jueves, 3 de enero de 2019

EL FELIZ 2019 EN ORIENTE MEDIO ( De la Casa de los Reyes Magos)



Los escritores de Middle East Eye dan su opinión sobre las cuestiones que probablemente dominarán 

la política de Oriente Medio en el año 2019

Apuntes sobre Oriente Medio para 2019

Middle East Eye Debate
Rebelión
03.01.2019


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Todos los déspotas del presidente Donald Trump
David Hearst
 
Un grafitero iraquí rocía un muro de cemento con viñetas contrarias al presidente Donald Trump en la sureña ciudad iraquí de Basora, 2 de febrero de 2017 (AFP)

Muchas cosas van a depender en 2019 del destino del propio presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Él y su círculo de déspotas de Medio Oriente están ahora bien amarrados. Pero en caso de que las ataduras se aflojen, cada uno de esos déspotas quedará abandonado a su suerte. Si el asesinato de Jamal Khashoggi provocó conmociones en el Egipto de Sisi, como así fue, el declive de Trump dejará a cada déspota en una situación vulnerable frente a un golpe militar en su país.

Me gustaría pensar que la partida de Jim Mattis es el principio del fin de Trump, y que el brutal asesinato de Khashoggi significará el fin de Mohammad bin Salman, pero no estoy aquí para permitirme ilusiones.

Lo que realmente se necesita es cambiar la política en sí, convertida ante todo en una posición por defecto. Cuando las cosas se pongan feas, todos los antiguos amos coloniales del mundo árabe e Israel apoyarán al déspota. Y no podemos seguir encogiéndonos de hombros y volviéndonos hacia otro lado, como hizo Barack Obama después de la masacre de la Plaza Rabaa en El Cairo. Human Rights Watch la calificó como la peor matanza de civiles desarmados desde los sucesos de la Plaza Tiananmen. Pero Obama se volvió a su partida de golf.

Europa tiene que entender que Sisi, Mohammad bin Salman y Abdelaziz Bouteflika, de Argelia, son decididamente capaces de enviar a millones de árabes empobrecidos y desesperados hacia el norte. ¿Está preparada para eso? El Estado Islámico es solo un síntoma de la enfermedad del fracaso del Estado árabe. La causa está a nuestro alrededor. Hasta que Occidente no se entere de que esta enfermedad solo puede curarse con reformas políticas, transparencia y democracia, está condenado a esperar la próxima explosión. Y esta vez, podría ser una bien grande.

Profundas incertidumbres 
Richard Falk 

 
El príncipe heredero de Abu Dhabi, Trump, el rey saudí Salman, el rey de Jordania y el presidente egipcio, 21 de mayo de 2017 (AFP)

El futuro de Oriente Medio en 2019 está plagado de profundas incertidumbres. Aparte de la entrega de Donald Trump ante las contrapresiones del establishmentmilitar, existe la posibilidad de que, finalmente, haya cruzado la línea roja de tolerancia del Partido Republicano.

Esto podría significar que se viera obligado a abandonar el poder de una manera u otra, y a que lo reemplazaran con el vicepresidente, Mike Pence, quien comparte la visión ideológica de Trump en el frente interno, pero no está dispuesto a ir en contra del establishment de la seguridad nacional en su postura global central, a saber, en la inquebrantable creencia en la benevolencia y eficacia del poder militar estadounidense.

Otras posibles secuelas de descrédito serían los ataques terroristas del Estado Islámico en Europa y América del Norte, un baño de sangre en Siria mientras Damasco consolida su victoria y una gran ofensiva turca contra los kurdos en el norte de Siria. Ninguno de estos desarrollos puede descartarse y, de producirse, alterarían para peor lo que podemos razonablemente esperar en la región mientras se despliega 2019.

Sin embargo, aunque 2019 se inicie en una atmósfera de tensión y controversia, sigue siendo posible albergar una cautelosa esperanza de que las fuerzas moderadoras y estabilizadoras puedan ser algo más capaces de llevar paz y un poco de estabilidad a la región que en cualquier otro momento del siglo XXI.

Viejos actores, nuevos actores
Lina Khatib  

  
Miembro de las Fuerzas Democráticas Sirias en la línea del frente de Raqa 16 de octubre de 2017 (AFP)  

En 2018, las relaciones internacionales del Medio Oriente han ido más allá del unilateralismo o el bilateralismo. Se han caracterizado más bien por un pragmatismo que está viendo cómo países aliados en ciertas cuestiones chocan unos con otros y las relaciones transaccionales superan a las coaliciones firmes. Es probable que esto prosiga así en 2019.

Los viejos actores han perdido significativamente poder, mientras que los nuevos intentan tener un rol mayor. En este panorama general, países europeos como el Reino Unido y Francia, así como la Unión Europea, ya no son los que establecen la agenda en sus relaciones con los países de Oriente Medio.
Su dependencia de los contratos económicos con los países del Golfo los está disuadiendo de intervenir en los asuntos de esa zona, mientras que su participación en el conflicto sirio ha seguido principalmente la dirección marcada por Washington en vez de una ruta europea separada. Es probable que cuando se produzca el Brexit continúen los cambios de poder lejos de la centralidad de Occidente.

2019, un año de transición
Richard Silverstein 

 
Representantes del Partido Demócrata se siente en la alfombra para pedir votos de apoyo a la legislación para el control del uso de las armas (AFP)

2019 será, en muchos sentidos, un año de transición: Estados Unidos se preparará para las elecciones presidenciales del siguiente año. Los candidatos demócratas recorrerán el país en busca de votos para las primarias. Es probable que Oriente Medio no sea un tema importante en su campaña.

