Trump contra el planeta. Esto
apenas está comenzando
DIARIO OCTUBRE /enero 16, 2026

Sergio
Rodríguez Gelfenstein.— Muchas personas asumen que las
acciones de Donald Trump están signadas por un desorden mental del presidente.
Tratando de confirmar esa situación, investigué al respecto y en un artículo
publicado el pasado 16 de julio bajo el título “¿Es Trump un loco o un típico
niño rico extasiado por sus perversiones?” informaba del historial delincuencial
y falsificador de la realidad de los antepasados directos de Trump. Ahora,
intentando ampliar al respecto consulté a una especialista para que me
ilustrara sobre el asunto. Ella me refirió al “Manual Diagnóstico y Estadístico
de Trastornos Mentales” (DSM-5) que es la herramienta taxonómica y diagnóstica
publicada por la Asociación Americana de Psiquiatría y que en su Quinta Edición
ha actualizado la de 2013.
Según el DSM-5, la personalidad narcisista (Trastorno de Personalidad
Narcisista- TPN) es un patrón dominante de grandiosidad (en fantasía o
comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía. Algunas de sus
características refieren a una autopercepción de magnificencia (hasta un
delirio de grandeza), prepotencia, exageración de los logros propios ( a veces
en su fantasía) y esperanza de ser reconocido como un ser superior.
Así mismo, se
manifiesta una absorción de fantasías de éxito que llevan al paciente a creerse
especial y único en sus relaciones por lo que solo se vincula con sus iguales.
De la misma manera, expresa un sentimiento orientado al merecimiento de
privilegios no razonables que explota a su favor y aprovecha para sus propios
fines.
Revela rencor
injustificado, no es empático y no reconoce las necesidades o sentimientos de
los demás. En ese marco, es envidioso y también siente que lo envidian a él.
Otros síntomas son la impulsividad y la necesidad de ser admirado para lo cual
exterioriza arrogancia y aires de superioridad.
Hasta aquí lo
que expone el DSM-5, considerado la “biblia” de los psiquiatras y sicólogos
estadounidenses y una referencia mundial. Consulté la opinión personal de la
especialista a este respecto. Me explicó que Trump llena todos los criterios,
es decir posee una personalidad narcisista y una conducta antisocial, toda vez
que no cumple con las reglas, vulnera los derechos de los demás, engaña sin
culpa, es impulsivo pero también planifica con antelación sin ningún
sentimiento empático o de remordimientos.
Concluye que el
cuadro es muy complejo ya que se suma a la posición que ocupa, lo cual exacerba
todos los criterios. Así mismo, reflexiona en torno a que se podría considerar
que “el paciente” también sufre de un “Delirio de grandeza” o “megalomanía” que
el DSM-5, define como un tipo de delirio grandioso, una creencia fija y falsa
de su propia importancia, poder, conocimiento o identidad exagerada, que no se
basa en la realidad y que persiste a pesar de la evidencia. En esta medida , su
actitud mesiánica que lo hace autodefinirse como “salvador del mundo” le hace
suponer que puede engañar a todos por su ambición desmedida.
Como dice la
especialista consultada, esto no pasaría de ser un tratamiento natural sino
fuera porque estamos hablando del presidente del país más poderoso que es dueño
de las fuerzas armadas más grandes del planeta, poseedor de un vasto arsenal
nuclear suficiente para hacer desaparecer al ser humano de la faz de la tierra.
Pero sigo creyendo que la personalidad de Trump, siendo un factor
importante, no es el decisivo en sus motivaciones para actuar como lo hace. Le
personalidad de un individuo es parte de los factores subjetivos que influyen,
pero lo determinante es lo objetivo, y eso viene dado por los intereses que se
defienden. En el caso de Trump, los de ese 1% que controlan el Complejo Militar
Industrial, el sistema financiero, las grandes empresas energéticas y las
transnacionales farmacéuticas, ligadas por un hilo conductor común: el
narcotráfico. No se trata de que no entre droga a Estados Unidos, sino que lo
haga de forma ordenada para que sin impedimentos la ganancia fluya por el
sistema financiero.
Lo más
preocupante es que este personaje con su trastorno narcisista y sus delirios de
grandeza, al igual que su mentor Adolfo Hitler, ha adoptado la ideología nazi
como orientadora de su gestión de gobierno. Sin embargo, a diferencia del siglo
pasado cuando el mundo se unió para luchar contra el espectro del nazismo, hoy,
una buena cantidad de países, especialmente algunas de las más importantes
potencias parecen cómodas conviviendo con él.
En el caso de
Venezuela, la única manera que Estados Unidos tiene a la mano para instalar a
la oposición en el poder con el objetivo de controlar un gobierno afín que le
permita apropiarse de las grandes riquezas del país y matar el ejemplo que
significa Venezuela para la región es a través de una invasión y una guerra
directa, pero eso es muy difícil de “digerir” por la opinión pública de Estados
Unidos en la actualidad, por lo cual dicho objetivo ha tenido que ser pospuesto
por ahora. Pero van a insistir en ello en el futuro, haya gobiernos
republicanos o demócratas hasta que constaten que la voluntad de resistencia y
victoria del pueblo venezolano no tiene fecha de caducidad.
