lunes, 11 de noviembre de 2024

La Valencia de las dos Españas

 



La Valencia de las dos Españas

 

Por Patrocinio Navarro Valero

Kaosenlared

08.11.2024

 

De pronto y sin el puntual aviso de su irresponsable  gobierno, se abatió el diluvio sobre la Comunidad Valenciana, y se llevó la vida de muchos, hizo desparecer la de otros muchos, y arruinó a todos los demás habitantes de más de setenta municipios.

A toda España  nos ha conmocionado y enmudecido  lo que hemos visto en las televisiones: calles atestadas de coches apilados a capricho de las aguas, objetos domésticos esparcidos y mezclados en medio de impresionantes capas de barro,  y el  llanto, la desesperación, y la  angustia `por los desaparecidos y los muertos; por el presente y por el futuro y  por la  súbita pobreza y desamparo de esos  cientos de miles de personas de pronto sin nada y vivos milagrosamente los que lo pueden contar entre sollozos.

Va a ser muy difícil olvidarnos de esta enormidad, va a ser muy difícil  a los afectados recuperar sus vidas y el bienestar anterior, y va a ser muy difícil al gobierno valenciano explicar por qué no se tomaron medidas preventivas, por qué se avisó demasiado tarde y por qué más de una semana después no ha dado explicaciones el presidente de esa Comunidad.
También va a ser muy difícil que este gobierno dure – presidente incluido-  por todo lo que pudo haber evitado, pero  no lo hizo, por todo lo que tiene que arrepentirse y se calla,  pero tendrá que  rendir cuentas al final  a los ciudadanos y posiblemente a la justicia, si es que esta funciona como es debido.

El lado bueno: la buena gente

Otra cosa nos ha conmovido, y esta vez  positivamente: la avalancha de los voluntarios valencianos y de muchos venidos de todas partes del país que han abandonado su comodidad para ponerse en la piel de sus  semejantes, llenarse de su mismo barro y  compartir sus vidas y sufrimientos aún a riesgo de contraer alguna infección.

El elemento de la compasión y la empatía cuando alguien sufre una gran desgracia, sea vecino o foráneo,  forma parte del tesoro espiritual del pueblo español, que en esta ocasión, como lo hizo en otras y como lo hace a diario con los que llegan dramáticamente desde el mar y piden vivir aquí, es un ejemplo extraordinario para el mundo. Revela una fuerza interior en la ciudadanía que no ha sido pervertida por el orden que rige en este mundo, que es el orden impuesto por los ricos, los violentos, los individualistas, los ególatras y sedientos de poder. Esta fuerza interior del pueblo español es el embrión latente de su capacidad para tomar las decisiones sabias que no tomarían nunca los que están al mando de este país si no se sintieran empujados por esa fuerza. Esta del pueblo español  es la energía de la verdadera revolución que aguarda a la humanidad toda: la revolución desde el amor desinteresado y abnegado  y su empuje hacia la unidad y la ayuda mutua.

Cuando el pueblo no tiene el control

La gran cuestión a la hora de querer cambiar el destino de cualquier pueblo  de nuestro  mundo, incluido el español, es que suele  estar en manos de  gentes obscenamente  ricas presentes en alguna de esa  fauna humana  de personas faltas de la ética más elemental y con fuertes componentes narcisistas; de gentes ambiciosas, mentirosas, hipócritas, incompetentes, ambiciosas, advenedizas, arribistas, oportunistas, conservadoras y ultras, capos mafiosos o criminales, y no por último, de psicópatas sociales y emocionales incapaces de  sentir el dolor que provocan.

Por desgracia, los pueblos se hallan en manos de varios de esos individuos  a la vez que no tienen pudor en presentarse a  elecciones y hasta engañan a quien pueden haciéndose pasar por lo que no son a base de mentiras, discursos vacíos con promesas falsas y mucha visibilidad en las pantallas. Y muy a menudo consiguen engañar y ser votados, como ha sido el caso del gobierno valenciano para desgracia de esta Comunidad.

Muchos de esos tipos de humanos  disfrazados de buenos y honorables para chupar la energía del pueblo aparecen en los  medios de comunicación de todas partes, convenientemente maquillados, como “los buenos”, “los moderados” “los centrados”, “los confiables”, mientras que la buena gente, la que quiere la paz, la verdad, la justicia, la ayuda mutua y todas esas cualidades que definen a la buena gente, se halla en minoría en las pantallas de los televisores y en las páginas de los diarios, y no es por casualidad: todos y cada uno de los de difusión masiva se halla en manos de esa  peor gente, que siempre  es- oh, nefasta casualidad-  muy rica y poderosa o se trata de algunos de sus muchos capataces que a menudo vociferan en los Parlamentos, exhiben banderas y fabrican mentiras como quien fabrica churros. Por supuesto aman mucho a su patria mientras miden el volumen de sus carteras como referencia.

En la  película de este mundo, ellos, los falsos buenos, viven  empeñados en  impedir que existan los que pueden dar a conocer sus juegos sucios. Para evitar que eso suceda todos esos socialmente considerados  “buenos”, “centrados”, “demócratas” “ moderados y confiables”  desarrollan todo tipo de estrategias: les difaman, calumnian, persiguen, encarcelan, silencian, asesinan, y muchas otras cosas nada  buenas de los “buenos” oficiales mientras enarbolan banderas patrias. Nada que ver con esos cientos y cientos de voluntarios que enarbolan picos, palas y hasta escobas. Las dos Españas quedan bien a la vista estos días en toda su desnudez.

 

Imagen de portada: Solidaridad de CGT

 

«El Opus Dei es muy hábil a la hora de tapar sus abusos»

 

Entrevista a Gareth Gore

«El Opus Dei es muy hábil a la hora de tapar sus abusos»

 

Por Jorge Otero Maldonado

Rebelion |España

 11/11/2024 

 

Fuentes: Público

El periodista británico Gareth Gore acaba de publicar Opus (Editorial Crítica) en castellano y en Pòrtic Edicions en catalán, un libro que apunta a que va a ser el ensayo del año. Tras cinco intensos años de investigación, Gore, reportero especializado en economía y finanzas, ha escrito la que para muchos es la aproximación más fidedigna al lado oscuro del Opus Dei, una organización religiosa que, a punto de cumplir su centenario, siempre ha estado rodeada de misterio. Escrito con ritmo de thrillerOpus narra la historia de la Obra desde su fundación en 1928 hasta nuestros días y abunda en jugosos detalles sobre la codicia, la ambición, la manipulación y la misoginia de las que siempre han hecho gala sus dirigentes, históricamente más preocupados en acumular poder y riqueza que en ayudar a los pobres. La entrevista la realizó Jorge Otero Maldonado.


Su libro se presenta el libro como la historia jamás contada del Opus Dei. ¿Qué novedades concretas aporta en este sentido?

Los abusos y la manipulación dentro del Opus Dei se conocen desde hace años. Sin embargo, se ha hablado poco de ello: la Obra ha sido hábil a la hora tapar esta fea realidad. Creo que lo novedoso en mi libro es que por primera vez se explica a un público amplio cómo es la organización y cómo funciona realmente. Pero lo más relevante para mí es haber dado voz  a cientos de exmiembros de la organización para que cuenten al mundo su versión de la historia. 

