domingo, 13 de febrero de 2022

Más de dos millones de votantes llamados a las urnas en Castilla y León en unas elecciones anticipadas con todo por decidir

 

Más de dos millones de votantes llamados a las urnas en Castilla y León en unas elecciones anticipadas con todo por decidir

TERCERAINFORAMCION / 13.02.2022

  • Las encuestas muestran un escenario marcado por más incógnitas que certezas, con la posibilidad de que por primera vez en 35 años el Partido Popular no pueda mantener su presencia en el ejecutivo.

 Los colegios electorales abrieron a partir de las 9 / GI

 

Tras meses marcados por una crisis política autonómica sin precedentes en Castilla y León, este 13 de febrero ha arrancado la jornada de votación de las elecciones anticipadas. 4531 mesas electorales repartidas en 2953 colegios se encuentran desplegadas para recibir el voto de los 2,09 millones de votantes llamados a las urnas.

Unas elecciones anticipadas que llegan tras la súbita ruptura de la coalición de gobierno entre Partido Popular y Ciudadanos durante las negociaciones de cara a los presupuestos regionales de 2022. El ejecutivo se había mantenido en una difícil situación tras perder la mayoría absoluta en Las Cortes en marzo de 2021, cuando la procuradora de Ciudadanos María Montero abandonó el grupo parlamentario naranja durante la moción de censura presentada por el PSOE (en un terremoto de la política autonómica que desde la Región de Murcia contagió a la Comunidad de Madrid y Castilla y León). Desde entonces, las tensiones se mantuvieron más o menos soterradas entre los socios de gobierno.

Sin embargo, el pasado 20 de diciembre y de forma prácticamente sorpresiva (hasta el punto que Igea, líder de Ciudadanos, se enteró en directo mientras participaba un programa de radio), el presidente autonómico Alfonso Fernández Mañueco anunció la disolución de Las Cortes y la convocatoria de elecciones anticipadas.

Las mismas llegan marcadas por la total incertidumbre en torno a los resultados. Las encuestas, tras semanas de una campaña atípica, marcada por la política nacional y la crisis política que condujo a la convocatoria anticipada, hacen difícil saber cuál será el encaje de gobernabilidad en la región, con la posibilidad de que el Partido Popular no alcance las cifras suficientes para mantenerse en el ejecutivo tras 35 años seguidos de gobiernos.

El crecimiento de la previsión de votos para las fuerzas de izquierda y centro izquierda, la irrupción de iniciativas provinciales como Soria Ya y la previsión de una subida de la representación de la extrema derecha de Vox, han sido las tendencias dominantes en los sondeos. Las dudas serán esclarecidas por la vía de los hechos a partir de la conclusión de esta jornada de votación a las 20:00 de la tarde.

 

Castilla y León sigue vaciándose mientras grandes empresas esquilman su territorio

 

Castilla y León sigue vaciándose mientras grandes empresas esquilman su territorio

 

Por Gorka Castillo

Rebelion / España  

Fuentes: Ctxt

11/02/2022

 


Las elecciones del 13 de febrero determinarán el futuro de una comunidad marcada por una despoblación que no cesa, la falta de servicios básicos y un caciquismo local con intereses políticos.

“La gente que suba a Numancia y mire a su alrededor se va a encontrar los efectos del neoliberalismo bajo tierra”. La frase le sale fluida a Juan Carlos García, alcalde por Unidas Podemos de Fuentecantos, un pueblito soriano próximo al yacimiento arqueológico, cuya hermosura no le alcanza ni para dar de beber a sus 68 habitantes. El acuífero que les surtía de agua agoniza envenenado en el subsuelo. El uso persistente de pesticidas y fertilizantes por parte de dos empresas agrícolas locales ha contaminado las capas freáticas a un precio demasiado caro. Tras décadas de suministrar agua cristalina, el viejo pozo se ha transformado en un sumidero inservible para el consumo humano. Las protestas no han cambiado un ápice el negro panorama. La laxitud de las políticas agrarias y medioambientales de la Junta de Castilla y León, “un trampantojo”, en palabras de García, siguen propiciando el vertido de nitratos al subsuelo, “incluso en zonas catalogadas como vulnerables”. A Fuentecantos, por ejemplo, le ha costado toneladas de esfuerzos entrar en ese listado mágico. “Para nada”, añade el alcalde, que relata las presiones de todo tipo que sufrió, con políticos conservadores por medio, para que se mordiera la lengua. “Te hacen ver que estás equivocado en tus demandas, que vas en contra del pueblo y del progreso. Y yo me pregunto: ¿Cómo es posible que hablen de progreso cuando no tenemos ni agua potable en las casas?”, comenta García.