Eso es lo que
explica la declaración de Marco Rubio en el sentido de que Venezuela es un país
inseguro para los ciudadanos estadounidenses, pretendiendo con ello refutar la
idea que comienza a tomar forma en el establishment de Estados Unidos de que en
Venezuela hay tranquilidad y estabilidad, lo cual le permite volver a las
empresas petroleras, sacadas del país por las sanciones de Obama, Biden y
Trump. La opción de Rubio es María Machado pero no ha logrado convencer
totalmente a Trump de ello.
Mientras tanto,
la situación interna de Estados Unidos no es la mejor para Trump. Lo ocurrido
en Minneapolis cuando un oficial del ICE (la “Gestapo” de Trump) asesinó a una
inocente mujer blanca de clase media, poeta y madre de tres hijos a quien Trump
y el vicepresidente Vance caracterizaron de ultraizquierdista y terrorista, ha
destapado una vez más la podredumbre del sistema político estadounidense que da
cuenta que en este país una persona merece morir, sin pasar por un juicio, por
pensar diferente. El odio al ICE que se está incubando en la población, podría
ser un elemento aglutinador de la impotencia del pueblo estadounidense.
Antes del
secuestro del presidente Maduro, se produjo el intento de asesinato del
presidente Putin en su residencia y después, este domingo 11 de enero, durante
el mismo día, Trump amenazó sucesivamente a Groenlandia, México, Cuba e Irán.
El apremio y coacción del presidente estuvo dirigido a América Latina y el
Caribe, Europa y Asia, casi todo el mundo. A ello se le suman eventuales
ataques en la frontera colombo-venezolana con la venia del presidente Petro,
que, asustado, ya lo anunció. El abandono de Estados Unidos de 66 instancias
multilaterales apuntan a que solo se mantendrá en aquellas donde puede imponer
su criterio sin cortapisas, en especial el Consejo de Seguridad de la ONU, ente
inoperante mientras exista el derecho a veto.
Como colofón de
esta desquiciada política, la noticia de la intención de Trump de elevar el
presupuesto militar en un 50 % proyectando una cifra histórica de 1.5 billones
de dólares es un claro mensaje al Complejo Militar Industrial a quien le
promete aumentar sus ganancias a cambio que hagan a las fuerzas armadas de
Estados Unidos más poderosas y dominantes. Llegó al punto de amenazarlas con
prohibir dividendos y recompras en caso de no producir armamento al ritmo que
Trump requiere.
Todo esto ha
prendido las alarmas al interior de las élites, temen un proceso de desplome
del sistema político de Estados Unidos e incluso la pérdida de su condición de
república que se sustenta en un régimen de democracia representativa liberal
que está siendo vulnerado. Existe el temor de que Trump esté instaurando una
dictadura, toda vez que ya el 6 de enero de 2021 demostró que no cree en la
alternabilidad y, los hechos recientes corroboran que tampoco le importa la
separación de poderes, dos pilares fundamentales de este sistema de democracia
liberal.
Deben estar
considerando que una encuesta de opinión pública realizada por el canal de
televisión chino CGTN en todo el mundo señala que el 93,5 % de los encuestados
cree que Estados Unidos, al perseguir el unilateralismo, se ha colocado en
oposición a la comunidad internacional. Además, el 91,7 % piensa que reformar
el sistema de gobernanza global es una prioridad urgente.
Desde otra
perspectiva, el periodista estadounidense, Tucker Carlson, firme apologista de
Trump cuando llegó al gobierno y ahora un feroz crítico de sus actuaciones a
pesar de ser un referente del grupo MAGA, aseveró que la reciente agresión
militar de Estados Unidos contra Venezuela “marca un punto de quiebre histórico
y confirma la transformación de su país de una república constitucional a un
imperio que actúa al margen de sus propias normas democráticas”. Afirma que, el
país ha entrado en una “fase imperial”, caracterizada por la concentración del
poder en el Ejecutivo y el papel marginal del Congreso que ha sido “relegado e
ignorado”, incluso en decisiones de guerra.
Coincidiendo
con otras opiniones, Carlson también sostiene que “Estados Unidos ha dejado de
ser una república y ahora es un imperio”, aseveración que hace al constatar que
el Congreso no fue consultado para realizar la operación militar contra
Venezuela, “en abierta violación del equilibrio constitucional”, lo que
conlleva un debilitamiento progresivo del poder legislativo que ya está en
marcha.
