camino por delante. La experiencia va a ser muy importante y dará fuerza, confianza y estímulo a los que han luchado, con paciencia y coraje, por la unidad popular.

Pero, ¿qué es la unidad popular? Intentaremos delimitarla, siempre provisionalmente, por aproximaciones sucesivas. Una primera definición podría ser la siguiente: un conjunto de políticas dirigidas, encaminadas, a la construcción de una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales, liberados de la explotación, del dominio y la discriminación; una res pública. Se trata de una definición, quizá demasiado abstracta, que expresa objetivos políticos que actúan como principios, como ideas reguladoras, que sirven para criticar el presente y prefigurar las líneas maestras del futuro a construir colectivamente.

La unidad popular es, sobre todo, una estrategia, es decir, un modo de hacer y organizar la política concebida como acción consciente, colectivamente realizada. Para entender esto, es necesario hacer un pequeño rodeo sobre el poder en nuestras sociedades. En la sociedad capitalista, el poder es capitalista; no se trata de un juego de palabras; lo que se quiere decir es que el capital, los capitalistas, individual y colectivamente, tienen un poder estructural y que este está distribuido desigualmente y asimétricamente en nuestras sociedades. Este es y será siempre el límite objetivo de toda democratización en el capitalismo.

El Estado unifica al bloque dominante, asegura la subalternidad político-ideológica de las mayorías sociales y garantiza la cohesión de la formación económico-social, desde su monopolio exclusivo de la violencia legítima. El Estado capitalista es, pues, el espacio contradictorio donde se expresan los conflictos básicos, se dirimen las contradicciones entre fuerzas políticas y sociales y, esto es lo fundamental, se organiza y reproduce la clase política dirigente. Ni es neutro desde el punto de vista de los conflictos básicos ni un simple instrumento-máquina de las clases económicamente dominantes; su autonomía es siempre relativa, y cambia según condiciones. Ahora, en la presente crisis (es señal inequívoca de ella), la autonomía es más estrecha y su carácter de clase, más evidente.

Partiendo de esta realidad del poder en nuestras sociedades, se entiende mejor lo que significa la unidad popular como estrategia política emancipatoria. Gobernar es muy importante, planteárselo como objetivo demuestra la seriedad, la consistencia y el coraje de una fuerza política, pero debemos subrayar también que gobernar con un programa transformador significa, hoy más que ayer, algo más que acceder electoralmente al poder ejecutivo; hace falta fuerza social organizada para intentar (tarea muy difícil y siempre provisional) reequilibrar el déficit estructural de poder existente en nuestras complejas sociedades. En el centro, el Estado, y más allá, el conjunto de instituciones formales y no formales de eso que se ha venido a llamar la sociedad civil.

El objetivo es combinar, en el largo y en el corto periodo, la democratización de las instituciones del Estado con la articulación y desarrollo de poderes sociales. Ambas cosas, trabajo institucional y creación de poderes de base en nuestras sociedades concretas, tiene una prioridad local-territorial. Se podría hablar de la ‘territorialidad del poder’, es decir, de asentarse sólidamente en el espacio, crear vínculos sociales solidarios y altruistas, y expandir formas alternativas de producción y comercialización que aseguren el buen vivir de las personas, nuevas relaciones sociales respetuosas y en paz con el medio ambiente, volcadas hacia el futuro, uniendo dignidad y autogobierno de las personas con la apropiación colectiva del territorio.

Para no perder el hilo: ‘democratizar la democracia’ (como nos enseña desde hace años Boaventura de Sousa Santos) implica combinar un trabajo serio y sistemático en las instituciones (gestionar de forma alternativa es crucial) con la creación paciente, tenaz, contracorriente (la normalidad es casi siempre pasividad, subalternidad y dejar hacer al mercado, a los empresarios, al capital) de diversas formas de autoorganización social, practicas sociales e institucionales alternativas. La clave: una gestión institucional que genere conflicto y no paz social, que fomente la autoorganización de sujetos sociales fuertes; poderes sociales que ayuden a democratizar las instituciones, que socialicen la política y cambien la sociedad desde abajo.