Además, aporto datos nuevos sobre la relación del Banco Popular con el Opus: documentación que muestra lo que pasó y cuanto dinero salió realmente del banco hacia la Obra.

El Opus Dei ha criticado con dureza el libro y le acusa de engaño. ¿Le preocupa tener en contra a esta organización? 

El Opus Dei se ha inventado esta locura de que yo les he engañado para que hablaran y me dejaran acceder a sus archivos. Presumen de ser una organización transparente pero al mismo tiempo me acusan de haberles engañado. Esas dos afirmaciones no pueden ser simultáneamente ciertas, se contradicen. Las acusaciones son básicamente una estrategia para tapar las revelaciones muy específicas que aparecen en mi libro. Esa acusación es una falta de respeto hacia sus víctimas, pero también hacia mí como autor.

¿Ser extranjero le ha facilitado el trabajo?  ¿Cree que un periodista español hubiera podido escribir este libro?

Muchísima gente me ha dicho que este libro nunca hubiera visto la luz si lo hubiera escrito un periodista español. Eso no quiere decir que los periodistas españoles no estén a la altura, ni muchísimo menos. Hay muchos que son brillantes, pero hay una cosa clara: los tentáculos del Opus Dei llegan muy lejos aquí en España. Creo que un autor español  hubiera sufrido más presiones y hubiera tenido muchos más problemas para sacar esta historia adelante.

¿Puede que al ser británico su mirada esté menos condicionada por el entorno?

Creo que es es muy difícil encontrar a gente en España que no tenga una opinión fuerte acerca del Opus Dei, ya sea positiva o negativa. Es bueno que alguien de fuera, por tanto, pueda prestarle una mirada desde un sitio más neutro. Yo entré en esta historia sin ningún prejuicio. Inicialmente, yo iba a investigar la caída del Banco Popular desde una perspectiva financiera. De hecho, no tenía ni siquiera una opinión formada sobre el Opus Dei. Simplemente, me he dejado llevar por la historia. 

¿Qué fue lo que le enganchó para abrir el foco y terminar investigando el lado oscuro del Opus Dei?

En un principio, yo sólo quería escribir sobre el auge y caída del Banco Popular. Me fascinaba el hecho de un banco aparentemente tan fuerte desapareciera así de repente. Empecé a investigar y descubrí que Luis Valls-Taberner, el histórico presidente del Banco Popular, había sido un miembro numerario del Opus Dei, una organización muy misteriosa de la que yo no sabía nada. Eso me  llamó mucho la atención. Ahí empecé a tirar del hilo.

¿Cuánta culpa tuvo el Opus en la caída en la caída del Banco Popular?

El Opus Dei no fue directamente responsable del colapso del Banco Popular, pero sí tuvo un impacto indirecto. La cúpula del banco y la Sindicatura, ese grupo de miembros del Opus que controlaba el 10% de las acciones, estaban obsesionados con mantener la independencia de la entidad y la estructura de poder al servicio del Opus. Sin embargo, el Banco Popular tenía que limpiar su balance y necesitaba un inversor externo para seguir adelante. Pero si recurres a alguien de fuera lo que ocurre es que los accionistas pierden poder. Esa estructura de poder al servicio del Opus impidió que los directivos del Banco Popular tomaran las decisiones adecuadas para su supervivencia.

Usted cuenta que los hombres del Opus «secuestraron el Banco Popular «y lo transformaron en un «cajero  automático» al servicio de la Obra. ¿Quién es ahora ese cajero automático?

En Estados Unidos el Opus Dei se ha aliado con católicos radicales adinerados y tiene vínculos con otros negocios de los que tampoco sabemos mucho. Estaría bien que se investigara eso.

¿El Opus Dei es una secta?

Para mí no hay ninguna duda. El Opus Dei es una organización abusiva que controla y manipula a las personas, que las aparta de sus familias y de sus amigos. He hablado con antiguos miembros numerarios que han vivido durante años en este sistema de abuso. Me gustaría matizar que en lo que se refiere a los supernumerarios, [los miembros, casados o solteros, que pueden realizar una vida familiar y vivir fuera de los centros del Opus, pero que aún así buscan la santificación con su vida ordinaria] la cosa es un poco diferente. Creo que muchos de estos supernumerarios no tienen ni idea de lo que está pasando realmente en el núcleo duro de la organización. 

¿Es el Opus una organización tan mafiosa como usted la describe, solo interesada por el poder, el dinero y la influencia?

El Opus Dei utiliza la fe de sus miembros para infiltrarse en sus vidas y en sus familias. En el libro abundan ejemplos en los que queda claro que el bienestar espiritual de sus miembros no es una prioridad para la organización, pese a que en los años 80 el Papa Juan Pablo II la elevó al estatus único de prelatura personal.

¿Dónde quedan entonces valores como la solidaridad o el voto de pobreza?

El Opus Dei siempre ha tenido como objetivo las élites políticas y económicas. Por eso su influencia sigue siendo muy grande. Nunca verás a ninguno de sus miembros a las puertas de las fábricas intentando reclutar para la Obra a simples trabajadores. El Opus Dei se fija en personas en posiciones de poder o en estudiantes que el día mañana podrían estar en posiciones de poder. Los intereses de la organización siempre están por encima de los intereses individuales y de cualquier sentimiento espiritual.

¿El Opus Dei odia a las mujeres?

El Opus Dei es una organización misógina. Eso no quiere decir que todos sus miembros lo sean. Estoy seguro de que muchas mujeres dentro del Opus creen sinceramente que ellas deben ser iguales a los hombres. También algunas personas dentro de la organización piensan de forma sincera que el trato a las mujeres debería cambiar, pero en el fondo son incapaces de llevar adelante ese cambio porque eso significaría poner en cuestión la visión sobre la cual se cimenta la estructura del Opus Dei.

Usted hace un retrato de José María Escrivá, fundador del Opus, como alguien ambicioso, vanidoso, megalómano, codicioso y autoritario. ¿La organización es un reflejo de su personalidad incluso 50 años después de su muerte?

El Opus Dei ha hecho una operación de propaganda gigantesca para borrar cualquier elemento negativo en la figura de José María Escrivá. He hablado con personas que le conocieron, incluso con miembros que aún siguen en la organización, y todos reconocen que el fundador del Opus Dei tenía una personalidad bastante complicada y que en ocasiones iba demasiado lejos, como por ejemplo poner cámaras para espiar a las personas que trabajan para él en Villa Tevere, la sede centra del Opus en Roma. Pero nadie cuestiona a Escrivá porque hacerlo implicaría cuestionar el carácter del Opus Dei, y nadie quiere que el barco se tambalee demasiado.

El Opus  Dei floreció durante la dictadura franquista. ¿La organización hubiera sido lo mismo sin Franco?

No, sin ninguna duda. Es los años anteriores a la Guerra Civil, entre 1928 y 1936, Escrivá  sólo atrajo a 20 personas. Después de  la guerra el número de miembros se multiplicó. El Opus Dei llegó a tener miles de seguidores gracias a las ayudas directas e indirectas de la dictadura franquista. En el libro hablo sobre el dinero que recibió el Opus de Franco. La Obra siempre mostró mucho interés en profundizar sus vínculos con la dictadura franquista porque era una relación que le reportaba muchos beneficios.