Todas estas
actuaciones que son premisas del pensamiento político de Trump se pueden
encontrar en “Mi lucha” la obra más distintiva del ideario hitleriano:
supremacismo, racismo, expansionismo, destrucción del Estado de derecho y de la
democracia liberal, violencia, corrupción, represión y persecución de las
minorías. El propio Trump se ha encargado de explicar su axioma cuando ha dicho
que no necesita el derecho internacional. En una entrevista con The New York
Times se le preguntó si había algún límite a sus poderes globales respondiendo
que: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que
puede detenerme”. Y agregó que todo dependía de la definición que cada quien
haga del derecho internacional.
No soy como
muchos un seguidor del filósofo ruso Alexander Dugin, pero debo reconocer que
ahora coincido con él cuando dice que está seguro de que en este momento, “al
observar lo que sucede en la política global, todos han comprendido finalmente
que el derecho internacional ya no existe”.
Y comparto con
él que si el sistema internacional heredado del fin de la segunda guerra
mundial ha muerto, ha llegado la hora de crear un nuevo sistema internacional
de derecho lo cual se ve bastante difícil porque ni China ni Rusia parecen
estar interesadas cuando cualquier sistema internacional alternativo en la
actualidad, solo puede surgir de la decisión de estas dos grandes potencias y
algunos otros países, tal vez aquellos que están agrupados en BRICS, aunque
esta instancia siempre estará limitada por la actitud eternamente pusilánime y
cobarde de la diplomacia brasileña.
Refiriéndose a
Rusia, su país, Dugin, como siempre, es muy contundente: “Quizás este año
tengamos que participar en una ´lucha planetaria de todos contra todos`,
durante la cual se determinará el futuro, el orden mundial correspondiente y el
sistema de derecho internacional. Actualmente, no existe ninguno. Pero debe
haber un derecho internacional que nos permita ser lo que debemos ser: un
Estado-Civilización, un mundo ruso. Esto es lo que debe conceptualizarse lo
antes posible”. Como siempre es tremendista que es lo que hace que yo no sea su
seguidor asiduo, pero lo cito porque me parece que este párrafo dimensiona la
profundidad del problema.
Pero Dugin no
es el único que piensa de esta manera. En la trinchera del frente, en un
análisis publicado por la revista Foreign Affairs -tal vez el instrumento más
relevante para la discusión sobre la política exterior estadounidense y los
asuntos internacionales de ese país- se hizo un alerta contundente sobre lo que
denomina “un colapso definitivo y sin precedentes en el orden jurídico
internacional, a raíz de la intervención militar de EEUU en Venezuela el pasado
3 de enero”. El informe agrega que con esta acción, la administración Trump ha
abandonado para siempre cualquier intento de apegarse al derecho internacional,
amenazando además con dar continuidad a esta decisión tras manifestar
abiertamente sus ambiciones de anexión sobre Groenlandia, “reemplazando el
derecho global por una doctrina de fuerza unilateral”.
El artículo
señala que: “Un sistema de reglas puede sobrevivir a cierta hipocresía, pero el
nihilismo lo derribará”. Con esto se trata de decir que la administración Trump
“ya no busca justificar sus movimientos con argumentos legales, en realidad no
le interesa, prefiriendo la imposición de políticas directas vía redes
sociales, carentes de transparencia o explicación formal”. De ahí la inutilidad
de apelar al derecho internacional y la inoperancia de recurrir a la ONU y a su
Consejo de Seguridad.
Continuando,
Foreign Affairs afirma concluyente que: “Este fenómeno, catalogado por
analistas como ´nihilismo político`, representa una amenaza directa para el
orden internacional establecido tras 1945. Al prescindir de cualquier
pretensión de legalidad, la administración Trump envía la señal de que Estados
Unidos ya no se considera vinculado por normas o tratados globales”.
Incluso,
Viacheslav Volodin, presidente del parlamento ruso, al sus sesiones abrir el
pasado martes 13 tras el receso de navidad y fin de año denunció hoy se corre
el riesgo de “un mundo sin reglas” y la violación de la soberanía de los países.
Volodin consideró que se “ están erosionando los principios del derecho
internacional acuñados tras la Segunda Guerra Mundial” y culpó de ello a los
países occidentales.
Ahora,
obsesionado con obtener Groenlandia a cualquier precio, Trump está incluso amenazando
con destruir el formato de control mundial establecido por el mismo Estados
Unidos al finalizar la segunda guerra mundial. Considera que las normas del
orden internacional surgido en 1945 son “cargas innecesarias para una
superpotencia como Estados Unidos”. Incluso se atrevió a decir que los
presidentes Putin y Xi Jinping no pueden utilizar una lógica similar a la que
él ha planteado porque eso perjudicaría a Estados Unidos y no lo iba a aceptar,
lo cual es un golpe contundente a la multipolaridad que se pretende construir
como alternativa y al propio grupo BRICS que parecía ser el principal referente
de esa opción.
Esto apenas
está comenzando pero no tengo duda que aun siendo de difícil pronóstico,
conducirá a cambios profundos y trascendentes para el planeta…esperemos que
para mejor.
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Fuente: Sergio Rodríguez Gelfenstein
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