Lo nacional-popular es la otra cara de la moneda, el contenido que hace posible la transformación social. Ser parte de la gente, ser gente, implicarse y aprender enseñando. Lo que hay detrás es un viejo asunto que tiene que ver con la vida cotidiana de las personas. La sociedad emancipada, lo que hemos llamado socialismo, implicaba una democratización sustancial de la política, del poder, de la cultura, de la economía. Es la democracia de la vida cotidiana, es decir, nuevas relaciones sociales entre los hombres y las mujeres, entre las empresas y los trabajadores, entre los servicios públicos y la ciudadanía, entre los seres humanos y la naturaleza de la que somos irreversiblemente parte. En definitiva, reabsorber la historia de las grandes palabras y de los hechos trascendentales en una cotidianidad liberada.

Lo peor es el elitismo de una parte significativa de los intelectuales, unas veces trufado de culturalismo, otras de marxismo de andar por casa (perdón, por los palacios) y los más, puro llegar holgadamente a final de mes. Los intelectuales tradicionales deben ser superados por otros que sean capaces de partir de las necesidades de las gentes, defendiendo y transformando los ‘sentidos comunes’, construyendo una nueva alianza con las clases subalternas. El objetivo es preciso: una nueva cultura que dé vida a un nuevo poder, a un nuevo Estado, a una nueva república protagonizada por los de abajo, fundada en la hegemonía política de las clases trabajadoras, de las clases populares.

La unidad popular, hay que insistir una y otra vez, es hoy obligatoria. Si algo pone de manifiesto la Grecia de Syriza (siempre sola, justo es señalarlo) es que el poder de los gobiernos ha disminuido mucho y que cualquier proyecto democrático y social requerirá conquistar más autonomía, más soberanía, más poder. Sin una mayoría social organizada, sin un pueblo convencido y movilizado, sin unas fuerzas políticas y sociales unidas, no habrá transformación posible y seremos, una vez más, derrotados, todo ello para mayor gloria de la Europa alemana del euro y del capital monopolista financiero. Al final, será muy importante un equipo dirigente audaz, inteligente y radical.

Se dirá que todo es demasiado genérico y que los seres normales no lo entenderán. Creo que se equivocan. Las encuestas sirven para lo que sirven y con restricciones. Hay, al menos, dos actitudes posibles: quedarse en lo que opinan las gentes sin más o partir de ellas, para ir más allá de ellas mismas. Por lo que sabemos, digámoslo con modestia, nuestra gente tiene ideas claras y enemigos de carne y hueso: los banqueros, los grandes empresarios, la gran patronal… Saben con bastante precisión que los poderosos han capturado al Estado y que lo han puesto a su servicio, y que los responsables de esta inmensa involución social y política son los dos grandes partidos dominantes, siempre apoyados por las burguesías nacionalistas vasca y catalana. Lo que hay que hacer ahora es convertir la enemistad política en proyecto alternativo de país. La diferencia entre transformación y transformismo es, muchas veces, una delgada línea. La unidad popular servirá, también, para que esta no se traspase.



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MÁS SOBRE PODEMOS / MONEDERO



Monedero y el cascabel del gato

Rebelión
04.05.2015

Ignoro sí el Wall Street Journal ha dado portada a la dimisión de Juan Carlos Monedero, pero dado el papel que esta noticia ha ocupado en la prensa nacional no me habría extrañado en absoluto. Quizás sus editores hayan considerado que se trata de un asunto local, pero aquí, en provincias, la cosa ha sido tan clamorosa que la dimisión ha tenido una repercusión mediática inicial equivalente a la del terremoto de Katmandú.

La verdad es que después de leer las "informaciones", así como algunos de los ejercicios de Podemología por parte de diferentes expertos, es dudoso que sea para tanto. No es so pena que Podemos sea una empresa registrada por unos pocos colegas y que por detrás no haya más que algunos miles de empleados como en esas películas en las que la tropa sigue a los jefes hasta los mayores peligros sin decir tan siquiera esta boca es mía.