La polución discurre bajo la verde pradera que se abre entre dos cerros, el de San Juan y el de la Muela, que los vecinos rastrean como zahoríes del siglo XXI. Un día captan agua a 200 metros de profundidad y la llevan al laboratorio. Luego perforan en otro lugar a 176 metros. Pero los números que aportan las muestras siempre aparecen en rojo. Hace unos meses, 80 miligramos de nitratos por litro, cuando el límite permitido es 50. La última vez, 86. El veneno asedia a la férrea Numancia, el símbolo de la resistencia contra los romanos, que hoy se tambalea a merced del desamparo y la contaminación. En Fuentecantos pocos dudan de que si Plinio el Viejo levantara la cabeza, regresaría a la tumba corriendo. “En cierto modo, parece que hemos vuelto a aquella época porque, dígame usted, cómo es posible que en pleno 2022  tengamos que seguir yendo cada día a un depósito de agua que traen de la capital para beber y cocinar”, concluye Juan Carlos García.

Con apenas 25 habitantes por kilómetro cuadrado, Castilla y León es el emporio nacional del silencio demográfico. Y del envejecimiento gradual. Sus datos son desoladores. En los últimos diez años ha perdido más de 175.000 residentes, más que ninguna otra comunidad autónoma. Hoy en día cuenta con 46.000 trabajadores menores de 25 años y 250.000 que se jubilarán a lo largo de la próxima década. Con estas cifras en la mano, la Encuesta de Población Activa (EPA) ha dejado al descubierto un déficit generacional de 200.000 personas que tendrá repercusiones graves en el mercado laboral de la región. Y de las nueve provincias que conforman la comunidad, Soria se lleva la palma. Desde 1980, su población ha mermado un 12%. Una cifra que habría que aumentar al 50% si se comparan con la contabilidad registrada a mediados del siglo pasado. Si no se acomete un cambio del modelo productivo, las previsiones del Instituto Nacional de Estadística (INE) no auguran nada bueno. Este flanco despoblado de la España vacía seguirá perdiendo almas. A raudales. Al menos otro 8% en los próximos 15 años, calculan. Un yermo demográfico entre campos dorados y atardeceres apoteósicos. 

Los motivos que han provocado este problema son múltiples. Está, cómo no, un abandono político histórico, pero también se percibe una orfandad cultural en sus habitantes, siempre se mira al progreso con ojos urbanos y los prejuicios hacia unos oficios artesanales y centenarios no han desaparecido del todo. No hay vecino en este vasto territorio castellano que no sepa que la hemorragia demográfica persevera allí donde se maltrata el ciclo ecológico de las cosechas y los caciques locales mantienen el yugo en el cuello de una población que debe elegir entre proyectos industriales monstruosos o la nada. 

Uno de ellos es el de la macrogranja que la cooperativa navarra Valle de Odieta pretende construir en la pequeña localidad soriana de Noviercas. Más de 23.500 vacas en un pueblo de apenas 150 habitantes. El irresistible imán para cooptar conciencias es que una explotación tan colosal, la cuarta vaquería más grande del mundo, atraería población al desierto castellano, ansiosa por encontrar trabajo. Pero pincharon en hueso porque la movilización que se ha producido empieza a ser el emblema de la lucha contra este tipo de mataderos.

