martes, 12 de febrero de 2019

FRANCIA: LOS TRABAJADORES ALLÍ PARECE QUE SE ENTERAN DE LO QUE ES SER TRABAJADOR. ¿Y EN ESPAÑA? BIEN, Y USTED?



Francia. Movilizaciones del 5 de febrero

Una jornada de lucha importante


Léon Crémieux
Vientosur
09.02.2019

El 5 de febrero asistimos a una jornada de movilización convocada por CGT y Solidaires a las que en algunas localidades se sumaron la FSU y FO. La jornada estuvo marcada por manifestaciones que según la CGT alcanzaron la cifra de 300.000.

El 5 de febrero fue una jornada importante. Por primera vez y de forma explícita, desde que se inicio la movilización de los chalecos amarillos la convocatoria se realizó llamando a la convergencia de los chalecos amarillos y el movimiento sindical. Es la primera vez que un comunicado de la CGT llama a converger con los chalecos amarillos.

Por ello, el número de manifestantes en París y en otras 130 localidades y capitales superó en número a las últimas manifestaciones de los chalecos amarillos y, sobre todo, a la del 14 de diciembre, última jornada de movilización convocada por la CGT. Hubo muchos chalecos amarillos en los cortejos sindicales y fuera de ellos, lo que en general se tradujo en una dinámica militante mayor en las manifestaciones. También se organizaron numerosos bloqueos desde la mañana: en el Mercado de Rungis, en los terminales…

Así pues, este 5 de febrero marca un jalón en la superación de las reticencias presentes, incluso en recientes declaraciones del secretario general de la CGT Philippe Martinez, en el movimiento sindical en relación a los chalecos amarillos. Ahora bien, esta convergencia es el fruto del trabajo desarrollado para converger por sectores importantes del movimiento sindical de un lado y numerosos grupos de chalecos amarillos de otro. Como es natural, la convergencia se ha dado sobre todo en torno al incremento del SMI, de los salarios y las pensiones y el impulso de los servicios públicos.

Ahora bien, si el éxito de la jornada es real, la cuestión que se plantea ahora es la de su continuidad y la posibilidad de avanzar hacia una prueba de fuerzas que vaya más allá de los chalecos amarillos. Las manifestaciones semanales continúan a movilizar entre 60.000 y 100.000 manifestaciones cada sábado, si bien la policía minimiza de forma sistemática el número de participantes.

Tres meses después de haber comenzado, el movimiento no se debilita a pesar de la violenta campaña de criminalización organizada por el gobierno, de la violencia policial y de la campaña de difamación mediática organizada por los editorialistas de todos los grandes media. Medios de comunicación que, sin mucho éxito, proclaman semana tras semana el fin del movimiento y su pérdida de credibilidad. Al mismo tiempo que se suman a la enorme operación de comunicación puesta en marcha por Macron en torno al Gran debate que supuestamente responde a las exigencias de los chalecos amarillos. Es el propio Macron quien se participa en los debates una o dos veces por semana en un on man shows televisado: en ocasiones con gente rural, en otras con habitantes de barrios populares, otras con jóvenes… El objetivo de esta escenificación es enviar un mensaje subliminal: el movimiento de los chalecos amarillos ha concluido, ha sido desplazado por un gran acontecimiento democrático: el debate popular. El objetivo es que Macron gane un poco de credibilidad para recuperar aliento y poder continuar así con los ataques a las pensiones y la supresión de 120.000 puestos de trabajo en la Función pública.

Para el poder, la cuestión se resume en cómo hacer que esta gran operación mediática del Gran debate tome cuerpo. Pero como entre los objetivos del mismo no está responder a la demandas sociales planteadas por el movimiento (incrementos salariales y de las pensiones, justicia social restableciendo el Impuesto sobre las fortunas (ISF), poner fin al dinero público regalado a las empresas a través del CICE…), de lo que se trata es tratar de desviar la cólera social.