Pero no creo que sea eso. Sin querer minimizar el protagonismo de los primeros actores, Podemos es ante todo y sobre todo una respuesta de masas a una situación insostenible para los de abajo. Su proyección electoral revela el alcance del rechazo a esta situación, un rechazo que des estar encarnado por un partido establecido lograría una mayoría electoral absoluta. Su base social es diversa, pero primordialmente está ocupada por las nuevas generaciones que protagonizaron el movimiento del 15-M, cuyos objetivos lograron el respaldo de la mayoría de población. La solución está clara, Podemos podría poner el cascabel al gato, algo que el gato (la minoría más poderosa y sus adláteres) no puede permitir, sobre todo desde Syriza venció al miedo en Grecia.

Podemos ha ocupado el escenario consiguiente a Syriza en muy poco tiempo, lo que significa, primero que el potencial está ahí; segundo, que todavía no ha hecho el trabajado desde abajo, no ha acumulado el historial de luchas y conquistas (de legitimidad) parciales, de organización articulada a todos los niveles. O sea no ha tenido el tiempo ni la experiencia que ha precedido el triunfo electoral de esta coalición de la izquierda radical, antes al contrario, Podemos es una necesidad que expresa todo lo que no se ha hecho y que tendrá que hacer sí quiere dar el paso siguiente. Podemos tiene por lo tanto una asignatura pendiente, la asignatura probada por Syriza. Ese es su desafio, también e insistimos: justo lo que el gato quiere evitar.

No es otra cosa lo que expresan la utilización catastrofista de un conflicto del “petit comité”, de los “fundadores” que no eran cuatro reunidos en un bar sino unos cuantos cientos sino más. Tampoco es cuestión que Monedero haya padecido toda esa campaña para convertirlo en “el Bárcenas de Podemos”, una maniobra despreciable por supuesto que ha quedado en nada y que forma parte de un peaje a veces mucho más terrible. Mal estaríamos sí en un proyecto como el de ponerle el cascabel al gato sufra especialmente porque uno de sus portavoces estaría más a gusto hablando por sí mismo. Sí, Monedero es un poeta, un filósofo, un estupendo francotirador, pues que diga lo que tiene que decir sin miedo a la verdad.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