¿Cómo son ahora las relaciones del Opus con el Estado español?

Estos últimos días que he pasado en Madrid me han dejado claro que los tentáculos del Opus Dei son aún muy profundos…

¿Puede darme algún ejemplo concreto?

Un claro ejemplo es el ataque que ha sufrido el libro por parte de ciertos medios de comunicación. Ha sido criticado con dureza por personas que ni siquiera lo han leído. ¿Por qué ocurre esto? Para mí está claro: el libro describe realidades que ciertas personas en España no quieren que salgan a la luz. 

Así que podemos decir que el Opus sigue teniendo mucho poder e influencia en la España actual.

Uno de los aspectos más preocupantes para mí es la influencia que tiene el Opus Dei en el sistema educativo español. Me inquieta que una organización tan abusiva tenga tanta influencia en el futuro de tantos niños. Creo que es algo que el Ministerio de Educación debería controlar. Está claro que los tentáculos del Opus son muy profundos y que existen fuertes vínculos políticos con el poder en España. Ojalá mi libro anime a otros a investigar esos vínculos porque hasta ahora mucha gente ha tenido miedo a hacerlo.

¿Una victoria de Trump en Estados Unidos le daría un nuevo impulso al Opus Dei?

Bueno, en el mandato anterior de Donald Trump ya hubo personas en su círculo más cercano que pertenecían al Opus Dei o tenían estrechos vínculos con la organización. Si vuelve a ganar no me sorprendería ver a más figuras del Opus Dei en posiciones importantes dentro de su Gobierno. De hecho, muchos miembros del Opus han estado trabajando en el Proyecto 2025 de Trump.

¿Está en la actualidad el Opus en un momento decisivo para su futuro por sus difíciles relaciones con el Papa Francisco? 

El Opus Dei se encuentra en mitad de la crisis más profunda de toda su existencia por sus relaciones actuales con el Vaticano. Creo que en las próximas semanas vamos a asistir a importantes decisiones: hay rumores sobre una decisión inminente del Papa Francisco respecto al futuro del Opus Dei. Francisco es consciente desde hace años de los abusos y de la manipulación dentro de la Obra y ha dado algunos pasos para acotar esos abusos e introducir cambios significativos, aunque va con mucha cautela porque sabe que el Opus Dei es una organización muy poderosa. Ser demasiado agresivo podría ser contraproducente. 

Sin embargo, dice usted que el tiempo juega en contra de Francisco.

El Papa es muy mayor, no tiene una salud magnífica ahora mismo y es posible que no esté ahí durante mucho más tiempo, en cuyo caso el Opus Dei podría llegar a sobrevivir a esta crisis. Si el siguiente Papa es más amistoso con el Opus, entonces es posible que la organización siga prosperando sin tener que reformarse.

¿Tiene sentido la existencia del Opus Dei no ya solo en la sociedad actual, sino en la Iglesia actual?

Yo no soy católico ni soy religioso, pero puedo llegar a identificarme con la filosofía inicial de Escrivá de buscar la perfección y de querer entregar tu vida diaria a algo espiritualmente valioso. Puedo ver el atractivo que tiene. El problema es que el Opus Dei y el propio Escrivá traicionaron esa filosofía casi desde el principio. Escrivá estaba más preocupado por hacer proselitismo y por reclutar a hombres jóvenes sin que ellos supieran exactamente lo que estaba pasando de manera subrepticia en la Obra. Así que en apenas poco más de diez años de vida del Opus, a principios de los años 40 del pasado siglo, esta filosofía tan positiva ya se había transformado en algo mucho más oscuro y mucho más peligroso.

Fuente: https://www.publico.es/culturas/gareth-gore-periodista-opus-dei-habil-ho…

 

domingo, 10 de noviembre de 2024

TRAICION EN LA OTAN: ZELENSKY ENTREGA A LOS RUSOS TODO EL LITIO DEL DONB...

Gestión de desastres: aprender de Cuba

Íñigo Errejón, Podemos y los significantes vacíos

 

 

Íñigo Errejón, Podemos y los significantes vacíos

TERCERA INFORMACION 10.11.2024

  • «La corriente posmarxista a la que se suma Íñigo Errejón prescinde de los símbolos que condensan historia de lucha, pensamiento y emoción para crear identidad popular, y prescinde de categorías que ordenan nuestro mundo, que nos permiten comprenderlo y transformarlo».

Iñigo Errejón / Sumar

 

Podríamos decir que no nos sorprende, pero estaríamos mintiendo. El escándalo Errejón desborda lo imaginado. Podríamos decir también que su comportamiento personal excede lo político, pero igualmente estaríamos falseando la realidad.

No nos vamos a centrar aquí en las recientes revelaciones sexual-depredadoras del susodicho. En estos días se están escribiendo muchas líneas, algunas necesarias, otras lamentables, sobre el fenómeno Errejón. Lamentable el antiperiodismo caníbal y amarillo que busca el morbo, reproduce el patriarcado y no tiene reparos. Importantísimos los relatos de las víctimas y algunos trabajos periodísticos que dan credibilidad a los mismos. Necesarias las miradas que desde un feminismo al que, más tras la actual hecatombe, debemos poner apellidos, señalan el trasfondo estructural latente tras tanto ruido. El patriarcado y su incidencia en el sentido común, en formas de hacer y pensar, nos penetra a todos y todas, pero especialmente a nosotros, porque en su desigualdad nos favorece. Impugnamos desde nuestro campo las conductas patriarcales pero las reproducimos cada día. Consciente e inconscientemente, se insertan en nuestro quehacer cotidiano. Hay sin embargo límites intolerables. El fenómeno Errejón nos permite identificar algunos.

El caso Errejón es político no porque se trate de un personaje dedicado a la política electoral. Tampoco solo por aquello de que lo personal es político, y porque la dominación patriarcal sea un hecho político, que por supuesto.

El caso Errejón es un fenómeno político porque nos permite abordar lo que debería ser el principio número uno de la izquierda: el de la ética y la coherencia, el de la comunión entre lo que se dice y lo que se hace, entre la teoría y la praxis. Entre la persona y el personaje. La persona al servicio de las ideas frente al personaje encubridor de la persona, antítesis de sí mismo. ¿Pero qué ideas y para qué las ideas? Las ideas como horizonte común o como excusa para propósitos individuales. Las ideas como legitimación o impugnación de un orden social de explotación y dominación. Las ideas como trampolín al poder o como potencia transformadora. Las ideas de la emancipación o de la depredación. Las ideas del Yo o del común. La persona al servicio de las ideas, pero ¿las ideas, al servicio de quién? De las clases dominantes o de las mayorías oprimidas. Las ideas al servicio del patriarcado o de la liberación en la relación social hombre-mujer. Podríamos caer en la pregunta fácil: ¿a qué ideas tributaba Errejón? Pero nos quedaríamos cortos de miras.

Nos resistimos a no tratar de encontrar algún pequeño hilo que conecte a la persona con el personaje. ¿Tiene el Errejón oculto alguna conexión con el Errejón público? ¿La persona real se desprende tanto de las posiciones políticas y las ideas del personaje? ¿Se descuelga totalmente su faceta de dominación de la pantalla política? ¿No existirá algún tipo de conexión invisible entre ambas esferas? Nos resistimos también a no visualizar vínculos entre el comportamiento de Errejón y la razón hegemónica que campa a nuestro rededor.