Y la bandera de la protesta la mantiene izada una combativa asociación llamada Las Hacenderas, nombre inspirado en los trabajos comunales que se hacían por estos pequeños pueblos para cuidar de su cultura y vivir mejor. Toda una declaración de guerra para poner fin al imperio de la ganadería industrial. Las Hacenderas conocen bien los recursos exculpatorios que se están utilizando para tener al pueblo sojuzgado.

Mesa informativa de Las Hacenderas en Noviercas contra el proyecto de macrogranja de vacas. Foto: G.C.

Begoña Izquierdo es bióloga y se ha volcado en defensa de un mundo que no se resigna a su lenta extinción. Preguntada por la extensión de la macrogranja que quieren instalar en Noviercas, Izquierdo lo explica al detalle: “23.520 vacas dentro de 92 hectáreas de terreno, algo así como el Parque del Retiro de Madrid. Utilizaría 775.000 metros cúbicos de agua al año, es decir, el equivalente a unas 165 piscinas olímpicas, agua que será captada de un acuífero prístino y devuelta al medio, no como un purín, sino como un fluido residual altamente contaminante. Creemos que este proyecto debe ser estudiado de forma global para ver el impacto terrorífico que puede tener”.  “Y vemos que nadie quiere la macrogranja pero nadie les dice que no”, añade. La piedra de un poder financiero que ni el Estado se atreve a desafiar. “Porque todo lo recurren, todo lo judicializan”, afirma. 

Para La Hacenderas es como una batalla entre el rey poder y la reina libertad. Es lo mismo que sucede en Cueva de Ágreda, un pueblito de 67 habitantes a los pies del Moncayo, en el corazón del Sistema Ibérico. Su alcalde, Miguel Alonso, es del Partido Popular pero su espíritu comunal le haría pasar por un combatiente libertario. Desde hace unos años, el agua del pueblo está monopolizada por unos pocos privilegiados. “Hablo del industrial Emiliano Revilla, ya retirado, que de la mano del Ayuntamiento de Ólvega, a 12 kilómetros de Cuevas de Ágreda, sólo han propuesto una idea mala seguida de otra peor. Hablo de las comarcas y del medio ambiente, con los cuales se están comportando como unos depredadores”, asegura. A Cueva de Ágreda o a Beratón los están matando de sed.

La inmensa mole del macizo del Moncayo, 15 kilómetros de largo y  más de 2.000 de altura granítica con nieves cada año menos perpetuas, amamanta a un extenso territorio no sólo de la dehesa castellana sino también de Aragón. Es la entrada natural al Valle del Ebro, corazón palpitante del Sistema Ibérico y justo distribuidor de recursos naturales en ambas vertientes desde antiguo. “Pero los diversos departamentos oficiales llevan tiempo tomando decisiones poco serias respecto a la instalación de industrias, macrogranjas y empresas insostenibles por su necesidad de agua y su contaminación. Llevan muchos años metiéndonos el rejón de muerte”,  asegura Alonso, que muestra una absoluta indiferencia a la vanidad mediática. Al menos 50 años llevan así, dicen los vecinos. El tiempo que lleva aplicándose una política de la que se ha beneficiado una industria fuertemente subvencionada desde la Junta Castilla y León y regentada, a día de hoy, por grandes grupos de inversión extranjeros. Desde que Emiliano Revilla vendió el 90% de las acciones de su industria soriana al grupo Unilever España todo se ha sucedido en cadena. El Ayuntamiento de Ólvega bendijo con su nombre un polígono industrial y la Junta castellanoleonesa lo premió con elevadas sumas de dinero. 

Allí se instalaron empresas que se vanaglorian de mantener viva la economía regional, como una quesera que convirtió el manantial de un río cercano en suero de leche. O el caso más sonado de otra factoría que almacenaba disolventes y barnices llegados en camiones de diferentes puntos de España, pero que se desprendía de ellos en el embalse del Val convertido hoy en un estercolero. “Yo le he dicho a mi partido que soy una persona independiente a la hora de tratar los problemas de mi vecinos. La defensa del agua del Moncayo la hemos pactado con Podemos y ha funcionado porque mantienen su palabra. Aquí tenemos que vivir todos y se necesita una industria sostenible que mire por los intereses de las generaciones venideras”, dice Miguel Alonso, al que algunos desaprensivos ya le pincharon las ruedas del tractor como aviso para mantenerle a raya. No lo han logrado. “En Castilla y León, nuestros padres nos inculcaron ser conservadores pero eso no significa que estemos de acuerdo con todo. Yo trabajo por un futuro, para que los jóvenes puedan vivir en estas tierras con dignidad”, sostiene el alcalde del PP al que solo le queda clavar una bandera roja y negra a la entrada de Cueva de Ágreda y explicar sus decisiones.