UCRANIA


Un tumor que amenaza a Europa

2/2

Rebelión
El viejo topo
04.05.2015


Si han cesado los combates en Ucrania gracias a Minsk II, la guerra de la propaganda sigue. La fantasía para devotos de la OTAN reza así: el sueño imperial de Putin, como muestra la anexión de Crimea, reclama esferas de influencia exclusivas en Europa y ha provocado la más grave crisis desde la desaparición de la URSS. En el paquete devocional va también el papel de Putin como agresor en la guerra, el derribo del avión malasio, la violación de las fronteras de Ucrania, el despliegue de tropas rusas en el Donbass, y la violación de la legalidad internacional. No importa que no se haya demostrado ninguna de esas acusaciones, aunque no hay duda de que las milicias del Este no habrían podido resistir sin la ayuda rusa en armas, suministros y vituallas. En la gigantesca campaña propagandística occidental tampoco faltan esfuerzos para que nadie recuerde el estímulo norteamericano y europeo para derribar a un gobierno, el de Yanukóvich, elegido por la población ucrania en comicios que ni Estados Unidos ni la Unión Europea consideraron ilegítimos; y se ha ocultado el apoyo occidental a la violencia desatada por las bandas fascistas (decenas de policías murieron por disparos de bala en el Maidán, por ejemplo) mientras se difundía la bondad de un supuesto “movimiento pacífico” que deseaba “unirse a Europa”, al igual que permanece en la sombra que, en los meses previos a la caída de Yanukóvich se organizó el entrenamiento militar de grupos de mercenarios y fascistas en Polonia para enviarlos después al Maidán de Kiev; ni que, por supuesto, apenas se hagan referencias a la paulatina expansión de la OTAN en el Este de Europa, a la guerra de provocación de Georgia, al escudo antimisiles, al intento de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN, al golpe de estado en Kiev. Son patentes los endebles argumentos de Washington, así como su hipócrita indignación posterior por la ayuda rusa a las milicias, dado que si Putin hubiera iniciado el conflicto, ni siquiera se entendería la crisis ucraniana, porque ¿para qué iba Moscú a crearla si el gobierno de Yanukóvich mantenía buena relación con Rusia? Y, tras el golpe de estado prooccidental, ¿podía Moscú abandonar a su suerte a la población rebelada contra Kiev y que hubieran sido aplastada por el gobierno golpista? Pero, para esos expertos norteamericanos en el lanzamiento de gigantescas campañas publicitarias, el golpe de estado de Kiev ha quedado convertido en la “revolución de la dignidad”, y sus clientes ucranianos lo recuerdan cada día en la prensa. Un año después de la caída del gobierno de Yanukóvich, siguen sin aclararse los asesinatos cometidos por los misteriosos francotiradores que causaron una matanza en el Maidán, y que fueron la espoleta para el derrocamiento del gobierno. Ni el gabinete golpista de Kiev ni Estados Unidos han mostrado el menor interés en que se investigue, mientras los oligarcas se reparten el botín y el territorio: Igor Kolomoisky, uno de los millonarios más corruptos de Ucrania, financiador de grupos nazis, un personaje que ha llegado a utilizar grupos de matones para imponer sus deseos, que compra jueces y consigue sentencias o, si es necesario, las falsifica, es hoy gobernador de Dnepropetrovsk. El procurador general, Viktor Shokin, que descuida la lucha contra la corrupción y el crimen, que desdeña la investigación sobre los francotiradores del Maidán en los días del golpe contra Yanukóvich, y que no tiene la menor intención de aclarar la terrorífica matanza del edificio de los sindicatos de Odessa, trabaja, en cambio, para ilegalizar al Partido Comunista, la única fuerza política que intenta limitar el poder de los corruptos empresarios-ladrones; porque el Partido Comunista es también el único partido que denuncia el fascismo en Ucrania, que reclama la disolución de las bandas paramilitares nazis y pide, en vano, protección de monumentos y símbolos de la lucha contra los nazis durante la II Guerra Mundial. 

Estados Unidos se debate entre una mayor implicación en la guerra y el envío de armas. Influyentes fundaciones privadas y sectores del Pentágono y del gobierno se inclinan por enviar armamento, aunque son conscientes de que ello no convertiría al ejército ucraniano en una fuerza capaz de ganar la guerra civil, y podría crear una difícil situación con Moscú. Sin embargo, otros sectores de la administración norteamericana, aunque aceptan los riesgos de desafiar a Rusia, un país dotado de un enorme arsenal nuclear, apuestan por armar a Kiev confiados en que una guerra de desgaste acabará por dañar la economía rusa y, eventualmente, podría hundir a Putin, o, al menos, hacer inviable el esfuerzo de recomposición en la Unión Euroasiática que proyecta Moscú. Todo ello, en Washington, en medio de absurdas discusiones sobre si deben enviarse a Ucrania armas “ofensivas” o “defensivas”, cuando lo cierto es que una escalada en la guerra tendría una difícil salida, y que la tentación de anular a Rusia y amarrar más a la Unión Europea a través de una guerra continental está muy presente en los estrategas del Pentágono y la Casa Blanca. Del estado de opinión generado en Washington pueden dar idea los comentarios de uno de los analistas del CSIS, Center for Strategic and International Studies, el más importante “laboratorio de ideas” de la capital norteamericana para asuntos de política exterior. Andrew C. Kuchins, director del programa para Rusia y Eurasia del CSIS, presentaba al asesinado Boris Nemtsov como un patriota y demonizaba a Putin, señalando que el discurso del presidente ruso en el parlamento en abril de 2014 tal vez indica el “punto de inflexión de Rusia en un estado fascista”. Es obvio que, para quienes así piensan, estaría más que justificada la intervención militar abierta en Ucrania, aunque sea por actores interpuestos, mercenarios o soldados de los países más agresivos, como Polonia o los bálticos. Después de todo, siempre pueden argüirse los peligros de un “inminente ataque ruso” o pretextos semejantes a los que llevaron a la agresión norteamericana en Iraq.