El caso Errejón es expresión desmesurada y burda de una forma de hacer y entender la vida y la política que no es patrimonio único de Errejón. Las dirigencias político-electorales nacidas al calor del periodo de ascenso de la lucha popular iniciado en 2011 con el 15-M o movimiento de los indignados, llegaron decididas a “asaltar los cielos” y acabaron asaltando las páginas del ancho libro del entreguismo y la antipolítica.

“Podemos nace para ganar”, pregonaron. Fuimos muchos quienes lo concebimos como posibilidad y herramienta. Y podía haberlo sido. Discutíamos acaloradamente con quienes en ese momento nos alertaban de las personas detrás de los personajes. Argumentábamos que Podemos era mucho más que su dirigencia. Puede que hubiera algo de cierto en ello, pero lo cierto es que nos equivocamos. Las cabezas visibles pintaban mucho más de lo que prometían, y lo que presentaban como un movimiento era más el capricho privativo de unos jóvenes astutos que jugaban a hacer política y a reinventar lenguajes y sentidos. Pese a nuestra simpatía, nunca militamos en Podemos. Otras compañeras y compañeros no corrieron la misma suerte. En el momento de su irrupción y su momento álgido, decidimos marcharnos unos años a donde pensamos había mejores condiciones para aprender sobre vida, política y comunicación: América Latina. Desde allí escribimos algunos textos en apoyo a Podemos que no nos avergüenzan pero que, desde la retrospectiva de lo acontecido, tampoco representan nuestra mirada de las cosas. Precisan de una continuidad y “ajuste de cuentas” que comenzó con el texto 10 años indignados. Del 15M al “ayusismo”. ¿Fin de un ciclo?donde abordamos fortalezas y debilidades del 15M y la irrupción de Podemos, con sus derivas y mutaciones políticas. El caso Errejón nos anima a detenernos en las personas y los personajes.

El fenómeno Podemos y la saga que le continuó, con Unidas Podemos, Más Madrid, Más País y Sumar, es la historia en secuelas de un naufragio. Pero no de cualquier naufragio, de un naufragio anunciado. Las señales de humo se evidenciaron en los primeros años de navegación. Si ese barco en algún momento partió hacia buen puerto, prontamente extravió su rumbo. Hoy sabemos que quienes atesoraron el timón y se apalearon en público y sin recato por controlarlo portaban en su manera de concebir la vida y la política la causa principal del hundimiento.

Parafraseando a un maestro y amigo que refiriéndose a uno de estos personajes afirma que en su apellido lleva su penitencia, podríamos decir que las dirigencias de Podemos llevaban su penitencia en su extracción social de clase, que no pudieron o no quisieron superar. Habiendo podido desclasarse en su praxis política, como tantas y tantos en la historia, acabaron ´enclasándose´. La mayoría universitarios, estudiantes y profesores de ciencias políticas, hijos de sectores medios cualificados, algunos cargos públicos y con formación o participación política, aprovecharon sus ventajas formativas, su militancia temprana y su carácter abierto, acostumbrado a la toma de la palabra para asomar la cabeza y destacarse, más en espacios mediáticos que organizativos. Respecto a la organización, inventan una hecha a su imagen y semejanza. Entre las virtudes del ascenso, manejar con destreza el plano comunicacional, los nuevos espacios de las redes sociales y conectar tanto con sectores populares organizados como con una gran masa de gente despolitizada a la que lograron ilusionar y mover emocionalmente. En un inicio, sin un programa definido, su narrativa y sus propuestas muestran radicalidad y valentía, poniendo el dedo en la llaga abierta de los grandes poderes y planteando propuestas de transformaciones básicas fundamentales. Ocurre que una vez nacido, Podemos no ganó. Y en el momento de ir aterrizando, dando forma programática a esas propuestas necesarias, construyendo proyecto y planteando un trabajo de largo aliento, las propuestas se fueron diluyendo y desdibujando en pos de un posibilismo transversal y un pragmatismo entreguista mediado por el cálculo de votos.

En definitiva, a los grupos de amigos e influencias, amores y desamores, batallas intestinas difundidas sin pudor en las redes, le acompaña una bajada constante de líneas bajo el mantra de la transversalidad, pérdida de la brújula política y mucho malabar argumentativo como excusa. El recorte de ideas, discurso y programa, puede condensarse en el refranero popular: donde dije digo, digo Diego porque Diego hoy dice más que digo. Y si no lo ves es que no sabes de política y comunicación para ganar. Así hasta llegar a la más bochornosa de las concesiones, ya no “para ganar”, sino para conservar nichos de poder personal: el pacto de coalición con el PSOE.

Uno de los principales partidarios de bajar líneas y traspasar límites fundantes fue precisamente Íñigo Errejón. Hábil, astuto y locuaz, basaba su argumentario en una corriente teórica del otro lado del charco. Gran parte de la dirigencia de Podemos se formó y tuvo como referencia a América Latina porque sus años de formación académica coincidieron con la época de ascenso del llamado ciclo progresista latinoamericano, proceso regional de gran importancia pero a la vez cajón de sastre con experiencias de todo tipo. El mismo Errejón realizó su tesis sobre el proceso de cambio en Bolivia. De poco les sirvió el fenomenal acumulado teórico y político latinoamericano de carácter marxista y combativo. Su principal referencia intelectual la encuentra en Argentina, encandilado con el peronismo progresista del teórico Ernesto Laclau y su compañera Chantal Mouffe. Compró los planteamientos posmarxistas del populismo y los significantes vacíos y trató de aplicarlos en Podemos. He ahí el mayor oprobio de Errejón al horizonte transformador.

Hay teorías que presentándose como transformadoras son tan inofensivas al sistema que acaban siendo funcionales. El mantra de los significantes vacíos se vale de categorías políticas ambiguas incorporándolas en el discurso supuestamente para construir hegemonía. ¿Qué tipo de hegemonía?, habría que preguntarse. Gramsci es otro de los grandes manoseados de la historia. En manos de esta corriente, muta en un Gramsci descafeinado y manso, despojado de su pensamiento revolucionario, de su filosofía de la praxis.

El discurso de la versión española de Laclau bebe de la ambigüedad ideológica del 15M y sus expresiones más difusas, manoseando aquella frase del “no somos ni de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo y vamos a por los de arriba” o “más importante que la unidad de la izquierda es la unidad del pueblo”.  Errejón cuestiona “el eje izquierda-derecha” definiéndolo como “lo viejo”. Un desdibujamiento de ideas-fuerza y conceptos históricos que acaba ocultando las relaciones de clase, sus antagonismos y conflictos.