Una de las figuras sepultadas a la chita callando en este progreso subsidiado que impera en Castilla y León es el llamado emprendedor. En los foros neoliberales del país se les aclama como a héroes mitológicos. Vicente Merino, sin duda, es uno de ellos. O, al menos, debería de serlo. Ingeniero industrial con un sinfín de especialidades sobre sus espaldas, es copropietario de la empresa E.A. Green Energy, una compañía centrada en el desarrollo, promoción y gestión de proyectos de energías renovables a través de materias primas como la caña de azúcar, el maíz o la biomasa. 

Su joya de la corona era la construcción de una biorrefinería para producir bioetanol a base de cultivo de la remolacha, que abunda en los campos que circundan la pequeña localidad zamorana de Barcial del Barco –280 habitantes–. El proyecto planea crear 120 puestos de trabajo directos y otros 1.200 indirectos para una provincia sin apenas peso industrial y con pésimos saldos demográficos. “Un buen negocio de energía limpia y sostenible para atraer población”, asegura Merino. El pasado mes de noviembre firmó un memorando de entendimiento (MOU) con una multinacional del sector para la construcción de la planta. Todo parecía en orden pero, de pronto, el proyecto se vino abajo. La empresa dio marcha atrás después de reunirse con responsables de la Consejería de Empleo e Industria castellano-leonesa. Varias grabaciones telefónicas realizadas por el propio Merino prueban que esos inversores pudieron ser víctimas de fuertes presiones por parte de varios altos cargos del PP en la Junta para que se desmarcaran del proyecto de Barcial del Barco. 

Así consta en la denuncia que ha interpuesto en el Juzgado de Primera instancia de Zamora y en la que implica directamente al consejero de Fomento y Medioambiente castellanoleonés, Juan Carlos Suárez-Quiñones; al consejero de Agricultura y Ganadería, Jesús Julio Carnero; a un director general y a dos funcionarios. “El PP practica una política corrupta y mafiosa en Castilla y León”, dice Vicente Merino. El ingeniero acaba de pedir el amparo del Gobierno de España para “poder establecer un marco de seguridad jurídica y protección que permita reestructurar el capital y evitar que los inversores puedan ser intimidados. Zamora y León necesitan, y merecen, este desarrollo industrial”. Y dice hablar desde el conocimiento total de la realidad. Mantener viva la economía del campo castellano sin sembrar el paisaje de molinos de viento. “¿Quién va a querer venir a vivir? La biorrefinería, una industria moderna con mínimo impacto, economía circular… Es un proyecto pionero para abrir camino a otras alternativas similares”, sentencia Merino.

En la España rural se ha forjado, casi de forma instintiva, una libérrima ley de la oferta y la demanda. El ejemplo son las telecomunicaciones. “A las operadoras no les resulta rentable llevar la fibra óptica a los pequeños pueblos. ¿Qué beneficio sacan en un lugar donde viven 50 o 70 personas y todos tienen más de 60 años?”, se pregunta Javier González, propietario de más de cien colmenas con millones de abejas en el municipio burgalés de Bañuelos de Bureba –68 habitantes. La respuesta de las compañías es nítida: ninguno. La consecuencia es que Castilla y León es la comunidad autónoma con más puntos negros de toda la Península. Dicen que su distribución geográfica es complicada para trazar una red rentable de cobertura. Es el territorio más extenso del país y tiene núcleos de población muy disgregados, pequeños y envejecidos. Conectarlos necesita mucha inversión. El cóctel perfecto para ahuyentar a las operadoras de telefonía, que tienen a muchas comarcas castellanoleonesas a la cola de sus intereses comerciales. La Junta dice que no puede forzarlas a suministrar servicios a municipios como Bañuelos, que están completamente desconectados. Se aplican las tablas de la ley del libre mercado. Pueden, eso sí, atraerlas con la miel de las subvenciones, pero si el operador no advierte nicho para su negocio el concurso queda desierto. Es lo que sucede aunque tampoco es que la administración autonómica se haya vaciado los bolsillos. 