El extraño asesinato de Boris Nemtsov (quien, hoy, era un personaje irrelevante en Rusia) puede tener implicaciones ligadas a la crisis ucraniana, y no puede descartarse la larga mano de Nuland y de los círculos más rusófobos del gobierno norteamericano, sobre todo ante la evidencia de que la desaparición de Nemtsov no beneficia precisamente a Putin. Convertido el presidente ruso en un espantajo pendenciero, Washington no quiere reconocer su propia responsabilidad en el aumento de la tensión internacional: hay que recordar que Putin inició su presidencia intentando acomodarse a un mundo unipolar dirigido por Estados Unidos, reclamando respeto y reconocimiento de los intereses rusos. El patente desprecio hacia el presidente ruso, la evidencia de que Estados Unidos sigue especulando y alentando una hipotética partición de Rusia, como hizo con la Unión Soviética, levantaron todas las alarmas en Moscú, y llevaron a Putin, todavía bajo la presidencia de George W. Bush, a su discurso de febrero de 2007 en Múnich, donde denunció el expansionismo norteamericano y el incumplimiento de todos los acuerdos, suscritos o tácitos, entre Moscú y Washington tras la desaparición de la Unión Soviética. Desde entonces, y pese a gestos teatrales como el del botón de “reinicio” ofrecido por Hillary Clinton (que no se concretó en ningún cambio en la política exterior norteamericana), Estados Unidos ha continuado aproximando su dispositivo militar a las fronteras rusas.

Francia y Alemania se han implicado en la búsqueda de una solución política para Ucrania, pero su margen de maniobra es escaso, porque predominan en sus gobiernos las obligaciones como miembros de la OTAN, y Washington y el cuartel general aliado de Bruselas han elaborado un discurso que, en lo esencial, ha sido impuesto a todos los miembros y ha sido adoptado también por París y Berlín, que, aunque sigan a regañadientes el discurso belicista, se ven obligados a imponer sanciones económicas a Moscú y a discutir sobre hipótesis más peligrosas, donde no se descarta el envío de armamento e, incluso, de fuerzas militares, aunque por el momento, esa posibilidad se discuta en secreto. Atrapados en su propia propaganda, los países de la OTAN son incapaces de asumir que la crisis ucraniana no estalló por unas “protestas ciudadanas” (por lo demás, instigadas y financiadas en buena parte por países occidentales), sino por el apoyo a un golpe de Estado y un cambio de régimen que pretende incorporar a Ucrania a una alianza militar abiertamente hostil con Moscú. Si te muestras agresivo con los demás, no puedes esperar que te reciban con los brazos abiertos.

Ni la Unión Europea, ni, mucho menos, Estados Unidos, quieren reconocer que la apuesta por integrar a Ucrania en la OTAN es una verdadera provocación contra Rusia (¿imagina alguien la hipótesis de que México o Canadá se integrasen en una alianza militar agresiva contra Washington?), que, además de innecesaria, ha traído una guerra civil, ha destruido la economía ucraniana, ha abierto un peligroso frente en Europa y ha dinamitado a medio plazo la posibilidad de una convivencia amistosa y pacífica en el continente. Que la guerra ucraniana haya sido producto del cálculo o una consecuencia imprevista del golpe de Estado, no mitiga la responsabilidad estadounidense. La guerra que la aventurera política exterior norteamericana ha encendido se presenta ahora como responsabilidad exclusiva de Moscú y como la prueba del peligroso “expansionismo” ruso, pero olvida que tras la disolución del Pacto de Varsovia, el destino manifiesto de la OTAN no fue iniciar su desmantelamiento sino una acelerada expansión hacia las fronteras rusas que le ha llevado a instalarse en ocho países (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria) e intentar hacerlo con Georgia y Ucrania, sin olvidar sus instalaciones en algunas de las viejas repúblicas soviéticas de Asia central. Ese ha sido el verdadero expansionismo militar de las dos últimas décadas. Porque Washington no quiere entender que la seguridad ha de ser un principio compartido, y que llevar el dispositivo militar de la OTAN a las propias fronteras rusas no es sólo una provocación sino también la ruptura de los inestables equilibrios internacionales.