De ahí a la “competencia virtuosa” con el PSOE había solo un paso. Un pequeño paso para la persona, un gran salto para el personaje. Por eso su insistencia tensando la cuerda con el sector de Pablo Iglesias para pactar con el PSOE, motivo por el cual aparentemente se quiebra Podemos, quedando fuera la corriente de Errejón, que instantáneamente monta su partido, Más Madrid y Más País. Los motivos eran otros, y tenían más que ver con una limpia de tipo estalinista del sector arrimado a Pablo Iglesias que con el propio Errejón. La cosa iba más de batalla intestinal y lucha de tronos. Lo denunció Carlos Fernández Liria en un texto que molestó sintomáticamente a Iglesias. Que no importaba tanto lo político quedó en evidencia cuando poco tiempo después Unidas Podemos no tuvo reparos en pactar con el PSOE para formar gobierno, aupando en sus horas más bajas al histórico Partido antiSocialista y antiObrero Español. En los primeros tiempos de Podemos, nadie hubiera osado siquiera plantear semejante cosa. Pero como Podemos nació para no ganar, ya no decimos digo sino Diego. En la coalición con la fuerza política que en sus orígenes definían como uno de los partidos del Régimen, se consolida el entreguismo histórico de Podemos.

Para la corriente de los significantes vacíos, existen conceptos viejos que restan más que suman, propios de “políticas de trinchera” de la “izquierda tradicional”. Para Errejón, la derrota histórica de la izquierda demuestra que hay que reinventar el lenguaje y el discurso dinamitando conceptos y categorías de vitalidad histórica y combativa. Sustituyéndolas por otras vacías y ambiguas que permiten resemantizar el discurso político para atraer y seducir a sectores amplios. Adoptar conceptos fetiche para crear emoción compartida. No es nada nuevo. El márquetin y la publicidad juegan a su manera con esto. Lo importante es conectar con el sentir de la gente dotando de nuevos sentidos a conceptos difusos para conformar identidad colectiva. Se pretende así crear nueva hegemonía. Ocurre que la identidad y la emoción, construida de esta forma, se parece mucho a sus significantes, y se parece mucho a la que construyen los actuales poderes hegemónicos. Estos atajos políticos pueden dar frutos electorales inmediatistas, pero a largo plazo, como se ha demostrado, los votos se esfuman en su vacuidad indefinida. Y lo peor, hacen un daño inmenso porque contribuyen al vaciamiento de contenido al que tanto empeño dedican los grandes poderes. Por poner un ejemplo, sustituir el antagonismo de clase por el de “pueblo-oligarquía”, tributa al espacio vacío de la política emocional del que se valen las expresiones neofascistas que hoy toman el relevo de estos paladines del pueblo. Paradójicamente, esta travesía lingüística que confunde lo “popular” con el “populismo”, huye con crítica mordaz de los viejos conceptos y categorías mientras tolera sin sonrojo los conceptos creados en los laboratorios de los centros de pensamiento de las clases dominantes, en especial de Estados Unidos, que inundan las universidades y las investigaciones académicas de todo el planeta.

Compartimos la crítica a la izquierda dogmática que insulta y desprecia a la gente por asumir el sentido común construido desde arriba. Muy habitual, también en sectores progres y socialdemócratas, eso de dar lecciones desde una atalaya político-elitista. Pero hay diversas formas de practicar eso, aunque el discurso simule lo contrario. Hacer política desde una atalaya es no hacer un carajo para construir poder popular, poder desde abajo, combatiendo el sentido común desde la teoría y desde organizaciones insertadas en él para transformarlo. Insertándose de forma abstracta y discursiva en el sentido común, éste te engulle y acabas reproduciéndolo, tolerándolo, siendo parte de él, jamás cambiándolo. El sentido común hegemónico, penetrado de la ideología dominante, es también nuestro sentido y se combate, entre otras cosas, identificando sus formas de dominación, reeducándonos colectivamente, desnudando tanto significantes vacíos como significados de clase, tratando de construir otros sentidos de clase, que solo pueden ser antagónicos al actual sentido hegemónico. Y para eso no podemos desechar la historia, el acumulado de lucha, la memoria popular.

Una cosa es el folklore y el autoconsumo de izquierda, que también vacía de contenido significantes históricos, y otra muy distinta renunciar a los referentes que construyen la identidad y el horizonte de las y los oprimidos. La corriente posmarxista a la que se suma Íñigo Errejón prescinde de los símbolos que condensan historia de lucha, pensamiento y emoción para crear identidad popular, y prescinde de categorías que ordenan nuestro mundo, que nos permiten comprenderlo y transformarlo, suplantándolas por otras inofensivas para el antagonismo social que origina nuestros males, porque en su discurso lo invisibiliza y en su quehacer convive con él y lo alimenta.

Lo nuevo no era tan nuevo. Nuevas caretas y formas que camuflan con mucha verborrea la coincidencia en la práctica con una vieja corriente política. Se llama socialdemocracia y encarna el abandono de la potencia popular y transformadora, la convivencia y connivencia con las relaciones sociales de opresión y la administración progresista del estado de cosas imperante. El cuento de la gestión amable del sistema con medidas sociales que en tiempos de crisis tratan de cambiar algunas cosas para que todo siga igual. Errejón era el niño mimado de los medios hegemónicos porque sus ideas y su acción tributaban a una corriente política domesticada. He ahí una conexión entre la persona y el personaje. Sin meternos a analizar las actitudes y el carácter tanto de la persona como del personaje público, que arrojan síntomas preocupantes desde el minuto cero. Insistimos, las actitudes prepotentes -podríamos decir patriarcales- y las líneas teóricas del “populismo progresista” no son patrimonio exclusivo de Íñigo y sus seguidores dentro de Podemos. Unas y otras son asumidas y practicadas, en mayor o menor medida, por Podemos a lo largo de su travesía. Recordemos aquello de “la casta”, luego abandonado en pos de políticas identitarias en su versión más elitista y de consumo. Mucha máscara y poco contenido. Mucha coyuntura y poca historia. Mucho discurso y poco proyecto. Mucha seguridad y poca cautela. Mucho ego y poca entrega. Mucho personaje y… en fin.

La política como ejercicio del poder individual, del poder que me da poder, que le otorga poder al Yo, es quizá el más viejo estercolero de la historia política de la humanidad. Pueden ser novedosos los envases y significantes vacíos con los que se camufla, pero el contenido, el significado, sabe a vino rancio.

Nos rasgamos hoy las vestiduras porque descubrimos que el propio Íñigo fue un significante vacío que colmó con la construcción mediática de su personaje. Pero, ¿no había señales que indicaran el abismo entre la persona y su máscara? ¿No había en lo político comportamientos de continuidad? En definitiva, ¿no pudo verse antes? ¿Tan bueno era el disfraz que ocultó los indicios políticos? ¿O se trata de otra cosa y resulta que el disfraz es colectivo?

La gravedad del caso Errejón no está en que sus hechos de acoso, agresión sexual y dominación psicológica calculada sean delito o no, cuestión que deberá dirimir una justicia que por otra parte sabemos patriarcal. La gravedad está en lo que deja en evidencia moral y éticamente. Está en el abuso de poder. Un poder que exige de toda la responsabilidad y honestidad habida y por haber. ¿Habría podido la persona hacer lo que hizo sin el personaje, sin el poder de la máscara?

Con el concepto de poder podríamos emular las preguntas que nos hicimos con las ideas: ¿qué tipo de poder? Poder privativo o poder compartido. Poder secuestrado o poder multiplicado. Poder de unos pocos o de las grandes mayorías. Poder representativo o participativo. Poder impostado o poder protagónico. Poder que explota y oprime o poder que libera de la opresión. Poder de las élites o poder del pueblo. Poder fálico o poder orgánico. Poder carnal o poder popular. ¿Poder para qué? Para beneficio individual o para despliegue comunitario. Poder como provecho o como servicio. Poder como fin o como medio. Poder para y por el poder o poder para transferir poder.