La única manera que tiene Javier para hablar por teléfono es vía satélite. “No es que exijamos los servicios que pueden tener las ciudades. No aspiramos a tener ni el 5G ni a la banda ancha. Sólo pedimos lo más simple, que tengamos cobertura, que se estabilice la red. Con eso nos conformamos”, afirma. 

La nueva Ley General de Telecomunicaciones que ahora impulsa el Gobierno español para su debate en el Congreso pretende acabar con esa zanja digital que tercamente persiste en Castilla y León. Pero las intenciones no aplacan las conjeturas de los afectados, convencidos de que “se discrimina al campo”. El compromiso del ejecutivo central son los fondos Next Generation y los Fondos europeos para el desarrollo regional (FEDER) que estas comarcas ensombrecidas demandan desde mucho antes de desatarse la pandemia. Ya lanzaron ayudas por valor de 249 millones destinadas a financiar el 52% del coste del despliegue de fibra óptica en poblaciones que, como ocurre en Bañuelos, aún no tienen acceso. “Pues nada de eso ha llegado”, confirma Javier con una sonrisa socarrona. En la pantalla de su móvil aparece una leve rayita de señal. Parece un milagro. Lástima que los teléfonos no hablen.

Fuente: https://ctxt.es/es/20220201/Politica/38716/castilla-y-leon-despoblacion-macrogranjas-las-hacenderas.htm

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Lecciones portuguesas: el poder de Pedro Sánchez

 

La singularísima y reciente convalidación de la Reforma Laboral en el Congreso dice mucho de la actual situación política española y abre una perspectiva que tiene mucho que ver con la experiencia portuguesa


Lecciones portuguesas: el poder de Pedro Sánchez

Manolo Monereo

El Viejo Topo

13 febrero, 2022 


Los resultados de las recientes elecciones portuguesas han sido una sorpresa para todos, incluidas las empresas demoscópicas. Estas decían que había un empate técnico entre la derecha y el Partido Socialista. No ha sido así. Antonio Costa ha sacado mayoría absoluta y, por fin, puede gobernar sin aliados políticos a su izquierda. No creo en las teorías de la conspiración. El PS creó una situación, un escenario que invitaba a la polarización y al voto útil con una extrema derecha que emergía con fuerza. Una de las consecuencias más significativa ha sido la derrota del Bloque de Izquierdas y de la CDU/PCP. El Bloque pierde algo más del 50% de sus votos y 14 diputados; la CDU, el 28% de su electorado y 6 diputados. Un dato a no olvidar es que la derecha no pierde influencia; simplemente se fragmenta, o lo que es lo mismo, el PS gana reduciendo el peso electoral de las fuerzas a su izquierda.

Las reacciones en España han sido de gran satisfacción -como es natural- en el PSOE y “singulares” en el ámbito de Unidas Podemos. Pablo Iglesias, pasándole factura a Enric Juliana, afirmó con rotundidad que las elecciones en el país vecino justificaban la estrategia de gobernar con el PSOE y no apoyarles desde fuera. Ione Belarra continuó por el mismo camino y nos señaló que el futuro de UP era seguir gobernando con Pedro Sánchez. Comparar situaciones heterogéneas y hacerlo a golpe de titular no parece el mejor método para sacar enseñanzas de otras experiencias. Los compañeros portugueses podrían decir cosas parecidas de sus aliados españoles. No lo harán, no es su método. Intentarán, con modestia, comprender lo que ha pasado de forma autocrítica y mejorar su trabajo.