Las acusaciones y alarmas, siempre sin pruebas, lanzadas contra Rusia por el norteamericano Philip M. Breedlove, comandante de las fuerzas de la OTAN en Europa, o la visita secreta a Kiev, en enero de 2015, del general James R. Clapper, director de la Inteligencia Nacional norteamericana, entre otras, son el reflejo de la visión de los halcones de Washington. El secretario de defensa, Chuck Hagel, y el jefe del Estado Mayor conjunto, general Martin Dempsey, también apoyan el envío de armamento a Kiev, y las alarmas lanzadas por el duro Zbigniew Brzezinski sobre un hipotético ataque de Rusia a los países bálticos, van en la misma dirección: quieren enviar armas a Ucrania, emponzoñar la situación y hacer irreversible una guerra europea, tal vez global, y eso puede hacerse a través de diferentes vías, porque los halcones de Washington no tienen demasiados escrúpulos: no hace mucho, el general Wesley Clark, declaraba a la CNN sobre los nuevos islamistas que degüellan ante las cámaras: "Creamos el Estado Islámico con financiación de nuestros aliados".

La reciente declaración del Partido Comunista ucraniano, principal fuerza de la oposición, ahora perseguida y reducida, se cerraba con una preocupante proclama dirigida a ucranianos y europeos: decid no a la guerra y al fascismo. Porque ese es el riesgo, el tumor que amenaza a Ucrania y Europa. Hay otros problemas para Europa, desde luego, añadidos a la severa crisis económica y a las grietas en la zona del euro: desde la imprevista rebelión griega, que Bruselas pretende doblegar; hasta la respuesta de los poderes reales ante la hipotética emergencia de un movimiento opositor que, aunque de manera confusa, impugne en diferentes países la construcción neoliberal de la Unión Europea; pasando por el reforzamiento de la extrema derecha, que no preocupa tanto por su modelo social como porque puede hacer retroceder a las formaciones conservadores hoy dominantes; o incluso las artimañas del poco fiable socio británico, cabeza de puente norteamericana en Europa, junto con los revanchistas gobiernos polacos y bálticos; y, en fin, los retos del terrorismo que la propia Europa y Estados Unidos han contribuido a crear, pero ninguno de esos problemas es tan grave como la guerra en Ucrania y la posibilidad de que se extienda al resto del continente si no se consolida la vía diplomática. El pragmatismo de Angela Merkel, impulsando los acuerdos de Minsk, tiene una doble interpretación: por un lado, sabe que no puede vencerse a Rusia en una guerra global y, por eso, camina por el alambre de la diplomacia; por otro, aunque quisiera poner de rodillas a Moscú, sabe que esa victoria no sería alemana, sino norteamericana, y eso empuja a Berlín a los equilibrios entre la obligada sumisión a Washington (la OTAN, ata), el interés propio por la estabilidad europea, y los siempre presentes recelos germanos hacia el gran país eslavo que se niega a aceptar la supremacía occidental. Por su parte, Estados Unidos quiere una Rusia débil, y no renuncia a su fragmentación, que haría posible el control norteamericano de los yacimientos de hidrocarburos, y, en ese escenario, no es casual que Estados Unidos no participe en la solución pacífica a la crisis ucraniana: una guerra abierta sometería a Moscú a una dura prueba, le impediría la reconstrucción de los lazos entre las antiguas repúblicas soviéticas y bloquearía su modernización económica. Al mismo tiempo, para la Unión Europea, la extensión de la guerra ucrania supondría un nuevo clavo en el ataúd de la impotencia estratégica y de la sumisión con que Washington quiere encerrar a Bruselas: un enfrentamiento entre Rusia y la Unión Europea en Ucrania, una herida abierta y sangrante en el continente, es la mejor hipótesis norteamericana para fortalecer su propio poder a través de la OTAN, arrinconar a Rusia, y para aprestarse a la gran batalla de las décadas próximas: China.  