Seamos sensatos. La gravedad de este abuso de poder no está solo en que se trate de un representante político. La gravedad del caso Errejón, del que la derecha y sectores interesados se ensañan hipócritamente y sin reparo, se multiplica porque la incoherencia y el abuso se produce en nuestro campo, al menos así lo percibe el sentido común. Pero en este campo, definido tan ampliamente, nos guste o no, Errejón no es una especie única. Que la razón egoísta del actual modo de producción de cosas y sentidos penetra en nuestro territorio es cosa sabida. Que muchos irrumpen en este territorio para desplegar sus anhelos individuales depredadores, también. 

Hay, especialmente en sectores urbanos medios, y especialmente en Europa, un tipo de militancia que concibe la política como una fiesta porque para su visión de mundo lo político no representa la lucha por la dignidad histórica de las y los oprimidos de la tierra; tampoco, como en otras latitudes, lo político es cuestión de vida o muerte; ni de resolver los problemas de las mayorías depende que se resuelvan los propios. La apropiación de lo político es la apropiación individual de un espacio común. La política muta así en postureo progre, autoempoderamiento e intelectualismo cool.

En un texto reciente sin nombres ni apellidos, el pensador José Manuel Naredo afirma que “la cultura occidental sigue proponiendo como algo universal e inamovible una idea tan mezquina y asocial de naturaleza humana que coincide con el perfil del psicópata integrado”, normalizándose este comportamiento de manera tal que “junto a esa idea perversa y equivocada de naturaleza humana surgió la idea de individuo concebido como algo al margen de la comunidad, que se supone capaz de segregar y priorizar la razón sobre la emoción y el interés propio frente a los vínculos afectivos y la inserción comunitaria”.

El caso Errejón nos sigue llenando de preguntas. ¿Es necesario practicar la política caníbal para acumular liderazgo? ¿Por qué nos seducen determinadas personalidades? ¿Por qué quienes se supone representan los más altos ideales utilizan su poder para beneficio propio? ¿Tenemos tan naturalizados estos comportamientos que no somos capaces de identificar su naturaleza malsana? ¿No se multiplican en nuestros entornos las incoherencias y los posibilismos? ¿No estaremos tolerando y reproduciendo los comportamientos de una sociedad enferma? De ser así, ¿No deberíamos enfrentar la contradicción para superarla?

Si algo enseña el fenómeno Errejón a quienes nos ubicamos sin complejos en la trinchera histórica de la izquierda -socialista, comunista, marxista o anarquista- es que necesitamos revisar nuestros modos de entender y practicar la vida y la política. Que es urgente abordar la cuestión ética. No solo del vínculo entre teoría y praxis. Es prioritario revisar nuestros marcos teóricos y pasarlos por el filtro de la ética y la acción combativa. Porque podría pasar, digo… podría, que estos comportamientos y corrientes teóricas, como ocurre con el patriarcado, estén más incorporados de lo que creemos en nuestros marcos culturales, en nuestros modos de hacer y pensar.

¡Ay, la política! ¿Qué es para nuestro campo la política?

Raúl García es maestro, antropólogo y comunicador de Vocesenlucha. Artículo publicado originalmente en Vocesenlucha.

 

No nos callarán. Hablaremos por nuestros muertos

 


No nos callarán. Hablaremos por nuestros muertos

 

Por colaboradores

KAOSENLARED

9 de noviembre de 2024

 

No. Lo sabemos bien. Los centenares de muertos y desaparecidos no son producto de la naturaleza descontrolada. No es el resultado de una fatalidad ante la que nada se podía hacer.

No nos contentamos con la explicación “meteorológica”, los litros caídos, los ríos desbordados…

Las causas son profundas, tienen que ver con los fundamentos del capitalismo: cómo hacina a los trabajadores en zonas marginales y de menor renta de las ciudades para mejor explotarlos, o cómo protege y privilegia la actividad productiva y comercial, sin importarle dejar a todas las personas desprotegidas, al albur de su suerte en medio del temporal.

También están sus “gestores”, diferentes perros con el mismo collar. En esta ocasión, estos mierdas, estos donnadie, se llamen Mazón o Sánchez, más algún Borbón, suman a sus títulos habituales de lacayos el ser responsables de las muertes y la tragedia vivida. No nos olvidaremos de sus nombres, y en la primera ocasión se lo haremos pagar.

 

CRONOLOGÍA DE LA CATÁSTROFE

Tanto el servicio meteorológico como la confederación hidrográfica previeron la catástrofe. El martes 29 de octubre, las lluvias torrenciales saturaban las cuencas secas, desbordaban ríos y barrancos, arrasaban y anegaban en agua y lodo gran parte de la Horta-Sud de Valencia. La tragedia estaba servida.

Desde ese momento, y sin previsión alguna por parte del Estado (autonómico o central), son los vecinos quienes salvan a vecinos y ayudan en las tareas más elementales. Sin agua y sin luz sobreviven y se autoorganizan ante la ausencia de “gobierno” y sus “fuerzas” militares y policiales. Los testimonios que nos llegan son estremecedores, pero también heroicos: personas y familias que se apoyan, incluso poniendo en juego su vida, y hacen que el desastre no sea aún mayor.

El viernes 1 de noviembre, las “autoridades” y sus “fuerzas” siguen sin aparecer, pero la solidaridad de la gente se hace manifiesta de una forma extraordinaria. Miles de personas se autoorganizan desde la ciudad de Valencia y bajan en columnas a pie a los pueblos de la Horta a ayudar, a llevar agua y comida, a apoyar con su aliento a sus iguales. El Estado se alarma, y empieza a dificultar la solidaridad, a tratar de estructurarla y darle la forma que precisa para sus intereses. Empieza a desorganizar la solidaridad en forma de voluntariado, y de manera catastrófica (como no puede ser de otra manera en manos del Estado capitalista) intenta desarticularla.

El 2 de noviembre, cinco días después de la riada, llega el ejército con maquinaria pesada y una estrategia para desatascar calles y pueblos, y destapar la enorme tragedia que aún se oculta por el barro, los escombros y los coches amontonados.

Los “voluntarios” empiezan a ser derivados a tareas infames (limpiezas de tiendas y grandes superficies) a lo que los solidarios se niegan. No han ido allí a ayudar a empresarios y multinacionales, sino a sus hermanos y hermanas, a sus iguales.

A estas alturas los desaparecidos se cuentan por cientos y los muertos también. Los destrozos son cuantiosos y miles de personas, trabajadores en su inmensa mayoría, se han quedado sin nada.

El día 3 el gobierno de la Generalitat prohíbe el flujo de “voluntarios” a las zonas afectadas, alegando alerta naranja, una forma de evitar las protestas y el enfrentamiento contra los políticos que ese día visitan la zona, unos políticos odiosos y odiados por la población, sin distinción del color partidario, o del rango que ocupan en el aparato del Estado, sean reyes o presidentes. Pero a pesar de la prohibición la gente sigue bajando a los pueblos de la Horta. Como resultado, el enfrentamiento se produce y Felipe VI, Mazón y Pedro Sánchez tienen que salir huyendo de Paiporta bajo los gritos de “asesinos”, el barro y las piedras.

