martes, 13 de agosto de 2013

PARA ENTENDER QUÉ PASA Y QUE PUEDE PASAR EN CATALUÑA Y ESPAÑA: UNA LECCIÓN DE HISTORIA


SALVADOR LÓPEZ ARNAL (EDITOR)

 CONVERSACIONES SOBRE CATALUÑA 

 (5) 

ALEJANDRO ANDREASSI, MIGUEL CANDEL, ÀNGEL DUARTE MONTSERRAT Y JOSÉ LUIS MARTÍN RAMOS

Copyleft 2013 

Este libro de conversaciones con Alejandro Andreassi, Miguel Candel, Àngel Duarte Montserrat y José Luis Martín Ramos, editado por Salvador López Arnal, es de propiedad pública.

IV 

Entrevista a Àngel Duarte Montserrat y José Luis Martín Ramos sobre la institución de la Generalitat. “Es habitual que el nacionalismo historicista confunda la democracia con la institución parlamentaria, sin pararse a considerar la representatividad real de esta.

Maestros de varias generaciones de estudiantes, profesores e investigadores reconocidos, Àngel Duarte Montserrat y José Luis Martín Ramos son dos grandes historiadores internacionalistas catalanes. Algunas de sus últimas publicaciones: JLMR: Una introducción a Victor Hurtado, "Atlas de la guerra civil española. Las Brigadas Internacionales", Editorial DAU, Barcelona 2013-04-23 y Josep Tarradellas. A la guerra civil (1936-1939), Editorial DAU, Barcelona, 2013 (de próxima aparición); ADM: El republicanismo. Una pasión política, Cátedra (colección La historia de...), Madrid, 2013, y “Pasqual Maragall, de la familia como patria”, X.M. Núñez Seixas y Fernando Molina Aparicio (editores), Los heterodoxos de la patria. Biografías de nacionalistas atípicos en la España del siglo XX. Editorial: Comares, Granada, 2011

¿Cuáles son los orígenes de la institución de la Generalitat? ¿Era enesos orígenes una institución estamentaria? ¿Qué significaestamentaria?))

AD: La Diputación del General, o Generalidad, fue, en origen, un órgano de recaudación de tributos a mayor gloria del rey. Reflejo de lo que acontecía en las Cortes, la representación en esta institución fiscal era estamental y, durante siglos, expresión, en su brazo “popular” y como no podía ser de otra manera, de los intereses oligárquicos.

Respondía, en cualquier caso, a la vieja jerarquía de los antiguos “órdenes” aunque en su seno, y uso explícitamente a Pierre Vilar, con el paso de los siglos se hizo evidente el papel creciente de la función social burguesa -y en esa misma medida una erosión, nada democrática (no anacronicemos), de la jerarquía de los “estados” propia del Antiguo Régimen.

JLMR. : El estamento es una modalidad de identificación en razón de la función social de un segmento de la población (los que guerrean, los que rezan, los que viven en las ciudades); más allá de esa definición clásica la organización estamentaria es aristocrática; en las cortes estamentarias no están representadas todas las partes de esos segmentos, sino sus cúspides. Por otra parte esas cortes dejan fuera de toda representación al campesinado. El papel creciente de la burguesía, imprescindible dado el objetivo fiscal de las Cortes, no alteró ninguna de esas condiciones en la institución.

¿Se puede hablar, consiguientemente, de una institución democrática casi milenaria (o milenaria sin el casi)?

AD: Eso es un anacronismo, en términos históricos, y una bobada, en términos políticos. Incluso, en este último punto, lo es particularmente desde una perspectiva que se diga de izquierda independentista y revolucionaria.

JLMR: Por desgracia esa falsedad es uno de los tópicos del nacionalismo historicista. Sin entrar a debatir cuáles han de ser las características de una democracia plena, creo que es indiscutible que la condición mínima es la el ejercicio universal del voto; incluso yo no considero una democracia mínima cuando esa universalidad solo se refería al voto masculino, por más que este ya era un avance en la buena dirección. Hasta el siglo XX no se ha generalizado esa condición mínima. Es habitual que el nacionalismo historicista confunda la democracia con la institución parlamentaria, sin pararse a considerar la representatividad real de ésta. Ni las Cortes medievales, ni los parlamentos modernos fueron democráticos; estos últimos, construidos sobre diversas formas de sufragio restringido, no lo fueron ni en el siglo XIX, como también se acostumbra a sostener. Forma parte de otra falsedad, la de equiparar liberalismo a democracia.

