domingo, 9 de diciembre de 2012

PUBLICADO EN EL "POLLOURBANO.NET" Nº 131 (OPINIÓN)


Cuento legal de Navidad 


  / Manuel Sogas Cotano 

El cuento legal de navidad de los chinos que siendo culpables terminan por ser inocentes, y el juez que sabiendo leer no leía, en el que el ministro de Justicia era sordo, porque de nada se enteraba. 

  La ley no es la justicia. La ley es ciega según se mire, con los ojos cerrados, según se mire. Y la Justicia, por definición, tiene los ojos abiertos mírese como se mire; por la mañana, tarde y noche, porque a cada cual ha de dársele lo que le es propio, y para ello es imprescindible tener los ojos abiertos de par en par todos los días incluidos los de fiesta de guardar. 

La ley dice que ante ella todos los seres humanos son iguales, menos el Rey, que por lo visto no es un ser humano y que cuando se come dos huevos fritos para desayunar resulta de resonancia social extrema, prueba evidente de que al Rey lo que verdaderamente le faltan son huevos. 

Y los ricos tampoco deben ser humanos del todo, porque siempre hay que agregarles unos cuantos fajos de dineros para ser defendidos ante la ley como Dios no manda, y con arreglo a sus intereses, que en más de doscientos casos conocidos sus intereses no coinciden con los intereses de la inmensa mayoría de la población.

La justicia por el contrario dice que no, que ante la justicia no todos son ni deben ser iguales, sino que al que menos medios tiene hay que ayudarle más, y al más débil debe dársele mayor protección que al fuerte, que por lo general y, sobre todo porque es fuerte, es el que empieza y termina siendo el avasallador del débil. 

La ley establece las formas y modos en como restituye el ladrón lo que ha robado, y la justicia lo que dice es que es preferible no establecer forma alguna de devolver lo robado, sino que es más sano, más juicioso y más efectivo, evitar las acciones por las que el ladrón roba, y de esta forma al no existir el robo no debe plantearse devolver nada a nadie, porque nadie ha robado ni tendría posibilidad alguna de robar.

La ley es uno más de los muchos instrumentos políticos a disposición de las clases dominantes, cuyas clases dominantes establecen el contenido de la misma y las distintas formas de cómo y cuando y según como y a quien ha de ser aplicada, para hacer prevalecer sus intereses minoritarios contra los intereses mayoritarios de la inmensa mayoría de la población, en tanto que la justicia es el orden social nuevo que se tiene que establecer, y que lo tiene que establecer necesariamente la inmensa mayoría de la población, contra los intereses de la exigua minoría y a pesar de la oposición radical y violenta que pueda ejercer esa exigua minoría para no perder sus posiciones de poder y privilegios, de los que no cabe esperar que renuncie voluntaria ni flojamente al abandono de sus privilegios.

 Y la justicia es la que hará que no se pueda denominar sociedad democrática si cada cual y previamente no tiene garantizada de forma absoluta su independencia económica, base objetiva sobre la que se asienta la libertad personal, para que su comportamiento sea verdaderamente libre, respetando a los demás y siendo respetado por los demás. 

Hay, pues, que distinguir, antes de contar cuento alguno, lo que es legal de lo que es justo, y no por cuestiones de estética o pureza formal semántica, sino porque de ello dependen nuestras condiciones de vida, presentes y futuras.

 El presente cuento comienza en un país lejano, lejanísimo, o incluso más lejano todavía si cupiera pensar una mayor lejanía, con la primera detención de la Operación Emperador (busca, captura y pesca de una banda de criminales de aquí te espero comiendo un huevo) que se produce a las 6:00 horas del 16 de octubre de 2012 sobre la persona de Kat Yang, uno de los cabecillas de la trama criminal, junto al también chino, empresario Gao Ping, que es el resultado de la investigación llevada a cabo durante dos años por más de quinientos policías.

La Operación Emperador, posiblemente una de las mayores investigaciones llevadas a cabo por la Audiencia Nacional (AN) del país en cuestión, que la dirige el juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, y la Fiscalía Anticorrupción.

En dicha Operación intervienen más de 500 policías como ha quedado dicho antes, iniciándose sus investigaciones dos años antes, en Fuenlabrada, Madrid; Barcelona; Valencia; Málaga: San Sebastian y Zamora, centrando dichas investigaciones en el blanqueo de capitales; delitos fiscales; extorsiones; prostitución; falsificación de documentos y contrabando, acciones que son llevadas a cabo por ciudadanos españoles, israelíes y chinos.

 El Fiscal Jefe Anticorrupción, Antonio Salinas, estimó que la cantidad de dinero blanqueado estaría entre los doscientos y trescientos millones de euros al año. Se incautaron al menos doscientos dos vehículos, joyas, armas y seis millones de euros en efectivo, ordenándose más de doscient