 

MOTIVOS DE LA MASACRE

Porque ha sido una masacre, porque en gran medida podría haberse evitado, porque ha sido creada por un sistema catastrófico y depredador como es el capitalismo y gestionada por su Estado (autonómico y central, la misma mierda es) que solo obedece las leyes del beneficio y el lucro capitalista.

Elementos que propician la masacre:

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·         El desarrollismo y la construcción absurda y desaforada no son obra de políticos corruptos, empresarios avaros ni de torpes planificaciones urbanas, sino que es la forma que tiene el capital de acercar a los trabajadores a las urbes donde se concentra el trabajo y el consumo, sin importar dónde y cómo se construyó, con calidades ínfimas y en espacios naturales por donde el agua y los ríos han fluido naturalmente. No es de extrañar los nombres de Torrent (para un pueblo) o los de cañada o rambla para multitud de calles, nombres que revelan por dónde pasaba el agua y por dónde volverá a pasar cuando llueva demasiado. No importa dónde se construye, lo que importa es el beneficio inmediato sin medir las consecuencias para los trabajadores, que no somos más que mercancía para ellos (los ricos, los burgueses, sus políticos), otra mercancía que puede ser sustituida.

·         La gota fría ha existido siempre en estas regiones, pero las elevadas temperaturas del mar Mediterráneo debidas al calentamiento climático hacen que la intensidad y la frecuencia de las lluvias torrenciales sean cada vez mayores. El capitalismo es el sistema que más conocimiento ha acumulado de los efectos de la acción humana sobre su ecosistema, pero también es el modo de producción más destructivo contra él. Su necesidad de acumular capital lo lleva a necesitar cantidades cada vez mayores de energía y materias primas, caiga quien caiga. Es una dinámica interna que no pueden parar, y que necesariamente nos sitúa en un escenario en el que la catástrofe vivida puede ser recurrente en el tiempo.

·         La falta de prevención también ha formado parte de la masacre, una de las partes más crueles. A pesar de las advertencias, a pesar de las predicciones y de conocerse el riesgo desde el martes 29 por la mañana, no se hizo nada, no se podía interrumpir el flujo de trabajo-mercancía, detener la producción es algo inimaginable para los gerentes políticos del capital. Nadie, ni la Generalitat, ni el gobierno central, ni la oposición (que ahora trata de sacar tajada) plantearon que la gente no fuera a trabajar o a comprar o a los centros de estudio; no plantearon evacuar a los habitantes de las “zonas inundables” (de sobra conocidas). El mundo de la mercancía y el valor no debe alterarse, cualquier sacrificio humano es poco para el ansia de sangre del capitalismo y sus bastardos gestores.

·         Y una vez consumado el crimen, se remata con el caos en la atención a las víctimas. Sin apenas ayuda estatal hasta el 5º día y poniendo trabas a la autoorganización. El Estado deja a las claras que su función no es el “cuidado” de la gente sino el cuidado del mundo del dinero, de la mercancía y de las clases dominantes, y en cualquier caso el control y la represión de cualquier intento de organización desde abajo, de la solidaridad humana.

 

AUTOORGANIZACIÓN ESPONTÁNEA

El capital y sus medios no se cansan de repetir por doquier que los seres humanos somos egoístas por naturaleza, que no miramos más que por nuestros pequeños y personales intereses, que no nos importa nadie; vamos, que somos lobos los unos para con los otros. Quieren poner en nosotros lo que ellos son, lo que su sistema de explotación, su sistema de clase, representa. Esta cantinela es tan vieja como el capitalismo. Cuentos para asustar.

Lo que no van a poder ocultar es la acción solidaria y la autoorganización de la gente en medio de la tragedia. No van a poder hurtar a la vista de todos la organización espontánea frente a la masacre y la brutalidad de un sistema que odia la vida. Contrariamente a lo que predican, hemos visto miles de hombres y mujeres ofrecer su ayuda desinteresada, apasionada y activa en las zonas afectadas. No pueden soportar ver cómo en los pueblos y ciudades la gente se organiza para satisfacer sus necesidades sin esperar a que el Estado haya dado la voz de mando. Esto es lo que les asusta: que no suene la caja registradora, que muchas mercancías se hayan convertido en valor de uso, para ser disfrutadas sin ser compradas. Los capitalistas y sus medios de comunicación, esa carroña servil y bien pagada, han salido rápidamente a denunciar el robo y el saqueo de sus propiedades. El Estado solo aparece para defender a sangre y fuego la propiedad privada.

La montaña de cadáveres se hace más grande cada día, cada hora, la devastación es dantesca, pero ellos solo piensan en salvar sus cuatro putas bolsas de madalenas, dos pares de zapatos y una televisión… Tampoco nos olvidaremos de esto.

A estas alturas la respuesta es obvia, esto nos pasa por vivir bajo la bota del sistema capitalista, sean sus gestores políticos de derechas o de izquierda.

En los próximos días vamos a asistir al carnaval del “reproche”. Quienes ahora convocan manifestaciones contra el gobierno “facha” de la Generalitat, son oportunistas que tratan de sacar rédito político de nuestros muertos, de nuestra miseria. Cuando los partidos políticos de izquierda como los sindicatos son igualmente culpables y responsables de fomentar y gestionar un desarrollismo desaforado, de espaldas al territorio natural, porque lo único importante es la generación de riqueza (para los ricos, claro) y la extracción de beneficios (plusvalía) a costa de la clase trabajadora.

Porque que no nos engañen, ésta es la razón de ser tanto de partidos como de sindicatos: la defensa a ultranza del modo de producción capitalista, ser los intermediarios necesarios tanto política como ideológicamente, fomentando la ilusión de que este sistema se puede reformar,  hacerlo más «humano». No se les puede pedir que sean otra cosa que lo que son.

Toca llorar a los seres queridos desaparecidos, recuperar sus cuerpos, dar digna sepultura a los fallecidos. Toca descombrar y recuperar lo poco que se tiene en esta mísera vida. Toca también apretar los puños y los dientes. Pero por encima del aluvión de sentimientos, toca comprender en profundidad las causas reales que han provocado la tragedia. Lo esencial es que el capitalismo no puede parar la actividad, los trabajadores deben producir en sus puestos de trabajo, y los “ciudadanos” consumir las mercancías producidas. La rueda de la valorización capitalista no puede ser parada, al precio que sea, incluso convirtiendo los pueblos en inmensas ratoneras.

La naturaleza no se ha vuelto loca repentinamente, es el resultado de una profunda alteración provocada por la competencia de los capitales y la productividad, que impide la disminución de gases de efecto invernadero, así como la producción acelerada de mercancías superfluas, meros “cachivaches” carentes de sentido. E incluso reconociendo lo natural de las riadas e inundaciones, que siempre han existido, el incremento exponencial y su aparición en zonas en las que anteriormente no se producían (recordemos las inundaciones en Alemania y Bélgica en el 2021 y sus 167 muertos) responden a causas que son sociales. Es el capitalismo.