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SINDICALISMO



Si los trabajadores de Movistar pueden, ¿por qué nosotros no?

Rebelión
eldiario.es
04.05.2015


Como es Primero de Mayo, un, dos, tres, responda otra vez: tú, trabajador, trabajadora, ¿por qué no luchas por tus derechos? “Soy precario, si protesto me despiden o no me renuevan”. “Necesito este sueldo de mierda, no puedo arriesgarme a que me echen”. "Con lo que me ha costado encontrar trabajo, y todo el paro que hay, calla, calla". “Hay muy poca solidaridad, siempre habrá alguien que haga tu trabajo si decides plantarte”. “Los sindicatos ya no sirven para nada”. “Las huelgas son cosa del pasado”. “A mí que me cuentas, yo soy autónomo, bastante tengo con lo mío”.

Así es. Muchos hemos asumido que la lucha obrera, el sindicalismo, la solidaridad, la protesta, la negociación o la huelga son cosas del pasado, un lujo que ya muy pocos trabajadores pueden permitirse.

Hasta que aparecen los técnicos de Telefónica-Movistar, y nos rompen los esquemas. Trabajadores que están mal, muy mal, peor que la mayoría de nosotros. Trabajadores que tienen todo en contra: sin vínculo con la empresa, trabajando no ya para contratas, sino para subcontratas de las propias contratas, forzados además a ser autónomos. Ve y háblales de precariedad a ellos, contratados por horas, trabajando muchas más de las que cobran, sin descanso. Ve y háblales de salarios de miseria a ellos, que encima de cobrar poco están sometidos a penalizaciones, y obligados a pagarse vehículo, gasolina, uniforme y hasta herramientas. Ve y háblales de solidaridad y sindicalismo a un colectivo de miles pero atomizados en innumerables subcontratas. Por si fuera poco, tienen enfrente a una de las multinacionales más poderosas de España.

Y sin embargo, se han plantado. Están luchando por sus derechos. Se han organizado en sindicatos. Sí, sindicatos. Han recurrido a la huelga, esa que creíamos que ya no valía. Nada menos que una huelga indefinida. Han creado cajas de resistencia. Y han encontrado solidaridad, en otros trabajadores de Movistar, pero también en el resto de la sociedad.

¿Por qué los trabajadores de Movistar pueden y nosotros no? ¿No quedamos en que la lucha, la huelga, el sindicalismo, la solidaridad, eran un lujo al alcance de una menguante aristocracia trabajadora? ¿Por qué las luchas más radicales de los últimos años las están protagonizando precisamente aquellos trabajadores que en peores condiciones están para defender sus derechos? ¿Es porque ya no tienen nada que perder, porque han caído tanto que solo les quedaba alzarse? ¿O quizás deberíamos revisar nuestras convicciones?

Hoy son los de Movistar, ayer los de Coca-Cola (que mantienen el pulso mientras la empresa no cumpla la sentencia), dentro de unas semanas los trabajadores de recogida de basura en Madrid. Son ráfagas, esporádicas, pero suficientes para iluminar y hacernos ver que sigue siendo cierto el viejo lema: la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y tal vez hemos abandonado antes de tiempo.

Mucha fuerza, ánimo y suerte a los trabajadores de Movistar en huelga. Y nosotros, a presionar como clientes a Movistar, difundir su lucha y llenarles la caja de resistencia.


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