¿Otra falsedad? ¿El liberalismo no tiene vínculos muy estrechos con la democracia, aunque ésta pueda ser socialmente muy demediada?

JLMR: El término liberal se utiliza en historia en dos sentidos, como identificador de una filosofía política y también económica y para caracterizar los regímenes en que ésta fue hegemónica entre mediados del siglo XIX y comienzos del XX, en Europa. Respecto a la filosofía no todos los liberalismos fueron democráticos; hay una gran variedad en ese sentido en el campo de lo que se etiqueta como liberalismo, no es lo mismo Herbert Spencer que Piero Gobetti. Pero sobre todo, ya que estábamos hablando de instituciones y sistemas, yo me refería a los denominados sistemas políticos liberales, que eran parlamentarios pero no democráticos ya que se basaban en la negación de la igualdad política, en el rechazo a la universalidad del derecho de voto, condición no suficiente pero sí absolutamente necesaria para la democracia. El otro día el director de La Razón, profesor de Derecho en mi universidad y por tanto con un supuesto conocimiento, en el programa de La Sexta Al Rojo Vivo volvió a afirmar que el Reino Unido – el dijo Inglaterra – de 1820 y 1830 era democrático; una absoluta barbaridad. La conquista del sufragio universal, por el que las clases populares luchan desde la Revolución francesa, no se consigue hasta la gran crisis de la “civilización” liberal de 1914-1918. Y, a pesar de todo, en Francia el voto a la mujer no se concederá hasta 1945.

Cojo el hilo anterior. ¿Qué sentido tiene entonces esa narrativa sobre los 129 presidentes de la Generalitat? ¿No se reúnen en el mismo taxón grupos muy heterogéneos?

AD: La de la creación de un panteón nacional. Del mismo tipo que crearon los Estados-nación burgueses en el siglo XIX. Algo old-fashioned, siendo generosos. Con la paradoja, graciosa, de que genuinos cleptócratas, que diríamos hoy -ahora soy yo el que me permito el anacronismo (la diferencia es que sé que lo hago)-, figuran en la nómina de próceres de la patria.

JLMR: No tiene ningún sentido histórico. Solo tiene una razón política. Y también abunda en otro proceso: el de la identificación de la nación como un todo homogéneo, en el tiempo y en el territorio, sin distinciones de clase, entre otras contradicciones que pondrían en cuestión esa homogeneidad.

Entonces, para entender mejor vuestras críticas, ¿a quienes se incluyen en esos 129 “presidentes”?

JLMR: Pues esos 129 “presidentes” son 121 aristócratas, patricios, clérigos, algún miembro de la pequeña nobleza encumbrado, elegidos por una parte muy menor de la sociedad, y 7 elegidos por sufragio universal, además con convicciones mayoritariamente democráticas y la mayor parte de ellos con alguna voluntad de reformismo social.

En cuanto al nombre de la institución, ¿qué origen tiene?

JLMR: El término “generalitat”, como “generalités” en Francia, tiene un origen fiscal, identificaba un hecho tributario. A partir del acuerdo entre el rey y las Cortes, se designaba un “Diputat del General” para llevar a cabo la recaudación tributaria acordada. La costumbre abrevió el término de Diputació del General en la palabra “Generalitat”. Subsistió su función ejecutiva, por cierto no fiscalizada desde abajo en su etapa medieval y moderna.

¿Cómo puede enlazarse, si es el caso, la Generalitat republicana con la Generalitat de siglos anteriores?

AD: La Generalitat republicana adopta este nombre como vía mediante la cual salir del cul-de-sac que supuso la proclamación de diversas repúblicas el 14 de abril de 1931. Probablemente, la combinación de la inteligencia política de dos reformistas como Fernando de los Ríos y Lluís Nicolau d'Olwer, ministros del Gobierno provisional -y erudito e historiador de nota el segundo- ayudó.