Hay una gran paradoja: la izquierda salió a votar masivamente a Costa para defender las conquistas obtenidas, en gran parte, por la influencia de una izquierda que quería romper con las políticas neoliberales. Cada país tiene su historia, determinado sistema político y formas específicas de expresar las contradicciones entre las fuerzas en presencia, tanto a derecha como a izquierda. El PS lleva años intentando soltar el lastre de gobernar gracias a una alianza con su izquierda. Eso se puso claramente de manifiesto en las elecciones de 2019 y definitivamente en estas. ¿Por qué era difícil plantearse en serio gobernar con el Partido Socialista? En primer lugar, porque la izquierda estaba y está rota en dos bloques. El Partido Comunista Portugués sigue pensando que el Bloque de Izquierdas no tiene razón de ser y que viene a dividir a las fuerzas populares. Esto ha hecho muy fácil la gestión del Partido Socialista: negocia con uno y con otro, los opone entre sí y saca beneficios de la fragmentación. Por otro lado, esta división bloquea la posibilidad de construir una alternativa solvente a la socialdemocracia e hipoteca duraderamente la credibilidad de la izquierda alternativa como fuerza con voluntad de mayoría y de poder. Y, en tercer lugar, algo fundamental, las diferencias programáticas entre el PS y las fuerzas situadas en su izquierda eran grandes e insalvables. Nunca fue una cuestión de pureza o de no atreverse a asumir los riesgos que supone gobernar. Por decirlo más claro, las reformas pactadas con el PS lo han sido en contra de su programa y de su estrategia política.

Una lección que habría que sacar sin distorsionar el análisis: el jefe del Gobierno portugués no tiene la prerrogativa de convocar elecciones anticipadas, las tiene el Presidente de la República. Lo que hizo este fue anunciar que convocaría elecciones si no se aprobaban los presupuestos, es decir, le dio a Antonio Costa una poderosa arma para chantajear a su izquierda. No hace falta ser un genio para darse cuenta que el jefe del gobierno y el presidente fabricaron artificialmente una crisis política. Ese fue el debate real de los presupuestos. Hay quien dice que había que haberlos aprobado, aunque supusiesen la aceptación de políticas de austeridad. Ambas formaciones a su izquierda, siempre divididas, decidieron oponerse, sabiendo los riesgos que corrían. Costas aprovechó la derrota parlamentaria para ir elecciones generales anticipadas y culpabilizar de la misma a sus antiguos aliados.

La singularísima y reciente convalidación de la Reforma Laboral en el Congreso dice mucho de la actual situación política española y abre una perspectiva que tiene mucho que ver con la experiencia portuguesa. Hay elementos que nos pueden ayudar a vislumbrar lo que viene. La “reforma de la (contra)reforma” laboral pudo ser aprobada por un voto equivocado de un conocido prohombre del PP. ¿Qué hubiera pasado si no se aprueba? ¿Qué habría hecho la ministra Yolanda Díaz? Cómo mínimo, se puede decir que se ha estado al borde de una derrota de grandes dimensiones. Las consecuencias están ahí: una derecha que se endurece con el discurso de VOX, la ruptura del bloque de investidura y una reforma que se sitúa en el marco que siempre ha buscado Pedro Sánchez. Lo más significativo es que la correlación parlamentaria existente no da para más, que no hay margen para una nueva transversalidad; es decir, las elecciones, las de verdad, no están muy lejos ¿Qué hará Sánchez?

Yolanda Díaz ha jugado fuerte y ha estado a punto de perder. Su estrategia fue apoyarse en los sindicatos como aliados estratégicos y conseguir la aprobación de la patronal para una reforma digna. El camino no era fácil. Había una mesa a tres (agentes sociales, patronal y gobierno) tutelada por la Unión Europea y por Pedro Sánchez, con la inestimable coordinación de la ministra Calviño. Hubiese sido bueno decir la verdad de lo que estaba pasando entre bambalinas para comprender por qué esta ley y no otra. La reforma supone una mejora sustancial pero no significa la derogación de la reforma de Rajoy. Una política que está en un gobierno en minoría con su mayor adversario electoral, debería saberse diferenciar en positivo y hacer pedagogía. La gestión del acuerdo no ha sido buena y no deja en buena situación al proyecto que Yolanda Díaz quiere encabezar.