Pero todo el mundo sabe que quien salga elegido se encontrará con que la cuestión Israel-Palestina ocupa un lugar destacado en la agenda de la política exterior. Se presionará a los candidatos para que expresen sus puntos de vista sobre la cuestión. La mayoría ofrecerá la típica y pálida respuesta de las campañas demócratas convencionales.

Pero dada la agitación habida en las elecciones para el Congreso de noviembre pasado, algunos candidatos como Sanders o Warren pueden llegar a sorprender por su audacia.

La pregunta clave sigue siendo: ¿Quién ganará en 2020? Parece poco probable que Trump gane. Al ritmo que va, puede que incluso se le destituya el próximo año (aunque no es seguro). Si un demócrata progresista gana la presidencia, además de una nueva mayoría en el Senado demócrata, puede que Israel no lo pase muy bien.

Aunque los presidentes y congresos demócratas han presentado tradicionalmente poca resistencia ante Israel mientras perseguía sus intereses aquí y en el extranjero, nos encontramos en la antesala de un cambio importante.

La ocupación israelí: Más de lo mismo
Ben White 

 
Un joven manifestante palestino ondea la bandera nacional en la Cisjordania ocupada 14 septiembre 2018 (AFP)

De cara a 2019, el próximo año promete más de lo mismo. Israel irá a las urnas en abril, y el primer ministro Benjamin Netanyahu no querrá verse superado por su derecha por Hogar Judío. Es posible que los colonos que exigen que se tomen medidas enérgicas contra los palestinos vean cumplido su deseo.

Por otro lado, ansioso por evitar una época electoral dominada por una oleada de bajas israelíes en Cisjordania, Netanyahu se inclinará también por prestar atención a las advertencias de los oficiales del ejército y de inteligencia respecto a los riesgos de alimentar una revuelta más amplia.

Así pues, es probable que prevalezca el statu quo, salvo, por supuesto, que se produzcan desarrollos inesperados, lo que implicaría más ocupación y escaladas periódicas pero limitadas. Mientras tanto, el gobierno israelí nos dará todo tipo de seguridades de que no hay socio para la paz, que los palestinos enseñan a sus hijos a odiar e incluso que atreverse a respirar la palabra “apartheid” no es más que una mentira antisemita.

Efectos de un gobierno laborista en Londres en Oriente Medio  
Mark Curtis 

 
Jeremy Corbyn, el líder laborista (AFP)

Si Jeremy Corbyn ocupara el poder tras unas posibles elecciones generales en el Reino Unido en 2019, ¿desafiaría su gobierno al establishment londinense y transformaría la política exterior británica en Oriente Medio dejando de apoyar a regímenes represivos?

Hay cuatro áreas en las que la política exterior declarada de los laboristas preocupa seriamente a la élite británica: que permitan que los chagosianos regresen a sus islas en el océano Índico; que reconozcan a Palestina; que se opongan a las guerras de cambio de régimen y que faciliten que Tony Blair se responsabilice de los crímenes de guerra en Iraq.

Pero, tal y como están las cosas, es probable que muy pocas de las otras políticas exteriores declaradas del partido representen una fuerte ruptura con el gobierno actual. El Partido Laborista sigue comprometido con la exportación de armas, la industria militar y un gasto militar elevado, y solo ha prometido “revisar” los contratos de entrenamiento y equipamiento del Reino Unido con regímenes represivos.

De ser elegido, Jeremy Corbyn sería el primer antiimperialista en ganar el poder en un país occidental importante. Pero su genuino compromiso personal con el internacionalismo y los derechos humanos puede verse desgastado por un establishment británico decidido a pararlo, por los medios de comunicación “dominantes” dispuestos a seguir difamándolo y por su propio partido, alineado con los blairitas que apoyaron las guerras de Iraq y Libia.

Solo un extenso movimiento de apoyo popular, que haga un uso completo de los medios alternativos y la solidaridad internacional y desafíe al establishmentbritánico de manera más eficaz, podrá conseguir una política exterior del Reino Unido que promueva realmente los derechos humanos.

2019: Un año decisivo para Rusia
Adlene Mohammedi 

 
Putin en una ceremonia en el Kremlin en diciembre de 2017 (AFP)

Rusia parece estar en una posición particularmente cómoda. Su victoria en Siria la convierte en un poder indispensable y un socio confiable. Además, y esto estaba lejos de ser el caso al comienzo del conflicto sirio, mantiene relaciones cordiales con casi todos en la región (con la excepción de los grupos rebeldes aún activos en Siria).

Aprovechando sus éxitos diplomáticos y militares, los rusos quieren presentarse como los grandes protectores del Estado-nación, con su lógica territorial contra las intervenciones y las redes transnacionales (con excepción de las suyas).

En estas condiciones, 2019 será un año decisivo. Para Rusia, será el momento de poner a prueba sus habilidades para caminar sobre la cuerda floja, mientras trabaja para evitar nuevos efectos colaterales. Su papel de guardián, tenido en cuenta por todos, depende de su capacidad para llevar la paz al norte de Siria, impedir la guerra en el sur del Líbano y evitar nuevos enfrentamientos entre iraníes e israelíes.

Será también el año de la mediación. Rusia se está posicionando sobre la cuestión palestina, que probablemente resurja, y quiere contribuir a resolver varios conflictos en la región: en Yemen, entre Qatar y sus vecinos, entre los libaneses y los sirios y entre los propios sirios. La cuestión de la reconstrucción política de Siria, preparada para 2018, volverá a surgir intensamente el próximo año.

El mensaje de Trump a Oriente Medio
Belén Fernandez