JLMR: Se enlaza sólo por el hecho de que fue una hábil argucia de Nicolau d’Olwer para proporcionar una salida digna a Macià. Me explico. El 14 de abril Macià proclamó la Republica Catalana, en la creencia y a la espera de que el nuevo estado español se constituyera como una federación de repúblicas; no como un acto de independencia, nótese que una de las principales decisiones de Maciá, tras esa proclamación, fue pedir, insistentemente, al gobiernos provisional de la República que nombrara como nuevo capitán general de Cataluña a López Ochoa. Nunca se planteó, entonces, una ruptura y por eso accedió tan rápidamente a la negociación que el gobierno provisional le propuso, por medio de Nicolau D’Olwer y Domingo: abandonar la proclamación de la República Catalana y aceptar el inicio de un proceso de definición territorial, compartido entre Cataluña y las Cortes de la República, que difícilmente podría desembocar en una federación de repúblicas. Pero “vender” ese cambio radical no era fácil –Maciá fue acusado de traidor por sectores independentistas de Estat Català y sobre todo por el Bloc Obrer i Camperol– y Nicolau d’Olwer le propuso un marketing extraordinario: envolver el cambio con la utilización de aquella denominación histórica, que no tenía nada que ver con el hecho político que se estaba produciendo en abril de 1931, pero que podía ser fácilmente deglutido por el nacionalismo. Esa especie de alibí fue tan exitoso que ha permanecido en el tiempo. Lo increíble es que el nacionalismo no se diera nunca cuenta del cambalache y lo elevara a la categoría de muestra de continuidad histórica.

 ¿Cuándo quedó abolida la institución? ¿Tuvo Catalunya alguna otra institución que la dotara de cierta autonomía?

AD: En 1714, con el Decreto de Nueva Planta se eliminaron las instituciones propias. Entre ellas la Generalitat. En un ejercicio de proyección futurista se suele afirmar que de mantenerse hubiesen evolucionado en un sentido democrático. Es un contrafactual, sin más. Puede que sí, puede que no. Vaya usted a saber.

JLMR: Voy a discrepar en eso con Ángel. La institución, por sí misma, nunca habría evolucionado en un sentido democrático, como no lo hizo ningún parlamento medieval. En todo caso será la sociedad que evoluciona, o se “revoluciona” en ese sentido democrático.

AD: Aceptada la precisión. Era la mía una concesión generosa al relato. Puede que sí, en el caso de que manteniendo la denominación hubiese sido tomada como instrumento de gestión de intereses comunes por parte de los de abajo, los excluidos. Cosa improbable, cierto.

Vosotros mismos me habéis recordado un paso que podía leerse en el suplemento del diario Avui, “Presencia”, el domingo 21 de abril. Los primeros presidentes de la Generalitat, se afirma en un artículo, fueron los primeros demócratas; la Generalitat, se añade, “abarcaba al conjunto de la sociedad catalana” de la época. ¿Qué os parecen estas reflexiones históricas? ¿No recuerdan un poco, sólo un poco, algunas de las sesudas afirmaciones de la Real Academia (española) de la Historia?

AD: Lo decía antes a propósito del Panteón. Construir una nación política requiere de un relato del pasado. Requiere, en suma, del anacronismo -en ciertas dosis. Las afirmaciones anteriores no son nuevas. A principios de siglo XX un señor como Gabriel Alomar ya lo insinuó: o el fuero (el pasado), o la federación (el futuro). En rigor, me temo que triunfo el primero. Estamos ante el triunfo, en toda regla, de un relato neo-foral. El problema, ¿cuál es? Similares afirmaciones, en las Españas, generan anti-cuerpos. No muchos. Ni necesariamente exitosos. Aquí, entre nosotros, no hay anti-cuerpos, ni se les espera. La crítica histórica queda anulada por la potencia de la construcción nacional. No cabe más que el amén.

 JLMR: Amén a lo que ha dicho Ángel. Sólo añado que ese artículo es una muestra de hasta que punto se puede llegar, no se si en demagogia o en empobrecimiento intelectual, para sostener que esas cortes estamentarias, en las que solo estaban representadas una parte muy menor de la sociedad –la que estaba en condiciones de aportar dinero a la corona– abarcaba al conjunto de la sociedad catalana. Supongo que los remensas, cuyas reivindicaciones fueron rechazadas por la Generalitat –puesta claramente de parte de los nobles y el patriciado urbano– no formaban parte de esa sociedad.

AD: En rigor, el proceso tampoco es tan lejano en el tiempo. Todavía recuerdo, con un punto de nostalgia, los tiempos del tardofranquismo y la Transición. Sólo en este punto: por entonces la historia crítica era una actividad intelectual que rehusaba ponerse al servicio de nuevos amos. Es probable que en esto haya incidido, al margen de las hegemonías políticas y culturales, la quiebra de un materialismo histórico escolástico y no poco esclerotizado. Aunque a la vista de la calcificación a que da lugar la nacionalización del historiador de hoy, pues ese escolasticismo casi que era envidiable.

Vuelvo al punto anterior. Lo que comentabais críticamente, ¿es lo que se enseña en el sistema educativo preuniversitario? ¿Por qué si es el caso?