Aunque visto individualmente, a cualquiera nos podría haber “tocado” dentro de un coche, e incluso la riada también se ha llevado a algún empresario, quienes se llevan la peor parte son los trabajadores, hacinados en sus barrios de aluvión, acosados por la especulación inmobiliaria y la vida precarizada y miserable. No es accidental que el urbanismo descontrolado haya apiñado a millones de trabajadores, a menudo construyendo las casas con sus propias manos, en rieras o escombreras durante decenios. Son estos trabajadores, llegados de empobrecidas zonas del campo, quienes pagan ahora con sus vidas la avidez de mano de obra del capital. Lo que parece mero infortunio es en realidad la constatación de una sociedad de clases.

Ante tanto dolor, tanto sufrimiento, reconforta ver la solidaridad que se ha extendido por todos los sitios. Por fuera del Estado y todo tipo de administraciones, las personas se reconocen como iguales, como hermanos en la desgracia. Necesitamos focalizar bien esta energía. Vienen días complicados, en los que a la impotencia ante tanta destrucción se añadirá la acción de todos los sostenedores del sistema, desde la extrema derecha con sus soluciones “nacionales” y racistas, enarbolando un supuesto “pueblo” que nos engloba a todos, a la extrema izquierda, con “nuevas” propuestas de reformas “radicales” y su acoso a la derecha.

Pero hay otra opción. Llevar la reflexión a nuestro entorno, en el trabajo, en clase, entre amigos y familiares. La tragedia nos concierne en lo que somos como proletariado, no importa de qué sector. Discutir a fondo las causas reales, situando el análisis sobre las leyes capitalistas en el centro del debate. No hay medias tintas, no hay soluciones intermedias. Todo lo que no sea atacar de raíz al sistema capitalista es perpetuar sus efectos devastadores en todas y cada una de sus manifestaciones.

El barro será limpiado, los coches y mobiliario retirado. Ojalá de ahí emerja una nueva conciencia de clase, una nueva dignidad, que honre a todos los muertos, actuales y pasados, que grite a nuestros enemigos, toda esa cohorte de politicastros, policías, empresarios y mendigos del sistema capitalista, que lo que queremos es una comunidad sin capital, sin dinero ni mercancías, sin Estado. Que queremos el comunismo.

No es para hoy, pero quizás sí podemos engrosar las filas de los que quieren llevar un combate sin descanso.

Porque a nosotros no nos callarán, nosotros hablaremos por nuestros muertos.

 

Grupo Barbaria

Noviembre de 2024

 

 

sábado, 9 de noviembre de 2024

La mentira os hará libres

 

La elaboración de una propuesta social seria y alternativa, una enmienda a la totalidad basada en la impugnación del actual sistema que nos lleva al desastre climático, ecológico, económico y social debería ser nuestra prioridad. Y más vale tarde que nunca.


La mentira os hará libres

 

Juan Rivera

El Viejo Topo

9 noviembre, 2024 



 Cuando visitas el campo de concentración de Auschwitz te sobrecoge el cinismo de la inscripción nazi sobre la puerta metálica: «Arbeit macht frei» («El trabajo libera» o «El trabajo te hará libre») dirigida a unos presos condenados al exterminio.

Hoy los nuevos nazis que se muestran a plena luz sin pudor ni vergüenza han cambiado el texto de sus antecesores por un nuevo lema: «La mentira te hará libre». Esta vez en lugar de exterminar cuerpos se centran en la aniquilación de las mentes. El problema es que pese a lo burdo del diseño a la idea no le faltan compradores.

Basta con hacer un repaso del curso de «cuñadismo extremo hispano» puesto en marcha (por quienes consideran que la esencia de la «españolidad» se nutre de procesiones, corridas de toros, chistes de «mariquitas» o desprecio a «negratas», moros y «panchitos») para echar balones fuera y culpar a otros de sus errores a raíz de la catástrofe provocada por la DANA en la Comunidad Valenciana.

En el sostenerla y no enmendarla cabe todo. Desde señalar a la AEMET, a la Confederación Hidrográfica, al Gobierno central o al primero que pasará por allí… si así se salva el culo y el pellejo de quien tenía total responsabilidad en la gestión de la situación.
Y no, puedes poner los datos que quieras sobre la mesa, traer los avisos previos sobre lo que podía pasar, acarrear estudios científicos… que no sirve de nada. Han adquirido, nunca mejor dicho, «la inmunidad de rebaño» y donde se ponga una tierra plana, una avioneta antilluvia cuando toca sequía o una manipulación del tiempo para crear tormentas si toca inundaciones, que se quite la Ciencia.

Como dice el refrán «No hay peor sordo que el que no quiere oír» y actualmente la hipoacusia es una epidemia. Frente a un pensamiento crítico siempre es más sencillo un relato construido sobre creencias preelaboradas (siempre por otros, no por el que las consume y repite) que apartan la reflexión de su camino. Simplifican y de qué manera la toma de decisiones.

Por ello intentar razonar o hacerles ver lo evidente (que no se dieron avisos de la situación, que se prefirió desmantelar organismos que pudieran gestionar emergencias y darle el dinero a otros chiringuitos, que se antepuso la lógica empresarial de mantener la ficción de que no pasaba nada para que el capitalismo siguiese funcionando, a la lógica de priorizar las vidas de las personas…) es en estos momentos una tarea tan ardua y tan poco efectiva como la de darte cabezazos contra la pared.

Se ha instalado la mentira y el mentir, difamar, difundir bulos a sabiendas de que la historia contada es falsa… sale gratis. Con lo cual la bola crece y crece amenazando con llevarse por delante los derechos sociales y humanos tan dificultosamente levantados.
Es lo que trae dejar a las élites económicas diseñar una sociedad sin contrapeso. Por ello se hace más necesario que nunca parar y recontarnos poniendo pie en pared. Ahora mismo estamos a la defensiva, en retroceso y, lo que es peor, sin un norte claro.
La elaboración de una propuesta social seria y alternativa, una enmienda a la totalidad basada en la impugnación del actual sistema que nos lleva al desastre climático, ecológico, económico y social debería ser nuestra prioridad.

Y cuando se impugna un sistema lo suyo es volver a los clásicos y centrar la visión en una economía colectiva y socialista que ponga por encima del mercado al ser humano. Porque lo otro, lo fácil, el echarle la culpa de nuestra rabia al inmigrante que es un poco más pobre que tú o comprar la idea de que «la cultura del esfuerzo» te impulsará socialmente hacia la cúspide obviando que en la mayoría de los casos es el escalón familiar, del que nunca se bajan los privilegiados, el que los impulsa, ya existe.

¿O de verdad crees que el auge de los movimientos ultraconservadores, con los recientes triunfos electorales de los fascismos europeos, el de hace uno meses de Milei o el de ayer de Trump son producto de la  casualidad y el alineamientos de astros?
Si así piensas no hay duda: la mentira te ha hecho libre, te encanta chapotear en el fango esperando el maná y por supuesto los barcos desaparecen en el horizonte para caer en el abismo insondable porque la tierra es plana.
Mientras los dueños del cotarro se frotan las manos y le dicen a tu explotador: «De esos tan dóciles y sumisos, póngame tres docenas».

 

Fuente: Colectivo Prometeo

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