martes, 3 de marzo de 2015

LAS CRÍTICAS AL TTIP DAN SUS PRIMEROS FRUTOS



Las críticas al TTIP dan sus primeros frutos

La Marea
Rebelión
03.03.2015


Los dirigentes políticos en Washington, Bruselas y otras capitales europeas tienen un pollo. Es un pollo pequeño pero está causando grandes dolores de cabeza a los negociadores y defensores de crear una gran área de libre comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea, el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión, más conocido por sus siglas en inglés, TTIP. En concreto, se trata de un pollo desinfectado con clorina para su consumo, una práctica habitual en EEUU. Con el TTIP se podría llegar a permitir la venta de este tipo de producto en Europa, donde actualmente está prohibido. En Alemania este aspecto, casi anecdótico con respecto a la inmensa materia sobre la que están negociando Bruselas y Washington, ha provocado un revuelo público considerable, acaparando grandes titulares y debates. Se topa con el rechazo mayoritario del ciudadano-consumidor teutón, que está dudando de los supuestos beneficios del TTIP en general. Y como cualquier movilización social funciona mejor si tiene como bandera un símbolo gráfico, pues allí está el pollo de clorina.

Este 2 de febrero, los técnicos de la UE y de EEUU inician una nueva ronda de negociaciones sobre el TTIP en Bruselas. Es la octava desde que comenzó el proceso en julio de 2013. Durante años, estos funcionarios de la Comisión Europea y de la Oficina de Comercio de la Casa Blanca se han reunido de forma discreta sin dar cuenta al público de sus propuestas y argumentos. Pero la situación ha cambiado de forma notable en los últimos meses. Ante la creciente presión de la sociedad civil, activistas y partidos políticos, algunos de ellos con responsabilidad de gobierno, la Comisión Europea se vio obligada a principios de enero a hacer pública, por primera vez, una serie de documentos hasta entonces clasificados y a aclarar su posicionamiento respecto a los asuntos de los que se habla en el marco del TTIP. No son papeles demasiado relevantes. Más interesante resultan las afirmaciones y compromisos de la CE sobre los diferentes temas. “Es muy importante que todo el mundo pueda ver y comprender lo que estamos proponiendo para el TTIP e, igualmente importante, lo que no proponemos”, dijo la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, que tomó posesión del cargo con la nueva Comisión liderada por Jean-Claude Juncker en noviembre. Un año y medio después del comienzo de las negociaciones, Bruselas lanza lo que llama “una iniciativa de transparencia” y promete “negociar el TTIP de la manera más abierta posible”.

Los estadounidenses arrancaron de sus colegas europeos el compromiso de que los protocolos de las negociaciones fueran material clasificado durante 30 años. Y, precisamente, ha sido la opacidad del proceso la que ha puesto en alerta a movimientos civiles a ambos lados del Atlántico. Las pocas filtraciones de documentos internos confirman las sospechas de que se está negociando a espaldas de la ciudadanía, algo que beneficiaría sobre todo a las grandes empresas. La idea de que EEUU y Europa se pusieran de acuerdo para abrir aún más sus respectivas economías al otro viene del siglo pasado. En 2013, el presidente estadounidense Barack Obama y el entonces jefe de la CE, José Manuel Barroso, dieron finalmente el pistoletazo de salida para un proceso que aspira a crear el mayor espacio de libre comercio del mundo, con más de 800 millones de ciudadanos y las economías más avanzadas del planeta. Se pretende acabar con las barreras existentes, como los aranceles, aunque estos ya están en un nivel muy bajo si se compara con las relaciones con otros países. Por ejemplo, EEUU aplica una tarifa del 2,5% a los coches importados desde Europa, mientras la UE cobra un 10% para los vehículos que llegan desde América.

El verdadero objetivo del TTIP, sin embargo, es nivelar las diferentes normas y reglas para los productos y servicios. Los estándares difieren bastante, por ejemplo para la producción de alimentos. En EEUU está extendido el cultivo de transgénicos, al que se oponen los europeos. También existen criterios diferentes para la fabricación de parachoques y sillas de niños en los coches. Además, el TTIP pretende abrir los servicios para las empresas de ambos lados, al eliminar políticas de