AD: Sí lo es. Pues porque la escuela -cuando no la propia universidad- no está al servicio de un pensar históricamente, sino de un saber de dónde venimos, quiénes somos, qué nos caracteriza, cuál es nuestra identidad, quién o quiénes nos han agredido, etc. No es un problema circunscrito a la historia de la Generalitat. La historia de las relaciones económicas entre los distintos pueblos y naciones de España es también objeto de simplificaciones salvajes. La historia de la Guerra Civil, la de la Transición... podría seguir enumerando.

JLMR: Por desgracia eso se enseña en el sistema educativo y no pondría la mano en el fuego por lo que se refiere a las universidades catalanas. La bobada de los 129 presidentes está muy enraizada también en ella y ha sido cultivada, a fondo, por “historiadores” mediáticos, algunos con carrera televisiva y otros con carrera política. Déjame señalarte una tergiversación análoga, y ésta muy expandida también en la educación universitaria: en 1936-1939 no hubo una “guerra civil”, sino una “guerra contra Cataluña”; bonita manera de tapar las vergüenzas de los Valls i Taberner y tantos otros.

De acuerdo, de acuerdo, y eso que ya estoy listo aunque no estamos aún en julio. ¿Por qué durante la transición surgió de nuevo la institución, la Generalitat? Es de las pocas instituciones, aun cuando fuera sólo nominalmente, que enlaza la Monarquía borbónica parlamentaria con el período republicano. ¿No es el caso?

AD: Sí y no. La Generalitat se reimplanta por el clamor popular. Y de paso para controlar un escenario en el que las dinámicas de agitación política y social. Y las posibilidades de desborde de la operación reformista, eran más evidentes.

JLMR: En origen no enlazaba monarquía y república; era una reivindicación popular, republicana en sentido amplio, de la oposición antifranquista. Formaba parte implícita del programa de la Asamblea de Cataluña: libertad, amnistía, estatuto de autonomía. Hasta 1977 esa reivindicación de la Generalitat republicana -que se hacía conjuntamente, por ejemplo, con la reivindicación de su obra pedagógica, el CENU– no se refería, ni siquiera a la discutida Presidencia en el exilio de la Generalitat Republicana, Tarradellas. Pero se impuso el “pacto” de la transición y éste amenazó por quedar desbordada por el triunfo electoral de Socialistas de Cataluña y el PSUC en junio de 1977. El desborde no se produjo: contra lo que algunos propusieron el PSC no se atrevió a ocupar el Parlament de Cataluña y proclamar unilateralmente el estatuto o constituirse en asamblea catalana constituyente; y al propio tiempo Suárez, con el apoyo de destacados empresarios catalanes como Ortínez –motu propio o bien aconsejado por quien fuera–, maniobró para acudir a Tarradellas como freno a ese desbordamiento. Tarradellas se prestó y la “restauración” de la Generalitat se hizo en un contexto monárquico. La pregunta de si Tarradellas podía hacer otra cosa remite a la pregunta general de si sólo era posible la transición que se impuso.

AD: La de si otra transición hubiese sido posible es para mí algo más que una duda. Lo digo atendiendo al contexto tanto interno como a la coyuntura global. En cualquier caso tengo la impresión de que ese denostar sin matices a la Transición -no por parte de José Luis, sino por muchos historiadores y políticos de izquierda a día de hoy- esconde las muchas renuncias posteriores a la misma. Que, como digo, no fueron pocas ni menos graves.

Por cierto, ya que estamos y nos aproximamos a 2014, ¿qué tipo de guerra fue esa guerra de 1714 que hoy se sitúa como origen de todas las calamidades para Cataluña? ¿Cuál fue el verdadero agravio que sufrió Catalunya a manos de Felipe V?

AD: La pérdida de sus instituciones. Sí. Y que de paso se le abriesen a los comerciantes las puertas del comercio con América. En fin, un balance más complicado que el que usualmente se mienta.

JLMR: Aunque para la población catalana, para los sectores populares, la ocupación del territorio por tropas que se consideraban vencedoras tuvo una consecuencia realmente calamitosa. Ese agravio de la tropa ocupante, dio alas al agravio político, que ciertamente fue complejo, aunque en el fondo indiscutible: el modelo dual de la monarquía hispánica se quebró y fue sustituido por un inadecuado modelo centralista, aunque ese pudo beneficiar el acceso de la burguesía al negocio americano.

 ¿De qué burguesía hablas? ¿Qué tipo de negocios?