Podría haber existido una estrategia alternativa que se basara en la política y en la centralidad del Parlamento. La patronal no tiene problemas para aceptar los decretos de los gobiernos que restrinjan los derechos de los trabajadores sin el consenso de los sindicatos. Cuando la izquierda está en el gobierno, la organización de los empresarios exige que la normativa sea adoptada con su acuerdo. Al final, las mejoras para los trabajadores son siempre reversibles y quien decide en último lugar, son los gobiernos de las derechas. Cuando Yolanda Díaz puso su firma en el acuerdo quedó presa de él. La patronal y los sindicatos dijeron que no se podía tocar ni una coma; rápidamente el PSOE adoptó la misma posición y la ejerció militantemente. Para los aliados era un contrato de adhesión: o lo tomas o lo dejas.

Confundir la lógica sindical con la lógica política es un mal asunto. Durante años los sindicatos, con buenas razones, han defendido su autonomía política y programática. Ahora parece que hay que reivindicar la autonomía de lo político, precisamente en momentos donde la democracia social está en peligro y los Parlamentos sustituidos por los acuerdos entre las elites. La contradicción es muy fuerte: un acuerdo social que debe convertirse en ley con un Parlamento mudo y sin capacidad de modificarlo en un sentido u otro, cuando, además, había una mayoría para ir más lejos en sus contenidos. Se dice que si se hubiese seguido la vía política-parlamentaria no habría habido consenso con la patronal, es posible. La deliberación democrática, el debate de ideas y proyectos no es algo anecdótico en la Asamblea donde reside la soberanía popular; es su fundamento e invita a un tipo específico de consenso basado en luz y taquígrafos. Si se hubiese seguido esta vía político-parlamentaria sabríamos con mucha precisión la posición de las distintas fuerzas políticas, sus diferencias y sus acuerdos; conoceríamos lo que realmente piensa PSOE y los límites que imponía la Unión Europea para recibir los fondos de recuperación. Se vería con más claridad a lo que aspiraba realmente la patronal vía Partido Popular. Y habría otra ley.

Subestimar a Pedro Sánchez es un error que se paga. Los abrazos y besos, las buenas formas y los tonos amigables, no ocultan la realidad de un superviviente, de un político hecho y derecho que tiene un proyecto claro: volver a convertir al PSOE en el partido del régimen, en la fuerza que organiza la nueva centralidad de una monarquía parlamentaria que ha salido de la crisis del 15M. ¿Cuál es la condición previa? Reducir a su mínima expresión a las fuerzas a su izquierda, convertirlas en complementarias y en subalternas. Sánchez sabe que gobernar es un modo de organizar el conflicto con Unidas Podemos, convertirlo en territorio en disputa que neutraliza, integra, coopta. Un viejo político nos enseñó que la respetabilidad es siempre la vía maestra para adaptarse a los poderes existentes. El Presidente del gobierno tiene poder para convocar elecciones cuando le parezca oportuno, iniciativa política acreditada y capacidad de crear escenarios, situaciones favorables. Tiene experiencia de éxitos y, sobre todo, de fracasos. Aquilatará el momento.

Yolanda Díaz ha convertido su gestión en el ministerio en su mejor plataforma político-electoral. Las cosas no han salido como se esperaba. Se ha estado al borde del fracaso. Ahora toca hablar de política y arriesgar. La vice presidenta lo ha dicho muchas veces, hace falta construir un nuevo proyecto de país. Es una idea fuerte. ¿Cómo?, ¿con quién? Se han ido dejando caer ideas. Se ha hablado de partido laborista que tiene un difícil encaje con nuestra cultura y tradiciones. Esta idea tiene al menos dos interpretaciones: fuerza fuertemente enraizada en el mundo del trabajo y sus problemas o brazo político del sindicato. Es de esperar que las cosas se aclaren pronto. Pedro Sánchez sigue trabajando.

Fuente: Nortes.

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