JLMR: La burguesía catalana pudo beneficiarse de la apertura de todos los territorios de la metrópoli española al comercio con las colonias, hasta entonces reservada a los territorios de la Corona de Castilla. El arranque comercial e industrial del siglo XVIII catalán tuvo mucho que ver con ello. La presencia catalana en Nueva España (México) y sobre todo en Cuba, o Filipinas, se hizo importante.

Otra más y no abuso. ¿Catalunya ha sido alguna vez una comunidad independiente?

AD: En el sentido de Estado-nación contemporáneo, no. En el sentido histórico de entidades de raíz feudal y de soberanía dinástica, sí, claro.

La última: la II República española, en vuestro opinión, ¿maltrató o siguió maltratando a la ciudadanía catalana en sus derechos nacionales como, según se apunta, ha sucedido a lo largo de la historia?

AD: Pues no. Otra cosa es que hubiesen negociaciones arduas. Jaume Carner fue un perfecto ejemplo de implicación catalana en la suerte del proyecto republicano.

JLMR: La Segunda República no es un sujeto homogéneo. No tuvo la misma política el gobierno reformista de 1931-1933, que el reaccionario de 1933-1935. Y no hablemos de la guerra civil. En conjunto, yo creo que Cataluña puede, debe, hacer un balance positivo de la etapa republicana, que de haberse prolongado, con la victoria, más allá de 1939 sin duda, y esto no es un contrafactual sino una consideración de la correlación de fuerzas, habría evolucionado en un sentido federal, multinacional.

Era la penúltima, esta es la última. Los intelectuales ibéricos, no catalanes, incluyendo políticos con peso y solidez, ¿siempre han incomprendido el “hecho diferencial catalán”, “el fet nacional català”? ¿Por qué si es el caso? ¿No están dotados para estas temáticas? ¿Todo es españolismo uniformista?

AD: Algo de ello hay. Pero asegurar que en España no hay federalistas es una inmensa tontería. Los grandes enemigos de una España federal son los nacionalismos que confunden nación y lengua, e identifican nación y Estado-nación. De esos hay tres: el español, el vasco y el catalán. Ni el gallego ni el andaluz -salvo excepciones- adolecen de tal querencia ochocentista.

JLMR. Cuarenta años de dictadura no pasaron en balde. El españolismo que se impuso no fue el de la “España de todo”, sino el de la “España mía”. Sin esconder que en el campo republicano no todos soportaban bien el “hecho diferencial”, la multinacionalidad; no lo soportaba bien Azaña, ni Negrín, que merecen mucho respecto en otros aspectos, por poner dos ejemplos clásicos. En cambio Besteiro, con el que no me identifico en absoluto, tenía una posición diferente. Los republicanos españoles de la época eran mayoritariamente unitarios, no federalistas, pero el desenlace de la guerra en su favor, en lo que de haberse producido Cataluña habría tenido un peso fundamental, habría tenido como consecuencia un ascenso cualitativo de la opción federal.

¿Qué opción tenía Julián Besteiro, el que fuera si no ando errado catedrático de lógica?

JLMR: Sí, era catedrático de lógica. Sobre el “tema catalán” siempre tuvo una posición más receptiva hacia el autonomismo. Largo Caballero y sobre todo Prieto, fueron muy hostiles. Tampoco más; no llegaba a la propuesta federal.

No estaría mal cerrar la entrevista con una declaración de posición política. ¿Sois federalistas, confederalistas, independentistas? ¿Os lo estáis pensando?

AD: Yo soy confederalista. Creo que España es una nación de naciones. Tal que Cataluña. Cosa que ni los nacionalistas catalanes ni los españoles aceptan. Para su respectiva nación, evidentemente. Sé, no obstante, que estoy bastante solo.

JLMR: Yo creo que en España existe una realidad multinacional, compleja como cualquier estado multinacional. La ruptura del estado puede, en teoría, resolver determinados agravios y limitaciones, pero también corre el peligro de llevarse por delante todo lo positivo que pueda tener –en muchos aspectos, también en los de proyecto de futuro– la convivencia multinacional. Por ello mi opción es la confederación, es decir la forma más democrática del federalismo multinacional, aquella en la que cada nación es dueña de separarse y, por ello, decidida la unión, ésta es más sólida. La confederación ofrece la mejor solución de convivencia entre las nacionalidades y también –y esto para mí es fundamental– en el seno de ellas. Dicho eso, rechazo absolutamente el centralismo y considero insuficiente -y al cabo desgastador –el unitarismo con autonomías. En cambio, creo que puede haber puentes entre el confederalismo y el independentismo democrático, por el pleno reconocimiento del derecho de sober